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Fidcarde CURSO DE TEOLOGIA DOGMATICA JOSEPH RATZINGER por JOHANN AUER Tomo 1X ESCATOLOGIA ESCATOLOGIA La muerte y la vida eterna BARCELONA EDITORIAL HERDER BARCELONA, EDITORIAL HERDER 1992 ‘Versi eallns de Sevetana Tatantno Tovan, de schatlge = To und eviges Lan (8). RaT2INOP0, om ela obra Rene Rthliche Dnemetik EseaortonD Derosro usc: B. 187761992 oer SPA ee A mis alumnos de Ratisbona 1969-1977 Prilogo INDICE Abreviaturas Iniroduecién $1 La problematica 1. Situaciéa actual de la escatologia 2. Los presupuestos hist6ricos de la situaciém actus? Capitulo primera: El problema escatoldpico, cuestién exencial 82. sa EI aspecto. exepétion 1, Metedologia 2 Importancia del anuncio del reino de Dios por parte de Tests 3. La proximidad de la parusia Palabra y realidad en la perspectiva actual 1. Panorama de las soluciones 8) Karl Barth b) Rudolf Bulumann ©) Oscar Cullman 8) CH. Dodd ©) Teologia de la esperanza, Teofogia politica 2. Balance provisional Capitulo segundo: Muerte © inmortalidad. Dimensién individual de fo escatolégico s4 ‘Teologia de la muerte 1. Planteamiento del problema 2. Presupucttot istérico-lossficos de la cuestion a) La perspectiva dominante ) Intento de revision u 1s n 7 8 a 31 31 2 ” 46 sé 56 56 37 9 6 64 0 B a ” 1” Indice 3. Desarrollo de ta cuestion en el pensamiento, biblic 8) Antiguo ‘Testamento ') Explicaciin que ofrece el Nuevo Testamento sobre muerte y vida 4. Conclusiones finales para la vsién eristiana de la muerte 8) El si a la vida en su totalidad ) El sentido det sufrimiento iad del alma y resurroccion de los muertos L. Planteamiento. dol problema MLE] material biblico 1. La resurrvecién de tos mucrios 2. Ca asituacion intermedian entre muerte y rssurtee: ion a) Fl material judio primitive b) El Nuevo Testamento 3. Resultados y consceucncias MIL Los documentos del magisterio de la Iglesia TV. El desarrollo en la teologia 1. La hetencia de ta antg 2. EI muevo concepto de alma 3. El earicter dialogal de la inmortalidad 4. El hombre esti desinado 4 la inmortalidad por su misma condicién de criaears 5. Resumen: peculiaridades determinadas de lk fe crisiana en la vida eterna iad Capitulo tercero: La vida. furura $6. La resurreccién de los mucrios y el retormo de Cristo T. :Qué significa «eresurreccion de los mucttos»? 1. La problemitica 2 Material tradicional 8) Nucvo Testamento 1) Explicacion de li formula «resurreecion de ts carne» en los tes primeros siglos ©) La dispute sobre cl cuerps resueitady en la historia de la tcologia 3. Qué significa eresurreocion en el altimo diay? 4. Cuestion sobre la corporeidad de la. resurreccion Hf, Retorno de Cristo y juicio final 1. El material biblico 1) Los signos det retorno de Cristo b) El retorno de Cristo ©) EL juicio 2. Valoracion teolbgies 8 oS o von 102 102 i 10s a nz ne 9 7 10 a6 136 141 46 Mar 150 188 ss Iss 155 138 158 161 16s 170 178 12 We 1 res 191 95 indice 19. purzatorio, cielo LEI inficrno. MEL purgatoria IL Problemas que plantea el material biblico 2. Lo permanente de la doctrina sobre et purgatorio MIL EI cielo Indice de pasaes citados Indice de nombres Indice analitico 200 201 208 208 2 27 za 24 2 PROLOGO Este Curso de teologia dogmatic (CTD), hha sido concebido como un manual part aso de estudiantes de teologia. Quien tiene que afrontar a solas todos los cursos de teologia dogmatica sabe ‘que no €5 posible acometer en cada uno de los tratados los conoci- mientos de un volumen elaborado por varios colaboradores. Un Curso breve con sti seleccién y sistematizacion interna, brinda la posibilidad de aclarar muchos puntos que tal vez no Jogran expre- sin adecuada en una obra colectiva extensa, redactada por mu- chos colaboradores. Nos hemos decidido a publicar este pequeiio tratado porque ereemos que puede Henar un vacio todavia existente: oftecer un fundamento para el desarrollo y profundizacién de las materias que el profesor explicaré més tarde en sus lecciones; y, sobre todo, ofrecer una base para el didlogo teolégico que en el terreno de la teologia dogmética solo puede tenet sentido cuando pre pone cierto conocimiemto de la materia. La presente obra pretende prestar especi pectos importantes de la teologia dogmética: 12 Al fundamento biblico de las distintas doctrinas, por 10 cual se aducen muchas veces los textos de la Biblia en su tenor literal, Estos textos no s6lo transmiten las verdades doctrinales, sino también el espiritu que alienta en estas verdades. 2° A la historia de cada una de estas doctrinas, porque es en esa historia donde mejor aparece tanto fa complejidad del pro- blema como las miitiples respuestas que el hombre puede dar. atencion a tres as- " Prélogo 3A la sistematizacién interna de la doctrina, porque las afir- maciones dogméticas son siempre afirmaciones sobre la parte de tun todo, que, como tal, representa algo mas que la suma de sus artes, y porque en Ia exposicién de cada uno de esos aspectos debe mantenerse y hacer resaltar la visién del conjunto. La difi- cultad capital de Ta teologia dogmética esté precisamente en que, a través de Ia pluralidad de afirmaciones y @ lo largo por lo menos de seis semestres, tiene que desarrollar una realidad y una verdad que en el fondo constituyen un todo Gnico, y que sélo puede ma- nifestarse en toda su grandeza y profundidad cuando podemos abar- carla con una mirada panoramica Esperamos, por lo dems, que este Curso estimvle a quien Jo toma en sus manos, no s6lo como un compendio doctrinal, sino también como un florilegio de puntos bésicos para sus re. flexiones teolégicas y para sus meditaciones religiosas, a todo cuan- to exige un auténtico trabajo creador de teologia: apertura a la realidad Unica del objeto teolégico: sentido de los diversos mé- todos que aqui son necesarios y buena disposicién para. ponerlos fn préctica; una idea clara de que para saber es preciso creer y de que la existencia y conducta deben proceder de este conoci miento de fe; una actitud franca para aceptar que el esfuerzo teolégico individual tiene necesariamente que completarse con el trabajo de quienes ya lo han llevado a cabo para nosotros 0 Io hhacen todavia hoy a nuestro lado, y que debe insertarse en la gran historia de la teologia de la Iglesia y perderse en ella: y, final- mente, Ia conciencia de que toda teologia, en cuanto reflexion sobre «la doctrina de la Iglesia», participa de la historicidad, tanto de esa misma Iglesia como de cada uno de los teblogos. Por ello la teologia conserva siempre un lado creyente y otro critico, un lado personal y otro eclesial ‘Quiera Dios que este compendio que, siguiendo el consejo evan sélico ofrece nova et verera (Mt 13,52), pueda aportar alguna ayu- da a Ia teologia y a los teslogos en esta hora de bruscas y grandes transformaciones, Ratishona, fiesta de san Alberto Magno Johann Auer y Joseph Ratzinger 12 Prélogo Hace exactamente veinte afios que ensefié por primera vez la ‘scatologia en el ciclo de mis clases. Desde entonces he tenido que ‘ocuparme periédicamente de las cuestiones que plantea. La escato- logia es junto con la eclesiologia el tratado que mas veces he explicado y el primero que me atrevo a ofrecer al piblico como tal tratado. Con esta materia me ha ocurrido algo singular. Me atrevi a empezar con las tesis — raras todavia en aquel entonces — que han acabado imponiéndose hoy casi sin excepeién en el campo catélico. Es decir, lo que intenté fue elaborar una escatologia «des- platonizaday. Cuanto més me ocupaba de las cuestiones, cunnto ‘més penetraba en las fuentes, con tanta mas fuerzs se me desmo- ronaban las antitesis elaboradas y con tanta més claridad se veia Ja Iogica interna de Ia tradicion eclesiastica. Por consiguiente, el resultado que hoy presento, fruto de dos decenios de trabaii contrapone, pero al revés de entonces, a la opinién hoy corriente. Hoy estoy frente a la opinién general, pero en el sentido inverso ‘a como lo hice con mis primeros intentos. Y no es por espiritu de contradiccién, sino porque el fondo mismo del problema me ha evado a ello, No hace falta decir que también ahora precisamente es ef nuevo quehacer el que determina mi visién de conjunto, al aclararla profundizarla, purificarla EI marco de la expasicién estaba determinado por la naturaleza misma del Curso de teologia dogmatica. Esto quiere decit que he tenido que renunciar a alguna que otra discusién detallada, cosa ‘que en sf misma hubiera sido buena. Espero, con todo, que las Cuestiones esenciales se hayan tratado suficientemente, teniendo en cuenta Ja naturaleza de wn manual, El manuscrito se terminé en otofio de 1976, No he podido tener en cuenta la bibliografia que ha aparecido con posterioridad, ni tampoco, por desgracia, el volumi= nnoso tratado de Escatologia de Schitz-GroB-Schelkle-Breuning en Feiner-Lahrer, Mysterium salutis V (1976) $53-890. Por lo que he podido ver, tampoco esta obra me hubiera Mevado a cambiar mi modo de ver las cosas. Inclusive es mejor y mas til que aparez- can estas dos exposiciones del mismo tema verdaderamente inde Pendientes la una de la otra y sin influencia mutua. B Prétogo No quisiera que faltara una palabra de agradecimiento, Muchas gracias, ante todo, a mi secretaria, la sefiora Elisabeth Anthofer, por la paciencia y el esmero con que ha cuidado el manuscrito en todos los sentidos. Mi agradecimiento también al sefior Josef Zéh- rer, cuya ayuda me ha sido muy stil para Ia busqueda de la bi- bliografia y en la correccién de pruebas. A él se deben los in es, y a mis dos asistentes, los doctores Stephan Horn y Siegfried jenhofer. Finalmente muchas gracias por el trabajo editorial y en especial a Ja sefiora Monika Bock por el interés puesto en los mil y un detalles de la edicién, El libro entra en prensa coincidiendo con mi aceptacién de ser vir como obispo. Con ello acaba mi actividad docente, que me ha ‘ocupado hasta ahora. Dedico, pues, el libro con un recuerdo agra- decido a los alumnos de los affos que he trabajado en Ratisbona. Pentling. Ascension del Seftor 1977 Joseph Ratzinger 4 BGPHTAM, NE ca csEL. bs DThCath HKG kup LThK Morn PG ABREVIATURAS Beitrige zur Geschichte der Philosophie und Theologie de: Minelalters, edit. por L. Hod-W. Kiuxen, Newe F 188, Munich 1970s, Confessio Augustana, en: Die Bekenntnisschriften der evangelisch-lutherizchen Kirche, edit. por el Deutscher Evangelischer Kirchenausschul, Gotinga #1967. Corpus scriprorum ecclesiasticorum — latinorum, Viena 165s. H. Densinger, Enchiridion Symbolorum, Definitionum et Declarationum de rebus fide! et morum, Herder, Fribur- {0 de Brisgovia 1987 (ef. DS); trad, cast, EI magisterio de la Iglesia, Herdet, Barcelona 51967. H. Denzingcr-A, Sehénmetzer, Enchiridion Symboforum, Definitionum et Declarationum de rebus fidei et morum, riburgo de Brisgovia-Roma-Nueva York 1965 Barcelona (cf. D). Dictionnaire de Théolosie Catholique, divig. por A. Vax eantE, Mangenot, contin, por f, Amann, 15 vols, Paris 1903-50, Handbuch philosophischer Grundbegritfe, ditig. por ¥. Krings-H.M. Baumgariner-Ch. Wild, 3 vol, Munich 1973 % J. Auer, Ratzinger, Curso de teologia dogmética, 9 vo Barcelons 1975ss. ‘aKeryema und Dogma, Gotings 1955ss. Lexikon fiir Theologie und Kirche, 2* edici6n totalmente reelaborada, ditig. por J. Hofer-K. Rahner, 10 vol. y 1 de indices, Priburgo de Brisgovia 1957-1967, aMunchenet Theologische Zeitschrifts, Munich 1950ss. Parroloxia graeca, dirig. por JP. Migne, 161 vols, Pa- ris 1857-1866, rcimpresa varias veces 15 PL THWNT the. wa ZTHK Abreviaturas Patrotogia Lavina, ditig. por J-P, Migne, 217 vol y 4 de indices, Paris 1844-1855, reimpresa varias veces Theologisches Werterbuch sum Neuen Testament, diriy, por G, Kittel, contin, por G. Friedrich, Stuttgart 19%, «Theologivehe Zeitschrifts, Basilea 1945¢s M, Luther, Werke. Kriusche Gesamiausgabe («Weimarer Ausgabes). 188355, ‘cisehrift Tur Theologic und Kirche». Tubings 1891ss, 16 INTRODUCCION § L. La problematica Biblfografia general: P. Althaus, Die letzten Dinge. Lehrbuch der Es. charologie, Gutersloh #1956 (1.* edic, 1922); J. Alberione, The Last Things, Boston 1964; H.U. von Balthasar, Eschatologie im Umri®, en: id, Pneu- ma und Institution, Skizzen zur Theologie W, Einsiedeln 1974, 410-85; J. Brinktrine, Die Lehre vor den Letzten Dingen, Paderborn 1963; F. Buri IM, Lochmant-H.O1, Dogmatik im Dialog, t. 1: Die Kirche und die Lerzien Dinge, Gitersioh 1973; JM, Duport, 4 la rencontre du Christ Jésus, Pricis @Eschatologie chrétionne, Paris-Montreal 1974; A.C. Gigon, De novissimis, Friburgo #1949; W. Kreck, Die Zulunft des Gekommenen Grundprobleme der Eschatologie, Munich 1961; H. Lennerz, De novissimis, Roma "1980; G. Martelet, L'du-dela retrouvé, Christologie des fins der- nigres, Paris 1975; A. Piolanti (y ots), L'al di 1d, Turin 1987; C. Pozo, Teologia delfaldili, Roma 1970, K, Rahnet, Escatologia, en Sacramenturs mundi, (2, lerdet, Batcelona 21976, col. 65%; id., Fundamentos de la fe, Herder, Barcelona 1979; A. Rudoni, Escatologla, Turin 1972; TL. Ruiz de la Peia, La o1ra dimensién. Escatologia cristiana, Madrid 1975; KH. Schelkle, Teologia del Nuevo Testamento, 1. 1%, cap. 1: Consumacién, Herder, Barcelona 1978; M. Schmaus, Kath. Dogmaiik TV, 2, Munich $1959 (rad. cast, Teologia dogmatica, 1. VII, Rislp, Madrid 1963); id, El pro- Blema escatolégico, Herder, Barcelona 1964: D. Wiedetkeht, Perspektiven der Eschatologie, Finsiedein 1974; A. Winklhofer, Das Kommen seines Reichs. Von den letzten Dingen, Francfort del M. 1959: J. Zahn. Das Jenseits, Paderborn 1916. Sobre § 1: HLU. von Balthasar, Eschatolopie, en: J. Feiner. Tritsch- F. Bickle, Fragen der Theologie heute, Einsiedeln 1957, 403-21 (itado: Balthasar 0); F. J. Dolger, Sol saluis, Munster 21925; U. Hommes:J, Rat 1” Introduecién Zinger, Dar Heil det Menschen. Innerweltich-chrsilich, Munich 1975 H. J. Jaschke, Der Hellige Geist im Bekenninis der Kirche. Eine Studie Ir Pneumatologie det Irenaeus von Lyon im Ausgang vom alichristlichen Glaubensbekenninis, Manster 1976; E. Peterson, Die geschichiliche Bedeu- lung der jidischen Gebetsrichtung. on: id, Friihkirche, Judentum und Gnosis, Friburgo 1989, 1-14; id, Das Kreuz und das Geber nach Osten. 1k, 15-38; J, Ratzinger, Escharologie und Utopie, elnternat. kath. Zeitschr.» 6 (1977) 99-110; M, Werner, Die Enisiehung des chrislichen Dogmas, Bet- na-Tubinga 1941; D. Wiederkehr, Perspektiven der Eschatologie, insiedein 1974 1. Situacién actual de la escatologia La escatologia, como «doctrina sobre las postrimerias», ha ocu- pado el tltimo lugar de los tratados teolégicos. Durante siglos ha estado durmiendo el sueiio de los justos. Ultimamente y como con- secuencia de la crisis histérica de nuestra época ha pasado a ocu- par el centro del pensamiento teolégico. Hace unos 20 aflos que Mans Urs von Balthasar la calificé de «frente meteorolégico» en la teologia de nuestra época (Balthasar I 404). Hoy aparece como Ja ssefiora de todo el espectro teol6gico. No hay més que fijarse, por ejemplo, en el hecho de que el sinodo de las didcesis alemanas dio a su profesién de fe el titulo de «Nuestra esperanza», descri- biendo la fe desde la perspectiva de la esperanza. {Como se legs a este cambio de perspectiva? ;Cémo hay que considerarlo? Como dato exterior del cambio se pueden citar las obras de Joh. Weil (especialmente Die Predigt Jesus vom Reiche Gottes, 1892) y las primeras investigaciones exegéticas de Albert Schweitzer (Skizze des Lebens Jesu, 1901; Von Reimarus zu Wre- de, 1906). Basada ya en el pensamiento cientifico moderno, se vis- Jumbra agus una idea que antes en Ia ilustracién s6lo estuvo pre sente en gente un poco rara_y que los demas apenas si temaron cen serio: todo el mensaje de Jestis habta sido escatologico, su fuer- 7a arrolladora haba consistido en que Jestis anuncié con autoridad el préximo fin del mundo, la irrupcién del reino de Dios. En ef vigor de esta esperanza habria consistido lo explosivo. lo nuevo, Io grande de Jesis, debiendo interpretarse todas sus palabras a par- tir de este centro, Para Jesis el ser de cristiano se resumiria en 18 § 1. La problemética esta peticién central del padrenuestro: venga a nosotros tu reino, peticién que se fijaria en el hundiiniento del mundo y la irrupcién de lo que tnicamente Dios puede hacer. En esta perspectiva apa- rece toda la historia de la formacién de la Iglesia como historia de la des-escatologizacién, ,que es como de hecho intents presen tarla en todos sus detalles M. Werner. A lo largo de nuestras reflexiones tendremos que ocuparnos con detalle de las tesis mencionadas. No hay duda de que éstas afectan no s6lo al nicleo de la escatologia, sino al del mismo cris- tianismo, cuya verdadera esencia se pone asi a debate. Por ahora Jo que nos interesa no es sino ver el contexto ideoldgico en el que nos movemos al plantear la cuestion escatoldgica, En la exégesis hha hecho acto de presencia una nueva conciencia escatologica, que sitia cuanto la fe es y significa en la perspectiva de la esperanza. Esto no se puede explicar simplemente como resultado de métodos cientificos depurados. Cuando al cafrentarse con fuentes hist6ricas aparece un punto de arrangue totalmente nuevo, eso es siempre signo de una conciencia diferente que mira la realidad con otros ojos, recibiendo, por tanto, de esa misma realidad nuevas. res- puestas. Para nuestro caso no hay duda de que esta repentina atencién que se presta a los tonos y subtonos del nuevo testa- mento va unida a la creciente crisis de la civilizacién europea. La nueva postura se relaciona con Ia conciencia de hundimeento que cosa cada ¥ez mas a los espiritus desde finales de siglo como pu- diera hacerlo el presentimiento de un terremoto inminente de pro- porciones mundiales. Esta conciencia de hundimiento recibié una primera confirm: in trdgica con la primera guerra mundial y fue agotando y horadando poco a poco la teologia liberal que entonces dominaba, haciendo que se desmoronara su cristianismo cultural Teno de optimismo. Entonces la teologia se paso al existencialismo, filosofia de la disponibilidad, de la decision, presentindose, al mis- mo tiempo, como explicacién filoséfica de lo que, en definitiva, queria decir el mensaje de Jests sobre el final En(retanto ha alcanzado a la teologia una segunda corriente més fuerte y de un realismo mucho mayor: el marxismo, En su entrafia se encuentra algo de la fuerza primitiva del mesianismo 19 Introduecién velerotestamentario, por supuesto que orientado hacia Jo antiteista EI marxismo pide una fe incondicional en cuanto que el conjunto hha tomado la forma de la ciencia misma, de la explicacién exacta del pasado, presente y futuro del hombre. Ante esa explicacién cualquier objecién puede aparecer sinicamente como un quedarse rezagado en el curso implacable de la historia. No se pueden cerrar Jos ojos al apasionamiento y la fascinacién que despierta y que vienen de su raiz profética, que promete un mundo para cuyo ad- Venimiento no se ve racionalmente ningtin signo. Al lado de la guerra declarada a Dios y a las religiones historicas, y con todo ello, se da, pues, una pasiin seligiosa, qe es capaz de atraer hacia si con poder casi magnético las energias religiosas de muchos hom- bres, las cuales, en gran medida, se encuentran a la deriva y pri- vadas de un clima propicio. Es la misma pasién religiosa que muy fa las claras invade también a la teologia, que en ello descubre y presiente una posibilidad de dar al mensaje escatologico un con- tenido visible y realista. Es algo raro y comprensible a la vez. que, tras la radical separacién de Barth entre fe y religién, la teologia se muestre ahora dispuesta a elegir la religién en vez de Dios, una vez que se ve ante la alternativa de escoger entre la fe en Dios y la pasi6n religiosa cara al futuro. Hoy Ia escatologia se podria escribir enteramente como discu- sién (mostréndose de acuerdo o adoptando una postura critica) con la tcologia del futuro, de la esperanza, de la liberacién, como lo hha hecho D. Wiederkehr en sus Perspektiven der Eschatologie, en cuya visién no entra précticamente ninguno de los temas clisicos de la doctrina sobre las postrimerias: no se habla del cielo ni del infierno, del purgatorio ni del juicio, de la muerte ni de la inmor- talidad del alma. En la temética escatolégica entra, sin duda, la ccuestiOn del futuro y el presente y con ella todo lo referente a fa esperanza y su prictica. Pero un esbozo de teologia dogmética no puede aceptar tal desplazamiento de perspectivas. La razén de no poder hacerlo no es solamente que a un manual hay que exigirle in- formacion sobre los temas elisicos de una materia. El motivo pro- fundo para no hacerlo es que estas cuestiones incluyen lo especifico de la visin cristiana sobre lo futuro y su presente, siéndole al hom- 20 § 1. La problemética bre tan necesarias como Ie es necesario Io cristiano, por més que por ciertos motives pueda parecer algo pasado de moda en st. con- figuracién de fe 2. Los presupuestos histéricos de la situacién actual Como se ha legado a que este mensaje diga tan poco a los hombres de hoy con tanta frecuencia? A esta cuestién hay que res- ponder, si es que ello es posible, sélo de modo conereto y deta llado. Pero corre una respuesta muy extendida y sorprendentemente sencilla de la que tenemos que ocuparnos en la segunda parte de nnoestras reflexiones sobre la situaciin del problema. Se dice que en el cristianismo oficial e} mensaje escatolégico se ha corrompido profundamente, que la historia de la escatologia es una historia de apostasia. Se dice que el cambio que se hizo de una prictica de la esperanza hasta llegar a una doctrina de las postrimerias, significa luna mutacin trascendental de lo que al principio se pens6. Si esto es verdad, entonces es absolutamente ligica ta consecuencia que se saca en el sentido de que el mal tnicamente se puede curar volvien- do a los origenes. Una vuelta asf para restaurar la actualidad de 10 riginario, es lo que con frecuencia pretenden set las teologias de Ja Tiberacién. Parece que las pruebas de la tesis de Ja mencionada ‘apostasia se encuentran totalmente a la vista. Por ejemplo, hace ‘mucho que se llama la atencién sobre el contraste existente entre el maranatha de los comienzos cristianos y el Dies irae de la edad media. En aqué) aparece la alegre esperanza de que el Cristo lle- gard pronto, esperanza que aparece reforzada en esta peticién de a Didakhe (principios del s. 1): que venga la gracia y que pase el mundo (10,6). En el Dies irae domina el miedo del juicio, miedo que mira el final con la perspectiva del pavor y de la salvacién amenazada del alma. Un tercer apoyo para esas consideraciones usta buscarse en las misiones populares de los siglos xix y Xxx, ‘cuyo lema era: salva tu alma, Abi se quiere ver con claridad me- ridiana la individualizacién del cristianismo y, en consecuencia, la Pérdida de lo que habia constituido el nticleo de la escatologia y del a Introduccisn ‘mensaje cristiano como tal: fa esperanza confiada y comunitaria de la cercana salvacién del mundo, Las consideraciones historicas que se agatran a pocas formu: las siempre han sido problematicas, por més gue hay ocasiones en que pueden presentar indicios. Por ejemplo, no se sabe con certeza cudl es el sentido exacto de la exclamacién maranatha, Lo mismo puede tratarse de una peticién que de una afirmacién La traduccién puede ser: Ven, Sefior Jess, 0: El Sefior ha ve- rnido, No falta quien piense que pudo tratarse de una especie de maldicién en orden a proteger la santidad cle la eucaristia: «Con Ja misma seguridad con que nuestro Sefior ha venido...» (ef. K.G. Kuhn, ThWNT 4,470.75). Lo que con gran seguridad se puede decir es que el término hay que situarlo en el contexto de la eele- bracion eve ‘en el primitivo cristianismo, debiendo interpre- tarse a ta luz de su modo de rezar. Esta oracién es siempre, al mismo tiempo, de contenido presente y futuro, Se trata del anun cio alegre de que el Seiior estd ahi v también de la llamada al Sefior presente para que venga, porque en su misma condiciin de presente continda siendo el que ha de venir. Para explicar esto puede servirnos el recordar lo que FJ. Délger y E, Peterson nos han ensefiado sobre la caracteristica de la ora- ién del primitivo cristianismo, por cuanto que ellos investigaron Ja manifestacion sensible de esta oracién, En la Iglesia primitiva rezaban conjuntamente cuerpo y espiritu, Gracias al cuerpo, la oracién se inserta en el cosmos y su historia. Cuando el israeli rezaba, se volvia hacia el templo de Jerusalén, es decir, con ello inserta su oracién en la historia de salvacién de Dios con Israel, historia que encuentra su actualizacién global en el templo. Reza 4 Dios que quiere ser glorificado en el templo, con Io que introduce asimismo su oracién en la ley de fe de Istael, en el ordenamiento ‘que Dios mismo ha puesto, La oracién del primitivo cristianismo se dirige, por el contrario, hacia oriente, hacia el sol que sale. Este 8 el simbolo del Cristo resucitado, que de la noche de Ia muerte ha subido a la gloria del Padre, dominando sobre el universo. Pero el sot naciente es, al mismo tiempo, el signo del Cristo que vuelve, el cual sale definitivamente de su ocultamiento y establece el reino de Dios en el mundo, La fusién de ambos simbolismos en la ima- 2 § 1. La problemitica zen del sol que viene de oriente puede también dar una idea de lo intimamente unidas que se encuentran Ja fe en la resurreccién yy la esperanza en la parusia, puede dar una idea de lo enraizadas ue se encuentran en la figura del Sefior, que en cuanto resucitado ‘ya ha vuelto, continia viniendo siempre en la eucaristia, con 10 {que sigue siendo precisamente el que viene, la esperanza del mun- do. Este volverse hacia el oriente para orar, orientacion que hace del cosmos el signo de Cristo jentemente, el lugar de ora- . ese volverse hacia el oriente, digo, se subray6 haciendo una cruz en la pared oriental de los lugares de reunion de los cristianos, segtin lo ha probado Peterson, Esa cruz hay que entenderla como signo del Hijo del hombre que vuclve y también como amenaza escatolégica de juicio en el sentido de Zac 12,10 y Ap 1,7: «...l0 verin todos, incluso los que lo traspasaron, y por él se Jamentarén todas las tribus de la tierra», «...La cruz de los dbsides se debe a Ta costumbre litirtica de orar volviéndose hacia el oriente, donde se ponia una cruz, simbolo de la fe escatolégica» (Peterson 32) En esta cruz se ve, por asi decir, la marcha trivnfal del Cristo que vuelve a la comunidad creyente, Ia cual, volviéndose hacia oriente, manifiesta que el templo ha sido abolido y que es Cristo €l verdadero templo, como actualidad y futuro del mundo. {Qué se deduce de todo esto? Si la oracién, el volverse a Dios por Cristo, fue entonces y sigue siendo hoy el centro propiamente dicho de la existencia cristiana como tal, quiere decir que es el anilisis estructural de la oracién el que oftece la mejor posibilidad de conocer la estructura intima del primitivo cristianismo, Tras estas breves noticias no es que queramos Megara una conclusién final, pero si que podemos decir que en la oracion de la Iglesia que se va formando, en la oracién no dirigida ya hacia el templo sino hacia oriente, puede verse una fuerte tensin escatolégica. Pero inmediatamente hay que afladir que esta esperanza escatol6- siica tiene que ver con la tensiGn espiritual de la oracién y con el poder comunitario de la fe dentro de la unidad de la Iglesia. Esa esperanza esté unida también a la experiencia de la presen- cia de lo definitivo en la celebracién de la evcaristia. Esto quiere decir, al mismo tiempo. que no se puede hablar de la esperanza cristiana como de algo de mafiana o de pasado maffana, Podri 2 Introduccién ‘mos expresamos también asi: la esperanza esti personalizada, Su entry no se encuentra ni en el espacio ni en el tiempo, no esté ‘en la cuestién del dénde y del cuando, sino en Ia relacién con la persona de Jesucristo y en el ardiente deseo de su presencia (Ha mantenido la cristiandad esta tension? 3 (1979) {10- 28: G. Maier, Das Ende der historisch-lrtischen Methode, Wuppertal 1974; 1, Ricdlinger. Buchsiabe und Geist. Vom Weg der geisilichen Schriftausle- sung in der Kirche, en: elnternat. kath, Zeitschr> 5 (1976) 393-406; P. Stuhlmacher. Schrifiauslequne uf dem Weg zur biblischen Theologie, G tinga 1975; E, Coreth, Cuestionet fundamentales de hermenéutica, Herder Barcelona 5972: K, Marle, Hermenéutica y catequesis. Herder, Barcelona 1973, Sobre el ap. 2: M. Buber. Kenia Gowtes, en: id., Werke TI, Munich- Heidelberg 1964, 485-723; F. Hahn, Christologische Hoheisttel, Gotinga 31966; HW. Hertzberg, Die Samuelbiicher, Gotinga 1968, 231-36; J. Je- remias, Neuestamentliche Theologie 1, Gterstoh 1971 (trad, cast, Teo- logia wel Nuevo Testamento I, Salamanca 1974); F. MuBnet, Praesentia Salutis. Gesammelte Studien una fe ae jt ya no ae tato de 1a cucscn relatvamente Re aoe cimria concepeion que del mundo tenia Jess y en su imagen sey foro se contenian errores, Se trata més bien de aproximare ae ter fundamental de este mensaje en cuanto al Consteuye 2 verdadero nicleo la esperanza escatologiea_inminets? (SEN ie mensaje, si se_prestinde de esa experanza? dose un poco, en esta cuestion estin_imp stint n_destruye_continuamente todo ES Gocie por una parte, tenemos que vérnoslas con un probleme fistrico, © sea, con una cuestion_de_exégesis. de, texts 7Que puede sacarle al Nuevo Testamento sobre Ta materia} historiador? PEjue nos den las fuentes sobre emo se predicd emtoness 3 he: GAN? euales son fos estadios més antiguos que pueden detects Y qué desarolios se han dado? EI historiador (en este tas dl Y ogeta) se inieresa por Ta cuestion del entonces. Quiere Hear ® rier 'y debe intentarlo, con el mayor detalie posible «cme fue varrtas cosagp. Pero es totalmente stint Ia euestion sobre fo Aue ‘ese haliazgo del_pasado_ significa para_el ‘hombre creyente_ de hoy ge busca y oe interesa por la fe.La cuestion de cémo asimint ccaia cuestién de cémo trasponerio a ta actuatidad tiene que ssPararse con toda nitider de los datos que se Tlegaron a detest a) Como vimos al pri cada vez con mayor interés 2 § 2. El aspecto exegético fa. usin, a no segue reimene sotto. odes ris sno qu eae in nsraneral meso almenie distinto, teniendo que adoptar fi i mental también distinta. : rome a cla una posura Ya oh mismo hecho de presuponer que un texto de entonces sigue diciendo algo vilido hoy y que se puede abrir hacia ol brent meta ana spose, el presume tl ue he rss raiment spun de pr del mio hss exrainain e aeu po amas prs. La examin por un lds, por are de steno ue se sin sore icin 4 coe os datos doen con visas a sad ero el exceso se da igualmente por parte de la exégesis e hrs Haar cabo ie uanonmacas eae al penis yf tonces cuando pide para si la competencia del exegeta en orden 2 un tabajo que ast no se puede realizar. Y no es rao tampoco aque entonees se estlice demasiado el diagnéstico histrico por ade- Tn core tasposin ques pctede hace Dor set ae ay au once qe el metodo istic a rmicamente. puro, el mero examen de la realidad d he irrealizable respecto de textos, cuyo contenido abarca 5 1 pf des cesoneshomaas fundamen, os cone © ioe se emplean hacen necesariamente desempefiar un papel tee ue ya pose eee, ua puede amped stamens sin jude de un ened que sina spore ee a eh en fle soi vn a i ‘or ejemplo, la cuestién de qué quiso decir Jest i fon acc al eos en usc sepa aur sca tan scetcanay como rein. El eoneeplo qe de eo se Lenga 0 © 4 pode serrate de saeco ae no te. A tora eet de od put inp dc 810 ae Jess dj @ ee propio fhe vende ofa Logue Bs jor basea es interpretar acetadamente los textos, pero el legar Para nuestro tema puede resultar beneficios Itar beneficioso el analiz 0 més en detalle la problemética de esta cuestién aT espera del reino— par: aretamente ks : ara comprender algo més coarelee : concretamente los ites metodol6gicos del quehacer cientifico puro, Es decir, la 2 Cap. 1. El problema, cuestién esencial cuestion de si se toma como verdadero lo que se dice sobre la proximidad del reino, exa cuestién depende de lo que se entienda ‘en definitiva por realidad, depende de lo que un hombre tenge por real y de su misma situacién interna en la realidad. Por ejem- plo, el decir que la esperanza cristiana habia sido un engalio, era tuna opinién totalmente absurde para la mayor parte de Ix gente en Europa hace 200 afios. Por supuesto que se hizo tal juicio, pero para Ja mayoria fue algo sin contenido ni importancia, puesto que fo cristiano seguia estando presente como realidad palpable: el ‘mensaje probaba continuamente su propia realidad, lo cristiano era realidad por la que se podia vivir y morir. La alegria que brotaba de esa certeza en medio de muchas dificultades se expresa en la radiante belleza de las iglesias barrocas y de la misica del mismo géneto. Hoy nos encontramos ni més ni menos que ante el fend- meno contratio. Decir hoy que 10. cristiano es una realidad que sirve de soporte al mundo, es para el hombre corriente una afi macién gratuita. Para muchos fo cristiano no es otra cosa que una avalancha de palabras piadosas, que tinicamente creen los it genuos, tomdndolas como un sustitutivo de la realidad, Esta 0 quella postura hace que el texto se oiga de modo totalmente di tinto. Lo_oido representa siempre también al mismo oyente y_no s6lo lo b) én de la forma de conocimiento de que tra- tamos puede ser importante una segunda observacién metodol ‘gica, Durante los tiltimos 150 aftos se ha considerado como el ideal del conocimiento el propio de las ciencias de lz naturaleza, cl cual se impone por la posibilidad de comprobacién y por su aplicacion técnica, 10 que Jo hace seguro y til. El método hist rico-critico intenta apticar al terreno histérico en la mayor medida posible las formas cognoscitivas de las ciencias naturales, inten- tando alcanzar una seguridad semejante a la que se da en aqué- las. Esto se ha conseguido en una parte no despreciable, por ejemplo, en lo referente a hallazgos arqueolégicos, desciframiento de escrituras, datacién de documentos, comprobacién de falsifica- ciones, sucesion de acontecimientos. Pero el método mencionado fes en la medida en que tienen que inter- pretarse textos con un contenido leno de exigencias, sencitlamente uM § 2. El aspecto exegético porgue no es posible un modo de actuar semejante, siendo ilusi completa el prescindir del observador, cosa posible en las ciencias de la naturaleza, mas no aqui. Pero de hecho los resultados his- -exensticos se toman todavia generalmente segin un modelo propio de las ciencias naturales, cuando hay_que_mirarlos_real- mente_segtin un_ modelo histérico {Qué significa esto? No hay ninguna duda de que los conoci- mientos propios de las ciencias naturales estén vinculados en su origen y desarrollo a determinados presupuestos hist6ricos e inte- lectuales. El hecho de que fueran los gtiegos quienes inventaran Ja geometria eucidiana, mientras que la no euclidiana tomé cuerpo solo en ei siglo xix, depende de las respectivas posturas funda- ‘mentales en el terreno de lo intelectual, posturas que dominaban aqui y all y que abrian la mirada para una cosa, mientras que la cerraban para otta, Pero una vez que se lleg6 a-tales resultados, se independizan fundamentalmente de la imagen que entonces se tenia del mundo y de los mismos condicionamientos histéricos 4que Hlevaron al invento, No se necesita, por ejemplo, ser un pita- g6rico para comprender y aplicar una doctrina pitagérica, Los re- fous y conforman todos 1a base segura de un saber siempre creciente, en el que la suma de los datos ciertos va creciendo continuamente desde Pitégoras hasta Einstein, y forma un todo intelectual independiente a disposicisn de la investigacién en el terreno de las ciencias naturales. La his- toria en la que se configura el pensamiento que sea, no pertenece al nticleo del pensamiento mismo. Por lo que al pensamiento res- ecta no es historia sino tnicamente prehistoria. El que se dedica a las ciencias naturales no la necesita En Ia préctica y con mucha frecuencia se opera con los cono: cimientos exegéticos ni mas ni menos que conforme a este modelo ahistorico de las ciencias naturales, como si se tratara de una suma de resultados fijos, un saber adquitido de una vez para siempre, que hubiera dejado tras si la propia historia como prehistoria y del que se pudiera disponer como se hace con unidades de medi- das. Pero las medidas de lo espititual son diferentes de las de lo corporal. Considerar a aquéllas como adquisiciones desprovistas de historia, significa mo tener idea de lo que son, Cualquiera que ana- 35 Cap. 1. El problema, cuestién esencial Tice ta exégesis a lo largo de un siglo, se dard cuenta de gue en celle se reffeja toda {a fistoria del mundo del espiritu en esa época. En seguida vera que ¢l_observador_no_tiene otra posibilidad de hablar de Jo observado_ sino haciéndolo de si mismo, y que s6lo gracias a ese cambio de direcciGn analitica es como se manifesta €l contenido mismo, Esto no quiere decir, por supuesto, que aqut no s€ conozea, en definitiva, nada, Lo que ocurre es que este tipo de conocimiento es parecido —no igual, pero se puede comparar — al comocimiento que se da en filosofia. Su «resultado» histérico no €5 una suma catalogable de f6rmulas, sino una serie de aden- tramientos hacia la profundidad del sor, segdin to permiten fas posi- bilidades de una época, La historia en la que se consiguié eso, no €5 prehistoria, sino que sigue siendo historia, Plat6n, Aristote- les, Tomas no se convertirin en «prehistoriay por mas que pro arese el filosofar, sino que se mantienen en su condiciOn de figuras priginarias de un progreso continuo en direccién al fundamento mismo de las cosas. En lo originatio de su figura de pensadotes se refleja un aspecto de Jo real, una cara del ser. Ninguno de los que hemos nombrado es la filosofia ni el fildsofo como tal. En la rica expresividad de la historia toda y en el conjunto de su perspectiva critica safe a flote la verdad, lo que posibilita, al mismo tiempo, conocimientos. nuevos. ‘Algo parecido puede decirse tratandose de la explicacién de un texto tan fundamental como la Biblia, Tampoco aqui, ni siquiera fen lo central, se da un resultado tofal_y absotutamente seguro. Y la exégesis pasada jamds se convierte en prehistoria, si de verdad se ocup6 del texto en profundidad, Por deseracia, la autocritica de a razén histérica sigue estando en pafales. Con todo, ya sabe- mos con absoluta certeza que el tipo de conocimiento propio de las ciencias de Je naturalezs sélo por equivocacién puede aplicar- se al Ambito de que hablamos. Ya no nos cabe duda de que Jinicamente escuchando Ia historia toda de Ia exégesis es como se puede llegar a esa putificacién critica exigida por el presente, pu- rificacton que promete el encuentro verdadero con el texto 36 § 2. El aspecto exegético 2. Importancia del anuncio det 10 de Dios por parte de Jesus La expresién «rein de Dios» (0 «rcino de los cielosw: for dela 105 Ge0d, Gacdein ov obpardy) se nos muestra como fa tentica_palabra clave de la predicaciin de Tests segin et Nuovo Testamento, Es muy expresiva la estadistica: en el Nuevo Testa- mento €l término se emplea en total 122 veces, de ellas 99 perte- necen a los tres sindpticos, los cuales en 90 ocasiones lo ponen en boca de Jesiis. Se ve claro que et término tuvo una importancia fundamental en la tradici6n referente a Jess, pero perdié terreno rapidamente en la predicacién pospascual. Tanto por el nimero como por el contenido se ve que pasé a segundo plano. Puede decirse que mientras que la predicacion de Jests girs alrededor de Ja idea de} reino de Dios, 1a predicacién apostéliea pospascual se centra en la cristologia Este desplazamiento historicamente claro (muestra, por otra parte, de la fidelidad a tas palabras de Jests) puede tomarse, sin duda, como signo de ruptura entre la predicacion prepascuat y ospascual y hasta como expresin de degradaciGn. Pero también puede preguntarse, si no es precisamente ese cambio en la palabra clave de la predicacién el modo de que se mantenga el mismo tema en_medio de condicionamientos distintos. Al menos para la. pri- mitiva generacién eristiona fue precisamente {a formacién de la cristologia la expresion de su fidelidad no s6lo a la persona, sino también a la palabra y obra de Testis, EJ hecho de que Ia primitiva comunidad conservara el término en su forma primitiva a lo largo de la tradicién evangélica, eso quiere decir que tal palabra seguia siendo_para_ ella acual_y se_podia_continuar escuchando, sin que ello representara_una ruptura con el cristianismo tal y como se vivia. Por este ejemplo se ve ya lo dificil que resulta la actual zaciGn_de lo histérico, Lo que al lector de hoy tiene que parecerie™ necesariamente un cambio fundamental, se ve que no Jo era en fa fe yen Ia vida de entonces, Pero si, de hecho, la cristologia fuera Ja continuacién natural del tema ereino de Dios», esto indica na- turalmente algo sobre el contenido primitivo de esta palabra y sobre Ja tensiGn espiritual que se ocultaba en ella, ,Quiere decir que ese 37 Cap. 1. El problema, cuestién esencial desplazamiento del tétmino nos ayudaré a descubrir algo de lt relaciOn existente respecto del tiempo y la realidad. Hay que mencionar otro dato terminolégico. Mateo dice reino de los cielos. mientras que Marcos y Lucas escriben reino de Dios. Las dos cosas significan Jo mismo. ‘Tras la terminologia de Mateo esti la regla judia de que no se deben emplear ni el nombre de Dios, ni siquiera el concepto «Dios» por respecto a la grandeza del término, S6lo se puede hablar de ello mediante circunloquies. Es decir, aqui «cieloy no hace més que sustituir a «Dios». Esto es importante, porque se ve que Mateo, lo mismo que Marcos y Lucas, no hablan primariamente Ye algo del més alli. No se trata del mas alld, sina de Dios que es quien acta. Se confirma esta observacion, si aceptamos que el término normalmente tra- ducido por «reino» (Szcrdetz) no representa para la mentalidad judia un lugar, sino que se refiere @ una realidad activa, pudién- dose traducir por «sefiorio, mando», ete. © sea, que el término creino de Dios» esté remitiendo al dominio de Dios, al poder viente de Dios sobre el mundo; tanto es asf que para J. Jeremias (Teologia del Nuevo Testamento 1 126) et anuncio «al reino de Dios esti cercan puede traducirse exactamente por «Dios esti cerca». Al echar mano de ese término Jess no habla primatia- ‘mente de algo que esté en el cielo, sino de algo que Dios esté ha- iendo y va a hacer aqut en la tierra EI fijarnos en el sentido del lenguaje nos ha llevado ya de una manera directa al significado del contenido mismo. Para ser ficles a este contenido tenemos que mencionar que Jesis esté situzd con todo su mensaje en una tradicién previa tanto de lenguaje como de pensamiento y en una historia de fe y oracién. Lo nuevo de Jestis consiste en cémo toma, desarrolla y transforma esta. tra ign. La fe de Israel, en cuanto podemos conocerla hoy, se carac- teriz6 desde el principio por el hecho de la promesa y, en conse cuencia, por la tensién que conlleva la esperanza. Esta esperanza cristaliza en el desarrollo que se ve en los escritos del Antiguo Tes- tamento, los cuales suftieron diversas transformaciones. De eso 40 podemos hablar aqui sino de un modo resumido, A pattir de la teologia davidica de palacio, ta) y como la conocemos de una ma- nera central en Je figura del profeta atin, se lleg6 a la esperanza 38 § 2. EI aspecto exegético de la duracién eterna del reino de David, desembocando ésta a su vez en la esperanza mesidnica, que aguardaba al rey de la casa de David, que realizara el reino consumado de Israel. Se ve que surge continuamente una imagen de futuro, cuyas esperanzas estin fuer temente influenciadas por las inspiraciones politicas de la idea del reino davidico, Las speras controversias de los grandes profetas con la casa reinante favorecieron una trascendencia acentuada de la esperanza: ta se fija en muchas ocasiones en la directa intervencién del mismo Dios, en el sefiorfo ditecto de Dios sobre el mundo. Des- cendiendo a detalles, se descubren también concepciones diversas sobre la mediacién que interviene en ese sefiorio: en Daniel se trata del hijo del hombre, en el Deuteroisaias es la figura del siervo de Yahveh, en Zacarias aparece la doctrina de los dos mestas: el sacerdotal y el real Mis detaflado es todavia el panorama que oftece el Namado judaismo primitive. Normalmente se distinguen dos tipos princi- pales de esperanza: la rabinica y la apocaliptica, las cuales se pre- sentan en toda una serie de variantes, que se entrecruzan entre si (cf. Schnackenburg 23-47). El tipo rabinico sabe que Dios es siempre sefior del mundo y que lo rige, pero espera que Dios salga un dia de su ocultamiento, mostrando a Jes cfaras su poder. Esto 5 lo que lev6 a la distincién de los dos cones. Como parte de este én se consideran todavia Ios dias del mesias, el reino mesiénico intermedio, que representa el paso al e6n futuro. Aqui es donde enlaza el tipo celota, que pretende acelerar la legada de este reino con medios politicos, politizando la escatologia ¢ interpretando la esperanza de Israel esencialmente como programa politico. Otra forma distinta de realizar la esperanza es la que se da en aquetios rabinos que ereen que se puede acelerar la Wegada de la redencién —los dias del mesias— mediante la penitencia, el cumplimiento de los mandamientos y las obras de misericordia (Schnackenburg 39, Es muy signficativa al respecto una palabra de Rabbi Jocha- nan (+ el 279): «Dios dijo a los israelitas: Puesto que para el final he fijado un plazo conereto, en ef cual ha de Hegar, hagan per tencia 0 no, Hegaré en el tiempo fijado; pero si hacen penitencia, aunque no sea mas que un dia, haré que legue incluso (antes y} 39 Cap. 1. El problema, cuestién esencial fuera del plazo fijado, como dice Sal 95,7: hoy, si escucharais mi voz» (Schnackenhurg 38). A diferencia de lo expuesto hasta ahora, 1a esperanza apocaliptica relata con fuerza la diferencia radical de Jos dos cones. La apocaliptica se desarrolla como expresién de la esperanza en situaciones minoritarias desesperadas, pero se entre- ‘mezcla en casos concretos con los dems tipos de esperanza, En este variado complejo se sitta 2 predicacién de Jests Lo nuevo que 4 ofrece no consiste tanto en ideas desconocidas sino en la plenitud de poder que caracteriza su misién, poder con el que separa el trigo de la paja. Esta claro que las caracteristicas, davidico-dindsticas, que se mantienen y aparecen en la linea de los celotes, no tienen sitio ninguno en su mensaje. Por ejemplo, nunca se calificé directamente de mesias. La primera vez que apa- rece el titulo de Mesias (Cristo) es en el letrero de la cruz, convir tiéadose en punto de partida de la profesién cristiana, Pero es indudable que a causa del catalizador de la eruz este titulo recibié tun sentido totalmente nuevo (cf. F. Hahn 133-279, especialmente 193-218; Ratzinger, Introduccién al cristianismo 175s). Tanto més claro resulta, pues, que Jestis se encuentra emt fa linea de la espe- ranza profética. Eso se ve, por una parte, en el hecho de que el zeino de Dios se promete a los pobres, precisamente @ ellos, en el amplio sentido de ta palabra (cf., ante todo, J. Jeremias, Teologia det nuevo testamento T 134-38). Esa claridad viene también, y no fen menot medida, de que Jesiis pone el reino en un contexto indi soluble de penitencia. Marcos lo ha expresado muy bien en el sumario del mensaje de Jess, tal y como lo pone al comienzo del caiino ¥ actividad de Jesiis: «Se ha cumplido el tiempo. El reino de Dios esté cerca; convertios (hacer penitencia: yeravoctte) y creed al evangelioy (Mc 1.15). Este contexto se manifesta de modo espe toda su trascendencia en una serie de textos muy antigua, que explica la misién de Jesds remitiendo a la figura del profeta Jo- nds (Me 12,38-42; Le 11,295; Mt 164). Un grupo de escrituristas y fariseos le pidieron a Jess un signo, a lo que éste respondi diciendo que a esta generacién no se le daré otro signo que et de Jonés. No hay duda de que ni en la antigua tradicién estaba to- talmente claro Jo que se queria decir exactamente. El texto de Imente claro en 40 § 2. El aspecto exegético Mateo (12,38-42) Io toma como indicio de la muerte y resurreccin de Jesis, destino que se encuentra prefigurado en lo ocurrido a Jonas, que estuvo tres dias y tres noches en el vientre def cetéceo, Girigiéndose luego a predicar la penitencia en Ninive. En Lucas, por el contrario, es la generacién de Jestis la que directamente es comparada con los ninivitas, generacién que no recibié otro signo {que el del profeta mismo y su predicacién de la penitencia. Hay muchas razones para pensar que es esto ultimo to verdaderamente primitivo. ‘Como quicra que sea, las dos vertientes de la tradicién tienen dos cosas em comtin: el signo de Jesis es él mismo, encontréndose igualmente en el ofrecimiento que supone su mensaje. Pero este ‘mensaje es llamada a la penitencia bajo el ahora de la salvacién y el juicio. Analizando el signo de Jonds, es precisamente este contexto de penitencia y gracia, de penitencia y escatologia, fo que resalta. De suyo Ninive habia perdido la oportunidad de su salva- cién, habiendo merecido la destruccién. La gracia inesperada e in- merecida que se hace a la ciudad pecadora consiste en que se Ie envia el profeta en medio del olvido de Dios en que habia caido. EI profeta le expone la catéstrofe que se le avecina y la oportuni dad de penitencia que se le ofrece, Y ocurre lo que no se esperaba: la ciudad hace penitencia. Tambiéa ocurre lo que era més inespe- rado todavia fo que no se merecia: el perdén otorgado a la ciudad, lo que es un escéndalo para el profeta, el cual protesta por ello. Es la penitencia misma la que aqui aparece como gracia. Su condicién de tal radica, por una parte, en que e8 ofrecida y. por otra, en que se la acepta. En este entretejido se presenta fa predi- cacién de Jesis, predicacién que con autoridad lama a penitencia en cuanto gracia, dirigigndose, por tanto, precisamente a los peca- dores, siendo ellos ni mas ni menos quienes la entienden. ‘A la situacion expuesta corresponde el hecho de que el mensaje de Jesis sobre el reino de Dios eva la impronta de un ahora y no de un alli ni después. El terreno en que se mueve ese mensaje tno son especulaciones sobre espacio y tiempo. Su centro lo ocupa la persona de Jestis, sus categorias son, en indisoluble unidad, gra- cia y penitencia, gracia y conducta moral (ethos). Lo que importa ¢s precisamente esta interrelacién. Pero a la exézesis actual le re- 41