VULNERABILIDAD LGTBI Y DE OTRAS DIVERSIDADES SEXUALES

Manuel Antonio Velandia Mora
Palabras clave: Géneros, cuerpo, sexualidades, orientación sexual, identidad,
LGBTI, HSH, MSM
Estructura de tópicos: Introducción; Vulnerabilidad; Definiciones; Derechos
humanos y sexuales; principios, vulnerabilidad y salud; Delito o legalidad;
estrategias para la no discriminación; Alternativas de solución.

Nota del autor: Una versión corta de este texto fue publicado en el libro La
atención a la salud de las poblaciones vulnerables. Vol. 4 - 1ª Edición -
impresa, 2014. Editorial Manole. Brasil.
1. Introducción
Los géneros, los cuerpos y las sexualidades están siendo utilizados en luchas
de poder político dentro y a lo largo de países e instituciones. En los trabajos
de académicos como Foucault, Butler y Fausto-Sterling, entre otros, se
demuestra que sexo, cuerpo y género producen significados sociales y
simultáneamente y de forma recíproca son producidos por dichos significados.
Desde sus inicios prenatales y neonatales, incluyendo a los infantes inter-
sexuados, la cultura, la economía, la política, la religión y la sociedad
influyen en el cuerpo material, en su explicación y en las emociones que
generan.
Desde la perspectiva sistémica es evidente que los genes no actúan
aisladamente, sino que necesitan de todo un ámbito de dominio, un ambiente
de proteínas y estructura celular para interactuar. En el nivel celular al igual
que en el social y planetario, las cosas vivientes sólo pueden desarrollarse
dentro de una relación interactiva y por tanto, interdependiente,
interrelacional e interafectante con otros organismos vivientes. No puede
afirmarse en consecuencia que un gene en particular, un órgano sexual, un
cuerpo específico puede determinar algo tan complejo y variable como la
sexualidad, la identidad, el cuerpo o el género.
La sexualidad es uno de los ámbitos de la vida social más interesantes y
complejos para el estudio de la plasticidad de la conducta humana.1 Como
bien lo ha analizado Petchesky (2008), la sexualidad no es una cuestión
secundaria, sino un tema central que atraviesa cualquier situación en la que
un ser humano se vincula con otro2, pero en el caso que del vínculo emerjan
emergencias como una preñez o una enfermedad, la sexualidad pasa a
convertirse en el nodo de la situación; tal y como sucede con la pandemia del
VIH/sida, las infecciones de transmisión sexual, el embarazo adolescente, el
aborto o la guerra en la que el cuerpo de las mujeres y de los hombres “que
parecen no serlo” se convierten en botín de guerra. Por ello, las realidades y
debates acerca del lugar de la mujer dentro de la sociedad, los derechos de
las minorías sexuales, la autodeterminación reproductiva -en especial el
aborto-, los significados de las masculinidades, las feminidades y los tránsitos
identitarios de género como también las familias, especialmente la
monoparental o la conformada por personas del mismo sexo, se ven afectados
por los discursos ideológicos y las expresiones y corrupciones del poder
político.
Gayle Rubin (1984),3 considera que “El sexo es siempre algo político”. En
palabras de Petchesky (2008), su politización involucra el continuo intento de
establecer límites entre sexo “bueno” y “malo” basado en “jerarquías de
valor sexual” en la religión, la medicina, las políticas públicas y la cultura
popular. Para Rubin, estas jerarquías “funcionan de la misma manera que lo
hacen los sistemas ideológicos del racismo, el etnocentrismo y el chauvinismo
religioso. Racionalizan el bienestar de los sexualmente favorecidos y la
adversidad de la plebe sexual”.
Como sugirió Rubin, afirma Petchesky (2008), las inquietudes populares (de
los hombres heterosexuales, los grupos hegemónicos y beligerantes, los
económicamente codiciosos o inseguros) muy a menudo toman la forma de
“pánico moral” cuyo blanco son las personas marginadas y sexualmente
vulnerables. Esta vulnerabilidad resulta peligrosa en formas muy particulares
para los proscritos por género, por cuerpo y por su sexualidad, ya sean gay G,
lesbianas L, trans T, bisexuales B o intersexuales I, jóvenes, solteros,
trabajadores sexuales o mujeres heterosexuales, que intentan vivir una
existencia social y erótica “no tradicional”.
2. Vulnerabilidad
La palabra vulnerabilidad derivada del latín, vulnerare, que quiere decir
“provocar un daño, una injuria”. Es un término frecuentemente utilizado en
la literatura general, aplicado en el sentido de desastre y peligro.
La vulnerabilidad es todo déficit social que tienen las personas, resultado de
la brecha existente entre una dotación mínima para lograr una vida digna y
desarrollar un proyecto de vida, y la dotación real que tienen. Lograr una vida
digna tiene como base el reconocimiento del Ser en su identidad como
persona, sujeto de derechos1 y ciudadano. El proyecto de vida no es
solamente un hecho particular, sino además relacional y socio-cultural que no
se puede alcanzar cuando para los otr*s la persona no se asume en su
existencia plena y real. No existe la dignidad cuando la persona no es
reconocida como un auténtico otro.
La vulnerabilidad (Niachiata, 2008) puede ser analizada según tres
dimensiones interdependientes: individual, programática y social.4
La vulnerabilidad es el factor de riesgo al que una persona o un grupo de ellas
está expuesta, es decir la amenaza, correspondiente a su predisposición
intrínseca a ser afectado, de ser susceptible a sufrir un daño, y de
posteriormente, encontrar dificultades en recuperarse de sus efectos.

1
Ser Sujetos de derechos en las políticas públicas, es una condición sine qua non que le
posibilita al sujeto social la posesión de una clave de lectura de la realidad, con conciencia de
su propio ser y de su operar, y con la suficiente autonomía para liberarse de los
condicionamientos y manipulaciones de los otros, confrontando su solidaridad con ellos, y a su
vez individual y societalmente ir construyendo su identidad.
En epidemiología, un factor de riesgo es toda variable conectada
estadísticamente al hecho de que se produzca un evento. Se trata de una
característica individual o colectiva asociada causalmente a un incremento de
la incidencia de la enfermedad, a un fenómeno de salud o a un fenómeno
sociocultural en una población y, por lo tanto, a un incremento de la
probabilidad de que un individuo desarrolle la enfermedad, tenga otros
problemas de salud o sea afectado por crímenes de odio.
El termino crimen de odio hace referencia a cualquier hecho punible,
incluidos los delitos contra las personas o la propiedad, en aquellos casos en
los que la víctima, el lugar de los hechos o el objetivo del delito se justifica
en su conexión, adhesión, afiliación, apoyo o pertenencia real o percibida a
un grupo social, etnia/raza, color, edad, condición social, identidad sexual,
orientación sexual, expresión de género, sexo, especialmente por no ajustarse
a los modelos de género y de sexualidad dominantes, circulación de personas
(inmigración) y condición de salud, por ejemplo vivir con VIH/sida o
discapacidad; los hechos se manifiestan como negativa a brindar servicios de
salud, esterilización o aplicación de cualquier otra clase de tratamiento
médico aversivo, como también la negativa al acceso a los bienes, los
servicios, la vivienda, la seguridad social, la educación y/o la rectificación de
los documentos oficiales, no reconocimiento de los derechos civiles de las
parejas del mismo sexo, anulación del matrimonio, incitación al odio,
violencia de género, bulling, exclusión social, daño físico, daño emocional,
ataques verbales, discriminación, acoso, amenazas sexuales, amenazas de
muerte, desplazamiento forzado, negativa al derecho de asilo, asesinato,
heteronormatividad, e igualmente la reticencia a aceptar que la víctima
denuncie dichos ataques o la obstaculización de ello, encarcelamiento,
control familiar, violencia doméstica; situación que se agrava por la ausencia
de un marco legal que las castigue, de programas que las prevengan y
disminuyan la vulnerabilidad y susceptibilidad de las personas y colectivos,
mitiguen su riesgo y por la falta de apoyo institucional emocional, físico,
económico o de otros ordenes que es requerido por las víctimas.
La vulnerabilidad es mayor o menor a partir de la interdependencia,
interrelación e interafectación del sujeto o grupo vulnerable con tres
dimensiones -individual, programática y social-, en un sitio particular y
durante un período de tiempo definido y en un ámbito de dominio o contexto,
determinado por la ideología, la cultura y las condiciones sociales,
económicas y políticas (Ver Ilustración 1).
La vulnerabilidad, que trasciende aquí el eje
de la salud para ampliarse a cualquier
situación en la que pueda verse afectada la
persona, es correlacional con la predisposición
o susceptibilidad5 física, emocional,
económica, política, cultural o social que tiene
una comunidad o una persona de ser afectada
o de sufrir efectos adversos en caso de que un
fenómeno peligroso de origen natural o
causado por el ser humano se manifieste. Las Ilustración 1 Efectos de la
Vulnerabilidad. Elaboración propia.
diferencias de vulnerabilidad determinan el
carácter selectivo de la severidad de sus efectos y dependen del contexto
social y material en el que es expuesto el grupo o la persona ante dicho
fenómeno.
Partiendo de la definición de la OMS6 sobre los determinantes sociales de la
salud, se puede decir que los determinantes sociales de la vulnerabilidad son
las circunstancias en que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y
envejecen. Esas circunstancias son el resultado de la distribución del capital,
el poder y los recursos a nivel mundial, nacional y local, que depende a su vez
de las políticas adoptadas.

Riesgo
Riesgo es la probabilidad de que se presente un nivel de consecuencias
económicas, sociales, emocionales, físicas o ambientales en un sitio particular
y durante un período de tiempo definido.
La cuantificación o medición del riesgo se obtiene de relacionar la amenaza
con la vulnerabilidad a los elementos expuestos a partir de la susceptibilidad
que se posea, con el fin de determinar los posibles efectos y consecuencias
asociadas a uno o varios fenómenos
peligrosos. Los cambios en uno o más de
estos tres parámetros (amenaza,
vulnerabilidad y/o susceptibilidad)
modifican el riesgo en sí mismo, es decir,
el total de pérdidas esperadas y
consecuencias en un área determinada
(Ver Ilustración 2). Matemáticamente, el
riesgo es igual a la frecuencia del evento
riesgoso por las consecuencias del
mismo.7
Ilustración 2 Medición del riesgo. Elaboración propia.
2.1.1 Riesgo social
El riesgo social se presenta cuando se pertenece a un entorno social que
presenta factores de riesgo: problemas basados en el género, sexo,
sexualidad, expresiones comportamentales sexuales, identidad, orientación
sexual, economía, cultura, política, religión, conflicto armado,
desestructuración familiar, lconductas anómalas y otras circunstancias
personales, familiares o del entorno que afectan a los cuidados, atención y
servicios que reciben o deben recibir las personas vulnerables.

Vulnerabilidad individual y grupal
Se refiere a la acción individual y grupal de prevención frente a una situación
de riesgo. Contiene aspectos relacionados con características personales
(edad, sexo, género, orientación sexual, expresiones comportamentales
sexuales, identidad, etnia, cultura, creencias religiosas, valores, principios
éticos, ejercicio de la bioseguridad, etc.), al desarrollo emocional, a la
percepción del riesgo y actitudes dirigidas a la adopción de medidas de
autoprotección; así como con actitudes personales frente a la sexualidad y su
vivencia, conocimientos adquiridos sobre las situaciones de salud que pueden
afectarle; y de las habilidades para negociar prácticas en las cuales se puede
ver afectada la persona en lo emocional, físico y social.
Los procesos sociopolíticos desarrollados por colectivos conformados por
personas con vulnerabilidades similares, como por ejemplo, las derivadas de
las sexualidades crean condiciones que disminuyen su vulnerabilidad, en
especial cuando dichas organizaciones de base están en posibilidad de
negociar con los agentes de políticas públicas la aplicación de programas que
disminuyan su vulnerabilidad individual y social.
Política pública PP es la emergencia de la participación y el diálogo de todos
los actores involucrados con relación a un tema que se considera prioritario
por ser socialmente relevante, luego de un análisis claro y realista sobre lo
que existe y es apropiado, en cuanto a la satisfacción de necesidades de la
comunidad considerada vulnerable. Son un “curso de acción” (Aguilar
Villanueva, 1992) dinámico, definitivo o no, que debe posibilitar la revisión, el
diseño e implantación de acciones conjuntas con otras entidades públicas y
privadas que cooperan con la población vulnerable, que se diseña y construye
en un territorio especifico (espacio-temporal, relacional, cultural y
emocional), de tal manera que pueda ajustarse cuando sea necesario y apoyar
la redirección de la legislación existente cuando ésta no sea suficiente o
apropiada.
Velandia (2005) precisa que “para que haya participación deben crearse los
mecanismos para alcanzarla y lograr que, de manera activa, los demás
sectores involucrados apoyen la decisión sobre qué, quiénes, para quiénes,
cuándo, dónde, cómo, por qué, para qué, con qué recursos, metodologías,
herramientas, instrumentos, estrategias de seguimiento y evaluación,
hacerlo”8.
Según Aguilar (1992), una PP: “no es la simple decisión deliberada del actor
gubernamental: la gran decisión en la cúspide del estado” puesto que es
evidente que en ella debe intervenir “todo un conjunto complejo de decisores
y operadores”. En la definición de Duran utilizada por Roth Deubel (2002), se
destaca que es preciso incorporar a otros sectores de igual importancia en la
creación, seguimiento y cumplimiento de la PP; son ellos los actores
provenientes de sectores sociales, tales como Organizaciones No
Gubernamentales (ONG), Organizaciones de Base Comunitaria (OBC),
asociaciones gremiales y otras asociaciones de la sociedad civil. Una
comunidad de PP está conformada por los responsables de entidades
gubernamentales, congresistas, representantes políticos, dirigentes de
gremios, investigadores y en especial por los y las beneficiari*s de las
políticas, quienes además de compartir un sistema similar de creencias –serie
de valores, fundamentos, supuestos, y percepciones de un problema
específico- demuestran un cierto grado de coordinación de sus actividades.
En todo el mundo, las personas socialmente desfavorecidas en lo económico,
político, social, cultural, étnico y sexual tienen menos acceso a los recursos
sanitarios básicos y al sistema de salud en su conjunto. Como lo afirma la
OMS9, es así como enferman y mueren con mayor frecuencia que aquéllas que
pertenecen a grupos que ocupan posiciones sociales más privilegiadas. Esto se
hace más crítico en algunos de los grupos más vulnerables. Estas inequidades
han aumentado a pesar de la riqueza, los conocimientos y la sensibilidad e
interés por los temas que atañen a la salud como en la actualidad.
Toda PP se desarrolla desde un enfoque diferencial y de equidad teniendo en
cuenta los géneros, sexualidades, edades, territorios sociales, pertenencia
étnica y discapacidades, realizando y restableciendo derechos, como
fundamento de cualquier tipo de acción afirmativa para compensar las
inequidades producto de la falla estatal en el deber de protección.

Vulnerabilidad programática
Se refiere a la inexistencia o aplicación inapropiada de PP para enfrentar las
situaciones de riesgo individual y grupal, metas y acciones propuestas en los
programas de prevención y la organización y distribución de los recursos para
la prevención, control, evaluación y redirección de la aplicación de las
estrategias para la gestión de los riesgos, a partir de un enfoque diferencial.
Según Meertens (2004), el enfoque diferencial es un método de análisis que
toma en cuenta las diversidades e iniquidades existentes en la realidad, con el
propósito de gestionar los riesgos brindando una adecuada atención y
protección de los derechos de la población. Emplea un análisis de la realidad
que pretende hacer visibles las múltiples formas de discriminación contra
aquellas poblaciones consideradas diferentes y define las discriminaciones
más relevantes en el contexto de la crisis.10
Gestión de riesgos es el proceso social que conduce al planeamiento y
aplicación de políticas, estrategias, instrumentos y medidas orientadas a
impedir, reducir, prever y controlar los efectos adversos de fenómenos
peligrosos sobre la población, los bienes y servicios y el ambiente; reduciendo
riesgos a través de actividades de prevención, mitigación, preparación para, y
atención de emergencias y recuperación post impacto.
Las PP deben implementar medidas compensatorias dirigidas a cambiar o
disminuir las condiciones de riesgo existentes. Son medidas de prevención-
mitigación y preparación que se adoptan con anterioridad de manera
alternativa, prescriptiva o restrictiva, con el fin de evitar que se presente un
fenómeno peligroso, para que no generen daños, o para disminuir sus efectos
sobre la población, los bienes y servicios y el ambiente.11
En las políticas de salud han predominado las soluciones centradas en el
tratamiento de las enfermedades, sin incorporar adecuadamente
intervenciones sobre las "causas de las causas", tales como, por ejemplo, las
acciones sobre el entorno social.12 Los efectos de los crímenes de odio contra
poblaciones vulnerables dificultan la atención integral en salud.

Vulnerabilidad social
Es el efecto de la estructura económica, de la ineficiente gestión del riesgo
desde las políticas públicas, en especial de educación y salud, como también
de la cultura, la ideología y de las relaciones de género y sexo que definen la
vulnerabilidad individual y programática. Se relaciona con procesos de
exclusión, discriminación o debilitamiento de los grupos sociales, y su
capacidad de reacción.
Para Parker (1999), la mayor contribución en el debate y acción sobre la
distinción del concepto de riesgo y vulnerabilidad está en el esfuerzo de
dislocar la noción del riesgo individual hacia una nueva percepción de la
vulnerabilidad social13. Un ejemplo para comprenderla puede ser el sida.
Parker considera que, sin dejar de considerar que todo ser humano es
biológicamente susceptible a la infección por el VIH, o que la transmisión
realmente ocurra mediante actos de comportamiento de individuos
específicos, en la perspectiva de ampliación de la intención de la epidemia,
algunos individuos y grupos se encuentran en situaciones de mayor
vulnerabilidad, lo que permite percibir más ampliamente como la desigualdad
e injusticia, el prejuicio y la discriminación, la opresión, exploración y
violencia de la sociedad aceleran la diseminación de la epidemia.14
El concepto de vulnerabilidad social puede aplicarse a una persona o a un
grupo social según su capacidad para prevenir, resistir y sobreponerse de un
impacto. Kreuser (1998), demuestra que algunos estudios tratan de
caracterizar como vulnerables a las mujeres, los adolescentes, las personas
con deficiencias y a otros grupos viviendo en exclusión social.15 Pero la
vulnerabilidad también está dada por las condiciones sociales, políticas,
económicas y culturales y la falta en las PP de programas que tengan como
objetivo disminuir dicha vulnerabilidad. El grado de vulnerabilidad se altera o
depende de la modificación en la condición o ambiente social y en la
aplicación de acciones programáticas.

Poblaciones vulnerables
Son aquellas que necesitan una protección especial, es decir que, por
distintos motivos particulares, grupales y/o sociales, no tienen desarrollada o
no pueden desarrollar la capacidad de defenderse frente a una amenaza
específica que las puede afectar individual o colectivamente. Esta capacidad
está determinada por el grado de información o de experiencia y a menudo
está afectada por lo que se llama “el error optimista”16, que es la capacidad
de los humanos de no sentirse amenazados individualmente por una amenaza
general, incluso cuando ésta existe.
Para los especialistas en bioética, tal y como se lee en la Declaración de
Helsinki (2000), “Se deben reconocer las necesidades particulares de los que
tienen desventajas económicas y médicas. También se debe prestar atención
especial a los que no pueden otorgar o rechazar el consentimiento por sí
mismos, a los que pueden otorgar el consentimiento bajo presión, a los que no
se beneficiarán personalmente con la investigación y a los que tienen la
investigación combinada con la atención sanitaria”.
3 Definiciones
La construcción conceptual en el tema de las identidades sexuales ha tenido
que ocuparse de la gran diversidad de sexualidades que existen, sin embargo,
al discurso sexológico oficial y lineal positivista, le ha sido muy difícil asumir
la movilidad en la identidad sexual de las personas, tal vez por ello los
minorías sexuales y demás interesados/as en las sexualidades hemos tenido
que apoyar-nos en las propias vivencias y emociones para aproximarnos a
construcciones teóricas en las que tod*s quepamos, rompiendo así con nuestra
propia auto y hetero exclusión.
3.1 Sexo
Dependiendo desde dónde se le explique, el sexo puede ser entendido: 1º,
como definición biológica; 2º, como definición psicosocial; o 3º como una
definición en continuo que imbrica y trasciende a las dos anteriores.
1º. Si sexo es una definición binaria eminentemente biológica, entonces, sexo
hace referencia a lo que somos genotípica y fenotípicamente como hembras o
machos de la especie, es decir a los rasgos primarios y secundarios que nos
caracterizan y diferencian tales como el sexo gonadal, hormonal, el sistema
genital externo e interno, la estructura cerebral, la morfología corporal, la
estructura ósea, la distribución de las grasas en el cuerpo y la distribución del
vello púbico, entre otras. La definición biológica de la normalidad sexual
concibe el coito vaginal con fines reproductivos como inherente y exclusivo de
la relación heteronormativa y que cualquier posibilidad erótica diferente a
pene-vagina debe considerarse perversa o patológica, siguiendo la tradición
judeocristiana de la “medicalización del pecado” ideológicamente se sustenta
que fuera de dichas dicotomías y practicas no hay salvación y que provee de
explicaciones patológicas a las conductas sexuales.
2º. Si el sexo es entendido como definición psicosocial, a la definición de
macho y hembra debe sumarse la identidad de género y el rol de género, en
consecuencia, es la expresión de masculinidad en el hombre o de feminidad
en la mujer a partir de lo que la sociedad determina como el “deber ser” con
que cada individuo debe identificarse y actuar social y sexualmente.
3º. Si el sexo es entendido como una definición en continuo, entonces, el
concepto imbrica lo biológico a la dimensión psicológica y social de la
sexualidad. En este caso ya no sólo se habla de hombre y mujer, pensando al
primero como masculino y a la segunda como femenina, sino que se entiende
que existe una gama de variaciones sexuales. No solo existen el macho y la
hembra, en la especie se presentan igualmente estados intersexuales que
pueden presentarse en el proceso de la diferenciación somatosexual durante
el desarrollo prenatal; variaciones que a su vez tienen una expresión
particular en los sexos genotípico y fenotípico; no en vano los dos sexos
comparten un cromosoma X, hormonas “masculinas” y “femeninas” y hasta un
cerebro que hoy sabemos es bisexual y posee diferentes estructuras y regiones
cuya masculinización o feminización independientemente ocurre no sólo en la
vida embrionaria y fetal sino a lo largo de todo el ciclo vital.
3.2 Género
El género es una noción, una construcción social y cultural sobre lo que “debe
ser” y como debe comportarse una persona, pero el género es especialmente
una construcción particular, a partir de la cual la persona asume una manera
de actuar a la que se llama “rol de género”; generalmente, se espera que
dicho rol acompañe en su actuación a un cuerpo que se le corresponde; es
decir, por ejemplo, a un cuerpo de macho le correspondería un rol masculino.
3.3 Sexualidad
Los seres humanos somos mucho más que nuestro cuerpo y sus posibilidades
para el contacto genital; la sexualidad no está determinada únicamente por
nuestra corporalidad ya que está ligada al hecho de obtener placer y este no
se obtiene únicamente del intercambio genital, por tanto la sexualidad
trasciende la esfera de la genitalidad y esta no es su único componente.
La sexualidad involucra: aspectos físicos porque está relacionada con el
cuerpo; aspectos emocionales ya que está vinculada con la identidad de la
persona (lo que ella asume de sí) y los procesos afectivos propios de las
relaciones interpersonales; aspectos sociales, culturales y relacionales que se
adquieren en la familia, la escuela y en la vida cotidiana; aspectos
ecosistémicos, ya que se vivencia de una manera particular en cada sociedad,
espacio (región geográfica) y tiempo; aspectos históricos ya que lo que se nos
trasmite resume el desarrollo de las sociedades y de quienes la conforman.
La sexualidad no es "algo" que aparece con la adolescencia; está presente en
todos los momentos de nuestra existencia, desde que nacemos hasta cuando
morimos. Se relaciona con el hecho de que los humanos somos seres sexuados.
Los seres humanos además de tener cuerpo y sexo, hecho común con los
demás animales, nos diferenciamos de éstos no solo por nuestras posibilidades
intelectuales, sino además por el desarrollo de nuestras funciones
emocionales y operativas que nos posibilitan la toma de conciencia, la
vivencia y asunción de las emociones que generan el cuerpo, el sexo, el
género, la orientación sexual y las expresiones comportamentales sexuales.
Las culturas y sociedades han determinado un "deber ser" que expresa un
modelo único de sexualidad; dicho modelo es eminentemente heterosexual,
concibe la existencia de diferencias basadas en el sexo y en el género entre
las mujeres y los hombres que determinan relaciones inequitativas entre los
géneros, y por tanto, maneras de ser, comportarse, relacionarse, e inclusive,
atribuyendo capacidades diferenciales intelectuales, productivas y
emocionales, desde las que se pretende perpetuar un modelo sexual lineal.
3.4 Identidad
Cada ser humano se reconoce en lo cotidiano, en el tiempo y el espacio, a
partir de las vinculaciones que establece en razón de ser ecosistémico, debido
a que existe un intrincado nexo entre los seres humanos y sus ambientes
biofísicos, sociales y económicos que se refleja en el estado de salud física y
emocional de la población.
En trabajos anteriores (Velandia, 1999) había propuesto que «el proceso de
construcción del “querer ser” implica una ruptura entendida como una toma
de posición frente al “deber ser”». Para este autor existen tres sistemas de
representaciones de la construcción identitaria: el primero tiene que ver con
las representaciones sociales, desde las que se espera que cada ser vivencie la
visión «oficial» del mundo —en este caso, de la sexualidad— que se asume en
el «deber ser»; en el segundo, las representaciones particulares de quien se
identifica a sí mismo —significado que tiene para cada persona el mundo y la
sexualidad que quisiera experimentar en su «querer ser»—; y tercero, las
representaciones que los seres se ven obligados a asumir en sus procesos de
socialización, y que se evidencian en el proceso de intercambio social, en el
«estar siendo».
Cada persona se construye desde el «deber ser», teniendo como referente sus
propias vivencias y sentimientos, a partir de la conciencia, de lo que
considera que quiere, desea y necesita para sí. El «querer ser» prima sobre el
«deber ser» en la medida en que reafirma las diversas identidades sexuales.
Las personas en la construcción de su identidad aun cuando reconocen parte
de dicho “deber ser” construyen para sí un modelo particular, un “querer
ser”, un aquello que para sí desean y consideran es lo que los realizaría
plenamente como personas sexuadas. En el encuentro con el otro la persona
debe decidirse entre el “deber ser” y su “querer ser”, o sea que dadas las
tensiones propias de todo encuentro y las presiones socioculturales establecen
un “estar siendo” a partir de tres posibles opciones: transgrediéndose a sí
mismo (a su “querer ser”), es decir acomodándose a las necesidades propias
del contexto; transformando el contexto en función de su “querer ser” o,
abandonando dicho contexto aproximándose a otros en los que dicho querer
ser” tiene un reconocimiento que no le implique exclusión. El “querer ser” no
es una construcción propia de las minorías sexuales, toda persona vivencia
para sí y en lo relacional transgresiones del “deber ser”, ya que este mantiene
la institucionalidad de la sexualidad.
Toda relación es un espacio de poder, este puede ser ejercido verticalmente
(dominación-dependencia), u horizontalmente (equidad en la toma de
decisiones). Las relaciones horizontales parten del reconocimiento del
ejercicio de la particularidad del sujeto, requieren reconocer que cada ser es
único, irrepetible, dinámico e histórico. Dicho dinamismo implica una
permanente movilidad del Ser, de su propia manera de identificarse y por
tanto, en su deseo y sus necesidades para el intercambio. De ahí que los seres
humanos y sus relaciones no sean “estables” sino que varíen (son móviles) en
función de los territorios sociales, corporales y relacionales de los/as sujetos,
ya que están influenciadas por las relaciones sociales, la cultura, y las
condiciones ecosistémicas (tiempo, espacio y sociedad).
Se es diferente (Velandia Mora, 2007) por cuanto las explicaciones, vivencias y
emociones que emergen del reconocimiento de sí mismo y de los demás
determinan no solo una identidad particular (la que la persona tiene de sí
misma), sino además una identidad social (construida por los demás acerca de
la persona) y una identidad de socialización que se acopla a las exigencias
propias del intercambio social, el contexto ecosistémico y cultural relacional.
En su proceso individual de «querer ser», los seres humanos pueden
reelaborar el deseo y redireccionarlo. Incluso una vez vivenciado un deseo,
pueden pensar en el reconocimiento de otro y dar continuidad a su proceso de
construcción de identidad. Por ejemplo, algunas personas en la comunidad en
general e incluso en la comunidad científica consideran que ciertas prácticas
no son adecuadas o pueden ser antinaturales o anormales; aceptan o niegan
dicha valoración, de acuerdo con lo que han decidido que quieren para sí y
suelen considerar que esta decisión es el «deber ser» para todas las demás.
La persona tiene de sí y para sí una identidad particular que se fundamenta
en su querer ser. Las personas son reconocidas en una identidad que es
construida e identificada desde afuera a partir del «deber ser», una identidad
social. Una persona tiene tantas identidades sociales como personas
pretenden identificarla.
Las relaciones entre la sociedad y la naturaleza son mutuas y complejas, la
primera modifica el medio para su propio desarrollo, como también el medio
determina aspectos emocionales y físicos del ser humano.
En ese constante «estar siendo» hay algo en el ser que es fundamental: lo que
ha vivido: se es histórico. Cada situación que se experimenta, tiene como
fuente lo vivido y lo trascendido. Aun cuando en esencia se «está siendo» uno
mismo, se generan una serie de cambios que transforman la identidad. Todo
cambio es viable a partir de los aprendizajes, experiencias y emociones
vivenciados previamente.
Las reflexiones de las personas se relacionan con sus experiencias de «estar
siendo», que vinculan necesariamente su vivencia del cuerpo, el vestido, el
lenguaje o las relaciones con los demás. La identidad es dinámica; no es algo
cuya construcción ha terminado; al contrario, se edifica y moviliza en relación
consigo mismo, con los demás y con la cultura.
Recalcando el concepto de movilidad y la idea de que el ser se construye en la
cultura a partir de la dinámica propia de los sistemas, la identidad puede
definirse entonces como: las ideas y las sensaciones móviles que tiene el ser
humano, en una sociedad y tiempo concretos, de ser lo que busca ser con
relación a la cultura, a otros seres en su entorno y consigo mismo/a y de
seguir siéndolo en el transcurso del tiempo.
La identidad es la emergencia de una construcción, no siempre consciente,
que afecta los procesos de socialización del sujeto. A través de la educación
(formal, no formal e informal) se proveen a las personas los referentes,
basados en la cultura, de un «deber ser» de la identidad cuya asunción, en
algunos casos, hace posible la perpetuación de la cultura y, en otros, su
transformación.
Una de las propiedades de los sistemas vivos es su contextualidad. Los
elementos del sistema no se deben entender de manera simplificada, aislados
y desligados unos de otros, porque son productos, productores y transforma
dores de los contextos en los que están inmersos y, por tal razón, de la
cultura. Los sistemas no pueden ser comprendidos por un método que aísle,
desligue, simplifique y busque causas únicas, ya que existen en una compleja
trama de interrelaciones que los determinan. En el caso de los sistemas vivos,
éstos existen gracias a su «acoplamiento estructural con el medio». En
consecuencia, la identidad deber ser entendida contextualmente, y quien
desee comprenderla, debe reconocer que su explicación y vivencia están
influenciadas por su propio contexto, como también por aquello que está en
capacidad de observar o distinguir. (Velandia Mora, 2007)
Wade (2002) considera que las identidades se establecen por medio de
repetidos actos de representación, de identificación, y que las diferencias que
construyen la identidad tienen que ser marcadas, observadas e indicadas por
los sujetos en su vida cotidiana. Por tanto, la identidad se vuelve a establecer
o a reforzar con cada identificación.
La cultura y la sociedad fabrican las ideas de aquello que la persona «deber
ser» con el fin de reproducir el orden social, y desde ese patrón de oposición
binaria, toman forma en las personas las prácticas, ideas, discursos y
representaciones sociales por las que son reconocidas o estigmatizadas. En la
aproximación contextual, el sujeto debe pensarse a sí mismo a partir de la
mirada externa (Asier, 2000). El sujeto construye para sí, a partir de lo que le
han dicho o ha entendido que «debe ser», una identidad, una manera de
comprenderse, un «querer ser» que siempre tendrá como referente el «deber
ser», para aceptarlo o negarlo parcial o totalmente.
Las personas no viven el «deber ser» en sus procesos de socialización, como
tampoco su «querer ser», dado que las representaciones sociales y culturales,
además del cruce de miradas (familiares, escolares, eclesiales), afectan su
propia construcción y sus procesos de socialización. Como respuesta al
acoplamiento estructural con el medio, en sus interrelaciones la persona se
traiciona a sí misma, traiciona su «querer ser» por efecto de la presión social
y de acuerdo con sus propias necesidades de hacerse visible o “invisible”.
Identidad de socialización. La identidad se moviliza de acuerdo con el tipo
de relaciones sociales relativas a una cultura y sociedad específicas. Partiendo
de que la identidad es móvil porque «está siendo» ecosistémica y
culturalmente, puede entenderse que hay una mezcla entre aquello que se
espera que sean las personas y lo que ellas mismas quieren ser.
El «estar siendo» es el producto de las relaciones simbólicas entre el «deber
ser» y el «querer ser» —o más concretamente entre la cultura y la sociedad—
y aquello que la persona identifica de sí y para sí misma.
El entorno y las situaciones en que las personas se interrelacionan con las
demás que frecuentan dicho entorno, influyen en el tipo de construcciones
identitarias que todas y cada una producen. Sin embargo, debe evidenciarse
que el ser humano, a diferencia de los otros seres vivos, además de actuar en
congruencia con el medio y la sociedad (contexto) a partir de sus
representaciones (lo situacional), debe actuar en congruencia consigo mismo.
El ejercicio de los derechos en el ámbito de la sexualidad solo se puede
garantizar cuando los actores que se involucran en la situación de intercambio
social, cultural, político, económico, como también genital, erótico o sexual,
tienen el mismo poder de decisión y al mismo tiempo pueden manifestar sus
diferencias vitales frente al otro. No es posible elegir sin identidad, ya que sin
ella no hay relación, porque toda relación implica un reconocimiento de sí y
del otro. Todo individuo se autoreconoce en el ejercicio de sus derechos en la
medida que toma conciencia, se vivencia y asume emocionalmente que es
persona (sonar a través de), ciudadano en ejercicio y tiene la posibilidad de
elegir sus vivencias, es decir es sujeto de derechos.
Cada persona, por su historia particular, ha venido configurando un sistema
cognitivo que la lleva a percibir, distinguir y significar de manera distinta y
única, de ahí su necesidad de actuar en congruencia consigo misma y a partir
de esa realidad que ha construido para sí.
Los seres humanos y los seres vivos en general no podemos distinguir en la
experiencia entre lo que llamamos ilusión y percepción como afirmaciones
cognitivas sobre la realidad. Esta aseveración lleva a pensar que la identidad
no es un hecho real, sino una ilusión porque, al usar el lenguaje (un generador
de mundos) para entenderla, lo que cada quien entiende como identidad
propia o la del otro es tan sólo su propio relato cognitivo o, más exactamente,
lo que alcanza a distinguir de lo que el otro o la otra le relata de sí.
La identidad es ilusión. La realidad se construye desde una ontología no
necesariamente objetiva, sino constitutiva, para la que el criterio de validez
de la realidad del otro se da a partir de la efectividad que pueda tener para
ella observador y de las condiciones en que este ve, escucha, siente.
Una persona se relaciona con muchas más, y cada una de ellas tiene sus
propios dominios explicativos; por ello una persona o un hecho tantos tiene
dominios explicativos como personas pretenden explicarlo; por tanto, quienes
interactúan son generadores de múltiples realidades que se pueden considerar
legítimas y necesariamente diferentes por ser particulares.
Las identidades sociales de la persona se posibilitan en la construcción de
acuerdos o, más concretamente, en la posibilidad de aceptar diferentes
realidades y validar distintas explicaciones con respecto a ella.
El enfoque sistémico entiende al ser humano y la sociedad como sistemas, y
las identidades como emergencias sistémicas. Dadas las propiedades de los
sistemas vivos (Velandia, 2003), se puede concluir que los enfoques
contextual y situacional son complementarios, interrelacionados,
interafectados e interdependientes; y que, además, en la construcción de la
identidad el encuentro consigo mismo juega un papel fundamental, pues
desde éste se construyen las representaciones y se valida el contexto.
Las identidades sexuales pueden ser de género, de cuerpo, de sexo, de
orientación sexual y de expresiones comportamentales sexuales. En el caso de
las travestis y transexuales, a las anteriores se suma la identidad de vestido y,
en las que son trabajadoras sexuales, su identidad como tales. Como afirma
Wade (2002), las identidades pueden entrar en conflicto, cobran su significado
a partir de diversas redes y de su interacción, y los valores que se le atribuyen
a una identidad determinada, inciden en la manera como se reclama o se
configura dicha identidad.
Los seres humanos, en especial quienes viven sexualidades no oficiales suelen
verse obligados a definirse en su identidad a partir de sus dominios
explicativos pero también se ven afectadas en dichas definiciones por la
presión externa ejercida por representantes del poder ya sean estos,
profesionales de la salud o de la autoridad legal o ilegalmente constituida e
incluso, por las organizaciones que con ellas/ellos trabajan y los demás
miembros de la comunidad. En las redes de intercambio, determinados
valores movilizan la construcción de la identidad o la niegan.
El reconocimiento social de las diversidades sexuales no oficiales usualmente
se manifiesta como agresión, exclusión y separación social o familiar. Por
ejemplo, del contacto con otras mujeres no biológicas, miembros de minorías
sexuales y con personas que han cambiado su discurso hacia uno más
incluyente de las diversidades, emergen formas de heteroreconocimiento que
incrementan, a su vez, el propio autorreconocimiento, relatos que cada
observador construye sobre sí mismo y sobre los demás.
Para Velandia (2004), no se tiene una identidad como algo construido y
terminado, pues se está siendo y haciendo una identidad de manera dinámica
en relación consigo mismo(a), con l*s demás y con la cultura, a partir de cómo
la persona se experimenta a sí misma y en relación con las demás, explica
dicha situación y se emociona con ésta. La movilidad de la identidad hace
referencia a la posibilidad de que ella cambie en el tiempo, a partir de las
relaciones sociales y por interinfluencia con el medio, la cultura y la sociedad.
La identidad puede entenderse como la emergencia de una construcción, no
siempre consciente, que afecta los procesos de socialización del sujeto. Ella
emerge de la vida cotidiana, más específicamente de la socialización que
provee a las personas los referentes de lo que «deber ser»; referentes basados
en la cultura que son propios de una sociedad y tiempo determinados, y están
afectados por los procesos de interrelación e interdependencia del individuo.
En la práctica, en los procesos de socialización las personas se ven obligadas a
alejarse de su «querer ser» para acomodarse estructuralmente al sistema,
asumiendo un comportamiento, un «estar siendo» que puede explicarse como
una acomodación al macrosistema.
La persona no tiene una identidad sino múltiples identidades particulares,
sociales y de socialización en relación con su sexo, su cuerpo, su género, su
orientación sexual y sus expresiones comportamentales sexuales.
La identidad sexual no es fija sino móvil por cuanto al cambiar el significante
y/o el significado, la identidad se transforma; cada persona tiene su propio
proceso de construcción identitaria con relación a su sexo, cuerpo, su género
y su orientación sexual (Velandia, 2005). Cuando un bebé nace, los padres y el
equipo de salud o la comadrona (a quienes llamaremos “el otro”) le asignan
un sexo y un género. Si tiene un pene “el otro” asume dicha referencia como
el significante y le asigna un significado: es macho y masculino; si posee una
vulva, entonces le asigna ser hembra y femenina. A ese proceso de asignar a
partir de un “significante” lo denominaremos “dar un significado”.
Con los desarrollos sociales y culturales y las relaciones interpersonales la
persona se construye hombre o mujer, pero no siempre es así, algunos bebés,
al nacer, presentan ciertos cambios en los genitales externos e internos, que a
los ojos de la sociedad les otorga un nivel de ambigüedad en el significante
(intersexualidad) que dificulta a los ojos del observador (el otro) dar un
significado y en consecuencia, la “asignación de un sexo”, porque entiende
que algunos componentes del sexo biológico no concuerdan con lo que como
experto conoce. Se espera que a un sexo asignado se corresponda el género
respectivo, y en consecuencia al hacer una asignación de un sexo, se provee
un “género por asignación”.
Las personas comienzan su construcción identitaria siendo bebés a los que
“otro” les da un “significado”; al que cada uno/a (padre, madre y la persona
misma, al estar en condiciones de hacerlo) da su consentimiento o no, lo
acepta o no y le provee su propio y particular “significado”. Con el paso del
tiempo se puede transformar el significado que dan a sus particulares
significantes. Los clásicos criterios biológicos, que son a menudo arbitrarios e
insuficientes, y la impronta patriarcal de género, se entrecruzan y justifican
intervenciones quirúrgicas tempranas y apuradas que no respetan la relación
más esencial que tiene cada ser humano con su propio cuerpo, con su propia
identidad de género y su orientación sexual.
3.5 Identidad sexual
Se define como el sentimiento de pertenencia a un sexo. No hay que
confundir la identidad sexual (percepción de uno mismo como hombre, mujer
o intersexual), con la identidad de orientación sexual. Algunas teorías apuntan
a que la identidad sexual es innata y permanente, aunque la mayoría de
estudios y teorías más recientes apuntan a la influencia de distintos factores
como son: la herencia genética, las experiencias durante la infancia y
adolescencia, los procesos relacionales, la cultura y la vivencia del cuerpo, el
sexo y el género.

3.5.1 Identidad de género
El género es una noción, una construcción social y cultural sobre lo que
“debe ser” y cómo debe comportarse una persona; es especialmente una
construcción particular basada en una construcción cultural aprendida
socialmente y enseñada al individuo en función de significados que le dan a
su género. La persona vivencia un “rol de género”, una manera de actuar
que se corresponde con un conjunto de conductas, actitudes, prácticas,
comportamientos y valores que la sociedad establece como apropiadas y
correspondientes con cada cuerpo y que se transmite y espera que el
individuo adopte y haga propias. Generalmente, se asume que dicho rol
acompañe al cuerpo que le “corresponde” a dicho género; por ejemplo, a un
cuerpo de macho le correspondería un rol masculino.
Transito identitario de género
Algunas personas pueden experimentar una situación a la que desde la
psiquiatría se denomina “disforia de género” (CIE-10, 1992) y que aquí
denominamos “Transito identitario de género”, en ellas su rol, su
actuar, el performance del género no está en consonancia con su cuerpo:
asumen una performance femenina a pesar de que su cuerpo es o se ha
asignado masculino o una performance masculina aun cuando su cuerpo es
o haya sido asignado de hembra, abandonando su “género por
asignación” y asumiendo un “género por opción”.
No todas las personas asumen y vivencian un rol de género diferente a su
“género por asignación”, a quienes asumen un “género por opción” se les
denomina “transgéneros”. Estas personas acompañan el rol de género optado
con los accesorios, vestidos y maquillajes (cuando ello se considera
culturalmente necesario) propios del género al que han “transitado”. Puede
presentarse entonces personas que vivencian un “tránsito identitario” de la
masculinidad a la feminidad”) y otras que experiencian un “tránsito
identitario de la feminidad a la masculinidad”. (Velandia, 2006
Se denomina “travestis” a los hombres biológicos que asumen por momentos
o permanentemente los accesorios, vestidos y maquillajes “propios” del
género femenino, lo vivencian como una expresión comportamental sexual
que les produce placer, lo experiencian como parte de su identidad sexual,
pero no asumen el género femenino como su opción. Se suele creer que
todos/as los/as travestis son homosexuales, pero el número de travestis
heterosexuales es proporcionalmente mayor. Debe decirse la travesti si la
persona que vivencia esta expresión comportamental sexual asume una
identidad femenina y el travesti si asume una identidad de género masculina.
Sexológicamente hablando, no hay un nombre para denominar a las mujeres
que asumen los accesorios y vestidos masculinos; esto se debe a que el poder
de la masculinidad es tal, que se considera social y culturalmente aceptable
que toda mujer aspire y asuma ciertos elementos representativos de la
imagen de quien ostenta el poder: el macho, masculino, machista y
falocrático. Sin embargo, aun cuando en los manuales de sexología ello no se
utiliza, en algunos países como España, algunos sexólogos y organizaciones
utilizan el termino travesti también para las mujeres.
No es travesti la persona transgénero que ha transitado identitariamente de la
masculinidad a la feminidad (o de la feminidad a la masculinidad) porque las
prendas y accesorios utilizados son los propios del género optado. No todo
travesti es transgénero.
3.6 Transexualidad
Una mujer transexual es aquella persona que pertenece psíquicamente al
género femenino, que es su género optado, a pesar de haber nacido con
anatomía de macho. Un hombre transexual es aquella persona que pertenece
psíquicamente al género masculino, que es su género optado, a pesar de
haber nacido con anatomía de hembra.
La persona transexual no desea los caracteres del sexo con el que ha nacido
sino que le apetece un cuerpo que sea acorde con su género optado. Se es
transexual así la persona no aproxime quirúrgicamente y/o con aplicación de
hormonas su cuerpo al cuerpo deseado, o solamente lo haga con trucos de
maquillaje, rellenos, accesorios, implementos y/o vestidos.
En la transexualidad, la orientación sexual puede ser -al igual que en
población no transexual- heterosexual, homosexual, lésbica, bisexual o
asexual. Existen todas las combinaciones posibles en cuanto al deseo, la
atracción erótica, la afectividad y la genitalidad y por ello, es factible la
combinación doble de transexualidad y lesbianidad para las mujeres no
biológicas.
3.7 Orientación sexual
La orientación sexual expresa la atracción emocional, intelectual, física y
sexual que una persona siente por otra en relación al género y el sexo de la
persona que involucrada en su actividad sexual. La orientación sexual se
expresa en el erotismo, la afectividad, la genitalidad o en forma de
comportamientos, pensamientos, fantasías y/o deseos sexuales, o en una
combinación de todas las anteriores.

3.7.1 Identidad de Orientación sexual
La identidad de orientación sexual hace referencia a la conciencia de la
vivencia de la misma. No todas las personas poseen dicha conciencia
identitaria y es por ello que en ciertas estrategias preventivas del Sida y las
Infecciones de Transmisión Sexual se utiliza el concepto de HSH (Hombres que
tienen sexo con otros hombres), para referirse a hombres que tienen una
identidad de orientación sexual heterosexual pero una vivencia bigenital.
3.7.1.1 Homosexualidades
El término homosexual fue empleado por primera vez en 1869 por Karl-Maria
Kertbeny17 pero fue el libro Psychopathia Sexualis de Richard Freiherr von
Krafft-Ebing el que popularizó el concepto en 1886.
La Asociación Psiquiatría Norteamericana (APA) de manera unánime votó
retirar la homosexualidad como trastorno de la sección Desviaciones sexuales
de la segunda edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales (el DSM-II) en 1973. Esta decisión se confirmó en 1974 y se sustituyó
por la categoría "perturbaciones en la orientación sexual"; en el DSM-III, se
cambió por el término homosexualidad egodistónica; se eliminó en la revisión
de esa misma edición (DSM-III-R) en 1986. La APA considera que los intentos
de modificación de la orientación sexual homoerótica no son procedimientos
profesionalmente éticos.
El 17 de mayo de 1990, la OMS excluyó la homosexualidad de la Clasificación
Estadística Internacional de Enfermedades y otros Problemas de Salud.
En Brasil, la homosexualidad fue retirada de la relación de enfermedades por
el Conselho Federal de Medicina en 1985 y el Conselho Federal de Psicología,
por su parte, determinó, en 1999, que ningún profesional puede ejercer
“acción que favorezca la patologización de comportamientos o prácticas
homoeróticas”.18
La despatologización y la despenalización de la homosexualidad abren el
camino a la despatologización de las demás orientaciones sexuales, puesto
que casi en ninguna ley se penaliza la lesbianidad o la bisexualidad.
Igualmente favorece el avance hacia la despatologización de la
transexualidad. ILGA -Asociación Internacional Lesbiana, Gay, Bisexual, Trans
e Intersex- en su informe Homofobia de Estado, en Mayo de 2011 informa que
no se registran nuevas “adiciones” en el grupo infame de los 76 países
(incluyendo los 5 que tienen la pena de muerte) que penalizan la
homosexualidad y que tampoco se han registrado "disminuciones."19
Velandia (2007)20 evidencia la necesidad de redefinir las orientaciones
sexuales partiendo del reconocimiento de los tránsitos identitarios de género
y cuerpo e involucrándolos en su definición, es así como propone las
definiciones de orientaciones sexuales que se presentan a continuación.
Se define la orientación sexual homosexual como la de un hombre
(biológico, optado o transformado) que orienta sus deseos, afectos,
genitalidad y eroticidad hacia otro(s) hombre(s) biológicos, optados o
transformados y a la conciencia particular que hace de dicha identidad. Cada
persona vivencia sus relaciones de una manera única y particular por tanto no
puede afirmarse que haya una homosexualidad sino que hay tantas
homosexualidades como hombres se identifican homosexuales.
3.7.1.2. Heterosexualidades
Se define la orientación sexual heterosexual como la de una persona
(biológica, optada o transformada) que orienta sus deseos, afectos,
genitalidad y eroticidad únicamente hacia otra del otro sexo, ya sea este
biológico, optado o transformado y a la conciencia particular que hace de
dicha identidad. Cada persona vivencia sus relaciones de una manera única y
particular por tanto no puede afirmarse que haya una heterosexualidad sino
que hay tantas heterosexualidades como personas se identifican
heterosexuales.
3.7.1.3 Bisexualidades
La orientación sexual bisexual es la de un hombre o una mujer (biológico/a,
optado/a o transformado/a) que orienta sus deseos, afectos, genitalidad y
eroticidad hacia otros hombres y mujeres biológicos/as, optados/as o
transformados/os, y también a la conciencia particular que hace de dicha
identidad. Cada persona vivencia sus relaciones de una manera única y
particular por tanto no puede afirmarse que haya una bisexualidad sino que
hay tantas bisexualidades como hombres y mujeres se identifican bisexuales.

3.7.1.4 Lesbianidades
Se denomina orientación sexual lesbiana o lésbica a la de una mujer
(biológica, optada o transformada) que orienta sus deseos, afectos,
genitalidad y eroticidad hacia otra mujer biológica, optada o transformada y a
la conciencia particular que hace de dicha identidad. Cada mujer vivencia sus
relaciones de una manera única y particular por tanto no puede afirmarse que
haya una lesbianidad sino que hay tantas lesbianidades como personas se
identifican lesbianas.
3.7.1.5 Hombres que tienen sexo con otros hombres
Identificados con la sigla HSH, ésta se utiliza para referirse a hombres que
tienen una identidad de orientación sexual heterosexual, aun cuando tienen
relaciones genitales con otros hombres. Estos hombres poseen una identidad
de orientación sexual no coincidente con la vivencia de su deseo, erotismo,
afectividad o genitalidad. En este sentido se puede ser, por ejemplo, un
hombre bigenital, hetero afectivo, heteroerótico y bideseante y tener una
identidad heterosexual.
3.7.1.6 Mujeres que tienen sexo con otras Mujeres
Aun cuando debieran ser identificadas como Mujeres que tienen sexo con
otras Mujeres y con la sigla MHM, la misoginia y el sexismo imperantes en
nuestra cultura desconoce las sexualidades femeninas y por esta razón poco
se reconoce o utiliza este concepto para referirse a mujeres que poseen una
identidad de orientación sexual heterosexual no coincidente con la vivencia
de su deseo, erotismo, afectividad o genitalidad hacia otras mujeres.
3.8 ¿Prostitución o Trabajo sexual)
El Dicionário Priberam da Língua Portuguesa (DPLP) define “prostitución”
como “Actividade de quem obtém lucro através da oferta de serviços
sexuais”. Este diccionario lo presenta como un substantivo femenino.
Según la vigésima segunda edición del Diccionario de la Lengua Española –DLE,
la palabra “prostitución” se origina en el latín “prostitutĭo, -ōnis”. Es un
substantivo femenino que hace referencia a la “acción y efecto de prostituir”
o a la “actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con
otras personas, a cambio de dinero”.
Durante siglos se llamó "prostitución" a la práctica de las mujeres de
intercambiar relaciones sexuales por dinero como forma básica de sustento.
Es evidente que estos diccionarios asumen una posición sexista y machista al
presentar la actividad como exclusiva de mujeres, olvidando que los hombres
la ejercen. La prostitución es tan solo una de las formas en las los seres
humanos, menores y adult*s son explotadas sexualmente. El término no
abarca todas las modalidades y se hace necesario definir conceptos más
incluyentes y menos peyorativos.
Hace algunos años se acuñó el término "trabajadoræs sexuales"
proporcionando un cierto estatus a este oficio y para que aquell*s a quienes se
denominaba despectivamente "l*s prostituíd*s" pudieran acceder a los
derechos y prerrogativas de las demás trabajador*s, para eliminar toda
connotación peyorativa y en especial, para ampliar el ámbito de dominio de
las posibilidades de análisis de las violencias sexuales.
El “trabajo sexual” es una actividad productiva, en condiciones equiparables a
las de otras formas de producción. Sin embargo, en este caso, la persona es
considerada como el objeto - mercancía. Lo que se vende no solamente es un
contacto físico-genital, sino que también, en este intercambio, se
compromete la identidad particular y psico-social de quienes hacen parte de
la negociación y su integridad emocional y corporal.
En esta forma de intercambio económico, la oferta y la demanda giran en
torno al cuerpo: sus posibilidades para el ejercicio genital, el cual puede estar
o no, acompañado de intercambios eróticos y simulaciones afectivas; para ser
exhibido como objeto sexual, como por ejemplo en la pornografía. Un acto se
refiere a un encuentro y según la negociación se pueden contratar uno o más
actos y en cada acto, una o más prácticas. Las prácticas tienen que ver con
los gustos, pedidos y exigencias del cliente, como juegos eróticos, posiciones
en las relaciones genitales, relaciones no genitales como masajes eróticos,
exhibicionismo, practicas voyeristas, etc. Cabe aclarar que el trabajo sexual
no incluye la posibilidad de que la persona sea “tratada” con fines sexuales,
ya que esta modalidad es otra forma de explotación.
Trabajador(a) sexual se considera a la persona, hombre o mujer, mayor de
edad, quien en una forma más o menos permanente oferta su expresión
genital, y sus habilidades eróticas o de simulación afectiva a otras personas de
igual o diferente sexo, a cambio de una recompensa. Esta definición supone
que quien recibe la propuesta y la acepta, tiene plena conciencia del tipo de
negociación que está realizando. La persona se encuentra conforme con esta
modalidad de producción y no está interesada en cambiarla, es decir, posee
una identidad de oficio.

3.8.2 Explotación sexual comercial
Se suele abusar de la situación de indefensión, de la carencia de
oportunidades y de la dificultad para optar libre y autónomamente que tienen
los niños, niñas y adolescentes. Para lograr una comprensión con respecto a
cuándo hay explotación, abuso o violencia sexual, propone Velandia
(2005/2009), analizar una serie de conceptos:
Violencia, en el DLE, es “aplicar medios violentos a cosas o personas para
vencer su resistencia, su repugnancia a hacer algo”. En el DPLP Violência es
“Constrangimento exercido sobre alguma pessoa para obrigá-la a fazer um
acto qualquer”. Cuando se habla de violencia sexual se entiende que es una
situación en la que hay un atentado a la integridad y dignidad humana, en el
que están presentes relaciones de poder desequilibradas entre un(a) agres*r,
vulnerador y víctima. El/la agres*r-vulnerador(a) no necesariamente es una
persona considerada legalmente mayor de edad, también puede ser otra niña,
niño o adolescente.
Toda violencia sexual es una vulneración de los derechos de las niñas, niños y
adolescentes, en la que se atenta contra la dignidad al tratar a estos y
aquellas como objetos sexuales, mercancías, cosas y no como personas. Al
interior de la Violencia sexual hacia los menores se presenta tanto el abuso
sexual como la explotación sexual. En el caso de los niños, niñas y
adolescentes la explotación sexual es además una forma de violencia y
maltrato.21
El concepto “explotación”, según el DLE, se entiende como “acción y efecto
de explotar”. En este mismo diccionario “Explotar” hace referencia a
“utilizar en provecho propio, por lo general de un modo abusivo, las
cualidades o sentimientos de una persona, de un suceso o de una
circunstancia cualquiera”, dicha explotación puede estar relacionada con la
sexualidad. El DPLP define “exploração” como el “abuso da boa-fé, da
situação precária, da ignorância (de alguém, para auferir interesses)” y
también como la “Tentativa de tirar proveito ou utilidade de alguma coisa (a
boa ou má parte)”.
La explotación sexual puede llegar a ser comercial cuando implica una
transacción de carácter económico, ya sea dinero o prebendas; se establece
un intercambio entre una persona adulta (cliente-abusador) y el niño-a o una
tercera o terceras personas que directa o indirectamente se lucran o
benefician de dicha transacción; aquí prima el interés comercial, la búsqueda
de ganancia, la conversión del niño-a en una mercancía, en un objeto con
valor de cambio. El “comercio sexual” no solo se realiza entre personas de
diferente sexo, también se lleva a cabo entre personas del mismo sexo.
En el DEL “mercancía” es “cosa mueble que se hace objeto de trato o venta”;
en portugués “mercadoria”, según el DPLP es “Aquilo que é objecto de
compra e venda”, como también “Aquilo que se comprou e que se expõe à
venda”; podemos concluir que la sexualidad es asumida como “cosa/coisa”
que se hace objeto de trata. En tal sentido la persona es asumida como
mercancía.
Existe un “mercado sexual” ya que, como lo afirma el DLE “mercado” es el
“estado y evolución de la oferta y la demanda en un sector económico dado”,
en el DPLP es “Estado da oferta e da procura”, por lo que es claro que en
torno al sexo se ha desarrollado desde tiempos inmemoriales un mercado, y
por tanto existe otra de las características que hace al mercado, es decir que
exista un “conjunto de consumidores capaces de comprar un producto o
servicio” o de “Quem compra para gastar em uso próprio”.
La explotación sexual comercial de los niños, niñas y adolescentes –ESCNNA-
es un fenómeno en donde la persona adulta visualiza a la persona legalmente
considerada menor de edad como un objeto o producto comerciable
(susceptible de ser comprado o vendido) para la satisfacción de sus propios
deseos y fantasías.22 En todos los casos, existe una relación de poder, de
subordinación y de abuso, ya que niñas, niños y adolescentes no tienen la
madurez necesaria para decidir sobre su cuerpo y sexualidad. Hay alguien que
explota y alguien que es explotado,23 obedeciendo a un conjunto de prácticas
sociales propias de una cultura de ejercicio abusivo del poder y violencia
frente a quienes, por su condición histórica de subordinación, o bien debido a
sus circunstancias de vida, suelen ser más débiles y vulnerables.
La ESCNNA constituye una violación de los Derechos Humanos fundamentales
y de los derechos sexuales. Es considerada por la OIT como una de las “peores
formas de trabajo infantil”, que responde a múltiples causas y su dinámica
trasciende el ámbito de un contexto social particular, de una clase
socioeconómica determinada o de un grupo social específico. No es un
fenómeno nuevo ni local, ni exclusivo de uno u otro país.24

3.9 LGTBIfobia
La LGBTIfobia es el prejuicio, estigma o discriminación hacia las personas en
relación a su orientación sexual no heterosexual, su tránsito identitario de
género y cuerpo o su identidad sexual, cuando esta no ha sido definida como
de macho o hembra de la especie humana.
4. Derechos Humanos son también Derechos Sexuales
En la esencia de los Derechos sexuales DS está la definición de Salud Sexual
tal y como fue propuesta por la OMS en 1975: "Salud sexual es la integración
de los elementos somáticos, emocionales, intelectuales y sociales del ser
sexual por medios que sean positivamente enriquecedores y que potencien la
personalidad, la comunicación y el amor (...) tal noción de la salud sexual
supone la adopción de un criterio positivo respecto de la sexualidad humana;
la finalidad de la asistencia prestada en ese sector debe ser el disfrute
intensificado de la vida y de las relaciones personales y no meramente el
asesoramiento y la asistencia relacionados con la procreación o las
enfermedades de transmisión sexual (...) una concepción que contemple la
sexualidad como una capacidad inherente al ser humano, que se expresa a lo
largo del ciclo vital, respetuosa con las variantes sexuales existentes,
rechazando cualquier conducta sexual que venga impuesta por la coacción,
sea física, legal, moral o psíquica”. (OMS, 1975).
Prevalece social, cultural y políticamente un modelo biomédico regulador en
lo que respecta a población y sexualidad. Françoise Girard (2008), considera
que a pesar de las poderosas fuerzas biopolíticas y religiosas fundamentalistas
al interior de las Naciones Unidas NU, ha sido posible avanzar en un discurso
alternativo: el de los DS comprendidos como Derechos Humanos DH.25 Estos
avances han sido profundos, consensuados y promovidos por las organizaciones
de la sociedad civil.
Las NU han sido la sede de una lucha abierta por la sexualidad, al menos
desde la Declaración Universal de los DH en 1948 y de otros tratados sobre el
tema, los cuales tienen que ver con el papel de la familia, el matrimonio, y la
igualdad entre sexos. De hecho, según Rubin, desde comienzos de la década
de los noventa se han intensificado los debates, ya sea para hacer valer
ciertos derechos relativos a la sexualidad, o para nombrar explícitamente
aquellos aspectos que dan origen a la discriminación.
Estos discursos se desarrollan de forma simultánea en diferentes países y
regiones del mundo. En América Latina, los desarrollos conceptuales sobre los
derechos sexuales y reproductivos de las mujeres de algunas feministas como
la colombiana María Ladi Londoño2 y la mexicana Marta Lamas3 fueron lo base
para los trabajos realizados sobre los DH y DS de las minorías sexuales -
incluidas las mujeres-, por autores pioneros pertenecientes a las minorías
sexuales, como Velandia (1992, 1996, 1998, 1999).
En 1993, la declaración de Viena y su programa de acción reafirmó los
principios de universalidad y no-discriminación y confirmó que los DH son
“indivisibles, interdependientes e interrelacionados”.
El tema de la discriminación con base en la orientación sexual fue puesto a
consideración en un foro público mundial, por primera vez, en un foro de las
NU, durante su Cuarta Mundial sobre la Mujer (Beijing, 1995), por la
Delegación de Suecia, con miras a su aprobación a partir del consenso entre
los Estados; la objeción presentada por las delegaciones islámicas imposibilitó
su adopción. El 8 de septiembre durante dicha Conferencia, un grupo de 35
mujeres sudafricanas del Caucus Lésbico desplegaron una inmensa bandera
que decía: “Los derechos lésbicos, son derechos humanos”.
En el XXIII Congreso Mundial de Sexología de Valencia 1997, cuyo lema fue
"Sexualidad y derechos humanos” se promulgó la “Declaración de Valencia de
los DS”26.
La “Declaration of Sexual Rights” fue aprobada por la Asamblea de la
Asociación Mundial de Sexología (WAS) en el XIV Congreso Mundial de
Sexología (Hong Kong, 1999)27; ésta Declaración se constituyó como uno de los
elementos base para la elaboración del nuevo documento sobre Salud Sexual
por un comité de expertos de la OMS (La Antigua, Guatemala, mayo 2000).
El debate sobre la no-discriminación con base en la orientación sexual fue
retomado de forma organizada durante el proceso preparatorio28 para la
Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia
y Formas Conexas de Intolerancia realizada en Durban, Sudáfrica (2001); sin
embargo, no fue incorporada al texto final de la Declaración de Plan y Acción
de dicha Conferencia.
4.1 Cuáles son los derechos sexuales
Velandia (1999), propuso en el "Primer Simposio Ética y Sexualidad" noviembre
de 1998, Medellín organizado por la Sociedad Colombiana de Sexología y la
Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual

2
Ladi Londoño. Los derechos sexuales y reproductivos, los más humanos de todos los
derechos” (Cali, Colombia; ISEDER, 1996)
3
Fundó en 1992, en México, el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), con el
fin de promover los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
FLASSES29 una serie de derechos humanos comprendidos como derechos
sexuales, para ser tenidos en cuenta en el código de ética de los sexólogos y
educadores sexuales latinoamericanos, estos son:
 A una identidad particular como Hombre o como Mujer y como Ser Sexuado
y al reconocimiento y aceptación social de dicha identidad;
 A la equidad de géneros;
 Al fortalecimiento de la autoestima, la autovaloración y la autonomía para
tomar decisiones adecuadas en torno a la sexualidad;
 Al libre ejercicio de la orientación sexual;
 A Elegir las Actividades sexuales según las preferencias particulares;
 Al ejercicio responsable de la función sexual en su modo erótico y
reproductivo (o más correctamente diversificado);
 A la educación sexual positiva;
 A espacios de comunicación familiar, laboral y social para tratar temas
pertinentes a las sexualidades; y,
 A la intimidad personal, a la integridad, a la vida privada y al buen
nombre.
5. Principios, vulnerabilidad y salud
Los Principios de Yogyakarta (2006)30 son unos Principios y recomendaciones
sobre la aplicación de la legislación internacional de DH en relación con la
orientación sexual y la identidad de género. Reflejan la aplicación de la
legislación internacional de DH a la vida y experiencias de las personas de
diversas orientaciones sexuales e identidades de género, y nada de lo en el
documento se expone puede interpretarse en el sentido de que restrinja o de
alguna manera limite los derechos y libertades fundamentales de las personas
reconocidos en las leyes o normas internacionales, regionales o nacionales.
En 2008, los 34 países miembros de la OEA aprobaron de forma unánime una
declaración que extiende la protección de los DH a la identidad de género y la
orientación sexual.
El 22 de marzo de 2011, en Ginebra, en el Consejo de DH de las NU (CDHNU)
Colombia presentó una Declaración Conjunta de 85 Estados de todas las
regiones del mundo, durante el Debate General (Punto 8 de la orden del día –
Seguimiento e implementación de la Declaración de Viena y el Programa de
Acción) en la que se hizo un llamado a los Estados a poner alto a la violencia,
las sanciones penales y aquellas violaciones de DH basadas en la orientación
sexual y la identidad de género y además, instó al Consejo de DH a atender
estas importantes cuestiones. Esta declaración se fundamentó en una similar
entregada por Noruega ante el Consejo de DH en 2006 (en nombre de 54
Estados) y en otra declaración conjunta entregada por Argentina en la
Asamblea General, en 2008 (en nombre de 66 Estados). 31
Los principios del Sistema Único de Saúde (SUS), de Brasil, de universalidad,
equidad y totalidad se orientan también en el sentido de reducir las
desigualdades y la violencia. El SUS tuvo su nacimiento en la Constituição
Federal de 1988, en el artículo 198. El SUS estableció sus principios en la Ley
Orgánica de Salud, en 1990. Estos principios son: universalidad, integralidad,
equidad, participación de la comunidad o control social, descentralización
político-administrativa, jerarquización y regionalización, y, eficiencia y
eficacia.
Según el Segundo relatório nacional do estado brasileiro apresentado no
mecanismo de revisão periódica universal do conselho de direitos humanos das
Nações Unidas – 2012, a promoção dos direitos da população LGBTI está
baseada na efetivação do Plano Nacional de Promoção de Direitos de LGBT,
envolvendo vários órgãos públicos. O diálogo com o movimento social foi
ampliado por meio da realização de duas Conferências Nacionais LGBTI (2008
e 2011) e reforçado também pela criação do Conselho Nacional de Combate à
Discriminação e Defesa dos Direitos LGBT, em 2010, responsável por monitorar
a implementação das políticas públicas. Avanços importantes foram também a
normatização do uso do nome social por servidores públicos federais travestis
e transexuais47; a extensão do benefício, nos planos de saúde, para
companheiros do mesmo sexo como dependentes; e o reconhecimento da
constitucionalidade da união estável para casais do mesmo sexo pelo Supremo
Tribunal Federal (STF)32.
Hay una contradicción entre la anterior propuesta y lo que parece suceder en
la realidad. “Os pedidos de asilo político feitos por brasileiros gays que vivem
no exterior passaram de três, em todo o ano de 2011, para 25 apenas nos três
primeiros meses deste ano 2012. A informação é da ABGLT (Associação
Brasileira de Gays, Lésbicas e Transexuais), que afirma ter remetido os casos
à Secretaria de DH da Presidência da República”.33
6. Delito o legalidad
En el informe “Homofobia de Estado: Un informe mundial sobre las leyes que
criminalizan la actividad sexual con consentimiento entre personas adultas del
mismo sexo”, producido por Eddie Bruce-Jones y Lucas Paoli Itaborahy para
ILGA, Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales Trans e
Intersex, en mayo de 2011, se considera que los actos homosexuales son
legales en 113 países. Los actos sexuales entre personas del mismo sexo nunca
han sido penalizados en Benin, Burkina Faso, Chad, Congo-Brazzaville, Costa
de Marfil, República Democrática del Congo, Gabón, Madagascar, Malí, Níger,
República Centro Africana y Ruanda. Los actos homosexuales son ilegales en
76 países. El estatus de legalidad de los actos homosexuales no es aclarado en
Bahrain ni en Iraq. Los actos homosexuales son castigados con la pena de
muerte en Mauritania, Sudán así como 12 estados del norte de Nigeria y
partes meridionales de Somalia, en Arabia Saudi, Yemen e Irán.
7. Estrategias para la NO discriminación
En 2004, el “Programa de combate à violência e à discriminação contra GLTB
e promoção da cidadania homossexual” que hace parte del CONSELHO
Nacional de Combate à Discriminação. Brasil Sem Homofobia, Ministério da
Saúde, produjo el documento “Brasil Sem Homofobia”34 teniendo como
objetivo la ampliación y fortalecimiento del ejercicio de la ciudadanía en
Brasil con el objetivo de alcanzar la educación y el cambio de
comportamiento de los gestores públicos. Para lograrlo, el Programa propone
diferentes acciones:
a) apoyo a proyectos de fortalecimiento de instituciones públicas y no-
gubernamentales que tutelan la promoción de la ciudadanía homosexual y/o
en el combate a la homofobia;
b) capacitación de profesionales y representantes del movimiento homosexual
que tutelan la defensa de los derechos humanos;
c) diseminación de informaciones sobre derechos y promoción de la
autoestima sexual;
d) incentivo a la denuncia de violaciones de los derechos humanos del
segmento GLTBI.
Las acciones necesariamente requieren de la articulación entre el Gobierno
Federal y la Sociedad Civil Organizada.
8. Alternativas de solución
Las personas LGTBI, los HSH y las MSM son sujetos objeto de vulnerabilidades
culturales, sociales, políticas, económicas, laborales y especialmente, en su
salud física y emocional, cuya transformación es un trabajo arduo,
multidisciplinario e intersectorial en el que entran en juego diferentes
estrategias de cuyas sinergias y acciones emergería una serie de acciones
tendientes a reducirlas; a continuación analizaremos algunas de ellas.
8.1 Política pública
Para Velandia (2005)35 la Política Pública PP es la resultante del proceso que
articula la participación y el diálogo de todos los actores involucrados con
respecto al tema que la convoca, el cual se considera prioritario por ser
socialmente relevante, luego de un análisis claro y realista sobre lo que existe
y lo que al respecto es apropiado, en cuanto a la satisfacción de necesidades
de la comunidad directa e indirectamente afectada.
La PP se diseña y construye desde y con las personas afectadas por un
problema, en un territorio determinado, teniendo como objetivo darle
respuestas definitivas o no, pero que posibilitan la revisión o el diseño e
implantación de acciones en conjunto con otras entidades públicas y privadas
que cooperan en la búsqueda de alternativas. Toda PP debe formularse antes
de que el problema sea imposible de solucionar.
Una comunidad de PP o una comunidad que hace alianzas para la realización
de derechos, está conformada, según Duran Patrice (2000)36, por las "personas
pertenecientes a diferentes posiciones –responsables de entidades
gubernamentales, congresistas, representantes políticos, responsables de
gremios, investigadores –y en especial los y las beneficiarios(a)s de las
políticas, hablamos aquí de las personas LGTBI, HSH y MSM – que comparten
un sistema similar de creencias –serie de valores, fundamentos, supuestos, y
percepciones de un problema específico– y que demuestran un cierto grado de
coordinación de sus actividades en el tiempo".

8.2 Incidencia política
La incidencia política IP representa una de las formas de acción colectiva de
las que disponen las organizaciones y grupos sociales en general y los sectores
LGBTI, HSH y MSM en particular, para la visibilización de situaciones y
condiciones excluyentes, discriminatorias e injustas, y el posicionamiento en
la esfera pública y política de alternativas viables y deseables de
transformación de dichas situaciones, en el marco de la garantía de los
derechos humanos. En tanto forma de acción colectiva, su naturaleza,
organización, límites, alcances, etc., se encuentra moldeada por el contexto
concreto en donde tenga lugar, es decir, por las prácticas políticas, sociales y
culturales propias y el momento en que se actué.
Plantea Velandia (2012)37, que “Con base en la existencia de una PP, la IP de
las poblaciones vulnerables (es este caso los LGBTI, HSH y MSM), se focaliza
hacia acciones de política para la restitución y garantía de derechos. La IP se
requiere especialmente cuando las poblaciones son vulneradas en sus
derechos y por dicha vulneración no tienen participación activa, libre y
significativa en el desarrollo, de tal manera que se les posibilite exigir a los
titulares de obligaciones el cumplimiento de sus responsabilidades.
Un modelo de IP democrático debe basarse en el reconocimiento de la
pluralidad humana, por ende de la diversidad de las unicidades, del espacio
público como territorio de apropiación, visibilización y encuentro de la
sociedad y del ejercicio activo de la ciudadanía, como elementos
fundamentales a la hora de participar en los asuntos públicos.

8.3 Cultura y condiciones sociales
Propone Velandia (2012), que, en la práctica es necesario comenzar por
transformar la cultura y las condiciones sociales y políticas produciendo
cambios decisivos en sus contextos locales de marginación. En esta distancia
territorial y cultural entre exclusión y sociedad marginante se debe re-
construir el rol de los y las LGBTI, HSH y MSM al mismo tiempo que ello
implica cambiar el rol de los heterosexuales y la calidad del diálogo entre los
diferentes actores de la comunidad de política pública.
Hasta cuando ser “L”, “G”, “B”, “T”, “I”, “HSH” o “MSM” se identifique con y
como un problema social, resulta improbable inventar una oferta creativa que
abra un espacio real para esta población, en el cual se pueda experimentar el
ejercicio de las diferencias individuales, sociales y culturales.
8.3 Transversalización
La transversalización de una situación de salud es el proceso de análisis del
contexto en el que se trabaja, identificando aquello que es necesario hacer
de forma diferente o adicionar en el trabajo o la aplicación de una PP o en la
cooperación internacional, y en la organización para responder al impacto de
dicha situación, y para la adaptación de las OG Y ONG y su trabajo para seguir
siendo relevantes y eficaces.
Transversalización NO es: cambiar las prioridades y sectores en los que
trabaja una organización para “trabajar en otro”; añadir una actividad de
lucha contra una situación de salud (por ejemplo, educación e información,
distribución de preservativos, asesoramiento y prueba de VIH, etc.) a sus
programas sectoriales; hacer cambios a los programas que se apliquen
únicamente a aquellas personas que se ha identificado como portadoras de un
microorganismo causante de una infección y que se encuentran en situación
de vulnerabilidad; y, continuar como si no pasara nada.38
Transversalizar requiere de recursos humanos y económicos para abordar el
proceso. Aunque la estructura interna necesaria para liderar y coordinar el
proceso dependerá de la organización, como mínimo es necesario tener una
persona especialista en el tema, que lidere la preparación de la política en el
ámbito laboral, diseñe la estrategia de transversalización, organice talleres de
formación para el personal y prepare guías y otras herramientas que ayuden al
personal técnico en todo el proceso de transversalización.
Toda estrategia de transversalización debe tener dos niveles de actuación: el
nivel interno, es decir el entorno laboral de la institución, y el externo, que
se refiere al ámbito programático, es decir, al trabajo de cooperación y ayuda
humanitaria como al trabajo de quienes lideran las políticas públicas.

8.3.1 Transversalización interna
Las administraciones nacionales y locales trabajan a nivel horizontal cuando
promueven, facilitan, reconocen y validan la participación de todos los
sectores y personas involucrados en la comunidad de política pública.
Este enfoque39, también conocido como el de las 4P propone tener en cuenta
cuatro elementos en la transversalización interna de cualquier situación
problemática de salud: 1. Potencial; 2. Protección; 3. Poder; y, 4. Prioridades
(Grupos/individuos a incluir). Se propone en cada uno de ellos responder a
una serie de preguntas. Las deben responder los miembros de cualquier
organización de salud, educativa o comunitaria trabajando en el tema e
involucrada en la política pública y no solo responder en función de ellos
mismos sino además en función de los grupos prioritarios que se ven
afectados. El interés no es solo diagnosticar la situación sino especialmente
para proponer ¿Qué es lo que el programa puede hacer de forma diferente o
lo que tiene que añadir para: 1. Seguir siendo relevante y eficaz, y, 2. No
hacer daño?

8.3.2 Transversalización externa
Se produce cuando las administraciones nacionales y locales trabajan a nivel
vertical, con administraciones de diferentes niveles, para hacer confluir
diferentes respuestas a las necesidades públicas y garantizar su continuidad a
lo largo del tiempo; porque han identificado los cambios necesarios en los
grupos prioritarios o interesados, en los presupuestos, en el diseño del
programa y en las prácticas organizativas. El propósito del monitoreo es
revisar la implementación de los cambios propuestos en todas estas áreas y no
sólo aquellos que se aplican a las actividades del programa.

8.4 Actos de reconocimiento
En un nivel simbólico, el apoyo de las administraciones nacionales y locales al
colectivo LGTBI, HSH y MSM, y el reconocimiento de su contribución se puede
expresar invitando a los representantes de sus asociaciones a participar en
actos oficiales, garantizando la presencia institucional en actos organizados
por dichas asociaciones.40
Una manera de ofrecer apoyo y, al mismo tiempo, dar visibilidad a la
contribución de este colectivo a la vida social y cultural de una ciudad o país
consiste en incluir en el nomenclátor de la ciudad referencias a actos y
personajes históricos relacionados con el ámbito LGTB, crear un centro cívico,
una oficina técnica de apoyo, poner un monumento o una placa en
conmemoración de actos importantes en los que el colectivo se ha visto
afectado; apoyo a las asociaciones, que no debe limitarse a la organización de
actos puntuales; fomentar el activismo con la difusión, por parte del
ayuntamiento o de las instituciones de salud, de información sobre las
asociaciones de estos colectivos y las actividades que organizan; reconocerlas
como representantes cuya opinión debe ser tenida en cuenta en las cuestiones
que les conciernen; crear organismos de participación permanente, en los que
se a representantes del activismo local con el objetivo de definir prioridades
e implicarlos en el diseño, la implementación y la evaluación de las políticas.

8.5 Reconocimiento de la vulneración
Las administraciones de salud en los ayuntamientos e instituciones de salud e
incluso en las instituciones que forman agentes de salud, por ejemplo,
enfermeras, pueden establecer estrategias para combatir la incitación al odio
y los crímenes de odio contra las personas LGTBI, HSH y MSM. Para combatir la
violencia contra estas personas hay que comenzar por comprender mejor los
motivos que llevan a perpetrar este tipo de ataques. Este es el motivo por el
que es importante colabora en o desarrollar proyectos de investigación
encaminados a profundizar en las causas que originan la violencia homofóbica
y transfóbica y su relación con la salud.
Se pueden hacer declaraciones oficiales, emprender campañas o aprobar
reglamentos que prohíban y castiguen la discriminación de dichos colectivos
en lugares públicos y en los servicios públicos sanitarios de la ciudad.

8.6 Información
Una manera de incrementar la visibilidad en relación con su salud es incluir
información sobre el tema en los servicios de atención a la ciudadanía, la
página web del ayuntamiento, de los servicios de salud, de las instituciones
educativas en salud y en sus líneas telefónicas de información y publicaciones.

8.7 Familia
El Libro blanco europeo (2011), propone, en lo relativo a la esfera familiar,
destacar tres grandes áreas de intervención; 1. Integrar la perspectiva LGTBI
de salud en las políticas familiares que ya se están llevando a cabo, teniendo
en cuenta las necesidades y las realidades de las familias formadas por
progenitores LGTBI y ofrecer apoyo a aquellas familias en las que los
conflictos surgen porque uno de sus miembros (de cualquier generación) es
LGTBI, HSH y MSM; 2. Favorecer un clima de seguridad y apoyo familiar para
los/as menores de edad LGTBI, HSH y MSM y los temas de salud que le son
pertinentes, organizando charlas dirigidas a los progenitores; 3. Visibilizar la
realidad que viven las familias con progenitores homosexuales y transexuales
o con padres y madres con hijos o hijas LGTBI, HSH y MSM realizando
campañas o actividades públicas relacionadas con la salud, dando a conocer
que las estructuras familiares son cada vez más diversas y, al mismo tiempo,
favoreciendo un clima de respeto.

8.8 Educación
Los centros educativos deberían ser entornos seguros para todos los alumnos,
independientemente de su orientación sexual o identidad de género. El
principal reto es combatir las agresiones sistemáticas y fomentar el respeto
por la diversidad sexual y de género a fin de que puedan construir su propia
sexualidad, identidad de género y acudir a los recursos sanitarios en un
entorno acogedor y respetuoso.
El personal docente y el resto de los profesionales que trabajan en el ámbito
educativo en el que se forma a agentes de salud o se brinda educación para la
salud y la sexualidad, deben comprender la situación que viven las personas
LGTBI, HSH y MSM y disponer de los medios para detectar las agresiones y la
discriminación que sufren. Es necesario que todos los centros educativos
comprendan la importancia del respeto por la diversidad y la necesidad de
construir un entorno libre de violencia LGTBIfóbica.

8.9 Salud
La primera actuación que se puede emprender es ofrecer formación al
personal sanitario —tanto al de enfermería como al médico—, ya que a
menudo mantiene estereotipos o simplemente no es consciente de la situación
que viven las personas LGTBI, HSH y MSM, lo que, en última instancia, puede
tener un efecto perjudicial en la atención sanitaria que les prestan. Uno de
los objetivos la formación debe ser la creación de un entorno en el que dichas
personas se sientan seguras y puedan hablar abiertamente de su orientación
sexual o identidad de género, en los aspectos que estén relacionados con su
salud.

8.10 Medios de comunicación y cultura
Aunque los medios de comunicación pueden ser limitados, todos los
municipios e instituciones de salud disponen de sus propios canales de
comunicación (boletines, revistas, páginas web, emisoras de radio o canales
de televisión oficiales) y realizan campañas públicas, en las que cada
institución transmite, consciente o inconscientemente, un conjunto de valores
que se pueden utilizar para dar visibilidad a las cuestiones LGTBI y fomentar
el respeto hacia la diversidad sexual y de género.
Es recomendable buscar asesoramiento sobre terminología adecuada y
respetuosa, alejarse de los estereotipos para referirse a estos colectivos.
Diversas organizaciones LGTBI de todo el mundo han elaborado guías y códigos
éticos para que los profesionales del periodismo sepan cómo abordar las
cuestiones LGTBI en general y de sexualidad en particular41.
El rol de los médicos, el personal de enfermería y otros prestadores de
atención en salud debe aclararse con respecto a sus responsabilidades éticas
en la prestación de atención solidaria a todos los miembros de la comunidad.
Es de suma importancia que exista una relación terapéutica continua entre el
prestador y el paciente basada en la confianza y dirigida a las necesidades de
salud del paciente. A lo largo de todo el proceso de toma de decisiones
clínicas, las personas LGTBI, HSH y MSM, como todos los demás pacientes,
posiblemente confíen en que el personal enfermero y medico entenderán sus
necesidades y abordará la prestación de atención con sensibilidad,
responsabilidad y sin prejuicios. Esto incluye a adolescentes y hombres y
mujeres adultos que posiblemente estén experimentando con su sexualidad y
que además no sean abiertos en cuanto a su sexualidad en espacios públicos.
En virtud de las capacidades reconocidas del prestador de mantener el
profesionalismo y prestar atención ética y personalizada, el prestador se
convierte, por ende, en uno de los jugadores más importantes del entorno en
el cual las personas LGTBI, HSH y MSM expresan sus necesidades sanitarias.
9. Referencias bibliográficas

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http://es.scribd.com/doc/59477293

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