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Raymond E. Brown EL NACIMIENTO DEL MESIAS BIBLIOTECA BIBLICA CRISTIANDAD Comentario Biblico «San Jerénimo». 5 tomos. I, Antiguo Testamento I, 886 pégs. I. Antiguo Testamento II. 766 pags. II. Nuevo Testamento I. 638 pags. IV. Nuevo Testamento, 605 pégs. V. Estudios sistematicos. 956 pags. G. E. Waicur: Argueologia Biblica. 402 pigs. y 220 ilustraciones. R. pe Vaux: Historia Antigua de Israel, 2 tomos. 454 y 366 pags. W. Excuropr: Teologia del Antiguo Testantento, 2 tomos. I. Dios y pueblo. 478 pags. IL. Dios y mundo.—Dios y hombre. 558 pags. M. Norn: El mundo del Antiguo Testamento, Introduccién a las ciencias auxiliares de la Biblia, 400 pags. L. ALONso ScriKen: Profetas, Comentario teoldgico y literario, 1381 pags. en 2 vols. J. Jernmias: Jerusalén en tiempos de Jestis. Estudio econdmico y social del mundo del Nuevo Testamento. 414 pags. J. Jeremtas: La Ultima Cena. Palabras de Jesiis, 312 pags. J. Lewoupr/W. GrunpMann: El mundo del Nuevo Testamento. 3 tomos. I. Estudio histérico-cultural, 750 pags. II. Textos y documentos de la época. 447 pags. ILL. El mundo del NT en el arte. 80 pigs, y 323 ilustraciones. P. Bonarn: Evangelio segtin san Mateo, 632 pags. V. Taxtor: Evangelio segtin Marcos. 634 pags. Raymonp E. Brown: El Evangelio segin Juan. 1562 pdgs. en 2 vols. Raymonp E. Brown: El nacimiento del Mesias. Comentario a los relatos de la infancia. 620 pags. C. H. Dopp: Interpretacién del cuarto Evangelio. 415. pags. C. H. Dopp: La tradicién historica en el cuarto Evangelio. 448 pags. J. Mareos/J. Barreto: El Evangelio de Juan. Anilisis lingilistico y comen- tario exegético, 2 ed. 954 pags. J. Mareos/E, Camacuo: El Bvangelio de Mateo, Lectura comentada, 296 pi- ginas. RAYMOND E. BROWN, ss EL NACIMIENTO DEL MESIAS COMENTARIO A LOS RELATOS DE LA INFANCIA EDICIONES CRISTIANDAN Nenisita legal: M. 7—1982 {o.Este libro fue publicado por Dovstapay & Company, Inc., Garden City, N.Y. 1979 con el titulo THE BIRTH OF THE MESSIAH A commentary of the Infancy Narratives in Matthew and Luke * Traduccién de T, LARRIBA Nibit obstat Imprimatur Mytrs M. Bourke, sst + James P. Manoney, pp Censor deputatus Vicario General, Archidiécesis de Nueva York Derechos para todos los paises de lengua espatola en EDICIONES CRISTIANDAD, 8. L. Madrid 1982 ISBN: 84-7057-302-0 A las Facultades Teoldgicas de las Universidades de Edimburgo Upsala y Lovaina como humilde expresién de mi profunda gratitud por los Doctorados «honoris causa» en Teologia que me fueron concedidos a propuesta suya entre 1972 y 1976 Introduccién: Investigacién y relatos de la infancia ... I. Tt. VI. CONTENIDO PRIMERA PARTE EL RELATO DE LA INFANCIA EN MATEO (Mt 1-2) Observaciones generales sobre el Evangelio de Mateo y su relato de la infancia te La genealogia de Jesiis .. Finalidad de Mateo en la genealogia ... ve La genealogia de Mateo comparada con la de Lucas ...... La composicién del relat basico de Mateo (1,18-2,23) ... Las citas de reflexidn en Mateo .. Identificaci6n del material premateano . La concepcién de Jestis .... Mensaje de Mateo: el quién y cémo: una revelacién cris- toldgica ..... La cita de Is 7,14 ‘Uso del material premateano en Mateo . Los Magos rinden homenaje al Rey de los Judios .... ‘Mensaje de Mateo: el dénde y el de dénde. Reacciones ante una revelacién cristolégica . Cémo emplea Mateo la Escritura al servicio de su mensaje. Trasfondo premateano del relato de los Magos .... Los Magos en la piedad cristiana posterior ... Herodes intenta sin éxito matar al Rey de los Judios ...... EI mensaje de Mateo reforzado con el ejemplo de la Es- critura .... seeeaeee 20 39 51 61 79 93 93 102 ak 132 143 153 165 177 183 187 aoe 203 217 10 VII. VIII. Ix. XI. XII. XIII. CONTENIDO Las tres citas de reflexién .... 223 Base premateana del relato de Herodes . 229 SEGUNDA PARTE EL RELATO DE LA INFANCIA EN LUCAS (Lc 1-2) Observaciones generales sobre el Evangelio de Lucas y su relato de la infancia Anunciacién del nacimiento de Juan Bautista 260 La anunciacién ... 277 Relacién entre Juan Bautista y Jests 290 Anunciacién del nacimiento de Jestis . 295 Estructura y esquema de la anunciacién 302 La concepcién virginal . 305 Los hechos futuros del nifio 319 La imagen de Maria como esclava . 326 Marfa y cl simbolismo del AT 330 La visitacién de Maria a Isabel - 343 Estructura y composicién de la escena . 353 La visitacién . 355 El Magnificat 369 Nacimiento de Juan Bautista e imposicién del nombre ... 383 Profecia de Zacarfas .... 383 EI Benedictus .... 393 Nacimiento de Jestis e imposicin del nombre .... 4lL Estructura del relato . 426 La escena de Belén . 431 La anunciacién a los pastores 439 Circuncisién ¢ imposicién del nombre 451 La presentacion 455 Secuencia y estructura interna 464 Marco legal .. 467 XIV. CONTENIDO i Simeén recibe al nifio y profetiza 472 Ana recibe al nifio EI nifio Jestis en el templo habla de su Padre ... Estructura, cristologia y perfil . 501 Introduccién y marco 507 EI micleo del relato ... 509 PROLOGO En cierto modo, los relatos del nacimiento e infancia de Jestis son las tiltimas fronteras que hay que traspasar en el inexorable avance de la investigacién cientffica (critica) de los evangelios. Para los cristianos més conservadores, esta frontera carece totalmente de demarcacién, puesto que son muchos aiin los que no admiten que el material de la infancia tenga un origen y un género histérico completamente diferente del resto de los evangelios. Para esos lectores de la Biblia, la venida de los magos y la aparicién de los Angeles a los pastores tienen exacta- mente el mismo valor histérico que las narraciones del ministerio de Jestis. Sin embargo, las narraciones del ministerio dependen, al menos en parte, de tradiciones que vienen de los discipulos que lo acompafia- ron durante ese ministerio, mientras que no tenemos una informacién de garantia sobre la fuente del material de la infancia. Esto no quiere decir que los relatos de la infancia no tengan valor histérico; lo que se quiere afirmar es que no se puede suponer su historicidad por el solo hecho de que se encuentren en los evangelios. Para muchos cristianos menos consetvadores, la frontera que deli- mita los relatos de Ja infancia como parcela evangélica distinta es total- mente clara. Saben que en el pasado se «exploré» esta parcela, pero estiman que los descubrimientos no son definitivos. Para ellos, el ca- récter popular de esos relatos, con magos exéticos, estrella de Oriente, mensajeros angélicos, etc., significa que estamos ante leyendas que no merecen ser vehiculo del mensaje evangélico puro. En su opinién, ta: folklore, desprovisto de una auténtica teologia, es adecuado sdlo para roménticos o ingenuos. En consecuencia, los relatos de Ia infancia son frecuentemente pasados por alto o tratados superficialmente en las clases de los seminarios, a pesar de que quienes se encaminan al ministerio parroquial tengan que enfrentarse con ellos en cada Navidad. Las intro- ducciones al NT tratan esos relatos, por lo general, con un desdén que no merecen, dado el papel que tienen en la teologfa, el arte y la poesia cristianas. Tal actitud no esté de acuerdo con el hecho de que la gente que sabe poco sobre Jestis, aparte su muerte en la cruz y su resurrec- cién, conoce el relato de Navidad y, por consiguiente, éste constituye un cauce para hacer comprensible el evangelio. La sefial mds clara de abandono es tal vez la ausencia, en cualquiera de los idiomas, de un importante comentario moderno que trate juntos los dos relatos de la infancia. Esa ausencia es lo que me ha Ievado a escribir el presente comen- tario. Fiel a las intuiciones de la critica histérica, no eludiré los proble- 14 PROLOGO mas histéricos. Pero primordialmente estoy interesado en el papel que los relatos de la infancia tuvieron en la comprensién de los primeros cristianos acerca de Jestis. Al tratar los dos relatos de la infancia en un solo volumen espero sefialar sus tendencias y lo que resaltan en comin. Al darles un tratamiento por separado (el volumen est dividido en dos partes), espero demostrar c6mo ambos encajan en la teologia de su evan- gelio respectivo y espero también dar algunas razones que expliquen las diferencias que hay entre ambos. El argumento central de este volumen es que los relatos de la infancia son un vehiculo digno del mensaje evangélico; cada uno de ellos contienc, en miniatura, lo esencial del evangelio. El aprecio en que los tienen los cristianos corrientes puede deberse en parte al sentimentalismo, pero también, sin duda, al hecho de ser relatos de gran atractivo literario. Sin embargo, en un plano mucho més profundo, se debe a un verdadero instinto que reconoce en los relatos de la infancia lo esencial de la buena nueva, a saber, que Dios se ha hecho presente a nosotros en la vida de su Mesias, que caminéd por esta tierra, Tan verdaderamente presente, que el nacimiento del Mesias fue cl nacimiento del Hijo de Dios. Sostengo que la genuina cri- tica biblica, con todos los problemas histéricos que plantea, sitéa esa afirmacién en una clara perspectiva. El comentario pretende ser a la vez erudito e inteligible —el lector juzgar4 si lo he conseguido 0 no— y quiere llegar a una amplia gama de lectores: colegas escrituristas, estudiantes de teologia y Sagrada Es- ctitura y cristianos interesados por el tema. La manera en que he estruc- turado el trabajo da a entender por adelantado esa variedad de lectores. He dividido el texto biblico en secciones, que abarcan unidades estruc- turales del evangelista. Todas las secciones comienzan con la traduccién del texto biblico *. Siguen unas notas extensas a cada uno de los ver- siculos. Es en esas notas donde he incluido la informacién técnica que necesitan los que estén més interesados profesionalmente por la exé- gesis: critica textual, dificultades de traduccién, cuestiones controver- tidas, trasfondo histérico. Ni la exégesis ni la teologia biblica tendrian valor sin una pormenorizada base objetiva, y espero que todos encuen- tren en las notas cosas que les interesen. Pero es en el comentario que sigue a las notas, y que puede leerse sin ellas, donde estudio el significa- do fundamental de la escena biblica: cémo estd estructurada, cémo en- caja con la teologia y el mensaje del evangelista y cémo éste, al cons- truirla, puede haberla extraido del material preevangélico o del bagaje del AT. (Semejante reconstruccién de la historia preevangélica implica una considerable teorizaciéu, y, por lo general, es lo tiltimo que he tra- tado en todas las secciones, de modo que quede claro que mi interpre- tacién del significado de la escena evangélica no basa su validez en la * En esta edicién espafiola hemos adoptado como base la versién de £ Ma. eos y L. Alonso Schokel, de «Nueva Biblia Espaftola» (Ed. Cristiandad, Madrid 3197). PROLOGO 15 aceptacién de una reconstruccién discutible), Para que el comentario se lea con més agilidad he puesto en notas al pie de pdgina los datos de cardcter ms cientffico 0 técnico. Hay abundante bibliografia, tanto general como particular, para que se pueda profundizar mds en cada tema. Espero que mis intuiciones personales tengan valor en s{ mismas, pero he pretendido también sintetizar para el lector un campo extenso de investigacién, Me felicitaré si este comentario llega a cubrir con bastante minuciosidad e imparcialidad un vacio y a ser un trabajo con base suficiente para una reflexién ulterior y un texto para proseguir el vstudio sobre él. He dado varias veces cursos en Roma y Nueva York sobre los rela- tos de la infancia, y estoy agradecido a mis alumnos porque, con sus preguntas y observaciones, me han hecho profundizar en mi estudio. Mary Callaway y Richard Sturm compulsaron la exactitud de la biblio- nrafia. El profesor John Kselman, del Seminario de Santa Marfa, Balti- more, me ayudé de modo relevante, leyendo todo el volumen mecano- ifiado. Reconozco la deuda cientifica que he contraido con muchos escritores tanto judfos como cristianos. En concreto, como verd el lector, los tos de la infancia han sido un area por la que han mostrado un interés especial los escritores catélicos debido a su devocién a Maria, v este comentario se ha aprovechado de esa detallada investigacién. Sin embargo, la critica histérica del NT es relativamente nueva en el campo catélico, y muchos de esos estudios se escribieron en un tiempo o con una mentalidad que tendré que rechazar como no critica. Como catdlico «que soy, comparto su fe y devocién; pero estoy plenamente convencido «le que no se deberfan proyectar sobre el NT las sutilezas y cuestiones mariolégicas posteriores. (No quiero decir que no se deba relacionar el NT con la teologia posterior, sino que hay que respetar el desarrollo histérico). No veo razén por la que una comprensién catdlica de lo que Mateo y Lucas dicen en sus relatos de la infancia tenga que ser distinta de la de un protestante. Para terminar, debo decir que me doy cuenta de que algunos lectores cortientes enconttarén que la investigacién critica que se hace en este libro es completamente diferente de lo que aptendieron sobre los relatos de la infancia en su primera educacién religiosa. Espero que, una vez «que se hayan amoldado a este otro tipo de estudio, reconocerdn que, ie hecho, he conservado mucho de lo que ellos apreciaban en sus re cuerdos del Mesfas_nifio. 14 PROLOGO, mas histéricos. Pero primordialmente estoy interesado en el papel que los relatos de la infancia tuvieron en Ja comprensién de los primeros ctistianos acerca de Jestis. Al tratar los dos relatos de Ja infancia en un solo volumen espero sefialar sus tendencias y lo que resaltan en comin. ‘Al darles un tratamiento por sepatado (el volumen est4 dividido en dos partes), espero demostrar cémo ambos encajan en la teologia de su evan- gelio respectivo y espero también dar algunas razones que expliquen las diferencias que hay entre ambos. El argumento central de este volumen es que los relatos de la infancia son un vehiculo digno del mensaje evangélico; cada uno de ellos contiene, en miniatura, lo esencial del evangelio. El aprecio en que los tienen los cristianos corrientes puede deberse en parte al sentimentalismo, pero también, sin duda, al hecho de ser relatos de gran atractivo literario. Sin embargo, en un plano mucho mas profundo, se debe a un verdadero instinto que reconoce en los relatos de la infancia lo esencial de la buena nueva, a saber, que Dios se ha hecho presente a nosotros en la vida de su Mesias, que caminéd por esta tierra, Tan verdaderamente presente, que el nacimiento del Mesfas fue el nacimiento del Hijo de Dios. Sostengo que la genuina cri- tica biblica, con todos los problemas histéricos que plantea, sitia esa afirmacién en una clara perspectiva. El comentario pretende ser a la vez erudito ¢ inteligible —el lector juzgaré si Jo he conseguido o no— y quiere llegar a una amplia gama de lectores: colegas escrituristas, estudiantes de teologia y Sagrada Es- critura y cristianos interesados por el tema. La manera en que he estruc- turado el trabajo da a entender por adclantado esa variedad de Iectores. He dividido el texto biblico en secciones, que abarcan unidades estruc- turales del evangelista. Todas las secciones comienzan con la traduccién del texto biblico *, Siguen unas notas extensas a cada uno de los ver- siculos. Es en esas notas donde he incluido la informacién técnica que necesitan los que estén mds interesados profesionalmente por la exé- gesis: critica textual, dificultades de traduccién, cuestiones controver- tidas, trasfondo histérico. Ni la exégesis ni la teologia biblica tendrian valor sin una pormenorizada base objetiva, y espero que todos encuen- tren en las notas cosas que les interesen. Pero es en el comentario que sigue a las notas, y que puede leerse sin ellas, donde estudio el significa- do fundamental de la escena biblica: cémo estd estructurada, cémo en- caja con Ia teologia y el mensaje del evangelista y cémo éste, al cons- truirla, puede haberla extrafdo del material preevangélico o del bagaje del AT. (Semejante reconstruccién de la historia preevangélica implica una considerable teorizacién, y, por lo general, es Jo iltimo que he tra- tado en todas las secciones, de modo que quede claro que mi interpre- tacién del significado de la escena evangélica no basa su validez en la * En esta edicién espaiiola hemos adoptado como base Ja versién de J. Ma- teos_y L. Alonso Schikel, de «Nueva Biblia Espafiola» (Ed, Cristiandad, Madrid 977). PROLOGO 15 aceptacin de una reconstruccién discutible). Para que el comentario se lea con mds agilidad he puesto en notas al pie de pagina los datos dle cardcter més cientifico 0 técnico, Hay abundante bibliografia, tanto peneral como particular, para que se pueda profundizar mds en cada tema. Espeto que mis intuiciones personales tengan valor en si mismas, ero he pretendido también sintetizar para el lector un campo extenso ue investigacién, Me felicitaré si este comentario Mega a cubrir con bastante minuciosidad ¢ imparcialidad un vacio y a ser un trabajo con hase suficiente para una reflexién ulterior y un texto para proseguir el estudio sobre él. He dado varias veces cursos en Roma y Nueva York sobre los rela- tos de Ja infancia, y estoy agradecido a mis alumnos porque, con sus preguntas y observaciones, me han hecho profundizar en mi estudio. Mary Callaway y Richard Sturm compulsaron la exactitud de la biblio- ywalia. El profesor John Kselman, del Seminario de Santa Maria, Balti- more, me ayudé de modo relevante, leyendo todo el volumen mecano- urafiado. Reconozco Ja deuda cientifica que he contraido con muchos escritores tanto judfos como cristianos. En concreto, como verd el lector, los relatos de Ja infancia han sido un 4rca por la que han mostrado un uuerés especial los escritores catdlicos debido a su devocién a Maria, v este comentario se ha aprovechado de esa detallada investigacién. Sin embargo, la critica histérica del NT es relativamente nueva en el campo catdlico, y muchos de esos estudios se escribicron en un tiempo o con ina mentalidad que tendré que rechazar como no critica. Como catdlico {que soy, comparto su fe y devocién; pero estoy plenamente convencido ule que no se deberfan proyectar sobre el NT las sutilezas y cuestiones mariolégicas posteriores. (No quiero decir que no se deba relacionar «| NT con la teologia posterior, sino que hay que respetar el desarrollo histérico). No veo raz6n por la que una comprensidn catélica de lo jue Mateo y Lucas dicen en sus relatos de la infancia tenga que ser distinta de la de un protestante. Para terminar, debo decir que me doy cuenta de que algunos lectores corsientes encontrarén que la investigacién critica que se hace en este libro es completamente diferente de lo que aptendieron sobre los relatos de la infancia en su primera educacidn teligiosa. Espero que, una vez 1juc_se hayan amoldado a este otro tipo de estudio, reconocerén que, ue hecho, he conservado mucho de lo que ellos apreciaban en sus re- cuerdos del Mesi INTRODUCCION INVESTIGACION Y RELATOS DE LA INFANCIA Dos de los cuatro evangelios, los de Mateo y Lucas, comienzan con an_relato de la concepcién, nacimiento ¢ infancia de Jestis, Aunque sinbos coinciden en tener dos capitulos, el de Lucas duplica con creces +n extensién al de Mateo, Para referirnos a ellos usaremos la expresién tclatos de la infancia»', aunque es un tanto inadecuada. De hecho, vnigamente Mt 2 y Le 2,1-40 describen la infancia de Jestis, mientras ue cl primer capitulo de los dos evangelios describe el periodo ante- tiar al nacimiento de Jestis, y Le 2,41-52 presenta a Jestis a la edad de tive aiios. Por lo que respecta al término relato, cabe preguntar si es uplicable a una serie de breves escenas que incluyen citas de Ja Escritura, como vemos en Mt 2,13-23. ‘Aunque los dos relatos de Ja infancia suman sélo cuatro capftulos ‘lel total de ochenta y nueve de Jos evangelios, tienen una importancia swe supera en mucho su extensién, Han suministrado materia de refle- isn abundante a cristianos y no cristianos, a santos y a escépticos. Han wudado a los cristianos a formular Ja doctrina central de Jestis Dios y tombre. Por un Jado, no dejan duda alguna de que Jestis es el Hijo de ‘ios desde el momento de su concepcidén; por otro, la descripcién del «avimiento ffsico (ademds de la referencia lucana al pesebre) subraya la wtdadera humanidad de los origenes de Jestis. Sdlo la pasién ha tivali- uo con los relatos de Ja infancia como tema de inspiracién para artistas, narradores y poetas. Sin embargo, estos relatos han sido también un hlunco predilecto de las burlas racionalistas. Las frecuentes apariciones inpélicas, la concepcién virginal, Ja estrella maravillosa que guia a los uutpos desde Oriente y un nifio dotado de prodigiosa sabiduria, son para muchos temas claramente Jegendarios. Semejantes juicios reflejan, en jute, una incredulidad general acerca de lo sobrenatural y milagroso, uscredulidad que suele ser tan poco cientffica como la credulidad a que w enfrentan; pero, en parte, reflejan las observaciones de la investiga- ‘‘También_se emplea el término «prélogo», pero los capitulos introductorios le Matco y Lucas estén mucho més ligados a’ sus respectivos evangelios que lo aif cl himno jodaico que Hamamos «prélogo» (Jn 1,1-18). «Relato de la infancia> suuhuce Ia denominacién alemana usual Kindbeitsgeschichte; pero a veces también + dice Vorgeschichte, «prehistoria», en analogia con los ptimetos capitulos del ‘éuesis, Los comentatistas franceses’suelen hablar de «evangelios de la infancia>, “ming que apunta a la intencién de los evangelistas, Puesto que los dos relatos le In infancia son tan diferentes, cabe preguntarse si se les puede dar la misma enominaciéa, 20 INTRODUGCION cién critica? sobre los problemas histéricos de los relatos de la in- fancia. Por tanto, es oportuno comenzar este comentario analizando breve- mente cémo han entendido los investigadores los relatos de la infancia. Hasta cierto punto, tal andlisis refleja la historia de la investigacién. Pero describe también el proceso que cualquiera que reflexione seriamente sobre los problemas experimentaré personalmente. Es un campo donde resulta dificil no revivir en uno mismo la historia del pensamiento. Podemos distinguir tres etapas en un estudio cientifico de los relatos de la infancia: a) la constatacién de que los relatos de Ja infancia son muy distintos de lo que constituye el bloque central del material evan- gélico; 4) el problema de la historicidad se agudiza al advertir hasta qué punto difieren entre sf los dos relatos canénicos de la infancia; c) el problema de la historicidad se relativiza un tanto al descubrir que los dos relatos son ante todo un vehiculo para transmitir la teologia y la cristologia de cada evangelista. I. LOS RELATOS DE LA INFANCIA Y EL RESTO DE LOS EVANGELIOS Los relatos de la infancia constituyen un caso especial tanto por su tardia incorporacién a los evangelios escritos como por su origen. Para comprobar este extremo vamos a esbozar primero el proceso de formacién de los evangelios y, después, el desarrollo de Ia cristologia. 1. Formacién de los evangelios Paraddjicamente, se puede afirmar que los evangelios se formaron comenzando por el final. La primitiva predicacién sobre Jestis se referfa a su muette y resurreccidn, como se puede ver en las £rmulas de Hch 2, 23.32; 3,14-15; 4,10; 10,39-40 y 1 Cor 15,3-4. Estos acontecimientos no sdlo constitufan el ejemplo més claro de la accién salvifica de Dios en Jestis, sino que también sirvieron para que los discfpulos Iegaran a conocer mejor quién fue realmente Jess. La predicacién legé a plas- marse en un telato de la pasién que constituyé la narracién seguida més antigua sobre Jestis. 2 Por «investigacién critica» entiendo el estudio de la Biblia que emplea los métodos hist6ricos y literarios. Esta critica implica el reconocimiento de que la Biblia, en cuanto coleccién de documentos escritos, esté abierta a los mismos mé- todos de estudio que cualquiera otra coleccién literaria. Para muchos estudiosos creyentes, tal reconocimiento no quita nada a la creencia de que 1a Biblia es palabra de Dios.'Ni lleva necesariamente a negar la inspiracién de Ia Biblia, a menos que se identifique fa inspiracién con un «dictado» divino y se la mite’ sélo como la base de una simple teorfa de inerrancia en todas las materias. INVESTIGACION Y RELATOS DE LA INFANCIA 21 Los predicadores cristianos prestaron también atencién a los hechos y a las palabras recogidos en las tradiciones sobre el ministerio de Jestis. [ste material resultaba particularmente util para intensificar la ense- tianza? de quienes habian Iegado a la fe a través de Ia proclamacién de la muerte y resurreccién (cf. 1 Cor 7,10). Se formaron colecciones de dichos, parabolas y milagros, utilizadas luego por los evangelistas para componer los relatos del ministerio de Jestis. Sin embargo, los relatos del ministerio constitufan un conjunto mucho menos unitario que el relato de Ja pasién. Puesto que ninguno de los cuatro evangelistas fue testigo ocular del ministerio de Jestis, la disposicién del correspondiente material evangélico fue mds Idgica que cronolégica*. Nuestros evange- lios escritos son el resultado de anteponer el material sobre el minis- tcrio a los relatos de la pasién. El ejemplo més antiguo, el Evangelio de Marcos §, presenta el encuentro de Jesus y Juan Bautista en el Jordin como «comienzo del evangelio de Jesucristo» (1,1) y termina ‘con la proclamacién angélica de la resurreccién en la tumba vaca (16,1-8) *. Marcos no dice nada al lector acerca del nacimiento ni de la infancia de Jestis ni menciona el nombre de su padre (José). Un esquema similar encontrames en el discurso de Hch 10,37-41: no se menciona el naci- miento, sino que se comienza con el bautismo y se termina con la resurreccién. Este discurso es como una sintesis que hace Lucas a partir del relato evangélico. El mismo esquema apatece en el cuarto evangelio, que (después de un himno introductorio, el Prélogo) 7 comienza la narra- cién con el testimonio de Juan Bautista sobre Jesis y termina con las upariciones de Jestis resucitado. Juan tampoco dice nada al lector acerca del nacimiento de Jestis ni menciona el nombre de su madre (Marfa). En este proceso de formacién se imponfan la seleccién y el énfasis ‘No sdlo el kérygma (proclamacién), sino también Ia didajé (ensefianza) fue wn factor importante en la formacién del’ evangelio; cf. D. M, Stanley, en CBQ 17 (1955) 336-348, Hay que tener en cuenta que el primer evangelio escrito, Marcos, iene una dosis menor de didajé que los de Mateo y Lucas, y que por eso Ja lulesia, en el pasado, prefirié en su propia ensefianza estos evangelios més tardfos al dc Marcos. Otros’ factores que intervinieron en Ja formacién de los evangelios Ineron la apologética, las reflexiones sobre el AT, el culto y Ja liturgia cristia- thos, ete. Fs de notar que la Pontificia Comisién Biblica de Roma, que al comienzo tle este siglo insistié en que los evangelios de Mateo y Juan eran sustancialmente bra de testigos oculares, diga ahora: «Los evangelistas natran las palabras y hechos tlel Sefior en orden diferente y expresan sus dichos no literalmente, sino de modo dlivetso, aunque conservando (su) sentido». Cf, CBJ 72:6,28,35. ‘Ia opinién mds general entre los estudiosos es que Marcos fue escrito al tin! de los. afios sesenta; Mateo y Lucas, en los ochenta, y Juan, en los noventa. Puede haber un margen de error entre cinco y diez afios. La Iglesia catdlica fue wut de las tltimas grandes comunidades cristianas que consideraron Ja fecha y el autor de los libros bfblicos como cuestién doctrinal; pero cf. p. 39, nota 2. “Mc 169-20 es una adicién tardfa al evangelio original. ' Sc considerd con frecuencia que el prélogo de Juan se refiere al origen celeste tle Jesiis, mientras Mateo y Lucas se tefieren al terteno, principalmente en sus wenealogias. Por eso se contraponia Mt 1,1-17 a Jn 1,1-18. 22 INTRODUCCION por el hecho de que se trataba de predicar y ensefiar un mensaje de sal- vacién. El interés no se centraba en lo biogréfico, pues seria realmente pintoresca una biograffa que comenzara con la muerte del protagonista y no dijera apenas nada sobre su nacimiento y familia. Entendiendo asi los evangelios, se evita un problema que resultaba insoluble cuando se pensaba que los evangelios eran vidas de Cristo *: la ausencia de relatos de Ja infancia en Marcos y Juan. A veces se Ilegé a pensar, debido a tal ausencia, que estos evangelios eran composiciones tardias*; pero sucede lo contrario: cuanto més nos remontamos en el tiempo, tanto menor es el énfasis en el nacimiento y la familia de Jestis. No hay absoluta- mente ninguna referencia al nacimiento en los discursos de Hch y sdlo una referencia especifica en las principales cartas paulinas *. En la pri- mitiva ptedicacién cristiana, el nacimiento de Jesés no habia sido con- siderado todavia en la misma perspectiva salvifica que la muerte y la resurreccién. Esto nos plantea una doble cuestién: ¢Por qué se compusieron los relatos de la infancia y por qué Ilegaron a formar parte del evangelio en el caso de Mateo y Lucas? Primero, por qué fueron compuestos. Es indudable que la curiosidad representé un papel en los relatos de la infancia, tanto en los candnicos como en los apécrifos ". Los cristianos querian saber més sobre el maestro: su familia, sus antepasados, el lugar de su nacimiento. Y segiin el principio implicito de que el nifio es el padre del hombre, los aspectos maravillosos de la vida publica de Jess fueron retroproyectados sobre sus origenes. La apologética puede explicar algunos aspectos de los telatos de la infancia. Algunos verfan en los relatos lucanos del nacimiento de Juan Bautista un alegato contra los discipulos no cristianos del Precursor ®; as{, para poner en claro la supe- * En un principio, los evangelios no se entendieron con ese simplismo histérico. ‘A comienzos del siglo 1, Papias esctibia, refitiéndose a Marcos: y «pa- decié bajo el poder de Poncio Pilato» se emplearon para rechazar la afirmacién docetista de que Jeséis no eta realmente hombre; tales férmulas. afirmaban_que bia nacido y muerto como los demas seres humanos (apéndice IV, nota 3). Pero no encuentro ninguna apologética antidocetista en los relatos de la infancia. 2. Desarrollo de la cristologia Muchas veces, a lo largo del comentario, tendré ocasién de referirme al desarrollo de la cristologia primitiva y ‘reflexionar sobre ella, pero puede ser vitil para el lector presentar aqui un esbozo de la misma como parte de la introduccién a los relatos de la infancia. En un periodo pre- evangélico, tal como lo atestiguan Pablo y los discursos de los Hechos, la resurreccién fue el momento principal que quedé asociado a la pro- clamacién divina de la identidad de Jesis *, Cuando Dios resucité a Jess de la muerte y lo elevé a su derecha, lo constituyd o proclamé Sefior, Mesias e Hijo de Dios. Veamos algunos texto: «Pues bien, Dios resucité a este Jestis... Dios ha constituido Sefior y Mes{fas al mismo Jestis a quien vosotros crucificasteis» (Hch 2,32.36). «La diestra de Dios lo exalté haciéndolo Jefe y Salvador» (Hch 5,31). «La promesa que Dios hizo a nuestros padres nos la ha cumplido nosotros resucitando a Jestis. As{ estaba escrito en el salmo se- gundo: ‘Mi hijo eres ti, yo te he engendrado hoy’» (Hch 13,32-33). «Por linea carnal, nacié de la estirpe de David, y por linea del Espiritu santificador, fue constituido Hijo de Dios én plena fuerza por su resurreccién de la muerte» (Rom 1,3-4). «Jestis se abajé, obedeciendo hasta la muerte y muerte en cruz. Por eso Dios lo encumbré sobre todo y le concedié el titulo (= ‘Se- fior’) que sobrepasaba todo titulo» (Flp 2,8-9). Como se puede ver por estos textos, la resurteccién fue contrastada al principio con un ministerio de humildad, de modo que, por la resu- rreccién, Jesés alcanzé una dignidad que no habfa tenido en su minis- terio ® (es lo que los estudiosos Iaman cristologia en «dos fases»). Este “En un periodo temprano del pensamiento cristiano, Ia segunda venida (pa- tusia) pudo ser el momento cristolégico: cuando Jesis vuelva glorioso, Dios lo revelaré como Mesfas, Sefior e Hijo del hombre. Esta petspectiva habria exigido Muy pocos cambios en la expectacién judia corriente sobre la venida del Mesias, excepto que los cristianos habrian elaborado la tesis de dos venidas, Ia segunda de las cuales constitufa el momento de la victoria final, del sometimiento de los enemigos de Dios y de una paz y abundancia universales. ® Hablo del sentido original de los textos no quiero decir que sigan teniendo sa connotacién en Hechos. Lucas/Hechos tienen afirmaciones diversas sobre el «momento ctistolégico»; unas lo asocian a la resurreccién, otras al bautismo y otros a la concepcién virginal, Probablemente Lucas habfa armonizado en su mente €305 cmomentos», como hizo'més tarde la teologfa; por ejemplo, el secreto de la identidad de Jess fue revelado ya a Marfa en la concepcién y luego més plens- ‘mente en el bautismo y Ia resurreccién, Lucas ha unido en una sola secuencia un movimiento que va de la concepcién al bautismo, a la resurreccidn (y a la segunda venida), un movimiento que, en términos de percepcién cristiana, fue en direccién opuesta, INVESTIGACION Y¥ RELATOS DE LA INPANCIA 25 punto de vista es comprensible teniendo en cuenta que sus primeros discfpulos aprendieron con Ia resurreccién algo que antes no habjan conocido con claridad. Pero tal perspectiva resulté inadecuada cuando los cristianos reflexionaron después sobre el misterio de la identidad de Jesis; cuando se escribieron los evangelios (a partir de los afios sesenta), dominaba una perspectiva més desarrollada, segtin la cual se estimaba que Jestis era Mesfas e Hijo de Dios ya durante su ministerio, de modo que Ja resurreccién no hizo mds que manifestar publicamente lo que ya era antes. Marcos dice al lector que ya en el bautismo Jess era el Hijo de Dios (1,11). Pero los discfpulos nunca reconocieron la identidad gloriosa de Jess durante su vida mortal; ni Jestis se lo revelé abiertamente nunca a sus discipulos, probablemente porque (a juicio de Marcos) no habrian sido capaces de entender semejante revela- cién. Esta falta de comprensidn se advierte en la escena de la trans- figuracién: cuando Jestis toma aparte a sus discfpulos predilectos y les descubre su majestad, y cuando la voz de Dios declara que Jestis es su Hijo, ellos tienen miedo y no entienden (Mc 9,2-8). En el Evangelio de Marcos, tinicamente después de la muerte de Jestis es descubierto el misterio por un testigo humano: «Verdaderamente éste era Hijo de Dios» (Mc 15,39). Marcos, por tanto, ha conservado en parte la pers- pectiva més antigua. Insiste en que Jestis era ya Hijo de Dios y Mesias durante su vida mortal, pero no se sabia ptiblicamente; asi se entiende por qué los cristianos pucden decir que ha Ilegado a ser Mesias e Hijo de Dios en virtud de la muerte y la resurreccién. En los evangelios mds tardios, la sintesis de Marcos se bifurca en dos direcciones. Primero, el misterio de la identidad de Jess comienza a estar claro para sus discfpulos ya durante el ministerio. En Mateo hay confesiones de que Jesits es Hijo de Dios en escenas en que Marcos no las tiene (cf. Mt 14,33 con Mec 6,51-52, y Mt 16,16 con Mc 8,29). En el cuarto evangelio Jestis habla abiertamente como figura divina preexistente (Jn 8,58; 10,30; 14,9; 17,5). Segundo, la cuestién de la identidad de Jests se retrotrajo més all del bautismo de varios modos. El prélogo jodnico la sittia en la preexistencia antes de Ia creacién, mientras que Mateo y Lucas la ponen en la concepcién de Jesis”. Las mismas ideas combinadas que la primera predicacién cristiana habia aplicado a la resurreccién (es decir, una proclamacién divina, la gene- Por un lado, es demasiado simple pensar que una vor divina hablara de ma- nera audible en ef bautismo y que la oyeran los que estaban alrededor; al parecer, cn Marcos ningin ser humano supo lo que se habia revelado, Por otro lado, es igualmente simple pensar que fue en ese momento cuando Jestis supo quién era. A los evangelistas sélo les interesa decir quién era Jestis, no analizar el crecimiento de su_autoconciencia, En el comentario sefialaré que Mateo y Lucas no demuestran conocer la preexistencia; al parecer, ven en Ia concepcién el momento en que Jesés llega a ser (es engendrado) Hijo de Dios. La armonizacién por la que la palabra preexistente «le Juan toma came en el vientre de la Virgen Maria (a lo que aluden Mateo y Juucas) no esté atestiguada hasta el perfodo posncotestamentario; cf. p. 141, nota 27. 26 INTRODUCCION racién del Hijo de Dios, la intervencién del Espiritu Santo), y que Marcos habja aplicado al bautismo, son ahora aplicadas a la concepcién de Jestis en Jas palabras del mensaje de un Angel a José (Mateo) y a Maria (Lucas). Y una vez que la concepcién de Jestis se ha convertido ‘en momento cristolégico, la revelacién de quién es Jestis comienza a ser proclamada a unos oyentes que vienen y adoran (los magos, los pasto- res), mientras otros reaccionan con hostilidad (Herodes en Mateo, los que contradicen el signo en Lc 2,34). Asi, los relatos de la infancia se convirtieron realmente en un evangelio. La adicién de estos relatos al evangelio propiamente dicho se com- prende asi como parte de un proceso cristoldgico, proceso que explica perfectamente por qué aparecen en los evangelios més tardios y no en Marcos. (Juan tomé otro camino cristoldgico: el de Ja preexistencia). Pero una vez que fueron incorporados, comenzaron a dar un tono bio- grafico a las narraciones de Mateo y de Lucas ®, Estos evangelios co- menzaban ahora con Ia concepcién y el nacimiento, seguian con la vida ptiblica y terminaban con la muerte y la resurteccién, En una lectura superficial, semejante biograffa tiene perfecto sentido; pero, cuando se reflexiona, se advierten algunos rasgos sorprendentes. Si Herodes y toda Jerusalén conocieron el nacimiento del Mesfas en Belén (Mt 2,3) y Herodes degollé a los nifios de toda una ciudad para que no se le escapara Jestis (2,16), gpor qué més tarde, durante el ministerio, nadie parece conocer el origen maravilloso de Jestis (13,54-55) y el hijo de Herodes no recuerda nada acerca de él (14,1-2)? Si se revelé, mediante un mensaje angélico, a los padres de Jestis quién era éste (el Mesfas davidico, el Hijo de Dios), gcdmo les resulta tan diffcil descubrirlo mas tarde a los discfpulos, a pesar de que Maria vivia atin durante el minis- terio ptblico? ¢Y por qué la misma Marfa parece ser una desconocida para el grupo de los verdaderos discfpulos (Mt 12,46-50)? ®. Si Juan Bautista era un pariente de Jestis que conocié su identidad incluso antes de que naciera (Le 1,41-44), gpor qué no alude durante el ministerio a un conocimiento previo de Jestis, de quien parece extrafiarse (7,19)? Para resolver esos conflictos se ha acudido a una ingeniosa armonizacién: por ejemplo, que Juan Bautista conocfa realmente la identidad de Jestis, pero envié a sus discipulos para que Jo descubrieran por sf mismos; ‘© que fue la modestia la que contuvo a Marfa de decir a los discfpulos “ La justa insistencia en que los evangelios no tuvieron al principio como foco de atencién 1a biografia ieva a descuidar este hecho, Para un intento moderno de volver a introducir el elemento biogréfico en la discusién evangélica sin caer en el simplismo, cf. G. N. Stanton, Jesus of Nazareth in New Testament Preaching (NISMS 27; Cambridge University 1975). ® En Mc 3,31-35 esta escena (que es atin mds dura, puesto que sigue a 3,21, donde Jos «patientes» de Jestis piensan que no estd en sus cabales) tiene pocas dificultades, porque Marcos no parece conocer ningtin relato de Ja infancia ni de una concepcién virginal (apéndice TV, I). Da la impresién de que Mateo no vio Ya dificultad, pero Lucas si, pues Le 8,19-21 es una dréstica modificacién, de modo que la madre de Jestis forma parte del grupo de los discfpulos (cf. pp. 326s), INVESTIGACION Y RELATOS DE LA INFANCIA 27 que su hijo era el Hijo de Dios. Pero se puede prescindir de tal inge- nuidad si se tiene en cuenta la tendencia retrospectiva que presidié la for- macién de los evangelios y el desarrollo cristolégico. Los relatos del mi- nisterio se formaron en la tradicién cristiana sin un conocimiento del material de Ia infancia; y los evangelists no suavizaron todas las incohe- rencias que resultaron al unir dos cuerpos de material independiente, aunque es de suponer que ellos conciliarian en su interior las distintas teologias contenidas en ellos (cf. nota 15). II. Los RELATOS DE LA INFANCIA COMO HISTORIA Lo que se ha dicho acerca de las diferencias entre los relatos de la infancia y el resto del material evangélico tiene para la historicidad unas implicaciones que vamos a tratar ahora. 1. El problema de los testigos El cuerpo principal del material evangélico pretende apoyarse en los recuerdos de los que acompafiaron a Jestis desde poco después de su bautismo hasta su muerte (cf. Hch 1,22) y a los que se aparecié des- pués de la resurreccién (Heh 10,41; 1 Cor 15,3). Si los lectores del evangelio preguntan cémo esos testigos saben que Jestis fue bautizado, © que predicd en Galilea, o que se celebré una cena la noche anterior a su muerte, 0 que hubo muerte, sepultura, resurreccién, se les puede contestar (asf lo hizo Pablo, quien tampoco estuvo presente en muchos de estos acontecimientos) que se habfa transmitido una tradicién sobre tales cosas (1 Cor 11,23; 15,3). Pero gcémo sabemos lo que sucedié en el nacimiento de Jestis? Ciertamente, ninguno de los predicadores apostdlicos de la comunidad de Jerusalén que acompafiaron a Jestis durante su ministerio, y en cuya tradicién se basan los relatos evangéli- cos del ministerio (desde el bautismo hasta la resurreccién), estuvo presente en el nacimiento. (Esta diferencia se refleja en el apartado an- terior, donde vefamos que la primera predicacién apostélica no traté el tema del nacimiento de Jestis). De hecho, el cuerpo del evangelio mues- tra que la gente entre Ia que Jestis se habfa criado no sabfa nada de una infancia extraordinaria (Mt 13,53-58; Le 4,31-32.36-37). Es corriente conjeturar que la tradicién sobre la infancia de Jess procedia de José o de Marfa. Sin embargo, José no aparece durante el ministerio de Jestis, y parece casi cierto que para entonces ya habia muerto™; por ® De otro modo serfa inexplicable que no se le mencione en Mc 6,3, donde se dan los nombres de los patientes de Jesiis que viven en Nazatet. Sobre la cuestién de los recuerdos de familia, cf. también la nota 25. 28 INTRODUCCION tanto, es puta especulacién presentarlo como fuente. Al parecer, Maria no estuvo junto a los discipulos de Jestis durante el ministerio (Mc 3, 31-35; Mt 12,46-50; Jn 2,4), aunque en el NT hay pruebas de que formé parte de la comunidad posterior a la resurreccién (Hch 1,14). Si bien no resulta imposible a priori que ella fuera la fuente del material contenido en el relato lucano de la infancia, que describe experiencias de las que ella seria el testigo mds convincente, hay una improbabilidad a priori de que fuera la fuente del material del relato de Mateo, que se centra en José y en el que ella figura slo con un papel secundario. En el siglo 11 se pensé que Santiago, el «hermano del Sefior», que vivid por los afios sesenta, podia ser una fuente razonable de informacién sobre la infancia de Jestis, pero el Protoevangelio de Santiago es muy legen- dario, contiene errores de bulto sobre la organizacién del templo y es claramente més folklérico que los relatos canénicos de la infancia”. Todo esto significa que, de hecho, no tenemos certeza de que el material de la infancia provenga de una tradicién avalada por un testigo que la confirme. 2. El problema de los datos en conflicto Si todos los hechos discutidos hasta aqui han levantado dudas sobre Ja historicidad de los relatos de Ja infancia”, ecémo es posible resol- verlas? La tesis de la inspiracién no se puede invocar para garantizar la historicidad, porque un relato inspirado por Dios no es necesari mente histérico. Un esfuerzo inteligente para combinar la aceptacién de la inspiracién y la aceptacién de Ia critica biblica debe Mevarnos a reconocer que en la Biblia no sélo hay historia, sino también relatos imaginarios, parébolas y folklore. Y no vale decir que los relatos de infancia tienen que set histéticos, porque de lo contrario no se habrian unido al cuerpo principal del material evangélico, que se basa en la historia. Semejante argumentacién supone erréneamente que la éptica ™ La relativa sobriedad de los relatos candnicos de Ia infancia comparados con los no canénicos se ha empleado como argumento de su historicidad. Peto ése trata de una diferencia de géneto (historiaficcién) 0 de una diferencia de grado? Se puede contestar que tanto los relatos canénicos como los no candnicos obedecen 4 intentos de la imaginacién cristiana por Henar los origenes del Mesfas, y en el caso de los relatos apécrifos, la imaginacién actué més libre y ampliamente % La investigacion biblica protestante reconocié estas dificultades y comenzé a luchar con ellas setiamente ya a finales del siglo pasado, La confrontacién_ se pospuso en el catolicismo porque los decretos antimodernistas de la Pontificia Comisién Biblica en el perfodo 1905-1915 bloquearon el desarrollo de ta critica biblica hasta el pontificado de Pio XII. Cuando al fin cobré dnimos Ia investiga- cidn critica, la delicada cuestién de la historicidad de los relatos de la infancia se ve sometida a debate inmediatamente antes del Vaticano II, Debido a su decidido rechazo de la historicidad de los relatos de Ja infancia, La vie de Jésus (1959), de Jean Steinmann, recibié la dudosa distincién de ser ef dtimo libro incluido en el Indice de libros probibidos. INVESTIGACION Y RELATOS DE LA INFANCIA 29 dominante del evangelista era la historia o la biograffa y que el evange- lista podfa decir si los relatos que él inclufa tenfan un origen histérico. Debemos més bien enfrentarnos con una gama de posibilidades. Aunque los dos relatos de la infancia tratan el mismo periodo de la vida de Jestis, el enfoque de cada uno puede ser diferente: los dos pueden ser histéricos; puede ser el uno histérico y el otro mucho més libre; o los dos pueden ser dramatizaciones no histéricas. Para decidir entre estas posibilidades hagamos una comparacién detallada de los dos relatos para ver si se confirman o se contradicen entre sf. Puesto que los especialistas suelen admitir que Lucas y Mateo esctibieron independientemente el uno del otro, sin conocer el uno el trabajo del otro, la coincidencia entre los dos relatos de la infancia suge- tirfa la existencia de una tradicién comin anterior al trabajo de los evangelistas, una tradicién cuya antigiiedad inclinarfa la balanza en favor de la historia. Los dos relatos tienen en comtin los once puntos si- guientes: a) Los padres son Maria y José, que estén Iegalmente prometidos o casados, pero que atin no han vivido juntos o no han tenido relaciones sexuales (Mt 1,18; Le 1,27.34). b) José es descendiente de David (Mt 1,16.20; Le 1,27.32; 2,4). c) Hay una anunciacién angélica del futuro nacimiento del nifio (Mt 1, 20-23; Le 1,30-35). d) Marfa concibe al nifio sin el concurso de su marido (Mt 1,20.23.25; Le 1,34)3, e) : concepcién es por obra del Espiritu Santo (Mt 1,18.20; Le 1, 35). f) EI angel dice que el nifio debe Iamarse Jesis (Mt 1,21; Le 1,31). g) Un Angel afirma que Jestis es el Salvador (Mt 1,21; Le 2,11). 4) El nacimiento del nifio tiene lugar cuando sus padres ya viven juntos (Mt 1,24-25; Le 2,5-6). i) EI nacimiento tiene lugar en Belén (Mt 2,1; Le 2,4-6). 7) El nacimiento se relaciona cronolégicamente con el reinado (los dfas) de Herodes el Grande (Mt 2,1; Le 1,5). &) EI nifio se cria en Nazaret (Mt 2,23; Le 2,39). Al examinar estos puntos comunes, es sorprendente advertir que to- dos, excepto el tiltimo, se encuentran en una misma seccién del relato de Mateo (1,18-2,1), y el tiltimo es algo que los dos evangelistas pudieron conocer por el ministerio ptiblico. Ademés, incluso en la breve seccién de Mateo en que se encuentran los paralelos suele haber una significa- tiva diferencia con respecto a Lucas; por ejemplo en c), donde el éngel habla a José en Mateo, mientras que lo hace a Maria en Lucas * Algunos estudiosos han puesto en duda que Lucas pretendiera hablar de una concepcidn virginal (cf. pp. 306ss). 30 INTRODUCCION El resto del relato mateano de la infancia es totalmente distinto del de Lucas. La genealogia de Mt 1,1-17 es muy diferente de la genealogia que Lucas ha colocado fuera del relato de la infancia (3,23-38). El con- junto de Mt 2,2-22 no tiene paralelo en Lucas, igual que la mayor parte de Le 1 (excepto 1,26-35) y la mayor parte de Le 2 no tienen patalelo en Mateo. Los siguientes puntos se encuentran solamente en el relato de Lucas: la narracién de Isabel, Zacarias y el nacimiento de Juan Bau- tista; el censo que leva a José a Belén; la aclamacién de Jestis por parte de Jos pastores; la presentacién de Jesis en el templo cuando sus padres vuelven a Nazaret, y la pérdida y hallazgo de Jesus en el templo a la edad de doce aftos, Mateo se fija en una serie de acontecimientos que Lucas no menciona: la estrella, los magos, las asechanzas de Herodes contra Jesis, la matanza de los nifios en Belén y la huida a Egipto. Los antiguos comentaristas armonizaron estos diferentes detalles en un relato seguido*, de modo que el cristiano corriente no se entera a veces de Ja dificultad que entrafia el que los pastores de Lucas y los magos de Mateo confraternicen en Ja representacién del belén navidefio. Ahora bien, si al principio existié un solo relato, ecémo se fragmenté en los dos relatos diferentes que ahora tenemos? Segin he insinuado antes, la sugerencia de que Matco nos transmite los recuerdos de José sobre los acontecimientos y Lucas los de Marfa, es precisamente una deduccién piadosa del hecho de que José es el protagonista del relato mateano y Maria del lucano. Pero gcémo es posible que José contara los hechos nartados por Mateo y omitiera la anunciacién a Marfa? éY cémo pudo Maria contar lo narrado por Lucas y no mencionar la venida de los magos y la huida a Egipto? ®. Esto nos Ieva a concluir que los dos relatos no sdlo son diferentes, sino que se oponen el uno al otro en numerosos detalles. Segtin Le 1,26 y 2,39, Maria vive en Nazaret, y asi se invoca el censo de Augusto para explicar que el nifio nazca en Belén, lejos de casa. En Mateo no se alude a un desplazamiento a Belén, porque José y Marfa estén en una casa de Belén en la que verosimilmente nacié Jestis (2,11). El tinico viaje que Mateo tiene que explicar es el que la familia hace a Nazaret a la vuelta de Egipto en vez de volver a su nativa Belén (2,22-23). Una segunda dificultad es que Lucas nos dice que la familia volvié tranquila- mente a Nazaret después del nacimiento del nifio en Belén (2,22.39); esto es inconciliable con el dato mateano de que el nifio tenia casi dos afios cuando la familia huyé de Belén a Egipto y era mayor atin cuando la familia volvié de Egipto y fue a Nazaret. De las opciones que hemos * Cf. el intento de Machen, Virgin Birth, 191ss. La secuencia normal armonizada es: Le 1; Mt 1; Le 2,138; un regreso a Belén no mencionado; Me 2. # A Io sumo, sdlo uno de los relatos puede provenir de recuerdos de familia, con la suposicién implicita de que la mayor parte del otro no es histética, Los criticos moderados que reconocen esto han considerado generalmente ef relato de Lucas como la tradicién familiar més verosimil. La investigacién recogida en este comen- tario indica la improbabilidad de tal tesis. INVESTIGACION Y RELATOS DE LA INFANCIA af indicado antes de comparar los relatos, tenemos que eliminar una: la de que los dos relatos son completamente histéricos. Un anilisis atento de los relatos de la infancia demuestra la impro- babilidad de que uno de ellos sea totalmente histérico. El relato de Mateo contiene una serie de acontecimientos piblicos extraordinarios o milagrosos que, de ser histéricos, habrian dejado alguna huella en documentos judfos o en otros lugares del NT (el rey y toda Jerusalén se turbaron con cl nacimicnto del Mesias en Belén; una estrella que fue desde Jerusalén hasta Belén y se detuvo sobre una casa; la matanza de todos los nifios varones en Belén). La referencia de Lucas a un censo general del Imperio en tiempos de Augusto, que afecté a Palestina antes de la muerte de Herodes el Grande, es casi con toda seguridad incxacta (apéndice VII), como lo que dice sobre las costumbres judias acerca de Ja presentacién del nifio y Ia purificacién de la madre en 2,22-24. Algunos de estos acontecimientos, totalmente inverosimiles como histo- tia, se han interpretado ahora como relectura de escenas o de temas del AT. Por ejemplo, el relato de Mateo sobre los magos que vieron ascender la estrella del Mesias davidico es un eco del relato veterotesta- mentario de Baladn, una figura de mago oriental que vio ascender Ja estre- lla de Jacob. El relato de que Herodes intenta eliminar al nifio Jests y mata a los nifios varones de Belén es una aplicacién del relato del AT en que se cuenta que el perverso fatadn intents quitar la vida al pequefio Moisés y maté a los nifios varones israelitas; también la historia de José, el padre de Jestis, que tiene suefios y va a Egipto, es una aplicacién del relato del patriarca José, que hizo lo mismo. La descripcién que hace Lucas de Zacarias e Isabel, padres de Juan Bautista, esté tomada, a veces al pie de la letra, de la descripcién que se hace en el AT de Abrahdn y Sara. En este momento de la historia de la investigacién sobre los relatos de Ia infancia es cuando aparece en Jas discusiones el término «midrés», el cual proviene de las antiguas interpretaciones judias del AT que popularizaron y divulgaron los relatos biblicos (apéndice VIII). Este término ha ayudado a ponderar Ja importancia de los temas veterotes- tamentarios en los relatos de Ja infancia, pero no les hace justicia. La finalidad del midras era hacer inteligibles los relatos del AT, y ésa no es la finalidad de los relatos de Ja infancia. Estos se escribieron pata que se entendieran los orfgenes de Jess en el marco del cumplimicnto de Ja expectacién veterotestamentaria. La forma de utilizar el AT es muy diferente en los dos relatos de la infancia (de ah{ que el término, proce- dente de un método de interpretar la Escritura, dificilmente pueda apli- carse por igual a los dos); pero el comin afdn de inspirarse tan de cerca cn la Escritura sugiere que para los dos evangelistas el relato de la in- fancia intentaba facilitar el paso del AT al evangelio: se trata de la predicacién cristolégica de la Iglesia presentada con las figuras y sim- holos de Israel. TI. Los RELATOS DE LA INFANCIA COMO VEHICULO DE LA TEOLOGIA DEL EVANGELISTA Con las observaciones que hemos hecho al final del tiltimo apartado hemos pasado al estadio actual de la investigacién cientifica sobre los relatos de la infancia: la busqueda de la intencién del evangelista. Si sélo empleo unos cuantos pérrafos aqui en la introduccién para des- atrollar esta busqueda, es porque ésa es la tarea de todo el comentario. Era necesaria una investigacién previa de todos los sondeos de his- toricidad, aunque nos haya mostrado que las probabilidades estén més frecuentemente en contra de la historicidad que en favor de ella *, Era también necesaria la indagacién de fuentes, aunque sélo nos haya des- cubierto posibilidades, y lo mismo el estudio del géneto literario (pro- blema del midrés), aunque los intentos de clasificacién no hayan sido totalmente satisfactorios. En todos estos puntos hemos encontrado mu- chas cosas de valor permanente que tendremos muy presentes en las pAginas que siguen, Sin embargo, el resultado final de algunos aspectos de la investigacién pasada han causado desconcierto entre los cristianos cultos acerca de! valor de los telatos en la infancia, como ya indiqué en el prélogo. ‘Ahora la investigacién biblica parece moverse en un campo de in- vestigacién mucho més fructifero al intentar recuperar el valor de los relatos de Ja infancia como teologia. En los uiltimos veinte afios, la in- vestigacién general sobre los evangelios se ha apartado de la historia preevangélica de los relatos y dichos sobre Jestis para centrarse en el papel de estos relatos y dichos dentro del ‘evangelio ya terminado ”. Qué mensaje intenta transmitir el evangelista a la Iglesia a través de ellos? Este cambio de enfoque puede ser peligroso si lleva a descuidar los temas de las fuentes, la historicidad y el género literario; pero es saludable en su reafirmacién de que la primera tarea de la exégesis es dar sentido al texto existente. Un tema constante de nuestro comentario ser4 que los relatos de la infancia tienen sentido como parte de sus respectivos evangelios. Sean © no histéricos, se basen 0 no en testigos oculares, hayan tenido o no una existencia preevangélica, lo cierto es que Mateo y Lucas pensaron que eran unas introducciones aptopiadas a la vida y trascendencia de * Como sefialaté en los apéndices II, III y IV, pienso que se puede defender tazonablemente la historicidad de algunos detalles de los relatos de Ja infancia que tienen relacién estrecha con la doctrina cristiana. Aqui hablo de la historicidad de los relatos en conjunto. ® Me refiero al desatrollo de Ja historia de la redaccién, pero no me convencen algunos aspectos del método, En este comentatio opino que los evangelistas son verdaderos autores y no meros redactores. No obstante, espero evitar el abuso de querer descubrir en todos los detalles del trabajo del evangelista un ejemplo de st. plan magistral, Los relatos de Ia infancia encajan en el plan de cada evangelista, peto se dan incoherencias debidas al diverso origen del material que en ellos se contiene. INVESTIGACION Y RELATOS DE LA INFANCIA 33 ” Jestis. Darles menos valor que a otras partes de los evangelios es inter- pretar erréneamente el pensamiento de los evangelistas, para quienes los relatos de la infancia eran un vehiculo adecuado al mensaje que querfan transmitir. Desde este punto de vista, los relatos de Ja infancia no son un desconcierto, sino una obra maestra. Quizé precisamente por- que este material quedé menos fijado en el curso de la predicacién apos- tdlica, los evangelistas se permitieron una mayor libertad al componer los relatos de la infancia. No se puede por menos de buscar en otra parte de los evangelios esa teologfa presentada tan breve e imaginativamente. Espero sinceramente poder compartir con el lector en este comentario mi propio descubrimiento de que los dos primeros capitulos de Mateo y Lucas son tan profundamente cristianos y tan draméticamente persua- sivos como los dos tltimos, los que narran la pasién y la resurreccién. BIBLIOGRAFIA GENERAL En las bibliograffas se incluyen slo obras relacionadas directamente con los relatos de la infancia. Los datos bibliogréficos de los trabajos sobre otros temas se dan en cl lugar en que se citan, Nuestra obra contiene tres tipos de bibliografias, que van de lo general a lo especifico, de acuerdo con la temética de los estudios citados, Aqui oftecemos la bibliograffa general sobre Jos dos relatos de la infancia. Las obras que estudian sdlo el de Mateo el de Lucas se recogen, respectivamente, en las bibliograffas de los capitu- los 1 y 9. Por tiltimo, Jos trabajos que tratan un tema, pasaje o versiculo concreto se citan en la bibliograffa de la seccién correspondiente. Las citas de obras incluidas en las bibliograffas se hacen en forma abre- viada: apellido del autor, una o dos palabras significativas, tomadas normal- mente del titulo, y paginas (sin la abreviatura «pp.»). Por ejemplo, Strecker, Weg, 17. La informacién bibliogréfica completa sobre las obras as{ citadas se encontraré fécilmente consultando el indice bibliogréfico del final del libro. Todas las abreviaturas empleadas en la bibliografia se recogen en la lista publicada al final de la obra, Bishop, E, F. F.: Bethlehem and the Nativity: Some Travesties of Christmas: ATR 46 (1964) 401-413. Bornhiuser, K.: Die Geburts- und Kindbeitsgeschichte Jesu (Beitriige zur Forderung christlicher Theologie, 2.* serie, 23; Gitersloh, Bertelsmann, 1930). Box, G. H.: The Gospel Narratives of the Nativity and the Alleged Influence of Heathen Ideas: ZNW 6 (1905) 80-101, Briggs, C. A.: The Gospel of the Infancy, en New Light on the Life of Jesus (Nueva York, Scribner’s, 1904) 150-166. Bultmann, R.: History of the Synoptic Tradition (Nueva York, Harper, 1963) espec. 291-301. Cabaniss, A.: Christmas Echoes at Paschaltide: NTS 9 (1962-1963) 67-69. Daniélou, J.: The Infancy Narratives (Nueva York, Herder & Herder, 1968). Delorme, J.: A propos des Evangiles de V'Enfance: «Ami du Cletgé> 71 (1961)' 760-764. Derrett, J. D, M.: Further Light on the Narratives of the Nati 17 (1975) 81-108. 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Pedimos al lector que, antes de leer este comentario, lea con atencién los capitulos 1 y 2 de Mateo, tomando nota de lo que se encuentra en Mateo y borrando de su mente los detalles sobre el nacimiento de Jestis conocidos por el relato de Lucas. Metodolégicamente es indispensable preguntarnos: ¢Qué sabria- mos acerca del nacimiento de Jestis si sdlo tuviéramos el Evangelio de Mateo? I, EL EVANGELIO DE MATEO Muchos especialistas sostienen hoy que este evangelio fue escrito en Siria por un desconocido judeocristiano de lengua griega, que vivid por los afios ochenta en una comunidad mixta de convertidos tanto del judaismo como de la gentilidad. Esta es la teorfa que presupongo en mi estudio sobre el relato mateano de la infancia. (Sin embargo, no entraré cn detalles teéricos para no restar utilidad al conjunto del estudio). Cualquier introduccién al NT! ofrece argumentos detallados en favor de esa postura; las diferencias con respecto a la misma se las indicaré al lector en notas a pie de pagina. Aqui explicaré solamente los motivos fundamentales en que se basa, de manera que el lector pueda entrever cual es Ja situacién de la comunidad cristiana que se refleja en el relato de la infancia. En los circulos cientificos existe hoy una unanimidad casi total en que el evangelista es desconocido, aunque mantengamos la costumbre de Iamarle «Mateo». Su dependencia de Marcos (y de Q, un cuerpo de dichos de Jestis en gricgo, conocido también por Lucas) indica que no fuc testigo ocular del ministerio de Jesis?, porque un testigo ocular que oe ejemplo, W. G. Kimmel, Introduction to the New Testament (Nashville # Los catdlicos fueron de los ultimos en dejar de defender oficialmente que el fangelio fue escrito por Mateo, uno de los Doce. Se cambié de postura en 1955, ndo el sectetario de la Pontificia Comisién Biblica dejé a los catélicos «total libertad» respecto de los primeros dectetos de la Comisién Biblica, incluyendo el sue afirmaba que ef Mateo griego era sustancialmente idéntico al que escribié el J andstol en arameo 0 hebreo (cf, CBJ, 72:25,28). Un grupo de especalistas protes- 40 EL RELATO DE LA INFANCIA EN MATEO. tuviera sus ptopios recuetdos no se habria inspirado tanto en colec- ciones de «segunda mano». El hecho de que mejore el griego de Marcos y de que la mayor parte de su trabajo no dé muestras de ser una tra- duccién directa de un original semitico nos invita a pensar que el evan- gelista es un cristiano de lengua griega. Pero, al menos por algunas de sus formas de citar la Sagrada Escritura (cf. cuadro 5), parece que el evangelista sabe el hebreo; de ahi que algunos especialistas afiadan que era un cristiano judio de lengua gricga *. Su respeto por los detalles de la ley (5,17-18) y pot la autoridad de los esctibas y fariseos (23,2), unido a una gran hostilidad hacia los escribas y fariseos que se oponen a Jestis (23,13.15.23.25.27.29), se explicaria suponiendo que eta un escriba del partido de los fariseos que habia creido en Jestis. De hecho, el elogio del escriba «que entiende del reino de los cielos», presente al final del discurso en pardbolas (13,52), puede ser autobiogréfico. La afinidad con Marcos (escrito alrededor del 70 d. C.), asi como la polémica con la sinagoga que se refleja en Mateo, hace pensar en Ia década de los ochenta*. Después del fracaso de la rebelién judia contra los romanos por los afios sesenta y de la destruccién del templo en el 70, el pluralismo judio decrecié rdpidamente y los fariseos alcan- zaron el poder exclusivo. Alrededor del afio 85, la duodécima de las Dieciocho bendiciones (Shemoneh Esreh: una de las plegatias mas im- portantes de las sinagogas) fue reformulada de modo que incluia una maldicién contra los minim o herejes, principalmente contra los judios que crefan en Jestis como Mesias 5, Esta traumética expulsién (mediante Ja cual se cortaba el cordén umbilical que habfa unido a la Iglesia, o al menos a las iglesias judeo-cristianas, con el judaismo) aumenté el encar- nizamiento de los cristianos hacia los fariseos que se oponfan a Jests °. tantes (en su mayor parte norteamericanos, como W, R. Farmer) que defienden que Mateo no depende de Marcos no interpretan la prioridad de Mateo en el sentido de que el evangelista fuera testigo ocular. Se basata o no en datos obje- tivos Papfas de Hierdpolis al decir que Mateo habia recogido en lengua hebrea los dichos del Sefior (Eusebio, His. Eccl. III, xxxix, 16), lo cierto es que no se ha conservado ninguna coleccién de ese tipo, y no hay modo de saber si el Mateo canénico se inspiré, aunque sélo fuera indirectamente (a través de una traduccidn), en ella, * En ambos puntos hay excepciones. J. Jeremias, ZNW 50 (1959) 270-274, defiende que la lengua materna del evangelio fue el arameo y su lengua litérgica el hebreo, Que el evangelista no fue un judfo lo defiende Strecker, Weg, 34. CE, también P, Nepper-Christensen, Das Matthdusevangelium - ein juden-christliches Evangelium? (Aathus University 1958), y K. W. Clark, JBL 66 (1947) 165-172, * Se opina que Mateo escribié antes de la época (ca. 110) de Ignacio de Antio- quia, el cual conocia la tradicién mateana, *Davies, Setting, 2758s; J. L. Martyn, History and Theology in the Fourth Gospel (Nueva York 1968) 31ss. E] cuarto evangelio fue escrito después de este hecho (Jn 9,22); es més dificil estar seguros acerca de Mateo. *R, Hummel, Die Auseinandersetzung zwischen Kirche und Judentum in Matthdusevangelium (BET 33; Munich 71966). El y otros sugieren que Mateo se encontré envuelto también en otra polémica: contra los judeocristianos antinomistas, © que despreciaban Ia ley. EL EVANGELIO DE MATEO 41 Esto aparece en el tono apologético de la cristologfa de los relatos de la infancia con su énfasis en la genealogia de Jestis como hijo de David y su afirmacién de que nacié en Belén, De hecho, como veremos en pp. 94s, hay probablemente un indicio de polémica en la manera en que el evangelista cita la Escritura. Pero no es la apologética lo que predomina en el Evangelio de Mateo, que es ante todo una instruccién y exhortacién dirigida a una comunidad ctistiana compuesta de judios y gentiles para instruirla y confirmarla en su fe’, Mateo pone de relieve que Jestis dirigié su ministerio sdlo a Istael (10,5-6; 15,24); pero el Cristo resucitado envid a los suyos a que hicieran discfpulos entre los gentiles (28,18)®, Esto es algo més que un recuerdo de lo que habia sucedido alrededor del afio 30: es un andlisis del procedimiento que la evangelizacién habia seguido desde entonces. Una comunidad cristiana, judia al principio, habia visto venir a la fe a un ntimero cada vez mayor de gentiles; y con el rechazo de los cristianos por parte de la sinagoga parecia ahora como si el reino se les quitara y se diera a una «nacién» que produjera fruto (21,43). En esta situaci6n de comunidad mixta °, Mateo esté interesado en demostrar que Jestis ha tenido siempre un significado tanto para los judios como pata ios gentiles. (Y en ningiin lugar lo hace més consecuentemente que en el relato de Ia infancia). Tal reconstruccién de la situacién de Mateo ha Ilevado a los estudiosos a localizar al autor y a su comunidad en Siria ®, lugar cercano a Palestina, donde habria muchos judios de lengua griega y también gentiles, donde habria una fuerte presencia de la sinagoga y donde se podria encontrar un escriba convertido que escribiera en gtiego y conociese el hebreo. Otros factores que contribuyen a su loca- lizacién en Siria son la importancia de Pedro en este evangelio (Gél 2,11 sitéa a Pedro en Antioquia de Siria), algunas semejanzas muy marcadas entre Mateo y la Didajé (que se supone escrita en Siria) y un conoci- miento de la ‘tradicién de Mateo por Ignacio de Antioquia. Un iiltimo detalle introductorio es que el evangelista se muestra sis- tematico y buen organizador, reuniendo en unidades tematicas un mate- 7 Aunque la epologética tuviera una intencién catequética: no se pretendia en primer lugar convertir 0 convencer a las hostiles autoridades fariseas, sino propor- vionar atgumentos probatorios y defensivos a los judeocristianos que se habifan visto bombardeados por los argumentos judios contra Jest * Cf, J, P. Meier, CBQ 37 (1975) 204-207; D. R. A. Hare y D, J, Harrington, thid., 359-369; J. P. Meier, CBQ 39 (1977) 94-102. *” Muchos especialistas admiten que la comunidad de Mateo constaba de judfos v gentiles; pero algunos, como Trilling y Strecker, piensan que no habfan legado 11 la comunidad en el mismo perfodo. Atribuyen el mayor interés judio de Mateo a tun estadio muy temprano en la transmisién del evangelio y en la vida de la comu- nidad, y el interés por lo gentil a una época posterior (que coincidié con el periodo «lel evangelista). : "Con frecuencia se ha sugerido Antioquia; pero B. W, Bacon ha defendido von ardor el este de Sitia, tesis que explicarfa ‘por qué los primeros en aceptar a Jestis (los magos) Iegan de Oriente, Goulder, Midrash, 12ss, defiende con ardor «ne Mateo es un esctiba de una pequefia ciudad de aquella regién. 42 EL RELATO DE LA INFANCIA EN MATEO rial que estaba diseminado. Su intencién era instruir a su comunidad acerca del reino de los cielos, y su sentido de la organizacién hace que este evangelio sea el mds adecuado de los cuatro para servir de texto catequético. Al comprobar su organizacién, algunos estudiosos han en- contrado en los capitulos 3-25 cinco «libros», cada uno de los cuales termina con un estribillo en el que se dice que Jestis ha terminado de hablar (7,28; 11,1; 13,53; 19,1; 26,1). En estos cinco libros se ha querido ver un Pentateuco cristiano basado en una tipologia entre Cristo y Moisés. En concreto, el sermén de la montafia y las bienaventuranzas se han comparado con la escena de Moisés en el Sinai y los diez man- damientos. Esta teorfa tiene sus dificultades ", aunque contenga algunos elementos verdaderos. Es un trasfondo importante para la tesis que mencionaremos luego de que el relato mateano de la infancia describe deliberadamente el nacimiento de Jestis con la mirada puesta en el naci- miento de Moisés y de que hay cinco episodios del relato de la infancia centrados alrededor de cinco citas de cumplimiento. II, EL RELATO MATEANO DE LA INFANCIA Ahora nos interesan dos problemas: la relacién externa de Mt 1-2 con el resto del evangelio y la estructura u organizacién interna de Mt 1-2. 1. Relacién de Mt 1-2 con el resto del evangelio En Ia introduccién hemos visto que los relatos de la infancia tuvieron un origen y una transmisién distintos de los relatos sobre el ministerio, la muerte y la resurreccién de Jestis. Sin embarg , fue el mismo evan- gelista quien unié los dos bloques de material”, ¢Cémo Ilevé a cabo esta unin? La hipdtesis més obvia es que ya desde el principio tenfa en la mente el material de la infancia y que, por tanto, comenzé escri- biendo en 1,1 y continud con el relato del ministerio. Pero, puesto que seguimos la hipdtesis mayoritaria de que Mateo se inspiré en el Evan- gelio de Marcos, que comenzaba con el bautismo y el ministerio, no es concebible que Mateo planeara al principio un evangelio con el mismo trazado general que Marcos y que sdlo més tarde se le hubiera ocurrido anteponer el relato de la infancia. Vamos a sopesar estas dos posibili- dades. 4 E] mayor defensor de esta teorfa fue Bacon, quien, en sus Studies, siguid Ja pista de la tradicidn cristiana hasta Megar al origen de la exégesis, Le han hecho una severa critica Davies, Setting, y Kingsbury, Matthew. La semejanza general de estilo que hay enire el relato mateano de Ia infancia y el resto del evangelio cierra la posibilidad de que los dos primeros capitulos ertenezcan a otra mano. RELACION CON EL RESTO DEL EVANGELIO 43 Ciertamente, el relato de la infancia no es un cuerpo extrafio en el Evangelio de Mateo, porque tanto en el relato de la infancia como en el evangelio propiamente dicho se encuentran muchas muestras del mismo pensamiento ®. Por ejemplo, el sello mateano que tienen las citas ex- plicitas de la Escritura introducidas con una formula que recalca su cumplimiento (citas de reflexién), se encuentra en los dos cuetpos de material (cf. cuadro 5). Pero cuando vamos més alld de las semejanzas generales de estilo y pensamiento tropezamos con dificultades. El evan- gelio propiamente dicho nunca alude a los datos del relato de la infan- cia, por ejemplo, al nacimiento en Belén, al revuelo especial causado pot ese nacimiento cuando los magos vinieron a Jerusalén o incluso a la concepcién virginal ". Nadie, durante el ministetio, parece haber apro- vechado las intuiciones teoldégicas que se revelaron en fa concepcidn € infancia de Jestis. Si se hubieran perdido los dos primeros capitulos y el Evangelio de Mateo hubiera legado hasta nosotros comenzando en 3,15, nadie habria sospechado Ia existencia de los capitulos desapa- recidos. Si el titulo de 1,1, «libro del nacimiento de Jesucristo», se reficre a los capftulos 1-2, se puede entender como titulo de una obra distinta © independiente. Pero, en mi opinién, esas dificultades afectan més al origen tinico de los materiales de Ia infancia que al proceso de composicién de Mateo; y hay otros factores que ligan estrechamente los caps. 1-2 a lo que sigue y apuntan a una composicién unitaria. De hecho, se ha propuesto, no sin fundamento, que 4,17, y no 3,1, constituye el comienzo de una nueva seccién en el plan del Evangelio de Matco, de modo que la sec- cién primera irfa desde 1,1 hasta 4,16. El tema geogréfico del cap. 2, que va desde Belén (2,1) hasta Nazaret (2,23), continuarfa en ese caso desde Nazaret hasta Cafarnaiin (4,13); y Cafarnatin serfa el centro del ministerio propiamente dicho, que se abre en 4,17 con estas palabras: «Desde entonces comenz6 Jestis a proclamar». El empleo de citas de ® CE, Racette, L’Evangile 77-78, donde se presenta una lista de temas comunes; pero se afiade que, al parecer, el evangelista acttia con més libertad de composicién en el relato de la’ infancia que en el resto del evangelio. * Se esperaria encontrar alguna noticia sobre estos hechos en Mt 13,53-58, donde los nazarenos que conocen a Jess y a su familia dan muestras de no saber nada sobre su grandeza. Mt 13,35 s¢ refiere a Jestis como (unde); un capitulo centrado alrededor de localidades (Belén, Egipto, Ramé) que oftece un itinerario geogréfico-teolégico. Este esquema da razén de los puntos 6), d) y f), pero no de los puntos a), ¢) y e). Las dos estructuras tienen, por tanto, sus ventajas y sus inconvenien- tes. Como veremos, esta situacidn refleja en parte Ia historia de la com- posicién del relato mateano de la infancia. En mi opinién, Mateo ha incorporado al relato definitivo diversas clases de materiales: listas de nombres de patriarcas y reyes y un Arbol genealdgico mesinico; un anuncio del nacimiento del Mesfas, calcado sobre los anuncios vetero- icstamentarios de nacimiento; un relato de nacimiento que implica a José y al nifio Jestis, calcado sobre el patriarca José y Jas leyendas rela- tivas al nacimiento de Moisés; un relato sobre los magos y Ia estrella, inspirada en el mago Baladn, que vino de Oriente y vio la estrella davi- lica que surgiria de Jacob; finalmente, algunas citas de la Escritura, cscogidas cuidadosamente. (Todo esto serd estudiado en el comentario). Algunos de esos materiales tenfan su propia estructura y organizacién {por ejemplo, la secuencia de apariciones angélicas en suefios incluidas on el telato del nacimiento, Ia cual se inspira en el patriatca José y en Moisés), esquema que no ha desaparecido totalmente en el producto tinal, Asi, algunos de los rasgos antes sefialados, desde el punto a) hasta el #), son realmente anteriores a Mateo. Por otro lado, la dificultad de detectar una estructura se debe a que «n Mateo se entrelazan los conceptos. El andlisis que hace Stendahl de los temas (que amplificaré después) es verdadero si se tiene en cuenta jue Tos nombres geogréficos del cap. 2 contintian el tema del «quién> del cap. 1: Jestis nace en Belén porque es hijo de David, va a Ja «Ga- lilea de los gentiles» (4,15) porque es hijo de Abrahén, por quien «todas lus naciones de Ia tierra se bendecirén a sf mismas» (Gn 22,18). Ade- infs, mediante Ja concepcién virginal por obra del Espfritu Santo (1, 18-25), se ha revelado que Jestis es el Hijo de Dios; y el cap. 2 vuelve 1 contar la proclamacién de todo eso a través de la estrella y de la Es- vritura, asi como Ia doble reaccién de fe/adoracién (magos que son gen- tiles) y de rechazo/persecucién (Herodes, «todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo», «toda Jerusalén»). Ninguna estructura puede lucer justicia por si sola a todos estos motivos. 48 EL RELATO DE LA INFANCIA EN MATEO Sin embargo, una ampliacién de la férmula de Stendahl * nos per- mite ir m4s al fondo del problema: no simplemente quis et unde, sino quis et quomodo, ubi et unde (quién, cémo, dénde, de dénde): 11-17: El quis (quién) de la identidad de Jestis como hijo de David, hijo de Abrahén, queda claro por sus antepasados; este doble motivo responde al cardcter mixto de la comunidad de Mateo, judfa y gentil. Se mencionan algunas mujeres del AT para preparar Ja accién del Espt- ritu por medio de Marfa: «de la que nacié Jestis, Ilamado el Cristo». 1,18-25: El quomodo (cémo) de la identidad de Jestis: es descen- diente de David no por generacién fisica, sino porque José, descendiente de David, acepté a un nifio concebido por obra del Espiritu Santo. Esta concepcidn clarifica mds el guis de la identidad de Jestis: es el Hijo de Dios, Enmanuel. 2,1-12: El ubi (dénde) del nacimiento de Jestis, en Belén, recalca su identidad como hijo de David. La paradoja de que unos gentiles (los magos) reaccionen ante este nacimiento creyendo y adorando empieza a explicar cémo Jestis actuaté como hijo de Abrahdn *. 2,13-23: El unde (de dénde) del destino de Jess se pone en mo- vimiento por Ia hostil reaccién de Herodes y de las autoridades judias ”. Jesiis revive providencialmente las experiencias de Moisés en Egipto y de Israel en el éxodo. Es Ilevado lejos de Belén, la ciudad del rey de los judfos, a la Galilea de los gentiles; y el fijar su residencia en Nazaret da el toque final a su identidad y destino, porque comenzaré su ministerio como Jestis el Nazareno (4,13). En el comentario que sigue intentaré descubtir Ia riqueza de pen- samiento que no he hecho més que apuntar en este breve esbozo. ® Debo Ia idea de duplicar Ia f6rmula de Stendahl a A, Paul, L’Evangile, 96; he puesto en latin, adapténdola, su sugerencia de que el gui et d’oi de Stendahl necesita un comment y un quand, Sobre las dificultades que encuentro en seguit el esbozo que e] mismo Paul desarrolla, cf. pp. 179ss. +P. J. Thompson, Infancy, 219, ve el tema del hijo de David en Ja persecucién de Jestis por un rey (= persecucién de David por Sail) y en Ia proteccién que en- cuentra Jestis en un pais extranjero (= huida de David a Filistea). El tema de hijo de “Abrahén lo encuentra también en la huida de Jess a Egipto, porque Abrahén encontrs refugio en Egipto, si bien Issac no se quedé allf (Gn 26,2). Las conexiones son ingeniosas, pero no tenemos Ia menor prueba de que Mateo las pretendiera. 2°CE. nota sobre «los que intentaban acabar con el nifio» en 2,20. BIBLIOGRAFIA SOBRE EL RELATO DE MATEO ‘Aqui se retinen obras sobre el conjunto de Mt 1-2; cf, también el material relative a Mateo en la bibliograffa general de pp. 34s. Allen, W.C.: A Critical and Exegetical Commentary on the Gospel according to S. Matthew (ICC; Nueva York, Scribner’s, 1907) espec. 1-22. Bacon, B. W.: Studies in Matthew (Nueva York, Holt, 1930) espec. 145-164. Bonnard, P.: Evangelio segdn san Mateo (Madrid, Ed. Cristiandad, 1976) espec. 25-50. Bornkamm, G., con G, Barth y H, H. Held: Tradition and Interpretation in Matthew (Filadelfia, Westminster, 1963). 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Abrahdn engendré a Isaac, Isaac engendré a Jacob, Jacob engendré a Judd y sus hermanos, 2 Juda engendrd, de Tamar *, a Fares y Zara, Fares engendré a Esrén, Esrén engendré a Ardn, * Arén engendré a Aminadab, Aminadab engendré a Naasén, Naasén engendré a Salmén, 5 Salmén engendré, de Rajab, a Booz, Booz engendré, de Rut, a Obed, Obed engendré a Jesé, ° Jesé engendré al rey David. David engendré, de la que fue mujer de Urias, a Salomén, 7 Salomén engendré a Robodn, Robodn engendré a Abias, Abjas engendré a Asaf, ® Asaf engendré a Josafat, Josafat engendré a Jordan, Jordan engendré a Ozias, ° Ozias engendré a Joatén, Joatdén engendrd a Acaz, ‘Acaz engendré a Ezequias, Fzequias engendré a Manasés, Manasés engendré a Amés, 52 LA GENEALOGIA DE JESUS Amés engrendré a Josias, ™ Josias engendrd a Jeconfas y a sus hermanos, cuando Ja deportacién a Babilonia. 2 Después de la deportacién a Babilonia, Jeconfas engendrd a Salatiel, Salatiel engendré a Zorobabel, 8 Zorobabel engendré a Abiud, ‘Abiud engendré a Eliacin, Eliacin engendré a Azor, * Azor engendré a Sadoc, Sadoc engendré a Aquin, Aquin engendré a Eliud, Bliud engendré a Eleazar, Eleazar engendré a Matén, Matdn engendré a Jacob %®y Jacob engendré a José, el esposo de Maria, de la que fue engendrado Jestis, llamado Cristo. ™ Por tanto, las generaciones desde Abrahén a David fueron en total catorce; desde David hasta la deportacién, catorce, y desde la deportacién a Babilonia hasta el Mesias, catorce. NOTAS 1,1, Libro del nacimiento. Literalmente «libro de la génesisy, Una tra- duccién més exacta de la palabra griega genesis puede ser aqui «genealégicon; pero esta misma palabra en 1,18 significa «nacimiento», y traducirla de manera diferente en los dos sitios seria destruir 1a relacién que pretendié Mateo entre 1,1-17 y 18-25. Genesis nos suministra el leil-motiv del pasaje: Ia forma verbal egennésen (de gennan, «engendrar, ser padre de») se emplea a Io largo de Ia lista, y el nombre genea, «generacidn», aparece en el resumen final de 1,17. Algunos entienden «libro» en sentido estricto, pensando que 1,1 es un titulo que abarca los dos primeros capitulos e incluso todo el evangelio, Peto, por lo general, se piensa que biblos geneséos refieja las palabras hebreas séper tolkdét (0 toledot, «generaciones»), titulo que Gn 5,1 da a una lista genealégica. Otros relacionan biblos geneséos con la formula rabinica séper yab'sin (alibro de relatos de familia —genealégicos—»). Sea cual fuere el trasfondo que se proponga, no es probable que Mateo quiera con su titulo abarcar algo més que la gencalogia (1,2-17), incluyendo 1,18-25 si esta seccién se considera como explicacién de 1,16. El empleo de genesis en 1,18 muestra que Mateo esta pensando aqui en el nacimiento de Jess, Querer que el término abarque todo el evangelio, que entonces habria que entender como «libro de Jos origenes de Jesucristo», es caprichoso. de Jesiis, Otto punto que defiende la teorfa que acabamos de rechazar es que hay que entender «Jestis» como genitivo subjetivo: «libro de la gé nesis (nueva creacién) Hevada a cabo por Jestis». (Se plantea un problema similar con Ja traduccién del genitivo «Jesucristo» que se encuentra en el tftulo de Mc 1,1). Otra vez debo decir que esto es arbitrario, puesto que sigue inmediatamente una genealogia en la que Jestis no es sujeto, sino objeto. Cf, el estudio de Davies, Setting, 70. Cristo. En el relato de Ja infancia, Mateo emplea la palabra Christos cinco veces, pero es imposible darle en todos los lugares Ia misma traduc- cién, En 2,4, precedida de un articulo determinado, conserva su sentido ori- ginal como traduccién del arameo m‘Sih?, «el Mesias» o «el ungido», es decir, el rey ungido de la casa de David. Ese significado podria darscle tam- bién en 1,16 («Jesiis, Hamado el Christos») y en 1,17 («desde la deportacin a Babilonia hasta el’ Christos»). Pero estos versiculos se estén refitiendo al v. 1, donde hay que traducir «Cristo», porque lo que en un principio fue } un titulo Hegé a ser tan apropiado pata Jests que vino a formar parte de su nombre, «Jestis el Mesias» se convirtié en «Jestis el Cristo», y luego en «Jesuctiston, Solamente aqui (1,1) y en 1,18 (cf, nota correspondiente) apa- rece el nombre «Jesucristo» en el Evangelio de Mateo. hijo de David, hijo de Abrahén, Dado que Mateo coloca «hijo de David» antes que «hijo de Abrahdny, se ha pensado que quiso dar més énfasis a los origenes davidicos de Jestis, Sin embargo, el orden es légico: el hecho de que el nombre de Abrahin esté el iiltimo én el titulo le permite introducirlo al comienzo del relato genealégico que comenzaré con Abrahin. David esti situado en el centro, tanto en 1,1 (Jesucristo/David/Abrahdn) como en 1,17 (Abrahin/David/Jesucristo), formando una inclusién. Puede ser que Mateo esté més interesado por Jestis como descendiente de David que como des- cendiente de Abrahdn, pero no se puede deducir s6lo del orden de 1,1. 54 LA GENEALOGIA DE JESUS 2, fue el padre de, Egennésen, significa literalmente «engendrd». La férmula «A engendré a B, B engendré a C» es un esquema que se encuentra en las genealogias del AT; cf, especialmente Rut 4,18-22 y 1 Cr 2,10-15, que son las genealogias del AT mds préximas a la seccién’ predavidica del relato de Mateo. Pero en la genealogia posdavidica de 1 Cr 3,10ss se emplea otra férmula: «Los hijos (= descendientes) de Salomén: Robodn, su hijo Abias, su hijo Asd...». Mateo, desde el principio hasta cl fin, mantiene la férmula «A engendré a B). 3. Fares engendré a Esrén, Si en el AT hay relatos referentes a los cuatro primeros nombres de la lista de Mateo (Abrahén, Isaac, Jacob, Jud4), no los hay con respecto a los nombres que figuran entre Judd y Booz. Para éstos, la autoridad del AT consiste en las listas genealdgicas que se encuen- tran en Rut 4,18-22 y 1 Cr 2,5ss. Arén. En los nombres de esta lista no he transcrito las formas griegas de Mateo, sino que he conservado la forma que tienen los nombres en el AT. Aqui, sin’ embargo, conservo la variante de Mateo en vez de «Ram», nombre que dan al hijo de Esrén el TM de Rut 4,19 y 1 Cr 2,9. Los LXX en Rut dicen «Arrén», mientras que en 1 Cr sefialan dos hijos de Esrén: «Ram» y «Aram»; pero quien engendré a Aminadab fue Ardn (2,10). Es posible que los LXX tradujeran un texto hebreo distinto al que conocemos por el TM y que Mateo empleara ese texto hebreo diferente, pero ya veremos que hay otras razones pata pensar que Ia lista de Mateo tuvo a la vista un texto gtiezo y no hebreo. Eston, padre de Ardn, est relacionado en el AT (Gn 46,12) con el pe- riodo de José y la bajada a Egipto; Aminadab, el hijo de Aran, esté rela- cionado (Nm 1,7) con Moisés y las etapas del desierto posteriores al éxodo. ‘As{, Mateo sefiala sélo un nombre, Arn (no mencionado en el Pentateuco), y solo dos genetaciones para un periodo que tradicionalmente (y quiz de hecho) duré ‘unos cuatrocientos afios (Gn 15,13; Ex 12,40), Probablemente, la hetencia genealégica en que se inspira Mateo se ha visto influida por una tradicién biblica que difiere en cuanto a la duracién de Ja estancia en Egipto, por ejemplo, Gn 15,16: «Y a la cuarta generacién volverdn». 4. Aminadab engendré a Naasén, Németos (2,3; 7,12) habla de Naasén como de un jefe de la tribu de Judé durante las etapas del desierto y lo describe ofteciendo sacrificios en el taberndculo. Ex 6,23 nos dice que su hermana Isabel (hija de Aminadab) se casé con Aarén, el sumo sacerdote levitico. Tanto en Mateo como en Lucas encontraremos una mezcla intere- sante de Judd y Levi en los antepasados de Jestis. 5. Salmon engendré, de Rajab, a Booz, Aunque Salmén (0 Salma) es nombrado como padre de Booz en las genealogias de Rut 4,21 y 1 Cr 2,11, su nombre nunca aparece en la parte narrativa de la Biblia. La afirmacién de que Booz fue hijo de Rajab (Rachab en la ortograffa de Mateo) no tiene ningtin otro soporte biblico, y es curioso porque la famosa Rajab (Raab en la ortograffa de LXX) vivid'en el tiempo de la conquista, casi dos siglos antes que Booz, A pesar de la diferencia ortogréfica, es casi seguro que Mateo se refiere a la Rajab de la conquista. Seguin la tradicién rabinica, se casé con Josué. NOTAS A MT 11-17 35 7. Asaf. Esta es Ia lectura mejor atestiguada, Algunos copistas posterio- res advirtieron que el relato de Mateo habia confundido al salmista Asaf (titulo de Sal 50,73-83; 1 Cr 16,5-37; 2 Cr 29,30) con el rey Asd de Judé (1 Re 15,9); por eso cambiaron el texto y pusieron Asé, lectura cortiente en la tradicién griega bizantina y en las versiones latina y sirfaca. Cf, note sobre Amén en el v. 10. 8. _Jordn engendré a Ozias. En esta frase encontramos la primera omisién en la lista mateana de reyes davidicos. Tres reyes, tres generaciones y unos sesenta afios separaron a los reyes Jordn y Ozias. La lista completa tendria esta secuencia: Jorén, Ocozias, Jods, Amasias y Ozfas (cf. cuadro 3). Esta omisién se estudiard en el comentario, En algunos casos conocemos el nombre de nacimiento y el de reinado de los reyes de Juda; en este caso el nombre de nacimiento cra Azarias, y Ozias el de reinado. 10, Amés. Tenemos un problema semejante al del v. 7 con Asaf/Asé. Copistas tardios creyeron que la lista de Mateo habfa confundido al profeta Amés con el rey Ammén de Juda (2 Re 21,19), y por eso pusicron en el texto Amén, Algunos comentaristas atribuirian a Mateo las lecturas «Asd> y «Amén», histéricamente correctas, y echarfan la culpa de la confusién «Asaf» y «Amés» a los copistas. El querer exonerar a Mateo de error puede obedecer tuna teoria de Ja inspiracién o a una sobreestimacién del conocimiento que Mateo tenfa de la Escritura (Bornhiuser, Kindbeitsgeschichte, 12). En 21.9 Mateo atribuye a Jeremfas una cita que es de Zacarias; y en 23,35 confunde al profeta Zacarfas, hijo de Baraquias, con otro Zacarias al que mataron en el templo tres siglos antes (2 Cr 24,20-22). Otros comentaristas admiten que fue Mateo quien escribié «Asaf» y «Amés», pero que lo hizo deliberada- mente para poner en los antepasados de Jestis rasgos de sabiduria y profe- tismo, Esta opinién es demasiado imaginaria para una lista de reyes davi- icos. 11. Jostas engendré a Jecontas y a sus hermanos. Aqui Mateo prefiere cl nombie de nacimiento al de reinado, al contratio que en el v. 8 con Azarias/Ozias, y pone a Jeconias en vez de Joaquin, Este dato implica la segunda omisién en la lista mateana de los reyes davidicos. Histéricamente, fosias fue abuelo de Jeconias, quien, por lo que sabemos, sélo tuvo un her- mano. La lista serfa correcta si Matco dijera: «Josfas engendré a Joaquim v a sus hermanos cuando la deportacién a Babilonia»; porque Joaquim, hijo de Josfas, tuvo dos hermanos (Joacaz II y Sedecfas; cf. cuadro 3), que también fueron reyes, Es cierto que Sedecfas reiné precisamente «cuando la deportacién a Babilonia», porque estaba reinando cuando comenzé Ia se- xunda deportacién a Babilonia el afio 587 a. C. Pero Mateo confundié a Jeconfas (Joaquin), el nieto de Josias, con Joaquim, el hijo de Josfas, y de ese modo omitié una generacidn, Estudiaremos esta omisién en el comentario. 12. Salatiel engendré a Zorobabel. Que Zorobabel fue hijo de Salatiel, primogénito de Jeconias, se afirma en Esd 3,2.8; 5,2; Neh 12,1; Ag 1,1.12.14; 2,2.23; y en 1 Cr 3,19 de los LXX. Pero el texto masorético de 1’ Cr 3,19 ‘lice que Zorobabel fue hijo de Fedayas, quien era hermano de Salatiel y tercer hijo del rey Jeconias. Zorobabel, que en 520-515 a. C. trabajé activamente en la reconstruccién del templo después del destierro de Babi- 56 LA GENEALOGIA DE JESUS lonia, parece que fue nombrado pebab 0 gobernador de Juda por el rey persa. Se convirtié en el foco de las esperanzas mesidnicas davidicas en el perfodo que siguié al destierto; por eso se encuentra en ambas listas, de Mateo y de Lucas, de antepasados de Jess. Es la iiltima persona del relato de Mateo sobre la que nos da algdn’dato el AT. 13. Zorobabel engendrd a Abiud. Este no aparece en la lista de ocho hijos de Zorobabel que recoge 1 Cr 3,19-20. 16. Jacob engendré a José, el esposo de Marta, de la que fue engendrado Jests, Hamado Cristo, En la ‘iltima frase se puede traducir «llamado el ‘Mesfas», peto probablemente Mateo se quiere teferir al «Jesucristo» de 1,1 (cf. nota). En cuanto al «fue engendradon, la forma griega egennéthe (gen- nan) es ambigua cuando se aplica a una mujer encinta, porque puede signi- ficar «fue engendrado» o «nacié, dos etapas sucesivas en el proceso genera- tivo. En 1,20 la forma to gennethen se reliere al nifio engendrado en el vientre de Maria, mientras que fou gennethentos, de 2,1, se refiere al nifio que ha nacido ya. Puesto que en el resto de la genealogia gennan significa ; nétese la violencia de la lectura B, Tal dificultad pudo evar al traductor de Ia Sirfaca Sinaftica a una ulterior modificacién que dio lugar a la lectura C, a cual, a la vez que presetva la vitginidad de Marfa, emplea Ia {6rmula, constante en la gencalogia, «José engendré a Jestis». Como he sefialado en ABJ IT, 821, el traductor de Ja Siriaca Sina‘tica tenia tal libertad de espiritu gue no’ dudé en introducir importantes «mejoras» en la tradicién textual que Ie legé. Como semita que era, pudo entender «José engendré a Jestis» no en sentido carnal, lo cual estarfa en contradiccién con el énfasis que pone Mateo en 1,18-25, sino en términos de paternidad legal (es decir, si un hombre acepta a un nifio como hijo suyo, se convierte en su padre, Cf, el estudio del matrimonio segin la ley del levirato en el apéndice 1). COMENTARIO * Para el lector moderno hay pocas cosas en la Biblia con menor sig- nificado que las frecuentes listas de descendientes 0 antepasados. Los que leen Ia Biblia desde el principio hasta el fin suelen adoptar un cri- terio bastante eldstico cuando Ilegan a los nueve primeros capitulos de 1 Cr. Las genealogias se convierten a veces en objeto de un humor escabroso: una vez que Addn y Eva comieron del manzano, «comenzaron a engendrar», Incluso en circulos cientificos, la investigacién genea- légica conocié tiempos diffciles cuando Wellhausen demostré que las listas de nombres del Pentateuco pertenecian, por lo general, a su ultimo estrato y carecian de valor como fuentes para la historia antigua israelita, Pero ahora, al resurgir el interés por otros factores biblicos dis- tintos al histérico, ha cobrado nueva vida el estudio de las genealogias biblicas'. Los recientes trabajos de M. D. Johnson (Purpose) y de R. R. Wilson (Genealogy) demuestran que ios nuevos estudios sobre las genealogias del AT tienen repercuciones en los relatos del nacimiento de Jestis. Quizé lo més importante cs reconocer que las genealogias se emplean con finalidades diferentes* y que a un mismo individuo se le pueden sefialar dos o més genealogias diferentes segtin sea lo que se quiere indicar con ellas. Sélo muy raramente las antiguas genealogias semiticas nos proporcionan una lista de antepasados segiin la carne. Lo cual no significa que sean necesariamente erréneas, ya que Ia intencién de los que las conservaron no era estrictamente biolégica. Con demasiada frecuencia se han lefdo las genealogias de Jestis con el mismo criterio con que se lee la lista de abuelos y tatarabuelos que constituyen la gloria de un Arbol genealdgico. * En el prélogo manifestaba mi propésito de que el Comentario a cada escena evangélica fuera inteligible al lector medio, Quiza deberia advertir a ese lector que esta seccién de Ta genealogla de Jess es, por razén do la materia, Ia més dif] le todas. ' Un factor importante ha sido 1a publicacién de la gencalogia de la dinastia de Hammurabi, por J. J. Finkelstein, en 1966 y la valoracién de Ia misma por A. Malamat, EI impacto de este hallazgo ha sido muy bien resumido por R. R. Wil- son, OT Genealogies, 171-178. La «nueva» investigacién genealégica comprende una cuidadosa comparacién entre las modernas genealogias orales y las antiguas genealogias semiticas escritas, una distincién entre genealogias que existian inde- pendientemente y otras que se configuraron como parte de un relato anejo, asi como tun anflisis de las diferencias que hay entre una genealogia lineal (descendencia directa) y una genealogia segmentada (tamas laterales). Segtin la definicién préctica dle Wilson, una genealogla consiste en una expresién oral o escrita de la descen- encia de un individuo a partir de un antepasado, enumerando las personas inter- medias. Puede adoptar forma de relato o de lista ? Wilson, OT Genealogies, 180-181, clasifica los émbitos sociales a que respon- den las genealogias orales en’ domésticos (cuando se centran cn la familia, la eco- tiomfa o las relaciones geogréticas), polftico-juridicos (cuando se refieren a'los que than desempefiado un cargo hereditario) y religiosos (cuando afectan a un ministerio cultual), 60 LA GENEALOGIA DE JESUS Veamos cémo las genealogias biblicas tienen diversas funciones *. El interés por los antepasados refleja los origenes tribales de Israel, donde quien puede probar su identidad como miembro de la tribu tiene un pasaporte de supervivencia: la tribu cuida de sus miembros *. Ade- mas de determinar la identidad, las genealogias biblicas se emplean a veces para definir el status, especialmente cuando se trata del rey y del sacerdote, en los que el linaje cuenta mucho (cf. Esd 2,62-63; Neh 7, 64-65). Los paralelos més proximos a la genealogia mateana de Jestis, el rey ungido (Mesias), se encuentran en las genealogias del Pentateuco y en las del Cronista, es decir, en genealogias cuya finalidad primordial es estructurar la historia en épocas y legitimar una Iinea de funcionarios (cultuales), En otro aspecto, las genealogias pueden relacionarse con el concepto biblico de personalidad colectiva: si se considera que algo del antepasado reaparece en el descendiente, la propia genealogia refleja su cardcter, personalidad o rasgos. Con esto se relaciona la tendencia a nartar hazafias de famosos antepasados o descendientes dentro del marco de la genealogia, de modo que la historia se convierte en expli- cacién de una genealogia (cf. Gn 10)°. Dado este trasfondo, serfa realmente extrafio que el NT no nos presentara una genealogia de Jestis como medio para explicar su signi- ficado. (En una religién hermana, cl Islam, hay intentos parecidos de rastrear los antepasados de Mahoma entre veintidés y treinta genera- ciones. Lucas va incluso desde Jestis hasta Dios a través de Addn) *. Mas adelante estudiaremos detalladamente las diferencias que hay entre las dos genealogias del NT, diferencias que no cuentan con una analogia + Johnson, Purpose, representa un intento de relieve en el anélisis de estas fun- cioness un buen resumen critico nos lo ofrece Wilson en OT Genealogies, 172-173. *Deberfamos afiadir que en una sociedad donde la persona recibe un solo nombre es necesario mencionar al padre o al abuelo para distinguirlo de sus homé- nimos. En Palestina distinguirian a Jess de sus homénimos lamandole Jesés de Nazaret. En Nazaret le distinguirian de otros homénimos del lugar Iaméndole Jestis (hijo) de José * Esta prictica continta en los tiempos modernos. Asi, la historia del beduino Tavamireh (descubridor de los manuscritos del Mar Muerto} se ha puesto por escrito pattiendo de leyendas tribales en forma de arbol genealégico (que abatcan diez generaciones) con interrupciones para incluir relatos sobre individuos. Cf. Couroyer, RB 58 (1951) 75-91. Sin embargo, Wilson, Genealogy, afirma que para enlazar tales relatos no se suelen crear genealogias, sino que se adaptan genealogias ya exis- tentes. * Scgiin Wilson, OT Genealogies, 179, las genealogias orales son muy limitadas en extensién (es decir, en el ntimero de generaciones consignadas). Una genealogia lineal (cf. nota 1) puede abarcar diecinueve genetaciones, mientras que una genes- ogia segmentada dificilmente va mds allé de diez a catorce generaciones, Mayor extensién alcanza una genealogia escrita: observacidn que hay que tener en cuenta al estudiar cémo la tetcera seccién de la genealogia de Mateo (donde aparecen nueve nombres de. personas no docamentados ‘en la Biblia) se relaciona con. Ia segunda seccién (los conocidos reyes davidicos de la historia de Jud), Segtin el estudio de Wilson, parece que las genealogias més largas son las que se proponen unir a una persona con un cargo u oficio, COMENTARIO A MY 1,1-17 6L adecuada en cl AT. Pero tenemos un precedente biblico de la diferente localizacién de las dos genealogias. En Mateo, la genealogia abre el relato sobre Jesiis, localizacién parecida a la secuencia de Gn 5-9, donde una genealogia sitve de introduccién al relato de Nog. De modo semejante, Ia genealogia de Gn 11,10-32 introduce a historia de Abrahén (capi- tulos 12ss). En Lucas, la genealogia (3,23-38) se sittia después del bau- tismo de Jestis ¢ inmediatamente antes de que comience su ministerio de proclamar el reino, localizacién parecida a la de la genealogia de las tribus y de Moisés, en Ex 6,14-25, que esté situada después de la voca- cién de Moisés ¢ inmediatamente antes de que comience su misién de liberar de Egipto a las tribus. I. PINALIDAD DE MATEO EN LA GENEALOGIA Por ahora vamos a centrar nuestra atencién en la genealogia de Matco, recurriendo, pata interpretarla, al trasfondo que nos ofrece el estudio de las genealogias del AT. 1, Observaciones generales Mateo comienza su obra con un titulo (1,1): «Libro del nacimiento (biblos geneseds: cf. nota) de Jesuctisto, hijo de David, hijo de Abrahén». Esta formula nos recuerda las utilizadas en Gn 2,4a; 5,1 y 6,97. La mas afin a Mt 1,1 es la de Gn 5,1: «Libro de la génesis (biblos genesed: hebreo, sepér tol'dét) de Adan», {Srmula que, como hemos visto, sirve de introduccién al relato de Noé®, lo mismo que la férmula de Mateo sirve de introduccién al relato de Jestis. Pero hay una diferencia impor- tante. La genealogia de Gn 5 va desde Adén hasta Noé, porque la ge- nealogia de Adan es de descendientes, mientras que la de Jestis es una 7 No es imposible que, al emplear Ja palabra genesis en el titulo, Mateo quiera evocar el primer libro de la Biblia griega, que constituye el mejor paralelo de ese titulo, La palabra genesis aparece unas diez veces en aquel libro; y tal vez ya en el siglo 1 d. C. fuera «Génesis» el titulo formal del libro entre las comunidades judias de lengua griega. (En hebreo se denominaba «En el principior, y Jn 1,1 jucga con el titulo hebreo) * En el relato de Nog, el titulo de Gn 6,9, «Estas son las generaciones de Noé>, viene después de haber sido introducido Noé y sirve de proemio al relato del diluvio. Hay dudas sobre el papel del titulo en Gn 2,4a: «Histas son las gene- raciones de los ciclos y de la tierra» (LXX: «Este es el relato del génesis [biblos geneseds] de los cielos y de la tierra»), Los intérpretes modernos lo unen a lo que precede (Gn 1,1-2,3), como un resumen del primer relato (sacerdotal) de la creacién, refiriendo las generaciones de los cielos y de la tierra al esquema numérico de los siete dias. Pero los LXX (y tal vez la opinién judia de tiempos de Mateo) parecen haber considerado 2,4a como una introduccién a lo que sigue, al segundo relato (yahvista) de la creacién, 62 LA GENEALOGIA DE JESUS genealogia de sus antepasados. En Ja historia cristiana de la salvacién no puede haber genealogia de descendientes de Jess porque en él la historia ha Hegado a su meta. Ademés de titular Ja lista de las generaciones que siguen (1,2-17), Mt 1,1, con su énfasis en «Jesucristo» y en «hijo de David» e «hijo de Abrahén», lama la atencién del lector sobre los temas bisicos del relato de la infancia. El nombre «Jesucristo» (cf, nota) une el titulo «Mesias» indivisiblemente a Jestis y es una buena preparacién para una genealogia y un relato que recalcarén que Jestis es el cumplimiento de Jas esperanzas mesidnicas judias’. La filiacién davidica serd el tema especial del primer capitulo de Mateo; porque el tema davidico no sélo est4 meridianamente claro en 1a genealogia®, sino que vuelve a aparecer en la revelacién angélica a José, a quien se Hama «hijo de David» (1,20). Es indispensable para Mateo que José, un descendiente de David, acepte a Jestis por hijo, El tema de «hijo de Abrahén» es més sutil. Como hemos visto, Matco esté muy interesado en justificar la Ilegada de un gran ni- mero de gentiles al cristianismo. En 8,11, al comentar la fe del centurién romano, Mateo recordard el dicho de Jestis: «Vendraén muchos de Orien- te y Occidente a sentarse a la mesa de Abrahén, Isaac y Jacob en el reino de Dios». En 3,9, donde se supone que los fariscos y saduccos dicen «Abrahan es nuestro padre», Jestis les advierte que Dios es capaz de suscitar nuevos hijos a Abrahén. Por tanto, para Mateo, la designacién de Jesiis como «hijo de Abrahén» puede indicar que él es la descen- dencia de Abrahén por quien «todas las naciones de la tierra se ben- decir4n» ", Esto se cumpliré en el segundo capitulo del relato de la ° La historia del mesianismo es compl En la historia israelita preexilica, cuando habfa un rey ungido de la casa de David (y, por tanto, mesfas) que reinaba en Jerusalén, las esperanzas de liberacién frente a enemigos o catéstrofes se depo- sitaban en ese monarca. Si cra malo, las esperanzas se desplazaban hacia su sucesor, como se ve claramente en Is 7, donde el profeta desespera del rey Acaz y pone sus esperanzas principe que pronto nacera (gel rey Ezequias?) tuando el destierro babilénico (587-539 a, C.) puso fin a la monarquia dav reinante, y cnando en cl primer perfodo posexilico se desvanecieron los suefios cen- trados en Zorobabel y en la descendencia davidica, las esperanzas que rodeaban a los reyes ungidos de la casa de David se desviaron hacia un rey ungido de un futuro indefinido, Asi nacié la esperanza en el Mesias, cl ungido supremo que liberarfa a Israel, Esta esperanza dejé ofr su voz en el siglo 1 a. C, en SalS] 17,23(21): «Sefior, suscitales su rey, el hijo de David, en el tiempo en que ti, Dios, veas que puede reinar sobre Israel tu siervo». ® Tncluso tal vez hasta el punto de que el esquema (basado en el mimeto catorce) en que esté organizada (1,17) refleje el valot numérico del nombre de David (cf. infra, nota 38). El titulo chijo de David» no aparece en el AT; pero el hecho de gue aparezca en los Salmos de Salomén (cf. nota anterior) refuctza el dato de Mc 10, 47 en el sentido de que cra un_titulo equivalente a «Mesias» en el siglo 1 d, C. (E. Lohse, TDNT, VIII, 481). Es la designacién mesiénica que usan con més fre- cuencia el Talmud y algunos midrases. Cf. apéndice II. VE} tema de la bendicién universal a través de Ia descendencia de Abrahin es frecuente en el Génesis (diecinueve veces), pero podemos considerar Gn 22,18 como un pasaje modelo, El significado del hebreo es que en la descendencia de Abrahdn se bendecirén las naciones de la tierra a si mismas 0 invocarén bendiciones sobre COMENTARIO A MT 1,1-17 63 infancia, cuando los magos (que se suponen claramente gentiles) vienen a rendir homenaje al rey de los judios. Esta relacién especial de Jestis con David y Abrahdn es una idea premateana, porque estd atestiguada en las cartas paulinas de los afios cincuenta (Rom 1,3; Gal 3,16)". Pero Mateo ha incorporado ambos temas a la genealogia, respectivamente, en 1,18-25 (hijo de David) y 2,1-12 (hijo de Abrahdn) para Ilegar a toda su comunidad, compuesta le cristianos procedentes del judaismo y del paganismo. Desde las pri- eras palabras del evangelio aparecen esos dos segmentos de fieles: jestis es el heredero de las promesas hechas a David y conservadas en | judafsmo; es también heredero de la amplia promesa de bendiciones que fue hecha a los gentiles a través de Abrahdn. Segtin Mateo, los dos antepasados (David y Abrahén) y su tltimo descendiente (Jests) son prueba del plan de Dios. Por tanto, Ia genealogia no es una muestra de la fecundidad bioldgica del hombre, sino una demostracién de la providencia de Dios. Aunque la férmula tipo «A engendré a B» (cf. nota sobre el v. 2) parece recalcar el papel del hombre ", en la mentalidad biblica «engendrar» no alude sdlo a la transferencia de vida fisica del padre al hijo. En el proceso de la generacién, que cumple el mandato de Dios de crecer, multiplicarse y dominar la tierra (Gn 1,28), se trans- mite la imagen de Dios conferida a Addn (es decir, a los humanos, hom- bres y mujeres) en Gn 1,27. Una genealogia, pues, refleja la realizacién del plan creador de Dios en una historia de salvacién. Mateo destaca ese plan providencial en 1,17, donde aclara que la genealogia del Mesfas se puede dividir en secciones de catorce genera- ciones cada una, cada una de las cuales desarrolla arménicamente una fran parte de la historia de la salvacién. En la primera seccién, pre- monérquica, que va de Abrahén a David, se nos muestra cémo el proceso selectivo de Dios dio lugar al linaje davidico. Jestis es hijo de Abrahén no a través de Ismael, el hijo mayor, sino a través de Isaac (Gn 16-17); es hijo de Isaac no a través del primogénito, Esati, sino a través de Jacob (Gn 27). De entre los doce hijos de Jacob, Jestis desciende de Judd, el cuarto hijo, porque a Judé se le prometié el cetro eterno (Gn 49,10). otras (es decir, quieren ser bendecidas como lo fue Abrahén), Sin embargo, la comprensién cristiana del texto, segiin se ve por Hch 3,25 y Gal 3,8.16, sigue Ia lectura de los LXX: «En tu descendencia serdn bendecidas todas las naciones de la strap. ® La combinacién concreta de David y Abrahan tuvo lugar probablemente en cl judaismo prectistiano, Johnson, Purpose, 149-151, alude a genealogias rabinicas «que ponen a David y Abrahén como puntos fundamentales. S. Cavalletti, «Studi ¢ materiali di storia e religione» 35 (1964) 251-265, sefiala la tendencia del judaismo posbiblico a hacer de Abrahdn una figura mesiénica a la que se podria aplicar Sal 110: un rey que resume la histotia de su. pueblo ® Algunos nacimientos de la genealogia fueron posibles gracias a 1a ayuda divi- na (Isaac, por ejemplo, nacié de la estéril Sara); como_veremos, la presencia de mujetes en la lista recalca el papel de la providencia, El énfasis en el papel del hombre, en particular del varén, es mucho menor de lo que parece indicar la f6rmula. 64 LA GENEALOGIA DE JESUS Pero Mateo no olvida a los hermanos de Judd, puesto que Jestis est4 ligado a todo Israel (las doce tribus) ", y, para simbolizarlo, lamard a doce discfpulos (Mt 10,1; 19,28). Dentro de la tribu de Judd, el cetro es confiado a la casa de David, y asf la primera seccién de los antepasados de Jestis llega a un final triunfante con «el rey David», que por la gracia de Dios suplanté a Sail. En la segunda seccidn de la genealogia, Mateo enumera a los reyes del linaje davidico que reinaron en Jerusalén. Esta seccidn monérquica termina con Jeconias, quien, a pesar del exilio babildnico, engendré un heredero y de ese modo hizo posible la super- vivencia del linaje davidico. La tiltima seccién de catorce generaciones conecta el fin de la monarquia con la aparicidn del ultimo rey ungido, el Mesias (Cristo) Jestis. El cuarto evangelio se vale de su prdlogo («en el principio») para hablar de la encarnacién de la Palabra eterna de Dios; Mateo se vale de su libro introductorio (biblos geneseds, «libro del nacimiento») para recalcar la insercién de Jesiis en un historia y en un pueblo. 2. Cémo compuso Mateo la genealogia Anticipando lo que espero poder probar mds adelante, pienso que puede ser ttil, al iniciar el estudio del relato del nacimiento (1,2-16), resumir el proceso que Mateo siguid para componerlo. Naturalmente, esto implica una opcidn entre las diversas hipdtesis que se han formulado. La primera pregunta que afecta a la composicién es si el evangelista compuso personalmente Ia genealogia o la copié de algtin predecesor. La respuesta a tal pregunta est4 intimamente ligada con el problema de si Mateo encontré ya forjada la estructura 3 X 14, mencionada en el v. 17, 0 la creé mediante omisiones deliberadas. Me inclino por una respuesta matizada: que Mateo utilizé dos listas ™ existentes en griego, “ Bombiuser, Kindheitsgeschichte, 10, trae una discusién sobre «hasta qué punto las tribus’ del reino del Norte tendrfan un puesto en la edad futuray, En esta perspectiva, la inclusién de las doce tribus de los hijos de Israel en Ap 7,48 es bastante significativa. * 1 Cr 3,17 dice sencillamente que es padre de Salatiel, pero habla leyendas rabinicas que hablaban del prodigio de haber engendrado un hijo estando en prisién (cf. Davis, Fulfillment, 530). * Aunque hablo de dos listas (una para el perfodo premondrquico, otra para el monérquico), es posible que ambas se unieran con anterioridad a Mateo. Lo que las une es el tftulo de 1,1: «hijo de David, hijo de Abrahény; pero el titulo podria representar el anélisis que hace Mateo de una lista ya unida. (Me parece poco raz0- nable la sugerencia de que la lista premateana tuviera por titulo «Jesuctisto, hijo de Abrahdn» y que Mateo afiadieta un esquema de 3 X 14 en el plan mesidnico de Dios. Este esquema numérico de la genealogia de Jesucristo seria una muestra de la misma perspectiva que aparece en las cinco citas de la Escritura esparcidas en las subsiguientes escenas del relato de Ja infancia, Cuatro de esas citas se introducen por medio de una férmula que indica que la escena de la infancia de Jestis tuvo lugar para cumplir la Escritura. Dios planed desde el principio y con precisién los orfgenes del Mesias. ” Pero hay que tener en cuenta que son catorce nombres, no catorce geneta- ciones, lo mismo que Mateo presenta catorce nombres en la primera seccidn, a pesar de que cuenta catorce generaciones en 1,17, Los hijos de Abrahén estén enu- ferados en 1 Cr 128; los de Isaac. en 1,34;"os de Israel (Jacob) en 2,1; los de Judd en 2,3; los de Fares en 2,5, y los de Estén en 2,9. En 2,10-12 hay ocho nom- bres consecutivos desde Ram hasta Jesé (unidos con ‘el mismo «engendrd a», £6r- mula que emplea Mateo), y David es mencionado como séptimo hijo de Jesé en 2,15. El hecho de que esta enumeracién sea poco clara en 1 Cr ha hecho pensar que Mateo depende sdlo indirectamente de 1 Cr o de Rut 4,18-22 (diez nombres desde Fares hasta David). Cf. supra, nota 21. * La ortografia més corriente del nombre en el TM es dud (= 14), no dwyd 24). Pero sabemos pot Qumrin que en tiempos de Jestis cra més comtin la scriptio plena (dwyd) (F. M. Cross, The Contribution of the Qumran Discoveries to the Study of the Biblical Text: IE} 16 [1966] 89.0), Sin embargo, el valot numérico de la ortografla més antigua se convirtié quizé en tradicién, Ya en el siglo v a, C., cuando se componfa el libro de los Proverbios, el valor aceptado del nombre de David parece haber sido catorce (P. W. Skehan, CBQ 29 [1967] 179, n. 6). En mi hipétesis, el evangelista impone esta gematria hebrea a una lista de nombres griegos y por eso no necesita inspirarse en cémo se escribjan entonces esos nombres. (La posibilidad de tal mezcla lingiifstica aparece en Ap 13,18, donde un autor que escribe en gtiego extrac un simbolismo del valor numérico del nombre hebreo ad César Nerén). Cuadro 1 LA GENEALOGIA DE JESUS SEGUN LC 3,23-38 Este era Jestis, que al empezar tenfa treinta afios Posmondérquica 1, el supuesto hijo de José 2. hijo de Helf 3. hijo de Matat * 4. hijo de Levi * 5. hijo de Melqut 6. hijo de Jannat 7. hijo de José 8. hijo de Matatfas * 9. hijo de Amés* 10. hijo de Nahin 11. hijo de Esli 12. hijo de Nagai 13. hijo de Matat * 14. hijo de Matatias 15. hijo de Semein 16, hijo de Josec 17. hijo de Jodé 18. hijo de Joanén 19. hijo de Resa 20, hijo de Zorobabel 21. hijo de Salatiel Monérquica 22. de Neri 23. de Melqui 24. de Addi 25. hijo de Cosén 26. hijo de Elmadén (Elmodén) 27. hijo de Er 28. hijo de Jestis (Josué) 29. hijo de Eliezer 30. hijo de Jorin one 32. 33, 34, 35. 36. oa 38 39, 40. 41. 42. me 44. 45. 46, ete: 48. 49. 50, iia ae of 54, ce 56. ceee 58, 59, hijo de Matat * hijo de Levi * hijo de Simeén hijo de Judé hijo de José hijo de Jond hijo de Eliacin hijo de Meleé * hijo de Mend * hijo de Mataté(n) hijo de Natén hijo de David Premondrquica hijo de Jesé hijo de Obed hijo de Boaz hijo de Sal4 (Salmén) hijo de Naasén hijo de Aminadab * (Aminadam) hijo de Admin * hijo de Arni* hijo de Esrén hijo de Fares hijo de Judé hijo de Jacob hijo de Isaac hijo de Abrahén Preabramitica hijo de Tara hijo de Nacor hijo de Seruc * Nombre omitido en algunos manuscritos, versiones 0 citas de Lucas. COMENTARIO A MT 1,1-17 73 60. hijo de Ragau 61. hijo de Falec 62. hijo de Eber 63. hijo de Sala 64. hijo de Caindn 65. hijo de Arfaxad 66. hijo de Sem 67. hijo de Noé 68. hijo de Lamee 69. 70, 71. ere ene 74. 75. 76. 77. Cuadro 2 hijo de Matusalén hijo de Henoc hijo de Jéret hijo de Maleleel hijo de Caindn hijo de Enés hijo de Set hijo de Adén hijo de Dios EL PERIODO PREMONARQUICO EN LAS GENEALOGIAS Las catorce generaciones de Mateo desde Abrahén hasta David 1+ Abrahdn engendré a Isaac 22 Isaac engendré a Jacob 32 Jacob engendrs a Judd 4° Juda engendré a Fares y Zard 5 Fares engendré a Esrén 62 Esrén engendré a Aran 72 Arén engendré a Aminadab 82 Aminadab engendrS a Naas6n * Naas6n engendré a Salmén 10+ Salmén engendré a Boaz 11+ Boaz engendré a Obed 12> Obed engendré a Jesé 13! Jesé engendré a David el rey Listas de 1 Cr 1,28-34; 2115 y de Rut 4,18-22 Lista de Le 3, 334 Abrahén; Isaac 56. Abrabin 55. Isaac Isracl 34, Jacob Judé 53. Juda Fares 52, Fares Esrén 31. Estén Ram (Aram, Arrén en 50, Arni* LXX) 49. Admin * ‘Aminadab 48. Aminadab * (Aminadam) Naasén 47. Naasén Salma (Salmén en LXX) 46. Salé (Salmén) Boaz 45. Boaz Obed 44. Obed Jesé 43. Jesé David 42. David + Nombre omitido en algunos manuscritos, versiones 0 cites de Lucas. Cuadto 3 EL PERIODO MONARQUICO EN LAS GENEALOGIAS Las catorce generaciones de Mateo desde David hasta Ia deportacién Lista de Jos reyes de Judd ** ‘a Babilonia tomada de 1-2 Re 1° David engendré a Salomén —Salomén (961.922 aC.) (42, 22 Salomén engendré a Roboin Robodn (922-915) al. 32 Robodn engendré a Abias — Abfas (915-913) 40. 42 Ablas engendré a Asaf Asé (913-873) 39, 5: Asaf engendré a Josafat _—_‘Josafat (873-849) 38, 6+ Josafat engendré a Jorin —_Jehoram o Jorén (849-842) 37. Ocozias (842) 36. La reina Atalia (842-837) 35, Jods (837-800) 34. ‘Amasias (800-783) 33. 72 Jordn engendrd a Orias —-Ozias. 0 Azarias (783-742) 32. 82 Orias engendré a Joatén —_‘Joatdn (742-735) 31. 92 Joatén engendré a Acaz — Acaz 0 Joacaz I (735-715) 30. 102 ‘Acaz engendré a Ezequias Ezequias (715-687) 2. 11+ Ezequfas engendré a Manasés_ Manasés (687-642) 28. 12.* Manasés engendrd a Amés — Amé6n (642-640) 2. 132 Amés engendré a Josias _Josfas (640-609) 26. 14+ Josias engendré a Jeconias y sus hermanos Joacaz II Joaquim Sedecfas 25. © Sallin 0 Eliaguin 0 Matanias 24. (609) (609-598) (597-587) 23. Joaquin 22: © Jeconias (597) + Nombre omitido en algunos manuscritos, versiones 0 citas de Lucas. ** Cuando un rey tiene un nombre de reinado y oto de nacimicnto, reinado en primer lugar y el del nacimiento en cursiva. Lista de Le 3,27-51 David) Natén Matatd(n) Mena * Meled * Eliacin Jona José Juda Simeén Levi * Matat * Jorin Eliezer Jestis (Josué) Er Elmadén (Elmodén) Cosin Addi Melqut Ne se pone el ae Cuadro 4 EL PERIODO POSMONARQUICO EN LAS GENEALOGIAS Las catorce generaciones de Matco Descendencia davidica ** desde la deportacién a Babilonia ‘posmondrquica Lista de hhasta el Mesfas (1 Cr 5,19-24) Le 5.25.27 12 Jeconias engendré a Salatiel Senasar *** (595) (22, Nert) 22 Salatiel engendré a Zorobabel —Zorobabel (570) 21. Salatiel Zorobabel engendré a Abiud —Ananias (545) 20. Zorobabel 42 Abiud engendré a Eliacfn Secanfas (520) 19, Resa 5. Eliacin engendré a Azor Jatis (495) 18. Joandn 6. Azor engendré a Sadoc Eliocnay (470) 17. Jodé 72 Sadoc engendré a Aquin Anant (445) 16. Josec 8. Aquin engendré a Eliud 15, Semein 9 Eliud engendré a Eleazar 14. Matatfas 10 Eleazar engendré a Matén 13. Maat * 11+ Matén engendré Jacob 12, Nagai 12+ Jacob engendré a José, 11. Esli el esposo de Maria 10. Nahin 132 de la que nacié Jess, 9. Amés * llamado el Cristo 8. Matatfas * 7. José 6. Jannat 5. Melqut 4, Levi* 3. Matat * 2. Eli (Heli) 1. José, del que se pensaba que era hijo Jestis + Nombre omitido en algunos manuscritos, versiones 0 citas de Lucas. ** Las fechas aproximadas de nacimiento son las que indica F. M. Cross, JBL 94 «1974) 17. *** Este hijo de Jeconias, cuyo nombre babil6nico fue Sin-ab-usur, fue tio de Zorobabel. La idea de que una lista de nombres de antepasados de un hombre famoso, comenzando con Abrahén, pudiera dividirse en partes numérica- mente iguales no resultaria extrafia a la mentalidad judia®. La lista de nombres sacerdotales desde Aarén hasta el destierro que aparece en 1 Cr 5,27-41 estd dividida en partes iguales mediante una indicacién » Kaplan, Generation, hace la interesante sugerencia de que el esquema de ca- torce aplicado a las generaciones refleja le divisién del mes lunar de veintiocho dias (catorce en creciente y catorce en menguante). Abrahén habria comenzado el cre- ciente, y David seria como la luna Hlena; entonces vendria el menguante de catorce generaciones hasta el eclipse del destierro babildnico, seguido del creciente de otras catorce generaciones hasta Megar al Mesfas como luna Ilena, Moreton, Genealogy, sefiala que 3X 14 son 42 y gue Ap 13,5 asigna al mal un perfodo de cuarenta y dos meses antes de la intervencién final de Dios. 76 LA GENEALOGIA DE JESUS de tiempo ligada al nombre de Azarias, «que ejercié el sacerdocio en el templo construido por Salomén en Jetusalén» (5,36). En el judaismo tardio, el Midra’ Rabbah XV 26 sobre Ex 12,2 divide el perfodo que va de Abrahén a Salomén en quince generaciones (enumerando los mismos nombres de varones que Mateo), y el que va de Salomén a Sedecfas en otras quince genetaciones (dato histéricamente mds correcto que el de Mateo). Son también familiares los esquemas numéricos refe- rentes a la venida de Ja era mesidnica. Segin Jr 25,11-12, la esclavitud babilénica duraria setenta afios; pero cn cl siglo u a. C., como se ve en Dn 9,24-27, este ntimero se habia ampliado a setenta semanas de aiios (490) para designar el petiodo comprendido entre el destierro babildnico y la venida del reino de Dios, En Hen 93,1-10 y 91,12-17, Ja historia del mundo est4 dividida en diez semanas de afios, las tres primeras de las cuales son preisraelitas, de modo que desde Jacob (Is- rael) hasta el fin hay siete semanas de afios. Pirgé Abot, 5,2-3, obra del primitivo judaismo posbfblico, cuenta diez generaciones desde Adan hasta Noé y diez mds desde Noé hasta Abrahén, En 2 Bar 53-74, la historia del mundo desde Adan hasta el Mesias estd dividida en doce periodos, el tiltimo de los cuales es el mesinico“, Si bien la mayoria de estas enumeraciones comienzan con Addn (nétese que Lucas remonta Jos antepasados de Jestis hasta Dios a través de Addn), algunas comien- zan con Abrahdn. En 4 Esd 6,7-8 se nos dice que la era de Abrahdn, Isaac y Jacob marcé la divisién de edades, es decir, el fin de la primera edad y el comienzo de la edad futura. Es claro que ninguna de estas enumeraciones est4 tan pensada como la de Mateo, pero tienen en comin con ella una perspectiva escatolégica, de modo que la venida del Mesias marca el fin de un plan cuidadosamente trazado por Dios *. 5. ¢Sabia contar Mateo? Aunque Mateo (1,17) insiste en la presencia de un esquema de 3 X 14 genetaciones en la genealogia de Jestis, cuando se cuentan las genetaciones de las tres secciones de la lista parece que la aritmética de Mateo deja algo que desear®. En la primera seccién, desde Abrahén hasta David, hay catorce nombres, pero sélo trece generaciones 0 pto- creaciones (cf. cuadro 2). Es evidente que Abrahén, cuyo nombre inicia ® Se ha sefialado que, si se atribuyen treinta y cinco afios a cada generacién, Jas catorce generaciones de Mateo desde el destierto babildnico hasta Jestis sumarian 490 afios. Cf. St-B, IV, 996-1011. “Es posible que haya catorce eslabones en el cémputo fariseo de la tradicién que va de Moisés a Shammai/Hillel (Johnson, Purpose, 202-207). @ Johnson, Purpose, 219-223, compara a este ptopésito la genealogia de Mateo con, su evangelio, © 'R. V. Filson, Broken Patterns in the Gospel of Matthew: JBL 75 (1956) 227- 231, demuestra que algunos esquemas numéricos han sido elaborados en Mateo y otros no. COMENTARIO A MT 1,1-17 77 la lista, tavo que ser engendrado; y asi es posible que Mateo considerase la implicita generacién de Abtahin como la decimocuarta. Sdlo en la segunda seccion, desde David hasta la deportacién de Babilonia, se enu- meran explicitamente catorce generaciones (pero a costa de omitir cuatro generaciones histéricas y seis reyes que en realidad reinaron; cf. cua- dro 3). En la tercera seccién, desde el destierto babildnico hasta Jestis, otra vez encontramos trece generaciones solamente; y en esta seccién no parece que se pueda resolver la dificultad recurriendo a la generacién implicita de la primera persona nombrada (Jeconias), porque su gene- racién es la viltima de la segunda seccién. Dando un paso més, examinemos las omisiones de la segunda seccién de Mateo, omisiones que no se dan en ninguna lista de reyes del AT (por ejemplo, 1 Cr 3,10-14 tiene dieciséis nombres desde Salomén a Josias, ambos inclusive, frente a los trece de Mateo). En la nota al v. 8 hemos visto que entre los reyes Jorén y Ozias («Jorn engendré a Ozias») Matco pasdé por alto unos sesenta afios y tres genetaciones de reyes: Ocozias, Jods y Amasfas. Se ha sugerido que estos tres reyes se omitieron de la lista de antepasados del Mesfas porque fueron perversos # (pero més perverso atin fue Manasés, que estd incluido en Ia lista), 0 porque fueron asesinados (pero también lo fue Amén, que est incluido). Un refinamiento mayor de esta teorfa es que los tres reyes omitidos pasaban por malditos“®. Una explicacién més convincente es que la omisién se produjo accidentalmente a causa de la semejanza que hay en gtiego entre los nombres de Ozias (en hebreo Uzziah) y Ocoztas (en hebreo Abaziah), «Jorén engendré a Ozias» es un error, ya que se debia leer «Jorén engendré a Ocozias» *. Ademés de éste, se dan otros casos de confusién en la lista mondrquica, como Asaf en vez del rey As4, y Amés en vez del rey Am6n (notas a los vv. 7 y 10). Si es cierta la teorfa antes cxpuesta de que Matco encontré la base para su esquema de ca- torce en listas genealdgicas que le sitvieron de fuentes, entonces las listas estaban ya en griego y ya contenfan errores “, “ En cuanto a la ausencia de grandes pecadores en las genealogfas, cf. el argu- mento rabinico recogido por Bornhiiuser, Kindheitsgeschichte, 18-19: Pinjds, hijo de Eli, no fue pecador (a pesar_ de 1 Sm 2,12.22), pues su nombre est incluido en la genealogia de 1 Sm 14,3. Cf, también Mal 2,12. * La maldicién sobre la casa de Ajab, rey de Israel, que se recoge en 1 Re 21,21 pudo pasar a la casa de Judé por medio de Atalfa, la hija de Ajab y esposa del fey Jorin. Segiin las leyes biblicas, esta maldicién habrfa afectado a la descendencia de Joran hasta la tercera y cuarta generacién (Ex 20,5), es decir, a su hijo Ocozias, a su nieto Jods y a su bisnieto Amasias, precisamente los reyes omitidos en 1a lista de Matco. ‘Cf. también las maldiciones’ sobre estos reyes en 2 Cr 22,7; 24,22 y 25,16. “ El error pudo producirse al menos de dos maneras, La mirada del copista pudo saltar, en la lista real, de Ocozias (en hebreo Ahaziah) a Oztas (en hebreo Uzziah). Otra manera de expli¢ar la confusién puede ser el hecho de que el Cédice Vaticano de los LXX dice Ozeias en vez de Ococtas como forma griega de Abaziah. La posi- bilidad de confundir Ozeias con Oztas serfa grande. © Cf, Johnson, Purpose, 186, Aunque, como hemos visto, se puede dar una cexplicaciéa légica’ de Tos errores», debemos tener en cuenta la advertencia de