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El retorno al Bajo Atrato de víctimas del conflicto

Un recorrido por el despojo de tierras de los territorios colectivos de La Larga-Tumaradó y
Pedeguita-Mancilla, en el biodiverso Chocó.
Por: Alfredo Molano Jimeno
A la entrada de Belén de Bajirá, 146 familias han retornado a un terreno que hoy está en
manos de uno de los empresarios de la región./ Óscar Pérez - El Espectador
Masacres, desplazamientos masivos, amenazas a las comunidades, asesinatos de
líderes, despojo de tierras, narcotráfico, minería, tala de madera, ganadería extensiva,
palma, plátano. Las plagas del Bajo Atrato. Y la historia que se repite en esta región de
Chocó biodiverso. Tierra rica. Enormemente rica. Y gente pobre. Enormemente pobre.
Hoy son los Úsuga los que expulsan a la gente de sus tierras. Esta semana van 3 mil
desplazados del San Juan y las cuencas del Truandó, Salaquí, Juguamiandó, Curvaradó,
Domingodó y Carica.

Ayer fueron los paramilitares de la Casa Castaño los que sacaron a cerca de diez mil
campesinos. Antes fueron las Farc, el Eln o el Epl. El conflicto armado. Los disparos de
fusil y los cuerpos sin vida que han sido pan de cada día en las comunidades que habitan
entre Apartadó (Antioquia) y Riosucio (Chocó) por más de medio siglo. Y en ese tránsito
de armados, las comunidades que perdieron su tierra y sus líderes. Hoy, con la Ley de
Víctimas y Restitución de Tierras, sumada al proceso de paz, una pequeña ventana deja
asomar un rayo de esperanza, pero al mismo tiempo deja a la vista los retos para que la
gente recupere lo perdido o despojado. (Vea aquí el especial completo)
Prueba de esta historia trágica y de los desafíos para revertirla es lo que hoy viven dos
territorios colectivos de comunidades negras del Bajo Atrato: La Larga-Tumaradó y
Pedeguita-Mancilla. Dos territorios colindantes que suman poco más de 150 mil
hectáreas. Aunque por ley esa tierra pertenece a las comunidades, hoy más de la mitad
está en manos de particulares. Empresarios del ganado, del plátano, la palma o la madera
que se han apropiado de ellas mediante compras ilegales, arriendos fraudulentos o
sencillamente por ocupaciones de facto.

Poblamiento de la región
Los caminos a estos territorios colectivos fueron trazados por esclavos liberados y
cimarrones de las haciendas del Valle del Cauca, la Costa Caribe y Antioquia desde
comienzos del siglo XX. Las selvas chocoanas les dieron refugio, alimento y libertad. Pero
muy pronto, los empresarios pusieron sus ojos en la rica región. Primero en busca de
madera fina y luego con enormes plantaciones de caña. La promesa de trabajo atrajo a
personas del San Juan, el Alto Baudó o de las sabanas de Córdoba y Sucre. Tanta como
de Antioquia, Valle del Cauca o Risaralda.

El poblamiento de la región guarda un lugar especial para el ingenio azucarero de
Sautatá. Una hacienda fundada en 1919 en lo que hoy es el Parque Nacional Natural Los
Katíos. El ingenio tuvo un fugaz esplendor que atrajo a muchos campesinos sin tierra de
diferentes partes del país. Llegó a tener vía férrea, escuela, iglesia y hasta moneda
propia. Pero los precios internacionales del azúcar se fueron al piso por la crisis
económica de los años 30 y el ingenio terminó por cerrar sus puertas.

Pasaron los años hasta que en la década de los 50 se inició la construcción de la vía al
mar, que conectaba a Medellín con Turbo y Montería. Una vía que atrajo tanto a obreros
rurales como a comerciantes que, a lo largo y ancho de la frontera entre Antioquia y
Chocó, constituyeron cultivos de plátano y echaron las raíces de lo que hoy se conoce

está condenado a 25 años de prisión por la muerte de dos campesinos. a Chigorodó o a Medellín.500 personas de 60 comunidades abandonaron sus tierras y se refugiaron en las cabeceras municipales. posteriormente. Las tipologías de la violencia en el Bajo Atrato rebasaron la imaginación del más cruel asesino. Las guerrillas fueron atraídas por el ambiente de conflicto que enfrentaba a jornaleros y hacendados. A partir de ese momento el terror se apoderó del Bajo Atrato. Desplazamiento que fue aprovechado por los paramilitares y sus aliados para hacerse a las tierras abandonas. Mutilaciones. Las condiciones laborales y salariales sembraron también el sindicalismo y muy pronto hicieron presencia los primeros grupos armados. que tuvo su momento más dramático en la masacre de Bojayá. la guerra arreció. cuyo clímax se alcanzó con la toma de Riosucio. A partir del año 2002 se puso en marcha una ofensiva adicional para hacerse al control de las cuencas baja y media. Aunque fue causada por las Farc cuando atacaron con cilindros bomba la iglesia donde se refugió la población que había sido utilizada como escudo humano por los paramilitares. Los sindicatos y juntas de acción comunal fueron el espacio para socializar su proyecto político. entre adultos y niños. Las extorsiones y secuestros a terratenientes crisparon aún más el ambiente y muy pronto empezaron a surgir grupos de seguridad privada. Una alianza probada. y. al punto que hoy el comandante de la Brigada XVI del Ejército. denominado “Operación Tormenta del Atrato”. murieron más de 100 personas. Una de las consecuencias más palpables de la guerra fue el desplazamiento masivo de las comunidades. decapitaciones en plaza pública. Incluso promovieron un repoblamiento regional con personas afines al proyecto de las autodefensas. La gente salvó lo que pudo y en el camino dejó a cientos de sus familiares sepultados. La consolidación del proyecto paramilitar convirtió el río Atrato en una arteria de economía ilegal. . La llegada de la guerra Los pobladores del Bajo Atrato afirman que el primer grupo armado en aparecer en la región fue el Eln. ellos respondieron con homicidios selectivos de los principales líderes regionales. Es el caso ocurrido en la comunidad de Santa María. Sor Teresa Gómez. las torturas más crueles tuvieron lugar en esta región. los espacios dejados empezaron a ser ocupados por el Eln y las Farc. al mando de Freddy Rendón Herrera. Muchos se fueron a Turbo. general Rito Alejo del Río. En este escenario las guerrillas hicieron control territorial y social. otros a Apartadó. donde la hermana de crianza de los hermanos Castaño. En ese contexto hicieron aparición los primeros grupos de las Autodefensas de Córdoba y Uraba. a mediados de los 90. en 1996. Los paramilitares ganaron a punta de masacres y asesinatos selectivos. en 1997. para apoderarse de ellas bajo amenazas a los campesinos y las comunidades negras. Lo siguió el Epl.como la zona bananera del Urabá. violación de mujeres y niñas. Al boleteo y el impuesto de guerra. Más de 6. pero a pesar de que el Epl se desmovilizó en 1991. En ese entorno. con la llamada “Operación Génesis”. Un operativo del bloque Élmer Cárdenas. A principios de los años 90. el 2 de mayo de 2002. Y ahí vino Troya. más conocido como Pedro Bonito. agravada por la cooptación de políticos y empresarios. promovió un proyecto de reforma agraria a través de la tristemente célebre Asoprobeba. Y en 1969 llegaron las Farc. Una fachada legal que se dedicó a comprar tierras a bajos precios o a realizar transacciones fraudulentas de títulos. se produjo la alianza entre “paras” y miembros de la Fuerza Pública. a mediados de los años 60. alias el Alemán y Raúl Hasbún.

Una comunidad situada a una hora de Belén de Bajirá. dentro del mismo territorio de Pedeguita-Mancilla. representante legal de Ascoba. Allí. Sin embargo. 26 familias se han organizado en una pequeña zona humanitaria instalada en uno de los predios que hoy está en manos de particulares. pero sostiene que es por la buena relación que tiene con sus habitantes. “Cuando ellos llegaron. Así fue ganándose el respeto de los mandos “paras”. Montoya sostiene que él compró bien las tierras. nuestras parcelas estaban en manos de los empresarios”.Pedeguita-Mancilla El caso de Santa María es igual a lo ocurrido en 15 consejos comunitarios más que componen el territorio colectivo de Pedeguita-Mancilla. explica. Turbo y Mutatá (Antioquia). Uno de sus líderes es Héctor Pérez Petro. Pérez detalla que a los 12 años su familia tuvo que abandonar la tierra para que no los mataran y se refugió . Y sólo 6. Una de esas comunidades es la de Madre-Unión. la gente se fue por miedo vendiendo la tierra por lo que le dieran. “La función de la guerra fue despojar las tierras para adueñarse de ellas”. casi todos huérfanos de padre que un día salieron huyendo. Según una investigación del Cinep. en plena guerra. La Larga-Tumaradó No muy distante de Playa Roja. sus tierras ya estaban en manos de lo que él denomina poseedores de mala fe. un grupo de líderes espera algún día narrar su tragedia. que no se alió con los paramilitares y que incluso ellos le mataron a un hijo. Fue titulado en el año 2000 con más de 107 mil hectáreas y alberga 40 consejos comunitarios. mientras que más de 43 mil hectáreas son de tierras inundables. Una docena de particulares hoy poseen más de 28 mil hectáreas (el 58%) del territorio colectivo. Tan sólo 5 mil hectáreas (5%) pueden ser utilizadas por los legítimos dueños. un paisa de 68 años que mira desde la otra acera la reunión de los líderes de Playa Roja. Muchos de los cuales figuran en los expedientes de justicia y paz como testaferros o gente cercana a los mandos paramilitares. una asociación que integra a los consejos comunitarios del Bajo Atrato. Otras 14 mil (el 29%) corresponden en terrenos inundables que no pueden ser habitados. Asimismo. un joven de 32 años que nació en este territorio antes de que los “paras” destruyeran el antiguo poblado. es consciente de que tiene tierras que les pertenecen a las comunidades negras. en estas tierras habitan casi 3. Allí. Sin embargo. En manos de empresarios están 55 mil hectáreas (el 55% del territorio colectivo). reconoce que si llegaban a pedirle una vaca él respondía: “dónde quiere que se la ponga”.400 personas. Es el caso de Enrique Santos. en los que habitan poco más de 300 personas. como es el caso de William Romero. El rastro de la guerra conduce al enclave llamado Playa Roja. Puntualmente se refiere a Darío Montoya. el territorio no está en manos de sus dueños ancestrales. cuando regresaron. El territorio ocupa parte de los municipios de Riosucio (Chocó). relata José Ángel Palomeque. La mayoría son jóvenes de 30 años. pero muy lejos por las pésimas condiciones de las trochas que las unen. Cuando volvimos. el Incora tituló colectivamente casi 49 mil hectáreas. A finales del año 2000. pero ahora regresaron con la promesa de recuperar sus tierras. Pero la suerte de los terrenos colectivos es igualmente lamentable.000 hectáreas (el 13%) es utilizado por las comunidades. quien afirma que su padre fue el primer miembro de esta comunidad en ser asesinado por los paramilitares. se encuentra el territorio colectivo de La Larga-Tumaradó. Palomeque asegura que las comunidades de Pedeguita-Mancilla se desplazaron en 1997 y.

Guerrilleros. Eso hace un daño grande. Es la esencia del Bajo Atrato y su pelea de siempre. También ha explotado las maderas del cerro y los ojos de agua se han secado”. En ella se resume la tragedia y. Al regresar. “El señor alambró la ciénaga. ya no quedaba ni la antigua escuela y todo eran pastos para ganadería. es como un filo que corta el presente de un pueblo que busca regresar a su origen. entre las amenazas de quienes se niegan a ella. La tierra es de los negros y ellos lo saben. Este es el verdadero reto de la restitución de tierras.en Córdoba. . Las aguas se contaminan con los orines de esos animales y uno no vuelve a coger pescado. El epílogo de esta dura realidad del retorno es Cuchillo Blanco. concluye. canalizó las aguas y metió búfalos. Sólo que ahora surge en medio de un proceso de paz. como su nombre lo indica. paramilitares. en octubre de 2014. Allí se encuentra el cerro donde nacen las aguas que alimentan parte del Bajo Atrato. Los invasores de siempre. Ya no importa. bandas criminales.