Groenlandia presenta

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“Des-amor (antología literaria groenlandesa)”, varios autores.
©2010 Groenlandia ©2010 Sus respectivos autores Prólogo por Eva Márquez. Los textos – poemas, relatos - e imágenes – ilustraciones y fotografías -, así como las fotografías, corresponden a sus respectivos autores (Ana Patricia Moya, Antonio J. Sánchez, Jesús Suárez, Daniel Rojas Pachas, Ulises Varsovia, Antonio Huerta, Mario Jorge Piro, Ana Pérez Cañamares, José Ángel Conde, Eva Cabo, Luna Miguel, Daniel Sergio Pulido, Verónica García, Roberto Ferrer, Ana Laguna, Yolanda Sáenz de Tejada, David González, Óscar Varona, Vicente Muñoz Álvarez, Elena Ortiz, Paz Hernández, Miriam Palma, Esperanza García Guerrero, José Luís Gutiérrez, Ángel Muñoz, Silvia Rodríguez, Begoña Leonardo, Manuel Guerrero Cabrera, Felipe Solano, Luis Sevilla, Carmen Ramos, Enrique Fuentes-Guerra, Eva Márquez, Silvia Loustau, Juankar Cardesín, Amarande Guzmán, Felipe Zapico, Carmen Guillén, Adriana Bañares, Pepe Pereza, Lucia Fraga). Todos los derechos reservados. Directora: Ana Patricia Moya Rodríguez Corrección: Ana Patricia Moya Rodríguez Diseño: Ana Laguna (Portada y Contraportada) \ Felipe Zapico \ Ángel Muñoz Rodríguez \ Amarande Guzmán \ Juankar Cardesín \ Carmen Guillén \ Felipe Solano \ Ana Patricia Moya

Depósito legal: CO-846-2010 ISBN: En trámite
Córdoba, 2010

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Toc, toc.

Buenos días amor, ¿me recuerdas?

Soy la pesada de turno, la que aporrea tu puerta un día sí y otro también. La misma que una y otra vez recibe el portazo de tu desidia, la misma que una y otra vez de manera impulsiva y obstinada regresa ante ti, suplicando recibir una nueva ración de tu medicina. Esa medicina que dicen que todo lo cura, cuando deberían decir que todo lo envenena. Y aún así, siendo consciente del dolor que me causaran tus desprecios, tus anodinos rechazos, tus inconscientes golpes y tus premeditadas puñaladas, sé que volveré a suplicarte que me quieras, que me beses, que me inventes y me revientes por dentro. Y sé, que tras nuevo desespero por la aniquilación que tu paraíso me provocará, me coseré una a una las pestañas, me hilvanaré con hilo de amianto cada una de mis endebles venas, insertaré un catéter de hielo directo al corazón para impedir fuga alguna del rencor corrosivo que te guardaré dentro, bien adentro; aunque también sé que dicho rencor se escapará de nuevo, y te consentiré acceder a la existencia de mi memoria (otra vez). Y una vez dentro de ella, persuadirás mi ciego corazón haciéndole creer que todo es posible; que el amor que "otra vez" me dices profesar, esta vez, de verdad, será la sincera y la duradera; y el resultado final será peor aún, porque de antemano ya soy consciente de mi incapacidad para coserme a conciencia cada efímero pliegue de mi ignominioso raciocinio, y de nuevo te creeré, y de nuevo, otra vez, volveré a caer rendida a tus pies, suplicándote hagas de mí tu pañuelo, hagas de mí el manto que te cobije del frío, el aire que te sustraiga del sustrato terrenal que más tarde o más temprano nos devolverá a nuestro formato original. Polvo a polvo, tierra a la tierra.

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El amor no nos salvará del ocaso, pero sí nos hará más fuertes para afrontar el agrio momento de la despedida final. Ambos somos conscientes del fatal desenlace.

Por todo ello te pido un favor, te ruego que al menos durante el tiempo que se necesita para leer las páginas de esta antología que versa sobre tus cenizas (las tuyas o las mías, qué más da), te imploro cortésmente seamos amigos; firmemos una tregua, un respiro, un descanso. Yo asumiré mi incapacidad real de vivir sin tu presencia en mi asolada existencia, y tú, afronta que sin mí eres menos que nadie; con mí ausencia, tú, mi mal llamado “desamor” (caprichoso destino del amor) serías tan ínfimo como un leviatán sin su mar. Tal vez, tras leer estas páginas que versan sobre ti y sobre mí, y sobre el transcurrir de tantos otros enfermos, algo se quede dentro; y sólo tal vez, en algo nos ayude a tolerarnos un poco más. Las páginas que siguen este peculiar y extraño prólogo con voz propia no son retazos de un nosotros escritos por mí, No, tú y yo necesitamos de la objetividad subjetiva que otros ojos y otras manos ajenas puedan aportarnos con sus diferentes maneras de sentirte, de sentir ese virus que llaman “Amor” y su inefable cara oculta que todos llamamos “Desamor”.

Por todo ello, querido lector, te advierto que lo que tienes en tus manos, (mejor dicho, escrito), ante tu mirada en la pantalla de un ordenador, es la compilación de escritos narrativos y poéticos más enfermizos que jamás hayas podido imaginar; vas a tener el gusto y la oportunidad de sentir en tus carnes cómo las letras de autores, expertos en unos casos, y en otros aún noveles, taladran tus ojos haciéndote llorar, gozar o sufrir con momentos probablemente vividos por ti mismo en millones de ocasiones; pero te aseguro que al leerlos pensarás que fueron escritos desde muy distintas perspectivas, o tal vez, escritos desde otro mundo.

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¿Te crees capaz de sobrevivir al sabor de las cicatrices que el amor y su incurable desamor causan en todos nosotros? ¿O acaso no te consideras un mortal débil y hambriento?

Pasa la página, y al terminar de leer esta antología, me lo cuentas,

“si me encuentras aún cuerda”

Eva5 Márquez

No ser amados es una simple desventura, la verdadera desgracia es no amar.

(Albert Camus)

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Eva Márquez Lucia Fraga Antonio J. Sánchez Ángel Muñoz Manuel Guerrero Miriam Palma A n d r é s R a m ó n P é r e z B la n c o A n t o n i o H ue r t a Eva Cabo Mario Jorge Piro Jesús Suárez David González Óscar Varona S i l v i a R o d r íg u e z Ulises Varsovia Daniel Pulido Ortiz V i c e n t e M uñ o z Á l v a r e z Roberto Ferrer Adriana Bañares Luna Miguel Luis Sevilla Ana Patricia Moya Daniel Rojas Pachas Ana Pérez Cañamares José Luis Gutiérrez P e p e P e r e za Silvia Loustau Enrique Fuentes-Guerra V e r ó n i c a Ga r c í a Esperanza García Guerrero Paz Hernández José Ángel Conde Begoña Leonardo Yolanda Sáenz de Tejada C a r m e n R am o s Elena Ortiz Amarande Guzmán Juankar Cardesín F e l i p e Z a p ic o Ana Laguna Mateo F e l i p e S o l an o Carmen Guillén

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Groenlandia, 2010

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ENTRE TU MIRADA Y MI MIRADA

Entre tu mirada y mi mirada, hay un vacío abisal. Donde antes hubo ojos repletos de flores y frutos, Hoy tan sólo quedan las cuencas vacías De un cráneo desdentado. Estamos tan lejos, que ni el puente más pequeño Nos puede acercar. La distancia se ha instalado entre dos cuerpos Que ya no saben conjugar el verbo “amar”. Entre tu mirada y mi mirada, hay una ausencia total. Nuestros ojos se han vuelto ciegos y ya, apenas, Nos vemos las caras que se han vuelto extrañas En este proceso de dejadez brutal. Mis ganas por el suelo, tu mente “sabe Dios”; Somos dos desconocidos que sólo comparten el mismo pan. Ya no tengo ganas de escuchar las palabras gastadas Que intentan retenerme un poco más. Solamente te digo que Entre tu mirada y mi mirada, Ya nada queda, Aunque te empeñes en atarme con tus pupilas, esas malas dueñas.

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AMOR DESTRAGADO

Te has ido, dando un portazo. Ya puede la muerte llevarme. ¿Qué puedo hacer con tanto amor destragado? Ya no me quedan lágrimas, ni ganas de llorar, Tan sólo un hueco en el pecho como si un pájaro Me hubiera devorado el corazón a picotazos Y ni de mi alma ni de ese hueco deja de manar sangre. Ya puede la muerte llevarme. Apenas queda ya nada de mí. Todo te lo llevaste en tu maleta: Cuerpo, alma, sentimientos y sentidos, Excepto, este dolor agudo como una navaja afilada. Ya puede la muerte llevarme. ¿Qué puedo hacer con tanto amor destragado? Abriré con esa navaja mis venas al sol Y escribiré tu nombre con sangre por las paredes, Haré cruces de amor para invocarte, Antes de que el sueño eterno me borre para siempre. Ahora sí. Ahora sí, ya puede la muerte llevarme.

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MÁS ALLÁ DEL DESEO

Aunque me ames más allá del deseo, Yo no puedo quererte. Tuvimos nuestro momento Y ahí quedó todo. Ya no me estremece tu forma de mirarme, Ni tus besos me saben más que a babas. Una caricia tuya es tan estéril en mi piel Como la tierra quemada por el granizo. En cambio con él, Mi cuerpo es la era por el sol abierta. Contigo, Una pusilánime forma femenina. Aunque me ames más allá del deseo Y me compongas los más bellos versos de amor, Yo ya no puedo quererte Y tu estrofa se torna ornamento para el oído. Porque se ha perdido la magia, Yo he perdido amor y deseo por ti, Porque ahora hay otros brazos Que son pura poesía para mí Y yo ya no puedo quererte así.

11 Lucia Fraga

TU PIEL

Tu piel, fría y afilada, se me clavó al abrazarte, y una escarcha pegajosa me inundó el pecho por dentro. En tus ojos vi vacío, en tus labios vi silencio. Te busqué, pero ya no estabas tras tu rostro, yo te había expulsado: te cerré las puertas que te llevaban hasta mí; desequé el manantial de tu ternura y ahora tengo sed. Te llamo a besos y no acudes. Te has escondido en algún recodo de tu alma donde mi esencial tristeza no te alcance. Ahora no estás, pero algún día lograré huir de mí mismo; entonces reclamaré lo que me pertenece y nos encontraremos en ese recodo de tu alma.

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ADIÓS

La tempestad de toros de tu ausencia me embiste el pecho hasta sacudirme las raíces del alma. Pretendes derribarme, pero no me ganarás: te quiero demasiado, y el amor es invencible. Así que en pie, sonriente, mirando al horizonte , esperaré el retorno de tu abrazo o bien el cálido indulto del olvido: cualquiera de los dos será bienvenido igualmente; pues, aunque te olvide, por siempre habrá - con sábanas limpias, flores frescas y un puñado de poemas sobre la almohada una habitación para ti en el fondo de mi sangre.

Antonio J. Sánchez

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¿UN BESO?

Le había costado su mísera fortuna. Pero era una cosa, el dinero, que ante tanto dolor, le parecía intrascendente. Una guerra de por medio. Nadie llega a comprenderlas. Cómo algo que da pie a tantas rupturas puede gustar a la humanidad. Su mente distraía la fecha, puede que fuese a mediados de 1914. Fueron cuatro años intensos donde lo más cerca que estuvo de su casa, en Viena, fue en territorio francés. Pero de eso hace tanto, tanto, tanto. Tanto como aquel amor. En ese punto la cabeza se mantenía fresca. Heike tenía los rasgos dulces, el pelo como algodón de azúcar. Eran jóvenes, bellos y se amaban. Sobre todo se amaban, y de eso tuvo que percatarse aquel pintor, un día, en los jardines del Volksgarten, cuando entrelazaban sus dedos. Aquello sería cuatro o cinco años antes de la dichosa contienda. La Primera Guerra Mundial. Al fin de la misma, volvió con ansia, deseoso de ella, de su aroma, de sus recovecos, de los grillos de sus ojos. Pero ni rastro, ni entonces, ni nunca. Tampoco de aquel pintor austriaco que se terminaría haciendo famoso.

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Jóvenes con juventud arrebatada. No tendría más de 20 años al retornar del confli cto. Ahora caminaba con paso inseguro, solo y sin miedo, donde Heike le estaría esperando. Así había dilapidado sus míseros ahorros los últimos año s de su vida. Los últimos quince años. En pagar la entrada del museo, y poder acariciar con la mirada los centímetros de piel, piel que tanto amó, en el cuadro que ese tal Klimt pintó, cuatro años antes de ir a la guerra, y que tituló "El Beso". Donde Heike era Heike, y el que estaba de espaldas no era él.

Ángel Muñoz R.
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ENTONCES TE LLAMABA

¡Acaso te llamaras solamente María…!
C Á T U L O CA ST I LL O

Todos vivimos en la frontera, en la invisible línea que separa palabra y silencio.
J A V IE R L OS T A LÉ

Entonces te llamaba solamente María. Había un largo beso de silencio al nombrarte. Hoy sé que no eres única. Qué recuerdo huidizo, qué memoria vacía, qué desengaño inquieto, pasamos de la línea. Entonces te llamaba solamente María, hoy no encuentro frontera de silencio al nombrar tu nombre y apellidos… Ya sé que no eres única. Yo tengo la palabra y tú todo el silencio.

(Poema de “El desnudo y la Tormenta”)

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LOS ÁRBOLES DEL INVIERNO

Los árboles de invierno se visten con espinos distantes, distantes entre sí en el abrazo. Tan solitarios parecen que leyeran El rayo que no cesa y toman sumisos las palabras de la dedicatoria como jamás me imaginaba. Cuando retoñen, seguiré sin saber del daño de tu abrazo y de cómo evitar recordarte en invierno. Cuando retoñen, de mi vida y mi cuerpo, la promesa olvidada y el sombrío jardín seguirán separándote.

(Poema inédito)

Manuel Guerrero Cabrera

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A Andrés

Tú, al inicio de mis torpes versos. Son tantas las citas que a veces repito, apropiándome a tientas de pequeños despojos…

Fue terco el intento de incorporarte a mi incierto horizonte.

Y ahora que casi comprendo tantas cosas, ahora, que definitivamente eres sólo otro escueto recuerdo, nuestro Orión se adueña a veces un instante tan sólo de algún cielo nocturno, regalando un sentido a la hueca memoria.

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Se aleja la luz roja de tu moto detrás del viento hambriento de los signos, y yo me quedo sola en esta acera despojada de aletas.

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Quizá nunca te has ido porque nunca viniste. Quizá nunca has estado cuando estabas aquí porque estabas allí, y yo me confundía, pobre inesita cursi, y cama no era cama sino diván de amiga y Henri James y Barthes nos miraban perplejos sintiéndose citados entre risas y amagos de saxo, digo sexo. Pobre inesita triste, cursi inesita tonta boquiabierta delante de la tumba de ése que jamás existió. Perdón porque perdón pendón, pero sigo perpleja tonta y hasta tristona a veces. Necesito otras gafas y hasta otro sonotone. Quizá sólo era saxo. O vamos, digo yo.

Miriam Palma
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EN TUS OJOS…

Besa su frente cada mañana, cuando los primeros rayos de luz entran débilmente por la ventana. Una ventana, rota desde siempre. No recordaba haberla visto entera, con sus cristales y marcos intactos. Nunca. Besa su frente con un pequeño ósculo. Beso matinal con la necesaria calidez para insuflar de vida a su princesa. Ella duerme hasta ese instante, hasta que nota la tibieza de los labios en su piel. Es preciosa y sus ojos negros le atraviesan el alma. Observa su despertar y esos ojos inmortales, que le arrebataron toda la vida anterior para siempre jamás desde la primera vez que tuvo el placer de verlos. Después del desperezo, las abluciones: afeitado apurado y tonificante ducha. Ella ya está levantada esperándole, esperando su necesaria presencia, su fresco aroma impregnando toda la casa, esencia vital para ella, tan necesitada de su amor, de AMOR con mayúsculas, de una caricia, de ese beso matutino, de esa sonrisa, de... su vida. Nada fácil. Ella, despreciada y ultrajada por su propia familia. Nunca había descubierto el amor hasta que él apareció. Hasta que él, todo bondad y paciencia, le descubrió poco a poco un mundo nuevo y le demostró que siempre se puede seguir adelante, que, por muy terribles que las circunstancias de una vida hayan sido, todo puede cambiar y que, siempre, siempre, siempre, aparece la luz al final del túnel. Y ella es para él, toda la luz. Cada día recuerda como la encontró en el callejón sin salida de las almas rotas, demacrada, sola, sin esperanza. La descubrió una noche, en la que vagaba solitario, aullando a la luna. Él, que todo

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lo tenía, estaba hastiado de vivir, no de soñar. Su trabajo es vender sueños, es un editor de prestigio, edita poemas de poetas muertos (y vivos en sus libros), que emocionan a los lectores y aumentan su cuenta corriente (aunque esto es lo de menos). Encontrarse con ella, con esos ojos, fue una revelación. Profundos y abismales, eran la respuesta a una obsesión personal, generada a partir de un poema de un poeta, cuyos versos cayeron en sus manos de manera casual. Y que nunca se llegaron a editar, pero... Esos ojos eran su respuesta. Se acercó a ella y sin mediar palabra le ofreció sus labios. Ella le correspondió. El hechizo aún perdura. Y ambos saben que será para siempre porque su AMOR está cimentado sobre un poema, sobre un poema de aquel maldito que nunca publicó:

En tus ojos…vivir. Esos ojos serían mi cielo. Insondable tu mirada que me abrasa. En tus ojos… abismos. y fuego y vida en tus ojos. En tus ojos… mi mundo y mis sueños. En tus ojos… morir.

Andrés Ramón Pérez Blanco (Kebrantaversos) 22

SONRISA DE AMÈLIE
Para Laura Reyman

Ayer te vi en Le Moulin tras la barra, con esas gafas moradas que tanto me gustan, con tu cara de no haber roto un plato salvando dificultades entre descafeinados y cañas. Estabas preciosa con aquella falda naranja y con el pelo corto despeinado, no lo sabías pero en aquel momento supe que eras tú: quien miraba absorta a la ciudad a través de su ventana, y sonreía al imaginar a sus vecinos echando un polvo después comer, eras la que velaba por la integridad de sus amigos, la que insultaba en público a su perra Lola y después a escondidas se la comía a besos, eras la que se quedaba dormida escuchando Su Día Libre de Quique González. Imprescindible en mi vida de poeta, incalculable tesoro que amo todas las noches en cada uno de mis sueños. Lástima que nunca llegaré a ser Nino, nunca sabré el sabor de tus besos en la comisura de mis labios, en mi cuello o en los párpados de mis ojos, jamás te llevaré al trabajo en mi motocicleta ni te susurraré te quiero al llegar a casa. Aún así me conformo. Me conformo con saber que andas dibujando mis versos en cada una de las paredes de este peculiar mundo.

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ESTA NOCHE LOS PERDEDORES HAN VENCIDO

¿Que hay de falso en lo que muestro, de cierto en lo que escondo? R a fa P o n s .

Me acuerdo de aquella noche perfecta, preparada, con todos los alicientes posibles para convertirse en única y formar parte de la historia de mis noches perdidas. Me ahogaba mientras conducía, me faltaba el aire y aún abriendo las ventanas, mi pecho se sobrecogía al ritmo de Supongo. Esa era mi noche. Llegué a casa, solté las llaves con impotencia, con la soberbia del que conoce su destino, de aquel que sabe que no llegará a ver la luz del día y esas horas las aprovecha para despedirse del viento, del suave olor a césped mojado que inunda sus botas, o del ruido de las llaves que encajan con suavidad en la cerradura de tu corazón. Aquella nevera plagada de cervezas se vació, no hubo hielo que se resistiera al beso del whisky mientras lo ahogaba en su última y lenta agonía, el cenicero a tres dedos del abismo acogía las cenizas de maría quemada, y la habitación se convirtió en una nube de fracasos. En el suelo se padece mejor la poesía, mientras rezaba a Ángel González, el frío del puto suelo inundó cada centímetro de mi espalda, perdí la consciencia. Cuando regresé al mundo, mi alma vomitó uno a uno sus sueños vencidos, como pude me desnudé, abracé a la almohada y brindé con mis lágrimas por los recuerdos de un bendito y mejor pasado. Al despertar por la mañana, al ver la ropa aleatoriamente repartida por el dormitorio, la mesa del salón, los rayos del sol paseando por las persianas y tu nombre en cada una de las cosas, comprendí que era la una de la tarde, la una de la tarde y aún no había amanecido tu cuerpo.

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UN CIGARRILLO ESPERA EN LA MESILLA DE NOCHE

Todos los caminos que conozco conducen a tu cama, a tu cuerpo desnudo tras una lisa sábana de seda, a las horas que transcurren mientras veo cómo duermes, desapareciendo, como el humo lentamente, dejando el aroma del champú de tu pelo mojado en mis manos. Desapareces, te diluyes entre mis dedos, el fuego alcanza la boquilla, y observo el vacío que dejas en la cama desolada. Enciendo mi último cigarro y vuelves aparecer, dormida, sonriendo. Maldito vicio el que tengo contigo, ¡cómo coño quieren que deje de fumar!

25 Antonio Huerta

ENTRE LOS RENGLONES

entre los renglones a veces entre los versos se acuestan señores serios que les miran las piernas a las letras y alguna dice “señor no mire tan adentro que ahí

de repente yo guardo secretos, señor no busque que tan sólo encuentra quien yo quiero”
y los señores serios que se acuestan entre los versos cierran un poquito los ojos susurran casi tan sólo para sus adentros “no estoy mirando” pero les miran y no dejan de mirarles las piernas a las letras

entre los renglones, a veces entre los versos se acuestan prostitutas sonrientes que agarran de la mano a las vocales y buscan en sus tramos más redondos un mundo con silencio y menos voces que griten en el patio del colegio palabras que no suenan a infancia: debajo de la falda de la escuela se duerme muy despacio una vocal que ahorca con sus labios el futuro

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entre los renglones a veces entre los versos se escribe una vida paralela al margen de los ojos de este mundo que no siempre usa lentes y se peina se pone un vestido de domingo y sale a pasear por las orillas el cruce no es cuestión de los caminos buscando y rebuscando en las tinieblas los ojos de esta noche que se estira agarra dulcemente los acentos hace con ellos la arena de los mares: por favor, devuélveme el desierto

entre los renglones, a veces entre los versos someto a un interrogatorio a las palabras, les pongo una luz directa al fondo de la cara, ato su cuerpo frágil a una silla, las dejo sin comer y sin agua, les tapo los oídos para que sólo se oigan a sí mismas, les pregunto, les reclamo como si entendieran el idioma que se escucha que no se corresponde siempre con lo que se dice

por eso y porque desear es arder en una hoguera que aún no está encendida esto es un poema de desamor

27 Eva Cabo

QUINCE RENGLONES

Sólo eso, esas palabras convertidas en letras, esos trazos desgarbados en tinta azul que manchan el mísero papel con quince renglones de reproches y miserias con aire de abandono, leo la esquela con lentitud y en lo recóndito de mi alma escucho su voz ahora ausente, imagino su rostro crispado escribiendo sobre la mesa del comedor las últimas frases de un terminante adiós que sólo se atrevió a darme en azul y blanco.

La veo de espalda valija en mano cerrar la puerta sin mirar atrás, sobre la mesa la enjundia de quince renglones en azul y blanco espera paciente derramar su veneno.

Ya nada puedo decir, ya no hay tiempo ni lugar para las palabras, el gemido de un profundo llanto me gana el pecho quitándome el aire viciado por este último cigarrillo que chupo desesperado mientras releo la corruptora misiva.

En cada frase una arruga nueva se hace presente en mi rostro y en las quince líneas envejezco mil años. Deambulo por la solitaria casa y ya no distingo las voces pasadas que hablan de amor y desencuentro, no me reconozco frente al espejo del baño cuando tomo la navaja que fría y sensual me lleva de la mano. El corte es profundo y por él me voy a buscar otras voces en azul que perdonen palabras pasadas.

Mario Jorge Piro
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CALENTAMIENTO GLOBAL

Quince minutos después del t sunami Te lancé un huracán, Se te inundaron los ojos, Y en mis huesos, gota fría; El efecto invernadero Ha hecho trizas nuestro amor, Hay terremoto en tus labios Y en mi corazón sequía; Creo que ésto se acabó.

(Poema de “Ese que llaman invierno”)

Jesús Suárez González
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SILVIA LA DEL PELO ROJO

Si te he de ser sincero quedé con ella con la sana intención de llevarla en el coche a un descampado a echarle un polvo. La encontré rara, no sé, no tenía chispa en los ojos, estaba despeinada

¿Cómo es que te dio por llamarme?
Y el jersey, el jersey azul cielo, lo tenía todo lleno de quemaduras de cigarrillos,

No sé, tenía ganas de verte.
Y estaba en los puros huesos. Daba pena verla, y sin embargo, ya ves, no sé, era la misma tía con la que años atrás iba por la calle gritando sexo, drogas y Guns n´Roses sexo, drogas y Guns n´Roses.

¿Sabes algo de Santi y de Flor?,
le pregunté mientras conducía. Santi le ponía los cuernos a Flor sin parar. Flor había tenido otro hijo.

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¿Y

qué es de Carmen?
Carmen estaba de puta en una barra americana.

¿Y

de Juanjo? ¿No te enteraste? ¿De qué? La palmó. Una sobredosis. El día de Nochebuena.

Y

tú, ¿qué tal? No sé quien me dijo que te habías separado, ¿es verdad? Sí. ¿Por qué? ¿Qué te pasó? A mí nada. A él, que era un hijoputa, un cerdo. ¿Qué te hacía? De todo. Me pegaba. Se metía caballo luego llegaba a casa me pegaba, me daba unas palizas de muerte, me forzaba sexualmente.
Lo dijo así. No dijo me violaba

y

y y y

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o

me follaba a la fuerza. No. Lo dijo así: me forzaba sexualmente.

¡No me jodas! Sí, hasta tuve que abortar. ¿No podías tener el hijo o qué? Fue mi madre. No quiso que lo tuviera. No quiso que tuviera un hijo de ese hijo de puta.
Di una vuelta a la ciudad, luego la llevé otra vez a casa. Me sentía raro, mal, ¿sabes lo que te digo, no?, como si fuera culpa mía que le hubiera pasado todo eso.

y

y

Un día de estos te vuelvo a llamar.
No dijo nada. Pero al levantarse para salir del coche se le subió un poco el jersey le dejó un trozo de espalda al descubierto. Ahí estaban las marcas. Los renegrones. Las cicatrices. La historia que me acababa de contar.

y

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SALIVA

saliva. el aroma a saliva lo impregnaba todo: el pelo, la ropa, los sofás: el reservado de la discoteca en su totalidad. morreábamos. teníamos toda la cara embadurnada de saliva, pegajosa. después, más adelante, cortamos. mejor dicho: cortaste. así se decía en aquel tiempo: cortar. no volví a besarte en la boca. veinte años después, para recordarte, sólo tengo que hacer una cosa. Escupir.

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LÁGRIMAS

mi mujer no me pone las maletas en la puerta, me ayuda a meterlas en el maletero del coche. a los ocho años de habernos casado, mi mujer y yo decidimos separarnos legal mente. yo me voy a vivir a la aldea, a una panera del siglo XVIII. los primeros días, por las noches sobre todo, la soledad descuelga el teléfono marca el número de mi ex. al oír su voz no puedo contener las lágrimas. al oír mis lágrimas tampoco ella puede contener las suyas. así que nos pasamos la mayor parte del tiempo llorando. luego, poco a poco, muy lentamente, voy acostumbrándome a convivir conmigo mismo. mi ex y yo seguimos hablando por teléfono regular mente. nos hacemos amigos. ninguno de los dos vuelve a llorar.

y

David 34 González

EL INCREÍBLE HOMBRE INGRÁVIDO

Atraído por el olor de tu casa, a mantequilla cocinada y galletas recién hechas, al hipnótico perfume de tu piel, a tu sola presencia, floto delante de tu ventana, sin comprender muy bien qué es lo que hago yo aquí, en el aire, sin subir ni bajar, parado, estático, con los ojos bien abiertos para poder observarte y con un gran mostacho falso coronando unos labios que relamo cada vez que pienso en ti, mientras la noche oscurece el ambiente en el que me veo inmerso y un par de transeúntes, tristes y acabados ciudadanos, detienen sus pasos para mirarme fijamente y abstraerse de sus aburridas vidas contemplando mi volatilidad, y no sé qué ha causado esta ingravidez que me invade y la cual me ha traído desde la habitación en la que vivo, y en la que desarrollo mi imaginación más oscura, hasta aquí, hasta tu casa, volando, flotando por encima de los edificios, sintiendo que todo el cuerpo se me duerme con infinitos cosquilleos que apenas me preocupan, pues no hay nada de qué preocuparse, y ni siquiera me asusta el hecho de estar aquí de esta forma, pudiendo caerme de un momento a otro al suelo y romperme cada uno de los huesos de mi cuerpo e incluso el cráneo, si con ello puedo verte, sentirte, incluso hablar contigo y oír tu voz, tu risa, percibir tu aliento en mi cara de nuevo, pues parece haber pasado una eternidad desde el último 'te quiero', hace apenas unos minutos, desde que te soñaba en la habitación, durmiendo de espaldas, pues bien sabes que no soy capaz de dormir de lado, e imaginándote atravesar kilómetros a mi encuentro, y fui yo quien se elevó y salió por la ventana mientras mis ojos se abrían como platos rotos que observaban el resto del mundo desde una altura nunca antes alcanzada por mi persona, y sin saberlo, intuía que era conducido hasta donde estoy ahora, flotando, levitando, volando sin volar, pues apenas me muevo, tumbado en una nube invisible que me permite disfrutar de lo que haces sin que te des cuenta de que estás siendo observada, normal, quién lo iba a pensar viviendo como vives en un tercer piso, de modo que estiro mis labios en una amplia sonrisa, y no me importa que el mostacho se despegue de mi piel y caiga como hoja caduca en otoño, o que ya no sean exclusivamente dos los ciudadanos aburridos que me miran extrañados, mientras sus vidas

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siguen transcurriendo en el más profundo de los grises y me señala n con dedos temblorosos, tengo que aguantarme la risa, no quiero que m e descubras y todo esto se convierta en un mal sueño, y aquí estoy flotando disfrutando como un niño ante su primer desnudo, hasta qu e te vas a la cama, con tu pelo mojado extendiéndose en la almohada, y cuando apagas la luz, el cosquilleo desaparece de mi cuerpo y caigo al suelo, golpeándome de forma brutal contra el césped que rodea tu casa, me levanto como puedo, magullado pero vivo, atontado pero contento, sonriendo ante la mirada atónita de los transeúntes, de los hombres y mujeres de idénticos rostros y similares vidas que a estas horas de la noche han interrumpido sus tediosas horas de descanso para ver alg o insólito, sangrando por alguna que otra herida abierta que me he hech o en tu honor y cuya cicatriz miraré en un futuro para acordarme de est a noche, de tu rostro, de tus ojos, en cuyo interior si que me gustarí a flotar, de tu cuerpo desnudo, me coloco el mostacho de nuevo, aunqu e cuelgue por uno de los lados pues el pegamento se ha secado, y comienzo a andar de vuelta a mi habitación silbando y notando un dolor agudo en el pecho, creo que me he roto alguna que otra costilla, pero qué más da.

Óscar Varona
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SUIT OF ARMOUR

Visceral llego al bar de madera con ventanas góticas ahí donde prendimos el fuego de sexos.

Vengo rota dolor sanguina por tu abandono silente sin ruido, sin cartas, sin señales de humo ni telegramas… Tras cabalgar certeros.

Tu voz enmudece tu cuerpo es desidia agoniza la posesión.

Troto hasta el inicio al container vayan mis botas embarradas, exhausta me desprendo de mi tarja de alas húngara,

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de mi espada parada con vaina, de mi armadura de torneo…

Consumo un vodka helado y al fin te encierro en las mazmorras del Castillo del Firmamento.

Vuelvo ebria al azar.
(Poema de “Bloc de Notas”)

38 Silvia Rodríguez

LA M ISM A TENSIÓN

La misma tensión, el mismo estallido existe adentro de las velocidades de la noche que en mi asolado corazón donde la lluvia llueve. Seres implacablemente tristes cobija mi confuso ser, y mi alma los sustenta, siento sus gritos cruzar las soledades amargas, escucho sus tribulaciones atravesar mi existencia. Son los siglos de orfandad resumidos en mi vida, los legados de mi estirpe emergida de la tierra, aún huelen a húmedas raíces mis cabellos, y cuando miro las ásperas arrugas del planeta, los estigmas naturales de la geografía, me quieren nacer abruptos ventisqueros en el alma, la nieve de las cordilleras corona mi nostalgia. Quizás hubo erupciones que alteraron los destinos, avatares tumultuosos de la estructura terrestre, y en la feroz convulsión de los mudos minerales, cuando los ríos erraban cavando sus derroteros, dio la tierra a luz especies para alimentar al tiempo, dispuso en las soledades muertas un testimonio, arrancó de su substancia inmortal formas mortales y las lanzó por el mundo a vagar en lentos ciclos. Soledades milenarias arrastro entonces conmigo, interminables estepas que cruzaron mis ancestros, noches apenas heridas por los rasguños astrales, y la guerra que detuvo las vidas y los sueños, y las muertes que se extienden sin final tras mi existencia, también son mi patrimonio y debo sobrellevarlas, y debo morir también todas esas muertes. Tierra, tierra sagrada, tierra inmortal natalicia, tierra abolida y depuesta por húmedas generaciones,

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tu hijo final esta noche siente latir minerales, escucha tu fuerza prístina bullir desencadenada, asume tus soledades milenarias congregadas. Pero dime que es mentira llorar y sentir miedo, dime que es sólo la muerte lo que puede destruirme, porque estoy solo y se alteran en mí tus heredades, y casi quiero olvidar que recibí tus insignias, y casi quiero morirnos definitivamente. Y aunque sé que el mismo trueno que germina en mi existencia hace girar el molino de las deposiciones, aunque sé que tu telúrica estampida es mi desorden, quiero romper el asedio porque estoy llorando, quiero estallar en relámpagos totales con mi estirpe, quiero morir una muerte sin final ni trascendencia.

TAL VEZ VIVO EXISTENCIAS

Tal vez vivo existencias mortalmente heridas y soy muchos seres dispersos que buscan. Tal vez recorro planetas lejanos sin orillas clamando con una voz heredada de la lluvia. Ella, la lluvia bendita, hizo nido en mi substancia amontonando sus pájaros tristes en mi alma, cuando mi vida era un árbol de actitudes solitarias y sus aves de orfandad en mí cantaban. Hoy que estalla en mis maderas su galopar incesante otro huésped mora en mí, y es dulce el haberla amado. Y sin embargo es penoso seguir amando si es tarde, si es tan lejos su tristeza, si hojas enfermas errando… Aguas antiguas me mojan y ya no recuerdo, ya dejé de amar sus aves que en mí cantaron, hoy llevo estigmas de amor, la cólera de sus besos que durmieron en mi amor y nunca más regresaron.

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Apagaré en el furor vandálico de la lluvia la hoguera cruel de pasiones que llevo ardiendo, de modo que desesperen mis existencias de angustia y mueran en mí sus muertes mis seres dispersos.

EXISTIENDO

Existiendo con todas mis fuerzas, roturando tiempo y distancia, midiendo con mi ser la noche inmensa, amando con el alma atenazada. Bajo la lluvia camino y voy errando, perdido para siempre entre sus hebras, llorando mi cuerpo de su obstinado llanto, sumido mi corazón en su insondable niebla. Tendida está la tierra como si durmiera: raíces y minerales son su profundo sueño. Encima de los árboles comienza el planeta. Grises las calles que cruzo. Sigue lloviendo. Itinerario de rumbos despedazados, pena infinita de amarla y seguir viviendo, horario en que se inscriben mis viajes desolados, tristeza de existir de tal manera, muriendo… Amando tristemente con el alma, lloviendo hasta en mi corazón la lluvia inmensa, cantando a la que fue cuando me amaba, existiendo con todas mis fuerzas.

(Poemas de “Aguas tumultuosas”)

Ulises Varsovia

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TIRANOSAURIUS DE MI ADENTRO

Uno abre un sapo con el bisturí, cuidadosamente lo despelleja, le va extendiendo la piel sobre la tablilla, clavándola con alfileres o chinches, así se logra ver lo que el animal lleva por dentro. Yo hubiera querido hacer lo mismo conmigo, desollarme, abrirme las vísceras, buscarme en el centro de la sangre la razón de tanta brutalidad. El profesor nos coloca una lámina a color en la pizarra para que comparemos nuestro respectivo sapo descarnado con aquella figura impresa: “aquí el estómago, aquí el corazón,

aquí la tripa, observen los músculos, los tendones, la distribución del esqueleto”. Es algo más fuerte que yo, siempre lo fue, de nada valían las
horas que dedicaba a estudiar las teorías feministas acerca del comportamiento y los vicios del machismo. Había ocasiones en las que simplemente se me subían a las manos las ganas de estrangularla, era una fuerza demoníaca que emergía de lo más hondo, inyectándome los ojos, espumándome la boca, sudándome el cuello y los cojones. Cuando llega el momento de reventarle los órganos al batracio, corre el líquido rojo por la mesa de laboratorio, me dan ganas de vomitar, me causa enorme repulsión destazarlo, pues aquella criatura hasta hace poco cantaba su áspera melodía nocturna y brincaba de un lado a otro con sus ojos inexpresivos y su testa plana desprevenida, ajena a lo que le iba a suceder. No sé cómo empezó a crecer este monstruo violento dentro de mí, afectaba sobre todo a mi esposa, de ella me enamoré perdidamente cuando éramos colegiales, me impactó profundamente su valor, sus dotes naturales de líder, su actitud rebelde, iconoclasta; sus ojos poderosos, gemas negras que me horadaban el orgullito de macho en ciernes. “Hay que ver la distribución de los órganos

del sapo, principalmente brazos y piernas tienen una cierta similitud con los humanos: muslos, pantorrillas, antebrazos”. Al comienzo era su voz, sus
ideas, la seguridad para afirmar sus argumentos; su reticencia a platicar conmigo la hacía más atractiva; fue varios años después que me fijé realmente en la sequedad de su cuerpo, sus nalgas esmirriadas, sus tetas diminutas. Una vez analizadas todas las partes anatómicas del batracio, debemos dibujar lo que más nos llame la atención; en mi caso le dedico tiempo a las tripas que se desplazan hasta el culo del animal, brillan, parecen vivas, como lombrices a punto de saltarme encima. Poco a poco se vino fijando en mí, sobre todo porque fui de los primeros chavalos en la escuela que respaldaba públicamente sus discursos feministas, aún a costa

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del rechazo de mis compañeros de clase. El profe habla y recorre los pasillos formados entre las hileras de pupitres: “Como ustedes pueden

observar muchachos, los batracios sufren una metamorfosis muy interesante desde que están en su huevo hasta convertirse en adultos”. Tardó ella en
hablarme, pero mi actitud decididamente militante la hizo ceder en sus prejuicios. Al inicio de nuestra relación conversábamos mucho, ella tenía todos los argumentos a su favor, no era yo quién para contradecirla, además sus razonamientos en contra de las sociedades patriarcales eran contundentes, en algunos casos verdaderamente lapidarios. El profesor de biología camina con la cabeza agachada y los antebrazos trenzados atrás de la espalda: “Miren muchachos, algunas teorías científicas sostienen que la

especie humana proviene de una prolongada metamorfosis de seres acuáticos, quienes poco a poco evolucionaron hasta llegar a lo que hoy somos”. Sinceramente creí que estaba perdidamente enamorado de su
inteligencia, de la esbeltez de su cerebro, esos conceptos vertidos públicamente por mí aumentaron el repudio que me profesaban la mayoría de los varones del colegio. El profe se detiene y levanta académicamente el índice derecho: “Gracias a esa maravillosa evolución de miles de millones de años, el ser humano es hoy la criatura más inteligente del planeta”. No sé exactamente cuándo se me enquistó el demonio, o cuándo se comenzó a despertar. De nada valieron las prolongadas conversaciones, ni los poemas y escritos que hice yo a favor de las mujeres, ni los dibujitos para el periódico femenino del colegio. El Tiranosaurius que llevaba adentro era mucho más fuerte que yo y comenzó a manifestarse poco a poco. Sacaba sus garras por mis costados sin rasgarme el pellejo; abría yo la boca y asomaba su jeta, soez hasta el insulto degradante. “La inteligencia del hombre es la que nos

permite hoy vivir en un mundo altamente moderno, tecnificado. La inteligencia del hombre ha inventado los aviones, nos ha llevado al espacio, ha desarrollado las telecomunicaciones...”. Me sentía hastiado de su cuerpo,
de sus besos, de sus manías feministas, me harté de lavar ropa, de cocinar, de limpiar la casa, de ser exhibido en sus congresos como el prototipo del hombre rescatado del machismo. La bestia furibunda venía incontenible, yo lo sabía, ella desconcertada comenzaba a sospecharlo. “No se ha encontrado

hasta ahora ningún ser viviente cuya inteligencia se pueda comparar siquiera a la del hombre; nosotros somos privilegiados por Dios muchachos, somos hechos a su santa imagen y semejanza”. De repente íbamos juntos
caminando por la calle, y el animal cetrino de mi adentro me hacía voltear la cabeza mientras fijaba la vista en algún par de nalgas que acababan de pasar; o me llenaba de saliva la boca ante la magnificencia de un tamal voluminoso atravesando mi espacio visual.

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-

¿Y desde cuándo te ha dado por mirarle el culo a las mujeres? ¡No me jodás, no te metás en mi vida! ¿Qué te está pasando, se te está saliendo el macho? ¡Bien sabés que no es machismo, es aburrimiento! ¿Y si estás tan aburrido, por qué no te largás? ¡No busqués, no busqueeeés!

Daniel Sergio Pulido

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ANIMALES PERDIDOS

para N y R

No eran buenos tiempos. Me acababa de separar de mi mujer y había tenido que dejar mi casa en el campo y alquilar un apartamento en el extrarradio de la gran ciudad. Escribía fumaba bebía y de vez en cuando lloraba al contemplar asomado a la ventana la desolación del paisaje: los bloques inhóspitos de hormigón en la niebla el cansancio en los ojos de los transeúntes y el tráfico ensordecedor de la gran avenida. Por primera vez en 40 años me encontraba solo en la tierra. R, la vecina del 6º, adoptaba animales perdidos. Se había quedado viuda hacía 2 años y recogía por la calle perros vagabundos y enfermos. Uno de ellos, N, carecía de extremidades y estaba inmovilizado y ciego. R le había construido una especie de cuna acolchada y le daba en ella de comer con los dedos. Algunas noches N, agitado en sus sueños, se caía de su lecho e, incapacitado para cualquier movimiento, aullaba desesperadamente

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hasta que R se levantaba y le volvía a colocar en la cesta. Yo le escuchaba desde la soledad de mi cuarto oscuro y su aullido me desgarraba por dentro: aquel sollozo infinito y lánguido y triste. Tumbado en la cama, incapaz de dormir, fumaba un cigarro tras otro y añoraba el norte perdido, el calor y el rumbo perdido, naufragando una y otra vez en los mismos recuerdos. No eran buenos tiempos: nada me satisfacía llenaba todo me estremecía todo me hacía llorar. Por primera vez en 40 años me encontraba perdido en la tierra. Y me gustara o no, tarde o temprano, también solo debería reanudar el camino.

46 Vicente Muñoz Álvarez

ETCÉTERA

Yo por aquí, esnifando letras tirando de un fino hilo tú por allí, deslizándote por mi olvido como el miembro fantasma de un perro castrado como las uñas y los cabellos de los cadáveres deslizándote deslizándote por mi olvido.

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ALCOHOL PARA LAS LLAGAS

Te propongo un brindis: por ti por mí y por lo que ya no vamos a hacer esta noche. En la linde de estos versos se haya un acantilado mira las ruinas que acechan abajo; un escalo frío recorre nuestro idilio pensar en si tomáramos impulso y mutar también en ruina.

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Ya sólo entiendo el dialecto de los cristales rotos que encuentro en mi camino por eso te escribo con palabra de frío con verso de hambre como mañana de camino a un trabajo vacío con el abrazo hueco de los armarios.

49 Roberto Ferrer

LOBOTOMÍA

Quiero que me lo hagas, y que me lo hagas bien. No cometas estupideces, sé muy bien que el instinto asesino te tentará, pero has de ser fuerte. Tampoco tergiverses las cosas: procura extirpar sólo lo que haga falta. Lo demás déjalo en su sitio, no quiero borrar todos los recuerdos. Si no te ves capaz, no me hagas perder el tiempo y vete. No quiero volver a experimentar el sentimiento de culpa cada vez que alguien se aleje de mí. No quiero volver a pasear sola como si fuera un fantasma y tener que ocultarme para llorar con ganas. No quiero seguir así otros tres meses, así que apunta bien o vete por donde has venido. Pásame la ginebra. Coge el pica-hielo. No te preocupes, en serio, estoy dispuesta a correr el riesgo. No me mires así, no quiero darte pena. Sólo haz lo que te digo; si no te ves capaz, en serio: vete por esa puerta y no vuelvas por el morbo que entraña poder encontrarme muerta. ¿Te vas, cobarde? Recojo el pica-hielo del suelo, y observo durante un par de segundos el rastro que tus pasos de cobarde han dejado sobre el parquet. Tu silencio y tus estúpidas lágrimas no van a detenerme. Tu compasión no sirve de nada si cuando peor me siento huyes sin decirme nada. Me miro frente al espejo. Es la última vez que voy a verme así. Después de esto seré tan feliz que volveré a quererme como antes, y ellos volverán a desearme hasta el final, y yo volveré a disfrutar de los amores breves.

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El sentimiento de culpa se irá. Volveré a tener corazón. Dejaré de ser tan falsa, se irán mis mentiras como la sangre por el desagüe. Correrán con el agua purificados todos mis errores y los recuerdos, y las suposiciones, y el cariño que a pesar de todo te sigo teniendo. Se irán contigo y todo lo que significaste en mi vida, y sólo serás un ciudadano más con quien cruzar una mirada en algún paso de cebra. Sitúo el pica-hielo sobre el conducto lacrimal de mi ojo izquierdo y me miro fijamente a los ojos mientras sostengo con la otra mano un pequeño mazo de madera. Verme me duele. Me recuerdo a ti, como todas las cosas que te gustaban, y no puedo evitar desperdiciar otras pocas lágrimas. Cierro los ojos y grito con todas mis fuerzas al tiempo que golpeo, y entra, y enredo, y me pierdo, ya no sé qué estoy haciendo, pero todo se está yendo. Lo noto. Noto que todo se está yendo, ya apenas te recuerdo, todo se va desvaneciendo, y sólo queda un intenso dolor de cabeza, y ceguera, y el olor a sangre. Sangre que se escapa y empapa mi rostro y se diluye con el sudor y el miedo, pero también con la tranquilidad que supone no volver a recordarte, y se va todo… se va…

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“[…] la tiranía de la estética era el inmenso desierto que habríamos de disponernos a cruzar solos”
EDUARDO FRAILE

Me quité mucha importancia a mí misma. Sesgué las palabras eufónicas. De mi palidez, las pecas . Los bucles. Todo. Para ser sólo una más como tantas ( modernas de pelo negro lacio con flequillo). A cambio de esta carrera contra natura, canas en el campo de batalla donde Lolita perdió su guerra contra el tiempo.

Es una verdadera pena no ser ya adolescente ni pelirroja ni hermosa, (ni hija del peor de su generación) y que a pesar de haberme quitado tanto, no haya sido capaz de curarme de mi propia estupidez.

52 Adriana Bañares Camacho

LA POETA Y EL NARRADOR (ESCENA DE CAMA)

Disculpo tus hipotéticos errores de estilo porque eres idiota: tú y tu mierda tú y tu narrativa tú y el odio hacia la poesía. Qué buscas entonces en mí. ¿Regañar mis versos? ¿Insultar mis referencias? ¿Agredir al lirismo griego, a Toda Grecia, al latinajo? Desprecias los libros que guardo. Desprecias sus metáforas. Desprecias lo cursi y su obviedad. Qué quieres entonces de mí. Obvia. Cursi. Un poco antigua.

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¿Qué quieres entonces? Discu lpo tus hipotéticas erratas, tu impostura, tu verborrea, porque me gustas, odiando lo que escribo y amo odiando al poema, me gustas. Tú y tu lengua. Tú y tus pleonasmos. Tú y la puta Real Academia sabéis cómo hacerme rabiar. Cómo deconstruirme. Sabéis acabar con La Poesía en la primera embestida.

(De Poetry is not dead, inédito)

Luna Miguel

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DIME SI LA CASA HUELE A MÍ

Construir una casa, los cimientos, los ladrillos, la cerradura. Los muebles, la cama, el tipo de cama, colgar los cuadros. Me gusta esa pintura, la mujer durmiente, tú desnuda, tú. Las canciones lentas desde la cocina, el olor de la crema de noche sobre tu boca, te beso. Te enciendo un cigarrillo con mi boca, fumamos, has comprado unas sábanas naranjas porque pensaste que contrastaban con la pared violeta. Estás llorando en un rincón del sofá, me acerco a ti, el cigarrillo a medias, cae la ceniza al suelo. No sabes por qué lloras, sólo quieres que te abrace. Esa noche tenemos sexo, es agosto, hace calor, ya no es el mismo sexo aunque pienso en el calor cayendo por mi sien como un gemido lento que te arranco. Busco mi lado de la cama y la habitación huele a una mezcla de tu marca de cigarrillos con eso que te has echado en el baño. Doy vueltas. Me levanto. Me siento en el suelo en la oscuridad de diciembre. Vamos al cine, vemos la televisión, un paseo por el centro de la ciudad. Huele a tapa de lomo con pimientos, a restaurante chino, a cerveza fría con un bocadillo de anchoas. Elegimos la mesa del salón después de recorrer un centro comercial. Nada de hijos. Los niños corren por las mesas y gritan, sus padres les miran y nos hablan de las cosas que tienen que hacer, las noches sin dormir, lo que cuestan los pañales, su cumpleaños, el día que se partió un diente y tuvieron que llevarle

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a urgencias. Nos miramos. Eso no nos pasará, un paseo por el centro alargando el regreso a casa. Me besas, no quiero que me beses. Me gusta penetrarte sin nada, te susurro que me gusta tener mi polla desnuda dentro de ti. Al correrme te digo que te quiero. Llevo muchos años diciéndote que te quiero, a veces me pregunto si eso significa algo ya. Me muevo despacio, sé exactamente qué postura coger: las hemos ensayado tantas veces que somos una coreografía exacta y muerta. El sexo tiene el aire de las matemáticas, sólo que no compramos libros nuevos en septiembre. Ya no me gusta tu cuerpo, tampoco es que me repela. No le doy importancia, es agosto y hace tanto calor que mi espalda está húmeda como tu sexo. Hacía tiempo que no lo hacíamos, hace tiempo que no quiero. Compramos nuevas películas, me masturbo una mañana de junio, leemos nuevos libros, no pienso en ti, me voy a la cama cada día más tarde esperando que te duermas para que no tengas que tocarme. Te beso y te digo lo que todas las noches. Tu boca entreabierta, un viaje a un café de París que no haremos nunca, el gato durmiendo a tus pies, el sol de la mañana entrando por la ranura de la persiana. Te llevas los cuadros, la colcha azul, los libros. Dejas las cartas que nos escribimos. Me echas la culpa de no haber sido capaz de retenerte, y no sé qué decir. ¿Por qué no hiciste nada para que me quedara? Estaba anestesiado, el calor de agosto, te dije, el sudor me caía cuando entraste a coger tus últimas cosas y el tipo de la mudanza tenía la camisa sudada. No quiero que esto acabe así. Nunca se quiere que las cosas se mueran, el arte es eso, ¿no?: cosas muertas que atraviesan el tiempo como el aire la ventana. No das un portazo, ya no haces ruido al masticar, ya no me molesta que quieras que esté pendiente de ti. Miro escaparates, la calle mayor aún empedrada, olor a viejo, la catedral, los puestos ambulantes. La librería, un día estará un libro mío ahí, puede que uno cómico. Doy un paseo, la cama tiene una colcha roja y negra con letras chinas. La copa está vacía, a veces celebro demasiado las cosas y la cabeza me golpea a la mañana siguiente, un cosquilleo que baja hasta las piernas, bebo

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unos sorbos de este café que me dura toda la mañana. El whisky tiene arena de mar que no sale de mis ojos. No pienso en ti cuando me dice si quiero sentirla. Me quito el condón, y al sentirla recuerdo lo que se sentía. Cierro los ojos, me muevo despacio, no recuerdo cómo se llama y me sorprende lo poco que me importa, y me voy lejos: huelo la menta, tus manos, la comida de los sábados, la ausencia, un viaje de regreso, le gusta que me corra encima de ella, gime, da un respingo cuando todo salta y el mundo se centra en una mueca. El sabor de mi semen sobre su cara, mi lengua sobre su piel que la limpia. Dice que le gusta besarme, que todo le sepa tanto a mí. Me tumbo a su lado y mientras hablamos y miento, me quedo dormido, me muevo buscando algo en el fondo de las sábanas, respiro algo fresco, como si saber que se marchará a la mañana siguiente me hiciera sentir libre de un peso atroz. Me besa antes de subir al tren, no nos preguntamos cuándo nos volveremos a ver porque no es necesaria esa pregunta. Me siento en la terraza de un café a escribir sobre ti, o sobre nosotros, puede que lo haga sólo sobre mí aunque tú salgas descrita. Está fría esta cerveza, he perdido mi letra, esa que te gustaba, porque escribo demasiado con el teclado. No me queda ni mi letra, pienso un domingo por la mañana cuando oigo en la radio algo acerca de la música europea, suena algo desde la cocina, los fogones alimentando el guiso de lentejas, alguien que se pierde calle abajo, los cuadernos vacíos, la pluma seca, el cansancio, ella desnuda, tú.

Luis Sevilla

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POETA

Julio llama a su musa por teléfono: necesita inspiración para escribir unos poemas amorosos. Cuando llega Lucía, el poeta le invita a café y pastas, le habla del compromiso que tiene con su editor, que le agobia con correos electrónicos y llamadas insistentes para que empiece a preparar su próxima obra. Lucía le escucha atenta, palabra por palabra, y se deja llevar cuando Julio se le acerca y le desabrocha la blusa, y roza con sus labios los hombros; le susurra el artista al oído que busca la belleza en su desnudez, y ella, despacito, se deshace del sostén, la falda, y las bragas. Él se sienta en un sillón, la contempla, embelesado: tez blanca… senos generosos… el vientre perfecto… su pubis rasurado… Lucía coge una de sus robustas manos y la coloca sobre un pecho, pero el hombre la retira, y le reclama que sólo desea captar la belleza ideal. Lucía suspira, y al fin, se rompe su silencio: está harta de repetir el ritual desde hacia meses, de la actitud de Julio a no tocar su piel; le aclara que, si no le hacer el amor allí, en ese momento, lo deja. Julio la rechaza de nuevo, le expresa que si su piel era ultrajada por los vulgares fluidos de la pasión, dejaría de ser hermosa, pero Lucía le confirma la cruda verdad: que no es consciente de que la poesía es la realidad. El hombre, cabizbajo, no replica, y deja que Lucía, con semblante triste, se vista y se despida definitivamente de él con un “espero que salgas pronto de tu burbuja, por tu bien, mi amor”. La melancolía se apodera de Julio, el sensible poeta que pasa toda la noche en vela delante de la pantalla del ordenador en blanco junto a una botella medio llena de Whisky. El infeliz descubre que la

auténtica poesía nunca ha estado en sus manos.

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PERRAS Y PERROS

Perra

Le meneas el rabo a tu dueño; a sus espaldas, cobarde, me miras con esos ojos de Husky Siberiano y tu voluntad tamaño Chihuahua. Buscas sus golosinas para burlar la soledad y rechazas el cariño de manos honestas,

el que no te conviene.

Cuando te canses de jugar con las pelotas de tu amo, no busques el rastro de esta miserable que te mostraba el corazón en la mano y en la otra, un cuchillo oxidado,

la que jamás encontrará compensación de tantos y tantos años de lágrimas y cama vacía.

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Perro

Te hacías el desorientado en la última estación del amor: tu propietaria se resistía a despedirse de ti y tú, no te decidías,

me vigilabas desde el umbral,
deseando que yo agarrara la cadena y el collar para amarrarte y así evitar ser un triste vagabundo de emociones.

Los perros no saben estar solos,

y yo soy incapaz de aferrarme al miedo.

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Y que sigan ladrando:

sólo deseo la compañía de mi sombra.

Ana Patricia Moya

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Y N O HE CUMPLIDO AÚN TODA MI EDAD NI LLEGARÉ A CUMPLIRLA COMO ÉL DE UNA SOLA VEZ Y PARA SIEMPRE

Es difícil encontrar dentro de nuestra especie Seres que atesoren la maravilla del silencio, Por eso he optado por renunciar al amor Aunque un día… Conocí de modo casual A una niña que se mordía la lengua al verme perdido entre mudos desvaríos, Compartimos unas tardes agradables,

El nebuloso azul de los cinemas
Rumores y ecos inválidos agitando el barullo de las avenidas…

Vidrios y agua Y cascajo reluciente
Pero luego, Como mi preciado silencio Fuimos apaciguados por la memoria y la necesidad de crecer… En ese momento… Me volví de modo irremediable y sentencioso, Un hombre Y tuve que decirte adiós, Como a un mal sueño

(Poema inédito)

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NUNCA SALÍ DEL HORROROSO…

…estos años, tan pocos si pensamos el universo… puedo afirmar con mayúscula irredención… he perjudicado a cuantos han estado junto a mí… niños, niñas, mi propia infancia ha sido un ruego machacado en el mazo de agonías y vamos todos como dementes moliendo sin delicadeza los órganos de quienes amamos / esos pequeños ojos que perciben los colores y el justo aroma, sin una coartada, sin una espera, sin una noble indiferencia y la curiosidad es el arma que va colando a tiros mis pasiones sobre el cuerpo de esa niña astral que impregna de felicidad cada célula y cada cuerda de la materia en un plano que ya Dios quisiera poder trazar en su arquitectura imperfecta pero él no tiene tus armas y la poesía es su lengua en mi garganta destrozando pliegue a pliegue las cavidades de la cordura que ve dilatarse sin paciencia y con emoción como un efluvio mágico y sangrante… una primera

perdida (…) vengada a dientes y uñas… pero todo tiene un fin y la
amarga carnadura es la soledad de los otros y el infierno que somos todos en el mismo cuarto… ahogados por los roces y la conspiración del sudor sobre el pecho… no encuentro gracia mayor al rito de suicidarse… es mejor afrontar a diario esa tarea… con la esclavitud de un sol que todos los días aparece en extinción por la misma irrisoria esquina.

(Poema inédito)

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“[…] jamás una comunicación nunca un saludo de cumpleaños, ni la menor señal de vida en común, ni un escupitajo en mi escudilla”
ENRIQUE LIHN

DIOS MÍO / DE DÓNDE SALE / TANTA GENTE / SOLITARIA

Los amo tanto… que no los soporto Duele verlos caminar Sus bostezos Un estornudo que salpica la comida Y oír las carcajadas… Los miedos al lograr un acierto Las victorias pospuestas entre cada problema que nos une No saben cuánto los amo Duele estar ungido por su carne Beber a sorbos de la sangre que se cuaja en un cordón dilatado Y mirar a cada momento, atravesado por el error, conteniendo la nausea… Como se repite cada hombre y mujer … Los viejos y sus palomas / las madres / las iglesias / los vendedores y las frases El payaso de la tele / los ciegos / las avenidas / los niños corriendo sin mirar a ambos

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Lados / el payaso de la radio / el tío del almacén/ los devoradores de chatarra / el payaso De turno / las chicas de jeans ajustados y el pastero de la esquina / los perro s en la Esquina / las pelotas y la suciedad en todas las esquinas y rincones del mund o en que Acaba y empieza el amor Que nos tiene recogiendo del suelo, Colillas de humanidad.
(Poema inédito)

Daniel Rojas Pachas
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EL HOMBRE SOÑADO

Quién me iba a decir a mí que quince años después estaría buscando en la guía de teléfonos a Juan Carlos Martín Pedregosa. No para recuperarlo, sino para conservar a mi marido . Todo porque la primera vez se lo conté. Confiada, le dije: - Qué gracia, ¿sabes con quién he soñado? Con mi primer novio. Hasta le conté el sueño: nos habíamos abrazado en medio del patio del instituto, mientras nos confesábamos, con lágrimas en los ojos, que ahora los dos estábamos casados cada uno por nuestra parte, y que ya nunca podríamos estar juntos. Mi marido expresó algo parecido a la ternura. Hasta se puso a jugar a los psicoanalistas y me dijo: - A ti lo que te pasa, cariño, es que te da miedo crecer y asumir los compromisos de la madurez. Entonces idealizas tu pasado, cuando todas las puertas estaban abiertas y el futuro era una página en blanco. Pero hoy, transcurridos varios meses y unos cuantos sueños, cuando ha encendido la lámpara de la mesilla y ha visto en mí los mismos síntomas, sudor, palidez, tristeza en los ojos que miran el techo, ya no ha tenido ganas de hacer análisis. Ni siquiera se ha hecho el despistado, como otras veces. Por toda la casa se oían sus voces: - Has vuelto a soñar con él, ¿a qué sí? ¡Claro! A él nunca le viste los calzoncillos sucios, ¿a que no? No llegaba a casa después de que el jefe le estuviera todo el día tocando los cojones, ¿a que no? No le oíste roncar, ni vomitar en el baño, ni pegarse un calambrazo con un puto enchufe, ¡ni siquiera le oliste un pedo!, ¿a que no, cielo, a que no? ¡No te jode!, ¡así cualquiera!

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Ha de sgranado las miserias de la cotidianeidad mientras se duchaba, se prepar aba un café, se apretaba el nudo de la corbata hasta hacerme creer que quería ahorcarse. Luego se ha marchado sin darme un beso. Eso no lo había hecho nunca. Es como un pacto: minutos antes podemos haber tenido una bronca descomunal, pero el beso nunca nos lo saltamos. El beso de despedida es nuestra p romesa de futuro. Y lo p eor es que aún se le ha ocurrido llamar por el portero automático y me ha dicho: - Co mo tenga un accidente y me muera, ya verás si vas a tener razones para soñ ar conmigo. Toda la vida para idealizarme vas a tener. Ya verás. Y para que ya nunca tenga que preguntarme si he soñado con mi primer novio, aquí estoy, con la guía de teléfonos, buscando al dichoso Juan Carlos Martín Pedregosa. Mientras, rezo para que cuando quedemos, le vea aparecer barrigudo, calvo, con zapatos negros y calcetines blancos, algo, lo que sea, algo, que lo desaloje del trono de los hombres soñados.

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FUMANDO ESPERO Era el chico perfecto. Nunca le importaba darme caladas de su cigarro. Me lo alargaba con una sonrisa, girándolo en el aire para ofrecérmelo por la boquilla. Pero me confié. Empecé a no devolvérselos. Cuando quería darme cuenta, ya me los había fumado enteros. El día en que llegó cubierto de parches de nicotina supe que era el principio del fin.

LA AMADA DEL SUPERHÉROE Había soñado con dejarse querer, ingrávida, sintiendo cómo la apresaban y acariciaban los hilos de seda. En lento y dulce trámite, el veneno iría venciendo sin apenas encontrar resistencia. Y por fin se entregaría como una mariposa en la red, multiplicada su levedad y su belleza infinitamente en los ojos de su captor. Se llevó la mayor decepción de su vida cuando, para amarla, el Hombre Araña se despojó de su disfraz rojo y negro, mientras la miraba con aquellos ojos de hombre vulgarmente enamorado, que la reflejaban tal cual era.

UNA CUCHARADA, Y OTRA Lo primero que hacía cuando llegábamos a su casa era preparar un té. Dos cucharadas para nosotros, una para la tetera. Primero la leche, luego el té. Me contó que esta era una costumbre de cuando el té se tomaba en porcelana tan fina que el líquido caliente podía quebrarla. Me gustaba escucharle mientras volcaba el contenido de la tetera en las tazas. Cuando me llamó para decirme que lo dejábamos, lo primero que hice fue prepararme un té, una cucharada para mí, otra para la tetera. Las costumbres más duraderas, pensé, son aquellas que se heredan de un amor perdido.

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El amor es a veces a media tarde de un día que nos ha visto madrugar que nos ha visto inmolarnos en aras de una nómina a final de mes el amor es a veces este secuestro un cansancio triste y apagado que me toma por rehén un esperar que me liberes sin haberte hecho una señal sin que nadie haya puesto precio a mi rescate sin que el zulo haya tomado rostro de agujero sino la limpia y anodina cara de nuestro cuarto.

En los desfiladeros de nuestra cama a campo abierto en el salón yo te persigo como a un pueblo cansado y débil te acorralo y te masacro en vez de ser enfermera en vez de cantar para tus tropas en vez de disparar codo con codo te exijo los restos de las fuerzas que otros te arrebatan en batallas transcurridas en despachos de 9 a 6 antes de que acabe contigo deja que sea mío el último deseo. Mírame a los ojos, amor: devuélveme mi humanidad.

Ana Pérez Cañamares

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ME IRÉ

Cuando este aire amaine, me iré. Y no sé donde iré y si vendré, pues tardé tanto en la espera que no conté con las ganas de verte. Me iré y lo haré, no dudaré… ni lo intentes o me ofenderé. No vendré y lo sé, donde llegue éste, estaré. Solo. Estaré. Cuando este aire amaine, me iré. Donde iré, quedaré… marcharse ahora, lo sé, y me iré. Sin sentires ni pesares entenderé el volveré.

… si se fuese y no viese … … que si dudase, lo viese y dijese: …
Me iré, y no sé donde ni el cuando llegaré. Cuando este aire amaine ya no estaré. Donde quede, quédame… llama y no iré, ahora lo sé.

José Luís Gutiérrez
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CAPRICHOS DEL DESTINO

La primera vez que sus caminos se cruzaron, él tenía siete años, estaba sentado en un banco del parque esperando a que su mamá dejase la charla que mantenía con una vecina. Una tercera se unió a ellas, empujaba un cochecito porta-bebes que inmediatamente fue asediado con toda la atención común a esos casos. Al rato dejaron de lado el cochecito y siguieron las tres con sus cosas y chismorreos. Fue entonces cuando él, aburrido, se acercó a ver que había dentro de ese cochecito que tanto alboroto había provocado poco antes. Se quedó mirando a aquella niña que le devolvía la mirada sin dejar de apurar su chupete azul. Todos los bebés que había visto hasta entonces le habían parecido feos y coloradotes, sin embargo éste era hermoso y simpático, sus gestos eran dulces y eso le gustó. Alargó su dedo índice hacia aquella diminuta manita, ésta se abrió y le cogió el dedo con fuerza, él sonrió y miró hacia las mujeres para hacerlas participes de ése momento, pero ellas seguían enfrascadas en sus cosas. Volvió la mirada al interior del cochecito, la niñita seguía mirándole fijamente, con aquella carita que apenas sobresalía del amasijo de colchas, edredones, y gorritos que la envolvían...

Pasaron quince años. Ella se había convertido en una mujercita hermosa y responsable que sacaba buenas notas en el instituto, no le faltaban pretendientes ni amigas que la querían de verdad. Sus padres estaban orgullosos de ella en todos los sentidos y la agasajaban con constantes regalos y cariños. Esa tarde, en concreto, se había quedado sola en casa, no tenía deberes y decidió salir a alquilar una película en el video-club de la esquina.

Él vivía desde hacía dos años en una destartalada buhardilla, donde pasaba las horas encerrado a cal y canto, siempre delante del monitor de su ordenador. No tenía amigos ni los necesitaba, su madre se acercaba una vez por semana y le dejaba la compra del súper delante de la puerta. Esa tarde, esas cuatro paredes se le caían

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encima, llevaba ni se sabe cuánto tiempo sin salir a la calle y decidió bajar a tomar un poco de aire fresco.

Ella paseaba su mirada por las estanterías del video-club, para ser más exactos por las filas de películas que hace tiempo dejaron de ser novedad, buscaba una en especial: “Nos hacemos falta” de Juanjo Jiménez. Después de varios minutos de intensa búsqueda la encontró en un rincón. Salió del establecimiento contenta por su hallazgo y caminó deprisa hasta su casa. Justo un minuto y treinta y dos segundos después, él entró en el mismo video-club, se dirigió a la dependienta y preguntó por la misma película, la chica se disculpó y le explicó que sólo tenían una copia y que ésta había sido alquilada hacía breves instantes por una chica joven...

Una semana después no coincidieron en una librería por veintidós segundos. Por supuesto ambos compraron el mismo libro...

Cuando ella cumplió su mayoría de edad sus padres le regalaron un coche de segunda mano que compraron, por muy buen precio, a un joven desaliñado y poco hablador que pasaba por dificultades económicas. Ése joven era él. Un día, él esperaba en la acera a que el semáforo cambiara de color, y vio pasar su viejo coche conducido por una atractiva morenita, lo siguió con la mirada hasta que se perdió en las entrañas de la ciudad...

Tres años y medio más tarde, un fin de semana de un caluroso mes de agosto, coincidieron a la misma hora en un Pub del casco antiguo de la ciudad, sólo que no pudieron verse porque él estaba en el WC, vomitando el exceso de alcohol que anegaba su estómago. Ella entró acompañada de un pijo con un traje

escandalosamente caro. No estuvieron ni un minuto, de hecho no llegaron ni a pedir, la música demasiado alta y la conciencia de estar fuera de lugar precipitaron su marcha. Cuando él salió, un poco más aliviado, del wáter, encontró sobre la barra

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un mechero dorado y un paquete de Chester que ella olvidó en su acelerada partida. A lo largo de su desastrada vida estuvo a punto, más de una vez, de vender o empeñar aquel mechero, pero nunca lo hizo, ese mechero despertaba en él un cariño y una fidelidad que nunca entendió...

Y pasaron quince años más. Ambos acudieron a una exposición de arte, cada uno por separado. La sala estaba a rebosar de pijos, progres, artistas de tercera, gorrones y demás faunas urbanas. Él iba dos cuadros por delante, se detuvo frente a un gran lienzo de tonos grises y amarillos, se dejó llevar por la fuerza de los trazos y el contraste de los colores. Estaba tan abstraído con el cuadro que no se fijó en la morena que permanecía parada a su diestra, tan absorta como él en las pinceladas del lienzo. Los dos fijaban sus pupilas sobre la misma pintura, seducidos ambos por los mismos sentimientos. Al rato él siguió con el recorrido, ella contempló el cuadro un poco más.

Tardaron siete años y medio en volver a cruzarse, compartieron abogado, aunque para casos diferentes. Ella para solicitar el divorcio de su hasta entonces marido y él para algo relacionado con la sociedad de autores, pero nunca se cruzaron en la agitada agenda del letrado.

[FUTURO]

Pasaron treinta y tres años. La vida les ofreció dichas y desdichas, unas cosas vinieron y otras se les fueron, lugares, personas, bautizos, bodas, entierros... Sus vidas se encontraron por fin en aquella residencia donde ambos habían ido a parar para acabar lo que les quedaba de sus vidas. En cuanto se vieron se enamoraron y supieron que estaban hechos el uno para el otro.

A las pocas semanas él murió al sufrir una embolia.

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DESPEDIDA

Dos personas en una habitación. Una de ellas hace la maleta. ¿Cuándo vuelves? No lo sé. ¿Vendrás por Navidad? Ya te he dicho que no lo sé. ¿Y cómo me pongo en contacto contigo? En cuanto tenga el teléfono instalado yo te llamaré. ¿Puedo escribirte? Te mandaré la dirección cuando la tenga.

Silencio largo, muy largo... Tengo la sensación de que no vamos a vernos más. No digas bobadas. Lo pienso de verdad. Bobadas. Ya...

La maleta se va llenando mientras armario y cajones se vacían. Las dos personas se mantienen en silencio, ocultando sus respectivos dolores. ¿Has visto la camisa gris? ¿La que yo te regalé? Sí. Está en la lavandería. ¡Mierda! Cuando tenga tus señas te la mandaré por correo.

La maleta ya está llena. Ahora tengo que irme. ¿No vas a darme un beso? Mejor que no.

La maleta sale de casa y entra en el ascensor. Adiós. Adiós. Llámame, por favor.

La puerta del ascensor se cierra. Ruidos del motor del ascensor.

74 Pepe Pereza

LA PARTERA

Fue pa ra la Navidad del 99, me parece. En el 2000 no, porque había más bochinche con lo del fin de siglo y me acordaría, me parece que fue para el 99, nomás. Ya habíamos sorteado las guardias y a mí, por primera vez en años, me tocó Navidad. Siempre me toca Año Nuevo pero esta vez no, Navidad. Qué sé yo, a mí Navidad me parece menos fiesta, más como una cosa para adentro: nos saludamos, somos todos buenísimos, nos queremos, pero, como cuando el nene toma la comunión, es entre nosotros nomás. En cambio Año Nuevo es más para afuera, más de cañita voladora, de bocinazos y caravanas por el centro. Si cuando yo era chica hasta serenatas había. Era de lindo... Se juntaban cinco o seis locos, una guitarra o un acordeón y salían por todo el pueblo a dar serenatas. Hasta si tenías suerte te tocaban dos o tres al hilo. Eso sí, tenías que tener preparada la sidra para los musiqueros, porque sí no, capaz que te bajaban la casa a piedrazos, con la curda que ya traían de serenatas anteriores. No le sabría decir si me gusta más que me toque guardia en Navidad o en Año Nuevo. Yo ya estoy vieja para andar de fiesta, pero me gusta mirar los fuegos artificiales y ver el movimiento: es lindo el centro tan tarde y tan lleno de gente. En Navidad te vas a dormir más temprano, más tranquila, porque brindás, comés el pan dulce, juntás los platos y ya está. En Año Nuevo no, porque la fiesta sigue hasta que se hace de día. Pero, bueno, volviendo al cuento, ese año me había tocado Navidad. En la guardia habíamos arreglado todo: nos íbamos a armar una cena que ni le cuento. Con platos enlozados y vasos de plástico, pero igualmente cena de Navidad. Y si a alguien se le antojaba joder a la hora de la cena, que se la bancara, que volviera después de la una. Habíamos repartido la cosa y a mí me tocó hacer tomates rellenos. Me acuerdo que hasta atún del bueno le puse, nada de andar pijotereando y echarle caballa para disimular. Atún y del bueno, eran otras épocas. Ahora andá a saber en cuánto anda la lata. La Piru, la enfermera de maternidad, se mandó unos pasteles que eran para chuparse los dedos. Es una genia la Piru haciendo pasteles. Teníamos dos botellas de sidra y una de champán, que le gusta al doctor Maurice, escondidas en la heladera de Vacunación, atrás de la caja de suero antiofídico. Yo había estado sacando las cuentas y no tenía ninguna a punto de parir, pero en el hospital nunca sabés; en privada las mujeres van a control todos

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los meses, pero en el hospital te cae cualquiera que ni se ha enterado que está embarazada, que no se ha hecho un examen de nada, que no tiene idea de por dónde va a salir el muchachito, ganas de matarlas te dan. Sin contar las condiciones en que vienen. Condiciones de salud, sí, pero de mugre también. No tiene idea lo que es. A algunas habría que manguerearlas primero, viven en cuevas y la única cama con sábanas que conocen es la del hospital. Claro, si vienen a parir cada nueve meses. Y ni te avisan, habría que marcar en el almanaque para saber cuándo van a venir la próxima vez, yo siempre digo. Y que no me apuren, que van a ver cómo lo hago. Y dicho y hecho. ¿Usted quiere creer que esa Navidad no había quedado prácticamente nadie internado en el hospital? Les había agarrado a todos una epidemia de salud; alta para todo el mundo dieron los médicos ese día. A la tardecita empezaron los cohetes por el barrio y yo pensé que en cualquier momento iban a caer con las quemaduras, pero no. Ni siquiera eso. Para la noche habíamos armado una mesa que ni la de Mirtha Legrand. Carla, la de terapia, había hecho un centro de mesa con las flores del jardín que era una belleza. Marcelo, el médico de guardia, la cargaba porque había puesto los adornos en los papagayos, pero quedaron hermosos. Estaban mis tomates rellenos, un vitel thoné que hizo la mujer de Marcelo, sandwichitos de miga, un poco de lechón frío, ensalada. Y de postre, los pastelitos de la Piru. No me había alcanzado a llevar el primer bocado a la boca, cuando no va y suena el timbre. Crucé los dedos y pensé para adentro “que sea un traumatizado, que sea un traumatizado”. Pero no, yo misma me lo iba imaginando. “Ponele Jesús”, me alcanzó a gritar la enfermera de terapia. Y le pusimos Jesús, no más. ¿Qué otro nombre le iba a poner si el pibe nació a las 12 clavadas? Un negrito flacucho, llorón como él solo. La madre se portó demasiado bien para la edad que tenía. En cuanto la vi, me dije que iba a ser difícil, porque la muchachita vino sola, ni un bolsito tenía, ni documentos ni nada. No la habíamos visto nunca por el hospital y no dijo otra palabra más que su nombre. “Yécica”, así le mandó la Piru que se las da de doctora y no terminó ni cuarto grado. No debía tener ni 13 años y la falta de olla se le veía a la legua. La piel grisácea, el pelo finito y descolorido atado con una gomita verde, la cara huesuda, los ojos tristes: la panza hinchada desentonaba en tanta flacura. Colaboró en el parto como una experta: dos pujos y afuera. Ni episiotomía alcanzamos a hacerle, porque prácticamente lo escupió.

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Cuando le puse el chico sobre el pecho me di cuenta de lo que iba a pasar. Lo había agarrado sosteniéndolo, solo sosteniéndolo, como para que no se cayera al piso. Miraba para adelante, para arriba, para el costado, pero no al nene. Marcelo le preguntó qué nombre le iba a poner y sólo se encogió de hombros. “Jesús”, dije yo que me acordé de la de terapia. Jesús le quedó, porque la flaquita se fue sola a la mañana temprano, antes de la primera visita de sala, sin haber dicho nada más que su nombre. Todos habíamos anticipado que eso iba a pasar, la misma noche del nacimiento, cuando estábamos comiendo los pasteles de la Piru. Marcelo se puso cargoso para que le cambiáramos el nombre. Lindo destino le eligieron al pibe con ese bautizo, decía. —No te preocupes —dijo la Piru, que estaba tomándose el tercer vaso de sidra—. Esta vuelve en setiembre y ahí le decís que le ponga Yonatán. O Kevin. O Braian. —Ni poniéndole Rockefeller le vas a cambiar el destino —aportó la de terapia, que después de todo había sido la de la idea. —Si vuelve en setiembre, le pueden poner Flor. Volvió antes, por un aborto mal hecho, y se murió a los tres días. Pero esa vez, menos mal, yo no estaba de guardia.

Silvia Loustau
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CORAZÓN ROTO

Nunca permitiré Que nadie llegue Ni siquiera a sospechar La manera En que mi corazón roto Me está matando Nunca sabrá nadie

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Acerca de mi muerte silenciosa Pues sólo lloraré Bajo la lluvia Nunca nadie me oirá quejarme Pues sólo buscaré tus labios En mis sueños Y te llamaré Entre la tormenta Nunca nadie Vislumbrará mi tristeza Sólo yo sabré de ella Y gemiré en soledad Y trataré como pueda de soportar Esta desolación tan cruel Que encierra mi pecho Pues mi corazón roto Me está matando

79 Enrique Fuentes-Guerra

EL AMANTE

Mi amante es un camino de malezas a zules sin machete, un piscina que corta. A veces trae manzanas con veneno y le amo mientras vuela, a veces trae mentiras de canela y me las bebo de un trago. No tiene prisa, desaparece despacio y cuando vuelve rompe los cristales. Es un cerdopájaro y yo una amapolarueda. De repente el verano se instala en la terraza y me regala un geranio que da a luz un cuento casi alegre, lavo las cortinas y abro la maleza calor y calma en las peceras, mar y luna en los ojos. El verano es un lagarto de paciencia, otoño, invierno y sigue la rueda sin ojos barriendo las calles. Separo las piernas y caen las pupilas del amante, al fin secas: bolitas de amor para el juego de un gato. Es primavera y no se muere el aire por un beso, prefiere anochecer fuera de casa. Llueve, cala, alguien canta, alguien abraza un sueño. La voz del amante cruza las telarañas y abre los geranios: sus gotas se detienen junto a un cuerpo sin nombre.

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TIJERA

Soy un árbol solo en mitad del azufre, una plegaria sin pecado. Ayer cambié mis ojos por un espejo y hoy no me arrepiento, soy la vena ciega que en tus párpados arde.

Soy el arco iris abisal que precede nacer y morir, el pelo que cortan las tijeras del aire.

Pensé que buscabas peces azules pero anhelabas el cofre del óxido.

Sólo eres este poema sin carne, lleno de una luz oscura, eso eres y quedarás en un libro que leeré de vieja.

Verónica García 81

SEMÁFORO EN ÁMBAR
Aún recordaba su última llamada, el móvil no tenía buena cobertura, sin embargo eso no fue impedimento para que notara un hilo de preocupación en su voz. Estaban terminando la decoración del piso, todos los pormenores de la boda se encontraban resueltos, sólo quedaba por elegir la tonalidad exacta del salón para colocar los muebles, pero no encontraban el momento oportuno, últimamente su novio nunca tenía humor para tomar decisiones. Aquel día la llamó más temprano de lo habitual, según él ya era hora de hablar en serio, Luisa no dio importancia a tanto formalismo y dijo entre risas - Qué solemne te pones para decidir el color del salón. -¡Déjate de bromas!… bueno… luego hablamos, quedamos a las siete y nos tomamos un café, ya sabes… en el lugar de siempre. - Como tú digas cariño - Contestó ella intentando alejar tanta seriedad. Llegó a la cafetería antes de tiempo, él aún no se encontraba allí, y decidió salir para esperar en la puerta. A los pocos minutos lo vio acercarse en la moto, no conducía rápido, siempre había sido muy prudente con el tráfico, pero en esta ocasión se saltó el semáforo en ámbar, de repente un vehículo rojo surgió de la nada y ¡ZAS!… lanzó el ciclomotor contra la pared. Luisa trató de avisar, intentó gritar, pero se quedó con la primera sílaba de su nombre en los labios. Todo lo demás fue como la proyección de una película, su cuerpo caído sobre el asfalto, las voces de los testigos, la estridente llegada de la ambulancia, la rápida actuación de los sanitarios, la marcha entre aquellas intermitentes luces naranjas, el ingreso en cuidados intensivos y el diagnóstico: Traumatismo Craneoencefálico

Grave.
Ya habían transcurrido tres meses desde el accidente, ni un sólo día dejó de recoger a su suegra para acudir junto a ella al hospital, y por fin hoy a la hora de la información médica, tuvieron la mejor de las noticias, durante la noche había abierto los ojos, articulado las primeras palabras, seguía la mirada allá donde se le indicaba, y existía coordinación en sus movimientos. No lo podía creer, nunca había perdido la esperanza, sin embargo, ya estaba agotada de tanta incertidumbre. Pero ahora todo volvía a tener sentido, todo volvía a su lugar. Entraron con rapidez a la hora de la visita, ambas mujeres estaban deseando comprobar por sí mismas su mejoría, se colocaron sonrientes a los lados de la cama, pero él no reaccionó, no las miró, no habló, ni se inmutaba cuando la madre

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lo llamaba una y otra vez. Sólo cuando su novia comenzó a llorar, dirigió la vista hacia ella, cerró los párpados para no ver esa situación y no los volvió a abrir. Cuando salieron las esperaban un grupo de amigos de la pareja, los habían llamado para informarlos sobre la mejoría, y se presentaron para felicitarlas, con ellos se encontraban dos jóvenes de rasgos sudamericanos, las había visto en contadas ocasiones, aunque nunca les prestó atención, no sabía ni le interesaba saber quienes eran, dio por hecho que se trataban de dos nuevas conquistas de los chicos. En esta ocasión el tiempo de coincidencia se dilató algo más, habían solicitado hablar con el médico de guardia y estaban esperando ser atendidas. Fue entonces cuando Luisa se fijó detenidamente en una de ellas, la mulata de ajustados vaqueros, le llamó la atención su extremada intranquilidad y como la arropaban los amigos. Preocupada intentó acercarse al grupo con la intención de explicarles la situación, pero la mano de la suegra agarrándola por el brazo lo impidió. - No te acerques a esa zorra… no le dará vergüenza de… No pudo terminar la frase, en ese instante el facultativo apareció, las escuchó atentamente, y sin dar ninguna importancia a sus consultas preguntó: -¿Quién es Odalys?... el enfermo no cesa de llamarla, le haría bien que entrara y hablara con él. Su madre y usted pasarán a continuación… mientras esperen en la puerta de la sala. No entendía nada, todo era tan ilógico, miró con espanto a su suegra, a los amigos, y a esa desconocida mulata que se acercaba nerviosa al doctor. Siguieron las instrucciones indicadas sin poner objeción alguna, y permanecieron a la entrada de la sala. Desde allí observaron impasibles como la chica se colocaba la bata, el gorro, los papis, y caminaba con rapidez hacía la cama. Al instante pudieron ver reflejado en el cristal del control de enfermería, como él extendió los brazos y rodeó su cuello llorando, mientras ella no cesaba de besarlo una y otra vez. Luisa no quiso ver más, un sudor frío cubrió su frente, necesitaba aire, necesitaba abandonar ese sitio, dejar de ver aquella imagen. Salió rápidamente a la calle, se apartó el flequillo con las palmas de las manos para retirar el desagradable sudor, apoyó la espalda sobre la pared del edificio, lentamente se fue escurriendo hasta quedar en cuclillas, y en esa postura casi fetal sintió resquebrajarse todo su mundo. Así permaneció hasta oír la voz de la suegra, entonces se incorporó colocándose frente a ella, buscando una explicación

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- No quería que sufrieras… pensé que cuando se recuperara del accidente recapacitaría, no anularía la boda, tú… Se apartó bruscamente sin dejar que terminara la frase, en ese in stante comprendió que todos sabían de la existencia de esa mujer, todos menos ell a, y se sintió estúpida, vacía, como una muñeca hecha jirones a la que miran s in saber como recomponer. Un extraño sentimiento mezcla de ira e impotencia la sacudió, le hubiera gustado insultar, gritar, llorar, pero estaba exhausta… habían sido tantos días… tantas horas de dolor. Tenía una necesidad exigente de encontrar una respuesta a todo aquello, pero no pudo, ante ella sólo apareció el semáforo en ámbar y el coche rojo , sin embargo ahora era su propio cuerpo el que estaba estrellado contra la pared.

Esperanza García 84 Guerrero

TRIBUTO A MIS AMANTES

¿Me ama s? Supongo que tan sólo puedes decir que me has amado alguna vez, que a tu lado fui feliz, que ahora eres tan sólo una utopía, una más de las que componen mi vida. Han pasado muchos años, muchos meses, muchos días, desde que tus labios dulces me besaban, han pasado tantos segundos y tantos amantes desde que tus manos curiosas me acariciaban. Pero no importa, realmente, no es importante, porque nunca olvidaré el tacto de tu piel, nunca olvidaré como tintineaba el brillo de tus ojos al mirarme. ¿Qué ha pasado? Han pasado tantas cosas, hubo tantas decisiones que tomar, tantas lágrimas por derramar, tantas sonrisas que esperaban a ser descubiertas. Amante, dícese de aquel que alguna vez amó mis sonrisas, aquel que alguna vez sintió la necesidad de abrazarme, aquel que adoraba el tacto de mi pálida piel; amante, aquel que saboreó mis besos dulces o amargos, mis besos inocentes o encendidos... Mi querido amante, aquel por quien todo lo arriesgué, aquel que todo me hizo perder, mi amante, mi querido amante, aquel que hacía del tiempo una variable relativa, ¿cuánto tiempo compartimos juntos? Años, minutos, meses, días... Ahora te escribo, ahora pienso en lo feliz que fui a tu lado, en lo mucho que adoré y sigo adorando cada una de tus sonrisas... Amante, a ti que aún no has llegado a mi vida, aquel que tal vez nunca llegue, aquel que quizás llegue un día y no se marche nunca más, aquel que decida volver a arriesgar, aquel dolido por mis palabras, o aquel que me hirió con las suyas. A mi amante, en definitiva a ti, que algún día lo fuiste, o que algún día lo serás.

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SEMEJANTE

Al otro lado del espejo Bajas las intenciones Subes la guardia Observas mi escalera Y te quedas lejano Al otro lado Semejante y olvidado

SIN TI

Sin ti

he caminado sola el cuento y he cabalgado los caminos sin ser para ti ni respirar por ti viviendo pero sin ti

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LAS HORAS ENVEJECEN

Te diría cuán vacía me siento, aunque no sea políticamente correcto, contarte, que la soledad se convierte en desolación, y que yo, ahora que llegan las margaritas, hecho de menos saltar en los charcos.

Podría susurrarte al oído desde el otro lado de este océano que nos separa, y exhalar con solemnidad palabras como estas, amor, pero el silencio me lo impide, anida en los labios agrietados, en esta alma, erosionada de realidad.

Quiero volar, quiero sentir mi piel bajo la tuya, en un abrazo que consuele mis pupilas desmoronadas de invierno, pero la niña con botas que vive aquí dentro, se encoje en el sigilo de la noche constelada.

Las horas envejecen si no estás, y los surcos recorren la primavera, llena de corcheas y pianos que tocan acordes con sabor a ti…

Paz Hernández
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LA DEPRESIÓN DE LA CLOROFILA

Las hormigas ya corretean por mi cerebro, a veces, y me hacen sentir que las personas me muerden sin importarles lo que devoran. Mírame y compréndeme en el interior de este pantano. Si no me queda nada que dar entonces ensuciaré páginas y páginas, pero prefiero limpiarlas con mi sangre mientras sea mía y tuya la esperanza.

Todos los días me pinto en la cara la infatuación de ser un incomprendido más que soporta los mensajes que vienen desde todas las dudosas procedencias. Sombras de arena. ¿Quién come mi mente a cucharadas? Diálogo de espinas. ¿Cuál es el color de la locura? Lo cierto es que el descontento amarillea, cada día una pregunta revolviéndose dolorosa, como un gusano, cada día un fantasma más en el necio teatro de mi autocompasión, tan sólo llorando gas, sin mirarme ni mirarte antes. Cuando no estoy encerrado dentro de mí

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todo son paredes con cuadrados de vacío. No puedo dormir hasta encontrar la perfecta forma y quiero sufrir hasta tener santos en mis dedos. Como admirador de la belleza no debería volver a tocarte; no sé si quiero que beses mi alma en descomposición y debería seguir simplemente enamorado en este constante perderte. Con la memoria calcinada me muevo en este entorno añil de confusión pero no quiero dejar de montar los extremos del dragón que tú me das.

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MINIDESCOMPOSICIÓN

Tuve que dejarte antes de hacerte más daño, sabiendo que luego los gusanos iban a corretear por todo mi cerebro. No dejan de nacer hongos por entre los enredados ramales de este mi ya de por sí retorcido cuerpo. Son brezales que se asientan en ciénagas de miedo, de orgullo viciado y agujereado, frutos podridos que no dejan de caer. La savia debería ser más simple, más suave a todos los gustos, impermeable a las mentiras, un líquido propio formado por todos los momentos y que se limitase a dar vida. Con cariño, se puede exprimir la sombra, se puede abrazarla...

José Ángel Conde 90

UN BUEN NEGOCIO

Susana me llamó a media mañana. - Tía, que he visto, en una página de Internet, un anuncio... Un local estupendo, tía con tus ideas, bueno bueno, que lo veo montado, que me encanta, que sí, que lo tienes que ver... Me quedé parada, no tenía ni idea de lo que me estaba diciendo, la cabeza me explotaba, llevaba dos noches sin pegar ojo; la verdad es que me estaba pasando con las cañas de la tarde, los gin tonic de la noche y los porros de madrugada. Mi cuerpo, no estaba para el ritmo que Susana intentaba imponerle, qué torbellino de mujer... Encima, mis vecinos no paraban de dar porrazos contra las paredes, qué cabeza más dura tiene el tío, porque esos son cabezazos, a mi me lo parecen, desde luego... Una vez centrada en lo que mi amiga me decía, le dije a todo que sí. No tenía nada que perder. Acepté quedar con ella para mirar el anuncio, que iba a salvarme de mi existencia abocada al fracaso. Desde mi divorcio todo eran deudas, todo era triste y todo era una mierda. Sí, porque ya no me quedaba ni la poca dignidad de la que presumía, delante de amor de mi exvida. Susana me conocía bien, era mi mejor/única amiga, sin dinero los amigos no lo son tanto... Y además, tenía siempre razón. Nunca había mencionado nada en contra de Álvaro, aunque yo notaba, que había cierta tirantez entre ellos. El día que se enteró de que le había puesto las maletas en la puerta, le dio un ataque muy raro, una risa floja, no sabía qué pensar. Hasta que me confesó, que ése hijo de puta, el mismo día de la boda, en el banquete, le dijo, que si ella quería se la tiraba en el baño, que sabía que era una cachonda integral que calentaba todo tipo de pollas... Me quedé estupefacta, y siguió: - Cómo comprenderás no podía decirte una cosa así, y alucina, que hasta he rezado para que abrieras los ojos cuanto antes, porque no aguantaba más sin contártelo; he pasado un verdadero calvario de disimulos; sobre todo, referido a mis amantes de diferentes colores, que le ponían como una moto. Si te enseño los mensajes que me mandaba te mueres. Por

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ofensivos, xenófobos y bueno... Repugnantes. Pero, que te quede cl aro, que si los quieres utilizar en el juicio, por mi adelante, que tú er es mi amiga con todas las consecuencias y por mi reputación no te preo cupes, que yo sabré qué hacer con ella. Me quedé un rato con la boca abierta e hice como que me enfadab a, por no habérmelo contado, pero lo cierto es que no me importó, m e sentí desconcertada, pero aliviada... Recuerdo que esa noche dormí como un lirón y quise a Susana como creo que no he querido a nadie en m i vida. Supe, que jamás haría nada irremediable que rompiera nuestra amis tad. A las cinco de la tarde, apareció en casa cargando con el portátil, me miró y me dijo: - Estás estupenda, el naranja te favorece un montón; así me gusta, qu e le pongas color a la vida. Abrió el ordenador y, tachán... Mi vida comenzó a tener sentido, el negocio que veíamos a través de la pantalla, a pesar de que el local e ra pequeño, estaba lejos del centro, tenía poca luz y había qu e reformarlo entero; era genial... Cuando Susana me dijo que iba a estar a mi lado, que seríamos socias, adiviné que podríamos con todo. Hace casi dos años que vivimos juntas, el negocio va de maravi lla y nuestra hija cumplirá tres meses mañana.

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UN ADORNO MUTILADO SUSPENDIDO EN LA NADA

Ya no sabes llamarme, se te llenó la boca de perfumes de otras de canciones de otras recetas que engullir.

Yo, sólo te daba verdad para beber sexo salvaje sin temores en el desayuno sinceridad en bocata para la merienda...

Ya no sabes llamarme enfermaste de chuches de muñecas rabiosamente teñidas envueltas en marcas podridas de explotación amarilla...

Me dijeron que eras tú colgado de un... Cuerpo perfecto, un adorno mutilado suspendido en la nada.

No te vi y tampoco te oiría si supieras llamarme.

Begoña Leonardo

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Atravesó mis venas con su sonrisa.

Clavó sus dientes afilados en mi cuello, chupando de mi piel el deseo de nacerme grande, de volar entre sus alas y sus piernas, de sentirme cosmos y átomo en una misma mujer…

Me volvió las venas del revés y – cuando era una madeja de sumisión – me partió

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de una bofetada todas las vértebras de mi amor.

Y lloré…

Una mañana salí de mi encierro y, al volver a casa, lo maté. (Con un cuchillo afilado como su lengua).

Entonces descubrí que no era el príncipe que había estado esperando.

Su sangre no era azul.

95 Yolanda Sáenz de Tejada

INVISIBLE

Un día ella dejó de ser invisible a sus ojos. Ese día, y desde una hora que no podía determinar, había comenzado a notar su presencia como una niebla espesa que se extendía a su espalda y que amenazaba con alcanzarle en algún lugar de la casa. Ella había sido para él la persona que mantenía en perfecto orden su casa y su vida, que regañaba si dejabas tirada la ropa en el suelo del baño y que había decidido donde irían de vacaciones cada verano. Hasta ese día habían pasado exactamente 22 años desde que se conocieron, 20 desde que él le declaró su amor una tarde de mayo, 19 desde su primer polvo, 16 desde que él acabo su carrera y 15 del primer trabajo de ella, 12 desde que firmaron la hipoteca, 10 desde que se habían ido a vivir juntos, 7 desde que se casaron y 5 desde que tuvieron a su primer hijo, al que pusieron por extravagante nombre el de Adahir. Ese día él descolgó como un autómata el teléfono, obedeciendo a una voz que nacía dentro, muy dentro de él, de ese sitio donde se anestesia el dolor de decidir. Y cuando oyó la voz de ella al otro lado acertó a decir: - Amanda, ¿podéis quedaros hoy en casa de tu madre? Estoy haciendo las maletas. Me voy de casa.

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DUERME

Duerme sigiloso el olor de tu piel sobre mi cuerpo. Sola, la cama parece más extensa y la casa una secuencia de paredes, ventanas y muebles. Desvelo la geografía secreta de tus besos generosos. La recorro sin miedo a los laberintos. Desmadejado, yace a mis pies abandonado el ovillo de Ariadna. A veces, cae indecente una hoja del árbol de la memoria. Y te echo de menos.

E SCONDIDO
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Miramos, miramos sin detenernos. Si me detengo te declaro mi amor. Jugamos, nos jugamos la vida en cada gesto. En tu nuca, enredado en tu pelo, sé que existe el abismo. Y en mis uñas, la calidad de los “te quiero”.

Carmen Ramos

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EUTANASIA

Llevabas tiempo enfermo, se te notaba. Jamás fuiste lo suficientemente fuerte, tal vez la causa de tu mal la ocasionó esa fragilidad que te ha caracterizado o quizás la sucesión de acontecimientos que nos han llenado de dudas, incertidumbre, estrés y tristeza. Sí, ese es el término: tristeza. Me pregunto si era posible evitar de algún modo la penosa situación por la que atraviesas ahora, sumido en un doloroso y callado paréntesis que te mantiene al margen de la existencia, como una presencia muda, sin sueños... en espera. Veo pasar los días en el calendario, uno detrás del otro, quisiera que el tiempo se detuviera también para mí, ser tu acompañante en ese espacio suspendido en donde no hay cabida para el pasado, el presente o el futuro, simplemente permaneciendo, sin recuerdos, anhelos o deseos. La frustración se apodera de mí entonces, casi sin sentirlo, murmuro quedamente: "no nos dejes por favor". Llevas ya tanto tiempo en estado de coma. Durante las noches aún extiendo mi mano buscando tu presencia bajo las sábanas, más, sólo encuentro soledad en medio de ese punto indiferente y frío en donde la pasión tiene varios meses de no tocar a la puerta, permaneciendo como tú, ausente e inmóvil, falleciendo sin morir del todo. Puedo sentir el compás de tu respiración artificial. Tu permanencia depende de tantas cosas inherentes a ti y a mí. Me duele saber que no tienes movimiento, tu voz ha enmudecido, los latidos son registrados con precisión pero ya no dicen nada, no transmiten sentimiento alguno, tan sólo representan el consuelo de saberte todavía aquí, aunque sea una falacia.

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De pronto, quisiera gritarte, ordenarte que reacciones, que despiertes y vuelvas a nuestro lado. Pero me contengo, sé que no puedes hacer nada, siento que las fuerzas se me han agotado, estoy anestesiada igual que tú con la diferencia de que yo sí siento el dolor sofocando mi pecho cada que intento respirar. A pesar de todo, acudo cada día a tu lado, te pongo al corriente de los sucesos del mundo, el país, la región, nuestro refugio... mi corazón. Sé que me escuchas aunque parezca que no es así. Trato de no darme por vencida. Busco y rebusco detalles distintos cada vez, decoro la habitación con fotografías nuestras para ver si así recuerdas y te animas a regresar, escribo cartas que te leo en voz alta describiendo nuestra historia, te hablo de esa soledad y pesadumbre que me invadirá sin compasión si te vas para siempre, cuido mi apariencia al detalle para verme bien por si me vuelve a mirar, trato de hacer el amor aunque ya no sienta sus manos, aún cuando sus labios no me digan nada, sus ojos están velados ya no me miran ni me reflejo en ellos, cepillo mi cabello con firmeza para revitalizarlo mientras trato de encontrar sin suerte la manera de activarte, colmo de flores el entorno para que su aroma inunde tus pulmones y permito entrar por la ventana a los rayos del sol para que entibien tu piel... su piel. Alguna vez, me pareció descubrir una leve sonrisa en sus labios, me llené de esperanzas. Las horas siguientes las pasé inventando y reinventando las mil maneras en que te daría la bienvenida cuando retornaras a la vida... a mi vida. Luego, los minutos crueles, las horas insoslayables, los días que con impiedad asesinan las ilusiones casi tan pronto como brotan arrojándome al rostro la realidad apabullante, pesada y atroz de tu inconciencia. Me aferro a aquel rostro, fotografío en mi mente las líneas de expresión, la forma de los ojos, la perfección de la nariz, la carnosidad de los labios. Tomo entre mis manos la suya esperando que en cualquier momento las aprisione protegiéndome como cuando caminábamos a tu lado creyendo en lo eterno. ¿Por qué no resucitas?

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¿Existirá acaso la eternidad? En tu caso, no fue así. Te encuentras suspendido entre la vida y la muerte sin retornar del todo y sin irte de una vez. "No te mueras" me escucho nuevamente decir. Mi suplica rebota en las paredes golpeándome el rostro con impiedad mientras las lágrimas van dejando tras de si un sendero salado y húmedo que me hacen conciente de mi cada vez más agria y banal existencia . Esta mañana desperté con la certeza de que no volverás. Nada cambia, no mejoras, absolutamente todo sigue igual... todo menos yo. No soporto más esta situación, con el dolor contenido de tantas semanas a punto de estallar en mi interior escucho mi voz implorando: - Muérete de una vez por favor. Aún estamos recostados en la cama, me vuelvo con suavidad, acarició su cabello por última vez, beso sus labios con resignación. Agradezco tu sacrificio de permanecer a pesar de estar listo para volar en busca de nuevos horizontes, no obstante, estás aún aquí como un cadáver viviente pudriéndose a la intemperie sin que una mano compasiva acierte a enterrarlo para dejarlo descansar en paz. Hace tanto tiempo que te fuiste de mi lado. No me refiero a este momento de pasividad física que te atacó, sino antes, cuando tu espíritu se difuminó, no te estoy culpando de nada, ¿cómo hacerlo? Si trajiste tantos sentimientos nuevos a mí, algunos ya conocidos, otros que reinventaste, locuras que me hicieron reír. Gracias a ti me sentí feliz durante tanto tiempo. Yo fui la culpable... nosotros... dejamos de alimentarte, permitimos que la rutina te envolviera apoderándose de ti, no pusimos cuidado y causamos con nuestro egoísmo esa enfermedad que ahora te mantiene postrado en esa cama agonizando, encadenado a un lugar en el que ya nada tienes qué hacer.

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Hoy ha llegado el momento de decirte adiós. Con las tijeras invisibles de la resignación corto el lazo que te aprisiona en esa zona intermedia entre la vida y la muerte. Eres libre... sé feliz. Él y yo, nos miramos a los ojos con tristeza, las lágrimas delatan nuestro fracaso. Abandono el lecho y comienzo a caminar sintiendo su mirada en mi espalda mientras tus despojos se quedan ahí. Me siento infeliz, pero liberada. Me despido de ti diciendo: - Adiós amor fallecido. Merecías morir con dignidad.

Elena Ortiz 101

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Eva Márquez (Madrid, 1977). Licenciada en Derecho. Escritora y poeta novel. Algunos de sus poemas han aparecido en diversas páginas Webs y Blogs, así como en diversas publicaciones, digitales e impresas, de España e Hispanoamérica. Tiene su espacio en las Afinidades Electivas y forma parte del REMES (Red Mundial de Escritores en Español). Compiladora de la antología digital “Esnifando Letras”. Ha publicado los libros “Cosas que nunca te diré” (Groenlandia, 2010) y “Retales de Estrógenos” (Bohodón Ediciones, 2010). Forma parte de la antología “Póker de Reinas”. Blog: http://cosasqnuncatedire.blogspot.com.
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Lucia Fraga (A Coruña, 1979). Traductora y asesora lingüística. Actualmente, estudia psicología. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidade da Coruña. Especialista en el área de Teoría de la Literatura; posee diploma de Estudios Avanzados y un curso de especialización en “Teatro, Cine y Audiovisuales”. Ha elaborado diversos trabajos sobre escritores de lengua gallega y cine. Coeditora del proyecto de investigación poética “Cien Años de Poesía”. Ha residido en Alemania, donde impartió clases de literatura contemporánea y literatura aurisecular. Miembro fundador del grupo poético “Los Vándalos”, y de su revista “Méster de Vandalía”. Sus poemas han aparecido en diversas publicaciones: “Coolcultural Galicia, “La Bella Varsovia”, “Piedra de Molino”, etc. Ha participado en antologías poéticas. Ha publicado el poemario “Nostalgia del acero”. Administra su blog personal con poemas: www.luciafraga.blogspot.com.
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Antonio J. Sánchez (Sevilla, 1971). Trabaja como administrativo contable. Algunos de sus escritos han aparecido en las antologías “Dos palabras de amor: Poemas para un minuto II”, “El Cadáver Exquisito, la creación colectiva como fin”, “De la voz Invisible” y “Girapoemas”, así como en distintas revistas literarias. Tiene su espacio en las Afinidades Electivas. Ha obtenido diversas menciones por sus obras: el II Premio del Concurso de Cuentos Al Pie de la Giralda (2002), el II Premio de Poesía Erótica Saigón (2008), así como el primer accésit del I Certamen de Ensayo Alenarte. Participa en las actividades del Proyecto Farenheit 451 (Las Personas Libro). Ángel Muñoz Rodríguez (Leganés, Madrid, 1977). Licenciado en Historia del Arte. Fotógrafo, poeta, narrador novel. Ha participado, con sus poemas, relatos y fotografías, en diversos recitales y exposiciones, y ha colaborado en distintas publicaciones literarias. Tiene su espacio en las Afinidades Narrativas. Ha publicado el poemario “Ya no leo tebeos de Wonderwoman” (Groenlandia, 2010). En breve, publicará nuevas obras y aparecerá en distintas antologías poéticas. Blog: http://angelrodriguezpoeta.blogspot.com.
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Manuel Guerrero Cabrera (Lucena, Córdoba, 1980). Licenciado en Filología Hispánica, actualmente es profesor de lengua y literatura en secundaria. Director de la revista literaria lucentina Saigón y miembro de la asociación cultural Naufragio. Ha publicado el poemario “El desnudo y la Tormenta”, el ensayo “Tango Bailando con la Literatura” (ambos en la editorial Moreno Mejías) y el estudio “Estudios Críticos de Literatura del siglo de oro”. Su blog: http://manuelgc.blogcindario.com.
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Miriam Palma (Sevilla). Profesora titular del Departamento de Filología Alemana de la Universidad de Sevilla, donde imparte clases de literatura. . Su investigación se centra en la literatura alemana contemporánea, fundamentalmente, aunque no de modo exclusivo, en la escritura femenina y en la de autores que escriben en lengua alemana, pero que proceden de otros ámbitos culturales. Ha publicado estudios sobre Irmtraud Morgner, Christa Wolf, Monika Maron, W. J. Sebald, Gabriele Stötzer, Yoko Tawada, entre otros. Como narradora es autora de la novela corta “La huella de las ausencias. Un relato sobre Walada” (2010). Algunos de sus poemas han aparecido en diferentes antologías. Andrés Ramón Pérez Blanco (Illescas, Toledo, 1982). Escritor de relatos, poeta – en todos los sentidos - cocinero, entusiasta lector, organizador de recitales poéticos y “terrorista” literario. Perpetrador del fanzine Creatura. Sus poemas y relatos han aparecido en antologías, en distintas publicaciones literarias digitales e impresas, así como en blogs. Ha publicado el libro “Satélite de Inhóspito Planeta” (primera edición agotada, segunda disponible en formato digital) y ha participado en diversas antologías literarias. Tiene su espacio en las Afinidades Electivas y Narrativas, forma parte del REMES. En breve, aparecerá en una antología digital de poesía chileno-española. Su blog: http://elkebrantaversos.blogspot.com.
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Antonio Huerta (Cádiz, 1984). Ha publicado los libros “Mi último verso” (2006), “Tuyo y mío” (2007) y “Dichosa tarde de escala de grises” (2009). Colabora asiduamente en diversas revistas literarias, de formato electrónico o papel (“Groenlandia”, “El Margen”, “Ohjas Sueltas”, etc) así como en blogs. Mantiene la Web personal y diario digital “Ahora que nadie nos ve” (www.antoniohuerta.es).
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Eva Cabo (Lugo, España, 1977). Comenzó sus estudios de Filología Hispánica en Lugo. Ha obtenido distinciones y algún que otro premio en concursos locales de cuentos y poesía. Asimismo ha participado en varias publicaciones electrónicas, como “03 sin r”, “Ariadna”, “El viejo faro”, “Poesía Salvaje”, “Los Noveles”, “Groenlandia”, “La Siega”, etc. Actualmente vive en México y compagina el oficio de cuentacuentos con el de tirititera. Realiza también talleres y escribe guiones para obras de títeres. Forma parte del grupo poético “Las poetas del megáfono”.

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Mantiene dos blogs con sus poemas y actividades de su grupo poético: http://elarbolrojo.zoomblog.com y http://el-arbol-rojo.blogspot.com.
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Mario Jorge Piro. Escritor argentino. Habitual colaborador de Groenlandia. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones. Jesús Suárez González (Madrid, 1982). Licenciado en Filosofía por la Universidad Complutense de Madrid, ha vivido en Córdoba algunos años. Ha publicado “Manual de Instrucciones” (Editorial Poesía Eres Tú) y “Ése que llaman invierno”. Ha participado en distintas revistas literarias (“El Coloquio de los perros”, “Radicales Libres”, “Groenlandia”, “Bar Sobia”, etc). Es colaborador, creador y coordinador de la distribuidora de literatura libre Shiboleth, Actualmente, prepara su tercer poemario. David González (San Andrés de los Tacones, Gijón, 1964). Ha publicado “En las Tierras de Goliath”, “El diablo de coma las orejas”, “Loser”, “Reza lo que sepas”, “Sembrando hogueras”, “El debut del chico tatuado”, “Algo que declarar”, etc. Sus poemas han aparecido en diversas antologías literarias y han sido traducidos al portugués, inglés, alemán, árabe y húngaro. Ha coordinado diversas antologías poéticas. Óscar Varona (Madrid, 1973). Bibliotecario. Ha publicado diversos libros de relatos (“Trémolo”, “Síntesis” y “Cómo”, éstas dos últimas publicadas por Bubok). Sus textos han aparecido en sitios tan dispares como Argentina, Estados Unidos y España. Encargado de la revista artística “Delirio”. Mantiene el blog de relatos: http://mmmgrrhhh.blogspot.com.
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Silvia Rodríguez. Nace en las Palmas de Gran Canaria y es traductora e intérprete. Ha publicado en prensa insular y en revistas literarias nacionales. Textos suyos aparecen en distintas obras colectivas. Ha publicado “Rojo Caramelo” (Alharafishedita, 2004), “El ojo de Londres” (Colección de Poesía San Borondón), “Casa Banana” (Colección de Poesía Gabinete Literario), “Shatabdi Express” (Baile del Sol), “Bloc de notas” (Ediciones Idea), etc. Es colaboradora de la revista Vía y ha intervenido en los Festivales Internacionales de Poesía de Génova (2005) y La Habana (2008), así como en el Programa Otoño Literario 2009 en Ginebra. Ulises Varsovia (Valparaíso, Chile, 1949). Estudió varias asignaturas humanísticas y trabajó en varias universidades. Hizo el doctorado en Alemania y actualmente reside en Europa. Ha publicado los libros de poemas “Jinetes Nocturnos”, “Anunciación, Ángeles y Espadas”, “El transeúnte de Barcelona”, “Ebriedad”, etc. Ha participado en diversas publicaciones literarias, digitales e impresas. Sus poemas han sido traducidos a varios idiomas. Página Web: www.ulisesvarsovia.ch.
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Daniel Sergio Pulido Ortiz (Bogotá, Colombia, 1956). Ha publicado “Cro-nicas para la Edad del Hombre” (2000), “Cuentos para leer en familia” (2002), “Asuntos del Barrio” (2007) y “Las puertas del cielo” (2009). Como pintor ha participado en numerosas exposiciones individuales y colectivas. Como muralista ha realizado numerosos trabajos. Actualmente, vive en León (Nicaragua). Forma parte del grupo que edita el fanzine \ panfleto literario Deshonoris Causa. Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966). (León, 1966). Poeta, narrador y editor. Ha publicado diversos poemarios (“Estación del Frío”, “Privado”, “Parnaso en llamas”) así como obras de narrativa (relatos y novelas como “Buscando la luz”, “Los que vienen detrás”, “El merodeador”, “Marginales”, etc). Ha aparecido en multitud de antologías (“Voces del Extremo”, “La venganza del Inca”, “Poesía para Bacterias”, “Qué nos han hecho”, etc) y ha coordinado algunas, como “23 Pandoras” o “Hank Over \ Resaca”. Mantiene el blog de literatura: http://mividaenlapenumbravinaliatrippers.blogspot.com.
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Roberto Ferrer (Cádiz, 1985). Joven poeta andaluz, que comienza su rodaje lírico con su primera obra “Grima y Escombros” (2010). Ejerce como educador en su localidad natal, sirviéndose de la música como recurso pedagógico. Es licenciado en Educación Social. Anteriormente ha publicado en periódicos de tirada estatal como Diagonal y Rebelión. Actualmente publica su poesía en diversas revistas digitales y de papel. http://grimayescombros.blogspot.es.
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Adriana Bañares Camacho (Logroño, 1988). Estudiante de Filosofía. Directora del fanzine independiente La-Fanzine. Sus textos han aparecido en diversas publicaciones, digitales e impresas, así como en blogs. Ha participado en recitales poéticos y ha obtenido diversas menciones por sus poemas y relatos. Su blog: http://awixumayita.blogspot.com
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Luna Miguel (Almería, 1990). Ha residido en Alcalá de Henares, Almería y Niza. Estudia Periodismo y Comunicación Audiovisual en Madrid. Es columnista en el diario Público y colaboradora esporádica de “Vice”, “Koult.es” o “Quimera”. Sus poemas, traducidos al francés, portugués y ruso han aparecido desde 2001 en diversas revistas y antologías. Es autora de los cuadernos “Síntomas” (La Bella Varsovia, 2008), “Proceso” (Vitolas Anaïs, 2009) y “Cruzo un desierto” (Caín, 2010); del poemario “Estar enfermo” (La Bella Varsovia, 2010) y del relato “Exhumación” (Alpha Decay, 2010) escrito junto a Antonio J. Rodríguez. En breve publicará su nuevo poemario, “Poetry is not dead” así como el diario poético “Pensamientos estériles” que será editado junto a las ilustraciones de Laia Arqueros. Mantiene el blog personal poético: http://lunamiguel.blogspot.com.
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Luis Sevilla (Madrid). Poeta, narrador, fotógrafo, crítico, misántropo. Ha aparecido en diversas antologías. Mantiene el blog: www.lacasaenpenumbras.blogspot.com.
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Ana Patricia Moya (Córdoba, 1982). Pluriempleada. Licenciada en Humanidades. Ha publicado “Bocaditos de Realidad” (primera edición, del 2008, la segunda, para el 2010). Sus textos han aparecido en diversas revistas literarias, digitales e impresas, de España e Hispanoamérica. En breve publicará su primer libro de relatos, “Cuentos de la Carne”. Sus poemas han sido traducidos al inglés, catalán e italiano. Tiene su espacio en las Afinidades Narrativas y Electivas. En breve, sus relatos y poemas aparecerán en distintas antologías y plaquettes. Daniel Rojas Pachas (Chile, 1983). Escritor y profesor de Literatura egresado en la Universidad de Tarapacá (Arica, Chile). Miembro fundador del grupo literario MAL y director \ editor de Cinosargo. Ha publicado los poemarios “Música Histórica”, “Desilusión” y “Gramma”, así como el ensayo “Realidades dialogantes: un análisis pragmático de cinco novelas Latinoamericanas Generacionales”. Sus poemas han aparecido en distintas revistas literarias nacionales e internacionales. En breve, sus textos aparecerán en distintas antologías literarias (digitales e impresas). Página: http://www.danielrojaspachas.blogspot.com.
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Ana Pérez Cañamares (Santa Cruz de Tenerife, 1968). Algunos de sus cuentos y poemas han aparecido en antologías como “Por favor sea breve” (Editorial Páginas de Espuma), “Maldito amor mío” (Signo Tres, Lima), “23 Pandoras, poesía alternativa española” (Baile del Sol), “Qué nos han hecho” (Isla Varia), “Poesía capital” (Sial\Contrapunto), etc. En 2007 publicó su primer libro de poemas, “La alambrada de mi boca” y “Alfabeto de cicatrices”; en el 2009, reeditó su libro de cuentos “En días idénticos a nubes” (ambas editadas en Baile del Sol). Administra el blog www.elalmadisponible.blogspotl.com.
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José Luis Gutiérrez (Madrid, 1971). Escritor. Comparte el vicio de escribir con un grupo de música, “Astro-Pop”. Página: http://metamorfusis.blogspot.com.
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Pepe Pereza (Logroño, Pepe Pereza (Logroño). Ex – actor, guionista, poeta, escritor y director. Sus relatos han aparecido en diversas revistas y fanzines como “Narrativas”, “Lafanzine”, “Al otro lado del Espejo”, “Agitadoras”, “Cruce de Caminos”, “Groenlandia”, así como en diversos blogs: “Crónicas para decorar un vacío” (de Xen Rabanal), “Hank Over \ Resaca” (Vicente Muñoz Álvarez y Patxi Irutzun), “Esto no es una película, amigo” (David González), etc. Ha publicado el libro de relatos “Putas” (Ediciones Groenlandia). En breve, publicará: “Amores Breves” (Editorial Baile del Sol) Publicó, hace tiempo, un poemario en una editorial de provincias.

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Silvia Loustau (Mar de Plata, Argentina). Escritora, poeta, traductora. Ha ganado diversos premios por sus poemas y cuentos. Ha publicado “Mandala”, “El metabolismo de la lágrima” y “Espejo de los días”. Ha aparecido en distintas antologías literarias y ha escrito diversos ensayos. Sus poemas han sido traducidos al catalán, rumano y sardo. Colabora en revistas literarias, nacionales e internacionales, así como en distintos sitios Webs. Corresponsal y miembro de la Secretaria de Redacción de la Revista Anual Artesanías Literarias (Israel). Miembro de Poetas del Mundo. Su último poemario es “De Mar y Madres”. Su blog: www.silvialoustau.blogspot.com.
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Enrique Fuentes-Guerra (Córdoba, 1958). Poeta. Ha publicado “Lo que arde \ El sueño del herido” (fotografía de Juan José Romero y prólogo de Jesús Alcaide) y “El laberinto Sentimental” (con prólogo de Alberta de la Poza). Actualmente, vive en Belalcázar y prepara su próximo poemario. Verónica García (Las Palmas de Gran Canaria, 1967). Ha publicado los poemarios “La mujer del Cubo verde”, “Sinestesia”, “Posibles Enunciados”, “El Universo de los Náufragos”, “La Isla del Caimán”, “La fiesta innombrable”, “De Amor y Locura”, etc. Esperanza García Guerrero (Sevilla). Forma parte del proyecto Fahrenheit 451 (Las Personas Libro). Sus poemas aparecen en diversas antologías: “Poemas para un minuto” (Editorial Hipálage, 2007), “Girapoemas” (2009). Ha participado en diversas revistas, como “Hoja de Papel”, “Groenlandia” y algunas páginas Web de Literatura. Ha formado parte del ciclo “Versos Sumados”, dentro del Festival Cosmopoética (Córdoba, 2009). Paz Hernández (Madrid). Ingeniera topográfica que actualmente trabaja como gestora administrativa. En sus ratos libres, se dedica a escribir prosa y poesía. Ha participado en otros blogs, como “Poetízame” o en “Poetas Anónimos”. Algunos de sus poemas han sido traducidos al catalán por Pere Bessó y al francés por Roberto Alonso. En “Entre Completas y Vigilias”, (www.elblogdecalipso.blogspot.com), muestra sus obras.
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José Ángel Conde (Madrid, 1976). Licenciado en Comunicación Audiovisual, actualmente trabaja en el medio televisivo, también como ilustrador y diseñador freelance. Ha aparecido en las antologías “Mañana Luminosa” (Centro de Estudios Poéticos), “Cuentos Selectos Volumen VI” (Editorial Jamais) y “El tamaño del tiempo” (Anroart Ediciones). Obtuvo un accésit en el V Certamen de Literatura Aenigma. Ha participado, con sus ilustraciones y textos, en diversas revistas. En el 2009 publicó el poemario “Fiebres Galantes” (Shiboleth). En breve, publicará en Groenlandia su próximo poemario, “Materia Oscura”.

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Begoña Leonardo (Zamora). Trabajadora de la palabra. Colabora en diferentes medios como freelance y su voz puede encontrarse en formatos digitales, blogs y revistas literarias. Su opinión y pensamiento aparece en artículos del Magazine de la Vanguardia. Con el músico Juan Luis Santana ha colaborado aportando letra a sus composiciones y en numerosos conciertos ha recitado sus acompañamientos corales. Posee tres poemarios: “Respira y luego dime que estás vivo”, “Nadie dirige las palabras” y “No frenes la lengua de los pájaros” (digitales). Dirección de blog personal: http://aquinohaycerraduras.blogspot.com.
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Yolanda Sáenz de Tejada (Huelva, 1968). Creativa y escritora. Interesada en los temas científicos de actualidad, colabora con empresas que aplican sus diseños a la ciencia para conseguir una mayor calidad de vida. Es miembro de la Plataforma de Mujeres Artistas contra la Violencia de Género. Su primer libro, Tacones de Azúcar, de poesía fue Primer Premio Internacional de Poesía Sial. Actualmente, mientras prepara su próximo poemario, coordina varios proyectos culturales entre los que destaca Poesía en el Palacio (ciclo lírico mensual que patrocina Hospes, Palacio de los Patos de la ciudad de Granada), desde su fábrica de sueños a medida LALUNAESMÍA (http://www.lalunaesmia.es). Tiene su propia página Web (http://www.yolandasaenzdetajada.com), así como un blog personal donde muestra su poesía (http://www.yolandasaenzdetejada.blogspot.com).
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Carmen Ramos (Huelva, 1968). Economista de profesión. Al realizar el curso “El Gozo de Escribir” (Escuela de Escritores, Sevilla) y al entrar en contacto con la Asociación Farenheit 451, decide dedicarse de forma activa a la poesía. Participa en las convocatorias de la Feria del Libro de Sevilla, el Día de la Poesía, Córdoba por la paz, Cosmopoética 2009, Mujeres del Mediterráneo, etc. Sus poemas y relatos han aparecido en blogs y bitácoras, como “Esmalte de Tinta”, “Colecturas” o “Enredos y Madejas”. Elena Ortiz (México). Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada en la Universidad Franco-Mexicana. Miembro de la Red Mundial de Escritores en Español (REMES), de la Unión de Escritores Hispanoamericanos y de Escritores Latinoamericanos. Participó en la antología “Mejores Textos” (2008), editada por el Rincón de los Escritores y en la antología “Iwith” (Bubok, 2009). Sus poemas han aparecido en diversas publicaciones literarias. Recibió accésit y mención de honor en el I Concurso de Relatos Convocados por la Revista Literaria “Katharsis” y finalista del II Concurso de Microrrelatos para abogados. Amarande Guzmán \ Teresa Munuera (Madrid, 1962). Actualmente, reside en Alicante. Estudió cursos administrativos y de diseño gráfico, diseño Web y diseño técnico e industrial. Su experiencia abarca tanto el campo estricto del diseño

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gráfico y la serigrafía, trabajando como diseñadora para diversas empresas; al diseño digital, desarrollo y gestionó el departamento de diseño e la empresa Inforvisión.es. Con una importante presencia en la red, actualmente, coadministra “ArtBabel”, “Apasionarte”, “Pinta Mi Amor No Pares”, entre otros. Bloguera activista. Juan Carlos Cardesín (Guipuzcoa, 1967). Pintor. Estudió Arte y Decoración en San Sebastián; es graduado en Artes Aplicadas (Escuela de Artes y Oficios de Zaragoza) y ha realizado talleres de pintura y acuarela. Ha participado en diversas exposiciones (individuales y colectivas) y ha obtenido diversas menciones por sus obras pictóricas. Mantiene los espacios artísticos: www.acuarelascardesin.com, www.mimoleskinenegro.blogspot.com y www.apuntadeplata.blogspot.com.
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Felipe Zapico (León, 1960). Doctor en Documentación por la Universidad de Salamanca. Actualmente, vive en Badajoz. Actor, fotógrafo, viajero, voz cantante del mítico grupo leonés Deicidas, escritor y poeta. Ha publicado “Litro de versos” y “Tragos”. Tiene libros de poesía inéditos: “Cosas”, “Libro Griste” y “Libro de Beatriz”. Actualmente, prepara su próximo poemario, “El ladrón de peras”. Mantiene una dirección personal: http://tragos.blogsome.com.
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Ana Laguna Mateo (Barcelona, 1969). Comenzó sus estudios de Fotografía a los 19 años, realizó tres años en la Escola Industrial de Barcelona, dentro del Departamento de Estudis Fotografics. Al trasladarse a Londres estudia la Licenciatura en Photographic and Electronic Imaging Science (Universidad de Westminster). Al regresar a su ciudad natal, en el 2001, completó la Licenciatura de Bellas Artes (especialidad en Imagen). Durante años se ha dedicado al reportaje social, a la fotografía publicitaria, retrato, galerías, etc. Ha trabajado para los mayores músicos del Reino Unido. Felipe Solano (Madrid, 1976). Licenciado en Ciencias Biológicas. Estudió fotografía, ganó algún premio y participó en algunas exposiciones colectivas; el boom de la fotografía digital, su corrección de pixels y su alta definición empezaron a aburrirle. Al estudiar diseño se reencontró con la fotografía y los complejos programas de retoque fotográfico que consiguen devolver a las imágenes toda su imperfección. Su preciosa página personal con una muestra de su obra es: www.imagenesimperfectas.blogspot.com.
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Carmen Guillén (Huelva, 1984). Escritora, poeta, fotógrafa. Sus textos (poemas y relatos) han aparecido en diversas publicaciones. Tiene un blog: http://alasombradelciprés.blogspot.com.
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Todos los textos pertenecen a sus respectivos autores: el prólogo, de Eva Márquez; los poemas, de Lucia Fraga, Antonio J. Sánchez, Manuel Guerrero Cabrera, Miriam Palma, Antonio Huerta, Eva Cabo, Jesús Suárez, David González, Silvia Rodríguez, Ulises Varsovia, Vicente Muñoz Álvarez, Roberto Ferrer, Adriana Bañares, Luna Miguel, Ana Patricia Moya, Daniel Rojas Pachas, Ana Pérez Cañamares, José Luís Gutiérrez, Enrique Fuentes-Guerra, Verónica García, Paz Hernández, José Ángel Conde, Begoña Leonardo, Yolanda Sáenz de Tejada y Carmen Ramos; los relatos pertenecen a Ángel Muñoz Rodríguez, Andrés Ramón Pérez Blanco, Mario Jorge Piro, Óscar Varona, Daniel Sergio Pulido, Adriana Bañares, Ana Patricia Moya, Luis Sevilla, Ana Pérez Cañamares, Pepe Pereza, Silvia Loustau, Esperanza García Guerrero, Begoña Leonardo y Elena Ortiz. Las imágenes - ilustraciones fotográficas, pictóricas y de diseño gráfico – pertenecen, así mismo, a sus correspondientes autores, que son, Ana Laguna (portada y contraportada), Ángel Muñoz Rodríguez (páginas 19, 26, 70, 76 y 86), Felipe Zapico (17, 33, 55, 74 y 88), Juan Carlos Cardesín (15, 40 y 47), Carmen Guillén (13, 46 y 97), Felipe Solano (6, 21, 36, 65, 67, 78, 81, 92, 101 y 115), Amarande Guzmán (5, 10, 25, 28, 29, 38, 44, 52, 54, 84 y 95) y Ana Patricia Moya (61).

Todas las publicaciones de Groenlandia están protegidas y respetan los derechos de sus respectivos artistas (poetas, narradores, fotógrafos e ilustradores).
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ÍNDICE
Prólogo, por Eva Márquez
Lucia Fraga Entre tu mirada y mi mirada Amor destragado Más allá del deseo Antonio J. Sánchez Tu piel Adiós Ángel Muñoz Rodríguez ¿Un beso? Manuel Guerrero Cabrera Entonces te llamaba Los árboles del invierno Miriam Palma Tú, al inicio de mis torpes versos… Se aleja la luz roja de tu moto… Quizá nunca te has ido porque nunca te viniste… Andrés Ramón Pérez Blanco En tus ojos Antonio Huerta Sonrisa de Amèlie Esta noche los perdedores han vencido Un cigarrillo espera en la mesilla de noche Eva Cabo Entre los renglones Mario Jorge Piro Quince renglones Jesús Suárez Calentamiento global David González Silvia la del pelo rojo Saliva Lágrimas

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Óscar Varona El increíble hombre ingrávido Silvia Rodríguez Suit of armour Ulises Varsovia La misma tensión Tal vez vivo existencias Existiendo Daniel Sergio Pulido Tiranosaurius de mi adentro Vicente Muñoz Álvarez Animales perdidos Roberto Ferrer Etcétera Alcohol para las llagas Ya sólo entiendo el dialecto… Adriana Bañares Lobotomía Me quité mucha importancia a mí misma… Luna Miguel La poeta y el narrador (escena de cama) Luis Sevilla Dime si la casa huele a mí Ana Patricia Moya Poeta Perros y perras Daniel Rojas Pachas Y no he cumplido aún toda la edad… Nunca salí del horroroso… Díos Mio \ de dónde sale \ tanta gente \ solitaria Ana Pérez Cañamares El hombre soñado Fumando espero La amada del superhéroe Una cucharada, y otra El amor es a veces… En los desfiladeros de nuestra cama…

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José Luís Gutiérrez Me iré Pepe Pereza Caprichos del destino Despedida Silvia Loustau La partera Enrique Fuentes-Guerra Corazón roto Verónica García El amante Tijera Esperanza García Guerrero Semáforo en ámbar Paz Hernández Tributo a mis amantes Semejante Sin ti Las horas envejecen José Ángel Conde La depresión de la clorofila Minidescomposición Begoña Leonardo Un buen negocio Un adorno mutilado suspendido en la nada Yolanda Sáenz de Tejada Atravesó… Carmen Ramos Invisible Duerme Escondido Elena Ortiz Eutanasia

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Sobre los autores Nota de edición

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Hay siempre un poco de locura en el amor. Más también hay siempre un poco de razón en la locura.

(Friedrich Nietzsche)

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“El amor no nos salvará del ocaso, pero sí nos hará más fuertes para afrontar el agrio momento de la despedida final. Ambos somos conscientes del fatal desenlace” (del
prólogo, por Eva Márquez).

Groenlandia presenta su segunda antología literaria que ha inspirado a más de cuarenta artistas (poetas, narradores, fotógrafos, ilustradores). En todas las páginas, los lectores hallarán las distintas emociones que provocan el desamor: la angustia, la desesperación, la melancolía, la pasión; los recuerdos más íntimos, a la vez, entrañables y nostálgicos; el dolor rabioso de la perdida, el engaño o el triste final de historias condenadas al olvido. Esta antología la conforman un total de 25 poetas, 14 narradores, 2 ilustradores y 6 fotógrafos, artistas que han creado esta precioso libro cuya lectura no dejará indiferente a nadie.

“La medida del amor es amar sin medida” (San Agustín)

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