VI TALLER DE HISTORIA REGIONAL Y LOCAL

“GLOBALIZACIÓN, REGIONES Y NACIONES”
(Ciudad de La Habana, 23 al 25 de abril del 2004)

TÍTULO: Región Histórica – Región deprimida y método retrospectivo. Su aplicación a
un caso.
AUTORA: M.S.c. Ivette García González (Cuba). Instituto Superior de Relaciones
Internacionales “Raúl Roa García”, Calzada y H, Vedado, Plaza, Ciudad de La Habana,
Cuba. CP: 10300. E-mail: Ivetg@minrex.gov.cu; Besy65@yahoo.es

Introducción

Desde la segunda mitad del siglo XX, la problemática de la deformación regional de los
países latinoamericanos ocupa interés académico desde diversas disciplinas. Ello expone
como corolario una importante cosecha de estudios de caso, de propuestas metodológicas
específicas para estudiar y comprender los procesos regionales y sus vinculaciones con
otras entidades que las rebasan, especialmente los Estados Nación y la nación propiamente,
la recuperación del sujeto histórico desde sus espacios inmediatos, los estudios de
mentalidades y otras aristas. En Cuba – donde las más significativas desproporciones
regionales se localizan entre el Occidente y Oriente - se promovieron y se cosechan
investigaciones de ese tipo en todo el país, sobre todo desde inicios de los 90.

Desde la perspectiva regionalística y transdisciplinaria, la investigación referida a las
regiones históricas ofrece así un campo fértil para estudiarlas con una visión crítica y
comprometida con los problemas de las deformaciones estructurales de la nación. Para
acometer el estudio sobre la de Baracoa - situada en el extremo Oriente del país - se tomó
como ángulo principal la evolución económica, social y cultural, como camino para descubrir
la lógica interna de la región, sus reconfiguraciones, con énfasis en el significado y
repercusión que registran sus asintonías con las tendencias generales y su configuración
como un espacio histórico particular.

El presente trabajo ofrece una síntesis de la propuesta metodológica que la autora sustenta
para comprender la resultante de la región, que es una de las más atípicas de Cuba, como

1
campo de análisis que puede ser útil para el debate sobre este y otros espacios con
características similares de la geografía latinoamericana. Se basa esencialmente en dos
ejes: 1) la combinación de dos conceptos claves: el de región histórica que procede de la
Historia Regional y el de Región Deprimida que procede de la Geografía Económica; 2) la
utilidad del método retrospectivo para el examen de la evolución regional que fundamenta la
relación mencionada.

En América Latina, el estudio de regiones con estas características constituye una
preocupación para el medio académico y para la ejecución de los proyectos nacionales
respectivos, toda vez que en la complejidad de nuestro tiempo, son mucho más vulnerables
que las grandes urbes y regiones de mediano nivel de desarrollo, a las atrofias que puede y
de hecho provocan las coyunturas de crisis económicas y hegemonías a escala mundial y
hemisférica.

De hecho, hoy este tipo de regiones sigue siendo de interés por varias instituciones como el
Foro de Ministros y Autoridades Máximas del Sector Vivienda y Urbanismo de América Latina
y el Caribe (MINURVI), el Programa 21, la Agenda Hábitat y el Plan de Acción Regional de
América Latina y el Caribe, todo lo cual se relaciona con el ordenamiento territorial y los
esfuerzos y proyecciones de la Comisión Económica Para América Latina y el Caribe
(CEPAL.

Baracoa es, a pesar de sus limitaciones y segregaciones antiguas y recientes, una región
histórica que continúa reproduciendo su identidad y que ha perdurado como deprimida en el
contexto nacional, tendencia que por primera vez puede revertirse dadas sus potencialidades
para el turismo. Fue quizás de las regiones cubanas que mayor impacto sufrió como
consecuencia de la crisis de la pasada década de los 90 y dentro de un contexto nacional de
recuperación desde 1994, es uno de los municipios que más lentamente ha estado
participando de ese proceso de reanimación. Como caso, su estudio lo privilegia el hecho de
que se refiere a una región que reúne aristas de especial interés para el estudioso de lo
regional: fuerte identidad regional, economía atípica, ciudad portuaria, componente indígena,
especificidad única de la lengua y topografía compleja.1
1
Por ello y por lo desconocida que ha estado en el mundo historiográfico es que especialistas como el Dr. Venegas han
sugerido la importancia de su estudio como caso que puede ser útil como experiencia para otras partes de América Latina. Ver
de Hernán Venegas Delgado: La región en Cuba, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2001, p. 111 y de Andrzej Dembicz:
“Ciénaga de Zapata (Cuba): venturas y desventuras de un espacio caribeño (entre realidades mitológicas y empíricas)” , en

2
Región histórica – Región deprimida y método retrospectivo.

La Historia Regional Latinoamericana Contemporánea asume la región histórica como un
espacio geográfico social – en este caso intranacional – en el cual la ciudad actúa como
centro jerarquizante y en el que confluyen de manera coherente características económicas,
sociales, políticas, culturales e ideológicas, cuya interacción en el tiempo largo produce una
identidad que perdura en su trayectoria y que se modifica dentro de su propia dinámica, sin
que por ello deje de pertenecer y estar influido igualmente, por el espacio exterior del que
forma parte.2

Para entender la región histórica baracoesa, se asume todo el espacio que ella llega a
adquirir en su proceso conformativo y se examina en cada caso, la realidad y consecuencias
de la movilidad de sus fronteras históricas, así como sus vinculaciones con las que fijan las
Divisiones Político Administrativas (DPA). Por eso ella – como objeto de estudio - el territorio
de siete municipios - Sagua de Tánamo, Moa, Baracoa, San Antonio del Sur, Maisí, Yateras e
Imías - pertenecientes a las provincias orientales cubanas de Guantánamo y Holguín.

En el orden temporal, el centro del estudio comprende desde los orígenes precolombinos
hasta fines de los años 70 del siglo XIX, cuando han transcurrido dos períodos históricos del
proceso de formación regional y la primera etapa del tercero. Pero el punto de partida para
desarrollar el análisis de esos ciclos, es el examen de la región actual y sus peculiaridades,
sus problemáticas y sus límites, haciendo luego un recorrido de la evolución de los
principales en el tiempo largo, con lo cual se logra aprehender la región integralmente.

Precisamente, el comportamiento y la combinación de específicos indicadores internos y
factores externos, incidieron en que Baracoa fuera adquiriendo una estatura que la distingue
dentro del conjunto cubano como región histórica con todas las aristas que ello comprende y

El espacio en la cultura Latinoamericana. Memorias de la IV Reunión del Proyecto Halle , Universidad de Varsovia,
1999, p. 83.
2
Ivette García González: “Vivir en la frontera imperial: Baracoa, la primada de Cuba”, en Revista Mexicana del Caribe,
Año V, no. 9, 2000, Chetumal, México, p. 106. Esta definición de la autora, presentada por primera vez en el artículo antes
mencionado, constituye una síntesis de sus experiencias de trabajo y de elementos que al respecto han expresado regionalistas
latinoamericanos de reconocido prestigio como Rutilio Ortega, Germán Cardoso, Arístides Medina, Luis González y Hernán
Venegas. Ver de la autora el trabajo: “La Historia Regional en México, Venezuela y Cuba: tres problemas”, en revista
Santiago, no. 87, mayo – agosto de 1999.

3
también como una región deprimida. Esto último a diferencia de su situación previa a la
conquista.

La noción de “deprimida”, identifica a aquellas regiones de “(...) muy débil o nula
incorporación a la especialización nacional o internacional del trabajo (...)”. 3 En América
Latina su existencia es resultado de la matriz colonial y de la dependencia, que solo
promovieron aquellas que por sus riquezas naturales, utilización y acceso, podían integrarse
con ventajas a la especialización nacional e internacional del trabajo y con todo ello tributar
mejor a la formación y desarrollo del capitalismo en los países centrales.

El examen de experiencias de estudios precedentes sobre regiones deprimidas y de
regiones históricas dentro del campo de la Historia Regional Latinoamericana y las
investigaciones anteriores de la autora, es que se considera que una región puede ser
totalidad social singular (región histórica), a la vez que deprimida. Obviamente, esta última
distinción tiene un peso considerable en el anterior, teniendo en cuenta que la marginalidad
es sentida y racionalizada, por lo que contribuye a la generación de una cosmovisión
específica. Se trata de interrelacionar ambas nociones, para mejor entender la resultante
histórica de la que se estudia.

Ello es posible y conveniente por tres razones principales. Una es que entre las principales
críticas al recorrido de las Ciencias Sociales, está la excesiva especialización y parcelación
del conocimiento, frente a lo cual se demanda una visión transdisciplinaria. 4 Esto significa
habituar el pensamiento a transgredir las fronteras de su disciplina y servirse de otras
ciencias, estudiar los fenómenos con sentido de totalidad, considerando como supuestos
básicos de ella la unidad, la interdependencia y la organicidad, el análisis comparativo, el
esfuerzo de síntesis, la dialéctica de las estructuras, los procesos y los tiempos.5

3
Héctor Segenovich y Vicente Suárez: “Notas sobre naturaleza-sociedad y la cuestión regional en América Latina”, en José
Luis Coraggio, Alberto Federico Sabate y Oscar Colman (eds.): La cuestión regional en América Latina, Ediciones
CIUDAD, Quito, 1989, p. 114.
4
Sobre esta problemática se han referido fundamentalmente Edgar Morín: Introducción al pensamiento complejo,
Barcelona, Gedisa, 1994; Einsz Dieterich: Identidad nacional y Globalización. La Tercera Vía. Crisis de las Ciencias
Sociales, Editora Abril, La Habana, 2000; Inmanuel Wallerstein: Abrir las Ciencias Sociales, Siglo XXI, México, 1996 y
Sergio Quiróz Miranda: Metodología y Ciencia Social. El paradigma emergente, Busca Libros S.A. de C.V., México, 1997.
5
Pierre Vilar: Pensar la Historia, Instituto Mora, México, 1995. Las consideraciones principales del autor y de Lucien
Febvre en torno a la noción de totalidad, aparecen valoradas creadoramente por Norma de los Ríos en la Introducción de esa
obra y en el capítulo de Vilar titulado “Pensar históricamente”.

4
Otra razón es que asumir que la región histórica es una totalidad social exige examinar una
dinámica que es al mismo tiempo económica, política, geográfica, social, cultural,
lingüística..... Por tanto, algunos de los componentes regionales obligan al historiador a la
observancia de métodos y tipos de análisis especialmente desarrollados por otras
disciplinas, para comprender la interrelación de los eslabones del objeto de investigación y el
problema científico propuesto, que son los que indican qué recursos metodológicos se
necesitan. Para el caso en cuestión resulta inevitable aprovechar los aportes de la
Antropología y sus diversas ramas (física, lingüística, arqueológica, etnológica), así como de
la Demografía y la Geografía Física y Económica especialmente.

Finalmente, la investigación regional actual debe intentar cubrir las expectativas más
modernas de su especialidad, tomando en cuenta las principales críticas que se le han
hecho a la desarrollada sobre todo en América Latina. Se insiste en cultivar una nueva
Historia Regional “(…) que anteponga el análisis a la descripción, lo multidisciplinario a la
especialización, el diálogo de los tiempos frente a la cronología, (…) el pensamiento
complejo frente a la tendencia creciente a la simplificación (…).” 6 Igualmente, se enfatiza en
que: “Lo relevante del análisis regional (…) está en tomarlo como teatro explicativo de
problemas históricos que rebasan la peculiaridad”.7

Por otro lado, dentro del campo de los estudios históricos regionales, una de las vías de
acceso reconocida es la que se propone ahora: el estudio de la región como una totalidad
social, sometiendo a examen todos o casi todos los componentes de la región,
especialmente aquellos que tienen un significado especial en la definición de esa unicidad.
De las dos vertientes como este tipo de estudio se cultiva, se opta por la que es propiamente
integral, en tanto interesa examinar el proceso de conformación regional a través de las
secuencias de formación / integración y diferenciación regional y por tanto de la estructura
histórica de la región.8
6
Ver de Víctor González Esparza: “De la Historia Regional a una nueva Historia Cultural”, en Conciencia, México, año I,
no. 4, febrero del 2001, p. 4
7
Ver de Antonio Ibarra Romero: “La historia como reconstrucción y disfrute: apunte sobre el ejercicio de la crónica e
historia regionales. La necesidad colectiva del pasado como identidad”,p. 3, en http:
//gdl.megared.net.mx/latarea/articu/ibarra4.html.
8
El otro tipo de estudios integrales es el sectorial. Esta se practica cuando la inquietud parte de un elemento o indicador de la
región como eje (mentalidad, economía, lenguaje u otro), en cuyo caso se examina en relación directa con los otros
componentes. Las otras dos vías son la denominada historia regional como laboratorio y la llamada Intrahistoria. Para más
detalles consultar de Juan Pedro Viqueira: “Historia Regional: tres senderos y un mal camino”, ponencia presentada en el
evento “Historia Regional: retos y posibilidades”, Chiapas, México, 9 al 11 de diciembre, 1992. Una segunda versión de ese
trabajo se publicó en la revista mexicana Secuencia.

5
Por lo antes referido, resulta conveniente utilizar determinados indicadores para identificar la
región histórica y por tanto para estudiarla. Imprescindible es observar la regionalización en
el tiempo, detectando las escalas en que éste se presenta, los planos en que la regionalidad
se manifiesta y con ello la estructura que adquiere la región histórica que interesa. Las
nociones de macrorregión, subregión y localidad, representan planos de reducción y
ampliación del ámbito de análisis y contribuyen a no circunscribir el estudio regional al
examen de sus nexos internos, sino observar el conjunto de ellos con el universo exterior -
otras regiones, el país, el Caribe - de mayor influencia.

El elemento antes enunciado es fundamental porque la región se mueve, cambia, se
transforma por efecto de las circunstancias, a veces incluso de tipo exterior, de manera que
lo que en un período puede ser localidad, también por efecto de esos cambios y de una
evolución favorable, puede convertirse en región. Asimismo, lo que es región en un momento
dado, por efectos regresivos puede convertirse en subregión de un espacio más consolidado
y jerarquizante.

Pero para utilizar de manera combinada ambas nociones teórico metodológicas, es
necesario identificar esos indicadores que sirven para detectar o confirmar la presencia de la
región histórica y para estudiarla, tales como medio, tipo de economía, relaciones de
mercado, comportamiento demográfico, DPA, papel de la ciudad, pensamiento, cultura
espiritual y vida cotidiana, lenguaje y otros, con la visión de cómo cada uno de ellos conecta
lo histórico cultural con lo deprimido.

Esa perspectiva metodológica devela la utilidad del método retrospectivo - acompañado de
los de regionalización y el comparativo –, esencial para captar el proceso en esa dimensión.
El método de regionalización, en tanto tipo de razonamiento que permite ir observando con
fundamento las segmentaciones que en el espacio regional en formación se producen por
efecto de los procesos históricos que allí se verifican, resulta de gran utilidad. El análogo
comparativo también por la necesidad de ir comparando dicha evolución de la región en sus
indicadores más importantes con otras del país, contemporáneas o no con ella. Estos y otros
métodos se acompañan del retrospectivo, en tanto se parte de valorar el estado actual de la

6
región y su resultante más general e identificativa en el tiempo largo, para ir a desentrañar
las raíces de su configuración cualitativa histórica y deprimida.

Aplicación al caso. Baracoa en la larga duración

Baracoa ha sufrido a lo largo de su evolución un proceso de ampliación y contracción de su
espacio geohistórico. La Baracoa que ocupa el centro de la investigación – desde los
orígenes hasta la década del 80 del siglo XIX - comprende seis actuales municipios de dos
provincias orientales (Guantánamo y Holguín): Maisí, Imías, San Antonio del Sur, Baracoa,
Moa y Sagua de Tánamo. La de hoy, sin embargo, solo abarca tres de ellos: Maisí, Imías,
Baracoa y San Antonio del Sur, a reserva de un fenómeno de variación de las pertenencias
en fase de transición, que se está produciendo en el último.

Teniendo en cuenta el doble carácter del estudio que se presenta, el proceso que antes se
menciona es un eje importante para definir los ciclos temporales de la región y la variación
de sus fronteras regionales. La visión integral de la región es la que permite llegar a una
periodización de la historia regional baracoesa, cuyo hilo conductor es el proceso de
formación, integración y diferenciación regional, que entronca siempre con la persistencia de
la condición deprimida y los esfuerzos por superarla.

A partir de esas consideraciones, en la evolución baracoesa se distinguen cuatro períodos
históricos. El primero corresponde a los orígenes más remotos, a la “región prehispánica”,
cuando el espacio físico es ocupado por comunidades aborígenes y en una secuencia larga
y compleja logra un proceso de expansión y de cierta homogeneidad, con mayor densidad
de población y nivel técnico productivo que el resto.

Con la conquista se inicia un segundo período que se extiende hasta la última década del
XVIII. Este puede subdividirse en tres fases. La primera con un primer momento (1510-1515)
que puede considerarse como “intermedio”, cuando se produce la conquista, el primer
movimiento de ruptura violenta de los componentes regionales hasta que se instaura la
nueva estructura oficial y mientras es capital de la colonia. A partir de ahí y hasta fines de
ese siglo se asiste a un fenómeno de contracción del espacio regional hasta localidad, así

7
como el inicio del fenómeno reversivo hacia una tendencia deprimida en los planos
económico y demográfico, con ciertas variaciones en Sagua de Tánamo.

La tercera se extiende hasta la última década del XVIII, cuando se desarrolla una lenta
secuencia de expansión y ocupación del espacio interior, elevación del papel de la ciudad
portuaria y de las redes de mercado aunque con una débil articulación de sus zonas de
expansión y terminando con una crisis económica. Para este tiempo ya tienen impacto
elementos que potencialmente forman un nuevo espectro identitario. Especialmente hasta
ese momento, por efecto de las relaciones de dependencia se manifiesta una suerte de
movilidad recurrente, en virtud del crecimiento y decrecimiento del poblamiento, lo que
durante décadas sucesivas persistirá casi solamente en Moa y San Antonio del Sur.

A partir de la década del 90 del siglo XVIII se abre un tercer período hasta los años 50 del
siglo XX. El punto de partida es la profundización de la condición marginal y en medio de eso
la recepción de una fuerte oleada migratoria. La región transita entonces desde la
emergencia de nuevos renglones económicos y esfuerzos por adaptarse a la tendencia
económica de la isla, hasta su fracaso y la definición de la estructura económica que pervive
hasta ahora, así como el comienzo de un proceso regionalizador interno, resultado de las
insuficiencias de su configuración precedente.

Durante este pueden distinguirse dos etapas. Una primera hasta la década del 70 del siglo
XIX, cuando se completa el ciclo de incorporación de savias culturales que formarán
definitivamente la identidad regional, se alcanzan nuevos niveles en el proceso de
articulación regional y de mayor jerarquía de la ciudad, se hacen los mayores esfuerzos para
revertir la condición deprimida e incorporarse a la tendencia insular como productora y
exportadora de azúcar y tabaco, lo que termina en el fracaso, así como en una ampliación y
contracción del espacio regional.9 Su comienzo lo marca la coyuntura que se vive entre los
años 90 del siglo XVIII y hasta fines de los años 20 del XIX, considerada como un
intermedio, justamente por el significado que tienen los cambios que se producen durante
esos años, en virtud del impacto de la Revolución Haitiana.

9
El trayecto recorrido hasta aquí corresponde a lo que Julio Le Riverend llama “Prehistoria” de la región y de ahí en adelante
“Historia”. Ver de este autor: Intervención….ob. cit. (47). No obstante, en este trabajo se identifica más la clasificación
periódica de Pierre Vilar, quien define los lapsos históricos como orígenes, desarrollo y maduración regional. En el caso
baracoeso eso significa orígenes hasta fines del siglo XVI, desarrollo para el segundo y maduración para el tercero y cuarto.
Ver de Pierre Vilar: “Pensar históricamente”, en ob. cit. (22).

8
La otra se extiende desde los años 70 – 80 del siglo XIX hasta los años 50 del XX. Durante
esas décadas se define la estructura económica de la región con un mercado exterior
estable hasta los años 40 sobre todo. El engranaje de la región “frutera” descansa a partir de
entonces en coco, cacao y guineo, transición y estructura que tampoco es fácil de consolidar
por la incapacidad para hacer frente a plagas diversas. 10 Su condición deprimida se modifica
relativa y temporalmente – entre 1919 y 1931 sobre todo -, en virtud de su incorporación a la
red circuncaribeña de comercialización del banano hacia Estados Unidos a través de
compañías norteamericanas. Entonces la ciudad completa su proceso de urbanización, se
incorporan técnicas y materiales constructivos más perdurables y se definen mejor sus
funciones.

El referido esplendor impacta sobre otros indicadores regionales como la arquitectura
urbana, el papel jerarquizador de la ciudad sobre un amplio espacio rural, donde la población
se incrementa tanto por vía natural como por inmigración procedente de otras regiones
cubanas, a algunas de las cuales llega a superar en cuanto a densidad de población sobre
todo entre los años 30 y 40. Todo ello igualmente tiene efectos en la comunicación
intrarregional y hacia Estados Unidos (EEUU), logrando como región articularse del modo
más compacto, en comparación con períodos anteriores y posteriores.11 También en cuanto a
la cultura regional se da un salto importante en tanto se produce una maduración de la
identidad baracoesa.

Pero dichos beneficios comienzan a declinar desde fines de los años 30 y la bonanza
económica se extingue hacia los 50, al dejar de ser su producto particularmente competitivo
frente a otras opciones de mercado para EEUU en Centroamérica y al no poder solucionarse
la presencia de las plagas en las plantaciones de coco y guineo, con lo cual se genera cierto

10
A mediados de los 90 del siglo XIX la región exporta ya alrededor de 25 millones de cocos y más de tres de guineo y otros
frutos. Sobre este despunte de la región se refieren Ernesto de las Cuevas en dos obras: Baracoa en la exposición de Sevilla y
Baracoa ante la historia, Imprenta La Crónica, Baracoa, 1924, además de Roberto Mateizán: Cuba pintoresca y
sentimental, Santiago de Cuba, s/f., tomo I, p. 175. Las sociedades económicas emergentes se relacionan directamente con
los rubros básicos y se preocupan por el problema del momento, incluso promoviendo trabajos de terreno. Tomado de:
Archivo Provincial Santiago de Cuba, Sociedades Baracoa 1889-1933, Leg. 192, no. 29.
11
Féliz Contreras: “Baracoa: geografía saliendo del olvido”, en Cuba Internacional, noviembre de 1970 y de Julián Acuña
Galé: Estudio económico social del municipio Baracoa, BANFAIC, La Habana, 1952.

9
éxodo de población.12 La fragilidad de esa conexión interna, favorecida o potenciada por un
interés del mercado externo determina que el retroceso sea abrupto.

Por tanto, esa secuencia termina nuevamente en una crisis económica, la pérdida de sus
rubros exportables, en momentos en que el cacao y el café tienen muy bajos precios y están
prácticamente abandonados. Se hace más notoria entonces la debilidad del proceso interno
regional, evidenciando un fenómeno regionalizador interno persistente en sus subregiones
del centro sur y del extremo oeste, no solo por los elementos planteados sino también por las
diferenciaciones tan acusadas que van configurando a Moa como zona minera, todo lo cual
constituye el precedente inmediato de una nueva contracción del espacio regional.13

Esa secuencia de crisis y fragmentación inminente del espacio abre un nuevo período desde
los años 50, que aún no ha concluido, aunque desde la pasada década parece revelarse una
nueva etapa. La Revolución que triunfa en 1959 inicia – por primera vez en la historia de
Cuba - una política tendente a disminuir las desproporciones regionales, desconcentrar el
desarrollo, resolver injusticias sociales y diferenciaciones entre el campo y la ciudad. Por ello
se lleva a cabo un importante esfuerzo constructivo en zonas rurales, con todo lo cual se ha
logrado un territorio más equilibrado y homogéneo, de todo lo cual se ha beneficiado la
región objeto de estudio a su interior y porque es durante ese lapso cuando se alcanza una
mayor articulación entre ella y la nación.

La puesta en práctica de un Plan Integral de Desarrollo Económico desde los años 60 con
medidas para estimular la agricultura y la creación de nuevas fábricas (de cacao, hielo,
refrescos, panificadora, de conservas de frutas), le permiten una mayor autosuficiencia en
sus condiciones de aislamiento. Esto último se comienza a corregir con la ejecución de dos
importantes carreteras: el viaducto La Farola, colosal obra ingeniera en Cuba, que fragmenta
el macizo Sagua Baracoa recorriendo más de 100 kilómetros de sur a norte entre llano y
montaña, y una carretera que la une a Moa y Sagua de Tánamo por la ruta norte.

12
Sobre este asunto se puede encontrar información en la obra de Manuel Hernández Vidaurreta: El plátano: su cultivo,
valor alimenticio y consumo, enfermedades y plagas, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1973; Ciro Bianchi Ross:
“Baracoa: la ciudad primada”, en Prisma Latinoamericano, no. 10, 1987; Carlos Venegas Fornias: “Baracoa:
caracterización como centro histórico urbano”, en El Yunque, Baracoa, junio – diciembre de 1980. Pero este ha sido un tema
poco explorado. Hace unos años el Dr. Alejandro García investiga a profundidad sobre el tema.
13
Importante referente para comprender el proceso durante esos años se encuentra en la obra de Joaquín Oramas: Piedras
hirvientes. La minería en Cuba, Editora Política, La Habana, 1960.

10
Además, el incremento del transporte urbano local, la implantación de la teleselección directa
de Baracoa con Guantánamo, Santiago y el resto del país, la creación de servicios de
radiodifusión con emisoras nacionales, provinciales y locales, así como el mejoramiento del
aeropuerto y sus servicios, el desarrollo de un programa de electrificación y otras acciones
en materia de salud, educación, deporte y cultura. 14

La fragmentación y contracción que antes se alude, avanza de modo galopante durante esos
años. Una manifestación de ello es la pérdida de Moa, su localidad del extremo oeste, en
virtud de los resultados que genera la puesta en práctica, por el gobierno, de planes
especiales para esa zona, estimulando su desarrollo económico a base de la minería del
níquel y cobalto y una fuerte corriente migratoria desde diversas zonas del país, estímulo a
las construcciones, fuentes de empleo, etc.. Todo ello comienza a reorientar los lazos y
relaciones de la zona moense hacia Holguín y el gobierno central. Como allí se trata de
planes especiales, un desarrollo y un poblamiento inducido, y como la articulación con
Baracoa había sido históricamente débil, los cambios y la desarticulación de la localidad en
relación con su región originaria se producirían más rápido.

Sin embargo, por su fundamento histórico y los efectos de los cambios durante esas
décadas, San Antonio del Sur también se ha ido desvinculando de su región originaria pero
más lentamente, y aún guarda importantes similitudes culturales y lazos de diverso tipo,
especialmente entre sus áreas montañosas y Baracoa. Las políticas oficiales de
mejoramiento económico y social, así como de reordenamiento político administrativo que se
instrumentan durante el período, contribuyen a ello pero no como en Moa porque ella es
menos importante a los efectos de la economía nacional.

No obstante, aún con menos extensión al descontar ambas localidades, la tasa de
crecimiento de población de la región baracoesa se eleva durante estos años y se mantiene
casi pareja con la media nacional, aunque sigue por debajo de los promedios de Oriente e
incluso de Isla de Pinos. La densidad se mantiene muy por debajo de la media nacional y del
14
Sobre estos avances puede encontrarse información en: [Colectivo de autores]: Reseña histórica de Guantánamo,
Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 1985; Joaquín Molinet: “Porto Santo de Baracoa”, en revista Cuba internacional, nos.
7-8 de 1993; Agenor Martí: “Baracoa a mediodía”, en Cuba internacional, marzo – abril de 1978; Antonio Núñez Jiménez:
“El grupo orográfico Sagua – Baracoa”, en Bohemia, no. 13, marzo de 1969 y [Colectivo de autores]: Historia local de
Baracoa, 1993, Baracoa, inédito; Félix Contreras: “Baracoa: geografía saliendo del olvido”, en revista Cuba Internacional,
noviembre de 1970; de Ciro Bianchi Ross: “Baracoa, la ciudad primada”, en Prisma Latinoamericano, no. 10, 1987 y
“Latir de la ciudad primada”, en Revolución y Cultura, no. 10, octubre de 1987; de Olga Fernández: “Gran Tierra”, en
Cuba Internacional, julio de 1974..

11
Oriente, aunque por encima de la de Isla de Pinos, e igualmente la relación de masculinidad
sigue favorable a los hombres, por encima de lo que se verifica en Oriente e Isla de Pinos.

A lo largo de esa secuencia larga, se han ido configurando sus características generales
como región histórica y manifestaciones más constantes de su tendencia deprimida. El
medio, que ha ofrecido fundamentalmente resistencias frente a los esfuerzos por acomodar
la región a la evolución general de la isla, es un elemento clave. Sigue siendo de difícil
acceso y comunicación interior en virtud de esa topografía, con un alto nivel de conservación
de sus recursos naturales, de su red hidrográfica y particularidades notorias del clima y
régimen de lluvias, por ejemplo, a la vez que ocupa ese medio, por sus peculiaridades y su
mismo significado, un espacio significativo en el imaginario de sus pobladores.15

Directamente relacionado con lo anterior se encuentra su economía, por cuanto esas
peculiaridades han limitado la posibilidad de que la región participe con medianas ventajas
en los ciclos económicos de la isla, no solo por el acceso, sino porque los renglones
económicos que han marcado el progreso y tipificado al país no encuentran allí terrenos
propicios. Es por eso que, más allá de situaciones coyunturales, esa economía se ha
configurado como de producción para la subsistencia y con renglones básicos en frutas y
cultivos de cacao y café, rubros todos menos cotizados en el mercado internacional
tradicionalmente. De ahí su histórica condición periférica y sus específicas relaciones de
mercado.

El comportamiento demográfico de la región es un indicador que también fundamenta la
tendencia marginada y las asintonías con los promedios generales. Sus especificidades van
desde el crecimiento de población en etapas de guerras durante el siglo XIX, mientras en
casi todo el resto la población disminuye, hasta efectos particulares de la interrelación medio,
la economía y el mestizaje. Este último fenómeno es intenso, pero definido en gran medida
por la alta proporción relativa del componente indígena durante su ciclo formativo, los pocos
espacios físicos de convivencia que obligan a la interacción y la mezcla, así como los
escasos atractivos económicos que por una parte hacen limitada la presencia de

15
Actualmente se encuentran en fase de aprobación como reservas naturales, varias zonas de la región: Sabana, Yumurí,
Quiviján y otras. Además, existe un programa de educación ambiental y se han ejecutado algunas acciones en cuanto a
recuperación de zonas costeras.

12
colonizadores blancos y por otra, demandan poca presencia negra esclava, así como el
papel de las llanuras costeras como espacios principales de habitabilidad y comunicación.

Otras variables demográficas – densidad, tasa de crecimiento, relación de masculinidad,
composición racial - develan que la región se ha configurado de forma diferenciada y
marginal respecto a los promedios del Oriente, a los de la isla en su conjunto y en situación
similar a la de Isla de Pinos. Se mantiene muy por debajo de los promedios insulares y
macrorregionales, en proporciones que en Oriente siempre sobrepasan el doble o más. Su
mayor nivel lo alcanza en 1953 y en 1999, pero siempre en situación muy desventajosa.

Por otro lado, aunque observando la tendencia general Baracoa se ubica en sintonía con el
país en cuanto al incremento gradual y sostenido del mestizaje, el resultado actual del
mestizo baracoeso es distinguible y por ello mismo identificado como “el tipo baracoense”.
Las diferencias en su fenotipo se asocian a las relaciones de masculinidad, el alto
componente indígena y el bajo índice de negros, lo que, junto a lo limitado de espacios
habitables ha generado un mestizo diferente y un espectro bastante homogéneo de su
población actual.16

La ciudad también tiene sus particularidades especialmente en cuanto a su orden
longitudinal, al hecho de que es la única de las primeras villas con un trazado lineal y una de
las pocas de Cuba que lo presenta tan evidentemente, a pesar de que como sostiene Carlos
Venegas, ello no se debe a un diseño especialmente concebido. 17 Se destacan también la
conservación de elementos constructivos del “colonial cubano” y la peculiaridad de que el
propio aislamiento del occidente potenció variaciones tipológicas, que tardíamente
determinan la presencia simplificada de técnicas constructivas europeas y locales. Ciudad
que ha tenido una limitada capacidad para jerarquizar el proceso regional.

A escala insular es una ciudad portuaria secundaria, encerrada entre el mar y las alturas que
la circundan, débil para entrelazarse con su hinterland al punto de que no logra iniciar una
función interactiva intensa con su región hasta las últimas décadas del siglo XIX. De modo

16
De acuerdo a los estudios de Eric Dubesset, ese “tipo baracoense” se caracteriza por una débil coloración de la piel y por la
supervivencia de ciertos rasgos mongoloides de los indios taínos. Ver de dicho autor…ob. cit. (32), p. 112.
17
Carlos Venegas Fornias: “Baracoa: caracterización como centro histórico urbano”, en El Yunque, Baracoa, junio –
diciembre de 1980.

13
que la contradicción campo - ciudad en el caso que se estudia es fundamental y denotativa
de esa condición marginada de la región.

Asimismo, la observación de la serie estadística fundamenta que Baracoa se forma como
una región eminentemente rural y su ciudad, como un microcosmo con escasas
posibilidades de asimilar mucha población y expandirse, a diferencia de lo que le ocurre a
otras de la isla. La propia topografía impone barreras a cualquier esfuerzo de expansión
urbana, no obstante lo cual sus fronteras por el este se han extendido desde un límite que
estuviera en el río Miel, hasta comprender hoy Cabacú, que fuera una de sus zonas
periféricas.

A pesar de ser la más antigua de las ciudades cubanas, mantener su trazado original, tejas
francesas y españolas, así como sus plazas, no cuenta con un marco arquitectónico y
urbano que refiera su pasado, salvo las tres fortalezas que hoy tienen otros usos sociales y
económicos.18 Los elementos históricos explicados fundamentan que a diferencia de las
otras primeras villas, Baracoa no se constituya en cabecera de provincia cuando se ejecuta
la última DPA.19

La otra cuestión se relaciona con el proceso de regionalización interna y/o de expansión y
contracción de la región histórica. En principio, allí el proceso de ocupación del espacio es
muy complejo, está influido negativamente por las condiciones del medio y por las otras
razones expuestas anteriormente. Esa regionalización histórica interna guarda una relación
directa con las divisiones político administrativas. Baracoa siempre se consideró un
segmento o jurisdicción independiente, pero fue perdiendo, en las sucesivas DPA, a las
zonas de Sagua, Moa, San Antonio del Sur, Imías y Maisí.

18
El fuerte Matachín es hoy el Museo municipal, el de La Punta es un restaurante y El Castillo un hotel. De todas maneras,
dada su importancia por haber sido la primera villa y por sus aportes a la cultura y la nacionalidad cubana, la Comisión
Nacional de Monumentos le concedió el título de Monumento Nacional, en 1977. Ver de Antonio Núñez Jiménez: “Baracoa,
la primada”, en El Yunque, año 1, no. 1, enero – junio de 1980, p. 7-12. De acuerdo a estudios urbanísticos realizados, las
construcciones de mampostería y tejas que se levantan durante el siglo XIX, se relegan durante el XX por edificaciones que
no se diferencian de las otras poblaciones de más reciente fundación, por lo que su aspecto no sugiere su condición de
primada de Cuba. Ver de Venegas Fornias ibídem, p. 26. También se han referido a ello Cristina González Rifá: “Baracoa:
¿preámbulo antillano?”, ponencia presentada en el Evento de Historia Local celebrado en Baracoa en abril de 1995; Reynaldo
Lugo: “¡Casimente el paraíso!”, en El Caimán Barbudo, año 22, edición 250, septiembre de 1988 y Enrique Froilián
Froilián: “Estudio de las potencialidades turísticas y recreativas de Baracoa y sus entornos”, 1993, Baracoa, inédito.
19
En igual situación quedó Trinidad, pero es preciso salvar las diferencias por el significado de esa ciudad dentro de la
provincia a la cual pertenece y porque a diferencia de Baracoa, cuenta con el fértil valle de San Juan en su hinterland.

14
El estudio realizado demuestra que ha ido perdiendo oficialmente zonas que no ha sido
capaz de articular y sostener en su proceso evolutivo. Las sucesivas DPA también han
contribuido a crear nuevas pertenencias en esas localidades segregadas, que las hacen
finalmente más distantes de su frágil unidad inicial. La de 1976 particularmente refrenda un
hecho consumado: el espacio clasificado como municipio, es el que realmente la ciudad
logra jerarquizar a lo largo de su historia. Sus fronteras históricas han sido poco movibles por
la propia marginalidad y aislamiento, pero cuando han estado interactuando factores de
disgresión, la situación se ha dirimido en su contra, lo que se manifiesta en la reducción de
su espacio histórico regional desde los años 70 del siglo XVIII.
Todas las circunstancias descritas han influido en otros elementos que igualmente tipifican
todavía a la región histórica baracoesa y sus pobladores. Entre ellos la cultura alimentaria,
que reproduce el uso de componentes y formas de elaboración de platos particulares, con
una alta presencia del elemento taíno, de su medio y tradiciones. Esa diversidad abarca
desde la coctelería, hasta postres, platos salados y otros. En todos los casos sobresale el
uso del coco (en su casco, agua, masa, leche y aceite), el recurso marino, el cacao y formas
propias para nombrarlos, con lo que conecta la especificidad del lenguaje.

En cuanto al habla, el peso del arauaco insular en la toponimia, en elementos de su cultura
material y en otros aspectos es una evidencia importante, así como el efecto del aislamiento
y la confluencia de condiciones específicas, lo que decide en que la región conserve normas
lingüísticas que en el resto del país fenecieron y que también se considere única, sin
vínculos directos con otras zonas, a diferencia de otras cuatro consideradas como zonas
dialectales del país. De ahí su clasificación como Zona E, por sus variaciones semánticas y
lexicológicas, e incluso del lenguaje extraverbal, única en la geografía nacional.20

Otras conexiones se detectan en aristas de la cultura espiritual. Permanecen, por ejemplo,
costumbres y tradiciones antiguas propias, o que en otras partes de la isla ya han
desaparecido. La religiosidad, por ejemplo, mantiene en prevalencia al catolicismo y la
variante regional de la Cruz de la Parra, seguida de expresiones protestantes que
reverdecen últimamente, además de espiritismo cruzado y cultos afrocubanos, pero estos

20
Ver de Luis Roberto Choy López: “Zonas dialectales en Cuba”, en Anuario de Literatura y Lingüística, no. 20, La
Habana, 1989, p. 90-91. El Instituto de Literatura y Lingüística conserva un banco de datos sobre el trabajo de campo
realizado, que contiene información escrita y visual sobre esta y las otras cuatro zonas. Este estudio merece ser continuado. En
el trabajo de campo realizado para esta investigación se detectaron variaciones igualmente semánticas y fonéticas al interior
de la región (zonas rurales – zona urbana) que pueden aportar nuevos elementos al respecto.

15
últimos en proporción ínfima. La presencia de adoraciones a fenómenos naturales, partería,
curandería y otros, especialmente en las zonas rurales, se asocia al escaso desarrollo y al
aislamiento, a la vez que a la presencia de remanentes de los sistemas religiosos
indocubanos.21

Manifestaciones artísticas como la pintura, la artesanía, la ebanistería y la escultura,
reafirman como signos distintivos sus eslabones culturales más fuertes e históricos: el
componente indígena, la cultura marítima y la exaltación del medio. También sobresalen el
refinamiento y la maestría en el trabajo con variedades de madera y otros componentes
naturales para la recreación y la vida cotidiana. Especialmente relevante es la música, por la
permanencia de las tradicionales variantes autóctonas que precedieron al son - Kiribá y
Nengón - con sus respectivos bailes, cuyos movimientos rítmicos advierten sobre esa
cultura de mar arraigada en la región.22

El referido espectro se conecta directamente con un sentido de pertenencia regional muy
arraigado que aún prevalece y se ufana de su autenticidad (“nosotros los baracoesos”). Claro
que el sentido de arraigo en una región deprimida como esta, se produce de manera lenta
respecto al resto de las primeras villas que devienen en centros nodales de sus regiones
históricas. Pero las otras especificidades geográficas e incluso de su condición deprimida,
aceleran tal vez más que en otras esa formación identitaria.

Los mismos elementos de la marginalidad como región, generan un sentido de unidad
cultural considerable. De sus componentes étnicos originarios más importantes, el indígena
especialmente es considerado en la identidad regional por su peso y por la distinción que le
confiere a la región, a la vez que su significado en el sentido de su conservación, también
alude a la condición deprimida y marginada de ella. Presente en toda la cultura material y

21
Algunos autores han tratado el tema en diversos trabajos, tales como Osvaldo Navarro: “Baracoa. La primera villa.
Reafirmación de los orígenes”, en Bohemia, no. 23, junio 5 de 1992; José A. García Molina: “Los aborígenes cubanos:
leyenda de una extinción”, en Temas, no. 7, La Habana, 1996, p. 28-36 y el trabajo de campo realizado por la autora durante
los últimos años.
22
Estudios actuales cuestionan las conclusiones repetidas en la historiografía acerca de la desaparición de los areítos y de la
cultura indígena, encontrando nexos entre aquellas expresiones y las musicales actuales; entre ellas y sesiones de espiritismo
de cordón, por ejemplo, de modo que es todavía un camino abierto. José A. García Molina, investigador de la Biblioteca
Nacional “José Martí”, está terminando una obra sobre el tema y otros aspectos del espectro cultural indígena en la sociedad
cubana actual, especialmente de las regiones orientales.

16
espiritual de lo baracoeso, ese rasgo se confirma y reproduce también por la existencia de
zonas donde esa huella está físicamente presente.23

La pertenencia descansa igualmente en la conciencia y legitimación de esa convivencia
espacial a lo largo de siglos en condiciones de aislamiento, en la racionalización de la
autenticidad de su primacía, de su modo de ser, de su cultura, elementos todos que los
hacen distinguirse para bien, y que los asemeja al resto de la isla en los valores más
auténticos de la cubanidad.24 En cuanto al medio, dicha autenticidad se expresa en la
conservación por excelencia de la mayor reserva de flora y fauna endémica del país, en un
tipo de mestizaje original, en el sentido de “pueblo terminal” que ha sido zona de abrigo y
confinamiento, lo que en cierta medida condiciona una especial confraternización con el que
llega. También en su sentido de autosuficiencia como comunidad y todo el efecto que genera
el hecho de haber sido débilmente influida por la cultura azucarera.

Conclusiones

El examen realizado a partir de la propuesta metodológica explicada al inicio, permitió
identificar los rasgos actuales de la región histórica baracoesa y sus problemáticas más
acuciantes, para luego observar el comportamiento de ellos mismos a lo largo de su proceso
evolutivo. Ello permitió confirmar el entrelazamiento existente entre esos elementos
distintivos que confirman su autenticidad, con los que la identifican como región deprimida.

Aún y cuando elementos objetivos de la región deciden en la presencia de limitaciones para
que pueda marchar al menos a los ritmos de su macrorregión (Oriente), las relaciones de
dependencia bajo las cuales se forma la nación cubana, deciden en el cambio a partir de la
conquista. Aunque el tema del aislamiento y sus debilidades se mencionan en varias

23
Un Proyecto denominado Nación Taína, con sede en Nueva York y extensivo al Circuncaribe, intenta legitimar el universo
aborigen del área. Sus miembros realizan eventos, cuentan con una publicación periódica y sus centros principales de
incidencia en Cuba están precisamente en Baracoa y Guantánamo. Existen variadas opiniones en torno a dicho proyecto, que
van desde el rechazo tácito por percibirlo como un movimiento secesionista, hasta posiciones favorables y de participación
activa en él. Por otra parte, el movimiento arqueológico en Baracoa es muy activo. Algunos de sus especialistas, como
Roberto Ordúñez, estudian con ahínco esa presencia indígena y continúan obteniendo resultados relevantes al respecto. Hay
elementos que pueden asumirse por analogía, a partir de los estudios de Manuel Rivero de la Calle, Gabino La Rosa y más
recientemente los de José A. García Molina, además de que la sobrevivencia de aborígenes en la región ha sido confirmada
por diversos autores desde la segunda mitad del siglo XIX.
24
Un enfoque esencialmente antropológico y bastante bien logrado aunque no se compartan todos sus criterios, especialmente
a las relaciones fronteras físicas – identidad, es el de Eric Dubesset: “Fronteras y particularismos: el caso Baracoa”, en Del
Caribe, Santiago de Cuba, no. 36, 2001.

17
ocasiones desde el propio siglo XVI, no es hasta comienzos de los 50 del XX cuando se
afronta un análisis profundo de la situación y se ofrece un fundamentado diagnóstico, así
como sugerencias para revertirla. Pero nuevamente las dos aristas fundamentales de su
condición deprimida: vías de comunicación y necesidad de fomento a la agricultura, quedan
en meras sugerencias y planes que no llegan a cubrir ni siquiera mínimamente las
necesidades.

Solo al cabo de 40 años de Revolución la situación ha cambiado, aunque problemáticas tan
complejas no se resuelven en breve tiempo, teniendo en cuenta las condiciones de país
periférico que construye un proyecto nacional frente a una situación de bloqueo. En la
actualidad, la región se mantiene con una estructura económica de escaso significado para
la economía nacional. De modo que su condición deprimida no se ha modificado totalmente
desde este punto de vista ni el demográfico, además de las dificultades de acceso, la
permanencia de “zonas de silencio” y otras donde las señales televisivas y radiales llegan
con suma dificultad.

El acceso, incluso desde la ciudad de Guantánamo que es la cabecera de provincia, así
como la comunicación interior en la región, sigue siendo difícil. No obstante, desde mediados
de los años 90 pasados, por primera vez en su historia Baracoa tiene condiciones – se
encuentra entre las 50 definidas como potenciales para el turismo -, aunque con
desventajas, requerimientos de inversiones de mayor cuantía que en otras, y no en un primer
nivel de prioridad para el país, para sumarse a la tendencia actual en la que dicho renglón se
convierte en el rubro de mayor efecto multiplicador sobre el resto de la economía nacional. 25

El estudio realizado permitió confirmar la utilidad y pertinencia de las investigaciones de este
corte en tanto ellas fundamentan que la cristalización de la identidad, la nacionalidad y la
nación cubanas, no fue un proceso homogéneo ni específico en el tiempo, sino una
paulatina y constante imbricación dialéctica de las particularidades subinsulares, algunas de
las cuales han sido especialmente diferenciadas, a la vez que cercanas - en sus patrones
matrices fundamentales - a la dinámica y problemáticas generales.

25
Esos criterios se basan en estudios del Instituto de Planificación Física realizados en 1994 y que han continuado
sistematizándose hasta la fecha. Ver de Telmo Ledo LLanes: “El turismo de naturaleza en Cuba”, en Planificación Física –
Cuba, revista de ordenamiento territorial y urbanismo, La Habana, no. 1m 2001.

18
Además, y muy especialmente, la utilidad de emprender investigaciones con una visión
retrospectiva y comparada, de aquellas que se han mantenido marginada de los grandes
procesos nacionales, en aras de ofrecer posibles soluciones, todas las cuales deben partir
de la aplicación de proyectos regionales especiales que respondan a las necesidades y la
conformación histórica del espacio en cuestión.

Otras fuentes utilizadas26

 Cardozo Galué, Germán: La región histórica, En Historia Regional. siete ensayos
sobre teoría y método, Fondo editorial Trópikos, Caracas, 1986.
 Dubesset, Eric Pascual: “Fronteras y particularismos: El caso de Baracoa”, en revista
Del Caribe, Santiago de Cuba, no. 36, 2001.
 De los Ríos, Norma: Introducción a Pensar la Historia, de Pierre Vilar, México DF.,
1995, pp. 7-16.
 Hierneaux, Daniel y Alisia Lindon: “El concepto del espacio y el análisis regional”, en
Secuencia, no. 3, enero - abril, 1993, México.
 Medina Rubio, Arístides: Teoría, fuentes y método en Historia Regional, En Historia
Regional. Siete ensayos sobre teoría y método, Fondo editorial Trópikos, Caracas,
Venezuela, 1986, pp. 25-52.
 Viqueiras, Juan Pedro: Historia Regional: tres senderos y un mal camino, Material
fotorreproducido.
 Vizcaíno González, Liliam: “Entre mitos y realidades: región y localidad”, En Boletín
Estudios Regionales y Locales, Instituto de Historia de Cuba, Año 2, No. 4, Julio-
Diciembre 1997.
 Vives Azancot, Pedro A.: Región e historia en la América hispanocolonial. Ensayo de
método e hipótesis sobre su regionalización, c.1520-c. 1720, material
fotorreproducido.
 Van Young, Eric: “Haciendo Historia Regional. Consideraciones metodológicas y
teóricas”, en Región e Historia en México (1700-1850), Instituto Mora, México D.F.,
1991.

26
Por constituir un trabajo teórico metodológico cuya base es la aplicación a un estudio de caso, la bibliografía básica es la
que aparece en el aparato referativo y la general de la Tesis de la autora en opción al grado de Doctora en Ciencias Históricas
titulada: Baracoa: formación de una región histórica deprimida en Cuba, 2004, inédita.

19
 Venegas, Hernán: La región en Cuba, Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2002.

20

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