La mirada de una Campesina

por: Luix Flow

ojos gratis

• Mirada
Campech
e
Solo un campesino de verdad, sabe lo que significa la mirada de una campesina
joven, porque el resto de nosotros, solo alcanzamos a ver una superficialidad que
es limitante debido a perjuicios o discriminaciones desde estratos urbanos.

Cuando miro a una campesina joven a los ojos, encuentro otras atracciones que
solo había escuchado o leído en novelas de otros géneros, en otroras lejanos y
olvidados por el paso de los años y entre la separación de los prototipos de clases.
Porque el pasar de los años en un Urbano, es diferente de como pasa la vida un
Campeche.

La campesina en verdad no mira a los urbanos, ellas solo mira al que tiene la vista
untada de tierra, al que tiene las manos untadas de aires y perfumes de montaña,
hacia donde el sol a marcado huellas de color en la piel. Tener el privilegio de que
una hija de campesino te mire a los ojos con agrado, es una suerte entre miles.
Porque si ella alcanza a enviar su mirada, esta no viene sola… viene acompañada
de tantos obsequios, que la vista de uno no es capaz de asimilarlos todos de una,
o mejor dicho: las emociones internas se quedan es paralizadas observando en
como muchos detalles deliciosos y delicados de una venadita salvaje se te
obsequian con tanta magia. Puesto que viene uno con la mirada acostumbrada a
los acicales de las urbanas, que son realizados repetitivamente, desde que salen
ellas de los días de Luna roja; siendo sus miradas de tipo calculador y copiadas de
una revista o de la tele o de versos que mama repite como lorita; que son tan
inmensamente protectivos y de verdad tan ocultos e insinuadamente calidos
desde lo visual, que solo tildan por marcar modas transeúntes o deseos
empotrados entre impulsos dentro de lo mejor que ofrece el cemento.

No es esto una critica o burla, oh no, que dolor… chicas de ciudad, para nada mis
parceritas, es solo la ilustración pasajera y momentánea en este ratico entre la
mirada de una urbana y una campesina. Y me toca darle las de ganar a la
Campeche porque se las arrastra a todas. Para ilustrar mejor el ejemplo atrevido,
les contare lo que vi en casa de una familia campesina, donde la hija mayor
escribió lo siguiente sobre una tapa de icopor de esas donde viene empacada la
carne de los supermercados o las frutas; para luego pegarla con su lema preferido
escrito por ella misma a colores en la pared de su casa a vista abierta donde todo
visitante lo viera, y dice así: “Georget la propia, las demás son fotocopia”.

Ahora sí su merced, eso lo dice todo. No hay nada que agregar diría yo.

Claro que no estamos rasgando ideales urbanísticos interiores del genero
femenino, puesto que no nos pertenece y además, estos ya fueron esculpidos
lentamente o aceleradamente con el pasar de los siglos a través de la historia de
la sociedad humana a medida que ellas misma iban fotocopiando lentamente sus
impresiones personales, incluyendo en estas a sus ansiedades y deseos, para que
cuando estuvieran listas para lanzar una mirada hacia el exterior, esta fuera bien
acompañada de lo que tan aplicadamente aprendieron a través del desarrollo
individual y de genero entre una historia que había venido siendo arrasada
manipulada y agresivamente arañada por la fuerza individualista del otro genero
que las acompaña ahora en casi todo su actuar mundanal por aquella necesidad
innata de la procreación y la ley de la atracción que nos mantiene aun pegaditos
en arrechera parolítica a deseos primitivos que siguen siendo estos catalogados
como una necesidad básica evolutiva: y ese otro protagonista, es el hombre, el
macho, el varón que domina los inventos y las excursiones de exploración hacia
los mundos desconocidos, hacia la moda, entre la agresividad, hacia que se debe
comer, hacia el cómo hacer las cosas de su única manera ´correcta´ de hacerlas,
etcétera. Entonces queda en aire una pregunta volando, inconsciente esta, y
afirmada por una niña campesina en su arte de pared: ¿sos en verdad solamente
una fotocopia mujer urbana?

Cariñosamente somos todos objetos del deseo o los deseos, porque estos son
como maripositas que se nos ponen a volar en los poros de la piel así de repente y
de un momento a otro por culpa de un sueño maravilloso que tanteamos, o al ver
a alguien o algo maravilloso. O de imaginarnos a nosotros mismos como
fotocopias de un futuro paralelo allá y que de pronto se presenta ante nuestra
imagen presente para amarnos desnudos… como dentro de las aguas de un rio
que acaricia la piel lisa frágil delicada y deseosa.
Lógicamente estas observaciónes están solamente limitadas a lo básico del ser
humano, porque en realidad el estado ideal, en otro sentido, sería el de encender
la propia Llama Violeta que resplandecería inmune una vez nos conectamos en
directo y entre los huellas de la energia vital; entre el centro generador de vida
expandible del cosmos o le que llaman comúnmente Dios, y el centro de la madre
energía en la Tierra… quedaría así sencillamente establecido un vínculo
permanente de unión entre lo divino y las formas creadas, entre lo femenino y lo
masculino de la existencia.

Pero volvamos por ahora al relato corto… Un niño campesino conocido mío, nieto
de hacendado cafetero, de nombre Yeison, vio por primera vez a la propia Georget
cuando esta tendría menos de ocho añitos entre un sendero de la Sierra Nevada
de Santa Marta, tenía ella esa alegría de honestidad contagiante pura. Hoy ella
levanta los doce rayando los trece y ya su cuerpito comenzó a transformarse hace
varias lunas. Ella aun carga la fuerza de su personalidad y la fortaleza de su
cuerpo de niña campesina enérgica, que se le nota es capaz de poner en su lugar
al que trate de sobrepasarse con ella o a enmudecerle en caso de que le diga
alguna babosada inadecuadamente a destiempo.

Por ahora no puedo describirla, como decir que se parece a la mujer campesina
que describe Gibran, porque es solo una niña; pero se le pueden ver los
potenciales en el color de piel de sus manos y de sus pies untados de la tierra
amarilla… en el tono de su voz, en los músculos naturales de fuerzas del campo al
alcance entre sus brazos. Pero sobre todo en su cabellera… esa cabellera tiene
todo lo que ella quiere decir cuando se esta quieta un momentico mientras
escucha las conversaciones de Yeison… No tiene que decir nada, su melena
habla sola y suelta los secretos de su interior, aunque este recogida en una trenza
larga hacia la parte de atras de su cabecita. Yeison se hipnotiza al verla, pero sus
reacciones son las de un adolescente jovencito y sale es con una cosas que son
ajenas al camino invisible que Georget labra cuando respira hacia el frente.
Entre esos diálogos y conversaciones silenciosas de los chicos, la campesina se
coge la trenza y se mueve el cauchito de esos que vienen en las bolsitas de
papitas fritas; tiene la muñeca de su mano izquierda llena de estos en diferentes
colores. Coge otra vez la niña su cola y se la acaricia con una honestidad sana y
le cambia el nudo y el color, mientras que al tiempo envía una mirada de regalo en
compañía de su sonrisa maravillosamente mágica y llena de luz, como si fuera
esta una linterna que alumbra dentro de los ojos que la observan. Pero ella solo
alumbra a los que quiere, a los que considera que no son fotocopias. Y parece que
Yeison no lo es. Parece original, honesto y serio en su mirar.

Para Yeison, niño de unos dieciséis años ella todavía no es un sueño para
considerar como propio, porque tiene otros sueños en su vida y son exactamente
tres: el primero comprarse una moto grande, el segundo estudiar una carrera
universitaria, el tercero montar un negocio de alquiler de motos enduro para
gringos en su pueblo. Yeison sabe lo que quiere, al menos lo sabe mejor que yo
cuando tenía su edad.

Luego me acerque y pase por su lado, y vi que Yeison parecía estar divagando
entre un conflicto distinto, daba la impresión de que no sabía bien cómo manejar la
emoción nueva que sentía, algo le incomodaba. Nos miramos a los ojos, y me
senté en el banquillo de su casa, pensaba que podríamos hablar al respecto.

- Como encontrarme a mí mismo –comenzó diciéndome… te acordás lo que
estábamos hablando el otro día… sobre la raza humana… esas cosas de
que si como raza somos validos o si somos capaces de alcanzar un mejor
nivel de bondad o si somos menos destructivos que ayer… que si
merecemos vivir esta vida, etcétera…
- Si claro era algo así… me acuerdo -le dije
- Pues quiero confesarte algo demasiado profundo para mi… -le esperé a
que armara su dialogo en la mente unos segundos, y continúo… Ayer al ver
la mirada de Georget… o mejor dicho al sentirla dentro de mi cuando me
observa con esas pupilas abiertas abandonadas al dialogo que
posiblemente podríamos tener entre nosotros dos solamente… entre
nuestras intimidades; y además regalándome esa sonrisa tan sincera que
da ella, me atrevo a preguntarme a mí mismo en la cúspide de esta
encrucijada de evolución nuestra, si aún vale la pena estar o llegar a
sentirse enamorado… cuando ese nivel emotivo, aun siendo sublime, me
podría llegar a cegar para cualquier devenir que quisiera establecer en
medio de un posible desarrollo dentro de esta mi búsqueda de lo porvenir…
- Tranquilo Yeison –le dije en forma calmada, aunque en verdad estaba yo
algo aterrado por el tipo de pregunta tan seria y profunda que me hacia mi
aun pequeño amigo… Lo que hablamos el otro día, sobre ese tema del
video que vistes en YouTube, es algo donde se puede tranquilamente incluir
al mismo tiempo este nuevo sentimiento que te absorbe ahora. Claro,
siempre y cuando como vimos en el videíto, haya uno bajado dentro de uno
ese programa divino desde el Kosmos para que todo lo que uno haga ahora
sea y permanezca para siempre dentro de lo bellamente saludable y
hermoso… como sabemos… ya que me lo compartes, espero que hayas ya
bajado el programa, entonces creo que es todo bien, debes estar tranquilo.

Eran las cuatro de la tarde, el cielo se llenaba de nubes de esas que desean
derramar goticas de lluvias por sobre todo el verde serrano, nadie sabe dónde se
encontraban los integrantes de la familia de Georget, ella había llamado a sus
padres para que la acompañaran mientras las gotas del cielo caían a torrentes
invisibles llenas de sentimientos y emociones de las que cargamos los seres
inferiores de este universo lleno de creaciones humanoides diferentes pero
similares en principio. Los padres y los hermanitos de Georget, se los encontró
ella al final de la lluvia en casa de Amadis porque se realizaba allá en ese día,
después de la lluvia, un campeonato internacional del boliche. Dicen que el
carácter de internacional, se lo daba el hecho de que las aves que iban y volaban
alrededor de la casa de Amadis y Flor, venían como emisarios de otros países.

El campeonato internacional del boliche, era el primero de su género que se
celebraba en el Montecristo macondiano. Había sido organizado por el gran
maestro de las obras escénicas, el señor Rey del Líbano. Estaba vestido de frac y
corbata de colores naranjas a bolitas. Daba órdenes a diestra y siniestra, porque la
cantidad de nenes que se presentaron a la casa de la colina, había sobre pasado
las expectaciones de los organizadores del evento.

Yeison era el primer candidato a quedar campeón en el campeonato montecristino
de boliche. Había absorbido la emoción de sentirse lleno de sentimientos de Amor
de manera bien educada, y ahora podía enfrentar lo más granado de la montaña
para el Campeonato Internacional de Boliche.

Las campesinas de la zona donde resido, queridos amistades, es fascinante… o
mejor: son fascinantes. Tienen ellas esa sonrisita que se está burlando de uno a
toda hora. Ya sea que tengan doce añitos o cincuenta. Luego desde el rabillo del
ojo, te miran como un bicho raro agradable que es posible admirar de forma
separada y de lejitos. Son como dos mundos separados y unidos por un palo de
aguacate… suena en Radiónica Let it be y busco entre los recursos memoricos de
mi sistema interno como dónde puedo encontrar el anclaje de enlace entre esa
canción de los Beatles y posiblemente un tono de formación acordonada del
vallenato ventiado que se escuchá en casa de la niña campesina.

Ella y su hermanita pasan temprano en domingo hacia la tienda de don Eduardo a
comprar, me imagino, algo para acompañar el desayuno, les pido que me compren
algo para Kinua y Plink y Plank, y lo hacen con gusto, les encimo un kini para que
compren algo para ellas. La mañana de domingo esta igual de maravillosa que
todos los días anteriores, aunque me da la pequeña impresión de que cada día es
más increíble que el anterior y cada uno con su completa única dosis de
personalidad.

Cuando se levantó la mama de Georget hoy, llegó con su esposo a recoger yucas
y aguacates que habían por ahí listos para llevárselos para el almuerzo, ella me
pregunto: en qué sería más agradable para cocinar, si la yuca o la papa. No hay
similitud de sabores, tampoco una sinopsis de caracteres que identifiquen mejor al
uno del otro. Para que sirve conocer esos valores, si en verdad lo que me interesa
saber ahora, es que a ella le gusta es pintar -no a la mama, sino a la hija. Georget
se ponía a pintar con los colores y acuarelas que estaban sobre la mesa de afuera
de la casita campesina, cuando venia de vuelta del pueblo después de adquirir la
compra para la merendada del próximo día, y se detenía en casa Uversiana a
pintar, a colorear con lo que hubiera. Y así descubrí, en como derramando todos
esos colores de forma rebelde sobre un papel cuadriculado de hoja, se irían
formando automáticamente formas que entremezcladas mostraban un lado
interesante del micro Universo mágico Montecristino. El universo de los colores de
los niños mientras jugaban con los boliches entre ellos, buscando cada uno… en
ser el Campeón unico de todo el campesinado.

Fin