TRAGEDIA

3.1.- La tragedia en la época de la República

Como ya se ha indicado la tragedia comienza en Roma después de la conquista de
Tarento en el 272 a. de c., que supuso a su vez la "conquista" de Roma por la cultura
griega, según recoge el célebre verso de Horacio: Graecia capta ferum victorem cepit.
Desde esta época hubo poetas que tradujeron o vertieron al latín dramas griegos, Se
piensa generalmente que la tragedia no alcanzó nunca en Roma la popularidad que
lograron la comedia y otras formas escénicas. Quizá la razón de esta opinión
generalizada resida en que sólo nos quedan escasos fragmentos de las tragedias de la
época republicana y su carácter retórico los hace poco atractivos. Pero lo cierto es que la
tragedia tuvo una larga vida en Roma; se siguió representando por espacio de más de
doscientos años y los romanos de la época clásica conocían y apreciaban a Ennio,
Pacuvio y Accio como grandes trágicos.

3.2.- La tragedia durante el Imperio: SÉNECA.

Durante los primeros años del principado de Augusto se confirma la tendencia a la
desaparición de la tragedia y de otras formas de drama literario con pretensiones
escénicas. Ya en gran parte del último siglo de la República se había constatado la
ausencia de otras nuevas para su representación. Por otra parte, el paso del tiempo había
dado lugar a cambios tanto en el estilo como en los gustos literarios, lo que hacía que las
obras de los tragediógrafos republicanos parecieran cada vez más arcaicas y rudas a
medida que pasaba el tiempo. El público romano, menos cultivado que el griego,
mostraba preferencia por los espectáculos circenses y, dentro de los espectáculos
escénicos, el mimo, las atelanas y las pantomimas sustituyeron a las obras dramáticas de
mayor valor literario. De esta forma en el siglo I d. C. la tragedia se convierte en un
ejercicio literario dedicado exclusivamente al recitado y la lectura en círculo literarios e
intelectuales. La última representación de una tragedia nueva de la que se tenga noticia
oficial tuvo lugar en el año 29 a. C; se trata de la puesta en escena del Thyestes de Lucio
Varo Rufo promovida por el propio Augusto para celebrar su victoria en Actium. Algo
más tarde tenemos noticias de una segunda tragedia del poeta Ovidio titulada Medea.
Ambas obras de la época augústea se han perdido completamente y sólo conocemos los
títulos y referencias de los estudiosos de los géneros literarios como Quintiliano.
Dado este estado de cosas, resulta sorprendente que precisamente las únicas tragedias
que se nos han conservado completas se sitúen en este período en el que su
representación había caído en desuso. Efectivamente, existe un "corpus" de diez
tragedias, integrado por nueve "fabulae cothurnatae" más una "praetexta", atribuidas a
Séneca el Filósofo (5-65 d. de C).

De ese conjunto de obras, ocho son con toda seguridad de Séneca: Hercules
Furens, Troades, Phoenissae, Medea, Phaedra, Oedipus, Agamemno, Thyestes; una,
Hércules Oateus, es de atribución dudosa y la "praetexta", titulada Octavia, no puede
ser de ninguna manera obra suya.

No se sabe exactamente qué lugar ocupan cronológicamente las tragedias en el
conjunto de la extensísima obra de Séneca. Generalmente se ha considerado que fueron
escritas en su primera época, con anterioridad a la redacción de sus tratados filosóficos,
pero lo cierto es que no hay ningún dato objetivo que corrobore dicha opinión.
En cuanto a la relación de las tragedias senequianas con sus originales griegos, hay que
decir queSéneca sigue la práctica habitual en el teatro latino y mezcla distintas obras
griegas en una misma tragedia. Utiliza en mayor medida como modelo las obras de
Eurípides que la de los dos trágicos anteriores. Aunque sigue habitualmente las
versiones tradicionales de los mitos, difiere notablemente en su tratamiento escénico;
Séneca demuestra un gusto especial por los detalles truculentos, por la desmesura en la
expresión de los sentimientos y pasiones que lo alejan de la tragedia clásica griega; sus
personajes, cuyo análisis psicológico es riquísimo, tienen un código de valores morales
radicalmente distinto al de los personajes de Eurípides. Su estilo es marcadamente
retórico, caracterizado por la precisión y el laconismo que se expresa frecuentemente
por medio de aforismos y sentencias. Las tragedias de Séneca no tuvieron gran
influencia en su época, pero en cambio ejercieron un profundo influjo a partir del siglo
XV en el teatro italiano e inglés.

Los manuscritos de las obras de Séneca recogen también una tragedia praetexta, titulada
Octavia. Es la única obra de su género que se nos ha conservado, pudiéndose afirmar
hoy con toda certeza que no es el filósofo cordobés y que debe fecharse en una época
ligeramente posterior, durante el reinado de los primeros Flavios. Utiliza como
argumento la desdichada vida de Octavia, hija de Claudio y Mesalina, obligada a
casarse con Nerón y asesinada después en el exilio.

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