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UNIDAD 4 APLICACIÓN DE LA BIOLOGÍA MOLECULAR

4.1 Fitodiagnóstico

Monties (1984) Citado por Rodríguez et al., (1999) quien manifiesta la importancia de factores presentes en los vegetales y considera que en éstos, las rutas metabólicas secundarias permiten la biosíntesis de familias de sustancias como alcaloides, polifenoles o saponinas. Estas familias de sustancias son caracterizadas porque contienen esqueletos de carbono, los cuales poseen sustituyentes con funciones alcohólicas, fenólicas o carbohidratos, que pueden formar glucósidos. En el cuadro 3 se presentan compuestos potenciales tóxicos que pueden existir en las preparaciones proteicas foliares.

Cuadro 3 . Compuestos potencialmente tóxicos que pueden existir en las preparaciones proteicas foliares.

1. Compuestos diversos Derivados de pigmentos clorofílicos, ácidos nucleicos (bases púricas), minerales (metales pesados), alcaloides, productos de degradación de lípidos.

2. Proteínas

Inhibidores de proteasas, lectinas, agentes espumantes.

3. Glucósidos

Glucósidos diversos (cianogénicos, bocoagénicos, agentes de favismo, flatulencia), saponinas, polifenoles.

Fuente: Monties, 1984, citado por Rodríguez et al., (1999).

1. Factores tóxicos.

a) Derivados clorofílicos. Existe una correlación entre la actividad de la clorofila con el modo de preparación de la proteína verde y los efectos de fotosensibilización por proteína verdes de hoja d evetabel y alfalfa, así como extractos clorofílicos de hoja de espinaca.

b) Ácidos nucleicos. La presencia de ácidos nucleicos han sido encontrados

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del orden del 1% de ácidos nucleicos en alfalfa y de 0.1 y 0.01% en las proteínas verdes y blancas, respectivamente. El bajo contenido de ácidos nucleicos en la proteína blanca (citoplasmica) se atribuyen al hecho de que las nucleoproteínas son cooprecipitadas con las proteínas verdes.

c) Metales. Algunos vegetales presentan y acumulan metales pesa dos como cadmio, plomo o mercurio, los cuales aparecen al preparar proteínas foliares. Esto tiene implicaciones toxicológicas que limitan significativamente el empleo de material foliar de plantas acuáticas, como fuente de proteínas.

d) Alcaloides. La presencia de alcaloides en las hojas puede constituir un problema de toxicidad; sin embargo, no constituyen riesgos considerables en los aislados y concentrados proteícos, por el hecho de que los alcaloides solubles en medio ácido no precipitan durante la coagula ción de las proteínas y pueden ser eliminados durante la filtración y lavado del coágulo protéico.

e) Saponinas. La toxicidad de saponinas en hojas verdes de alfalfa está relacionada con la presencia de ácidos medicagénicos, presentes en las fracciones de saponinas precipitadas por el colesterol. Los efectos que se les atribuyen están relacionados a la provocación de meteorismo, por sus propiedades tensoactivas que inducen a la formación de espuma; a movilidad de los músculos lisos sobre la acción hemolítica de los

eritrocitos, unidos a la inhibición de la actividad de al g un a s enzimas:

colinest erasa, tripsina y quimotripsina, sobre el sabor de l os alimentos y sus efectos negativos en el crecimiento de a n imales monogátricos.

f) Glucósidos. La toxicidad intrínseca de los glucósidos (los más comunes son los cianogénicos, bociogénicos y agentes del favismo) dependerá en general de las propiedades fisicoquímicas de su aglucona. Polifenol o saponina.

2. Factores antinutricionales.

a) Inhibidores de proteasas. Entre las que sobresalen la tripsina y qui motripsina quienes tienen función de antinutricionales. La presencia

de proteasas en los concentrados y aislados proteicos foliares puede ser

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minimizada durante el proceso de obtención, debido a que las proteasas son degradadas por el calor y además eliminadas por su solubilización en agua.

b) Lectinas. Proteínas de alto peso molecular, capaces de formar complejos con numerosos compuestos de origen vegetal, microbiano o animal. Las lectinas pueden ser altamente tóxicas y son las responsables del bajo valor biológico de las proteínas vegetales no conocidas.

Lípidos oxidados. La interacción de las proteínas con los lípidos oxidados durante el curso de la peroxidación, ha sido estudiada a causa de la repercusión nutricional que este tipo de reacción tiene sobre las proteínas alimenticias. A nivel molecular, estos efectos se originan por la formación de complejos no covalentes entre polifenoles y lípidos, así como por la modificación química resultante de las reacciones entre hidroperóxidos de los ácidos grasos y las proteínas. La degradación de la cisteína en presencia de ácidos grasos peroxidados, así como la degradación del triptófano libre y de histidina por los hidroperóxidos del ácido linoleico. La oxidación de la metionina a sulfóxido de metionina y de la lisina en presencia de hdroperóxidos de (ácidos grasos Rodríguez et al., 1999).

4.2 Biorremediación

El término biorremediación fue acuñado a principios de los ´80; los científicos observaron que era capaz de aplicar estrategias de remediación que fuesen biológicas, basada en la capacidad de los microorganismos de realizar procesos degradativos. Las primeras observaciones de biorremediación fueron con el petróleo, después de algunos organoclorodos y organofosforados se advirtió que l os microorganismos no solo eran patógenos, sino que además eran capaces de absorber compuestos orgánicos, algunos naturales, otros sintéticos y degradarlos, lo que constituye el obejtivo de la biorremediación.

Es evidente que existen consecuencias negativas graves a las cuales se deberá hacer frente, derivan de la progresiva destrucción de la capacidad del territorio para hospedar ecosistemas en equilibrio como resultado de diferentes como:

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carreteras, centros urbanos, actividades industriales, agricultura intensiva con excesivo uso de productos agroquímicos, abandono de tierras menos fértiles. Bajo esta situación, la agrobiotecnología asume el papel importante para lograr un desarrollo ecológico y socialmente compatible. En este sentido, se analizará de que forma puede participar la agrobiotecnología para la salvaguardia del ambiente.

Mejoramiento de la eficiencia en la utilización de elementos minerales.

Utilizando las bases genéticas de la nutrición, se pueden seguir varios caminos:

uno de ellos es el clásico, que requiere de la evaluación del germoplasma para conocer: el grado de eficiencia de la planta y el aprovechamiento de bajos niveles de sales minerales; tolerancia a altos niveles de un ión o de sales.

Otra alternativa es estudiar y explotar la variabilidad genética en términos de características morfológicas y anatómicas del aparato radical, en relación con la absorción de los elementos nutritivos; los parámetros usados en el sistema radical son el peso, número, extensión y profundidad de las raíces, y la relación raíces/yemas.

Existen perspectivas para obtener ventajas en el empleo de las micorrizas (asociación simbiótica entre raíz y ciertos hongos) que se preparan con los más recientes métodos de selección y modificación genética; además, se tienen estudios sobre la flora bacteriana del suelo, que ha puesto en evidencia la función desempeñada por algunas bacterias en la acumulación de la absorción de minerales y el crecimiento de las plantas con las cuales están asociadas.

Otra posibilidad de o btención de beneficios es aquella que ofrece la biología molecular: identificar y aislar genes que se consideran implicados en la nutrición mineral.

Mejoramiento de las leguminosas

Las leguminosas excelentes fijadoras de nitrógeno atmosférico, han tenido junto con los cereales, importancia en el desarrollo de la civilización. En este contexto, se pueden seguir tres alternativas:

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1. Mejorando el genotipo de la planta para la capacidad fijadora de N.

2. Mejorando el genotipo de la bacteria simbiótica de N.

3. Elevando la interacción entre el genotipo del huésped y el del simbiótico para la fijación del N atmosférico.

Asociación entre gramináceas y organismos fijadores de N.

En un futuro próximo se podrán comprender mejor los mecanismos biológicos a nivel molecular, que son las bases de la interacción planta- Azospirillum, y con esto se facilitará la construcción de asociaciones más eficientes.

Se han identificado varios géneros de cianobacterias conocidas como algas verdeazules. Tienen la capacidad de fijar N; forman una asociación con el arroz que las protege de la luz y, en ausencia de fertilización nitrogenada, estas algas pueden fijar en promedio 30 kg N ha - 1 . El N fijado queda disponible después de la muerte de la biomasa algal y la sucesiva incorporación al suelo. La introducción de esta alga en el suelo del arrozal con cepas seleccionadas para incrementar la fijación del N atmosférico; además el rápido desarrollo de ciertas algas en el agua produce una acción desinfectante en el arrozal.

Transferencia de la capacidad fijadora de N a plantas no leguminosas

El esfuerzo para llevar a cabo este proyecto recurren a técnicas avanzadas de la ingeniería molecular, siguiendo tres direcciones principales.

1. Transferencia de los genes nod (responsables de la nodulación en las raíces) de las bacterias simbióticas de las leguminosas (ejemplo, Rhizobium), a bacterias fijadoras de N asociadas con los cereales (ejemplo, Azospirillum), de tal manera que se transmita la capacidad de inducir nódulos y establecer una simbiosis fijadora de N en los cereales.

2. Transferencia de los genes nif de las bacterias fijadoras de N a la planta, para hacerla independiente de la bacteria diazótrofa en la fijación del N.

3. Transferencia de los genes nif de bacterias diazótrofas a otras no fijadoras de N, para incrementar la frecuencia y la disponibilidad de este tipo de microorganismos.

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El cambio en el sistema biofísico y bioquímico de la planta huésped requiere de una gran cantidad de energía para la fijación del N; de este modo, se produce una competencia entre la fijación de N y la fotosíntesis, con resultados negativos sobre la productividad. Como consecuencia, la genética está interesada en la constitución de plantas no sólo autofijadoras de N, sino también dotadas de una mayor eficiencia fotosintética.

Reducción en el uso de fumigantes

Se ha estimado que solo el 1% de un plaguicida aplicado en un cultivo alcanza su objetivo, lo que significa que 99% restante recae en el ambiente, contaminándolo. Esto sin considerar que existen antiparasitarios, cuyos residuos en los alimentos, tanto de origen vegetal como animal, presentan altos riesgos de cáncer. La contribución de la agrobiotecnología se canaliza de dos maneras:

1. Intervención sobre la planta huésped. El desarrollo de técnicas de biología molecular para l a localización de genes que controlan la resistencia a plagas y enfermedades, constituye una importante contribución para acelerar las fases de selección y, para mejorar la resistencia cuya herencia se debe a un grupo de genes. Otro recurso usado para logr ar resistencia es la variabilidad somaclonal, que se explota mediante la técnica no convencional del cultivo de tejidos. Partes de la planta de interés son sometidas a una selección en un medio de cultivo después de haber agregado un agente selectivo más o menos específico, por ejemplo una toxina.

Entre las técnicas no convencionales, las que se basan en el ADN- recombinante adquieren gran importancia; estas técnica permiten la identificación, el aislamiento y la transformación de genes útiles incluyendo los de resistencia. La transformación de plantas resistentes a insectos se debe a dos categorías de genes:

a) Inhibidores de la tripsina. Se introducen uno de estos tipos de genes en la planta, esta producirá proteínas , que al ser ingeridas por los insectos con aparato bucal masticador, bloquearán la actividad de la tripsina

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presente en su aparato digestivo, ocasionando así la muerte.

b) Responsables de la producción de toxinas específicas. Las sustancias sintetizadas por la acción de los genes son tóxicas en la primera parte del aparato digestivo causando lesiones que abren el camino a bacterias patógenas para los mismos insectos.

2. Control biológico (intervención sobre agentes patógenos )

a)

Uso de bioinsecticidas. Un bioinsecticida es un producto que se aplica a la planta en presencia del insecto parásito, que contiene microorganismos patógenos para el mismo insecto; las bacterias y virus son los microorganismos con mayor frecuencia utilizados como bioinsecticidas por ejemplo Bacillus thuringensis y Clavibacter xyli cynodontis. A través de la Ingeniería genética ha introducido el gene denominado Bt - 2 de Bacillus thuringensis a Clavibacter, que produce una proteína tóxica; si se infectan semillas de maíz, en las plantas que se desarrollen se difundirán las bacterias y la proteína tóxica.

El virus promete tanto como bioinsecticida, se multiplica rápidamente en las larvas de lepidópteros cuando es ingerido, lo cual provoca una elevada virulencia que trae como consecuencia la muerte del insecto.

b)

Control b iológico de plagas mediante la utilización de insectos benéficos . Es necesario revisar los cultivos cada una o dos semanas para advertir la inmediata aparición de plagas, el grado de infestación (bajo, medio, alto) y el tamaño de área o número de pla n tas atacadas. El mejor momento para liberar insectos y ácaros benéficos es cuando la población de plagas se encuentra en niveles de bajo a medio; las poblaciones elevadas de plagas deberían ser reducidas de la manera menos tóxica, antes de la utilización de insectos benéficos; es esencial una respuesta rápida en la introducción de los bio- controles al primer signo de infestación. Las plagas son controles utilizando sus propios enemigos naturales; los

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insectos benéficos nacen para cazar, capturar y consumir a aquellos insect os considerados plagas para el agricultor. c) Control biológico de enfermedades mediante la aplicación de microorganismos benéficos . Los productos microbianos poseen un nombre comercial que les da cada fabricante, así como productos microbianos utilizados para la regulación del crecimiento de la planta, y productos químicos naturales.

Bacterias benéficas

ü Agrobacterium rediobacter : contra Agrobacterium tumefasciens, que provoca la enfermedad de la agalla del cuello en árboles frutales y algunas plantas ornamentales mantenidas en vivero.

ü Bacillus subtilis: contra hongos de Rhizoctonia solani , Fusarium spp, y Aspergillus spp, que atacan raíce s de algodón, cacahuate, soya , alfalfa, forraje, trigo, cebada y maíz.

ü Burkholderia cepacia: contra Rhizoctonia, Phytium, Fusarium, que causan enfermedades favorecidas por lesiones hechas durante el ataque de insectos y nematodos, en cultivos de alfalfa, cebada, frijol, trébol, algodón y trigo.

ü Pseudomonas chororaphis: contra enfermedades provocadas principalmente por Fusarium spp, en cebada, trigo y otros cereales.

ü Pseudomonas fluorescens: contra Erwinia amylovora, que ataca al almendro, manzano, chabacano, cerezo, durazno, pera , papa fresa y tomate.

ü Pseudomonas syringae : contra Botrytis cinérea , penicillium spp., Mucor pyroformis, Geotrichum candidum, que atacan a las pomáceas y a los cítricos.

ü Streptomyces griseoviridis : contra Fusarium spp., Alternaria brassicola, Phomopsis spp., Botrytis spp, Pythium spp., y Phytophthora spp., que causa pudrición de semillas, raíz y tallo en diversas plantas de cultivo y ornamentales.

Hongos benéficos

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ü Ampelomyces quisqualis: contra la enfermedad de moho polvorienta, en manzano, cucurbirtaceas, vid, plátano, ornamentales, fresa y tomates.

ü Candida oleophila: contra Botritis spp., Penicillium spp., en p lantas de cítricos y pomáceas.

ü Coniothyrium minitans: contra Sclerotinia sclerotiorum y Sclerotinia minor , en cultivos en girasol, cacahuate, soya, lechuga, frijol y tomate.

ü Fusarium oxysporum (no patógeno): contra Fusarium oxysporum , Fusarium moniliforme , en clavel y tomate.

ü Gliocladium virens: contra la pudrición de la raíz, especialmente p roducidos por Rhizoctonia solani y Phytium spp., en plantas cultivadas en invernadero, viveros y ornamentales de interior que permanecen mucho tiempo en suelos demasiado húmedos.

ü Gliocladium catenulatum: contra Pythium spp., Rhizoctonia solani , Botrytis spp., Didymella spp., que producen enfermedades generalmente en plantas cultivadas en invernadero.

ü Paecilomyces lilacinus: contra varias especies de nematodos que atacan al plátano, tomate, caña de azúcar, piña, cítricos, trigo y papa.

Reducción en el uso de herbicidas

El

consumo mundial actual de productos químicos para controlar las malas hierbas

y

los parásitos de los cultivos agrícolas; está distribuido en: del 40 al 50% de

herbicidas, 30% de insecticidas y 22% en fungicidas, aunado a un 10% de pérdidas en la producción como resultado de las hierbas infestantes aun después de haber realizado el control químico; además, debe considerarse los daños causados al ambiente al esparcir billones de moléculas tóxicas que afectaran debido a su lenta degradación, tod o tipo de flora y fauna. En este sentido, la biotecnología estudia en cinco líneas principales:

1. M ejoramiento genético de los cultivos para tolerar herbicidas biodegradables. En la actualidad la transferencia directa de genes a plantas sensibles a un cierto herbicida, constituye la técnica más importante

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en el mejoramiento genético de especies cultivadas para la obtención de resistencia a herbicidas. El éxito de la biotécnica depende de la disponibilidad de vectores manipulados por ingeniería genética, de la s

técnicas de cultivo celular capaces de permitir una eficiente selección de las células transformadas y de la regeneración de plantas completas.

2. Tolerancia a malas hierbas por parte de los cultivos. La obtención de variedades mejoradas, tolerantes a las malas hierbas, evita el uso de productos químicos costosos y peligrosos por los residuos tóxicos.

3. Desarrollo y empleo de bioherbicidas. La utilización de agentes b iológicos (insectos, hongos, bacterias y virus) en el control de malas hierbas ofrece las siguientes ventajas:

a) Control específico hacia la mala hierba.

b) Inocuidad hacia plantas útiles y el hombre.

c) Ningún daño al ambiente.

La desventaja de la lenta acción herbicida y la estabilidad del mismo en relación con las condiciones ambientales, es por esto que los herbicidas biológicos no deben considerarse alternativos a los herbicidas químicos, sino complementarios a la técnica del control de las plantas nocivas; obviamente, el agente biológico usado debe de ser resistente a los tratamientos químicos contra los patógenos, para que así pueda desempeñar bien sus funciones fitófagas.

En el caso de insectos comercialmente utilizados que atacan a plantas infestantes que han sido probados técnicamente. Una vez que los insectos se establecen y logran alimentarse de esas plantas, estos continuarán atacándolas durante varios años; esto hace que este tipo de herbicida natural sea el más económico, pues el efecto será duradero. Los insectos no atacarán a los cultivos, pastos, arbustos o árboles que cohabitan con las malezas.

4. Empleo de microorganismos manipulados genéticamente para la degradación de residuos de herbicidas o para la protección de los cultivos de los daños provocados por los mismos herbicidas . Existen

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especies de hongos y bacterias que tienen la capacidad de metabolizar ciertos herbicidas, eliminando así los residuos contaminantes de los terrenos. A través de técnicas de transformación genética, es posible transmitir la actividad descontaminadora a otras bacterias que carecen de esta. Estos microorganismos poseen un gene que codifica una enzima que degrada determinados herbicidas. 5. Identificación y empo de herbicidas naturales. Cier tas sustancias obtenidas por microorganismos tienen una específica acción herbicida, y su degradación natural. Las fitotoxinas producidas por microorganismos y por plantas, se han creado herbicidas que en la actualidad ya están en el mercado. Los genes responsables de la síntesis de fitotoxinas están disponibles para la transferencia entre otros microorganismos.

Reducción en el uso de Fitorreguladores

La posibilidad de reducir su uso se basa en la introducción de genes específicos que provoquen el comporta miento deseado en la planta (inducir floración, inhibir crecimiento, promover brotación de yemas axilares, inducir formación de raíz). En la actualidad existen variedades que han sido mejoradas genéticamente y que no dependen tanto de los reguladores de crecimiento para dar los mismos resultados (Mendoza- De Gyves, 2005).

4.3 Rutas metabólicas de interés

La utilización de compuestos producidos por la industria química es alta, pero las plantas son todavía una fuente importante de productos químicos de aplicación farmacológica y alimentaria, este tipo de productos son sintetizados a través de algunas rutas de interés y se les conocen como metabolitos secundarios y su aplicación es principalmente en las industrias: farmacéutica (esteroides y alcaloides), alimentaria (saborizantes y colorantes) y en perfumería (aromas). Existe una gran demanda a nivel mundial por este tipo de compuestos, los cuales son producidos en su mayoría por plantas nativas de países del tercer mundo; debido a que se presentan frecuentemente problemas tanto en domesticación de las plantas como en la recolección de sus productos, el desarrollo de cultivos celulares vegetales in vitro a gran escala presenta posibilidades de producción de

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metabolitos secundarios en condiciones controladas.

En este sentido, se cuenta con la información de que aproximadamente hace tres décadas que se iniciaron los métodos de cultivo de células vegetales; sin embargo, fue en 1983 cuando se comercializó por primera vez un producto procesado con estas técnicas; se trata del pigmento shikonina utilizado en Japón como agente anti- microbiano, anti- inflamatorio y colorante; este compuesto es obtenido a partir de cultivo de células de Lithospermum erythrorhizon el cual produce 10 veces más que la planta intacta.

Se han reportado sustancias producidas a través del cultivo de células vegetales, pero aún son pocos los compuestos secundarios obtenidos en niveles mayores a los producidos por la planta completa, se presentan limitaciones en la obtención de algunos productos importantes en la industria de saborizantes, aceites esenciales y oleoresinas. Para la óptima producción de metabolitos secundarios se utilizan diferentes técnicas, como: selección de clonas altamente productoras, el uso de incitadores o iones metálicos y las de inmovilización celular; además se han considerado otros factores como es el mejoramiento de las condiciones de cultivo, la adición de precursores, el incremento del oxígeno disuelto y las condiciones de luz y temperatura (Guillén - Andrade, 2004).

4.4 Alimentos funcionales

Con frecuencia la gente se pregunta si el consumo de los cultivos transgénicos pudiera presentar algún daño a la salud humana; la respuesta, que sustenta en cientos de estudios científicos y análisis técnicos, señala que el riesgo es similar al que se pudiera correr consumiendo el mismo producto de origen convencional, o sea su equivalente sustancial (que generalmente se considera inocuo con base en su historial de uso). La experiencia documentada indica que a la fecha no existe un solo caso que pueda demostrar que el consumo de transgénicos o de alimentos que usan sus derivados como materia prima, haya causado algún daño a la salud humana (Mendoza, 2005), o en su caso extremo, la muerte de alguna persona, no obstante que en la mayoría de los países del mundo se han consumido más de 470 millones de toneladas de granos y oleaginosas hasta finales de 2005.

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Cabe señalar que el 95% de la soya producida en el mundo es transgénica y que una alta proporción de los productos alimenticios para consumo humano está basada en esta especie , aunado a que la industria avícola, porcícola y pecuaria es alimentada en gran proporción con suplemento de pasta de soya o de maíz, por lo que ese tipo de alimento contiene derivados de transgénicos. Situación que a la fecha, animales que han sido alimentado con productos transgénicos no han generado ningún cambio en sus características genéticas, fisiológicas o de otra índole.

En el caso del maíz amarillo, contiene en proporción más del 65% de maíz transgénico mezclado con el convencional y que es consumido en frituras para consumo humano y para alimentar la industria avícola y porcícola, lo que significa que el huevo, el pollo, jamón, el aceite comestible derivado del maíz amarillo proviene de transgénicos; así como el almidón usado en la elaboración de tabletas medicinales, bebidas gaseosas que contienen edulcora ntes, derivados de la fructuosa del maíz y la colza de donde obtienen los aceites comestibles.

En el caso de lácteos, alrededor del 60% de la producción de quesos, yogurts, entre otros son elaborados con enzimas transgénicas, así como la industria vitivinícola hace uso de levaduras transgénicas en su proceso de fermentación durante la producción de vino.

Con esto queda demostrado que el riesgo para los humanos en el consumo de productos o derivados de esos cultivos es mínimo. La razón es que los alimentos m anufacturados con materias primas transgénicas no conservan moléculas de transformación después de su procesamiento, aún cuando los transgénicos se consumieran directamente, como por ejemplo los que contienen el gene Bt , la toxina que mata a los insectos, en lo que respecta al hombre y a la mujer, así como a los mamíferos o a las aves, no produce ningún daño, ya que a diferencia de los insectos, no tenemos receptores enzimáticos que tales toxinas se incorporen al metabolismo de los animales para que nos afecten.

Sin embargo, el consumo de los transgénicos puede traer beneficios a la salud; por ejemplo, el arroz dorado contiene mayor concentración de hierro y β caroteno; en la eliminación de los residuos tóxicos en los alimentos que provienen de los

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agroquímicos, en la mayor vida de anaquel de frutas y verduras y en la reducción de alergénicos en determinados productos; otros efectos indirectos son: menor uso de plaguicidas y menor incidencia de micotoxinas (causada por hongos durante el almacenamiento de los granos) (Villalobos, 2008).

4.5 Fármacos recombinantes y terapia génica

Algunos productos biotecnológicos y transgénicos que existen en el mercado para la salud humana son: la insulina para la diabetes; el interferón para el tratamiento de cáncer; la vacuna para hepatitis B; la producción de vacunas recombinantes y la terapia genética ( Villalobos, 2008).

Por muchos años, el estudio de la genética en humanos estuvo confinado al conocimiento teórico del origen de ciertos males; si el mal tenía bases genéticas, algunas veces era posible diseñar pruebas de diagnóstico para identificar la enfermedad en niños recién nacidos o antes de nacer, como resultado de estos análisis bioquímicos, el consejo genético a familias fue fundamental para el tratamiento terapéutico preciso y oportuno, y así evitar problemas serios en el desarrollo de los hijos, además que dietas, medicación o transfusiones sanguíneas pudieran aplicarse a tiempo para aliviar los efectos del gene defectuoso. Posteriormente el diagnóstico genético ha sido importante para detectar los portadores sanos de genes recesivos mutantes y así evitar el riesgo de que su progenie manifieste la enfermedad en el caso de que ambos padres sean portadores del defecto.

Dado que los genes determinan el funcionamient o correcto del organismo, no existen consecuencias bioquímicas únicas si un gene está mutado; una mutación en un gene que altere la actividad enzimática, por ejemplo, puede causar la acumulación de un sustrato tóxico, o bien la deficiencia de un compuesto que sea vital para el funcionamiento adecuado de las células, lo que afecta indirectamente a un tejido completo, Asimismo, si un gene que codifica para una proteína estructural está dañado, entonces no solo la célula, sino el tejido u órgano que las contiene puede presentar anomalías físicas severas; los daños en un tejido puede afectar a su vez a otros órganos y el funcionamiento general del organismo, produciendo una constelación de síntomas clínicos.

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Las terapias génicas actuales pueden ser de dos tipos: aquellas que apuntan hacia la corrección de un defecto en la presencia del ADN, y aquellas que pretenden restaurar las propiedades del funcionamiento celular mediante el ajuste en la regulación de la expresión de los genes.

La capacidad de convertir un gene mutante en normal puede revertir las consecuencias de muchas condiciones genéticas adversas; con el descubrimiento de las bases moleculares de la transformación del ADN en bacterias, donde un gene de una cepa puede transferir de una célula a otra e integrarse establemente en el cromosoma, se ha especulado mucho acerca de si las enfermedades genéticas en humanos pueden corregirse mediante la introducción de genes normales en células somáticas defectuosas.

Simultáneamente a la integración de genes completos en las células, se están desarrollando técnicas para la corrección de errores en células ex vivo, es decir, se corrige el error dentro de células en cultivo, y estas se reimplantan al organismo una vez que se modificaron . El primer ejemplo de la terapia génica utilizando la corrección de errores en células ex vivo fue en el tratamiento de la enfermedad conocida como deficiencia de adenosina deaminasa (ADA). Las personas que la padecen presentan una deficiencia inmunológica que les produce una elevada persistencia de enfermedades infecciosas y riesgo del desarrollo temprano de cáncer; a los niños les causa la muerte prematura: El gene sin el defecto se aisló a partir de glóbulos blancos normales, y se introdujo en las células defectuosas de un paciente; estas células modificadas se cultivaron en el laboratorio y posteriormente se inyectaron de nuevo al individuo enfermo, donde restauraron la función inmunológica normal; aunqu e el tratamiento debe repetirse cada tres meses dado que las células modificadas se recambian normalmente, esta terapia abrió la posibilidad a un gran número de pacientes de tener una mejor calidad y expectativa de vida (Cuadro 4).

Otras terapias que utilizan técnicas de ADN recombinante como son el uso de oligonucleótidos antisentido, enzimas catalíticas de ARN y oligonucleótidos para la corrección de mutaciones in vivo también están en estudio; consisten en la introducción del gene normal directamente a las células blanco, del individuo

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afectado. Para estos tratamientos ha sido necesario el desarrollo de diversos

sistemas que liberan el gene de interés en el trabajo blanco, que incluyen vectores

de origen viral, basados en retrovirus, adenovirus, virus adenoasociados y virus de

Herpes simplex . Otros sistemas de origen no viral también se han usado, entre ellos

destacan la inyección de ADN purificado, el bombardeo de tejidos blanco con

microproyectiles cubiertoes de ADN y el uso de liposomas constituidos por ADN

cubierto de lípidos.

Cuadro 4. Pruebas de terapia génica en humanos que se llevan a cabo desde 1990.

Terápia génica

Condiciones

Célula blanco

Deaminasa de adenosina Deficiencia deaminasa de adenosina

en

la

Linfocitos, células de la médula ósea.

Factor

de

necrosis

Melanoma

Linfocitos infiltradores a

tumoral

los tumores, células tumorales autólogas.

Interleucina 2

 

Melanoma, glioblastoma,

Células

tumorales

 

cáncer renal

autólogas.

Factor IX

Hemofilia B

Fibroblastos autólogos de la piel

Receptor LDL

 

Hipercolesterolemia

Célula

autólogas del

 

hígado

Locus

de Melanoma,

cáncer

Células tumorales

histocompatibilidad del antígeno clase I - B7 más

ß - microglobulina

colorectal, cáncer renal

Virus Herpex simplex y Glioblastoma,

timidín quinasa

cáncer de ovario

SIDA,

Células tumorales, células

T.

Fuente: Balbás (2002).

El uso de oligonucleótidos como agentes terapéuticos constituye el grupo de

tratamientos conocidos como terapia antisentido, cuyo objetivo es la obstrucción

de la ex presión de genes que causan la enfermedad, como es el caso de la artritis;

en las células blanco se inserta un gene que produce un ARN antisentido capaz de

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hibridar con el ARNm del gene que se desea reprimir, de modo que se evita la producción de la proteína dañina; aunque los resultados son preliminares, la posibilidad de tener terapia génica alternativas es alentadora para remediar un gran número de enfermedades.

Otra alternativa que se estudia con el fin de tratar desórdenes genéticos es el uso de oligonucleótidos que cortan el ARm en forma específica, esto se conocen genéricamente como ribozimas, los cuales se unen a proteínas específicas, bloqueando su función y corrigiendo sustituciones de bases o mutaciones puntuales (Balbás, 2002).

5. BIBLIOGRAFÍA

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