1

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VÍNCULO Y RIESGO SUICIDA

BOND AND SUICIDE RISK

Susana Morales, Orietta Echávarri, Jorge Barros, Claudia Moya, Consuelo Varela, Iván
Armijo, Ronit Fischman, Camila Murillo, María Paz Maino, Catalina Núñez, & Fernanda
Peñaloza. 1

Se presentan dos estudios con el propósito de profundizar en la comprensión de factores
protectores y de riesgo suicida. Un estudio cualitativo con el objetivo de identificar los
propios factores protectores y de riesgo suicida, desde la perspectiva de 20 pacientes
hospitalizados por intento o ideación suicida. Se realizaron entrevistas semi estructuradas,
analizadas a través codificaciones abiertas, axiales y selectivas, basadas en la teoría
fundamentada. Se distinguió un desarrollo del riesgo suicida, a través de: (a) factores a largo
plazo o “predisponentes”, que tienen relación con eventos traumáticos en la historia de la
persona; (b) factores a mediano plazo o “precipitantes”, configurados por eventos adversos
ocurridos durante el último año, y (c) un evento “desencadenante” que antecede la conducta
suicida, generalmente un quiebre de pareja. El segundo es un estudio cuantitativo, con el
objetivo explorar el rol de la percepción del vínculo parental en la conducta suicida.
Participaron 104 consultantes a salud mental, por intento o ideación suicida, en tres centros
2

de salud en Santiago de Chile. Se realizaron análisis de regresión logística, usando como
variables el grado de severidad de la conducta suicida y el tipo de vínculo -materno y paterno-
percibido por el evaluado. La percepción de negligencia en el cuidado paterno estaría
asociada a una mayor probabilidad de llevar a cabo un intento suicida. La percepción de
control paterno disminuiría la probabilidad de realizar un intento suicida de alta severidad.
En relación a la figura materna no se observaron diferencias significativas. Es posible concluir
que en esta muestra, el riesgo suicida estaría asociado principalmente a dificultades en los
vínculos interpersonales, por lo que para la prevención del riesgo suicida es fundamental el
fortalecimiento y reparación de los vínculos significativos.

1La elaboración de este artículo contó con financiamiento otorgado por el Fondo Nacional de Desarrollo
Científico y Tecnológico FONDECYT de Iniciación de investigación N° 11121390. Tiene el patrocinio de
Millennium Institute for Research in Depression and Personality MIDAP Código proyecto IS130005 y del
Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina, Pontificia Universidad Católica de Chile.

Introducción

La prevalencia actual del suicidio lo transforma en un problema de salud pública,
ya que presenta importantes tasas de crecimiento en el mundo. En su informe 2013, la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE) ha mostrado que Chile está en
segundo lugar en tasas de crecimiento del suicidio en el período 1990-2011, con un
crecimiento de 90% (OECD, 2013). Este informe pone en evidencia la situación de Chile,
donde mueren más de 2.000 personas por suicidio cada año (Echávarri, Maino, Fischman,
Morales, & Barros, 2015), lo que representa una tasa de un 13,3 por cada 100.000
habitantes (OECD, 2013). De estos casos, un 4, 1 por 100.000 son mujeres y 18,5 por
100.000 son hombres (OECD, 2011). Los analistas sostienen que estas cifras tendrían
relación con la baja calidad de vida, el elevado consumo de alcohol y los estados depresivos
que experimenta la población chilena(OECD, 2011). Dada esta realidad el Ministerio de
Salud de Chile se ha propuesto la meta de reducir la tasa de crecimiento del suicidio en
adolescentes y jóvenes en un 15% para el año 2020(Ministerio de Salud, 2011). Sin
embargo, a pesar del progreso en salud mental hecho por la ciencia, no ha sido posible
disminuir las tasas de suicidio a nivel mundial(Tingley, 2013).
3

Resulta fundamental aportar en la prevención de la conducta suicida y en
conocimiento para el diseño de tratamientos más eficientes. En este contexto, decidimos
explorar con los mismos pacientes, con intento o ideación suicida, acerca de su visión y
comprensión del propio riesgo.

Presentaremos primero los resultados de un estudio cualitativo, basado en
entrevistas semi estructuradas a 20 pacientes, entre 17 y 60 años, que estaban
hospitalizados por haber cometido un intento de suicidio o porque presentaban ideación
suicida de alto riesgo. Después presentaremos resultados cuantitativos preliminares
respecto de la percepción de los cuidados parentales tempranos, medida en una población
de 104 pacientes hospitalizados por intento o por ideación suicida, entre 10 y 60 años,
siendo 70 de ellos mujeres y 34 hombres.

Metodología
Instrumento cualitativo
Entrevista realizada con pacientes hospitalizados por intento o por ideación suicida en la
que se indaga la propia percepción de su riesgo suicida desde la perspectiva de los mismos
pacientes.
Instrumentos cuantitativos
Escala de Riesgo Rescate(Weisman, & Worden, 1972), mide desde una perspectiva
médica, dos variables relacionadas con el intento suicida: a) El riesgo experimentado y las
circunstancias del rescate.
Escala de Intención Suicida(Pierce, 1981)mide tres variables desde una perspectiva
médica: a) Las circunstancias relacionadas con el intento suicida. b) La calificación que da
el paciente al intento y c) El resultado predecible en términos de la letalidad del acto del
paciente y de las circunstancias. Con el propósito de integrar en un solo indicador los
parámetros entregados por la Escala de Riesgo Rescate(Weisman, & Worden, 1972)y de
la escala de Intención Suicida (Pierce, 1981), se obtuvo un nuevo puntaje considerando
tanto los niveles de gravedad general del intento suicida, como los niveles de intención
suicida, agrupando en niveles alta y baja severidad del intento
Parental BondingInstrument (PBI) (Parker, Tupling, & Brown, 1980) evalúa la
percepción de los cuidados parentales (madre y padre) en perspectiva, recordando hasta los
4

16 años de edad. Este instrumento está validado para Chile y cuenta con estándares
nacionales (Melis, Dávila, Ormeño, & Greppi, 2001). Las dimensiones de este instrumento
son las de cuidado (apunta la presencia o ausencia de este y es definido como afectuosidad,
contención emocional, empatía y cercanía o frialdad emotiva, indiferencia y negligencia)
y de control (alude a la presencia o ausencia de esta y se define como control,
sobreprotección, intrusión, contacto excesivo, infrautilización y prevención de la conducta
autónoma). Este instrumento está validado para Chile y cuenta con estándares nacionales
(Melis et al., 2001).

Método de análisis cualitativo
La entrevista se realizó durante la primera semana de hospitalización de los pacientes,
quienes se encontraban en condiciones de responder a preguntas y Consintieron
informadamente. Tanto el proceso de entrevista, como el de análisis, fueron basados en la
Teoría Fundamentada. Se formularon preguntas en la medida que surgían los contenidos
entregados por los pacientes, con lo que se desarrolló un guion. Paralelamente y
progresivamente se fueron realizando y se extrajeron los conceptos obtenidos de las
verbalizaciones de los entrevistados, por medio de codificaciones abiertas, axiales y
selectivas, en un proceso de fragmentación, articulación y abstracción de contenidos. Para
evitar sesgos en los análisis, se empleó la técnica de triangulación por pares de
investigadores (Strauss & Corbin, 1990; Taylor & Bogdan, 1987).

Método de análisis cuantitativo
Se realizó una regresión logística usando como criterio el grado de severidad del intento
suicida. Como predictores incluimos tipo de vínculo materno y paterno detectado, según
la norma chilena, para establecer aquellos factores que inciden en la probabilidad de
realizar intentos suicidas de mayor severidad.

Resultados

Los resultados del análisis cualitativo de las entrevistas de los pacientes se
organizaron en relación con los siguientes tópicos: a)Qué perciben que los pone en riesgo
suicida; b) Qué perciben que los protege del suicidio; c) Qué esperaban conseguir con
5

su intento de suicidio; d) Su experiencia y cambios durante la hospitalización; e)
Proyección hacia el futuro.

a) Qué perciben que los pone en riesgo suicida.

Las personas entrevistadas muestran una visión de su riesgo suicida como un
proceso, “que se viene arrastrando hace tiempo”.Algunos refieren tener pensamientos
suicidas desde pequeños y haber intentado suicidarse anteriormente. “…Intenté la primera
vez a los 7, 8 años. Intenté ahorcarme y fui a pedir ayuda. Mi papá me pegó antes de
soltarme… (XVIII, 64).

En este proceso ellos distinguen a.1) factores de riesgo de largo plazo, que ellos
relacionan con su vulnerabilidad actual, los que hemos denominado “predisponentes”;
a.2) factores del último año, que hemos denominado “precipitantes” y a.3) un factor que
precipita la conducta suicida, que hemos denominado “desencadenante”.

a.1 En relación a los predisponentes, la mayoría describe dificultades en el
vínculo con alguno o ambos padres, como abandono o separaciones vividas en forma
dolorosa y haber sido maltratados en la infancia. También relatan haber tenido alguno de
sus padres con problemas psiquiátricos y familiares con intentos de suicidio y con suicidio
consumado: “…Mis padres se separaron cuando tenía ocho años…yo mantuve por muchos
años la ilusión de ir a vivir con mi mamá, lo que nunca sucedió…” (XVI, 32).

Dentro de las características de su personalidad en la infancia, los pacientes a
menudo describen haber sido niños con dificultades en la relación con los demás, con
estilos de personalidad solitarios, con sentimientos de aislamiento y de ser diferentes de los
otros. Mayoritariamente recuerdan que cuando eran niños tuvieron problemas de mal
carácter y dificultades para enfrentar la frustración: “…Fui una niña horriblemente
sensible, siempre he sido temerosa. Las cosas que eran normales para los otros, a mí me
afectaban mucho…”(VIII, 36).

a.2 Entre las situaciones ocurridas en el último año que los entrevistados consideran
que fueron acrecentando su riesgo –precipitantes- se destacan conflictos familiares y de
pareja, en un caso las repercusiones del suicidio del padre y en los otros, situaciones de
6

conflicto y de alejamiento de sus seres queridos: “…El viernes mi hijo llegó y me dijo…
tú has hecho puras tonteras en tu vida…” (VI, 42).

En menor proporción también mencionan dificultades académicas y laborales, las que
se asocian con exceso de trabajo o estudio, problemas económicos, de salud, despido del
trabajo y fallar en la universidad: “…Me avisaron en el trabajo que no iba a continuar, en
un período en que yo me encontraba muy solo, luego de un cáncer, depresión y problemas
familiares…” (VIII, 34, 38). Cabe notar que este problema laboral se da en un contexto de
soledad y problemas familiares.

a.3 En relación al desencadenante, que es como la “gota que rebalsa el vaso” y
precipita la conducta suicida, los pacientes se refieren con mayor frecuencia a un episodio
de un quiebre vincular con una persona cercana, principalmente una pareja.En menos
casos identifican un quiebre laboral o académico: “…Me dijeron que no podía ir a un
cumpleaños porque iba a ir mi ex pololo. Eso me afirmó la idea que les importaba poco a
las personas. Pensé en que no era necesario alargar más el elástico de esto que venía
pasando hace mucho tiempo…” (II, 24). El quiebre vincular desencadenante ocurre junto
a una confirmación subjetiva y categórica de un significado acuñado a lo largo del tiempo.
Este significado, que se confirma de manera radical y absoluta, es del tipo “no sirvo”,” no
importo”, “no hay salida”, “nada para adelante”, “no hay solución”. Esta confirmación
subjetiva y categórica los lleva a tener la certeza que ‘no queda más alternativa que morir’.

Hemos descrito los predisponentes, precipitantes y desencadenantes que forman parte
de la trayectoria temporal del riesgo suicida. Sin embargo, las dificultades en las relaciones
familiares se consideran factores permanentes de riesgo (cercanía en algunos aspectos y a
la vez, mucha distancia). A esto se agrega sentirse habitualmente solos, diferentes de los
demás, no pedir ayuda, y con una alta intensidad emocional que han tenido desde niños.
“… No saber salir de mis estados angustiosos…” (V, 74).

b) Qué perciben que los protege del suicidio

Los entrevistados también dan cuenta de aquello queperciben que los protege del
suicidio, aquello que los gratifica, los hace sentir bien y los aleja de la conducta suicida.
Principalmente se refieren a situaciones vinculares, recreativas y de alivio emocional.
7

Para ellos es importante no sentirse solos, estar con seres queridos, con la pareja, con los
amigos y sentirse valorados. También los gratifica, en una menor medida, escuchar música,
leer, navegar por internet o jugar en el computador, hacer deporte y trabajar. Algunos
pacientes señalan que el reconocimiento laboral los gratifica y protege y otros se sienten
aliviados al desahogarse llorando y pensar en algo grato en momentos difíciles:.“…No
estar sola, no físicamente, sino esa de adentro; ser valorada y cosas como coser y
bordar…” (XVII, 106).

c) Qué esperaban conseguir con su intento de suicidio

Al explorar qué esperaban conseguir con su intento de suicidio. La mayoría de
los pacientes estaba en conocimiento del riesgo de morir que corría cuando realizó su
intento suicida. Con respecto a la intención que tenían, cinco de los intentos suicidas
sintieron una combinación de querer morir y querer demandar atención de sus seres
queridos: “…Que me durmiera y… pero lo consideraba como una apuesta 50 y 50, si
corría el riesgo y ese otro 50 me iban a prestar la atención si sobrevivía, que no supiera
más de nada, y un poco que él se diera cuenta, mi marido, de lo que yo era capaz de
hacer…” (IV, 18). Los otros ocho pacientes que ingresaron por intento de suicidio
expresaron una clara y determinada intención de morir.

d) Su experiencia y cambios durante la hospitalización

En cuanto a la experiencia y cambios durante la hospitalización, la mayoría de
ellos, mirando en retrospectiva, se sienten avergonzados por haber intentado suicidarse y
se arrepienten de haberlo hecho. Uno de los motivos principales de este arrepentimiento
se relaciona con las consecuencias para sus seres queridos y por las reacciones de
preocupación que observaron de parte de sus familiares y personas cercanas: “…Me
imagino lo angustiante que pudo ser para mi hija encontrarme… cómo pude hacerle
esto…” (XVIII, 10). Una paciente refiere sentir frustración porque no le resultó el atentado
contra su vida, pero a la vez siente esperanza de que las cosas puedan cambiar y piensa
que si sobrevivió es para algo. Los que fueron hospitalizados por ideación suicida, refieren
que ahora se dan cuenta que no era la solución y uno de ellos indica que quiere salir para
reparar las cosas que hizo mal y que lo llevaron a pensar en el suicidio.
8

Destacan, mirando en retrospectiva y con posterioridad a su conducta suicida,
sentir una mayor comprensión y aceptación por parte de sus seres queridos, lo que los lleva
a sentirse más apoyados y con esperanza. Algunos entrevistados indican que sus familiares,
si bien los están apoyando, no han hablado con ellos acerca de lo ocurrido. Otros, que se
sienten más aliviados y tranquilos, temen que al volver a sus vidas, vuelvan a sentirse
vulnerables:.“…Me siento mucho más firme y seguro de mí mismo, de las personas que me
rodean, como que me han demostrado ya su lealtad, su cariño, su apoyo, entonces al menos
en este minuto no desconfío… por otro lado, me siento frágil, frágil, en cualquier momento
pudiera romperme…” (XV, 38).

e) Proyección hacia el futuro

Los participantes refieren diferentes motivos para vivir y expectativas para el
futuro. Todos destacan compartir con los seres queridos. Este motivo sería la principal
razón por la cual ellos no volverían a pensar en el suicidio o no volverían a intentarlo. En
algunos casos, el hecho de haber sobrevivido a un grave intento de suicidio, conecta con
un nuevo sentido de estar vivo y con la esperanza de tener una vida diferente:“…Yo pensé
que iba a morir y si quedé viva será por algo…” (IV, 52)

En lo personal los entrevistados esperan cambiar de actitud, superarse a sí mismos,
esforzarse, ser más demostrativos, ser capaces de pedir y aceptar ayuda, hablar de los
problemas, entender lo que les ocurre.

Análisis cuantitativo

Los resultados cuantitativos fueron obtenidos a partir de la percepción de los
cuidados parentales tempranos de la madre y del padre, en retrospectiva hasta los 16 años
del paciente. Esta fue evaluada en una muestra 104 pacientes y los análisis se realizaron
por medio de una regresión logística en cuanto a la severidad del intento. Estos análisis
muestran que la percepción de negligencia en el cuidado y en la protección de los hijos por
parte de la figura paterna está asociada a una mayor probabilidad de realizar un intento de
9

suicidio de alta severidad en los hijos. Además, la percepción de un tipo de vínculo que
privilegie el control del hijo por parte de esta figura paterna, incluso aunque este tenga un
bajo cuidado, tiene un efecto estadísticamente significativo en disminuir la probabilidad de
realizar un intento de alta severidad. OR = 0,09, CI 95% [0.01; 0,65], p=0,018. En cuanto
a la percepción de cuidados tempranos de parte de la figura materna y su relación con la
severidad del intento, no encontramos resultados estadísticamente significativos.

Conclusiones

A partir de los casos estudiados, considerando una perspectiva vincular, los
resultados nos permiten relacionar, el riesgo suicida con un trauma relacional. Este trauma,
lo comprendemos como una falla en el reconocimiento del otro y de la sintonía empática
hacia las necesidades de cuidado temprano. Esto organizaría la experiencia en la vida
adulta en concordancia con esta experiencia temprana (Stolorow & Atwood, 1992). En esta
línea de comprensión, hemos visto, en el relato de los propios pacientes, cómo se resalta el
rol de los vínculos afectivos cercanos en la disminución o acrecentamiento del riesgo
suicida. Esto se destaca tanto para aquellos factores que los fueron vulnerando desde la
infancia como en el presente. Existe abundante investigación que muestra que la familia
cumple un rol fundamental en el desarrollo psicológico, siendo un factor protector y de
riesgo de salud mental.(Pavez, Santander, Carranza, & Vera-Villarroel, 2009). . Como
factores protectores los pacientes destacan la posibilidad de compartir con los familiares y
los amigos cercanos. La posibilidad de conversar, hablar de los problemas, sentirse
acogidos, comprendidos y aprender a pedir ayuda(Bearman & Moody, 2004).

En el relato de la experiencia durante la hospitalización los pacientes refieren lo
importante que fue para ellos darse cuenta del impacto de su conducta en sus seres queridos.
Percibir la importancia que tienen para los otros miembros de su familia y sentirse
apoyados. Como características personales de riesgo actuales señalan, no saber manejar las
emociones, reaccionar impulsivamente frente a situaciones dolorosas, sentirse incapaces
de lidiar con los problemas y no pedir ayuda. La impulsividad y los sentimientos de
soledad, aislamiento, incompetencia y desesperanza son factores de riesgo conocidos y se
ven confirmados en las experiencias de los participantes de nuestro estudio (Espinosa,
Grynberg, & Mendoza, 2009)
10

En cuanto a los cuidados parentales tempranos, se observa que la percepción de
negligencia en el cuidado y en el control de los hijos por parte de la figura parental, está
asociada a una mayor probabilidad de que ellos realicen un intento suicida de alta
severidad. Además de lo anterior, la percepción de un tipo de vínculo que privilegie el
control del hijo por parte de la figura paterna, incluso aunque este tenga bajo niveles de
cuidado, tiene un efecto significativo en disminuir la probabilidad de realizar un intento de
suicidio que presente una alta severidad.

Estos hallazgos nos remiten a lo señalado Young, Lennie & Minnis (2011), quienes
han concluido que la negligencia en los cuidados es un factor mayor de riesgo en la
psicopatología, promoviendo trastornos depresivos y ansiosos. Complementariamente,
otras investigaciones han señalado que los hijos que perciben un cuidado parental inferior
al óptimo, presentan altos niveles de psicopatología. Esto además se relaciona con una falta
de consulta a los servicios de salud de estos hijos(Heider et al., 2007; Prevatt, 2003).
Asimismo, se ha demostrado que el rechazo parental incrementa el riesgo suicida.
Especialmente esto ocurre cuando existe presencia de altos niveles de auto crítica, distress
y depresión. Esto destaca el rol fundamental de la relación del niño con sus primeros
cuidadores, la que tiene un efecto extendido y de largo plazo en el desarrollo emocional y
social (Campos, Besser, & Blatt, 2011).

No obstante lo anterior, Young, Lennie & Minnis (2011) sostienen que el estilo
parental, tanto de la madre como del padre, que enfatiza el cuidado y no el control, es una
forma de parentalidad óptima. Ellos indican que esta forma es menos frecuente y que
también hay otras maneras de parentalidad que serían moderadas y típicas de la mayoría
de las personas, caracterizadas por el estilo de cuidar a menudo, controlando solo algunas
veces; y el estilo de no cuidar, pero habitualmente controlar. Ellos se refieren al clásico
concepto de la parentalidad suficientemente buena, propuesto por Winnicot el año 1965 y
sostienen que aunque no exista una parentalidad óptima ofrecida a los hijos, una
parentalidad moderada, puede ser suficientemente protectora del riesgo suicida de los hijos.

Algunas investigaciones muestran que el control puede ser interpretado como
benevolente y aceptable en un ambiente de cuidado y que puede ser considerado como
coercitivo y malévolo si se encuentra en un contexto de menor cuidado (Colvert et al.,
11

2008; Diamond et al., 2005).Se ha demostrado que padres que han desarrollado una baja
relación afectiva con sus hijos, el ejercer altos niveles de control, les permite manejar la
conducta de estos (Young, Lennie, & Minnis, 2011).

Desde nuestra perspectiva, no obstante la relación con la patología y los
sentimientos de haber recibido un cuidado paterno inferior al óptimo, los cuidados
parentales moderados (incluso inclinados hacia un mayor control), pueden contribuir a
disminuir el riesgo de que ellos intenten suicidarse con una alta severidad. Este control
podría estar manifestado en acciones como saber qué hacen los hijos, tener conocimiento
de dónde se encuentran, los lugares que frecuentan, cuáles son sus actividades, quiénes son
sus amigos. Este modo de relación padre-hijo estaría aportando en este último, algún
sentimiento de protección y de interés hacia ellos, lo que resultaría un elemento (aunque
no afectuoso), de cuidado, que contiene y mantiene cierta cercanía.

Para la prevención del suicidio resulta fundamental, promover el establecimiento
de vínculos protectores y seguros con los cuidadores tempranos y así desarrollar la
capacidad reflexiva, que permita comprenderse mutuamente, promover funciones
parentales sanas de cuidado y contención de los hijos. Lo anterior también significa el
desarrollo de la capacidad de regulación emocional desde los vínculos más tempranos y
después de manera más autónoma.

Las recomendaciones para la intervención psicoterapéutica se orientan hacia la
sanación del trauma relacional, ofreciendo un vínculo reparador en el proceso
psicoterapéutico y promoviendo el desarrollo y recuperación de relaciones estrechas que
contengan en momentos de dificultad.

A partir de estas conclusiones, nos surge el interés por investigar más
específicamente la función de regulación emocional y su relación con el riesgo suicida, así
como también los resultados terapéuticos de intervenciones que enfaticen la calidad de los
vínculos.
12

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