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John Cheever

Los cuentos de
Reunión
Jorge
Rodolfo
Walsh Herralde
Entrevista con el
editor de Anagrama
Pág. 6 pág. 4 Contraportada

año 3

Paréntesis
número 14
junio - agosto 2010
10000 ejemplares

El periódico literario

Mejora
tu verano

Poemas de Dylan Thomas


y Ángel Guinda
pág. 3
Pablo
Confesiones de un párrafo,
de Noemí Sánchez
pág. 5
Genovés
Stevie Ray Vaughan
pág. 6
La serena
Victoria Civera Taller de Escritura
pág. 7
Microtextos violencia de las
pág. 8
Hasta el 29 de agosto El placer de la nada catástrofes
pág. 10
Una historia verdadera
Pág. 9
pág.11
2 Paréntesis junio-agosto 2010

Editorial

El último invento andaluz que enorgu- criminal ataque químico que ordenó facturación de las tiendas de masco-
llece a las altas instancias autonómi- contra el pueblo kurdo de Halabja. tas, en Paréntesis queremos manifes-
cas es un helado para perros. Lo pre- Más tarde, se descubrió que lo del tar que tenemos la obligación de recu-
Periódico Paréntesis sentan sin pudor como un ejemplo a cormorán había sido un montaje del perar la fe en el Hombre. Lo más emo-
C/Sánchez Pastor, 1, 1ºdcha. seguir en el campo de la investigación gobierno estadounidense, pero el tra- cionante para una persona es siempre
29015 Málaga
y desarrollo, y a la universidad donde bajo ya estaba hecho. otra persona, sea por contacto directo
Tlf. 952 60 82 44
ese sueño ha sido materializado, y por Nos oponemos a la violencia con- o mediante su obra.
www.tallerparentesis.com extensión a todos los andaluces, tra los animales, por supuesto, pero Este periódico tiene la vocación de
periodico@tallerparentesis.com como uno de los faros de la vanguar- nos inquieta más la violencia contra acercar lo humano a quien abra sus
dia tecnológica mundial. las personas y, entre sus versiones, la páginas. Crear este lugar de encuen-
La bondad de la noticia es com- sibilina y continua agresión de un sis- tro es nuestra forma de luchar contra
Director
Rafael Caumel
prensible. Suponemos que será muy tema socioeconómico que nos arras- la desconfianza. Esperamos que
Consejero amplio el mercado que un producto de tra al aislamiento y la desconfianza. nuestros lectores disfruten las refres-
Antonio Almansa estas características puede abrir en Sin pretender con ello reducir la cantes propuestas de este número.
Coordinadora una sociedad inclinada a ser más
Lola Lorente humana con los animales que con las
Delegado personas. Aprendimos hace tiempo a
Jorge Rosa no fiarnos de los demás.
En demasiadas ocasiones, los
Redacción políticos son uno de los colectivos
Poesía de Siempre y de Hoy: más eficaces a la hora de minar la
Montserrat López, confianza en el ser humano. Uno de
y otros los vídeos que más influencia ejerció
Prosa de Siempre: en la opinión pública para convencer-
Rafael Caumel, la de la necesidad de la Primera
Antonio Almansa, Guerra del Golfo fue el de un cormo-
y otros
rán alquitranado hasta las pestañas.
Prosa de Hoy:
Pablo Betancourt,
Las televisiones de todo el mundo lo
y otros difundieron, y tuvo un efecto fulminan-
Viajes y Literatura: te sobre la imagen del dictador
Pedro Rojano, Saddam Hussein, mucho más que la
Rafael Caumel, noticia de la matanza de Duyail o el
y otros
Música y Literatura:
Damián Marrapodi, Cartas de los lectores
Jorge Rosa,
y otros
Escritura y Psicoanálisis: 15 de mayo: fiesta nacional Una birria de periódico
Emilio Mármol, y otros
Taller de Escritura: En la Noche en Blanco el centro de Me gusta mucho vuestro periódico o ella que le permita hablar de esa
Rafael Caumel Málaga estaba rebosante de personas y pienso que cada vez lo estáis forma. Para poder comparar, ¿entien-
Crítica literaria: que peregrinaban de una muestra a haciendo mejor. Buena muestra de den? La respuesta a esta pregunta
Antonio Almansa, y otros
otra con el programa de eventos en la que esto es así son los comentarios consiste en apartar la vista, porque no
Los lectores escriben:
Eugenia Carrión,
mano. Las colas para entrar en algu- que escucho en mi entorno, tanto los están haciendo nada. Tengo la sensa-
Montserrat López, nos museos fueron importantes. El de apoyo como algunos de repulsa. En ción de que se reacciona de esta
Damián Marrapodi, colapso de la calle Granada invitaba a cuanto a los primeros, agradecen manera mezquina porque en nuestra
y otros pensar que el trono del Cautivo podía como yo la utilidad de una publicación pequeña y provinciana ciudad cual-
Cine: aparecer en cualquier momento por que ofrece textos amenos y sugeren- quier trabajo bien hecho se percibe
Sergio de los Santos, y otros una esquina. Extrañaba no ver las tes, con muchas recomendaciones de como una amenaza, en lugar de verlo
Convocatorias de concursos: fachadas empapeladas con carteles libros fuera de toda sospecha comer- como lo que es: una oportunidad de
Pablo Betancourt, y otros de rebujito. cial. Estamos encantados con lo que aumento del tejido cultural que propi-
Cartas de los lectores: Si la propuesta consistía en darle a nos parece una apuesta única en el cie más focos de creación e intercam-
Lola Lorente la cultura carácter de fiesta nacional, panorama de las publicaciones cultu- bio.
Entrevista:
me parece buena idea (los bares hicie- rales. El hecho de cosechar tantas adhe-
Lola Lorente, y otros
ron una caja más propia de semana Con respecto a los comentarios de siones, y algunos rechazos muy sos-
santa), pero hay muestras, conferen- repulsa, en dos ocasiones me he sen- pechosos, me parece muy significativo
Diseño y Maquetación: cias, recitales, conciertos durante el tido obligado a defender vuestro traba- de la importancia que está adquiriendo
Rafael Caumel resto de año, de acceso gratuito, con jo ante personas que lo calificaban de vuestro periódico.
Aux. maquetación:
poquísima asistencia de público. ¿Por “periódico de taller” con la intención de Enhorabuena.
Mauricio Ciruelos
Aux. imágenes
qué no los aprovechamos? desprestigiarlo. Me sorprenden las
Pedro Rojano, ansias de demoler una buena iniciativa Ángel Pena
Damián Marrapodi Lucía Mora sólo por envidia. A quien se posiciona Málaga
Málaga así, le pregunto qué está publicando él
junio-agosto 2010 Paréntesis 3

Tasio Peña Poesía de Hoy

Ángel Guinda (Zaragoza, 26/8/1948)


Claro interior (2000-2007)
(Olifante Ediciones de Poesía, 15 €)

Cajas

Lo diría una indígena y tendría razón.


“Ustedes tienen la vida organizada en cajas.
Nacen y les dejan en una cajita,
su casa es una caja, y las habitaciones
son cajas más pequeñas.
Suben a la casa en una caja,
bajan a la calle en una caja.
Viajan en una caja.
Duermen y hacen el amor sobre una caja.
A través de una caja ven el mundo.
Cambian de casa: lo meten todo en cajas.
Y cuando mueren
les introducen también en una caja.
Los Bancos y las Cajas tienen caja,
los establecimientos tienen y hacen caja.”
Todo está hecho para que encajemos.
Nos encajan la vida.
Algunos no encajamos, y nos desencajamos

Poesía de Siempre

Dylan Thomas (1914-1953)


A los veinte años conmovió el ambiente literario de Londres con un
libro que proponía una poesía mágica, oscura pero también natu-
ral e instintiva. Mito de una generación, fue uno de los grandes mal-
ditos.

Amor en el asilo

Ha venido una extraña


a compartir mi espacio en la casa, no bien de la cabeza
una chica con la cabeza a pájaros

corriendo el pestillo de noche con su brazo de pluma


derecha en la laberíntica cama
engaña a la casa a prueba de cielo con nubes entrantes.

Empero engaña recorriendo el cuarto de pesadilla


amplio como los muertos
o cabalga imaginados océanos de recintos varoniles.

Ha llegado poseída
admitiendo la luz engañosa bailando sobre la pared,
poseída por los cielos.

Duerme en el estrecho cauce pero recorre el polvo


y maldice a voluntad
sobre las mesas del manicomio desgastadas por mis lágrimas
caminantes.

Y llevado por la luz en brazos de ella muy a mi gusto


puedo sin error Si desea publicar un poema, cuento o microrrelato, envíelo junto a su nom-
bre, apellidos y teléfono a colaboraciones@tallerparentesis.com.
sufrir la primera visión que puso fuego a las estrellas. Paréntesis incluirá los mejores en los siguientes números del periódico.
4 Paréntesis junio-agosto 2010
Prosa de siempre

Reunión, de John Cheever


La última vez que vi a mi padre fue en –Tendría que haber traído el silba- ro–, pero no le serviré más bebidas Por lo menos eso es lo que dice mi
Grand Central Station. Yo venía de to –dijo mi padre–. Tengo un silbato alcohólicas al muchacho. amigo el duque. Veamos qué tal es la
estar con mi abuela en los que sólo oyen los camareros viejos. –De acuerdo, yo también tengo producción inglesa en lo que a cócte-
Adirondacks, y me dirigía a una casi- Ahora saque el bloc y el lápiz y procu- algo que comunicarle –dijo mi padre–. les se refiere.
ta de campo que mi madre había re enterarse bien: dos gibsons con Algo verdaderamente interesante. –Esto no es Inglaterra –dijo el
alquilado en The Cape; escribí a mi ginebra Beefeater. Repita conmigo: Sucede que éste no es el único res- camarero.
padre diciéndole que pasaría hora y dos gibsons con ginebra Beefeater. taurante de Nueva York. Acaban de –No discuta conmigo –dijo mi
media en Nueva York debido al cam- –Creo que será mejor que se abrir otro en la esquina. Vámonos, padre–. Limítese a hacer lo que se le
bio de trenes, y preguntándole si vayan a otro sitio –dijo el camarero Charlie. dice.
podíamos comer juntos. Su secretaria sin perder la compostura. Pagó la cuenta, y nos trasladamos –Creí que quizá le gustara saber
me contestó que se reuniría conmigo –Esa es una de las más brillantes de aquel a otro restaurante. Los dónde se encuentra –dijo el camare-
en el quiosco de información a medio- sugerencias que he oído nunca –dijo camareros vestían americanas de ro.
día, y cuando aún estaban dando las –Si hay algo que no soporto –dijo
doce le vi venir a través de la multitud. mi padre–, es un criado impertinente.
Era un extraño para mí –mi madre se Vámonos, Charlie.
había divorciado tres años antes y yo El cuarto establecimiento en el
no le había visto desde entonces–, que entramos era italiano.
pero tan pronto como le tuve delante –Buon giorno –dijo mi padre–. Per
sentí que era mi padre, mi carne y mi favore, possiamo avere due cocktail
sangre, mi futuro y mi fatalidad. americani, forti, forti. Molto gin, poco
Comprendí que cuando fuera mayor vermut.
me parecería a él; que tendría que –No entiendo el italiano –dijo el
hacer mis planes contando con sus camarero.
limitaciones. Era un hombre corpulen- –No me venga con esas –dijo mi
to, bien parecido, y me sentí feliz de padre–. Entiende usted el italiano y
volver a verle. Me dio una fuerte pal- sabe perfectamente bien que lo
mada en la espalda y me estrechó la entiende. Vogliamo due cocktail ame-
mano. ricani. Subito.
–Hola, Charlie –dijo–. Hola, El camarero se alejó y habló con el
muchacho. Me gustaría que vinieses encargado, que se acercó a nuestra
a mi club, pero está por las calles mesa y dijo:
Sesenta, y si tienes que coger un tren –Lo siento, señor, pero esta mesa
enseguida, será mejor que comamos está reservada.
algo por aquí cerca. –De acuerdo –dijo mi padre–.
Me rodeó con el brazo y aspiré su Denos otra.
aroma con la fruición con que mi –Todas las mesas están reserva-
madre huele una rosa. Era una agra- das –dijo el encargado.
dable mezcla de whisky, loción para –Ya entiendo –dijo mi padre–. No
después del afeitado, betún, traje de desean tenernos por clientes, ¿no es
lana y el característico olor de un eso? Pues váyanse al infierno. Vada
varón de edad madura. Deseé que all'inferno. Será mejor que nos mar-
alguien nos viera juntos. Me hubiese chemos, Charlie.
gustado que nos hicieran una fotogra- –Tengo que coger el tren –dije.
fía. Quería tener algún testimonio de –Lo siento mucho, hijito –dijo mi
que habíamos estado juntos. padre–. Lo siento muchísimo. –Me
Salimos de la estación y nos dirigi- rodeó con el brazo estrechándome
mos hacia un restaurante por una contra sí–. Te acompaño a la esta-
calle secundaria. Todavía era pronto y ción. Si hubiéramos tenido tiempo de
el local estaba vacío. El barman dis- ir a mi club...
cutía con un botones, y había un –No tiene importancia, papá –dije
camarero muy viejo con una chaque- yo.
ta roja junto a la puerta de la cocina. –Te voy a comprar un periódico
Nos sentamos, y mi padre le llamó –dijo–. Te voy a comprar un periódico
con voz potente: para que leas en el tren.
–Kellner! –gritó–. Garçon! Came- Se acercó a un quiosco y dijo:
riere! ¡Oiga usted! –Mi buen amigo, ¿sería usted tan
Todo aquel alboroto parecía fuera amable como para obsequiarme con
de lugar en el restaurante vacío. uno de sus absurdos e insustanciales
–¿Será posible que no nos atien- mi padre–. Vámonos de aquí, Charlie. color rosa, semejantes a chaquetas periódicos de la tarde? –El vendedor
da nadie aquí? –gritó–. Tenemos Seguí a mi padre y entramos en de caza, y las paredes estaban ador- se volvió de espaldas y se puso a
prisa. otro restaurante. Esta vez no armó nadas con arneses de caballos. Nos contemplar fijamente la portada de
Luego dio unas palmadas. Esto tanto alboroto. Nos trajeron las bebi- sentamos y mi padre empezó a gritar una revista–. ¿Es acaso pedir dema-
último atrajo la atención del camare- das, y empezó a someterme a un ver- de nuevo: siado, señor mío? –dijo mi padre–,
ro, que se dirigió hacia nuestra mesa dadero interrogatorio sobre la tempo- –¡Que venga el encargado de la ¿es quizá demasiado difícil venderme
arrastrando los pies. rada de béisbol. Al cabo de un rato jauría! ¿Qué tal los zorros este año? uno de sus desagradables especíme-
–¿Esas palmadas eran para lla- golpeó el borde de la copa vacía con Quisiéramos una última copa antes nes de periodismo sensacionalista?
marme a mí? –preguntó. el cuchillo y empezó a gritar otra vez: de empezar a cabalgar. Para ser más –Me tengo que ir, papá –dije–. Es
–Cálmese, cálmese, sommelier –Garçon! Camériére! Kellner! exactos, dos Bibson Geefeaters. tarde.
–dijo mi padre–. Si no es pedirle ¡Oiga usted! ¿Le molestaría mucho –¿Dos Bibson Geefeaters? –pre- –Espera un momento, hijito –repli-
demasiado, si no es algo que está por traernos otros dos de lo mismo? guntó el camarero, sonriendo. có–. Sólo un momento. Estoy espe-
encima y más allá de la llamada del –¿Cuántos años tiene el mucha- –Sabe demasiado bien lo que rando a que este sujeto me dé una
deber, nos gustaría tomar dos gib- cho? –preguntó el camarero. quiero –dijo mi padre muy enojado–. contestación.
sons con ginebra Beefeater. –Eso –dijo mi padre– no es en Quiero dos Beefeater gibsons, y los –Hasta la vista, papá –dije; bajé
–No me gusta que nadie me llame absoluto de su incumbencia. quiero deprisa. Las cosas han cam- las escaleras, tomé el tren, y aquella
dando palmadas –dijo el camarero. –Lo siento, señor –dijo el camare- biado en la vieja y alegre Inglaterra. fue la última vez que vi a mi padre.
junio-agosto 2010 Paréntesis 5
Prosa de hoy

Confesiones de un párrafo, de Noemí Gómez Garrido


—¡Eh, amigo!, ponme otra.
—No debería tomar más, señor.
—Y tú no deberías dar consejos
que no te piden o no harás negocio,
chaval.
—Discúlpeme, señor. ¿Qué le
sirvo?
—Algo diferente. No sé...
—¿Metáforas?
—Demasiado añejo. ¿Tienes
onomatopeyas de los cincuenta?
—Marvel Superhéroes; la mejor
cosecha.
Perfecto, con hielo y limón. ¡Y no
me mires así! Sé lo que estás pen-
sando: que soy un pobre párrafo que
no tiene donde caerse muerto, un
diablo emborrachándose de acepcio-
nes baratas en un diccionario cutre
de bolsillo.
—Yo no opino, señor.
—Ya, mejor; no necesito sentirme
más culpable de lo que ya me siento.
—Vamos, hombre, deje de llorar;
todo tiene solución en esta vida.
—No, lo mío no tiene solución
posible; soy un párrafo acabado.
¿Sabes...? Yo he sido uno de los
mejores párrafos románticos del
mundo literario. Y ahora... Todo se
fue por los márgenes. He trabajado a
las órdenes de los mejores guionis-
tas; he sido párrafo predilecto de
telenovelas y comedias románticas.
Y ¡cómo me aclamaba el público! Me
adoraban.
Pero hoy en día el romanticismo
está pasado de moda: nadie ve las
telenovelas, Corín Tellado vende
menos que nunca y el único trabajo
que encontré fue en una sección de
economía. ¡Yo de economista!
Imagínate, no sé nada de números...
¡Y mucho menos ser pragmático y
conciso!
Hoy mismo he dimitido. Han
dicho que soy demasiado barroco
para el puesto. ¿Barroco yo? ¡Qué
tontería! Lo que pasa realmente es
que no quieren que pienses por ti
mismo; ése es el problema, quieren
peleles a los que poder manejar a su
antojo. ¡Oye! Otra de lo mismo... Así, Ilustración: Cristina Lama Ruiz (cristilama@hotmail.com)
¿qué esperanza voy a tener ya de
ser un párrafo feliz? En este mundo, buena familia. Hazme caso, olvida Las conversaciones con mamá paraban, o no, los “oooooo” y los
se cobra por extensión y me han los sueños de grandeza o acabarás siempre acababan en la cocina. árbitros eran unos “ooo oo o ooooo“.
reducido tanto que mira en qué esta- en dos frases y sufriendo mucho. Guisaba estupendamente, pero El día que murió, estaba plácidamen-
do han quedado mis frases. Yo no »—Pero, mami —replicaba yo nunca acepté sus consejos; era dife- te dormida en la cálida redondez de
quería ser un renglón cualquiera... ingenuamente—, yo de mayor quiero rente a mí. la “o”.
—No llore más, señor; ande, aní- ser como papá. Ella era párrafo periodístico en un —Señor, perdone que le inte-
mese; seguro que sale adelante. »—¡Pamplinas! Hay que adaptar- diario deportivo. Un buen trabajo. rrumpa en un punto tan interesante
—Ya me lo decía mi madre, sí, se a los nuevos tiempos; déjate de Hasta que le dio el reuma y empeza- de su historia, pero vamos a cerrar.
ella lo sabía; cuando era chico y ape- caprichos y ve a tu página, que tengo ron a torcérsele los palos de las bes, —Venga, amigo, sírveme la últi-
nas contaba con dos líneas, me conjugaciones que hacer. las des, las haches y así con todas ma... Bien cargadita de exclamacio-
decía: »—¡Jooo! —protestaba—. Estoy las letras largas. Luego decía que nes. Y brinda conmigo, por favor.
«—Eres igual que tu padre, y eso cansado. por los huecos de las ces y de las —De acuerdo, por usted. Porque
te llevará por mal camino. Mira cómo »—¡Vamos! Y ordena bien tus eses le entraba frío, y que los puntos le vaya mejor de ahora en adelante.
acabó él. No era el mejor en su tra- letras antes de la cena. Hoy tenemos de las íes y de las jotas se le caían —¡Uyyy! No creo. Al final acabaré
bajo, pero al menos sobrevivía dig- frases célebres al ajillo. ¡Y aún no he en otoño. como mi padre y como tantos amigos
namente. Pero se estropeó; le dio puesto las comillas a cocer!... Espero Así que fue doblándose, hacién- desaparecidos. Sí, muchacho, iré
por el amor, por la ternura y esas que no se queden duras. dose chiquitita, hasta que sólo utili- con ellos a ese lugar del que jamás
idioteces, y así terminó convirtiéndo- »—Y de postre ¿qué me has zaba la “o”; que, claro, no tenía por se regresa.
se en un escaso y miserable verso. hecho, mami? dónde doblarse ni entraba frío o se —¿Qué sitio es ése?
Eso, hijo mío, es lo peor que puede »—Pastel de sinónimos, así que caía estacionalmente. —La papelera, amigo, la cochina
pasarle a un párrafo honrado y de date prisa.» Al final, los porteros de fútbol papelera.
6 Paréntesis junio-agosto 2010
Crítica
Antonio Almansa
Cuentos completos, de Rodolfo Walsh (Ed. Veintisiete Letras, 648 págs., 21’50 €)
té que no. Me alargó aquellos folios, Walsh no se resguardó, como ción comentada hay piezas extraordi-
de aspecto muy usado, que contení- otros intelectuales hicieron y practi- narias que resultarán admirables para
an tres cuentos y unos recortes de can, tras los débiles testimonios que los lectores: desde El soñador a Los
periódico. Sugirió –me ordenó, para permiten retiradas a tiempo. El 24 de ojos del traidor, desde Cuento para
ser preciso– que los leyera. Los marzo de 1977 se lo jugó todo; publi- tahúres a La mujer prohibida.
comencé nada más subirme en el 7, có su influyente Carta abierta de un Una tarde del verano de 1998,
un autobús que iba desde el centro escritor a la Junta Militar. Unas horas tomando café helado en el Central, le
hasta mi barrio. No fui consciente de más tarde fue apresado, torturado, comenté a mi insustituible amiga
que el autobús se moviera; me dio asesinado: su nombre figura hoy en –magnífica escritora y traductora–
tiempo a leer dos veces el titulado las listas de desaparecidos1. En pala- Marga López Bonilla, mi admiración
Esa mujer, un cuento inquietante que bras del propio Walsh: “Nuestras cla- por Rodolfo Walsh. Y también le
desde entonces me acompaña insis- ses dominantes han procurado siem- hablé de su cuento Esa mujer, un
tentemente por la vida. pre que los trabajadores no tengan relato que mi ignorancia creía casi
Roberto Walsh es la paradigmáti- historia, no tengan doctrina, no ten- secreto para los demás. Mi amiga
ca solución de una tensión que toda- gan héroes ni mártires. Cada lucha sonrió indulgentemente al desvelar-
vía para la mayoría de conservadores debe empezar de nuevo, separada de me que tal cuento era considerado
e idealistas (en el peor sentido de los las luchas anteriores: la experiencia por muchos, lectores y críticos, como
términos) no está resuelta: la estable- colectiva se pierde, las lecciones se el mejor escrito en Argentina durante
En un mayo voluble, refugiados de la cida entre el intelectual y la política, olvidan. La historia aparece así el siglo XX.
lluvia bajo la marquesina del cine entre la literatura y el compromiso como propiedad privada, cuyos
Capitol, hace ya muchos años, una social. Walsh mostró que puede con- dueños son los dueños de todas las
fortuna inolvidable me llegó de la jugarse la excelencia literaria con la otras cosas”. 1Un imperdonable azar de las fechas, dos

generosidad de Javier Sorogoyen. responsabilidad que dignifica y pro- Disfruté de una íntima alegría meses antes, nos masacró en España con la
Matanza de Atocha, donde fueron asesinados
Sacó del bolsillo interior de su gabar- vee de transcendencia aquí, en nues- cuando hace poco me enteré de que cinco compañeros abogados y malheridos
dina unas hojas fotocopiadas y dos tro mundo, despreciando engañosas la editorial Veintisiete Letras había otros tantos por grupos de verdugos afines al
recortes de periódico. Me preguntó si esperanzas que aspiran a otros para- editado los cuentos completos, hasta franquismo.
conocía a Rodolfo Walsh y le contes- ísos. ahora dispersos, de Walsh. En la edi-

Música
Damián Marrapodi
The sky is crying
–Siempre quise hacer un trío –le
dije.
Salté de la cama hacia la silla y
cogí la guitarra. La luz comenzaba a
entrar en diagonal por la ventana, sin
permiso. Ella estaba tapada de cintu-
ra para abajo. Era prostituta, hermosa
y ciega. Sus pechos, blancos y
pequeños, oscilaban con blandura,
como un eco, cada vez que se aco-
modaba. Se llamaba Lenny.
–Ven aquí –me dijo.
Sus suaves párpados eran lo
opuesto a los de mi ex mujer, pesa-
dos como grilletes, depositarios de
una frustración más grande que sus
caderas. Con Lenny había retomado
mi carrera de músico, me sentía
capaz de recuperar el tiempo perdido.
Puse The house is rockin en el
tocadiscos, volví a la cama y la besé.
Posé la mano sobre su muslo delga-
do, la deslicé suave hasta llegar al
cuello y le pedí que se diera la vuelta.
Era como un libro; podías llevarla a la
cama y enamorarte.
–Hoy no amanecerá –suspiró nario al fondo, el sombrero que Sentí los espasmos de las cuerdas, –No te enamores de una puta, y
mientras se giraba. escondía el rostro del guitarrista. Allí, las manos recorriendo el mástil de mucho menos de día.
La música impedía que el ruido Stevie Ray Vaughan acariciaba las palo de rosa. El vientre húmedo se La eternidad se acababa, pero
gris de afuera nos molestase. Le aca- cuerdas de Number One, su mezclaba con las yemas de mis permanecieron los hechos. Stevie
ricié el pelo. Aunque sabíamos que Stratocaster descascarillada como el dedos y los acordes. Ella respiraba Ray Vaughan nos dejó un excelente
acabaría en cualquier momento, en el bar. Pensé que no habría vida des- profundo mientras Vaughan hacía el disco, que sonaba en aquella habita-
cuarto todo era eternidad. pués de Jimi Hendrix, que la revolu- amor con su Fender. ción donde dos personas volvían a
En Texas había petróleo, homofo- ción había muerto con él, pero cuan- Aquel iba a ser nuestro último volar sin importarles que el helicópte-
bia y niños practicando tiro al blanco do oí a Vaughan supe que aún que- encuentro. ro fuese a estrellarse.
con una 38. Había mujeres hermosas daba una trinchera. –En Nueva York hay trabajo para
y un músico increíble que solía tocar Leave my girl alone tomó la habi- mí –repitió.
en el Hills Country Club de Austin; tación de modo irreversible, podía –¿Por qué lo haces? Disco recomendado: In step, Stevie
una vieja casona de madera con cow- respirarse. Para entonces, jugaba –No preguntes. Ray Vaughan & Double-Trouble, 1989
boys, borrachos, putas y, en un esce- otra vez entre las piernas de Lenny. –Quédate conmigo.
junio-agosto 2010 Paréntesis 7
Taller de Escritura
Rafael Caumel
Todo el peso del mundo
La niña llevaba mucho rato con la tor decide acumular frases recarga- A quien, a falta de gotelé, haya res como Primo Levi o Imre Kertész,
pelota, sus compañeros se la recla- das para expresar el enorme sufri- elegido empapelar un testero con lija entre otros, con objeto de entender
maban, pero ella corría y evitaba los miento que es capaz de albergar. gruesa donde rascarse como un oso que quien sufrió de verdad, escribió
asaltos con la bola abrazada contra el Otra cuestión sería si es posible que y así proveerse de arañazos profun- sobre ello de forma sencilla y exenta
pecho. Vino a buscar refugio en mí. haya sufrido tanto habiendo nacido dos en la espalda para sentarse a de dramatismo. Ya hay suficiente tra-
Yo se la quité y la lancé para que en Occidente rodeado de comodida- escribir, le sugiero que antes de gedia en lo trágico como para que
algún amigo la cogiese. Ella se tiró al des; facilidad que, al fin y al cabo, espolvorearse de sal para acometer vengamos a reventar la credibilidad
suelo y rompió a llorar con un descon- puede ofuscarse mediante la autofla- el siguiente párrafo de su sufrido de la historia con excesos patéticos.
suelo digno del 11-S. La reacción de gelación, física o psicológica. texto, repare en las obras de escrito- La sobrecarga resulta pesada por
los amigos fue inmediata: le entrega- definición. Es comprensible que tanta
ron la pelota. virgen dolorosa y tanto mártir nos
Aprendemos desde muy pronto a hayan nublado el buen gusto y la con-
dramatizar las situaciones para con- tención deseable al escribir, pero
seguir la atención de los demás u Voltaire nos puede rescatar: “Todo lo
obtener otro tipo de provecho, pero el que se escribe es bueno, salvo aque-
victimismo es una de las argucias llo que aburre”.
más mezquinas que, de forma cons- Una de las principales mediocrida-
ciente o inconsciente, podemos des a la que podemos exponernos es
emplear para manipular nuestro la falta de amenidad, y espero que
entorno. Los malos escritores lo utili- nadie pretenda confundir este término
zan como método facilón de afectar a con lo banal (tal como hacen muchas
lectores sensibleros, y el aprendiz cadenas de televisión). Tratar de ser
puede considerarlo una baza en su ameno es una causa elevada. Se
deseo de impresionar a su pareja, esté o no conforme con esta idea,
amigos y compañeros de taller. Así, sugiero leer (o releer) los consejos de
en lugar de escribir sencillamente que escritura que ofrece Italo Calvino en
a su personaje “se le escapó una sus Seis propuestas para el próximo
lágrima”, se sentirán tentados de milenio. En concreto, el capítulo dedi-
construir una frase emotiva como la cado a la levedad. Me parecen unas
siguiente: “Una triste y solitaria lágri- recomendaciones imprescindibles no
ma rodó por su mejilla macilenta sólo para quien escribe. Por ejemplo,
hasta alcanzar el mentón desde servirían también para reducir la can-
donde se arrojó al vacío”. tidad de plastas que hay sueltos y
Todo el patetismo del mundo pare- mejorarían mucho los aburridos dis-
ce insuficiente cuando el joven escri- Ilustración: www.emmanuellafont.com cursos de los políticos actuales.

Escritura y Psicoanálisis
Emilio Mármol
Pirámides, torres, arcas de pasado
Salgo a la calle y, a pesar de la premura que veo a do; y a veces, quiere ser concluido. Poco podemos un mundo interior encriptado, igual que la informa-
mi alrededor –y en la que me sumerjo–, pienso que decir de lo que nos depara el futuro y, en ocasio- ción en las torres de los ordenadores o las leyen-
quizá los pasos de cada uno de los que se agitan nes, nos es difícil siquiera habitar en el presente. das en las antiguas pirámides. Un tesoro escondi-
con prisa son, de algún modo, fonemas, sílabas No obstante, sabemos que para vivir esas dimen- do; a veces encerrado a cal y canto, a veces gene-
que, poco a poco, reunidas al final del recorrido, siones temporales en las que parcelamos nuestras roso, accesible y compartido.
escriben una breve historia. Una historia o un epi- vivencias, es necesario que conste un texto que Estaremos más sanos cuanto más expongamos
sodio de una historia, circunstancial e incluso aza- hable y atestigüe el pasado, que dé la oportunidad al exterior, cuanto más hagamos conocer y recono-
rosa; todo dependerá de sus consecuencias y de para que presente y futuro tomen calidad de exis- cernos en el texto que nos van y nos vamos dictan-
cómo se trame en nuestras vidas. tencia. Ese pasado es lo que llamamos nuestra his- do en nuestro devenir personal y social. Es una
¿Quién no ha pensado alguna vez que el transi- toria o nuestro “mundo interior”, y está habitado por buena oportunidad poder construirnos y sanarnos
tar de la vida tiene sus momentos de lectura, sus recuerdos, afectos, deseos, modelos, objetos de en la abundancia; y la abundancia también puede
momentos de dictado y sus momentos de escritura amor y odio, fantasías y fantasmas, temores, valo- ser abrir de par en par, para nosotros y para los
en un texto que, al final, es el libro que somos? res, ideales, consignas… otros, esa puerta privilegiada que nos ofrece la
Cada cual es un libro que se lee y se escribe. Un De este modo se me figuran los viandantes a los escritura, a cuya práctica no deberíamos renunciar.
libro que quiere ser completado, corregido o borra- que me he referido, como cuerpos que contienen
8 Paréntesis junio-agosto 2010
Microtextos

REVOLUCIÓN LIBERACIÓN SEXUAL

Estaba cansado de no salir de casa, de vivir con miedo, y Al entrar en el dormitorio, Alberto se sorprendió de que Claudia no estuviese
me sorprendió el deseo de ver mundo, así que fui a una tapada hasta las cejas. Se deslizó entre las sábanas y el roce con los pies le
plaza concurrida para relacionarme con otras personas. hizo sentir un escalofrío. La abrazó por detrás. Tocó sus curvas, los muslos.
—¡Oiga, bilgueit! ¿Quién le ató esa bandera al cuello? Sumergió las manos por debajo del camisón y ascendió lentamente recorrien-
—¿Está usted bien, pollo? ¿No tiene calor con tanta do su piel, más tersa que nunca.
ropa? Ninguna queja. Ningún “Alberto, para quieto, que tengo sueño”, ni “me
—¡Tú, bacalao! ¿Sabes que te clavaron un anzuelo en duele la cabeza” o “lo siento, pero estoy con el mes”. Tiró de ella para ponerla
la barbilla? boca arriba y trepó por su cuerpo hasta adentrarse. Claudia por fin volvía a
—¿A qué tanta queja? ¡No trabajes más, mastodonte, mirarlo y sus labios entreabiertos le hicieron perderse demasiado pronto.
que eres tonto! Alberto tomó su mano aterida y trató de entrelazar los dedos. Algo había
—Pero bueno, popeye, ¿quién te pintó los brazos cambiado en la actitud de su esposa; estaba menos fría que de costumbre.
como el culo?
Hablé con un montón de gente, me insultaron y empu- Inmaculada Barreña
jaron, recibí guantazos, capones y patadas. Una paliza Málaga
digna de meses de convalecencia. Cuando regresé a casa
y me tumbé dolorido en el sofá, sentí la satisfacción de no
haber renunciado a mi vida.

Daniel Castillo
Málaga

CRIMEN ECOLÓGICO

Le gustaba masturbarse bajo la ducha.


Tardaba mucho en correrse.

Pablo Páramo
PARA ESTAR MÁS MONA
Almería
Y empeñada en distanciarme del chimpancé, me debato
entre dos opciones:
1) Acudir a un centro dermoestético para una depila-
ción láser.
2) Leer.
La primera es más cara, pero tiene la ventaja de
EL ESCRITOR
aumentar mi atractivo de forma inmediata. Si añado unos
ocho mil, dispondré además de unas tetas y caderas que
Se sienta frente a un papel en blanco. Alarga el brazo
asustarían a la mismísima Edurne Pasabán.
y coge la pluma. Acercándosela a los ojos, despacio,
La segunda opción requiere mucho esfuerzo y sus
libera el capuchón. Mira la superficie desnuda del folio,
posibilidades sólo afloran después de un rato de charla.
se acomoda en el asiento, apoya la pluma sobre el
Rato que no te van a conceder porque tus tetazas no
papel y comienza a escribir. Tacha, deja algo a medias
entraron al garito tres segundos antes que tú.
o se detiene con los ojos entrecerrados. A medida que
Debo ser práctica: cada vez se habla más y se dice
avanza, su respiración se acelera, escribe más rápido,
menos.
jadea, con la pluma rasga frenéticamente el papel ver-
Por tanto, estoy dispuesta a recibir los tratamientos
tiendo en símbolos las ideas que desbordan su cabe-
que, en contadas intervenciones, me alejarán del animal
za. Pone el punto y final.
al que odio parecerme. Así, sólo un par de semanas des-
Se recuesta en el respaldo del asiento con los ojos
pués, podré desnudarme ante el espejo del dormitorio
cerrados. La respiración se suaviza. La pluma cae de
para admirar los resultados, ensayar la manera de mover
la mano y rueda unos centímetros. El escritor levanta
mi nuevo cuerpo y buscar la postura rotunda que ponga a
la vista y allí está su mujer, que lo mira fijamente con
babear a quien se me antoje y le obligue a entregarme lo
los labios contraídos y temblorosos, los ojos húmedos.
que yo desee, tal como hace la hembra del chimpancé.
Él aparta la mirada mientras ella sale de la habitación.
Pablo Betancourt
Francisco Vides
Madrid
Málaga
junio-agosto 2010 Paréntesis 9
Arte
Rafael Caumel
Grandes remojones y otras bellas desgracias
Es larga la lista de catástrofes con
que, tanto las religiones mayoritarias
como las supersticiones de baja esto-
fa, intentan manipular a la humanidad
desde tiempos inmemoriales. Para
ello recurren a toda clase de imáge-
nes atroces: abismos, llamaradas,
trompetas, inundaciones, impactos
planetarios, hambrunas, plagas, inva-
siones. Por otra parte, la destrucción
es también una táctica empleada por
estados y grandes inversores que, en
su deseo de reconstruir países, valo-
ran los riesgos y beneficios de decla-
rar una guerra, cuando no utilizan la
amenaza como forma de control.

Los desastres nos atraen

Aunque desde una visión huma-


nista del mundo rechacemos estas
prácticas, no podemos dejar de seña-
lar el poder de atracción que tienen
los desastres. Lo saben, por ejemplo,
en los despachos de Hollywood,
donde no dudan en pagar los costo-
sos efectos especiales que suminis-
tren al público su dosis de catástrofe,
sea con el impacto de un meteorito,
recreando historietas mayas o profe-
cías del libro “perdido” de algún esta-
fador con nombre ostentoso, median-
te detalladas secuencias de inviernos con su carro a decenas de enemi- en prensa. El miedo a la subida del Pablo Genovés lo hace de forma
nucleares, mostrando el canibalismo gos), desde el de los masacrados - nivel del mar está globalizado. Se admirable en su serie de trabajos titu-
de una civilización extinta o con el (como en la denuncia del Guernica), celebran cumbres internacionales lada Precipitados. Olas de dimensio-
hombre sucumbiendo bajo el poder o en los centenares de versiones del infructuosas. Y la culpa es nuestra. nes cantábricas embisten contra el
emergente de las máquinas. Juicio Final, los artistas han indagado No podemos dejar de ser pecadores. altar de una catedral, el mar irrumpe
En el caso del arte, hay dos dife- en el poder y la impotencia, en la fas- por los pórticos de viejas bibliotecas,
rencias significativas en la forma de cinación y el miedo que ejerce la el desierto toma la platea de un tea-
abordar esta temática: 1) conlleva destrucción. La amenaza ecológica: tro de la ópera. Nada escapa al poder
una propuesta estética, y 2) parte del En la actualidad, cuando la ver- destructor del agua, por exceso o
intento de estudiar y recrear la condi- sión católica del fin del mundo está
el nuevo miedo globalizado escasez, en estado sólido, líquido o
ción humana. Desde el punto de vista aparentemente superada en los paí- gaseoso.
de los vencedores (como en la bata- ses occidentales, contamos con el Hay una serena belleza en la vio-
lla de Qadesh, que representa a un relevo de la amenaza ecológica. El ¿Cómo no iba a abordar el arte lencia de su propuesta. A esta sensa-
gigantesco Ramsés II atropellando problema del agua aparece a diario este temor moderno? ción contribuye el material de base
utilizado: postales antiguas que el
artista persigue por mercadillos y
Pablo Genovés (Madrid, 1959) anticuarios. El posterior trabajo de
ampliación, fusión y retoque digital es
Trabajó como fotógrafo publicitario, comparable al del mejor orfebre. Los
pero su atracción por la pintura (el resultados sorprenden por su integra-
padre fue pintor) y el acceso a las ción y realismo. En todas las obras
nuevas técnicas digitales en destaca la sensación de nostalgia y
Londres le abrieron el camino de la la ausencia de personas, sólo repre-
(re)construcción fotográfica. sentadas en estatuas o cuadros del
Realiza su trabajo artístico entre decorado. Frente a ellas, el especta-
Madrid y Berlín. dor se percibe a sí mismo como un
superviviente de excepción.
Precipitados El pavor de las estanterías reple-
tas de libros ahogados, la irrupción
Conjunto de obras gráficas creadas fantástica de una nube en mitad de
con procesos digitales a partir de una sala de museo, el controvertido
postales antiguas. En ellas, el agua sentimiento de satisfacción ante un
en todos sus estados (también su salón barroco fregado por el oleaje;
ausencia) configura una nueva Precipitados es una colección sor-
estampa. prendente de obras de arte que nos
obligan a reaccionar y desear que,
Exposición: Galería JM (Málaga) dentro de un siglo, nuestros nietos
hasta el 24 de julio puedan mirarlas igual que hoy con-
templamos un infierno de El Bosco,
como un miedo superado.
10 Paréntesis junio-agosto 2010
Viajes
Pedro Rojano
El placer de la nada
Cuando te acercas a la gran duna de
Erfoud la carretera se cubre de polvo.
Poco después las lenguas de tierra
extienden un velo bajo los neumáti-
cos y finalmente el asfalto desapare-
ce del camino. Quedas a merced de
la pista que va y viene, se oculta bajo
las dunas y aparece unos metros más
allá marcada por hitos de piedra. El
todoterreno circula sinuoso por una
senda insociable que ha de guiarte al
corazón del desierto. Rodar por la
arena es más parecido a navegar. El
volante es un timón. Sin darte cuenta
el camino te atrapa, y no puedes
parar, porque si lo haces te quedas
clavado. Metes segunda, pisas a
fondo (nada de embrague) y surcas
las innumerables dunas como si de
un erosionado cartón de huevos se
tratara, subiendo y bajando sin des-
canso. Cuidado con el cambio de
rasante, no se ve nada al otro lado de
la cresta. No pises el freno.
Al llegar al campamento ya es de
noche, descubres un firmamento de
un azul denso y estrellado. Es fácil
distinguir la Vía Láctea, otro sendero
intransitable, recto y brillante como parece que hasta el tiempo está capital del tema repetido del paisaje. abajo la gran duna no parece difícil,
una esperanza ciega. Paul Bowles lo ausente. Te tumbas sobre la arena La llegada del día promete un cam- pero la imagen del vacío regresa una
describió en su libro “El cielo protec- sedosa y con la vista puesta en el bio, pero cuando ha alcanzado la ple- y otra vez cuando te atreves a iniciar
tor”: vacío sientes que el viento africano se nitud, el observador sospecha que es el empinado ascenso con los pies
—…el cielo aquí es muy extraño. ha colado en tu cerebro y ha barrido una vez más el mismo, el mismo día descalzos. En la cima, la fatiga no es
A veces, cuando lo miro, tengo la sen- las ideas, los pensamientos, los amo- que ha estado viviendo durante precio para que los ojos recorran toda
sación de que es algo sólido, allá arri- res y desamores, el origen y cualquier mucho tiempo, una y otra vez, ese día esa distancia hasta el horizonte.
ba, que nos protege de lo que hay previsión de futuro. No hay nada, y cegador que el tiempo no ha empaña- Después te dejas caer de espaldas
detrás. sientes placer. do.” para deslizarte por la arena hasta la
—¿Pero qué hay detrás? —pre- Para Paul Bowles, “el desierto planicie. Pronto se despegará el sol
guntó Kit con un hilo de voz. nunca es tan bello como en la penum- Con aroma a hierbabuena el ama- del suelo y perseguirá tu vehículo
—Nada, supongo. Solamente bra del alba o del crepúsculo. El sen- necer se instala en el campamento mientras pisas a fondo el acelerador y
oscuridad. La noche absoluta. tido de la distancia se pierde: una cuando el sol, rojizo como la tierra, dejas atrás el terreno abultado y seco.
Un fatigado bienestar produce el ondulación muy cercana de la arena despunta y abraza las crestas con Al partir, ya sabes que volverás a bus-
silencio cuando todos descansan puede ser una cadena montañosa dilatadas manos. Todo es familiar, se car esa arena que, desde los bolsi-
bajo los techos ásperos de las jaimas. alejada, cada pequeño detalle puede ha borrado el paisaje y empiezas de llos, se derramará el resto del año por
Es un silencio apacible y templado, cobrar la importancia de una variante cero a dibujar los vértices. Desde el asfalto.

Concurso
Pablo Betancourt
1000€ por 100 palabras
Si me diesen diez euros por cada Pues, aunque parezca mentira, dad, administración de obras recibi- culo con ellos, este certamen sería
palabra que he escrito, estaría redac- eso es lo que pagan en el concurso das, composición del jurado, selec- una de mis citas ineludibles del año.
tando estas líneas con la Mont Blanc de microrrelatos de Paréntesis, que ción de textos. Una importante canti- Concurso del mes
modelo Alexander von Humboldt en la va ya por su quinto año. La apuesta dad de trabajo y dinero para publicar V Concurso de microrrelatos Paréntesis
mano derecha y un daiquiri en la por la cultura de esta asociación es el micro ganador y los finalistas en un Dotación: 1000€
izquierda, desde mi yate fondeado en ejemplar: organización del certamen, periódico de difusión gratuita. Sin Fecha límite: 30/9/2010
Más información:
una bahía de las islas Caimán. envíos postales, cartelería y publici- subvenciones. Si no fuese por mi vín-
concurso@asociacionparentesis.com
junio-agosto 2010 Paréntesis 11
Cine
Sergio de los Santos
Una historia verdadera (Estados Unidos, 1999, director: David Lynch)
El viejo Alvin Straight (Richard
Farnsworth) está cada vez más enfer-
mo; necesita dos bastones para cami-
nar. Vive con su hija Rose (Sissy
Spacek), amable y tierna, pero con su
entendimiento deteriorado —algo
«lenta», comentan indulgentemente
en el pueblo— desde su divorcio y la
pérdida de la tutela de sus hijos. Para
los dos, la vida transcurre apacible e
insípida en su modesta casa ajardina-
da de Iowa.
Suena el teléfono. Les informan
que el hermano de Alvin ha sufrido un
infarto. Alvin se mantiene aparente-
mente paralizado, mirando la lluvia a
través del cristal de la ventana, como
si la noticia hubiera sido algo que
antes o después llegaría. Rose obser-
va a su padre; no presiente que vaya
a tomar ninguna decisión. Pero algo
estalla en el interior de Alvin: decide
visitar a su hermano. A ambos les
queda poco tiempo y hace años que
no se hablan. Les separan 500 kiló- en la que el enfermo y testarudo pro- carretera quedan lentamente atrás, bien se puede quebrar una espiga en
metros. No puede conducir, aun así tagonista quiere dejar atrás agrios Alvin observa su vida con perspectiva un solo instante –apenas un certero
emprende un íntimo y obstinado viaje rencores. Debe hacerlo a su manera, y va deshaciéndose del lastre más golpe de hoz–, para que vuelva a cre-
a lomos de una pequeña máquina que resulta absurda en su comuni- amargo: una pelea con su hermano, cer es imprescindible un paciente pro-
cortacésped que apenas alcanza la dad. Emprende un proceso vital de enquistada en el tiempo; desencuen- ceso de siembra y cuidados que son
velocidad de un hombre a pie; opta aceptación de sí mismo, de sus senti- tro protagonizado por el alcohol, la imposibles de acelerar. Lynch realiza,
por hacer un peregrinaje hacia la mientos y de la realidad. Montado en vanidad y macerado en el rencor. en hermosos planos aéreos, un traba-
reconciliación con su hermano y, la cortacésped, el viento apenas aca- Aunque se trate de un hombre que jo extraordinario al ofrecernos inolvi-
quizá, también consigo mismo. ricia sus mejillas y su sombrero de se expresa con los silencios, encuen- dables atardeceres tostados envuel-
La historia de Alvin Straight es una cowboy sólo escapa de su cabeza tra en el peculiar trayecto a persona- tos en la bella música de
solitaria película de carretera (road cuando es adelantado por algún jes que alecciona con su experiencia, Badalamenti.
movie), una paciente odisea personal camión. A medida que las líneas de la sin moralinas ni intelectualismos. Una historia verdadera muestra,
Desde una seductora humildad, ilumi- con una sencillez asombrosa, la
nará con sencillas sugerencias a necesidad vital del viaje iniciático que
otros (una joven embarazada, unos toda persona, tarde o temprano, debe
hermanos gemelos, un cura o un anti- intentar realizar para descifrarse:
guo y arrepentido francotirador del entender mejor la vida y a sí mismo.
ejército). Y no es obstáculo, como en el caso
de Alvin, que tal decisión se produzca
en una edad avanzada. “Lo único
La necesidad del bueno de ser viejo es saber diferen-
ciar la paja del grano, y que las
viaje iniciático pequeñeces se las lleve el viento”,
nos dice el protagonista.
El final de la película —pleno de
Durante el viaje por la interminable emociones contenidas— es sublime;
carretera, con Alvin y su cortacésped puede paladearse con el mismo inte-
ladeados en el arcén lo más posible rés e inquietud conmovedora que
para no entorpecer a otros conducto- cualquier otra obra de arte. El espec-
res, un atípico David Lynch (nada tador asistirá a los títulos de crédito
tiene que ver esta película con el convencido de que puede ser mejor
resto de su cine) nos regala preciosos persona, con el deseo de compartir
planos de la recogida del grano en los con sus allegados la serena belleza
extensos y ocres campos de trigo. de una noche estrellada.
Parece querer transmitirnos que si
12 Paréntesis junio-agosto 2010
Entrevista
Lola Lorente
Jorge Herralde (Editor de Anagrama)

Hace 40 años, cuando usted inaugu- sisten en Estados Unidos) o a la ano-


ró la editorial Anagrama, la censura rexia.
era feroz. ¿Cómo la esquivó? ¿Qué
le fue imposible publicar? En nuestro Taller de Escritura, lee-
mos y aconsejamos muchos de los
La censura fue durísima, casi libros de cuentos que usted edita.
infranqueable hasta 1966. La cerra- ¿Es el cuento un género que perso-
zón era insostenible para el propio nalmente le gusta? ¿Cree que su for-
régimen, y entonces se creó la llama- mato corto tiene un buen futuro?
da Ley Fraga, para dar una imagen
de apertura, que permitió algunas El género cuentístico me gusta
fisuras que unos cuantos editores de mucho como lector y casi demasiado
izquierda intentamos ensanchar. como editor (como creo que se
Se siguieron prohibiendo muchos demuestra en el catálogo). En gene-
títulos en la llamada “consulta volun- ral, si nos atenemos tan sólo a lo
taria”, que consistía en presentar el comercial, tiene un mediocre pasado
manuscrito o bien el libro en traduc- y un mediocre presente. Ojalá el futu-
ción y esperar el veredicto favorable ro cambie de signo. Por mi experien-
del Ministerio de Cultura antes de edi- cia personal los libros de cuentos que
tar un título. Pero podía optarse por mejor funcionan son aquellos que en
publicar el libro y esperar el dictamen © Lisbeth Salas
realidad son los que reúnen “viñetas
del Tribunal de Orden Público, que autobiográficas”, así Bukowski (con
fue mi opción después de un año de del país. El editor vocacional debe Salamandra y Tusquets, entre otros su Chinaski) o Pedro Juan Gutiérrez
demasiados libros no permitidos por persistir en su proyecto cada vez con sellos independientes, a participar en (con su Pedro Juan): el lector no tiene
la consulta voluntaria. Dicho tribunal mayor rigor y dedicación, sin bajar el la misma. Hemos seleccionado 50 que hacer el esfuerzo de “entrar” y
podía secuestrar el libro, lo que pro- listón. Es su forma de resistencia, de títulos que están disponibles desde “salir” en cada cuento (cuando empie-
vocaba una publicidad mediática que lucha frente a la banalización, de no junio de este año. za a estar a gusto).
en principio no deseaban, aunque era traicionar su vocación. En cualquier caso el futuro literario
un “derecho” que ejercían. Así, con- Suponemos que hay un instante, es bueno. Bien para aquellos que se
seguí publicar títulos impensables, Desde que se inició Anagrama, cuando lee un original, en el que se ejercitan, hacen musculatura para
que sin duda no hubieran pasado ¿en qué han cambiado los gustos del da cuenta de que la obra es buena, y saltar a la novela. Bien para los puros,
dicha consulta. Y de hecho, no pocos lector? por tanto publicable, ¿cuál es y cómo para los que hacen frente a la hostili-
libros que habían presentado otras lo siente? dad del mercado, y persisten en
editoriales no habían conseguido el Sólo hay que comparar las listas escribir mayoritaria o exclusivamente
permiso. Como contrapartida me de bestsellers. Así, en los años 80 se Es muy fácil de experimentar y cuentos, como Cristina Fernández
secuestraron una docena de títulos, situó en el primer lugar durante sema- más complicado (y algo inútil) intentar Cubas, Eloy Tizón, Berta Marsé,
me procesaron, etc. Lógicas acciones nas Bella del Señor, una novela tan teorizarlo. Nabokov decía algo así Quim Monzó o Sergi Pàmies.
punitivas ante una política editorial extensa y exigente (y extraordinaria) como que reconocía un gran libro
abiertamente incómoda para el régi- de un autor como Albert Cohen. Y cuando un estremecimiento le reco- ¿Es su editorial inaccesible para
men. Pero fue un periodo muy esti- también, en el ámbito del ensayo, rría la columna vertebral: nada más los escritores que comienzan y sue-
mulante y satisfactorio, si uno lo Usos amorosos de la postguerra subjetivo y auténtico. Para un editor ñan con publicar?
puede contar 1. española de Carmen Martín Gaite, no es difícil adivinar qué títulos con-
que significó una triunfante segunda vienen a su proyecto, a su catálogo. En absoluto, el catálogo así lo
¿Qué censuras encubiertas, si es etapa en la carrera de esta escritora. demuestra. De todas formas ahora es
que las hay, permanecen hoy? ¿Qué diferencia resaltaría en los más difícil ya que, a lo largo de todos
¿Qué piensa del libro electrónico? modos e intenciones entre los críticos estos años hay muchos “autores de la
La censura del Mercado, con una ¿Cómo prepara Anagrama su oferta literarios españoles y los del resto de casa” escribiendo y ocupando (feliz-
enorme mayúscula, favorable al best- para iniciarse en ese mercado que Europa? mente) buena parte de nuestro espa-
seller de rápida rotación, a la novela parece inevitable? cio editorial. Pero, por poner ejemplos
“histórica”, a la literatura femenina Estamos en una época en la que más o menos recientes, hemos publi-
sentimental, a los vampiros y deriva- Las opiniones contundentes me el papel del crítico como prescriptor, cado obras de autores inéditos como
dos, a las novelas miméticas de parece que parten de información como mandarín ejerce una influencia Kiko Amat, el chileno Alejandro
mayor o menor o nula valía, etcétera. insuficiente. Imagino que, al menos menor, tanto en España como en el Zambra o ahora mismo el mexicano
en el ámbito de la buena literatura resto de los países. Su influencia se Juan Pablo Villalobos.
La absorción de unas editoriales coexistirá en el futuro (ahora apenas ha visto adueñada por otras variantes
por otras, ¿no anula la diversidad? empieza el preámbulo) el libro elec- de los medios de comunicación,
1 Por razones de espacio, no reproducimos la
trónico con el libro en papel. La plata- entrevistas, reportajes, incluso prensa
lista de libros secuestrados y desaconsejados
En efecto. Y ello tiene unos resul- forma Libranda, de los tres grandes rosa. Y los suplementos literarios que el señor Herralde nos facilitó. Quien lo
tados nefastos para la salud cultural grupos editoriales, invitó a Anagrama, tienden a desaparecer (sólo dos sub- desee, puede consultarla en nuestra web.

Periódico cultural gratuito


disponible también en internet
ISSN: 1989-1121
Depósito Legal MA-577-2008

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