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En entradas anteriores María nos ha comentado algunos detalles sobre los problemas
sociales y ambientales que lleva consigo la producción textil en países de Asia que ella pudo
conocer con sus propios ojos.

Es interesante conocer con mayor profundidad el proceso de cultivo de la materia prima del
tejido natural más importante en términos de consumo mundial: 

El algodón es la mercancía no alimenticia más importante de la agricultura, responsable de la


liberación de 2 mil millones de dólares anuales de pesticidas químicos cada año (unos mil
quinientos millones de euros), dentro de los cuales al menos 819 millones de dólares (600
millones de euros) son considerados como peligrosos por la Organización Mundial de la
Salud, debido a su toxicidad. Esta cantidad supone una media de casi 1 kilogramo de
pesticidas peligrosos por cada hectárea de algodón cultivado. Otro dato relevante es que a
pesar de representar sólo el 2,5 % de la tierra mundial cultivada, el algodón es responsable
de la liberación del 16% de todos los insecticidas, lo que supera a cualquier otro cultivo.
Puede decirse sin lugar a dudas que el algodón es el más ³sucio´ de todos los cultivos.

Consecuencias para la salud y el medio ambiente.

El 75 % de la producción mundial de algodón la realizan países del tercer mundo,


principalmente de Asia (China e India a la cabeza), África Occidental y América del Sur. En
estos países, los riesgos ya inherentes al uso de pesticidas peligrosos se incrementan
considerablemente debido a la deficitaria formación, condiciones de trabajo y situación
socioeconómica de los agricultores de algodón: pobreza, falta de equipos de protección,
analfabetismo, mal etiquetado de los pesticidas, falta de conocimientos sobre los riesgos de
los mismos, etcétera.

Los envenenamientos son muy frecuentes y se producen tanto de forma aguda, cuando se
produce una exposición única a una elevada dosis del pesticida, como crónica cuando se
produce una exposición repetida al tóxico por un mayor período de tiempo.

El envenenamiento agudo provoca en las víctimas calambres de las extremidades inferiores,


que que lleva a la falta de coordinación y parálisis. Altas dosis pueden provocar perdida de la
consciencia, convulsiones y muerte. He aquí un testimonio recogido en África Occidental:

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Los síntomas del envenenamiento crónico se manifiestan más a largo plazo. Las victimas se
van enfermando gradualmente a lo largo de meses o años, hasta que desarrollan alguno o
varios de los síntomas de neurotoxicidad, como disminución de la memoria y la
concentración, desorientación, depresión severa, irritabilidad, dolores de cabeza, dificultades
en el habla, tiempo de reacción retardado, pesadillas, sonambulismo e insomnio. Pero
todavía más grave es que algunos de los síntomas pueden aparecer mucho más tarde o
incluso en la siguiente generación, como dificultades de aprendizaje, pubertad acelerada o
infertilidad. Otros síntomas a largo plazo incluyen teratogénesis (induciendo a
malformaciones fetales) y mutaciones del ADN.

Los pesticidas están diseñados para matar, repeler o inhibir el crecimiento de organismos
vivos, incapacitando procesos biológicos esenciales para el mantenimiento de la vida. Muchos
de estos sistemas son comunes entre las distintas especies del reino animal, como el sistema
nervioso y reproductivo, y esto hace que no solo afectan a la fisiología de las especies que
intentan controlar sino también a los humanos. Los niños son especialmente vulnerables a
los efectos negativos de estos tóxicos, por su menor tamaño corporal, diferente metabolismo
y rápido desarrollo y crecimiento del organismo.
Los accidentes mortales como el relatado en el testimonio anterior no representan
desafortunados accidentes aislados. En África Occidental por ejemplo, los pesticidas se
almacenan frecuentemente en la propia casa, ya que pocas comunidades agrícolas disponen
de instalaciones para almacenarlos bajo llave o aislados. Los envases de pesticidas
generalmente se reutilizan después de su uso como recipientes para transportar agua
potable, debido a la escasez de agua corriente en las casas. Además, las mujeres suelen
utilizar los mismos utensilios de cocinar para limpiar la ropa y el material de trabajo de las
fumigaciones, porque no disponen de otros. Por otra parte, los agricultores no pueden
disponer de suministros de los fitosanitarios adecuados para los cultivos alimentarios locales
y por ello utilizan los mismos pesticidas del algodón, fácilmente disponibles.

Contaminación de las aguas y cadena alimentaria.

Numerosos estudios realizados en los países productores de algodón más importantes como
Estados Unidos, India, Paquistán, Uzbekistán, Brasil, Australia, Grecia y en África Occidental
han documentado niveles detectables de pesticidas peligrosos.

El cultivo de algodón además de estar destinado a la producción de fibra de algodón para el


sector textil también produce alrededor de 34 millones de toneladas de semilla de algodón
cada año, que se utilizan tanto para la alimentación animal como para la obtención de aceite
de semilla de algodón para consumo humano. Este tipo de aceite representa el 8% del aceite
vegetal consumido mundialmente, localizado mayoritariamente en países africanos. Existen
datos que muestran que algunos pesticidas peligrosos aplicados en el algodón pueden
potencialmente contaminar tanto el aceite de semilla de algodón como los derivados
destinados a la alimentación animal.

También hay sólidas evidencias de que los resid uos consumidos por el ganado pueden
incorporarse a los productos alimentarios como huevos, leche y carne.

Por último señalar que debido al uso indiscriminado e irracional de insecticidas se teme que
el algodón que llega al mercado pueda estar fuertemente contaminado con residuos de
pesticidas.