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Santa, La Guardiana de los Libros de Judite

Los objetos que pongo delante del espejo pueden asombrarse: peines densos, horgu
illa de la Indonésia, champuses franceses, cofias de la parada de autobuses. Y m
ás: una gran nostalgia y una foto sacada de un calor insoportable en el que apar
ecen las gotas de mi sudor. Todavía conmigo hay una Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro de papelito, medio ablandado de vivir arriba de la nevera.
_ Yo dice: Voy a pensar.
_ Yo me quedo.
Aquí comienza mis días de fuga. Baje del autobus clandestino y me fui a trabajar
en una ciudad después del pacífico. Yo leía para una señora ciega. La casa era
grande y mi habitación inmensa. Jamás imagine que pudiese tener un empleo tan ma
ravilloso en la vida. Fue una frase suya que me dejó aturdida y boquiaberta. Me
quede con miedo de perder mi empleo.
_ ¡Ojo! Con mis libros porque un día todos desaparenceran. La muerte del libro e
stá a cerca – dijo Dueña Judite.
Volví para mí habitación y pense en las cincuentas candidatas que tuve que me op
onerme para lograr el empleo. En el día siguiente a la observación de la muerte
del libro ella me pidió para que yo le cuente mis sueños. Lo peor aún:
_ Al revés de contar sus sueños, quiero que soñemos el mismo sueño .... para con
frontarlos.
_ Imposible soñarmos el mismo sueño, Dueña Judite.
_ Saca de la boca palabras negativas si quieres seguir trabajando conmigo, Santa
.
Por un rato yo había sido muy dura. Iba a decir : _ ¿ Cómo sueñan los ciegos? Aú
n que me detuve y murmuré un “perdón”.
La luz del sol era resplandeciente en aquella casa. Yo misma preparaba mi comida
y ponía algunas sábanas en las ventanas para el sol no matar las plantas que em
pecé a cultivar allí. ¿Será que los libros vendrían a murrir de tanto sol? Dueña
Judite me pasaba la lista de los libros para comprar y ella intentaba la orden
de la lectura. Algunos lectores de mi afición ella odiaba. Pero hasta ahí, todo
bueno, yo entendia. Por la noche yo no leía porque ella siempre tenía visitas. D
ueña Judite no permitía que yo viese sus amigos. Otra cosa que yo sabía era a la
manera que ella se alimentaba. Sólo sé que yo oía muchas voces y me parecía muy
raro tanta festividad para quien es ciego. Quizá sea una exageración de mi part
e desvalorizar la capacidad de las personas, delante de tanta bohemia leer para
ella quedaba siendo inútil.
En la semana siguiente ella me pidió García Márquez, quería que yo comenzase con
“Nadie escribe al Coronel” y luego en la secuencia “Ojos de perro azul”. Me pid
ió también que señalase algunos trozos y pasasepara el ordenador. Extrané. De ot
ro modo, extrañaba todo ali.
Mientras el pobre coronel se dirigia más una vez al andén para saber si había la
bendita carta esperada, ella me pidió que parase:
_ Entonces, ¿ Con lo que has soñado? Me pregunto de pronto.
_ He soñado que estaba sentada en uno de eses balcones, el primer de la izquierd
a para la derecha. Mis nalgas formaban dos almohadas como una puesta del sol al
medio.
_! Qué sueño raro!
_ ¿ Entonces su culo era un sol?
_ Se poniendo.
_ ¿ Quién será usted para tener sueños tan raros? Pero sería un bello material p
ara Salvador Dalí.
Amarilleé, pero tuve ganas para decir.
_ Soy la persona paga para leer para la Señora. Nada más que eso. Yo pienso que
el sueño quedaría mejor en las manos de Botero.
_ Por Dios, un hombre que solo hizo mujeres llenas de grasa. Simple lectora ¿no
te parece? Yá tuve muchas lectoras, pero no así. Para decir la verdad estamos si
ntonizadas porque soñé con un sol eclipsado.
Aquel “culo” con lo que dijo con mucha fuerza era mucho sério. Yo no podría opon
erle. Dueña Judite era el tipo de persona que la primera opsición eliminaba la a
mistad. Ella pensaba que el dinero puede todo.
_ ¿ Puedo volver a la lectura? Pregunté para cambiar al tema.
_ ¿ El coronel yá leyó los períodicos del médico?
_ No. Él está decidiendo si vay a un funeral, pero yá alimentó al gallo.
_ Hum... deja García Márguez. Coge Virginia Woolf.
Cogí Virginia, pero ni siguiera abri “Al Faro”. Dueña Judite cismó con los diári
os de la autora inglesa. Hice la vista gorda. Empecé la lectura pensado en la hi
storia de los sueños. Por la noche, solamente en mi habitación comencé a digerir
la falta en soñar sueños iguales. Llegué a pensar en Raul Seixas .... “sueños q
ue se sueña sólo es solamente un sueño que se sueña pero sueños que se sueñan ju
ntos es realidad”. Decidi estar la detetive en aquella noche.
Me penetré en el bosque del jardín y me quedé escondida detrás de un árbol lejos
.Vi hombres y mujeres elegantes llegando. Dueña Judite seguía con las mismas gaf
as oscuras pero abrazaba las personas con desenvoltura y parecía ver a todo y a
todos.
“Dios mío”, ¿ pero que misterio será ese? “Comencé a juntar el rompecabezas: la
idea de soñarmos el mismo sueño debía venir de la influencia de Gárcia Márquez.
Yo yá había leído el cuento: “Me alquilo para soñar”. Pero se ella veía ¿por que
me pagaba para leer? Todo era muy diferente alí. Bien más tarde llegó un monovo
lumen con entregadores de comida y bebida. ¿Cómo puede una persona ciega hacer f
iesta todas las noches?
Cansé de espiar y me fui a dormir. Yo me despertaba muy temprano. Casi todos los
días iba a las librerías a buscar novedades. Me sentía muy feliz en ser paga po
r eso. Después de dos meses de trabajo hubo una noche que senti la falta de los
sonidos de las fiestas. Dueña Judite estaba sentada en una de sus habitaciones c
on un ordenador portátil en las piernas. Ella escribía.
ELLA ESCRIBE
Vi la frase bien larga, en caja alta, en mi pensamiento. Si ella escribe ¿por qu
e no leía? Bien ..... escribir es un ejercício táctil.
El día siguiente ella me preguntó sí había comprado el libro del Saramago sobre
la ceguera.
_ Ese Saramago es un enfadoso – dijo- pero necesito de esa lectura. ¿ El Borges
tiene algun libro hablando de los ciegos?
Me preguntó al medio del Saramago.
_ Necesito buscar - dice.
_ Aquella bruja, su mujer que lo debe saber.
Llamaba María Kodama de Bruja sin verla. Había un resentimiento en sus observaci
ones. Dueña Judite amargaba más que el fruto de la jurubeba. Parecia una lacraia
traidora. Yo odiaría tener que confiar en ella. Planeé buscar otro trabajo, per
o antes descobriria aquelle engaño.
_ ¿ Está infeliz aquí?
_ No. Estaba reflexionando sobre la lectura. ¿ También sería adivina?
_ Vou a ser sincera con usted.
Sacó las gafas y uno de los ojos era fondo, igual un hoyo.
_ Este aquí es bueno. Veo bien con él. No se quede tan asustada. Luego voy a pon
er un ojo de vidrio.
Cogió el ojo que veía y puso las gafas sobre la mesa.
_ Podría sido peor – dijo.
_ ¿Quién hizo eso en su ojo? – Pregunté.
_ Mi marido. Su proyecto era picar los dos.
_ ¿ Dónde está su marido?
_ Está viviendo ahí, bajo sus pies.
Miré el suelo asustada. Creo en espiritos y en energía.
_ Su espírito debe vivir dando vueltas en eso aqui.
_ Lo bueno que solo el espirito. Lo peor si fuese materializado.
_ ¿Ustede le mató?
_ Con una pala. Di dos paladas en su cabeza. Fue más fácil de lo que imaginaba.
Pero tengo atestado de óbito y hice el entierro y otras cosas. Mi plano era ant
icuo y este salón de piedra vivía en obras. Finalmente las reformas en la casa s
e acabaron.
En aquella mañana se fue al aeropuerto. Entró en el avión. Sentó. Abrió su malet
ita y vio que había olvidado en casa el original que llevaría para la editora. C
ogió un táxi y vino aqui en casa. La tele estaba encendida y oímos la notícia qu
e el avión que él cogería había esplotado en el aire. Doscientas personas murier
on carbonizadas. Entonces yo tuve la idea de acabar con él y en trés minutos lo
hice todo.
_ ¿ Y la polícia? ¿Y el funeral?
_ Era un hombre muy desconfiado. Su maletita era a la prueba de fuego, água y ba
la. Una verdadera caja negra. Mostré a la polícia el billete, la maleta ( que tu
ve el cuidado de ponerla en una hoguera con gasolina), robé un cuerpo quemado en
los escombros y hice el funeral. Él está murtito, muertito.
_ ¡ Dios mío! ¡ Que maldad! Él era un escritor......
_ Maldad era lo que hacia conmigo. Sigue siendo escritor. Hago libros con su nom
bre. Digo para las editoras que me dejó centenas de manuscritos.
_ ¿ Por que não se lanza con su nombre?
_ No vendería tanto como él.
_ ¿ Se ve por que necesita de alguién para leer?
_ Necesito ahorrar mi vista sana. Es necesario alguién inteligente a mí lado que
comulgue conmigo y con mis ideas. Usted es la persona ideal. ¿Quiere dividir co
nmigo la colaboración de los libros Santa?
_ Y esas fiestas que hace todas las noches .... el dinero que gasta ....
_ Tengo dinero para unas diez vidas. Necesito inspirarme en la compañía de escri
tores. Ofrezco bebidas para ellos y me hablan de proyectos de libros que jamás s
erán publicados. Siendo así, no me ha contestado. ¿ Quieres dividir conmigo las
glórias de un escritor?
_ Voy a pensar. Yo dice vou a pensar. Pero me quede.

Santa, La Guardiana de los Libros de Judite


Los objetos que pongo delante del espejo pueden asombrarse: peines densos, horgu
illa de la Indonésia, champuses franceses, cofias de la parada de autobuses. Y m
ás: una gran nostalgia y una foto sacada de un calor insoportable en el que apar
ecen las gotas de mi sudor. Todavía conmigo hay una Nuestra Señora del Perpetuo
Socorro de papelito, medio ablandado de vivir arriba de la nevera.
_ Yo dice: Voy a pensar.
_ Yo me quedo.
Aquí comienza mis días de fuga. Baje del autobus clandestino y me fui a trabajar
en una ciudad después del pacífico. Yo leía para una señora ciega. La casa era
grande y mi habitación inmensa. Jamás imagine que pudiese tener un empleo tan ma
ravilloso en la vida. Fue una frase suya que me dejó aturdida y boquiaberta. Me
quede con miedo de perder mi empleo.
_ ¡Ojo! Con mis libros porque un día todos desaparenceran. La muerte del libro e
stá a cerca – dijo Dueña Judite.
Volví para mí habitación y pense en las cincuentas candidatas que tuve que me op
onerme para lograr el empleo. En el día siguiente a la observación de la muerte
del libro ella me pidió para que yo le cuente mis sueños. Lo peor aún:
_ Al revés de contar sus sueños, quiero que soñemos el mismo sueño .... para con
frontarlos.
_ Imposible soñarmos el mismo sueño, Dueña Judite.
_ Saca de la boca palabras negativas si quieres seguir trabajando conmigo, Santa
.
Por un rato yo había sido muy dura. Iba a decir : _ ¿ Cómo sueñan los ciegos? Aú
n que me detuve y murmuré un “perdón”.
La luz del sol era resplandeciente en aquella casa. Yo misma preparaba mi comida
y ponía algunas sábanas en las ventanas para el sol no matar las plantas que em
pecé a cultivar allí. ¿Será que los libros vendrían a murrir de tanto sol? Dueña
Judite me pasaba la lista de los libros para comprar y ella intentaba la orden
de la lectura. Algunos lectores de mi afición ella odiaba. Pero hasta ahí, todo
bueno, yo entendia. Por la noche yo no leía porque ella siempre tenía visitas. D
ueña Judite no permitía que yo viese sus amigos. Otra cosa que yo sabía era a la
manera que ella se alimentaba. Sólo sé que yo oía muchas voces y me parecía muy
raro tanta festividad para quien es ciego. Quizá sea una exageración de mi part
e desvalorizar la capacidad de las personas, delante de tanta bohemia leer para
ella quedaba siendo inútil.
En la semana siguiente ella me pidió García Márquez, quería que yo comenzase con
“Nadie escribe al Coronel” y luego en la secuencia “Ojos de perro azul”. Me pid
ió también que señalase algunos trozos y pasasepara el ordenador. Extrané. De ot
ro modo, extrañaba todo ali.
Mientras el pobre coronel se dirigia más una vez al andén para saber si había la
bendita carta esperada, ella me pidió que parase:
_ Entonces, ¿ Con lo que has soñado? Me pregunto de pronto.
_ He soñado que estaba sentada en uno de eses balcones, el primer de la izquierd
a para la derecha. Mis nalgas formaban dos almohadas como una puesta del sol al
medio.
_! Qué sueño raro!
_ ¿ Entonces su culo era un sol?
_ Se poniendo.
_ ¿ Quién será usted para tener sueños tan raros? Pero sería un bello material p
ara Salvador Dalí.
Amarilleé, pero tuve ganas para decir.
_ Soy la persona paga para leer para la Señora. Nada más que eso. Yo pienso que
el sueño quedaría mejor en las manos de Botero.
_ Por Dios, un hombre que solo hizo mujeres llenas de grasa. Simple lectora ¿no
te parece? Yá tuve muchas lectoras, pero no así. Para decir la verdad estamos si
ntonizadas porque soñé con un sol eclipsado.
Aquel “culo” con lo que dijo con mucha fuerza era mucho sério. Yo no podría opon
erle. Dueña Judite era el tipo de persona que la primera opsición eliminaba la a
mistad. Ella pensaba que el dinero puede todo.
_ ¿ Puedo volver a la lectura? Pregunté para cambiar al tema.
_ ¿ El coronel yá leyó los períodicos del médico?
_ No. Él está decidiendo si vay a un funeral, pero yá alimentó al gallo.
_ Hum... deja García Márguez. Coge Virginia Woolf.
Cogí Virginia, pero ni siguiera abri “Al Faro”. Dueña Judite cismó con los diári
os de la autora inglesa. Hice la vista gorda. Empecé la lectura pensado en la hi
storia de los sueños. Por la noche, solamente en mi habitación comencé a digerir
la falta en soñar sueños iguales. Llegué a pensar en Raul Seixas .... “sueños q
ue se sueña sólo es solamente un sueño que se sueña pero sueños que se sueñan ju
ntos es realidad”. Decidi estar la detetive en aquella noche.
Me penetré en el bosque del jardín y me quedé escondida detrás de un árbol lejos
.Vi hombres y mujeres elegantes llegando. Dueña Judite seguía con las mismas gaf
as oscuras pero abrazaba las personas con desenvoltura y parecía ver a todo y a
todos.
“Dios mío”, ¿ pero que misterio será ese? “Comencé a juntar el rompecabezas: la
idea de soñarmos el mismo sueño debía venir de la influencia de Gárcia Márquez.
Yo yá había leído el cuento: “Me alquilo para soñar”. Pero se ella veía ¿por que
me pagaba para leer? Todo era muy diferente alí. Bien más tarde llegó un monovo
lumen con entregadores de comida y bebida. ¿Cómo puede una persona ciega hacer f
iesta todas las noches?
Cansé de espiar y me fui a dormir. Yo me despertaba muy temprano. Casi todos los
días iba a las librerías a buscar novedades. Me sentía muy feliz en ser paga po
r eso. Después de dos meses de trabajo hubo una noche que senti la falta de los
sonidos de las fiestas. Dueña Judite estaba sentada en una de sus habitaciones c
on un ordenador portátil en las piernas. Ella escribía.
ELLA ESCRIBE
Vi la frase bien larga, en caja alta, en mi pensamiento. Si ella escribe ¿por qu
e no leía? Bien ..... escribir es un ejercício táctil.
El día siguiente ella me preguntó sí había comprado el libro del Saramago sobre
la ceguera.
_ Ese Saramago es un enfadoso – dijo- pero necesito de esa lectura. ¿ El Borges
tiene algun libro hablando de los ciegos?
Me preguntó al medio del Saramago.
_ Necesito buscar - dice.
_ Aquella bruja, su mujer que lo debe saber.
Llamaba María Kodama de Bruja sin verla. Había un resentimiento en sus observaci
ones. Dueña Judite amargaba más que el fruto de la jurubeba. Parecia una lacraia
traidora. Yo odiaría tener que confiar en ella. Planeé buscar otro trabajo, per
o antes descobriria aquelle engaño.
_ ¿ Está infeliz aquí?
_ No. Estaba reflexionando sobre la lectura. ¿ También sería adivina?
_ Vou a ser sincera con usted.
Sacó las gafas y uno de los ojos era fondo, igual un hoyo.
_ Este aquí es bueno. Veo bien con él. No se quede tan asustada. Luego voy a pon
er un ojo de vidrio.
Cogió el ojo que veía y puso las gafas sobre la mesa.
_ Podría sido peor – dijo.
_ ¿Quién hizo eso en su ojo? – Pregunté.
_ Mi marido. Su proyecto era picar los dos.
_ ¿ Dónde está su marido?
_ Está viviendo ahí, bajo sus pies.
Miré el suelo asustada. Creo en espiritos y en energía.
_ Su espírito debe vivir dando vueltas en eso aqui.
_ Lo bueno que solo el espirito. Lo peor si fuese materializado.
_ ¿Ustede le mató?
_ Con una pala. Di dos paladas en su cabeza. Fue más fácil de lo que imaginaba.
Pero tengo atestado de óbito y hice el entierro y otras cosas. Mi plano era ant
icuo y este salón de piedra vivía en obras. Finalmente las reformas en la casa s
e acabaron.
En aquella mañana se fue al aeropuerto. Entró en el avión. Sentó. Abrió su malet
ita y vio que había olvidado en casa el original que llevaría para la editora. C
ogió un táxi y vino aqui en casa. La tele estaba encendida y oímos la notícia qu
e el avión que él cogería había esplotado en el aire. Doscientas personas murier
on carbonizadas. Entonces yo tuve la idea de acabar con él y en trés minutos lo
hice todo.
_ ¿ Y la polícia? ¿Y el funeral?
_ Era un hombre muy desconfiado. Su maletita era a la prueba de fuego, água y ba
la. Una verdadera caja negra. Mostré a la polícia el billete, la maleta ( que tu
ve el cuidado de ponerla en una hoguera con gasolina), robé un cuerpo quemado en
los escombros y hice el funeral. Él está murtito, muertito.
_ ¡ Dios mío! ¡ Que maldad! Él era un escritor......
_ Maldad era lo que hacia conmigo. Sigue siendo escritor. Hago libros con su nom
bre. Digo para las editoras que me dejó centenas de manuscritos.
_ ¿ Por que não se lanza con su nombre?
_ No vendería tanto como él.
_ ¿ Se ve por que necesita de alguién para leer?
_ Necesito ahorrar mi vista sana. Es necesario alguién inteligente a mí lado que
comulgue conmigo y con mis ideas. Usted es la persona ideal. ¿Quiere dividir co
nmigo la colaboración de los libros Santa?
_ Y esas fiestas que hace todas las noches .... el dinero que gasta ....
_ Tengo dinero para unas diez vidas. Necesito inspirarme en la compañía de escri
tores. Ofrezco bebidas para ellos y me hablan de proyectos de libros que jamás s
erán publicados. Siendo así, no me ha contestado. ¿ Quieres dividir conmigo las
glórias de un escritor?
_ Voy a pensar. Yo dice vou a pensar. Pero me quede.