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Ser Antisemita es Caer en Pecado Mortal: Respuesta al Antisemitismo de Ciertos


“Católicos”, por Teófilo de Jesús," Blogmaster, Vivificat!

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Dirijan sus comentarios o preguntas a: povblogmaster-vivificat1@yahoo.com.

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Tabla de Contenido

Tabla de Contenido .......................................................................................................... i


Introducción – La materia parva ..................................................................................... 1
Capítulo I – "La salvación proviene de los judíos"......................................................... 5
Capítulo II – La liturgia judía, semilla de la cristiana..................................................... 8
Capítulo III – El origen del antisemitismo y de la judeofobia: ..................................... 16
Capítulo IV – El Gran Exculpador................................................................................ 21
Capítulo V – Ser Antisemita es Vivir en Pecado Mortal .............................................. 40
Capítulo VI - El Antisionismo Como Taparrabos del Antisemitismo .......................... 51
Conclusión – En resumen ............................................................................................. 57
Apéndice – Nuestra Señora de Fátima y los Protocolos de los Sabios de Sión ............ 62

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Ser Antisemita es Caer en Pecado Mortal
Introducción – La materia parva
Amigos, en el mundo católico se encuentra de todo ya que en el Reino del Señor muchas
moradas hay. Así que no me sorprende la amplia gama de opiniones y tendencias que
existen dentro de la Iglesia, algunas de las cuales no se llevan con otras pero se
mantienen dentro de la Iglesia por amor al Señor que la fundó. La Barca de Pedro es una
nave amplia y maravillosa con muchos pasajeros dispares pero todos hermanos entre sí.
Sin embargo hay quienes rompen la armonía gracias a los odios y prejuicios que los
llevan a ser herejes y a romper con la unidad católica.

Me enfurece ver cómo algunos se escudan tras del catolicismo tradicional para poder
vociferar su antijudaísmo y antisemitismo. Si no fuera por esa clara tendencia, el blog
Santa Iglesia Militante caería dentro de los parámetros de la ortodoxia aunque tal vez
algo excéntrica pero la excentricidad de alguna persona o cosa es algo que de por sí no
me molesta. Yo soy excéntrico también, digo yo y no quiesiera que un lector se prejuicie
por mis manías, sean esas verdaderas o percibidas como tales.

Pero lo que no soy es un prejuiciado antijudío ni antisemita. Y tengo que apuntar esa
gamberrada que un alma perdida hace desde un supuesto catolicismo ortodoxo porque
quien calla, otorga y en este caso no puedo permanecer silente. Después del shoah, del
Holocausto, nunca más: guardar silencio es sacrilegio y mentira y por lo tanto, pecado
mortal.

Definiciones

El antisemitismo es un término que hace referencia al prejuicio o


la hostilidad abierta hacia los judíos como grupo generalizado.
Suele manifestarse en una combinación de prejuicios de tipo
religiosos, raciales, culturales y étnicos. Aunque la etimología
del término podría dar a entender que se trate de un prejuicio
contra los pueblos semitas en general, el término se usa en forma

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exclusiva para referirse a la hostilidad contra los judíos.

El antisemitismo puede manifestarse de muchas formas, desde formas de odio o


discriminación individuales, ataques de grupos nucleados con dicho propósito, o incluso
violencia policial o estatal.

Sin embargo, el antijudaísmo suele definírsele como un fenómeno más estrecho, que
recorre un gran espectro de actitudes que van desde la apologética cristiana dirigida al
judaísmo como religión - que desemboca, o al menos debería desembocar en la discusión
viva pero respetuosa de contrastes y diferencias - al odio ventral e irracional hacia el
judaísmo como religión así como hacia aquel que la profese. En esta última
manifestación el antijudaísmo no se distingue del antisemitismo y de hecho, para efectos
de este epígrafe, considero ambas actitudes como equivalentes.

Pliego acusatorio

Acuso al blog Santa Iglesia Militante y a su bitacorista de


desplegar con orgullo en su margen derecho un gráfico
enlazado a una farsa comprobada, la de Los protocolos de
los sabios de Sión la cual, según la Wikipedia, es un
panfleto antisemita publicado por primera vez en 1903, en
la Rusia zarista cuyo objetivo era justificar
ideológicamente los pogromos que sufrían los judíos. El
texto sería la transcripción de unas supuestas reuniones de los «sabios de Sion», en la que
estos sabios detallan los planes de una conspiración judía, la cual estaría en control de la
masonería y los movimientos comunistas, extendida por todas las naciones de la Tierra, y
tendría como fin último el hacerse con el poder mundial:

Los protocolos de los sabios de Sión es la publicación antisemita más famosa y


ampliamente distribuida de la época contemporánea. Sus afirmaciones acerca de
los judíos, que han sido desacreditadas repetidamente, continúan circulando hoy
en día, especialmente por internet. Los individuos y grupos que han utilizado este
texto están unidos por un propósito común: diseminar el odio a los judíos.[3]

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La publicación constituye un fraude histórico, como lo fueron antes el
descubrimiento del Hombre de Piltdown y más recientemente los Diarios de
Hitler.

Para colmo, el sitio despliega este fraude en su totalidad para el consumo de sus lectores
en sus archivos.

Propósito de esta publicación

Quiero aprovechar esta ocasión de chasco, vergüenza, insultos y embustes indignos


provenientes de un supuesto seguidor del Maestro y convertirla en una ocasión para
exponer la verdadera posición católica y para catequizar. El propósito de estos ensayos es
delinear esta respuesta catequética desde la Palabra - oral y escrita - y exponer la
adhesión del bitacorista (“blóguer”) al antisemitismo como una mentira, un insulto a la fe
y a la razón y como materia moral grave que lleva a quien la abrace libremente y con
pleno conocimiento al pecado mortal.

Hagamos esto claro desde el principio: la Iglesia Católica rechaza al antisemitismo:

Como es, por consiguiente, tan grande el patrimonio espiritual común a


cristianos y judíos, este Sagrado Concilio quiere fomentar y recomendar el mutuo
conocimiento y aprecio entre ellos, que se consigue sobre todo por medio de los
estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.

Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de
Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni
indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. Y, si
bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como
reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas
Escrituras. Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté
conforme con la verdad evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis
ni en la predicación de la Palabra de Dios.

Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres,


consciente del patrimonio común con los judíos, e impulsada no por razones

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políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los odios,
persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona
contra los judíos. (Concilio Vaticano II - Declaración Nostra aetate)

Encomendándome a Dios nuestro Señor, mi Roca, que adiestra mis manos para la
guerra, mis dedos para la batalla (Salmo 144:1) y a María Santísima, Nuestra Madre,
Torre de David, Arca de la Alianza, Reina de los Patriarcas y de los Profetas (Letanía
Lauretana), tratando de imitar al Maestro quien no se dejó influir por nadie, ni se fijó en
las apariencias, sino que de verdad enseñó el camino de Dios, (San Marcos XII:14) y sin
temor a la controversia que sé que surgirá a raíz de este escrito, empiezo.

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Capítulo I – "La salvación proviene de los judíos"
¿Por qué se dice eso? Primero, porque la salvación proviene de los judíos (San Juan IV:
22). Según la carne y su práctica religiosa cotidiana, Nuestro Señor era judío, de la tribu
misma de Judá, del linaje de David por su padre adoptivo, San José (San Mateo I: 1-17 y
San Lucas III: 23-38). Su Madre, María Santísima, era judía, emparentada con la tribu
sacerdotal de Leví a través de su prima Elisabet, casada con el sacerdote aarónico
Zacarías (San Lucas I:5 y I:36). Cuando Nuestra Señora cantó su Magnificat, ella
glorificó al Señor por haber acudido en ayuda de su siervo Israel y, cumpliendo su
promesa a nuestros padres, mostró su misericordia a Abraham y a su descendencia para
siempre (San Lucas I: 54-55). Similarmente, el sacerdote Zacarías en su Benedictus (San
Lucas I: 68-75), dijo:

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,


porque ha venido a redimir a su pueblo.
Nos envió un poderoso salvador
en la casa de David su siervo
(como lo prometió en el pasado por medio de sus
*santos profetas),
para librarnos de nuestros enemigos
y del poder de todos los que nos aborrecen;
para mostrar misericordia a nuestros padres
al acordarse de su santo pacto.
Así lo juró a Abraham nuestro padre:
nos concedió que fuéramos libres del temor,
al rescatarnos del poder de nuestros enemigos,
para que le sirviéramos con *santidad y justicia,
viviendo en su presencia todos nuestros días.

La promesa del Mesías Redentor solamente adquiere su significado dentro del judaísmo y
desde este, irradia hacia la Iglesia, el Nuevo Israel. Bien lo dijo San Pablo :

Desearía yo mismo ser maldecido y separado de Cristo por el bien de mis


hermanos, los de mi propia raza,el pueblo de Israel. De ellos son la adopción
como hijos, la gloria divina, los pactos, la ley, y el privilegio de adorar a Dios y

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contar con sus promesas.De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la
*naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado
sea por siempre! Amén. (Epístola a los Romanos IX: 4-5).

"Dios no ha rechazado a su pueblo"

Algunos piensan que la Iglesia ha sustituido al pueblo de Israel completamente y que las
promesas de Dios ya no aplican a este. Sin embargo, eso no es lo que dice las Sagradas
Escrituras:

Por lo tanto, pregunto: ¿Acaso rechazó Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera!
Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. Dios
no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció. (Epístola a los Romanos XI:
1-2a)

De hecho, esta frase de Nostra Aetate previamente mencionada hace eco de esta
enseñanza de San Pablo

Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos


como reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas
Escrituras...Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los
hombres, consciente del patrimonio comûn con los judíos, e impulsada no por
razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica,deplora los odios,
persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona
contra los judíos.

Esto es lo que la Iglesia Magisterial ha señalado como de fide respecto a los judíos de
antaño y los de ahora. Toda muestra de hostilidad hacia ellos representa una falta de
caridad evangélica. De este juicio severo la Iglesia ni a sí misma se eximió.

Y la misma Iglesia confiesa:

423 Nosotros creemos y confesamos que Jesús de Nazaret, nacido judío de una
hija de Israel, en Belén en el tiempo del rey Herodes el Grande y del emperador
César Augusto; de oficio carpintero, muerto crucificado en Jerusalén, bajo el

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procurador Poncio Pilato, durante el reinado del emperador Tiberio, es el Hijo
eterno de Dios hecho hombre, que ha "salido de Dios" (Jn 13, 3), "bajó del
cielo" (Jn 3, 13; 6, 33), "ha venido en carne" (1 Jn 4, 2), porque "la Palabra se
hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos visto su gloria, gloria que
recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad... Pues de su
plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia" (Jn 1, 14. 16). (Catecismo
de la Iglesia Católica: 423).

Atacar al pueblo judío del pasado, presente y futuro, es atacar los fundamentos de la
misma Iglesia y de insultar al Dios que escogió al pueblo judío, al Dios que se encarnó de
un judío de Madre judía y que tuvo por padre terreno un carpintero judío y cuya Iglesia se
asienta sobre la fe de Simón Bar Joná y de los otros apóstoles, todos judíos. Calumniar a
los judíos es calumniar al Dios que fundó a la Iglesia y a la Iglesia misma.

Ya lo dijo una vez el Papa Pío XII de felíz memoria: "Todos somos semitas." El católico
que enarbole opiniones antijudías cae dentro de la más profunda de las contradicciones.

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Capítulo II – La liturgia judía, semilla de la cristiana
La liturgia cristiana se deriva de la judía y la primera mantiene un contacto vivo con la
segunda. Esto es cierto se hable de la liturgia latina en cualquiera de sus dos formas, sea
la ordinaria o la extraordinaria, así como las liturgias bizantina, maronita, malabar, copta,
etc. El mismo enlace vital y derivativo existe entre la Liturgia de las Horas – el llamado
Oficio Divino o Breviario – y la disciplina judía de oración constante. De hecho, la
Iglesia exhorta a una mejor comprensión de la liturgia judía para así lograr una mejor
comprensión de la liturgia cristiana. Lo asevera así el Catecismo de la Iglesia Católica:

1096 Liturgia judía y liturgia cristiana. Un mejor conocimiento de la fe y la vida


religiosa del pueblo judío tal como son profesadas y vividas aún hoy, puede
ayudar a comprender mejor ciertos aspectos de la Liturgia cristiana. Para los
judíos y para los cristianos la Sagrada Escritura es una parte esencial de sus
respectivas liturgias: para la proclamación de la Palabra de Dios, la respuesta a
esta Palabra, la adoración de alabanza y de intercesión por los vivos y los
difuntos, el recurso a la misericordia divina. La liturgia de la Palabra, en su
estructura propia, tiene su origen en la oración judía. La oración de las Horas,
y otros textos y formularios litúrgicos tienen sus paralelos también en ella, igual
que las mismas fórmulas de nuestras oraciones más venerables, por ejemplo, el
Padre Nuestro. Las plegarias eucarísticas se inspiran también en modelos de la
tradición judía. La relación entre liturgia judía y liturgia cristiana, pero también
la diferencia de sus contenidos, son particularmente visibles en las grandes
fiestas del año litúrgico como la Pascua. Los cristianos y los judíos celebran la
Pascua: Pascua de la historia, orientada hacia el porvenir en los judíos; Pascua
realizada en la muerte y la resurrección de Cristo en los cristianos, aunque
siempre en espera de la consumación definitiva.

Para aquellos que nos hemos comprometido a rezar la Liturgia de las Horas, conocemos
de primera mano cómo los Salmos fueron y siguen siendo la oración por excelencia del
pueblo judío y ahora, de los seguidores de Jesucristo. Otra vez lo dice así el Catecismo de
la Iglesia Católica:

2579 David es, por excelencia, el rey "según el corazón de Dios", el pastor que
ruega por su pueblo y en su nombre, aquél cuya sumisión a la voluntad de Dios,
cuya alabanza y arrepentimiento serán modelo de la oración del pueblo. Ungido
de Dios, su oración es adhesión fiel a la promesa divina (cf 2 S 7, 18-29),
confianza amante y alegre en aquél que es el único Rey y Señor. En los Salmos,
David, inspirado por el Espíritu Santo, es el primer profeta de la oración judía y
cristiana. La oración de Cristo, verdadero Mesías e hijo de David, revelará y
llevará a su plenitud el sentido de esta oración.

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Quien bien reza los Salmos, entiende cómo los judíos los rezaban como prerrequisito
necesario a rezarlos como cristianos. De hecho, Jesús mismo fue un rabino y
frecuentemente usaba la dialéctica rabínica para proclamar el Reino de Dios. Esto es
doctrina católica, según el Catecismo:

581 Jesús fue considerado por los Judíos y sus jefes espirituales como un
"rabbi" (cf. Jn 11, 28; 3, 2; Mt 22, 23-24, 34-36). Con frecuencia argumentó en
el marco de la interpretación rabínica de la Ley (cf. Mt 12, 5; 9, 12; Mc 2, 23-
27; Lc 6, 6-9; Jn 7, 22-23). Pero al mismo tiempo, Jesús no podía menos que
chocar con los doctores de la Ley porque no se contentaba con proponer su
interpretación entre los suyos, sino que "enseñaba como quien tiene autoridad y
no como sus escribas" (Mt 7, 28-29). La misma Palabra de Dios, que resonó en el
Sinaí para dar a Moisés la Ley escrita, es la que en él se hace oír de nuevo en el
Monte de las Bienaventuranzas (cf. Mt 5, 1). Esa palabra no revoca la Ley sino
que la perfecciona aportando de modo divino su interpretación definitiva:
"Habéis oído también que se dijo a los antepasados ... pero yo os digo" (Mt 5,
33-34). Con esta misma autoridad divina, desaprueba ciertas "tradiciones
humanas" (Mc 7, 8) de los fariseos que "anulan la Palabra de Dios" (Mc 7, 13).

¿Y saben cuál es el libro del Viejo Testamento que Nuestro Señor citaba con más
frecuencia? El de los Salmos. Jesús rezaba con ellos frecuentemente y nos dejó ese amor
por los Salmos como uno de sus numerosos legados.

Pero sigamos explicando la conexión entre la liturgia cristiana y la judía. De acuerdo a la


Enciclopedia Católica de 1909:

Pero encontramos en uso mucho más que este núcleo esencial en cada Iglesia
desde el Siglo I. La Eucaristía se celebraba siempre al final de un servicio de
lecturas, salmos, oraciones y predicación, que era meramente una continuación
del servicio de la sinagoga. Así tenemos en todas partes esta doble función;
primero un servicio de sinagoga cristianizado, en el que se leen los libros
sagrados, se cantan salmos, se rezan oraciones por el obispo en nombre de
todos (respondiendo el pueblo “Amen” en hebreo, como lo hacían sus
antepasados judíos), y se pronunciaban homilías, explicaciones de lo que se
había leído, por el obispo o sacerdotes, tal como se había hecho en la sinagoga
por los letrados y ancianos (vg: Lucas, 4, 16-27). Esto es lo que se conoció
después como la Liturgia de los Catecúmenos. Luego seguía la Eucaristía, en la
que sólo estaban presentes los bautizados. Otros dos elementos del servicio en la
época más antigua desaparecieron pronto. Uno era la fiesta del Amor (agape)
que venía justo antes de la Eucaristía; el otro eran los ejercicios espirituales, en
los que la gente era movida por el Espíritu Santo a la profecía, a hablar en

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diversas lenguas, a curar a los enfermos por la oración, etc. Esta función – a la
que se refieren I Cor., 14, 1-14, y la Didaché, 10, 7, etc. – abría obviamente el
camino a desórdenes; desde el Siglo II gradualmente desaparece. El Ágape
Eucarístico parece haber desaparecido aproximadamente en la misma época. Las
otras dos funciones permanecieron unidas, y aún existen en las liturgias de todos
los ritos. En ellas, el servicio cristalizó en formas más o menos fijas desde el
principio.

El énfasis es mío.

Más claro no canta un gallo. Resulta que los católicos seguimos orando como judíos.
Cuando se ataca al judaísmo se ataca al origen y fundamento mismo de la liturgia
cristiana en todas sus expresiones. Ser antisemita y judeofóbico supone atacar el
fundamento mismo de nuestra vida litúrgica y de nuestro trato con Dios en la oración
personal. Esto es otra contradicción intolerable que enfrentan los antisemitas en sus
planteamientos.

En la próxima entrada abarcaré un tema relacionado, el del uso preferido – más bien
abuso – que el segmento cismático – ya lo veremos – del llamado tradicionalismo
católico hace del uso extraordinario de la liturgia latina, conocido popularmente como la
Misa de San Pío V, reautorizada recientemente gracias al Santo Padre Benedicto XVI y
celebrada corrientemente de acuerdo al Misal del Beato Papa Juan XXIII.

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Capítulo III – El rapto de la Misa Tridentina

Uno de los peores actos que los antisemitas y


judeofóbicos han podido cometer, ya que es
sacrílego por definición, es ocultarse detrás de
la venerable Misa Tridentina para proyectar
ante el mundo un aura de respetabilidad y de
catolicismo bueno, devoto y práctico y de este
modo tapar la vergüenza de su fechoría bajo un
manto de piedad. No hay nada más lejos de la
verdad que tener la falsa convicción que el
adorar a Dios a través de la Misa Tridentina le
concede a dicho adorador una licencia especial
para ser antisemita e inmunidad a las
consecuencias eternas de su odio racial y
religioso hacia el judío.

Este modo extraordinario de celebrar el Rito


Latino de nuestra Santa Misa, reciente y felizmente reautorizado por el Santo Padre
Benedicto XVI, ha sido raptado, es decir, secuestrado desde hace tiempo ya por una
minoría dentro de una minoría de católicos o excatólicos que, o gravitan al margen de la
Iglesia Católica como “católicos de cafetería” quienes, al igual que sus primos los
modernistas, se sirven de lo que gustan de la Iglesia “posconciliar” rechazando
simultáneamente lo que consideran objetable; o son ya miembros formales del cisma
tradicionalista en sus numerosas formas de “protesta” y “resistencia” ante lo que ellos
alegan ha sido la caída de la Iglesia Católica en una supuesta apostasía tras la clausura del
Concilio Vaticano II. Y aun dentro de estos grupúsculos cismáticos, creyentes de extrañas
apariciones marianas, de profecías estrambóticas y del sedevacantismo, no es posible dar
con una mayoría de antisemitas y judeofobos declarados. Sin embargo, como lo
demuestra la existencia de blogs como Santa Iglesia Militante, por ahí pululan como
leones rugientes buscando a quién devorar (1 Pedro V:8), teniendo sin duda apariencia de
sabiduría, con su afectada piedad, falsa humildad y severo trato del cuerpo, pero
impotentes ante los apetitos de su naturaleza pecaminosa (Colosenses II:23). Mas al
insolente no le gusta que lo corrijan, ni busca la compañía de los sabios (Proverbios
XV:12).

Antes que nada, quiero eximir claramente de toda acusación de cisma o antisemitismo a
la gran mayoría de católicos que prefieren expresar su fe dentro de la forma
extraordinaria de la Misa. Estos han permanecido fieles al Sucesor de Pedro y en la
comunión de la Iglesia Católica a través de una larga prueba y ahora comienzan a
disfrutar del fruto de su paciencia. No dirijo mi polémica hacia ellos. De hecho, en

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muchísimas cosas milito con ellos – es que, al fin y al cabo, entiéndase que no hay
“ellos” ni “nosotros”. Tenemos en común un mismo amor a la tradición y a la disciplina
litúrgica y sacramental católica; al decoro, a la modestia y a las artes plásticas y
musicales que ayudan a elevar al alma a Dios. En fin, que somos católicos.

Yo mismo, aunque no todos los domingos – ya que me debo a mi parroquia cuyos


sacerdotes celebran la forma ordinaria de la Misa con respeto a las rúbricas y al fin y al
cabo también, todas las misas son iguales y tienen el mismo valor infinito – acudo a la
forma extraordinaria en ocasiones especiales y mi hijo menor ya es monaguillo veterano
de la Misa en ambas formas con mi pleno consentimiento y apoyo. Es decir, la Misa
Tridentina me otorga un entorno afín a mi espiritualidad y en ese entorno tengo una gran
cantidad de amigos y conocidos con ideales similares a las mías cuya mayor virtud es
sentirse católicos y no miembros de un frente de resistencia contra Roma y la Iglesia
“posconciliar.”

Es por esto que en esta sección uso el escalpelo bíblico, doctrinal y retórico más agudo
que poseo en esta autopsia que le realizo al muerto-vivo del antisemitismo y objeto con
vehemencia al abuso de la Misa Tridentina departe de antisemitas para legitimar su odio.
La situación me compete directamente ya que no voy a permitir dentro de lo que pueda
influir que el cáncer del antisemitismo y la judeofobia vengan a recontaminar al Cuerpo
Místico de Cristo por esta brecha. Eso confirmaría la sospecha de muchísimos obispos
que ven en los católicos “tradicionales” sin distinción como una amenaza para la unidad
de la Iglesia local y universal, y para quienes cualquier amago de antisemitismo sería la
razón perfecta para denegar toda petición hecha bajo el auspicio de la Carta Apostólica
Summorum Pontificum para celebrar públicamente el uso extraordinario en sus diócesis.
Y de existir esta tendencia antisemita yo no los culparía si no concediesen tal
autorización. La forma extraordinaria de nuestra Misa se le profanaría si se permite que
sirva de nexo aglutinador para beneficio del colectivo antisemita.

Ni tampoco pretendo realizar un análisis detallado del fenómeno tradicionalista ya que


este análisis ha sido ejecutado por muchos, entre los cuales menciono a mi afamado
colega el apologista católico David Armstrong y su obra, Pensamientos acerca del
tradicionalismo católico (Pensées on Catholic Traditionalism). Y la inclinación
antisemita y judeofóbica de grupos cismáticos de mal llamados tradicionalistas católicos
ha sido un hecho documentado plenamente en los EE.UU., en donde el Southern Poverty
Law Center ha catalogado 14 organizaciones de esta calaña activas por todo el país.

Negación de la autoridad dogmática del Concilio Vaticano II

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Lo que sí me propongo delinear brevemente es algo que los
antisemitas y los tradicionalistas cismáticos o marginales tienen
en común y esto es esa protesta que hacen desde su
tradicionalismo extraviado contra las reformas del Concilio
Vaticano II y específicamente, contra la autoridad legítima,
obligatoria y perenne del legado documental conciliar. Los
líderes de esta tarea deconstructiva se encuentran principalmente
en la organización cismática conocida como la Fraternidad
Sacerdotal de San Pío X o FSSPX. Los antisemitas han
aprendido mucho de la “hermenéutica conciliar” de dicha
fraternidad, como ya veremos.

Sin entrar de lleno en una discusión del estatus canónico de la FSSPX o dilucidar si esta
alberga o no a antisemitas, hay que reconocer que sus ideológos son expertos en el
casuismo legalista que les lleva a atenuar, ameliorar, descomponer, disminuir y diluir con
sutilezas la autoridad apostólica del Concilio Vaticano II. Su propósito es relegar a dicho
Concilio a la irrelevancia y ahogar su magisterio universal bajo un río de palabras .

Por ejemplo estos señores son opositores férreos del ecumenismo, eso que el Concilio
Vaticano II precisamente describió como “las actividades y empresas que, conforme a las
distintas necesidades de la Iglesia y a las circunstancias de los tiempos, se suscitan y se
ordenan a favorecer la unidad de los cristianos,” De hecho, los Padres Conciliares
describieron a dichas actividades y empresas como

…en primer lugar, todos los intentos de eliminar palabras, juicios y actos que no
sean conformes, según justicia y verdad, a la condición de los hermanos
separados, y que, por tanto, pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones en
ellos; en segundo lugar, "el diálogo" entablado entre peritos y técnicos en
reuniones de cristianos de las diversas Iglesias o comunidades, y celebradas en
espíritu religioso. En este diálogo expone cada uno, por su parte, con toda
profundidad la doctrina de su comunión, presentado claramente los caracteres de
la misma. Por medio de este diálogo, todos adquieren un conocimiento más
auténtico y un aprecio más justo de la doctrina y de la vida de cada comunión; en
tercer lugar, las diversas comuniones consiguen una más amplia colaboración en
todas las obligaciones exigidas por toda conciencia cristiana en orden al bien
común y, en cuanto es posible, participan en la oración unánime. Todos,
finalmente, examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo con relación a la
Iglesia y, como es debido, emprenden animosos la obra de renovación y de
reforma.

Añadiendo que,

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Todo esto, realizado prudente y pacientemente por los fieles de la Iglesia
católica, bajo la vigilancia de los pastores, conduce al bien de la equidad y de la
verdad, de la concordia y de la colaboración, del amor fraterno y de la unión;
para que poco a poco por esta vía, superados todos los obstáculos que impiden la
perfecta comunión eclesiástica, todos los cristianos se congreguen en una única
celebración de la Eucaristía, en orden a la unidad de la una y única Iglesia, a la
unidad que Cristo dio a su Iglesia desde un principio, y que creemos subsiste
indefectible en la Iglesia católica de los siglos. (Decreto Conciliar Unitatis
Redintegratio, aprobado en 1964 por el Papa Pablo VI).

La FSSPX carece de una teología positiva del ecumenismo, concepto que ellos
deconstruyen con tanta vehemencia que para ellos la noción es prácticamente nula.
Podríamos decir que la suya es como el negativo fotográfico de la del Concilio. Ellos no
buscan “palabras, juicios y actos que no sean conformes, según justicia y verdad, a la
condición de los hermanos separados” y por lo tanto se preocupan poco o nada de que
estas “palabras, juicios y actos” dificulten nuestras mutuas relaciones. A la FSSPX no le
interesa conocer con toda profundidad la doctrina de las comuniones eclesiales separadas
ni sus características y mucho menos reconocen la demanda que la conciencia cristiana
hace para incrementar la cooperación entre las comunidades separadas y la Iglesia.

Antes bien, la FSSPX abraza una actitud solipsista en cuanto al ecumenismo, adoptando
una actitud anticuada con respecto a los hermanos separados que les lleva a afirmar que
la única vía abierta para la reunión de los cristianos es el regreso irreflexivo e
incondicional de los hermanos separados a la obediencia romana, algo que, curiosamente,
ni ellos mismos practican con respecto a la autoridad papal.

No nos debe de sorprender que ellos rechacen completamente la Declaración Nostra


Aetate y particularmente rechazan la invitación que los Padres Conciliares hicieron para
fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio entre los católicos y los judíos,
que se consigue sobre todo por medio de los estudios bíblicos y teológicos y con el
diálogo fraterno. Objetan también a la renuncia de la Iglesia de tratar a los judíos como
reprobados de Dios o malditos, “como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras” y el
deploro de los Padres Conciliares hacia todos “los odios, persecuciones y manifestaciones
de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.” Pare ellos los judíos
siguen siendo réprobos y malditos y dignos de ser tratados como tales.

Los antisemitas y judeófobos se apertrechan de estas municiones para anular también la


autoridad legítima, obligatoria y perenne del Concilio Vaticano II y particularmente, la de
la Declaración Nostra Aetate que de admitirse, desvirtuaría su propia legitimidad.

Al menos en esto los antisemitas razonan lógicamente.

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Pero no es fácil tapar el cielo con la mano

La naturaleza y carácter propios de un Concilio Ecuménico excluyen la posibilidad de


vetar sus declaraciones aprobadas por el Papa departe de fieles que carecen autoridad
alguna para ejercer tal veto:

Los Concilios Ecuménicos son aquellos cuyos


asistentes, todos obispos así como otras
autoridades reconocidas con derecho a votar
en sus deliberaciones, son convocados desde
todo el mundo (el “ekumené”) bajo la
presidencia del Papa o sus legados y cuyos
decretos, habiendo recibido confirmación
papal, obligan a todos los cristianos…Todos
los argumentos que prueban la infabilidad de
la Iglesia aplican con su máxima fuerza a la autoridad infalible de los concilios
generales en unión con el papa, ya que las decisiones conciliares son el fruto
maduro de la total energía vital del magisterio de la Iglesia actuado y dirigido
por el Espíritu Santo…Los concilios generales representan a la Iglesia universal
y por lo tanto requieren obediencia absoluta…

(Enciclopedia Católica, versión en inglés, artículo titulado General Councils [Concilios


Generales], extracto y traducción por este servidor).

Queda claro entonces que tanto los tradicionalistas marginales o cismáticos, como los
abiertamente antisemitas que se esconden tras el catolicismo tradicional para legitimar
sus posturas, mediante el uso de casuimos y vericuetos verbales, niegan la raíz misma de
la habilidad de la Iglesia Católica de enseñar con infalibilidad a través de un Concilio
Ecuménico como lo fue el Concilio Vaticano II, debidamente convocado por el Sucesor
de Pedro y confirmado en sus decretos por el Vicario de Cristo. De este modo, los
antisemitas hierguen su propia autoridad frente y en contra de la autoridad de la Iglesia
misma que ellos dicen amar y defender.

Vaya contradicción, hipocresía y chasco.

En la próxima sección discutiré el origen pagano y en el último término, diabólico, del


antisemitismo además de compartir una corta explanación del antisemitismo como actitud
sociopática y antisocial.

- 15 -
Capítulo III– El origen del antisemitismo y de la judeofobia: el
demonio, el mundo y la carne
Antes del nacimiento de Cristo el demonio, el mundo y la carne odiaban la simiente de
Abraham, Isaac y Jacob por una simple razón: porque de esa simiente nacería ese mismo
Mesías, Dios-con-nosotros, Jesucristo. Para evitar su eventual nacimiento de una virgen
judía los poderes del infierno intentaron destruir ese pueblo con tentaciones, guerras,
invasiones, y exilios. Pero cuando la voluntad de Dios se hizo plena en la historia y su
encarnación y nacimiento se convirtieron en hechos, los poderes malignos cambiaron de
estrategia, llegando a la conclusión de que para desvirtuar el amor de Dios y la Buena
Nueva del Reino, era mucho mejor engañar a cuantos cristianos fuese posible,
instigándolos a odiar a los judíos y de ese modo, contar con la Iglesia de aliada para
destruir esa simiente. El escándalo y el descrédito subsiguientes lograrían la destrucción
tanto del viejo Israel como del nuevo, matando así dos pájaros de un tiro.
Desgraciadamente y para nuestra vergüenza colectiva, muchos han sido los que han caido
y todavía caen en esa tentación, haciéndose cooperadores activos de esa tarea de
destrucción. Pero bien lo prometió Jesús: los poderes del infierno y de la muerte no
vencerán a la Iglesia (San Mateo XVI:18). Vamos a explorar estas tres dimensiones con
un poco de detalle.

El diablo como origen del antisemitismo y de la judeofobia

El diablo odia la creación material. Por eso es que busca desfigurarla como pueda. Eso de
que Dios ame a seres materiales con el mismo amor infinito que ama a seres espirituales
es algo intolerable para el príncipe del mal. De hecho, algunos teólogos conjeturan que la
rebelión satánica contra Dios se debió a que a este y a los ángeles rebeldes se les reveló la
Encarnación y ellos la rechazaron, según la Enciclopedia Católica de 1909:

Aunque nada definitivo pueda conocerse en cuanto a la naturaleza precisa del


juicio de los ángeles y la forma en la cual muchos de ellos cayeron, muchos
teólogos han hecho conjeturas, con algunas muestras de probabilidad, que el
misterio de la Divina Encarnación les fue revelado, que ellos vieron que una
naturaleza inferior a la suya debía ser hipostáticamente unido a la Persona de
Dios Hijo, y que toda la jerarquía del cielo debe postrarse en adoración ante la
majestad de la Palabra Encarnada; y esta, se supone, fue a razón para la
soberbia de Lucifer (cf. Suárez, De Angelis, lib. VII, xiii). Como podría esperarse,
los defensores de este punto de vista buscan apoyo en ciertos pasajes de las
Escrituras, especialmente en las palabras del Salmista tal y como son citadas en
la Carta a los Hebreos: “Al introducir al Primogénito en el mundo, dice: Que lo
adoren todos los ángeles de Dios”. (Hebreos 1,6; Salmo 96,7). Y si el duodécimo
capítulo del Apocalipsis puede ser tomado como referencia, al menos en sentido

- 16 -
secundario, a la caída original de los ángeles, puede parecer algo significativo
que este inicia con la visión de la Mujer y su Niño. Pero esta interpretación por
ningún motivo puede tomarse como segura, pues el texto en Hebreos 1, puede
referirse a la segunda venida de Cristo, y lo mismo puede decirse del pasaje en el
Apocalipsis.

Siguiendo esta conjetura es posible decir que la eventual Encarnación del Verbo pudo
ocurrir con el tiempo sin haber habido una Caída, sin haber entrado el Pecado en el orden
creado. El Verbo habría de tomar una naturaleza humana como muestra máxima del amor
de Dios y presencia eterna entre un mundo material cundido de paz, belleza, inocencia y
amor, de nuestros primeros padres no haber pecado. Eventualmente, María hubiese dado
a luz un Niño en un paraíso incorrupto ante el amor y asombro de una comunidad
humana santa y fiel a Dios. Sin embargo, la caída de nuestros primeros padres no cambió
el plan de Dios respecto a la Encarnación del Verbo, pero si cambió, en el orden del
tiempo, de la historia y de lo mutable de nuestra percepción, las circunstancias y el objeto
de esa Encarnación, la cual más allá de Presencia tendría como razón nuestro rescate y
salvación.

Si asumimos por un momento la certeza de esta conjetura, entonces podríamos concluir


que el demonio introdujo el mal en este mundo precisamente para evitar la Encarnación,
razonando tal vez que el Tres Veces Santo encontrara indigno de tener relación alguna
con cosas tan bajas y luego cundidas de pecado como esos seres híbridos de materia y
espíritu que se llaman “humanos”. Sin embargo, la voluntad eterna de Dios era la de
encarnarse y abrazar para sí la creación material. Cuando el demonio se dio cuenta que la
Providencia Divina estaba actuando en la historia de tal modo que uno de los
descendientes de Abraham, Isaac, Jacob, Judá y David habría de ser Dios-con-nosotros a
pesar del creciente pecado de los hombres, el demonio se decidió a destruir esos linajes.
No lo logró y por eso arde de furia contra ese pueblo hasta nuestros días.

La persistencia del pueblo judío hasta el día de hoy es y sigue siendo una prueba
fehaciente de que Dios existe y de que El cumple sus promesas. Destruir o desvirtuar ese
pueblo es una prioridad para el demonio para así negar la existencia de Dios y la verdad
de sus promesas. Quienes buscan destruir o desvirtuar el primer Israel participan de este
modo en una labor diabólica de destruir, si tan solo pudieran, las promesas de Dios.

El “mundo” como instigador del antisemitismo

Es en el Evangelio según San Juan donde encontramos una noción más bien negativa del
“mundo” (en griego, kosmos) que el Señor describe como algo que es desde indiferente
hasta abiertamente hostil a El y a sus discípulos. De acuerdo al Diccionario-Concordancia
de la Nueva Biblia Americana, en la literatura apocalíptica,

- 17 -
…el mundo significa la presente situación del orden creado, y el hombre dentro
de este, en enemistad con Dios, condenado a la corrupción y a la muerte, sobre el
cual el príncipe de este mundo posee dominio…Juan fue más allá. El “mundo” en
sus escritos puede significar también la totalidad de los hombres que se han
cerrado a propósito a la luz, respondiendo con odio a la misión de amor del
Hijo…

Otra manera de concebir el “mundo” es verlo como la suma de opiniones, actitudes e


indiferencias mal formadas cuyo colectivo encarnado en las mentes de las masas busca
forzar al amigo de Dios a conformarse a los antivalores del mundo simplemente porque
“todo el mundo lo hace,” porque “no estás jugando en equipo,” porque “tus creencias son
ridículas y tu comportamiento digno de oprobio.” “Camina con la manada” nos dice el
mundo, “no seas diferente, no pases por la molestia de ser diferente que nadie te hará
caso.” Y cuando la persuasión y la presión de grupo fallan, entonces el mundo utiliza la
fuerza bruta para mantener al amigo de Dios a la raya.

En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel se vió como víctima del “mundo”


numerosas veces. Cada vez que los pueblos circundantes, cada vez que cada invasor
tentaba o forzaba al Pueblo de Dios a conformarse con sus valores y sus creencias
paganas, vemos al “mundo” en acción en contra de la simiente de Abraham, Isaac y
Jacob. Esto lo vemos por los ojos de los profetas y del autor de libro primero y segundo
de los Macabeos según los preservamos en el deuterocanon de las Sagradas Escrituras.
Es particularmente en esos últimos dos libros en donde vemos el origen del antisemitismo
como tal, el alba del odium pagano hacia el judío simplemente por ser judío fiel a su
pueblo y a su religión y es precisamente ahí donde vemos el tipo del martirio cristiano
cuya lucha contra el mundo estaba porvenir.

El nuevo Israel del Nuevo Testamento, es decir, la Iglesia, es a la vez víctima y heredera
de esta tentación. Primero porque el Enemigo ahora usa al mundo contra la Iglesia con el
mismo objetivo y la misma saña con los trató al primer Israel: para diluirla y hacerla
desaperecer ante el embate del mundo que busca nuestra rendición ante sus antivalores
paganos.

Y segundo porque el mundo ha legado en herencia a la Iglesia precisamente esta triste


tentación del antisemitismo, habiéndola llevado varias veces a comprometerse con el
mundo y aliarse con el mundo contra el judío, llegando a bendecir la persecución
milenaria que el mundo realizaba contra el primer Israel y con el mismo objetivo: para
hacerle conformar y desaparecer como una entidad única y distinguible de entre el
concierto de las naciones, pero esta vez en nombre de su propio Mesías, manso Cordero y
Príncipe de la Paz, quien nunca odió a nadie. Al caer en esta tentación, la Iglesia,
desgraciadamente, olvidó sus orígenes judíos y las promesas de Dios con respecto a su

- 18 -
pueblo “según la carne.” El producto de esta tolerancia, a veces tácita, a veces activa, del
antisemitismo por parte de la Iglesia ha producido escándalo, odio y descrédito para la
Iglesia y como consecuencia, el achicamiento de su autoridad moral y profética para
predicar el Evangelio de manera convincente.

La Iglesia existe para oponérsele al mundo, no para pactar con este y esto es lo que hace
cuando persigue a los judíos. Y como la Iglesia no es algo externo a nosotros sino que
nos reune dentro de ella, nuestro deber individual es de no pactar con el mundo siendo
antisemita, reconociendo que la vocación de seguir a Dios sobre todas las cosas es algo
compartido entre el viejo y el nuevo Israel. La Iglesia no será antisemita en la medida que
nosotros, sus hijos, no lo seamos. Y eso es un objetivo verdadero, santo, bueno y
saludable para todo católico.

La “carne” como instigadora del antisemitismo

De acuerdo al Catecismo de la Iglesia Católica,

990 El término "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad


(cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6).

1852 La carta a los Gálatas opone las obras de la carne al fruto del Espíritu: ‘Las obras
de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería,
odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, envidias, embriagueces,
orgías y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo como ya os previne, que quienes
hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios’.

Noten cómo el Apóstol equipara lo que


comúmente se considera “pecados de la
carne” (fornicación, impureza,
libertinaje,embriagueces, orgías) con otros
que no vienen a la mente cuando se piensa
en “la carne”: odios, discordia, celos, iras,
rencillas, divisiones, disensiones, y
envidias. Para San Pablo, todos estos
pecados emanan del mismo origen: de la
carne caída y dada a la concupiscencia.

En fin, que podríamos localizar a “la


carne” en el desorden de los apetitos
inferiores, en las pasiones desordenadas y
en el oscurecimiento de las facultades

- 19 -
intelectuales del alma y su desplazamiento por el “pensamiento carnal” y concupiscente.

Si bien tanto el primer Israel como el segundo enfrentaron y siguen enfrentando pecados
de impureza sexual que amenazan a destruir a ambos desde adentro, yo quiero enfocarme
en ese otro aspecto de “la carne” en términos de la debilidad del hombre en su aspecto
psíquico y emocional como consecuencia del odio, discordia, celos, iras, rencillas,
divisiones, disensiones, y envidias de los que hablaba el Apóstol. Y es que quien entrega
su carne a estos desenfrenos sacrifica su salud psíquica, mental y emocional y
compromete su habilidad de pensar racionalmente.

Las neurastenias, complejos de persecución, comportamientos antisociales y la ideación


paranoica que lleva al antisemita y judeofóbico a ver conspiraciones donde simplemente
existen conexiones menores o imaginarias entre personas o instituciones; las obsesiones
morbosas, la búsqueda de la justificación del odio por el amor aunque parezcan ideas
contrarias; el empeño en juzgar al individuo por su etnia y no por el contenido de su
carácter; la exégesis selectiva y estrecha de las Sagradas Escrituras que lleva al antisemita
a justificar “el santo odio,” todo esto son frutos que la carne caída hacen crecer en la
mente del antisemita. Es un tipo de muerte en vida, un estado de coma, una disminución
de su capacidad humana de amar y comprender. La carne, en sus desenlaces más
extremos, llevó en el siglo pasado a muchas almas enfermas a cometer genocidio como
hoy día lleva muchas más al terrorismo.

El antisemitismo nace de la carne entregada a la concupiscencia. Su raíz yace en los


odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones,y envidias que los seres
humanos caídos cultivan entre sí. El daño psicológico que sufre el antisemita debido a su
entrega a la carne nubla su entendimiento, intelecto y voluntad. Según permanezca libre y
consienta libremente a los actos que dimanen de su “carne,” el antisemita cae en pecado
mortal grave. Pero veamos antes una de las “autoridades” que les exculpa.

- 20 -
Capítulo IV – El Gran Exculpador
Amigos, continúo con la polémica en contra del blog Santa
Iglesia Militante y su postura antisemita, judeofóbica y
pseudocatólica, así como de blogs afines que,
desgraciadamente, también existen. La existencia de esas
pobres bitácoras son una muestra más del “otro extremo” de la
confusión que reina entre tantos católicos latinoamericanos
referente al origen, propósito y fin del cristianismo católico e
ignorancia imprudente de la naturaleza y funciones de la Iglesia
jerárquica instituida por Cristo. Son el reflejo igual pero
opuesto de la extrema izquierda ideológica que vaporiza a la
Iglesia con su compromiso con el mundo y el análisis marxista.

Hemos visto esas idénticas tendencias en el rechazo continuo que estas almas enfermas –
como las hubiese llamado el estudioso estadounidense William James – hacen del
magisterio papal de Pío XII, del Beato Juan XXIII, de Pablo VI, Juan Pablo Magno y
Benedicto VI y por supuesto, del magisterio extraordinario e infalible del Concilio
Vaticano II. Es el mismo dulce con diferente palito.

Los antisemitas tienen sus propias autoridades y entre ellas destaca una figura a quien el
bitacorista de Santa Iglesia Militante refiere a sus lectores con frecuencia como la
autoridad “teológica” que le absuelve de su antisemitismo y quien le permite ser como es
sin que intervenga una conciencia molestosa. Me refiero a los escritos del sacerdote
argentino Julio Meinvielle y particularmente su libelo El Judío en el Misterio de la
Historia.

¿Quién fue el padre Julio Meinvielle?

De unas Notas Biográficas un tanto halagüeñas y de corte hagiográficas, escritas por el


sacerdote Dr. Arturo A. Ruiz Freites VE guardadas en el sitio-web dedicado a la memoria
del padre Meinvielle encontramos que

Julio Ramón Meinvielle nació en Buenos Aires el 31 de agosto de 1905. Estudió


en el entonces Seminario Pontificio de Villa Devoto doctorándose en Filosofía y

- 21 -
Teología. Se ordenó sacerdote el 20 de diciembre de 19304. Mientras
recopilamos más material acerca de las primeras etapas de su vida, comenzamos
aquí a partir del momento en que Julio Meinvielle se asoma a la vida pública
eclesiástica y civil en Argentina, cobrando notoriedad El año 1932 es el exordio
de su actividad de publicista, comienza a difundir sus escritos y su pensamiento
en los que se ocupa desde un primer momento con luminosa clarividencia de la
plasmación social y política del cristianismo en la Cristiandad y la “cuestión
social” del mundo moderno: en efecto, de esa fecha data la primera edición de su
magistral Concepción Católica de la Política, obra de pensamiento ya
tempranamente maduro, editada en Buenos Aires por los Cursos de Cultura
Católica y que conocería tres sucesivas reediciones en 1941, 1961 y 1974
(póstuma). Un tal libro no nace de la nada, está detrás un ambiente, una
actividad intelectual y apostólica, una gran personalidad. En efecto, desde 1922
había comenzado por obra de unos beneméritos pioneros católicos la magna
empresa de los Cursos de Cultura Católica que tantos frutos diera para la
intelectualidad argentina…Falleció el 2 de agosto de 1973 víctima de un
accidente en la avenida Nueve de Julio. El último mes de su vida, que lo pasó
postrado en cama, como consecuencia de las muchas fracturas que sufrió al ser
atropellado por un auto, sin poder mover más que el antebrazo derecho, se lo pasó
desgranando las cuentas del Santo Rosario.

El esbozo biográfico del padre Meinvielle publicado en Filosofía.org también merece ser
leído por completo para obtener una información de otra vertiente polar opuesta acerca de
este caballero y balancear el cuadro un poco. Les presento un extracto breve:

Presbítero católico argentino y activo ideólogo antisemita, que en los años de la


guerra civil española mantuvo polémica con Jacques Maritain, defendiendo la
tesis de la guerra civil española como Guerra Santa (→ Qué saldrá de la España
que sangra, publicado en 1937 por los Jóvenes de la Acción Católica argentina).
Estudiante de Filosofía en el Seminario Pontificio de Buenos Aires, entre sus
compañeros de generación deben citarse Octavio Nicolás Derisi y Juan Sepich.
En 1934 intervino en la organización de la Acción Católica argentina, y en 1937
fundó la Unión de Scouts Católicos Argentinos (USCA). Fue uno de los
fundadores, el 9 de noviembre de 1948, de la Sociedad Tomista Argentina, cuya

- 22 -
primera junta directiva la formaban el jurista Tomás Casares como presidente, el
entonces canónigo Octavio Nicolás Derisi y el filósofo Nimio de Anquín como
vicepresidentes, y el presbítero Julio Meinvielle como secretario. Graciela Ben-
Dror, La Iglesia Católica en Argentina y el pueblo judío durante el Holocausto,
1933-1945 (tesis doctoral en filosofía, en hebreo, defendida en 1993 en la
Universidad Hebrea de Jerusalén), ha estudiado la influencia que la propaganda
antisemita de este prolífico escritor que fue el presbítero católico Julio Meinvielle
ha tenido en la Argentina y en otras repúblicas americanas, no sólo en los años
del Holocausto, sino más adelante. En los años sesenta Julio Meinvielle fue el
adalid espiritual e ideológico del violento y activo grupo antisemita Tacuara,
integrado por jóvenes de la oligarquía argentina. Uno de los discípulos de
Meinvielle fue Jordán Bruno Genta, autor de Guerra Contrarrevolucionaria:
doctrina Politica (Buenos Aires 1965). También ha sido importante la influencia
de Meinvielle en el ideólogo nacionalista católico argentino Alberto Buela Lamas
(su primer libro, El ente y los trascendentales, 1972, fue apadrinado por un
prólogo de Julio Meinvielle), y en su hermano, el presbítero Carlos Miguel Buela
Lamas, fundador en 1984 del Instituto del Verbo Encarnado (autor de un
opúsculo in memoriam de Meinvielle). Para sus trabajos recibió Meinvielle
apoyo de la Fundación Pérez Companc. Colaboró en la revista Mikael (editada
en Paraná, Provincia de Entre Ríos) y en Gladius…

Síganlo leyendo aquí.

La “Vía Media” del P. Meinvielle

De acuerdo a ambas fuentes, el P. Meinvielle accedió a la fama dentro de lo círculos


intelectuales de la Argentina de la década del 1930 a raíz de su disputa con el filósofo
tomista francés Jacques Maritain, quien proponía una reconciliación entre el pensamiento
tomista y la propuesta del estado liberal, síntesis a la que el P. Meinvielle se oponía
tenazmente.

Las polémicas del tiempo fueron complejas y fascinantes y mucho es lo que estaba en
juego. Era una era en la cual tanto el fascismo, el nazismo, el liberalismo y el marxismo
podían ser discutidos seriamente como soluciones viables, pero contrarias, en las aulas

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académicas y no solamente en las calles de la Argentina hirviente del primer tercio del
siglo XX.

Me parece que el P. Meinvielle buscaba definir por sí mismo una postura “centrista,” una
especie de vía media que le permitiese condenar y alabar simultáneamente cualquier
objeto de estudio. Por ejemplo, consideren este juicio sobre el fascismo efectuado por el
P. Meinvielle que se puede leer en la página 17 de las Notas Biográficas del sacerdote Dr.
Arturo A. Ruiz Freites VE :

Ejemplo #1

El análisis y juicio que formulamos aquí del Fascismo tiene en cuenta únicamente
su enunciado doctrinario. Considerado así no es posible, bajo el aspecto de la
doctrina católica formular de él sino un juicio severo y terminante, ya que es una
aplicación a la política del panteísmo hegeliano. Pero el Fascismo puede
considerarse también en su realización concreta y entonces no es sino una
reacción económico-política contra el demoliberalismo, que puede llegar, no sólo
a ser sano, sino hasta católico, de acuerdo al medio en que se desenvuelva. Bajo
este aspecto le he considerado en otros libros míos, particularmente en Un juicio
católico sobre los problemas nuevos de la política, adonde remito al lector.
Recomiendo también el excelente libro de César E. Pico, Carta a Jacques
Maritain sobre la colaboración de los católicos con los movimientos de tipo
fascista. Con respecto al nacional-socialismo puede verse el libro mío Entre la
Iglesia y el Reich.

A todas luces, el P. Meinvielle podía concebir un “fascismo católico” libre de influencias


panteístas hegelianas, como reacción sana y hasta católica contra la democracia liberal.

A más de 50 años del fascismo en todas sus facetas y mutaciones el único juicio que yo
me atrevo a contraponer es que el fascismo, pagano o bautizado – y últimamente
reengendrado en las mezquitas del islamismo terrorista – no ha servido nada más que
para matar gente. Ninguno de estos sistemas ha servido al bien social de los pueblos que
lo sufren o han sufrido y no comprendo cómo el P. Meinvielle pretende levantarse sobre
todos los “-ismos” y sin embargo puede concebir uno que puede ser “bautizado”
meramente por ser una reacción contra el “demoliberalismo.” Esta acrobacia que el P.

- 24 -
Meinvielle hace en esa cuerda floja es peligrosa tanto para el malabarista como para los
espectadores.

Ejemplo #2

Consideren este otro ejemplo de la propuesta “intermedia” que P. Meinvielle propone,


esta vez entre el nazismo alemán y el judaísmo:

La magnitud tan desconcertante de los acontecimientos que se desarrollan en el


mundo hace pensar, cada vez más seriamente, que estamos entrando en una
época, en la cual los hombres, olvidándose de las diferencias accidentales que
siempre los han dividido, como la nación, la clase, la lengua, se sientan divididos
por algo más profundo y auténtico como es la sangre que corre por sus venas.

Se pudo creer hasta hace poco que la sangre corría tan mixturada en las actuales
generaciones que era cosa completamente absurda clasificar por ella a los
hombres.

Sin embargo, yo mismo tuve oportunidad de poner en relieve, cómo hay un


pueblo, el pueblo judío, en el cual desde hace 4000 mil años corre la sangre de su
Padre Abrahán, y que se mantiene sin contaminarse y sin confundirse en medio
de todos los pueblos. La raza judía, la sangre judía, el pueblo judío – dígase lo
que se quiera para su gloria o para su vituperio – es inconfundible.

He aquí que es necesario llamar la atención ahora sobre la existencia de otro


pueblo antiquísimo y grande, el pueblo germánico, que hoy en el siglo XX de la
humanidad redimida, quiere levantar el poderío de su grandeza sobre la pureza
incontaminada de su raza y de su sangre, buscando reconstituir lo germánico, lo
ario, porque fuera de allí no puede existir nada bueno ni excelente.

Y si hay un problema judío, también se plantea ahora un problema germánico.


De este problema quiero ocuparme aquí. Y no para estudiarle en toda su
proyección histórica ni en todos sus aspectos sino tan solo, en algo profundo y
esencial como es la posición que el pueblo germánico quiere tomar frente a
Cristo.

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Si Cristo ha dicho y lo ha realizado en los dos mil años de Cristianismo que "'no
hay distinción de judío ni griego; ni de siervo ni libre; ni tampoco, de hombre ni
mujer; porque todos vosotros sois una cosa en Jesucristo". (San Pablo a los
Gálatas, III, 26) es evidente que ha de plantearse un problema angustioso dentro
de Alemania, entre aquellos que no quieren conocer más grandeza que el poderío
de su sangre y de su raza incontaminadas y aquellos otros que no quieren sino la
grandeza de haber sido redimidos con la sangre de Jesucristo. Es evidente que ha
de plantearse en Alemania una lucha, lucha gigantesca, la más tremenda quizás
de su historia, entre la Alemania que quiere ser pagan, y la que quiere
conservarse cristiana, entre la Iglesia y el Reich.

Así comienza un largo ensayo enfocado en el “problema germano” al cual el P.


Meinvielle hace moralmente equivalente al “problema judío,” atacando al nacional-
socialismo alemán con un ánimo que me recuerda a los escritos de Hillaire Belloc. Se
titula Entre la Iglesia y el Tercer Reich. Intuye una postura católica entre el nazismo y el
judaísmo a los cuales ve como dos lados de la misma moneda de lo que el P. Meinvielle
califica a su modo de ver como “carnal” y “gnóstico.”

Pero no es en este escrito que P. Meinvielle analiza el “problema judío” si no este, el ya


mencionado El Judío en el Misterio de la Historia. Es ahí donde el P. Meinvielle
desplegará su teoría de un “antisemitismo intermedio” – aunque él no lo llama así ya que
a su modo de ver las cosas, él nunca se vio a sí mismo como un antisemita.

El Judío en el Misterio de la Historia: Una Obra Lamentable

Al intento de mantener un balance entre dos extemos, o de “triangular” extremos


opuestos que describí arriba, el P. Meinvielle añade una técnica de retórica que podemos
ver en San Pablo y es la de adular al adversario precisamente en el mismo punto que más
tarde habría de criticarlo. Sin embargo, el P. Meinvielle lleva a esta técnica a un extremo
apabullante. Esto lo vemos claramente en su libro El Judío en el Misterio de la Historia,
escrito en 1936, un libro aparentemente publicado sin autoridad eclesiástica ya que no
contiene el nihil obstat ni el imprimatur de rigor que normalmente se ven en libros que
transmiten la enseñanza auténtica de la Iglesia y que eran de rigor en aquellos tiempos.

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Es una obra peculiar porque es en este libro que, mediante el uso de los estilos
previamente descritos, el P. Meinvielle atenta una alquimia literaria en donde logra una
amalgama de aparentes puntos de vista opuestos pero desbalanceados. Este desbalance
que es a veces discreto, a veces no, impulsa su tesis central de que los judíos, como raza,
como pueblo y como individuos, aunque muchas veces son dignos de encomio, son más
aun dignos de infamia y desprecio. Vamos a ilustrarlo, empezando por el prólogo, el cual
hay que citar casi por completo:

No es posible disimular que el tema del presente libro es sumamente difícil y


sumamente apasionante.

Difícil, porque el pueblo judío llena toda la historia de Dios y de los hombres.
¿Qué período de la historia se puede escribir sin mencionar a este pueblo? Sin
mencionar a este pueblo glorificándolo o condenándolo, pero es forzoso hacer
mención de él. Dos son los misterios de la historia, ha dicho un escritor judío
(Ed. Fleg, JESUS RACCONTÉ PAR LE JUIF ERRANT, p. 177): ¡Jesús es un
misterio como Israel es un misterio! Y cuando ponéis juntos estos dos misterios,
¿queréis que os diga lo que pasa? Hay un tercer misterio más misterioso, él solo,
que los otros dos!

Apasionante, porque ¿quién puede ocuparse del judío sin un sentimiento de


admiración o de desprecio, o de ambos a la vez? Pueblo que un día nos trajo a
Cristo, pueblo que le rechazó, pueblo que se infiltra en medio de otros pueblos,
no para convivir con ellos, sino para devorar insensiblemente su substancia;
pueblo siempre dominado, pero pueblo lleno siempre de un deseo insolente de
dominación.

Más apasionante aún ahora, porque la dominación de este pueblo, aquí y en


todas partes, va cada día siendo más efectiva. Porque los judíos dominan a
nuestros gobiernos como los acreedores a sus deudores. Y esta dominación se
hace sentir en la política internacional de los pueblos, en la política interna de
los partidos, en la orientación económica de los países; esta dominación se hace
sentir en los ministerios de Instrucción Pública, en los planes de enseñanza, en la
formación de los maestros, en la mentalidad de los universitarios; el dominio

- 27 -
judío se ejerce sobre la banca y sobre los consorcios financieros, y todo el
complicado mecanismo del oro, de las divisas, de los pagos, se desenvuelve
irremediablemente bajo este poderoso dominio; los judíos dominan las agencias
de información mundial, los rotativos, las revistas, los folletos, de suerte que la
masa de gente va forjando su mentalidad de acuerdo a moldes judaicos; los
judíos dominan en el amplio sector de las diversiones, y así ellos imponen las
modas, controlan los lupanares, monopolizan el cine y las estaciones de radio, de
modo que las costumbres de los cristianos se van modelando de acuerdo a sus
imposiciones.

¿Dónde no domina el judío? Aquí, en nuestro país, ¿qué punto vital hay de
nuestra zona donde el judío no se esté beneficiando con lo mejor de nuestra
riqueza al mismo tiempo que está envenenando nuestro pueblo con lo más nefasto
de las ideas y diversiones? Buenos Aires, esta gran Babilonia, nos ofrece un
ejemplo típico. Cada día es mayor su progreso, cada día es mayortambién en ella
el poder judaico. Los judíos controlan aquí nuestro dinero, nuestro trigo, nuestro
maíz, nuestro lino, nuestras carnes, nuestro pan, nuestra l che, nuestras
incipientes industrias, todo cuanto puede reportar utilidad, y al mismo tiempo son
ellos quienes siembran y fomentan las ideas disolventes contra nuestra Religión,
contra nuestra Patria y contra nuestros Hogares; son ellos quienes fomentan el
odio entre patrones y obreros cristianos, entre burgueses y proletarios; son ellos
los más apasionados agentes del socialismo y comunismo; son ellos los más
poderosos capitalistas de cuanto dáncing y cabaret infecta la ciudad.

Diríase que todo el dinero que nos arrebatan los judíos de la fertilidad de nuestro
suelo y del trabajo de nuestros brazos será luego invertido en envenenar nuestras
inteligencias Y lo que aquí observamos se observa en todo lugar y tiempo.
Siempre el judío, llevado por el frenesí de la dominación mundial, arrebata las
riquezas de los pueblos y siembra la desolación. Dos mil años lleva en esta tarea
la tenacidad de su raza, y ahora está a punto de lograr una efectiva dominación
universal.

¡Y pensar que este pueblo proscrito, que sin asimilarse vive mezclado en medio
de todos los pueblos, a través de las vicisitudes más diversas, siempre y en todas

- 28 -
partes intacto, incorruptible, inconfundible, conspirando contra todos, es el linaje
más grande de la tierra! El linaje más grande, porque este linaje tiene una
historia indestructible de 6.000 años. El linaje más grande porque de él tomó
carnes el Cristo, Hijo de Dios vivo.

Y bien, este pueblo que aquí y en todas partes, ahora y en los veinte siglos de
civilización cristiana, llena todo a pesar de ser una infinitésima minoría, ¿qué
origen tiene?, ¿cómo y por qué se perpetúa?, ¿qué suerte le cabe en la historia?,
¿qué actitud hay que tomar frente a él? He aquí lo que espero explicar en los
capítulos siguientes.

Explicar, digo, porque estas páginas pretenden ser una explicación del judío, y en
este caso, la única posible, una explicación teológica. La Teología es la ciencia
de los misterios de Dios. Los misterios de Dios son los juicios inescrutables del
Altísimo que nos son conocidos cuando Él se digna manifestárnoslos. Sin su
manifestación jamás podríamos ni vislumbrarlos. Ahora bien, el judío, como
enseña la Teología católica, es objeto de una especialísima vocación de Dios.
Sólo a la luz teológica puede explicarse el judío. Ni la psicología, ni las ciencias
biológicas, ni aun las puras ciencias históricas pueden explicar este problema del
judío, problema universal eterno, que llena la historia por sus tres dimensiones;
problema que por su misma condición requiere una explicación universal y
eterna, que valga hoy, ayer y siempre. Explicación que, como Dios, debe ser
eterna; es decir, teológica.

¿Será menester advertir que estas lecciones, que tocan al vivo un problema
candente, no están de suyo destinadas a justificar la acción semita ni la
antisemita? Ambos términos tienden a empequeñecer un problema más hondo y
universal. En el problema judaico no es Sem contra Jafet quien lucha, sino
Lucifer contra Jehová, el viejo Adán contra el nuevo Adán, la Serpiente
contra la Virgen, Caín contra Abel, Ismael contra Isaac, Esaú contra Jacob, el
Dragón contra Cristo. La Teología Católica, al mismo tiempo que derramará la
luz sobre "el misterio ambulante" que es todo judío, indicará las condiciones de
convivencia entre judíos y cristianos, de pueblos hermanos que han de vivir

- 29 -
separados hasta que la misericordia de Dios: disponga su reconciliación. (pp 8-
10)

Y en su prólogo a la tercera edición, en 1959, reafirma sus convicciones de los previos 20


años:

La primera edición de mi ensayo tiene ya más de veinte años. Pero su posición no


ha cambiado en lo más mínimo. Ni podrá cambiar. Al examinar la razón del
problema judío -que es un problema tan fundamental como la historia misma-
hemos tratado sobre todo de determinar su raíz. Y ella no está en la economía, ni
en la política, ni en la sociología, ni en la antropología, sino únicamente en la
teología. El pueblo judío es un pueblo sagrado, elegido por Dios de entre todos
los pueblos para cumplir la misión salvífica de la humanidad, cual es la de
traernos en su carne al Redentor, Y este pueblo se ha hecho, en parte, infiel a su
vocación, y por ello cumple en la humanidad la misión sagrada y diabólica de
corromper y dominar a todos los pueblos. (p. 12).

Sin embargo, a pesar de este manifiesto típico del Antisemitismo mundial, maniqueo en
su manipulación dualista de la historia, lleno de acusaciones y supurando de impotencia y
humillación, hay que añadirle pasajes de verdadera sublimidad:

El judío no es como los demás pueblos, que hoy nacen y mañana fenecen; que
crean una civilización admirable restringida a un punto del tiempo y del espacio.
Recordemos los grandes imperios de los egipcios, de los asirios, de los persas, de
los griegos y romanos. Su gloria fue gloria de un día.

El pueblo judío, porción minúscula enclavada en la encrucijada del Oriente y del


Occidente, está hecho de pequeñez para llevar el misterio de Dios a través de los
siglos. Y para llevar este misterio grabado en su carne.

No debe crear una civilización porque esto es humano, y a él está reservado lo


divino. Es el pueblo teológico, que Dios crea para sí. Moisés nos refiere en el
Génesis cómo el Señor Dios, 2.000 años A. C., llama al Patriarca Abrahán, que
vivía en Ur de Caldea, en la Mesopotámia, y le dice:

- 30 -
l. Sal de tu tierra, y de tu parentela; y de la casa de tu padre, y ven a latierra que
te mostraré.
2.Y hacerte he en gran gente, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre,y serás
bendito.
3. Bendeciré a los que te bendigan y maldeciré a los que te maldigan, y en ti
serán benditos todos los linajes de la tierra. (Cap. 12).

El pueblo judío, hijo de Abrahán, tiene entonces su origen en Dios,porque Él lo


selecciona del resto de la humanidad y porque a Él le promete su bendición en
forma tal que en él serán benditos todos los linajes de la tierra. Israel, entonces,
es grande, y grande con grandeza teológica. (p. 26)

Y también:

He recordado estas figuras de los antiguos Patriarcas no como evocación


literaria, sino porque en el origen mismo del pueblo judío, en Abrahán y en Isaac,
está figurada la grandeza y miseria de este pueblo y su oposición con la Iglesia.

El pueblo judío es el linaje teológico, escogido, consagrado, santificado para


significar y traernos en su carne a Ese otro que había de venir, al Esperado de
las naciones.

He aquí lo tremendo de ese pueblo: su carne está santificada y estigmatizada


para traemos a Aquél que es la Verdad y la Vida; que es la Salud de los hombres.

Pero, ¿por qué esta carne es santa? ¿Porque es del linaje de Abrahán, o porque
ha de traemos a Cristo?

En otros términos: ¿Es Cristo quien santifica al linaje judío, o es el linaje judío el
que santifica al Cristo? (p. 30)

Es algo que, modestia aparte, pude haber escrito yo y de hecho, en otras partes de este
ensayo he usado términos semejantes. Lo que demuestra que tanto yo como el padre
Meinvielle hemos estudiado la teología católica acerca del pueblo judío en sus fuentes y
estamos familiarizados con lo que la Iglesia enseña auténticamente.

- 31 -
Pero después, el p. Meinvielle cae en esto:

Judío fue Judas el traidor,. Judíos, Anás y Caifás. Judío el pueblo que se gozaba
con la sangre del Salvador y que exclamaba: Caiga su sangre sobre nosotros y
sobre nuestros hijos. Judíos, los que apedrearon a San Esteban. Judíos, los que
dieron muerte al Apóstol Santiago de Jerusalén. Judíos, todos los que acechaban
contra la predicación de los Apóstoles. El crimen más grande de todos los
tiempos, la muerte del Hombre Dios, ha sido perpetrado por éste pueblo, que
mereció por eso el nombre de "pérfido". (p. 30).

A lo que se puede contrarrestar lo siguiente, que ya dije antes: según la carne y su


práctica religiosa cotidiana, Nuesto Señor era judío, de la tribu misma de Judá, del linaje
de David por su padre adoptivo, San José (San Mateo I: 1-17 y San Lucas III: 23-38). Su
Madre, María Santísima, era judía, emparentada con la tribu sacerdotal de Leví a través
de su prima Elisabet, casada con el sacerdote arónico Zacarías; la Iglesia se asienta sobre
la fe y persona de Simón Bar Joná y de los otros apóstoles, todos judíos. Ellos no dejaron
de ser judíos mágicamente para convertirse en católicos gentiles. Ellos no fueron a la
iglesia, ellos fueron a la sinagoga. Nuestra Señora nunca rezó un rosario. Ellos fueron
tanto judíos como cristianos.

Y por sobre todo se le puede contrarrestar la enseñanza clara de la Iglesia, como lo


declara el Catecismo de la Iglesia Católica, algo que tenemos que reenfatizar
constantemente:

Los Judíos no son responsables colectivamente de la muerte de Jesús

597 Teniendo en cuenta la complejidad histórica manifestada en las narraciones


evangélicas sobre el proceso de Jesús y sea cual sea el pecado personal de los
protagonistas del proceso (Judas, el Sanedrín, Pilato) lo cual solo Dios conoce,
no se puede atribuir la responsabilidad del proceso al conjunto de los judíos de
Jerusalén, a pesar de los gritos de una muchedumbre manipulada (Cf. Mc 15, 11)
y de las acusaciones colectivas contenidas en las exhortaciones a la conversión
después de Pentecostés (cf. Hch 2, 23. 36; 3, 13-14; 4, 10; 5, 30; 7, 52; 10, 39;
13, 27-28; 1 Ts 2, 14-15). El mismo Jesús perdonando en la Cruz (cf. Lc 23, 34) y
Pedro siguiendo su ejemplo apelan a "la ignorancia" (Hch 3, 17) de los Judíos de

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Jerusalén e incluso de sus jefes. Y aún menos, apoyándose en el grito del pueblo:
"¡Su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!" (Mt 27, 25), que significa una
fórmula de ratificación (cf. Hch 5, 28; 18, 6), se podría ampliar esta
responsabilidad a los restantes judíos en el espacio y en el tiempo:

Tanto es así que la Iglesia ha declarado en el Concilio Vaticano II: "Lo que se
perpetró en su pasión no puede ser imputado indistintamente a todos los judíos
que vivían entonces ni a los judíos de hoy...no se ha de señalar a los judíos como
reprobados por Dios y malditos como si tal cosa se dedujera de la Sagrada
Escritura" (NA 4).

Tenemos que escoger entre lo que dice el P. Meinevielle y lo que enseña la Iglesia
auténticamente. No entiendo cómo los antisemitas “católicos” prefieren el magisterio
singular de un sacerdote despistado confundido por sobre el magisterio extraordinario de
los obispos reunidos en Concilio Ecuménico en comunión con el Sucesor de San Pedro.
Es algo que me deja perplejo y triste. Pensar así es pensar con la carne.

Por la brevedad de esta serie esto tendrá que servir de muestra de este extraño fenómeno
de adular para después destrozar retóricamente al pueblo judío, desvarío que el P
Meinvielle repite a lo largo y a lo ancho de esta triste obra. Queda entonces explicar por
qué el p. Meinvielle odiaba a los judíos y la Iglesia no. Pero ya lo dije en el capítulo
anterior, la triple fuente de esta confusión y de este odio son el diablo, el mundo y la
carne. Esta última muestra los efectos de las dos anteriores: las neurastenias, los
complejos de persecución y sentimientos de humillación e impotencia; los
comportamientos antisociales y la ideación paranoica que lleva al antisemita y
judeofóbico a ver conspiraciones donde simplemente existen conexiones menores o
imaginarias entre personas o instituciones; las obsesiones morbosas, la búsqueda de la
justificación del odio por el amor aunque parezcan ideas contrarias; el empeño en juzgar
al individuo por su etnia y no por el contenido de su carácter; la exégesis selectiva y
estrecha de las Sagradas Escrituras que lleva al antisemita a justificar su “santo odio”,
todo estas manifestaciones son los frutos que la carne caída hacen crecer en la mente y en
el alma del antisemita. Es un tipo de muerte en vida, un estado de coma, una disminución
de su capacidad humana de amar y comprender. La carne, en sus desenlaces más
extremos, llevó en el siglo pasado a muchas almas enfermas a cometer genocidio como

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hoy día lleva muchas más al terrorismo. Esto lo dije antes y ahora lo reafirmo con más
fuerza aún. La evidencia de confusión y contradicción así lo constata: El Judío en el
Misterio de la Historia es una obra carnal que en nada representa la enseñanza auténtica y
declarada de la Iglesia Católica.

Estamos listos para emitir un juicio crítico, sumario y provisional del antisemitismo del
P. Meinvielle.

Juicio Crítico a la Autoridad Teológica del P. Meinvielle

Inmediatamente nos encontramos con al menos dos limitaciones que nos obligan a
estrechar el foco de nuestro juicio crítico del P. Meinvielle. La primera limitación
consiste en que no disponemos de un catálogo completo de su obra. Está claro que el P.
Meinvielle sostenía opiniones antisemitas en 1937 y tan tarde como en 1959. De ahí en
adelante hasta su larga agonía y muerte que siguió su accidente de tránsito en 1973 sus
opiniones al respecto no me han llegado. Quién sabe si en su lecho de muerte se
arrepintió de su antisemitismo por obra de la gracia de Dios ya que el dolor y el
sufrimiento tienden a abrir los ojos de almas selectas que pernoctaron por mucho tiempo
en la oscuridad hasta alcanzar a atisbar la luz eterna. Y por esto mismo, este juicio crítico
enfrenta una segunda limitación de carácter trascendental: no busco emitir un juicio sobre
el destino eterno del P. Meinvielle, ya que bien pudo haber muerto arrepentido y en la
gracia de Dios. Este juicio no es nuestro para realizar (San Mateo VII:1 y San Lucas
VI:37). Solo Dios ve los corazones (1 Samuel XVI:7) y sólo El puede juzgar
infaliblemente el estado alma del P. Meinvielle al momento de su partida y aporcionarle
su destino eterno según sus obras.

Así que nos limitaremos a enjuiciar el antisemitismo del P. Meinvielle según se


vislumbra en su obras El Judío en el Misterio de la Historia y Entre la Iglesia y el Tercer
Reich dentro de su contexto original del primer tercio del siglo XX en Argentina, obras
sobre las cuales los bitacoristas de Santa Iglesia Militante y blogs afines se amparan para
justificar su antisemitismo y judeofobia. Y este es el veredicto:

• El problema del P. Meinvielle no consiste en lo que él haya quitado a la


doctrina de la Iglesia respecto al judaísmo y al judío, si no en lo que él añadió

- 34 -
a esta doctrina. Esto se puede comprobar experimentalmente. Tomen El Judío en
el Misterio de la Historia y extráigase toda acusación, vituperio y juicio negativo
contra los judíos y el judaísmo contenida en este libelo y lo que resta es la
doctrina positiva de la Iglesia. Lo añadido, entonces, es la opinión prejuiciada del
P. Meinvielle.

• El método analítico del P. Meinvielle sufre de un defecto fundamental y este


consiste de un dualismo filosófico disfrazado de teología cristiana. El P.
Meinvielle propone dos actores supremos, independientes, irreductibles y
antagónicos, uno del bien y otro del mal, por cuya acción él explica la historia. En
un lado se encuentran los católicos militantes y los “judíos buenos” que se
convirtieron de todo corazón al catolicismo, renunciando irrevocablemente a su
identidad judía. En el otro se encuentra los judíos en general, particularmente los
talmudistas y los militantes en movimientos políticos y sociales de derecha e
izquierda, creados o lidereados por judíos creyentes e increyentes, o percibidos
como tales, cuya acción colectiva y conspiratoria explica toda la maldad del
mundo. La guerra entre ambos actores es sin cuartel y en esta todo intento de
diálogo y conocimiento mutuo que no lleve al judío a convertirse al catolicismo es
catalogado de traición y capitulación ante el Principio del Mal.

• El dualismo del P. Meinvielle envicia la moral evangélica, haciéndola


imposible. Esto es así porque niega la libertad moral del judío de actuar de otro
modo que no sea maléfico mientras este siga siendo judío. Por otro lado, esta
moral dañada le concede al católico “militante” amplia libertad de acción para
afrontar y reprimir al judío. De hecho, el dualismo del P. Meinvielle lleva
lógicamente a una redefinición del principio evangélico del amor-ágape o caritas
respecto al judío. Dentro de este esquema, “amar” al judío consiste en insultarle,
reprimirle. acusarle de los mil y un crímenes con tal de que la vergüenza lo lleve a
arrepentirse y a convertirse a la versión del catolicismo que abrazaba el P.

- 35 -
Meinvielle y junto con él otros antisemitas: un catolicismo sin referencia alguna a
su raíz judaica y depurado de toda alusión o dependencia con el judaísmo que
hace del judío un ouslander a perpetuidad.

• El dualismo filosófico del P. Meinvielle envicia también su exégesis bíblica.


De hecho, hasta donde he podido determinar, el curriculum vitae del P.
Meinvielle no incluyó estudios bíblicos formales. Aparte del latín, el P.
Meinvielle no parece conocer las lenguas bíblicas fundamentales: el griego, el
hebreo, el caldeo, y el arameo. No hay nada en su preparación académica que
indique que tiene en su posesión un aparato hermenéutico amplio y maduro que
entienda las complejidades del sit en lieben de las culturas y lenguas bíblicas o de
las tradiciones que las forjaron, o cómo estas se redactaron en los textos sagrados
que ahora tenemos a nuestra disposición. El conocimiento bíblico del P.
Meinvielle es entonces de segunda mano e influenciado vastamente por su óptica
dualista y antijudía. Esto se ve en la forma que hace hablar al apóstol San Pablo
quien, en mi opinión, se hubiera escandalizado y hasta insultado por el uso que de
sus escritos hace el P. Meinvielle para justificar el odio – “amor” en su modo ver
las cosas – hacia el judío. En El Judío en el Misterio de la Historia no vemos al
verdadero San Pablo, si no un facsímil irrazonable manufacturado por el P.
Meinvielle a su imagen y semejanza para justificar su judeofobia.

• El conocimiento acerca del gnosticismo que poseía el P. Meinvielle era


incompleto y por lo tanto inconsitente con su propia orientación filosófica.
Esta conclusión fluye del empeño que el P. Meinvielle pone en identificar al
cabalismo judío como el motor principal del gnosticismo en la historia, ignorando
la amplia variedad de escritos gnósticos como el afamado Evangelio de Judas
Iscariote o el otro atribuido a Santo Tomás, y muchos que sobreviven hasta
nuestros tiempos. Todos tienen un denominador común y es que son fieramente
antisemíticos y judeofóbicos. De hecho, fue por la puerta del gnosticismo –

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movimiento de raíz pagana – por donde el antisemitismo penetró a la Iglesia y a la
cultura occidental. El cabalismo judío es una simple adaptación de este vasto
movimiento religioso, purificado de su antisemitismo original y luego dado un
giro favorable al yahvismo hebreo – algo anatema para los gnósticos originales.
Resulta irónico entonces que la cosmovisión antijudía abrazada por el P.
Meinvielle así como por tantos antisemitas sea de origen gnóstico y pagana y
trágico que la amplia preparación tomística de este sacerdote no lo hubiese
capacitado para asumir una posición crítica respecto a sus propias premisas
filosóficas fundamentales.

• La figura sacerdotal del P. Meinvielle no puede ser propuesta como modelo


ideal a los creyentes. Este juicio severísimo se desprende de una comparación
con otras dos figuras sacerdotales contemporáneas con el P. Meinvielle,
queridísimas en la Argentina y en el mundo entero. Una de estas figuras es el
Padre José Kentenich, fundador del Movimiento Apostólico de Schoenstatt. El
contraste entre ellos dos estriba en que mientras el P. Meinvielle coqueteaba con
el falangismo argentino, el P. Kentenich estudiaba las consecuencias del
movimiento anti-Dios, anti-Israel y anti-Cristo en las paredes del Priestblock del
campo de concentración de Dachau. EL P. Kentenich nunca pensó de que el
fascismo pudiese ser “bautizado” en el último término, pero que este era una
manifestación más del “pensar mecanicista” al que él se opuso con vehemencia
durante toda su vida. La otra figura sacerdotal fue la de Karol Wojtyla, a quien
según la hagiografía del P. Ruíz Freytes, el P. Meinvielle admiraba cuando
Wojtyla era arzobispo de Cracovia. El contraste surge cuando se compara la
actividad del P. Meinvielle quien, durante la Segunda Guerra Mundial se
esforzaba por dar justificación teológica al antisemitismo argentino, mientras
Wojtyla contemplaba de primera mano cómo sus amigos judíos desaparecían de
las calles de Cracovia, víctimas de la solución al “problema judío” que tanto los
nazis como el P. Meinvielle percibían por igual. Me pregunto cúal habría sido la

- 37 -
reacción del P. Meinvielle al ver al arzobispo Wojtyla convertido en el Papa Juan
Pablo II, visitando la sinagoga judía de Roma, disculpándose con los judíos por
los daños perpetrados por católicos, dando reconociendo diplomático al Estado de
Israel y dejando esta oración en el Muro de las Lamentaciones durante su visita a
Jerusalén en el año 2000: Dios de nuestros padres, Tú elegiste a Abraham y a sus
descendientes para traer Tu nombre a los pueblos. Lamentamos el
comportamiento de aquellos que a lo largo de la historia causaron sufrimiento a
Tus hijos y pedimos perdón. Pedimos llegar a una confraternidad auténtica con el
pueblo de la Alianza [de Abrahán].

• En fin, que el P. Meinvielle no puede ser propuesto como una autoridad


teológica católica bajo ninguna circunstancia. Y no es por la falta del
imprimatur o del nihil obstat en sus obras, a pesar de que su publicación fue
auspiciada por organizaciones de Acción Católica en Argentina. Esto se
desprende de los juicios anteriomente expuestos pero por sobre todo, por el
contraste entre el pensamiento del P. Meinvielle y la doctrina auténtica católica
según se lee en el Catecismo.

Hay que escoger

No podemos pensar que el Padre Julio Meinvielle fue una persona marginada, aislada de
las grandes corrientes de su momento y aislado del acontecer católico en Argentina.
Lamentablemente no fue así. Y el mero hecho de que sus escritos careciesen de
aprobación eclesiástica formal no significa que su publicación careciese de un “visto
bueno” dado tras bastidores por parte de poderosos prelados interesados en el devenir
político argentino. En fin, que el P. Meinvielle fue un producto de su época y una
encarnación del viejo antisemitismo ibérico con el cual España “adornó” a las Españas de
América. Lo vemos en la ultraderecha de Argentina representada en parte por el
bitacorista de Santa Iglesia Militante, pero también en la izquierda gangosa de Hugo
Chávez. En fin, que el P. Meinvielle, lejos de ser una figura rechazada en su tiempo, fue

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mas bien respetada y enaltecida en su cultura. Su discurso pasaba como algo “normal” en
aquellos tiempos y aun hoy reverbera en una audiencia ansiosa por recibirlo.

Sin embargo la situación del P. Meinvielle en su entorno vital, en su sit en lieben no


disculpa sus profundos defectos filosóficos, teológicos y personales. El Evangelio, y la
Moral de su Proclamador, toman precedencia ante el discurso defectuoso del sacerdote
argentino.

El odio no puede ser redefinido como “amor”. El magisterio de la Iglesia precede al de


cualquier sacerdote individual. Para ser buen católico y para salvaguardar el destino
eterno de nuestras almas hay que escoger el Magisterio de la Iglesia por sobre la opinión
estrecha y mal informada del Padre Julio Meinvielle.

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Capítulo V – Ser Antisemita es Vivir en Pecado Mortal

La polémica antisemita ha adquirido mucha actualidad con el reciente levantamiento de


las excomuniones de cuatro obispos “tradicionalistas” pertenecientes a la Sociedad San
Pío X (SSPX) uno de los cuales, el obispo británico Richard Williamson, es un declarado
antisemita que niega abiertamente la realidad histórica de la Shoá u Holocausto judío a
manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. La reconciliación de este obispo,
complicado por el mal manejo que la curia vaticana ha hecho del historial antisemítico de
este prelado y del modo deficiente en que su reconciliación se hizo pública, ha dado
mucho de qué hablar a amigos y enemigos de la Iglesia. Por lo tanto es urgente exponer y
describir en detalle el grave daño espiritual que sufren las almas de los antisemitas y su
urgente necesidad de perdón, reconciliación y sanación plenas.

La salvación eterna de los antisemitas en duda

En este epígrafe estudiaremos las bases de la siguiente conclusión que quiero compartir
con mis lectores desde el principio de esta sección. Y es que, amigo mío, si no lees nada
de este párrafo en adelante al menos infórmate antes de pasar la página que vivir siendo
antisemita es vivir en pecado mortal y que el alma que muere en este pecado mortal sin
arrepentimiento y reconciliación recibirá la condenación última de la separación eterna de
Dios, o sea, el infierno. Quienes abrazan el antisemitismo están espiritualmente muertos,
vacíos de la gracia santificante de Dios. Quienes reciben la Sagrada Eucaristía en este
estado son reos del Cuerpo y la Sangre del Señor, pues comen y beben su propia
condenación por no discernir el estado de sus almas ante el Cuerpo y la Sangre de Cristo,
coronando de este modo un conjunto de pecados mortales con la recepción indigna y
sacrílega del Santísimo Sacramento sin que medie arrepentimiento. Quienes esconden
esta falta adhiriéndose al uso extraordinario de la liturgia latina – la llamada Misa
Tridentina – para camuflar este pecado bajo un manto de piedad complican su sacrilegio
y su anatema. Veamos por qué.

La noción del pecado en general y del pecado mortal en particular

Antes de hablar sobre lo que es el pecado mortal en particular tenemos que hablar de lo

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que es el pecado en general. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que “el
pecado es, ante todo, ofensa a Dios, ruptura de la comunión con él.” El Catecismo nos
dice también que

1849 El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta; es


faltar al amor verdadero para con Dios y para con el prójimo, a causa de un
apego perverso a ciertos bienes. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra
la solidaridad humana. Ha sido definido como ‘una palabra, un acto o un deseo
contrarios a la ley eterna’ (S. Agustín, Faust. 22, 27; S. Tomás de A., s. th., 1-2,
71, 6) )

1850 El pecado es una ofensa a Dios: ‘Contra ti, contra ti sólo he pecado, lo
malo a tus ojos cometí’ (Sal 51, 6). El pecado se levanta contra el amor que Dios
nos tiene y aparta de El nuestros corazones. Como el primer pecado, es una
desobediencia, una rebelión contra Dios por el deseo de hacerse ‘como dioses’,
pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gn 3, 5). El pecado es así
‘amor de sí hasta el desprecio de Dios’ (S. Agustín, civ, 1, 14, 28). Por esta
exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia
de Jesús que realiza la salvación (cf Flp 2, 6-9).

Acerca del pecado mortal, el Catecismo enseña que,

1855 El pecado mortal destruye la caridad en el corazón del hombre por una
infracción grave de la ley de Dios; aparta al hombre de Dios, que es su fin último
y su bienaventuranza, prefiriendo un bien inferior…

…Cuando la voluntad se dirige a una cosa de suyo contraria a la caridad por la


que estamos ordenados al fin último, el pecado, por su objeto mismo, tiene causa
para ser mortal... sea contra el amor de Dios, como la blasfemia, el perjurio, etc.,
o contra el amor del prójimo, como el homicidio, el adulterio, etc...

- 41 -
Las condiciones del pecado mortal

Debido a la gravedad del pecado mortal, la Iglesia en su sabiduría ha querido distinguir


las condiciones previas que hacen de un mal particular un pecado mortal. El Catecismo
detalla estas condiciones:

1857. Para que un pecado sea mortal se requieren tres condiciones: ‘Es pecado
mortal lo que tiene como objeto una materia grave y que, además, es cometido
con pleno conocimiento y deliberado consentimiento’ (RP 17).

1858 La materia grave es precisada por los Diez mandamientos según la


respuesta de Jesús al joven rico: ‘No mates, no cometas adulterio, no robes, no
levantes testimonio falso, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre’ (Mc 10,
19). La gravedad de los pecados es mayor o menor: un asesinato es más grave
que un robo. La cualidad de las personas lesionadas cuenta también: la violencia
ejercida contra los padres es más grave que la ejercida contra un extraño.

1859. El pecado mortal requiere plena conciencia y entero consentimiento.


Presupone el conocimiento del carácter pecaminoso del acto, de su oposición a la
Ley de Dios. Implica también un consentimiento suficientemente deliberado para
ser una elección personal. La ignorancia afectada y el endurecimiento del
corazón (cf Mc 3, 5-6; Lc 16, 19-31) no disminuyen, sino aumentan, el carácter
voluntario del pecado.

La materia grave en el Antisemitismo

Sabemos también que la Iglesia misma ha establecido los parámetros que identifican al
antisemitismo como pecado grave. Lo hicieron los Padres del Concilio Vaticano Segundo
en la mencionada Declaración Nostra aetate. Analicemos otra vez las partes relevantes
desde la óptica penitencial católica:

…Aunque las autoridades de los judíos con sus seguidores reclamaron la muerte de
Cristo, sin embargo, lo que en su Pasión se hizo, no puede ser imputado ni

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indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy… Léanlo
claramente, que lo que se hizo en la Pasión de Cristo… no puede ser imputado ni
indistintamente a todos los judíos que entonces vivían, ni a los judíos de hoy. De esto se
desprende que todo aquel católico que prosiga libremente en esa imputación,
específicamente la acusación de deicidio, desobedece el parecer de la Iglesia y peor, peca
contra el mandamiento que nos obliga a no mentir. Ese católico vive en pecado mortal.

…Y, si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de Dios, no se ha de señalar a los judíos como
reprobados de Dios ni malditos, como si esto se dedujera de las Sagradas Escrituras…
De aquí se desprende que la elección de la Iglesia no refuta o desmerece la elección del
pueblo judío. Más aun, que a los católicos no se nos está permitido llamar a los judíos ni
réprobos ni malditos, ni se nos permite tergiversar la Biblia para supuestamente probar el
punto. De hecho, los Padres Conciliares aseveran con claridad un punto de exégesis
bíblica, cerrando toda posibilidad de justificar mediante la lectura selectiva y fuera de
contexto de ciertos pasajes bíblicos para justificar el antisemitismo.

Por consiguiente, procuren todos no enseñar nada que no esté conforme con la verdad
evangélica y con el espíritu de Cristo, ni en la catequesis ni en la predicación de la
Palabra de Dios. Aquí se entiende que imputar a todos los judíos de todos los tiempos la
acusación de deicidio, llamarles réprobos o malditos, y tergiversando la Escritura en el
proceso, son actos contra la verdad evangélica y contra el espíritu de Cristo, y adverso a
la catequesis y a la predicación de la Palabra de Dios. ¡Más claro no canta un gallo!

Además, la Iglesia, que reprueba cualquier persecución contra los hombres, consciente
del patrimonio comûn con los judíos, e impulsada no por razones políticas, sino por la
religiosa caridad evangélica, deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de
antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos. Es patente que blogs
como Santa Iglesia Militante y otros afines despliegan precisamente los odios,
persecuciones y manifestaciones de antisemitismo que el Magisterio Extraordinario de la
Iglesia ha deplorado pública y solemnemente. La desobediencia al Magisterio de la
Iglesia por parte de estas tristes almas no me debe sorprender, pero esta desobediencia
hacia la Iglesia no es el pecado-raíz de estos desdichados. En su compromiso con el
diablo, el mundo, y la carne que siempre han buscado destruir al pueblo judío, los
antisemitas católicos han pecado gravemente contra el octavo (“no dirás falso testimonio

- 43 -
ni mentiras”) quinto (“No matarás) y el primer (amarás a “Dios sobre todas las cosas”)
mandamientos. Ahora lo veremos.

El Antisemitismo: Pecado contra el Octavo Mandamiento

Definamos primero este pecado como lo entiende la Iglesia. De acuerdo al Catecismo de


la Iglesia Católica:

No darás testimonio falso contra tu prójimo (Ex 20, 16).

Se dijo a los antepasados: No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus


juramentos (Mt 5, 33).

2464 El octavo mandamiento prohíbe falsear la verdad en las relaciones con el


prójimo. Este precepto moral deriva de la vocación del pueblo santo a ser testigo
de su Dios, que es y que quiere la verdad. Las ofensas a la verdad expresan,
mediante palabras o acciones, unrechazo a comprometerse con la rectitud moral:
son infidelidades básicas frente a Dios y, en este sentido, socavan las bases de la
Alianza.

Son ofensas contra el Octavo Mandamiento:

2476 Falso testimonio y perjurio. Una afirmación contraria a la verdad posee


una gravedad particular cuando se hace públicamente. Ante un tribunal viene a
ser un falso testimonio (cf Pr 19, 9). Cuando es pronunciada bajo juramento se
trata de perjurio. Estas maneras de obrar contribuyen a condenar a un inocente,
a dsculpar a un culpable o a aumentar la sanción en que ha incurrido el acusado
(cf Pr 18, 5); comprometen gravemente el ejercicio de la justicia y la equidad de
la sentencia pronunciada por los jueces.

2477 El respeto de la reputación de las personas prohíbe toda actitud y toda


palabra susceptibles de causarles un daño injusto (cf [link] CIC can. 220). Se
hace culpable:

- 44 -
– de juicio temerario el que, incluso tácitamente, admite como verdadero, sin
tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo;

– de maledicencia el que, sin razón objetivamente válida, manifiesta los defectos


y las faltas de otros a personas que los ignoran;

– de calumnia el que, mediante palabras contrarias a la verdad, daña la


reputación de otros y da ocasión a juicios falsos respecto a ellos.

Es evidente que todas estas faltas guardan una relación mutua entre sí. En lo que
concierne al autor de Santa Iglesia Militante y a los que creen como él, desplegar
abiertamente e incluso laudar la patraña comprobada de Los Protocolos de los Sabios de
Sión es caer en el falso testimonio, la maledicencia y en la calumnia anteriormente
descritos. Quienes aceptan acríticamente la propuesta favorable que de Los Protocolos
hace el bitacorista de Santa Iglesia Militante, realiza un juicio temerario en conflicto con
este mandamiento. Otras acusaciones levantadas contra los judíos – que si controlan los
medios, la banca, los comercios, la política, las relaciones exteriores, la judicatura, las
universidades, la vida misma del País X ó Y, o peor, que si matan a los nenes cristianos y
los crucifican o que envenenaron los pozos, etc., son de por sí pecados graves contra el
Octavo Mandamiento. Y cuando el bitacorista de Santa Iglesia Militante influye a que un
incauto caiga en el antisemitismo, peca de escándalo – es decir, lleva a otros a pecar,
sumando sobre sí mismo el pecado de otros. Pero esto ya es un pecado contra el Quinto
Mandamiento.

El Antisemitismo: Pecado Contra el Quinto Mandamiento

Leamos lo que nos dice la Iglesia con respecto al Quinto Mandamiento:

No matarás (Ex 20, 13).

Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás’; y aquel que mate será
reo ante el tribunal. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su
hermano, será reo ante el tribunal (Mt 5, 21-22).

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2258 ‘La vida humana es sagrada, porque desde su inicio es fruto de la acción
creadora de Dios y permanece siempre en una especial relación con el Creador,
su único fin. Sólo Dios es Señor de la vida desde su comienzo hasta su término;
nadie, en ninguna circunstancia, puede atribuirse el derecho de matar de modo
directo a un ser humano inocente’ (CDF, instr. "Donum vitae" intr. 5).

De particular importancia en el asunto del antisemitismo es el atentado que este hace


contra la dignidad de las personas, en este caso, de judíos. A este atentado la Iglesia lo
denomina escándalo y lo describe como una falta contra el Quinto Mandamiento:

2284 El escándalo es la actitud o el comportamiento que induce a otro a hacer el


mal. El que escandaliza se convierte en tentador de su prójimo. Atenta contra la
virtud y el derecho; puede ocasionar a su hermano la muerte espiritual. El
escándalo constituye una falta grave, si por acción u omisión, arrastra
deliberadamente a otro a una falta grave.

2285 El escándalo adquiere una gravedad particular según la autoridad de


quienes lo causan o la debilidad de quienes lo padecen. Inspiró a nuestro Señor
esta maldición: ‘Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí,
más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven
los asnos y le hundan en lo profundo del mar’ (Mt 18, 6; cf 1 Co 8, 10-13). El
escándalo es grave cuando es causado por quienes, por naturaleza o por función,
están obligados a enseñar y educar a otros. Jesús, en efecto, lo reprocha a los
escribas y fariseos: los compara a lobos disfrazados de corderos (cf Mt 7, 15).

2286 El escándalo puede ser provocado por la ley o por las instituciones, por la
moda o por la opinión.

Así se hacen culpables de escándalo quienes instituyen leyes o estructuras


sociales que llevan a la degradación de las costumbres y a la corrupción de la
vida religiosa, o a ‘condiciones sociales que, voluntaria o involuntariamente,
hacen ardua y prácticamente imposible una conducta cristiana conforme a los
mandamientos’ (Pío XII, discurso 1 junio 1941). Lo mismo ha de decirse de los
empresarios que imponen procedimientos que incitan al fraude, de los

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educadores que ‘exasperan’ a sus alumnos (cf Ef 6, 4; Col 3, 21), o de los que,
manipulando la opinión pública, la desvían de los valores morales.

2287 El que usa los poderes de que dispone en condiciones que arrastren a hacer
el mal se hace culpable de escándalo y responsable del mal que directa o
indirectamente ha favorecido. ‘Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay
de aquel por quien vienen!’ (Lc 17, 1).

En resumen, que en cuanto el blog Santa Iglesia Militante se constituye en una


plataforma para esparcir mentiras, calumnias y juicios temerarios, su bitacorista y
compinches pecan escandalizan a almas susceptibles haciéndolas caer en pecado grave.
También esta otra sección del Catecismo acerca del Quinto Mandamiento es relevante a
este análisis:

2302 Recordando el precepto: ‘no matarás’ (Mt 5, 21), nuestro Señor pide la paz
del corazón y denuncia la inmoralidad de la cólera homicida y del odio…

2303 El odio voluntario es contrario a la caridad. El odio al prójimo es pecado


cuando se le desea deliberadamente un mal. El odio al prójimo es un pecado
grave cuando se le desea deliberadamente un daño grave. ‘Pues yo os digo:
Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos
de vuestro Padre celestial...’ (Mt 5, 44-45).

El antisemitismo es, al fin y al cabo, una forma de odio. La literatura y opinión antisemita
diseminada por el blog Santa Iglesia Militante son manifestaciones de odio que pasan a
ser parte del acervo antisemita que siempre ha alimentado el deseo homicida que muchos
albergan contra los judíos. A lo mejor al bitacorista de ese blog no siente tentación o
necesidad de ir a hacerle daño a algún judío, pero el hecho de que Los Protocolos de los
Sabios de Sión fue un aliciente para todo pogromo del siglo XX hasta nuestros días y
hasta forma parte de la carta fundacional del grupo terrorista musulmán Hamas, debe de
hacer pausar al tal “Constantino,” autor de Santa Iglesia Militante. Pero esto le es
indiferente y en su silencio condona la falsa veracidad de Los Protocolos, del odio que
contiene y de la justificación que este maldito escrito proporciona a toda una claque de
asesinos para matar y herir con impunidad, contando con un supuesto beneplácito divino.

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Como “Constantino” aparenta ser culpable material de este escándalo, él se hace
corresponsable del odio de otros, odio que bien puede llevar al derramamiento de sangre
inocente. Quien calla, otorga y “Constantino” calla y se hace cómplice de la maldad de
otros.

El Antisemitismo: Pecado Contra el Primer Mandamiento

La Iglesia expresa al Primer Mandamiento así:

Yo, el Señor, soy tu Dios, que te ha sacado del país de Egipto, de la casa de
servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura
ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en
la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra. No te postrarás ante
ellas ni les darás culto (Ex 20, 2-5).

Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás, sólo a él darás culto (Mt 4, 10).

Las faltas contra este mandamiento relevantes al comportamiento de los antisemitas que
pululan dentro de la Iglesia Católica son las siguientes:

III ‘No habrá para ti otros dioses delante de mí’

2110 El primer mandamiento prohíbe honrar a dioses distintos del Unico Señor
que se ha revelado a su pueblo. Proscribe la superstición y la irreligión. La
superstición representa en cierta manera una perversión, por exceso, de la
religión. La irreligión es un vicio opuesto por defecto a la virtud de la religión.

La superstición

2111 La superstición es la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas


que impone. Puede afectar también al culto que damos al verdadero Dios, por
ejemplo, cuando se atribuye una importancia, de algún modo, mágica a ciertas
prácticas, por otra parte, legítimas o necesarias. Atribuir su eficacia a la sola
materialidad de las oraciones o de los signos sacramentales, prescindiendo de las

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disposiciones interiores que exigen, es caer en la superstición (cf Mt 23, 16-22)…

2120 El sacrilegio consiste en profanar o tratar indignamente los sacramentos y


las otras acciones litúrgicas, así como las personas, las cosas y los lugares
consagrados a Dios. El sacrilegio es un pecado grave sobre todo cuando es
cometido contra la Eucaristía, pues en este sacramento el Cuerpo de Cristo se
nos hace presente substancialmente (cf CIC can. 1367; 1376).

El bitacorista de Santa Iglesia Militante y sus seguidores e imitadores caen en la


superstición cuando piensan que su adhesión exclusiva a la forma extraordinaria del rito
latino, conocido como la Misa Tridentina, así como el conjunto selectivo que ellos hacen
de la tradición católica preconciliar – siempre opuesta a la posconciliar – les concede un
status singular dentro de la Iglesia que les permite criticar y condenar sus estructuras, así
como al Santo Padre, los obispos, y los fieles laicos que difieren con “Constantino” y
otros “tradicionalistas” y con su visión estrecha y antisemita. A este uso supersticioso del
rito antiguo se le añade una preferencia extraña a utilizar latinismos a modo de
encantaciones y conjuraciones, como esta que me dejaron en mi sección de comentarios
en respuesta a uno de mis epígrafes:

Eres un judio mas que que se vale del blogspoT para pedir donaciones, pide
dinero a los Rockefeller, a los Bush, los Rothchild, a los murdock...pidele dinero
a la OBRA que paga hasta por santos...OPUS JUDEI, QUI TOLLIS PECUNIA
MUNDI...DONA NOBIS PARTEM...CUANDO TU BLOG SEA SIN FINES DE
LUCRO HABLAMOS...

La encantación “opus judei” es una manifestación de superstición. Pero la superstición se


les descompone en algo peor, y eso es en sacrilegio.

El conjunto de sus compromisos con el diablo, el mundo y la carne, su caída en la


mentira, el odio contra el Pueblo de Dios “según la carne” y el escándalo, han llevado a
“Constantino” y a sus seguidores al abismo del sacrilegio. Pues utilizar la Misa
Tridentina para tapar sus preferencias inmundas y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo
sin reconocer estos pecados, pedir perdón es precisamente el peor de los sacrilegios. En la
vida interior, más bajo no se puede caer.

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Porque la paga del pecado es muerte, mientras que la dádiva de Dios es vida eterna
en Cristo Jesús, nuestro Señor (Romanos 6:23)

Amigos, llegamos al final de esta parte en la serie, tal vez la parte más importante de
todas. Porque aquí bajo la luz del Santo Evangelio y de la enseñanza sana de la Iglesia
queda al descubierto la putrefacción del Antisemitismo. La ignorancia ya no es excusa.
Todo el que lea esto queda advertido que el antisemitismo y los actos contra los
mandamientos que lo sustentan son pecado mortal.

Amigo o amiga que me lees, si tú adoptas las creencias, opiniones, y cosmovisión


demostradas por “Constantino” en su blog Santa Iglesia Militante, estás cayendo en
pecado mortal. Si mueres sin reconocerlo, arrepentirte pedir perdón, y reparar el daño que
has hecho a otros, con tus palabras, actitudes, omisiones y acciones, no irás al cielo.
Sufrirás la segunda muerte. Húyele a las ocasiones próximas de pecado no sea que caigas.

Y no nos podemos olvidar de “Constantino.” Amigo, el llamado al arrepentimiento,


conversión, perdón y sanación es para ti también. Tú no puedes huir lejos del Amor de
Dios en Cristo Jesús Nuestro Señor. Pídele a Él que cambie tu mente y tu corazón y que
te haga ver las raíces de tu actitud contra los judíos, el pueblo del Señor según la carne.

No deseo mal alguno, ni a ti ni a quienes te siguen. Todo lo contrario, te deseo a ti y tus


seguidores toda gracia y toda paz, empezando por la del arrepentimiento. Te imploro que
no juegues con fuego ni invites a otros a jugar contigo. Detente, pausa. Haz penitencia. Y
el Señor te sanará.

En mi próximo epígrafe analizaré un poquito de la historia del sionismo, del moderno


Estado de Israel y describiré las actitudes que debemos tener hacia éstos. Después seguirá
una conclusión general a la serie. Que la gracia de Nuestro Señor Jesucristo, el amor del
Padre y la comunión del Espíritu Santo quede con todos nosotros.

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Capítulo VI - El Antisionismo Como Taparrabos del
Antisemitismo

Las contradicciones del antisionismo

Empiezo con una declaración que algunos encontrarán


controversial: ya que el sionismo es una corriente
política laica que pertenece a la esfera de lo político
según la definen sus propios fundadores, oponerse a esta
política no equivale a priori a ser judeofóbico y
antisemita. Es decir, en teoría, es posible ser antisionista
sin caer en el prejuicio contra los judíos como etnia o
como creyentes de su religión particular y no existe
obstáculo alguno que impida a un estado tolerante
oponerse al sionismo y proteger a los judíos de
persecución, oprobio y exterminio. Aun desde el punto
de vista religioso, nada detiene a priori a algún creyente
particular a ser ferviente y humanitario y oponerse al
sionismo y al antisemitismo simultáneamente. De hecho, hay judíos ultraortodoxos que
se definen a sí mismos como antisionistas, es decir, se oponen a la existencia del Estado
de Israel como nación aconfesional y esto por razones religiosas. Uno de sus exponentes
más reconocidos lo fue el rabino Joel Teitelbaum quien tiene seguidores hasta nuestros
días. En fin, que adoptar una posición antisionista puede ser un ejercicio de la prudencia
particular de cada católico y hasta de cada judío. En teoría, ser antisionista no hace caer a
una persona automáticamente en un vicio moral. En teoría.

El problema reside en la práctica actual de los colectivos antisionistas que en su mayoría


no son judíos. Estos grupos incluyen una masa impresionante de líderes cristianos de
varias confesiones, musulmanes, oportunistas (por ejemplo, el presidente de Venezuela
Hugo Chávez Frías) y gentes de ideologías de izquierda – para quienes los palestinos son
un pueblo oprimido, víctimas del imperialismo y colonialismo – y de derecha – quienes
se empeñan en ver a los judíos como seres subhumanos según los prejuicios tradicionales.
Todos estos se oponen de diversas maneras a todo intento judío de asociarse y formar sus
propios colectivos, incluyendo su propio estado.

Todos estos grupos han perdido de vista el hecho de que el sionismo como proceso ha
llegado a su fin: los judíos tienen una patria en la tierra donde se originaron. Así lo
reconoció la ONU en 1948. A esto era a lo que aspiraba el sionismo y esta meta la
alcanzaron.

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Pero si se entiende el sionismo en nuestros días como el afán por parte de los mismos
judíos de mantener su estado en la Tierra Santa, el antisionismo debe de entenderse como
la corriente opuesta, el afán o de aniquilar el Estado de Israel como entidad política con
identidad judía propia, o de sacar a los judíos de ese territorio, o ambas cosas. Ser
antisionista hoy día envuelve una contradicción poca explorada por gente claramente
inteligente de todas las vertientes de opinión, porque el antisionismo envuelve la
destrucción de todo un pueblo – otra vez – a costa de las aspiraciones tronchadas de otro
pueblo, el árabe-palestino. Para el antisionista, el judío puede existir como individuo pero
no como un pueblo.

Me parece a mí, y recalco que esta es mi opinión personal, que para ser antisionista hoy
día hay que mantener una postura oculta necesariamente antisemita y judeofóbica, porque
ser antisionista envuelve obligatoriamente abrazar opiniones opuestas a la existencia del
estado judío y favorable a su disolución. Dentro del antisionismo, el concepto de
“justicia” incluye por definición la destrucción del Estado de Israel y el menoscabo de las
aspiraciones judías sin que estos últimos puedan apelar a ningún otro desenlace que no
sea el previsto por los antisionistas. Esta definición de “justicia” representa una trampa
semántica para todo quien la abrace, así como para las víctimas.

Este hallazgo también resultará controversial para algunos y discutible para otros, pero
me parece que hay amplia evidencia para ello. Por ejemplo, la cobertura mediática de la
reciente incursión del ejército israelí a la franja de Gaza pocas veces incluyó la razón
original de esta respuesta militar: el bombardeo con cohetes para aterrorizar la población
civil israelí por parte del grupo terrorista Hamas. Aunque muchos medios le dieron
amplia difusión a las bajas civiles en Gaza, pocos hablaron que Hamas ocultaba sus
armas, pertrechos, y operativos en edificios civiles e incluso vehículos de emergencias
médicas, usando en efecto, la población civil palestina como escudos humanos para
proteger sus movimientos militares. Esto es, a todas luces, una violación al derecho
internacional humanitario pero fíjense que al respecto de esto los medios, activistas, etc.,
no han dicho ni esta boca es mía.

Esto es injusto y refleja un ánimo antijudío y una inclinación a enfatizar lo negativo de


las acciones del Estado de Israel sin enjuiciar valorativamente las acciones de los grupos
terroristas palestinos, en su mayoría compuestos de integristas musulmanes.

En foco: el “antisionismo” pseudocatólico del blog Santa Iglesia Militante

Pero no busco explorar, cuestionar, y desmentir todos los antisionismos habidos y por
haber. Eso ya sería una tarea grande e innecesaria. Quiero enfocar de modo particular el
“antisionismo” abrazado por el autor del blog Santa Iglesia Militante y mi acusación a

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ese respecto es la siguiente: su antisionismo es un pobre taparrabos para ocultar las
pudendae de su antisemitismo. En esa bitácora y otras afines no ha de encontrarse ningún
argumento filosófico, ético o político – en su sentido aristotélico – coherente y mucho
menos, convincente y positivo que justifique con rigor intelectual su opinión antisionista.
Lo que sí vemos es un esfuerzo abierto de satanización del judío usando las categorías
estereotipadas del odio tradicional hacia este propias de la ultraderecha política. Este tipo
de satanización fomenta la resurgencia internacional de ataques contra las personas,
propiedades y símbolos judíos y la creciente aceptación pública del discurso antisemita.
Su retórica depende muchas veces de frases como “el lobby judío,” la “conspiración
mundial sionista,” y referencias constantes a “los guerreristas judíos” o “israelíes” o de
apóstrofes similares. La evidencia está al alcance de un par de “clics,” literalmente aquí y
aquí.

Pero, como he dicho al principio, la muestra más egregia de antisemitismo de Santa


Iglesia Militante y el móvil original de esta polémica consiste en su orgullosa
recomendación general a la lectura del librejo antisemita de origen ruso, Los Protocolos
de los Sabios de Sión, el cual “Constantino,” el bitacorista de Santa Iglesia Militante,
almacena dentro de sus propios folios cibernéticos.

Los Protocolos de los Sabios de Sión ha servido de palo útil para fustigar al judío desde
el principio del siglo XX. Sus “verdades” han servido de justificación para pogromos
antisemitas en Rusia y en países de Europa oriental y del Holocausto perpetrados por los
nazis. También ha servido de libreto para una telenovela egipcia y figura
prominentemente en la carta orgánica del grupo terrorista islámico, Hamas. Las
dimensiones teológicas y morales del origen y uso de esta farsa y de la justificación del
“odio santo” contra el judío ya lo exploramos en las partes anteriores de esta serie. Aquí
quiero enfatizar las consecuencias ampliamente visibles en nuestras sociedades que
produce el fomento por parte de Santa Iglesia Militante del odio al judío que consiste,
como dije antes, en la resurgencia internacional de ataques contra las personas,
propiedades y símbolos judíos, la creciente aceptación pública del discurso antisemita, así
como las llamadas de diversos sectores de opinión para constreñir o destruir el Estado de
Israel y a sus habitantes judíos. El blog Santa Iglesia Militante, su autor y sus seguidores
pertenecen a este sector de odio que amenaza otro holocausto judío y la verdadera justicia
y paz internacional. Ellos son cómplices de estos derramamientos de sangres en nuestros
países y en el Oriente Medio.

Actitudes correctas hacia el Estado de Israel

Sin embargo, no podemos dejarlo todo ahí, sino que también hay que esbozar las

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actitudes legítimas conformes a la Doctrina Social de la Iglesia que debemos mantener
hacia el Estado de Israel y el sionismo. Considero relevantes estos incisos:

433 La centralidad de la persona humana y la natural tendencia de las personas


y de los pueblos a estrechar relaciones entre sí, son los elementos fundamentales
para construir una verdadera Comunidad Internacional, cuya organización debe
orientarse al efectivo bien común universal. A pesar de que esté ampliamente
difundida la aspiración hacia una auténtica comunidad internacional, la unidad
de la familia humana no encuentra todavía realización, puesto que se ve
obstaculizada por ideologías materialistas y nacionalistas que niegan los valores
propios de la persona considerada integralmente, en todas sus dimensiones,
material y espiritual, individual y comunitaria. En particular, es moralmente
inaceptable cualquier teoría o comportamiento inspirados en el racismo y en la
discriminación racial.

La convivencia entre las Naciones se funda en los mismos valores que deben
orientar la de los seres humanos entre sí: la verdad, la justicia, la solidaridad y
la libertad. La enseñanza de la Iglesia en el ámbito de los principios constitutivos
de la Comunidad Internacional, exhorta a las relaciones entre los pueblos y las
comunidades políticas encuentren su justa regulación en la razón, la equidad, el
derecho, la negociación, al tiempo que excluye el recurso a la violencia y a la
guerra, a formas de discriminación, de intimidación y de engaño.

438 Para resolver los conflictos que surgen entre las diversas comunidades
políticas y que comprometen la estabilidad de las Naciones y la seguridad
internacional, es indispensable pactar reglas comunes derivadas del diálogo,
renunciando definitivamente a la idea de buscar la justicia mediante el recurso a
la guerra: « La guerra puede terminar, sin vencedores ni vencidos, en un suicidio
de la humanidad; por lo cual hay que repudiar la lógica que conduce a ella, la
idea de que la lucha por la destrucción del adversario, la contradicción y la
guerra misma sean factores de progreso y de avance de la historia ».

439 Para consolidar el primado del derecho, es importante ante todo consolidar
el principio de la confianza recíproca. En esta perspectiva, es necesario remozar
los instrumentos normativos para la solución pacífica de las controversias de
modo que se refuercen su alcance y su obligatoriedad. Las instituciones de la
negociación, la mediación, la conciliación y el arbitraje, que son expresión de la
legalidad internacional, deben apoyarse en la creación de « una autoridad
judicial totalmente efectiva en un mundo en paz ».Un progreso en esta dirección
permitirá a la Comunidad Internacional presentarse no ya como un simple

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momento de agrupación de la vida de los Estados, sino como una estructura en la
que los conflictos pueden resolverse pacíficamente: « Así como dentro de cada
Estado (...) el sistema de la venganza privada y de la represalia ha sido sustituido
por el imperio de la ley, así también es urgente ahora que semejante progreso
tenga lugar en la Comunidad internacional ». En definitiva, el derecho
internacional « debe evitar que prevalezca la ley del más fuerte ».

De estos principios podemos derivar las siguientes normas:

• No nos es permitido a los católicos mantener una actitud « antisionista » que


incluya dentro de ella un llamado a la destrucción del Estado de Israel o a la
socavación de su identidad judía. De hecho, elantisionismo así definido cae fuera
del pensamiento eclesial. Como consecuencia, el antisionismo pierde su vigencia
y su significado porque abrazarlo significa el apoyo a la destrucción de todo un
pueblo.

• El ejemplo de la Santa Sede, el órgano temporal de la Iglesia Católica, y de su


cuerpo diplomático, el de más larga existencia continuada en Europa, es la de
reconocimiento diplomático al Estado de Israel. Cuando un cuerpo político
extiende reconocimiento diplomático a otro significa que se reconoce el derecho a
existir a dicho estado dentro de un territorio legal bajo un gobierno legítimo. Esto,
la Santa Sede ha hecho respecto a Israel en base la Doctrina Social de la Iglesia
que a su vez derivó de las enseñanzas de los Padres del Concilio Vaticano II. La
acción política de la Santa Sede se sustenta de la Doctrina Social de la Iglesia y
nos debe servir como ejemplo a todos en cuanto al reconocimiento del Estado de
Israel respecta junto a su derecho a existir dentro de fronteras justas y en paz y
armonía con sus vecinos.

• El Estado de Israel tiene el derecho a existir, ahí mismo en donde está, y a


tomar las medidas necesarias y proporcionales para proteger la vida de sus
ciudadanos. Su derecho a la legítima autodefensa es inviolable e inalienable.

• Por otra parte, hay que reconocer que el Estado de Israel es un estado laico y
seglar. No es una encarnación moderna del Israel bíblico. La visión teológica de
Israel que tiene la Iglesia Católica es más amplia a través del tiempo y del espacio
que la población concretizada de judíos en la Tierra Santa dentro de las fronteras
del Estado de Israel desde 1948. Por lo tanto, no existe ninguna obligación de
índole religiosa que nos obligue a apoyar incondicionalmente toda acción del
Estado de Israel en su ámbito político o militar. Esta equiparación del Estado de
Israel con el Israel bíblico es popular entre ciertos grupos protestantes
estadounidenses, pero no es una visión que compartimos los católicos.

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• Hay que reconocer también que el Estado de Israel no está exento a actuar
conforme a las normas internacionales y de moralidad colectiva e individual que
la ley internacional y el derecho natural le impone. Por lo tanto no deben de
entenderse como antisemita, antijudía, o antisionista, toda crítica legítima al
Estado de Israel y a sus actos en contra de los derechos de sus ciudadanos o de sus
vecinos. El Estado de Israel tiene las mismas responsabilidades y obligaciones
que otros países independientes tienen en la comunidad internacional.

En resumidas cuentas, criticar justamente al Estado de Israel es una cosa, pero añorar,
defender o luchar por su destrucción es otra cosa. Lo primero se nos permite pero lo
segundo, no.

Termino esta parte con una invitación aquellos que se consideran “antisionistas” a que
examinen sus corazones y estudien los motivos guardados en sus corazones para que
luego puedan buscar soluciones pacíficas y constructivas que lleven a la paz verdadera en
el Oriente Medio, dentro y fuera de Israel, tanto para los judíos como para los árabes-
palestinos y para que la Tierra Santa sea una “santa” en realidad y no de nombre
solamente.

Del mismo modo, llamo a hacer un contundente rechazo al antisemitismo y judeofobia


disfrazadas de antisionismo que abraza el blog Santa Iglesia Militante y su expulsión de
la conciencia colectiva de la Iglesia Católica. El odio no se mezcla con el Amor, no
importa que tan “santo” sea ese odio.

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Conclusión – En resumen
Amigos, hemos llegado al final de esta serie en donde discutí a fondo el problema del
antisemitismo y la judeofobia que todavía infectan ciertos sectores de opinión que se
dicen católicos. Es hora de resumir lo dicho y de formular varias conclusiones generales
que sirvan de guía a los católicos de buena fe que quieran tener relaciones fraternales y
constructivas con nuestros hermanos del Testamento Anterior.

Empecé esta serie explicando el origen de esta como reacción a la infestación del odio
hacia el judío como individuo, pueblo y practicante religioso demostrados por el blog
Santa Iglesia Militante y otros afines. Partimos desde definiciones generalmente
aceptadas sobre lo que es el antisemitismo, la cual fue criticada por “Constantino,” el
escribiente de Santa Iglesia Militante por ser extraída de la Wikipedia, la cual a su vez
desdeñó por ser fuente menos fidedigna controlada por magnates judíos sin atisbar si
quiera en la falacia que caía con esa famélica crítica.

Hablé del “pliego acusatorio” contra ese blog, por desplegar con orgullo en su margen
derecho un gráfico enlazado a una farsa comprobada, la de Los protocolos de los sabios
de Sión la cual, según la Wikipedia, es un panfleto antisemita publicado por primera vez
en 1903, en la Rusia zarista cuyo objetivo era justificar ideológicamente los pogromos
que sufrían los judíos. Destaqué que el propósito de esta serie era de delinear una
respuesta catequética desde la Palabra - oral y escrita - y exponer al antisemitismo como
una mentira, un insulto a la fe y a la razón y como materia moral grave que lleva a quien
la abrace libremente y con pleno conocimiento al pecado mortal.

Seguidamente destaqué cómo la salvación proviene de los judíos (San Juan IV: 22),
haciéndome eco de la doctrina de la Iglesia que si bien la Iglesia es el nuevo Pueblo de
Dios, no se ha de señalar a los judíos como reprobados de Dios ni malditos, como si esto
se dedujera de las Sagradas Escrituras...Además, la Iglesia, que reprueba cualquier
persecución contra los hombres, consciente del patrimonio comûn con los judíos, e
impulsada no por razones políticas, sino por la religiosa caridad evangélica, deplora los
odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona
contra los judíos.

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Entonces discutí cómo la liturgia cristiana tiene sus raíces en la judía, siendo esta
meramente una continuación del servicio de la sinagoga. Esta discusión sirvió de
trasfondo a la siguiente en la cual expuse del uso que hace este segmento, en parte
cismático y en parte irregular del llamado tradicionalismo católico, dentro del cual –
“Constantino” milita–de la forma extraordinaria de la liturgia latina para ocultar su
antisemitismo y judeofobia bajo un manto de piedad tradicional. Fue también en esa parte
en la cual discutí cómo ese segmento se arroga para sí el poder de vetar las constituciones
dogmáticas y declaraciones de los padres del Concilio Vaticano II.

En el subsiguiente epígrafe hablé del origen histórico del antisemitismo y la judeofobia y


las fuerzas malignas que se han empatado para destruir el pueblo judío: el demonio, el
mundo y la carne. Ahí nos dimos cuenta cómo antes del nacimiento de Cristo el demonio,
el mundo y la carne odiaban la simiente de Abraham, Isaac y Jacob por una simple razón:
porque de esa simiente nacería ese mismo Mesías, Dios-con-nosotros, Jesucristo. Para
evitar su eventual nacimiento de una virgen judía los poderes del infierno intentaron
destruir ese pueblo con tentaciones, guerras, invasiones, y exilios. Pero cuando la
voluntad de Dios se hizo plena en la historia y su encarnación y nacimiento se
convirtieron en hechos– expliqué –los poderes malignos cambiaron de estrategia,
llegando a la conclusión de que para desvirtuar el amor de Dios y la Buena Nueva del
Reino, era mucho mejor engañar a cuantos cristianos fuese posible, instigándolos a odiar
a los judíos y de ese modo, contar con la Iglesia de aliada para destruir esa simiente. El
escándalo y los descréditos subsiguientes– piensan las fuerzas del infierno y de la muerte
– lograrían la destrucción tanto del viejo Israel como del nuevo, matando así dos pájaros
de un tiro. Desgraciadamente y para nuestra vergüenza colectiva, muchos han sido los
que han caído y todavía caen en esa tentación, haciéndose cooperadores activos de esa
tarea de destrucción. Pero bien lo prometió Jesús: los poderes del infierno y de la muerte
no vencerán a la Iglesia (San Mateo XVI:18).

Los antisemitas y judeofóbicos en nuestra América Latina cuentan con una autoridad
teológica que los absuelve de sus odios y prejuicios. Ese gran exculpador lo fue padre
Julio Meinvielle y en la parte sexta de esta serie me dediqué a destruir en detalle su falsa
autoridad. Concluí en esa parte diciendo que El odio no puede ser redefinido como
“amor”. El magisterio de la Iglesia precede al de cualquier sacerdote individual. Para ser
buen católico y para salvaguardar el destino eterno de nuestras almas hay que escoger el

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Magisterio de la Iglesia por sobre la opinión estrecha y mal informada del sacerdote Julio
Meinvielle.

De ahí pasé a la parte más importante de la serie, en donde demostré que ser antisemita es
vivir en pecado mortal y que el alma que muere en este pecado mortal sin
arrepentimiento y reconciliación recibirá la condenación última de la separación eterna de
Dios, o sea, el infierno. Expliqué detalladamente por qué aquellos que abrazan el
antisemitismo están espiritualmente muertos y vacíos de la gracia santificante de Dios.
También expliqué con lujo de detalles que aquellos que reciben la Sagrada Eucaristía en
este estado son reos del Cuerpo y la Sangre del Señor, pues comen y beben su propia
condenación por no discernir el estado de sus almas ante el Cuerpo y la Sangre de Cristo,
coronando de este modo un conjunto de pecados mortales con la recepción indigna y
sacrílega del Santísimo Sacramento sin que medie arrepentimiento. Ilustré también una
vez más que quienes esconden su antisemitismo adhiriéndose al uso extraordinario de la
liturgia latina – la llamada Misa Tridentina – para camuflar este pecado bajo un manto de
piedad, complican su sacrilegio y su anatema. Terminé haciendo un llamado sincero a
“Constantino” al arrepentimiento y a la confesión y a la sanación de este pecado grave en
el que han caído, él y tantos otros.

Y finalmente, exploré la diferencia entre el antisionismo y el antisemitismo y cómo los


antisemitas usan el antisionismo como taparrabos de sus prejuicios raciales y religiosos
para justificar su odio hacia el Estado de Israel y la alianza de facto que existe entre los
antisemitas de la ultraderecha con la izquierda termófila y el integrismo islámico en su
antojo por lanzar los judíos al mar. Terminé esa parte proponiendo unas pautas o normas
para poder discernir entre la justa crítica al Estado de Israel como país que es entre tantos
otros y todo llamado abierto o camuflado para su destrucción alimentado por el
antisemitismo y la judeofobia que subyacen en las mentes enfermas de tantos ilusos que
por otra parte se ven a sí mismos como católicos verticales.

Mucho se ha dicho y todavía queda aún mucho por decir acerca del antisemitismo y sus
ultrajes. Sin embargo, creo que esta serie ha dotado a todo católico practicante y fiel al
Magisterio de la Iglesia– tanto al magisterio ordinario del Sumo Pontífice como al
extraordinario del Segundo Concilio Vaticano –con una manual con respuestas listas para
contrarrestar los retos de los antisemitas. De hecho, yo espero que esta humilde ponencia

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inocule a todos aquellos católicos que se sientan atraídos hacia las certezas estrechas de
los antisemitas a caer en esa enfermedad que tanto envenena al espíritu y mata al alma de
quienes lo sufren.

¿Y qué decir del pieglo acusatorio en contra de Santa Iglesia Militante? Amigo, si eres
consecuente y lógico y tu corazón descansa en el Señor tienes que ver que la prueba pesa
mucho en contra de “Constantino” y su liga. Examínate a ti mismo y encuentra en dónde
estás parado ante el Señor quien en su momento será tu justo juez.

Las Sagradas Escrituras, esa colección de libros judíos que los antisemitas no gustan de
leer en su propio contexto, nos advierte claramente:

14 No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la


maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?15 ¿Qué armonía
tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo?16
¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos
templo del Dios viviente. Como él ha dicho: «Viviré con ellos y caminaré entre
ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.» Por tanto, el Señor añade:
«Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los
recibiré.» 18 «Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis
hijas, dice el Señor Todopoderoso.» (2 Cor. 6:14-19).

Y si bien estas palabras las dirige San Pablo contra los idólatras, aplican por extensión a
los antisemitas y judefóbicos, los cuales habiendo caído en las idolatrías del demonio, el
mundo y la carne, amenazan con anegar la verdad de Cristo con su odio y fanatismo.

Hay que salirse de entre ellos, hay que apartarnos de los antisemitas. La Iglesia ya no
puede seguir cargando con su peso muerto. Hay que abjurar y exorcizar este error de una
vez por todas de nuestra alma colectiva y remozar de este modo el Cuerpo Místico de
Cristo que es la Iglesia, para así dar testimonio coherente del Evangelio hacia el mundo,
incluyendo a nuestros hermanos y hermanas del judaísmo. Afirmo con humildad y
respeto, pero también convencido firmemente, que en la Iglesia los judíos habrán de
encontrar, sin necesidad de dejar de ser judíos, la afirmación plena de su identidad en la
persona del Mesías Jesús de Nazaret. Es con caridad y amor que el plan de Dios para su

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Pueblo– en su manifestación cristiana y judía –llegará a su conclusión final bajo un
mismo Ungido el día de su gloriosa venida.

Y termino orando que la paz de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu
Santo, un solo Dios por los siglos de los siglos, quede con todos nosotros.

Finis. Deo gratias.

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Apéndice – Nuestra Señora de Fátima, los Protocolos de los
Sabios de Sión y los Errores de Rusia
Amigos, quiero compartir una inquietud a modo de
anejo a la serie sobre el antisemitismo y la judeofobia.
Traigo a colación las apariciones de Nuestra Señora
juzgadas por la Iglesia como dignas de crédito, a tres
pastorcitos del pueblo de Fátima en Portugal en 1917.
Estas revelaciones, aunque reconocidas por la Iglesia,
son revelaciones privadas que en sí solamente atan a
los videntes y a nadie más. Sin embargo, muchos han
sido quienes a lo largo de los años han encontrado
esperanza y sosiego en estas revelaciones,
particularmente en esos “secretos” que Nuestra Señora
dio a guardar a los niñitos que la vieron.

Uno de esos secretos es relevante a este tema del


antisemitismo y los llamados Protocolos de los Sabios de Sión y es el siguiente:

La guerra (la I Guerra Mundial) pronto terminará. Pero si no dejaren de ofender


a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando veáis una noche
iluminada por una luz desconocida, sabed que es la gran señal que Dios os da de
que va a castigar al mundo por sus crímenes, por medio de la guerra, del hambre
y de las persecuciones a la Iglesia y al Santo Padre. Para impedirla, vendré a
pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la Comunión
reparadora de los Primeros Sábados. Si se atienden mis deseos, Rusia se
convertirá y habrá paz; si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo
guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados y el Santo
Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Por fin mi
Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará a Rusia, que se
convertirá, y será concedido al mundo algún tiempo de paz.

El énfasis es mío. Y esta es la fuente.

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Muchos han visto el cumplimiento principal de esa profecía en el auge del bolchevismo
ruso y todas sus manifestaciones, los gulags y el esparcimiento de regímenes filiales en la
Europa Oriental, Asia y América Latina. Pero el final de la Guerra Fría nos permite
ampliar la óptica de esa profecía.

Los Protocolos de los Sabios de Sión fue publicado por primera vez en 1903, en la Rusia
zarista para justificar ideológicamente los pogromos que sufrían los judíos. Nos dice la
Wikipedia que…

…si bien ha sido muy leído y citado por sectores antisemitas, su verdadera
autoría resulta confusa. La teoría más aceptada dice que fue obra de los servicios
secretos zaristas, que buscaban desacreditar a la izquierda bolchevique
acusándolos de colaborar con la conspiración judía expresada en el libro (Marx,
Trotsky y Kérensky, por ejemplo, eran de ascendencia judía). Los teóricos de la
conspiración señalan generalmente que estas reuniones se habrían llevado a
cabo en el Primer Congreso Sionista de Basilea (Suiza), del 20 al 31 de agosto de
1897, presidido por Theodor Herzl. Sin embargo, no hay evidencias que lo
demuestren. En diciembre de 1901, un oscuro personaje conocido como Sergei
Nilus afirmó haber traducido al ruso unos textos que en conjunto tituló Los
protocolos de los sabios de Sión. Durante los primeros quince años, los
Protocolos tuvieron escasa influencia. A partir de 1917 vendieron millones de
ejemplares en más de veinte idiomas.

El énfasis es mío otra vez.

Qué curioso dato ese y qué coincidencia que los Protocolos comenzaron a esparcirse con
ímpetu el mismo año de las apariciones en Fátima. Desde entonces y desde Rusia,
afectaron y continúan afectando el antisemitismo mundial que tanto han hecho sufrir al
Pueblo de Dios—a la Iglesia y a los judíos. Es como si el comienzo del esparcimiento de
los errores rusos comenzó inmediatamente como reacción a la advertencia dada por
Nuestra Señora a los videntes de Fátima.

Nuestra Señora es apolítica. Ella nunca dijo que los errores rusos se limitarían a la
extensión del bolchevismo. Nunca lo especificó. Aparentemente los errores rusos
vendrían en diversos sabores incluyendo este tan identificado con nuestros fascistas.

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Hasta el mismo cielo se ha declarado contra los errores rusos contenidos en Los
Protocolos de los Sabios de Sión. Aquí hay una lección que se ignora a cuenta y riesgo
propio.

P.D.

Y si a los antisemitas no le gusta la cita de la Wikipedia, que busquen una mejor que la
contradiga.

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