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Klaus Gallo

RIVADAVIA Y EL MODELO EUROPEO

En septiembre de 1820 el general Martín Rodríguez asumió como gobernador de la provincia de Buenos
aires, en medio de los sucesos políticos ocurridos durante el período conocido como la “anarquía del año
20”. Una vez afirmado en el poder, Rodríguez emprendió una serie de expediciones contra los indios en
la frontera sur de Buenos Aires. En consecuencia, durante buena parte de su gestión, quedaron en su
reemplazo el ministro de gobierno Bernardino Rivadavia y su ministro de hacienda Manuel José Garcia.
A partir de la segunda mitad de 1821 ambos comenzaron a poner en práctica reformas modernizadoras
concebidas para reforzar la incipiente estructura republicana de una sociedad que para algunos
conservaba vestigios anacrónicos e indeseables de su pasado colonial reciente.
Los objetivos políticos de Rivadavia fueron perfilándose entre 1814 y 1820, durante su estancia en
Europa. Fue durante ese período que pudo establecer contactos personales con pensadores y filósofos
como Destutt de Tracy y Jeremy Bentham. La vinculación de Rivadavia con Bentham, identificado con
un ideario republicano y cada vez más crítico del establishment aristocrático inglés, se inició en 1818 y se
extendió por correspondencia hasta 1824. La influencia del pensamiento utilitarista de Bentham –cuyo
principio fundamental residía en la necesidad de promulgar leyes para que estas contribuyan a promover
el mayor bienestar para la mayor cantidad de personas-, como así también las vivas recomendaciones de
Bentham a Rivadavia para que el Río de la Plata no abandonara su trayectoria republicana contribuyeron
a que el político porteño fuera definiendo las premisas de su ideario político antes de incorporarse al
gobierno de Rodríguez.

La puesta en marcha de un itinerario reformista

Las reformas impulsadas por el gobierno de Rodríguez tenían como objetivo fundamental la
centralización del poder, como lo prueban la creación del Consulado de Comercio y la supresión de los
Cabildos. Dentro de la amplia gama de reformas promulgadas por el gobierno bonaerense en este período,
probablemente la Ley de Sufragio Universal Masculino –del 14 de agosto de 1821- sea una de las más
llamativas. La universalidad del voto masculino se implementaba como sostiene Marcela Ternavasio,
“bajo la fuerte noción de que su aplicación traería disciplina y orden en un espacio altamente movilizado
luego de la guerra de independencia”. Cabe destacar que en aquel entonces países como Gran Bretaña y
Francia no conocían leyes electorales tan amplias. Sin embargo, en su Ojeada retrospectiva, Esteban
Echevarria encontró suficientes motivos para criticar al gobierno de Rodríguez por la aplicación de esa
ley electoral, la cual se vinculaba de manera muy estrecha con la posterior aparición de Juan Manuel de
Rosas en el escenario político rioplatense.
La controvertida Ley de Reforma del Clero, sancionada por el gobernador porteño hacia fines de 1822,
establecía la supresión de casi todas las órdenes religiosas; la exención de todos los tributos eclesiásticos
y la introducción de una ley que garantizaba la libertad de cultos. Como afirma Roberto di Stéfano la
reforma eclesiástica propiciada por los rivadavianos fue una suerte de “experimento” que se dio en
Buenos Aires y no en otras regiones del territorio argentino (salvo en Cuyo), en gran medida debido a la
estrecha vinculación que mantenía esa ciudad con el continente europeo. La circulación y difusión de las
obras de pensadores reformistas europeos iba en aumento y sus ideas se debatían en las tertulias de los
cafés y los diversos círculos políticos y literarios de Buenos Aires.
Se puede apreciar la polarización de la ciudad respecto de la reforma eclesiástica, como pondrían en
evidencia algunos convulsionados sucesos políticos. El fallido motín organizado pro Gregorio Tagle
contra el gobierno, a principios de 1823, fue esencialmente una reacción contra la reforma eclesiástica,
como así también contra la reforma militar sancionada por el gobierno de Rodríguez en 1821, que redujo
en un número considerable los efectivos del ejército.
La reforma eclesiástica contó con el apoyo de algunos clérigos estrechamente vinculados con el gobierno
y con Rivadavia, como Valentín Gómez y Julián Segundo de Agüero. Sin embargo, unas cuantas figuras
emblemáticas de la esfera religiosa rioplatense se opusieron de manera virulenta. Entre ellos se
destacaba el padre Francisco de Paula Castañeda y Mariano Medrano, en ese entonces Obispo Provisor de
la Catedral de Buenos Aires. Este juzgaba en tono muy crítico el rol ejercido por “cierta prensa escrita”
que, con la anuencia del gobierno, había contribuido, según él, a generar una corriente de opinión
favorable a la mencionada reforma.

Intentos por definir una identidad republicana

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En consonancia con las ideas de Bentham y De Tracy, quienes consideraban la libertad de opinión un
componente esencial para cualquier régimen democrático, el gobierno porteño resucitó la Ley de Prensa
que el primer Triunvirato había promulgado en 1811, convencido del beneficioso efecto que ésta
reportaría. Para hacer efectivas las supuestas ventajas que ofrecería la ampliación de la libertad de prensa
a favor del gobierno de Rodríguez, fueron apareciendo artículos en diversos diarios editados por autores
claramente vinculados con el gobierno como Ignacio Nuñez y Juan Cruz Varela.
El gobierno, y especialmente el llamado “grupo rivadaviano” buscaban la manera más adecuada de ir
reforzando en la población sentimientos de mayor identificación con la esencia del iluminismo
dieciochesco, para poder ir moldeando una sociedad en la cual prevalecieran las virtudes republicanas.
Fue en parte, a los efectos de ir aproximándose a este objetivo, que el gobierno consideró oportuno
recuperar el antiguo esplendor de algunas fiestas conmemorativas. Tal es el caso de la Fiestas Mayas, que
fueron organizadas por el gobierno durante el transcurso de ese período y que merecieron descripciones
pormenorizadas de viajeros y diplomáticos.

Educar por el arte

En consonancia con la voluntad de suprimir modalidades anacrónicas, propias del legado colonial, el
gobierno de Buenos Aires decidió, a principios de enero de 1822, prohibir las corridas de toros en la
ciudad por considerarlas excesivamente sanguinarias. En lo que respecta a la evolución del teatro en
Buenos Aires, desde el período tardocolonial hasta 1820 fue bastante llamativa. Paulatinamente fue
transformándose en una de las expresiones artísticas más apreciadas por buena parte de la sociedad
porteña. Algunos destacados referentes de la esfera político-cultural porteña como Valentín Gómez,
Santiago Wilde y Esteban de Luca, entre otros, quienes más tarde se vincularían con el entorno
rivadaviano, ya habían propiciado la creación en Buenos Aires de la Sociedad del Buen Gusto del teatro
en 1817. Los integrantes de esta entidad tendían a concebir esta expresión artística más como un
instrumento didáctico, destinado a una población mayoritariamente analfabeta, que como una diversión.
Los concurrentes al teatro en Buenos Aires ya podían percibir la distinción entre actores líricos y
dramáticos, muchos de los cuales disfrutaban de altos índices de popularidad en la ciudad.

Epílogo para una efímera existencia


El gobierno de Buenos Aires buscó el modo más adecuado para promover mayores niveles de contacto
entre la población porteña y las “luces del siglo XVIII” que eran referidos por ellos como base de
sustentación de sus reformas. El gobierno intentó plasmar ese objetivo a partir de la ampliación de las
redes asociativas y la opinión pública, utilizando los diarios como principal fuente para publicitar las
nuevas medidas y difundir las pautas filosóficas que los guiaban. También intentaron promover
actividades en diversas esferas del espacio público, consideradas igualmente importantes para la
promoción de los ideales que el gobierno intentaba irradiar a la sociedad. Por tal motivo se le dio tanta
trascendencia a la organización de espectáculos populares como las Fiestas Mayas y se fomentó el
progreso y la propagación de espectáculos más vinculados con la cultura popular como el teatro.
Cabe aclarar que la “feliz experiencia” pudo desarrollarse en Buenos Aires con cierta armonía debido a la
disminución de los conflictos políticos en el Río de la Plata. Sin embargo, en 1824 retornarían las
tensiones políticas en la región tanto en el frente externo como en el frente interno.

[Klaus Gallo, “Rivadavia y el modelo europeo”, en Todo es Historia, Nº 451, Buenos Aires, Febrero
2005.]