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¿Por qué estudiar Teología?

Por Carlos Ayala

Si me hubieran hecho la misma pregunta, respecto a mi decisión de estudiar Ingeniería,


respondería vagamente con expresiones inmaduras. En cambio, para la interrogante planteada en
este escrito, puedo dar explicaciones con argumentos firmes y concretos.

Recuerdo que al terminar mis estudios secundarios en 1980, los aspectos religiosos captaron
mi interés, no sé si era una atracción basada en la curiosidad de un adolescente o por la convicción
firme de buscar el conocimiento de Dios. Sin embargo, luego de una rápida evaluación, opté por
estudiar una profesión que aparentemente me ofrecía mayores oportunidades en el mercado laboral,
graduándome como ingeniero industrial en la Pontificia Universidad Católica del Perú, seis años
después.

Al final de la década de los noventa, Cristo propició mi reconciliación con Dios, abriéndose
paso una nueva etapa de mi vida. En este contexto, escuché comentarios de predicadores sobre la
elección de estudiar Teología: algunos reconocían que era necesaria para enriquecer el
conocimiento cristiano, y otros la rechazaban tenazmente tildándola de un acto de insubordinación a
la voluntad divina. Estas controversias, fueron los propulsores que generaron en mí el afán por
investigar y encontrar respuestas aclaratorias del asunto. Para ello, visité a muchos pastores de
distintas congregaciones en busca de sus opiniones; paralelamente recurrí a leer libros y revistas de
autores referentes como: Martín Lutero, Juan Calvino, John Wesley, Karl Bahr, entre otros. Todo este
trabajo previo tuvo sus resultados, pues me ayudó a comprender de manera precisa diversos tópicos
teológicos: escatología, apocalíptica, cristología, hermenéutica, exégesis, etc.

Simultáneamente, ya me encontraba ejerciendo el ministerio de la Palabra, es decir, ya


estaba realizando la práctica teológica, y surgía la pregunta en forma natural: ¿estaba predicando
bien o sólo me interesaba cumplir con el sermón del domingo? La respuesta fluía por sí sola: para
cumplir conscientemente con mi labor pastoral debía estudiar Teología y saber si lo que digo acerca
de Dios, se ajustaba a la Escritura o no, por tanto debía iniciar mis estudios lo más antes posible.

Otra razón que apresuró mi elección hacia los estudios teológicos, fue la oportunidad de
conocer mayores herramientas de otras disciplinas, las cuales brindaban soporte metodológico:
literatura, arqueología, historia, sociología, antropología, psicología, filosofía, lengua, comunicación
escrita, etc. Por ejemplo, revisando literatura peruana, tuve la oportunidad de leer la obra cumbre de
José Carlos Mariátegui titulada: “Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”, en el cual
se desarrolla ampliamente el tema de la Religión, referenciando citas teológicas y bíblicas.

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¿Por qué estudiar Teología? Por Carlos Ayala

Mientras más investigaba, recopilaba y procesaba información acerca de la Teología, me


convencía más de la equivocación de aquellas afirmaciones que cuestionaban su estudio. Como
prueba de ello, pude identificar el verdadero compromiso de la Iglesia el cual se concentra en dos
grandes ejes estratégicos: la misión espiritual y la misión social. Por consiguiente, mi trabajo pastoral
tuve que reformularlo, para ello actualicé su misión y visión.

Hoy puedo dar constancia que la elección de estudiar Teología, no sólo ha servido en la
planificación y ejecución de nuevos proyectos misioneros en mi congregación, sino también en dar a
la congregación el deseo de afrontar nuevos retos con una mente joven y aventurera.

La Teología no es La Verdad, leer voluminosos libros teológicos no significa El Camino, saber


mucho de principios y doctrinas no conduce a La Vida, sólo Cristo garantiza una relación plena con
Dios. Sin embargo, si lo aprendido en las aulas fueran aplicadas a nuestra realidad próxima por
pastores y líderes, estoy convencido que se estarían abriendo grandes oportunidades de “vivificar la
fe”, haciendo referencia a la Palabra de Dios, cuando la Epístola de Santiago, en el versículo
veintiséis del capítulo dos precisa: “Porque tal como el cuerpo (…) así también la fe sin obras está
muerta”.

Por ello, es pertinente reconocer que la Teología me ha permitido: revisar conceptos,


repensar definiciones, comparar doctrinas, sustituir mitos, cambiar paradigmas y consolidar una
verdadera transformación cristiana.

Por tanto, mis estudios teológicos han sido elegidos por el afán de servir mejor para la Obra
de Dios, no por un interés económico o de estatus. Fue una decisión meditada, consciente de la
necesidad de desarrollar mayores competencias para la enseñanza y la predicación del Evangelio.

En consecuencia, mi elección fue de manera madura y sincera, por la convicción de servir con
la mejor preparación posible, para que el alcance del ministerio encargado no tenga límites y así
poder llegar a todos los confines de la tierra, y porque siempre he percibido al Mensaje de Jesús
como La Palabra.

Finalmente, la posibilidad de estudiar Teología, me ha dado la oportunidad de conocer más a


Dios en su perfección. Por ello quiero concluir con esta afirmación: los cristianos mientras más
herramientas llevemos a la acción, mayores facilidades tendremos para conocer a Dios, sin olvidar la
obra redentora de Jesucristo.

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