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Los Dones del Espíritu

“Y El mismo constituyó a unos apóstoles; a otros, profetas; a otros evangelistas; a otros


pastores y MAESTROS, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio,
para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12)

De este pasaje pueden destacarse los siguientes aspectos centrales.

1. Para el buen desarrollo de la iglesia, es necesario que exista una diversidad de dones.
“Porque de la manera que un en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos
los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos somos un cuerpo en
Cristo, y todos miembros los unos de los otros. De manera que, teniendo diferentes
dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de
la fe; o si de servicio en servir; o el que enseña, en la enseñanza; el que exhorta en la
exhortación; el que reparte con liberalidad; el que preside con solicitud; el que hace
misericordia, con alegría”. (Romanos 12:4-8)

2. Dado que todos los dones, por más diversos entre sí que sean, proceden del mismo
Espíritu, la diversidad no destruye la unidad, sino que la hace posible. "¿Son todos
apóstoles?¿son todos profetas?¿todos maestros?¿hacen todos milagros?¿tienen todos
dones de sanidad?¿hablan todos lenguas?¿interpretan todos?" (1.Corintios 12:29:30).

3. Todo miembro de la iglesia recibe un don (o dones) del Espíritu. No hay miembros que
carezcan de dones. "pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para
provecho" (1.Corintios 12:7). Todos los miembros de la Iglesia no poseemos los mismos
dones, los mismos talentos. Todos no son llamados a hacer lo mismo. Sin embargo
podemos decir que la mayoría de hijos de Dios tenemos más de un talento “Porque el
reino de los cielos es semejante a un hombre que yéndose lejos, llamó a sus siervos y les
entregó sus bienes. A uno dio cinco talentos, y a otro dos, y a otro uno, a cada uno
conforme a su capacidad” (Mateo 25:14-15).

4. No hay un don que no tenga importancia "Ni el ojo puede decir a la mano: no te
necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: no tengo necesidad de vosotros. Antes bien los
miembros del cuerpo que parecen menos débiles, son los mas necesarios" (1.Corintios
12:21-22).

5. Para que un determinado don o carisma sea genuinamente un don del Espíritu Santo se
muestra al ejercitarlo como un servicio de amor incondicional a la edificación de la iglesia,
su unidad, y el cumplimiento de su misión en el mundo, “Sino que siguiendo la verdad en
amor, crezcamos en todo aquel que es la cabeza, esto es Cristo, de quien todo el cuerpo,
bien concertado y unido entre si por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente,
según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en
amor” (Efesios 4:15-16). Cada miembro de la Iglesia tiene una obra específica que hacer.
Cada uno tiene su lugar en el plan eterno del cielo. Cada uno debe trabajar para la salvación
de las almas. “...De gracia recibisteis, dad de gracia” (Mateo 10:8).