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Escrito por J. Afonso R y José Hernández H. Textos de filosofía para la prueba de acceso a la universidad.

Canarias. Editorial Anaya. Madrid. 2010 |

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Los aspectos más actuales del pensamiento de Nietzsche los constituyen varios de sus principios fundamentales: el perspectivismo, la interpretación, la creación. Podemos ver a

Nietzsche

en

todas

partes

y

en

ninguna,

siguiendo

también

su

enigmático

lenguaje.

1.

La

defensa

de

los

valores

terrenales.

Lejos queda la época en la que se delinquía contra Dios y los preceptos religiosos cuando se

alababa la liberación sexual. Si bien es cierto que una gran parte de la población mundial (con diferentes ideologías y confesiones religiosas) juzga negativamente una concepción del sexo

desligada de afectividad, el amor o el compromiso, no lo es menos que su demonización y el

tabú

que

representaba

han

quedado

atrás.

En nuestra cultura, su normalización, desde luego, dista mucho de los cánones de la época

nietzscheana. Pongamos como ejemplo el rigor y el puritanismo extremo en la época victoriana

sobre

ese

y

sobre

otros

muchos temas.

En nuestros días, no solo ha dejado de considerarse tabú, sino que constituye un elemento

cotidiano, vivimos en un ambiente pansexualista: desde los anuncios publicitarios como

reclamo al consumo,

a

la

exposición, alarde y jactancia

en manifestaciones artísticas.

Esta trivialización de la sexualidad se encuentra en las antípodas de la visión nietzscheana; el

sexo

es

considerado como

premisa

potente y

noble

de

la

vida,

alejada

de

cualquier

instrumentalización

mercantil

 

o

comercial.

2.

La

creación

de

valores individuales.

Nos encontramos en una época y en un marco concreto (Europa occidental, España), donde

la libertad de culto se manifiesta de una forma diversa. Con la proliferación- en los Estados

democráticos. De

las leyes permisivas y garantistas,

no es extraño hallar

en

una misma

comunidad, en un mismo pueblo o en una misma familia, portadores de valores diferentes,

cuando no opuestos. Y todas esas leyes son el resultado de la positivación de estas leyes morales. Evidentemente, la diversidad no es sinónimo de individualidad, pero es lo más cercano a las propuestas autolegislativas que en el plano moral hacía Nietzsche. Sería difícil imaginar la convivencia pacífica en el mismo entorno de la amalgama de valores de las sociedades contemporáneas occidentales a finales del siglo XIX. Nietzsche, probablemente, estaría en

sintonía

con

el

"politeísmo

 

moral" 1 de

crisis

nuestros

 

días.

3.

La

"muerte

 

de

Dios",

la

 

de valores.

Es innegable el paulatino proceso de laicización que se ha producido en la últimas décadas, al

menos

en

el

marco

del

cristianismo

en

Europa

y,

concretamente,

en

nuestro

país.

Sería falsear el pensamiento de Nietzsche si tomamos al pie de la letra la expresión "muerte de

Dios",

pues con ella

no

sólo

se

refería

a

la

necesidad de liberarnos de las creencias en

entidades absolutas y en otros mundos trascendentes, sino también al abandono de unos

valores

que

él

tildaba

de

agotados

y

decadentes.

Con todo, es palpable la plasmación de la propuesta nietzscheana en el ámbito geográfico

antes

reseñado:

 

las

encuestas,

al

menos

eso

dicen.

En este sentido, Nietzsche se adelanta proféticamente con su diagnóstico nihilista a lo que se

vivirá en los siglos XX y XXI. No obstante, no parece que haya signos evidentes del período

posnihilista

 

que

preconizaba.

La idea de crisis de valores no nos ha abandonado, de hecho, la damos por cierta, sobre todo

referida a los jóvenes. ¿Estaremos viviendo una desazón angustiosa producto del "abandono normativo" por parte de los padres? ¿Acaso el papel normativo de la Iglesia y del Estado no ha sido suplido por ninguna institución? ¿Habremos delegado exclusivamente en un agente social,

como

la

escuela

o

los

medios

de

comunicación?

No obstante, cabría una lectura complementaria sobre la idea de la "muerte de Dios" en el

sentido de que no se ha producido en su totalidad. Por un lado, perviven las grandes religiones monoteístas y, por otro, hemos sustituido al viejo Dios cristiano por otros "dioses" que nos ofertan paraísos terrenales: liberación del pesimismo vital refugiándonos en el trabajo o en el dinero y las posesiones (adicción es a la compra y el consumismo vertiginoso), refugiándonos

en

el triunfo,

la

fama y

la

gloria

para

exaltación

de

la

vanidad y el egocentrismo, etc.

Al final, muchos ídolos

con

pies de barro,

pero alejados del marco politeísta

soñado por

Nietzsche, ya que desprecian la vida, traicionan el sentido de la tierra 2 y el amor fati 3 . Ahora,

la cruzada nietzscheana vendría encaminada, probablemente, contra estos nuevos "dioses".

4. La agudeza

y el coraje de Nietzsche como ejemplo contra las ilusiones y las mentiras.

La sospecha es necesaria igual o más que en la época de Nietzsche. ¿Acaso son creíbles todos los anuncios publicitarios?¿No habría que investigar sobre la mitificación de todo lo que

se

proclama

científico?

Quizá hoy día habría más razones que nunca para que un nuevo Zaratustra nos ayudara a

rebelarnos críticamente contra todo un modo de vida que no la exalta ni se rige por los valores

que

la

potencian.

El

aumento

de

enfermedades

psiquiátricas-

desde

el

punto

de

vista

individual-

y

la

incertidumbre en los planos ecológico o del terrorismo internacional- desde el punto de vista global- pueden ser síntomas también de una situación de crisis de valores( de otros valores) y de que el nihilismo aún perdura.

[1] Politeísmo moral. Es la multiplicidad o variedad de códigos morales dentro de una misma sociedad, cultura o época histórica. Significa, por tanto, que no hay una homogeneidad de valores, situación esta que podría darse si se impusiera por el Estado u otra institución. La convivencia de diferentes códigos axiológicos presupone, por ello, la

libertad

de

pensamiento

y

la

asunción

del

relativismo

moral.

[2] Sentido de la tierra. Es la propuesta nietzscheana de abandonar la "moral descendente" que desprecia los valores terrenales. Él preconiza y defiende estos valores: la vida y los instintos. La idolatría de la razón, la verdad y las "esperanzas ultraterrena", que han imperado hasta ahora, han de ser sustituidas por los nuevos valores de la "moral ascendente" que defiende la tierra, la vida, el cuerpo y que es encarnada por el superhombre. [3] Amor fati. Término estrechamente ligado a la noción nietzscheana de eterno retorno, significa la aceptación sin reparos del destino. Esta vida, la única que hay, debemos asumirla con la alegría y la fortaleza suficientes para querer vivirla cuantas veces fuera necesario, con sus designios y avatares. El propio Nietzsche, refiriéndose a su modelo de

individuo- el artista trágico-, se expresa así:" dionisíaco " ...

...

dice precisamente sí incluso a todo lo problemático y terrible, es