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9- Externsteine y Wewelsburg en Westfalia

En Westfalia, Alemania, hallamos el castillo de Wewelsburg. La SS lo adquirió y pasó a ser el


castillo mágico por excelencia, el Castillo del Grial (Gral). Es en esa región de Westfalia
donde Hermann el Cherusker, Arminius para los romanos, derrotó a las legiones de Quintilio
Varo, en la batalla del bosque de Teutoburger. Y es allí, sobre todo, donde se encuentran las
antiquísimas construcciones megalíticas del Externsteine. Allí está, en la eternidad, el Irmisul
(árbol donde fuera crucificado Wotan) que Carlomagno destruyera, y el bosque de robles
sagrados. Carlomagno traicionó a la Monarquía Merovingia germánica. No obstante, los
sajones eran ya descendientes muy involucionados de los divinos hiperbóreos. Sus sagas y
leyendas recordaban tiempos mejores. Sólo una raza de gigantes pudo erigir en esa planicie y
en medio de un robledal sagrado (Teutoburger), el signo tremendo de Externsteine. Fueron los
mismos hiperbóreos quienes lo levantaron ahí, “como imperecedero monumento a la
religiosidad extrahumana, en oposición a los pueblos pertenecientes a la evolución del animal-
hombre, los meramente terrestres, que enterraban a sus muertos, para que la tierra del Kali-
Yuga usara sus cuerpos como abono en una alquimia de transformaciones y metamorfosis
maternas, agrícolas. Los devorados por la luna, los lunares, los robots”, dice Miguel Serrano.

El bosque de Teutoburger, donde los sajones luchan a muerte en defensa de sus santuarios,
comandados por Hermann el Cherusker (Cheruscos, en español), es una de las zonas más
sagradas de Alemania. Cruzando este bosque sagrado alcanzamos Externsteine, un lugar
donde se practicaba el culto del más antiguo Mitra. Los Externsteine es lugar donde, desde
siempre se han celebrado ritos e iniciaciones hiperbóreas, tanto de iniciación como de ritos
estacionales y solsticiales. Los sacerdotes y sacerdotisas arios son los sabios ejecutantes de un
rito oculto. En esta iniciación no existe diferencia entre guerrero y sacerdote. En la cima del
Externsteine existe un orificio circular, perfectamente trabajado en la roca, por donde los
primeros rayos del sol matutino penetran, transmutando la circunferencia en otro sol.

Externsteine no ha podido ser realizado por mano humana: es obra de Titanes. No es una
escultura, sino que la piedra ha sido conformada como por un golpe: es la plasmación de una
idea. En la parte posterior de una de las columnas de rocas del Externsteine se halla en piedra
la figura de una cierva. También podemos asombrarnos contemplando las grandes cabezas de
guerreros formadas en sus cimas, por la proyección de la mente sobre el plasma cósmico y
terrestre. Un guerrero con casco vigila la entrada. Pero lo más destacable es el Dios
crucificado, que aparece en la cuarta roca. Como aprisionado por la roca, entre dos bloques
enormes, se forma la imagen del Crucificado en el Irmisul: un gigante con la cabeza inclinada
sobre el hombro y los brazos abiertos en cruz. Es Odín-Wotan colgado del Árbol del Espanto,
el Iggdrasil (un Irmisul). En su costado izquierdo aparece la herida. Es Wotan-Cristo, el Cristo
Hiperbóreo. El Cristo guerrero que combate contra el demiurgo Jehová. En lo alto del
santuario aparece una roca móvil, que se balancea sin caerse jamás. El interior del santuario es
el lugar donde se halla el Templo de la Iniciación. También hay una tumba; “es un lecho de
piedra –dice Miguel Serrano– para la segunda muerte, la de la Resurección del Ario, en la
Muerte Iniciática”.

En la cima de Externsteine está el observatorio del Sol, con el orificio circular citado
anteriormente. Abajo está la Cueva de la Iniciación y la gran tumba de piedra destinada a la
segunda muerte de la iniciación aria: No es una tumba para muertos.

Cerca de Externsteine está Wewelsburg, el Templo de Iniciación SS. Desde la lejanía se


divisa su estructura triangular. Theodor von Fuerstenberg, en el siglo XVII reconstruyó el
castillo. En el “Annalista Saxo”, crónica del siglo XII, se dice que el Graf Friedrich von
Arnsberg puso la primera piedra del Castillo de Wewelsburg en 1123, sobre las ruinas de una
antigua fortaleza sajona del año 930, construida tal vez por el Rey Heindrich I. De hecho,
Theodor von Fuerstenberg sólo añadió una torre a las otras dos preexistentes en el castillo. La
clave del castillo se halla en la Torre Norte. El resto del castillo se destinaba a la vida diaria
de los alumnos de la escuela SS, con su Biblioteca de cuarenta mil volúmenes, dormitorios,
comedores con sus objetos de cerámica tradicional y con runas grabadas, especialmente la
Runa SIEG y la Runa HAGAL, junto con la Esvástica Levógira.

En el subterráneo de la torre norte de Wewelsburg, bajo la sala principal del castillo, se halla
una bóveda donde se celebraban rituales SS. Este recinto subterráneo tiene una acústica
musical que transforma en música todo sonido proveniente del exterior. En el centro de la
cripta, en el suelo, aparece un círculo donde se celebraban las ceremonias. Doce pequeños
pilares de piedra, como rombos, siguen el círculo del muro. Detrás de ellos debieron existir
emblemas y símbolos desconocidos. En el techo de la bóveda aparece la Esvástica Levógira,
tallada en la piedra, combinando con la runa Sieg, el emblema SS. En el centro del suelo de la
bóveda subterránea hay un espacio ahuecado circular donde se encendía el fuego, o donde el
Supremo Sacerdote-Guerrero de la Orden Negra recitaba los mantras rúnicos. “Ese recinto
cargado de resonancias mágicas”, -dice Miguel Serrano-, “hacía que el Runenlauteren, se
transmitiera hasta el Sol Negro y, a través de este, hasta el Rayo Verde, donde residen los más
excelsos Guías del Hitlerismo Esotérico (...) En este castillo se dio la iniciación a unos pocos
elegidos, para conseguir la aparición del Sonnenmench, del Hombre-Sol, del Superhombre”.

En el primer piso de la torre norte, sobre el subterráneo, encontramos un salón también


circular, con doce columnas unidas por arcos y con doce ventanas detrás de cada columna. El
suelo es de mármol, con el dibujo de una Esvástica Levógira en el centro, combinada con la
Runa Sieg. Ahí se ubicaría una mesa de mármol o de piedra redonda para recibir a doce
caballeros SS. en un extremo, sobre el dintel de una puerta, sostenida con fuertes cadenas,
pende una enorme piedra de forma semicuadrada. Nada hay grabado en ella.

La SS planeaba edificar cinco pisos en total en la Torre Norte –el número hiperbóreo–.
Arriba, subiendo unas escaleras angostas, se hallaría un pequeño recinto con un sitial, donde
vendría a sentarse el Führer. En torno a Wewelsburg, se planeaba la construcción de toda una
Ciudad Sacra, tal y como ya hemos explicado en el capítulo referente a la SS.

Por encima de los más altos dirigentes conocidos, sobre el mismo Himmler, existieron unos
guías desconocidos que no usaban uniforme, que nunca se dejaban ver y que no aparecían en
público. Evitaban todo protagonismo público, pero estaban sobre todos los demás y
únicamente en las ceremonias más secretas, llevadas a cabo en la bóveda subterránea, o sea,
en torno a la Tabla Redonda, aparecían, aún sin mostrar sus rostros. Ni Himmler les conocía:
eran los Directores Desconocidos. Tal y como sucediera con los templarios, no fueron hechos
prisioneros ni murieron en la guerra. Desaparecieron misteriosamente y nadie ha sabido nunca
quiénes fueron ni a dónde partieron.

10- El misterio de la alquimia

Ya en capítulos anteriores, como la Vía del Diamante en el yoga tántrico, nos hemos referido
a la cuestión de la magia sexual. Durante mucho tiempo, en el Occidente judeo-cristiano, este
tipo de magia fue estigmatizada socialmente como adoradora del diablo, si bien hemos
explicado cómo tiene su origen en misterios y ritos muy anteriores al judeo-cristianismo.
Entre los verdaderos rosacruces, hermetistas y pitagóricos occidentales –como entre los
taoístas– coexistieron siempre dos vías
alquímicas:

- la vía externa, cuyo objetivo es obtener la


Piedra al Rojo Filosofal y transmutatoria, y

- la vía interna, cuyo fin es la creación del


Cuerpo de Gloria o de Resurrección tangible,
un Cuerpo de Conciencia Coagulada que
permite al Iniciado “ascender al Cielo” estando
vivo y le da así la certidumbre de la
inmortalidad.

El trabajo de la vía externa no es un fin en sí


mismo, sino una etapa en la vía interna en la
práctica transmutatoria. Esta práctica produce
estados superiores de consciencia y abre al
practicante la vivencia del “aquí y ahora”.
Volvemos a señalar que para avanzar por este
camino es preciso una firme voluntad que sea
lo suficientemente fuerte como para conseguir
liberarse de la sumisión a los deseos y los
instintos animales. Estos son los grandes
devoradores de las sustancias psíquicas sutiles.
El alquimista ha de dominar el proceso creador
de estas sustancias psíquicas sutiles para
conseguir transmutarlas. De esta manera puede
crear el Cuerpo Crístico o Solar.

Es el propio Ángel Guardián (el Hermes interior) quien enseña al hombre los secretos de la
alquimia. De la unión de este Hermes celeste con la Mujer-naturaleza-terrestre nace el Titán o
el Héroe: el llamado a superar la naturaleza caída. Se manifiesta en un Cuerpo de Luz
trascendente, escapando a la fatalidad, a la esclavitud, a la ilusión y a la identificación con las
cosas mundanas...

Hermann de Cillei, miembro de la Orden del Dragón, resume el proceso y la finalidad del
iniciado en esta vía:

“Vuestro cuerpo inmortal existe ya. Haced crecer esta otra realidad en vosotros, dejaros
poseer por ella. Sed aquel que no duerme nunca, que no sucumbe a los automatismos, aquel
que no se olvida ni un segundo, un hombre triunfador sobre la muerte. Vuestro cuerpo os
seguirá. ¿Cómo podría sufrir la descomposición?... Es la falta de vitalidad, de voluntad, lo que
hace que el cuerpo se disuelva en polvo... Es necesario actuar sobre el doble, hacerlo
autónomo, forzarle a salir del cuerpo, a errar en el plano astral, enseñarle a vivir sin depender
del cuerpo y de sus hábitos. Cuando el doble está perfectamente amaestrado, entonces la
conciencia puede dejar el cuerpo y venir a habitar este doble...”

Este proceso de divinización viene a reconstruir el puente que permite reencontrar el camino
de retorno a la Hiperbórea extraterrestre donde moran los dioses inmortales y los héroes. En
este proceso, tras una dura iniciación, el iniciado ha de afrontar y superar la “prueba del
vacío”. Sólo el caballero puro lo conseguirá. Para ello, habrá de alcanzar la puerta de Venus,
la Estrella de la Mañana, y salir por ella, hacia el Sol Negro. Este Sol Negro es la prueba del
vacío absoluto, la muerte mística que lleva al iniciado hacia la inexistencia del Rayo Verde,
donde, en palabras de Miguel Serrano, “moran los Maestros de mi Maestro y los más altos
Guías del Hitlerismo Esotérico”.

En la inexistencia del Rayo Verde, el cual es más real que todo cuanto existe sobre este
mundo, es donde se vienen a realizar todos los sueños imposibles. Ahí es donde el iniciado
resucita a la amada transmutándose en un cuerpo de Vraja inmortal.