I

ROAD TO CIUDAD JUÁREZ
CRÓNICAS Y RELATOS DE FRONTERA

Compilación de

ANTONIO MORENO

SAMSARA

2014

ÍNDICE

Coordenadas I 9
Antonio Moreno

Prólogo:

La cronica como literatura ciudadana: escritura y Ciudad[uarez a comien­
zos del siglo XXI I 16

Danny J. Anderson

PRELUDIO
Rodolfo Hasler
Ciudad]uárez I 19
Verónica Grossi
Paso del Norte I 20
Road to Ciudad [udrez.
Crónicas y relatos de ftontera.
Antonio Moreno (Compilador).
Primera edición, enero 2014.

I. TROTAMUNDOS Y PASAJEROS
1. Uberto Stabile
]uárez mon amour I 25

© Samsara Editorial, 2014.
© Antonio Moreno, 2014.

2. María Bern
Hoy estamosy mañana nos llevan a ]uárez.
Ficcionespara una ciudad I 29

FOTOGRAFÍA DE PORTADA:

© Joe! S. Casas Ávila.

3. Eleonora Achugar
El cuadrilátero vacío I 40

DISEÑO:

© Sergio. A. Santiago Madariaga
maquinahamlet@gmail.com

4. Andrea Salgado
El último día que crucé la ftontera

Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total y
parcial sin autorización de la editorial.

5. Maarten van Delden
Algo sobre una visita a Ciudad]uárez I 55

Impreso en México / Printed in Mexico

6. César Sllva-Santisteban
Un día en Ciudad]uárez I 67

ISBN 978-970-94-2896-4
7. Betina González
]uárez revisited I 77

I 45

8. María Alzira Brum
La frontera I 82

6. José Ángel Leyva
Entre el miedo y la esperanza 1168

9. Alfredo Fressia

Los extraño todavía 1 91

7. Élmer Mendoza
]uárez, ]uaritos 1172

10. Enrique Rodríguez Araujo
Misión Ciudad]uárez I 99

8. Max Parra
De El Paso a ]uárez. Crónica de un crucefronterizo 1175

11. Nelson de Oliveira
Calles 1103

9. Jorge Humberto Chávez Ramírez

La ]uárez I 183

12. Luis Carlos Ayarza Riveros
Vampiros en El Paso 1109

10. Socorro Tabuenca
]uárez 01 my Rivers I 193

13. José Prats Sariol

Una ciudad sin atributos 1 112

11. Magali Velasco

Ballenas en el cielo de ]uárez I 204

14. Miguel Ildefonso
Vamos al Noa Noa 1116

12. Bias García Flores

La ciudad chicley sus héroes menores 1 207

15. Paolo de Lima
Gali 1119

13. David Ojeda
La parábola del cieloy el infierno 1212

11. PASEANTES Y TROTACALLES
l. Ricardo Aguilar Melantzón
A barlovento \133
2. Yuri Herrera

La alcurnia extraviada / The law is the law is the law 1 142

3. Ignacio Alvarado Álvarez
La ciudad del whisky 1149

4. Miguel Ángel Chávez Díaz de León
Salvador Dalí en Ciudad]uárez 1156

5. Enrique Cortazar

Sucedió en un baldío 1 160

14. Mauricio Montiel Figueiras

Tierra de nadie 1 221

15. Pedro de Isla
6001223

16. Antonio Moreno

La ne-brerfa de Polo o puro juaritos I 226

17. Martín Camps

Estampas de ]uárez 1 232

18. N adia Villafuerte
Botas texanas I 242
Ficha técnica de los colaboradores 1 249

ANTONIO MORENO

Coordenadas .. .
Latin()am~r.ica.-J:.ill.IÚ.~za ~QCiudad.llJªr~z. De diciembre de 1999 a

-re¡;;~r~- -del año entrante, el escritor ~~lombiano Héctor Abad

Faciolince recorrió buena parte de Egipto para escribir un libro de
viajes que tituló Oriente empieza en El Cairo (2002); el título pro­
viene de una afirmación hecha por Gustave Flaubert cuando a
mitad del siglo XIX viajó a Egipto para tener al alcance de la mano
lo exótico y lo enigmático, la sensualidad que Europa añoraba.
Para el ensayista palestino Edward Said, Oriente es un concepto y
un discurso que pone en juego una red de intereses y poderes en
detrimento del mismo concepto. Desde el punto de vista de Occi­
dente, siguiendo a Said, en el mundo árabe campea el despotismo,
el esplendor y la crueldad. Con respecto a Latinoamérica, y aun
cuando se trate de imponer una percepció~;'~~ntanünad~por el
estereotipo, la indiferencia y la ignorancia, nunca ha dejado de ser
_----......
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ese vasto territorio geográfico y lingüístico que la constituye como ;,
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una narración cultural hecha de mezclas, pero en la que cabe des- 1 "'.
afortunadamente la barbarie y el horror.
j
Leí el libro de viajes de Abad Faciolince cuatro años antes de
que el gobierno mexicano le declarara la guerra al crimen organi­
zado, y al cabo de meses Ciudad Juárez se convirtiera en una au­
téntica zona de desastre. i2!.!i..'!!.:,-!.?J/;Eit3f!:.-!.!J".!!..Udiro forma parte :-"-."....;,
de la Colección Año Cero, impulsada por la editorial Mondadori
en el año 2000, en la que comprometió, con el nuevo milenio en
curso, a ocho autores en lengua castellana a viajar a las capitales
mundiales más importantes: Rodrigo Fresán viajó a la ciudad de
México; Roberto Bolaño, a Roma; Gabi Martínez, a Nueva York;
Rodrigo Rey Rosa, a Madrás; José Manuel Prieto, a Moscú; San­
tiago Gamboa, a Pekín, y Lala Isla, a Londres. Como se indica en
la cuarta de forros: realidad y ficción se conjugan en las novelas
cortas y largas, crónicas calidoscópicas o diarios de viaje. En 2008
retorné a la frontera, después de una larga estancia en la Universi­
dad de Kansas, en Lawrence, año en el que empecé a gestar un
proyecto ~imilar al emprendido por los directores de la Colección
Año O. En la Universidad de Texas en El Paso, institución donde
o•• ·

.

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\J-rlf
9

impartÍ dos cursos de lireratura en el semestre de primavera de ese
mismo año, conocí a varios escritores sudamericanos que cursaban
allí estudios de postgrado, quienesr;-ü sólo~~~'~;on inmediata­
mente las condiciones del proyecto, sino que me conectaron con
otros escritores del Cono Sur que habían manifestado mucho
interés por C=illd.adJuá.rl':!" A medida que el diálogo fue fructifi­
cando me percaté que cada quien hablaba deuna ciudaddistinta;
al mismo tiempo que rec~~dé l;'s palabras de Bruce Chatwin:"":':"Se
viaja literariamente"-, percibí que las opiniones vertidas mostra­
ban los resortes de Ciudad Juárez, a los cuales había que asirnos
para ingresar a una realidad real e identificable, pero estos paulati­
namente eran superados por las emociones: antes que nada, Ciu­
dad Juárez era para ellos un sitio que ofrecía la posibilidad de

r~E.~.~<i.r._~\,e~n.:r.'!E~~ culturales que la te,!all~siuda(L~l.P~QJ~
~~I~<l~.~?- que era dueño de ~~~~t:.~l..P.~l:'~~1!:'m1c.vOS y de un
o

fulgor tonificante que solo la ho§pJt?Jida4 puede dar. Los resortes
estaban allí a la vista de todos, pero entre la descripción y el proce­
so de narrar o atestiguar una experiencia compleja (el mercado
J uárez, el desierto de Samalayuca, la Catedral, el museo de la Ex
Aduana, el parque Chamizal, la casa de Juan Gabriel, sus cantinas
legendarias y bares míticos, el río moribundo y los puentes inter­
nacionales), Ciudad Juárez ingresaba a otra dimensión, no es que
se volviera irreal o incomprensible sino que al momento de escu­
charlos la ciudad se revestÍa de un ánimo alimentado por una ima­
ginación puramente literaria.
Decidí entonces imaginar un libro. dividido en dos partes; que
la primera aglutinara las crónicas y r;Gü;~-de ;utores -~njeros
que estuvieron de paso por la ciudad, a modo de imp~~~rle una
carácter nómade al libro, pero no ajena a la ciudad; y la segunda
parte, como contraste, donde la ciudad representara el papel de
una vieja conocida, estaría formada por las crónicas y relatos de
autores mexic<inos que habían nacido en ella, vivido o la habían
visitado··;lg~~a~~ez. El propósito no era confrontar miradas para
deducir posteriormente que la ajena es, en estos casos, más certera
que la mirada autóctona; la idea era mostrarle al futuro lector que
el mapa que llbica Ciudad Jllárez es una supereosición de otros
Illapas, t;:i:z'ádü p'o¡:-'p~i~~je~ secretos ciertos O~~ig~~-;ublime-Zy
-~tl.k medida de lo posible, estemos de paso o no, el mae~._~~
perten~~.. a todos. Dejamos de lado el revólver humeante y el
o.

y

o

10

cuchillo entre los dientes para explorar otros horizontes menos
hostiles. De modo que la advertencia fue:la violen<:!a n().RoQ!~Lz.r
en esta ocasión la protagonista, había que darle importancia a la
sutir re;~a6ñq~e el s~r' humano experimenta en sus andanzas
cotidianas en la ciudad, y la manera en que lo aparentemente im­
perceptible puede enriquecerle los sentidos, bajo el entendido que
toda crónica es un viaje y: una!.1l9ªgawcia.
~.
Después de que el colombiano Luis Carlos Ayarza planteara la
posibilidad de indagar la ciudad desde una casa de empeño en El
Paso, cuyos clientes cruzan a menudo la frontera para dejar en
prenda sus ajuares; y el peruano César Silva-Santisteban delineara
su recorrido a partir de un itinerario sometido a la perturbada
lógica de las funerarias, se unieron a este vagabundeo urbano las
argentinas Betina González, Premio Clarín de Novela, y la cineas­
ta María Bern; así como la uruguaya Eleonora Achugar, la cuentis­
ta colombiana Andrea Salgado y el mexicano Yuri Herrera, finalis­
ta del Premio Rómulo Gallegos 2011. La nómina se incrementó
con la incorporación de los narradores brasileños María Alzira
Brum y Nelson de Oliveira; los poetas mexicanos Miguel Ángel
Chávez Díaz de León, Enrique Cortazar y MartÍn Camps; y los
también poetas limeños Miguel Ildefonso y Paolo de Lima; el
narrador colombiano Enrique Rodríguez Arauja; la poeta y aca­
démica Verónica Grossi, el crítico y narrador cubano José Prats
Sariol; la narradora chiapaneca Nadia Villafuerte; los narradores
Pedro de Isla y BIas García Flores; el crítico y narrador Mauricio
Montiel Figueiras; la cuentista y académica Magali Velasco Var­
gas; los periodistas Ignacio Alvarado Álvarez y Jorge Humberto
Chávez Ramírez, y los académicos Max Parra, Maarten van Del­
den y Socorro Tabuenca. Gracias a la intervención del poeta Jorge
Humberto Chávez Díaz de León, fundador del Encuentro Inter­
nacional de Escritores Literatura en
el Bravo, accedieron colaborar
.
el novelista y cuentista David Ojeda, el poeta y editor valenciano
Uberto Stabile, el poeta uruguayo Alfredo Fressia, el poeta cu­
bano-español Rodolfo Hásler, el poeta y editor J osé Ángel Leyva y
el novelista Élmer Mendoza. Sobre la crónica de Ricardo Aguilar
Melantzón (1947-2004), que corresponde a su novela autobiográ­
fica A barlovento (1999), me tomé el atrevimiento de seleccionar
aquellas impresiones sobre Ciudad juárez que mejor encajaban en
este proyecto.
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....,~.-_."""..---

11

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Ahora implica una espiral de violencia sin precedentes, GUYO ex­
cesivo espectáculo de crueldades cotidianas (como los fusilamien­
tos en la vía pública, detonaciones de explosivos, ejecuciones, de­
capitaciones, incendios, extorsiones, secuestros, el robo de autos a
mano armada y tiroteos a la orden del día), es decir, terrorismo a
secas, concentra una realidad en estado puro, más allá de lo cine­

matográfico, y que por lo mismo sobrepasa la estética del~~stern
urbano. En un filme de vaqueros, por lo menos, los críme~es no
~~eleñ quedar impunes. El caso supone y exige una tipificación
emocional: neurosis urbana. Desde que el presidente de México en
turno le deaaró-i~~;-~;;-;l crimen organizado, hasta la militariza­
ción peliculesca de casi todo el norte de! país, Ciudad juárez pasó
a ser la población más violenta del mundo. Y de cierta manera, en
esta confrontación estratégica, que parece ser el único empeño de
dicho gobierno, se ha derramado mucha sangre inocente.
Desde su fundación hasta la actualidad, Ciudad Juárez ha sido
objeto de seducciones, pero también de horror y de perversiones.
Estos dos polos originan una tensión casi metafísica al momento
de plantear sobre la ciudad un buen juicio crítico, y objetivamente
fiable, de cara a la coyuntura del momento. Se han publicado
muchos libros recientemente, algunos de ellos estupendos como
La guerra por ]uárez (Alejandro Páez Vare!a e Ignacio Alvarado
Álvarez, et al., 2009) y Murder city : Ciudad ]uarez and the global
economy's new killingfields (Charles Bowden, 2010), cuyos autores
exploran con toda la firmeza periodística esos dos rostros emocio­
nales de Ciudad Juárez. Aunado a este vínculo, dentro de la mis­
ma escena social fronteriza, está presente e! tema de los feminici­
dios, sostenido por una serie de eventualidades dramáticas que
fomenta cierta paranoia hipocondriaca. En La ciudad de las muer­
tas: la tragedia de Ciudad ]uárez (Marcos Fernández y Jean­
Christophe Rampal, 2008), se pone de manifiesto que la ciudad,
en e! lapso de casi veinte años a la fecha, se tornó en la capital
mundial de crímenes en contra de mujeres. Siguen esta misma
cobertura temática Huesos en el desierto (Sergio González Rodrí­
guez, 2002) y Homicidios y desapariciones de mujeres en Ciudad
]uárez: análisis, criticasy perspectivas (MartÍn Gabriel Barrón Cruz,
et al., 2004). Del mismo modo que estas producciones culturales
plantean al lector diferentes miradas y evaluaciones de las causas y
efectos de los feminicidios, la desgracia adquiere su propio relieve
y traza ya no secretamente una trayectoria dialéctica que la posi­
ciona, aunque no lo queramos, por encima del accidente.
En otro terreno y con el desafío a lo real propiamente estético,
Roberto Bolaño, ángel tutelar de una cofradía literaria que lleva su
mismo nombre, fabuló y conjuró sobre el tema en la novela 2666
(2004). En La parte de los crimenes, Bolaño narra los feminicidios

12

13

A pesar de los cataclismos infames de la hora, Ciudad Juárez si­
gue conservando un aire cultural inquietante. No creo que corran
peligro sus mi~ fl,!!lclªe<;jQJlales (desde Cabeza de Vaca hasta Fray
García de San Francisco), ni tampoco sus credos subversivos e
insondables (desde Benito Juárez hasta Pancho Villa). Las ciuda­
des erigidas sobre discursos épicos y religiosos, que es una idea
:! generalizada, viven emociones cíclicas; y cada cierto tiempo, defi­
j nido por el azar, la fuerza natural que las constituye se desborda.
\De acuerdo al lenguaje gráfico del momento, Ciudad juárez vive
en la zozobra, esto es como tratar de silbar contra el viento en
medio del fuego cruzado. Los mitos fundacionales donde los haya
(esos que nos ayudan a formar nuestro mundo diario), nos de­
muestran plenamente que esta ciudad conserva un mecanismo que
la convierte en un campo Ae, d.~spl!-t;l.~epcÍsl).di2.s de toda índole,
pero por sus efemérf&;;';~s damos cuenta que hay ciertos hechos
que no carecen de dramatismo; porque no hay mito sin barbarie.
Luego del ataque sorpresa de las tropas re;~;I~¿~~~;¡;~~~-;Jian­
za ofensiva, en mayo de 1911, hace poco- mi;~d~~'~iglo exacta­
mente, ocurrie;;;-n co~b~~~~-;;:;roces durante tres días continuos en
la ciudad. Con la derrota de las tropas federales, sobrevino la fusí­
lata, el pillaje y el alboroto. A cientos de kilómetros de allí, en el
mismo estado de Chihuahua, en el pueblo de T ornóchic, pero
veintitantos años atrás (1891), prosperaba una cié-iia'hé'iejía entre
sus habitantes, y al m~~;'ti;mpo, una disconformidad colectiva
en contra del sistema de repartición de las tierras nacionales. Co­
mo los habitantes del pueblo de Béziers, en el Languedoc, cuna de
la herejía catara en el siglo XII, los tomochitecos que eran a su vez
sediciosos y herejes, por su devoción a la Santa de Cabora, fueron
aniquilados por el ejército de Porfirio Díaz. La inmolación de un
pueblo, por un lado, y el heroísmo de un ejército insurgente, de
otro, no representan hechos aislados sino que, respectivamente,
anticipan yconsolidand conflicto armAd,o_conocido como la Re­

r

~í~~i6~~M~;i~;~;~--~'

.....

en SantaTeresa (Ciudad Juárez), y al hacerlo, transmite la sensa­
ción al lector de estar poniendo un pie dentro de una atmósfera
diabólica. En Entre paréntesis (2004), un libro misceláneo hecho
de notas y declaración de principios, cuenta el escritor chileno que
el asesinato impune de mujeres es otra forma del mal y de la co­
rrupción; y también, una metáfora de México y del futuro incierto
de toda Latinoamérica. Carlos Monsiváis, un hombre dotado para
el género de la crónica, sostuvo en algún lugar que las ciudades
que hacen frontera con los Estados Unidos son ciudades de avan­
zada. Lo que ellas generan culturalmente, poco tiempo después, se
esparce hacia el resto del país.
Las anomalías e infortunios sociales que padece hoy Ciudad
Juárez, en efecto, condenables, no son la totalidad del mundo,
sino que forman parte de un percance. Me gustan las ciudades
manejables, y también me atrae de ellas su perfil decadente y diso­
luto, una dualidad que nos ilustra referencias sensibles, por la
manera que el sujeto establece sus contactos al momento de estar
en medio de las cosas, con sus límites y contradicciones.
Nos queda la cita literaria de Jack Kerouac sobre Ciudad Juárez,
que es memorable, para tratar de articular un marco en torno a
este libro de crónicas en el que concurren el asombro y la curiosi­
dad ante los usos y costumbres de la gente que habita una vasta
ciudad, con sus espejismos circunstanciales, la canalla urbana,
quimeras, variedades del color local, deidades nocturnas, síndro­
mes y patologías culturales, al igual que el estilo excepcional de
usar el idioma:
Dean y Marylou aparcaron el coche cerca de Van Horn y folla­
ron mientras yo dormía. Me desperré precisamente cuando ro­
dábamos por el rremendo valle de Río Grande, a rravés de Clint
e y sleta hacia El Paso. Marylou saltó al asiento trasero, yo al de­
lantero y continuamos la marcha. A nuestra izquierda, pasamos
los vastos espacios de Río Grande, estaban las áridas y rojizas
montañas de la frontera mexicana, la tierra de los tarahumaras;
un suave crepúsculo jugaba en las cimas. Delante se veían las le­
janas luces de El Paso y Juárez, sembradas por un inmenso valle
tan grande que se podían ver varios trenes humeando al mismo
tiempo en diversas direcciones como si aquello fuera el Valle del
Mundo. Descendimos a él (192).

14

N O sé si lo escrito por Kerouac sea una exageración o una im­
precisión, pero estoy seguro que ese Valle del Mundo que él oteó,
reúne un cruce de dos caminos, y no es extremado afirmar que las
dos ciudades (Ciudad juárez-El Paso) comparten orígenes comu­
nes y algunas vicisitudes históricas. Las crónicas literarias aquí
compiladas tienen como propósito mostrar varios de los rostros
posibles de la ciudad, exceptuando aquellos que ya han sido inves­
tigados como la violencia feminicida y la violencia entre narcos y
militares.
REFERENCIAS
ABAD Faciolince, Héctor. Oriente empieza en El Cairo. Barcelona: Random
House Mondadori, 2002.
AGUILAR Melantzón, Ricardo. A barlovento. Torreón, Coahuila : Editorial de
Norre Mexicano / Universidad Iberoamericana Laguna, 1999.
BARRÓN CRUZ, Marrín Gabriel, et al. México, D.F. : Instituto Nacional de
Ciencias Penales, 2004.
BOLAÑO, Roberto. 2666. Barcelona: Anagrama, 2004.
- . Entre paréntesis. Barcelona: Anagrama, 2004.
BOWDEN, Charles. Murder city : Ciudad [uarez and the global economy's new
killingfields New York: Nation Books, 2010.
FERNÁNDEZ, Marcos y Jean-Christophe Rampal. La ciudad de las muertas: la
tragedia de CiudadJuárez. Barcelona: Debate, 2008.
GONZÁLEZ RODRÍGUEZ, Sergio. Huesos en el desierto. Barcelona: Anagrama,
2002.
KEROUAC, Jack. En el camino. Trad. Martín Lendínez. Barcelona: Anagrama,
2007.
PÁEZ VARELA, Alejandro, et al. La guerra por [udrez. México, D.F. : Planeta,
2009.
SAID, Edward. Orientalismo. Trad. María Luisa Fuentes. Barcelona: Random
House Mondadori, 2007.

15

auto un CD que recopila sonidos de las ballenas grises; pienso en
la escafandra, en el espacio, en Jonás. La avenida se diluye, para
mí, sólo hay cielo. Ha dejado de nevar, algunas nubes coloradas,
ala de flamingo, se asoman tras los cerros ahora blancos, son las
cinco de la tarde y casi no hay luz. Hay algo de vampirezco en este
ocaso, hay algo de inquietante en la belleza del cielo y su silencio y
su total indiferencia e incongruencia con lo terrenal y lo mortal.
La noche se avecina y, como si fuera tierra de muertos vivos, me
apuro a llegar a casa antes de que los espíritus se suban al techo y
al cofre de mi auto. Un cachalote me habla, un saxofón lo acompaña. Al dar la vuelta y toparme con la luz roja del semáforo descubro que el cielo, además de flamingos y aves fénix y vampiros,
tiene ballenas: tres nubes en forma de ballena surcan el tramonto,
entonces respiro.

BLAS GARCÍA FLORES

(México)

La ciudad chicle y sus héroes menores
... esta ciudad

debería ser la capital del chicle ...

ROBERTO VILLALOllOS, mientras caminábamos

por la banqueta de la López Mareos

Ciudad

Juárez_1982:

Los tres de la Plaza

de Armas

A horas exactas nos levantan, nos peinan,
nos mandan a la escuela
SALVADOR Novo

Todos los días, a eso de las siete de la mañana, ya uniformado,
medio dormido pero ansioso, cabeceaba frente a la estufa cuidando que la leche no se derramara del vaso de peltre sobre el quemador. Esa maravilla de café natoso me abría los ojos todo el día.
Siempre hacía el mismo recorrido: caminar de la mano de mamá,
por la calle Hidalgo, hacia la escuela Jesús Urueta, pasando por
lugares del primer cuadro de la ciudad, para mí fantásticos: el
Mercado Cuauhtémoc, la Misión de Guadalupe, el Cine Reforma,
la Plaza de Armas y el Monumento a Juárez. En esa zona rondaban tres héroes menores apabullados por la miseria, las minusvalías corporales y una aparente locura: el primero, funámbulo de
oficio, caminaba sobre la cuerda floja de la sinrazón; el segundo,
era pedigüeño, se meaba encima y, peor aún, tenía amputados
todos los dedos de los pies; el tercero, pintaba acuarelas sin la ayuda de las manos. Pero eso no era una justificación para que ellos
carecieran de una biografía breve, enriquecida con el alfabeto radical de la calle y con mi benevolencia de niño.

l. El hombre
primer héroe

liga, alias Duraflex,
menor de la frontera

Durajlex jamás se enfrentó contra vampiros o momias desquiciadas, promotores

206

del mal y el caos urbano. Como su fuerza era

207

mínima, (ésa es la condición sine qua non de todo héroe menor), l:i
ocupaba sólo para estirar ligas con las manos y construir extraños
instrumentos de cuerda que emitían una música sorda y miserable
semejante a su identidad. Usaba ligas duraflex. Para aguantar L1
jornada, decía él mismo. Las reconocía por el grosor. Sabía donde
recolectarlas: afuera de los bancos, junto a las materias primas, en
la esquina de Mariscal y Morelos, donde estaban las dulcerías; y a
lo largo de la Plaza de Armas. En el camino recogía rodas las ligas
que encontraba. La gente decía que estaba mal de la cabeza. Mentira. Mientras observaba el piso buscando como halcón, repasaba
mentalmente las melodías del programa del día: estrenaba a diario
canciones que escuchaba en los camiones de la ruta Centro-San
Lorenzo. Y tenía sus preferidas: yo tuve una novia linda! y no La

puedo olvidar...
Llegando a la puerta principal del Cine Reforma, iniciaba la fase
de control de calidad-alguna
vez trabajó en la maquila y el control de calidad era la cosa más novedosa entonces, aunque no sabía
en absoluto que era eso. El era operador, y a veces no sabía en
absoluto de nada-: extraía las ligas porosas del bolsillo interior de
su chamarra militar. Las grandes se las colocaba en su muñeca
derecha y las duraflex en la bolsa posterior izquierda de la chamarra. Las ligas estaban todas sucias.
Para iniciar el espectáculo, él siempre usaba la liga más maltratada de las duraflex; colocaba el bote de aluminio en el piso tapizado
de chicles, movía la mandíbula como boxeador preparándose para
el combate, humectaba con la lengua los pequeños cortes del labio
superior que nunca alcanzaban a cicatrizar, y todo en él se transformaba: la duraflex sucia de lodo, afianzándose entre los incisivos
superiores e inferiores, de extremo a extremo. El dedo índice izquierdo tensaba la liga entre ocho y diez centímetros. Entonces,
volteaba a la derecha y a la izquierda: mucha gente circulando.
Luego, miraba hacia arriba y abajo para saber si habría lluvia de
cielo o de charco. Al mismo tiempo que el dedo medio derecho
pulsaba la liga, la voz entre dientes iniciaba con un clásico: a mi
playa nadie viene/ estoy solo junto al mar... Casi siempre, pocas
monedas y mucho mirón. Cuando las ligas cedían pronto, se tomaba un descanso y decía en voz baja: "nunca me dejan entrar a
este cine. Nací un 18 de marzo. No tomaré agua". Observaba el
kiosco de la plaza de enfrente, llena de palomas y carritos de pale-

208

tas. Más movimientos de mandíbula. Cuando cambiaba de liga,
empezaba el concierto. Las ligas de la muñeca las usaba para crear
un instrumento de cuerdas. Las estiraba y aflojaba como un arpa
para alcanzar distintas notas que nada más él distinguía. Nunca
faltaban peatones que se burlaban de su propuesta musical. Para
los burlones tenía destinadas las ligas porosas del bolsillo interior:
hacía una pausa y los miraba feo; en cuanto se alejaban, les apuntaba a la cabeza. No fallaba. Reía y continuaba. A veces olvidaba
para qué servían las monedas y el ruido que hacían al caer en el
bote.
A lo largo del día muchas ligas se le reventaban. Los latigazos en
el labio eran fuertes, las heridas terminaban por abrirse nuevamente. Usaba saliva y sólo saliva como remedio. Y cantaba con los
dientes rojos, manchados de sangre.
Hasta que usaba todas las ligas, el gran Duraflex daba por concluida su hazaña del día y se marchaba con rumbo desconocido,
pronunciando la coplilla de siempre: "Nací el 18 de marzo. Nunca
me dejan entrar a este cine, exprópiese".
II. El Guanayudita,
segundo
héroe menor

de la frontera

El sacristán dejaba que Guanayudita pidiera limosna afuera de la
Misión de Guadalupe, atestada de turistas de El Paso y Las Cruces, porque aseguraba conocerlo desde hacía muchos años. Poseía
dos marcas inconfundibles, que para interpretarlas había que poseer un profundo conocimiento esotérico sobre el cuerpo y la fe:
nunca faltaba a misa de siete y le faltaban todos los dedos de los
pies. En realidad, los turistas cruzaban la frontera para tomar cerveza en el Mercado Juárez, pero de todas maneras se llevaban la
foto del Cristo acostado en su cajita de cristal (sin faltarle ningún
dedo del pie, por supuesto), que más que inspirar paz, asustaba.
Guanayudita se sentaba en la salida de la iglesia, que da a la calle
Guerrero. Le decían el Guanayudita porque esa era su frase al
momento de estirar la mano a los gringochos: "guanayudita plis,
guanayudita"; un spanglish que resultaba simpático para los turistas y funcionaba con los dólares. Sin embargo, Guanayudita odiaba a los niños. Era su lado abominable. Quizá era una pose, de
esas que suelen adoptar los héroes menores en época de transicio-

209

111

1

1

·1!f

nes emocionales. Cuando me acercaba para dejarle una moneda u
saludarlo, empezaba a gruñir y me hacía carantoñas. Nunca le
temí, pero preferí no acercarme más porque olía muy mal. Con las
mujeres era un pedigüeño coqueto. Me tocó verlo varias veces
comiendo tacos de buche en la Segunda de Ugarte, acompañado
de distintas damas que cobraban a peso la pieza de baile en el bar
El norteño. Su falta de dedos en los pies la compensaba con sus
manos, sobradas de cariño, que se posaban con maestría en los
glúteos de las damas que lo acompañaban.
A eso de las seis de la tarde, cuando ya estaba muy cansado de
soportar el sol y de ejercer su oficio como pedigüeño, alrededor del
Guanayudita se formaba un charco dorado. El sacristán le repetía
hasta el cansancio que usara el baño de las oficinas, pero el cansancio lo obligaba a no cumplir con las reglas elementales de urbanidad y se meaba encima como chico.
Con las ganancias obtenidas, visitaba todas las noches el Cruz
Blanca para tomar y jugar a las quinielas, con el entendido que
todo héroe menor debe darse el tiempo para el esparcimiento.
Después de pedir su caguamón obligatorio, elegía los mismos
números de siempre: el 27 y el 04. ¿Cuál cayó?, era la primera
pregunta que le hacía al cantinero, aunque él supiera la respuesta.
De repente, dejé de verlo. Años después supe que había obtenido un jugoso premio de la lotería. Pero no lo secuestraron para
quitarle toda la plata sino que desapareció por su coquetería y
presunción. Seguramente la mujer que la acompañaba la última
noche que lo vio el cantinero, quien afirmó que Guanayudita
alardeaba con un fajo de billetes en las manos invitándola a cenar,
le despojo el dinero ganado y hasta la vida misma.
111. Catedral
tercer héroe

en acuarela,
pintada
menor de la frontera

insigne Don lnocencio Ochoa, anfitrión de Don Benito J uárez,
cuando huía de los franchutes; en esa misma arteria estaban los
cines Variedades y El plaza.
Frente a la Plaza de Armas estaban los populares arcos, que para
mí no tenían nada de especiales, a no ser por el hombre que se
situaba a la sombra del lado sur. Pintaba paisajes en acuarela, en
formato grande. Sus pinceles limpísimos, el caballete viejo pero
resistente. Vestía overol de mezclilla, camisa blanca, de su pecho
colgaba un escapulario de la Virgen del Carmen y usaba guaripa
de palma. Era obeso y moreno, originario de Parral. Correspondía
a la versión juarense del gran Diego Rivera. Su rostro estaba acribillado de lunares. Tenía buena técnica, un trazo fino y largo, y
más de 20 años de experiencia.
Estoy seguro vendía mucho porque siempre estaba trabajando
en algo nuevo. La verdad es que sólo pintaba lo que tenía enfrente:
la Misión de Guadalupe, la Plaza de Armas y la Catedral. Nada
mal para un hombre que pintaba sin las manos.

1

l1¡

por un mutilado,

Regresar a casa era tardado. Saliendo de la escuela mi hermano
Fernando y yo nos quedábamos un rato en el Monumento a juárez, al que subíamos hasta donde estaban las esculturas de mármol
de Carrara. Desde ahí veíamos los cines Premier, Coliseo y Alameda. A pesar de que la escuela estaba rodeada de ellos, jamás nos
llevaron a una función. Al tomar la avenida la 16 de Septiembre,
estaba el cine Victoria, que antes había sido teatro y residencia del
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