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/

BIBLIOTECA

HISTORICA

"BENJAMIN

VICUÑA

MACKENNA"

UBICACION

______________________3_

( _b

_____

_____b

__:

_

)_

__ ___ ____________________

_

VOLUMENES

DE

LA

OBRA

..............

-1. ...........................

.

e_,::

CLASI FICACI ON ---· ···· ·· ·-···· ····-···· ·-········ --~·····················---·---·····--·-·

NQ DE REGISTR O • ~ . ~. J:f :: ~'

. .. .

.

Es propiedad d el editor .

SANTIAGO. -IM P .

CERVA N TE S-I 88 I .

UNA PALABRA AL LECTOR

El presente volúmen es la continuacion natural de los tres que le han precedido i forman la historia completa de la ter-

cera guérra de Chile con e l Perú Alto i Bajo, conforme a la

denominacion antigua, lucha porfiada

i fo rmidab l e que lleva

de duracion cerca ~de tres años, como

la s guerras púnicas

de

la antigiiedad, i que

ha sido conocida hasta

aquí

a

la luz

de

un buen criterio con el nombre de Gue?'ra del Pa cifico , porque sus numerosos combates, todos gloriosos para Chile, se han li-. brado en las aguas o en el litoral del vasto océano que hoi e s nuest r o. El primero de esos volúmenes abraza la época de la prepa- racion de la campaña, desde la ocupacion de Antofagasta en

Jebrero de 1879, hasta el

memorable combate nav a l de Iqui-

que, que fué la verdadera iniciacion de la guerra activa. Al movimiento puramente naval de esa primera edad d e la primera campaña, h á lla se tambien consagrado un volúmen aparte i especial pero complementario de esta historia j ene- ral, con e l titulo de Las Dos Esmeraldas.

El segundo volúmen abarca el cuerpo de la guerra misma

ha sta la terminacion de la campaña de

Tarapacá en la san -

-6-

grienta batalla librada de ntro

de

la quebrada

de

este n ombr e

el 27

de

noviembre

de

1870 .

El tercer volúmen,

qu e acaba

de

salir d e la s pr e nsa s,

forma

por sí so lo

la historia de l a seg unda campaíia

de

la s armas

d e

la repúblic a desde la marcha

del

ejército a Il o,

en f eb rero

de

1880,

hasta la captura de

Arica,

hecho

d e

arma s gloriosisimo

verificado

el 7

d e junio

de ese aiío.

En consecu e n cia el libro

cuya

ejecucion hoí

acomet<:Jmos

i

que

será,

en s u

tanto,

tan

completo

como

e l precedente,

esiá.

destinado

a hi sto riar la te rc e ra

campaña de

la guerra hasta la

ocupacion

de Liilla.

Queda de

esta manera cabal

en cuatro

volúmenes la

Histo-

r·ia de

la

G'ue rr a clel

Pac ifico ,

que

hace

dieziocho mese s

(fe-

brero de

1880)

emprendimos.

 

Naturalm e nt e l a parte mas viva,

mas interesante i mas

dra-

mática de

esos

anales m ili ta re s es l a que

fo r ma e l

argu mento

del

presente

libro.

Ignor a mo s si

habr emos

de

alcanzar

la

fortuna

de

colocarnos por el brillo de

l as formas i el atractivo

del escenario

a l a

altura

de

lo s grandiosos

ac on tec imi e ntos

militares

que s u ciclo abraza.

Pero no

creem os

avanzar un a p retension

ex.ajerada

<l e jlc-

tancia,

ase g urando

al

l

ecto r chil e no o est r a nj ero que, e n cuan-

to

el propi o esfuerzo lo soporte ,

como

investigacion,

como

es-

tudio i como

imp arcialidad,

no

habr emos

de

quedarnos

atras

ni en p a rt e torcida del

camino qu e

h emos segu do , i cuyo faro

i

i

meta e s la verdad,

augu st a

lu z de la

conci e ncia i e n ocasio-

nos

del sacrificio.

Po s ible

es que

al g unos,

concibiendo la

hi sto ria

i

le ndola

so l o d elant e d e la ajitada llama

de

la s

jenerosas

o exa ltada s

pasiones

que

la s

batalla s

e nj e ndran

e n

el a lm a,

e ncu e ntr e n

pródiga s de f a vor e n ciertos

pa saj es

del pr ese nt e o de

l os volú-

me nes

ya puesto s en

crecida cit·culacion, l as a preciaciones

d

el

enemigo

o de

s u

h echos.

P e ro n osot r os,

como

en

diversas

oca s iones

l o h emos dicho

i

creemos h aberl o pu esto

c onstan te me nte

en

obra

en

nuestra

-7-

vida de escr itor, que cuenta ya mas de treinta años, no escri- bimos pot· la pasion, e l interes o e l bullicio de l as jeneraciones

que se ajitan en torno nuestro como lumbr e efímera

que el

soplo del tiempo apagará ante:> de la alborada de la noche, sino para el juicio tranquilo, vasto i lapidario de la posteri- dad, única i eterna entidad llamada a juzgar con inapelable justicia los hechos de la historia i la vida, espír itu i trabajo de l os que, luchando valerosamente con todos lo s peligros i sinsabores de su propia, fugaz i sufrida existen cia, los narran,

Jos enaltece n o l os condenan. Por otra parte, ha sido error evidente i ha ocasionado daños

de no pequeña m onta el sistema de vanagloria i optimismo

ab-

sol u to que en nu estro país han acaric iado juntos opinion i

go-

bierno, prensa e historiadores, durante la presente guer r<J,

mostrando abultado m e no s pr ecio del adversario, porque en

ello no ha

habido ju st icia, i mucho ménos ve n taja, fuera de

que así se amenguaba sin motivo la lejítima i altísima gloria

de nuestras armas, deprimiendo las que con pujante brazo ha- bíamos tronchado.

Doloroso i acaso de grave compromiso es

reaccionar contra

esa corriente popular

livi a na, pero, por lo mismo, impetuosa i

fasc in adora en su caída Mas, a c ostumbrados a

i en su curso. semejante tarea desde nuestra prime-

ra juv entud en que escribíamos libr os de glorificacion i d e justicia hácia aquellos para qu i enes no éeamos deudores sino de sacrificios i de lágrimas, pet·severamos deliberadamente

e n ella, en la s puertas de reflexiva pero no egoísta vejez .

Ademas,

fué preci s amente esa nu estra primera aprec iacion

i nuestro rum bo de crítica, de patrioti s mo i de conciencia des-

de crue tomamos la pluma para coope rar con ella a la presente

guerra

prensa

en razon de nuestro humilde esfuerzo, i esc ri bimos en la diaria nuestro prim e r artículo, cuando aun no se había

q uemado un solo grano de pólvora, con el t í tu lo de El soldado

chi l eno

en

1879.

pl'esenci:a

del

soldado boliviano,

en febrero

de

-8-

Dadas

estas lijeras esplicaciones sobre el

tenor

i

el alma de

esta obra

de no corto aliento,

no s ponemos

al

trabajo

con l a

confianza i robustez

de

ánimo que

atrae siempre a

 

todo

autor

la noticia trasmitida por

su

benévolo

e intelijente editor de

qu e sus ediciones

se

agotan a

medida que

salen

de

 

la prensa,

lo

cual si no

es

una recompensa,

por lo ménos,

aun en nuestro

país, divorciado por lo comun con la lectura de libros naciona-

les,

es un poderoso estímulo en el taller

i

en

la esperanza de

reposo i de justicia para mas allá de la faena.

/

:}3.

'f.(

ICU ÑA

<j'v'lACKENNA.

CAPIT U LO I

EL

CORONEU !LEIVA - EN

AREQUIPA.

P os iciones q ue e l ej é rc i to chileno ocup ó

El cor o n e l Yn ldiv ieso nomb r ado

despues

de

l¡t

toma de

A r i ca. -

i sus

gob e enado t· mi li tar de

l

Horrib e quema

l

esta p aza

traba j os de h iji ene i saneamiento. -

de cad á ver es. -Je -

l

n eroso a u x i l io que los cirujanos de l os buques d e g uerra neut r a e s pres-

tan a

l os her idos en ausencia d e

las

ambu l a nc ias .-Los

marinos ch i le-

nos dan honrosa sepultura a Mo o¡·e i a Bologuesi . -El jene r al Baqneda-

n o,

ascend i do

a j eneral

de

division,

se

fija

su

cuarte l jeneral en

el segundo

p e rsonales . mas

que

Arica,

i

t r abajos

.Je reconstruccion a que

eutrega. -Regresa

a

Tacna a fines

ej é rci-

de

es-

de junio i espera 6r denes.-Su e rt e que babia corrido

to de l s ur en

s u

retirada. -

Planes

i

miras

trat jia i ele patrioti s mo,

e

a

segundo ej ército d e l sur. -

za lez

Orbegoso en

qu e había obedecido

E l j e neral Beingolea

P lan singu lar de

Pi é ro l a a l orgauizar el

en l en i el corone l Gon-

Pi úrola para reco n quis-

i

Poopó, i r eco noci -

.A.cti-

.A.requipa. -

ta r a T arapacá navegaudo por lo> la gos d e Titicaca

m ientos que encomienda con este motivo

¡1J

t ud fria i egoísta de Arequipa. -

organi zar apenas

i

las p r ovincias

un batallon de

corone l .Billinhurst. -

El prefecto GonzalP.z Orbegoso consigue

300

p lazas. -

Ocu r r e n

Puno,

ellos

los

el

Cuzco

restos

de

de

con sus coutinjentes i se refunden en

derrotada en

l os Anje les. -

  • l a div isio n Gama r ra,

Desastt:osa retirada

estas fuerzas i su composicion a l llegar a Paucarpata .-Pié de

q u e se encuentra e l segundo

ejército

de l

i

abr il d e 1880 , con sus jefes r espect ivos

sur

en l os

primeros

e l ementos

b él icos

de

pone. -

El coron e l

Carencia de armas

don Mariano Martiu

i

municion es. - - El

guerra en

d ías

de

que

cl is-

Lop ez, jefe de estado mayor.-

dict ador

Pi érola,

que

rehusa so-

corre r

a

Montero,

despacha el

Oroya

e l

pertrechos

30

de

marzo

con

un

valioso

cargamento ele armas , cañones i

lTen .-- Desembarca éste en

a cargo de l corone l R ecabá -

abril i

llega

a

Areqnipa

el

Caman á e l 4 d e

U .-

do

Cur iosos

te l egramas

que clirije

a

Gamnrra. - - R eca bátTen,

division es

volantes i

la

retaguardia

nombra-

se

de los

pro -

ch i -

sub -jefe de estado ma yo r,

organiza dos

contra

po n e emprender a med iados ele abril

H I ST.

L A

C.

DE

LIMA

2

-10-

len os, que en esos momentos

marchaba u h áci a

Locumba i

hácia Sama. ·

--Tmportan c in que pudo

tener ese movimien t o

i

sus <m nnci os , desde

mediados d e a.bril.- « Ln nube. JJ-

Üf1Usas que r eta rdan e~ta operacion i

ln. frustran. -- Mezquindad de l

pueb l o de Arequipa

i

curiosa nota in é -

dita del

coronel R ecabárren sobre

este pnrticular.--Riii as de

Recab:\-

n en co n e l

jeí'e de

estado ma yo r L o p ez .---E

l prime r o intenta

deponer

a l ú lti mo.-Rodea e l coro n e l Lop ez l a casa e n que R ecabárren celebra un a junt a sedic ios a de j efe·s i l o prende por la fuerza. -- El prefecto Gon- :ml ez Orbegozo asume e l mando del e j é rcito .-Renuncia del corone l Gntierrez ll amado r<E l Sobrado,l) i antecedentes de es t e j efe .--D oc umen-

tos in éd it os s ob re estos disturbios qn e estab

lec ían l a gue rra civ il en e l

Perú a p r esenci a de l enern i go .-- E l corone l L

e i va

es nombrado jenera l

en jefe

del

8e gundo ej ército

de l sur,

e n

remplazo

de l

jenera l Beiu -

golen, i ti U march<t detide I ca. -- C<trfteter i antecedentes

ele este jefe

i su

p roc l ama a l llegar a Arequipa

e l

30

ele

ab r iL-- Apremiantes cablegra-

mas

que

l e

diri j e

u

Mo n tero,

So l ar

i

Bo l ognes i.-El

coronel

Leiva

mue s tra desde e l

p r inc i pio ma l a clisposicion

para

marchar , i sospec has

a que ~e p r esta s u actitud como l uga r-t en i ente d e Pi é r ola.-A l finco- mienza a m over s e e l segundo e j é rcito de l sur e n l os prim e r os dia s de

mayo. - E l co m a ndant e Gu ti errez ocupa a Moquegua e l 8 de ese m es.

·-

H.ecab:'tr r e n

sa l e

e l

H

i

Leiva

e l

1\l en

clir eccion

a 'l' Oi·ata. -

Lle-

ga e l 2G a este

puelJlo e l

«Sobrado» con

s u divisiou

i clescansa.--ccY~t

e s

tarde!))

..

I.

El para

siempre memo r ab l e asalto i captum ele

la plaza fu e rte de l~rica, ll

ave m a rítima. i terr es tr e

del Sur

P e i de

Bo li vict,

pu

s o glor ioso fin a la

segunda campaña d e la. r e pública e l 7 d e junio de

18 80, como la terrible, d esig na l e ind ec isa batalla.

de T arapacá cerró su prim e r p e ríod o de in es · periencia i h eró icas bisoñadas e l 27 ele noviembre

del año precedente. dirs e por años, i la s

La

gue rra. comenzaba a. me-

ope r aciones no

por comb ates

sino por campañas. E l ejérc it o vence dor quedó, a consecuencia de bs últirnas batallaR, fra cc ionü.cl o en dos por cione s, conforme a s us victorias. Los que habían triunfado en Tncna se mantuvi e ron e n esa c iudad i s ns al-

-11-

rededores r ehac iéndos e . -Lo s Arica vivaquearon, como

en

que el campo de

vencieron

en

batalla,

en las ruinas

neral

su e n jefe , promovido

de

ciudad i de

sus fuertes.

días,

El je-

por esos

e n r ecom -

pensa d e

sus

señalados

triunfos, al

g rado

ele jene-

 

ral de

di vision,

el

mas

alto

d e

la república,

en

medio

de los

aplausos del

país i l as con gra tul aci o-

nes

del ejército, acampó

con los

últimos acompa-

ñado de lazqu e z.

s u

j efe

de

estado

mayor e l coronel

Ve -

II.

1

 

Pasada

allí la bulliciosa i d es yms t ado ra eferves-

 

cencia,

heces del

caliz de la gloria militar que

en-

jendran

todas

las

victorias

i especialmente

en

las plazas

tomad~s

por

 

asalto,

i

aplacada la ira i

la alegria desmandadas d el soldado, consagróse con

su jeni a l actividad

ñsica e l j e neral

Yenceclor a l as

 

múltiples

tareas

de

l

os

muertos que

eran

su puesto,

haciendo

numerosísimos e n

en t e tT<:tr

e l

camp o

e ne inigo;

r es ta ñando

l a

sang l'e

de

l os

h e ridos e n

improvisados

hospitales, porq n e l as

arnbulan.cias

no ll egaron o no l as habia;

clespac hn.nclo

al

Callao, .

e n trasportes

chi l enos protejidos

por la cruz roja,

 

l

os

enfermos

i los

sob r evivientes del

enem igo,

i

poniendo

en

órclen todos

los servic ios,

dos

un

tan to

d es baratados

cl es pu es

ele

sangr ientas

bat<.Lll as .

 

La posesion

imp ortantísima

d e l pu e rto

ele

Ar i-

-12-

ca, que

el

enemigo aliado

babia artillado habil-

mente

d esde

la

prim e ra

hora

de

la

contienda,

facilitaba en

gran

manera aqu el múltiple

trabajo

de reconstruccion;

pero no

era éste le ve para los

que

tenian

a

su car go

su organizacion i su respon-

sabilidad.

Había sido

tan crecido

el número de los

muertos

del

en e mi g o,

que

el coronel Valclivieso,

ayudant e d el j e n e r a l e n jefe i

nombr a do g oberna-

dor militar ele la pl a za e l

mi s m.o

dia ele

su

ocupa-

cion,

hubo de r e currir

al

arbitrio

doloroso pero

hijiénico

d e quem a r

los

cadáv e re s en

g randes pi-

ras con p a rafina,

ga st a ndo e n

e sta horrible opera-

cion

química

al g un as

docenas

ele

tarros

de esa

sust.anci a , que así se

transformaba,

pot la calcina,

para el

ambiente

respirable

en pesado

aceite

hu-

mano.

 

III.

Al mismo tiempo, i para la

oportun~

i salvadora

quracion

de nuestros

heridos,

bajaron a tierra, es-

pontáneam e nte

i

con jeneroso espíritu

humanita-

rio, los cirujanos

de

los buqu e s

neutrales

anclados

en

la rada i trabajaron con lat1clable t es on durante

cuatro

dias,

con

·particularidad los

de

la

Iiansa,

fragata

alemana,

i los de

ele

la

Ga ri baldi,

de

la ma-

rina ele

g uerra.

Italia.

El g obierno d e Chile r e -

compen só tan

nobl e ce lo con

un

voto

el e

gracias i

una m e da lla d e honor , t e stimonio d e la clem e ncia

-13-

1

de la caridftd universal

en

medio de las

atroces

matanzas

de la guerra.

 
 

IV.

Los marinos

de

Chile,

siempre nobles ' i

siempa·e

oportunos, dieron por

su parte sepultura a los mas

bravos i a los

mas

desdichados

de

sus adversarios,

i bajo tosca cruz

labrada de

madera

de

1a invicta

goleta

Oovadonga,

yacieron

hasta que llegaron a

buscarles

sus

compatriotas de

Lima,

Moore, Bo-

lognesi i Zavala.

(1)

V.

Preocupaba tambien

en

no pequeña parte alje-

neral en jefe del

ejércit'o de

Chile la necesidad de

ponerse al tanto

de lo

que

ocurria

entre las

rotas

h1.1estes

del enemigo

desalojadas

ele

Tacna,

i

con

mas particularidad lb

que despues

de

aquel

desas-

tre habria podido

emprender el llamado Segundo

Ejército

del

Sur,

que~

al

mando

del

coronel don

Segundo

Leiva,

habia partido

de

Arequipa en la

medianía de mayo

para hostilizar su r e ta g u:trclia,

( 1)

La cruz

de Bolognesi

que tiene dos

metros de altura exis-

te en

poder del

autor

de

este libro.

Está pintada

de

negro

i

en

una

faz

de

su

brazo se

l ee con

l etras

b!anca.s-Bologn esi ,

i

en

la

otm-Covadon.qa:

lacóni co pero elo c u ent í 8i wo

epitafio

de los

bravos. ,

-14-

amagando interponerse entre Sama i la costa , mo-

vimi e nto

p eligro sísirno para el

caso

de

un

no pre-

visto

reves.

I con estos

motivos,

cumplida

su

árdua tar e a

de

Arica,

el jen e ral

Baguedano regresó a

rracna

con

el ejército

i

su

estado

mayor en

la última se-

mana de junio. El coronel Valdivieso,con unos po-

cos infantes

i

artill e ros i la ma y or parte

d e la ca-

ballería distribuid a en el gramad a l i en lo s pastosos

valles

vecinos,

permaneció

en

 
 

El cuartel jen e ral volvió a

Arica. quedar instalado

en

la prefectura ele

 

Tacna en los

últimos dias

ele ju-

nio,

i allí i miéntras en

la capital ele

Chile ocurría

un

cambio

incomprensible ele gabinete,

los vence-

dores aguardaron órdenes.

'

VI.

¿Qué babia

sido

entretanto

del

 

andariego ejér-

cito

ele

Leiva?

qu é

de

las

reliquias d e

Mont e ro i

ele

Solar?

qué

llones, únicos

ele

qu e

Campero

habian

i

mutilados logrado retirarse

sus

bata-

en

es-

quel e to?

 
 

Esto

e s lo

qu e , prosiguiendo

el

 

hilo

natural

d

e

los

sucesos, vamo s a

tratar

de

comp e ndiar

en

e l

presente i próximo

capítulos, ánt e s d e a sistir a las

emocion e s ,

a

lo s

a pr e sto s

i

·a las

mud a nzas

qu e

en

Lima i

e n

Sa n ti ag o tuvi e ron lu g ar

de s pu e s de

las

victoria s

d ec i si vas d e Tacna

i

Ari ca.

 

15-

VII.

ya

en e l

volúmen precedente

de

esta

 

Referimos · historia, como

e]

dictador Piérol a.,

desde

qne reu-

nió . en

su

mano

todos

los

poderes

públicos

de

su

p~ttria. er~

los

postreros dia.s

de diciembre de 1879,

 

se

11abia preocupado,

a impulsos de mezquinos ce-

los i

de escondidas :wzobras, mas que

por mira pa-

triótica o estratej ia militar,

de formar

en

el

sur un

segundo ejército de

observacion,

encaminado

en

realidad a

tener en jaqu e ,

ántes

a

su

aborrecido

 

rival Montero,

encerrado

a

la

sazon

en Arica, que

.

a los chilenos detenidos

todavía en

l~s

pampas

del

Tamarngal.

Echó,

en consecuencia,

las bases

de

aquel

ejér-

 

cito en

varios

pr:trctjes

de

la

costa i

del

int e rior

dcsrle

Ic a

a Moquegua

el

inquieto dictador,

acan-

tonando

algunas

fu e r zas en

el

primero de

lo s pue-

blos nombrados,

a l

mando del jen e ral de

brigada

i

a ntiguo

médico

por profesion don

Manuel

Bein-

golea,

al paso

que

nombraba

de

Arequi-

pa a uno

de sus

adeptos

mas

p e rfec to fiel es, al

coron e l

don

Alfonso

Gonzalez Orbe goso,

mozo ele considerable

fortuna i

aventajada.

ell ucacion

lo g rada en

Euro-

p a ;

mientras

que

desp ac haba

desde

Lima

a

su

adlátere e l

coronel

Gamarra

a

tomar el

mando

de

la

division

cu;~,queña.,

qne

a la

última

provincia .

--

-

~

-16-

habia llegado, al mando del coronel don Francisco

Luna en

auxilio

de Montero .

.VIII.

Tomó el jeneral Beingolea posesion de su

pues-

to

en enero

de

1880,

pero

se enfermó

(siendo mé-

dico),

o no

quiso marchar largo i fragoso trayecto

de

300 leguas

hácia Tacna; por cuyo motivo vino

de la ca-pital

en

su remplazo

el anciano i moroso

coronel

don Segundo Leiva.

 
 

Recibía a la vez

el

má.ndo

de la

fuerte provin-

cia de Arequipa el coronel

Orbegoso

a mediados

de febrero

(el

dia

13)

i

Gamarra, agrupando

len-

tamente la di vision

del

Cuzco esparcida en los va-

lles

de

aquel vasto

departamento

con

encargo

i caseríos,

se

acercaba a Moq uegua,

de defender a

sa.ngre i fuego

1~

entrada de Ilo,

lo

que

no

ejecu-

tó,

por ri validn.d e s lugareñas, haciéndose a la pos-

tre batir

ignominiosamente

en los Anjeles por el

jeneral Baquedano el

  • 22 de marzo.

IX.

Como el

cerebro

del

dictador de Lima parecia

organizado

solo

para ·cosas

estrañas i peregrinas,

c0ncibió tambien

por estos dias

un vasto plan de

reconquista de la provincia de Tarapacá,

en

cuyas

pampas i calichales los

chilenos, malogrando las-

-17-

timosamente

sus

victorias,

se

m~nten1~n

inmóvi-

les.

Consistía este singnla.rísimo pla.n

de campaña,

semejante

al qne

Dctza

propuso

a

Montero

en la

víspera de

sn

caicla,

en

emh ~uca.r

el

segundo

cjér-

cit'o en Puno, orillar el

l~go

Titicaca en

balsa:s

de

totora

i

' vapores

de

rio,

i

en

seguida

descender

por el Desaguadero

hasta, el lago

Poopó, i

de

allí

por el

1

desierto

hasta

Huataconclo

o

la

quebrad<t

de

rrarapacá.

Hnbiérase

dicho · que

el

místico dic -

ta~lor,

antiguo

alnnmo

del

Seminario

ele

Sánto

Toribio

 

en

Lima,

meditaba

parodiar a

Al~jan­

dro

la

en

sus

jornaclá

· conq nistas enofonte

el~

J

de

en

la

la

Persia

o

repetir

Armenia i en

Jla

Mesopotamia; i

en etecto

comenzó por

éonfiar el