Visión Geopolítica de América Latina: El caso de Argentina, Brasil y Chile 1

Cecilia Quintana Binimelis 2
Profesora Titular hasta el año 2005 Academia Superior de Estudios Policiales Policía de Investigaciones de Chile

I.

Introducción

En los inicios de un nuevo siglo continúan las profundas transformaciones desencadenadas tras el desplome del socialismo real europeo que culminó con el mundo bipolar. De esta manera, se ha configurado una aparente unilateralidad caracterizada por la hegemonía del sistema capitalista el que se ha visto fortalecido por el alto desarrollo tecnológico, la información, las comunicaciones y los transportes.

En este nuevo milenio, la posbilateralidad se ha traducido también en crisis y en cambios en el predominio político y económico mundial, dando paso a la construcción de espacios transnacionales y la planetarización de patrones de desigualdad económica-social 3 , técnica e

Este informe surge a raíz del interés generado por la Geopolítica en la cátedra “Análisis, Prospectiva y Toma de Decisiones” (2004), en la perspectiva de la influencia que esta disciplina podría ejercer en los futuros conflictos por el control de los recursos estratégicos. 2 Cecilia Quintana es Licenciada en Geografía y Geógrafo, Pontificia Universidad Católica y Diplomada en Inteligencia Estratégica, Universidad de Chile. 3 Según Bindé (2000), en el “Informe provisional del equipo especial sobre la Unesco en el siglo XXI”, la distribución de las riquezas en el plano mundial presenta una continuidad: de los 10 países más ricos del mundo en 1897; en 1997 recoge, salvo una excepción, los mismos países; la Inversión Extranjera Directa de las Sociedades Transnacionales se concentró en un 63% en 1997 (frente 61% en 1988) en los países de la tríada (Japón, América del Norte y Europa Occidental); la pobreza retrocedió en los últimos 50 años más que durante los 5 siglos anteriores; más de 3 mil millones de individuos, es decir, más de la mitad de la humanidad, tratan de sobrevivir en la pobreza con menos de 2 dólares al día.

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informacional 4 , de peligros ambientales 5 y de aparición de nuevas amenazas 6 que se inscriben en diversas escalas. En este nuevo escenario internacional, el proceso de mundialización 7 no sólo está facilitando una mayor integración e interconexión entre los estados y localidades, una nueva división internacional del trabajo, sino que las decisiones y actividades que ocurren en una parte del globo tienen consecuencias significativas en lugares muy distantes, de ahí que el territorio, y sobre todo, aquellos dotados con recursos estratégicos (agua, petróleo, gas, minerales), vuelva a ser mirado desde la tradicional Geopolítica.

Asimismo, el desplome de posiciones ideológicas y políticas de tradición secular han provocado polémicas, cuestionamientos y confusiones que han permitido el surgimiento de propuestas nacionalistas xenofóbicas con base étnica, racista o religiosa-fundamentalista. Así también han nacido movimientos nuevos de carácter económico, cultural, ambiental o político social que buscan expresar sus reivindicaciones de justicia y equidad, como los relacionados con las minorías sexuales, étnicas, campesinos, mujeres, entre los más importantes, los que no necesariamente son interpretados por los grupos políticos actuales 8 . En este sentido, los hechos ocurridos en Argentina y, particularmente, en Bolivia son los ejemplos más emblemáticos de cómo los movimientos sociales y políticos terminan derribando sucesivos gobiernos, los que frente a las crisis rearticulan discursos en torno a la geopolítica.

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De acuerdo a Bindé, 2.000 millones de habitantes aún están privados de electricidad; el 80% de la población mundial todavía no tiene acceso a los medios de telecomunicación de base; sólo el 2,4% mundial tiene acceso a Internet (26,3% en Estados Unidos, 6,9% en los demás países de la OCDE, 0,1% en África Subsahariana, 0,04% en el sur de Asia). Todas estas desigualdades han derivado en un techno-apartheid. 5 Los principales problemas ambientales son: calentamiento del clima mundial, producto de la emisión de gases de efecto invernadero y que ha significado un aumento de temperatura; la distribución desigual del agua, casi un 25% de la humanidad no tiene acceso y más de la mitad de la humanidad carece de instalaciones de saneamiento adecuadas; reducción de la capa de ozono; aumento de la desertificación; contaminación química; y el riesgo de la biodiversidad. 6 Las nuevas amenazas se relacionan con una dimensión transnacional de fenómenos vinculados al crimen organizado, narcotráfico y la corrupción asociada a éstos: terrorismo, migración y degradación del medio ambiente; y los conflictos étnico-nacionales y religiosos (Bermúdez, 2001:118-119). 7 Los conceptos de Globalización y Mundialización han sido utilizados indistintamente como sinónimos, sin embargo, presentan diferencias. La globalización se circunscribe en forma restrictiva a la relación interdependiente que se produce en el ámbito económico y financiero. El origen conceptual proviene de las escuelas norteamericanas. En cambio, la mundialización constituye un concepto más amplio que el de Globalización, porque además de considerar el ámbito económico-financiero, incorpora aspectos sociales, políticos, culturales e ideológicos. Su origen conceptual proviene de las escuelas francesas. 8 Graciela Uribe, Geografía Política. Verdades y falacias de fin de milenio. México, 1996, p. 31.
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Si bien se reconocen avances significativos en torno a la integración y cooperación entre los estados y sus fuerzas armadas en América Latina y que se distancia de las concepciones que acentuaban la rivalidad y los conflictos sustentados en una geopolítica expansionista y de disputa territorial, la presencia de estructuras democráticas frágiles y poco participativas, con problemas económicos-sociales pueden hacer surgir viejas aspiraciones confrontacionistas como salidas falsas a dramáticos problemas internos 9 , como fue lo ocurrido en Argentina (1982) y en Bolivia (2004-05). De hecho, la geopolítica ha sido

determinante en la política exterior boliviana, por su permanente aspiración marítima que incluso ha logrado sensibilizar a varios países de la región.

Pero en definitiva, ¿qué es la geopolítica?, ¿qué hay tras estos discursos geopolíticos?, ¿dónde surge?, y ¿cómo han encontrado espacio entre los actores políticos, sociales, intelectuales y, especialmente, militares?. Nicholas Spykman 10 , atribuyó tres significados diferentes de manera generalizada: a) asociándola primeramente a la escuela históricofilosófica del III Reich cuando buscaba legitimar la edificación de un estado colocando la fuerza al servicio de su expansión 11 ; b) la geopolítica como sinónimo de geografía política; y c) el estudio y la planificación de una política de seguridad que no puede considerarse independientemente de las características de la zona en la que se manifiestan las tensiones.

Paradójicamente en la medida que se utiliza más el concepto de geopolítica, más impreciso se torna. En el estudio “Competencia Internacional por la posesión de bases exteriores”, Robert Harkavy establece una lista con las diferentes interpretaciones de la geopolítica que se encuentra en el lenguaje político corriente. Para unos la geopolítica será una muletilla, un poco anticuada, que evoca el tradicional equilibrio de las potencias de la diplomacia clásica. Para otros permitirá poner el acento en el espacio territorial y en el medio físico en detrimento de la ideología. Amplificará la noción de potencia y de interés nacional, justificará las

apropiaciones del espacio y de los recursos, implicará una diplomacia brutal, eventualmente
Roberto González, El pensamiento geopolítico latinoamericano en los 90 [en línea]. Disponible en: <http://www.temas.cult.cu>. 10 Nicholas Spykman, fue profesor de ciencias políticas, jefe de la escuela geopolítica americana. Rechazó los trabajos de Karl Haushofer y su equipo, indicando que su análisis se circunscribía en una Geografía de la Paz. Se dedicó a la reflexión de una geopolítica que permitiera borrar las heridas de la II Guerra Mundial. Indicó una estrategia para que los Estados Unidos terminara con las hostilidades y desórdenes en el mundo. En otras palabras, justificó la intervención norteamericana en el nuevo escenario. 11 En esta perspectiva es interesante mencionar a Albert Demangeon que escribió una definición de Geopolítica en 1932 a partir de los trabajos de la escuela alemana de Karl Haushofer: “La geopolítica alemana ha renunciado a su espíritu científico (originario) y se ha situado a la vanguardia de la propaganda nacionalista alemana. No es más que una labor educativa para preparar al pueblo alemán a dar el salto al orden europeo. Es un instrumento de guerra” (Gallois, 1992:40).
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una guerra total. Dictará a los gobernantes una conducta diplomática o militar contraria a los ideales universales anunciados, cuando no materializados en los hechos: respeto de los derechos humanos, desarrollo económico en beneficio de todos, control de armamentos, combate pacífico para lograr un nuevo orden mundial... Por último, en el sentido más amplio, la geopolítica no sería más que sinónimo de la política de poder practicada en el ámbito de las relaciones internacionales. En la perspectiva de Hobbes 12 sería la forma para designar una situación permanente: los conflictos endémicos entre pueblos, el motor de sus luchas, su finalidad, sus salidas 13 .

Por tanto, la ambigüedad conceptual, intencional o no, generada en el transcurso de estas décadas, ha ido alejando a la Geopolítica del concepto original por el que fue creado. En este sentido, Rudolf Kjellen, autor de este neologismo, cuando empleó por primera vez este término en el ensayo “Las Grandes Potencias”, publicado en 1905, lo hizo básicamente para continuar desarrollando las concepciones ratzelianas respecto a la relación estado-poder elaboradas a fines del siglo XIX. Once años más tarde, reafirmó las bases de esa nueva disciplina en su libro “El estado como forma de Vida”, editado en 1916, en Suecia 14 . Sus trabajos, que ejercieron gran influencia en Alemana, apuntaban a ser un medio que permitiera llamar la atención de los políticos sobre las características geográficas en la concepción del Estado y del arte de gobernarlo. De ahí que definiera la geopolítica como “la ciencia que estudia el Estado como organismo geográfico”, pero también consideró el estado como un ser viviente que crecía, se desarrollaba y moría, y cuyo principal atributo era el poder 15 .

El presente documento constituye un análisis de los inicios históricos, geográficos y filosóficos de la Geopolítica en Europa, especialmente, alemana y de la influencia que ésta ejerció en los países del cono sur, especialmente en Argentina, Brasil y Chile.

Thomas Hobbes (1588-1679), filósofo inglés, describió al hombre como un ser movido (en estado natural) por el deseo y el temor; por lo que para vivir en sociedad, el ser humano tiene que renunciar a sus derechos, en provecho de un soberano absoluto que hace reinar el orden: el Estado. Así teorizó sobre el Estado, apoyándose en la doctrina de los derechos naturales y en la dependencia con las leyes de la naturaleza. Estas teorías esbozarían algunos elementos centrales de lo que sería posteriormente la Geopolítica. 13 Citado por Pierre Gallois, Geopolítica. Los caminos del Poder. Madrid, 1992, p. 44. 14 José William Vesentini, Novas Geopolíticas. Sao Paulo, 2003, p. 15. 15 Rudolf Kjellen, “Autarquía”. En: Augusto Rattenbach (Compilación), Antología Geopolítica. Buenos Aires, 1985, p. 53.
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II.

Configuración del Pensamiento Geopolítico

1.

Prusianismo

El análisis de estudio que comprende la Geopolítica es antiguo, ya que siempre han existido diversas visiones respecto a la relación que se produce entre espacio, poder, recursos y la injerencia que tienen los Estados sobre estos elementos. Efectivamente, fue una forma de conocimiento geopolítico lo desarrollado desde la Antigüedad por soberanos como Darío I de Persia y Alejandro Magno de Macedonia, y que les permitió estructurar sus grandes imperios; como también lo realizado por el Inca Tupac Yupanqui, cuando viajó hasta la Polinesia con 20.0000 guerreros en balsas para buscar nuevos dominios 16 , entre tantos otros ejemplos. En esta perspectiva, el saber geopolítico comprende una tentativa de análisis científico sobre la importancia de los Estados en caras de su extensión, de su población y de su posición geográfica, integradas con ideologías que procuran estimular y provocar la realización de objetivos de expansión territorial y dominación de Estados vecinos 17 .

No obstante, el pensamiento geopolítico que se desarrolló durante los años ´20 dentro del ámbito geográfico, tuvo estrecha relación con los conflictos políticos entre las potencias imperialistas que, desde el siglo XIX, luchaban por asegurar la hegemonía en toda la extensión del mundo, respaldadas en sus respectivos estados por el espíritu nacionalista 18 . Ciertamente, el componente esencial del Estado-nación fue visto como el control de un determinado territorio cuya propiedad era demandaba por motivos que iban desde la tradición, la identidad racial, cultural, la religión o la lengua 19 .

Estas tendencias, por lo demás, fueron robustecidas por el liberalismo. Las revoluciones americana y francesa abrieron una nueva era, en la que los estados nacionales se basaron en soberanías territoriales claramente delimitadas y ejercidas por los gobiernos en nombre de la nación. Sin lugar a duda que las disputas territoriales, característica fundamental de las guerras entre naciones durante la mayor parte del siglo XIX, tendrían como objetivo unir
16 Hugo Ramírez, “Introducción a la Geopolítica”. En: Revista Geopolítica Hacia una Doctrina Nacional. Año VI, N° 19. Buenos Aires, 1980, p. 14. 17 Manuel Correia de Andrade, Geopolítica do Brasil. São Paulo, 2001, p. 7. 18 Hacia fines del siglo XVIII, la noción de soberanía nacional sobre un territorio bien delimitado había llegado a un lugar prominente, no sólo en la práctica política, sino también en la teoría y en la jurisprudencia. 19 Genaro Arriagada, El pensamiento político de los militares. Santiago, 1986, p. 111.

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espacios para constituir un estado-nación o para desgajar de viejos estados nuevas naciones-estado 20 .

En el caso de Alemania, los procesos históricos en relación con estos elementos fueron más acentuados que en otros países. De partida Prusia, -surgida como producto de la unificación del ducado del mismo nombre y del principado de Brandenburgo (siglo XVII)-, se transformó en la siguiente centuria en un poderoso Estado militar que habría de asumir una posición hegemónica respecto al conjunto de la fragmentada Alemania. Federico Guillermo I (17131740), llamado el Rey Soldado, transformaría a Prusia en una verdadera guarnición, llegando a gastar un tercio del producto nacional en el equipamiento militar, al tiempo que el 3% de la población servía en las filas. El nuevo Estado terminó caracterizándose por un desmedido culto a la guerra y transformándose en un Estado militarista 21 .

De igual forma, Alemania experimentó un desarrollo histórico diferente al resto de Europa, destacándose por el fuerte peso de los señores feudales en contraposición a los sectores burgueses ligados a la manufactura y al comercio. Pese a este retraso histórico en relación con el desarrollo del capitalismo, los sectores de la clase dirigente prusiana mostraron una gran fortaleza desarrollando una importante industria para-estatal de pertrechos bélicos y una industria agrícola cerealera con capacidad de exportación, base económica de la clase feudal de los junker, fracción de la sociedad que mantenía el dominio del aparato gubernamental 22 .

Al finalizar el siglo XVIII el estado militar prusiano llegó a tener una gran influencia entre los estados alemanes, al tiempo que destacaba por sus conquistas territoriales y su extraordinario poder militar. Sin embargo, los cambios producidos en Europa,

específicamente por las revoluciones que experimentaron Francia e Inglaterra, también repercutieron en Alemania. Décadas más tarde, la invasión napoleónica reduciría a menos de cien estados la fragmentada geografía política alemana. De esta manera, el Estado prusiano comenzó a atravesar diversas fases, siendo la más relevante, la relacionada con los sucesos revolucionarios de 1848-49, en que se transformó en el principal guía de las aspiraciones democráticas y burguesas. Junto con esto, a partir de 1862, sentó las bases para la concentración territorial que culminó con la unificación alemana en 1871.
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En el

Ídem. Patricio Quiroga y Carlos Maldonado, El Prusianismo en las Fuerzas Armadas Chilenas. Santiago, 1988, pp. 17-18. Ibid., p. 18.
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desarrollo de esta unificación, Prusia ya se había impuesto militarmente (a través de sucesivas guerras) frente a Austria y Dinamarca, logrando el control político-militar en el área alemana 23 , donde sería el canciller Otto von Bismarck el líder indiscutido.

En 1866 el gobierno de Bismarck presentó un proyecto para iniciar la empresa de modernización del aparato militar: aumentó el contingente enrolado en un 10%, es decir, 41.0000 soldados pasaron a reforzar el Ejército existente. Finalmente, Alemania quedó en condiciones de movilizar la fuerza de 3.500.000 hombres en armas en caso de un conflicto. Los militares gobernaban el país, la industria destinaba los recursos necesarios, al tiempo que una ideología de guerra cimentaba las conciencias de los soldados y se inculcaba en la población una disciplina ciega ante el poder central 24 .

Tras la unificación de la Confederación de Alemania del Norte (unión de los estados alemanes independientes situados al norte del río Main) y de los cuatro estados germánicos del sur, Baviera, Baden, Hesse y Württemberg en 1871, se configuró el II Imperio (Reich) Alemán. Esta nueva condición imperial vino a fortalecer el desarrollo de Alemania que, entre el periodo 1871-1890, se transformaría en una poderosa nación industrializada que la haría aspirar a un rol de primer orden en el ámbito internacional. Así fue como se generó una acelerada industrialización del país, la prusianización total de Alemania y la implementación de una política colonialista.

Indudablemente, las últimas décadas del siglo XIX fueron de expansión colonial e imperialista, puesto que Europa crecía a expensas de sus colonias. Las grandes potencias se habían repartido Asia y África, y particularmente Francia, Inglaterra, Rusia y el imperio Austro Húngaro presenciaban con desconfianza el ascenso vertiginoso de Alemania. Aún más, la formación de bloques o alianzas entre las distintas potencias creó un ambiente de
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Ibid., p. 19. Ibid., p. 21.
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inseguridad en Europa que inevitablemente culminó con la guerra.

Pronto comenzó la

carrera armamentista y las construcciones navales en gran escala: era la paz armada. Sin embargo, la crisis estalló en 1914 tras el atentado en Sarajevo y se prolongó hasta 1917 cuando en Europa comenzaron las presiones por dar término a la guerra. Luego los

conflictos entre los estados se trasladarían al interior de cada uno de ellos, tal como sucedió con los alemanes, que se sublevaron en contra del imperio por negarse a entablar conversaciones en pro de la paz e hicieron que el emperador Guillermo II abdicara para evitar un proceso similar al ocurrido en Rusia. De esta forma, Alemania pasó a tener un nuevo régimen político con la constitución de la República de Weimar.

Producto del Tratado de Versalles (1919), Alemania debió aceptar las condiciones impuestas por los aliados: fuertes sanciones económicas, pérdidas de territorio y autonomía en sectores estratégicos 25 . Los acuerdos adoptados en París sólo conducirían a una nueva y peor

conflagración. De hecho, en la población alemana recrudeció la cuestión nacional, cuyo sentimiento se fortaleció producto de las pérdidas territoriales.

Asimismo, a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, la base conceptual del pensamiento geográfico se fue desplazando de la teología de la naturaleza, -es decir, de una visión mediatizada por el misticismo religioso premoderno y la teoría científica moderna 26 , en donde se apuntaba a la búsqueda de las leyes de la naturaleza-, a una clara tendencia a la biología evolucionista. Esto significó incorporar a la Geografía la concepción de unidad de la vida orgánica, donde las sociedades eran organismos sociales que se diversificaban y especializaban bajo la influencia del ambiente externo y de sus propias estructuras internas. Por tanto, cada organismo vivo necesitaba un territorio, lebensraum o espacio vital, para obtener sus medios de subsistencia. Pero, además, el crecimiento de la población llevaba a incrementar las exigencias de estos medios, lo que obligaba a los estados a ampliar sus territorios para la población excedente. La era industrial amplió el campo del comercio de la industria alemana en pleno desarrollo, buscando diversas salidas que las potencias rivales le

25 Alemania tuvo que suprimir el servicio militar obligatorio; reducir su Ejército a 100.000 hombres; desmilitarizar todos los territorios situados en el margen oriental y occidental del río Rin en una franja de 50 kms. de ancho; dejar de importar, exportar y producir material de guerra; y limitar sus fuerzas navales a 36 buques de superficie (no se le permitió mantener submarinos) y el personal naval a 15.000 hombres, quedándole prohibida la aviación militar. Debió pagar cuantiosas indemnizaciones y perdió aproximadamente 71.000 kms.2 de su territorio, algo más de un 13% de sus dominios europeos. 26 Richard Peet, Modern Geographical Thought. Oxford, 1998, p. 8.

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negaban. Esto orientó, finalmente, a que la clase dirigente centrara sus miradas hacia los territorios menos poblados y menos organizados.

2.

El Estado, la Geografía Política y la superioridad de las razas

Como rama individualizada del tronco común geográfico, la Geografía Política (antecedente de la Geopolítica) nació en Alemania, debido a que, según Vicens Vives (1981), los filósofos alemanes impusieron la corriente idealista en Europa a partir de Inmanuel Kant 27 ; por tanto, existió un desarrollo excepcional de los métodos de trabajos científico en las universidades de aquel país desde los inicios del siglo XIX y, especialmente, en el “oscuro, íntimo y desbordante deseo que presidió la vida del país, desde la coyuntura romántica, de dar plenitud soberana a un Estado unitario nacional inspirado en la exagerada grandeza del Imperio medieval germánico” 28 .

En la construcción de esta nueva disciplina y del Estado que se requería forjar, diversas mentalidades influirían en este proceso. La creación de una cosmovisión coherente a las ideas que fluían, comenzó con “Sentencias” (1757) de Kant en la que por primera vez se empleó en el campo de las ciencias el concepto de Geografía Política. Este mismo autor, posteriormente, en su obra “Ideas de una historia general desde el punto de vista universal” llegó a la conclusión de que la Historia no era obra de los hombres, sino de la naturaleza. Es decir, “las leyes universales de la naturaleza determinaban todas las acciones humanas”; por tanto, la Geografía no debía ocuparse únicamente de la descripción de la naturaleza, sino que debía ser ampliada a los aspectos etnográficos y políticos 29 . Esto permitirá a Kant preparar la idea de una estrecha relación entre naturaleza y humanidad, en donde la influencia de la primera sobre la segunda sería determinante; y donde legitimaba el concepto de Estado-Nación-organismo al aplicar el biomorfismo a los fenómenos políticos y sociales 30 . Esta perspectiva fue la que continuó Alexander von Humboldt, quien aparte de ser considerado el padre de la Geografía Moderna, realizó importantes aportes respecto a la
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Inmanuel Kant (1724-1804), filósofo alemán, dejó de manifiesto las pretensiones a la verdad de la metafísica tradicional, pero conservó la vía del saber racional y del conocimiento científico, evitando cualquier abandono al escepticismo y poniendo el valor absoluto en la ley moral. En este sentido, Kant estaba persuadido de que no podía haber una moral sin cierta creencia en Dios o en la inmortalidad, lo que obligó a presuponer la existencia necesaria de Dios. 28 Jaime Vicens Vives, Tratado General de Geopolítica. El Factor Geográfico y el Proceso Histórico. Barcelona, 1981, p. 40. 29 Jorge Atencio, Qué es la geopolítica. Buenos Aires, 1979, p. 88. 30 Pierre Gallois, op. cit., p. 227.
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Geografía de los Estados, destacándose el “Ensayo político sobre el reino de la Nueva España”, donde analizó los hechos geográficos y su relación con la vida humana y la política de los Estados.

Posteriormente, el filósofo Juan G. Herder, muy sensible al cambio cultural que se iniciaba en Europa, capturó el creciente nacionalismo y romanticismo que se generaba y desarrolló un nuevo conjunto de reflexiones en “Ideas de la filosofía de la Historia”, donde entregó nuevas orientaciones al estudio geográfico-político por considerar la nación un ser orgánico, como una planta de la naturaleza. Para Herder, tierra y humanidad constituían una unidad

inseparable, no sólo porque la primera era la morada de la segunda, sino por ésta era un organismo biológico dependiente de la tierra. Su filosofía política se impregnó plenamente de un determinismo histórico 31 . En otras palabras, para este autor la naturaleza estaba de tal modo dispuesta, que cada etapa desarrollaba, dentro de un circuito específico de formas superiores de vida, una cadena selectiva: la humanidad no era sino un todo diferenciado, encontrándose dividida en razas, entre las que sobresalía la blanca. De este racismo aún ingenuo se desprenderían las teorías acerca de la existencia de las razas superiores 32 . De alguna forma Herder había imaginado que la nación alemana sería el lugar modelo que uniría al pueblo alemán con la razón universal, elementos que más tarde serían recogidos por la Geopolítica alemana.

Durante este periodo, el centro de reflexión estuvo ubicado en el proceso de evolución de la especie humana. En suma, la filosofía clásica alemana puso en el centro del debate las potencialidades de las fuerzas de la naturaleza y, fundamentalmente, una marcada orientación anti-individualista frente al Estado, o más bien, la adoración e idolatría al Estado prusiano. Todos estos elementos lograron cohesionar a las emergentes elites de una

Alemania que salía de la fragmentación de sus estados territoriales vigentes por casi un milenio. Las nuevas ideas fuerzas pretendían revivir en función de una gran Alemania 33 .

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Jorge Atencio, op. cit., p. 89. Patricio Quiroga y Carlos Maldonado, op. cit., p. 22. Ibid., p. 23.

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A la configuración de esta nueva visión de mundo se incorporó la de Karl Ritter 34 , cuya obra fue lo más inmediato a las ideas geopolíticas. Aunque logró sistematizar el pensamiento de Humboldt, según Vicens Vives, su obra jamás poseyó el impulso creador que tendría más tarde Friedrich Ratzel. Empero, sus enseñanzas universitarias le permitieron conformar una generación de discípulos en que iba pesando la teoría positivista del milieu formulada por el francés Lamarck 35 , -y elevada a dogma filosófico por Comte 36 -, así como la teoría evolucionista de Darwin 37 , el culto al Estado por parte de Hegel 38 y el nacionalismo romántico de Fichte 39 . En este aspecto Ritter, más que Humboldt, suministró a los futuros geopolíticos alemanes los primeros fundamentos de la disciplina. La obra maestra de Ritter fue los casi veinte volúmenes de “Geografía Comparada” 40 . Allí realizó la ambiciosa tarea de describir y explicar la geografía mundial aportando una nueva concepción: el globo no será solamente un ente inorgánico, sino que deberá ser analizado y comprendido como un organismo (vivo). “Por sus características geográficas y su clima, una
Karl Ritter (1779-1859), sistematizó el pensamiento de Humboldt, por tanto, sus ideas coincidieron respecto a la influencia que sobre la vida de las plantas, de los animales y hasta del hombre, ejercen los factores geográficos; pero también extendió esta influencia a las condiciones históricas (Atencio, 1979:92-93). 35 Jean-Baptiste de Monet, caballero de Lamarck (1744-1829), naturalista francés, enunció por primera vez una teoría de la evolución de las especies (transformismo), basada en el carácter hereditario de las adaptaciones morfológicas al medio ambiente. 36 Augusto Comte (1798-1857), filósofo francés, sentó las bases del positivismo en que uno de sus principales aportes fue el método experimental. Para Comte, las fuentes de las variaciones sociales eran la raza, el clima (factores naturales) y la acción política (factor humano). 37 Charles Darwin (1809-1882), naturalista inglés, elaboró la teoría sobre la evolución de las especies. De hecho, en su obra “El origen de las especies” afirmaba que “si bien el aislamiento tiene importancia para la producción de nuevas especies, el tamaño de la zona es, en su conjunto, todavía más importante para la producción de especies de larga vida, capaces de extenderse ampliamente” (citado por Atencio, 1979:97). Posteriormente, cuando algunos geopolíticos aceptaron la teoría que consideraba al Estado como un ente biológico, se apoyaron en las observaciones de este naturalista en relación con el valor del espacio como fuerza política. En consecuencia, la vida de los Estados estaría determinada por su espacio. 38 Friedrich Hegel (1770-1831), filósofo idealista alemán, estableció una fórmula esencial para el concepto de Historia, que consistía en un proceso de evolución constante y que alcanzaba la libertad absoluta mediante un sistema estatal (prusianismo). Justificó que el sujeto de la Historia era el pueblo organizado en Estado, en que los principios de la moral individual no regían y se sacrificaban en beneficio de éste. Los pangermanistas recogieron de Hegel su definición de Estado, su concepción de derecho de las naciones y el elogio implícito a Prusia, manifestación organizada del espíritu germánico: “La razón y la realidad manda a considerar al Estado como un todo orgánico formado por una colectividad unida para la defensa en común del conjunto de sus bienes. A partir del momento en que se une, también los individuos que forman esta colectividad deben constituir y mantener el poder del Estado. Este a su vez asegura la defensa y el bienestar de sus ciudadanos... El Estado eleva al individuo, puesto que la disciplina que impone para integrarlo en él, le libra de sus contingencias y de sus preocupaciones menores” (Gallois, 1992:186-187). 39 Johan Gottlieb Fichte (1762-1814), fue discípulo de Kant y autor de Discursos a la nación alemana. Aunque no admitió que el medio físico pudiera determinar los caracteres nacionales, sí al menos contribuyó en algunos de sus rasgos específicos. Entendió que el hombre es un constante creador, por ende, el alemán tiene carácter, no sufre las leyes de la naturaleza ni el peso de la historia, ni acepta estar influido por el exterior. Así fue como Fichte ilustró la tesis de la superioridad germánica justificando el orgullo nacional alemán y dando esperanza a un pueblo abatido por la derrota. Fue el lejano y bien involuntario promotor del pangermanismo, de sus desviaciones raciales y del delirio homicida del nacionalsocialismo (Gallois, 1992:183). 40 El título original fue: “Los conocimientos actuales en relación a la naturaleza y a la historia de los hombres o conjunto y comparación de dichos conocimientos como bases seguras para el estudio y enseñanza de las ciencias físicas o históricas”, posteriormente se abrevió en “Geografía Comparada”.
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misma región interviene diferentemente sobre el comportamiento de los pueblos y de los Estados, a medida que ellos avanzan en la Historia” 41 . De esta manera, la Geografía se transformaba en la “ciencia del globo viviente, globo en que los continentes son sus órganos primarios y que actúa de modo similar a los seres biológicos” 42 . Con estos conceptos se anticipó a las ideas organicistas que después profundizaría Ratzel.

La confluencia de estas corrientes de pensamiento abrió espacios para las concepciones de Friedrich Ratzel, quien en sus obras “Antropogeografía” y “Geografía Política” llegó a concluir que en la historia de la evolución de la sociedad humana existían dos elementos permanentes: el hombre y el suelo, y que ambos elementos podían ser objeto de investigación científica por el importante mecanismo de su interacción. Estas ideas tuvieron un eco en la orgullosa Alemania, producto de la victoria en Sedán y de la diplomacia de Bismarck, pero también en toda Europa, gracias al desarrollo vertiginoso del imperialismo económico y político y al entusiasmo por el positivismo en las ciencias naturales 43 .

En este contexto, Friedrich Ratzel publicó “Leyes del crecimiento territorial” (1896) y “Geografía Política” (1897) donde formuló la importancia de la integración territorial germana y la peligrosa debilidad que enfrentaba una nación fragmentada incapaz de alcanzar el espacio vital requerido para su desarrollo 44 , ya que durante la primera mitad del siglo XIX los alemanes, al buscar su espacio político, consideraban la frontera como una división frecuentemente arbitraria y siempre temporal. Es por esto que Ratzel definió la “frontera como una banda de terreno más o menos larga e imprecisa, pues no veía en la naturaleza la representación cartográfica de las fronteras… los mapas no son más que una abstracción, la zona fronteriza es la realidad” 45 y expuso sus siete leyes sobre la expansión de los Estados, también denominadas leyes de los espacios crecientes.

Para Ratzel el espacio no era un mero vehículo de las fuerzas políticas, sino en sí mismo una fuerza política de primera importancia. Cada una de las leyes apuntó en esta línea de

análisis, en donde la 4ª, 5ª y 6ª ley formaron la esencia de lo que sería la Geopolítica en las décadas posteriores y hasta el día de hoy. Respecto a la 4ª ley, “la frontera es un órgano
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Pierre Gallois, op. cit., pp. 231-232. Jorge Atencio, op. cit., p. 93. Jaime Vicens Vives, op. cit., p. 43-44. Graciela Uribe, op. cit., p. 91. Pierre Gallois, op. cit., p. 80.
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situado en la periferia del Estado (considerado como un organismo). Por su emplazamiento materializa el crecimiento, la fuerza y los intercambios territoriales del Estado”. La 5ª ley señaló que “procediendo a su extensión en el espacio, el Estado se esfuerza por absorber las regiones importantes para sus planes: el litoral, las cuencas fluviales, las llanuras y más generalmente los territorios más ricos”; en tanto, la 6ª ley indicó que “el primer impulso que lleva al Estado a la extensión de su territorio viene de afuera, atraído por una civilización inferior a la suya” 46 .

Esta concepción de expansionismo territorial fue lo que hizo interpretar el nacimiento de la geografía moderna como un “servicio a los intereses del imperialismo en sus diversos aspectos, incluyendo la adquisición de territorios, la explotación económica, el militarismo y la practica de la dominación de clase y de raza” 47 .

El pensamiento de Ratzel, sería seguido por Rudolf Kjellen, autor del neologismo. Para Kjellen la esencia del Estado como organismo se componía de elementos jurídicos y elementos de fuerza; como toda vida social existente sobre la tierra consistía “no sólo en la moralidad, sino también en deseos orgánicos... los Estados, tal como podemos seguir su curso en la historia y tal como nos movemos entre ellos en el mundo de las realidades, son seres materiales-racionales, exactamente igual que los seres humanos” 48 . Por tanto, un sistema de gobierno para conseguir un Estado pleno de vitalidad – asimilado a un organismo vivo, según la tesis de Ratzel -, debía poner en práctica cinco políticas complementarias y convergentes: la Ekonopolitk, la Demopolitik, la Sociopolitik, la Kratopolitik y, para conducir al éxito su expansión natural, la Geopolitik 49 . Eran “cinco elementos de la misma fuerza, cinco dedos de la misma mano, trabajando juntos en la paz y luchando juntos en la guerra” 50 .

En medio de estas corrientes de pensamiento surgirían también con fuerza las concepciones racistas, siendo uno de sus principales exponentes Houston Stewart Chamberlain, autor de “La Génesis del siglo XIX” (1898), un texto que argumentaba que, tras la fragmentación política y territorial, era preciso destruir el dogma de la igualdad de los hombres instaurado por el catolicismo y demostrar que no hay igualdad ni entre los hombres ni entre las razas.
46 47 48 49 50

Citado por Pierre Gallois, op. cit. p. 238-239. Richard Peet, op. cit., p. 9. Federico Marull, “Geopolítica”. En: Revista Terra Australis, Nº 21. Santiago, 1971, p. 32. Pierre Gallois, op. cit. p. 35. Genaro Arriagada, op. cit., p. 122.
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Por la pureza de la raza, el germano era superior, pero el judío también pertenecía a una raza pura, por tanto, sería el único que en el terreno racial podría dirigirse contra el ario; de ahí que estas dos razas serían inconciliables, inasimilables. Chamberlain dedicó casi

doscientas páginas del Tomo I de la Génesis al estudio de la cuestión judía y a los peligros que presentaban para los germanos el judaismo. Se esforzó en demostrar que la

superioridad de una raza no dependía únicamente de su pureza, sino que un pueblo podía seleccionar su raza. Los alemanes, al no haber padecido tanto como las otras poblaciones europeas el caos étnico meridional, igual que los nórdicos que los rodeaban, serían más aptos para la purificación 51 .

3.

La Geopolítica de Karl Haushofer

Tras el término de la I Guerra Mundial y la firma del Tratado de Versalles, en que Alemania quedó profundamente afectada por las duras condiciones impuestas por los países aliados, dio lugar a la aparición de grupos nacionalistas y a la reactivación del pensamiento geográfico político desarrollado a fines del siglo XIX y los principios filosóficos del Estado como organismo vivo. En este clima intelectual de la República de Weimar, los argumentos del General Karl Haushofer 52 sobre la inevitabilidad de la expansión territorial alemana a expensas de la guerra y el fundamento de políticas racistas, encontraron una gran acogida en el gobierno de Adolfo Hitler 53 . Haushofer difundió sus ideas a través de Zeischrift für Geopolitik (Revista de Geopolítica) 54 , publicada en Alemania entre 1924-1944, y que en América del Sur ciertos pensadores, especialmente militares, reprodujeron o adaptaron a las realidades locales 55 . Incluso Everardo Backheuser, oficial brasileño educado en Alemania y

Pierre Gallois, op. cit. p. 196-197. El General Haushofer (1869-1946) después de su participación en la I Guerra Mundial, se transformó en profesor de Geografía Política e Historia Militar en la Universidad de Münich. Su concepción geopolítica estuvo fuertemente influenciada por concepciones socialdarwinianas (determinismo) y el pensamiento de Ratzel (Núcleo Vital). 53 Graciela Uribe, Geografía y Sociedad. Exploraciones en Compromisos y Propuestas Actuales. México, 1998, p. 37. 54 Esta revista contó con la colaboración de varios intelectuales: militares, geógrafos, cientistas políticos, historiadores y economistas, siendo algunos renombrados profesores universitarios. Pasó de un tiraje inicial de mil ejemplares por mes, en 1924, a más de cinco mil en los años ´30 y cerca de un cuarto de sus lectores fueron suscriptores del exterior. A partir de 1931, cuando la línea editorial hizo eco de la ideología nacional-socialista, algunos de los colaboradores originales se negaron a seguir participando. Esta revista abordó temas como el “espacio vital” para la nación alemana, especialmente en Europa Central, un nuevo orden europeo o mundial de ideas, la superioridad de la raza aria o su destino, etc. (Vesentini, 2003:20-21). 55 Según Barbosa da Silva (2003), el Museo Paulista de la Universidad de Sao Paulo contó con la mayor parte de las publicaciones Zeischrift für Geopolitik que llegaron al país; sin embargo hasta la fecha no se ha encontrado ningún número de la década de 1940; aunque advierte el hecho de que pudieran existir colecciones completas, sin estar debidamente catalogados, en otras bibliotecas brasileras. Tras la guerra, este material representó un vínculo explícito con el nazismo. En
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uno de los principales exponentes de la geopolítica en su país, publicó el artículo “Conglomerado Político Brasileño” en 1926 56 .

Haushofer fue el primero en esbozar una concepción geopolítica global ideal, producto de la posición de su país (cercana al corazón de Eurasia, el heartland de Mackinder 57 ), igualmente abogó por una alianza con Rusia (de tradición política y militar prusiano) y con las potencias del extremo oriente, China y, particularmente, Japón. De hecho, Haushofer les auguró un gran porvenir y decisivo por su localización en el Océano Pacífico, postulado que, además, ejercería una gran influencia en el pensamiento geopolítico de Argentina, Brasil y Chile. A partir de esta visión global, Haushofer dividió el mundo en cuatro bloques o zonas continentales: una zona de influencia alemana, que abarcaría Europa (menos Rusia), África y Oriente Medio; una zona de influencia norteamericana (continente americano); una zona de influencia rusa (Rusia más el sur de Asia, o sea una salida para el océano Indico; y una zona de influencia japonesa (extremo oriente, sudeste asiático y Oceanía) 58 .

Si bien es cierto que el general Karl Haushofer fue presentado como la eminencia gris de Hitler o el jefe del espionaje mundial nazi, por parte de la prensa anglosajona, en realidad él fue parte de un exaltado clima nacionalista (1918 a 1933) por recuperar la potencialidad alemana en Europa y otorgó a la geopolítica la finalidad mística de cimentar en cada alemán el amor al suelo y a la patria. Este amor evitaría en el futuro que cayera presa de un cosmopolitismo moral o político corruptor y haría de Alemania un cuerpo capaz de resistir los más fieros embates y no de aquella Alemania vendida, deshecha, ebria de derrotismo, miserablemente arruinada en el espíritu que él había encontrado al regresar en 1918. En definitiva: un ideal conservador, posiblemente reaccionario y aristocrático, pero no dispuesto a preparar el camino a la agresión hitleriana en Europa, ni tampoco a legitimar las
Chile no se encuentran catalogadas dichas publicaciones tanto en las bibliotecas de la Universidad de Chile como de la Pontificia Universidad Católica de Chile, las instituciones más antiguas del país. 56 Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 158. 57 Halford Mackinder (1861-1947), geógrafo inglés, se apoyó en las leyes de gravitación newtonianas y señaló al Imperio Británico, ya en crisis frente a los poderes mundiales emergentes, las alianzas que debían construir para no perder totalmente sus posiciones hegemónicas. A través de la teoría del heartland (tierra-corazón o corazón continental), indicó que las áreas terrestres del planeta conforman en sus dos terceras partes una verdadera “isla mundial” (África y Eurasia: un solo continente), que está rodeada por cinco océanos y que componen un sólo “océano mundial” y rodeado de numerosas islas próximas, “creciente interior marginal”, tales como Gran Bretaña, Indonesia, Filipinas, Formosa y Japón. Más allá del gran océano estarían situadas las islas exteriores, “creciente insular exterior”, representadas por América, Australia y Antártica. Para Mackinder “quien domine el este europeo domina el heartland; quien domine el heartland domina la isla mundial y quien domine la isla mundial, domina el mundo” (Marull, 1971:34-35). De este modo, condensó su visión geopolítica del mundo, la que ejerció gran influencia en la geopolítica alemana. No obstante, no visualizó la importancia que adquiriría Estados Unidos en décadas posteriores. 58 José William Vesentini, op. cit., p. 21.
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equivocaciones de la política nacional e internacional del III Reich 59 , como por ejemplo, la invasión a Rusia. Esto significó para él que en los últimos años del gobierno de Hitler fuera perseguido y encarcelado 60 . Finalmente, Haushofer acabó suicidándose con su esposa en 1946.

No obstante, la propagación del pensamiento geopolítico con intromisiones indebidas, como indicaría Backheuser 61 , habían logrado influir considerablemente más allá de las fronteras alemanas. Es por esto que, en cierta forma, la geopolítica, según Uribe (1998), terminó constituyéndose en el discurso ideológico del Tercer Reich y con sus desvaríos pseudocientíficos y sus trágicos resultados bélicos, que significó también un golpe casi mortal para la Geografía Política. Lamentablemente, “los postulados geopolíticos fueron

recogidos por los grupos dominantes de los sectores militares y/o militaristas y, hasta el día de hoy podemos observar como se utilizan, en versiones bastante análogas a las originales, para analizar los complejos problemas político-estratégicos contemporáneos” 62 .

III.

América Latina

1.

Orígenes Históricos

América Latina presenta una complejidad geopolítica que data desde los tiempos de las grandes conquistas territoriales. Según Haushofer, la carencia de dominio del espacio fue una de las desafortunadas herencias que los estados sudamericanos recibieron de la madre patria 63 ; a esto se sumaron las imprecisas delimitaciones entre las numerosas gobernaciones, audiencias, capitanías y virreinatos a través de los cuales se administraban las colonias españolas.

En las raíces de las disputas territoriales estaba el antagonismo que separaba a España de Portugal, las potencias imperiales litigantes en América del Sur. Posteriormente al Tratado
Jaime Vicens Vives, op. cit., p. 50. Karl Haushofer estaba casado con una judía y su hijo fue asesinado por la Gestapo por haber participado, junto con algunos militares e intelectuales, en el atentado contra Hitler. 61 Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 159. 62 Uribe, op.cit., Geografía y Sociedad. Exploraciones en Compromisos y Propuestas Actuales, p. 37. 63 Karl Haushofer, “Poder y Espacio”. En: Augusto Rattenbach (Compilación), op. cit., p. 88.
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de Tordesillas (1494), que determinó la extensión de los territorios divididos, ambas naciones se embarcaron en campañas de descubrimiento y ocupación de territorios no explorados que no estaban adecuadamente reconocidos y que tampoco aparecían en los mapas. Así,

importantes territorios constituyeron fuentes de conflictos, especialmente en la zona de Misiones y en el estuario del Río de la Plata, en que ocurrieron frecuentes encuentros armados entre españoles y portugueses durante la época colonial 64 .

Asimismo, las autoridades imperiales recomendaron la ocupación de ciertos pasajes (como el estrecho de Magallanes y el mar Drake) - por parte de guarniciones y colonizadores españoles - con la finalidad de frustrar las crecientes tentativas de los corsarios ingleses, franceses y holandeses en incursionar y desbaratar las rutas comerciales coloniales. Esta importancia geoestratégica en el extremo sur de América surgió nuevamente con Argentina y Chile cuando nacieron como naciones independientes.

En efecto, el interés de ambos países por el control del estrecho de Magallanes, el canal de Beagle y el cabo de Hornos y, particularmente, el anhelo de extender los dominios sobre el cuadrante sudamericano de la Antártica por razones geopolíticas, tuvo sus orígenes en la colonia y en la herencia de límites territoriales vagamente definidos. Esta situación fue lo que ocurrió con los límites coloniales de los virreinatos del Perú y del Río de la Plata y del Reino de Chile, que impulsaron disputas territoriales y limítrofes que han dificultado las relaciones entre Bolivia y Chile, Argentina y Chile y Bolivia y Paraguay desde el siglo XIX 65 .

Tras la independencia, los conflictos no sólo prevalecieron sino que se agudizaron con la Guerra de las Provincias Unidas del Río de la Plata contra Brasil (1825-1828); Guerra entre Chile y la Confederación Perú-Boliviana (1836-1848); Guerra no declarada entre Argentina y Brasil por el Uruguay (1843-1852), Guerra de la Triple Alianza que significó el aniquilamiento de Paraguay por todos su vecinos (1865-1870) y que tuvo como resultado un genocidio casi completo 66 ; Guerra del Pacífico, Chile contra Perú y Bolivia (1879-1883); y la Guerra del Caucho o del Acre, 1900-1903, (Brasil contra Bolivia). Producto de esto se produjeron

transferencias masivas de territorio. Brasil continuó su expansión hasta comienzos de 1900
César Caviedes, “Aparición y desarrollo de doctrinas geopolíticas en los países del Cono Sur”. En: Phillip Kelly y Jack Child, Geopolítica del Cono Sur y la Antártida. Buenos Aires, 1990, pp. 13-14. 65 Ibid., p. 15. 66 Esta guerra significó que de una población superior al millón trescientos mil habitantes antes de la guerra, no quedaran más de doscientos mil. Esta situación derivó en la autorización de la poligamia para repoblar el país.
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y ganó territorio a costa de la mayor parte de sus vecinos. Argentina a expensas de Bolivia, Chile y Paraguay. Chile forzó el desmembramiento de la Federación Bolivia-Perú y más tarde, en la Guerra del Pacífico, se apoderó de territorios de ambos países 67 .

Según Coutau-Bégarie (1988), “no habría debido existir al sur del Caribe más que dos ribereños americanos del Atlántico: la Argentina, heredera del antiguo Virreinato del río de la Plata, y el Brasil, continuidad del Imperio portugués. Los particularismos locales y la

diplomacia británica decidieron otra cosa. Fiel a su máxima tradicional “divide and rule”, la Gran Bretaña favoreció el nacimiento del Uruguay, menos como estado tapón entre dos potencias naturalmente antagonistas que como medio de quitar a la Argentina el control de las dos riberas del Plata, y evitar que sólo dos países se dividieran la costa americana del Atlántico Sur. De la misma manera, el Reino Unido ha alentado la expansión de Chile hacia el Sur a fin de impedir el dominio argentino de la ruta de Hornos, que tenía entonces un carácter vital para el poder marítimo”.

En términos generales, el expansionismo fue considerado como la expresión de virilidad de las jóvenes naciones. Evidentemente, la clase dirigente no cuestionó la moralidad de las ganancias territoriales por medio de la fuerza y a expensas de países menos agresivos, ni tampoco las potencias europeas o norteamericanas hicieron alguna crítica, puesto que también estaban en prácticas similares 68 .

En la medida en que se consolidaban las nuevas naciones, comenzaron a adquirir un peso internacional Argentina y Brasil en el Atlántico sudoccidental y en la Cuenca del Plata, y Chile en el Pacífico sudoriental. Esto fue lo que justificó la existencia de establecimientos militares que legitimaron el uso de la fuerza en los conflictos internacionales por medio de campañas militares y presiones diplomáticas. Así fue que al término del siglo XIX se desarrolló una creciente carrera armamentista en los países del ABC 69 (Argentina, Brasil, Chile) que llevó al borde de la guerra a Argentina con Brasil (1899) y una desconfianza mutua entre los tres.

Howard Pittman, “Armonía o discordia: El efecto de la democratización sobre geopolítica y conflicto en el Cono Sur”. En: Phillip Kelly y Jack Child, Geopolítica del Cono Sur y la Antártida. Buenos Aires, 1990, p. 32. 68 César Caviedes, op. cit., p. 17-18. 69 La fórmula triángulo ABC fue desarrollada por Nicholas Spykman, quien había visualizado claramente el choque entre estas potencias. En posición central, Argentina enfrentaba a Brasil, al que suponía con ambiciones hegemónicas; y por el otro a Chile, que deseaba acceder al Atlántico, pero con una posición defensiva. En la época de Spykman, ABC no era solamente el resultado de un orden alfabético, sino también una jerarquía de poder (Coutau-Bégarie, 1988:126).
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2.

Desarrollo de la Geopolítica en la Región

En Latinoamérica la geopolítica fue cultivada activamente desde los años ´30 en círculos militares, siendo Brasil pionero por la participación de Everardo Backheuser en Zeischrift für Geopolitik y por haber traducido en 1925 un ensayo titulado “La Política y la Geopolítica según Kjellen” 70 . Este hecho incidió en que la Escuela Geopolítica Brasileña sea hasta hoy la más significativa e influyente de la región y que sirviera de modelo para otros países permitiendo una fuerte reactivación del pensamiento geopolítico, especialmente en Argentina y Chile.

Esta preponderancia de la escuela de Brasil en la región se ha generado en función de su creatividad, originalidad y naturaleza prolífica de sus escritores y consejeros nacionales, a los que se han incorporado, en las últimas décadas, académicos universitarios vinculados específicamente a las ciencias geográficas 71 . Muchos autores argumentan que Portugal (y después Brasil) fue instintivamente geopolítica cuando Brasil era colonia y, posteriormente, imperio y que los analistas y escritores geopolíticos del siglo XX sólo introdujeron las palabras que sus predecesores habían hecho subconscientemente.

Fue indudable que tras la II Guerra Mundial la geopolítica entró en una crisis hasta la década del ´70 en que vivió una especie de ostracismo, puesto que los vencedores la identificaban con los vencidos (nazismo alemán o fascismo italiano o la política expansionista de Japón antes de la guerra) 72 y no recomendable de estudiar en el ámbito académico. Sin embargo, ciertas escuelas geopolíticas vinculadas más bien a las fuerzas armadas - como las de Brasil, Chile y Argentina - continuaron produciendo y reproduciendo muchos de sus postulados que sirvieron de base para las políticas territoriales de sus estados. Ciertamente la presencia militar en el pensamiento geopolítico sudamericano ha sido fundamental, ya que algunos han podido incidir directa o indirectamente en las políticas de gobierno. Entre los militares argentinos se podría incluir a Segundo Storni, Juan Domingo Perón, Justo Briano, Fernando Milia, Jorge Atencio, Osiris Villegas y Alberto Casellas. Entre los brasileños a Mario Travassos, Lisyas Rodrígues, Ribeiro da Graca, Everardo Backheuser, Manoel
Genaro Arriagada, op. cit., p. 158. Entre los geógrafos figuran Wanderley Messias da Costa, José William Vesentini, André Martin, Demétrio Magnoli, Manoel Correia de Andrade y Bertha Koiffman Becker (Evangelista, 2000:4). 72 José William Vesentini, op.cit., p. 25.
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Teixeira, Carlos de Meira Mattos, Golbery do Couto e Silva y, especialmente, la notable función que ha ejercido la Escuela Superior de Guerra en la producción y fomento del pensamiento geopolítico, hasta tal punto que ha sido una cátedra frecuente en las universidades del país y en la escuela diplomática, al igual que en Argentina. En tanto en Chile, encontramos a Ramón Cañas Montalva, Augusto Pinochet 73 y Julio Von Chrismar.

Según Arriagada (1986), los geopolíticos del cono sur aceptaron las concepciones organicistas del Estado, es decir el Estado como un organismo vivo en que Ratzel, Kjellen y Haushofer fueron los principales influyentes teóricos en las nuevas concepciones que se elaboraban; empero, no aceptaron del mismo modo la concepción explícita de la necesidad de guerra para nuevas conquistas territoriales. A rasgos generales, la situación de la región se habría restringido a problemas limítrofes específicos, lejos de considerar el crecimiento de los Estados en términos de la expansión de las fronteras, como argumentaba la geopolítica alemana.

Comparativamente la geopolítica sudamericana no llegó a los extremos de la confrontación europea y desde fines del S. XIX hasta mediados del S. XX se desarrollaron únicamente cuatro guerras de importancia: Guerra del Pacífico, Guerra del Caucho o del Acre, Guerra del Chaco, 1932-1935 (Bolivia contra Paraguay) y Guerra de la Cordillera del Cóndor, 1941 (Ecuador contra Perú). Aún más, entre los años 1945 y 1975 no se registraron conflictos bélicos de magnitud 74 .

Si bien hubo una menor dimensión de los conflictos, la influencia de la geopolítica alemana persistió, ya que según el coronel Marcos López, ex Profesor de la Academia de Guerra del Ejército, en su ponencia “El pensamiento Geopolítico en Latinoamérica”, “… las imprecisiones fronterizas, los extensos espacios vacíos e inexplorados y los ánimos revanchistas de recuperación territorial eran, además, los clásicos problemas geopolíticos de la conformación de Estados vivientes. Por tanto, en este escenario la geopolítica era

prácticamente la única disciplina intelectual que, sustentada en una base teórica, hacía posible el estudio de las interacciones entre los Estados... Aún más, los geopolitólogos sudamericanos no se sintieron aludidos por la moderna Inquisición que surgió después de la
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Marcos López, El Pensamiento Geopolítico en Latinoamérica. Santiago, 199?, p. 13-15. Tras el conflicto entre Perú y Ecuador en 1941, se han desarrollado una serie de confrontaciones de menor importancia en 1981, 1983 y 1995. En tanto Chile y Argentina estuvieron al borde de la guerra en 1978.
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II Guerra Mundial y continuaron sus estudios. ¿Por qué habían de abandonar la geopolítica si hacía más tres décadas que la desarrollaban en forma totalmente independiente de los intelectuales alemanes? Por lo demás, aunque Latinoamérica terminó por declarar la guerra o romper relaciones con el Eje, esa fue una decisión que costó bastante y en algunos países -especialmente Chile y Argentina- hubo amplios sectores que miraban con simpatía, al menos con comprensión, lo que se entendía como la causa reivindicatoria del pueblo alemán. Esa era, entonces, otra razón para hacer caso omiso a los dictados anglosajones”.

A lo descrito se agregó la crisis económica mundial producto de la II Guerra Mundial en que fueron profundamente afectados los países latinoamericanos. Esta situación obligó a reducir los gastos y a postergar las demandas territoriales-fronterizas y sus estrategias. Este hecho cambiaría substantivamente la relación de fuerzas de la región. A comienzos del siglo XX la gran potencia económica, política y militar de América del Sur era Argentina en contraste con Brasil que era un país inmenso pero débil 75 . Producto de la manifiesta simpatía por los alemanes, Argentina rehusó la cooperación de Estados Unidos al contrario de la actitud adoptada por la clase política brasileña.

Esta decisión significó que Argentina tuvo que enfrentar una grave crisis económica. Como consecuencia de la ruptura del comercio con Alemania, el tráfico se redujo en dos tercios entre 1939 y 1942. Faltas de medios, sus fuerzas armadas no pudieron mantener su

potencial, mientras que Brasil se beneficiaba con la ley de préstamo y arriendo (con 361 millones de dólares, que constituía las tres cuartas partes de la ayuda acordada para América Latina durante la guerra) y una corriente de intercambio y de inversiones que aceleró su desarrollo 76 . Treinta años después de la guerra, Brasil se transformaba en la principal potencia del cono sur y con ello, cambiaba el mapa geopolítico de la región.

A partir de entonces las pretensiones geopolíticas oceánicas de Argentina y Chile fueron más débiles que las doctrinas geopolíticas de Brasil: éstas enfatizaron el uso geoestratégico del espacio continental sudamericano. De este modo, Brasil perseguirá una política de

75 Estados Unidos ofreció en 1937 a Brasil siete viejos destructores en signo de buena armonía. Ante las protestas argentinas la oferta fue retirada. En esos años el gobierno argentino entendía que podía y debía tratar con los Estados Unidos de igual a igual. Todavía en 1942, Nicholas Spykman podía escribir “los argentinos están determinados a hacer de su país el más importante del continente austral como lo son los Estados Unidos en el Hemisferio occidental” (CoutauBégarie, 1988:122). 76 Hervé Coutau-Bégarie, Geoestrategia del Atlántico Sur. Buenos Aires, 1988, p. 123.

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proyección continental, en tanto Chile y Argentina competirán por el dominio del extremo sur del continente y por el control de los pasajes bioceánicos 77 .

A rasgos generales, ha prevalecido una teoría geopolítica contemporánea en el Cono Sur, basada en el registro histórico, en las aspiraciones y en los objetivos nacionales. Estos argumentos han sido utilizados tanto para las disputas continentales existentes como también para la extensión de las áreas extra-costeras 78 . La influencia de la geopolítica sobre las relaciones internacionales en Sudamérica fue producto de la elaboración de una teoría geopolítica propia, pero sustentada en corrientes europeas que se han aplicado, directa o indirectamente a los planes, políticas y acciones de gobierno, particularmente en los países del ABC y Bolivia, y en un grado menor en Uruguay y Perú. Sin embargo, cabe hacer notar que las desavenencias territoriales o marítimas de las últimas décadas han obedecido más bien a meros pretextos frente a crisis internas de gobernabilidad que por reales intereses geopolíticos.

En contraposición a esta línea de pensamiento - y por las particularidades geográficas de los países de la región- se generó una concepción geopolítica de expansión y ocupación del espacio interno. La presencia de espacios vacíos, la falta de integración física, los

problemas de seguridad nacional, el escaso aprovechamiento de los recursos naturales y las significativas diferencias entre los estados o regiones de cada país, obligaron a (re) diseñar políticas de población y poblamiento orientadas a la creación de nuevas ciudades o provincias, como en el caso de Brasil y Argentina, y a reestructurar política y administrativamente el territorio a través de la regionalización como en el caso de Chile. En estos tres países, la geopolítica constituyó el fundamento teórico de la expansión física del espacio interno y la que permitiría dotar de seguridad y desarrollo. Pero también ejercería un control en las áreas fronterizas y contrarrestaría la eventual proliferación de grupos subversivos que asumirían la condición de enemigos internos 79 .

César Caviedes, op. cit., p. 22. Howard Pittman, op. cit., p. 33. 79 Tras el término de la II Guerra Mundial, la geopolítica norteamericana se sustentará a través de la Doctrina de Seguridad Nacional y que tendrá gran incidencia en América Latina, particularmente después del triunfo de la Revolución Cubana. A través de esta doctrina, los países de la región fueron partícipes de la confrontación Este-Oeste y en la que se definió como enemigo interno aquellos que propiciaban ideas pro-soviéticas.
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Por tanto, la relación entre geopolítica y conflicto que se ha presentado en América del Sur se ha extendido, porque los estados interesados disputan recursos, territorios e influencias. En síntesis, se han podido visualizar cuatro tipos básicos de conflictos: a) disputas territoriales y limítrofes ya históricas; b) disputas sobre espacios vacíos (áreas subpobladas y subdesarrolladas dentro de un país determinado), que pudieran quedar vulnerables ante la inmigración e inversión extranjera 80 ; c) los reclamos nacionales por las islas extra-costeras, la Antártica, y el propio mar 81 ; y d) la disputa por los recursos hídricos continentales.

Indudablemente que los cuatro conflictos mencionados tienen gran relevancia para la región, pero el que está generando mayor preocupación, porque forma parte de una problemática mundial, es aquel relacionado con los recursos hídricos. Durante el siglo XXI, la demanda mundial de agua crecerá más rápidamente que la población en la mayoría de las regiones, contrariamente a la tendencia que se observó durante la segunda mitad del siglo XX. Se prevé que las futuras crisis del agua - denominada oro azul- podrían generar guerras durante el siglo XXI. Efectivamente hoy la falta de agua amenaza a 26 países, a los que podrían sumarse otros 6 en 2010, y su demanda aumentó considerablemente en estos últimos 20 años por la excesiva urbanización: la población urbana mundial está incrementándose a un ritmo dos a tres veces superior que el de la población rural 82 .

A escala mundial, América del Sur representa la segunda reserva de agua mundial con 36,9, metros3/año/persona 83 . Así, la región sudamericana está siendo considerada de gran interés por parte de las empresas trasnacionales y las grandes potencias, ya que posee los ríos Amazonas, Orinoco, Sao Francisco, Paraná, Paraguay y Magdalena, que transportan más del 30% de agua superficial continental del mundo 84 , y por contar con una de las mayores reservas de agua dulce subterráneas del mundo: el Sistema de Acuífero Guaraní. Este sistema - que podría abastecer por siglos a 360 millones de personas - presenta una superficie de 1.195.700 Km.3: un 70% corresponde a Brasil, un 19% a Argentina, un 6% a
El ejemplo que mejor describe esta situación fue lo que aconteció con Douglas Tompkins y el Parque Pumalín al sur de Chile. 81 Howard Pittman, op. cit., p. 33. 82 Jérôme Bindé, Informe Provisional del Equipo Especial sobre la UNESCO en el Siglo XXI [en línea]. Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Disponible en: <http://unesdoc.unesco.org/images/ 0011/001196/1196 99s.pdf>. 83 Las mayores reservas de agua se encuentran en: Oceanía (53,7 metros3/año/persona), América del Sur (36,9), América del Norte (16,8) y Europa Occidental (1,7) (Novaes, 2002:X). 84 Jémisson Mattos, “Situación de los recursos naturales en América Latina. Recursos de Agua Dulce” [en línea]. Lista de Discusión Geográfica Brasilera. Disponible en: http://groups.yahoo.com/group/ listageografia/messages.
Autor: Cecilia Quintana Binimelis
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Paraguay y un 5% a Uruguay. De esta manera, los beneficios económicos y la creciente competencia por los recursos naturales estratégicos para garantizar la sobrevivencia humana, podrían incidir en la reactivación de nuevos conflictos sustentados en argumentos de la geopolítica alemana.

IV.

Argentina

1.

Albores Geopolíticos

En Argentina los disensos entre Buenos Aires y las restantes provincias que otro tiempo habían sido partes integrantes del Virreinato del Río de la Plata culminaron con la separación de Uruguay, la independencia de Paraguay, la pérdida de las Malvinas y una ocupación anticipada de Chile en el estrecho de Magallanes; pero también llevaron al país a sucesivos periodos de anarquía y dictadura que perduraron hasta la caída de Juan Manuel de Rosas en 1852. Sólo después de la Guerra de la Triple Alianza en contra del Paraguay (1865-1870) 85 la situación se revirtió: el territorio de Misiones retornó a la soberanía de Buenos Aires y se anexó un amplio sector del Chaco Austral. Libre de tensiones en la cuenca superior del Plata, Argentina tuvo menores compromisos militares y orientó sus estrategias hacia la Pampa para posesionarse de las tierras de los indígenas mediante las campañas del desierto. Esto permitió restablecer sus reclamos sobre la Patagonia oriental forzando a Chile a aceptar las negociaciones de los territorios chilenos y comenzar su prolongada campaña por la recuperación de las islas Malvinas (o Falkland) 86 , que desde 1833 se encontraban bajo la jurisprudencia de Gran Bretaña.

85

Esta guerra significó el enfrentamiento de Paraguay con las fuerzas de la Triple Alianza, formada por Argentina, Brasil y Uruguay. La guerra civil uruguaya entre el Partido Blanco y el Partido Colorado fue el detonante. Brasil invadió Uruguay en apoyo de los colorados, mientras que los blancos lo obtuvieron de Paraguay. Argentina se hizo partícipe al no permitir el tránsito de las tropas paraguayas por su territorio. Como consecuencia, Paraguay le declaró la guerra el 18 de marzo de 1865, mientras que Brasil, Argentina y Uruguay firmaron el 1 de mayo un tratado contra Paraguay. El Ejército paraguayo fue definitivamente derrotado en 1870, sufriendo su país los mayores efectos: su población se vio reducida a menos de una cuarta parte. 86 César Caviedes, op. cit., p. 17.
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Al igual que en la mayoría de los países latinoamericanos, los albores de una concepción geopolítica se generaron paralelamente con la organización interna y delimitación fronteriza de los nuevos estados. En efecto, en los postulados del General José de San Martín no sólo se visualizó un accionar militar sino también amplios conocimientos geográficos y un sentido práctico de su utilización, tal como quedó demostrado en las campañas que culminaron con la independencia de Chile y Perú. También se apreció en los proyectos de grandeza virreinal del dictador Juan Manuel Rosas, especialmente en su intento de ocupar Montevideo, como también en los estudios de Juan Bautista Alberdi, quien tras la caída de Rosas (de quien fuera opositor) redactó las “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina” (1852), que inspiró la constitución de 1853 87 . En ese documento

también se abordaron temas sobre la defensa del libre comercio, la libre navegación de los ríos, la exaltación de la industria como base del progreso y se insistió en la necesidad de la inmigración (“gobernar es poblar”) de origen nórdico 88 . Declarada la Guerra de la Triple Alianza Alberdi escribió varios folletos contra el imperio brasileño que aparecieron reunidos bajo el título “El Imperio del Brasil ante las democracias de América”, a pesar de que junto a Argentina participaba de esta alianza. La rivalidad histórica por alcanzar la hegemonía

sudamericana por parte de ambos países sería motivo de críticas al interior de diversos círculos intelectuales y políticos.

Según Pittman (1986), la escuela geopolítica argentina se desarrolló en el marco de restaurar, por un lado, lo que había sido el virreinato de la Plata y, por otro, una fuerte percepción de que el país había sido perjudicado por el colonialismo británico y estadounidense, por los afanes hegemónicos de Brasil (tras la II Guerra) y por la amenaza de Chile 89 . Respecto a Brasil se denunció su expansionismo por la existencia de un destino manifiesto tendiente a ampliar sus fronteras hacia el oeste, en busca del Pacífico, y hacia el sur en busca del Río de La Plata y de un paisaje y clima más meridional frío.

Esta nueva constitución permitió la creación de la Confederación Argentina con la aceptación de todas las provincias - a excepción de Buenos Aires que lo hizo en 1859 –. Esta confederación terminó sus funciones con las elecciones de 1862, que dio origen a un nuevo gobierno nacional, verdaderamente formal y con Buenos Aires como capital provisoria. 88 Alberdi a mediados de 1840 había escrito el ensayo “Acerca de la acción de la Europa en América” donde desarrolló sus primeras ideas sobre la necesidad de una política inmigratoria pensando en las razas europeas más avanzadas, debido a sus deslices ideológicos (propios de la época) sobre el concepto de ineptitud racial aplicado a la población indígena. 89 Citado por Marcos López, op. cit., p. 6.
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87

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Entre los años `30 y `40 fue evidente que los pensadores geopolíticos argentinos fueran seguidores muy cercanos a las ideas de Karl Haushofer y sus discípulos, debido al proceso de prusianización iniciado por el ejército argentino en 1898 que significó la presencia de profesores alemanes, instrucción en idioma alemán (desde 1905), prestación de servicios de oficiales argentinos en el ejército alemán y estudios de perfeccionamiento en Alemania 90 .

Este proceso de prusianización pasó a ser decisivo en el cuerpo de oficiales de varias generaciones, entre ellos la de Perón, no sólo por la influencia de las corrientes geopolíticas alemanas, sino también por las ideas nacional socialistas que se propagaban en la República de Weimar. De esta forma, los oficiales argentinos promovieron ideas nacionalistas en que rechazaban tener cooperación con otras naciones, promovían el militarismo e imperialismo y se oponían a todas las libertades cuando ellas interferían los propósitos del Estado. Así, se favorecía un estado autoritario con un sistema económico nacionalista y proteccionista, en la que también se consideraba el expansionismo 91 .

Expresión de estas ideas fue el texto del coronel Juan Julio Cernadas, “Estrategia Nacional y Política de Estado” (1938), en que compartía la visión organicista del estado como el “… cuerpo político de la nación, verdadero organismo viviente y, por lo tanto, sometido a las leyes que rigen el desenvolvimiento y perfección de lo humano, en lo biológico y lo moral… Los pueblos a través de sus estados se encuentran en constante lucha por conquistar un mejoramiento y poder cada vez mayor; lo que hoy como ayer, se lo hace generalmente en detrimento de los más débiles o menos prevenidos; es decir, de los menos aptos para defenderse…. El estado… como organismo moral y viviente, su detención es expresión de muerte”. En esta misma línea de pensamiento se sumó el libro de Jorge Jasón y Luis Perlinger (1948) en que resaltaron las ideas de la Kjellen y Haushofer, especialmente en relación a sus teorías sobre el espacio y la política de poder 92 .

La derrota de Alemania no afectó mayormente el pensamiento geopolítico argentino en la perspectiva de Haushofer, aunque sí produjo por parte de algunos autores la necesidad de

90 91

Félix Luna, De Perón a Lanusse, 1943-1973. Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 140. Marvin Goldwert, Democracy, Militarism and Nationalism in Argentina, 1930-1966. Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 141. 92 Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 141-143.
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no dejarse influir absolutamente por doctrinas foráneas que, si bien podían ser justificadas en otras partes del mundo, no eran del todo valederas para el país.

Empero, la llegada de Juan Domingo Perón al gobierno (1946-1955) significó la introducción de ciertas doctrinas nacionalsocialistas que se plasmaron a través de una concepción de Estado en términos de dominio y poder, con un carácter altamente centralizado y organizado con fines expansivos y de naturaleza totalitaria 93 . El favoritismo de Perón hacia el Ejército desencadenó la revancha de los marinos en 1955 y su rol decisivo en el levantamiento que culminó con la caída de Perón y en la importancia que adquiriría la geopolítica marítima.

A rasgos generales, la formulación de un pensamiento geopolítico formal netamente argentino fue muy posterior al de Brasil, ya que los primeros textos fueron principalmente traducciones de autores alemanes. No obstante, a partir de los años ´50 y ´60 comenzaron a desarrollarse una serie de trabajos en que se destacarían la falta de consenso por parte de sus autores en cuanto a ser un país continental o marítimo. En efecto, estas posiciones contrapuestas derivarán en una producción fecunda y variada, principalmente al interior de las fuerzas armadas donde estarán sus máximos representantes.

2.

Vocación Marítima: La influencia del Almirante Segundo Storni

A partir de los años ´50 los cambios institucionales fueron favorables a la Armada lo que hizo incrementar la toma de conciencia del valor del espacio marítimo y de sus recursos pesqueros. Pero, también, tras el fortalecimiento de Brasil, Argentina quedó bloqueada por el Norte lo que obligó a centrar sus miradas hacia el Atlántico, debido a la importancia estratégica que adquiriría en el contexto de la Guerra Fría. Así fue que sus geopolíticos desarrollaron la concepción de Argentina como país bicontinental (América y Antártica) y bioceánica (Atlántico y Pacífico) que tomaría mayor impulso en los años ´70 con el régimen militar al esbozar una vasta maniobra en el triángulo Río de la Plata-Malvinas-Beagle que los argentinos llamarían Mar Argentino (denominación que no ha sido reconocida

internacionalmente) con un doble objetivo: controlar la ruta del Cabo de Hornos y consolidar

93

Carlos Fayt, Naturaleza del Peronismo. Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 144.
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su reivindicación sobre la Antártica 94 . De este modo, entrarían en conflicto con Chile y con Inglaterra.

Entre los principales exponentes de lo que sería el pensamiento geopolítico marítimo se encontraría el almirante Segundo R. Storni, quien supo encarar tanto el sentido nacional del desarrollo marítimo, como el sentido tecnológico de la industria naval argentina en tiempos en que Argentina ejercía su primacía en la región. Para Storni, la posición geográfica de Argentina correspondía a la de un país marítimo por sobre el continental, ya que presentaba todas las características de insularidad: alejada del centro de la civilización (hemisferio norte) y rodeada por países de los cuales tenía poco que recibir, por tanto, Argentina debía esperar todo del mar. No obstante, esta postura no impidió que también favoreciera políticas de integración en el Cono Sur, sin dejar de establecer la necesidad de un poder naval independiente.

En lineamientos generales, para Storni, la política naval era, “ante todo, una acción de gobierno; pero es indispensable para que tenga nervio y continuidad, que sus objetivos arraiguen en la nación entera, que sean una idea clara, un convencimiento de las clases dirigentes y una aspiración constante de todo el pueblo argentino”. En 1916 pronunció dos conferencias, la primera sobre 'Intereses argentinos en el mar', que luego tomó forma de libro y la segunda se refirió a aspectos políticos y estratégicos que, posteriormente, las

desarrollaría en su “Manual de Geoestrategia”. A estas obras se sumarían los “Trabajos hidrográficos y límite argentino en el Canal de Beagle” (1905), “Balística y explosivos para la marina de guerra” (1908), “Proyecto del régimen del mar territorial” (1911) y “El mar territorial” (1926) 95 .

Junto a Storni, se incorporarían décadas más tarde los trabajos de Jorge Atencio, Fernando Milia y Gustavo Cirigliano 96 que revitalizarían nuevamente la vocación marítima, pero que sería más bien en respuesta a la acción de Brasil que había incorporado a sus programas geopolíticos el interés por convertirse en potencia del Atlántico Sur. En efecto, Perón en su

Hervé Coutau-Bégarie, op. cit., p. 145. Emilio Corbière, “Una conciencia marítima nacional: Segundo R. Storni” [en línea]. En: Argenpress. Info. Perfiles. Disponible en: <http://www.argenpress.info/perfil.asp?num=000069>. 96 César Caviedes, op. cit., p. 25.
95

94

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retorno al poder en 1973 trató de esbozar una alianza con los países hispánicos en contra de la hegemonía brasileña, pero su muerte impidió materializar esta tentativa.

En este contexto de mayor relevancia marítima, Argentina estableció en 1966 un límite de 200 millas náuticas como parte de su mar territorial en que la soberanía de la Nación Argentina se extendería del mismo modo al lecho oceánico y al subsuelo de las zonas submarinas adyacentes hasta una profundidad de 200 metros o más allá de estos límites hasta donde la profundidad de las aguas permitiesen. Producto de esta definición, Villegas (1982) indicaría después que las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur corresponderían a la continuación, tanto de la plataforma continental como del territorio nacional sumergido, y la llave para el control del estrecho de Magallanes, el canal de Beagle y el pasaje Drake. De esta forma, la nación que “controla estos pasajes” puede ejercer el tráfico marítimo entre el Atlántico y el Pacífico y también entre los continentes y la Antártica. Esta justificación geomorfológica ha hecho que algunos analistas geopolíticos chilenos se opongan a la devolución de las Malvinas a Argentina 97 .

3.

La revitalización de la Geopolítica Argentina: se amplía el debate

En medio de estos postulados marítimos surgiría uno de los más importantes autores argentinos: Jorge Atencio, quien volverá a reivindicar la geopolítica (aunque distante de la alemana), pero en torno a resaltar los factores históricos y geográficos que dan forma a Argentina, puesto que éstos no justificarían sobrepasar las fronteras más que “… para dar libertad a otros pueblos o para sostenerla, sin pretender nunca conquistas territoriales…”. No obstante, agregaría que, “…debemos seguir una política destinada a valorizar nuestro patrimonio espacial y a conservar intangible la soberanía sobre nuestra jurisdicción terrestre, marítima y área, preconizando, como únicas ambiciones espaciales, el reconocimiento de nuestros derechos a la posesión de las Malvinas y la delimitación definitiva del sector antártico argentino” 98 .

Mientras Atencio formulaba una concepción anti-expansionista hacia el continente, surgían otras visiones, como la de Osiris Villegas, uno de los más prolíficos escritores militares
97 98

Citado por Howard Pittman, op. cit., p. 33. Jorge Atencio, op. cit., p. 165.
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argentinos, que formularía, por una parte, una concepción geopolítica interna basada en las doctrinas de seguridad nacional, y por otra, una concepción organicista del estado impregnada incluso en las propias relaciones internacionales, ya que había que entender que la lucha de las sociedades humanas por la supervivencia sería indefinida y periódicamente implacable y que el éxito “ha sido siempre de los más fuertes”. En esta lucha por sobrevivir, existirían cuatro elementos fundamentales: un proyecto nacional, una élite nacional, un líder y una “dinámica social que lo acate y ejecute”. Y respecto a las fronteras indicaría que “una compulsión de mapas geográficos permite advertir algo así como que un plan maestro, una suerte de intuición geopolítica ha guiado el crecimiento territorial de algunos Estados del continente sudamericano (Brasil y Chile) e, inversamente, la segregación territorial en otros” 99 . Con postulados relativamente similares al de Villegas se debe mencionar a Juan Guglialmelli, quien también circunscribirá su análisis geopolítico a la realidad interna del país, otorgándole una menor relevancia a los problemas fronterizos. En esta perspectiva, indicaría que la cultura nacional (espiritual y material) constituye una “verdadera frontera interior” y que en las guerras modernas, la mayor presión recae sobre ella, de ahí su peligrosidad 100 .

Es interesante hacer referencia el enfoque que le otorgó Augusto Rattenbach a la geopolítica, ya que en el marco de ciertas ciencias y técnicas auxiliares de la conducción (política y estratégica) con la finalidad de reducir los riesgos que depara el futuro, una de las más importantes que visualizaba era la geopolítica. Según Rattenbach (1975) le

correspondía a ella un relevante “papel en la formulación y en la selección de las mejores estrategias que permitan llegar al objetivo con rapidez, seguridad y economía” 101 .

Ante esta compleja realidad, producto de la diversidad en los postulados geopolíticos, se desarrollaron algunos lineamientos de acción geopolítica, que Cirigliano (1975) de algún modo sintetizó. Así fue que distinguió un eje fluvial a lo largo de los cursos de los ríos Paraná y Paraguay que calificó a Argentina para participar en programas internacionales con Paraguay, Uruguay y sur de Brasil; un eje andino, que limitó con Chile y se extendió al área de influencia de Argentina hacia Bolivia y Perú; y un eje marítimo que legitimó el reclamo de Argentina por el control del Atlántico sudoccidental, incluyendo las islas Malvinas/Falkland,
Juan Guglialmelli, Geopolítica en la Argentina. Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 151-152. Genaro Arriagada, op. cit., p. 150. 101 Augusto Rattenbach “Política, Estrategia y Geopolítica”. En: Revista de Geopolítica, Nº 1, octubre, 1975. Citado por Genaro Arriagada, op. cit., p. 154.
100 99

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las islas subantárticas Georgias del Sur, Sandwichs del Sur y Orcadas del Sur. Estos ejes fueron las arterias principales de una Argentina continental que pivotearía sobre el Río de la Plata y la Pampa, una Argentina marítima que se extendería entre las islas subantárticas, las islas Malvinas/Falkland y la costa argentina y una Argentina antártica, que incluiría el sector hacia el cual se proyectaría la Argentina marítima 102 . Indudablemente muchas de estas acciones no han podido ser materializadas, pero se han mantenido en los discursos de algunos militares, políticos y diplomáticos, primordialmente en lo que respecta a las islas Malvinas, donde persisten, pese a haberlas perdido en una guerra (1982), en identificarlas a través de los atlas argentinos como parte del territorio argentino.

V.
1.

Brasil
Los primeros precursores de la Geopolítica Brasileña

Desde el Brasil imperial hasta la época republicana, estadistas de renombre como Mario da Silva Paranhos, Irineu de Souza, Teogilo Ottoni, José Bonifacio, Alexandre de Gusmao, Soares de Souza y el vizconde de Rio Branco 103 tuvieron una gran responsabilidad en la estructuración del Brasil moderno 104 y se empeñaron en consolidar los espacios interiores y en extender las fronteras colonizadoras hacia la periferia del país, muy especialmente hacia las nacientes de los ríos Paraguay y Paraná y hacia la cuenca del Amazonas. Por tanto, la ocupación de las tierras vacantes contiguas al río Paraná, el Mato Grosso y Amazonia, acrecentaron la opinión brasileña de que a través de la consolidación de estas fronteras interiores el país podría proyectarse efectivamente hacia el núcleo sudamericano.

El traslado de la corte portuguesa al Brasil fue decisivo para que el país se organizara en forma estable y encontrara los mecanismos institucionales que llevaron a los historiadores a definir el periodo imperial como una Democracia Coronada en la que el Emperador, junto con constituir un símbolo de Unidad Nacional, asumió un Poder Moderador, idea matriz que se

Citado por César Caviedes, op. cit., p. 26-27. El Barón de Río Branco, patrono de la diplomacia republicana del Brasil, será figura clave en la exitosa Diplomacia de Fronteras a inicios del siglo XX (Millán, 1980:122). 104 Marcos López, op. cit., p. 5.
103

102

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encontró vigente en toda la evolución política brasileña y que, a partir de la República (establecida en 1889), se adjudicaron las fuerzas armadas 105 .

Tras la independencia de América Latina, se produjeron una serie de conflictos territoriales, los que han sido plasmados en las visiones geopolíticas latinoamericanas. Para el coronel Mario Travassos, meritorio fundador de la Escuela Brasileña de Geopolítica, estos conflictos se generaron por determinados antagonismos que se originaron por las siguientes zonas geopolíticas: Verticalmente identificó dos: al Oeste la zona Pacífica, con los países de la Cordillera de los Andes; y al Este, la zona Atlántica, infinitamente más grande debido a que la cordillera obstaculiza la penetración hacia el interior a partir de la ladera del Pacífico. Horizontalmente, la desglosó en tres franjas que son de Norte a Sur: la cuenca del Caribe, la Cuenca Amazónica y el Cono Sur, con límites bastante imprecisos. Venezuela pertenecería al área caribeña, pero miraría también hacia la Amazonia; Bolivia y Paraguay están divididos entre la Cuenca Amazónica y el Cono Sur. Travassos se desinteresó de la región del Caribe, sometida a la dominación norteamericana 106 . Hasta el día de hoy han predominado estos antagonismos, siendo los más significativos para la fundamentación geopolítica brasileña los relacionados con Argentina y Venezuela.

La historia de las relaciones entre Argentina y Brasil ha presentado como rasgo sobresaliente una rivalidad determinada por múltiples factores que ha dejado poco espacio para la cooperación. Heredada del enfrentamiento de España y Portugal durante la época colonial, fue azuzada desde el exterior por las potencias imperialistas y alimentada por políticas domésticas que aspiraban a lograr la hegemonía en el sur del continente. A partir de los años ´80, y por diversas razones, la situación cambió, la interacción se intensificó, surgió un espectro cada vez mayor de intereses comunes y la colaboración se amplió gradualmente hasta que en 1991, mediante el Tratado de Asunción, decidieron en conjunto con Paraguay y Uruguay crear el Mercado Común del Sur, MERCOSUR 107 .

Gabriel Millán, “La Política Exterior de Brasil: su Dimensión Interna y su Impacto en el Equilibrio Regional”. En: Walter Sánchez (editor), Las Relaciones entre los países de América Latina. Santiago, 1980, p. 109. 106 Hervé Coutau-Bégarie, op. cit., p. 117. 107 Zulma Larrea, “La Cuenca del Plata como punto neurálgico de las relaciones entre Argentina y Brasil”. En: Revista Reflexiones Geográficas. Nº 8, Río Cuarto, 1998, p. 59-66.
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105

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Pese a este importante avance orientado a la cooperación, han prevalecido ciertos criterios en torno a la preeminencia regional de Brasil, porque han sido decisivos los mayores periodos de hegemonía producto del apoyo recibido de EE.UU.

La geopolítica brasileña ha sustentado el deseo evidente de extenderse al Sur hasta las fronteras naturales, que son los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay, mientras que, en sentido inverso, Argentina estableció intereses geopolíticos en lo que constituía el antiguo virreinato de Buenos Aires (Uruguay, Paraguay y Bolivia). A pesar de una detente desde hace algunos años, ambos países continúan manteniendo una influencia en los países tapones que los separan 108 . De hecho, y como veremos más adelante, el interés del Mercosur para Brasil no es sino la proyección de su condición natural de potencia en América Latina.

Respecto a Venezuela se mantiene un conflicto de reivindicaciones sobre la Guayana, cada uno buscando extender su frente marítimo: Venezuela con el objeto de salir del Caribe y Brasil para abrirse más ampliamente sobre el Atlántico Norte 109 .

Si bien estos antagonismos han tenido periodos de agudos conflictos y otros de cooperación, ha persistido la influencia de escritores y pensadores geopolíticos brasileños en los gobiernos de diversas épocas los que han debido dar respuesta, no sólo a estos antagonismos, sino a la necesidad de proyectar la política interna de Brasil en la región del Cono Sur, desde sus habitantes y desde sus políticas de planificación territorial.

En este contexto, Travassos fundamentó su análisis geopolítico a partir de la distribución de la población en Brasil que reveló lo obvio: una concentración a lo largo de la costa. Entonces argumentó que para que Brasil lograse su verdadero destino nacional e internacional debería desarrollarse a lo largo del eje este-oeste para llegar a ser el Brasil Longitudinal, identificando dos ejes, uno a lo largo del río Amazonas y el segundo a lo largo del Mato Grosso; además del heartland área triángulo mágico definido por las ciudades bolivianas de Cochabamba, Sucre y Santa Cruz. Brasil debía establecerse en este triángulo antes que Argentina, pues

108 109

Hervé Coutau-Bégarie, op. cit., p. 118. Ídem.
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su control desequilibraría el dominio en la cuenca del río de La Plata y le daría una base más fuerte para proyectar su Poder Nacional 110 .

La República Federativa del Brasil es el quinto país del mundo en extensión territorial, luego de Rusia, Canadá, China y EE.UU. con una superficie de 8.511.965 km.2, el 47,3% del área de la América del Sur. Estas dimensiones continentales le otorgan al Brasil una privilegiada vinculación vecinal ya que limita por el norte con Colombia, Venezuela, Guyana, Surinam y la Guyana Francesa; por el sur con Uruguay; por el oeste con Argentina, Bolivia, Paraguay y Perú, y por el este con el Océano Atlántico con un acceso de 7.408 km. lineales 111 .

Esta posición geográfica, innegablemente, ha definido su doctrina geopolítica y favorecido su presencia regional y mundial. En general, entre los principales objetivos que ha perseguido la geopolítica brasileña se pueden indicar los siguientes: (1) ocupar su enorme y variado territorio bañado por la mayor cuenca hidrográfica del mundo, acercándose lo más posible a las costas del Pacífico, y (2) desempeñar un liderazgo indesafiable en América del Sur. Las consecuencias de estos objetivos han significado para Brasil una serie de conflictos y disputas territoriales con sus vecinos, algunos solucionados diplomáticamente y otros a través de la victoria de sus armas 112 .

2.

General Everardo Backheuser

El General Everardo Backheuser ha sido considerado el padre de la geopolítica formal de Brasil. Durante los años `20 y `30 inició una serie de trabajos geográficos que permitieron lograr un marco conceptual inicial de la geopolítica brasileña. Conocedor como era del

alemán, difundió las ideas de Ratzel, Haushofer y Kjéllen y las consideraciones de los geógrafos alemanes que estaban escribiendo sobre el poder político y militar. Ciertamente, el trabajo de Backheuser “A estructura política do Brasil” tuvo muchos de los conceptos fundamentales sobre territorio, raza, destino, estados y población utilizados más tarde por otros autores brasileños en sus doctrinas geopolíticas 113 .

110 111 112 113

Jack Child, Geopolitics and Conflict in South America. Quarrels among neighbors. New York, 1985, p. 39. Gabriel Millán, op. cit., p. 103. Marcos López, op.cit., p. 6. César Caviedes, op. cit., p. 22-23.
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Backheuser, contemporáneo de Travassos, recogió las ideas de la escuela geopolítica alemana y desarrolló el concepto de frontera viva que causó alarma entre sus vecinos. Esta teoría surgió a partir de los postulados ratzelianos sobre el Lebensraum (espacio vital) y la necesidad de fronteras naturales: “las fronteras no son estáticas, sino flexibles y se mueven en respuesta a la presión ejercida por las naciones en cada lado de la frontera”. En consecuencia, la teoría sugirió “que una nación fuerte inevitablemente moverá su frontera dentro del territorio de su vecino más débil”. De esta forma, Backheuser argumentó que Brasil debía poblar y controlar los vastos territorios vacíos tomados de sus vecinos a través de la diplomacia del Barón Rio Branco 114 .

La II Guerra Mundial provocó una inversión en la relación de fuerzas a nivel regional. Mientras Argentina manifestó simpatías a favor de Alemania y rehusó la cooperación norteamericana, el presidente brasileño Vargas optaba por una actitud contraria. En este contexto, en que Brasil estaba a punto de suplantar a Argentina como primera potencia regional, publicó Golbery do Couto e Silva en 1952 su célebre “Geopolítica de Brasil”, que señalaba la alianza como medio para hacer reconocer a EE.UU. la estatura real de Brasil 115 ; pero también sería en este texto donde se desarrollaría la visión geopolítica del Brasil contemporáneo que influiría profundamente en el periodo de los gobiernos militares durante las décadas de los 60´ y ´70.

Tanto Golbery, Backheuser como Travassos apuntarán con mayor énfasis al carácter de continentalidad de Brasil, mientras que otros escritores geopolíticos brasileños,

especialmente Carlos de Meira Mattos y Terezhina de Castro, enfatizarán la necesidad de un foco marítimo para proyectar el poder de Brasil a la Antártica.

3. General Golbery Contemporánea

do

Couto

e

Silva:

Principal

Exponente

de

la

Geopolítica

Entre 1961 y 1964, mientras se preparaban las condiciones para una intervención militar, se producía un cambio cualitativo importante en el pensamiento de los militares. Empezó a
114 115

Jack Child, op. cit., p. 39. En virtud de la Mutual Security Act, entre 1953 y 1961, Brasil recibió una ayuda militar de 1.706 millones de dólares, mientras que Argentina recibió sólo 3 millones. Treinta años después, el objetivo de hacer de Brasil el gigante de América Latina se había alcanzado. En tanto, los sarcasmos de los geopolíticos argentinos por la subordinación de su vecino al imperialismo yanqui, no hicieron otra cosa que generar la declinación de su propio país (Coutau-Bégarie, 1988:123).
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considerarse la necesidad de establecer un estado militar de larga duración, con políticos subordinados a las políticas marcadas por los generales y no un cuartelazo más que dejase vía libre a una renovación del poder civil 116 .

En la primavera de 1964 los militares establecieron una doctrina y un plan de acción. La doctrina, El Destino Manifiesto del Brasil, se basaba en que el Ejército era la única institución nacional que disponía de los resortes y el personal capacitado para salvar a Brasil del desastre (producto del gobierno de izquierda de João Goulart) y convertirlo en potencia mundial mediante el desarrollo económico acelerado sin riesgos para su seguridad interna y externa. Las fuerzas armadas asumirían el papel de salvador nacional, dando así contenido a las teorías de la Escuela Superior de Guerra fundada en 1949. De hecho, la Doctrina de Seguridad Nacional elaborada por esta escuela tenía un enunciado simple y directo: “Brasil necesita maximizar su economía y minimizar el conflicto social, para lo que se requiere mano de hierro de un gobierno fuerte y técnicamente capaz” 117 . Así se inició el Periodo

Revolucionario interviniendo los militares en uso de su Poder Moderador con el General Castello Branco a cargo de la presidencia.

En este escenario político-militar fue que comenzó a tener relevancia la figura del General Golbery Do Couto e Silva, quien sería el más influyente de los hombres durante el periodo del régimen militar. Estrecho colaborador del Presidente Branco, fue fundador y primer

director del Servicio Nacional de Informaciones; posteriormente se desempeñó como asesor de los presidentes siguientes hasta Ernesto Geisel, periodo este último donde de nuevo su influencia fue incontrarrestable 118 , especialmente en la construcción de carreteras y en la creación de nuevas ciudades como parte de las políticas de población y poblamiento en los vastos territorios brasileños.

Golbery postuló en su texto “Geopolítica del Brasil” dos categorías fundamentales de Ratzel: el espacio y la posición. En cuanto al espacio estatal-territorial, éste no debía reducirse al simple espacio físico, ya que “el espacio que a la geopolítica interesa es el Espacio Político en toda su plenitud; caracterizado por una extensión, una forma y una contextura bien
Fernando Martínez, “Brasil, una potencia emergente”. En: Revista Española de Defensa, Año 8, Nº 83. Madrid, 1995, p. 79. 117 Ibid., p. 79-80. 118 Genaro Arriagada, op. cit., p. 162.
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116

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definidas; que posee un valor que se puede estimar, pero no medir; abarcando una base física más o menos compartimentada en regiones y subregiones naturales distinguibles, englobando tanto las zonas ya vivificadas por la ocupación efectiva de aglomeraciones humanas - el ecúmeno- como zonas muertas o pasivas a la espera de una valoración real; comprendiendo un núcleo central, denso de población, bien integrado por una trama compleja de comunicaciones y caracterizado por un alto índice de producción; núcleos secundarios y marginales y el simple dominio más o menos permeable que los circunda; los límites del territorio o fronteras políticas, que son zonas de transición y frentes de contacto, y especialmente las fronteras de civilización...; zonas vitales cuya pérdida se traducirá en la anulación del poder de recuperación del Estado; áreas críticas de producción y de circulación y zonas problemas a la espera de soluciones. Es también el espacio económico, con todas sus diferenciaciones regionales” 119 , como también las regiones culturales, étnicas o lingüísticas.

Respecto a la posición, no limitó el análisis geopolítico a la simple posición matemática (o coordenadas geográficas como ha sido la tendencia de muchos autores). En este sentido valoró la “accesibilidad a las corrientes internacionales del tráfico oceánico y aéreo, así como el grado de dependencia en relación al comercio exterior; analizó la proximidad o lejanía relativa de los grandes centros dinámicos de poder que dominaban la coyuntura nacional, discerniendo la dirección e intensidad de las presiones externas... evaluó la mayor o menor continentalidad del espacio considerado, según se presentase más o menos permeable a la influencia marítima; distinguió zonas de fricción actuales o potenciales con los espacios políticos circunvecinos; consideró el dinamismo de la osmosis fronteriza y visualizó caminos naturales de penetración y, cuando fuera el caso, delimitó tanto plataformas de expansión dentro del territorio como zonas de influencia en el espacio exterior continental o marino” 120 .

No obstante, resaltó que tanto en la posición como en el espacio influía decisivamente la circulación, puesto que vincularía los espacios políticos internos o externos. En definitiva, sería la que “conquista, despierta y vitaliza el territorio, canaliza las presiones, orienta las

119 120

Golbery Do Couto e Silva, Geopolítica del Brasil. Buenos Aires, 1978, p. 54. Ibid., p. 55.
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reacciones defensivas y da un significado concreto a la extensión, a la forma, a la situación” 121 .

A partir de estas categorías concluyó que la gran maniobra geopolítica para la integración del territorio nacional eran: (1) Articular firmemente la base ecuménica de nuestra proyección continental, ligando al noroeste y al sur el núcleo central del país, garantizando al mismo tiempo la inviolabilidad de la vasta extensión despoblada del interior por el taponamiento eficaz de las posibles vías de penetración. (2) Impulsar el avance hacia el noreste de la onda colonizadora, de modo de integrar la península centro-oeste al todo ecuménico brasilero. (3) Inundar de civilización la hoya amazónica 122 .

Con estas consideraciones, el análisis de la posición del territorio brasilero conduciría a la siguiente configuración general: (a) Un núcleo central de importancia capital (estados de São Paulo y Río de Janeiro), altamente sensible tanto a las acciones externas desde el mar como a perturbaciones internas instigadas desde afuera y cuya seguridad sería indispensable. (b) En el nordeste, una zona de

vulnerabilidad máxima a acciones extracontinentales, frente a la eventualidad de una guerra entre Estados Unidos y la Unión Soviética (contexto de la Guerra Fría). (c) En el sur (extendiéndose hacia Mato Grosso) una zona de vulnerabilidad máxima, pero a posibles acciones adversas de origen regional. (d) En el este (Atlántico

Sur), una zona indispensable para la seguridad y sobrevivencia, pero sujeta a posibles acciones adversas que impidieran las comunicaciones o la navegación de cabotaje. (e) En el oeste (periferia amazónica), una frontera pasiva para vigilar y proteger a través del cierre de los caminos históricos de penetración asegurando la efectiva incorporación de la Amazonia 123 .

Finalmente, para Golbery las llamadas características dominantes de una geopolítica brasilera serían, a saber: (a) Geopolítica de integración y valorización espacial; (b)
121 122 123

Ídem. Antonio Cavalla, Geopolítica y Seguridad Nacional en América. México, 1979, p. 120. Golbery Do Couto e Silva, op. cit., p. 80-81.
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Geopolítica de expansionismo hacia el interior y proyección pacífica hacia el exterior; (c) Geopolítica de contención, a lo largo de las líneas fronterizas; (d) Geopolítica de participación en la defensa de la civilización occidental; (e) Geopolítica de colaboración continental; (f) Geopolítica de colaboración con el mundo subdesarrollado; y (g) Geopolítica de seguridad o geoestrategia nacional de cara a la dinámica propia de los grandes centros exteriores de poder 124 .

4.

Cuenca del Amazonas

La cuenca del Amazonas constituye una inmensa planicie de 7 millones de km2, poco menor que Europa, en la que Brasil ocupa 4,8 millones de km2. Comparten esta vastísima región natural Venezuela, Colombia, Perú, Bolvia, Ecuador y Guyana. Por el criterio de continuidad y similitud geográfica es asociado (por el Pacto Amazónico) al territorio de Surinam 125 . En 1960 la transferencia de la capital a Brasilia 126 no fue únicamente el deseo de desconcentrar Río de Janeiro, sino que también activar el Altiplano Central de Brasil con la finalidad de reforzar el desarrollo de la nueva estrategia de conquista del Amazonas. El asentamiento de una base logística y administrativa se fortalecería entonces por la vía continental.

A mediados de la década del `70 el régimen militar determinó el Amazonas como de interés geoestratégico para colonizar el interior brasilero e ir ocupando gradualmente las tierras en dirección oeste, las que todavía comprendían amplios espacios vacíos. De esta manera, la frontera móvil de la civilización, concepción influenciada por Backheuser, avanzaría lentamente hasta alcanzar las propias fronteras políticas del país. La ocupación del territorio ya no sería exclusivamente en dirección Este-Oeste, sino que sería igualmente desde la periferia de la Amazona brasilera hacia el centro del país. Este tipo de expansionismo

estaba basado en las tesis geopolíticas de la Escuela Superior de Guerra. En definitiva, lo que importaba era consolidar la frontera política y ampliarla en la práctica usando todos los medios pacíficos: humanos, económicos, financieros, culturales, etc.
124 125

En esto consistió

Antonio Cavalla, op.cit., p. 121. Carlos De Meira Mattos, Uma Geopolítica Pan-Amazônica. Rio de Janeiro, 1980, p. 144. 126 La idea de trasladar la capital a una zona interior del país surgió en 1789 y fue recogida en las disposiciones de la Constitución de 1891. Las obras de construcción comenzaron en 1957 y finalizaron en 1960.
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esencialmente la frontera móvil, viva, dinámica, una frontera en expansión y que ejercería presión en forma natural sobre la frontera económica y demográfica más débil 127 .

Para el General Carlos de Meira Mattos, autor de “Uma geopolitica Pan-Amazônica” (1980), la región amazónica sería uno de los principales elementos de sus análisis geopolíticos, puesto que veía un desarrollo racional y continuo para el destino de Brasil. De esta manera, el área fronteriza oeste de Brasil pasaría a integrar su propio heartland, jugar un rol en la defensa del continente americano, tomar ventajas de la importancia estratégica de su saliente noreste, cooperar con (pero no ser dominado por) EE.UU. y ser un factor en la seguridad del Atlántico Sur y Oeste de África 128 .

Meira Mattos visualizó geopolíticamente el Amazonas a través de tres frentes: el frente Atlántico, el más tradicional, siguiendo la ruta del grande río, desde la desembocadura a las nacientes; el frente del Altiplano Central Brasilero, descendiendo las líneas secas que separan los grandes afluentes del margen derecho (nordeste); finalmente el frente Fronterizo bajando de las tierras altas de los contrafuertes andinos y guiados en el rumbo de sus formadores 129 . Asimismo, enfatizó las posibilidades económicas inherentes en el desarrollo de la cuenca amazónica y en el efecto beneficioso de tener relaciones cooperativas entre el Amazonas y la cuenca del río de La Plata 130 .

La consolidación y el dinamismo de Pan-Amazônia, como lo denominó Meira Mattos, generarían un espíritu de cooperación por parte de los 8 gobiernos firmantes del Pacto Amazónico, puesto que la integración de este territorio con los países vecinos contrarrestaría los problemas de aislamiento y de los espacios vacíos y facilitaría el tránsito entre las costas del Atlántico y del Pacífico 131 . Ciertamente que el desarrollo de los corredores bioceánicos durante la década de los ´90, no sólo estuvieron orientados en un marco de integración regional, fuertemente impulsado a través del MERCOSUR, sino que sirvieron para lograr por parte de Brasil un antiguo anhelo geopolítico: ser un país con condiciones bioceánicas

Paulo Schilling, “Expansionismo Brasileiro... A Geopolítica do General Golbery e a Diplomacia do Itamarati...”. São Paulo, 1981, p. 161 y 170. 128 La relación entre Brasil y África ha sido uno de los hechos más destacables de la actividad diplomática desarrollada por Brasil durante la década del ´80. 129 Carlos de Meira Mattos, op. cit., p. 152. 130 Jack Child, op. cit., p. 41. 131 Carlos de Meira Mattos , op. cit., p. 175.
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127

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debido a la importancia económica y estratégica de los países asiáticos, que ya había sido esbozado por Karl Haushofer.

No obstante, a lo largo de los últimos años la ocupación efectiva de estos territorios ha terminado siendo de interés de las grandes trasnacionales, lo que ha hecho que sea objeto de fuertes críticas, tanto por los ciudadanos brasileños como por ciertos círculos militares. Este tipo de ocupación representa no sólo problemas en el ámbito ecológico, sino que igualmente en la seguridad nacional.
5. Condición marítima: las miradas hacia la Antártica

El interés por el Atlántico Sur fue muy posterior en el pensamiento geopolítico de Brasil, puesto que prevaleció por décadas la visión de continentalidad. Esto se debió

fundamentalmente a que la Armada adoptó posturas distintas al resto de las otras ramas de las fuerzas armadas disminuyendo su jerarquía de importancia. En 1889 respaldó al Imperio, mientras que el Ejército apoyaba la formación de la República. A inicios del siglo XX, se acentuó la marginación cuando el Ejército se fascinó por el Estado Mayor alemán (antes de 1914) y después lo hacía por el francés (1918). En tanto, la Armada recurría al Royal Navy primero y a partir de 1922 al US Navy. La situación se agravó aún más cuando el Ejército del Aire le quitó la aviación naval. Todos estos hechos significaron que la Armada durante buena parte del siglo XX mantuviera bajos presupuestos y una escasa innovación tecnológica. De hecho, en 1964 fue la última en unirse al movimiento que instauró el régimen militar 132 , lo que obviamente no ayudó a mejorar su condición al interior de las fuerzas armadas.

Evidentemente que la posición preeminente de Brasil en el Atlántico Sur no condujo necesariamente a la condición de Estado marítimo, puesto que sistemáticamente no integró el océano a su política nacional por las razones anteriormente descritas. Sin embargo,

después de la II Guerra Mundial, cuando se instituyó la zona de seguridad interamericana con el auspicio de Estados Unidos, Brasil se transformó en el miembro más importante y confiable de esta iniciativa. El papel de custodia del Atlántico occidental obligó La consolidación de las

ineludiblemente a introducir una nueva orientación geopolítica.
132

Hervé Coutau-Bégarie, op. cit., p. 135.
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fronteras interiores y la ocupación de regiones fronterizas poco pobladas ya no serían prioritarias en los discursos geopolíticos: un destino marítimo había sido descubierto y con ello se sustentaría la acción internacional del país en los años siguientes 133 .

Esta opción marítima tardía fue lo que hizo que Brasil promulgase recién en 1970 la ley sobre el mar territorial, a diferencia de lo que había sucedido con Chile (1947) y Argentina (1966). Se estableció una faja de 200 millas náuticas de ancho a partir de la línea de marea de las costas continentales e insulares y se agregó que la soberanía de Brasil se extendía “en el espacio aéreo sobre el mar territorial así como también sobre el lecho oceánico y el subsuelo de este mar” 134 .

A pesar del nuevo rol asumido por Brasil, sólo en el decenio ´70 ciertos autores geopolíticos comenzaron a sistematizar la dimensión marítima como parte de la estrategia brasileña. Para Meira Mattos (1977), Brasil constituía un país mixto (marítimo-continental) en la que el largo del litoral era tan importante como el largo de las fronteras terrestres; pero con una situación de accesibilidad inversa, es decir, era más fácil acceder a África que hacia la propia frontera amazónica. Este interés marítimo también lo visualizó mediante la preconización de una Alianza Austral que estaría conformada por la comunidad del Cono Sur, Australia, Nueva Zelandia e Indonesia con el objeto de garantizar los intereses en la parte austral del Océano Atlántico. En este contexto, Meira Mattos recomendaría el desarrollo de la Marina, las relaciones con África y la participación en la exploración de la Antártica 135 que tomaría, posteriormente, gran importancia en la geopolítica brasileña a través de su principal exponente, la geógrafa e historiadora Terezinha de Castro.

En la idea de apuntalar una Antártica brasileña surgieron con fuerza al interior de la diplomacia los postulados de Castro. Para ella no resultaba en vano que las fronteras

terrestres de Brasil, poco más que el doble de la marítima, tuviesen una delimitación con todos los países del continente, a excepción de Chile y Ecuador. Y fue justamente este factor de presencia que ha permitido acreditarse como múltiple vector, ya que es el único país que puede conectarse con los grandes complejos geográficos, integrar bloques
133 134 135

César Caviedes, op. cit., p. 23-24. Howard Pittman, op. cit., p. 37. Carlos de Meira Mattos, A geopolitica e as projecoes de poder. Citado por Hervé Coutau-Bégarie, op. cit., p. 135Autor: Cecilia Quintana Binimelis

136.

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regionales y subregionales sudamericanos y generar un adecuado equilibrio entre la continentalidad y maritimidad 136 .

De Castro desarrolló un interés geopolítico por el Atlántico Sur que se extendía hasta la Antártica, basándose en la teoría defrontação. Esta teoría argumentaba que todos los países sudamericanos, cuyas costas miren hacia la Antártica, deberían tener derecho a reclamo dadas sus respectivas fronteras terrestres y sus posesiones

insulares, de tal manera que los meridianos que no estén bloqueados por otras naciones al sur 137 podrían acceder al territorio antártico. Este fundamento no sólo crearía un reclamo por parte de Brasil, sino que también por parte de Uruguay, Perú y Ecuador que originarían potenciales conflictos con Argentina y Chile.

Esta teoría justificó la primera expedición a la Antártica a mediados de los ´80, con la finalidad de instalar la estación Comandante Ferraz, en la isla Rey George (distante 50 kms. de la base chilena Marsh) y establecer una presencia brasilera en el área. Posteriormente, adhirió al Tratado Antártico en virtud de que posee la más extensa costa en el Atlántico Sur y que se enfrenta al continente Antártico. Además, como en virtud de ser firmante del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, TIAR, que incluye parte del territorio Antártico, es también responsable de su defensa 138 .

Terezinha de Castro, “Brasil y el nuevo orden mundial: Enfoque Geopolítico. Integración de grupos regionales y subregionales en América del Sur. Su proyección para el siglo XXI”. En: Revista Memorial del Ejército de Chile. Edición Nº 456. Santiago, 1997, p. 69-70. 137 Jack Child, op. cit., p. 37-38. 138 Terezinha de Castro, op. cit., p. 71.
Autor: Cecilia Quintana Binimelis

136

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VI.

Chile

1.

Proceso de delimitación territorial: primeros indicios geopolíticos

La geopolítica chilena se ha caracterizado por una serie de rasgos que la hacen única con respecto a los otros países de la región. Según Howard Pittman en “De O´Higgins a

Pinochet: Geopolítica aplicada en Chile” (1990), estos rasgos serían producto de las disputas continuas (desde los tiempos de la independencia) entre los partidarios del americanismo y el nacionalismo; la expansión orientada fundamentalmente hacia el norte a fines del siglo XIX, unida a la pérdida de la Patagonia; los firmes conceptos sobre el valor del uso y control de los mares y pasajes entre ellos (que derivó en ser el primer país en reclamar el mar territorial); el grado de aplicación de los principios geopolíticos en los distintos gobiernos; y especialmente, por haber tenido “el fenómeno del geopolítico como gobernante…” a través de la figura del General Augusto Pinochet Ugarte - ex geógrafo y profesor de geopolítica en la Academia de Guerra del Ejército y autor del libro “Geopolítica” - que se transformaría en un caso excepcional en América del Sur, porque si bien Golbery y Backheuser y otros autores influyeron considerablemente en las políticas territoriales de Brasil y Argentina, ninguno alcanzó la jefatura de gobierno.

Sin embargo, esta última afirmación de Pittman es cuestionable, sobre todo porque Juan Domingo Perón implementó diversas medidas de carácter geopolítico en cuanto a que creó más provincias hacia el sur del territorio argentino y en la zona fronteriza con Paraguay y Brasil, estableció reservas naturales en las áreas limítrofes con el objeto de contrarrestar la expansión chilena y brasileña y diseñó una política de integración sudamericana orientada al fortalecimiento de la región para disminuir la dominación de Estados Unidos, factor determinante quizás para no ser destacado por este autor norteamericano.

Los primeros antecedentes geopolíticos podrían remontarse a la época del imperio español cuando Chile constituía una Capitanía General y donde el estrecho de Magallanes tenía una importancia estratégica para la navegación marítima entre ambos océanos, aunque no logró consolidarse hasta mediados del siglo XIX cuando se fortificó. Tras la independencia, la configuración del territorio chileno comprendía al este la cordillera de Los Andes y la Patagonia al sur de Cuyo. Esta área de la Patagonia fue reclamada pero nunca
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efectivamente colonizada. El interés por el norte desvió la atención por estos territorios los que, finalmente, fueron entregados a Argentina a través del Tratado de 1881. Estos hechos significaron que Chile se transformara en un país largo y angosto - estrechado entre la cordillera y el mar, a excepción de los territorios insulares y la Antártica chilena- y a forzar necesariamente sus miradas hacia el mar. Pero también esta realidad condicionó el

despoblamiento en las zonas extremas lo que sería varias décadas después uno de los argumentos centrales del pensamiento geopolítico de Pinochet: la ocupación efectiva de los espacios vacíos.

Entre los impulsores de una concepción geopolítica chilena se debe mencionar a Bernardo O´Higgins, por cuanto fue el primero en asignar una importancia estratégica al estrecho de Magallanes y al territorio Antártico. A estos postulados se sumaron los de Diego Portales en torno a la predominancia del país en el Pacífico y de no permitir nunca la unión de Bolivia con Perú.

Efectivamente, las acciones de los gobiernos siguientes condujeron a la ocupación del estrecho de Magallanes (1843), por sobre las protestas de Argentina; la disolución de la Federación Bolivia-Perú (1839) y la ocupación progresiva de la zona de Atacama al norte (entre 1830-1878), de gran riqueza minera, que culminó con la Guerra del Pacífico en 1879 139 . Esto dejó a Chile en posesión de territorios a expensas de Perú y Bolivia,

convirtiendo a éste último en un país mediterráneo sin salida al mar. Estas acciones chilenas fueron las que generaron una opinión por parte de Argentina, Bolivia y Perú sobre ciertos intereses expansionistas.

No obstante, los únicos logros expansionistas se han producido hacia el norte del territorio nacional, puesto que hacia el sur ha prevalecido el desconocimiento geográfico, la improvisación de las autoridades de turno y, especialmente, la falta de ocupación efectiva de extensos espacios vacíos facilitan los intereses geopolíticos argentinos en torno a obtener una salida hacia el océano Pacífico. Esto quedó demostrado con parte del nuevo trazado de Campos de Hielo Sur (durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz Tagle) que, curiosamente, ya había sido delimitado en 1898 en los proyectos de línea general de frontera de los peritos
139

Pittman, op.cit., “De O´Higgins a Pinochet: Geopolítica aplicada en Chile”. En: Phillip Kelly y Jack Child, op.cit., p.
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180.

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Barros Arana y Moreno, refrendados a su vez, según lo dispuesto en el artículo 1º del Tratado de 1881, por los representantes políticos de las partes. derecho, sancionando la tarea de sus peritos 140 . Fue claro que ambos

gobiernos de la época enviaron los temas y trazos controvertidos al Árbitro, en el hecho y en

2.

Formación prusiana en el Ejército

La prusianización fue la forma específica que asumió Chile en la profesionalización de las fuerzas armadas. Este proceso comenzó durante el gobierno de Domingo Santa María

(1881-1886) cuando se encargó en misión especial la contratación de un oficial alemán. El objetivo era emprender el remozamiento de la estructura orgánica y combativa del Ejército. Las contingencias de la Guerra del Pacífico habían generado un marcado sentimiento de eficiencia entre los militares, que se había traducido en mejoramientos operativos, logísticos, orgánicos y administrativos. A partir de 1879 se experimentaron una serie de procesos de gran significación como: la creación de una instancia de alto mando, cambios metodológicos en la forma de instrucción y la formación de oficiales de Estado Mayor, entre los más importantes. Empero, los cambios no lograron satisfacer las expectativas de los propios oficiales 141 .

Tras la llegada del primer instructor alemán Emil Körner - que se transformaría en un símbolo de la época - se fundaría la Academia de Guerra con una organización análoga a la Kriegsakademie de Berlín, lo que permitió que la oficialidad recibiera una formación sistemática sobre la base de un detallado plan regular de estudios 142 .

Tras el triunfo de las fuerzas congresistas (1891) en la batalla de Placilla con Körner a la cabeza, se consolidó definitivamente la formación prusiana al interior del ejército (ya que todavía prevalecían ciertas influencias francesas). Fue así que en 1893 se contrataron 30 instructores alemanes y se incorporó por dos años un número significativo de militares prusianos que terminarían por reestructurar globalmente a esta rama de las fuerzas armadas. Asimismo, se avanzó en la institucionalización de los centros de instrucción, tales como la
140

Hernán Santis, “El campo de hielo sur y sus implicaciones en las relaciones bilaterales Chileno-Argentina”. En: Revista Geográfica de Valparaíso, Nº 28. Valparaíso, 1997, p. 390. 141 Patricio Quiroga y Carlos Maldonado, op.cit., p. 37-38. 142 Ibid, p. 44.
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Escuela Militar, la Escuela de Suboficiales, la Escuela de Caballería, entre otras. Se dictaron cursos inéditos para Chile, entre ellos Historia Militar y Servicio de Estado Mayor. Se

importaron de Alemania textos de estudios, mientras otros se adaptaban a las necesidades del ejército chileno; en tanto el idioma alemán se hacía obligatorio. Por su parte Alemania recibía a jóvenes cadetes chilenos, de tal forma que 150 oficiales terminaron realizando cursos en dicho país. Este tipo de instrucción llegó a constituir un factor de tal prestigio que aquel militar no formado en una academia prusiana se consideraba a sí mismo menospreciado 143 .

El acentuado prusianismo del ejército chileno favoreció la introducción de las escuelas geopolíticas alemanas que habían germinado a poco de finalizar la I Guerra Mundial. De este modo, el nuevo entendimiento de la evolución social y el rol que en ella les correspondería asumir generó una gravitante importancia. Genaro Arraigada (1986) en su libro “El pensamiento político de los militares” lo describió así: “Entre las fuerzas armadas del Cono Sur, el pensamiento geopolítico desarrollado por los oficiales del Ejército de Chile es el que se ajusta en mayor medida a la escuela geopolítica alemana. Aún más, podríamos decir que, en esencia, los trabajos de los militares chilenos sobre el tema son la aceptación de los conceptos políticos que están en el centro de la escuela alemana”.

3. Revista Memorial del Ejército y Revista Geográfica de Chile: Terra Australis, Principales promotoras de la Geopolítica

A fines de la década del ´30 y principios del ´40 maduró la esencia de esta tendencia de pensamiento y aparecieron publicados en la Revista Memorial del Ejército de Chile una serie de trabajos del ámbito geopolítico, en la que fue evidente la presencia del darwinismo social como parte de la ideología militar. Allí se justificaba el conflicto bélico para la supervivencia entre los Estados, considerados éstos como organismos vivientes. También se planteaba una geopolítica impregnada de una actitud no belicosa en relación con los Estados limítrofes (la expansión territorial se había producido en el siglo XIX), aun cuando no dejaban de ser considerados enemigos potenciales. Y, especialmente, la difusión del sentimiento de

superioridad que había logrado imponerse al interior del Ejército como fin supremo para “el

143

Ibid., p. 68-71.
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sostenimiento y conservación de la patria; y como medio… [para] fortificar y mejorar las razas desarrollando sus condiciones más viriles” 144 .

El impacto y entusiasmo que causó la geopolítica se vio disminuido por el curso que tomó la II Guerra Mundial (1939-1945) a medida que se acercaba el fin del tercer Reich. Pero esto no aseguró que tal influencia se diluyera, puesto que en el futuro inmediato tales estudios continuarían haciéndose presentes a través de la difusión de los principales pensadores alemanes. De hecho, no fue solamente un fenómeno particular de Chile, sino también de otros países (tal como se ha descrito) en que incluso se publicó en el mismo año del término de la guerra un artículo de Everardo Backheuser - y que fue traducido por la Revista Memorial del Ejercito - en donde abiertamente defendía los principios de la escuela alemana, particularmente los de Kjellen, puesto que para él Haushofer había perturbado la geopolítica.

Las ideas y teorías geopolíticas de carácter local comenzaron a desarrollarse alrededor de 1940 con los trabajos del General Ramón Cañas Montalva, quien impulsó satisfactoriamente la declaración de un reclamo chileno sobre la Antártica. Además, fue el fundador y principal autor del grupo Terra Australis 145 . Por tanto, a la difusión de las ideas geopolíticas de la Revista Memorial del Ejército de Chile, se sumaría en 1948 la Revista Geográfica de Chile: Terra Australis.

En esta revista Cañas Montalva desarrolló cuatro conceptos geopolíticos claves que indicarían el derrotero nacional: (a) el advenimiento de la Era del Pacífico; (b) la importancia de la ubicación geográfica chilena; (c) la responsabilidad geoestratégica de Chile en la defensa continental y su propio destino; y (d) Chile como una potencia del Pacífico Sur 146 .

La mayor parte de los artículos tendieron a aclarar los designios de primacía continental sostenidos por los generales argentinos y a contrarrestar la política de proyección internacional perseguida por Juan Domingo Perón y a insistir en el control del canal de Beagle y el cabo de Hornos como cabezas de puente para los reclamos chilenos sobre la Antártica. La relevancia de Cañas Montalva radicó fundamentalmente en haber sido capaz
144

Eurípidez Márquez, “El Ejército colombiano y la obra realizada por las misiones militares chilenas”. Citado por Patricio Quiroga y Carlos Maldonado, op. cit., p. 148. 145 Pittman, op.cit., “De O´Higgins a Pinochet: Geopolítica aplicada en Chile”. En: Phillip Kelly y Jack Child, op.cit., p. 181. 146 Ídem.
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de mantener vivo el interés por el papel de Chile en el Pacífico Sur y en el extremo sur del continente en tiempos en que Argentina hacía sentir agresivamente su presencia en esas regiones 147 con políticas de subdivisión provincial y políticas de población y doblamiento; como igualmente en haber realizado recomendaciones en relación con la integración interna de Chile y la construcción de rutas de transportes longitudinales hacia el sur, postulado que será recogido posteriormente por el General Augusto Pinochet.

En una línea de pensamiento muy similar al de Cañas Montalva se situarían algunos trabajos de Ricardo Riesco en la década de los ´80. Riesco sostendría que el Océano Pacífico

continuaba siendo el centro de la acción política del mundo contemporáneo y que era apropiado para Chile ser uno de los que manejaran la circulación y utilización de los recursos del Pacífico sur. Dado que las naciones ubicadas al margen occidental de dicho océano específicamente China, Japón, Filipinas y Corea - estaban superpobladas, indudablemente, que su lebensraum sería América del Sur 148 , tal como ocurrió años más tarde.

Si bien es importante el rol asignado al Pacífico Sur, una de las críticas que realizó Caviedes (1980) a estas doctrinas geopolíticas chilenas fue el real valor estratégico a uno de los sectores del Pacífico con menor tráfico. Efectivamente, se parte de la suposición de una centralidad del Pacífico sudoriental que no es real, ya que la mayor parte de la circulación marítima del mundo ocurre entre Europa y América del Norte en el Atlántico Norte o en el Pacífico Norte, donde las principales economías asiáticas han focalizado su comercio. Pero no ha sido la única crítica. Tanto Chile como Argentina no disponen de equipos navales y aéreos suficientes para custodiar las aguas del Pacífico Sur y Atlántico Sur, respectivamente. En general, el ejercicio soberano sobre estos territorios ha sido prácticamente nula, ya que siguen prácticamente desiertos o son ocupadas por mínimas guarniciones militares.

4.

Territorio Antártico y Mar Territorial

Delimitación Territorio Antártico

Los derechos de Chile sobre el Territorio Antártico se fundamentaron en aspectos históricos, jurídicos y geográficos, entre los que se destacaron las concesiones hechas en el siglo XVI
147 148

César Caviedes, op. cit., p. 19. Citado por César Caviedes, op. cit., p. 21.
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por Carlos V a Pedro Sancho de la Hoz, Jerónimo de Alderete y Francisco Villagra que estipulaban derechos sobre las tierras al sur del estrecho de Magallanes, entendiéndose en la época que éstas eran una masa continua hasta el Polo Sur 149 . Influyó la opinión de diversos especialistas en torno a que la Antártica era la continuación del territorio americano a través de la cordillera de Los Andes y que reaparecía en el continente antártico denominado Antartandes o Andes Antárticos. La continuidad física hacía que Chile fuera el país más próximo a estas tierras.

El gobierno chileno, consciente de los derechos que le correspondían, intentó muy tempranamente delimitar este territorio. Los límites se definieron en el Decreto Nº 1.747 de 1940, donde se estableció que la Antártica Chilena, o Territorio Chileno Antártico estaría formado por “todas las tierras, islas, islotes, arrecifes, glaciares (pack-ice) y demás, conocidos y por conocerse, y el mar territorial respectivo, existentes dentro los límites del casquete constituido por los meridianos 53º longitud Oeste de Greenwich y 90º de Longitud Oeste Greenwich”. Para hacer efectiva la soberanía en este territorio, Chile instaló en el mismo año su primera base, Capitán Arturo Prat.

No obstante, Argentina ha tenido presencia permanente en la Antártica desde 1904 cuando instaló la estación de observatorio de las Orcadas y reconoce pretensiones sobre un vasto sector de la Antártida situado entre los 25° y los 74° de longitud Oeste de Greenwich, coincidiendo un sector con las reclamaciones chilenas.

Tanto Chile como Argentina aumentaron sus bases con funciones esencialmente científicas (ciencias de la tierra, del mar, atmosféricas y biológicas) y para servir de apoyo a las exploraciones en tierras antárticas. Ambas naciones firmaron el Tratado Antártico (1959), cuyo objetivo fue reconocer el uso sólo para fines pacíficos y para el conocimiento científico como resultado de la cooperación internacional. La firma del Tratado no afectó en ningún caso los derechos a las reclamaciones territoriales, ya que no constituyó una renuncia a los derechos de soberanía. Por este motivo ambos países mantienen hasta la fecha la inclusión de estos territorios en sus respectivos mapas nacionales, fundamentalmente por la importancia estratégica que tendrán en el futuro sus recursos naturales.

149

Ana María Errázuriz et al, Manual de Geografía de Chile. Santiago, 1987, p.17.
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Delimitación del territorio marítimo

Durante el siglo XIX y de acuerdo al Derecho Marítimo Internacional, Chile fijó los límites de su territorio marítimo a 3 millas náuticas de las costas en sus más bajas mareas. Pero sufrió variaciones por la necesidad de regulación, protección y explotación de los recursos existentes tanto en el mar como en el subsuelo.

En 1947 el concepto de mar territorial fue desarrollado por primera vez en Chile (en comparación con los otros países de Sudamérica) y se declaró la protección pesquera en una extensión de 200 millas de sus aguas marinas, limitada por líneas trazadas a partir de la frontera Chile-Perú, hacia el oeste hasta la dorsal de Nazca y la isla de Pascua, y de allí hacia el sur hasta el límite occidental del reclamo de Chile sobre la Antártida 150 . Posteriormente en 1952, Chile, Ecuador y Perú firmaron la Declaración de Santiago, en la que se extendió la jurisdicción marítima de esos países hasta 200 millas desde sus costas. En 1982, en la Convención del Mar, se declaró que los Estados no sólo tienen derechos, sino que también deberes, como el resguardar y proteger a las especies vivas.
5. General Augusto Pinochet: De Geopolítico a Gobernante

El desarrollo del pensamiento geopolítico de los militares chilenos terminó concentrándose, a fines de la década del ’60, en la obra de dos autores: del entonces coronel Augusto Pinochet Ugarte y del mayor Julio Von Chrismar. Ambos oficiales fueron profesores de Geopolítica de la Academia de Guerra y publicaron en 1968 “Geopolítica Diferentes Etapas para el Estudio Geopolítico de los Estados” 151 (Pinochet) y “Leyes que se deducen del estudio de la expansión de los Estados” (Von Chrismar) que hasta la fecha han constituido “los principales trabajos chilenos sobre geopolítica” 152 y ajustados esencialmente a la escuela geopolítica alemana con una amplia adhesión a la concepción organicista de Estado.

Según Pittman (1990), ninguno de los trabajos fue de naturaleza estrictamente teórica, sino que ambos analizaron y criticaron diversas teorías y leyes geopolíticas, junto con la
150

Pittman, op. cit., “Armonía o discordia: El efecto de la democratización sobre geopolítica y conflicto en el Cono Sur”. En: Phillip Kelly y Jack Child, Geopolítica del Cono Sur y la Antártida. Buenos Aires, 1990, p. 36. 151 En la segunda edición de este texto, que fue publicada por la Editorial Andrés Bello (1974), el título se redujo a “Geopolítica”. 152 Pittman, op.cit., “De O´Higgins a Pinochet: Geopolítica aplicada en Chile”. En: Phillip Kelly y Jack Child, op.cit., p. 182.
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formulación de diversas recomendaciones para utilizarlas en la determinación de las políticas y acciones de los gobiernos. Ambos trabajos apuntaron a la teoría orgánica de crecimiento y muerte de los estados (como organismo viviente) e introdujeron una amplia gama de ideas geopolíticas de las distintas escuelas, especialmente, en el caso de Pinochet que describió no sólo la escuela alemana, sino también la británica, soviética, norteamericana, francesa, argentina y brasileña.

En general, los dos libros construyeron un discurso altamente nacionalista e instaron a la creación de una geopolítica nacional chilena, pero, sin lugar a dudas, la importancia de Pinochet sería trascendental, ya que su concepción ideológica tendría gravitantes consecuencias en la evolución del Estado chileno, avalada también por las otras ramas de las fuerzas armadas, a partir de 1973 cuando asumiría la jefatura del régimen militar.

En relación con el texto de Pinochet, éste indicaría que pareciera “como si el repudio inicial aflorado hacia esta disciplina durante la II Guerra Mundial, motivado por la incesante propaganda negativa de los Estados que se denominaban libres, hoy, como una reacción a ello, se ha transformado en un sentimiento de simpatía hacia esta novel ciencia, creándose una amplia inquietud entre los estudiosos que buscan el verdadero significado de esta doctrina y cuál es el campo que abarcan sus áreas científicas… La iniciación de esta nueva ciencia, tan combatida en sus comienzos por todos aquellos que veían en ella estrecho enlace con la ideas totalitarias, en esta última década, ha ido poco a poco ocupando el verdadero lugar que le corresponde entre las ciencias que estudian el desarrollo del Estado” 153 . La Geopolítica ha dejado de ser una “ciencia agresiva entre los Estados para convertirse en una sana consejera del conductor, a quien científicamente le señala los fines del Estado y…. la forma como podría alcanzarlos en el futuro, para brindar con ello, paz, dicha y bienestar a su pueblo” 154 .

Pinochet partió de la premisa básica que el principal concepto de estudio de la geopolítica era el Estado, el que era entendido desde una concepción orgánica, “como una superpersona, y como la forma más elevada de la evolución social” 155 . Además, Pinochet
153

Augusto Pinochet, Geopolítica. Diferentes Etapas para el Estudio Geopolítico de los Estados. Santiago, 1968, p. Ibid., p. 24. Ibid., p. 16.
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19-20.
154 155

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observó que la geopolítica “tiene un carácter agresivo (positivo) cuando ella señala al Estado la necesidad de alcanzar una mayor potencialidad por variados caminos y, en consecuencia, lograr una posición destacada en el globo terrestre, o bien de lo contrario, un carácter defensivo (negativo) cuando el Estado, con un ubicación destacada dentro del mundo por su poderío económico, político social, etc. debe luchar por mantener dicha ubicación, transformando el concepto de agresividad por el de seguridad… De ahí entonces, que no podemos dar a esta ciencia sólo el carácter bélico o agresivo, como la exhibió la propaganda aliada en la II Guerra Mundial, cuando también ella puede tener una actitud defensiva con pretensiones a mantener lo que se tiene” 156 .

Básicamente, Pinochet expresó que la escuela geopolítica chilena podría estar orientada a: (a) Desarrollar un gran poder marítimo; (b) Crear conciencia de la montaña a la población; y (c) Impulsar el mayor poder económico industrial en América del Sur 157 , un elemento predominante en la mayoría de los países de la región en dicha época. No obstante,

centrará su análisis geopolítico principalmente en la situación interna del país, debido a las condiciones geográficas y demográficas que presentaba, más que en un análisis de aspiraciones territoriales más allá de los actuales límites.

En este sentido, Pinochet observaría al Estado bajo los siguientes aspectos, a saber: (a) Elementos constitutivos del Estado que serían el Territorio, Población o Masa Humana y Soberanía; y (b) Contextura del Estado formado por los elementos señalados anteriormente, pero que adquieren una constitución semejante a una ameba en el que se distinguirían: las fronteras, capa envolvente cuya resistencia está de acuerdo con el grado de potencialidad del núcleo vital (Santiago); el hinterland, o espacio alimentador del núcleo vital, cuyo crecimiento pudiera llegar hasta las mismas fronteras, produciéndose la necesidad de buscar un nuevo espacio vital; el heartland, el núcleo más poderoso del Estado y que le da vida; las comunicaciones, que son los nervios que unen distintos puntos de cada zona y a las zonas entre sí; y el Ciclo Vital del Estado, que está demostrado por la historia de la humanidad en el transcurso de los siglos: nacer, desarrollarse y morir 158 . Indudablemente, muchos de estos

Ibid., p. 26. Ibid., p. 69. 158 Augusto Pinochet, “Geopolítica”. Santiago, 2000, p. 32-33.
157

156

En: Carlos Meirelles, Antología Geopolítica de Autores Militares Chilenos.
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elementos de análisis fueron aplicados en la reorganización interna del país en la denominada Regionalización.

En el Discurso “Visión Geopolítica de Chile. Pensamiento y Acción”, Augusto Pinochet (1997) definió tres etapas del pensamiento geopolítico moderno, la primera marcada por las publicaciones centradas en la Revista Geográfica de Chile Terra Australis con Ramón Cañas Montalva; la segunda que comenzó en la década de 1960 caracterizada por la existencia de dos corrientes, una integracionista que buscaba la integración continental y la segunda con una orientación de carácter nacionalista desarrollada por profesores de Geopolítica de la Academia de Guerra del Ejército; y la tercera que se inició en 1973 “a raíz del pronunciamiento militar” en que terminará predominando la nacionalista por sobre la integracionista.

En este contexto, se inició en 1974 el proceso de Regionalización que enfatizó la naturaleza tricontinental de Chile, la integración interna, su creciente seguridad y desarrollo. principales objetivos apuntaban a establecer una organización Los

administrativa

descentralizada, jerarquizar unidades territoriales como regiones, provincias y comunas, aprovechar los recursos naturales, consolidar los espacios vacíos 159 y garantizar la seguridad nacional en un contexto de liberalización y desregulación económica.

La regionalización fue acompañado de un plan para aumentar la integración interna, especialmente en las regiones australes mediante la construcción de caminos terrestres y marítimos hacia el sur (parte del cual sólo era accesible por tierra a través de la Argentina), destacándose entre estas obras, la Carretera Austral.

No obstante, la idea de un desarrollo armónico a partir de la creación de las regiones y que permitiera al país proyectarse de mejor forma, sin que perdiera su carácter de República unitaria, no tuvieron los efectos esperados. Prevalecieron los problemas derivados del

excesivo centralismo, mientras que la liberalización económica fortaleció a determinadas regiones en desmedro de otras, generando profundas disparidades que hasta la fecha no han sido aminoradas cabalmente.

159

Augusto Pinochet, Visión Geopolítica de Chile. Pensamiento y Acción. Santiago, 1997, p. 17.
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6.

Fronteras Interiores

En 1993, en la necesidad de dinamizar los espacios desvinculados y vacíos del territorio nacional y con la idea de asumir “la conquista y consolidación de las últimas fronteras interiores” 160 , en una evidente intención por mantener su protagonismo en el nuevo escenario democrático, Augusto Pinochet dictó la conferencia “Ejército de Chile: Posibles elementos a considerar en su proyección futura” donde redefinió una nueva concepción geopolítica focalizada en las fronteras interiores. Estas fronteras las describió como “aquellos espacios terrestres bajo soberanía de Chile no vinculados total y efectivamente a la acción del gobierno y/o regional; donde se dificulta el desarrollo de las actividades humanas y productivas, por su distancia del núcleo vital y geohistórico del país; la ausencia de vías de comunicaciones; la influencia económica y cultural extranjera y la percepción ciudadana colectiva en cada uno de esos espacios geográficos de constituir un ente diferente, separado y/o postergado del resto de la población nacional y que no alcanza a disfrutar del bienestar general, debido a factores geográficos adversos” 161 .

Posteriormente se procedió a determinar en forma preliminar, mediante variables cuantificables 162 y no cuantificables 163 , la existencia de 29 zonas de fronteras interiores que representaron un 46,32% de la superficie del territorio nacional 164 . Estas fueron calificadas en los rangos de críticas 165 , correspondientes a 102.114,97 kms2 (29,14%), intermedias 166 , con una superficie de 165.200.19 kms2 (47,14%), y no críticas 167 , con 83.141,67 kms2 (23,72%).
160 Augusto Pinochet, “Conquista y consolidación de las fronteras interiores: una tarea del Ejército”. En: Carlos Meirelles, op. cit., p. 265. 161 Gonzalo Santelices, “Conceptualización de las Fronteras Interiores”. Ponencia presentada en el Seminario Conquista y Consolidación de las Fronteras Interiores de la XII Región: Una perspectiva regional; una tarea del Ejército. Punta Arenas, 1995, p. 5. 162 Son los factores naturales y culturales que pueden y han sido medidos y cuantificados, y de los cuales existen registros estadísticos y la cartografía correspondiente. 163 En general son todos aquellos problemas derivados de las características de ciertos sectores geográficos y que afectan al desarrollo, integridad, seguridad e identidad nacional. 164 Instituto Geográfico Militar, IGM, Mapa de Fronteras Interiores del Territorio Continental de Chile Sudamericano. Santiago, 1995, p. s/i. 165 Son aquellas áreas “cuyas características antrópicas, infraestructura y servicios se encuentran en desmedro y con rasgos naturales extremos, es decir marcadas oscilaciones térmicas, grandes alturas, fuertes pendientes, difícil acceso, entre otros que dificulten su habitabilidad, autosostenimiento, desarrollo e integración, por lo tanto necesitan un fuerte apoyo por parte del gobierno central“ (Santelices, 1995:15). 166 Son áreas “cuyas características naturales y antrópicas pueden tender hacia condiciones críticas o no críticas, es decir, es una frontera de transición, que al igual que la anterior, también necesita un incentivo o preocupación del gobierno local o central para su desarrollo e integración” (Santelices, 1995:15). 167 Es aquella “que considera las áreas del territorio nacional que están en vía de una integración total a su respectiva región y al país en el corto plazo” (Santelices, 1995:15).

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En general, en la fundamentación de las fronteras interiores prevaleció el criterio respecto a la apertura externa de la economía y al papel de la empresa privada como motor del crecimiento económico para solucionar o subsanar los problemas que presentan estas áreas producto de: la falta de infraestructura y servicios de utilidad pública, inquietudes (o disconformidades) sociales que el sistema ha generado, pobreza, vulnerabilidad en el patrimonio de los recursos naturales, entre otros 168 . Si bien es interesante la propuesta metodológica, prevalecen fundamentos contradictorios ya esbozados en las políticas de regionalización sobre la dificultad de desarrollar estos espacios en un marco de liberalización económica: ha sido inevitable que el despliegue del capital continúa trasladándose a los espacios de mayor fertilidad territorial muy distante de estas fronteras interiores.

VII.

Conclusiones

El desarrollo del pensamiento geopolítico alemán tuvo sus orígenes en el marco de un proceso histórico, geográfico y filosófico en que la visión de mundo era únicamente el sistema imperial. De ahí que, particularmente, las concepciones geográficas políticas sobre el espacio vital y los estados como organismos vivos, encontraran una gran acogida entre los grupos de poder. Según Peet (1998), la Geografía pasó entonces a legitimar, excusar y racionalizar desde su primer acto original, los intereses del imperialismo.

A los fundamentos de expansión territorial, se incorporaron los relacionados con la superioridad racial, que ya habían tenido un amplio desarrollo desde la época de los Grandes Descubrimientos y Conquistas respecto a los indígenas y pueblos africanos. La justificación de la raza aria no sólo argumentaba condiciones físicas superiores, sino también aspectos culturales y morales que decían poseer y que, obviamente, fueron exacerbados frente a una Alemania derrotada y drásticamente sancionada tras el Tratado de Versalles. Esto derivó en la aparición de numerosos grupos nacionalistas que demandaron la revisión del mismo y que servirían de base para el ascenso al poder en la década de 1930 del nacionalsocialismo con Adolfo Hitler. Así, se propagaría y consolidaría un pensamiento geopolítico que justificaría el crecimiento de los estados a expensas de la guerra y la muerte.

168

Instituto Geográfico Militar, IGM, op. cit., p. s/i.
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La caída de Hitler no significó necesariamente el término de la Geopolítica como disciplina de estudio. Por el contrario, ha seguido cultivándose ampliamente en los círculos militares de países con problemas fronterizos o con grandes poderes e intereses económicos, a través de la construcción de ideas propias (locales) o recogiendo, en algunos casos, versiones muy similares a las desarrolladas en Alemania. Esta situación ha derivado en una profunda

ambigüedad conceptual con el objeto de no vincularla directamente con el nacionalsocialismo. De esta manera, la actual geopolítica recoge elementos de análisis propio de la Geografía Política para entender que se está hablando de una disciplina “más democrática”. Así, las potencialidades analíticas que representa, no sólo le ha permitido seguir vigente, sino que, además, se ha transformado en una importante herramienta para enfrentar los problemas políticos y económicos de interés estratégico de las grandes potencias.

El proceso de prusianización de las fuerzas armadas en América Latina - y particularmente en Argentina, Brasil y Chile donde alcanzó un importante desarrollo e influencia que marcaría a varias generaciones de oficiales del Ejército – facilitó la introducción del pensamiento geopolítico alemán que derivó no sólo en la amplia difusión de textos y traducciones de esta escuela, sino también la formulación de visiones locales organicistas.

En el caso de los países ABC ha predominado por una parte, una visión continental orientada a consolidar las zonas fronterizas producto de una herencia colonial sin dominio territorial por parte de España y Portugal, y a realizar una ocupación efectiva de los espacios vacíos, tendencia que tuvo mayor desarrollo durante los gobiernos militares por los problemas de seguridad nacional que se vislumbraban en un contexto internacional de Guerra Fría; y por otro lado, también ha predominado una visión marítima con la finalidad de ampliar las zonas extracosteras con miras a consolidar la soberanía en la Antártica y a sus respectivos océanos.

Tanto en Argentina como Brasil prevalecen criterios bioceánicos en la que, indudablemente, la importancia que ha adquirido el Océano Pacífico por el nexo con los países asiáticos, ha reactivado diversas estrategias (diplomáticas, acuerdos comerciales, revisión de límites, construcción de carreteras, etc.) orientadas a obtener una salida. Si bien no se han

generado conflictos similares a los ocurridos en Europa a inicios del siglo XX, se reconoce la

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reaparición de discursos fundamentados en la geopolítica alemana cuando los países de la región se han encontrado sometidos a crisis internas de gobernabilidad.

Finalmente, en los países del ABC como en el resto de América Latina, la geopolítica continúa en el debate académico, pero circunscrita preferentemente a los círculos militares donde ha influido directa o indirectamente en diversas políticas de gobierno tanto de orden interno como externo, siendo la más emblemática la escuela brasileña.

VIII.

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