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LA NOCHE DE LA ESTRELLA

Antología Romántica

Copyright © 2016

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Todos los derechos reservados a las autoras de los relatos

Código de registro:

Primera edición digital: Diciembre de 2016

No se permite la reproducción total o parcial de este libro, ni su incorporación a un sistema informático, ni su transmisión en cualquier forma o medio, sin permiso previo de la titular del copyright. La infracción de las condiciones descritas puede constituir un delito contra la propiedad intelectual.

Los personajes, eventos y sucesos presentados en esta obra son ficticios. Cualquier semejanza con personas vivas o desaparecidas es pura coincidencia.

Para el amor, la familia, la magia, la música y las luces navideñas. Porque todos tenemos un buen recuerdo de ellos en estas fiestas.

Y para ti que estás leyendo esto: Feliz Navidad y que tu más preciado deseo te sea cumplido.

¡Jo Jo Jo!

Las autoras

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

La nieve cae y toca el suelo despacio, como si estuviera haciéndole cosquillas

La nieve cae y todo se viste de blanco.

Las luces inundan el lugar, los niños duermen esperando con ansias los regalos debajo del árbol,

dejan galletas en una mesita con una nota que pinta: ¡Para que cojas fuerzas! Gracias, Santa.

La nieve no cae siempre en todos los lugares. A veces el viento frío abraza a las ciudades

y luego las calienta con un sol resplandeciente.

Cada navidad es distinta, pero tienen los mismos abrazos y las mismas sonrisas.

La nieve cae y se nos llena el rostro de felicidad recordándonos nuestra infancia

las mañana en que despertábamos y rompíamos la envoltura de aquel regalo.

La nieve cae y todo es distinto.

Lleno de alegría.

ABRIL MUJICA

“Tarde Lluviosa”

Mariela Villegas R.

Dedicado a ti, mi secreto mejor guardado, inspiración de esta historia en aquella tarde de lluvia.

Por razones de puro horror a la soledad en esa época navideña que tanto aborrecía, habíamos quedado en vernos esa tarde. Por toda la ciudad se escuchaban los villancicos, se respiraba el aroma de los pinos recién cortados para servir de árboles de navidad y los ornamentos con sus tradicionales brillos enceguecían el dominio de cualquiera que tuviera ánimo de vivir “la magia”. Yo, amargada y cerrada a toda posibilidad de una vida alegre y jovial, solo lo tenía a él y por el momento me bastaba. Ambos éramos libres por primera vez después mucho tiempo de conocernos. Habíamos llevado una relación larga aunque furtiva, puesto que ambos solíamos estar casados, pero ese tema había quedado cerrado meses atrás para los dos. Le tenía un afecto especial, un tipo de amor estruendoso y pasional del que no era capaz de desprenderme bajo ninguna circunstancia, como una maldición o droga que era imposible remover de mi sistema; una lujuria trepidante me impedía pensar con claridad cada vez que lo tenía cerca, reconociendo la lujuria como una fuente inagotable de falta de control, llamas ardientes y fragor descarriado, pero al fin y al cabo, amor, fuera como fuera.

Recuerdo el primer día que lo vi como si fuera ayer. Al principio no me pareció alguien importante, de hecho, era un perfecto Don Nadie. Sin embargo, algo en su faz me obligó a prestarle atención. No fue su estatura, que me apetecía bastante imponente a simple vista. Tampoco fue su cuerpo delgado y bien estructurado que se sellaba por debajo de aquella horrible camisa color caqui; mucho menos sus labios carnosos y listos para robar el más exquisito beso o sus manos anchas de dedos largos que ofrecían la creencia de que trabajaba duro, como buen hombre de clase media. No. Se trató de algo más simple. Sus penetrantes ojos en forma de avellana que se adentraban en mi ser como si pudieran leer lo que había escondido en él. Mis más oscuros secretos y bajas evocaciones. Esa mirada que me desnudó sin necesidad de tocarme, escudriñando cada cincelada de mi cuerpo como todo un escultor profesional. Era mi amigo, mi confidente y la única pieza de mi vida que no había sido destruida por el terremoto de mi carácter errático, así que elegimos escapar del tintineo de campanillas de la ciudad y esfumarnos a un sitio remoto en el que ambos nos sintiéramos libres y cómodos.

Pasó a recogerme al minúsculo departamento que había rentado justo después de mi divorcio, en el centro de la gran ciudad de Mérida, estado de Yucatán, al sur de la república Mexicana. En lo que bajaba las

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escaleras, uno de los adornos de “Rodolfo el Reno” que mi vecina había colocado a un costado de su puerta, se trabó con mi zapato y lo pateé hasta romperlo en dos. ¡Malditos renos de mierda!, vociferé en mi interior, descendiendo rápido antes de destrozar también las lamparillas en forma de trineos de Santa que colgaban en el arco que marcaba el umbral de la entrada. Él me echó una mirada divertida, percatándose de mis exageradas reacciones, disimulando su risotada con un conato de tos. Al verlo, todo mal se esfumó de mi corazón y sonreí en mis adentros, subiendo a su auto emocionada, aunque ocultándolo bajo la sombra de un rostro inescrutable. El clima no pintaba muy bien. A pesar de ser invierno, Yucatán no solía tener un clima frío, pero en esta ocasión las nubes amenazaban con dejar caer su llanto de penumbra en la navidad de todos mis coterráneos. “Gris, como mi alma”, me dije sin tomarle mayor importancia. La leve lluvia se dejó venir sobre mis ropas un tanto transparentes que cubrían mi traje de baño de dos piezas negro. Una corriente de aire perfumado de humedad provocó que mis pezones se irguieran y llamaran su atención pobremente disimulada. Me había dicho que iríamos a la playa, así que me puse cómoda, con un vestido blanco de algodón que me llegaba hasta la mitad de los muslos, bastante sexi y poco apropiado, algo así como yo. Tomé asiento y respiré profundo su perfume cítrico Armani. De inmediato me confortó. Me saludó alegre, regalándome un beso en la mejilla, resiguiendo mi quijada con su dedo índice.

Estás helada dijo casual, tomando la palanca de velocidades para meter primera.

Es mi temperatura normal .Me encogí de hombros y fruncí los labios. Solo a ti se te ocurre ir a la playa con el aguacero que se nos viene encima.

No hay mejor oportunidad que esta, ¿no crees? ¿O preferirías quedarte en casa de tu hermana Jull con tus adorables sobrinas Kasandra, Amanda, Marisa, Bea, Grace y Gema, vestidas de elfos, y tus festivos padres recubiertos con suéteres bordados con imágenes de tiernos y rechonchetes muñecos de nieve, comiendo un jamón rancio y bebiendo ponche de frutas pasadas, especialidad de tu cuñado Diego? socarró, robándome una sonrisa. Había descrito la escena con excelente detalle.

¡Arranca el auto ya! Mientras más pronto dejemos esto atrás, mejor.Le guiñé el ojo y partimos.

El dolor que había dejado la huida de mi ex esposo con mi jefa así es, mi jefa, para la que seguía trabajando, por cierto, gracias a que mis posibilidades económicas me impedían mandarlo todo al diablo, solo él podía mitigarlo; mi joven y experto sanador de heridas, Matías.

Nos dirigimos a Progreso, una playita que se encontraba aproximadamente a 39km de distancia de la ciudad y que solíamos visitar con nuestros amigos y respectivas parejas desde que estudiábamos en la universidad. Todo el camino nos dedicamos a platicar de cosas banas, sin ahondar mucho en nuestros sentimientos. De hecho, éramos expertos en evadir la verdadera profundidad de nuestra entrega porque hacerla evidente solo nos causaría una tremenda incomodidad. Yo sabía que me quería y eso era suficiente.

Te noto más delgada comentó mientras miraba de soslayo mis senos.

Bajé diez kilos gracias a una dieta especial.

¿Dieta, tú?

Claro. Es la dieta del desengaño. Lo único que necesitas es que un cabrón insufrible te ponga los cuernos con tu jefa, te despedace el corazón hasta el punto en que pierdas toda esperanza de tener una vida normal, dejes de comer y ¡listo! Tendrás un cuerpo escultural en un abrir y cerrar de ojos.Levanté ambas cejas con sarcasmo.

¿Y quién dice que la infidelidad no es buena para el físico, Mary? mofó. Le di un codazo en las costillas y sonrió. En serio, luces magnífica.

Gracias, tonto.

Él colocó una de sus manos en mi rodilla y la acarició con ternura. Reconocía mi calvario y, aunque su situación era muy distinta a la mía porque, en su caso él había abandonado a su esposa, me tenía toda la consideración que podía desde su punto de vista. Su tacto me erizó la piel y me estremecí sin hacérselo notar. Para devolverle el favor, le di un beso en la mejilla y continuamos con nuestra charla trivial.

No tardamos mucho en arribar a una casita que se encontraba a la orilla del mar, en una entrada bastante apartada del malecón principal del puerto. Había sido propiedad de su abuela fallecida hacía un par de años, pero el banco se la quitó a sus padres por no aparecer como propiedad certificada en el testamento. Usaríamos la terraza para cubrirnos de la lluvia. Le ayudé a bajar dos sillas plegables de metal y la nevera que hacía también las veces de mesa. El aguacero no parecía amainar ni un poco, por lo que deberíamos ajustarnos a aquello sin chistar. Ya estábamos aquí, era momento de disfrutar.

Coloqué mi iPod en las bocinas portátiles recargables y dejé que sonaran las primeras canciones de lo que sería una larga velada, más larga de lo esperado. Algo de música de los ochentas y noventas anularía todo rastro de las “Campanas de Belén” en mi cabeza —un villancico tradicional de mi país. Duran Duran entró sutil con “Come Undone” para calentarme un poco la sangre. Matías me miró con desaprobación cuando empecé a moverme al ritmo de la canción que tanto adoraba, aunque sonrió luego de un rato al percatarse de lo divertida que me encontraba. La brisa soplaba con más fuerza y los poros de mi piel la respiraban, libres. Me sentía tranquila. No había mucha gente alrededor, más que algunos locos que salían a correr con sus impermeables y uno que otro pescador cubriendo sus barcazas. Mi amigo sacó dos latas de cerveza y me lanzó una directo a las manos. La atrapé con singular destreza y la abrí, elevándola para hacer un brindis.

Por todas las desgracias que nos mantienen unidos dije ocurrente.

Por una navidad sin navidad, ¡gracias al cielo! siguió, chocando su lata con la mía, bebiéndola de un golpe. Le seguí el paso y no tardamos mucho en abrir otras dos. Nos sentamos y disfrutamos de la hermosa

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

vista del cielo que a lo lejos se dividía en dos; una parte muy gris que traía consigo el gran chubasco y otra más clara, casi azul, que delimitaba un horizonte esperanzador. Prefería la tormenta, siempre.

Parece que no podremos encender la fogata. La leña está humedecida.

—Piensas en todo “boy scout” —burlé. ¿Cómo no se te ocurrió traer una lámpara led o algo así?

Lo pides, lo tienes.Se dirigió a la parte trasera del auto y sacó una lámpara led de larga duración. Dices bien, soy un boy scout.

¡Bien! Ahora no tenemos de qué preocuparnos, excepto que tendremos que comernos las salchichas

crudas.

Reímos. ¡Como si pensáramos en comer! Era lo último que se nos pasaba por la mente.

Le conté sobre la terrible vida que me daba la zorra de mi jefa en el trabajo, siempre recordándome que era su subordinada y la dejada del marido, humillándome de forma vil y constante. La verdad no creía que quedara en mí una parte que estuviera completa, pero con todo y eso seguía. Tenía que hacerlo.

Deberías renunciar de una vez por todas, Mary. ¿Buscas ser una mártir, acaso? No le veo el punto a que continúes ahí .Negó con la cabeza.

Tengo que comer. Me es imposible tirarlo todo a la basura. No hay muchas opciones para una Terapeuta de Lenguaje como yo en la ciudad. Dayana se ha encargado de destruir mi reputación en todos los centros donde pudiera pretender buscar refugio lamenté.

Siempre puedes dedicarte a otra cosa. Amas la pintura y eres buena. Estudiaste en Bellas Artes. Bien podrías darte la oportunidad de expandir tus horizontes.

Tal vez tengas razón .Medité un segundo en silencio. Pero, y a todo esto, señor “soy excelente para dar consejos y nunca para llevarlos a cabo”, ¿por qué terminaste tu relación con Castalia?

Soltó un largo suspiro y noté que no deseaba hablar al respecto. Sin embargo, me respondió.

Sabes por qué. Lo nuestro era algo repetitivo, una canción que ha sido cantada demasiadas veces, algo así como “Come Undone” bufó.

Si te sentías mal desde hacía tanto, ¿por qué hasta ahora decidiste soltarla? Pudo haber sido muy distinto de haberse liberado hace un año, cuando sus familias se opusieron al matrimonio.

Marisol, hablas de algo que desconoces recriminó.

Ilumíname, entonces. Quiero apoyarte y me es imposible si guardas los detalles retruqué, traviesa. La mirada se le ensombreció.

Castalia y yo solo éramos dos heridas muy similares en el alma del otro. El amor no debería ser así, monótono, un mismo timbre en una melodía de vida, un solo sabor a elegir en una tienda de helados, una fiesta que se celebra como funeral.

Cerré el pico. Me quedaba claro que no había más qué decir al respecto. Comprendía perfecto su posición y la compartía. Encendí un cigarrillo y dejé que el aire se llevara nuestras palabras.

Además, ¿cómo podría estar contigo ahora de no haberme ido? bromeó al caer en la cuenta de la tensión en el ambiente.

Eso nunca nos importó mucho seguí, lanzándole el humo. Matías se incorporó y me prendió de la quijada, obligándome a abrir la boca. Hizo un gesto para que le invitara a un toque de mi cigarrillo. Lo acerqué a sus carnosos labios y él succionó. Una vez que había absorbido el humo tóxico, pegó su boca a la mía y me pasó el aliento de muerte que saboreé y paladeé con gusto. Se separó y me observó sacarlo de mi sistema, un poco atontada y sorprendida porque él no fumaba. Me sonrojé involuntariamente y él rio.

Deberías dejar esa mierda regañó. No te traerá nada bueno.

Acabas de probar lo contrario refuté.

Matías se apartó y la plática prosiguió sin más. Hablamos de lo que nos deparaba el futuro a solas y caímos en la cuenta de que ninguno de los dos teníamos planes. Nos dedicábamos a pasar cada día como viniera y nos daba resultado. Flirteamos a ratos, concentrándonos en las partes que nos gustaban más del otro. En mi caso eran sus hermosos y fuertes brazos bien definidos, y en el suyo, mis torneadas y largas piernas, y senos voluminosos. El aire hacía danzar mi vestido y, a pesar de que estaba sentada, no dejaba mucho a la imaginación. Matías se pasaba la lengua por los labios y su respiración se agitaba, cayendo presa de mi peculiar y mordaz encanto.

Vamos a bañarnos. El agua debe estar bastante cálida por la lluvia sugirió animado, rato después. Nos serviría para equilibrar un poco la temperatura por aquí. Cruzó las piernas para ocultar el bulto que se le había ensanchado en esa área. Salivé sin querer. Me fascinaba. Recordé su sabor a dulce y sal, y me encendí. El golpe de una memoria me avasalló y me transportó a aquella noche de nuestro último encuentro, antes de que me comprometiera con el bastardo de mi ex.

¿Tan pronto te vas? preguntó con su habitual timbre ronco y sensual.

¿Qué opción me das aparte de esta? interrogué coqueta mientras me acomodaba los jeans y tomaba mi blusa hecha girones, inclinándome hacia el piso. Matías admiró el inicio de mi trasero, ladeando la cabeza, saboreando mis cavidades a distancia.

Podrías quedarte en esa posición un poco más de tiempo para mi deleite sonrió.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Lo dudo mucho. Tu novia está a punto de llegar y debes acomodar todo para continuar con tu farsa socarré intentando en vano unir los retazos de tela que habían constituido mi blusa unos minutos atrás, exhalando con fuerza.

Eres incorregible.Su torneado trasero estaba al aire en la cama del motel que era testigo mudo de nuestras aventuras. La línea que se formaba entre los músculos de su espalda, mostrando con garbo la columna y sus vértebras, me dejó atontada por un segundo.

Era una Dolce y Gabanna.Le enseñé los vergonzosos restos y él carcajeó. Se puso de pie, aproximándose hacia mí. Su miembro indecoroso y todavía altivo se clavó en mi cadera en lo que cubría la totalidad de mi cintura con sus enormes brazos.

Te la repondré, lo prometo susurró a mi oído, mordiéndome el lóbulo, erizándome los vellos de la nuca. Una de sus manos serpenteó por mi vientre, haciendo círculos en mi ombligo para después bajar hasta el montecillo henchido que era mi clítoris. Lo pellizcó con delicadeza unas tres veces, atrapándome una nalga con la palma que tenía libre. Introdujo uno de sus dedos en la hendidura de mi entrepierna, obligándome a soltar un vaho que le mojó. Sin voluntad, jadeó por lo alto y se prendió de mi boca, robándome el aliento en un beso lleno de fragor. Su lengua humectada se entrelazaba con la mía, masajeándome cada centímetro como todo un experto. Con él no tenía necesidad de guiar. Nuestra danza pecaminosa se lograba por sí sola en una cadencia armoniosa y abrasadora.

De acuerdo, me convenciste. Me quedaré un rato más gemí para envolverlo con mi anatomía, empujándolo a la cama de nuevo, soltando por tercera vez el terremoto que éramos juntos, sin remordimientos, sin culpas.

Su carraspeo me devolvió a la tierra del presente y susurró:

Bien, ¿te animarás?

Yo accedí con un asentimiento. Bebió el resto de su cerveza y se quitó la camisa, dejando al descubierto su tórax bien esculpido, pero no exagerado, y yo solo podía pensar en que me penetrara. Necesitaba su grosor en mí, sus palmas quemándome, sus besos despellejándome el alma. Apreté con disimulo las manos hasta formar dos puños y volví a tomar aire. Él se dio cuenta del efecto que sus acciones tenían en mí y guardó la sonrisa en sus labios fruncidos. La idea de posponer lo inevitable hasta el punto máximo, era bastante atractiva, y a Matías le fascinaba provocarme tanto como pudiera. Enarqué la ceja y decidí jugar su eterno juego de idas y vueltas. Mi sumisión implícita le excitaba sobremanera y se estiró a propósito para permitirme observar con todo los rasgos de sus músculos varoniles. Desarraigué mi vestido, tocándome la piel lateral de mis pechos endurecidos por la brisa que se entremetía en mis terminales nerviosas. Mi bikini de dos piezas, bastante sugerente, reafirmó sus ganas con ahínco casi absurdo. Abrió mucho los ojos y se suspiró.

¡Vaya! Esas piezas de trigonometría son, por mucho, las mejores que he visto en la vida bromeó.

¿Cuando vez esto, piensas en trigonometría? dije señalando mis senos y entrepierna humectada ante su lascivia. Amigo, tienes un grave problema bufé saliendo de la cobertura del techo para permitir que la lluvia tenue comenzara a mojarme.

Déjate de juegos y ven, me estoy congelando.

Y pensamos que en Yucatán no hacía frío en invierno mascullé temblando.

Todavía éramos bastante jóvenes, aunque nuestra vasta experiencia en relaciones fallidas y otras barbaridades, nos habían convertido en entes de corazón maduro. Podía notar la forma en la que arremetía en mis adentros con esa mirada poderosa. ¿Cómo era posible que con los ojos me provocara más humedad que la que pisaba en la arena cubierta de lluvia? Tenía un poder enorme de atracción y muchas agallas para conseguir lo que deseaba, como lo había hecho en muchas ocasiones antes. Supe que sería así desde que le conocí. Lo noté en su piel blanca y sus manos anchas, aquellas de alguien que deja su huella en donde se lo propone. Mi corazón latía con fuerza brutal y descarrilada. Me olvidé de todo; de las malditas fiestas que otros celebraban muy lejos de aquí, de mi pesar, del suyo, de lo ridículo de esta situación, de su familia que le esperaba, de la mía… de todo. Me sentí plena.

Lo observé dirigirse al mar y sumergirse, perdiéndose unos instantes en el tranquilo oleaje del crepúsculo mortecino mientras la lluvia arreciaba y los relámpagos destellaban en el cielo. Sonreí y corrí, repitiendo sus movimientos. El agua me envolvió en su salinidad y calidez. Salí para respirar y lo contemplé a unos pocos metros de distancia. Sonreía cínico. Entonces vi que elevó una pieza de ropa que tenía entre la mano y la blandió. Eran sus shorts. Me eché el cabello para atrás, acomodándolo con el agua, y plegué los labios. Hizo una seña para que me acercara hasta donde se hallaba y obedecí al instante.

Estarías más cómoda si no llevaras nada puesto, ¿no crees? Levantó ambas cejas, pícaro.

¿Seguro de que eso es lo que quieres? inquirí retadora, haciendo descender un poco el tirante de la parte de arriba de mi bikini. Matías me guiñó el ojo.

Por supuesto. Desconozco otra forma de natación al aire libre.

No había vuelta atrás. Me removí la pieza lentamente mientras sentía el vaivén de las olas acariciando mis senos desnudos, meciéndolos, brindándoles cobijo. Era una sensación deliciosa que jamás había experimentado. Con él, mis instintos más bajos se desataban sin ánimo de frenarse. Me brindaba completa confianza y me empujaba a querer más, a ser más seductora y salvaje, a olvidarme de la gatita herida en la que me había convertido con tantos vaivenes en los últimos años. Exhibí ante mí la minúscula pieza negra y la solté a la deriva, animándolo a hacer lo mismo. Se aproximó silenciosamente, cortando el camino que nos separaba, lidiando con la marea tenue. No sabía qué me excitaba más, la certeza de que me cogería en unos

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instantes o el peligro que corríamos al estar en una playa pública. De seguro se trataba más del peligro y la adrenalina, o una mezcla perfecta de las dos cosas.

Quieta, chiquilla susurró a mi oído en lo que sus manos descendían por mis piernas para sacarme las braguitas del traje de baño, recorriendo mis piernas, sumergiéndose para lograr quitármelas por completo. Su palma me acarició la vagina y luego su boca, dejándome petrificada. ¿Cómo podía hacer eso bajo el agua? No me interesaba saberlo. Lo único que deseaba era sentirlo. Una vez frente a mí, me tomó entre sus brazos y me besó profunda y pasionalmente, abriéndose paso por mi boca y explorándola con la lengua. Enredé mis dedos en su cabellera negra y uní mi organismo al suyo, sintiendo su creciente erección pegada a mi vientre. Las gotas de la precipitación seguían estrellándose en nuestras caras, hipnotizándonos. No dijimos nada más. Nuestras miradas se cruzaron y la coordinación de nuestros pensamientos nos llevó a saber que había llegado la hora de culminar el deseo.

Me besó los senos flamantes, jugando con mis pezones con los dedos y la lengua, presionándolos entre sus dientes y jalándolos enérgicamente hacia él. Adoraba ver su rostro pleno de lascivia. Cuando de mí se trataba, parecía dejarse llevar por el ritmo tácito de los besos, caricias y poca inhibición.

Cógeme supliqué en un gemido.

Entrelazó sus dedos en mi larga cabellera, haciéndome soltar un grito ahogado. Besó mi cuello y yo crucé mis piernas alrededor de su cintura. Llevé una de mis palmas a su falo y lo acaricié de arriba abajo con energía. Matías enarcó la espalda, pegándose más y más a mí, meneando la cadera para su mayor deleite.

Este no era mi propósito al venir aquí contigo dijo cínico, sonriendo en mi boca.

¡Por supuesto que no! Tampoco el mío.Degusté su sabor que se combinaba con la sal del mar y me complacía.

Chapoteamos un rato más entre gritos y jadeos, besos y arañazos, juegos y locuras, percibiendo cada centímetro de nuestras pieles sucumbiendo a la demencia del momento.

Mete mi miembro en ti, mi chiquilla. Quiero sentir tu vagina hirviendo mientras me envuelve. Te he extrañado mucho murmuró perdiéndose.

Como gustes, así lo tienes repetí sus palabras y cogí su pene en mis pequeñas manos para hincarlo en mi hendidura que le anhelaba con vehemencia. Poco a poco, centímetro a centímetro, fui hundiéndolo en mis recovecos, dándome cuenta de cómo el agua se abría para darnos libre paso. Me quemaba, su hombría era un furor que no querría ni podría refrenar en ese punto. Se internó en mí completamente, empujando sus caderas hasta convertirnos en uno. Adoraba escucharlo plañir, desquiciándose con mi naturaleza, abandonando sus asperezas en el terciopelo de mis rincones.

¡Ah! grité cuando sentí lo ardiente de su erección haciendo fricción contra mí una y otra vez. Miraba al derredor en estado de alerta para corroborar que nadie nos estuviera espiando, lo que solo podría avivar el fuego en este momento, pero después de tres tremendas embestidas, ya nada me importó. Continué besándolo y dejando que el aroma de la lluvia mezclada con su perfume, penetrara mis fosas nasales. Mi mente se extravió en sus movimientos certeros. Él me apretaba a sí, golpeando mi clítoris henchido que clamaba un alivio.

Vamos, chiquilla, regálame tu orgasmo. Báñame de ti para llevarte conmigo esta tarde en la que nada tiene sentido más que nosotros dijo en una estocada que ataría más mi corazón al suyo, ambos mártires de distintos sufrimientos, ambos solos, ambos resquebrajados. El sol se fue metiendo en el horizonte mientras yo seguía colgada a su espalda ancha, mordiendo sus hombros, viviendo. Como por arte de magia y algo más poderoso que cualquier calvario por el que hubiéramos atravesado, nos dejamos explotar en un orgasmo catártico que nos liberó de todo pesar, de toda culpa, convirtiéndonos en un solo ser extático, con el manto de la noche aplastándonos en una falta de cordura exquisita.

Muy lento, casi sin ganas, nos fuimos soltando hasta que el abismo entre nosotros nos provocó nostalgia. Me besó una última vez y me tomó entre sus brazos para sacarme del agua. La lluvia por fin había cesado y ninguno de los dos nos dimos cuenta. Salimos y el frío me caló los huesos. Sin querer, me soltó y ambos corrimos despavoridos hacia el auto para tomar la otra muda de ropa que habíamos llevado en caso de emergencia, y dos colchas afelpadas. Extendimos una en la terracita de la casa, encendimos la lámpara led y nos cubrimos con la otra manta, muy juntos para recuperar el calor. Habíamos dejado encendido el iPod y Shania Twain comenzó a cantar “You’re Still the One”. Nos dejamos abrigar por la melodía melancólica.

Deberías actualizar tu lista de reproducción. Tus canciones apestan burló mientras me asía más a su persona.

Cállate, que esa canción te la robé del móvil.

Le volteé a ver y contuvo la risa.

¿Qué puedo decirte? Shania tiene lo suyo.Carcajeamos.

Las horas transcurrieron entre bromas y arrumacos cuando nos dimos cuenta de que ya casi eran las doce de la noche, navidad, oficialmente hablando. Se paró y sacó una botella de champaña que había escondido entre las cervezas.

¿No que no querías festejar? Esa fue la razón por la que llegamos hasta aquí en primer lugar dije con curiosidad.

No estoy celebrando la navidad, chiquilla, sino la victoria exitosa de nuestra guerra contra ella.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

La abrió y, a partir de entonces, instituimos esa fecha como la conmemoración de una celebración única, la de dos almas afines que no tendrían más que perder de ahí en adelante, más que el uno al otro, por lo que les restara de vida.

Hasta que salga el alba

Leticia Vázquez

Porque la música nos trae recuerdos del pasado, viajando en el tiempo aún cuando nada de esto pasaba. Para mi amada mamá, que dos años me vistió como muñeco de nieve. Y porque sin tu idea F, no hubiera sido posible el cuento.

Hay historias que se cuentan cada año y recuerdos que florecen con sonidos. Hay sabores que

se sienten a familia y momentos que cambian con el tiempo

No siempre es la misma fiesta navideña, durante al año van y vienen las personas. Sí, unos se

van lejos a buscar mejor vida o formar otra familia y quizá haya uno que no comparta más nuestra

mesa. Al igual que para cada uno tiene un significado diferente y un lugar especial.

Se dice que un niño tiene la magia de hacer todo posible, que en su corazón habita la magia

de creerlo todo posible por muy difícil que parezca

UN 24 DE DICIEMBRE

Leo ha visto que en los comerciales de la tele anuncian a un osito color marrón y un parche

en el ojo, trae consigo una espadita y un escudo en miniatura y otro par más grande para el niño. Es

un guerrero pirata. A Leo le brillan los ojos cuando se pega a la pantalla y sale corriendo por toda la

casa pensando que ya está jugando con el oso. En definitiva quiere ese juguete.

Sonia precisamente no tiene mucho tiempo para él, debe decorar la casa con renos y luces

durante los ratos libres que le da el día o la noche (y esos son escasos teniendo en cuenta el trabajo,

el niño y su marido). Alan apenas llega a dormir por no hablar de juegos con su hijo. Ya se sabe,

hoy en día las personas no pueden disfrutar de las fiestas como antes porque los horarios laborales no

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

se los permiten y las vacaciones no llegan o lo hacen un día antes del veinticuatro, pero eso no importa si todos se reúnen con el único fin de estar juntos.

vaya que ha

caído fuerte, tenía tiempo que no pasaba. Durante veintitrés años la nieve no había hecho de las

suyas. No hay ningún rayo de sol que se filtre por las nubes.

La ventisca se deja oír por toda la ciudad aullando como lobo en el bosque,

La estancia de la sala apenas está tibia, dos personas platican en medio de mantas arropadas para darse calor. Fuera de casa hay nieve hasta en las uniones de las ventanas, sin duda alguna será noche de tormenta invernal…

Leo está jugando en un rincón de su habitación, no es un lugar muy grande, en él sólo hay una cama de colcha azulada decorada con coches, un armario de madera, juguetes sobre un sofá y una ventana de cortinas blancas.

El niño está sentado en el piso con su pijama, sostiene en su mano un cohete y astronautas. Leonardo tiene cuatro años recién cumplidos, su cabello es negro y ondulado, tiene pecas en la nariz y las mejillas.

Runnnn, ruuuunnnnn. Shhhhhhh

¡Pirataaaaa!

—Hola mi astronauta…oye eso no es carro. Un cohete no hace ese ruido.

¿No?

—No… y ya es hora de dormir mi amor. Quien ha dicho esto es Sonia, la mamá de Leo, que ha entrado al cuarto para arrullar a su hijo.

Pero quiero ver a Santa.

Recuerda que para verlo debes estar dormido.

No quiero. Yo quiero ver a Santa.

Anda ven, subamos a la cama ¿Qué te parece si te cuento una historia y lo esperamos

juntos?

Sí.

¿Me va a traer mi pirata?

Sonia se pone pensativa y sonríe. Como no hacerlo.

¿Te has portado bien este año Leo? Leo dice que sí con la cabeza. ¿No has hecho travesuras? ahora niega y se ríe, entonces yo creo que sí va a traerte tu regalo Santa Claus.

A regañadientes el pequeño obedece y cierra los ojos una vez está en su cama.

Le ha pedido a Santa Claus en una hoja arrugada y llena de garabatos lo que le gustó en la tele “Ayu: Pirata de los Sueños” y espera verlo mañana bajo el árbol.

Pero aunque las horas pasan el pequeño no puede dormir, le teme a las sombras que forma el viento sobre su colcha y las paredes, los leves ruidos se escuchan de pronto como estruendos. Y si le sumas los nervios que todo chiquillo experimenta la noche de Papá Noel, tenemos como resultado el insomnio.

En la habitación de Alan y Sonia hay una chimenea y ambos están sentados abrazados. Sonia recuerda que la navidad de su infancia consistía en buscar por toda la casa su regalo…bajo la cama, sobre un ropero, tras una puerta, era tanta la diversión que sólo quería correr y encontrar el juguete. Pidió la Barbie doctora, la miracle baby, como dos Bratz vestida de muñeco de nieve con un mameluco blanco de gruesos botones, una gorra roja y zapatos negros, ella era feliz.

Alan recuerda que al despertar lo primero que hacía era correr con su hermano por ver quién tenía más regalos, y quién los abría primero. Todos bajo el árbol. Todo era juego y diversión. Risas y sonrisas. Es lo mismo que quieren para su niño.

Esa noche dos pares de pantuflas bajan a la sala, debajo del gran pino decorado con rojas esferas depositan una envoltura azul acompañada por otras más, se han llevado un papel arrugado y con garabatos ilegibles para una futura colección.

La mañana empieza con música, de esa que traen las series y se escucha en todas las casas especialmente en el árbol. Leo se ha despertado, un poco más despeinado de lo habitual pero ya está listo para abrir los regalos.

¡Oso pirata! ¡Ya llegó Santa! ¡Mamiiii!

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Sus pequeños piecitos corren por toda la escalera y al llegar al árbol se inca a abrir los regalos con su gorrita roja, una sudadera con su súper héroe favorito y un pants igualmente al color.

¡Papá!¡El pirata! ¡Miraaaa!

A leo no le cabe la sonrisa en la cara. Las mejillas se le han puesto sonrojadas y no es

precisamente por el frío.

Todo ese día el niño no suelta a su nuevo juguete, incluso ya tiene la primera mancha de chocolate. Leo jala a su osito porque es noche de jugar a los piratas en alta mar, ambos tienen una espada y un escudito de madera; el pequeño hace rugidos con la boca mientras el osito es su marioneta, está en su mundo de aventuras y por el momento no existe nada que no sea él y su osito.

Una noche sueña que las densas e intrépidas aguas del océano hacen que el barco donde ambos van navegando se balance y salpique agua en cubierta peor un trueno saca a Leo de su sueño.

El pequeño se espanta y se tapa aún más con la colcha de su cama, abraza a su osito y cierra

los ojos.

El aire sigue soplando y la lluvia no cesa. La puerta de su habitación se abre pero el pequeño

está lo suficientemente espantado que no se atreve a mirar quién es. Abre un ojito y cuatro brazos lo arropan, son sus padres que han entrado a darle las buenas noches.

Vuelve a abrazar a su amigo cuando sus padres salen, observa su habitación escondido tras la cobija, los relámpagos dibujan ramas de luz mal hechas que se expanden por todo el cielo y forman fugaces siluetas…que no son del todo bonitas.

a lo lejos

entre la noche, no identifica muy bien su cuerpo pero sí sus ojos, de un color café oscuro, grandes.

Leo cierra los párpados porque tiene temor y después de mucho tiempo, logra dormirse.

El pequeño ve un monstruo que lo observa fijamente desde la ventana, lo asecha

***

Leo da muchas vueltas en la cama, hace pequeños mohines y aprieta los ojitos. El osito ha sacado su protector escudo y se encuentra peleando con el monstruo sin forma, la batalla tiene lugar en la misma habitación del niño pero no aquí ni el otro mundo, sino en un lugar llamado

interior. Las horas pasan, el sol sale y por fin el vencedor es el oso que con tres rasguños ha levantado su espada. El monstruo se aleja no sin antes amenazar con regresar.

***

La luz en el cielo es casi tan tenue que apenas se ve

El pequeño ya está levantado, brinca sobre el colchón jalando a su oso, rebotan sobre la almohada y Leo cae de espaldas. Eso lo asusta, se siente demasiado pequeño comparado con la altura de su clóset. Se lleva a su osito con él y en el transcurso del día no falta el juego.

***

Por la noche cuando Leo va a dormir, en sus pesadillas el monstruo vuelve a parecer de una forma diferente, con los mimos ojos, pero ahora es alto, robusto y su amigo el osito está listo para defenderlo, con espada y escudo en mano, se da cuenta al mirar por la ventana que a dos cuadras, otro compañero de él pelea contra una cucaracha y un poco más allá, una osita está ganando la batalla contra una araña.

***

Los ojos del monstruo miran directamente a los de su rival de sueños: el oso. Son los mismos pero en otro cuerpo, Leo despierta con una sonrisa, ya no le teme a aquello que es más grande que él, ni a lo desconocido que se forma en las noches de lluvia. El pequeño observa a su amigo de peluche con una copa exacta de los dos pares de ojos anteriores; exactamente, son la misma persona habitando en su pequeño cuerpecito, nadie tiene más poder que el otro pero como aún es un niño, no se ha dado cuenta de eso.

***

Vamos a necesitar más esferashago muecas cuando veo que pese a las cuatro cajas que compramos, el árbol sigue teniendo huecos que no me gustan. Sigo concentrada en contar cuántas más para calcular el número de cajas, doy vuelta al árbol y en la quinta vez me anoto mentalmente el número. Frunzo el ceño cuando no escucho respuesta y lo encuentro sumido en sus pensamientos observando el lugar donde estarán los regalos. ¿Me estás escuchando Leo?

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

¿He? No, no. Perdona, ¿qué dijiste?

Suspiro.

Que vamos a necesitar más esferas.

¿Cómo cuántas? Pregunta subido en la escalera atorando la serie de focos.

—…Algo así como unas veinte más.

Tiene que quedar hoy, sí o sí.

Entonces será mejor ir a comprarlas ya, antes de que cierren la tienda.

Leonardo baja de un salto los últimos tres escalones y toma su cartera mientras yo me voy adelantando a la puerta. Cierra tras de mí y bajamos del departamento a la cochera por el Ibiza. Al fin, después de un ratote queriendo el auto se lo pudo comprar, eso sí, estuvimos en abstinencia de cine por quien sabe cuánto tiempo…bendito seas Netflix. Y no hablemos de la cenas porque ahí se pone triste la cosa.

¿No te llevas un suéter? Está fresco.

Traes tu chaleco. Además el centro no está tan lejos.

—Karla, Karla, Karla…qué voy a hacer contigo…

Supongo que aguantarme, por algo te casaste conmigole guiño un ojo y me río.

Pues síse ríe y me abraza por detrás, ya qué me queda.

Anda ya, vamos de una vez que nos cierran la tienda y tengo intenciones de cenar una hamburguesa ahora que me lo permite el aguinaldo.

Y después de un largo recorrido creo que me enamoro aún más de este hombre, de ver cómo me cuida, de ver la ilusión con la que cada año espera estas fechas…Simplemente puedo decir que soy una mujer afortunada así como él lo es por tenerme a mí.

Hace rato estaba recordando cómo me emocionaba por los regalos cuando era niño.

¿Qué recordabas? meto mi mano en la bolsa de la chamarra y él trenza sus dedos con los

míos.

A mi Ayu. Fue el juguete que más me gustó.

¿Ayu?

Era el nombre del osito pirata que tuve…a los cuatro me parece.

—Creo que todos tenemos un juguete que no olvidamos… yo tuve una Nicole, movía sus piernitas y bracitos. A los tres.

Y es que no son los juguetes lo que importa en navidad.

Ni siquiera las luces que adornan los pinos y las casas, o la música de villancicos.

No. Son los recuerdos que te trae y lo que signifique para ti en cada uno de ellos. Dice él muy sonriente dándome un beso en la frente.

¿Ya viste que estrella más brillante está en el cielo?

Leo la observa fascinado, puedo ver un deje de lo que fue él en su niñez y me encanta.

Por cuestiones de nieve, vuelos y problemas que achacan a los seis meses de embarazo, no pudimos volar a México, nos hemos quedado aquí en Madrid y supongo que al rato pondremos video llamada con nuestras respectivas familias.

—Está impresionante el brillo…se puede decir que es la noche de la estrella.

Oh sí.

Llegamos hasta el Ibiza y nos ponemos en marcha hasta el departamento.

¿No estás triste por no haber ido a tu casa en este día?

Leo piensa y piensa por un rato y termina sonriendo.

No Karla, no lo estoy.

¿Seguro?

Seguro, estoy en casa ahora ¿no lo ves?, ustedes son mi familia ahora.

Sonrío como boba ¿hay alguna mujer que no lo haga estando en mi lugar?

¿Sigue siendo Navidad? pregunta lleno de alegría con esos ojos tan bonitos que tiene.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

—Y lo seguirá siendo… hasta que salga el alba.

Me carcajeo. No puedo evitar hacerlo.

FIN

“Ese maldito Vestido”

N.S.Luna

Este pequeño (y no tan pequeño) relato, va dedicado a todas mis lectoras con muchísimo cariño, y deseos de paz y felicidad para estas fiestas. Espero de corazón que Papá Noel les traiga todo aquello que anhelen, y además, la compañía de gente querida con quien compartirlo. A mis lectoras de siempre, que compran mis libros en Amazon, y quienes me siguen en todas mis redes sociales. A las nuevas, que empezaron a leerme este año desde Wattpad, y también a los grupos de lectura dedicados al apoyo constante de las autoras que siempre están ahí. A las chicas que propusieron la antología y a las talentosas escritoras que me acompañan, ¡Muchas gracias! Y especialmente se lo dedico a mis amigas del grupo “Trilogía de Fuego y Pasión” en WhatsApp, que fueron las primeras en leer mi relato y en darle el visto bueno, como a casi todo lo que hago. ¡Las quiero! Besos especiales a mi familia, que me banca en todas… y a las chicas de Llámame Foxy, que creen en mi trabajo.

¡Feliz navidad para todas!

Capítulo 1

N. S. Luna

Solo un par de días para navidad… y aquí me encontraba.

Frank Sinatra cantaba de fondo “That’s life” en mi reloj alarma, pero apenas lo escuchaba…

Tirada en mi cama mirando cómo el ventilador de techo giraba y hacía un ruido espantoso,

mientras afuera la temperatura estaba casi llegando a los cuarenta grados centígrados. Bonito, ¿no?

Eso es lo que tienen estas fechas en el hemisferio sur. Se festeja y se come como en invierno,

pero sofocándose en los días más calurosos del año.

Pero yo no estaba así solo por el asfixiante clima en plena ciudad. No.

Lo mío venía de antes. De cuatro meses antes, para ser más precisa.

Cuatro meses desde que había suspendido mi compromiso con Tomás, con todos los

preparativos listos, el salón reservado, las invitaciones enviadas y el primer mes de alquiler pago de

nuestro nuevo departamento.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Si hasta habíamos comprado unos sillones adorables de color blanco que iban perfectos con la

decoración de la sala.

Yo solo tenía que hacerme una prueba más de vestido, y ya estábamos. Era vintage y tan bonito… recuerdo que fue verlo y quedar absolutamente enamorada del modelo. Blanco con gran caída y encaje bordado en piedritas brillantes, y otras opacas que parecían perlitas. Por el precio, tal vez lo fueran.

Tenía un cinturón fino que lo cortaba a la altura de la cintura, y unas manguitas delicadas, que le daban un aspecto lánguido y fino que era lo que más me gustaba.

Sabía que a Tomás le encantaría.

Tenía un gusto conservador, elegante y clásico, así que no tenía dudas.

Además, tenía la aprobación de mi suegra, que justamente aquel maldito día me había acompañado a que me lo midieran.

Olga había insistido, y ahora la tenía conmigo en la tienda, emocionada hasta las lágrimas al verme frente al espejo con tan bonito vestido.

Sos la novia perfecta para mi hijo.había dicho y yo sonreí.

Sonreí. ¡Ja!

Me encantaba la idea de ser perfecta para Tomás. Él que siempre había sido tan perfecto en

todo.

Primero en su clase y reciente socio de uno de los estudios de abogados más importantes, tenía un curriculum ejemplar. El hijo prodigio de la familia, adorado por todos, hasta por mis padres, que a veces parecían quererlo más que a su propia hija.

Llevábamos siete años de novios, de una relación tan estable, que el matrimonio iba a ser solo una formalidad.

A los veinticuatro años, me sentía casada ya, y cómoda con la vida que llevábamos.

Pero claro, fiel a su estilo, tenía que seguir con las tradiciones impuestas.

Ya tenía su título, su trabajo, un carro último modelo, su novia de toda la vida, y eso era lo que faltaba.

La boda, el nuevo apartamento, y los niños. Que no tardarían en llegar. Lo habíamos hablado, y en nuestros cronometrados planes, estaban agendados para el año próximo. Cuando hubiéramos tenido tiempo de viajar un poco, trabajar y sentirnos a gusto con nuestra rutina.

Todo iba sobre ruedas.

Yo no podría haber encontrado a un mejor candidato. Lo quería con locura, y había sido mi primer y únicohombre. Pero además de eso, era un partidazo.

Dulce, cariñoso, siempre considerado y caballero, me llenaba de detalles bonitos y recordaba todas nuestras fechas especiales.

Cocinaba, le gustaba hacer la limpieza y aceptaba el hecho de que aun no me hubiera recibido, y quisiera tener un trabajo de medio tiempo. Era vegetariano, y amante de los animales…

No bebía, no fumaba, y creo que ni se le arrugaba la ropa. Así de especial era.

Pero, claro, había fallado en ver lo más importante. Se me había pasado un detallito… una cosita de nada.

Una pequeñez. Una… pavadita.

Se estaba acostando con mi mejor amiga desde hacía un año y medio. ¿Cómo lo sé? Oh, esa es la mejor parte.

Lo sé, porque ese día, después de dejar a mi suegra en su casa, pasé por el departamento que íbamos a compartir para dejar el par de zapatos que acababa de comprarme, y que por cierto, combinaban como ningunos con mi vestido, y me los encontré.

Ella sentada encima de él, cabalgándolo como una guarra, gritando a todo pulmón, mientras Tomás jadeaba extasiado ¡desnudos, encima de mis sillones blancos nuevos!

—¡Hijos de…!—ya se imaginan.

Y ahora, cuatro meses después, recién empezaba a levantar cabeza. Un poco justa de tiempo, porque la boda estaba planificada justamente para el día después de la navidad, pero es que no había estado de ánimos para ponerme a hacer cancelaciones.

Solo cuando me puse a hacer cuentas, y ver que mis números estarían al rojo vivo si no me devolvían aunque sea una parte de todo el dinero que había gastado en la fiesta, tuve que reponerme y empezar a hacer llamados.

La empresa de catering había sido la más sencilla. Entendieron mi situación, y aunque no solían hacerlo, se compadecieron y solo me cobraron un porcentaje.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Los del salón se habían reído de mí por teléfono, sin tener al menos la decencia de disimular. Es más, me pareció que en un momento, me ponían en altavoz, así todos escuchaban mis patéticas súplicas y se divertían bromeando entre ellos. Mierda.

Yo había corrido con casi todos los gastos, hasta algunos del departamento, pero bueno. De

eso ya tendría que encargarse Tomás, y la muy zorra de Silvina, mi ex mejor amiga, que estarían disfrutando de nuestra cama King size, mientras se revolcaban juntos en ella. Yo había escogido el cabecero… era precioso, de madera oscura …y nunca lo llegué a estrenar.

No.

Porque hasta ese punto seguíamos las reglas. Viviríamos cada uno en su casa, hasta la noche de bodas, cuando estrenaríamos nuestra cama. Romántico, ¿no?

Puse los ojos en blanco, y con las pocas ganas de moverme que me quedaban, me dirigí con un gruñido hacia la ducha.

Ya con el cabello seco, lo peiné recogido como lo llevaba siempre en una colita tirante y me

puse un vestidito veraniego de color celeste pastel y mis balerinas haciendo juego. Maquillaje delicado, y mi pequeño reloj de oro blanco, regalo de mis padres al terminar la secundaria.

Vamos, Paula. Vos podés . me dije mirándome en el espejo, y ensayé una sonrisa antes de irme.

En la calle, todo era adornos en rojo y dorado, propio de las fechas, plagado de lucecitas

alegres y gente feliz haciendo las últimas compras para la cena de noche buena. Y yo, no quería tener nada que ver con todo aquello.

No tenía nada que festejar, no piensen que soy el Grinch, porque tampoco. De niña amaba la

navidad, pero sentía que después de lo que había vivido, este año, podía saltármela y hacer como si

fuera un día más.

Mi familia lo había entendido, así que era un tema menos por el que preocuparme.

Entré a la tienda con mi mejor cara de simpatía y me dirigí a la empleada que me había atendido la última vez.

Hola, ¿cómo estás? Soy Paula Durán, y vengo a cancelar mi encargo.dije como si me lo creyera. Como si fuera lo más normal del mundo.

¿Disculpe?preguntó la otra mirándome raro.

Que ya no hay boda, por lo tanto, no necesito vestido.me encogí de hombros, acomodándome un poco el flequillo. Entiendo que no puedan reembolsarme la suma completa, pero estoy dispuesta a llegar a un acuerdo razonable.

Eh, nosotros no hacemos reembolsos.contestó parándose nerviosa, lanzando miradas hacia donde se encontraba la dueña de la tienda.La prenda está hecha a medida, ya no podemos ponerla a la venta.

No entiendo por qué.dije levantando un poco la voz, porque ya me veía fracasando en mi misión.El mío es un talle bastante estándar, podrían venderlo con descuento. Yo no lo quiero.

—Señora Paula, disculpe, pero no estoy autorizada a…—empezó a decir.

¡Entonces quiero hablar con alguien que lo esté!la interrumpí mirando hacia el mostrador. No, por favor. No podía quedarme con otro recuerdo más de mi fallido casi matrimonio.

Señoradijo la dueña, apareciendo de repente, con cara de circunstancia. A estas alturas, todos los que estaban en el local, habían dejado de hacer lo que estaban haciendo, para mirarme. Y a mí ese segundo “señora”, me sonó a uñas afiladas contra una pizarra . Comprenda que no podemos hacer nada. El traje de boda está hecho especialmente para usted.

¿Recuerdan esa escena en Irene yo y mi otro yo, cuando Jim Carrey pierde los papeles en el supermercado, y despierta a esa parte de su personalidad dormida que lo hace estallar?

Creo que hoy, después de un tiempo, comprendo que fue exactamente eso lo que me ocurrió.

Era una olla de presión echando humo… una bomba cuya mecha se había consumido por completo y no había vuelta atrás.

Me temblaban las manos, y tenía la mandíbula tan tensa, que podía escucharme rechinar los dientes.

¡Soy señorita!chillé perdiendo el control.Esa es la cuestión. No estoy casada, ni me voy a casar… no necesito vestido. ¡Ya no lo quiero! Lo que quiero es mi dinero, así me puedo ir.

El pecho empezaba a apretarme y las lágrimas que había aguantado esos cuatro meses con tanto estoicismo, ahora se me ahogaban de manera desagradable en la garganta. Iba a vomitar.

Señorita, le ruego se calme.dijo otra de las empleadas, acercándome un vaso con agua— .Si necesita un plan para poder financiar su compra, podemos discutirlo, pero…

Es que no quiero el maldito vestido.sollocé, comenzando a tiritar. Iba a tener que pagarlo. Me lo tendría que llevar conmigo y guardarlo en mi guardarropa… Por Dios, qué horror. Sería una tortura. Se lo podía dar a mi madre para que ella lo guardara por mí, pero la vergüenza que

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

sentía de solo imaginármelo, me ponía violenta.¡Y tampoco quiero agua!volví a gritar, asustándola… mientras de fondo sonaba “Dos Gardenias” de Buena Vista Social Club. Quería atravesar alguna pared con la cabeza.

Me acerqué a uno de los salones reservados, en donde estaban atendiendo a otra clienta, y en donde en una mesita chica había una botella y varias copas de champagne. Era un lugar exclusivo, y era normal encontrarse con este tipo de atenciones.

Perdón.mascullé antes de servirme una copa hasta rebalsar y tomármela de un solo trago. Volví a cargarla y miré a la novia tan bonita, enfundada en un precioso vestido blanco con escote palabra de honor.Felicidades.agregué levantando mi copa a modo de brindis, y ella asintió divertida.

A su lado, el que sería el novio, me miraba conteniendo una sonrisa y con un gesto me dio a

entender que podía llevarme lo que quedaba de la botella si quería. Qué atentos.pensé.

Sonreí con la cara tirante de lágrimas y le agradecí entre dientes.

A simple vista, se los veía bonitos. Tenían algo que los hacía armónicos, pero en cuanto a

aspecto, no podían ser más diferentes. Ella con un cabello rubio lleno de rizos, con un traje clásico tipo princesa, y él, con gorrito de lana en verano, tatuajes saliendo de su remera mangas cortas, barba crecida, un piercing arriba del labio y otro en la ceja.

A lo mejor, esa era la fórmula. Que fueran polos opuestos, funcionaba…

Con Tomás éramos dos gotas de agua. Mis amigos bromeaban cuando decían que nos poníamos de acuerdo hasta en los colores de ropa cuando salíamos.

El mismo estilo al vestir, los mismos gustos musicales… en todo nos parecíamos, y siempre

había creído que eso nos hacía perfectos, pero claramente estaba equivocada.

Ahg. Qué asco de pareja éramos.

Negué con la cabeza.

No puedo llevarme el vestido.me volví para seguirle hablando a la empleada.Pagarlo en cuotas va a ser como recordarme todos los meses de que todo me sale mal. De que todos mis planes se fueron por un caño y mi ex futuro marido me engañaba con mi mejor amiga.me reí con sarcasmo, entre más lágrimas saladas que me sabían raras mezcladas con el alcohol.Pero si tengo que pagarlo lo voy a pagar.me rendí con un suspiro pesado.Que me lo sigan descontando de la tarjeta y a la mierda.otro trago de champagne, y un pequeño tropezón con mis pies.

Mierda, qué mal sentaba beber con el estómago vacío. Yo nunca bebía, ni una gota. Nada.

Lo voy a pagar, pero no me lo pienso llevar.avisé señalándolas.Se lo pueden quedar y hacer lo que quieran con él.

—Señora Paula…—empezó a decir la dueña.

¡Señorita!corregí con otro grito.Se lo regalo a usted, o sus vendedoras. ¿Cómo te llamabas, Ceci, Cecilia?miré a la que me había ofrecido el agua.Todo tuyo, Cecilia. Yo no lo quiero volver a ver en la vida.

Como tampoco quería volver a ver a Tomás. Un sentimiento de ira me subió por el pecho en forma de nudo, y bajé la cabeza derrotada. Hijo de puta…

Buenas tardes. mascullé un poco avergonzada, y me volví a la parejita del champagne.Gracias por la botella.agregué levantándola y me fui de allí sintiéndome la perdedora más perdedora del planeta.

En veinticuatro años, jamás había dado un espectáculo semejante. Creo, de hecho, que desde

que tenía cinco, no dejaba que nadie me viera llorar. Mucho menos un puñado de desconocidos, que

seguramente ahora debían estar pensando que era una lunática total.

Me tapé el rostro con las dos manos y suspiré.

Estaba tocando fondo. ¿En qué me había convertido?

Maldito Tomás, maldito vestido… maldita boda y maldita navidad, de paso. Desde ahora, se convertiría en mi época más odiada del año.

Mi auto estaba a una cuadra, pero yo no me sentía capaz de conducir, así que solo me senté en

las escalinatas de uno de los edificios frente a la tienda, y me quedé ahí. Dejando que el aire hirviendo de las primeras horas de la tarde, me adormecieran lo suficiente como para dejar de llorar, y cerré los ojos.

¿Estás bien?escuché que me decían, y los abrí a regañadientes.

El chico de la parejita diferente, me miraba curioso mientras daba una calada a su cigarrillo. ¿Podía sentir más vergüenza? No, creo que no.

Fenomenal.contesté levantando un pulgar, y se rio.

—Sabés… podrías quedarte con el vestido y modificarlo. No sé—.se encogió de hombros.Hacerlo un vestido de fiesta.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Si lo veo, me va a agarrar otro ataque como el que tuve ahí adentro.volví a taparme el rostro.Perdón, por cierto, por arruinarles el momento. No suelo ser así de loca.

Por mí no hay problema.sonrió.Fue lo más divertido que me pasó en esa tienda.dijo negando con la cabeza.

¡Ya sé!dije de repente, teniendo una idea.¿Por qué no les regalo el vestido a ustedes?

A vos y a tu prometida.

—Mi…—soltó el humo de golpe y se volvió a reír.Fanny es mi hermana. Y te agradezco, pero ya tiene elegido su vestido. Sigue probándose otros pidiendo que la acompañemos solo para torturarnos. A mí, en especial.

¿Por qué?lo miré divertida por su gesto contrariado. Ya me parecía a mí que la tienda no

le pegaba nada.

Porque soy el padrino de la boda, y sus amigas no llegan hasta la próxima semana.se quejó sentándose a mi lado y ofreciéndome su cigarrillo, pero yo negué con la cabeza.Viven lejos, y se están quedando todos en mi casa.explicó.

Qué bonito.dije mirando la tienda con una sonrisa— .Yo no tengo hermanos… me hubiera encantado poder contar con alguien que me ayudara así con los preparativos.me reí con amargura— .O por lo menos a cancelarlo todo. Una boda es …mucho trabajo.

Eso parece.opinó asintiendo— .Y cancelarla no debe ser nada divertido… ¿no?

No, no lo es.contesté cansada— .Acá me ves, borracha a las…—miré mi reloj con dificultad.tres de la tarde.

Son las seis.dijo con una sonrisa torcida que atrapaba el cigarrillo que llevaba ahí ya un rato apoyado.

Mierda, qué rápido va el tiempo cuando uno hace papelones en público.

Llego tarde, tenía que ir a buscar la torta.dije maldiciendo por dentro.Si no voy hoy, mañana es feriado y no abren.

¿La torta de casamiento?me miró frunciendo el ceño.

Ah eso.me reí de mi propia ridiculez.Es que hoy me hacían la despedida de soltera, y la torta era… bueno, era para mi fiesta.

¡Qué divertido! ¿Puedo ir?dijo poniéndose de pie y apagando el cigarrillo en la suela de su zapatilla.

¿A mi fiesta?¿De qué iba este? Era un chico raro, ya lo había notado. Y no solamente por

su aspecto físico…

¿Por qué no?se encogió de hombros.

Porque no se hace…—dije muy despacio, a ver si resultaba que le costaba entender.Por si no te diste cuenta ya, no me caso. No hay despedida.

Yo hubiera festejado de todas maneras.se encogió de hombros.Una fiesta es una

fiesta.

Bueno, yo no estoy como para festejos.dije poniéndome de pie y sacudiendo la tierra de

mi precioso vestido veraniego. Esperaba no haberlo manchado… me encantaba su color celeste.

Estaba por seguir mi camino, pero justo al terminar de bajar la escalinata, el piso giró inesperadamente, y tuve que volver a sentarme del mareo que tenía.

Ah… el champagne.

—Y… ahí donde vas a buscar la torta ¿sirven café?—preguntó el chico agachándose para mirarme de cerca.

Asentí abochornada, si es que todavía me entraba más humillación en el cuerpo.

Va a ser mejor que te acompañe.dijo tendiéndome una mano, y ayudándome a ponerme

de pie.

No, no.negué con la cabeza, respirando profundo.Espero que se me pase, y voy a pie. Vos estabas ocupado y…

No te voy a dejar sola así.me miró contrariado, y después a la tienda.Y para serte sincero, me estarías haciendo un favor. Necesito irme un rato.

Me reí por lo bajo y, como ya me daba lo mismo todo, acepté.

Su compañía se me hacía agradable, y después de tantos días sin hablar con nadie, era bueno poder desahogarse.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Capítulo 2

Todo el trayecto hasta la pastelería, lo hicimos conversando.

Así me enteré que se llamaba Joaquín y era desarrollador y diseñador web, y que actualmente estaba de vacaciones por la boda de su hermana.

Yo me llamo Paula.dije con una sonrisa.

Señorita Paula.contestó con una media sonrisa, imitando mi voz en la tienda de novias. Su piercing brilló un poco sobre su labio con el reflejo del sol.Cómo olvidarlo.

Ya, ni me lo recuerdes.me encogí de vergüenza y suspiré.Nunca había hecho una cosa así. Siempre fui más bien contenida, tímida, tranquila. No sé qué me pasó.

A veces hace bien descargarse. No es para tanto.le quitó importancia.Además, con lo que te pasó, se entiende que estés así.

De todas maneras, no soy una persona que pierde el control.le conté.Siempre me mido, y soy prudente. Mucho más en público.

Señalé la puerta de la tienda de pasteles y entré con él por detrás, mirándolo todo con curiosidad.

Me acerqué al mostrador y me apuré a dar mi nombre.

Silvina, mi ex mejor amiga, había sido quien la había encargado, y habíamos quedado en que yo la recogía antes de ir a la fiesta. Y claro, con las pocas ganas que había tenido de lidiar con estas cosas estos cuatro meses, casi se me había olvidado por completo y nunca llegué a cancelar su pedido. Igual no tenía que pagarlo… por suerte la zorra lo había hecho. Una pequeña victoria, entre tanto bochorno.

Aquí tiene.dijo la dependienta con una sonrisa, mientras me entregaba una caja con un gran moño por encima.Felicidades.

Ehm, gracias.dije sin saber qué otra cosa contestar y abrí la tapa.¿Qué es esto?chillé.¡Silvina! La voy a matar.

Asustado, Joaquín se acercó para mirar sobre mi hombro.

¡Wow!dijo antes de reírse.Qué pedazo de …torta.

Es lo que más se vende para las despedidas de solteras.nos contó la señora que nos atendía, mientras yo miraba impresionada, tapándome la boca.

Si hasta después de todo, todavía seguía burlándose de mí la muy zorra. Sabía que a mí este tipo de cosas me parecían desagradables, de mal gusto. Me conocía lo suficiente como para saber que me horrorizaría como lo estaba haciendo justo ahora.

¿Qué era lo que me había encargado?

Una enorme, y muy realista debo agregar, torta con forma de pene.

—Es… es…—quise decir, pero las palabras se me quedaban en la boca sin poder salir.

Es perfecta.completó Joaquín cerrando la tapa, y tomándome de los hombros mientras me llevaba despacio fuera de la tienda. Sus manos estaban tibias, y todo él olía a un perfume fresco, que a mezclado con los dulces del lugar, quedaba delicioso.Gracias. Hasta luego.

Se la venía venir, seguramente. Después del ataque que había tenido un rato antes, tal vez tenía miedo de que me pusiera a llorar a las pobres reposteras por el pastel pornográfico, y no querría pasar vergüenza por mi culpa.

Pe-pero…—balbuceé cuando estuvimos afuera.No puedo llevarme esta torta, es espantosa. Vulgar…

¿Qué importa?se rio.No hay fiesta, nadie la tiene que ver. No es para tanto, vamos.

¿A dónde?lo miré sin entender, porque ahora cargaba con la caja y caminaba decidido.

A tu casa.dijo como si nada.Íbamos a tomarnos un café, y ahora tenemos torta.

Lo miré seria, pero no se reía. Lo decía de verdad, quería ir a mi casa. Lo pensé, como por tres segundos más, pero el alcohol que todavía nublaba mi mente lo hacía todo más lento, y me vi asintiendo.

Si. Volví a aceptar.

Fuimos caminando, porque no me apetecía conducir, y porque el aire me estaba haciendo bien para despejarme. Ya pasaría por mi auto después.

Cada tanto lo miraba por el rabillo del ojo, pero a él la situación, al parecer, no se le hacía rara para nada.

Yo estaba loca. Había perdido completamente la cordura.

Y él… era un completo desconocido, y ahora estaba en mi departamento, buscando en la cocina un cuchillo para cortar el pastel-pene. Arrastrando sus pies tan relajado…

Entonces, Silvina era tu mejor amiga.comentó con la boca llena, una vez que nos sentamos a comer en la mesa. Sus ojos verdes me miraban con atención.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Desde la secundaria.asentí.Siempre me había dicho que Tomás, mi ex, le caía mal. Es que son muy distintos. Ella es, alocada, le gusta salir de fiesta, nunca estudió… Y Tomás, es exactamente lo contrario.me reí sin ganas.Es más, creo que él tampoco me hablaba muy bien de ella si lo pienso.

¿Y qué hicieron cuando te enteraste?preguntó.

Primero se vistieron.comenté y él subió las cejas sorprendido. Eran bonitas y expresivas. Gruesas, con personalidad, igual que su dueño.

¿Te los encontraste…?—asentí despacio.Qué mierda.

Mmm, si.estuve de acuerdo, mientras saboreaba el pastel, que más allá de su aspecto, estaba buenísimo.Y después ella se puso a llorar, a decirme que lo sentía, y yo qué sé cuántas mentiras. Y Tomás, frío como siempre, me dijo que no dramatizara, que eran cosas que pasaban, y que podíamos salir adelante, como los adultos que éramos. Muy racional, muy correcto.

Un imbécil.opinó levantándose para llevar su plato y taza a la cocina.

Un imbécil con todas las letras.dije mirándolo pasearse con soltura por todo el lugar.Me lo contaron todo. Toda su historia, y cómo había empezado. Me juraron que ya no volverían a verse. Y yo…

Me frené en seco, mirando un punto fijo en la pared.

¿Y vos?dijo volviendo a la sala.

Y yo les dije que me iba.me encogí de hombros.Ni una sola lágrima, ni nada. Le dije a Tomás que ya no quería casarme, y me fui como había llegado. Días después, mi mamá fue a buscar mis cosas del departamento y me las trajo.

¿No les gritaste? ¿No rompiste nada?negué con la cabeza.¿Ni siquiera golpeaste la puerta al salir?volví a negar.

No, es que yo no soy así.le expliqué— .Lo de la tienda de novias fue… no sé lo que fue, pero no me había pasado nunca.

Asintió y en vez de sentarse como pensé que haría, se puso a deambular por la sala, mirándolo todo con curiosidad, hasta que llegó al equipo de música.

A ver qué estabas escuchando.dijo antes de poner play y que los acordes de una guitarra llenaran el ambiente. “Si tú no estás” de Rosana comenzó a sonar y me miró levantando una ceja.

¿Qué?pregunté a la defensiva.Es una linda canción.

Si querés volarte la cabeza de un corchazo, puede ser.se rio y sacó la memoria de su celular del bolsillo, toqueteando todo los botones.Mucho mejor.

“Is this love” de Bob Marley & The Wailers, y ahora fue mi turno de reír. No puedo decir que me sorprendiera demasiado su elección.

No tenés arbolito de navidad.miró a su alrededor, quitándose el gorrito de lana y despeinando los mechones rebeldes que se rizaban bajo él.¿No armaste uno?

Era guapo.me dije. No era mi tipo, pero era guapo.

Ehm, si. Armé uno, pero en mi otro departamento. En el que iba a compartir con Tomás.comenté.Y no volví a armarlo, porque no tenía ganas. Ya quiero que las fiestas pasen de una vez…

—Y qué… ¿Nunca más vas a volver a festejar navidad?—negó con la cabeza y siguió mirando las fotos que tenía sobre uno de los estantes.Mi hermana hace una semana que llegó a mi casa, y me la llenó de adornos. Yo no tenía tiempo de ponerme a armar el pinito, pero tengo que admitir que queda lindo y todo.

¿Fanny, la que se casa?pregunté curiosa.

Si, es mi hermana menor.asintió.Mi mamá está feliz de que al menos uno de sus hijos quiera casarse.se rio.Pobre mi vieja siempre se la hicimos pasar mal.comentó.Fanny quedó embarazada a los dieciocho, madre soltera… dejó de estudiar para ponerse a trabajar, y se fue de casa a los diecinueve con mi sobrina Clarita.

¿Y vos?lo miré con interés.

Y yo, no seguí medicina como mi viejo, y nunca llevé una chica a casa.hizo un gesto de fingida pena.

Oh, nada de chicas… interesante. Ahora que lo pensaba, tal vez hubiera mirado la torta con una sonrisa traviesa…

¿Y chicos?pregunté queriendo parecer desinteresada y casual.

Chicos tampoco.contestó sin dar más detalles— .Qué calor que hace…

—Se me rompió el aire acondicionado, y el nuevo está…

En el departamento en el que ibas a vivir con Tomás.adivinó y me reí.

Podemos ir a la terraza.le ofrecí. No sabía porqué, pero aun no quería que se fuera. Me gustaba charlar con él, me daba… paz.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Vamos.pidió, y justo cuando estaba saliendo vio algo que le llamaba la atención.¿Tocas?señaló mi guitarra, que estaba entre las cajas de mudanza, tirada en un rincón.

Un poco, pero bastante mal.respondí.¿Vos?

Igual.sonrió y la recogió antes de seguirme por las escaleras que subían al piso superior y terraza del edificio.

La tarde había terminado de caer, y en el cielo empezaban a aparecer algunas estrellas. La temperatura había bajado, y el viento en la cara, se sentía genial. Suspiré con fuerza, llenándome los pulmones con aire fresco.

La terraza, era un espacio pequeño de baldosas coloradas, que apenas si tenía unas macetas que algunos vecinos habían puesto para adornar, y una baranda que nos separaba del vacío, y que tenía una vista preciosa de una de las avenidas más transitadas de la ciudad.

A esa hora, cualquier día del año, la calle estaría llena de gente, movimiento, autos, motocicletas… pero ahora no había mucho.

Las fiestas tenían eso. Tranquilidad. Algo que siempre me había gustado, y que ahora, sin embargo, me agobiaba. Contaba las horas para volver a la normalidad.

Joaquín se sentó con las piernas hacia afuera, cruzando las barras de la baranda y le dio una palmadita al suelo para que lo acompañara.

Se había arremangado las mangas de la remera hasta dejar al descubierto sus hombros, y de paso, unos veinte tatuajes más que todavía no le había visto. ¿Tendría muchos más?

En realidad, parecían todos parte de un solo dibujo. Uno grande que lo cubría todo. Hasta parte de su cuello… haciendo contraste con esos mechones castaños claros que se ondulaban sin control.

Desvié la mirada algo avergonzada de la manera en que lo estaba analizando, y miré a la calle.

¿Hacía mucho que estabas con Tomás?preguntó mientras encendía otro cigarrillo.

Siete años de novios, pero nos conocemos desde la escuela.contesté sintiendo que el pecho se me volvía a cerrar, y no por el humo precisamente.Era mi mejor amigo, además de mi pareja.

Intenso.dijo asintiendo y dando una larga calada.El primer amor nos deja a todos un poco tocados, supongo que hay que hacer todo lo posible por quedarse con lo bueno…

Lo buenopensé en voz alta.Lo bueno es que no me casé con Tomás. Que pude enterarme de todo antes de tiempo, para que no siguieran viéndome la cara de tonta.dije molesta, acomodándome el ruedo del vestido, que se volaba un poco con el viento.

Joaquín sonrió apenas, con la mirada perdida en el horizonte y se acomodó la guitarra en el

regazo.

Eso lo decís ahora porque estás enojada, y es normal.comentó apenas rozando las cuerdas.Pero cuando eso pase, vas a tener los recuerdos. Son muchos años, y son dos personas importantes en tu vida, no pueden pasar indiferentes, y hacer como si no tenerlas de un día para el otro, te diera lo mismo. No sos un robot.

—Yo… yo no digo que no me afecte—.sacudí la cabeza porque los ojos me escocían. Sin saberlo, me había dado justo en donde más ardía. Mis dos mejores amigos.Pero tampoco puedo quedarme llorando, y revolcándome en la tristeza mientras ellos…

—Que ellos hagan como puedan… lo digo por vos—.me miró a los ojos y el corazón me dolió un poquito.Necesitas curar, sufrir, reír, llorar. Sentir un poquito, desahogarte. Tener mil ataques como el de la tienda hasta que te lo saques de adentro.

Me reí entre dientes.

¿Mil ataques?

Bueno, no mil.dijo uniéndose a mi risa.Uno más, por lo menos.

Debes pensar que estoy loca.dije cerrando los ojos y pegando la frente a las barras frías de la baranda.Ya estoy grande para no saber gestionar mis emociones. Me siento estúpida, y rara, de estar contándole todo esto a un desconocido.confesé con sinceridad, con el mentón tembloroso.

Eso es lo de menos.dijo en voz baja, pasándome la mano por los hombros, y apretando uno con cariño. Con consuelo y yo suspiré porque tenía razón. Me hacía falta sentir.¿Sabes cantar?preguntó de repente, cambiando de tema.

Ehm, no.sonreí secándome una lágrima del ojo antes de que cayera.

Yo tampoco, pero es algo que siempre hago cuando todo empieza a superarme.rasgó otra vez las cuerdas, pero esta vez con un poco más de intención.

Segundos después, se formó una melodía lenta. Una que aunque un poco melancólica, me arrancó una sonrisa. Esa letra… ¿Cómo podía haber elegido la canción perfecta? La que necesitaba escuchar en ese momento… si no nos conocíamos de nada.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

We all have a weakness But some of ours are easier to identify. Look me in the eye And ask for forgiveness; We’ll make a pact to never speak that word again Yes you are my friend. We all have something that digs at us, At least we dig each other

“Dig” de Incubus… Me encantaba esa canción, pero más aun en este contexto.

Joaquín me había mentido. Si que sabía tocar la guitarra, y esa voz… Era grave, algo ronca, pero perfectamente entonada, y en sus ojos, que a veces se cerraban al final de una oración, lo hacían…

Lo hacían hermoso.

If I turn into another Dig me up from under what is covering The better part of me Sing this song Remind me that we’ll always have each other When everything else is gone.

Mis ojos iban desde sus manos, que se movían seguras entre las cuerdas, con algunos pequeños tatuajes aquí y allá entre los dedos, hasta su rostro. Lleno de sentimiento, entonando cada palabra con aquello que de a poco iba tocando cada fibra de mi ser. Cada pequeño y olvidado rincón de mi corazón.

Era como ponerme de cara a todo lo que había querido ignorar porque dolía, y enfrentármelo de manera inesperada pero a la vez dulce.

Joaquín tenía algo… y ese algo era lo que me hacía quedarme a su lado.

No sabía nada de él, pero su presencia era como un bálsamo. Era justo lo precisaba en ese día tan raro.

We all have someone that digs at us, At least we dig each other So when sickness turns my ego up I know you´ll act as a clever medicine. If I turn into another Dig me up from under what is covering The better part of me. Sing this song Remind me that we´ll always have each other When everything else is gone. Oh each other When everything Else is gone.

La canción llegaba a su fin, y yo aún estaba hipnotizada mirándolo. En un estado de trance en el que me descubrió, cuando él salió del suyo propio y levantó la mirada.

Sonrió con ganas, haciendo que sus labios se curvaran de manera graciosa, y su piercing diera un pequeño, casi imperceptible destello. Atractivo, si. Era muy atractivo…

Se rascó la barba crecida y encogiéndose de hombros con modestia, miró de nuevo hacia la

calle.

—Eso fue… muy lindo—.dije sin aliento, y puede que no me estuviera refiriendo solo a su interpretación de la canción de Incubus.

Asintió con agradecimiento y me ofreció del cigarrillo, que hacía rato estaba olvidado entre sus dedos, mientras tocaba.

No, gracias. Ya no fumo.respondí.Antes fumaba, cuando era más chica, y tomaba cuando salía con mis amigos. Antes salía

¿Y qué pasó?levantó una ceja.

Creo que ya te conté lo que me pasó.me reí.

Me contaste de hace cuatro meses hasta ahora. Yo te pregunto qué te pasó en general.explicó.Para que cambies tanto, desde que eras más chica.

Lo miré pensativa sin terminar de entender bien su pregunta.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Supongo que crecí. Maduré.contesté.Todo el mundo lo hace, llegada a una edad. Se toma las cosas más en serio…

No todo el mundo.dijo con una sonrisa canalla arqueando las cejas, y tuve que reírme.

No. Definitivamente él no daba el aspecto de alguien que se tomara nada en serio.

¿Te dolió eso?pregunté entre risas, señalando las dos bolitas metálicas de su ceja.

Para nada.contestó sacando la lengua y mostrándome que ahí también tenía un piercing, que aún no había visto.Este tampoco.levanté las cejas asombrada y sonreí porque me gustaba como le quedaba. ¿Cómo se sentiría besar con eso puesto ahí? ¿Tenés ganas de hacerte uno?preguntó.

¡¿Yo?! ¡No!contesté negando con la cabeza de manera frenética.No es para mí, no es mi estilo. Mi mamá se moriría, y ¿qué diría la gente?

No es eso lo que te pregunté.dijo acercando su cabeza con complicidad.A vos, ¿te gustaría hacerte uno?

¿Y dónde me lo haría?pregunté mordiendo una sonrisa que no quería dejar salir. ¿Yo? ¿Con piercings? ¡Qué locura!

Me miró con los ojos entornados, analizando mi rostro con concentración, y después resolvió.

En la nariz.asintió.Me gusta tu nariz, un anillito chiquito al borde de la aletilla.tocó donde decía y mi sonrisa no pudo seguir ocultándose. Cuando volvió a ofrecerme el cigarrillo, lo acepté y di una pequeña y tímida primera calada, en años…

Nunca me animaría. Tal vez si fuera en algún lugar que no se viera tanto, no sé.me reí.Pero, ¿qué estoy diciendo?sacudí la cabeza— .Este día está siendo el más raro de toda mi vida…

Y recién empieza.bromeó con una mirada misteriosa.Creo que te vendría bien despeinarte un poco. No es tarde para esa despedida de soltera.

¡Que no me caso!

Bah, eso es solo un detalle.hizo un gesto con la mano, quitándole importancia.¿Qué importa? Festeja igual… Te hace falta.

¿Cómo sabes? No me conoces.dije con escepticismo.

Te vi en la tienda de novias. Y esa, era una chica que necesitaba perder un poco los papeles, y divertirse.

—Pfff…—farfullé poniendo los ojos en blanco.Lo que necesito es que las fiestas pasen de una vez, que todo vuelva a la normalidad, y que yo pueda volver a trabajar, para seguir con mi vida.

Ya va a haber tiempo para eso.me discutió— .Ahora vamos…—dijo antes de ponerse de pie, darme la mano y tirar de mí para que lo siguiera.

¿Vamos? ¿A dónde?pregunté desconcertada.

A salir.contestó sin cambiar su expresión.

¿Por qué?me frené para mirarlo a los ojos.

¿No acabo de decirte?

No.le aclaré.¿Por qué querés que me despeine? ¿Por qué te interesa que pierda los papeles?

Se quedó mirándome por un instante, y luego sonrió.

Porque estoy aburrido, y porque no me gusta pensar demasiado las cosas. Las hago y ya.respondió.Vamos.

Y yo me reí, pero adivinen qué.

Lo seguí.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Capítulo 3

—Mmm…—me miró con atención cuando volvimos a entrar a mi departamento para dejar la guitarra.Me parece que no vas vestida para la ocasión.

¿Qué tiene de malo mi vestidito?pregunté desconcertada. Era uno de mis atuendos preferidos.

—Es muy… de nena buena—.dijo torciendo la cabeza.

Es que lo soy.dije asintiendo.

Y esas perlitas.señaló mis pendientes— .Ese peinado… no. Si querés hacer esto, tenés que hacerlo bien.

Despeinarme.recordé y él asintió— .Estoy loca, pero te voy a seguir la corriente… Está bien. Todo mi guardarropas es más o menos lo mismo. ¿Qué propones?

Vamos.repitió, y esta vez, me tomó de la mano, y salimos caminando por la calle unas cuantas cuadras.

Mis zapatitos, aunque no tenían tacones, tampoco eran el calzado ideal para estar andando tanto, así que cada tanto, le preguntaba si faltaba mucho, y él solo se reía y ponía los ojos en blanco.

Casi media hora después, estábamos en un portal con aspecto antiguo esperando que una tal Olivia nos abriera la puerta. Y cuando lo hizo, me quedé con la boca abierta.

Cabello gris y no porque tuviera canas, si no porque así había elegido teñírselo, y la piel llena de tatuajes de colores. Era monísima.

Joaquín, apenas la vio la cargó en sus brazos de manera juguetona y ella rió como una chiquilla, encantada con ese tonteo que tenían. Si, ella era la versión femenina de él. Juntos, se veían perfectos. En pura armonía.

Podía imaginármelos. Él tocaría la guitarra, mientras ella cantaba, los dos mirándose encantados con el otro, haciendo juego. Como esas parejas que se ven en Pinterest o en Instagram. Esas que uno imagina que solo son modelos posando…

Atontada como me había quedado, la saludé con una sonrisa y la seguimos a su casa. Un cuarto de pensión que compartía con otras dos chicas que habían viajado al interior para estar con sus familias durante la navidad.

Oli, estamos necesitando un cambio de look para Paula.dijo Joaquín muy serio sacando unas botellitas de cerveza de un minibar vintage color rojo.Vamos a salir a divertirnos, y va muy…

Sobria.opinó Olivia asintiendo. Claro, era de esperarse que alguien como ella, que era puro color, me viera así. Todo hasta su casa tenía un estilo pin up tan original que uno no podía dejar de mirarla. Top corto a lunares, escote corazón, short de jean super corto y unos tacones altísimos con los que caminaba hábilmente.

¿Tendrás algo más cómodo?preguntó él, tendiéndome una de las bebidas, y yo, que a estas alturas debía haber perdido hasta el último rastro de cordura, la acepté para empezar a beberla sin ceremonias. ¡Y sin vaso ni copa! Si me preguntan, era la primera vez que lo hacía.

Tengo un poco de ropa de Penélope.comentó como si nada, haciendo un globito con su chicle rosado.Debe ser su talle.

Joaquín asintió y Olivia me tomó del brazo, arrastrándome a una de las recámaras. No le hizo falta hacer preguntas, ni nada. Iba a ayudar a una completa desconocida y a tratarla con total confianza como si fuera su amiga de la vida. Era un comportamiento que se me hacía extraño, y no terminaba de entenderlo, pero me gustaba. Olivia me había caído genial.

O por lo menos hasta hacía cinco minutos

Ni loca.dije mirándome al espejo cuando terminó de jugar a los vestiditos como si fuera su propia muñeca Barbie.

Estás preciosa.dijo haciéndome dar una vueltita.Si yo tuviera tu culo, nunca me lo taparía.sonrió guiñándome un ojo.¡Joaco!llamó con un grito.¿No está impresionante?preguntó apenas el aludido entró con su botellita en la mano.

Pude notar que sus ojos se abrían más de la cuenta y una pequeña, pero muy sexi sonrisa se le ponía en los labios a medida que me recorría con la mirada. Y a mí, a la vez, me recorrió un calor por todo el cuerpo.

Impresionante.repitió él, asintiendo hacia Olivia como felicitándola.

Después de probarme un par de atuendos, finalmente se había decidido por un short de tela de jean tiro alto, y una remera negra de banda, cuyas mangas habían sido recortadas al parecer a

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

mordiscos, dejando huecos como los que hacen las polillas, y mi corpiño celeste de encaje a la vista por los lados.

En los pies llevaba unas zapatillas converse de toda la vida como las que me ponía cuando iba a la escuela, y lo que menos me gustaba de todo, unas medias que me daban más arriba de las rodillas

de color negras a juego con la remera.

Me había soltado el cabello, y lo había encrespado apenas, para que pareciera que acababa de pelearme con un peine, y en los ojos me había puesto tanto maquillaje negro, que si se corría, me vería como Marilyn Manson.

Comenzó a sonar “Blue Velvet” de Bobby Vinton, un clásico viejísimo, y Olivia corrió a atender, porque cómo no, era el ringtone de su celular. No podía ser un tono normal como el que tenía yo, que solo era un sonido de teléfono. Aburrido. Soso.pensé un poco contrariada. Joaquín tenía razón, necesitaba despeinarme un poco…

—No siempre es tan rara…—susurró acercándose para mirarme mejor.¿Lista para salir?

¿Así vestida?—dudé. ¿Qué más daba? Asentí con timidez… que intenté ocultar tras

beberme lo que me quedaba de la cerveza de un solo trago. Ahí iba. Coraje líquido, más vale que no

me

pusiera enferma, que no era la intención.

¿Podemos salir con ustedes?preguntó Olivia, volviendo a donde estábamos.Thiago,

mi

novio.explicó mirándome y señalando el teléfono en su mano.

Sorprendida, porque pensaba que ella y Joaquín tenían algo, no supe qué contestar, y tuvo que

ser

él quien le dijera que si. Que se apurara en venir y que usaríamos su auto ya que estábamos.

A los diez minutos, un chico con cazadora de cuero, lleno de piercings y tatuajes como su

novia y amigo, nos recogía en un deportivo vintage descapotable y una sonrisa amistosa, que dejaba entrever las ganas de divertirse que tenía.

Todos eran simpáticos, y aunque no me lo habría imaginado nunca, por lo diferentes que eran a toda la gente que conocía, me sentía a gusto con ellos.

En el estéreo sonaba “Ulysses” de Franz Ferdinand y la conversación era agradable. No paraban de hacer bromas y de reír, haciéndome reír a carcajadas. Ni siquiera recordaba la última vez que había reído así.

Si había pensado que Joaquín y Olivia se veían bien juntos, era porque aun no había visto a

Thiago y a Olivia. Eran adorables. Y no solo porque eran atractivos los dos, si no porque se miraban

con tanta ternura, que daba celos estar cerca de ellos. ¿Alguna vez habríamos sido así con Tomás? Quise reírme.

La respuesta era fácil: NO.

Joaquín, que iba sentado a mi lado, se inclinó para hablarme, distrayéndome de tanto pensamiento negativo.

¿Cómo va tu despedida hasta ahora?preguntó en tono cómplice.¿Mejor que quedarte en casa escuchando Rosana?y lo dijo arrugando el gesto.

¡Ey!me quejé— .Esa canción es linda… y si—.tuve que aceptar.La estoy pasando mucho mejor acá con ustedes. Gracias.

—Ah…—dijo con una sonrisa socarrona.No me lo agradezcas ahora, agradecemelo después.bajó un poco más la voz, y pude sentir su aliento rozando mi cuello.Las noches con estos dos empiezan siempre así, pero nunca se sabe cómo terminan.señaló a sus amigos.

Me dejas tranquila.contesté abriendo mucho los ojos y él echó la cabeza hacia atrás para

reírse.

El tatuaje que tenía dibujado a un costado de su cuello, quedaba más a la vista entre sus venas en tensión, y como aunque a veces lo parezca, no estoy hecha de madera, me sentí atraída.

Si, ya lo había dicho. Era guapo, y daban ganas de rozar toda esa zona con la nariz, para ver si el perfume tan delicioso que tenía se intensificaba más ahí… y cómo sería sentir su tacto…

Mmm… debía ser la cerveza…

Unos minutos después, paramos frente a un edificio donde Joaquín se bajó rápido, para volver enseguida cargando una mochila y cuatro botellas de cerveza más. No quiso decirme que traía, pero si me dijo que era una sorpresa.

Y todo eso, con un irresistible guiño de ojo, con el que solo pude seguir sonriendo. Eso, y seguir brindando por mi despedida de soltera, por mi maldito vestido, por la torta en forma de pene, por mis medias bucaneras… por la noche buena, Papá Noel, y por todos sus renos.

Resultado: iba más alegre que perro con dos colas.

Seguimos camino hasta un predio con grandes cadenas en la puerta que parecía cerrado por las fechas, y estacionamos en una callecita paralela para bajarnos haciendo mucho ruido. La parte de atrás, tenía un enrejado bajo que daba al jardín verde e inmenso de un club deportivo.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

¿Dónde estamos?se me ocurrió preguntar.

Trabajo en el bar de este polideportivo.comentó Thiago.De noche es mucho mejor que de día cuando está lleno de gente—.se rio y tomó a Olivia de la cintura para …para treparla a la reja. ¿Qué?

¿Nos vamos a colar?chillé alarmada.

No pasa nada, los guardias se fueron a cenar, y no vienen hasta la una.dijo Joaquín lo más tranquilo.Lo hemos hecho miles de veces. Está todo bien.

Nos van a descubrir y vamos a terminar todos presos.negué con la cabeza de manera mecánica.¿No podemos ir por ahí a comer, y después no sé, pasear como personas normales?

¡Bu! Aburridooogritó Olivia, sentándose sobre la reja, antes de dar un saltito y aterrizar grácilmente en el césped del otro lado.

Vamos, señorita Paula.susurró seductor Joaquín cerca de mi oído.Ya estamos acá.lo miré con algo de miedo, y luego a la cancha de fútbol que teníamos detrás, totalmente oscura.Te prometo que no nos va a pasar nada.

—Yo… yo no sé—.dije paralizada, pero él no pareció escucharme. O le bastaba con mi pequeño momento de duda.

Sorprendiéndome me tomó por la cintura, y me elevó sin esfuerzo sobre el enrejado, para dejarme cerca del borde, al que me aferré desesperada y me trepé como si se me fuera la vida en ello. Agh, qué mierda, total ya estaba loca.pensé cerrando los ojos, y saltando del otro lado.

¡Eso, Pau!me festejó Olivia con un abrazo cariñoso y yo sonreí avergonzada. De más está decir que no estaba muy acostumbrada a las demostraciones de afecto. Y menos con gente que conocía desde hacía cinco minutos.

Los chicos nos siguieron entre risas, y nos condujeron hacia la zona más alejada, que parecía un quincho con escenario en el que se celebrarían picnics, y fiestas.

Las mesas estaban bajo el único farolito que permanecía encendido, y el sonido de las chicharras y grillos era todo lo que se escuchaba por ahí.

Sacamos las botellas de cerveza, y las abrimos riéndonos que la espuma se desbordaba y se nos volcaba casi todo el contenido antes de que pudiéramos tomarlo.

Thiago desapareció unos momento en la oscuridad, en dirección al edificio más grande que tenía un cartel en donde se podían adivinar las letras que ponían “bar”, y cuando regresó, cargaba algunos sándwiches y paquetes de papas fritas y otros snacks parecidos, a los que nos abalanzamos.

Sonreí entusiasmada porque como a Tomás no le gustaban esas cosas, nunca comprábamos cuando salíamos… y yo estos meses me la había pasado comiendo sano para entrar en el vestido.

Bueno, que el vestido y Tomás se fueran a la mierda.pensé llevándome a la boca un puñado de doritos anaranjados que me hicieron poner los ojos blancos de placer. Si hasta tuve que reprimirme las ganas de chuparme los dedos.

O esto estaba buenísimo, o estábamos muertos de hambre… pero por unos cuantos segundos, ninguno habló y nos dispusimos a llenarnos la boca de comida.

Joaquín me miró divertido, limpiándome unas migajas de la mejilla la misma suavidad que le había visto al tocar mi guitarra.

¿Tenés todavía toda la casa invadida?le preguntó Olivia, con la cabeza apoyada en el hombro de su novio, que le daba besitos cada tanto. A eso me refería con que eran tiernos. Nunca había visto una pareja que se quisiera tanto en público. En mi círculo de amistades, esto era algo que no se veía.

Mmm, si.asintió Joaquín cuando tragó la cerveza que tenía en la boca.Y Fanny está atacada de los nervios. Todavía falta un mes para el casamiento, no sé cómo la voy a aguantar.

No te hagas el duro, que te pasas todo el año extrañándolas.se rió su amigo.A que si ahora agarro tu celular, de fondo la tenés a tu sobrina Clarita.Joaquín sonrió sin decir nada, y el otro lo siguió provocando.Si tengo razón, te tirás vestido a la piscina de allá.

¡Yo no dije nada! Esa apuesta no vale.se quejó, pero escondió su móvil detrás de su espalda. Tarde, porque Olivia ya se había cruzado con el cuerpo sobre la mesa, arrebatándoselo de un tirón.¡Ey!

—Awww…—dijo enternecida después de desbloquear la pantalla y mostrarnos lo que había

en ella.

Una pequeña que tendría unos cinco años, con los ojos verdes más bonitos que había visto. Sus rizos pequeñitos y rubios la hacían parecer uno de esos angelitos de los cuadros que en los noventa se usaban tanto para decorar. Era preciosa, y se parecía muchísimo a su mamá, la chica que había visto en la tienda, y si… también un poco a su tío.

Si yo me tiro, se tiran todos.dijo levantando las manos y aceptando su derrota.

Yo no me voy a tirar.me apuré en decir y los tres se rieron. Por supuesto que se esperaban que dijera eso.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Así que después de mirarse entre ellos como comunicándose con las mentes algo, se pusieron de pie y yo, alerta, salí corriendo.

Me persiguieron por toda la cancha de fútbol, por la de tenis, y finalmente alrededor de la piscina en donde yo no me dejaba atrapar, al grito de “¡No! ¡Mi pelo, no me quiero mojar!”

Me resistí, todo lo que pude y todo lo que las cervezas que tenía encima me permitieron.

Luché, pataleé, chillé, pero nada de eso importó.

¿Y qué puede haber pasado?

Que me agarraron entre Joaquín y Thiago, y con una cuenta regresiva los tres, nos zambullimos en la parte honda en un estruendo, muertos de risa.

Olivia nos siguió poco después, tirándose bomba y nadando hacia donde estábamos, todavía tosiendo agua a las carcajadas.

Thiago la agarró por la cintura y ella en respuesta, enroscó los brazos en el cuello de él para darle un beso. Un beso lento, casi de película, que aunque no quedaba bien quedarse mirando, no había podido evitarlo.

Todos vestidos, y completamente mojados, nadábamos hasta una de las orillas salpicándonos, riéndonos de cómo nos pesaban las prendas y lo complicado que era nadar con zapatillas puestas.

De repente, algo llamó mi atención. Nos conté. Uno, dos, tres. Qué raro. Miré a mi alrededor, y no había ni rastros de Joaquín. ¿En qué momento había salido?

Estaba pensando eso, cuando un tirón en el tobillo, me obligó a hundirme antes de dar una gran bocanada de aire. Y entonces lo ví. Ojos abiertos bajo el agua, y una sonrisa enorme, me sacó la lengua y subió a la superficie dejándome manoteando desesperada por subir también.

¡Ey!le chillé cuando pude sacar la cabeza.

Obviamente se estaba partiendo de la risa y ni mis regaños ni mis empujones, ni el litro y medio de agua que le hice tragar en venganza, hicieron nada para que dejara de hacerlo.

¿Qué creías, que había tiburones?se rio, tirándose el cabello hacia atrás con las dos manos, mientras seguíamos pataleando para hacer pie.

Si, porque los tiburones son idiotas, y se sujetan a los tobillos para ahogarte.ladré con ironía, mientras veía como el reflejo del agua hacía sus ojos de un verde mucho más brillante, y sus labios húmedos se curvaban en una sonrisa.

Pulpos entonces.dijo nadando más cerca hasta quedar frente a mí.Que te atrapan con los tentáculos…—subió y bajó las cejas, haciéndome reír.

—¿Se supone que eso tiene que darme miedo o…?—me burlé.

¿No te da miedo?preguntó desafiante y yo negué con la cabeza.

Solo cuando me tuvo apresada por la cintura, hundiéndonos a los dos, otra vez a lo profundo, enroscándonos, yo por liberarme, y él por envolverme con sus brazos, o supuestos tentáculos, me di cuenta de que el tonteo se nos estaba yendo un poquito de las manos.

Y cuando salimos a la superficie jadeando por respirar, acomodándonos la ropa después de tanto forcejeo, y si, yo aun en su abrazo, me sentí… cómo les explico cómo me sentí.

Tendrían que haberlo visto.

Remera pegada por el agua, y todo el calor de su cuerpo pegándose al mío. Gotitas cayendo por los cabellos de su nuca, otras en sus pestañas, y otras tantas, atrapadas en sus labios… Mirándome como me estaba mirando. Uff.

Me sentí, violenta.

El calor del ambiente ya de por si era sofocante, pero ahora, me sentía arder.

Vamos a salir para tomarnos las cervezas que quedan. ¿vienen?preguntó Thiago, interrumpiéndonos y los dos asentimos nadando despacio hasta el borde para salir rápidamente.

Otra locura más para sumarla a la lista que cosas disparatadas que me habían pasado ese día. Bueno, ya técnicamente el día de ayer y el de hoy, porque pasaban de las doce de la noche.

Sacudí la cabeza para aclarármela.

Todavía con la ropa chorreando, dejamos un charco en la zona de las mesas, y volvimos a repartirnos bebidas. Se ve que entre las cosas que Joaquín tenía en esa mochila, también había alcohol. Vodka, Tequila y algo que no sabía qué era, pero olía fatal.

Copa va, copa viene, alguien sacó una guitarra, y Joaquín empezó a tocar mientras todos charlábamos esperando que se nos secara la ropa.

Otra melodía conocida…

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Y la preciosa voz de Olivia, suave, dulce y aunque un poquito estridente, perfecta para lo que

cantaba. “Amor, amor de mis amores” de Natalia Lafourcade y Devendra Banhart… con Joaquín

como la voz masculina que la acompañaba.

Para el estribillo, ya estábamos todos muertos de risa haciendo coros. Y al final, todos cantábamos con los ojitos cerrados. Así de potentes habían estado los tragos…

“Amor, de mis amores, tú eres mi cielo…”

Estábamos concentradísimos en la canción, y si, también algo afectados por la bebida, que no vimos que las luces del club comenzaban a encenderse.

¿Quién anda ahí?se escuchó decir desde la entrada, de donde venían luces parecidas a las de un par de linternas.

Mierda.dijo Thiago, guardando las botellas como podía en las mochilas y bolsos que habían traído.Ya llegaron los de seguridad.

Todos nos pusimos de pie asustados, mirándonos entre nosotros con cara de puro terror, y como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, echamos a correr hacia el enrejado por el que habíamos entrado.

Salir, se nos dio mucho más fácil, y no me pregunten cómo, porque no recuerdo, pero cuando quisimos darnos cuenta, ya llevábamos corriendo las dos cuadras que nos separaban del auto de Thiago, a las risotadas.

Llegamos con la lengua afuera, jadeando para recobrar el aliento, pero con la adrenalina tan a flor de piel, que no podíamos dejar de reír histéricamente. Había estado cerca, si señor.

Y no sé tampoco si habría sido esa misma adrenalina, o la borrachera que tenía, pero el

siguiente destino de la noche, fue una propuesta mía.

Una brillante idea. Sin dudas.

Esa de ahí. Primer piso.comenté señalando hacia arriba.El balcón que tiene los farolitos. Yo los puse.expliqué.

¿Y ahora vive tu ex y tu amiga?preguntó Olivia con los ojos entrecerrados para ver

mejor.

No sé si ya viven juntos, pero supongo.me encogí de hombros.Igual ahora no hay nadie, porque Tomás esta noche tenía una cena en la otra punta de la ciudad.

Asintieron y miraron otra vez hacia el balcón.

Y bueno, ¿entramos?preguntó Joaquín como si nada.

¿Qué? Estás loco.dije, pero no le estaba contando nada nuevo.Ya no es mi casa, no puedo entrar así como así.

Vos estás pagando el alquiler, ¿no?me pinchó.Vos sos la que compró los sillones. ¿No te da curiosidad ver qué hizo con el lugar?

Mis sillones blancos.dije con la mandíbula tensa.

Eso, tus sillones blancos.sonrió con maldad mientras asentía.

No traje las llaves.recordé cerrando los ojos.

Vamos.dijo él bajándose del auto, y tendiéndome la mano para que lo siguiera. Olivia y Thiago nos siguieron divertidos y se pararon en la acera a ver que estaba tramando su amigo.Subite a mis hombros.dijo colocándose justo por debajo del balcón.

¡¿Qué?!grité.¿Cómo me voy a meter por ahí? Ni loca.

—Shhh…—se rio Olivia tambaleándose.Tus vecinos van a llamar a la policía si hacés ruido. No tenemos que entrar todos, pueden ir ustedes dos, y nosotros esperamos acá y hacemos de campana.propuso tranquila.

Están locos.los señalé.A todos ustedes les faltan un par de tornillos.

—Señorita Paula…—me provocó Joaquín con una caída de ojos. Una que me hizo pensar en todo lo que había sido capaz de hacer por culpa de esos ojos malévolos en las últimas siete horas.

Está bien.dije mordiéndome los labios, aceptando que ya era tarde para echarse atrás, y yo era débil, muy débil.

Sonrió con ganas y se agachó para que pudiera subirme en él. Me sujetó firme y cuando me agaché para ver si estaba bien, solo asintió y volvió a sonreírme para infundirme confianza. Un saltito, y ya estaba en el balcón. Otro saltito, y la ayuda de Thiago que le hacía pie, y Joaquín estaba conmigo, a mi lado, apretándome una mano en señal de apoyo.

Terminamos de abrir el portal de vidrio y nos adentramos casi en puntillas de pie a la sala, que a oscuras, parecía estar tal cual la había dejado unos meses atrás.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

No sé decir qué emoción es la que me invadió, pero era poderosa, y me consumía entera. Cada célula del cuerpo. Millones de recuerdos, millones de proyecto encerrados en esas paredes. Tanto futuro planeado de a dos, y ahora, todo se había derrumbado.

Todos esos abrazos, todos esos besos… todo ese cariño que pensé que nos teníamos.

Tomás emocionado, de rodillas con un anillo en las manos, pidiéndome emocionado que pasara el resto de mi vida a su lado. Mi respuesta, y su abrazo.

Antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba haciendo, sentí las manos de Joaquín, rodeándome la cintura para frenarme, pero o no fue lo suficientemente rápido, o yo si lo fui… y terminé tumbando todos los portarretratos de la repisa que estaban a la derecha, peleándome con los almohadones a los tirones para reventarlos y ver como su relleno llovía a mi alrededor, y si. Pisoteando con las zapatillas sucias toda la superficie de los sillones blancos.

Entre gruñidos catárticos, pisaba, saltaba y restregaba el tapizado con las suelas, sintiendo que de a poco la calma iba volviendo a mi cuerpo.

Levanté la mirada y me di de frente con un cuadro en blanco y negro que antes no estaba ahí. ¿Qué? Una foto de Tomás y… Tomás y Silvina.

Ahogando un grito, tomé una fuente de cristal, regalo de mi suegra que habíamos decidido poner en la mesita ratona, y lo arrojé haciendo volar vidrios para todos lados.

El marco estaba roto, pero la foto seguía intacta.

Quise descolgarla, pero no pude llegar a ella.

Ahora sí, las manos de Joaquín se enroscaron a mi cintura, y como lo había hecho en el enrejado, me cargó sin esfuerzo hasta alejarme del estropicio que había dejado tras mi ataque.

—Shhh…—susurró en mi oído, queriendo calmarme.Te vas a lastimar.

Asentí aunque todavía temblaba contra su cuerpo y resoplaba entre dientes. Su calidez, y su respiración pausada, de a poco me calmaron y suspiré. Vaciada completamente de esa bronca que guardaba en mis entrañas.

Exorcizada por el tacto suave de unas manos que deberían haberme resultado extrañas en mi cintura. Sedada por el roce de sus dedos, que dejaban una imperceptible caricia.

Vamos.dijo después de un rato.Hay otra cosa que tenemos que hacer.

Tomó mi mano y salimos al balcón para que sus amigos nos ayudaran a bajar.

Sin decir nada, fue hasta su mochila y volvió a la acera con dos latitas.

Pintura en aerosol.explicó guiñando un ojo.

Estás loco.repetí, pero ahora ya con una sonrisa dibujada en los labios.

¿Le dejamos un mensaje a Tomás?se rio.

No. No eran sus caídas de ojos, sus sonrisas, ni el brillo sexi del piercing en su lengua cuando hablaba. Ni siquiera era él quien me hacía cometer estas locuras. Joaquín solo me estaba dando la excusa perfecta para hacer todo aquello que en realidad quería, y hasta ese día nunca me había atrevido.

Asentí muerta de risa y agitamos las latitas, listos para dejar nuestro grafiti.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Capítulo 4

Después de mi segundo ataque de desahogo, como los llamaba ahora, había tenido que explicarle a Thiago y a Olivia a qué se debía tanta locura.

Sabían lo principal, pero como el camino en auto era largo y agradable, se prestaba para que diera más detalles.

Mi relación con Tomás, mi relación con Silvina, la mía con mis padres… tantos años de callar. De aguantar. De medir y restringir cada una de mis emociones pensando en lo que otros podían decir.

Paremos por ahí.dijo Olivia señalando un costado de la ruta.Y nos vamos a subir a ese puente. Vamos a hacer que pierdas hasta el último tornillo, Paula.se rio.

La miré curiosa, pero la seguí animada.

El puente era una estructura metálica llena de escrituras de personas que habían estado allí antes, y estaban adornadas para las fiestas con algunos farolitos blancos y unas estrellitas bastante feas de color dorado.

Olivia me llevaba de la mano, mientras Joaquín y Thiago iban por detrás compartiendo un cigarrillo.

Lo más normal para descargar el enojo sería ponerse a gritar a todo pulmón, pero no me gusta mucho eso de gritar.rebuscó con sus manos en su espalda, y luego jugueteó con los breteles de… ¿qué hacía esta loca? —Esto es más de mi estilo.dijo y me guiñó un ojo.

Acto seguido, se paró en medio del puente, mirando los autos que venían, y sacándose el corpiño por un costado, se levantó el top rápido, dejando a la vista todo y recibiendo, claro, un par de bocinazos agradecidos.

Thiago, que la estaba mirando, negó con la cabeza con una sonrisa, como si ya estuviera acostumbrado a sus locuras. Y Joaquín silbó animándola, gritándole alguna barbaridad.

Vamos, ahora vos.me dijo la chica llamándome con una seña.

Yo no voy a mostrar las tetas.contesté riéndome.

Ya pasamos por esto.dijo ella lo más tranquila.Nos decís que no, que estamos locos, pero después terminás aceptando.

P-pero…—atiné a decir.

No se nos ve la cara, está oscuro.se encogió de hombros.Y le alegramos la noche a alguien. Un regalito de navidad adelantado.

No sería capaz.confesé.

¿Por qué? ¿Porque te preocupa lo que piensen de vos? Son solo tetas.contestó.Pensá en la sensación de libertad que vas a sentir… además del viento fresquito—.bromeó.

No tiene que hacerlo si no quiere.dijo por primera vez Joaquín, comprensivo.El grafiti en la calle de Tomás, con tantos lindos piropos y ese dibujo obsceno que dejamos, es más que suficiente.

Si, eso lo había hecho para joder a Tomás… pero mi libertad… Mi libertad era algo mío.

No era una rebelión contra mi ex, contra mis amistades, ni contra mis padres.

Mi libertad es mía.me dije decidida.

Asentí, terminando mi diálogo interno, y me desabroché el corpiño rápidamente, arrojándolo hacia un costado. Los agujeros de las mangas eran amplios más atrevidos que cualquier otra cosa que hubiera usado, y si uno se asomaba un poco, podía verme, pero ya no me importaba.

Me paré al lado de Olivia, y cuando ella me sonrió y contó hasta tres, las dos nos levantamos las remeras con una carcajada y las volvimos a bajar después de recibir bocinazos de dos autos y un camión que pasaban por ahí.

Y había tenido razón.

Se había sentido genial.

Thiago aplaudía felicitándome y Joaquín me devolvió la prenda que me había quitado, con una media sonrisa socarrona, mientras jugueteaba con el piercing de su labio.

Sintiéndome todavía llena de adrenalina por lo que acababa de hacer, le devolví la sonrisa con un poquito más de coquetería que hasta entonces, y me guardé la prenda de ropa interior hecha un bollito en un bolsillo del short de jean.

Él levantó una ceja y yo sentí que por segunda vez en la noche, ardía…

El próximo destino, había sido una pizzería a un costado de la carretera. Uno de esos sitios

que eran más comunes en los 80, llenos de videojuegos y otras atracciones por el estilo que hacían muchísimo ruido.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

No sabría decir que hora era, porque ninguno tenía reloj, y el mío, ese tan bonito de oro blanco… simplemente no iba con mi atuendo. Lo que pensándolo bien, había sido una suerte, porque hubiera terminado dándose un chapuzón si me lo dejaba puesto.

De todas formas, podía adivinar que serían cerca de las dos de la mañana… o las tres.

¿Una grande de Mozzarella?preguntó Thiago acercándose al mostrador.

Y dos cervezas de litro.dijo Olivia acompañando a su novio para hacer el pedido.

Pero ¿no comimos hace un rato?pregunté curiosa a Joaquín que se había quedado conmigo en la mesa.

Hace como dos horas.re rio, arqueando las cejas.¿No te estás muriendo de hambre?

La verdad era que si, pero es que rara vez comía algo entre comidas. Y menos aun a estas horas de la madrugada.

Nos va a hacer falta energía para el resto de la noche.dijo en tono misterioso y me reí negando con la cabeza. ¿Hasta que hora pensaba seguir con todo esto?

Estaba claro que no me acostaría hasta que el sol saliera…

Tus amigos son geniales.sonreí, mirando como Olivia jugaba en la máquina del Pac-Man mientras Thiago, le tapaba los ojos para desconcentrarla. Ella reía y tiraba patadas para todos lados para quitárselo de encima.

Si, lo son.asintió y me miró entornando los ojos.Aunque les falte un par, o todos los tornillos…

Me reí.

Me alegro de haberlos conocido. A ellos, y a vos.dije sincera sosteniéndole la mirada y me pareció que sonreía. Su gesto se había dulcificado.

No digas así.dijo contrariado— .Parece que te estuvieras despidiendo ya… y todavía me quedan cosas por mostrarte. Muchas cosas para hacer.agregó sacando el celular de un bolsillo de la mochila— .Hay una fiesta…

¿Una fiesta?pregunté curiosa.

Una fiesta en la playa. ¿Tenés ganas de ir?se acercó un poco más a mí, y me acomodó el bretel de la musculosa que al ser tan ancha, se caía. Un estremecimiento me recorrió la espalda cuando sus dedos quedaron en contacto directo con mi piel y los dejó ahí para seguir mirándome. Sus ojos verdes, ahora lucían oscuros, y se debatían entre encontrarse con los míos, y mirarme la boca.

Quería besarlo, pero ¿qué pensaría él? ¿Se sentía atraído por mí? Más allá de un par de gestos y guiños, no había mucho que me dijera que su comportamiento tuviera algo que ver con eso…

No tenía nada de experiencia, solo había estado con un hombre. Con Tomás había sido clarísimo desde un principio, sobre todo, porque habíamos crecido juntos. Nos conocíamos, pero con Joaquín era distinto. Esta podía ser solo su manera de mirar y ya. Su manera de humedecerse los labios… y contener la respiración cuando yo lo veía hacerlo.

Podía no significar nada especial rozarme con esa suavidad la piel del cuello… podía ser para él, lo más normal del mundo llevarse a una chica de gira nocturna con sus amigos y abrazarla como lo había hecho conmigo en el departamento de mi ex.

Todo en plan amigos.

Pero ¿qué estaba pensando? Ya había cometido suficientes locuras por esta noche. Por esta vida, diría mejor. Esto sería, simplemente llevarlo demasiado lejos.

¿Alguien dijo fiesta en la playa?aplaudió Olivia que volvía a sentarse con nosotros.¿Nosotros también estamos invitados o acabo de meter la pata?dijo al notar que nos quedábamos mirándola sin responder.

Claro, vamos todos.dije con una sonrisa, rogando que no se me notara cómo acababa de sonrojarme.

Joaquín suspiró a mi lado y nos leyó las indicaciones para llegar al lugar en donde se celebraría, que quedaba bastante cerca. Era una fiesta que se difundía por las redes sociales, de entrada libre y gratuita y que duraría, como decía la invitación… varios días.

Aunque ya se habían despejado bastante, era una suerte no tener que ir en auto. Joaquín, Thiago y Olivia parecían aliviados ya que ahora podrían disfrutar sin tener que estar pensando en cual de los dos permanecería sobrio para conducir. Y eso me gustó.

Eran alocados, si. Pero en su justa medida.

Yo aunque quisiera, ya no podía ponerme al volante. No confiaba en mis reflejos, ni en mi cordura. Esa noche no manejaría.

Terminamos de comer la pizza que estaba riquísima, nos tomamos las cervezas apurados y salimos en busca de nuestra próxima aventura.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Todavía en la costanera, ya se podía adivinar el sonido de la música y de cientos de personas que la estaban pasando genial, ahí donde una gran luz anaranjada se alzaba en el horizonte.

Recorrimos llenándonos las zapatillas de arena, un camino flanqueado por farolitos de colores que llevaban a dos barras y un fogón gigantesco que chisporroteaba salvaje en el centro de donde todos parecían estar festejando.

La temática parecía ser la navidad porque estaba todo lleno de estrellitas y decoración verde y

roja.

Chicas con poca ropa que usaban vinchas con cuernitos de reno iluminados, entregaban bolsas llenas de purpurina y copas de… algo que burbujeaba, y también tenía brillo. No estaba segura de que fuera apto para el consumo o solo decorativo, así que lo deje en un rinconcito cuando pude.

Sonaba “Jingle Bell Rock” de Bobby Helms y una máquina echaba al aire una pelusilla blanca que supongo simulaba nieve, y uno casi podía olvidar el calor infernal que hacía para sumergirse en la fantasía.

Era tan bizarro como hermoso, y tuve que sonreír.

Bueno, feliz navidad.dijo Olivia tirándonos el contenido de su bolsita en la cara a los tres que nos quejamos y tosimos para escupir los brillitos que volaban en el aire.

Muy graciosa.masculló Joaquín antes de arrojarle con el trago en el cabello. Y ese fue el detonante para que la batalla comenzara.

Otros que nos habían visto, se inspiraron y arremetieron contra sus amigos, y pronto todo se convirtió en una nube densa de purpurina, arena y tragos brillantes que pegajosos, hacían de la mezcla algo terrible.

Joaquín de un momento a otro, apareció con dos botellitas y unos palitos bajo el brazo y me dijo al oído que nos alejáramos un poco hacia el mar.

Sus amigos, estaban bailando y no se enteraban de nada, así que nos perdimos en la oscuridad, dejando atrás el ruido y la música, para solo escuchar el romper de las olas.

¿Y?preguntó abriendo una botellita y alcanzándola.¿Cómo estás ahora? ¿Mejor?

Asentí animada.

Definitivamente.suspiré y di un pequeño traguito de la cerveza.A pesar de verme horrible.me vi hacía abajo, hecha un pegote de purpurina y manchas de bebida sobre la musculosa y el cabello oliendo a alcohol.

—Es un look… festivo—.dijo con media sonrisa, dándome un repaso también. Y nos reímos. No es qué él estuviera impecable, cabe aclarar. También olía a lo mismo que yo, y su remera oscura con brillitos era insalvable. Iba derecho a la basura.

Pero si me preguntaban, se veía guapísimo.

Me da gracia pensar que a esta misma hora, si no hubiera pasado… bueno, todo lo que pasódije poniendo los ojos en blanco estaría en casa de unos amigos de mis suegros. En una “fiesta de compromiso” y entrega de regalos. Y seguramente…—confesé Estaría mirando el reloj, lista para irme a mi casa.

—¿Pensas que con el tiempo… vas a poder perdonar a Tomás?—preguntó mirando el horizonte.

No.dije convencida.Pero cada vez le voy a guardar menos rencor. A él y a Silvina.

Eso está bien.asintió.Cuando mi hermana quedó embarazada del imbécil de su ex novio, pensé que iba a ser capaz de matarlo. De un día para el otro, no quiso saber nada de ella, y se desentendió.

Idiota.opiné mirándolo, esperando ver alguna pista de lo que sentía. Bronca, algo. Pero no había nada… Estaba tranquilo, como siempre.

Si, estuve enojado con él, era mi amigo.se encogió de hombros.Sentía que tenía que hacerse responsable y todo eso… mi hermana era una nena.

Dieciocho, ¿no?recordé y él asintió.Muy joven. ¿Y qué hiciste?

Me la pasé enojado una buena temporada hasta que entendí que en realidad, había sido una suerte que él no respondiera por mi sobrina.dijo sorprendiéndome.Mi hermana tuvo el apoyo de su familia, y con el tiempo pudo encontrar una persona que la quisiera como se merece. Mi amigo no le convenía ni en ese entonces, ni lo hace ahora.

Si, supongo.dije pensativa.Yo podría verlo así también. Fue al final una suerte no casarme con Tomás.

Y es una cadena, porque si te fueras a casar, yo ahora estaría en casa, con mi hermana y el resto de mi familia, armando centros de mesa de flores y moños.se rio, buscando algo en sus bolsillos.

Es que todavía no entiendo qué haces acá conmigo.le dije estudiándolo con la mirada y solo sonrió, enigmático.

Vamos a pedir deseos de navidad.contestó sin más, sacándose los palitos que tenía bajo el brazo y el encendedor.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Eran estrellitas.

¿Cuánto hacía que no veía de estas? ¿Años? Desde que era una niña, seguro.

¿Deseos de navidad?pregunté escéptica. A estas alturas nada debía sorprenderme, o parecerme raro, pero entiéndanme. Seguía luchando contra mi naturaleza sosa, normal y prudente.

Joaquín encendió las dos y me tendió una con cuidado de no quemarnos.

Los destellos se desprendían de la punta hacia todas las direcciones como una fuente de color dorado y el sonido de la combustión me hacía sonreír. Me conectaba con la Paula de mi infancia…

Lo que querés que se te cumpla. Me vas a decir que no crees en Papá Noel.se burló tomando mi mano, la que tenía la estrellita, para juntarla cerca de la suya y que quemaran juntas.

Le podría pedir a Papá Noel que pagara el resumen de mi tarjeta los próximos seis meses.dije solemne, cerrando los ojos.

Si, yo también podría pedirle eso.se rio, mordiendo su labio superior, jugueteando con la bolita plateada que tenía allí.Pero voy a pedirte algo a vos, y vos me podés pedir algo a mí.

Esto se pone interesante.levanté una ceja y él guiñó un ojo.

Me gustaba por donde estaba yendo esta conversación…

Te voy a pedir que de ahora en más, ya no me digas a nada que no.me reí.

¿A qué te dije que no? Hice todas las locuras que querías.respondí.

Y tiene que seguir así.asintió.Ahora vos.

—Mmm…—pensé.Ya sé. Es un favor. Y no sé si vas a poder, porque es una fecha especial… y seguro quieras pasarla con tu hermana y tu sobrina.

El favor que quieras.dijo muy rápido.

—Mañana, hoy en realidad… a la noche tengo una cena. Una fiesta familiar de navidad—.me miró sin entender— .No quiero ir sola, si tengo que ir sola, no voy. Tenía pensado no ir… va a estar lleno de mis antiguos amigos. Amigos en común con Tomás y Silvina…

Y si no vas, ellos ganan.asentí sintiéndome pequeña. Si, así de simple era.Te voy a acompañar.sonrió.

Hecho.dije y lo miré contenta. Sus ojos, brillaban con la estrellita, pero también con algo más… Otras chispas que empezaban a surgir, y podían sentirse en el ambiente— .Vamos a ir a esa fiesta, si es que puedo sacarme esto.bromeé para desviar la atención, levantando un mechón de mi pelo pegoteado con purpurina y rió.

Claro que va a salir. Lo que te hace falta es un buen baño.y fue cómo lo dijo, que me hizo quedar muy quieta, para luego salir corriendo.

Y otra vez no había servido para nada.

Me tomó por la cintura, y me llevó cargando hasta la orilla, donde de a poco se fue metiendo al agua, mientras yo gritaba y reía.

Nadando en aguas oscuras, con el chico más raro, pero también más guapo que había visto en mucho tiempo.

Con sus brazos fuertes ajustándome a su cuerpo, y su respiración agitada de tanto forcejear, su rostro casi pegado al mío…

Dejé de resistirme.

Me sujeté a sus hombros para no hundirme, y nuestras piernas se entrecruzaron como por inercia. Las olas apenas nos movían, y el ruido de la fiesta nos llegaba tan apagado, que la sensación de estar solos, de verdad solos después de tantas horas, era raro, pero a la vez, emocionante. Mi risa jadeante, mezclada con la de él. Superponiéndose mientras los dos podíamos respirar del aliento del otro por lo cerca que estábamos.

Sus manos, resbalaron con soltura por la piel de mi cintura hasta arriba, pasando la tela de la musculosa para recordarme que no llevaba sujetador, y podía sentirlo todo.

—Tomás está loco…—susurró, mirando mi boca y acercándome más a él.

Supe que iba a besarme antes de que sus labios se encontraran con los míos, antes incluso de que cerrara los ojos…

Lo

que nunca podría haber sabido, era lo que iba a sentir cuando lo hiciera.

Ya

no podía sentir ni el agua que nos rodeaba…

Nuestras bocas chocaron en un jadeo y se probaron despacio, saboreándose. El piercing de su labio era frío, suave, y me hacía unas cosquillas deliciosas cuando movíamos la cabeza para hacer el beso más profundo, pero era el de su lengua, el que me estaba haciendo enloquecer.

Un beso húmedo y perfecto, que casi era como una danza. Nuestras bocas cálidas, nuestras

lenguas tanteándose, jugueteando con la bolita metálica entre los dos, y el sonido de nuestras respiraciones yendo en aumento.

Acaricié los cabellos de su nuca, que goteaban entre mis dedos, y él sonrió, enroscándose mis piernas a su cadera.

Mi pecho se pegó al suyo y el sentirme lo hizo gruñir, tomándose de mi trasero con fuerza.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Sin saber bien qué hacía, tomé el ruedo de su camiseta y la levanté, hasta que él sin quejas, dejó que la quitara.

Todos los tatuajes quedaron a la vista, hipnotizándome. Eran muchos, como me había imaginado… pero formaban parte de uno solo. Un gran dibujo, en donde se veía una brújula, tal vez

un mapa, un símbolo de infinito… Era imponente. Uno no podía llegar a descubrirlo de una sola mirada. Hacía falta mucho más.

Una de sus manos se escurrió hacia delante, y mientras su boca devoraba la mía con hambre, sus dedos comenzaron a jugar con uno de mis pezones, hasta que este se endureció, sensible y me hizo gemir. La tela de su pantalón era gruesa, pero no lo suficiente como para que no notara el bulto que crecía en él, a punto de hacerlo estallar.

—Creo que …mmm…—quiso decir, pero le mordí el labio inferior.Creo que tenemos que frenar antes de que ya no pueda, y alguien nos vea.agregó pegando su frente a la mía.

Tenés razón.acepté y estiré la mano para devolverle la camiseta, pero esta ya no estaba enredada en mi puño como hacía tres minutos. Mierda.

Miré a mi alrededor, y entre las olas y la oscuridad del agua, no se veía nada. Ups.

—Perdí tu… mmm… tu remera. Ya no la tengo—.dije con mi sonrisa más inocente.

Miró el agua y la movió, tanteando por debajo, pero era inútil. Había desaparecido y aunque

mi primer instinto fue sentirme avergonzada y pedir disculpas, las risas de él, me descolocaron por

completo, y me terminé contagiando.

Chorreando agua nos alejamos caminando por la arena, y llegamos a la entrada de la fiesta, donde Olivia y Thiago parecían estar esperándonos.

Se nos habían perdido.empezó a decir ella, pero calló, divertida, cuando vio nuestras

pintas.

Los dos completamente empapados, y Joaquín semidesnudo de la cintura para arriba.

Vamos a ir a tomar algo, para entrar en calor.se rio Thiago sin poder contenerse.Creo que les va a venir bien a ustedes también.

Asentimos y los seguimos hasta la barra.

Por supuesto, yo me había imaginado que eso que estábamos por tomar sería café o té para volver a subir la temperatura. Porque el viento frío de la noche, en nuestras prendas mojadas, y la interrupción de eso que estuvo a punto de pasar en el agua, nos habían dejado sí, algo destemplados.

Pero no.

No me enteraba de nada.

Resulta ser, que el tequila era más efectivo, al parecer. Y digo esto, porque después de un rato, ya no sentía frío.

Ni calor.

Ni mi nariz.

Creo que en el fondo, los dos queríamos que esa tensión que se había formado entre nosotros, se diluyera en esa solución etílica y relajarnos… antes de volver al mar y terminar con lo que habíamos empezado.

Y es que yo me hacía la relajada, pero Joaquín no podía dejar de mirarme.

Mmm… y qué bueno que estaba sin camiseta.

Recostados boca arriba en la arena veíamos a las estrellas del cielo dar vueltas y hacer piruetas para nosotros que no parábamos de encontrarlo graciosísimo.

Thiago hizo gala de todos sus conocimientos de astronomía, y nos explicó con seguridad que “ese de ahí era Venus” por cómo brillaba, que la constelación “de allá”, parecía un gato enojado y que estaba lejos, pero si uno veía bien, hasta los bigotes podía encontrar. Esas tres estrellas de arriba eran los Reyes Magos que estaban llegando… Y esa otra de “más acá”, era igualita a una planta de marihuana. Corrijo, era igualita a su planta de marihuana.

Como les dije, pura ciencia.

El resto de la noche, es un borrón.

Una mezcla incoherente de recuerdos que como fotos mal enfocadas, se acumulaban, confundiéndose entre sueños. No sabría decir qué era real y qué no.

Un paseo en auto.

Caminar por las calles, tropezar. Reír. Alguien que me carga cuando ya no puedo seguir.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Entrar a un garito iluminado con luces de neón, …un poquito de dolor, mucha emoción. Estaba feliz, eufórica, y me sentía enferma.

De hecho creo que llegué a ponerme enferma de verdad, en un arbusto de por ahí.

Alguien apretándome la mano, dándome valor.

Joaquín otra vez sin camiseta, acostado… con alguien trabajando sobre su pecho y zumbido relajante que todavía podía escuchar.

La Paula tranquila, se había vuelto loca y se había quedado en el departamento de su ex tras por poco destruirlo, dándole lugar a una nueva persona.

Una mucho más divertida, y que ahora tenía una resaca de mil demonios.

Abrí un ojo todo lo que fui capaz, para encontrarme en mi cama abrazada a él. Aun semidesnudo, y guapísimo, suspirando por lo bajo mientras se sujetaba a mi cintura.

Oh Dios.

No me acordaba de haber llegado a casa. No me acordaba de nada.

¿Acaso habíamos…?

OH-DIOS.

Capítulo 5

Feliz día de noche buena.dijo con la voz muy ronca y los ojos aún cerrados.

Seguramente me había sentido moverme, y se habría dado cuenta de que ya esta despierta.

Ehm, feliz… feliz día—.dije atolondrada tratando de incorporarme, luchando contra el mareo terrible que tenía.

Un tirón en medio del abdomen me hizo frenar y me quejé llevándome los dedos a la zona, que se sentía como si acabaran de darme un mordisco afilado. Auch. ¿Qué era…?

Levanté la sábana espantada y un par de bolitas plateadas, adornaban alegremente mi ombligo que estaba eso si, algo enrojecido.

¿Qué es esto?chillé.

¿El tatuaje?preguntó abriendo los párpados, y rascándose la barba confundido.

¿Qué tatuaje?dije sin aire y él, señaló mi antebrazo. Auch, también escocía.¿Qué es esto? ¡Ay no, me quiero morir!

Son unos pajaritos, que simbolizan la libertad.se aclaró la voz y se señaló el hombro y parte de sus pectorales. Entre manchitas rojas, había pajaritos también. Los mismos que tenía yo, entremezclados con su tatuaje. Calzando como piezas perfectas en un rompecabezas.Un recuerdo.

Un recuerdo.me reí con un poco de histeria en la voz.¿No podíamos sacarnos una foto? ¿Comprarnos una camiseta que dijera “libertad”? Un souvenir como los cuernitos de renos que tenían las chicas anoche, hubiera sido suficiente.me señalé el brazo muerta de nervios.Esto es para siempre.

Me sentía como en la película “The Hangover”. Me faltaba solo encontrarme un tigre en el baño, o mirarme en un espejo y darme cuenta de que había perdido un diente. Mierda. Que no me faltara ninguno.pensé, repasándome el comedor con la punta de la lengua. Estaban todos, gracias Dios.

Ya sé.se rio.Tengo un par, sé qué es un tatuaje.

P-pero yo no… ¡Yo no quería tatuarme ni hacerme agujeros en el cuerpo!—grité.¿Cómo me dejaste que hiciera semejante cosa? Estaba borracha.lo miré llena de reproche.

Me sentía traicionada, y sumamente estúpida por mi comportamiento. Se nos había ido la mano, muchísimo. Ni siquiera sabía hasta qué punto.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

—Y esto…—nos señalé y señalé la cama— .¿Qué pasó? ¿Nosotros…?—no podía ni terminar la frase, y menos cuando él me miraba levantando una ceja— .¿Nosotros hicimos …algo?

Dormimos abrazados.levantó sus manos en señal de inocencia.Nada más.contuvo una sonrisa.Bueno, puede que nos diéramos un par de besos. Pero eso es todo.

Asentí un poco más tranquila, y me llevé las manos al tatuaje que irritaba mi piel. Tenía

relieve.

Era bonito. No lo reconocería en voz alta, pero era de verdad muy bonito. Unos pajaritos delicados volando… que daban sensación de ser libres. Era precioso.

—Ey…—dijo sentándose a mi lado y levantándome la barbilla para que lo mirara.Yo no hubiera dejado que te pasara nada malo, te lo juro. Y es verdad que el piercing fue mi idea, y vos dijiste que ibas a cumplir en no decirme que no, pero el tatuaje…

¿El tatuaje que?pregunté, recordando que había accedido a hacerme un arito en el ombligo y a todos les había parecido genial.

El tatuaje fue tu idea.confesó.Y creeme, yo quise que lo pensaras mejor. Que volviéramos en otro momento cuando no estuvieras borracha, pero no quisiste.

¿Yo quise hacerme este tatuaje?pregunté con la voz rota.

Dijiste que esos pájaros tenían las alas que vos misma te habías cortado. Que querías volver a sentirte así, como anoche, siempre. Y esa tinta en la piel, te lo iba a recordar cada vez que te olvidaras.dijo sonriendo, con algo en los ojos que se parecía muchísimo a la admiración. Se me secó la boca.Y me gustó tanto, que yo también quise hacerme uno igual.se señaló. No recordaba haberlo dicho, pero esas palabras coincidían con como me había sentido. Eran apropiadas, y tenían sentido para mí. Le creí porque todo en mi gritaba que lo hiciera.No es para tanto. Tampoco te tatuaste mi nombre en la frente.se burló y quise estamparle un almohadonazo en todo el rostro. De hecho…

¡Au!se quejó cuando el primer impacto le dio de lleno en toda la cara. El segundo, llegó a atajarlo con el brazo, y ya no pudo haber un tercero, porque partiéndose de la risa, tomó mis muñecas y me tendió bajo su cuerpo para que me estuviera quieta.

Me removí un poco incómoda.

Me duele la piel de la panza.dije con una mueca, y él, se levantó para sentarse sobre mis caderas y mirarme.

Te tenés que poner crema.comentó con mi camiseta levantada hasta las costillas, y sus manos en mi cintura, acariciando suavemente de arriba abajo.En el tatuaje también.

Un día más con vos, y termino afeitándome la cabeza.dije con ironía, y obviando todo lo que su roce me provocaba.

Joaquín sonrió agachándose hasta donde estaba mi rostro, y dejó un beso dulce y lento en mis labios. Un gesto tan íntimo, que el corazón me dio un vuelco.

Me conformo con que vengas conmigo a almorzar.dijo todavía muy cerca.Después tengo que ir a buscar ropa a mi casa, porque esta noche tenemos una fiesta. ¿No?

¡La fiesta! Casi se me había olvidado.

Resoplé pensando en que tal vez no sería buena idea enfrentarme a todos mis antiguos amigos. Amigos de mi familia, y parte de mi ex familia política.

Habían pasado cuatro largos meses desde que no sabía de ellos, y supongo que no esperaban verme tampoco esta noche. Pensarían que para evitarme y evitarles un momento incómodo, inventaría una excusa, y hasta el año que viene. Pero no.

Yo no tenía por qué seguir aislándome del mundo. Yo no había hecho nada malo. ¿Por qué no se escondía Tomás? Después de todo fue él, el culpable de que dentro de dos días no hubiera boda.

Boda un día después de navidad. ¿A quién se le ocurría?

Bueno, a nosotros, que habíamos pensado que era la ocasión perfecta para que todos estuvieran presentes y juntos. Que crearía un recuerdo precioso y que sería un motivo más para festejar. Además, quién sabe, nos habría parecido de lo más romántico.

Tomé aire, olvidándome de todo, y pensando en los pajaritos que me había tatuado horas antes, sonreí.

Me encantaría almorzar con vos.contesté.

Caminando, con el sol brillando sobre nuestras cabezas, fuimos a su casa, pero no entramos. Joaquín tenía su moto en la cochera, y cuando me invitó a pasar mientras él buscaba ropa para la fiesta, yo le dije que prefería quedarme afuera.

Díganme mala onda, pero no tenía nada de ganas de encontrarme con toda su familia con estas pintas.

Las ojeras me llegaban al piso, y si bien me había puesto otra remera y short de algodón, no me sentía adecuada para ese tipo de presentaciones. Estaba vestida con lo que usaba para dormir, por dios.

La antigua Paula se había ido, pero quedaban algunas de sus mañas.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Su mochila, una guitarra, cascos, una cajón de manzanas lleno de basura, dos metros de lucecitas de navidad, él y yo. Todos íbamos a bordo de su moto, haciendo maniobras para llegar en una pieza. Incómodos, pero muertos de risa, porque la gente tal vez pensaba que estábamos locos.

Se preguntarán para qué eran todas esas cosas.

A Joaquín se le había ocurrido, fabricarme un árbol de navidad durante el día, porque le parecía demasiado triste que no tuviera uno.

Papá Noel necesita que tengas uno para poder dejarte los regalos ahí.dijo queriéndose hacer el serio.

Con lógicas como esas, es muy difícil discutir.

Compramos por el camino una docena de empanadas para compartir que de no haber sabido como él comía, hubiera dicho que era demasiadoy una gaseosa grande, para sentarnos en unas mesas de picnic que estaban dispuestas cerca de la costanera.

Con algo de comida en el estómago, las cosas habían dejado de dar vueltas, y ya no me pesaba tanto la cabeza, así que me sentía mejor.

Era un bonito día.

Poca gente en las calles, pocos comercios abiertos, casi ninguno, y el aire que siempre se respiraba en la víspera de las fiestas.

Joaquín, cada tanto, tomaba su guitarra y rozaba sus cuerdas casi como por costumbre y me miraba con atención, haciéndome sentir mariposas.

Si, ya sé. Una frase muy manoseada, pero era eso exactamente lo que me sucedía. Sus ojos verdes me ponían así.

Pareces un músico bohemio.dije mirándolo yo también.No un diseñador web.

Me gusta tocar, y a veces lo hago en algún bar.se encogió de hombros.Pero no puedo vivir de esto.

¿No?me sorprendí.Sos muy bueno.

Gracias.sonrió apenas.En realidad, no quiero vivir de esto.lo miré sin entender, y se rió.La música me gusta de verdad, y no puedo ponerle la presión de tener que mantenerme. Prefiero mantenerla yo. Tener un trabajo estable, y poder tocar cuando se me de la gana, porque no me da de comer. ¿Se entiende o me hice lío?se rio.

Si.sonreí, porque su filosofía me maravillaba. Nunca antes había escuchado a alguien hablar de algo que lo apasionara hasta ese punto.Yo estoy estudiando para ser profesora de nivel primario… pero trabajo medio tiempo como recepcionista en un hotel.

Profesora de nivel primario, ¿eh?me miró pensativo y asintió como si tuviera sentido lo que acababa de decirle.Probablemente no fue una buena idea el tatuaje.se rio.

¿Te parece?dije con ironía y me reí.Bueno ya está hecho.

Asintió y se mordió el labio. Algo quería decirme, pensé, y yo también. Desde que había amanecido, teníamos una conversación pendiente.

—Lo de anoche…—empecé a decir— .Fue una locura, nunca había hecho algo parecido… Nada de todo eso que hice. Que hicimos.tuve que aclarar para que me entendiera.

Supongo que te referís a lo que pasó en el mar.entornó los ojos, dejando de lado la guitarra.

Si, eso.asentí— .Yo, bueno, te habrás dado cuenta de que no suelo…—me mecí el cabello, nerviosa.

Está todo bien.me frenó.De verdad, no tenés que justificarte. Los dos teníamos ganas, sos hermosa, me gustas, y pasó. Listo.

Listo.repetí, pensando en que me había encantado que me dijera hermosa y que le gustaba.Pasó y listo.

—Mmm…—se movió hacia delante para mirarme de cerca y sonrió con picardía.pero sí me gustaría saber qué sentiste. Y qué sentís ahora.

¿Qué sentí?no me veía capaz de decirlo en voz alta, y por supuesto, empecé a ponerme roja como un tomate.

¿Te gustó?preguntó aun más cerca.

Asentí.

—Y ahora, que estamos acá…—tomó mi rostro entre sus manos.¿Te gusta? ¿Querés que vuelva a besarte?

Asentí también, un poco más tímida. Esta conversación me estaba costando horrores.

¿Qué sentiste anoche mientras te besaba?no contesté.¿Yo te gusto?probó de nuevo y yo abrí la boca, pero volví a cerrarla, y él cerró los ojos ensanchando su sonrisa.

Volvió a calzarse la guitarra en su regazo, y tarareó bajito una canción que conocía.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

A tu casa yo fui y no te encontré En el parque, en la plaza, en el cine yo te busqué Te tengo atrapada entre mi piel y mi alma Mas ya no puedo tanto y quiero estar junto a ti

Rayando el sol, desesperación Es más fácil llegar al sol, que a tu corazón

No sos una chica como las demás, señorita Paula.dijo negando con la cabeza.

Si, ya sé.dije algo apenada. Yo no podría ser nunca como él, espontáneo, divertido. Nada de eso. Yo era la chica seria, que no podía decir en voz alta lo que sentía y que se callaba todas sus emociones.

Bueno, qué suerte.dijo entonces.Yo tampoco soy un chico como los demás.

Y así, sin decir más, acortó la distancia que nos separaba, y me dio un beso rápido y fugaz, que me hizo suspirar.

Sus labios apenas habían tocado los míos y yo no sabía ni qué cara hacer. Me quedé quieta en el lugar, incapaz de reaccionar.

Que se entienda que no fue solo el beso, porque ya nos habíamos dado otros, y mucho más subidos de tono que este… Había sido el contexto. La conversación. La manera en que me estaba mirando. Eso es lo que lo había vuelto todo tan intenso.

Notándome callada de repente, guardó las cosas, y dijo que mejor fuéramos a mi casa para poder estar listos a tiempo. Y así, subimos a su moto y en minutos, volvimos.

Joaquín se había puesto en medio de mi sala a separar los tablones del cajón y cortándolos de diferentes tamaños, los clavó a uno más largo antes de ponerse a dibujar en ellos algo con marcadores.

En su mochila había traído herramientas y yo que solo me la pasaba mirándolo, cumplía con alcanzarle todo aquello que me pedía.

De fondo, sonaba Still Falling for You de Ellie Goulding y sonreí porque me parecía muy adecuada. Por cada cosa que hacía, él me gustaba más y más. Por cada segundo que pasaba, me parecía más y más especial.

Bueno, va quedando.dijo torciendo la cabeza para mirar mejor.¿Qué te parece?preguntó levantando su creación sobre el piso y probando apoyarla en la pared.

Esme quedé sin aliento.

Y esperá a verlo con las luces.sonrió, desenroscando el cable que contenía las cien luces blancas pequeñitas que se usaban para los árboles normales y las colocó entre los tablones.

Y hago esta distinción porque este, no era un árbol normal.

A simple vista, eran ocho tablones horizontales colocados de menor a mayor, atravesados de

manera perpendicular por detrás por uno largo que hacía de tronco. Un pinito en toda regla. Pero eso

no era lo que lo hacía único.

Era lo que estaba escrito en él.

Había dejado un mensaje en cada tablón. Palabras hermosas como: “Amor, Paz, Vivir con Alegría, Disfrutar del momento, Magia” todas con un tipo y tamaño distinto de letra…

Es genial.sonreí con ganas.¡Me encanta!

Un detalle más.dijo y buscó en su mochila. Sacó un papel y escribió algo, para dejarlo en un sobre y pegarlo a un costado. Estuvo un buen rato, así que supongo sería una carta…

Siguió buscando entre sus pertenencias, y sacó una estrella que pegó en la cima.

¿Qué es eso?pregunté, curiosa señalando el sobre.

Es tu regalo, pero no podés abrirlo hasta mañana.sonrió enigmáticamente y levantó la ceja de su piercing en un gesto que me hizo sonreír… y remover todo por dentro.

Toqueteó los cables y dio con el enchufe de la pared y corrió a apagar las luces. Un clic, y toda mi casa se iluminó con el destello de esas pequeñas lucecitas, para dejar visible solo las palabras en la pared.

Sabía que mis ojos estaban brillando también, y no solo por el reflejo, si no por ilusión. Esa misma que uno tiene cuando se es niño al ver el árbol armado y perfecto. Era una imagen hermosa, y él, me la había regalado. Me había hecho ilusionar nuevamente por navidad.

Me acerqué decidida, imitando lo que él había hecho antes, tomé sus mejillas con ambas manos, me paré en puntas de pie, y le dejé un beso en los labios.

Uno rápido, pero nada suave. Quería darle las gracias, como se merecía.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

El mío había sido con todo ese sentimiento que se atoraba y no sabía expresar. Volqué en ese beso algo más que mi agradecimiento. Y él, respondió envolviéndome en sus brazos y apretándome fuerte contra su cuerpo.

Era nueva en esto, pero podía sentirlo porque él no tenía problemas a la hora de expresarse. Todo lo contrario. Joaquín trasmitía todas sus emociones, y de manera muy bonita además. En forma de risa, en forma de mirada, en forma de frases en un árbol de navidad, en forma de canción, en forma de abrazo.

Era algo poderoso.

Un rato después, me había pedido permiso para darse un baño. Faltaban unas horas para la fiesta, y tenía que cambiarse, así que no le daba tiempo a volver a su casa.

Se me hacía tan extraño, estar en mi departamento, buscando en mi guardarropas qué ponerme, y escuchar el sonido del agua de la ducha. Después de tantos años con Tomás, nunca habíamos tenido esa experiencia de vivir juntos, por lo tanto, jamás había sentido ese tipo de intimidad. A ver, sí habíamos tenido algo de intimidad, yo no era virgen… pero estas cosas cotidianas, esas eran las cosas que nunca habíamos compartido.

Estaba pensando que después podemos salir con Thiago y Oli.dijo Joaquín saliendo del baño con la toalla envuelta a la cadera, y la otra más pequeña en sus hombros, mientras se secaba el cabello.

Los ojos se me abrieron como platos. Y no porque se veía impresionante recién bañado, mojado y cubierto solo por dos pedazos de tela. No.

Si no porque había entrado a mi cuarto descalzo, chorreando agua por todas partes sobre mi hermoso parquet. Al que yo lustraba y enceraba con tanto mimo.

¡Me estás mojando todo el piso!chillé espantada, tratando de empujarlo de vuelta al

baño.

Son unas gotitas nada más.puso los ojos en blanco.Pensé que ya te habías terminado de despeinar, pero no. Seguís siendo la señorita Paula.bromeó, retrocediendo a regañadientes.

No son unas gotitas, me dejaste las huellas de tus pies.volví a mirar y me sorprendí. ¡Por dios el tamaño de esas huellas! ¿Cuánto calzas?pregunté como cosa mía.

Mucho.contestó con una sonrisa de lo más canalla, mientras alzaba una ceja.

¿Se había llenado de vapor el departamento, o era yo que estaba a punto de entrar en ebullición?

Antes de que pudiera decir algo más, se agachó tomándome desde las rodillas y me cargó sobre su hombro llevándome en dirección al baño.

¡¿Qué hacés?!grité. Ya me parecía raro que no tomara mi queja por el agua como un desafío para hacer algo como esto. ¿Ah, no te gusta un poquito de agua en tu piso? Listo. Te llevo vestida a la ducha y abro el agua helada, mientras te sujeto para que no te escapes, partiéndome de risa.¡Joaquín!boqueé cuando pude volver a respirar. El agua fría me había dejado sin aire por un segundo.

Y ahora no solo se mojaba el cuarto, si no, el baño, el pasillo y todo el camino que hice hasta

mi guardarropas mientras maldecía en todos los idiomas cuando por fin logré escapar.

Después te ayudo a secar.se rio con ganas.No te enojes así.dijo queriendo abrazarme por la cintura.

Mi pelo.dije para que entendiera, pero solo me miró como si le estuviera hablando en chino.Voy a estar horas para volver a arreglármelo.expliqué.

Si así estás preciosa.discutió con gesto inocente. De verdad no comprendía.

Tengo que secarlo, peinarlo y alisarlo.enumeré desganada.Además de ponerme el maquillaje, elegir qué ponerme.suspiré.Todavía no sé qué me voy a poner.

Vos hacés todo eso, y yo ayudo a secar el piso.resolvió, como si fuera sencillo. Debía de

ser muy agradable no preocuparse nunca por nada. Y podés ponerte un vestido cortito, de esos que tenés por ahí.señaló las perchas.Este.eligió.

Este nunca me lo puse.me reí.Lo compré en un arrebato y jamás me animé a usarlo. O sea, míralo. Lentejuelas doradas. ¿A quién se le ocurre? Lo escondí acá en el fondo, y nunca más lo volví a mirar.

Por algo te lo compraste.comentó— .Algo le viste que te gustó… Animate ahora, que vas conmigo. Dale, no estás sola.

Nadie me va a reconocer.dije acelerada, rozando con los dedos la tela del vestido. Convencida también de que estaba a punto de cometer otra locura. Claro que lo haría.

Me pondría el vestido más llamativo que tenía, para ir a la fiesta con Joaquín. El chico que acababa de conocer, y que me gustaba cada vez un poco más…

Era una declaración. Un anuncio en sociedad de que la Paula que conocían, había dejado de existir. Que había sido un invento en el que estuve demasiado tiempo encerrada, y era tiempo de volver a reencontrarme con lo que sentía. Y sobre todo, era una proclamación de que lo que ellos o cualquiera pudiera pensar de mí, no iba a cambiarme. Ya no.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Ya no quiero ser la chica perfecta para Tomás. No me hace falta.pensé.

Joaquín, que había aprovechado mi silencio para ir a al baño a cambiarse y prenderse un cigarrillo, se me quedó mirando un rato, y al verme tan seria y perdida en mis reflexiones, me tomó por la cintura con cautela.

¿Seguís enojada por lo del agua?preguntó entornando sus ojos verdes, y soltando el humo a un costado.¿Qué puedo hacer para que se te pase?dijo acomodando mi toalla para ajustar su agarre y a mí se me ocurrieron un par de ideas.

Ninguna que pudiera decir en voz alta, claro.

Se había puesto una camisa blanca, arremangada hasta los codos, y un pantalón negro algo ajustado que le quedaba espectacular. Su cabello, todavía húmedo, comenzaba a ondularse en la zona de su nuca, y olía a jabón. Mmm…

Vení.siguió diciendo, tomándome por la mano y entrecruzando sus dedos con los míos, mientras nos conducía a la sala.

A Tomás, caminar de la mano se le hacía cursi y le parecía incómodo. Siempre tan práctico. Siempre tan frío. Qué idiota… De lo que se estaba perdiendo…

Sonreí mirando como estábamos unidos y él al darse cuenta, apretó más, antes de dejarme un besito en los nudillos. El corazón me dio un vuelco.

Se sentó en el sillón dejándome lugar y acomodó la guitarra en su regazo. Oh… si. Sabía exactamente cómo hacer que se me pasara. Aunque no estaba enojada con él, si estaba muy nerviosa por la fiesta… pero escucharlo tocar, me hacía olvidarlo todo.

Dio una calada de su cigarrillo y tocó las cuerdas con mimo, mirándome de vez en cuando, para ver qué se encontraba en mis ojos.

Emocionada, me acurruqué en su costado, y lo abracé por la cintura, apoyando la cabeza en su hombro, con cariño.

De a poquito, las emociones de la nueva Paula, iban queriendo manifestarse.

Joaquín empezó a cantar, con usa voz que hacía vibrar su cuerpo, y resonaba en el mío, estremeciéndome. Pocos momentos en mi vida se habían sentido así de mágicos. Lejos de todo.

And I'd give up forever to touch you 'Cause I know that you feel me somehow

You're the closest to heaven that I'll ever be And I don't want to go home right now

And all I can taste is this moment And all I can breathe is your life And sooner or later it's over I just don't wanna miss you tonight

Al principio no había reconocido la canción, porque hacía años que no la escuchaba, pero cuando llegó al estribillo no me quedaron dudas. “Iris” de The Goo Goo Dolls.

And I don't want the world to see me 'Cause I don't think that they'd understand When everything's meant to be broken I just want you to know who I am

And you can't fight the tears that ain't coming Or the moment of truth in your lies When everything feels like the movies Yeah you bleed just to know you're alive

Hablando de sentir al otro, sin necesidad de tocarse, de saborear el momento y aprovecharlo antes de que llegara a su final. De sangrar para saber que se está vivo…

Si, supongo que podían buscársele otros significados, pero lo que me gustaba cada vez que lo escuchaba cantarme, era que nosotros sabíamos imprimirle en nuestro propio. Para nosotros en ese momento, significaba eso…

Joaquín lo expresaba con canciones, y yo, me derretía a su lado, sintiéndome contenida pero también muy vulnerable.

Te voy a decir algo que, por lo poco que ya te conozco, te puede asustar.dijo sonriéndome y acariciándome la mejilla, cuando le saqué el cigarrillo de los dedos para fumarlo también.Y seguramente te quedes muda como siempre haces…

Lo miré curiosa, mordiéndome los labios.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

—Esto que estamos viviendo ahora…—siguió diciendo.Esto que me pasa con vos, no me había pasado nunca con nadie.

Tragué en seco con las pulsaciones a mil. Sus ojos verdes me miraban con atención, y si ya me parecía guapo antes, ahora no tenía más palabras para describirlo. Su barba un poco crecida y tan sexi, dejaba ver la mueca que formaban sus labios. Casi una sonrisa, llena de dobles intenciones, adornada con ese piercing que lo hacía único. El chico que en veinticuatro horas, me había vuelto totalmente loca. En más de un sentido.

—Y… ¿qué es, exactamente?—dije, aguantando su mirada todo lo que podía, sin acobardarme. Aunque la voz me había salido temblorosa y débil.

Rio por lo bajo de mi reacción y volvió a tocar en su guitarra. A esta canción no la conocía… pero entendía que era su manera de responder a lo que le había preguntado.

Baby It's been a long day, baby Things ain't been going my way And now I need you here To clear my mind all the time

And baby The way you move me, it's crazy It's like you see right through me And make it easier Believe me, you don't even have to try

Oh, because You are the best thing You are the best thing You are the best thing Ever happened to me

Capítulo 6

Llegamos a la fiesta un poco tarde, pero por primera vez en la vida, no ser puntual no me había importado.

El hotel en el que se festejaba, era uno de los más elegantes de la ciudad, y era conocido por sus grandes y lujosas celebraciones. Y yo, que trabajaba desde hacía unos años en la industria, sabía que los empleados a veces eran explotados en estas fechas especiales, haciéndolos trabajar horas extras, y teniendo que soportar además a invitados de lo más desagradables.

Cuando mis amigos habían sugerido este sitio para el festejo de navidad, había sido la primera en negarme. No me gustaba para nada la idea, y me había resistido. Pero había terminado ganando la mayoría. Y aquí estábamos.

Entrando al salón, de la mano con él. Sorprendida de lo cómoda que me encontraba. Me sentía bien a su lado.

Joaquín, con esa última canción, casi me había declarado que estaba loco por mí, y que era lo mejor que le había pasado… y yo, tenía que estar de acuerdo, porque para mí, él significaba lo mismo. Lo mismo y un poco más.

Lo miré sonriente. Estaba guapísimo, y todo el camino hasta aquí no había parado de decirme lo linda que estaba.

Me había puesto el infame vestido color dorado, y había dejado mi cabello suelto, apenas secado un poco con el secador. Mi maquillaje era natural, y aunque unos días antes, me hubiera sentido desnuda con tan poca producción… ahora me sentía preciosa. Relajada.

¡Pau!dijo Leticia, una de mis amigas apenas me vio, acercándose hasta donde estábamos.Tanto tiempo, linda.sonrió cambiando su copa de mano— .No te vemos desde…

Desde la cena de compromiso.terminé de decir.

Ah, claro. Desde esa noche.sonrió incómoda.No teníamos idea de que ibas a venir

hoy.

Ya, de eso me daba cuenta.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Por supuesto, estarían al tanto de todo lo que había ocurrido, porque si yo había elegido aislarme, sabía de muy buenas fuentes, que Tomás y Silvina no se habían privado de mostrarse juntos en todos los eventos sociales de los últimos cuatro meses. Como si nada hubiera ocurrido.

Te presento a Joaquín.dije mirando a mi acompañante que fruncía el ceño al mirar a Leticia.

Ah, mucho gusto.dijo ella, mirándolo de arriba abajo con la ceja algo alzada. La radiografía que acababa de hacerle no se nos pasó desapercibida, como así tampoco su sonrisa de superioridad. ¿Quién se pensaba que era?

Igualmente.sonrió él, muy educado.Bonito collar.comentó señalando la enorme joya que estaba luciendo mi amiga.

Gracias—.dijo esta encantada, pensando que se trataba de un halago… pero yo había captado el tono con el que lo había dicho, y seguro pensaba lo mismo que yo. Que el excéntrico collar en forma de serpiente con incrustaciones de brillantes, era una de las cosas más feas que había visto— .Y vos estás muy linda, Pau… llamativa. Ese vestido es… tan brillante—.arrugó la nariz sin dejar de sonreír y a Joaquín se le escapó un poquito la risa.

Está hermosa, ya le dije.comentó mirándome, acercándose más, para envolverme por la cintura.Aunque no necesita ni este vestido, ni joyas extravagantes para brillar ¿no?

¡Ja! Patada al hígado para Leticia y su horrible ornamento en forma de reptil.

Claro que no.contestó con una de sus sonrisas llenas de asco.Ella es muy mona.miró el horizonte, como si acabara de ver a alguien conocido, para luego excusarse y marcharse diciendo que había sido un gusto… y que ya nos veríamos para tomar el té.

¡Si, claro!pensé.

Gracias.le susurré cuando nos quedamos solos, y él me dio un beso en la mejilla.

Había sido una buena idea venir.

La estábamos pasado genial. Comimos bien, aprovechamos la canilla libre para brindar a gusto, y cuando se dio, también bailamos un poco.

Joaquín me hacía reír a carcajadas, y aunque estaba muy fuera de su elemento, era Joaquín. Y Joaquín siempre estaba a gusto y relajado en todas las situaciones.

Todos nos miraban y comentaban a nuestras espaldas, pero nosotros habíamos hecho como si

nada.

Me sentía una chica linda con vestido de lentejuelas, pasando el rato con el chico que me gustaba, haciéndome girar mientras bailábamos en medio de los demás y que cada tanto, me abrazaba un poco, o me decía algo lindo al oído.

Mis padres, como pensaba que yo no asistiría, habían aprovechado para tomarse unas vacaciones. Un crucero, me habían dicho en un mensaje que me habían enviado el día anterior… el cual había escuchado hacía un rato.

Me alegraba por ellos, se lo merecían.

Mis ex suegros me habían saludado, algo tirantes, claro. Porque aun se encontraban incómodos con lo que su hijo había hecho, y porque sabía que odiaban a Silvina con todas sus fuerzas. Y yo, había resistido todo con la mejor sonrisa. A pesar de todo, no les guardaba rencor.

Todo iba bien. Todo iba perfecto.

Hasta que de la nada, y ya pensando que por la hora que era no se presentaría, Tomás, apareció saludando a todo el mundo con el mejor traje que tenía.

Alto, con su cabello dorado corto, peinado hacia el costado como lo usaba desde la adolescencia, afeitado e impecable como siempre.

Tomás ¿no?preguntó Joaquín a mi lado y yo asentí.

Y como si pudiera notar mi presencia, se volteó hasta quedar de frente a donde yo estaba.

Caminó unos pasos, y me saludó con toda la formalidad que exigía la ocasión. Puros modales y etiqueta.

Si, puede que cuatro meses atrás, me lo hubiera encontrado follando como un animal con mi mejor amiga, pero ante todo la educación. ¡Ja! Joaquín, sin soltarme la mano se removía algo inquieto.

Aquí estaba. Por fin lo veía. ¿Y saben una cosa? No estaba tan enojada como me imaginaba. Ya no me quedaba tanta bronca en el cuerpo. Y menos si miraba hacia mi derecha y me encontraba con los ojos verdes del chico que venía conmigo.

Qué bueno verte.dijo con una sonrisa tímida.Te estuve llamando ayer, pero no contestabas.dijo.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

No estuve en casa ayer.contesté sin dar más explicaciones, y él asintió, tal vez comprendiendo que no estaba en posición de pedírmelas.

Frunció el ceño mirando a Joaquín, pero ni lo saludó ni le dijo nada. Lo ignoraba completamente y eso aunque podría haberme puesto incómoda, me dio algo de pena.

¿Pasaste por casa ayer?preguntó entonces.

¿Quién? ¿Yo?dije con mi mejor cara de sorpresa.No, para nada.

Joaquín se encogió de hombros cuando lo miré y los dos pusimos cara de no haber roto un

plato.

Debe haber sido Silvina.masculló en voz baja Tomás, tensando las mandíbulas.Ya no estamos juntos y se volvió loca desde que la dejé.

No me lo esperaba, pero tampoco podía decir que me sorprendiera demasiado. Después de todo, esos dos nunca se habían gustado.

Puede ser, fue un poco inmaduro. Podría haberlo sacado de su error, y decirle que la del desastre en el departamento no había sido Silvina. Pero no lo hice.

Creo, de hecho, que tampoco tenía mucho sentido.

Conociendo a mi ex amiga, y lo que era capaz de hacer cuando se enojaba por algo, yo solo le había ganado de mano.

Me voy a buscar otra copa.me susurró Joaquín, pero yo me apresuré a tomarlo de la mano y tirar de él para que no se fuera. No quería quedarme a solas con mi ex… Pero con delicadeza, se soltó y me guiñó un ojo.Vos podés.dijo antes de irse.

Eso, Paula. Vos podés.

Necesitas quedarte y hacerlo sola como nena grande. Tenés que expresarte.

Tomás me miraba con su sonrisa de anuncio y tanta confianza en si mismo, que me dejaba sin

habla.

Buff. Qué difícil.

Estás muy linda.dijo seductor, acercándose más a mí, y yo instintivamente retrocedí un paso.Está sonando nuestra canción.

“Bachata Rosa” de Juan Luis Guerra y Natalie Cole.

Sacudí la cabeza para aclarármela y lo miré llena de determinación.

Tomás, creo que lo que me hiciste no estuvo bien.empecé a decir.Fue horrible, no tiene perdón.

Pero, Paula.dijo él bajando la voz.Tantos años, me tenés que perdonar.se acomodó las solapas del traje, cada vez más nervioso.Fue un desliz, todo el mundo los tiene. Podemos dejarlo atrás, sentar cabeza. Es lo que queríamos.

El mismo discurso patético que me había dado ese día en el departamento, después de que lo descubriera con Silvina.

Yo ya no quiero lo mismo que vos.confesé.No sé si quiera si alguna vez realmente lo

quise.

¿Qué?preguntó desconcertado, mirándome como si me hubieran salido dos cabezas.

Me traicionaste, si. Pero también me abriste los ojos.sonreí, liberada.Tengo veinticuatro años, no me quiero casar.

Él se puso todavía más incómodo y cambió el peso de una pierna a la otra. Desvió la mirada, como si quisiera ver quienes estaban escuchándonos, y lo vi sonreír tenso a alguno de los invitados.

Paula, por favormusitó de mala manera, tomándome del brazo.Vamos al balcón para seguir discutiéndolo, estamos montando un espectáculo.

¡No! Y no me interesa lo que piensen de mi.dije soltándome de su agarre.Quiero poder decir lo que siento, vivir, reírme, llorar. ¡Dios! Nunca me había dado cuenta de lo aburridas que son estas fiestas.dije y alguien ahogó un jadeo de sorpresa.

Tomás, se excusó de mi parte por lo bajo y volvió a mirarme con resentimiento.

Ya no te quiero.le dije de todo corazón.Te perdono, pero no te quiero más. Que tengas una buena vida.

Dudé antes de hacerlo, pero a último momento, recuerdos de todos esos años que habíamos vivido, me empujaron, y envolví los brazos a su cintura, apoyando mi cabeza en su pecho. Tomás también había titubeado, sorprendido por mi demostración de afecto tan rara, pero terminó por ceder.

Un último abrazo, por todos esos que le había dado con amor.

Me alejé de él, sintiéndome más liviana, y salí en busca de Joaquín… con quien de verdad quería estar ahora.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

No había alcanzado a llegar a la barra, cuando sus brazos me envolvieron en un abrazo de esos a los que empezaba a acostumbrarme. Con el rostro perdido en mi cuello, y su nariz jugueteando con mi piel…

Me giré para darme de frente con una sonrisa llena de orgullo, adornada por unos ojos verdes llenos de todo eso que me decían las canciones que me cantaba.

Estaba segura de que me había visto, y también escuchado. Por fin liberándome de mi pasado, de Tomás, y de esa antigua Paula que no quería volver a ser.

Una que jamás, y menos frente a toda esa gente, se hubiera abalanzado a los brazos de un chico como Joaquín con alegría, y entre sonrisas cómplices, chocar las narices antes de darse un beso de esos que solo se veían en las películas.

Una que nunca antes se hubiera ido de allí sin saludar, para reunirse con amigos más divertidos, a festejar la navidad como una chica de su edad.

A festejarla de verdad.

Vamos a festejar como se debe, señorita Paula.había dicho Joaquín, guiñándome un ojo, mientras conducía su motocicleta hasta la playa.

Como suponíamos, la fiesta de las chicas con cuernitos de renos, todavía se extendía por toda la costa, llena de gente que iba llegando a todas horas a celebrar la navidad.

La música variaba desde la más actual, hasta otros temas clásicos y atemporales que no podían faltar.

Farolitos por todas partes, arena, el fogón… Todo estaba como lo recordaba.

Olivia y Thiago, estaban esperándonos en una de las barras, y después de pasarse un buen rato bromeando sobre lo bien que íbamos vestidos, nos hicieron lugar y nos ofrecieron unas copas.

Se acercaban las doce de la noche, así que todos habían dejado de bailar para buscar algo para brindar, y estaban esperando mirando cada tanto en sus relojes.

No podía recordar haber pasado ninguna navidad así.

De niña, la pasaba con mi familia siempre. En esas fiestas multitudinarias a las que a mi madre le encantaba ser invitada. Por todo lo alto, con amigos del club, con gente que a mí me parecía ver en todas partes. Siempre el mismo círculo de personas.

Ya cuando fui un poco más grande, en mi adolescencia, empecé a salir con Tomás, y él y sus amigos, eran solo los hijos de todos ellos, así que no conocía otra cosa.

Nunca se me hubiera ocurrido faltar a uno de esos eventos para salir a bailar. ¡Era una locura!

Silvina, que no pertenecía al club, nos contaba siempre que ella si salía. Que se reunía con sus amigos del barrio después de las doce, y pasaba la noche buena y el año nuevo también con ellos. Tomando, fumando… en fin. Y con Tomás, no podíamos ni imaginarnos… lo achacábamos a una actitud más de rebeldía de esas que la identificaban tanto.

Pero ahora que lo veía desde afuera, quería reírme.

Compartir con la familia es muy importante, pero después de la cena, ¿qué hacíamos? Ver como los mayores se pasaban con las copas, y como los más pequeños comenzaban a quedarse dormidos por los rincones. ¡Qué aburrimiento!

Una cuenta regresiva desde los altavoces interrumpió mis pensamientos y los gritos de todos los presentes me indicaron que ya estábamos a punto de llegar a las doce.

Cuando llegaron a cero, todos gritamos y nos dijimos feliz navidad mientas nuestras copas chocaban con alegría y la música volvía a subir y lo llenaba todo.

Así es como la gente de mi edad pasaba estas fechas, pensé. Me comparé a mí misma. Horas antes, encerrada en el salón de esa gala insípida, rodeada de gente que me juzgaba y hablaba de mi a mis espaldas. Personas que me conocían desde niña, pero que jamás habían tenido un gesto cariñoso para conmigo.

Verme ahora, junto a mis nuevos amigos, riendo, bailando, abrazándolos… y haciéndonos fotos en la playa, me hacía sonreír.

Y además estaba Joaquín… haciéndolo todo más mágico. Devolviéndome las ganas de volver a sentir, después de tanto tiempo. Enseñándome a sacar afuera todo eso que durante años había mantenido encerrado. El único que había sabido ver en mí, a la Paula que en realidad era. El que me hacía sentir cosquillas en la panza cada vez que se me acercaba, o me robaba un beso.

Porque sus besos no se parecían a nada. Si hasta su forma de besar era pura expresión.

No un ingrediente más, o un preludio del sexo.

Sus besos eran un fenómeno aparte. Eran eso. Pura magia. Como él.

~ LA NOCHE DE LA ESTRELLA~

Por eso es que ahora, que se acercaba a mí sujetándome por la cintura, alejándonos de todos, y sonreía seductor, mi corazón quería salirse de mi pecho, llenándose de anticipación.