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N.º 20 - 2016
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Revista Archivística de la Asociación de Archiveros de Andalucía

TRIA

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Revista Archivística de la Asociación de Archiveros de Andalucía TRIA 20

TRIA

Revista Archivística de la Asociación de Archiveros de Andalucía

20

Fines de TRiA:

La revista TRIA, de periodicidad anual, trata de ser un órgano de expresión y de formación profesional permanente de los asociados, al servicio de todos los archiveros y estudiosos de estos temas en general, en el ámbito andaluz y español. Su campo son todos los problemas teóricos y prácticos que plantea la profesión, sin limitaciones apriorísticas de ningún tipo, ex- ceptuando el interés y la calidad de los trabajos presentados para su publicación. Las ideas y opiniones vertidas en los trabajos publicados son responsabilidad de sus autores, y en ningún caso expresan el estado de la opinión de la revista o de la Asociación como tal.

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FINES DE TRIA:

La revista TRIA, de periodicidad anual, trata de ser un órgano de expresión y de formación profesional permanente de la Asociación de Archiveros de Andalucía, al servicio de los archiveros e interesados por los trabajos sobre los Archivos, en el ámbito andaluz y español. Su campo de trabajo incluye todos los problemas teóricos y prácti- cos que plantea la profesión, sin limitaciones apriorísticas de ningún tipo, exceptuan- do el interés y la calidad de los trabajos presentados para su publicación. Las ideas y opiniones vertidas en los trabajos publicados son responsabilidad de sus autores, y en ningún caso expresan el estado de la opinión de la revista o de la Asociación como tal.

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Todas las colaboraciones deberán entregarse en fichero electrónico a través de co- rreo electrónico, atendiendo a las normas de publicación aprobadas por la revista y recogidas en la sección PUBLICACIONES de www.archiverosdeandalucia.org. Los trabajos presentados deben ser originales y no haber sido publicados con anteriori- dad, ni estar pendientes de dictamen de cualquier otra publicación. El Consejo de Redacción de TRIA no se hace responsable, en ningún caso, de la credibilidad y autenticidad de los trabajos. Se aceptan trabajos en español e inglés. El plazo para presentación de los trabajos finalizará el 15 de junio de cada año.

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Todos los trabajos publicados en la Revista TRIA son propiedad de sus autores. La propiedad de la edición de la revista es propiedad de la Asociación de Archiveros de Andalucía. Es obligatorio hacer mención a la publicación en la que ha aparecido el texto, mencionando y remitiendo a la edición de la Asociación de Archiveros de Andalucía. No está permitida la reproducción total o parcial de esta obra, ni su tra- tamiento informático, ni su transmisión por cualquier medio ya sea electrónico, me- cánico, fotocopia u otros medios sin el permiso previo y por escrito de la Asociación de Archiveros de Andalucía.

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CONSEJO EDITORIAL:

Director: Jorge Pérez Cañete (Consejería de Cultura, Junta de Andalucía) Secretaría: María del Mar Rodríguez Ruíz (Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía)

CONSEJO DE REDACCIÓN:

Mateo Páez García (Consejería de Cultura, Junta de Andalucía) Margarita Gómez Gómez (Universidad de Sevilla) Carmen Barriga Guillén (Archivo de la Diputación Provincial de Sevilla) Marcos Fernández Gómez (Archivo Municipal de Sevilla) Esther Cruces Blanco (Archivo Histórico Provincial de Málaga) José María Carmona Domínguez (Archivo Municipal de Carmona) Ana Melero Casado (Consejería de Cultura, Junta de Andalucía) Francisco Fernández López (Archivo Histórico Provincial de Sevilla) Reyes Rojas García (Archivo General de Indias)

CONSEJO ASESOR:

José Ramón Cruz Mundet (Universidad Carlos III de Madrid) Arsenio Sánchez Hernampérez (Biblioteca Nacional de España) Joaquím Llansó Sanjuán (Servicio de Archivos y Patrimonio Documental del Gobierno de Navarra) Manuel Romero Tallafigo (Universidad de Sevilla) Manuel Ravina Martín (Archivo General de Indias) Anabella Barroso Arahuetes (Archivo Histórico Eclesiástico de Vizcaya) Ramón Albert y Fugueres (Escola Superior d’Arxivística i Gestió de Documents Universidad Autónoma de Barcelona) Antonia Heredia Herrera (Archivera) Antonio González Quintana (Subdirector General de Archivos, Comunidad de Madrid.) Luis Torres Freixinet (Archivo Municipal de Zaragoza) Luis Hernández Olivera (Universidad de Salamanca) María Luisa Conde Villaverde (Fiscalía General del Estado) Severiano Fernández Ramos (Universidad de Cádiz)

ÍNDICE

1

PRESENTACIÓN DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ARCHIVEROS DE ANDALUCÍA Mateo A. Páez García

11

RETOS NUEVOS PARA UNA ANTIGUA ARCHIVÍSTICA: LAS CIENCIAS AUXILIARES Manuel Romero Tallafigo

17

TIEMPOS DE CAMBIO. REFLEXIONES SOBRE LA DOCTRINA ARCHIVÍS- TICA EN ESPAÑA (1985/2015) Luis Hernández Olivera

43

MARCO NORMATIVO DE LOS ARCHIVOS EN EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS Severiano Fernández Ramos

73

EVOLUCIÓN Y DESARROLLO DE LA PRÁCTICA ARCHIVÍSTICA: LA APLICACIÓN DE NUEVOS CONCEPTOS MEDIANTE UNA NUEVA ME- TODOLOGÍA PARA ALCANZAR NUEVOS OBJETIVOS María Luisa Conde Villaverde

121

LA RECEPCIÓN DEL RECORDS MANAGEMENT EN LA ARCHIVÍSTICA:

UN CASO DE ÉXITO José Ramón Cruz Mundet

147

LA NORMALIZACIÓN EN GESTIÓN DE DOCUMENTOS Y ARCHIVOS. LOS ARCHIVOS, A ESCENA Joaquim Llansó Sanjuan

159

HACIA LA NORMALIZACIÓN DE LA FORMACIÓN EN ARCHIVÍSTICA Y GESTIÓN DE DOCUMENTOS Alfred Mauri Martí

181

LA COORDINADORA DE ASOCIACIONES DE ARCHIVEROS Y LA EVO- LUCIÓN DE LA PROFESIÓN DEL ARCHIVERO Miguel Ángel Gacho Santamaría

211

NUEVAS PERSPECTIVAS Y OPORTUNIDADES PARA LOS CENTROS DE GESTIÓN DE INFORMACIÓN: COMPETENCIAS DIGITALES DE SUS PROFESIONALES Ana Real Duro

227

TRANSPARENCIA DE LA ACTIVIDAD PÚBLICA. EN PARTICULAR, EL DE- RECHO DE ACCESO A LA INFORMACIÓN Concepción Barrero Rodríguez

237

DEL DERECHO A SABER AL DERECHO A LA VERDAD: EL PAPEL DE LOS ARCHIVEROS EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS Antonio González Quintana

255

LA GESTIÓN DE LOS DOCUMENTOS EN EL CORAZÓN DEL CAMBIO Antonia Heredia Herrera

271

LA CLASIFICACIÓN EN ARCHIVOS PERSONALES DE CIENTÍFICOS:

EL CASO DEL INGENIERO LEONARDO TORRES QUEVEDO Lucía Fernández Granados

291

LA CLASIFICACIÓN FUNCIONAL: DEFINICIÓN DE UN MODELO Mateo A. Páez García

307

ARCHIVO JUDICIAL TERRITORIAL DE MÁLAGA: CREACIÓN Y EVOLUCIÓN Enriqueta Jiménez Carrillo de Albornoz

323

RINCÓN DE LA VICTORIA (MÁLAGA): EXPERIENCIAS SOBRE UN NUEVO MODELO DE GESTIÓN DE DOCUMENTOS EN LA ADMINISTRACIÓN LOCAL. Sara Galván Bautista

343

EL PROCESO DE GESTIÓN DOCUMENTAL EN UN ORGANISMO PÚBLI- CO: DISEÑO Y PUESTA EN MARCHA EN EL INSTITUTO ANDALUZ DE PATRIMONIO HISTÓRICO Pilar Acosta Ibáñez

353

EL ARCHIVO MUNICIPAL DE MÁLAGA: DE LOS REYES CATÓLICOS A LA ADMINISTRACIÓN ELECTRÓNICA María Isabel Vila González

379

EL ARCHIVO MUNICIPAL DE SEVILLA: TRES DÉCADAS DECISIVAS,

1984-2014

Marcos Fernández Gómez - Inmaculada Franco Idígoras

397

EL PATRIMONIO FOTOGRÁFICO: LA FOTOTECA MUNICIPAL DE SEVILLA Inmaculada Molina Álvarez

415

LA REPROGRAFÍA ANTE EL RETO DE LA PRESERVACIÓN Y DIFUSIÓN DEL PATRIMONIO DOCUMENTAL. EL DEPARTAMENTO DE REPROGRA- FÍA DEL SERVICIO DE ARCHIVO, HEMEROTECA Y PUBLICACIONES, DEL AYUNTAMIENTO DE SEVILLA José Luis Azcárate Aguilar

431

LOS ARCHIVOS Y SUS PROFESIONALES EN EL NUEVO MUNDO DE LA COMUNICACIÓN Jose Aquesolo Vegas

447

VEINTICINCO AÑOS DE LOS CUERPOS ESPECIALES DE FACULTATIVOS DE ARCHIVO Y AYUDANTES DE ARCHIVO EN LA FUNCIÓN PÚBLICA DE ANDALUCÍA Javier Lobato Domínguez

467

LA EVOLUCIÓN EN EL ACCESO A LOS REGISTROS NOTARIALES EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS A TRAVÉS DE DOS VISIONES: LA DEL INVESTIGA- DOR Y LA DEL ARCHIVERO Caroline Ménard - Ana Naseiro Ramudo

495

REFLEXIONES SOBRE LA PROFESIÓN DE LOS ARCHIVEROS MUNICIPA- LES QUE EMPEZARON HACE TREINTA AÑOS José María Carmona Domínguez

511

LOS AÑOS QUE OBSERVAMOS PELIGROSAMENTE: ARCHIVOS UNIVER- SITARIOS Y WEBS PUNTO CERO Rodrigo de Luz Carretero

533

LA CONTRIBUCIÓN DE LA GESTIÓN DE DOCUMENTOS A LA TRANS- PARENCIA. EL CASO DE LOS EXPEDIENTES DE CONTRATACIÓN DE OBRAS Y SERVICIOS DE INFRAESTRUCTURAS DE TRANSPORTE Isabel Medrano Corrales

551

EL ESQUEMA DE TIPO DOCUMENTAL DE LA NORMA TÉCNICA DE IN- TEROPERABILIDAD DE DOCUMENTO ELECTRÓNICO: ADAPTACIÓN Y USO EN LA JUNTA DE CASTILLA Y LEÓN Dolores Carnicer Arribas

573

“ARCHIVOS EN ACCESO ABIERTO. EXPERIENCIAS EN NUESTRO PAÍS” Lola López Falantes

591

PRESENTACIÓN DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ARCHIVEROS DE ANDALUCÍA
PRESENTACIÓN DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ARCHIVEROS DE ANDALUCÍA

PRESENTACIÓN DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ARCHIVEROS DE ANDALUCÍA

PRESENTACIÓN DE TRIA 20 DEL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN DE ARCHIVEROS DE ANDALUCÍA

Mateo A. Páez García

B asta echar un vistazo a la multitud de congresos, jornadas, encuentros y actividades formativas organizadas en los últimos años por asociaciones

profesionales e instituciones relacionadas con el ámbito de los documentos y archivos, para darse cuenta de cuáles han sido los temas estrella en este tiempo:

el documento y el archivo electrónico, por un lado, y el siempre candente y con- flictivo –por inadecuadamente abordado por el legislador– asunto del acceso a los documentos, por otro. Es cierto que si se ha centrado la atención sobre esos dos temas, se ha debido a que son los más demandados por los profesionales de los archivos ante dos de los retos más acuciantes y que mayor inseguridad y duda les provocan. Pero, cuando comenzamos a planteamos desde la Asociación de Archiveros de Andalucía el enfoque que queríamos dar a nuestras Jornadas, tuvimos claro que no debíamos pulsar de nuevo unos temas que corren el peligro de agotarnos por saturación.

El calendario de efemérides nos proporcionaba una buena excusa para hallar un asunto adecuado: acababan de cumplirse los 30 años de promulgación de la primera ley sectorial específicamente en materia de archivos aparecida en España, y ese hecho, además, había sucedido en nuestra Comunidad Autónoma: la Ley 3/1984, de 9 de enero, de Archivos. ¿Qué oportunidad mejor para echar la vista atrás y analizar lo acaecido en esos treinta años en el ámbito de la gestión de documentos y archivos en España? Merecía la pena no tanto la mirada nostálgica sobre el pasado cuanto otear y explorar los nuevos horizontes hacia los que nos conducían toda la serie de cambios, en muchos casos radicales, que resaltábamos en el programa: hemos pasado “desde la ausencia de legislación hasta una segunda generación de leyes de archivos en todo el territorio nacional; desde un único manual a una proliferación editorial especializada; desde una carencia total de normalización hasta una profusión de normas técnicas que se hace difícil de manejar; desde una archivística primordialmente historicista anclada en la diplomática a una archivística enfocada a la gestión documental y al documento

administrativo; desde los documentos en papel al documento electrónico; desde las fichas de cartulina a los sistemas de gestión y de información; desde un objetivo preferentemente centrado en ser apoyo fundamental a la investigación histórica a una pluralidad de obje- tivos e intereses que convierten a los archivos en garantes de la transparencia y los derechos humanos… y a través de todo ello nuevos enfoques, nuevos soportes, nuevas técnicas, nuevos profesionales, nuevos paradigmas.

Así pues, en este número especial de TRIA recogemos las aportaciones a las Jor- nadas Internacionales de la Asociación de Archiveros de Andalucía, que bajo el título genérico de La gestión de los documentos y de los archivos en España: 30 años de cam- bios, se celebraron en Sevilla los días 17 y 18 de noviembre de 2015, a través de las cuatro mesas en que se estructuraron los contenidos: “Principios, técnicas y ciencias para el trabajo en los archivos”, coordinada por Margarita Gómez Gómez, “Gestión documental y gestión de archivos”, coordinada por Joaquín Rodríguez Mateos, “La profesión de los archiveros y archiveras”, coordinada por Jorge Pérez Cañete, y “El futuro ya está aquí”, bajo la coordinación de Esther Cruces Blanco. Las ponencias se vieron enriquecidas en aquellos dos intensos días con las comunicaciones y debates que les siguieron.

Este vigésimo número de nuestra revista TRIA es también especial por otras ra- zones: en primer lugar, porque aparece en un doble formato, electrónico y en papel. Si el rigor presupuestario nos obligó, desde el número 18, a tomar la decisión de una versión exclusivamente electrónica, excepcionalmente y gracias al generoso patroci- nio de la Excma. Diputación Provincial de Sevilla, este número vuelve al formato tradicional. De todos modos, no renunciamos a la versión electrónica, con la que se logra una mayor presencia y más inmediata difusión en internet –en pos de ese objetivo, también están disponibles en abierto en nuestra web todos los números de la revista–. En segundo lugar, este nuevo número es singular porque es el primero surgido tras una serie de cambios llevados a cabo para adecuar nuestro órgano de expresión a los requisitos de calidad y rigor exigidos a publicaciones científicas, en cuanto a características básicas y de presentación, de gestión, de política editorial y de contenido. Así, entre esas medidas se ha designado un Consejo Asesor, formado por destacados especialistas nacionales: Ramón Alberch, Anabella Barroso, María Luisa Conde Villaverde, José Ramón Cruz Mundet, Severiano Fernández Ramos, Antonio González Quintana, Antonia Heredia Herrera, Luis Hernández Olivera, Joaquím Llansó, Manuel Ravina, Manuel Romero Tallafigo, Arsenio Sánchez Hernampérez y Luis Torres Freixinet, a los que agradecemos su colaboración.

Durante aquellas jornadas, cuyos frutos recogemos en estas páginas, también tuvo lugar la Asamblea General Extraordinaria en la que se eligió una nueva Junta Directiva para los siguientes tres años. Como su portavoz, no quiero dejar de daros

en su nombre las gracias por la confianza depositada en este equipo. Es su intención afianzar lo mucho y bueno que las distintas personas involucradas en sus diversas funciones (presidencia, vocalías, y asociados y asociadas) han hecho desde la funda- ción de esta Asociación. Pero defraudaría a todas las personas a las que representa si se limitase meramente a conservar lo alcanzado y no a innovar, imponerse nuevos retos y tratar de superarlos, siempre en pos de favorecer nuestra profesión y a nues- tros profesionales. Es una tarea difícil que sin vuestra comprensión y apoyo resultaría imposible.

Mateo A. Páez García

RETOS NUEVOS PARA UNA ANTIGUA ARCHIVÍSTICA:

LAS CIENCIAS AUXILIARES

Manuel Romero Tallafigo

TRIA Nº 20. 2016

TRIA Nº 20. 2016 I.S.S.N. 1134-1602 - Págs. 19-42 RETOS NUEVOS PARA UNA ANTIGUA ARCHIVÍSTICA: LAS

I.S.S.N. 1134-1602 - Págs. 19-42

RETOS NUEVOS PARA UNA ANTIGUA ARCHIVÍSTICA:

LAS CIENCIAS AUXILIARES

Manuel Romero Tallafigo

Catedrático Emérito de la Universidad de Sevilla

Recibido: 16/02/16 Aceptado: 15/03/16

Resumen Hoy en día la archivística requiere una nueva ayuda como la ingeniería informática, la teoría de las organizaciones, las técnicas de lenguaje estandarizado, conocimientos del dere- cho de acceso a los documentos y la experimentación cientifica acerca de la edad y noticias de prevención y conservación soportes documentales ‘de. El Archivo es una institución clásica con raíces grecorromanas, y en la actualidad muy útiles para la democracia y la cultura. Los ingenieros informáticos necesitan las experiencias pasadas de archivo de tablillas de arcilla, papiro, pergamino, papel, por medios magnéticos y ópticos para ganar el desafío de una in- formación rápida y la conservación perenne.

Palabras clave Concepto clásico de Archivos, archivar la función social, la archivística viejo, nuevo la archivística., Ciencia auxiliar de archivos, preservación magnéticos y ópticos archivos.

NEW CHALLENGES FOR OLD ARCHIVAL SCIENCE: THE AUXILIARY SCIENCES.

Abstract Nowadays archival science requires new aid as computers engineering, theory of organi- sations, standardized language’s techniques, knowledges of right of access to documents and scientifical experimentation about the olds and news documentary supports’ prevention and conservation of. The Archive is a classic institution with Greco-Roman roots, and today very usefull for for democracy and culture. Computer engineers need the past archival experiences of clay tablets, papyrus, parchment, paper, for magnetic and optical media to win the challen- ge of rapid information and perennial conservation.

Keywords Classic Archive’s concept, Social function archive, Old archival science, New archival science., Auxiliary science of archives, preservation magnetic and optical files.

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Manuel Romero Tallafigo

Hoy en día la archivística requiere una nueva ayuda como la ingeniería in- formática, la teoría de las organizaciones, las técnicas de lenguaje estandarizado, conocimientos del derecho de acceso a los documentos y la experimentación cientifica acerca de la edad y noticias de prevención y conservación soportes documentales ‘de. El Archivo es una institución clásica con raíces grecorro- manas, y en la actualidad muy útiles para la democracia y la cultura. Los in- genieros informáticos necesitan las experiencias pasadas de archivo de ta- blillas de arcilla, papiro, pergamino, papel, por medios magnéticos y ópticos para ganar el desafío de una información rápida y la conservación perenne. Concepto clásico de Archivos, archivar la función social, la archivística viejo, nuevo la archivística., Ciencia auxiliar de archivos, preservación magnéticos y ópticos archivos

NEW CHALLENGES FOR OLD ARCHIVAL SCIENCE: THE AUXILIARY SCIENCES Nowadays archival science requires new aid as computers engineering, theory of organisations, standardized language’s techniques, knowledges of right of access to documents and scientifical experimentation about the olds and news documen- tary supports’ prevention and conservation of. The Archive is a classic institution with Greco-Roman roots, and today very usefull for for democracy and culture. Computer engineers need the past archival experiences of clay tablets, papyrus, par- chment, paper, for magnetic and optical media to win the challenge of rapid infor- mation and perennial conservation.

Classic Archive’s concept, Social function archive, Old archival science, New ar- chival science., Auxiliary science of archives, preservation magnetic and optical files.

“Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad” cantaba ya don Hilarión en La Verbena de la Paloma, sainete lírico, estrenado en Madrid en 1894. En los últimos 30 años de cambios en la gestión de documentos y archivos, cambios que han conducido a la omnipresencia de las técnicas informáticas, merece la pena detenerse para definir con nitidez, ejercer el pensamiento crítico y entender nuestro campo profesional y nuestros pilares básicos sobre la Archivística, sobre el Archivo y sobre el Documento. Hemos sido testigos de la revolución de las TIC, de la telaraña planetaria de Internet, de la “mutación de los sistemas de producción, la organización del trabajo y las pautas de consumo cuyos efectos son comparables a los de la primera revolución industrial” 1 . Los archivos se han colocado en la “superautopista de la información”. Han normalizado o lo intentan, los lenguajes del contenido y metadatos de los documentos (ISAD), han

1. Libro Blanco sobre Crecimiento, competitividad, empleo. Retos y pistas para entrar en siglo XXI.

Comunidad Económica Europea. 1993, 24

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regulado la recuperación por puntos de acceso, han adoptado los lenguajes codificados de comunicación de datos (EAD, MARC-AMCE, EAC-CPI…), y el de los sistemas de acceso TICS para integrarse en las llamadas plataformas digitales. Hemos pasado del p-gobierno, de papeles, al e-gobierno por impulsos electrónicos, y del p-archivo al e-archivo con sus capacidades de generar, manipular, transmitir, almacenar y recupe- rar cantidades increíbles de testimonio e información. Para no quedarnos con el reloj

parado intentamos en las líneas siguientes dar tres reflexiones sobre las líneas que con- figuran la profesión del archivero, sobre el clasicismo permanente del archivo, y sobre

la confianza social y función perpetuadora del documento que debe mantenerse en la

actual sociedad.

Afirmaba Platón que el bien pensar y el bien reflexionar sobre una cosa o enigma, por qué no el del archivo en este año 2015, debía nacer desde un fogonazo de asom- bro y maravilla (pathos), que desemboque en una aventura y desafío que nos lleve al verdadero conocimiento (logos y episteme). Desde este planteamiento de asombro platónico y admiración vocacional por el Archivo encauzamos esta ponencia como un colofón de conocimientos que han guiado nuestra trayectoria personal y docente en los últimos cuarenta años.

ARCHIVÍSTICA DE HOY, TÉCNICA TODAVÍA MÁS COMPLEJA

La forma del Archivo tiene la consistencia y fijeza de una Memoria, definida por Cicerón como percepción firme de las cosas y las palabras sucedidas en el pasado, percepción que prueba, averigua la verdad y puede con el desgaste del tiempo y el espacio. Para él esta facultad era el pilar y cimiento básico de la inventiva de palabras adecuadas en los discursos 2 . Esta firmeza y seguridad de memoria, que ayer y siempre proyecta el archivo, como institución, hacia todos los ciudadanos

y a las relaciones entre ellos, deriva de un proceso que acumula, selecciona, or-

ganiza y conserva escrituras de hechos y acciones, para servirlas como un resorte en los momentos en que es preciso recordar con confianza. El archivo entra pues en el mundo de los conocimientos a los que nos asimos y aferramos en nuestra vida práctica, los que se pretenden sin especie de duda, sin temor y sin recelo de equivocarse, es el mundo de la seguridad, realidad y verdad, es una cadena de transmisión entre culturas milenarias y actuales. En el libro XXII del Digesto o resumen de leyes del emperador Justiniano, año 535, se relacionan en una unidad única la prueba firme, estable y fácilmente creíble, junto a la escritura y la acción:

Fiant scripturae ut quod actum est, per ea facilius probari possit 3 , que Felipe II en

2. Cicerón: Ad C. Herenium de ratione dicendi, I, II, III: Memoria est firma animi rerum ac verborum

ad inventionem perceptio

3. Digesto, Libro XXII, tit. IV, ley 22.

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las Ordenanzas del Archivo Real de Simancas, año 1588, traducía clara, patente y paladinamente: “Teniendo consideración a que en las escripturas consiste la me- moria de la antigüedad” 4 .

Johann Karl Naeve (1650-1717), catedrático de la Universidad de Wittemberg en 1710, en su Tractatus de Juramentis reconocía y examinaba como se producía

la fe instructiva, la verdad y la no falsedad de un documento original, su certeza

y confianza firme. Estas disminuían con argumentos tan visibles y críticos como

eran la falta de integridad física del mismo, que equivalía a estar maltratado, a tener

manchas y borrados en los lugares sustanciales del texto y al desorden de los espacios interrenglones 5 . A un leve cañizo de pluma está sujeta la memoria de los hombres,

a la tinta, los renglones y el papel, pero en el siglo XXI ya depende de los impulsos

de bytes incrustados en pistas y sectores circulares (magnéticos) o en pistas espirales

(ópticos). La norma ISO 15489 argumenta la fiabilidad del novísimo documento en

la representación completa del hecho documentado, y la integridad en la protección

contra modificaciones no autorizadas 6 . Es el machadiano hoy es siempre.

La memoria individual del hombre es un mecanismo orgánico de células vivas, neuronas húmedas y calientes, desparramadas por el cerebro, que excitadas ejecutan ese triple proceso de suministrar recuerdos porque en su biología acumulan y colectan datos e informaciones más o menos volátiles, los conservan en el cerebro frente a la agresión de cualquier agente distorsionador, y los sirven en el momento y en el lugar en que el recuerdo es requerido en el curso de la vida. La memoria individual es un instrumento operativo muy importante para el hombre, pero también es frágil y volátil por los trastornos del cerebro, es vulnerable por subjetiva y una de las enfermedades más tristes es perder la firmeza de la memoria. Pedro Madariaga metamorfoseaba lite- rariamente esta flaqueza:

La memoria sin pluma es como una barquilla sin remos en el golfo del mar, que luego se anegaría, porque es flaca su naturaleza o por muy grande que sea puede fallar a lo mejor por alguna turbación 7 .

4. Instrucción para el gobierno del Archivo de Simancas (1588). Estudio por José Luis Rodríguez de

Diego. Madrid: Ministerio de Cultura, 1998, 97.

5. Documentum recognoscibile sit integrum, non laceratum aut in locis principalibus maculis, vel in-

ductione linearum cospersum et deletum. Fides enim instrumenti per huius modi vitia visibile minuitur, illudque de falsitate arguitur Vid. Johannis Caroli Naevie: Tractatus de Juramentis. Wittemberg, 1710, p. III, c. VIII.

6. Norma ISO 15489, 7-2; Joaquim Llansó Sanjuán: “Sistemas archivísticos y modelos de gestión de

documentos en el ámbito internacional”. En Códice 2 (Julio - diciembre de 2006), 39-70.

7. Pedro Madariaga: Arte de escribir, ortografía de la pluma y honra de los profesores de este magisterio.

Madrid: Antonio de la Sancha, 1777, 12.

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Existen también memorias colectivas que con su consistencia sirven para vertebrar

y

gobernar las sociedades de los hombres. La tradición oral en canto o en verso, o

la

tradición del libro escrito, o la de los nudos y colores de los quipos incas, o la de

nuestros grandes mamotretos del Registro de la Propiedad, en el que esta se escribe para ordenarla para siempre, fueron y son todas memorias sociales, bases y pedestales

de todo grupo social bien organizado 8 . Una de ellas también y de las más consolida- das es la memoria archivística. Esta se fundamenta en acuñar y grabar actos, hechos

y palabras mediante signos (software) sobre soportes corpóreos y materiales inertes

(hardware) que con aliento desafían al tiempo y al espacio. Mediante la versión de actos y declaraciones a letras y signos (indices verborum), aquéllas, las acciones, ad- quieren vigor y fuerza de memoria (índices rerum), la que en largas y cortas distancias de tiempo y espacio se convierten mediante la lectura en voz de ausentes, la voz sin voz porque paradójicamente nos habla a los presentes, no por los oídos, sino por los

ojos 9 .La inercia de las tintas sobre papiro, pergamino o papel, la de las ferritas mag- netizadas o la los cráteres o bits de los CD hacen firme la percepción de declaraciones humanas, la hacen memoria objetiva, fiable, permanente y durable. La memoria archivística, mediante su inherente organización, conservación y descripción, está siempre dispuesta como un resorte a servir a la sociedad los testimonios e informa- ciones, recientes o antiguos, que precise en cada momento. Razón tiene Gimeno Blay cuando afirma que durante muchos siglos se subrayó esta virtualidad inerte de

la escritura sobre otras más dinámicas:

“El texto se había convertido en el punto de mira de unas prácticas cognoscitivas eru- ditas que aspiraban a alcanzar la verdad y que además descubrían el pasado. El texto, centro de atención, se perfilaba como el lugar de encuentro entre el ayer y el hoy” 10 .

En momentos de turbación e identidades de colectivos profesionales, como los que hemos vivido estos últimos años, esta firmeza ciceroniana de la memoria colecti- va es el ámbito de jurisdicción de la Archivística y del archivero. Este es el sello y mar- ca de una profesión, de una función social que sustenta el tejido de relaciones entre ciudadanos guiados por el estado de derecho. Función que sirve de “hilo” y “huella” a nuestro conocimiento del pasado y nos aparta de lo que es “inevitablemente incierto,

8. Elio Lodolini: Lineamenti di storia dell’archivistica italiana. Dalle origini alla metà del secolo XX.

Roma, 1991, 17.

9. Isidoro de Sevilla: Etymologiae, I, III, 1: Littere autem sunt índices rerum, signa verborum, quibus

tanta vis est, ut nobis dicta absentium sine voce loquantur. Verba enim per oculos, non per aures introducunt. Las letras son indicios de las cosas, signos escritos de palabras orales, con los cuales se origina una fuerza tal que las voces y dichos de un ausente hablan sin voz. Sus palabras nos llegan a través de los ojos y la vista, no por los oídos.

10. Francisco M. Gimeno Blay: Scripta Manent: Materiales para una Historia de la Escritura. Valencia,

Universidad, 1998, p. 4.

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discontinuo, lagunoso basado sobre una masa de fragmentos y ruinas” 11 . El archivo ha contribuido siempre a la crítica de toda “mitología histórica”, y en sus escrituras se permite reconocer, o al menos intentar, lo verdadero, lo falso, y lo ficticio, en la construcción del discurso histórico.

Ahí también está la justificación de la existencia secular de una técnica denomi- nada Archivística. Por ella el Archivo, a través de la prospectiva y rigor de la sabiduría se acoge a las mejores técnicas del entorno civilizado (la cuña, el cálamo, el junco,

el pincel, la pluma, la tinta, los iones magnéticos, el láser, todos incidiendo sobre la

arcilla, papiro, pergamino, papel, platos metálicos, semiconductores de silicio con grabación magnética digital, la placa gelatinosa con partículas dirigidas al norte o al sur, los cráteres o no cráteres en el poliuretano de un disco óptico), sirve a la sociedad toda la utilidad posible (material e intelectual), desarrolla y potencia la durabilidad y permanencia de los derechos e identidades de personas y organizaciones. Y algo más

y también importante que un día del futuro se pueda superar y acceder a todas las

fronteras del inmenso territorio de la Antigüedad y el tiempo pasado a través de do- cumentos tangibles y materiales (tradicionales y digitales), convertidos en máquinas recuperadoras del tiempo.

El escrito con su pragmatismo operativo para la dominación, el gobierno y la gestión, junto con su capacidad de simbolización, se convirtió en plena Edad media

en una cultura 12 , la cultura del Archivo, la que todavía necesitamos sentir su pálpito,

la que nace del pragmatismo del documento como herramienta burocrática de poder,

como motor y recurso racional para la acción “wertrational” de Max Weber 13 .

Hace treinta años, y hoy más, no cabe sino abrumarse por la complejidad de las técnicas archivísticas y el alto grado de conocimientos de todo género que requiere el cuidado de un Archivo, para conservarlo y para que sus piezas sean accesibles cuando se precisen. A las labores archivísticas se les ha denominado acertadamente los “Trabajos de Hércules” en variopintas problemáticas de leones, hidras, jabalíes, perros, toros…, sobre todo en un país como el nuestro, más griego y romano, y menos anglosajón, enfrentado a una variedad tipológica de archivos nacionales, pro- vinciales, eclesiásticos, nobiliarios, empresariales y de administraciones locales, que custodian documentos desde papiros y pergaminos del siglo VIII a los documentos electrónicos del siglo XXI, en diferentes tipologías de la escritura (griegas, hebreas

11. Carlo Ginzburg: El hilo y las huellas, lo verdadero. Lo falso, lo ficticio, Buenos Aires, Fondo de

Cultura Económica, 2011, p. 54.

12. Pierre Chastang: “Ecrire, remployer, archiver. Quelques remarques sur l’evolution de la culture

de l’ecrit au Moyen Âge” En La cultura de la Europa del siglo XIII: Emisión, intermediación y audiencia. Pamplona: Gobierno de Navarra, 2014, 135.

13. Pedro Piedras Monroy: Max Weber y la crisis de las ciencias sociales. Madrid: Akal, 2004, 79.

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y latinas) y en diferentes idiomas y dialectos 14 . De ello nace la variedad de compe- tencias, funciones y conocimientos enciclopédicos que se exigen a sus responsables directos, los archiveros: destreza de lectura sobre formas expresivas y cambiantes de la escritura, contextualización a través de la Historia de las instituciones desde la Edad Media a la más contemporánea, manejo, rescatado del tiempo, de proce- dimientos que han empleado sucesivamente la Administración y los agentes de la escritura, prudencia documentada sobre el delicado y fino régimen jurídico de ac- ceso actual a los documentos de archivo, previsión fundada sobre la proyección del valor futuro de los documentos más cercanos en el tiempo para conservarlos o, en su caso, eliminarlos, y conocimientos en el nuevo campo de las ciencias y técnicas de la Documentación e Información, siempre para utilidad de memoria del ciudadano y de la institución productora de los documentos 15 .

Los archiveros ocupan puestos de trabajo, y estos dentro de cualquier organiza-

ción (oficinas públicas, empresas, instituciones

Uno, la amplitud y número de tareas o competencias distintas que se tienen que realizar (leer documentos desde el siglo X al XX en un archivo municipal, identifi- car, valorar, describir, servir un documento sensible a cualquier derecho en archivos

esenciales

vías a las actividades necesarias y delicadas que derivan en una gran responsabilidad (una propuesta de eliminación de documentos, un diseño de descripción acertada,

Según esos dos vectores re-

sultan distintas la mera realización de un trabajo, por un lado, y la administración, proyecto o diseño del mismo. “Hacer alfileres” no es operar a corazón abierto ni es enseñar a niños subnormales ni es organizar y garantizar un sistema de archivos de un ayuntamiento. Estas últimas actividades son denominadas “profesionales”, porque no permiten la división del trabajo en pequeñas y más fáciles habilidades, repartibles cada una a diferentes personas. No, en el caso de los archivos se requieren muchos años de preparación para ser facultativo o técnico archivero, no sólo la licenciatura, sino muchas veces postgrados y másteres de especialización. Además la complejidad de las tareas que se cumplen en el día a día de un centro archivístico no permite un estrecho control tecnocrático o directivo desde las instancias superiores y directivas, desde arriba. No cabe en las labores archivísticas la especialización, división y gestión vertical de pequeñas y rutinarias faenas, fáciles para cualquiera. Adam Smith cuando

un sistema objetivo de colocación de un expediente

y otro vector, el grado de responsabilidad para señalar bien modos y

son valorados desde dos vectores:

)

),

).

14. Matar al león de Nemea y tomar su piel, matar a la hidra de Lerna, capturar a la cierva de Cerinia,

capturar al jabalí de Erimanto, limpiar los establos de Augías en un día, matar a los pájaros del Estínfalo, capturar al toro de Creta, robar las yeguas de Diomedes, robar el cinturón de Hipólita, robar el ganado de Gerión, robar las manzanas del jardín de las Hespérides y capturar en los infiernos a Cerbero.

15. Luis Martínez García: Los principios de la Descripción Archivística. En “Boletín de la ANABAD”

XL (1999), n. 1, 53.

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ejemplificaba el caso de esta fragmentación el trabajo en la fabricación de alfileres. Cada operario, sin estar adiestrado en el oficio, era apenas capaz de hacer un alfiler al día. Pero guiado y requerido desde arriba por un facultativo que ha diseñado diecio- cho operaciones mínimas, desempeñadas por otros tantos obreros diferentes:

He visto una pequeña fábrica de esta especie que no empleaba más que diez obreros, donde, por consiguiente, algunos de ellos tenían a su cargo dos o tres operaciones. Pero a pesar de que eran pobres y, por lo tanto, no estaban bien provistos de la ma- quinaria debida, podían, cuando se esforzaban, hacer entre todos, diariamente, unas doce libras de alfileres. En cada libra había más de cuatro mil alfileres de tamaño mediano. Por consiguiente, estas diez personas podían hacer cada día, en conjunto, más de cuarenta y ocho mil alfileres, cuya cantidad, dividida entre diez, correspon- dería a cuatro mil ochocientas por persona. En cambio si cada uno hubiera trabajado separada e independientemente, y ninguno hubiera sido adiestrado en esa clase de tarea, es seguro que no hubiera podido hacer veinte, o, tal vez, ni un solo alfiler al día; es decir, seguramente no hubiera podido hacer la doscientas cuarentava parte, tal vez ni la cuatro-mil-ochocientos-ava parte de lo que son capaces de confeccionar en la actualidad gracias a la división y combinación de las diferentes operaciones en forma conveniente 16 .

A los buenos profesionales de archivos no les basta una sola habilidad, abarcan muchas competencias, y no suelen por ello quejarse de la monotonía del trabajo y si son activos suelen estar satisfechos de aplicar las muchas destrezas adquiridas.

La Archivística “posee un cuerpo teórico o doctrinal breve, pero bien fundamen- tado, preciso y muy sólido” 17 . Es joven en producción bibliográfica, pero veterana en experiencias con un abanico con de varillas y pliegues de destrezas y prácticas milenarias: “es una disciplina joven y moderna, en pleno desarrollo y formación de conceptos generalmente valederos o reconocidos y prácticas experimentadas 18 .

Ella nos enseña cuáles son las técnicas de formación, de conservación y de servicio de un archivo. Estamos ante la Archivística más pura. El documento con su inerte materialidad guarda la memoria de cada actividad, dentro de una función y una competencia. Y el archivo, como edificio custodio de un fondo organizado, garantiza la permanencia y durabilidad de esa materia y, además, el acceso a cada testimonio e información cuando se precise.

16. Adam Smith, The wealth of Nations, 1776, l. 1º, c.1, De la división del trabajo: “Un obrero estira

el alambre, otro lo endereza, un tercero lo va cortando en trozos iguales, un cuarto hace la punta, un quinto obrero está ocupado en limar el extremo donde se va a colocar la cabeza: a su vez la confección de la cabeza requiere dos o tres operaciones distintas; fijarla es un trabajo especial, esmaltar los alfileres otro, y todavía es un oficio distinto colocarlos en el papel”.

17. J. Ramón Cruz Mundet, Manual de Archivística, Madrid, 1994, 67.

18. Aurelio Tanodi, El concepto de archivología. Santa Fe, 1961, p. 1.

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La Archivística enseña a cómo organizar, describir y valorar 190 kilómetros linea- les de documentación, es el caso del Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares. para en un momento dado responder o negar cualquier demanda del usuario del Archivo. O a escala mundial dominar los datos conservados entre 1999 y 2002, que según un estudio de la californiana universidad de Berkeley, fueron tantos como en toda la historia de la humanidad y un 93% en formato electrónico 19 . El archivo es un conjunto de documentos producidos al hilo de una actividad prácti- ca, guardados conforme a un orden natural, reglamentado por necesidad. El mejor

método de organización de un archivo es recrear o simplemente respetar ese orden originario que tuvieron o debieron tener los papeles en cada una de las oficinas pro- ductoras. Este respeto es un método objetivo porque cualquiera que sea el archivero,

si se hace bien, si se conocen las formas, el resultado es el mismo. Si se desorganizara

mil veces, el resultado de organizarlo conforme al orden natural y originario sería mil veces el mismo. Los siglos y las prácticas de la escritura han configurado reglas, prin-

cipios, leyes y reglamentos que inciden en la gestión de la memoria, pero en cualquier caso, el archivero debe conocer los niveles de autoridad en la entidad organizada, sus áreas especializadas y las reglas generales de actuación dentro de cada organización que genera un archivo. En fondos, secciones de fondos o subfondos, series, expe- dientes y documentos o en el sistema de metadatos se reflejan como en un espejo los funcionamientos de las organizaciones. Las normas ISAD en sus distintas versiones, elaboradas estos últimos treinta años ponen en evidencia lo que decimos.

Estas reglas funcionan desde los clásicos principios de la división y ordenación, en la Edad Media consagrados y denominados Divisio et Ordinatio, traducidos en las organizaciones, sus funciones, jerarquía de autoridad, cadena de mandos y normalización del proceso del trabajo y la gestión. La revolución del uso del papel

y los registros en las cancillerías de Inocencio III, Jaime I y Alfonso X de Castilla

desbordó los archivos de cofres y arcas hacia los estantes y se precisó lo que en otras ramas profesionales era el método de síntesis y recopilación enciclopédica, como conocimiento y saber total, para ello ordenado por títulos y capítulos 20 , en el caso archivístico, por títulos de fondos y series (Gratiarum, Justicie, Expensorie, Deffinitionum…). El medieval fondo de registros Reales del Archivo de la Coro- na de Aragón (Barcelona) o los registros condales del Infante Pedro de Aragón 21 demuestra una práctica de moda en universidades y centros de enseñanza para

19. Ramón Alberch y J. Ramón Cruz Mundet: La aventura de la información. De los manuscritos del

Mar Muerto al imperio Gates.Madrid: Alianza, 2004.

20. Jacques Le Goff, “Pourquoi le XIII siècle a-t-il-été plus particulièrement un siècle d’enciclopedisme”

en L’enciclopedismo medievale de M. Picone (ed.). Ravena, 1994.

21. Manuel Romero Tallafigo: La cancillería de los condes de Prades y Ribagorza: (1341-1414). Zarago-

za: Institución Fernando El Católico, 1990.

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organizar conocimientos enciclopédicos y universales en campos como la filosofía, la teología y el derecho. La recopilación como práctica archivística exigió también recopilar, releer toda la documentación, identificar autores y materias, organizarla, dividirla y articularla en segmentos o partidas, ordenar cada uno de estos, y por fin describirlos. Era simplemente llevar a la práctica del universo archivístico los principios escolásticos de Ordinatio y Divisio ejecutados en ámbitos paralelos como las colecciones de leyes canónicas y las sumas filosóficas y teológicas, iniciadas en las Sentencias de Pedro Lombardo (1100-1160), revalorizadas por la Escolástica de las universidades del siglo XIII y siguientes 22 .

Los documentos que producen y sedimentan reflejan tales comportamientos. Ac-

ciones y documentos ahora y siempre son y han sido predecibles, por un principio inapelable, el económico del máximo rendimiento con el mínimo esfuerzo mediante

la normalización y predeterminación, patentes en la estructuras orgánicas del archivo

tradicional o electrónico que cada institución produce.

Resulta imprescindible dividir la Archivística en dos partes, según la parte integral del Archivo que quede afectada. Hay técnicas dirigidas a conservar la materialidad consubstancial del archivo como conjunto (soportes materiales e instalaciones) y hay técnicas dirigidas al control intelectual de las informaciones y testimonios asentados en los soportes de ese mismo archivo (identificación, valoración, organización y des- cripción). Ambos grupos de técnicas son necesarios.

El archivo, por tanto, es y fue abordado técnicamente por la Archivística en su perspectiva material (hardware), la de elementos en soportes, sustentantes y sustenta-

dos, contenidos en continentes que en los soportes tradicionales van desde la carpeti- lla o la carcasa del DVD, pasando por la caja a la estantería, del depósito al edificio. Y es abordado, en segundo término, desde el gobierno intelectual (software) sobre todos

y cada uno de los testimonios e informaciones, a través de la llamada gestión docu-

mental, la administración de archivos, organización, descripción y servicio. Y esto fue lo que intentamos en nuestro manual: Archivos y Archivística: Soportes, edificio y organización. Título que abarca tal dicotomía de técnicas “conservación de la materia no volátil/control intelectual” de los archivos 23 .

Vistos los cometidos de la Archivística, desde el siglo XVII hasta el último ter- cio del XX el abanico de las llamadas ciencias auxiliares de la Historia sirvió a los archiveros para la interpretación de los textos que había que identificar y describir (Paleografía, Diplomática, Sigilografía, Cronología, Heráldica, Historia de los sis- temas monetarios y metrológicos, Toponimia y Antroponimia y Latín Medieval).

22. Pierre Chastang: op. cit. 145 y ss.

23. Manuel Romero Tallafigo, Archivística y Archivos, Carmona 1995, 2ª ed. p. 43.

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Para el tratamiento técnico de los archivos fue imprescindible el conocimiento de las formas generales de los documentos pasados y actuales. Desde sus formas de au- tenticidad se extraían al autor, el productor, el título correcto, la pertenencia a una función, la fecha, el orden, se elaboraba el extracto del contenido, e incluso las formas que relacionaban a un documento con otro dentro de un expediente o su serie o fondo…. En los últimos treinta años para interpretar mejor el documento actual ante el colapso de documentos hizo precisas las destrezas en el Derecho Administrativo y en las claves de los llamados Libros de estilo de las Administra- ciones y Organizaciones.

En estos momentos de soportes electrónicos nos hemos visto obligados a re- flexionar de nuevo desde el ámbito de aquella vieja Diplomática, la del diploma en pergamino y papel. En primer lugar digamos que desde su nacimiento científico nunca fue una ciencia exclusivamente histórica, fue también y sobre todo jurídica,

es decir en defensa de la justicia, lo bueno y lo malo, y la verdad, lo verídico y lo falso. Cuando Dom Jean Mabillon, a finales del siglo XVII, en 1681, consagró la llamada “res diplomatica”, la consideró como un campo científico en tres ámbitos

el anticuario, el histórico, y por fin el forense (quidquid inde ad antiquariam, his-

toricam et forensem disciplinam pertinet). No conviene olvidar estos tres campos que siempre han sido, aunque haya sido el histórico el de más proyección biblio-

gráfica y el que ha destacado en los planes de estudios universitario, el jurídico

y forense forma parte de ella y por tanto interesa a los archivos más actuales. A

estos, todavía hoy, proporciona depurados conceptos y métodos de análisis de las formas de su documentos a las que aplica la luz de la Razón, tan del gusto de los matemáticos que con sus algoritmos crearon y crean los nuevos soportes digitales. En segundo lugar, en la obra clásica De re diplomatica libri VI se estudiaban los diplomas medievales, menos por su utilidad para la Historia, y más (maxime) por-

que daban garantías jurídicas para la titularidad y posesión de los patrimonios y derechos, civiles y eclesiásticos. Nadie osaba (“Nemo non videt”) discutir por ello

la necesidad práctica y utilitaria de estudiar los Diplomas maxime por parte de los

juristas y administradores del derecho:

Quanta sit istius artis utilitas ac necessitas nemo non videt, cum non solum eclesiastica et civilis historia sed maxime privatorum hominum ecclesiarumque fortunae plurimum pendeant ex eiusmodi monumentis 24 .

Como archiveros educados en la Diplomática tradicional no hemos tenido miedo

a replantear desde los esquemas de las formas intrínsecas y extrínsecas la definición

legal del novísimo documento, el electrónico y digital, esa entidad, realidad o ser, que en principio percibíamos con variedades más o menos volátiles o efímeras, y

24. Liber I, caput I.

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que queríamos más permanentes y durables. Entidades o seres que anclaban nuestra percepción o acceso, más que a los ojos y a las manos de siempre, hacia un sistema operativo y sofisticado. Se rompía en estos últimos años la identificación tradicional de documento con documento escrito. Nos hemos acostumbrado a lo que se recoge en el Real Decreto de 16 de febrero de 1996, que regulaba la utilización de técnicas electrónicas, informáticas y telemáticas por la Administración General del Estado:

“Una entidad identificada y estructurada que contiene texto, gráficos, sonidos, imáge- nes o cualquier otra clase de información que puede ser almacenada, editada, extraída e intercambiada entre sistemas de tratamiento de la información o usuarios como una unidad diferenciada” 25 .

Hoy nos vemos obligados a asumir que esta entidad, entendida como ser o reali- dad material que con artificio mantiene y garantiza el testimonio de una actividad, porque así lo pretenden los algoritmos creados por los ingenieros matemáticos o in- formáticos, con códigos más o menos crípticos. Con ellos se marcan los pasos sucesi- vos hacia un estado final de integridad, conservación, mantenimiento de la identidad del autor, autenticidad e intimidad de documento o entidad creada.

Hoy día las Bases de Datos y la Ingeniería del hardware y software de Archivos son cada día una realidad más cotidiana en el campo de los archivos 26 . Están en el mercado y prestan servicios en actuaciones tan complejas como las archivísticas. Tienen diseños y prestaciones muy variadas que el archivero debe saber evaluar para mejorar sus productos. En estos principios del siglo XXI se necesitan más que nunca los auxilios o subsidios de nuestro pujante entorno tecnológico del documento y del mundo de las ciencias de la Información y la documentación 27 . Ciencias que llega- ron a apartar a la Archivística de su troncalidad natural, dada su importancia en la vida social y en los derechos cívicos, en los planes de estudios de Biblioteconomía y Documentación, creemos que fue no por desconocimiento o desprecio, sino por la complejidad de naturaleza, antigüedad y necesidad de ciencias auxiliares que tienen los archivos en nuestro entorno grecorromano.

25. Artículo 3-d del Real Decreto 263/1996 de 16 de febrero, por el que se regula la utilización de téc-

nicas electrónicas, informáticas y telemáticas por la Administración General del Estado.

26. C. Mendo, “El largo camino de la Archivística: de práctica a ciencia”. En Signo 2 (1995) p. 132:

“La demanda de información ágil, la creación de bases de datos y la aplicación e la informática, útil para todo tipo de necesidades de los usuarios, ha hecho que la archivística adopte técnicas de trabajo fronteri- zas con la documentación. Ello le ha hecho conceptuarse como una ciencia de la información, pero con unos contenidos y una metodología de trabajo propios frente a la documentación y la biblioteconomía”.

27. Michael Cook, “Information Techology: A challenge to training”. En Archivum, XXXIV (1988)

pp. 17-33; C.M. Dollar, The impact of information techonologies on archival principles and practices: Some considerations. Washington, 1990; José Ramón Cruz Mundet: “Pasado y futuro de la profesión de archi- vero”. En Lligall 9(1995) pp.113-120.

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Ha crecido en estos últimos años la importancia de la Lingüística en toda su extensión para aumentar la calidad de la descripción y metadatos de fondos de archi- vos, no sólo para traducir, sino para escoger “thesaurus” apropiados en la descripción archivística palabras claras y distintas.

De ahí es siempre ineludible para auxilio del archivero asumir el conocimiento de las Organizaciones, productoras de los Archivos. Han sido abordadas en su concepto teórico, en su estructura, en sus partes fundamentales y en el sistema de flujo de ac- tividades 28 Tales conocimientos se completan mediante la tradicional Historia de las Instituciones (el historicismo no es malo, sino lo contrario, pues se trata de explicar lo más actual desde perspectivas del pasado) y la teoría científica de los procedimientos, administrativo, judicial, empresarial y económico…, que en el caso de la formación de archiveros, deben ser asumidos, sobre todo, desde su plasmación en un expediente o en una serie documental. Hay unas prácticas predeterminadas en todas las organizaciones presentes y pretéritas. Si se logra transmitir el método para descubrirlas dentro de los mismos documentos, crearemos mentes capaces de dilucidar las claves del principio de respeto a la estructura orgánica de los documentos, principio básico de la Archivística.

No sobran a la Archivística, como ciencia de la conservación preventiva, ciertos cono- cimientos elementales y puntuales de Física (humedades, temperaturas, luz), Química

(soportes orgánicos e inorgánicos, agentes insecticidas y microbicidas), Biología (Flora

y

Fauna archivófaga). En los futuros archiveros habrá que incentivar la curiosidad por

la

permanencia y durabilidad de cada uno de los soportes, los antiguos, nuevos y noví-

simos. No hay documento puramente virtual, todos los que yo conozco son materiales.

EL ARCHIVO, ARQUETIPO CLÁSICO, HOY Y SIEMPRE ACTUAL “¿Siglo nuevo? ¿Todavía llamea la misma fragua? / ¿Corre todavía el agua por el cauce que tenía? / Hoy es siempre todavía”, son versos de Antonio Machado en sus Poemas y Cantares. ¿Nuevo concepto de archivo ante la realidad TIC? ¿Es una palabra que hay que borrar o hay que preservar? ¿Es hoy todavía el Archivo lo que fue hace milenios? ¿Es un paradigma consagrado como clásico y adicional?.

Definición de conceptos como el de archivo precede a progreso y mejoría y re- pugna a la decadencia. Así lo expresaba el físico y filósofo de la naturaleza, el escocés William Thomson (1824-1907), conocido también como Lord Kelvin:

28. Henry Mintzberg: La estructuración de las organizaciones. Barcelona: Ariel,1998. Libro de lectura

agradable, con múltiples ejemplos y que sintetiza la teoría de cualquier organización, sea actual, sea histórica: sistema de flujos, la definición de puestos de trabajo y la especialización, sistemas de planifi-

y una serie de categorías muy útiles a los archiveros para las organizaciones actuales y también

para las históricas; Daniel Katz y Robert L. Kahn: The Social Psychology of Organizations. John Wiley & Sons Inc, 1978.; Carles Ramió y Xavier Ballart: Lecturas de teoría de la organización. Madrid: Ministerio para las Administraciones públicas, 1993.

cación

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Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre 29 .

Un concepto ya definido, es además “clásico” cuando sus categorías y aplicaciones son tradicionales, ejemplares en el tiempo, siempre modélicas y sin discusión norma- tiva, con una dignidad adquirida que en nuestro entorno corre desde la antigüedad grecorromana hasta el momento más reciente. Antigüedad sabia, cuyos “modelos” y normas se proponen y siguen para la ejecución de un proyecto. Son para cualquier tema y época maestros únicos de “bien pensar y bien decir”. Antigüedad que los grie- gos “fundaron” y “sus aguas puras” los romanos “bebieron” y nos “comunicaron” 30 . Creemos que hoy, ante la encrucijada de la escritura digital y electrónica, ante el exceso de memoria escrita que generan las instituciones, los archiveros poseemos una solución, que deriva de un concepto clásico, con categoría y raíz en el mundo de la jurisprudencia romana y de la historia, que no puede menospreciarse porque una persona cualquiera nos pregunte con sorpresa qué hacemos o por la imagen que pro- yectamos en guiones cinematográficos o novelísticos. “Unas cunas que son de petate, pero hay otras de manta o de seda, sin saber al nacer ya venimos de primera, segun- da o tercera” interpretaba en una composición popular María Dolores Pradera+El archivo, como institución social, nació en cuna de primera, la cuna grecorromana, enraizada en la Atenas de Aristóteles y la Roma de Cicerón.

La palabra archivo, como tal, es puramente heredada del griego archeion (pro- piedad del gobierno), el nombre aplicado por los órganos gubernativos de Atenas al depósito de sus documentos, establecido en el templo Metroon. Enlaza por tanto con el Derecho y la ley. No hay que derivarla del término latino arca (cofre o caja fuerte) que desde San Isidoro en sus Etimologías ha implicado equivocadamente al archivo con solo connotaciones de privacidad y secreto.

La palabra archivo, depósito de documentos, proviene del arjé, que sintetiza lo ori- ginario, lo primero, lo principal, lo primitivo, el comienzo que da orden, gobierno y concierto al universo en toda su expansión. En este aspecto relaciona al archivo como instrumento de gobernanza de la sociedad. Pero aún más, «archivo» remite al arjé con su carga de precepto y autoridad por el testimonio, la fehaciencia y la autenticidad:

Porque Archivum o archium en versión latina, o archivo en español, tiene y añade algo más a la palabra originaria de Roma, Tabularium o depósito de soportes de tablillas, añade el sentido y función social que le viene del arjeîon griego: un lugar, una casa, un domicilio, una dirección, la residencia de los magistrados superiores, los arcontes

29. Cit. La biblioteca, espacio de cultura y participación. Ed. José Antonio Gómez Hernández y Pedro

Quílez Simón. Madrid: Anabad, 2008, 92.

30. Juan Bautista Muñoz: Elogio de Antonio de Lebrija. Madrid, 1796. Ed por Nicolás Bas: Antología

de textos de la Ilustración Valenciana. Valencia: Diputación Provincial, 1998, 270-276.

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o arjontes, los que ejercían y emanaban autoridad y fe pública, lo necesariamente

creíble por la sociedad. En su casa entonces, en el arjeîon o archivo, que es su casa

oficial, se depositbaan los documentos oficiales, herramientas para afianzar más esa autoridad. Los arcontes eran sus guardianes, aseguraban la tutela física del depósito

y del documento, y gozaban el poder reconocido de interpretar los documentos de

archivo. Porque están encomendados a tales arcontes, estos escritos formulan la ley,

la recuerdan e incitan con su objetividad, inerte y segura, a cumplirla. Los archivos,

sean privados, sean públicos, sean institucionales, sean personales, son depósitos de documentos escritos que proyectan orden, autoridad y ley en la sociedad. Son por su lenguaje persuasivo una estrategia suave, no violenta, del poder y de la defensa segura.

Relatemos ahora la línea temporal que ha hecho clásico un concepto, antiguo y

muy actual para definir nuestra profesión ahora mismo. El archivo es y fue el lugar por antonomasia de lo que se ha venido llamando la “Administración del Tesoro de

la Memoria”, que toda sociedad bien trabada y que se precie de serlo tiene y man-

tiene 31 . Recordaba e insinuaba el historiador Gayo Suetonio Tranquilo (70-126) el pulcherrimum instrumentum imperii o precioso instrumento del imperio, formado por tres mil tablillas de bronce, donde estaban grabados actas y documentos públi- cos que instruían con fuerza y testimoniaban. En su época el emperador Vespasia- no lo recogió celosamente cuando reconstruía los edificios públicos del Capitolio de Roma destruidos por un incendio 32 . Años después el jurista Ulpiano (Gnaeus

Domitius Annius Ulpianus), uno de los forjadores de la literatura jurídica de occidente, tutor confidente y maestro del emperador Alejandro Severo (208-235) definía el concepto

finalista de archivo como un lugar de custodia de documentos fehacientes o que hacían fe en los juicios y tribunales: Locus in quo acta publica asservantur ut fidem faciant. Es decir un lugar para acreditar la fe social en las escrituras o actas públicas para perpetua memoria.

Siguió afianzándose el clasicismo del concepto. Tres siglos más tarde en el año 535 el emperador Justiniano, cuyos consejeros leían mucho a Ulpiano, promul- gó nuevas constituciones (Novellae constitutiones), leyes que con el tiempo debían

agregarse al anterior y más recopilativo Código o Corpus Iuris Civilis. A mi entender

la Novella Constitutio XV , De defensoribus civitatum en su caput o capítulo V, da la

mejor definición de archivo, que por clásica y canónica sigue hoy mismo actual y muy útil para los que pretendemos definir desde la historia la profesión actual y

palpitante del archivero y su cometido, el archivo. Es un concepto más substancial,

y no sólo finalista. Según la constitución imperial, los defensores de las ciudades

31. Jacques Le Goff: Memoria. En “Enciclopedia Einaudi”, vol. 8, “Labirinto-memoria”. Torino,

1979. Del mismo autor véase: El orden de la Memoria: El tiempo imaginario. Barcelona, 1991.

32. Charles Thomas Newton: Essays on Art and Archaeology. Cambridge 1880 (ed. 2010), 91.

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tenían como precepto y obligación ineludible el mantener en cada una ellas un archivo, palabra derivada del arjè griego o gobierno perfecto del universo (sit apud eos archivum). El archivo, principio de orden y dirección en el complejo entramado de una sociedad, se concibe como edificio público (quaedam habitatio publica), por tanto tan perceptible en el paisaje urbano como los del senado, templo de Júpiter o palacio del senado, suntuoso, distinguido y emblemático en el horizonte de la urbe. Un alojamiento de autoridad con gran proyección simbólica donde los diplomas o monumentos estén convenientemente recondidos y custodiados. No se queda en la mera forma o en el puro edificio continente, aclara la finalidad: para que allí por un lado los documentos permaneciesen incorruptos, íntegros, permanentes y durables (incorrupta maneant), y por otro, se encuentren velozmente cuando se requieran (velociter a requirentibus inveniantur) 33 .

Es la tricotomía sustancial y racional del archivo, primero como edificio y habita- ción públicos, segundo como hardware de materia incorruptible (en aquel entonces tablillas de madera o bronce, volúmenes de papiro y pieles de pergamino) y tercero, como poseedor de un software de inteligencia analítica y sintética para poder recu- perar los documentos cuando se precisen. Era tan clásico el concepto que se repetirá con una genial traducción al español diez siglos después el rey Felipe II, en sus ar- quetípicas Ordenanzas para el Archivo Real de Simancas del año 1588, modelo que asumieron muchos archivos nobiliarios: Archivo es el castillo y fortaleza de Simancas “donde las dichas escripturas puedan estar con comodidad y tener lugar conocido, de manera que se hallen cuando se buscaren” 34 . Comodidad en el sentido de regalo y descanso ante los agentes agresores, y en el sentido también de conservar siempre su interés, provecho y utilidad.

Pero en el siglo de las luces sigue tal tradición. La recogen las Ordenanzas de 10 de enero de 1790, promulgadas para el Archivo General de Indias, por Carlos IV y

el

ministro Antonio Porlier, bajo la inspiración del historiador Juan Bautista Muñoz

y

los archiveros madrileños Pedro Pisón y Antonio Amestoy. Se trataba de conse-

guir el ideal de Justiniano o algo tan importante como un «Archivo General de los papeles de Indias en la Real Casa Lonja de Sevilla, donde custodiados y ordenados debidamente al cargo de archivero propio y oficiales produjesen la mayor utilidad posible» (Ordenanzas del Archivo). El paralelismo clásico es evidente: Integridad y disponibilidad de los documentos (incorrupta maneant), en un edificio de calidad y

33. Praecepta vero faciat tua eminentia per unamquamque provinciam, ut in civitatibus habitatio quae-

dam publica distribuatur in qua conveniens est defensores monumenta recondere, eligendo quodam in pro- vincia qui horum habeat custodiam:Quatenus incorrupta maneant haec et velociter inveniantur a requiren- tibus, et sit apud eos archivum, et quod hactenus praetermisum est in civitatibus emendetur.

34. José Luis Rodríguez de Diego: Instrucción para el gobierno del Archivo de Simancas (año 1588).

Madrid, Ministerio de Cultura, 1998.

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autoridad como la Casa Lonja herreriana (quaedam habitatio publica), y el orden, la disponiblidad y utilidad (velociter a requirentibus inveniantur).

El archivo clásico tiene todavía hoy una finalidad positiva, palpable y ética: servir información, transparencia y testimonio de prueba, necesarias a las instituciones, la sociedad o las personas que lo soliciten. Es servir con el instrumento documental memoria corporeizada de derechos, hechos y obligaciones, colectivas y personales.

Nos cuesta imaginar a Vespasiano, a Ulpiano, al emperador Justiniano, a Felipe II,

y a Carlos IV dando soluciones al repositorio público, que no archivo, de datos más

grande que la humanidad ha creado: la plataforma Web de distribución y colaboración

de comunicación. Almacena en la actualidad petabytes de datos (un petabyte es mil terabytes o un millón de gigabytes. Filmar la vida de una persona que viva cien años durante las veinticuatro horas del día ocuparía 0,5 petabytes. La función de los servicios de archivos en las actuales organizaciones, públicas y privadas, no ha cambiado sustan- cialmente. Sólo han cambiado los medios técnicos que estructuran a los documentos

y su organización, las demandas de los ciudadanos, y nuevos entornos de actividad en

ellos 35 . En los requisitos que en las vigentes normas ISO se dan a los documentos de

archivos están latentes y vivos los principios clásicos: Los metadatos identifican para localizar, recuperar e interpretar los documentos haciéndolos disponibles, la autentici- dad y fiabilidad se garantizan mediante la integridad porque “los documentos deben almacenarse en soportes que garanticen su disponibilidad, fiabilidad, … durante todo

el período de conservación, ante cualquier cambio de sistema” 36 .

Por ello, en los nuevos documentos el archivo, si quiere superar la encrucijada en-

tre la tradición y la modernidad, debe mantener incorruptibles e intactos (incorrupta maneant) el hardware o parte física, el material que se emplea para que un ordenador

o cualquier aparato electrónico pueda funcionar y ejecutar las tareas de testimonio fe- haciente y auténtico. Hoy nos enfrentamos ante documentos definidos y epigrafiados como “productos con fecha de caducidad”, que oscilan entre 10 y 25 años para los magnéticos, y en torno a 50 para los ópticos, en temperaturas y humedades controla-

das 37 . El archivo debe mantener ágiles y veloces (velociter a requirentibus inveniantur) las instrucciones o software que se incorporan a un sistema informático para que este lleve

a cabo sus funciones documentales. Si los ingenieros informáticos son los profesionales

35. Eduardo Núñez Fernández: Archivos y normas ISO. Gijón: Trea, 2007, 9.

36. Normas ISO 15489, 7.2 y 9.6.

37. Rosa María Blasco Martínez: Escritura, tecnologías y sociedad de la información. Santander: Univer-

sidad de Cantabria, n 2008, 29; Alice Keefer y Núria Gallart: La preservacion de recursos digitales: El reto

para las bibliotecas del siglo XXI. Barcelona: UOC, 2007, 229; Garazi Sastre Natividad, “Preservación y conservación de documentos digitales” [en línea]. En ArchivPost. Salamanca: Asociación de Archiveros de Castilla y León, 2015. Disponible en: http://www.acal.es/index.php/archivpost-a-fondo.

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que desarrollan el software y las mejoras necesarias en el hardware, los archiveros deben formar una alianza con ellos para que el archivo electrónico llegue incluso a ofrecer ma- yores ventajas de conservación y acceso con relación al archivo tradicional. No está mal tampoco considerar que es importante dignificar al Archivo de la modernidad con un edificio emblemático (Habitatio publica). Es importante una arquitectura acorde con

la

importancia que tiene la memoria social dentro del imaginario visual y simbólico.

La actuación escrita o el documento adquiere continuidad (ausencia de cortes

o

interrupciones), estabilidad (ausencia de cambios) y durabilidad (ausencia de un

término o final conocido mediante la inercia del soporte y la escritura manuscrita o electrónica en el documento. Sin embargo los “archivos” cumplen una función con

la “sociedad” al custodiar esos documentos fiables en una institución fiable, el archi-

vo, que los protegen del deterioro y pérdida, los sirven diligentes cuando se buscan

y garantizan en el tiempo y la antigüedad la fehaciencia y verdad de sus contenidos.

EL DOCUMENTO DE ARCHIVO, OTRO ARQUETIPO CLÁSICO EN EL HOY MÁS ACTUAL

Después de enmarcar en la actual encrucijada tecnológica al archivo, pasemos

al documento electrónico. Conviene hacerle una crítica histórica, juzgarlo, y des-

montarlo para delimitar mejor su función en las organizaciones sociales, como nos recomendaba Jacques Le Goff en el tradicional, el de pergamino y papel y tinta. “Ningún documento es inocente. Debe ser juzgado. Todo documento es un monumento que hay que saber desestructurar y desmontar” 38 .

Ha recibido denominaciones múltiples según el impulso comunicador y organizador

de ser una de las “ruedas útiles” para el discurrir fluido de la sociedad: Porque la avisaba

y llamaba la atención era monumento (monumentum del verbo Monere), porque la

enseñaba era documento (documentum del verbo Docere) 39 , porque instruía, es decir daba fe era instrumento (instrumentum del verbo Instruere), porque recordaba y servía a la memoria era “record” (el “record” inglés es un derivado del latino Recordari) y por- que gobernaba, organizaba o regía es registro (regestum del verbo latino regerere). En el mundo de derechos y obligaciones del ya referido Digesto de Justiniano se le llamó ins- trumento o instrumentum: Porque en una causa o pleito judicial instrui potest, es decir podía instruir o mostrar con tal fuerza que no había necesidad de testigos 40 .

38. Jacques Le Goff: Pensar la historia. Modernidad, presente, progreso, Barcelona, 1991), 40.

39. Luis Núñez Contreras: “Concepto de documento”, en Archivística: estudios básicos, Sevilla. Dipu-

tación Provincial, 1982, 31.

40. L. XXII, tit. IV, l. 1ª: Instrumentorum nomine ea omnia accipienda sunt quibus causa instrui potest.

Et ideo tam testimonia quam personae instrumentorum loco habentur. En la ley 22: Fiant scripturae ut quod actum est, per ea facilius probari possit.

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Hay un concepto meramente estático de documento como espacio fijo de en-

cuentro del pasado desde el presente, a través del texto estructurado en protocolos

y fórmulas. Una definición que asume sólo la inercia de la escritura es la que dio

Jacques G. Février como un procedimiento que sirve actualmente para inmovilizar

y fijar la lengua articulada, huidiza por su misma esencia 41 No pasamos por alto otro

concepto más dinámico, organizador y simbólico con los otros mensajes no textua- les, como los sonidos dirigidos desde las fórmulas a los oídos en la lectura oral (cursus, coma y cola), o los vistos en sus caracteres icónicos o externos (pliegos, blancos de márgenes, posiciones jerárquicas de suscripciones, mayúsculas iluminadas o hiperbo- lizadas, cantos dorados, emblemas

Ambos conceptos, estático y dinámico, dan la visión completa de la escritura como medio firme y persuasivo de “comunicación interpersonal y visual”. La “lógica” de la escritura con sus alfabetos y sus tipologías de letras, con su permanencia, inercia y du- rabilidad y con su siempre viva facultad expansiva, estimula y alimenta la “organización social” concebida ésta como la “religión y el ritual”, “la economía y el mercado”, “el Estado, la oficina y la burocracia”, “la ley y el derecho, las rupturas y continuidades 42 .

Clérigos y universitarios que pululaban por las cortes y palacios de las emergen- tes ciudades de Europa del siglo XIII tenían muy bien asimilada una definición de

Rolandino Passeggeri en su Summa Artis Notariae. En ella se resalta la esencia de un diploma original, la fe que generaba sobre la pertenencia de un derecho o propiedad,

la integridad que mantenía y de la sinceridad que emanaba:

Se da fe y creencia solamente al documento o instrumento público original, es decir al que aparece a la vista sin dolosa manipulación, es decir sin rotura o raspadura o tachado 43 .

No está de mal aquí traer a colación un aforismo utilizado como exordium o preámbulo por los cónsules y rectores de la ciudad de Bruneswich en 1295. El do- cumento que otorgaban era clave para el mantenimiento perpetuo de la dotación de una capellanía en un altar de Santa Catalina:

Ferrum rubigine consumitur et lapides vetustate deficiunt, multo fortius institutiones ho- minum a memoria laberentur nisi scriptis autenticis et testibus ydoneis fulcirentur 44 .

41. Histoire de l’Ecriture, nouvelle édition entièrement refondue, avec 135 figures, Paris, Payot, 1959.

42. Jack Goody: Cultura escrita en sociedades tradicionales. Barcelona, 1996.

43. Summa Artis Notarie. Turin, 1607.

44. Gustav Schmidt: Urkundenbuch des Hochstifts Halberstadt und seiner Bischöfe. Halberstadt, 1883,

199. El hierro se consume por el óxido u orín, y las piedras se desintegran por la antigüedad. Y mucho más se borrarían en la memoria de los hombres sus instituciones sino fueran corroboradas y reafirmadas por el testimonio del escrito.

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Todavía en el siglo XVII, un frontispicio de la edición de los seis libros De re diplomatica, obra del erudito benedictino Jean Mabillon intentó figurar e imaginar como protagonistas centrales a la verdad y la justicia, los ideales socráticos, la medi- cina contra la misología (odio a los razonamientos) 45 que derraman los diplomas de archivos. Sus formas internas y externas resistían los embates de la razón crítica más pura en aquel siglo de Descartes. El pie de portada epigrafiaba así a la Diplomática:

Veri justique scientia vindex, o ciencia reivindicadora de lo verdadero y lo justo, natu- ralmente dialéctica a través del documento.

Esta inscripción de justicia y verdad aparece proyectada al pie de un emblemático

y arquitectónico escenario, un foro clásico repleto de templos y edificios públicos de Roma. Se resaltan dos especialmente, un Archivo y una Biblioteca, uno a la derecha

y otro a la izquierda. Del primero un joven sale y camina seguro, embebido en la

lectura de un diploma, en la segunda un anciano, sentado, lee un grueso códice, apoyada la cabeza en la mano izquierda, y con la derecha señalando el renglón que

sigue en la lectura.

Entre ellos, el archivero y el bibliotecario, aparecen sentadas como protagonistas estelares, ocupando un lugar central, dos hermosas damas o matronas: La Justicia y

la Verdad. La Justicia coronada se manifiesta con un gran ojo vigilante y abierto en el

pecho, y porta una balanza de recto equilibrio en la mano derecha. La otra matrona, la de la Verdad, se exhibe sin corona, el cabello recogido con una tenia, desnuda de un pecho, con la inquebrantable palma del triunfo en su mano derecha y la verdad en forma del sol radiante, elevado por su mano izquierda.

Arrodillada a los pies de ambas damas, la justicia y la verdad, formando vértice

con ellas, se representa otra, la de la ciencia Diplomática, la estudiosa perspicaz de los secretos íntimos pero reconocibles de un documento: Postrada y cubierta con el pétasos

o casco alado del Hermes, el dios joven y elocuente, el dios perspicaz de la siempre útil Hermenéutica, el mentor de caminos y encrucijadas hacia el progreso. Esa Diplomática vestida de dios porta en sus manos un pergamino donde en escritura capital clásica aparece De re diplomatica. Bajo este pergamino, como herramientas carácterísticas de la Diplomática, no la bolsa ni el caduceo, sino unas herramientas que calculan la verdad,

la justicia y la objetividad: una esfera de superficie única y equidistante a un punto, un

triángulo con el orden de su figura, y un espejo, terso y bruñido, que al que se mira en él, siempre recibe respuestas puntuales de la verdad como es, no alterada, y perfecta en

45. Fedón 91-bc. Traducción de Platón, Diálogos III: Fedón, Banquete, Fedro, versión española de C.

García Gual, Gredos, Madrid 1992: “Vosotros, por tanto, si me hacéis caso, os cuidaréis poco de Sócra- tes y mucho más de la verdad, y si en algo os parece que digo lo cierto, lo reconoceréis, pero si no, os opondréis con toda razón, precaviéndoos de que yo en mi celo no os engañe a la vez que me engaño a mí mismo, y me marche, como una abeja, dejándoos clavado el aguijón”.

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sus matices. Es decir la correspondencia entre lo que dice el documento y lo que son en

sí las cosas. Como decía Fray Luis de León, en La perfecta casada, el espejo es contumaz

en su verdad aunque la coqueta mujer “esté sentada tres horas afilando la ceja y pintan- do la cara, y negociando con su espejo que mienta y la llame hermosa” 46 .

Es decir la Diplomática da el método básico, exacto y preciso, de dilucidar la génesis, forma y tradición o modo en que nos llega el documento, lo que convierte

a éste en herramienta social no prescindible para la fe firme de los actos humanos.

Su verdad se medía desde el escepticismo ante las ideas heredadas y no criticadas. Mabillon proyecta al micromundo del documento las luces de la Ilustración y de la ciencia modernidad. No en vano de la verdad de tales textos, normalmente en tonos jurídicos y administrativos, pendían fortunas civiles y eclesiásticas y, además y por eso, transmitían una verdad histórica recta y limpia a través del método y el mundo del Derecho. No obstante esta aportación del Racionalismo cartesiano al documen- to, la verdad no es una cosa ni un objeto más del mundo, y, por tanto, no es algo que podamos poseer, atrapar o algo parecido, incluso en el mundo de los documentos del pasado. La verdad es sólo una relación de conocimiento humano que como tal es frágil, aproximativa y, en todo caso, histórica. Más que verdad absoluta sobre los documentos podemos obtener verosimilitud y probabilidad. Con ambas no nos en- frentamos desarmados ante cualquier documento de archivo.

La Diplomática tradicional, con sus aportaciones, tanto de Colecciones di- plomáticas bien ceñidas, como de sus consideraciones históricas sobre el valor y origen de las formas documentales, ha dejado expedito el camino para perfilar y descubrir a través de ellas las “máscaras del documento”, acertar sus “coartadas”, valorar sus “apariencias” y apreciar sus filtros “ideológicos”. De modo que en documentos diplomáticamente auténticos se puede descubrir la “ilusión” que hay ellos de “historia auténtica” 47 . Pero también nos ha dejado una metodología de abordaje científico de la realidad del documento. Mabillon en el título de la portada constituía y estructuraba a un diploma antiguo como materia, como escritura y como estilo del documento u orden de sus fórmulas:…quidquid ad materiam, scripturam et stylum. Estructura, que sirvió de esquema para sus seis libros y que sigue actual y actualísima en la norma ISO 15489: Los “metadatos” de identificación, las expresiones de “autenticidad” y “fiabilidad”, y las formas de identificación y “disponibilidad” están claramente incluidas en el estilo o pro- tocolo formulario y en las formas de la escritura. La integridad se garantizaba

46. Fray Luis de León: Obras completas. Ed. de fray Antolín Merino. Tomo IV, libro III, 316.

47. Armando Petrucci, “L’illusione della storia autentica: le testimonianze documentari”. En

L’insegnamento della storia e i materiali del lavoro storiografico. Atti del Convegno di Treviso, 1980, no-

viembre 10-12. Mesina, 1984.

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mediante la aglutinación de dos materias, la del soporte de papel o pergamino, y la de los colorantes y mordientes de las tintas 48 .

Es conveniente para los tiempos actuales y mirando a Jean Mabillon, que los archiveros señalemos cómo se conforma estructuralmente cualquier documento, ya que a medida que se vayan precisando sus elementos estructurales, el concepto de documento se irá restringiendo y afinando más. Así, cabe señalar que el documento posee una estructura tripartita, ya que este se presenta primero en un soporte materia o corpórea (piedra, papiro, pergamino, papel, poliéster, silicio…, todos estampados con surcos o sendas de cincel, de tinta, de partículas magnéticas o de bits láser…), donde, segundo, a través de un medio operativo o lenguaje (por escritura alfabética, imagen analógica, binary digit o bit), y tercero y en consecuencia, se fija un conte- nido, un acto o un hecho en forma de testimonio que pueda sobrepasar el tiempo y el espacio. Testimonio es mucho más que una mera información, no es un mero decir, sino probar porque añade a ésta las virtudes de fe auténtica, justificación y comprobación de la certeza y verdad de una declaración, de un hecho y de un acto jurídico o administrativo. El ius archivi o archivale de los romanos hacía que por este valor testimonial de los documentos, estos se custodiaban en los templos junto a los objetos más sagrados, junto a los vasa venerabilia o vasos santos y luego en la Edad Media en iglesias bajo el sagrario 49 .

En mi libro Archivística y archivos: soportes, edificios y organización 50 , definía al documento como aquel “que en cualquier soporte, formato y fecha y por cualquier medio o lenguaje, ha sido recibido o expedido en el ejercicio de funciones legales o transacciones de negocios por una institución o persona que lo conserva para testi- monio, prueba y continuidad de gestión”. Abarcábamos con esta definición, todos los elementos necesarios que debe contener el documento de archivo desde el año tres mil antes de Cristo hasta hoy, año 2015. De acuerdo con el Manual de Documentos Administrativos 51 , la actividad administrativa se distingue por su carácter documen- tal, en el sentido de que los documentos administrativos constituyen el testimonio de su actividad, son el soporte en el que se materializan los diferentes actos de la Administración Pública y constituyen su forma externa.

La diplomatista italiana Luciana Duranti, aporta en este contexto tripartito su propio concepto de documento, y abre la concepción del mismo a los más actuales

48. En el apartado 7, 2 se señalan como requisitos de los documentos actuales: los metadatos de iden-

tificación, la autenticidad, la fiabilidad, la integridad y la disponibilidad.

49. Elio Lodolini: Lineamenti della storia archivística italiana. Roma, 1991.

50. Carmona: Asociación de Archiveros de Andalucía, 1994, 110.

51. Ministerio de Administraciones públicas. Manual de documentos administrativos. Madrid.

2003,17.

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al referirse a él como “la evidencia que se produce sobre un soporte (papel, cinta mag- nética, disco, lámina, etc.) por medio de un instrumento de escritura (lápiz, lapicera, máquina de escribir, impresora, etc.) o de un aparato que graba imágenes, datos o voces” 52 . Todas estas definiciones enlazan como no con la de T. Schellenberg que define el documento como “todo testimonio de la actividad del hombre fijado en un soporte perdurable que contiene información” 53 .

Hoy conviven tradicionales con novísimos soportes documentales, expresión esta última utilizada por Antonio García Rodríguez 54 . Nos encontramos rodeados tanto de documentos tradicionales cuyo soporte pueden ser tangibles, accesibles y descifra- bles directamente con los sentidos, como novísimos soportes más o menos intangi- bles y siempre necesitados de máquinas para acceder a ellos.

El documento de archivo, encarpetado en el armario de una oficina o enle- gajado entre hileras de estanterías, o encapsulado en un disco duro, es una cosa material y fundamentalmente inerte, es un universo o mundo poblado de signos diversos y múltiples y es un imprescindible artificio de comunicación entre los hombres. Desde la ausencia de su autor, en la lejanía, sea ésta del tiempo o sea del espacio, siempre testimonia y comunica. El documento, que está en los archivos (el término “arché” o “archeion” que da origen a esta palabra es gobierno, y el archivo es su herramienta) fue entre otras cosas concebido y creado por su autor como un medio material destinado a la comunicación exterior, sometido a unas reglas fijas, con medidas ceremoniales en la expresión de su texto, o fórmulas in- ternas, y también concebido con mesura de las formas sólo visibles y aparentes, o caracteres exteriores que apoyan a ese texto. Los dictatores construían y dictaban los documentos necesarios a la sociedad con férreos manuales y formularios de las artes dictandi. Hoy día los manuales de estilo hacen lo mismo. Todas sus formas eran esencialmente previsibles. La creación personal quedaba estrangulada por las estrictas fórmulas de inicio y cláusulas de cierre, por la preceptiva retórica y por los tópicos del poder y de la persuasión.

CONCLUSIONES La Archivística que con la asunción de los archivos históricos por profesionales en el siglo XIX necesitaba subsidios de ciencias paleográficas y diplomáticas, de gramática histórica, toponimia y antroponimia, hoy en el siglo XXI tiene que abrirse a campos apasionantes de la ingeniería informática, del derecho de acceso a los documentos, de la

52. Luciana Duranti: Diplomática: usos nuevos para una antigua ciencia, Carmona, S&C, 1996, 26.

53. Theodore R.Schellenberg: Técnicas de descripción de archivos, Córdoba (Argentina), 1961, 5.

54. Antonio García Rodríguez,: Diplomática del documento administrativo actual: tradición e inno-

vación, Carmona , S&C, 2001, 33.

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teoría de las organizaciones y de los principios científicos y experimentados de preven- ción y conservación documental ante los soportes efímeros de la memoria.

En medio de la revolución electrónica el Archivo aparece como una institución con marchamo de clásica, necesaria y sine qua non para que puedan funcionar las democracias, las administraciones y empresas, las transparencias, y los ciudadanos vean certificados sus derechos y obligaciones. Aparece todavía como un hito firme en esta sociedad cuyo futuro algunos vislumbran “un basurero informático, como ahora el mar está lleno de los desperdicios de siglos y de barcos hundidos, la atmósfera, plena de información, la noosfera a tope de comunicación, el aire contaminado de software, aparte de la tierra con el hardware y los restos materiales de coches, aviones y otras máquinas” 55 .

La experiencia secular de la archivística en los documentos en tablilla de arcilla de los milenarios sumerios, en los papiros egipcios, en los medievales pergaminos, en el ingenioso papel de celulosa es historia. Por ello sus argumentos, bien conocidos por los archiveros, son muy sabios y útiles para los ingenieros informáticos que diseñan software y hardware en los discos duros de metal recubiertos de material magnético que pretenden competir en duración y permanencia con los que nos han durado y re- cuperado durante cinco mil años. El CD-ROM, metáfora de las nuevas tecnologías, reta hoy a la permanencia y la durabilidad.

55. Juan Ignacio Hernáiz Blázquez: La conciencia deshumanizada. Alicante; Club Universitario, 2013, 41.

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TIEMPOS DE CAMBIO. REFLEXIONES SOBRE LA DOCTRINA ARCHIVÍSTICA EN ESPAÑA (1985/2015)

Luis Hernández Olivera

Tiempos de cambio. Reflexiones sobre la doctrina archivística en España (1985/2015)

TRIA Nº 20. 2016

archivística en España (1985/2015) TRIA Nº 20. 2016 I.S.S.N. 1134-1602 - Págs. 45-71 TIEMPOS DE CAMBIO.

I.S.S.N. 1134-1602 - Págs. 45-71

TIEMPOS DE CAMBIO. REFLEXIONES SOBRE LA DOCTRINA ARCHIVÍSTICA EN ESPAÑA (1985/2015)

Luis Hernández Olivera

Departamento de Biblioteconomía y Documentación. Universidad de Salamanca

olivera@usal.es

Recibido: 16/03/16 Aceptado: 08/04/16

Resumen

El trabajo repasa la evolución de Archivística española durante el período de los últimos

treinta años. Desde la perspectiva paradigmática, la Archivística en España está dominada por

el tradicional y sigue teniendo pendiente la asimilación de las bases de una nueva Archivística

postmoderna y postcustodial. El estudio de la evolución de la Archivística se hace analizando

dos elementos esenciales para la conformación de una la disciplina: la articulación de la teoría

y de las prácticas metodológicas (por medio de la formación y de la edición de manuales) y la

generación de nuevo conocimiento (a través de la investigación en tesis doctorales). El resul- tado muestra un importante desarrollo y consolidación de la Archivística, pero hay lagunas y aspectos de tipo cualitativo que todavía se deben mejorar.

Palabras claves Archivística española, Formación profesional, Manuales, Investigación, Tesis doctorales.

Abstract

The paper reviews the evolution of Archival science in Spain, during the period of the last thirty years. From the paradigmatic perspective, the Archival science in Spain is dominated by traditional and still pending assimilation of the bases of a new postmodern and postcustodial Ar- chival science.The study of the development of Archival science is done by analyzing two essential elements for the formation of a discipline: the articulation of the theory and methodological prac- tices (through training and publishing of manuals) and the generation of new knowledge (through research in doctoral theses). The result shows a significant consolidation and development of Ar- chival science but there are gaps and qualitative aspects that must still improve.

Keywords Spanish Archival science; Professional Training; Manuals; Archival research; PhD theses.

Si los documentos los producen las personas que se relacionan y conviven en un mismo espacio y en un mismo ámbito cultural, la constitución de los archivos que

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Luis Hernández Olivera

resultan de esos documentos debe ser el reflejo de esa determinada colectividad. En definitiva, los archivos tienen que ser el retrato de la sociedad. Por consiguiente un análisis de cómo ha cambiado la doctrina archivística en los últimos treinta años de- bería abordar primero la cuestión mucho más problemática de cómo se ha transfor- mado nuestra sociedad desde entonces. Como aquí el espacio es muy limitado para hacerlo, sí diré que, en términos subjetivos, ahora somos más tecnológicos pero tam- bién más desconfiados respecto a las verdades universales que en la década de 1980.

Actualmente nos encontramos con unas tecnologías y una nueva forma de in- terpretar los archivos, alejada de la percepción positivista en la que nos habíamos formado, que ponen en cuestión nuestros conceptos, estrategias y metodología. Estos desafíos que la actualidad impone a la Archivística nos obligan, afirmaba Terry Cook, a reconsiderar su doctrina y su práctica 1 .

Sin embargo, en España esta ineludible reflexión sobre la Archivística y la necesi- dad de un nuevo paradigma lamentablemente no se ha producido. La meditación se ha visto dificultada por la persistencia de concepciones localistas donde la tradición territorial y la cultura archivística singular se imponen frente al carácter universal que se requiere a toda ciencia 2 . Asimismo el análisis se vio obstaculizado por la discrepan- cia en la calificación de la doctrina archivística y de todos los trabajos epistemológi- cos que han estudiado las circunstancias objetivas, históricas y sociales en las que se ha producido. Aunque inicialmente un cierto complejo de inferioridad y la búsqueda de un mejor estatus motivaron su valoración científica la implantación de una for- mación y una investigación institucionalizadas parecen finalmente haber impuesto el reconocimiento científico al conocimiento archivístico 3 . Y se complica también, esa ineludible deliberación, por la falta de un proceso de sistematización y normalización terminológica (la torre de babel de los archivos en palabras de Dumont y Ketelaar) que impide el entendimiento claro e inequívoco y provoca situaciones tan surrealistas como la relativa a la propia denominación y concepción de la disciplina.

1. Terry Cook. “Archivística y posmodernismo: nuevas fórmulas para viejos conceptos”. Tabula 10, p. 59.

2. Uno de los últimos ejemplos de esta concepción es el Manual d’arxivística i gestió documental

de la Associació d’Arxivers de Catalunya resultado como afirma Mariona Corominas “del treball i de la manera de fer de l’arxivística catalana”. “El Manual d’arxivística i gestió documental (recensió)”. Lligall, n. 30 p. 406.

3. La mayoría de los autores españoles apuestan por su consideración como ciencia, desde los más ve-

hementes como Antonia Heredia (en Archivística General: Teoría y Práctica. 2º ed. Sevilla. Diputación, 1991, p. 11) a los dubitativos que sin negarle esa condición convienen en atribuirle el estatus de emer- gente (por ejemplo Concepción Mendo Carmona “Los archivos y la archivística: evolución histórica y actualidad” en Manual de Archivística. Madrid: Síntesis, 1995, p. 34). Por el contrario los que apuestan por su calificación como mera técnica, como Manuel Romero Tallafigo (Archivística y archivos: soportes, edificios y organización. Carmona: Asociación de Archiveros de Andalucía, 1994, pp. 25-28), se encuen- tran en inferioridad.

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Tiempos de cambio. Reflexiones sobre la doctrina archivística en España (1985/2015)

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De la regesta a la web semántica. De no se tira nada, a tomar conciencia de las

dificultades de la valoración y la selección. De que en mi archivo se hace así, a señalar

Los archiveros españoles nos hemos transformado en

los últimos 30 años: hemos ido a la universidad, hemos implantado nuevos métodos,

nos hemos internacionalizado y también nos hemos desencantado de unas adminis- traciones democráticas que recibimos entusiasmados.

El análisis de lo que fuimos a lo que somos es lo que esbozará el presente tra- bajo. El estudio de estas tres décadas de transformaciones lo haremos desde el conocimiento de dónde venimos (un siglo, el XX, en el que se constituye la dis- ciplina y donde se formulan las principales contribuciones) para finalizar con las innovaciones que se han generalizado en el pensamiento archivístico, los últimos años, promoviendo el cambio de paradigma y demandando nuevas fórmulas para los conceptos y funciones de la Archivística. Hemos avanzado, y mucho, y para conocer como lo hemos hecho vamos a abordar los dos elementos que formalizan cualquier disciplina: la formación y la edición de manuales. A través de estas dos perspectivas reflejaremos que hemos realizado un gran proceso de modernización, pero también que se ha instalado una cierta incertidumbre en la Archivística es- pañola. Y son los aspectos teóricos, más que los técnicos, los que padecen esta sensación de inseguridad. Desdichadamente a ese proceso de modernización le ha faltado democratización, porque hay cambios que se han quedado en mera cosmé- tica sin que supongan trasformaciones. Por ejemplo, hemos rechazado a las per- sonas que no se correspondían con los estereotipos establecidos, y aunque esto ya no es socialmente aceptable, a los marginados que viven con nosotros les seguimos negando un derecho básico, como es la memoria.

al que no cumple el estándar

1. LA CONSTRUCCIÓN DE LA DISCIPLINA ¿Cómo se ha construido conceptual y sistemáticamente el conocimiento archivís- tico? Aunque hay autores que tratan de retrotraer las bases de esa elaboración teórica a las edades media y moderna, la comunidad profesional coincide en aceptar que el conjunto de las teorías y metodologías que definieron a la Archivística como discipli- na científica se codificó a lo largo del último siglo. La publicación en el XX de una serie de manuales fundamentales, que recapitularon lo sustancial de una materia y la previa redacción en el XIX de las instrucciones de François Guizot, ministro francés de Instrucción Pública, ordenando la aplicación del respeto de los fondos constituyen los hitos fundamentales de ese proceso.

En cuanto a los manuales el primero, publicado en 1898, y más influyente fue el de los archiveros holandeses Samuel Muller, Johan Feith y Robert Fruin, Manual sobre la ordenación y descripción de los archivos que aglutinó las doctrinas de la procedencia

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francesas y prusianas 4 . Y el último, de 1958, Archivos modernos: Principios y Técnicas de Theorore R. Schellenberg, sistematizó el conocimiento archivístico americano. En el ínterin los británicos con Hilary Jenkinson con A manual of archive administration including the problems of war archives and archive making, en 1922 5 ; los italianos, con Eugenio Casanova con Archivistica en 1928 6 , y los alemanes con Adolf Brennneke con Archivkunde: Ein Beitrag zur Theorie und Geschichte des europäischen Archivwesens en 1953 7 publicaron su particular versión del paradigma archivístico 8 .Toda esta arti- culación de teorías, metodologías y prácticas conformaron la Archivística tradicional que sirvió, y vale todavía, a la comunidad de modelo para el actual despliegue de las actividades disciplinarias y profesionales, para encauzar sus perspectivas y para su ex- portación al resto del mundo 9 .

Esta articulación se caracteriza por su dependencia doctrinal y metodológica de la Historia. Que los archiveros compartiesen una misma mentalidad científica con los historiadores se explica por el hecho de que los primeros teóricos de la Archivística, unos destacados profesionales de los archivos nacionales europeos, fueron formados por una generación de historiadores “modernos” y “científicos” que surgió del reco- nocimiento de la Historia como disciplina académica.

Esta nueva Historia necesitaba un archivo objetivo, inmaculado, constituido de forma natural y preparado para que los historiadores lo descubrieran y explotaran. Consecuentemente se requería que la custodia de ese legado fuera atribuida a un pro- fesional objetivo, invisible, neutral y dócil. Esta mitología forzó la idea que los archi- vos eran el resultante orgánico y natural de los procesos administrativos y que como

4. Manual for the arrangement and description of archives. Chicago: Society of American Archivists,

2003. Una versión digital de la edición en papel está disponible en: <http://babel.hathitrust.org/cgi/pt?

id=mdp.39015057022447;view=1up;seq=4> [Fecha de consulta 10 agosto 2015].

5. A manual of archive administration including the problems of war archives and archive making, Eco-

nomic and social History of the world war. Oxford, The Clarendon Press, 1922. Una versión digital de la obra en papel está disponible en: <http://www.archive.org/details/manualofarchivea00jenkuoft> [Fecha de consulta 10 agosto 2015].

6. Archivistica. 2º ed. Siena: Grafiche Lazzeri, 1928. Una versión digital de la obra en papel está dis-

ponible en: <http://www.icar.beniculturali.it/biblio/_view_volume.asp?ID_VOLUME=53> [Fecha de consulta 10 agosto 2015].

7. Archivistica. Contributo alla teoria ed alla storia archivistica europea. Milan: Antonino Giuffre,

1968. Una versión digital de la obra en papel está disponible en: <http://www.icar.beniculturali.it/

biblio/_view_volume.asp?ID_VOLUME=62> [Fecha de consulta 10 agosto 2015].

8. Para conocer los primeros desarrollos de la disciplina véase Fuster Ruíz, Francisco. “Los inicios de la

archivística española y europea” Revista General de Información y Documentación, Vol. 6-1 (1996) pp. 43-77.

9. Para profundizar sobre la evolución del pensamiento archivístico véase Cook, Terry. “What is Past

is Prologue: A History of Archival Ideas Since 1898, and the Future Paradigm Shift”, Archivaria 43

(Spring 1997), pp. 17-63.

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restos debían archivarse siguiendo un estricto orden original y describirse según su procedencia. Así los historiadores, de forma similar a como los paleontólogos hallan los fósiles en las rocas, podrían encontrar documentos que presentasen los hechos del pasado tal y como realmente sucedieron.

Este paradigma archivístico también ha estado considerablemente influido por las disciplinas auxiliares de la Historia 10 . El estudio de la génesis, la forma, la transmisión y la veracidad de los hechos e informaciones que analizan la Diplomática y Paleogra- fía y aportaron elementos fundamentales a la Archivística pero también supusieron la marginación del análisis de los valores y los procesos que llevaron a incorporar los documentos a un archivo y a ponerlos a disposición de los historiadores.

Justo es reconocer también, aunque sea menos trascendente, la influencia del ám- bito bibliotecario que propicio el desarrollo de modelos bibliográficos de descripción en los archivos más orientados a los usos secundarios de la investigación y la erudi- ción que a los primarios de la prueba.

Sin embargo, la incapacidad para afrontar la archivística digital y aunque en me- nor medida, la insatisfacción y el descontento que promovían las estrategias y méto- dos positivistas suscitaron una contestación que promovió unos procesos de investi- gación y reflexión para liquidar y relevar este paradigma tradicional.

2. LA TAREA PENDIENTE: LAS NUEVAS PROPUESTAS Si en los últimos años del XIX los holandeses formularon los principios de la Archivística moderna y custodial son también las postrimerías de otro siglo, el XX cuando los archiveros norteamericanos y australianos enunciaron las bases de una nueva disciplina postmoderna y postcustodial 11 .

Estos nuevos marcos conceptuales, o metarranativas siguiendo la terminología de Verne Harris, no son una simple adaptación de los principios y si algo de mayor calado: un cambio del paradigma archivístico. Ahora se promueve que los archiveros sean agentes activos y parciales, que asuman la responsabilidad de construir la me- moria social en la que se tratan unos documentos que se conciben como realidades

10. Martin Fuertes habla del sometimiento conceptual de la Archivística a la Historia y del meto-dológico

a la Diplomática. Martin Fuertes, J. A. “La evolución de la Archivística como disciplina en España (años 1975-2000)”. Teoría, historia y metodología de las Ciencias de la Documentación (1975-2000). Madrid, Uni- versidad Complutense, 2000. p. 703.

11. Aunque cuantitativamente las mayores aportaciones proceden de los profesionales originarios de

esas zonas geográficas no se puede olvidar que también han contado con trabajos esenciales de ar- chiveros foráneos. En el caso australiano hay que mencionar las contribuciones del norteamericano David Bearman y en el norteamericano son destacables los textos del sudafricano Verne Harris y del holandés Erick Keetelar.

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virtuales dinámicas y se preocupan esencialmente por el contexto en el que se crean. Enfrente las propuestas tradicionales que recordamos impulsaban unos archiveros pasivos e imparciales que aplicaban unos procedimientos articulados en torno al con- tenido de unos documentos que se entendían como entes físicos y estáticos. Dicho de otra manera, y parafraseando a Cook, plantean cambiar la teoría archivística para que pase de resultado a proceso, de estructura a función, de archivos a archivar, del archivo como vestigio “natural” o resultado pasivo de la actividad administrativa a una “archivalización” de la memoria social construida reflexivamente 12 .

A pesar de algunos esfuerzos ocasionales en España la asimilación de estas nue- vas formulas continua siendo una tarea pendiente. Con la misma vehemencia que reclamamos a los anglosajones el conocimiento de las contribuciones españolas a la Archivística, tenemos que reivindicar también el deber de conocer las aportaciones que proceden de ámbitos foráneos. Repasare brevemente cuales son las notas carac- terísticas de las dos nuevas manifestaciones más importantes.

La primera, la propuesta australiana conocida como records continuum surgió con el propósito de solventar la separación que se había establecido en los países anglosajones entre la gestión de documentos administrativos y la de documentos históricos para aproximarse a la concepción genérica europea que bajo el termino archivo engloba todas esas realidades 13 . La segunda es un intento de acercarse a los planteamientos postmodernistas en las que los archiveros norteamericanos, aban- derados por Terry Cook, invitan a reflexionar, sobre los valores y objetivos que hay en y detrás de cada intervención archivística. Los postmodernistas nos dicen que detrás de los intentos de racionalización y modernización se esconden consecuen- cias dañosas 14 .

2.1. Records continuum La teoría del records continuum trata de superar el tradicional y rígido ciclo de vida en el que los documentos transitan desde la fase activa a inactiva, pasando por un periodo intermedio de semiactividad, para proponer un modelo de continua con- versión en el que los usos y los significados de los documentos están constantemente cambiando. Se rompe con la línea secuencial promoviendo unos procesos que se

12. Cook, Terry. “Archivística y posmodernismo: nuevas fórmulas para viejos conceptos”. En:

Hernández Olivera, Luis y Cook, Terry, eds. Combates por la memoria. Archivística de la posmodernidad. Tábula 10. Salamanca: ACAL, pp. 59-60.

13. Seguimos a Adrian Cunninghan A. “Memoria, pruebas y responsabilidad: enfoques australianos

para gestionar el Records Continuum”. En: Tabula, n. 8. Salamanca: ACAL, 2007, pp. 103-119.

14. Para su exposición recurrimos a una selección de ensayos sobre posmodernismo y archivos

redactados por archiveros, traducidos al español y publicados en una obra colectiva Hernández Olivera, Luis y Cook, Terry, eds. Combates por la memoria. Archivística de la posmodernidad. op. cit

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pueden producir de manera continuada pero también de forma simultánea y reite- rativa. Es decir, los documentos pueden utilizarse en ámbitos individuales y al mis- mo tiempo en espacios sociales, pueden desde el momento de su creación servir de prueba para la entidad y también formar parte del patrimonio documental del país.

En el recordkeeping los documentos se crean en el desarrollo de transacciones en las que se dividen las actividades o partes de las funciones que tiene encomendadas la insti- tución en el marco de los propósitos sociales. Asimismo se plantea que los documentos tienen un valor representativo de la transacción, sirven como pruebas y con su testi- monio constituyen la memoria institucional y social. El recordkeeping establece cuatro niveles de actividad archivística (captura del documento, gestión de los documentos, gestión del sistema y resguardo de las evidencias esenciales) que se desarrollan en cuatro ámbitos (individual, grupo de trabajo, organización o entidad y sociedad). Con todos estos ejes y dimensiones Frank Upward 15 , diseñó un diagrama en el que se muestran las múltiples relaciones y que presenta a los documentos con las siguientes notas:

1. Se crean como parte de una actividad o transacción.

2. Se capturan en un sistema, con un contexto, contenido y estructura docu- mentados en metadatos.

3. Se organizan y se gestionan como pruebas y memoria organizaciona- les o personales. 4. Se gestionan y pluralizan como parte de la memoria social o colectiva.

La teoría del continuum se ha plasmado en diferentes áreas y líneas pero su logro más importante es su codificación. La Australian Records Management Standard (AS 4390) fue la primera norma técnica de gestión de documentos de carácter nacional y su trascendencia alcanzaría nivel internacional cuando fue tomada como base para la redacción de la ISO 15489 Información y documen- tación. Gestión de documentos 16 La pionera norma australiana marco el camino al establecer la asignación de responsabilidades, y al proponer un enfoque de tipo

15. Upward, Frank. “Structuring the Records Continuum Part One: Post-Custodial Principles and

Properties”, Archives and Manuscripts, vol. 24, no. 2, Nov. 1996, pp. 268-285; y “Structuring the Re- cords Continuum Part Two: Structuration Theory and Recordkeeping”, Archives and Manuscripts, vol. 25, no. 1, May 1997, pp. 10-35. Existe una traducción al español de Alejandro Delgado: “Estructurar el Continuo de los Registros – Primera Parte: Principios y Propiedades Postcustodiales” <http://archivo. cartagena.es/recursos/texto0_continuum1.pdf> y Estructurar el Continuo de los Registros, Parte Dos:

Teoría de la Estructuración y Gestión de Registros http://archivo.cartagena.es/recursos/texto0_contin- uum2.pdf [consultados 10/11/2011].

16. UNE-ISO 15489-1:2006 Información y documentación: gestión de documentos parte 1 Genera-

lidades. Madrid: AENOR, 2006. UNE-ISO 15489-1:2006 Información y documentación: gestión de

documentos parte 2 Directrices. Madrid: AENOR, 2007.

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funcional, para todo el tratamiento documental, que fue llevado a la práctica por los National Archives of Australia y el New South Wales State Records y que se formalizó en el Designing and Implementing Recordkeeping Systems (DIRKS) Manual 17 . Otra aportación importante en este mismo ámbito normativo fue el desarrollo de esquemas de metadatos para la gestión documental 18 . A pesar de los buenos propósitos iniciales el record continuum ha llevado a mucho profesionales australianos a resaltar la archivística probatoria (el paradigma recorkeeping según la terminología de Verne Harris centrada en los documentos como prueba) en detrimento de la patrimonial (la de los documentos como memoria) y a acentuar el carácter pasivo y neutral del archivero que reclamaba Sir Hilary Jenkinson 19 .

2.2. La archivística postmoderna El cuestionamiento de la neutralidad y objetividad de los archivos y archiveros es un aspecto clave del reciente paradigma intelectual que se ha convenido en llamar postmodernismo. Este reconocimiento de la mediación activa del archivero, pero también de la recontextualización de los archivos a lo largo de la historia y de la continua reasignación de significados a los documentos y fondos forman parte de una más amplia desconfianza de la sociedad hacia los conocimientos objetivos, las verdades universales y los predominios culturales.

El postmodernismo en primer lugar, es un rechazo al empleo de la razón para afian- zar estructuras y dominios culturales. Por otra parte, es una desconfianza en las me- tanarrativas, es decir, es una interpelación continua de aquellas grandes explicaciones universales sobre las tendencias en la historia, género, identidad étnica, raza, religión, cultura, nacionalismo, imperialismo y colonialismo. En tercer lugar, es una profunda desconfianza hacia todas las ortodoxias y hacia todas las afirmaciones monolíticas que sólo reconocen un camino, un método, una opinión, una causa, una verdad. Tales ortodoxias se perciben como intrínseca o esencialmente verdaderas en sí mismas, pero como construcciones históricas de aquellos que en el poder desean ganar o mantener sus propias posiciones en la sociedad. Por consiguiente, el postmodernismo se inclina

17. National Archives of Australia, “DIRKS: A Strategic Approach to Managing Business Informa-

tion, Canberra, 2001. Disponible en: <http://www.naa.gov.au/records-management/publications/ DIRKS-manual.aspx> [consulta 4 noviembre 2015].

18. Standards Australia, Australian Standard AS 5044-2010: AGLS Metadata Standard. Esa nueva

versión sustituye a la anterior de 2002 conocida como AGLS Metadata Element Set, para adaptar los cambios que se produjeron en Dublin Core en 2008. Se puede consultar en: <http://www.agls.gov.au/> [consulta 4 noviembre 2015].

19. Verne Harris critica el paradigma recordkeeping al considerar que se descarta la posibilidad de

que se creen y conserven documentos por razones distintas al valor de prueba. “Law, Evidence and Electronic Records: Strategic Perspective from the Global Periphery” Comma: International Journal on Archives n. 1-2, pp. 29-43.

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por la heterodoxia, la heterogeneidad, la diversidad, las múltiples perspectivas y la com- plejidad. El postmodernismo, en lugar de conservar la voz dominante o una perspectiva o un punto de vista, celebra las múltiples historias y las numerosas narrativas y da voz a numerosos sectores de la sociedad. Siguiendo a Jacques Derrida y su principal discípulo en el ámbito archivístico, Verne Harris, el postmodernismo deconstruye las ortodoxias que se han aceptado durante décadas, a veces siglos, como normales, naturales o ver- daderas y revela cómo se han utilizado en la conquista y el mantenimiento del poder.

En términos archivísticos, el primer punto de interés de los archiveros postmo- dernos es el del poder de la memoria, sobre quién o qué es recordado y quién o qué será olvidado. A los archiveros les corresponde el papel principal en la creación y determinación de esa memoria, de la lucha contra el olvido. Como afirma Verne Harris, los archivos no deben ser la voz del poder, sino las voces que expresen la diversidad y complejidad de las sociedades contemporáneas. El archivero postmo- derno no contextualiza el documento a través de la determinación de una simple procedencia relacionada con un único origen institucional o personal, como se hacía tradicionalmente, sino que explora un proceso mucho más complejo de contextua- lización, situando los documentos en sistemas funcionales, refiriendo la actividad de la creación de los documentos y su utilización, explorando la cultura de la gestión de los documentos y documentando, responsablemente, las múltiples intervenciones realizadas por los archiveros que consecuentemente cambiarán con posterioridad la percepción, la representación y el uso de los documentos.

El postmodernismo como señala Cook es una oportunidad para celebrar un am- plio debate sobre lo que hacen los archiveros y por qué, en lugar de permanecer a la defensiva encerrados en el centro archivístico. El postmodernismo es una forma de investigar y analizar que genera una energía dirigida al cambio y a la imprescindible innovación de la archivística.

3. LA EXPERIENCIA ESPAÑOLA ¿CUÁNTO HEMOS CAMBIADO? España, tras la aprobación de la Constitución, inició un periodo de una gran vitali- dad profesional que tuvo como estímulo el hecho de que las comunidades autónomas, asumieran las transferencias de funciones y servicios del Estado en materia de archivos y promovieran políticas archivísticas y patrimoniales. Entre los factores que permitieron el avance profesional esta, en primer lugar, el desarrollo normativo con la aprobación de leyes de archivos y patrimonio documental. En segundo lugar, el despliegue de or- ganizaciones administrativas levantadas en torno a las consejerías dedicadas a los temas culturales, con la gestión específica de los archivos a cargo de un servicio dedicado exclusivamente a los archivos. Y por último, y este es un factor que solo se estableció en algunas administraciones autonómicas, la institución de un sistema de gestión de documentos administrativos que potenció las funciones de los archivos intermedios,

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racionalizando las prácticas, e impulsó la elaboración de instrumentos como los cuadros de clasificación y los calendarios de conservación.

Pero aunque el contexto fuese favorable el cuerpo científico requirió, especial- mente para su desarrollo y formalización de la puesta en marcha de actividades for- mativas de carácter reglado y de la edición de manuales.

3.1 La formación de los archiveros El proceso de impulso de la formación se manifestó en los años ochenta y no- venta mediante una notable expansión de entidades y de programas que tuvieron una incidencia directa en la educación. Es cierto que en muchas ocasiones se podría discutir acerca de su adecuación, su formalización, etc. pero no podemos negar su efectividad. No obstante en este complejo y heterogéneo mundo de la educación profesional, la incorporación a la universidad, el ámbito formativo por excelencia, constituye el hito fundamental.

El origen de la actual formación reglada universitaria hay que datarlo en 1978 cuando se implantan, las enseñanzas de Biblioteconomía y Documentación a través del Real Decreto 3104/1978 de 1 de diciembre (BOE de 9 de enero de 1979) y la consiguiente creación de centros universitarios donde se imparte esa titulación. Unos estudios donde se formaba conjuntamente a profesionales para desempeñar las tareas de bibliotecas, archivos y centros de documentación 20 .

En los años noventa se desarrolla el proceso de reforma universitaria y se actúa sobre los planes de estudio. La autonomía universitaria permitió que cada univer- sidad, teniendo en consideración las directrices generales de cada título univer- sitario, pudiera desarrollar sus propios planes de estudio. Esto implicó una gran diversificación de los perfiles de la titulación, en algunas universidades se incentivó la formación en Documentación, en otras se considero más adecuado insistir en los contenidos bibliotecarios y en el caso de Salamanca se apostó por mantener la disyuntiva ofreciendo a sus alumnos una especialización en Archivística y otra en Biblioteconomía y Documentación. Al mismo tiempo se creó la Licenciatura en Documentación con el objetivo de formar gestores de unidades de información. Y se completó el ciclo de la enseñanza universitaria posibilitando la oferta de títulos

20. Para un estudio en profundidad del estudio de la Archivística en la universidad española véase:

Mendo Carmona, Concepción. “La enseñanza de la Archivística en la Universidad: materiales para una mesa redonda sobre el tema”. Revista General de información y Documentación, Vol, 2 -2 (1992). pp. 85-92. Moro Cabero, M. y Hernández Olivera, L. “La archivística en la universidad española al final del segundo milenio. El ejemplo de la Universidad de Salamanca”. Boletín ACAL, 25, 1997, pp. 11-14. Martin Fuertes, J. A. op. cit. Moro Cabero, M. y Hernández Olivera, L. “Enseñar a archivar: suplencia o complementariedad en la oferta educativa”. Boletín ACAL, Vol. 7, Nº. 25, 1997, pp. 2-10.

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de doctor en Documentación que fomentaron la investigación en sectores emer- gentes de nuestra disciplina.

La actual regulación de las enseñanzas universitarias oficiales establecida en el Real Decreto 1393/2007, de 29 de octubre, insistió en los mismos aspectos de los anteriores ordenamientos presentando una importante flexibilización de la organización de las enseñanzas universitarias, y promoviendo la diversificación curricular como mecanismo de respuesta a las demandas de la sociedad en un contexto en constante transformación 21 . Este marco permite atender la petición secular de la comunidad profesional de tener un título universitario especifico. Sin embargo la dura realidad se ha impuesto y ninguna institución académica ha cursado la solicitud de implantar un titulo de Grado de Archivística y/o Gestión de Documentos.

Sin embargo, no todo ha sido modélico y la preparación universitaria de los pro- fesionales de los archivos, no se sustrajo a la controversia. Numerosos profesionales, y también algunos colectivos, se hicieron eco de sus problemas e insuficiencias. Las propuestas más notorias y formales fueron las de la Dirección de los Archivos Estata- les del Ministerio de Cultura: La enseñanza de la archivística en los planes de estudios universitarios españoles: recomendaciones 22 y la de algunas asociaciones profesionales solicitando una licenciatura de segundo ciclo: Propuesta de licenciatura en archivística y gestión de documentos 23 .

21. Se debe considerar que las enseñanzas universitarias conducentes a la obtención de títulos de

carácter oficial y validez en todo el territorio nacional se estructurarán en tres ciclos, denominados respectivamente Grado, Máster y Doctorado, a los que se les asigna unos objetivos formativos diferentes. Las enseñanzas de Grado tienen como finalidad la obtención por parte del estudiante de una formación general, en una o varias disciplinas, orientada a la preparación para el ejercicio de actividades de carácter profesional (art. 9). Mientras que las enseñanzas de Máster tienen como finalidad la adquisición por el estudiante de una formación avanzada, de carácter especializado o multidisciplinar, orientada a la especialización académica o profesional, o bien a promover la iniciación en tareas investigadoras (art. 10). Por lo tanto las propuestas de dedicar un máster a la iniciación en Archivística difícilmente se adecuan a la estructura establecida en el Real Decreto. Finalmente las enseñanzas de doctorado conducirían a la adquisición de competencias y habilidades relacionadas con la investigación científica que finalizarían en todo caso con la elaboración y defensa de una tesis doctoral que añada resultados originales de investigación.

22. Dirección de los Archivos Estatales. La enseñanza de la archivística en los planes de estudios universi-

tarios españoles: recomendaciones: una propuesta del Ministerio de Cultura. Madrid: Ministerio de Cultura, 1992. Se trata de un documento redactado para manifestar la posición del Dirección de los Archivos Estatales sobre los proyectos de diplomatura y licenciatura en Ciencias de la Documentación redactados por el Grupo 14 de la Ponencia de la Reforma Universitaria del Consejo de Universidades.

23. Asociaciones profesionales de Archivística de España. Propuesta de Licenciatura en Archivística y

Gestión de Documentos. Inédito, octubre 1998.

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En el primer caso, se trata de un documento redactado para manifestar la posición del Dirección de los Archivos Estatales, el análisis se limita a afirmar que la principal objeción que les merecen los planes de estudio aprobados en ese momento es que “la formación archivística aparezca unas veces en inferioridad de condiciones en relación con otras profesiones y en otras ocasiones como un añadido o complemento de otras titulaciones” 24 . El segundo argumento crítico insiste en la necesidad de diferenciar la formación de bibliotecarios, documentalistas y archiveros, pues “se trata de tres disci- plinas diferentes, con objetivos igualmente distintos, que sólo son concomitantes en un origen común, basado en el culto a la erudición” 25 . Como alternativa –y a la espe- ra de encontrar una formación universitaria más adecuada– el Ministerio propone el proyecto de Escuelas-Taller de Archivos. Evidentemente, ese era un modelo formati- vo que contaba con numerosos inconvenientes. El más importante era la limitación existente para poder participar en este tipo de cursos ocupacionales, pues solamente podían inscribirse aquellos que se encontraban en una situación de desempleo. Por otra parte, y no es menos importante, esta iniciativa proponía un aprendizaje artesa- nal, al que no discutimos su potencial didáctico, pero que suponía un paso atrás en la evolución de Archivística al retrotraerla a la consideración de oficio 26 .

En el segundo caso, la Propuesta de Licenciatura en Archivística y Gestión de Do- cumentos, insistía en la misma consideración: no existía un programa de formación reglado en la universidad. Resulta sorprendente que se criticase la inadecuación y al mismo tiempo, se propusiese para formar técnicos de grado medio unos estudios de licenciatura y con unos contenidos que coincidían en gran medida con los que ya se impartían en las diplomaturas de Biblioteconomía y Documentación.

A pesar de las muchas deficiencias y los muchos errores somos defensores de una formación conjunta de todos los profesionales de la información (archiveros, bibliote- carios y documentalistas), al considerar que esta fórmula es la única viable y que a su vez aporta el mayor valor añadido a la Archivística. Algunos de los puntos fuertes de la enseñanza en el ámbito de las titulaciones de Información y Documentación son:

1. Formalización de la formación La incorporación a la universidad a través de la Ciencias de la Documentación ha aportado unos altos niveles de estabilidad a la formación y ha constituido una magnifica plataforma para dar a conocer la profesión y su misión.

24. Dirección de los Archivos Estatales, op. cit., p. 8.

25. Dirección de los Archivos Estatales, ibidem.

26. Hernández Olivera, Luis y Moro Cabero, Manuela. “Educación y archivos: Reflexiones sobre la

oferta educativa a propósito de la improcedencia de etiquetar negativamente la formación reglada”. En

I Jornadas Archivos Municipales de Cantabria. Santander: Asociación para la Defensa del Patrimonio Bibliográfico y Documental de Cantabria, 1998, pp. 271-290.

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2. Aprovechamiento de experiencias

Muchas de las nuevas propuestas metodológicas de los archivos son copia o tienen un antecedente próximo en la práctica de las bibliotecas y centros de documentación. Por consiguiente la formación armonizada aporta un mayor conocimiento o predis- posición a la aplicación de los nuevos métodos y normas. El proceso de asimilación de de las normas de descripción es un claro ejemplo

3. Impulso de la investigación

La entrada en la universidad, el centro de investigación por excelencia, ha su- puesto, además de un incremento cuantitativo de los trabajos de investigación una serie de cambios cualitativos en cuanto a los métodos y a los temas abordados, como señalaremos más adelante.

4. Respuesta a las nuevas necesidades

Las actuales necesidades formativas que giran en torno a la gestión e interme- diación de información obtienen una mejor respuesta con la integración de la for- mación de los profesionales y ello supone, por lo tanto, una nueva confluencia de contenidos entre los de Biblioteconomía, Documentación y Archivística, es decir de todas las disciplinas de la información. Como señalaba el profesor Cruz Mundet “Establecer a corto plazo unos estudios aislados de Archivística no parece reco- mendable, pues plantea un doble problema de inadecuación entre la preparación de alumnos superespecializados y las demandas del mercado laboral, de una parte, y entre los recursos humanos y materiales necesarios –especialmente derivados de las tecnologías– y el número limitado de alumnos que pueden ser preparados en función de la demanda, de la otra” 27 .

Como apuntamos anteriormente las asociaciones profesionales, cuyo impulso se remonta a los años 90, constituyeron también una vía de desarrollo profesional de- sarrollar los programas de formación continua. En el contexto español, resultaba esencial que los archiveros pudieran acceder a programas formativos que garantiza- sen el perfeccionamiento y la actualización de los conocimientos de sus afiliados, y especialmente de aquéllos que no tenían una formación profesional universitaria. La evolución de las bases conceptuales y el desarrollo de ciertos procesos archivísticos desconocidos o poco ejercidos planteó la necesidad de recurrir a profesionales fo- ráneos que contribuyeron esencialmente a la renovación de la archivística española Así lo entendieron las Asociaciones de Archiveros de Cataluña y Castilla y León que fueron quienes recurrieron a los archiveros de Quebec y de otras áreas para asegurarse una formación actualizada.

27. La enseñanza de la archivística en la universidad española: el caso de las diplomaturas en Bibliote-

conomía y Documentación. Revista General de Información y Documentación, vol. 7, n. 1.

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Otro tipo de actividades que también ha tenido un gran impacto en el desarro- llo de la Archivística en España es el de los congresos o reuniones profesionales. Aunque es difícil medir con exactitud los resultados y las consecuencias de estos eventos sí podemos señalar que han tenido importantes repercusiones, que en algu- nos casos se han percibido bastante tiempo después. Los congresos organizados por las asociaciones profesionales y las administraciones públicas constituyeron foros donde un amplio número de profesionales pudo reflexionar colectivamente sobre las cuestiones teóricas y prácticas de la disciplina y asegurar, así, la reactivación y promoción de la Archivística.

3.2 Los manuales de Archivística La publicación de manuales constituye uno de los principales soportes de una dis- ciplina científica. Este tipo de ediciones suponen la articulación de la teoría y de las prácticas metodológicas y permiten la transmisión del estado de los conocimientos.

Los principales países europeos, como hemos señalado, se dotaron pronto de ma- nuales de Archivística mientras que España no contaría con este tipo de obras que describen la tradición nacional de organización de archivos hasta las décadas finales del pasado siglo 28 .

Para conocer las líneas por las que se han desenvuelto los compendios de la Archivística española y en alguna medida vaticinar su futuro analizamos sucintamente los manuales españoles publicados en las tres últimas décadas. El estudio no tiene una vocación de exhaustividad, no obstante creemos que esta muestra puede representar con exactitud la evolución y tendencias de la edición archivística.

El primer paso en nuestra indagación fue la localización de las bases de datos, que recogieran la información de los manuales publicados. Se seleccionaron las bases “Catálogo Colectivo de las Bibliotecas de Archivos Estatales” del Centro de Información Documental de Archivos (CIDA) 29 , Dialnet, el portal de difusión

de la producción científica hispana especializado en Ciencias Humanas y Sociales y el

catálogo de la Biblioteca Nacional. Las tres son bases de datos con una amplia utilización por los profesionales de los archivos y por consiguiente son recursos de referencia. La siguiente tabla recoge la denominación y la dirección de acceso a dichas bases.

28. “Manuals and Textbooks on Archives”. janus 1991.2 pp. 10-64.

29. Este Centro, dependiente de la Subdirección General de los Archivos Estatales del Ministerio de

Cultura, que tiene como misión la de difundir el Patrimonio Documental Español, inició en 1978 la confección de un catálogo especializado en bibliografía archivística. En la actualidad, el catálogo cuenta con unos 160.000 registros bibliográficos.

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Tabla I. Bases de datos para la consulta de manuales

Base de datos

Dirección

Catálogo Colectivo de las Bibliote- cas de Archivos Estatales del Cen- tro de Información Documental de Archivos (CIDA)

http://www.mcu.es/ccbae/es/inicio/inicio.cmd

Dialnet

http://dialnet.unirioja.es/

Biblioteca Nacional

http://www.bne.es/es/Catalogos/

La estrategia de búsqueda que se practicó, dada la carencia de control de los

lenguajes documentales que caracteriza a alguna de estas bases de datos, consistió en realizar una búsqueda truncada por el término archiv*. Sobre los resultados obteni- dos, hicimos una primera depuración, eliminando aquellos que correspondían a ma- terial didáctico pensado y elaborado exclusivamente para la formación en academias

y para la preparación de pruebas selectivas de acceso a puestos a la función pública.

Asimismo, retiramos los trabajos que no estuviesen publicados en castellano o en cualquier otra de las lenguas españolas. Posteriormente, se descartaron los trabajos que correspondían a bibliografías, diccionarios y vocabularios especializados. A con- tinuación, acometimos un tercer filtrado para descartar aquellos otros documentos que pertenecían a actas de jornadas y congresos

Constituida la muestra de observación, desarrollamos una serie de análisis. En primer lugar, se examinó la distribución cronológica, analizando el número de tra- bajos publicados en cada uno de los años de la muestra. La responsabilidad de los estudios también se juzgó, examinando qué autores publicaban. Para conocer las fuentes, se estudiaron la tipología de las publicaciones a través de las cuales se divul- gaban los trabajos. Por último, se realizó el análisis de los contenidos. Esta parte fue la que mayores dificultades presentó, pues fue necesario realizar una clasificación de los temas de estudio.

El número de manuales publicados en este periodo es muy alto: 70 publicacio- nes, lo que supone que anualmente se editaron más de dos obras. Si distribuimos la edición en periodos quinquenales podemos conocer la evaluación temporal de la producción de este tipo de obras (vid. figura 1).

Analizando estos datos, se aprecia una producción constante, en torno a las diez

publicaciones por quinquenio, que se intensifica en los últimos años del pasado siglo

y que alcanza su mayor dato en los primeros años de este para reducirse significativa- mente en las postreras añadas.

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60 Luis Hernández Olivera Fig. 1. Distribución de los manuales por quinquenio Fig. 2. Distribución de
60 Luis Hernández Olivera Fig. 1. Distribución de los manuales por quinquenio Fig. 2. Distribución de

Fig. 1. Distribución de los manuales por quinquenio

Olivera Fig. 1. Distribución de los manuales por quinquenio Fig. 2. Distribución de títulos y ediciones
Olivera Fig. 1. Distribución de los manuales por quinquenio Fig. 2. Distribución de títulos y ediciones

Fig. 2. Distribución de títulos y ediciones por quinquenio

Es conveniente matizar que no todas las ediciones corresponden a nuevos traba- jos. Es la década de 1995/2004 la que presentan los mayores índices con 18 nuevos títulos, nueve en cada uno de los quinquenios. En el resto de periodos, la producción

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de trabajos se mantiene en una línea de estabilidad en torno a unas siete publicacio- nes novedosas, con un descenso en los últimos años.

El análisis de la autoría de los manuales muestra que cerca del 80% de los autores se ha limitado a realizar un único trabajo. En el extremo contrario, ob- servamos que únicamente dos creadores han escrito más de tres manuales. El resultado de la identificación de los autores más prolíficos nos lleva a conformar una élite de solo tres escritores en el ámbito de las publicaciones de manuales en España. En la relación de los autores que mas trabajos han firmado hay que incluir a Cruz Mundet, Alberch i Fugueras y Pescador del Hoyo. Si en lugar de títulos consideramos el número de publicaciones habría que añadir a Heredia Herrera, Romero Tallafigo, Gallego Domínguez, López Gómez y Molina Nortes a ese grupo de autores productivos.

Si nos fijamos en la distribución de los autores, según la colaboración, podemos afirmar que los escritores trabajan de forma individual. El índice de colaboración (cantidad media de firmas que tienen responsabilidad en los manuales) muestra un bajo indicador que pone de manifiesto que la práctica usual de trabajo, en esta área archivística, es la de trabajar individualmente. La excepción a esta pauta la constitu- ye el equipo formado por Gallego Domínguez y López Gómez. Con esta dinámica de trabajo los archiveros no se distinguen del comportamiento de los investigadores del área de las ciencias sociales, a la que pertenecen, caracterizado por escribir de forma solitaria, y se apartan, radicalmente, de los hábitos de otras áreas científicas, donde la colaboración es la práctica usual.

Realizada la clasificación de los creadores, comprobamos que casi el 70 % de ellos se dedica a ejercer la profesión, mientras que el segundo gran bloque, con un 30 %, está formado por aquellos autores que se dedican a la docencia universitaria.

Aplicando una clasificación temática, se advierte el predominio de los trabajos de carácter general y los manuales relativos a las cuestiones teóricas y prácticas, in- cluyendo aquéllos que se dedican exclusivamente a la organización de los archivos de oficina. En este apartado, en una posición inferior, se encuentran los manuales dedicados concretamente a procesos archivísticos. El interés menor corresponde a los trabajos sobre una determinada tipología de archivo.

Si los países europeos se caracterizan por la haber compendiado su conocimiento archivístico un único manual en España contamos con dos grandes referentes: Ar- chivística general: teoría y práctica de Antonia Heredia Herrera y Manual de Archi- vística de José Ramón Cruz Mundet. Toda la evolución de los manuales españoles se puede concentrar en el estudio de estas dos obras que han suscitado el mayor número

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de reproducciones. La primera edición del manual de Antonia Heredia apareció en

1986 y la última nueve años mas tarde. Más dilatada en el tiempo fue la trayectoria

del trabajo de Cruz Mundet que se extendió desde 1994 hasta 2008.

A lo largo de las siete ediciones de cada uno de estos manuales los autores procedie-

ron a actualizar algunos contenidos, especialmente en los capítulo técnicos, mientras que el corpus doctrinal permanecía estable. El profesor Mundet si recogería más tarde en sus textos las tesis de los archiveros postmodernistas y del paradigma del recordkee- ping. En ambos casos los manuales se organizan en torno a tres bloques dedicados al marco conceptual, al sistema archivístico y a los procesos técnicos. En la sección teórica los dos escritores coinciden en el estudio del objeto (documentos y archivo) y en la adjudicación de la calificación científica a la Archivística. En ambos textos también se analizan las llamadas ciencias auxiliares de la Archivística aunque la relevancia de las mismas revela una importante pérdida de atención en el periodo que va desde la publi- cación de la obra de Heredia, en de 1986, a la de Cruz Mundet, de 1994.

El eje sistemático es el que presenta las diferencias más notables pues los conte- nidos de las fases archivísticas están organizados de forma diversa. Heredia Herrera siguió la estructura francesa imperante en los ochenta que establecía una división

entre la etapa prearchivística (centros administrativos) y la archivística (archivos his- tóricos). Cruz Mundet, por su parte practica la división entre archivos de oficina, in- termedios e históricos que impulsaron los archiveros quebequenses. Aunque es todo un avance la inclusión del tratamiento de la documentación en las primeras fases estamos lejos de tener una concepción integral de la Archivística donde pesen igual las fases de la gestión de documentos administrativos que el tratamiento de los docu- mentos históricos. La larga tradición y experiencia archivística española hace que los manuales estén claramente inclinados hacia la administración de archivos históricos. Un contexto muy distinto unido creciente interés por la documentación administra- tiva llevaría al profesor Cruz Mundet a cambiar radicalmente de perspectiva pues en

2006 publica un manual que tiene como único objetivo la gestión de documentos.

En el apartado metodológico Heredia y Cruz abordaban todas las funciones y coincidían en la jerarquía que atribuían a cada una de ellas, atendiendo la extensión con que las estudiaban. Para ellos lo primordial era la descripción y la organización de los fondos mientras que procesos actualmente esenciales como la valoración, te- nían un tratamiento menor o marginal, en el caso de Heredia. Hay que reseñar asimismo que esa preeminencia de los temas descriptivos también se manifiesta en la mayor cuantía de los manuales dedicados específicamente a procesos archivísticos.

A modo de conclusión cabe señalar la fortaleza de este indicador disciplinar.

Una pujanza que es producto de las importantes notas cuantitativas pero también de las cualitativas inducidas por la capacidad de evolución y adaptación a los nuevos

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desarrollos y que hicieron de estas obras unos productos siempre vigentes y atractivos. La alta producción de manuales se justificaría por la necesidad de disponer de manua- les académicos como soporte de las nuevas enseñanzas universitarias de Archívistica y Ciencias de la Documentación Pero también por la exigencia profesional de disponer de tratados a los que acudir para refrescar o actualizar el conocimiento de determinados procesos archivísticos en una época de gran evolución profesional. Y esas mismas razo- nes, pero ahora de retroceso profesional (una menor demanda universitaria y también una menguada vitalidad) justificarían el descenso de las publicaciones de los últimos tiempos. Y a ello habría que añadir las posibilidades que ofrece Internet como canal de información y los cambios en la búsqueda de conocimiento que ha introducido.

3.3 La investigación archivística Para completar la panorámica de la evolución de la teoría archivística en Es- paña durante las pasadas décadas (1985-2015) realizamos también un análisis de la labor científica. Esta exploración tiene como objetivo la investigación archi- vística pues ella es un instrumento clave para experimentar, innovar y mejorar la disciplina. Si estudiamos las investigaciones llevadas a cabo podemos comprobar cuál es el estado y evolución de la propia disciplina. Y por otro lado el hecho de que recientemente apenas se hayan desarrollado estudios que traten de observar la investigación en el campo de los archivos justificaría la necesidad de una ex- ploración de este tipo.

Partiendo de dicho objetivo general, de analizar la producción doctoral, pudimos plantear también objetivos parciales sobre la evolución temporal de las tesis docto- rales y la identificación los grandes bloques temáticos en el campo de la Archivística de manera general.

Las tesis no son sinónimo de investigación científica, pues es un hecho que existen otros trabajos que sirven de vehículo al conocimiento científico, pero la selección de este tipo de trabajos tiene su justificación por el carácter explorato- rio de la presente ponencia. Consideramos que este tipo de textos puede ofrecer un diagnóstico bastante preciso de la investigación archivística. Las tesis son una de las vías en la que se recoge parte de la investigación llevada a cabo en una universidad, y por lo tanto, son reflejo de las líneas de interés académico en diferentes momentos.

La tesis es un estudio de carácter original de una investigación realizada en un pro- grama de doctorado que tiene como finalidad la formación avanzada del estudiante en las técnicas de investigación. Hemos excluido las tesis de máster (trabajos de fin de máster) pues aunque estos estudios de postgrado puedan tener como fin promover una capacitación inicial en tareas investigadoras su objetivo principal es la adquisición por

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el estudiante de una formación avanzada, de carácter especializado o multidisciplinar,

orientada a la especialización académica o profesional.

La base de datos de tesis españolas consultada es Teseo (Base de datos de Tesis Doctorales http://www.educacion.es/teseo ) que pertenece al Ministerio de Educa- ción y Cultura y Deportes. Su creación data del año 1976 y en ella se incluye de manera exclusiva la producción doctoral española, es decir, no se incorporan otros tipos de trabajos académicos universitarios. A la hora de formular nuestra búsqueda optamos por realizar una consulta truncada por el término archiv*. La información que se ofrece de cada registro es bastante completa incluyendo datos tan específicos como la fecha de defensa y la composición del tribunal.

Previa a la tabulación de los datos, teníamos que establecer un sistema de cla- sificación temática que nos permitiera indizar las tesis doctorales obtenidas. Para ello teníamos dos posibilidades: o bien optar por una clasificación ya existente

o realizar una clasificación ad hoc. A partir de la bibliografía especializada, final- mente nos decantamos por esta última opción. Entre las contribuciones esen- ciales a la categorización de la investigación archivística se encuentra las apor- taciones de Ann Pederson y de Carol Couture. La primera fue presentada en el Congreso Internacional de archivos de 1992 y la profesora australiana establecía seis áreas (1. Naturaleza de la información y los documentos, 2. Historia social

e institucional, 3. Archivos y sociedad, 4. Ética, tecnología de la información y

otros problemas, 5. Funciones archivísticas, 6. Gestión de programas y archivos) que a su vez se subdividen en veintidós campos o sub-áreas 30 . Couture, por su parte, presentaba una propuesta más desarrollada con nueve campos en la que añadió historia de los archivos y de la archivística, tecnologías, soportes y tipos de

archivos: archivos electrónicos, ámbitos archivísticos y problemas particulares a los fijados por Pederson 31 . Esta clasificación temática es la base desde la que parte nuestra propuesta. Las modificaciones que hemos introducido en la clasificación se centran en la incorporación de una clase nueva dedicada específicamente a la documentación digital que en la de Couture aparecía englobada en la de tipos de archivos y la eliminación de la categoría Problemas particulares que al dedicarse a cuestiones como protección de datos personales, ética etc. los hemos trasladado a

la de Archivos y sociedad. Como en los otros casos cada área de nuestra clasifica-

ción también está subdividida en sub-áreas y es aquí donde se han producido las mayores innovaciones. Así hemos incorporado las investigaciones de disciplinas de carácter auxiliar para los archivos como Diplomática, crítica de textos, etc.,

30. Pederson, Ann E. 1994. “Development of research programs”. Archivum 3: pp. 312-359.

31. Couture, Carol; Ducharme, Daniel. “La recherche en archivistique: un état de la question”

Archives, n. 3/4 (1998-1999). p. 15 y ss.

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la legislación. La nueva clase Documentos y archivos electrónicos, se subdividió atendiendo a las propuestas formuladas por Hedstrom, Cox y la National Histo- rical Publications and Records Commission de Estados Unidos 32 .

Tabla II. Materias generales y específicas

 

MATERIA GENERAL

 

MATERIAS ESPECÍFICAS

1.

Objeto y finalidad de los ar-

1.1.

Archivos (información/documento)

chivos y de la archivística

1.2.

Objetivos de los archivos

1.3.

Utilidad de archivos

1.4.

Auxiliares: Paleografía, Diplomática, Crítica

2. Archivos y sociedad

2.1.

Archivística en la sociedad

2.2.

Archivística como disciplina

2.3.

Archivística como profesión

2.4.

Ética

2.5.

Datos personales e intimidad

2.6.

Derecho. Legislación

3. Historia de los archivos y de

3.1.

Historia de los archivos

la Archivística

3.2.

Historia de la Archivística.

4. Funciones archivísticas.

4.1.

Creación de documentos

4.2.

Incorporación de documentos. Adquisi-

ción,

donaciones

4.3.

Organización, (clasificación, ordenación)

4.4.

Valoración

4.5.

Descripción

4.6.

Conservación

4.7.

Comunicación y difusión

5. Gestión de programas y servi-

5.1.

Teoría y práctica de organizaciones

cios archivísticos

5.2.

Planificación y evaluación de programas

5.3.

Dirección, marketing y relaciones públicas

32. Hedstrom, Margaret. “Understanding electronic incunabula: a framework for research on electronic

records”. The American Archivist 54 (Summer): 1991, pp. 334-354. Cox, Richard J. “Archivists, archival institutions and electronic records: problems, challenges, opportunities and needs for additional research”. In The first generation of electronic records archivists in the United States. Haworth Press:, 1994, pp. 189- 199. Y National Historical Publications and Records Commission. “Research issues in electronic records:

toward a national agenda”. Bulletin of the American Society for Information Science 18:, 1991, pp. 19-20.

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MATERIA GENERAL

 

MATERIAS ESPECÍFICAS

6. Tecnologías

6.1.

TIC y archivos

6.2.

Telecomunicaciones, sistemas, redes

7. Tipos de documentos

7.1.

Archivos audiovisuales (televisión, radio,

(soportes) y archivos

cine…)

7.2.

Archivos figurativos (cartotecas…)

7.4.

Microformas

7.5.

Digitales

8.

Documentos y archivos

8.

1. Documentos electrónicos. Descripción,

electrónicos

funciones

8.

2. Requisitos

8.

3. Gestión de documentos electrónicos

(organización,

valoración, etc.)

8.

4. Metadatos

8.

5. Preservación

8.

6. Necesidades del usuario y recuperación de

información electrónica

9.

Ámbitos archivísticos

9.1.

Entidades gubernamentales

 

9.2.

Entidades de enseñanza e investigación

9.3.

Entidades religiosas

9.4.

Entidades sanitarias

9.5.

Entidades políticas y sindicales

La distribución temporal de las tesis doctorales tomando su fecha de defensa (y no su eventual publicación posterior) como parámetro está representada en el gráfico siguiente, donde se observa un aumento en la producción a medida que avanza este siglo. Se aprecia un aumento pronunciado en el año 2002 y un crecimiento sostenido más estable a partir de 2006, quedando la última década del período estudiado con veintiséis tesis defendidas, las mismas que en las dos décadas anteriores.

El grueso de la producción doctoral se sitúa en la mitad final de la época analiza- da, donde se concentran los años con mayor número de tesis defendidas: 2002, 2010 y 2013 con cuatro tesis defendidas. Esta circunstancia puede deberse a que en España fue en los últimos años de la década de los noventa cuando se aprobaron los nuevos programas de doctorado de información y documentación en las universidades, lo que tendría su reflejo en un repunte de las tesis defendidas años después.

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la doctrina archivística en España (1985/2015) 6 7 Figura 3. Distribución temporal Uno de los apartados
la doctrina archivística en España (1985/2015) 6 7 Figura 3. Distribución temporal Uno de los apartados
la doctrina archivística en España (1985/2015) 6 7 Figura 3. Distribución temporal Uno de los apartados

Figura 3. Distribución temporal

Uno de los apartados fundamentales de este estudio era la caracterización por grandes bloques temáticos de las distintas tesis recogidas, en función de la clasifica- ción que se ha expuesto anteriormente. En este sentido, el grupo más numeroso, con una destacada cifra, es el que hacía referencia a los ámbitos archivísticos con cerca de la mitad de las tesis. Le sigue a gran distancia el grupo relativo a las tipologías de los documentos no textuales que reúne un13 % de la investigación.

En el segundo grupo, el de los temas que suscitan un interés medio, superando porcentajes de un 10%, están las tesis ligadas a los aspectos históricos, especialmente los estudios diplomáticos y edición crítica de documentos y en menor medida la Historia de los archivos y de la Archivística.

En el escalón inferior, con porcentajes entre el 5 y el 10%, se encuentran las investigaciones universitarias relativas a los aspectos disciplinares y jurídicos y las que estudian la gestión de programas y servicios archivísticos. Los índices inferiores, meno del 5%, corresponden a las tesis de carácter tecnológico (TIC y documentos y archivos electrónicos) y a los procesos archivísticos.

No deja de ser relevante que las primeras categorías en frecuencia de aparición fueran aspectos con un marcado carácter práctico y tradicional, mientras que las relativas a los temas de investigación que han suscitado un menor interés son los que plantean actualmente los mayores retos disciplinares: las relaciones de los archivos y tecnologías y especialmente el archivo electrónico y el revisión de

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los procesos archivísticos. Ello da muestra de que aunque actualmente conviven de forma natural y simultánea aquellas investigaciones que ponen el foco en los aspectos aplicados de la Archivística con otras que siguen indagando sobre la concepción de la propia disciplina, continúan primando los trabajos de carácter humanístico.

2%
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Figura 4. Categorías temáticas generales

En cuanto a las materias definidas como específicas, las más frecuentes fueron las siguientes:

Tabla III. Número de tesis por materias específicas

Materia específica

Nº de tesis

Auxiliares archivos: Paleografía, Diplomática, Crítica

6

Archivos figurativos (cartotecas…)

6

Archivos de instituciones gubernamentales

6

Historia de los archivos

4

Archivos de centros de enseñanza e investigación

4

Archivos de instituciones religiosas

4

Planificación y evaluación de programas

3

Archivos nobiliarios

3

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Esta preeminencia de la investigación tradicional, se explicaría por el ámbito de su realización en facultades universitarias de Letras y Humanidades. La procedencia humanística estaría en regresión pues en los últimos quince años (cuando en Teseo constan datos sobre los departamentos) la mayoría de las tesis se defiende en departa- mentos de Ciencias de la Documentación (14) y menos de la mitad en departamen- tos de Ciencias y Técnicas Historiográficas (6).

Superadas los escasas investigaciones iniciales caracterizadas por los perfiles di- plomatistas e instrumentales, la situación actual de la investigación archivística es mucho más positiva y abierta.

Nuestro conocimiento archivístico es cada vez mayor y más sólido. La inves- tigación es digna de credibilidad y las tesis procedentes de los doctorados en Do- cumentación han decantado la investigación hacia temáticas más profesionales. También se han incorporado a la investigación temas recientes, entre los que son de especial interés los que se relacionan con la gestión de proyectos y la documen- tación electrónica.

4. CONCLUSIONES Los análisis bibliométricos señalan un crecimiento en lo que a producción cien- tífica archivística se refiere y subrayan el importante papel que desempeñan los ma- nuales y las tesis en la creación y formalización de conocimiento. Lamentablemente las expectativas no parecen presumir que esta línea ascendente se vaya a ampliar e incluso a mantener en los próximos años por el retroceso de los estudiantes que cursan estudios universitarios de Archivística y/o de Información y Documentación.

Podemos concluir que la Archivística ha experimentado en España una evolución muy productiva en las últimas décadas, tanto en lo que se refiere al volumen de tra- bajos doctrinales como a la calidad de los mismos. Entre las notas positivas están el desarrollo de los manuales que se manifiesta especialmente en la incorporación de la gestión de da documentación administrativa y la deriva de la investigación científica que va sustituyendo las tradicionales temáticas humanísticas por otras relativas a los ámbitos y funciones archivísticas. Ha habido interés y se han introducido mejoras en los estudios de clasificación, descripción, valoración y difusión de los documentos. Y entre las características menos buenas de ese periodo de los últimos treinta años está el dominio de los temas metodológicos, de manera que la teoría continua siendo un pequeño apéndice en el amplio territorio de la elaboración doctrinal.

Aunque la evolución ha sido considerable y productiva, no obstante las posibilida- des de mejora son también grandes. El análisis de los resultados obtenidos ha servido también para detectar lagunas y déficits existentes Algunas de las cuales apuntamos a continuación con el objetivo de promover actuaciones que puedan subsanarlas.

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Frente a los países que han promovido innovación (los pensadores más activos se encontraban en Canadá, Estados Unidos de América, Australia y también los hay originarios de Holanda y Sudáfrica) en España no hemos han contribuido al de- sarrollo de la Archivística. No obstante ha habido y hay toda una generación de profesionales que ha puesto a España en el mapa de la Archivística y le ha dado al país muchos reconocimientos. Pero es necesario que incremente su contribución al debate y promueva la investigación y reflexión sobre lo primero y esencial, la teoría archivística, y a partir de esta descender a las pesquisas sobre políticas, estrategias, metodologías y criterios y por último sobre la práctica.

En España los archiveros debemos comenzar a asumir responsabilidades y a do- cumentar precisamente nuestras decisiones e intervenciones. Los profesionales deben explicar cómo han trabajado, señalando en que conceptos se han basado e indicando que métodos y criterios han empleado. Pero también debemos someter las interven- ciones a debate público. Los archiveros españoles deberíamos conocer que piensan los ciudadanos sobre como gestionamos o sobre la memoria social que construimos en unos archivos que mayoritariamente se financian con dinero público. En España tendríamos que desarrollar estudios para promover una práctica profesional mucho más trasparente.

En el debe de la doctrina española hay que situar también su inclinación por la administración y el consiguiente desdén por la ciudadanía y especialmente por los marginados. Deberíamos desarrollar estudios y trabajos para que nuestros archivos no sean solo los del poder y pasen a ser los de toda la sociedad, reflejando su diversi- dad y complejidad.

En la misma línea deberíamos plantearnos ¿por qué desde los archivos no hemos desarrollado trabajos para apoyar a las víctimas o por qué no hemos contribuido a la

impartición de justicia? Frente a las iniciativas de australianos, noruegos o escoceses que han ayudado en casos como los de los niños separados de sus familias o vícti- mas de abusos aquí no hemos sido capaces de dar respuestas, ni legales ni morales,

a esos damnificados. Si ya hemos analizado el papel fundamental que los archivos

representan para la investigación tendremos que trabajar para que también lo sea en cuestiones de identidad, reconciliación y sensibilización con las víctimas.

La bisoñez y el desconocimiento de la técnica legislativa explicarían que profesio- nalmente no se censurasen las leyes de los años ochenta y noventa que ordenaban rea- lizar la valoración de documentos para la conformación del patrimonio documental

siguiendo la teoría de los valores de Schellemberg. Pero carece de razón que doctri- nalmente no hayamos cuestionado o rechazado la configuración de procesos archivís- ticos que impone el reciente ordenamiento jurídico de la administración electrónica

a través de las normas técnicas de interoperabilidad. En este sentido tendríamos que

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incentivar la realización de estudios que nos otorgasen una mayor capacidad de in- tervención e influencia en la configuración del ordenamiento jurídico y así evitar que se aprueben regulaciones que no sean doctrinalmente neutrales o que impongan concepciones o procesos que no están admitidos por la comunidad profesional. Con estos estudios contribuiríamos a conjugar la estabilidad del ordenamiento con los avances teóricos y prácticos que pueden provocar la obsolescencia de las leyes.

Y en cuanto a la investigación archivística la propuestas que formulamos no se dirigen a las líneas de investigación que se debería potenciar y si a los agentes de la investigación con el fin de acabar con una de las debilidades endémicas de nuestra materia: la escasa cooperación entre agentes de diferente naturaleza y de distinta pro- cedencia geográfica, tanto en el marco nacional como en el internacional. Asimismo creemos que deberían fomentarse las actuaciones que garanticen la correcta y fluida transferencia de conocimiento y de tecnología en la línea marcada por proyectos de investigación archivística como InterPARES.

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MARCO NORMATIVO DE LOS ARCHIVOS EN EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS

Severiano Fernández Ramos

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TRIA Nº 20. 2016 I.S.S.N. 1134-1602 - Págs. 75-119 MARCO NORMATIVO DE LOS ARCHIVOS EN EL

I.S.S.N. 1134-1602 - Págs. 75-119

MARCO NORMATIVO DE LOS ARCHIVOS EN EL ESTADO DE LAS AUTONOMÍAS

Severiano Fernández Ramos

Catedrático de Derecho Administrativo. Universidad de Cádiz.

Recibido: 23/12/05 Aceptado: 27/01/16

Resumen Tras una breve referencia al marco constitucional y a la legislación estatal en materia de archivos, en la que se subraya la compleja distribución competencial así como las dificultades para articular un auténtico Sistema Nacional de Archivos, el trabajo se centra en la legisla- ción de las Comunidades Autónomas, y en las dos etapas que comúnmente se diferencian, poniendo de manifiesto las dificultades de las leyes de segunda generación para alcanzar su efectividad y, menos aún, para ilusionar a los profesionales del sector, en buena medida des- encantados ante tantos incumplimientos.

Palabras claves Archivos, Derecho, política y Comunidades Autónomas.

Abstract After a brief reference to the constitutional framework and state legislation on archives, which emphasizes the complex distribution of competencies and the difficulties of articula- ting a genuine National Archives System, the work focuses on the legislation of the Autono- mous Communities, and in the two stages that are commonly differentiated, highlighting the difficulties of the second generation laws to achieve their effectiveness and, even less, to excite the professionals of the sector, to a great extent disenchanted with so many defaults.

Keywords Archives, Law, Politics and Regions in Spain.

PRELUDIO: LA SITUACIÓN LEGAL DE LOS ARCHIVOS CONTEMPO- RÁNEA A LA CONSTITUCIÓN Desde el punto de vista estrictamente legal, el aspecto más notorio de la ordena- ción legal de los archivos en la España inmediatamente anterior a la Constitución de 1978 es justamente la ausencia de una Ley en esta materia: tras siglo y medio, la ordenación se mantenía relegada al ámbito de las reglamentaciones de servicio,

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articuladas a partir del tradicional criterio de vinculación de la estructura y funciona- miento de los archivos a un específico cuerpo funcionarial, el ciertamente prestigioso cuerpo facultativo de archiveros 1 .

Esta circunstancia, es decir, la ausencia de norma con rango de Ley en mate- ria de archivos, conllevó varias consecuencias relevantes. Desde el punto de vista interno, la ordenación de los archivos en simples normas reglamentarias, además cada vez más petrificadas por su falta de adaptación a los cambios del entorno político-administrativo 2 , determinó la imposibilidad, no ya de la articulación de un sistema de archivos propiamente tal –impensable en la época que tratamos–, sino de la imprescindible conexión entre los archivos y la gestión administrativa. Las estructuras administrativas acabaron por ignorar a los archivos y éstos, a su vez, se confinaron en el venerable ámbito de lo historicista y académico 3 . Ciertamente, en las postrimerías del régimen franquista se realizó algún intento normativo de conservación y de racionalización de los archivos, pero carente del impulso político imprescindible para su efectividad 4 .

Pero, sobre todo, desde el punto de vista externo, esto es referente a la posición de los ciudadanos, destaca la absoluta falta de reconocimiento en norma alguna de un derecho ciudadano subjetivo a acceder a los documentos depositados en los archivos, no ya a los administrativos, algo comprensible perfectamente en un contexto político

1. Sobre estas cuestiones, vid. P. LÓPEZ GÓMEZ, “El sistema archivístico español anterior a la

Constitución de 1978”, Boletín de ANABAD, XXXVIII, 1-2, pp. 149 y ss.; L. M. DE LA CRUZ HERRANZ, “Panorama de los archivos españoles durante el siglo XIX y primer tercio del siglo XX”, Historia de los archivos y de la archivística en España, Universidad de Valladolid, 1998, pp. 121 y ss.; del mismo autor, “Los archivos y la archivística en España e Iberoamérica: pasado, presente y futuro”, en Archivos y sistemas, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid, 2000, pp. 23 y ss.

2. Debe recordarse que el Reglamento de Régimen y Gobierno de los Archivos del Estado de 1901 no

fue formalmente derogado hasta 2011.

3. C. PESCADOR DEL HOYO –“Los archivos, esos grandes olvidados”, Documentación Adminis-

trativa, núm. 177, 1978, ya se lamentó de la omisión de los archivos en la Ley de Procedimiento Admi- nistrativo de 1958. Por su parte, A. SANCHEZ BLANCO, «El sistema de archivos: de las referencias histórico-culturales a las bases de las Administraciones Públicas», Revista Española de Derecho Adminis- trativo nº 67 (1990), pp. 359-392, puso de manifiesto el error de la Ley de Procedimiento Administrati- vo de 1958, al ignorar la imprescindible conexión de los archivos y los procedimientos administrativos. El mismo autor volvió sobre la misma cuestión, en «De la actividad archivística como función pública

y de su incidencia en los derechos de los ciudadanos y en la buena administración», Revista General de Derecho Administrativo 17 (2008).

4. Como es bien sabido, la Ley 26/1972, de 21 de junio, sobre Defensa del Tesoro Documental y

Bibliográfico de la Nación, calificó a los fondos existentes en los Archivos de la Administración Pública, Central, Local e Institucional como pertenecientes al “Tesoro Documental y Bibliográfico de la Na-

ción”, «cualquiera que fuera la época a la que pertenecieran». Asimismo, los intentos racionalizadores del Decreto 914/1969 se vieron frustrados por su modesta posición en el ordenamiento.

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autocrático, sino ni siquiera a los archivos históricos, a diferencia del existente en otros países de nuestro entorno 5 .

Asimismo, la ausencia de una Ley de archivos impidió la consideración con- junta de los archivos estatales y locales, quedando éstos huérfanos de ordenación sectorial durante todo este largo período, abandonados a las parcas disposiciones contenidas en la legislación de régimen local 6 . Los archivos son, pues, en el caso de los administrativos, simples dependencias al servicio exclusivo interno de la Administración, y en el caso de los históricos, instrumentos del régimen fran- quista al servicio de la construcción de la identidad nacional 7 . En todo caso, son «archivos del poder».

Con todo, y a pesar del contexto político adverso, sería injusto no reconocer que, con todas las limitaciones propias de entonces, en esta época se extendió la red de archi- vos históricos provinciales, instituciones que serían –lo son aún– capitales en las déca- das siguientes en un contexto político absolutamente dispar 8 . Igualmente, esta pobreza del marco legal no impidió el más que meritorio desarrollo en esta época de la ciencia archivística, a cargo básicamente de los propios profesionales del ramo, tanto por parte de una generación excepcional de funcionarios del cuerpo facultativo del Estado, como también a cargo de fuertes personalidades fajadas en la Administración Local 9 .

2. LOS ARCHIVOS EN LA CONSTITUCIÓN Como es bien sabido, la Constitución de 1978 contempló a los archivos desde una doble perspectiva.

5. Las normas se limitaban a distribuir habilitaciones y prohibiciones entre los órganos y agentes de la

propia Administración, p. ej., para la expedición de una copia o certificación se precisará la autorización de tal o cual autoridad, relegándose la posición del ciudadano a la de un usuario sujeto a una situación reglamentaria. Sobre esta cuestión me ocupé ampliamente en S. FERNÁNDEZ RAMOS, El derecho de acceso a los documentos administrativos, Marcial Pons, Madrid, 1997, pp. 293-294.

6. Sobre estas disposiciones, vid. M. Cª CAYETANO MARTÍN, “Los archivos municipales españo-

les”, en Archivos y sistemas, Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, Madrid, 2000, pp. 105 y ss.

7. Vid. L. MARTINEZ GARCÍA, “Archivos y políticas públicas”, VV. AA., Diez años de archivística,

Universidad de Valladolid (ejemplar mecanografiado).

8. Vid. P. LÓPEZ GÓMEZ, Boletín de ANABAD, Año 2007, Tomo 57, Número 1. Dedicado a

las Jornadas «1931-2006. 75 Aniversario de la Creación de los Archivos Históricos Provinciales. Pasado,

presente y futuro». En particular, L. MARTINEZ GARCÍA, «Los archivos históricos provinciales y la pavorosa revolución»; y D. OCAÑA LACAL, «Los Archivos Históricos Provinciales en la legisla- ción: Evolución y perspectivas en su setenta y cinco aniversario».

9. Vid. A. HEREDIA HERRERA, “Archivos y Archiveros entre la Guerra Civil y la España de las

Autonomías”, en Historia de los archivos y de la archivística en España, Universidad de Valladolid, 1998,

pp. 177 y ss.

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2.1. El derecho constitucional de acceso a los archivos administrativos

De un lado, la Constitución de 1978 en el Título IV ordenó al legislador regular lo que denominó el «acceso de los ciudadanos a los archivos y registros administrati- vos» (art. 105.b) 10 . Lo cierto es que se trataba de un mandato constitucional extraor- dinariamente avanzado para su época, pues por aquel entonces sólo algunas de las democracias más avanzadas del mundo habían reconocido e implantado un derecho de acceso de la ciudadanía a la documentación pública 11 .

De hecho, la Constitución de 1978 bien pudo limitarse a reconocer un derecho ciudadano de acceso a los archivos históricos, lo cual ya habría supuesto en aquellas fechas un avance importante 12 . Pero, en cualquier caso, lo cierto es que ese avance del constituyente, a pesar de que sirvió de inspiración para otros países 13 , no encontró en el nuestro la acogida que merecía. En no pocas ocasiones el artículo 105.b) CE ha sido considerado como mera extravagancia del constituyente, y las más de las veces, ha sido simplemente ignorado.

2.2. El reparto competencial en materia de archivos

De otro lado, la Constitución contempló a los archivos, ahora en el Título VIII, como materia objeto de distribución competencial entre el Estado y las Comunida- des Autónomas. En concreto, el art. 149.1.28 CE reservó al Estado como compe- tencia exclusiva la “defensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación y la expoliación; museos, bibliotecas y archivos de titularidad estatal, sin perjuicio de su gestión por las Comunidades Autónomas”.

De entrada, debe observarse cómo en este precepto la Constitución, siguiendo una concepción largamente asentada en nuestra legislación histórica, anudó la temá- tica relativa a los archivos a unas instituciones inequívocamente de carácter cultural, como son las bibliotecas y museos. Pero este precepto debe conectarse con el art. 148.1.15 CE, el cual permitió la asunción por parte de todas las Comunidades Au- tónomas de competencias (exclusivas) sobre “Museos, bibliotecas y conservatorios

10. Obsérvese que la Constitución no reconoce expresamente el “derecho”, si bien se ha inferido sin

dificultad de la mención de los «ciudadanos».

11. Estados Unidos (1966), Dinamarca (1970), Noruega (1970), Francia (1978), Países Bajos (1978).

12. Lo cierto es que es discutible que la Constitución utilizara la expresión archivos «administrativos»

en el sentido técnico de la legislación de archivos, esto es en oposición a archivos «históricos». Cabe más bien pensar que se refiere, como a los registros, a archivos de titularidad de la Administración Pública, tanto administrativos como históricos.

13. Así, la revisión de la Constitución de la República Portuguesa efectuada en 1989 se inspiró abier-

tamente en el art. 105.b) CE, al reconocer que los “ciudadanos tienen el derecho de acceso a los archivos

y registros administrativos, sin perjuicio de lo dispuesto en la Ley en materias relativas a la seguridad interna y externa, a la investigación criminal y a la intimidad de las personas” –art. 268.2–.

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de interés de la Comunidad Autónoma”. Y aun cuando este art. 148.1.15 CE no mencionó expresamente a los archivos, los Estatutos de Autonomía los incluyeron en este bloque competencial.

Así, los Estatutos de Autonomía diferenciaron dos niveles competenciales en ma- teria de archivos: de un lado, atribuyeron a la respectiva Comunidad Autónoma una competencia plena o exclusiva (que incluye la función legislativa) en relación con los archivos de interés para la Comunidad Autónoma que no sean de titularidad estatal –donde se incluyen todos los archivos públicos no estatales así como los ar- chivos privados–; y, de otro lado, atribuyeron una función ejecutiva a la Comunidad Autónoma para la gestión de los archivos de titularidad estatal cuya ejecución no se reserve el Estado, en el marco de los convenios que, en su caso, puedan celebrarse con el Estado 14 .

De este modo, las competencias normativas en materia de archivos parecen de- pender exclusivamente del criterio de la titularidad de los archivos:

− En relación con los archivos de titularidad estatal, le corresponde al Estado una competencia normativa plena.

− En relación con el resto de los archivos –los que “que no sean de titularidad estatal”–, correspondería la competencia normativa plena a la Comunidad Autónoma 15 . Dejando de lado, la crucial cuestión de qué se entiende por archivos de titularidad estatal 16 , si nos atuviéramos exclusivamente a los títulos competenciales señalados,

14. Así, entre 1984 y 1989 se suscribieron numerosos Convenios en los que el Estado mantiene la

titularidad (propiedad) de las instalaciones y fondos, pero la gestión se cede a la Comunidad Autónoma en la que se ubica el centro (fundamentalmente los Archivos Históricos Provinciales). El resultado no deja de presentar aspectos arbitrarios. Así, la Administración del Estado conserva la titularidad y gestión del Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, pero, en cambio, el Archivo estatal de la Real Chan- cillería de Granada es de gestión autonómica.

15. Vid. E. LINDE PANIAGUA, “Los museos, bibliotecas y archivos de titularidad estatal”, Patri-

monio Cultural y Derecho, núm. 2, 1998, pp. 81 y ss. D. FERNANDEZ DE GATTA SÁNCHEZ, «La legislación sobre archivos: régimen vigente y retos futuros», Tabula, 10, Combates por la memoria:

archivística de la posmodernidad, 2007, pp. 255 y ss.

16. A este respecto, y de forma similar a lo que sucedió en otros ámbitos o sectores (como fue el caso

de la asistencia social), la interpretación que prevaleció en los procesos de traspasos fue en extremo bur- da, en el sentido de que la Administración del Estado reputó de titularidad estatal los archivos históricos que aquél momento dependían del Ministerio de Cultura, delimitación que no está exenta de conflic- tos. En todo caso, parece que por archivos de titularidad estatal debe entenderse aquéllos que custodian

y organizan la documentación en poder de la Administración General del Estado y demás instituciones estatales, lo cual justifica probablemente que aún hoy en día deba mantenerse la calificación de los Ar- chivos Históricos Provinciales, como archivos de titularidad estatal, a pesar de complejo encaje de estas instituciones en los sistemas autonómicos de archivos.

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habría que concluir que la legislación española sobre archivos se bifurca en dos ám- bitos perfectamente separados, sin comunicación alguna:

De un lado, la legislación estatal relativa a los archivos de titularidad estatal (con independencia de su gestión), y,

de otro lado, la legislación autonómica relativa el resto de los archivos (públicos de titularidad no estatal y privados).

De entrada, este mecanismo de reparto competencial ha suscitado la cuestión sobre la posición de los archivos de titularidad estatal cuya gestión el Estado, en aplicación de las previsiones constitucional y estatutarias, ha traspasado a las Co- munidades Autónomas, caso característico –como es bien sabido– de los históricos provinciales. Así, tempranamente la legislación autonómica sobre archivos incluyó dentro de sus respectivos sistemas de archivos a los históricos provinciales.

No obstante, el Tribunal Constitucional (STC 103/1988, FJ 4, precisamente la sentencia que enjuició la constitucionalidad de la Ley andaluza de Archivos 3/1984) aun cuando admitió esta inclusión de archivos de titularidad estatal pero gestión autonómica en el sistema archivístico autonómico, precisó que las Comunidades Autónomas no pueden regular el régimen de los archivos de titularidad estatal. Y la transferencia de la gestión sobre estos archivos no conlleva la atribución de la potes- tad reglamentaria, pues lo que el art. 149.1.28 CE prevé es la posibilidad de transferir la gestión de los establecimientos citados a las Comunidades Autónomas, y que, una vez hecho, a la Comunidad Autónoma corresponde «la ejecución de la legislación del Estado» esto es, sujetando su gestión a las normas reglamentarias que en desarrollo de su legislación dicte el Estado (STC 17/1991, FJ 19) 17 .

Todavía en estos parámetros, algunas de las reformas estatutarias efectuadas la década pasada trataron de abrir un hueco, para lo cual explicitaron que la compe- tencia ejecutiva de la respectiva Comunidad Autónoma comprende «la regulación del funcionamiento, la organización y el régimen de personal» de dichos archivos 18 .

17. La Generalitat de Cataluña había rechazado la competencia del Estado para dictar un reglamento

de organización, funcionamiento y personal de los archivos, bibliotecas y museos de titularidad estatal.

18. Así, por ejemplo, el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 2006 –art. 127– declara que corres-

ponde a la Generalitat la competencia exclusiva sobre: «Los archivos, las bibliotecas, los museos y los otros centros de depósito cultural que no son de titularidad estatal, que incluye en todo caso: Primero. La creación, la gestión, la protección y el establecimiento del régimen jurídico de los centros que inte- gran el sistema de archivos y el sistema bibliotecario, de los museos y de los otros centros de depósito cultural. Segundo. El establecimiento del régimen jurídico de los bienes documentales, bibliográficos y culturales que están depositados en los mismos. Tercero. La conservación y la recuperación de los bienes que integran el patrimonio documental y bibliográfico catalán. Además. corresponde a la Generalitat «la competencia ejecutiva sobre los archivos, las bibliotecas, los museos y los centros de depósito cultural de

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Impugnado el precepto del Estatuto catalán por entenderse que estas potestades exceden del concepto de “gestión” que figura como límite de la competencia au- tonómica en esta materia, el Tribunal Constitucional (STC 31/2010, FJ 73) re- chazó la impugnación por considerar que la competencia ejecutiva autonómica se extiende a la regulación del funcionamiento y organización de estos museos (y ar- chivos) y de su personal, «sin perjuicio de que todo ello se someta a la competencia normativa del Estado» (¿?). Más tarde, precisará que la potestad reglamentaria que permite la competencia de ejecución «no es una potestad reglamentaria de alcance general sino que queda limitada a la emanación de reglamentos de organización interna y de ordenación funcional de la competencia ejecutiva autonómica» (STC 14/2013, FJ 6) 19 . La cuestión es que los estatutos hablan expresamente de regular el régimen de personal», y es muy dudoso que hoy en día pueda calificarse el rég- imen de personal de un servicio como mera cuestión de organización interna. Es decir, el Constitucional evita la declaración de inconstitucionalidad, pero minimi- za el alcance de la atribución estatutaria, contradiciendo incluso el tenor literal del precepto estatutario.

Pero, sobre todo, la principal fuente de confusión ha venido de la incidencia en esta materia del título competencial relativo al patrimonio histórico o cultural, lo que ha llevado al Tribunal Constitucional a diferenciar la competencia para definir e in- tegrar los elementos que componen el patrimonio documental y la competencia so- bre los archivos que contienen dichos documentos («valoramos como intervenciones legislativas diferentes la calificación de documentos y la ordenación de archivos»).

Y esto ha tenido una doble consecuencia. Desde la perspectiva del Estado, el Tri- bunal Constitucional –STC 103/1988– advirtió que el ejercicio de la competencia

titularidad estatal situados en Cataluña, cuya gestión no se reserve expresamente el Estado, que incluye, en todo caso, la regulación del funcionamiento, la organización y el régimen de personal». De modo más abreviado, el Estatuto de Autonomía para Andalucía, tras la reforma de 2007 –art. 68–, dispone que corresponde a la Comunidad Autónoma, la competencia exclusiva sobre «Archivos, museos, bibliotecas y demás colecciones de naturaleza análoga que no sean de titularidad estatal». Pero añade: «La Comunidad Autónoma asume competencias ejecutivas sobre los museos, bibliotecas, archivos y otras colecciones de naturaleza análoga de titularidad estatal situados en su territorio cuya gestión no se reserve el Estado, lo que comprende, en todo caso, la regulación del funcionamiento, la organización y el régimen de su personal». «La Junta de Andalucía colaborará con el Estado a través de los cauces que se establezcan de mutuo acuerdo para la gestión eficaz de los fondos del Archivo de Indias y de la Real Chancillería». En otros casos, como el Estatuto de Castilla y León, únicamente se produjo una renumeración de los preceptos.

19. Desde la STC 18/1982, de 4 de mayo, el Tribunal Constitucional viene declarando que la com-

petencia autonómica de «ejecución» se extiende generalmente a todos los actos aplicativos, esto es, a la potestad de administrar que comporta, junto a las facultades de mera gestión, la de dictar reglamentos internos de organización de los servicios correspondientes en la medida en que éstos sean necesarios para la mera estructuración interna de la organización administrativa.

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exclusiva de la Comunidad Autónoma sobre los archivos radicados en su ámbito ter-

ritorial y de titularidad no estatal debe adecuarse al límite mismo dimanante del art. 149.1.28 CE relativo a la competencia exclusiva del Estado en lo que atañe a la “de- fensa del patrimonio cultural, artístico y monumental español contra la exportación

y la expoliación”. De este modo, en relación con el conjunto de los documentos inte- grantes del Patrimonio histórico de la Nación, incluido el Patrimonio Documental,

y con independencia de su titularidad, le corresponde al Estado una competencia

normativa, eso sí limitada a la defensa contra la exportación y expoliación de los bienes integrantes del mismo.

Pero desde la perspectiva autonómica, se admite que «las competencias autonómi- cas sobre patrimonio histórico incluyen la capacidad para definir los elementos in- tegrantes del mismo, y ello aun en el caso de que los documentos de interés para la Comunidad Autónoma se integren en archivos de titularidad estatal, siendo la Comu-

nidad Autónoma la que puede establecer la definición y los elementos integrantes de su patrimonio documental con independencia de la titularidad de los documentos

y del archivo en que se hallen ubicados» (STC 103/1988, FJ 3). En el caso de los

históricos provinciales esta competencia autonómica presenta un claro fundamento, desde el punto y hora que en estos archivos se deposita, además de documentación procedente de la Administración territorial del Estado, procedente también de la Administración autonómica (y local).

Por su parte, el Estatuto catalán de 2006 (disposición adicional decimotercera) dio un paso ulterior al contemplar documentación integrada en un archivo de titularidad

y gestión estatal. En concreto, tras distinguir entre los fondos propios de Cataluña (¿?) 20 situados en el Archivo de la Corona de Aragón y en el Archivo Real de Barcelona y los fondos comunes con otros territorios de la Corona de Aragón, declaró, respecto de los primeros, que se “integran en el sistema de archivos de Cataluña”, mientras que respecto de los segundos dispuso la colaboración de la Generalitat con el Patronato del Archivo de la Corona de Aragón, con las correspondientes Comunidades Autónomas

y con el Estado. A este respecto, el Constitucional (STC 31/2010, FJ 74) consideró

que no contradice el art. 149.1.28 CE, en relación con el art. 149.2 CE, que los fondos ubicados en archivos de titularidad estatal se integren en sistemas archivísticos de las Comunidades Autónomas, «en cuanto ello implique una calificación que sólo añada una sobreprotección a dichos fondos, pero sin incidencia en la regulación, dis- posición o gestión de los fondos documentales ni de los archivos en que se ubican 21 .

20. ¿Pueden calificarse, en rigor, de fondos propios «de» Cataluña, unos fondos del siglo XV o XVI?

¿No sería más correcto hablar de fondos de interés de la Comunidad?

21. «El art. 149.1.28 CE reserva al Estado la titularidad de determinados archivos, sin perjuicio

de su posible gestión por las Comunidades Autónomas, por lo que los Estatutos de Autonomía no

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Esta doctrina constitucional, se asienta en la concurrencia de dos significados en

la noción constitucional de «archivo»: de un lado, el referido a los fondos documen-

tales, como conjuntos orgánicos de documentos; y, de otro, el que atañe a las in- stituciones responsables de la custodia, conservación y tratamiento de tales fondos. Esta distinción, que –como es sabido– está plenamente asentada en la legislación, tanto estatal como autonómica, según el Alto Tribunal, permite que las Comuni-

dades Autónomas, en el ejercicio de sus competencias sobre patrimonio cultural, puedan otorgar una determinada calificación a fondos documentales de su interés in- tegrados en archivos de titularidad estatal, a los efectos de su protección, pero sin que esa calificación confiera a la Comunidad Autónoma facultades de disposición

u ordenación sobre los fondos documentales ni sobre los archivos en que se ubican

(STC 14/2013, FJ 5). Sin embargo, en nuestra opinión, constituye una abierta con- tradicción conceptual hablar de una “sobreprotección” de los fondos documentales

que no supone incidencia alguna en la “regulación” de los mismos.

Pero algunas leyes autonómicas no se contentaron con incluir a los archivos de titularidad estatal y gestión autonómica en el sistema archivístico propio, sino que integraron también a archivos de titularidad y gestión estatal. Es el caso de la Ley del Parlamento de Cataluña 10/2001, de 13 de julio, de archivos y documentos, la cual integró en el sistema de archivos de Cataluña al Archivo de la Corona de Aragón [art. 20.1 a)].

Pues bien, el Tribunal Constitucional (STC 14/2013, FJ 6), rechazó la incons- titucionalidad de este precepto, porque a tenor de la propia Ley 10/2001, de 13 de julio, «los archivos de titularidad estatal, incluidos los integrados en el Sistema de Archivos de Cataluña, se rigen por la legislación estatal» –art. 3.2–. «La antinomia

pueden atribuir a las Comunidades Autónomas potestades de disposición sobre los bienes o fondos de los archivos de titularidad estatal que menoscaben o perturben las competencias del Estado para regular y gestionar sus archivos. Ahora bien, la integración en el sistema de archivos de Cataluña de sus fondos situados en el Archivo de la Corona de Aragón y en el Archivo Real de Barcelona no su- pone alteración del régimen unitario de éstos, ni conlleva afectación alguna de la competencia estatal, como expresamente reconoce la representación procesal del Parlamento de Cataluña, de manera que la prescripción estatutaria, que no puede significar la desaparición de la titularidad y libre disposición estatal de esos fondos, se limita a introducir una calificación que sólo puede añadir una sobreprotec- ción a dichos fondos». Esta apreciación fue reiterada en las Sentencias que resolvieron los recursos de inconstitucionalidad promovidos contra la misma disposición adicional decimotercera por el Consejo de Gobierno de la Diputación General de Aragón (STC 46/2010, de 8 de septiembre), el Consejo de Gobierno de la Comunidad Autónoma de las Illes Balears (STC 47/2010, de 8 de septiembre) y la Generalitat de la Comunidad Valenciana (STC 48/2010, de 9 de septiembre), añadiendo que si la competencia estatal sobre el Archivo de la Corona de Aragón no resulta desconocida ni invadida por la disposición impugnada, en nada se veían afectadas la disposición adicional primera del Estatuto de Autonomía de Aragón, la disposición adicional primera del Estatuto de Autonomía de las Illes Balears, ni la disposición adicional tercera del Estatuto de Autonomía de la Comunidad Valenciana.

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que pudiera resultar de que la propia Ley que integra archivos de titularidad estatal en el sistema de archivos de Cataluña les excluya de su ámbito de aplicación, debe ser resuelta, mediante una comprensión de los preceptos de la Ley que permite concluir que, efectivamente, quedan fuera del ámbito de la Ley impugnada los archivos de titularidad estatal, incluso aunque éstos custodien fondos que la legislación autonó- mica declare ahora o en el futuro como pertenecientes al patrimonio documental autonómico. De este modo, la inclusión de los archivos de titularidad estatal en el sistema de archivos de Cataluña debe entenderse vinculada a la protección añadida que la Comunidad Autónoma pueda dispensar a fondos documentales obrantes en tales archivos, al ser el de la protección de los fondos documentales uno de los fines que la Ley asigna al sistema de archivos de Cataluña (art. 16.1)» 22 .

Como quiera que por Ley de la Comunidad Autónoma de Castilla y León 7/2004, de 22 de diciembre, se dio un nueva redacción al art. 47 de la Ley 6/1991, de 19 de abril, de archivos y patrimonio documental de Castilla y León, para incluir en el siste- ma de archivos de Castilla y León «el Archivo General de Simancas, el Archivo de la Real Cancillería de Valladolid, el Archivo General de la Guerra Civil Española con sede en Salamanca y, en general, todos los archivos históricos de titularidad estatal y de in- terés para la Comunidad de Castilla y León existentes en el territorio de ésta», se plant- eó un nuevo conflicto 23 . Pero como quiera que la Ley de Castilla y León, a diferencia de la catalana, no contiene una expresa salvedad de la competencia exclusiva del Estado, el Tribunal Constitucional (STC 38/2013, FJ 5) declaró nulo el precepto de la Ley de Castilla y León 24 . Diferencia de fallos que parece, pues, sustentarse en razonamientos marcadamente formalistas. Se trataría, en cierto modo, de salvar las apariencias, de acuerdo con la vieja tradición castellana de hacer profesión pública de fe.

22. El Alto Tribunal se cuida de declarar que, en relación con el Archivo de la Corona de Aragón, en