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Egoísmo Extremo

Emilio del Barco

Vemos más bondad que maldades en la raza humana. Y promesas de un futuro


brillante. La felicidad se puede encontrar en la tierra, claro que sí, tenemos
que hacer todo lo posible para conseguir que todos vivamos con menos
problemas y más satisfacciones, olvidando odios y a los odiosos. Toda existencia
humana tiene su fundamento en la mente. Y, según el hombre vaya construyendo
su intelecto, así será su vida. En definitiva, el pensamiento forma a la persona.

En los tiempos de predominio absoluto cristiano, en la Baja Edad Media, eliminadas


las culturas clásicas antiguas, la enfermedad se suponía procedente del alma, no
del cuerpo. A consecuencia de estas premisas, durante toda la Edad Media, se
multiplicaron las más mortíferas epidemias que haya podido sufrir la Humanidad.
Al considerar innecesaria, y hasta pecaminosa, la práctica de la medicina clásica y
el cuidado e higiene corporal. El uso intenso de incensarios en los lugares de rezo,
no tenía otro objeto que ocultar el mal olor procedente de los cuerpos mal lavados
de los fieles. Consecuencia directa de atribuir pecado de vanidad y concupiscencia
a quienes mantuviesen una higiene corporal cuidadosa. En los braseros invernales
hogareños, que calentaban las noches invernales, se mezclaban semillas olorosas.
En vez de lavarse bien, se enmascaraba el mal olor.

Las leyes de pureza de sangre, aplicadas a las personas, eran sufridas por quienes
hubiesen merecido el castigo de Dios, según los criterios válidos en la época. Lo
que conllevaba su aislamiento en el exterior de las ciudades, y la privación de sus
derechos. En la categoría de impuros se incluían los ciegos, sordos, mudos,
epilépticos, leprosos, deformes, tullidos, etc. En la Biblia se hace prolija mención
de ellos, clasificándolos como poseídos por espíritus inmundos.

La tradición habría que construirla haciendo fértil el presente, idealizando el


pasado. Quienes tienen miedo al avance de las ciencias, a las investigaciones e
innovaciones, en todos los órdenes de la vida, no avanzan. No es lógico que,
quienes siempre miran hacia atrás, conduzcan el mundo, en sus avances. Los
amantes del pasado, no construyen, mienten, idealizando. El presente es la vida. El
futuro, sueños y deseos de realidad. La historia de las rivalidades es la de los odios.
Pero, hay mucho más amor que odio en la condición humana.

Las obras meritorias han de serlo respecto a su beneficio para la Humanidad, en su


conjunto. No podemos considerar meritorio aquello que, para beneficiar a unos
pocos escogidos, perjudique al resto; eso sería, en primer lugar, egoísta, si con ello
fuera también beneficiario el autor de la obra. Y extremadamente egoísta, si el
objeto de salvación fuese el mismo pretendido salvador. El trabajo de dedicarse,
primordialmente, a salvarse el alma, me parece, básicamente, egoísta. Dudo que,
un trabajo tan concentrado en uno mismo, pueda tener un valor universal. A no ser
que el pretencioso salvador de su alma, fuese tremendamente perverso, y, con
ello, quisiera salvar al resto de la Humanidad de su propia maldad. Caso extremo.
Emilio del Barco. 22/06/10. emiliodelbarco@hotmail.es . www.emiliodelbarco.com