Está en la página 1de 64
ALBERTO CATURELLI AMERICA BIFRONTE Ensayo de Ontologia y Filosofia de la Historia EDITORIAL TROQUEL $.A. Buenos Aires BIBLIOTECA DE FILOSOFIA DIRIGIDA POR EL PROF. MANUEL GoNZALO Casas Fiposor, Feciaa'* Impreso en a Argentina, — Printed in Argentine Queda hee ef depostio que previene la ley 11725 © by Editorial Troquel S. A. Buenos Aires, 1961 INTRODUCCION Allienacién proyectiva y alienacién retrospectiva “Me duele Espafia, exclamaba Unamuno; no la Espafia meramente histérica, sino esta Espaiia existencial que le cons- titufa desde su raiz. Pues a mi me duele América. O, para ser mas exacto, me duele la Argentina. Pues de este dolor y de este amor nacié América bifronte, Este dolerme América im- plica Ia conciencia de la tragedia americana hecha patente de un modo abrupto y para siempre. gMelancolia atavica de este nieto de europeos italianos y austriacos respecto de un medio y de una realidad que no ¢s América? Quiz. Pero eso no seria todo. Porque, existencialmente, el_hecho de ser americano_es_inescindible de mi ser_y, en cierto modo, me qe ‘constituye. Luego, seria una falsa posicién metafisica inten- ar prescindir del hecho inalienable de ser americano; seria como intentar no ser lo que se ¢s, una especie de suicidio metafisico. Eso es lo que me encuentro siendo. Si la desola- cién en que el Tdsots se encuentra en el medio americano me ha hecho sentir melancolia del medio europeo, hasta cierto punto, esta posicién es una posicién falsa pues ¢s aftoranza de Zer lo que no soy; es una evasion metaflsica, una alienacién WPL ae mi propio set. Sin embargo, esta actitud de alienacién del ‘propio ser es comin entre nosotros y, por eso, el americano culto. vive aftorando, por ejemplo, la realidad cultural de Europa aunque no quiera confesirselo a si mismo. Aliena- cién y oscura conciencia de una falta, de una ausencia que es, simulténeamente, patentizacién de una tragedia america: 7 AMERICA. BIFRONTE na; actitud negativa que es compensada por otra actitud ex- irema (generalmente hija de la ignorancia) que consiste en Dla exaltacién desmesurada de lo americano como tal. En efec- to, el americano de hace weinta aiios sostenfa muy suelto de cuerpo que éte cra el mejor de Tos mundos, y ya Ortega nos echd en cara en 1916 la pueril “hinchazn” de los argentinos que vivian de una Argentina imaginada. Pues bien: dos he- chos i condicionan Ja gestacién de este libro: pri \ mers, esta actitud de exaltacign un poco euférica y hasta “im- perialista” de Ia Argentina, enfermedad que padect aguda- mente en Ia adoslescencia; segundo, una reaccién contra la primera actitud que, como reaccién, puede haber sido extre conciencia de la nadidad de nuestro ser americano; primero exaltacién, afirmacién; luego, nadificacién, negacién. dlablemente que esas dos actitudes no pueden sostenerse con- 1 ge temporéneamente; en efecto, vivir de una bella imagen de \) une dria wtp cs una alienaisn hacia adelante) vi SENG vir de lo que noe y-por es, es radical negaciOn de nuestro Jorispon, 5 TI de ona negacién asoluta de nuestro ser americano AEX) y simultdneamente dejarnos vencer por una aforanza de lo europeo como tal, es alienacién hacia atris, retrospectiva, y @) también @ vivir de lo que noes, negaciin absolita) Aqui la realidad americana no se n0s presenta como en la dialéctica hegeliana, como la oposicién de contraros, porque, en el fon Go, las dos acttudss se resuelven en Ta negacion de lo ameri|} cano como tal. Pero es dlaro que si América existe, que si Argentina existe, ¢ porque algo es; de lo contrario no exis- tiria; ni es tampoco algo meramente “cosa” porque tenemos conciencia de América y este tener conciencia de una “cosa” implica su existercia; América entonces no es simplementt una naturaleza pura de la que no tengo conciencia; es. Se oth trata pues de_investigar en qué consiste. Imposible hacerlo sin superar Iai dos actitudes negativas. ¥ ya sabemos algo: Que América no es nada, ni tampoco corresponde su realidad a una alienacién proyectiva. Se trata entonces de (por lo me- G nos) indicar el ser de América adoptando una actitud_verda- 8 INTRODUCCION deramente filos6fica, e9 decir, {eritiea.)si al término de la in- Vestigaci ibro_que_cl (S#ryamericanio) consiste en cierta entidad minima, pero real, entonces habré logrado el obje- tivo que me impulsé a escribir este libro. Pues desde esa mi- pima entidad sera posible marchar adelante. Si nuestra rea- lidad es pobre y miserable,-no importa. Lo importante es berlo descubierto y, descubrirlo, significa simultaneamente haber [logrado ‘concienci; a_de nuestro ser. Y ésta es el fundamento para el autodesarrollo que €& ya nuestra més in- transferible originalidad. Precisiones Por lo tanto, se impone como un deber grave el andlisis despiadado de la realidad americana. Al mismo tiempo, eno es sintoma de algo el hecho de que en América hispana hayan comenzado a aparecer (todos al mismo tiempo y desde los campos mis dispares) esfuerzos por desentrafiar Ja realidad de nuestra situacién y del ser americano? Pues bien: este andli- sis ha de orientarse no ya solamente a una busqueda afanosa andlisis critico, interno, despiadado. Ante mi libro, alguien puede preguntarse: gEsti Norteamérica incluida en la dialéc- tica de la obra? Como se notara de inmediato, he observado tuna gran cautela respecto de ese tema por la ausencia de una experiencia directa de aquella realidad y porque, general- mente, nuestro conocimiento de Norteamérica no ¢5 exacto. Sin embargo, creo que en modo alguno Norteamérica escapa a las grandes lineas del planteo que ofrezco en estas paginas, aunque si escapa infinitamente a muchas determinaciones con- cretas faciles de advertir. Por otra parte, algo (aunque timi- damente) he adelantado en Ia meditacién v que forma parte de Ta altima seccién de este volumen, Ontologia y filosofia de la historia Es claro que todo intento de especulacién acerca’ del ser 9 de ‘To americano como tal, sino, aunque secundariamente, a sbi dar_a_conocer Ja Jauténtica América] pero de tal modo que nuestra realidad Taya sido “dicha” desde América por un Pr a“ AMERICA BIFRONTE americano implica, por un lado( in asduo-intento mevatiico} puesto que tenemos que habérnos[as con el ser y no 3 puede menos que hacer ontologia (primera parte de esta obra y Vversos aspectos de todo_el libro); pero, por eso mismo, desde labor im| i ‘storia porque’asf se iluminan las mas profundas raices y el sentido de la historia americana. Asi pues, esta obra es ontologia y no puede no ser por eso mismo filosofia de la historia; y por- que ¢s filosofia de la historia no puede no ser ontologia. Este libro aparecié por entregas en la revista Sapientia los afios 1956 y 1957 y es hijo de una preocupacién que viene de varios afios atras. En este volumen hay enmiendas, algin pequeiio cambio, agregados, correcciones y una especie de bibliografia comentada que no es completa. En cuanto al mismo desarrollo tedrico del libro no es ajeno a otros traba- jos mas 0 menos paralelos y prepara otros que, Dios mediaite pronto echaran a correr por el mundo. Dejo constancia de mi agradecimiento a los amigos y alumnos que con sus discu- siones sobre €l tema contribuyeron a la creacién de América bifronte. A. Catorecur 10 PRIMERA PARTE La Vocacién del Ser CarituLo I EL SER La patencia del ser en bruto Si hay algo que no puedo poner en duda es qu Y esta certeza depende de una experiencia, inicial que surge de la participacién mia, de la participacién del yo, en el ser; se trata pues de una experiencia primera; por asi decir, virginal, a la que tiene que volver el fildsofo para iniciar desde alli la busqueda del Ser total; hay pues un lazo inmediato entre el yo y el ser tomado en bruto, es decir, entre el yo y Jo que simplemente hay, entre este ser que soy y lo que esti dado ahi; en otras palabras, quiero poner de manifiesto que entre el yo y el ser hay una implicacién puesta de manifiesto fen todo acto de nuestro pensamiento que se comporta como tun puente entre el yo que soy y el ser. Naturalmente que esta visién o patencia de la presencia del ser, en cuanto es un acto inicial, es confusa, y la generalidad no tiene plena conciencia de esta presencia; cosa que, por el contrario, no puede ocu- rir al filésofo pues su misma autenticidad de filésofo depen- de de esta toma de conciencia de la patencia_del_s¢ 10 tal_de Ia_que fa_de_partit_toda_especuliciin_metatisea en: tonces, se pone en el punto de partida del Tifosofar esta paten- cia del ser como presencia de lo que simplemente esta abi, delante del yo, implicindolo, porque el yo mismo que ‘soy implica una participacin en el ser. Por evo decia que si de algo no puedo dudar es de que hay 1B AMERICA BIFRONTE seri es decir, aquello en lo que todo es resuelto pues nada cae ni puede caer fuera de él; pero lo que aqui me interesa ~f aclarar es cémo_se_produce este(Iamado del ser)y cémo se produce la Fespuesta We -aquel que es capaz de responder: 1 ) ilestoy Dejando entonces de lado apasionantes cuestiones de metafisica apenas esbozadas en el parrafo anterior y sobre Jas que espero volver en un trabajo de mayor aleance, resulta claro que debe exponerse qué se entiende, primero, por el ser fea, ®e! que participa el yo, y, segundo, hays > al Hamado_del_ser. Puedo desde ahora denominar un tanto y convencionalmente “ser en bruto", a la simple patencia del ser dada en un acto primario de nuestro conocimiento, cosa no ignorada_en el pensamiento clisico; de este ser que sim- plemente @t4_ahPs posible una [deseripcidn] pero nada mis que eso, y sabemos que Ja generalidad olvida hasta esta misma patencia del ser y, atin mas, que muchos jamés han tenido conciencia_de_esta (experiencia _primaria) del ser. Por otra Parte, si comenzara con una descripcién de tipo fenomenolé- gico de la inmediata experiencia del yo como el primer ser que me es patente, podria edificar una filosofia muy seme- jante a la de Heidegger. Por lo menos se puede extraer una conclusién que creo inevitable: hay una primera patencia del | ser, pero de esta simple presencia sdlo puedo hacer una des cripcién desde el momento que es una experiencia primaria; €s experiencia del ser en bruto tal como se presenta a mi conciencia El ser inteligible ' Esta primera experiencia es también la primera grada del pensamiento filoséfico que corresponde a un primer grado | el ser total; cuando Ia inteligencia se aplica a la considera: | cign del ser y edifica la metafisica, supera esta primera expe- | riencia;_veamos cémo: El ser_comunisimo, en cuanto objeto tafisich? es postévior, pero en un sentido especial que creemos no se tia puesto suficientemente de manifiesto; a par- tir de esta primera presencia del ser, Ia inteligencia abstractiva formula el concepto universalisimo de ser al cual presenta 4 EL SER como el objeto de la metafisica; zpero es esto totalmente exac- to? y, sobre todo, ¢se ha interpretado siempre rectamente? ;Es esto lo ultimo € inapelable? Indudablemente nos situamos aqui en un grado superior al del simple ser en bruto que es el del ser_universatisimo; pero, como se sabe, este “ser” es el resultado de una elaboracién abstractiva; la aclaracién parece obvia, pero quiza no lo sea tanto si consideramos que la meta- fisica, en_el_ sentido de la ontologia tradicional, es la~clencia {eG tnt gue a eb, Fe ssl est \lecir que-t metafisica es la ciencia del ser, gsignifica que lo > es del todo? Deciy que la metafisica tiene por objeto el ser ‘no implica la afirmacién que sea cencia del todo; porque Z des ciencia de le abstraido del ser; o si se quiere, de lo abstrai- ‘le det ser eo qu puede abitaee dee no de fat) Eo efecto, cuando se dice que el ser es el objeto a " oe ho se quiere significar que la inteligencia sea capac de aprehen- der el ser integro; lo que se pretende sostener es que lo que la inteligencia entiende y concibe del ser es s6lo aquello que pue- de abstraerse de él y por lo tanto universalizarse; pero el ser tuniversalisimo no es todo; es apenas lo cognoscible de é (del Ser) por la inteligencia conceptualizante; pero may alld del ser universal, hay un resto, algo mds que permanece en las sombras, siempre inalcanzable para el entendimiento abstrac tivo. En este segundo grado no podemos ir més alla del ser inteligible pero podemos sospechar la existencia de un plus que es mucho mds que €l mismo ser inteligible; en realidad, el ser inteligible es apenas un margen minimo de la realidad, ‘margen iluminado apenas en una fina arista por la inteligen- Y esa fina avista de una realidad plena, que ¢s como nada comparada con ella, es lo que la inteligencia abstrae y nos pre- senta, a veces engafiosamente, como el supremo objeto. Como veremos, esta actitud definitiva que ignora el resto, tiene o puede tener resultados nefastos para la filosofia, Seria enton. ces evxacto dec que la metatbica en-su_antiua sgn icacion fia cencin- de o-obstflbledel.ser ¥ nada mds que es, En. tonces, el concepto le todo aguello_de lo cual ha sido abstraido; pero aquello de To cual ha sido aby 15 a AMERICA BIFRONTE traido es apenas un fino margen de la realidad total. Se trata simplemente de tomar conciencia de nuestra pobreza radical aun en las més altas especulaciones metafisicas; conciencia de que més alla del ambito del ser universalisimoJexiste una P realidad total que siempre escapard a una metaffsica ((que hasta cierto punto no es metafisica) demasiado apega@a a Tas formas conceptuales como si fueran lo definitivo. En realidad, quien vive apegado a estas formas conceptuales como si fue- ran los “vasos" en los que se nos da toda la realidad, pone un tope insuperable a su propia capacidad metafisica y comienza a vivir de sombras; entre él y la realidad se abre un abismo_ que tiene la inmensa distancia que hay entre loreal y lo no-real. Realidad y pobreza del concepto EL ser imteligible estd pues situado en smbito pobre del concepto; pero la cuestién no sé Tesuelve negando simplemente Tonceptos o su validez como lo hizo Bergson, o disminu- yendo su valor metafisico como Blondel; sobre todo este til timo, si bien tiene el mérito de haber vislumbrado esta reali- dad total situada mis alli del ser inteligible, cae en el error de intentarlo todo, de apostarlo todo por esa realidad total negando simplemente el valor del concepto; pero a mi me parece que esa actitud no era necesaria; baste con reconocer que el_conocimiento conceptual toma_una parte minima de Ja realidad, pero real al fin y, digamoslo de paso, lo tinico jentificamente posible en el sentido chisico; pero, por otro lado, es preciso reconocer que el conocimiento conceptual. cuando lee en Ja realidad e intenta penetrar en ella, cuando abstrae de ella, cuando formula los conceptos que se resuelven siempre en el concepto de ser, procede como quien sacara agua del océano con un dedal; pero no es menos cierto que aun esa porcién minima de agua contenida en el dedal, es real; asi pues, los conceptos nos dan una realidad de la que no po- demos _prescindir; pero queda el resto. Mas alla del conoct ‘miento conceptual ¢ posible vislumbrar el Ser-total, es decir, aquello que lo comprehende todo: el ser en bruto, el ser in- 16 teligible y el resto, que es lo mds rico, la fu €l protoser que, por asf dicir, "Funde” a todoo los seres en vel 0, dejo para una obra que espero A dilucidactén mas 0 menos completa de este apasionante pre C blema del Se. Por ahora, ya podemos preguntarnos: ble hablar de una vocacién del ser? [oman iceer wl nei? eee | Commitee EI Ser-total Lo que est4 més alld del conocimiento conceptual, que es lo transconceptual y lo més rico, se comporta como una tota- idad gris cada ver més oscura y también cada vez més hostil al conocimiento nocional; desde este mds alld hay pues algo que columbramos como a media luz, como un todo claroscuro: es verdad, desde alli, desde tales profundidades_ontolégicas viene el llamado o vocacién del ser que es vocacién del Todo. Pero si queremos ir por partes sin précipitarnos demasiado, debemos reconocer que (E-Yoraioa del Soy provene, en un _primer contacto inicial, deaquella toma de conci mero ser en bruto, del ser que simplemente esté alli y del que no todos tietien conciencia de su presencia; pero, como es natural, it esta primera patencia del ser prorrumpe en un Iamado débil y hasta cierto punto abrupto; tal llamado es oido por pocos yor’ Ng porque no se dirige, en realidad, a todos sin discriminacién; Slo puede ofr el Mamado aquel oido apto para ello. Pero este llamado primario puede ir clarificindose de tal modo que el filésofo puede tomar conciencia de que este llamado proviene de una realidad otra porque el mundo que me circunda no es solamente Io que aparece: es algo mis. Mas all de esta pr era presencia del ser, lo primero que Hama a la inteligencia del hombre desde la realidad no es, a primera vista, esa Rea- lidad o totalidad gris, sino la abstraible de ella, 0 sea, lo tinico inteligible, lo tinico claro; hay pueg un lamado natural de Io 7 wots te S ab *k ph #. eS > = & AMERICA BIFRONTE [ose del ses; pero si cl ser inteligible no es otra cost que vt tmera emersion mezquina del Ser-total, si es algo de ¢l, el Hamado, sobre todo en el fildsofo que con-vive con el ser, tame bién proviene del Ser-total nacién de Ia inteligencia hacia el ser, o sea su respuesta a 1a ne surge desde 1as_profundidades de To real, €s_lo ‘ecacién que SEs Ces Se ea Fapuea & ia flo hs > que conduct aD hombre a Ja filosofia; esta respuesta ¢s la filo- sofia mista, La vocatio enti surge de Jo abs:raible del Ser-total; pero ese_amada es posic ble en virtud del llamado nds alld del conocimiento conceptual; mis ain, el amado del = intelligibilis, en el fondo, es_el_mismo amado del Ser- Feral pues la misma vocatio tiene “yesonancias” del Hamado L® profundo y enigmatico: es el TODO absolutamente: nos Hama y se oculta. ag en cuanto ro; pero el Tamado en cuanto es vocacién del ser inteligible 2 capta aquello universalizable Y queda como wn incentive midgico aT que “no ‘quererios Te munciar, que nos lama y no se entrega; que nos Hama cada yex de mayor hondura y del que no podemos apropiarnos: Bien pudiera hablarse aqui de una angustia por la realidad total porque éta es simulténeamente i 6 protoser; y Ia vehemente incli- js, al menos én su forma mas clara, de_la_Realida yda_situada Ja vocacign del Ser. El que Hama ; pero feuando la inteligencia tien- nuante y mezquina; vocacién del ser inteligible, es cla- mas es dlaroscuro_porque en el Na nado-dal ser inieligible se incluyé Ta de aquelio que eats més alld de la aprehensién de la inteligenci si solo considerdse- thos Ta yocacion como Tiamado del puro serfundamento, del Bbido. pues a las resonancias enigméticas contenidas en ¢l (es ‘deberiamos reconocer que ¢ un Hamado oscuro; Mamado del ser inteligible, todo Mamado tiene algo_de_miste rio, No siempre es facil escucharle y mds dificil ain segue miso de nues Imente; como el que lama, en altima instancia, es el todo absoluto, en_¢l Iamado va i TeF pavonaT integio; no podemos prescindlir implicita la exigencia de compro: de Ia particigacion del yo en el sex respecto del cual el pen- 18 EL SER samiento tiende un puente; el que escucha y va hacia mado compromete por él su penona total; ‘comings y sabee todo, se entrega al amado. Pero como en toda entrega siein. pre se“obtiene algo de aquello al que se entrega, saul se ob: tiene algo de parte del que llama; lo que la inteligencia puede Universalizar més Ta patencia de lo que esté mis alld dem ser inteligible. El filésofo no es otva cosa que aquel que tend indefinidamente hada la Suprema(Biesenciaiel Todo del ser; Ja filosofia es la respuesta al llamado del ser: o, si se quiere, [ildsofo el que padece Ia vocacién del Todo. 19 i Cariruto I PRESENCIA DEL SER El ser, presencia muda EI Hamado del ser es claramente percibido por la inteli- gencia que es quien responde; pero también ¢5 el intelecto quien percibe la secreta presencia del ser situado més alli de 5 su propia aprehensién conceptualizante; si bfen el ser_¢s in agotable, como he tratado de poner de manifiesto, también el intelecto tiene una radical_tendencia a una plenitud que slo podria lograrse en una [contemplacion) del Ser-total; pero sa- bemos que el intelecto Phe de ir mds alld por Ia acostum- L brada_via del conocimiento conceptual; esta tendencia hacia Us gpleninalograda parcialmente en la\contemplacidt GETS tiene_grados: en realidad se logra cierto esbozo de la misma yok cuando simplemente se est ante el ser en bruto a uavés det cual ya puede escuchar el Hamado; para la_generalidad, esta vecacién es como sino existiera; o simplemente no existe; para esta generalidad no hay vocacién; el ser, en_ verdad, no deja de estar alli, pero su presencia no es advertida ni se tiene conciencia de ella porque es una|presencia muda) y una pre- sencia muda no dice nada; es el Cis0GeT que piensa (si a eso Puede Iamarse pensar) por medio de férmulas fijas, 0 del que se oprime en ellas sin re-vitalizarlas desde la raiz; para tal hombre, el ser se comporta como una presencia muda, y su filosofar serd nada mis que una caricatura de Ia filosofia. N 2 AMERICA BIERONTE EI ser, presencia inteligible En segundo lugar, la inteligencia logra algo mis que un simple esbozo de plenitud pues concibe aquello universaliza- ble del ser que luego del proceso abstractivo le permite volver sobre los seres particulares pero no mis alla de la fina franja inteligible, universal y necesaria del ser; esta alli frente al ser como presencia inteligible. Este mundo“ordenado, racional y jerérquico es el mundo de losceoneeptas>a 1e lejos de ser for- mas muertas, como ya dije, nos dan algo real del ser; tienen un contenido netamente inteligible que coresponde_al_ ser inteligible_previo al_serfundamento situado mas alld del al- cance de Ta inteligencia conceptualizante; este “funde” a los seres y de € emerge el ser-universalinteligible; pero, como es —obvio, Jos universales omiten todo el resto. Si nos fuera posi ble tener un contacto concreto, intuitivo, del Ser total, nos dariames cuenta de cudnta es la pobreza de nuestro estado. El filésofo de verdadera vocacién esti hambriento de una pre- sencia viva, total, absoluta, a la que tiende siempre; en el Ambito del ser inteligible que llama claramente, el filésofo edi- fica cierta sabiduria y logra cierta plenitud segiin un uso per- fecto de su razén; es la contemplacién natural del ser inte ligible. EI ser, presencia viva En tercer lugar, la inteligencia percibe, como ya vimos, un Hamado més hondo pero menos claro; un llamado que pro- viene de cierta lejania y que por eo mismo le atac con atraccién cuasi magica; tiene ante si algo més que el simple ser inteligible y universalizable y comienza a sospechar otra presencia: la del SER; pero ahora es una presencia vieu, total, que incluye el ser en bruto, lo inteligible y lo que esta mds alld de to inteligible, que es lo més; fijémonos que ni siquiera cabe comparacién alguna entre aquello que abarca el ser in teligible y el resto; este tiltimo es infinitamente més “extenso” mis. ren que todo lo “anterior” a dl Bl Tamado fundamental que hace el filésofo verdadero viene de esa totalidad que nos 2 PRESENCIA DEL SER pide un conocimiento por connaturalidad; un acercamicnto por con-vivencia con el Ser que tnicamente nos posibilita una experiencia; y un ahondamiento en el Ser-total por via de ex- periencia, no puede fundar “ciencia” si habliramos el Jenguaje de los clisicos; puede si, hacernos vislumbrar aquella Presenci inefable de Ja totali I Ser TtoRce, por lo menos hemos ee ce in del ser inteligible es resul-/ tado del lamado del Todo absoluto, y una tendencia jamds satisfecha hacia el fundamento seria la tinica respuesta actual- ‘mente posible. El acto de apropiacién del ser inteligible siem- pre Ilevara consigo las ocultas resonancias de un llamado mis hondo; por eso, el fildsofo jamais estard libre de la gozosa an- gustia que le produce Ia vocacion Tel Todo. B © Carirevo: II \COMUNICACION DEL FILOSOFO CON EL TO Autoconsciencia y descubrimiento del tit Esta experiencia profunda del fildsofo necesita ser comu- nicada, y deesta necesidad, que tiene su punto de partida en Ia vocatio del Ser, nace también lo que podriamos lamar desde ahora 1a Yocencia filos6fica) inseparable de quien hha_escucha- @o el Namado y Te do fielmente. Pero, para esto, es preciso poner en claro Io que entendemos por comunicacion con el otro y, por tanto, qué entendemos por este otro que atrae"Ta atencidn del fildsofo; ghay pues un descubrimiento del otro? gs posible luego una verdadera comunicacién con 1 y de qué naturaleza ¢s esta comunicacién? @Es posible por consiguiente el didlogo esencial en el ambito de Ia vocatio mas profunda? El yo, este yo que participa inmediatamente del ser_(se- gin dijimos al comienzo) implica la existencia del otro y mi siquiera Mega a ser verdaderamente yo, no alcanza este acto de conciencia fundamental si no posee una apertura esencial hhacia el otro; ser yo implica tener conciencia del tri; haber descubierto ya al ti; mientras escribo estas reflexfones viene a mi memoria un ejemplo que he leido en Gabriel Marcel y en el que resulta muy nitido este descubrimiento del tt que fs esencial para los fines de nuestro trabajo; en efecto, el yo aparece con nitidez en las experiencias infantiles como Ta que recuerdo en el ejemplo de Marcel: aquel nifio que corre hasta su madre con un ramillete de flores que acaba de juntar en 25 AMERICA BIFRONTE el prado y exclama: “Mira, soy yo el que las ha recogido”; en efecto, soy yo; no es ni Fulano ni Mengano ni aquel otv0; soy yo mismo; en la exclamacién del nifio hay una expresa exclu- sién del otro, de cualquier otro yo que no sea él mismo; pero esto significa que la conciencia del yo implica aquello que excluye, es decir, la conciencia de la existencia del otro yo; tener conciencia del yo, ser autoconsciente, significa haber des- cubierto al tri; entonces, el tui no es descubierto como un sim- ple objeto situado alli fuera de mi como un objeto de conoci- miento, como un objeto estitico, sino que va implicado en el mismo acto de ser autoconsciente; ser yo, implica tener con- ciencia del ti; lo que equivale a decir que no es posible el Jdescubrimiento del yo mismo si simultineamente no hay una referencia esencial al tri. Si aceptamos entonces que el descubrimiento del ot:o yo esta implicado en el acto mismo de Ja autoconsciencia, no nos resultara dificil demostrar la posibilidad de comunicacidén del yo con el tti y con los otros yo que es el objeto principal de este capitulo; en efecto, es cierto que el yo, lejos de abrirse al tti, puede mirarse a si mismo en el tti desfigurando la ima- gen del “otro”; pero esta actitud narcisista no me interesa por ahora; lo que quiero dejar establecido es que, en cuanto yo_tengo conciencit de ser_un_yo, tengo simultinéamente este estado es lo que posibilita una salida esencial hacia el ti, una penetracién en el fri, acto en el cual hay un intercambio profundo y esencial, una trans-fusién del yo y el tii. Como es esto posible? Vamos, pues, mis despacio: de acuerdo con Io dicho, el yo hasta ahora esta solo; es decir, vive en soledad a pesar de su descubrimiento del ti; y la razén es clara, pues jamis saldra de su soledad mientras su actitud de apertura hacia el otro yo, implicada en el acto de autocons- ciencia, no sea correspondida por una actitud de reciprocidad de parte del ti. Relacién esencial del yo y el tii. — Soledad y desolacién Seria un error grave conformarnos con mostrar este des 26 COMUNICACION DEL FILOSOFO cubrimiento del ti; el yo vive atin en radical soledad mien- tras no se establezca una relacién del yo al tii que rompa todo posible aislamiento del yo; en realidad, esta soledad es insu- perable en el hombre heideggeriano para quien el otro es ape- has objeto de su solicitud, solicitud que en manera alguna rompe la clausura del Dasein que se resuelve en una mismnidad cemmada, sola, que Unicamente puede tener trato COmsigom ma; en tal hombre, la reciprocidad a partir del “otro” es im- posible, Pero dentro de los principios que propongo, esta soledad no solamente es rota por la apertura esencial del yo hhacia cl tii, sino que esta misma apertura posibilita y pide la respuesta o reciprocidad de parte del tii; entonces no solo se vuelve posible sino que de hecho se produce una relacién pro- funda enire el yo y el bi, relacién que ha dejado de ser el yo y el tui para ser algo nuevo, un tercer término que es la rela- ign misma; pero la relacién a que hago referencia no es cualquier relacién como una mera transaccién de intereses, 0 tuna relacién ocasional, relaciones comunes en el mundo, sino ania relacidn trascendental que hace a ta esencia de los térmi nios de la relacién; el yo y el tui en los cuales esti implicado el ‘nosotros’ y el “vosotros”. Pero, para esto, para lograr este resultado, ha sido previamente necesario que el yo tuviera la in de la existencia del otro, conciencia que nace en la soledad del yo, soledad plena si se quiere porque en ella encuentra el hilo esencial que lo une intimamente al ti; sin embargo, puede ocurrir y de hecho ocurte multitud de veces, que de parte del tti el filésofo no encuentre reciprocidad al- guna a su solicitud esencial: entonces, Iz soledad, que es, al fin, un_estado_de plenitud, puede transformarse en radical ia_esencial del el otro super citada, Ta sote~ dad comienza a transformarse en desolacién; el yo desolado- agitard sus brazos en el vacio, ya que las relaciones accidenta- les y utilitarias del mundo son como nada; y as{ se sentird rolleado de nada. Esta comunicacién esencial o comunién esencial a que ha- cemos referencia es de suma importancia para la relacién del y as AMERICA BIFRONTE filésofo con el otro yo, cosa que nos conduciré de inmediato a Ia situacién peculiar del fildsofo respecto del medio en que actiia. Existe pues una relacién que es didlogo esencial entre el yo y el til; pero quisiera poner en claro qué caracteristicas adquiere «ste didlogo en Ia relacién del filésofo con el tii y con Ios otros ti. En efecto, esta relacién no puede consistir en un intercambio de trivialidades sino en algo que es a la vez comiin y esencial y que asi posibilite el didlogo filoséfico entre el yo y el tii. Cuando digo que uno més uno es igual a dos, simplemente expreso que esta proposicién es necesaria- mente verdadera; pero su verdad no me pertenece, como tam. poco pertenece en exclusividad a Pedro 0 a Juan; diremos que la verdad que supera al intelecto infinitamente es comiin a mi y a todos los otros; 1o mismo puedo decir del ser, de la be- Heza, del bien; Inego, Ia relacién esencial debe situarse en una via_que es necesariamente comin; y entonces puedo hablar de \didlogo esencial con el ttt por la via de la verdad comin) realidad, en eso consiste la relacién del fildsofo con los “otros”; aqui es donde el filésofo rompe la soledad, que munca es defi nitiva, para pasar a una comunién por via de la verdad; pero cuando no hay reciprocided de parte del (1; de parte de los otros yo, de parte del medio, entonces el filésofo se encuentra sumergido en desolacién porque a él, al menos como filéxofo, no le es posible establecer ya el didlogo esencial, la relacién filoséfica misma; ¢l_didlogo filoséfico no es posible, deberi Jencerrarse muchas veces (o siempre) en un desolador mond- Jogo: como quien habla en el desierto; como ensefar a Tos seres_inanimados que no responden_al Mamado_esenctal “det Milésofo. Tal es la desolacién del fildsofo. 04, i SECUNDA PARTE El Filésofo en América Carireto IV TRES TESTIMONIOS Planteamiento del problema Interesa determinar ahora cusles son Tas condiciones en Jas que tiene que desarrollar su menester ¢l fil6sofo en Amé rica y particularmente en la Argentina; la vocacién del ser proviene de las mis profundas napas de I realidad y, poste- riormente, la comunicacién de esta experiencia fundamental, son, a mi juicio, problemas esenciales no slo de todo filésofo sino también y en mucho mayor grado{de_aquel_que €l llamado del ser en nuestro medio) No se me oculta Ta difi caltad del tema; por eso apelo primero a algunos testimonios de extranjeros, por més desacertados que puedan parecer, pero que nos servirin de puntos de mira para nuestra propia me- ditacién sobre América y la Argentina —que expongo en la tercera parte de esta obra—. Se intentar’ Iuego una determina- cin de la vocacién filos6fica misma en nuestro medio, de Jas posibilidades que tiene aqui la autenticidad filos6fica y de la agonia del filésofo en nuestra América. Hegel y América, fa “tierra del porvenir” eCémo debe entenderse Ia afirmacién hegeliana, “Amé- rica es la tierra del porvenir”? Es posible que alganos crean ver en esta sentencia del gran filésofo aleman una prediccion halagiienia para América; creemos que no es asi si nos atene mos a los principios de la propia filosofia hegeliana; Ia his 31 AMERICA BIFRONTE totia es el autodespliegue del Espiritu Objetivo, la liberacién del Espiritu, por la cual alcanzan la universalidad los espiritus particulares de los pueblos; la historia es entonces el mismo autodespliegue de Ja Idea cuya finalidad se alcanza en la plena racionalidad del Estado; pero el fin de la historia, el fin ab- soluto de Ja historia, es inmanente a Ja historia misma porque no es otra cosa que la suprema fase del desarrollo dialéctico del Espiritu Objetivo. Por eso, cuando al final de su extensa Introduccién a las lecciones sobre 1a filosofia de la historia Hegel dice que “la historia universal va de Este a Oeste” *, no puede incluir en este Oeste a la lejana América que escapa a la rigidez geométrica de la dialéctica; de ahi que diga en el mismo parrafo que es asi porque “Europa es verdaderamente el término y Asia el comienzo de esta historia’; si Europa es el término, més alla de él se sitia una realidad sobre la cual nada puede decir el filésofo; una cosa que escapa a Ia racio- nalidad del mundo hegeliano; por eso, todo lo que el filésofo puede decir es que América ¢s la tierra del porvenir; pero esto equivale a decir bien poco, por no decir nada, pues el porve- nir nos todavia, y frente a este no-ser, el fildsofo permanece mudo; fijémonos que Hegel no puede situar a América en el pasado de Ja simple infancia de Ia historia como lo hace con el Oriente, en el cual tiene comienzo la historia universal; el mundo de Oriente es la infancia de la historia porque tiene por fundamento la conciencia inmediata, es decir, la espiri- tualidad substancial a la que se relaciona Ia voluntad subs- tancial como fe, confianza y obediencia; es sabido el camino que Hegel recorre después: Ja juventud de la historia es Gre- ia; Roma, la edad viril de la historia, y la madurez perfecta, el Estado Germénico; pero volvamos a nuestro tema: ,Qué lugar queda para América? Ni puede situarse en el origen de Ja historia, lo que implicaria una grave incongruencia en el sistema, ni puede tampoco situarse en el presente; América no €%, pues, un mundo prehistérico como alguien ha afirmado, 1 Lecons sur la Philosophie de Uhistoire trad, Gibelin, p. 96, J. Vrin Paris, 1946, 32 TRES TESTIMONIOS 63 otra cosa; diriamos que (és wn_mundo ico) ests si tuado en el porvenir. América es un escindalo en el sistema hegeliano de la historia; hasta cierto punto se podria decir que América todavia_no_¢s_o que simplemente es nada; ese cs ef sentido que tienen las palabras de Hegel cuando afirma que América es algo nuevo hasta en sw configuracién fisica y moral # en la que ve incluida una inmadurez geogrifica y tam- ién racial; esta visién desalentadora se refiere especialmente & América del Sur que Hegel contrapone violentamente a América del Norte pero la que tampoco logra salvarse del de- nominador comin de inmadurez total. Aqui nos encontramos pues con una oposicién dialéctica de Tas dos Américas cuya reconciliacién se sitia en el futuro; de ahi la célebre afirma- cién del filésofo: “América es pues Ia tierra del porvenir donde en Jos tiempos futuros se manifestard, en el antagonis- mo de América del Norte... con la América del Sur, la gra- videz de la historia universal” *; por eso, América y nuestra Argentina estén totalmente situadas en el futuro 0, cuando més, América es pura pro-yeccidn; todavia no es; pero al me- hos es proyecto; en ese sentido es mucho mas que Africa, continente que, para Hegel, “permanece cerrado sin ningtin lazo con el resto del mundo; es el pais del oro, dice, replegado sobre si mismo, el pais de la infancia que mas allé del dia de la historia consciente esti envuelta en el color negro de ta noche" *, América ¢s asi lo inmaduro mismo; lo primitivo; no en el sentido de una primitivez salvaje y pre-histérica, sino whistérica. En tal mundo, gqué lugar queda para la especu- lacién filoséfica? Esta pregunta que nos formulamos frente a las reflexiones de Hegel parece ya casi indi; se contesta por si misma. La especulacién filos6fica no tiene sentido en este mundo de la inmadurez: la radical imperfeccién e incomple- tidad de América imposibilita al maximo la actitud de corres: pondencia al llamado del Todo del Ser; de este llamado que asciende de las napas mis profundas de la realidad pero que 2 Op. city 78. 3 Op. cit. RB * op. cit. 87

También podría gustarte