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Sartori: Sistemas Electorales. Ingeniería constitucional comparada.

I. Los sistemas mayoritarios y los proporcionales I.1. Premisas: los SE determinan el modo en que los votos se transforman en escaños, y por consiguiente afectan la conducta del votante. Además influyen sobre si el elector vota por un partido o por una persona. En el primer caso, lo que hay que saber es si hablamos de un SE de representación proporcional o mayoritaria. En el segundo, se trata de identificar quién controla la selección de los candidatos, le división es si se vota o no por una persona. - Sistemas de mayoría: el triunfador se queda con todo, la elección del votante es canalizada

y limitada a una alternativa, proponen candidatos individuales. Aunque el ganador se queda con

todo, la mayoría de que se trate puede ser absoluta (por lo menos 50,01%) o relativa, una pluralidad, esto es, el mayor número de votos. Quien gana en un sistema plural es muchas veces un exponente de la minoría más numerosa, en tanto que quien triunfa en un sistema mayoritario representa una verdadera mayoría. Un SE es mayoritario si la votación se hace en distritos de un solo representante en que el triunfador se lleva todo. - Sistemas proporcionales: el triunfo es compartido (se requiere un porcentaje electoral), no se obliga a los votantes a concentrar su voto y las posibilidades de elegir son numerosas, proponen listas de partido. Si bien en todos los sistemas proporcionales se transforman los votos en escaños según alguna proporción, ésta varía desde una correspondencia casi perfecta hasta una muy imperfecta. Cualquier SE en que la votación sea por distritos de 2 o más representantes, en que hay 2 o más triunfadores elegidos sobre la base de las mayores votaciones, es un sistema proporcional. Existen 2 maneras de establecer las proporciones triunfadoras: una, es por medio de los cocientes electorales; la otra, consiste en elegir a los triunfadores según la votación que obtienen los candidatos. En el primer caso se elige a los candidatos sobre la base de partes iguales; en el segundo, se les elige sobre la base de las mayores proporciones de votos. La distinción entre estos dos tipos de sistemas no significa que todos los SE puedan clasificarse dicotómicamente, pues deben considerarse los sistemas “mixtos”, estos son, los que eligen una misma cámara combinando criterios de proporcionalidad y de pluralidad. I.2. Los “sistemas de mayoría”: buscan un vencedor indiscutible. Su propósito no sólo es

elegir un parlamento sino elegir a la vez un gobierno. La diferencia principal hacia dentro de los sistemas mayoritarios es si requieren una mayoría relativa (plural) o una absoluta. Si se exige un ganador por mayoría absoluta, entonces es posible recurrir a:

1. Voto alternativo (VAL): es un sistema de votación por preferencias dentro de distritos con

un solo representante que exige que el elector enumere a todos los candidatos en el orden de sus

preferencias. A los candidatos con el menor número de votos de los elimina y se redistribuyen las preferencias hasta que se determina al vencedor por mayoría absoluta.

2. Doble ronda electoral: permite una segunda elección entre los 2 candidatos que obtuvieron

más votos e la primera elección. I.3. El premio a la mayoría: presupone la votación proporcional. Tanto en Argentina como

en Paraguay dos terceras partes de los escaños se le otorgan a la lista que obtiene el mayor número de votos. En el caso del primer país, el tercio restante se le otorga a la segunda mayoría;

y en Paraguay, el tercio restante se distribuye proporcionalmente entre todas las demás listas

partidistas. Existe un abrumador premio a la mayoría. Si el premio sólo asignara una pequeña mayoría (55%), la diferencia estaría es si se le otorga a un solo ganador o a una alianza electoral entre varias partidos. En la primera hipótesis (2/3) la analogía con un sistema mayoritario es fuerte, pero en la segunda (55%) es claro que existe una contienda proporcional que se lleva a cabo gracias a un bono. El premio tiene poca justificación donde hay 3 o 4 partidos importantes y se aplica mejor a sistema fragmentados de partidos cuando los obliga a formar alianzas electorales. Su finalidad

no es sólo la de asegurar una mayoría sino la de alentar también los procesos de coalición. I.4. Los sistemas de RP: la proporcionalidad se establece mediante las fórmulas que transforman votos en escaños y también, está determinada más decisivamente por el tamaño del distrito electoral.

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Empezando con las fórmulas, el sistema más puro es el voto único transferible (VUT) en distritos con varios representantes: se pide a los votantes que numeren a los candidatos por

orden de su preferencia, todo voto por encima de la cuota (cociente electoral) se reasigna a la segunda preferencia, entonces se eliminan los candidatos con menos votos y las preferencias de sus votos son redistribuidas hasta que todos los escaños han sido asignados. Otros sistemas proporcionales menos puros son:

1. El método del “mayor residuo”: favorece a los partidos pequeños. Después de que se

asigna un escaño a una cuota completa cualquier escaño restante va al partido con mayor residuo.

2. El método D’Hont o del “mayor promedio”: es el más usado y es menos proporcional

porque favorece a los partidos más grandes.

3. La fórmula Sainte-Lague: es menos proporcional que el 1 pero más proporcional que el 2.

Pero, el factor más importante para establecer la proporcionalidad o desproporcionalidad del sistema de RP es el tamaño del distrito electoral, que se mide por el número de miembros que elige cada distrito. Cuanto mayor el distrito, mayor la proporcionalidad. Una mala proporcionalidad castiga a los partidos pequeños y los borra del mapa. En este caso, la desproporcionalidad se revela por un sistema con pocos partidos. También es frecuente que los sistemas de RP sean sistemas de listas que le presentan al votante los nombres de los candidatos de los partidos (a menudo tantos nombres como el número de representantes por distrito). Estas listas pueden ser: - cerradas, se elige a los candidatos en el orden determinado por el partido; o, -abiertas, no hay un orden de rango predeterminado y se deja a los votantes expresar una o más preferencias, marcando nombres en la lista. Aparte de la votación por listas, existen otras 2 fórmulas: - lista libre, el votante tiene tantos votos como número de candidatos a ser electos, puede dar votos a cualquier candidato y además se le permite votar por candidatos de diferentes partidos (Suiza); y, - voto limitado, le da a cada elector más de un voto, pero en un número menor al de los representantes que serán elegidos:

por ej., en un distrito con 3 representantes se le da a los ciudadanos 2 votos. El problema de los RP es que permiten muchos partidos. El sistema proporcional imperfecto se justifica por ser un medio para contrarrestar la fragmentación del sistema de partidos. Otra forma no excluyente de obstruir la proliferación de partidos es la de negar el registro, esto es, establecer un “umbral” para admitirlo en la contienda electoral. El nivel de los umbrales varía acorde a que país se trate. I.5. La doble ronda electoral: constituye un sistema por sí sola. Una de las razones es que permite a los electores votar 2 veces, con un intervalo, y esto significa que los votantes pueden reorientar concientemente sus preferencias considerando los resultados de la primera elección. Es un sistema muy flexible que hace posibles acuerdos de mayoría y de proporcionalidad. El sistema es mayoritario en los distritos que sólo tienen un representante, y es proporcional en los que son plurinominales. Sin embargo, nunca es del todo mayoritario o del todo proporcional.

II. ¿A quién se elige? II.1. Votación por personas y votación por listas: ¿cómo se convierte alguien en candidato y es elegido para un cargo?. Por lo gral. los candidatos sólo dependerán de sus propios recursos cuando el sistema de partidos es débil, poco estructurado y muy descentralizado. Igualmente siguen vinculados al partido y muchas veces se vinculan a organizaciones de la sociedad (sindicatos, religiones, etc.). Lo más frecuente, de todas maneras, es que los candidatos sean incluidos en la papeleta electoral basados en su fuerza dentro del partido y como resultado de una contienda dentro del mismo. En este caso son candidaturas condicionadas y dependientes del partido. Esto sería la contienda por la candidatura. Ahora hay que ver cómo se elige al candidato. La diferencia significativa es entre el voto por una persona y el voto por una lista de partido. Cuando votamos por personas, sí importa quien es quien y puede convertirse en un factor decisivo, en tanto que donde se vota por listas se está votando básicamente por un partido y éste controla a su vez a los ganadores individuales. El voto por una persona caracteriza a los sistemas con distritos electorales mayoritarios de un solo representante (incluye a los de doble ronda electoral).

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El RP se caracteriza por las listas y la diferencia estriba en que las planillas de los partidos estén o no abiertas al voto preferencial. Claramente el partido tendrá el dominio absoluto de la selección y de la elección de sus candidatos cuando las listas son cerradas. En cambio, se supone que las listas abiertas con voto preferencial dan al electorado el control del proceso de selección. II.2. Los sistemas alemán y Hare: ¿hay alguna forma que, sin ser el voto preferencial, pueda combinar la RP con el voto por una persona? La respuesta más común es que el sistema electoral alemán y el VUT funcionan como “sistemas de RP personalizados”. Otros estudiosos consideran que la fórmula alemana consiste en un sistema mixto de mayoría y RP. Esto es así, pero a la vez, y de mayor consecuencia, no lo es. No lo es porque la combinación de sus elementos no implica un resultado mixto; el resultado es totalmente proporcional. La total personalización de la votación de RP depende del VUT al que se conoce además como el sistema Hare, porque en él se eliminan del todo las listas partidistas. II.3.La representación minoritaria y la creación sesgada de distritos electorales (“Gerrymandering”): además de la cuestión de quién es electo y cómo, otro problema es el de cómo favorecer la representación de los partidos minoritarios y/o de minorías. Las 2 técnicas más usadas para asegurar esta representación son: - el voto limitado, que consiste en dar a los electores de distritos con varios representantes más de un voto, pero menos que el número de representantes que se elegirán; y, - la creación de distritos ad hoc, trazar las fronteras de los mismos de tal modo que se determine intencionalmente el grupo que ganará por mayoría relativa (“Gerrymandering”). Semejante trazado de los distritos electorales es un abuso.

III. La importancia de los sistemas electorales III.1. Los efectos de los SE: una discusión: ¿cuáles son los efectos de los SE? Duverger formuló 2 leyes:

1. “El sistema de mayoría (pluralidad) de una sola ronda electoral tiende al bipartidismo”,

2. “Los sistemas de mayoría de doble ronda electoral y la representación proporcional tienden

al multipartidismo”. Ha sido fácil destruir estas fórmulas. Una razón es que supone que es posible demostrar una relación causal mediante una correlación. Otra, es que Duverger nunca sigue una regla de cuenta congruente. Hay que volver al significado de ley en ciencias sociales: si se supone que una ley es determinista, en el sentido de que si se da la causa se da el efecto, y por tanto es conocido y cierto ex ante, entonces una sola excepción basta para anular la ley; pero las leyes de las ciencias sociales no pueden ser deterministas, y en consecuencia toleran alguna desviación III.2. Nueva enunciación de la influencia de los sistemas electorales: los SE tienen 2 efectos: uno en el votante y otro sobre el número de partidos. El efecto sobre los votantes se describe generalmente como un efecto represor, manipulador, limitante. Éste puede variar de muy fuerte (con los sistemas mayoritarios) a inexistente (con RP pura). El efecto sobre el número de partidos es un reductor, pues o bien reduce su número, o el sistema electoral no es efectivo (no hay un efecto multiplicador). Esta reducción también varía de fuerte a débil. Sin embargo, primero hay que aclarar un punto: ¿cómo se cuentan los partidos?. En todo sistema político se encuentran partidos sin importancia que no hacen ninguna diferencia. ¿Cómo se identifican los partidos importantes, aquellos que determinan la naturaleza del sistema de partidos?. Sartori presenta 2 reglas de cuenta (sólo se aplican a sistemas parlamentarios):

Regla 1: se puede descontar a un partido menor por su irrelevancia cuando es superfluo en el transcurso del tiempo, en el sentido de que nunca se le necesita o se le incluye en alguna coalición mayoritaria viable. Por el contrario, se debe contar a un partido menor si se encuentra en posición de determinar en el transcurso del tiempo cuando menos una de las posibles mayorías gobernante. Potencial para formar coaliciones. Regla 2: un partido es importante siempre que su existencia o creación afecte las tácticas de la contienda partidista, en particular cuando modifica la dirección de la contienda de los partidos orientados al gobierno. Potencial para presionar.

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Este criterio evalúa la importancia de los partidos en el sistema, a diferencia de las 2 principales opciones cuantitativas matemáticas (el índice de fragmentación y el número efectivo de partidos). Retomando el hilo, no es sólo el sistema electoral el que condiciona al votante, sino también el sistema de partidos. El razonamiento que se aplica al primero también se aplica al segundo. Los SE limitan a los votantes y reducen los partidos de varias maneras. En ambos casos es posible dividir a los SE en “fuertes” y “débiles” (en términos de efectividad). En forma parecida también los sistemas de partido pueden dividirse en fuertes y débiles, dependiendo de si, como sistemas, están o no estructurados. La cuestión se centra en lo que significa “sistemas estructurados”. Mientras el elector vote por un notable local o cacique, los partidos seguirán siendo etiquetas de poca monta, por consiguiente no habrá un sistema de partidos estructurado. Sin embargo, cuando el apoyo se da más al partido que a los notables, es decir, cuando el votante se relaciona con imágenes abstractas del partido, el partido es el que elige al individuo que pone en el cargo. A medida que se desarrolla el proceso, el sistema de partidos llega a ser considerado como un sistema natural de canalización de la sociedad política y cuando el electorado da por sentado un conjunto de rutas y alternativas políticas entonces el sistema de partidos ha llegado a la etapa de consolidación estructural. III.3. “Las leyes”: ¿`puede la influencia de los sistemas electorales generalizarse en forma de ley? Primero, un conjunto de reglas:

Regla 1: un sistema pluralista no puede producir por sí mismo un formato nacional bipartidista (a lo sumo producirá uno distrital) pero en todas las circunstancias ayudará a mantener uno que ya existe. Regla 2: un sistema pluralista producirá, a largo plazo, un formato de 2 partidos (no la eternización de los mismos 2 partidos) si se dan 2 condiciones: 1- que el sistema de partidos esté estructurado, y 2- que el electorado no se someta a la presión del sistema electoral, esté disperso en proporciones menores a la pluralidad relativa por todos los distritos. Regla 3: un formato bipartidista es imposible (eshhh imposhhhible!!!) si las minorías raciales, lingüísticas, ideológicamente opuestas están concentradas en proporciones superiores a la pluralidad en determinados distritos o regiones geográficas. Regla 4: los sistemas de RP tienen efectos reductores en proporción a su falta de proporcionalidad, y en particular cuando se aplican a distritos pequeños, establecen un umbral para la representación o atribuyen un premio. En estas condiciones, la RP eliminará a los partidos más pequeños cuyo electorado esté disperso en diversos distritos; pero incluso una RP muy impura no eliminará a los partidos pequeños que disponen de reductos donde concentran una votación superior a la cuota establecida. El siguiente paso es relacionar los formatos que predicen las 4 reglas con las características sistémicas, esto es con distintos sistemas de partidos. Hay 3 patrones sistémicos importantes: la mecánica bipartidista, el multipartidismo moderado (cambios bipolares en los gobiernos de coalición) y el multipartidismo polarizado (competencia multipolar). Dada la consolidación estructural y considerando la polarización como la variable dependiente, tenemos 3 hipótesis:

Hipótesis 1: cuando la forma pluralista de un solo representante produce un formato de 2 partidos (reglas 1 y 2), el formato a su vez producirá la mecánica bipartidista sólo si la polarización política es pequeña. Con una marcada polarización la mecánica bipartidista no opera. No obstante, como esa mecánica implica una competencia centrípeta, tiende a disminuir la polarización sistémica, en vez de aumentarla. Hipótesis 2: si se supone que la minorías irreductibles están dispersas de tal manera que caen por debajo de la cuotas, las fórmulas impuras de RP probablemente permitan que existan de 1 a 2 partidos por encima del bipartidismo. Este formato generará a su vez la mecánica del multipartidismo moderado sólo si el sistema político no está muy polarizado. Hipótesis 3: los sistemas de RP pura permiten fácilmente un formato de 5 a 7 partidos. Aún así, bajo condiciones de una polarización media o baja, no se obstaculiza la mecánica de coaliciones del multipartidismo moderado. No obstante, en condiciones de una fuerte polarización, el formato mostrará las características mecánicas del multipartidismo polarizado, por lo que incluirá la competencia multipolar que aumentará la polarización sistémica.

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Hasta ahora la variable independiente ha sido el sistema electoral, pero hay que tomar en cuenta otra variable independiente: el sistema de partidos como sistema de canalización. Influencia combinada de los sistemas electorales y los sistemas de partidos:

SE SP
SE
SP

Fuertes

Débiles

Fuerte

(I)

(II)

(Estructurado)

Efectos reductores del SE

Efecto contrarrestante del SP

Débil

(III)

(IV)

(No estructurado)

Efecto limitante-reductor en los distritos

Sin influencia

Los SE fuertes no solo incluyen la fórmula pluralista sino también fórmulas de RP impuras. Por el contrario, los SE débiles se refieren a las fórmulas de RP de relativamente puras a puras. Las 4 combinaciones posibles del cuadro:

(I) SE y SP fuertes: todos los sistemas bipartidistas basados en la pluralidad están comprendidos en este grupo, confirmando el efecto reductor previsto. (II) SE débil y SP fuerte: cuando la RP encuentra un sistema de partidos estructurados, el votante sigue estando limitado, ya no por el sistema electoral, sino por la potencia de las vías partidistas. En este caso el SE es contrarrestado por el SP. La variable independiente es el sistema de partidos. Esta combinación no sólo explica por qué a veces el establecimiento de la RP no es seguido por más partidos sino que incluso puede originar sistemas bipartidistas. Da cuenta de las excepciones: bipartidismo sin pluralidad. (Irlanda) (III) SE fuerte y SP débil: cuando un SE fuerte encuentra un SP no estructurado el efecto es sólo de alcance distrital, y específicamente se trata de un efecto limitante del elector que se traduce en un efecto reductor sobre los partidos distritales. En consecuencia, en tal caso el sistema electoral no puede tener efectos reductores a escala nacional. (IV) SE y SP débiles: cuando la RP relativamente pura se combina con un SP no estructurado, ni el SE ni el SP tienen un efecto manipulador propio en el proceso político. Ahora se pueden proponer las siguientes leyes, bajo las siguientes premisas: - estructuración sistémica del SP y – concentraciones mensurables por encima de la pluralidad, o en el caso de la RP, importantes concentraciones por encima de los cocientes o cuotas. Ley 1: con estructuración sistémica y dispersión similar en todos los distritos electorales (como 2 condiciones necesarias conjuntamente), los sistemas pluralistas causan (son una condición suficiente de) un formato bipartidista. 1.1. En cambio, una estructura sistémica particularmente fuerte es, por sí sola, la condición suficiente sustitutiva necesaria para originar un formato bipartidista. Ley 2: si existe estructuración sistémica, pero no la dispersión similar en los distritos, los sistemas pluralistas causan la eliminación de los partidos cuyo número de votos es menor que la pluralidad, pero no pueden eliminar, y por consiguiente permiten, tantos partidos como lo hagan posible las concentraciones que superan la pluralidad. Ley 3: dada la estructuración sistémica, la RP tiene un efecto reductor causado por su falta de proporcionalidad. Cuanto menos pura sea la RP, mayores serán los costos de ingreso para los partidos pequeños y más fuertes los efectos reductores. 3.1. Por otro lado una estructura sistémica particularmente fuerte es por si sola la condición necesaria y suficiente para mantener cualquier formato de partidos que haya existido antes de la introducción de la RP. Ley 4: si no existe la estructuración sistémica y se supone una RP pura (esto es, un costo de ingreso igual para todos) el número de partidos puede ser tan grandes como lo permita la cuota. Como queda demostrado, el “efecto multiplicador” de la RP no se produce. Siempre que la RP tiene efectos manipuladores, los mismo son restrictivos y no multiplicadores.

IV. La selección de un sistema electoral IV.1. Evaluación de los sistemas mayoritarios: los sistemas mayoritarios no consideran a la “representación exacta”, favorecen la representación excesiva de los contendientes más fuertes y no se preocupan por representar insuficientemente a los más débiles. La distorsión representativa puede llegar al extremo de que un partido suba al gobierno (mayoría absoluta de

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escaños) aunque termine en segundo lugar según el voto popular. Ésta es la falla insuperable de este tipo de sistema según sus críticos. Si se concede este demérito, el debate se centra en los méritos. Por lo general se defiende a los sistemas mayoritarios con base en 4 puntos:

1. Ayudan a elegir a una mayoría gobernante y por ende, a un gobierno. Esto sólo sucede,

según Sartori, cuando las elecciones mayoritarias producen un sistema bipartidista. El argumento se torna falso cuando el SP está insuficientemente estructurado y donde hay electorados incoercibles poco dispersos.

2. Reducen la fragmentación de los partidos, en ocasiones a sólo 2.

3. Crean una relación directa entre los electores y sus representantes. Según Sartori, en la

práctica este tipo de relación es muy dudoso. Primero, porque hay que tener en cuenta el número de los votantes. Segundo, porque el sistema en que el primer lugar obtiene todo sólo da el triunfo con más de 50% si la contienda está limitada a 2 candidatos; como pocas veces este es el caso, generalmente el triunfador gana con menos del 50%. Entonces, más del 50% de los electores pierden su voto. Por tanto, parecer ser que el argumento más razonable es que el

ganador sólo representa a su distrito y aún así no se tiene una relación directa sino una cercanía.

4. Mejoran la calidad de los funcionarios elegidos. Aquí tenemos una dificultad: la “calidad”

es algo difícil de evaluar. Además, la personalidad del candidato sólo importa en los distritos

con un electorado indeciso, donde puede significar la diferencia, pero no en aquellos en que los electores tradicionalmente votan por un determinado partido. Ahora Sartori pasa a ocuparse de la afirmación de que las elecciones pluralistas conducen al localismo y a la política centrada en los electores distritales. La idea central del sistema mayoritario es que promueve la gobernabilidad y contiene la fragmentación de los partidos. Sería muy irónico que un sistema electoral concebido para promover un gobierno eficiente se transformara en el destructor de todo buen gobierno posible debido a la fragmentación distrital. Sartori considera que esto sucede hasta ahora únicamente en los Estados Unidos. IV.2. Evaluación del proporcionalismo: su mérito es la equidad en la representación. Sin embargo existen 2 críticas posibles: 1- que produce una fragmentación excesiva de los partidos,

y 2- que no responde o sólo satisface deficientemente el requisito de gobernabilidad, a la

necesidad de un gobierno efectivo. La primera crítica puede desecharse; muchos sistema de RP impura mantienen el número de partidos en 3 a 4, éste no es un grado perjudicial de fragmentación. Con respecto a la segunda acusación se puede argumentar que con la RP casi todos los gobiernos resultan ser de coalición; pero, ¿son las coaliciones necesariamente un gobierno inferior?. El problema presenta 3 facetas: 1- la duración o estabilidad de los gobiernos, 2- la asignación de responsabilidades, en estos gobiernos es muy difícil determinar quien es el culpable o responsable de hacer o no hacer algo; y, 3- (decisiva) la capacidad de las coaliciones de gobernar, la cual depende de cuántos son los socios de la coalición y de la polarización general del sistema político. En un sistema polarizado las coaliciones son heterogéneas y difíciles de sostener, en un sistema no polarizado con homogéneas y más sostenibles. Entonces,

la RP no conduce necesariamente a un gobierno de coalición plagado de conflictos e incapaz de

actuar. La RP y los gobiernos de coalición pueden ayudar a las sociedades “difíciles” a salir del

atascadero y a mantenerse unidas.

IV.3. Evaluación de la doble ronda electoral: su característica central es que los electores vuelven a votar. La doble ronda le permite al elector tanta libertad en la primera votación como

la que tiene con la RP. La segunda votación ocurre 1 o 2 semanas después con base en los

resultados de la primera. En esta etapa sí hay presión sobre el votante para que vote estratégicamente por posibles ganadores. Sin embargo, el votante que se ve presionado a votar por su segunda o tercer preferencia no puede culpar al SE por esta limitación, debe culpar al deseo mayoritario de los demás votantes: ellos son los que lo obligan. No sólo se le da una segunda elección al votante, y por implicación la oportunidad de ejercer una decisión racional. También se concede a los partidos y sus candidatos una libertad paralela para elegir por segunda vez. Porque después de la primera ronda, los partidos inician negociaciones en las que se da un intercambio racional entre ellos. El efecto del sistema de doble ronda no es sólo traer consigo “partidos flexibles” sino también moderar la política (castiga la política ideológica y recompensa la pragmática).

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La diferencia entre una segunda vuelta abierta y una cerrada es una diferencia muy importante. Sartori prefiere una solución semiabierta o semicerrada que permita el acceso a 3 o 4 candidatos, ya que, en primer lugar, si se admiten más de 4 se alienta a contendientes chantajistas que no tienen ninguna oportunidad de ganar pero que pueden hacer que otro candidato pierda; y, en segundo lugar, 3 o 4 finalistas permiten el grado de negociación entre los partidos, suficiente para moderar la política y disminuir las divisiones. No es posible predecir el efecto reductor de la doble vuelta pero sí se puede predecir qué partidos estarán muy subrepresentados, ya que la doble ronda castiga a los partidos que se

oponen al sistema establecido, estos son: - los extremistas (vs. sistema), - los radicales (partidos en uno de los extremos de la política) y – los aislados (los no aceptados por la opinión prevaleciente). Los partidos extremistas o aislados están en el límite de la intransferencia en términos de flexibilidad de la votación. En la segunda elección sus votos pueden seguir a otros partidos pero ellos no recibirán votos adicionales, por esto se desmoronan. ¿Se puede expresar lo dicho hasta ahora en forma de regla? Como la doble votación sigue criterios mayoritarios y proporcionales a la vez hay que reemplazar la distinción dicotómica entre sistemas débiles y fuertes haciendo una diferenciación más detallada:

1. Doble ronda electoral fuerte: cuando requiere una mayoría absoluta, es decir, con distritos

de un solo representante y acceso cerrado a la segunda votación.

2. Doble ronda electoral fuerte – débil: cuando requiere un alto umbral de admisión a la

segunda vuelta, y es inversamente débil – fuerte cuando el umbral de admisión es relativamente bajo.

3. Doble ronda electoral débil: cuando no hay umbral o cuando la doble vuelta se realiza en

distritos de varios representantes. De esta clasificación surgen las siguientes reglas:

Regla 1: la doble ronda fuerte eliminará la importancia de los partidos opuestos al sistema y subrepresentará en forma importante a los “terceros” partidos dispersos. Regla 2: la doble ronda fuerte – débil también eliminará a los partidos opuestos al sistema, pero permite que los terceros partidos dispersos negocien su camino a una posición importante. Regla 3: la doble elección fuerte – débil subrepresentará a los partidos opuestos al sistema y a los partidos pequeños, pero podría permitir su supervivencia a un nivel significativo. Regla 4: la débil tiene el efecto no representativo, y posiblemente también reductor, de la regla 3 en una medida menor y más incierta. IV.4. ¿Cuál es el mejor?: para Sartori de existir un SE que sea “mejor”, sería el sistema de doble ronda electoral con su amplia gama de adaptabilidad y de formulaciones posibles.