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CONSTITUCIONAL

ANÁLISIS Y CRÍTICA

El plazo razonable como garantía del debido proceso

Análisis comparativo de los estándares actuales en el Sistema Interamericano y en el TC peruano

Elard Ricardo BOLAÑOS SALAZAR* Rosemary Stephani UGAZ MARQUINA**

Los autores del presente artículo exponen los estándares actuales en materia del derecho a un plazo razonable, establecidos tanto en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos como en la de nuestro Tribunal Constitucional. Además, toman como referencia algunas decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, pues conside- ran que servirán para dilucidar de mejor manera algunas cuestiones problemáticas rela- tivas al tema concerniente.

RESUMEN

 PALABRAS CLAVE Derecho al plazo razonable / Debido proceso / Estándares / Tribunal Constitucional
 PALABRAS CLAVE
Derecho al plazo razonable / Debido proceso /
Estándares / Tribunal Constitucional / Corte
Interamericana de Derechos Humanos
Recibido: 15/07/2016
Aprobado: 22/07/2016

INTRODUCCIÓN

Los derechos y libertades no podrían ser asu- midos como tales si es que no cuentan con

mecanismos adecuados y efectivos que per- mitan reclamaciones ante eventuales vulne- raciones de los mismos. En efecto, la mera proclama de un derecho o libertad no es su- ficiente para que el ser humano vea perpe- tuada la garantía de los mismos. Se necesita, entonces, de complejos mecanismos de tute- la (llámense judiciales, administrativos, arbi- trales, etc.) que amparen y resuelvan disputas nacientes como producto de atentados contra tales derechos; ya sea que provengan de las relaciones entre el Estado y los particulares o de las interacciones interpersonales (eficacia

* Miembro del Centro de Estudios de Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres. ** Miembro del Centro de Estudios de Derechos Humanos y del Centro de Estudios de Derecho Constitucional de la Facultad de Derecho de la Universidad de San Martín de Porres. Asistente de Cátedra de Ciencia Política y Derecho Constitucional de la misma casa de estudios.

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horizontal de los derechos fundamentales). Se puede afirmar, entonces, que “la plenitud de un derecho fundamental está en que los tribu- nales de justicia acojan las pretensiones que vienen apoyadas en ellos” 1 .

Siendo ello así, los procesos que se diseñen para la tutela de los derechos y las libertades deben ser estructurados mediando de por me- dio el respeto a las garantías judiciales que son, a fin de cuentas, derechos subjetivos que amparan a las personas contra cualquier arbi- trariedad que pudiese cometerse en el trans- curso de los distintos procesos. Algunas de estas garantías están descritas expresamente en nuestra Constitución y comprenden, entre otros, el derecho a la presunción de inocen- cia (art. 2.24.e), el derecho a la independen- cia judicial (art. 139.2), el principio de publi- cidad (art. 139.4), el deber de motivación de las decisiones jurisdiccionales (art. 139.5), el derecho a la pluralidad de instancias (art. 139. 6), el derecho de defensa (art. 139.14), entre otras.

Sin embargo, existen otros tantos derechos que, no estando expresamente contempla- dos en el texto constitucional, sí forman parte del bagaje de garantías primigenias que asisten a la persona antes, durante e in- cluso después de un proceso. Uno de ellos es precisamente el derecho a ser juzgado en un plazo razonable, el cual, a decir de nues- tro máximo intérprete constitucional, cons- tituye un contenido implícito del derecho al debido proceso 2 .

El derecho a ser juzgado en un plazo razo- nable significa que es imposible, en un Es- tado Social y Democrático de Derecho como

el peruano, mantener a los individuos en vilo respecto de una determinada situación jurídi- ca que los vincule. Valga decir también que aun cuando tradicionalmente se ha enten- dido el derecho a un plazo razonable como aquel en virtud del cual se encuentra proscri- ta toda dilación indebida del proceso (es decir un proceso excesivamente prolongado), tam- bién el referido derecho garantiza a la perso- na que su causa no va a ser tratada de manera sumamente rápida y superficial, tornando ilu- sorias las etapas del proceso, sea cual fuere su naturaleza. Como bien indica el profesor Ed- gar Carpio Marcos “aunque la duración exce- siva de los procesos sea el supuesto más noto- rio de violación de este derecho, cabe también proyectar la garantía del derecho frente a pro- cesos excesivamente breves, cuya configura- ción esté prevista con la finalidad de impedir una adecuada composición de la litis3 . So- bre ello volveremos más adelante en el pre- sente artículo.

Habiendo esbozado estas consideraciones previas a modo de introducción, el desarrollo del presente artículo tendrá como fin poner en evidencia los estándares actuales en ma- teria del derecho a un plazo razonable, tanto desde la perspectiva de la Corte Interameri- cana de Derechos Humanos (en lo sucesivo, “Corte IDH” o “Tribunal Interamericano”) como del Tribunal Constitucional del Perú. Sin perjuicio de ello, se tomarán como re- ferencia también algunos casos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (en lo suce- sivo, “TEDH” o “Tribunal de Estrasburgo”) pues servirán para dilucidar de mejor manera algunas cuestiones problemáticas relativas al tema concerniente.

1

PECES-BARBA, Gregorio. Derechos fundamentales. 4ª edición. Universidad de Madrid, Madrid, 1983, pp. 182 y 183.

2

Tribunal Constitucional del Perú. Exp. N° 00003-2005-PI/TC. Sentencia del 9 de agosto de 2006, f. j. 301.

3

CARPIO MARCOS, Edgar. “El derecho a un proceso que dure un plazo razonable en el anteproyecto de reforma constitucional”. En: Revista Peruana de Derecho Público. Vol. 2, N° 3, Grijley, Lima, 2001, p. 40. Véase en similar sentido: Voto Disidente de la Jueza Cecilia Medina Quiroga. Corte IDH. Caso López Álvarez Vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 1 de febrero de 2006.

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ANÁLISIS Y CRÍTICA

I. UNA CUESTIÓN PRELIMINAR: ¿CUÁ- LES SON LOS PUN- TOS DE INICIO Y FINAL PARA EL CÓMPUTO DEL PLA- ZO RAZONABLE?

Una de las cuestiones que más ha despertado el de-

bate en la doctrina con- temporánea tiene que ver con el punto de inicio (dies a quo) y el punto final (dies ad quem) entre los cuales se va a comprender el cómputo del plazo razonable. Ello es de suma relevancia pues va a marcar la pauta para efectos de la evaluación de lo razonable, o irrazonable, del plazo transcu- rrido en el proceso.

Lo primero que hay que precisar antes de ahondar en las consideraciones pertinentes sobre esta cuestión, es que si bien, las pau- tas que han elaborado en esta materia tanto la Corte IDH como el Tribunal Constitucio- nal peruano han sido en el marco de proce- sos penales, nada impide que muchas de las referidas pautas puedan también ser trasla- dadas a procesos de otras naturalezas. Es así que, siguiendo esa idea, la Corte IDH ha teni- do oportunidad de referir que si bien en mate- rias que conciernen a la determinación de de- rechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de cualquier otro carácter el artículo 8 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (en lo sucesivo, “CADH” o “Con- vención Americana”) 4 no especifica garantías mínimas, como lo hace en el numeral 2 del referido artículo al referirse a materias pena- les, el concepto de debidas garantías se apli- ca también a esos órdenes y, por ende, en ese tipo de materias el individuo tiene derecho

por ende, en ese tipo de materias el individuo tiene derecho también al debido proce- so

también al debido proce- so que se aplica en mate- ria penal 5 .

Por esta razón es que la Corte IDH ha entendido

- que el derecho a un plazo razonable establecido en el artículo 8.1 de la CADH es

predicable también en pro- cesos de inconstitucionali- dad (Caso López Mendoza vs. Venezuela de 2011), procesos de amparo (Caso Tribunal Constitucional Vs. Perú de 2001), procesos civiles (Caso Gomes Lund y otros (Guerrilha do Araguaia) Vs. Brasil de 2010), procesos contenciosos administrativos (Caso Apitz Barbera y otros (Corte Primera de lo Conten- cioso Administrativo) vs. Venezuela de 2008), procesos de reivindicación de tierras indíge- nas (Caso Comunidad Indígena Yakye Axa vs. Paraguay de 2005), entre otros.

Por ello, si bien el análisis aquí realizado se basará en los pronunciamientos recaídos so- bre casos concernientes a temas penales, nada impide que sean extrapolados a los distintos tipos de órdenes jurídicos siempre y cuándo, claro está, dicha extrapolación obedezca las características propias de cada proceso y res- pete su naturaleza.

Ahora bien, volviendo al tema propuesto en este acápite, respecto a desde cuándo y has- ta cuándo contar para efectos de valorar lo ra- zonable de un proceso, la Corte IDH ha sido variante en sus pronunciamientos atendiendo, valga decir, a la naturaleza de cada caso que le es sometido. Por ejemplo, en 1997 al senten- ciar el caso Genie Lacayo vs. Nicaragua 6 –en el cual, por primera vez, detalló los criterios

El debido proceso es una ga-

rantía que, en los Estados mo- dernos, debe ser tomado muy

en cuenta dadas las implican

cias que para los individuos

puede llegar a tener.

implican cias que para los individuos puede llegar a tener. 4 El artículo 8 de la

4 El artículo 8 de la CADH reconoce el derecho a las garantías judiciales.

5 Cfr. Corte IDH. Excepciones al agotamiento de los recursos internos (art. 46.1, 46.2.a y 46.2.b Convención Ameri- cana sobre Derechos Humanos). Opinión Consultiva OC-11/90 de 10 de agosto de 1990. Serie A, N° 11, párr. 28.

6 Cfr. Corte IDH. Caso Genie Lacayo Vs. Nicaragua. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de enero de 1997. Serie C, N° 30.

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para analizar la razonabilidad del plazo (los mismos que serán tratados de manera preci- sa más adelante)– el Tribunal Interamericano consideró relevante para el análisis del plazo razonable el tiempo que medió entre el auto de apertura del proceso penal hasta la emisión de la sentencia que culminó con el proceso, dejando así por fuera el tiempo que implicó la investigación policial y la acusación fiscal.

No obstante, diez meses más tarde del leading case Genie Lacayo, la Corte IDH emitió sen- tencia en el caso Suárez Rosero vs. Ecuador en la cual, en el marco de un proceso penal, sostuvo que para efectos de valorar el plazo razonable, tomaría en cuenta la aprehensión de Suárez Rosero como primer acto de pro- cedimiento dirigido contra él 7 . Sin embargo, este estándar se enmarca dentro de un proce- so de naturaleza penal, por ello, luego en el caso Tibi vs. Ecuador la Corte Interamericana precisó que cuando no se pueda ver un acto de aprehensión (detención) como momento des- de el cual activar la evaluación del plazo ra- zonable, dicho plazo deberá contarse a par- tir del momento en que la autoridad judicial toma conocimiento del caso 8 .

Avanzando un poco más en la especificación en esta materia, el Tribunal de Estrasburgo ha considerado incluso que en aquellos supues- tos en los cuales la sede administrativa esté configurada legalmente como una vía pre- via a agotar para poder acudir a la sede ju- dicial (el contencioso administrativo), debe- rá tomarse, para efectos del punto de partida

para el cómputo del plazo razonable, la pri- mera actuación procesal en la sede adminis- trativa, como vía previa a la judicial 9 . Es de- cir, el análisis del plazo razonable será global entendiendo el trámite en sede administrativa y judicial como una unidad valorable sin frag- mentaciones posibles. Asimismo, el TEDH también ha referido que el punto de parti- da para contemplar el plazo razonable pue- de relacionarse con aquellos procesos que, no siendo estrictamente judiciales, son supervi- sados luego por un órgano jurisdiccional. Así, en el caso Siegel vs. Francia, consideró que para contabilizar lo razonable de la duración de un proceso de partición de herencia, debía tenerse en cuenta también la conciliación pre- via que se realizó ante dos notarios públicos 10 .

En cuanto al orden constitucional peruano, el supremo intérprete ha señalado, a modo de doctrina jurisprudencial vinculante, que “el cómputo del plazo razonable del proceso pe- nal comienza a correr desde la apertura de la investigación preliminar del delito, el cual, puede estar comprendido desde la investiga- ción policial o fiscal; o desde el inicio del pro- ceso judicial en los casos de delitos de acción privada” 11 . De manera que ha detallado que se debe tener en cuenta el primer acto oficial a través del cual la persona toma conocimiento de que el aparato estatal ha iniciado una per- secución en su contra (pudiendo ello coinci- dir o no con la detención policial o con otra medida restrictiva de derechos para los casos penales) 12 .

7

Cfr. Corte IDH. Caso Suárez Rosero vs. Ecuador. Fondo. Sentencia del 12 de noviembre de 1997. Serie C, N° 35, párr. 70.

8

Cfr. Corte IDH. Caso Tibi vs. Ecuador. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 7 de setiembre de 2004. Serie C, N° 114, párr. 168.

9

Cfr. TEDH. Caso König vs. Alemania. Aplicación N° 6232/73. Sentencia del 28 de junio de 1978, párr. 98 y Caso Kress vs. Francia. Aplicación N° 3959/98. Sentencia del 7 de junio de 2001, párr. 90.

10

TEDH. Caso Siegel vs. Francia. Aplicación N° 36350/97. Sentencia del 28 de febrero de 2001, párrs. 33 al 38.

11

Tribunal Constitucional del Perú. Exp. N° 00295-2012-PHC/TC. Sentencia del 14 de mayo de 2015, f. j. 6.

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ANÁLISIS Y CRÍTICA

Ahora bien, en cuanto al término final del pla- zo, es decir, el punto de cierre que debe ser tomado en cuenta para efectos de analizar lo razonable de la duración de un proceso, te- nemos que, en primer lugar, la Corte IDH ha señalado que el análisis del plazo razonable debe tener como punto final la sentencia defi- nitiva que da por concluido el proceso, inclu- yendo los recursos de instancia que pudieran presentarse conforme a ley 13 . En ese punto se presentaba un problema, y es que al decir el Tribunal Interamericano que el proceso ter- minaba con la expedición de la sentencia (y las que pudieran darse producto de las apela- ciones), dejaba por fuera del análisis del pla- zo razonable la etapa de ejecución de dicha sentencia. Ello, ciertamente, tornaba ilusorio el acceso a la justicia pues, de poco o nada sirve tener una sentencia firme si es que esta nunca es ejecutada.

El Tribunal Interamericano analizó esta pro- blemática y, cambiando su línea jurispruden- cial respecto del caso Mejía Idrovo vs. Ecua- dor en el cual sostuvo que para el conteo del plazo razonable no era necesario tomar en cuenta la ejecución de la decisión, sostuvo en el caso Furlan y familiares vs. Argentina que “el análisis de la etapa de ejecución de las sentencias también puede abordarse para contabilizar el término de duración de un pro- ceso, con el fin de determinar su incidencia en la prolongación del plazo razonable del mismo” 14 .

Este estándar es más garantista en términos de derechos fundamentales, pues consigue

que los Estados procuren a los individuos la ejecución inmediata de la sentencia que han obtenido luego de un proceso, materia- lizando así el acceso a la justicia. Desde lue- go, el tiempo de ejecución de una sentencia debe ser considerado como parte integral de la causa para efectos del cálculo del plazo ra- zonable en tanto lo que se busca, precisamen- te, es que los derechos y libertades sobre los cuales se concluyen en la decisión adoptada sean realmente efectivos y no solo declara- tivos 15 . Pero, ¿y qué sucede si se decide re- currir al Tribunal Constitucional?, ¿El tiem- po que se demore este en decidir la causa será contabilizado para fines del plazo razonable? Pues bien, si bien ni la Corte IDH ni nuestro Tribunal Constitucional han dado luces sobre estas interrogantes, el TEDH tiene dicho que el procedimiento ante un tribunal constitucio- nal se tendrá en cuenta para efectos de la eva- luación del plazo razonable, siempre y cuan- do su decisión pueda afectar el resultado de la controversia ante los tribunales ordinarios 16 . Sin embargo, en estos supuestos, la obliga- ción de conocer los casos en un plazo razo- nable no puede ser interpretada de la misma manera que se hace cuando se trata de tribu- nales ordinarios 17 .

Como se puede advertir, si bien existen crite- rios más o menos fijos, al menos en materia penal, respecto del inicio y fin del cómputo del plazo razonable, para el caso de los proce- sos de otra índole, deberá observarse la natu- raleza de los mismos y buscar, en todo caso, la interpretación más próxima a lo evidenciado

13

Cfr. Corte IDH. Caso Valle Jaramillo y otros vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 27 de no- viembre de 2008. Serie C, N° 192, párr. 154 y Caso López Álvarez vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 1 de febrero de 2006. Serie C, N° 141, párr. 130.

14

Corte IDH. Caso Furlan y familiares Vs. Argentina. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sen- tencia del 31 de agosto de 2012. Serie C, N° 246, párr. 149.

15

Cfr. TEDH. Caso Silva Pontes vs. Portugal. Aplicación N° 14940/89. Sentencia del 23 de marzo de 1994, párr. 33 y Caso Estima Jorge vs. Portugal. Aplicación N° 16/1997/800/1003. Sentencia del 21 de abril de 1998, párr. 38.

16

Cfr. TEDH. Caso Sussmann vs. Alemania. Aplicación N° 20024/92. Sentencia del 16 de setiembre de 1998, párr. 77.

17

Cfr. TEDH. Caso Oršuš y otros vs. Croacia. Aplicación N° 15766/03. Sentencia del 17 de marzo de 2010, párr. 109.

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tanto por la Corte IDH como por el TC al plas- mar estos estándares para casos de implicancias pe- nales. Asimismo, nada im- pide que se tome como re- ferencia lo desarrollado por el TEDH dado que in- cluso nuestro TC ha echa- do mano del desarrollo ju- risprudencial de este alto tribunal regional.

desarrollo ju- risprudencial de este alto tribunal regional. 1. Complejidad asunto del El amplio abanico de

1. Complejidad

asunto

del

El amplio abanico de dere

- El criterio de la comple-

- jidad del asunto es uno de carácter objetivo por cuanto se puede medir la razonabilidad o no de una causa ateniéndose a cir-

- cunstancias específicas y comprobables material-

mente. Dentro del conjun- to de elementos que sirven para el análisis de la com- plejidad de un asunto, la Corte IDH sostiene que se encuentran la complejidad de la prue- ba, la pluralidad de sujetos procesales o la cantidad de víctimas, el tiempo transcurrido desde el hecho violatorio, las características de los recursos consagrados en la legislación interna, la imposibilidad de detener a los in- culpados, el contexto en el que ocurrió la vio- lación a un derecho o libertad 18 , así como la necesidad de recurrir a debates técnicos para dilucidar algunas cuestiones concernientes al proceso 19 , entre otras circunstancias siempre objetivas. Incluso, el par europeo de la Cor- te IDH ha considerado que la situación po- lítica y social reinante en el lugar y tiempo de la ocurrencia de los hechos pueden ser de- terminantes para declarar que un asunto es complejo 20 .

En todo caso, le corresponderá al Estado (a las autoridades pertinentes) demostrar con base en los elementos descritos anteriormen- te (valorados de manera conjunta) que esta- ba frente a un caso de suma complejidad, lo cual dificultó que la resolución del mismo se diera prontamente. Así, solo será justificada la demora cuando exista una conexión evi- denciable entre la complejidad del asunto y

chos que componen al de

bido proceso asegura que el

decisor de la causa ajustará

su veredicto a las garantías

salvaguardas preestableci

das por la Constitución y los

tratados.

preestableci das por la Constitución y los tratados. II. CRITERIOS PARA LA DETERMINA- CIÓN DEL PLAZO
preestableci das por la Constitución y los tratados. II. CRITERIOS PARA LA DETERMINA- CIÓN DEL PLAZO

II. CRITERIOS PARA LA DETERMINA- CIÓN DEL PLAZO RAZONABLE

Partiendo de la teoría del “no plazo” –según la cual no es posible juzgar la razonabilidad de la duración de un proceso en virtud de días, meses o años en números exactos sino que, se debe valorar tal razonabilidad con base en cri- terios que deben ser aplicados y resueltos se- gún cada caso concreto– la jurisprudencia in- teramericana ha perfilado cuatro criterios que sirven para orientar la interpretación de lo “ra- zonable” del plazo razonable. Estos criterios también han sido recogidos de manera paulati- na por nuestro máximo intérprete y compren- den: 1) la complejidad del asunto; 2) la activi- dad procesal del interesado; 3) la conducta de las autoridades estatales; y, 4) la afectación ge- nerada por la duración del proceso en la situa- ción jurídica de la persona involucrada. Los primeros tres criterios fueron recogidos de la jurisprudencia del TEDH por la Corte IDH a partir del caso Genie Lacayo vs. Nicaragua y, en cuanto al cuarto elemento, su inclusión fue dada a partir del caso Valle Jaramillo vs. Co- lombia, cuya aceptación por la jurisprudencia del tribunal interamericano no se dio de mane- ra abrupta como veremos luego.

18

Corte IDH. Caso Quispialaya Vilcapoma vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sen- tencia del 23 de noviembre de 2015. Serie C, N° 308, párr. 179.

19

Corte IDH. Caso Masacre de Santo Domingo vs. Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 30 de noviembre de 2012. Serie C, N° 259, párr. 165.

20

Cfr. TEDH. Caso Milasi vs. Italia. Series A, N° 119C. Sentencia del 25 de junio de 1987, párr. 16.

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la demora; de comprobarse que la demora del

proceso de debió a otras consideraciones aje- nas a su complejidad, no podrá entonces dis- pensarse al Estado por la dilación.

2. La actividad procesal del intere- sado

Aquí nos estamos adentrando a un criterio que es, en esencia, subjetivo pues se trata de evaluar la conducta y proceder de la persona involucrada. Este segundo elemento sirve, en todo caso, para evitar que el Estado responda

por la dilación del proceso. En efecto, es ob- vio que si es el propio interesado el que, con su accionar, ha dilatado el proceso, el Estado

y las autoridades competentes no tienen por

qué verse acusadas de la excesiva duración de

la causa que conocen.

Por ello, el TC ha referido que “si la dila- ción ha sido provocada por él (procesado) no cabe calificarla como indebida, ya que las maniobras dilatorias u obstruccionistas no le son imputables al órgano judicial” 21 . Sin embargo, hay que precisar que es necesaria una distinción entre el uso regular de los me- dios procesales que la ley prevé y la falta de cooperación mediante la pasividad absoluta del imputado (en ambos casos, muestras del ejercicio legítimo del derecho de defensa), de la “defensa obstruccionista”, como signo inequívoco de la mala fe del procesado y, consecuentemente, actitud repudiada por el orden constitucional 22 .

Un ejemplo claro de lo reseñado aquí, lo tene- mos en el caso Caesar vs. Trinidad y Tobago

resuelto por la Corte IDH en el año 2005 en el cual, al verificar que los abogados de Winston Caesar fueron quienes demoraron poco más de dos años en apelar una sentencia de pri- mera instancia, concluyó que no existía res- ponsabilidad del Estado trinitense dado que la demora se debió a un comportamiento pa- sivo y desinteresado de los defensores del se- ñor Caesar.

La conducta de las autoridades estatales

En lo respectivo al tercer elemento, la con-

ducta de las autoridades estatales 23 , se trata de un criterio de naturaleza subjetiva. La Corte IDH tiene dicho que en este punto se debe- rá evaluar el comportamiento que, por acción

u omisión afecten la prolongación del proce-

so o procedimiento no judicial 24 . Asimismo,

a diferencia de lo que ocurre con el segun-

do criterio previamente analizado (la activi- dad procesal del interesado) en el cual, una prolongación excesiva del proceso producto acciones u omisiones del propio interesado no repercuten en la responsabilidad de las auto- ridades estatales, en este caso, sí se incurri- rá en una vulneración del derecho a un pla- zo razonable.

3.

En este análisis se debe verificar si es que existe una conducta estatal que ha ocasiona- do que el proceso se torne en engorroso y pro- longado. En tal sentido, serían especialmen- te censurable, por ejemplo, la demora en la tramitación y resolución de los recursos con- tra las decisiones que imponen o mantienen

21

Tribunal Constitucional del Perú. Exp. N° 04144-2011-PHC/TC. Sentencia del 17 de enero de 2012, f. j. 15.

22

ESPINOZA RAMOS, Benji. “La afectación generada por la duración del procedimiento en la situación jurídica del procesado como cuarto criterio de análisis en la violación del derecho a ser juzgado en un plazo razonable”. En: Ga- ceta Penal y Procesal Penal. Tomo 24, Gaceta Jurídica, Lima, junio de 2011, p. 324.

23

Se hace referencia a las “autoridades estatales” y no a las “autoridades judiciales” por tanto se entiende que las ga- rantías de debido proceso no se circunscriben únicamente al ámbito judicial sino que, trascienden dicha esfera. En todo caso, el plazo razonable es un estándar predicable en todo proceso, de cualquier naturaleza, en el cual se ventile la determinación de derechos y deberes.

24

Cfr. Corte IDH. Caso Cantos vs. Argentina. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 28 de noviembre de 2002. Serie C, N° 97, párr. 57.

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la detención preventiva, las indebidas e injustifica- das acumulaciones o de- sacumulaciones de proce- sos, los repetidos cambios de juez instructor, la tar- danza en la presentación de un peritaje o de la rea- lización de una diligen- cia 25 . Por otro lado, uno

de los argumentos más re- currentes de la judicatu- ra peruana para justificar la dilación de los procesos es la sobrecarga procesal que man- tienen en sus despachos. Ante esta situación se debe observar que el TEDH ha manifes- tado que una sobrecarga procesal del siste- ma de justicia no puede justificar la excesiva duración de los procedimientos 26 puesto que corresponde a los Estados organizar sus siste- mas legales de manera tal que se garantice el derecho a obtener una resolución del caso en un plazo razonable 27 .

El plazo razonable supone que los individuos no pueden mantenerse en ascuas inde - terminadamente
El plazo razonable supone
que los individuos no pueden
mantenerse en ascuas inde
-
terminadamente ni ser víc
timas de una justicia rápida
-

que obvie aspectos relevan

tes de la controversia.

- que obvie aspectos relevan tes de la controversia. Ramírez sostuviera en su voto razonado del

Ramírez sostuviera en su voto razonado del caso López Álvarez vs. Hondu- ras del año 2006 que, a su

criterio, se debería añadir

el referido cuarto elemento

en razón de que el transcur- so del tiempo no es igual

- para todos y puede afectar a unos más que a otros, por

ello, afirmó que: “resulta- rá necesario, en bien de la justicia y la seguridad seriamente comprome- tidas, que el procedimiento corra con más di- ligencia a fin de que en breve tiempo –plazo razonable– se resuelva la situación del suje- to, que ha comenzado a gravitar severamen- te sobre la vida de este. La afectación debe ser actual, no meramente posible o probable, eventual o remota” 28 .

Si bien este criterio no ha sido desarrollado ampliamente por la Corte IDH y, es más, en algunos casos solo hace mención del mismo más no encuentra una violación al plazo ra- zonable partiendo de este cuarto elemento, lo cierto es que resulta ser muy importante para la garantía efectiva de los derechos y liberta- des. Ello porque “humaniza” el análisis del plazo razonable al requerir que se tome muy en cuenta la situación específica del individuo procesado, lo cual ciertamente no es permiti- do por los primeros tres elementos.

Se trata pues de un criterio sumamente sub- jetivo, y que indudablemente está ligado a si- tuaciones personales especiales. Por ejemplo, en los procesos en los cuales se determinen los derechos de personas que pertenezcan a grupos en situación de especial vulnerabilidad

4. Afectación generada por la dura- ción del proceso en la situación jurídica de la persona involucrada

Como se había adelantado, desde el caso Ge- nie Lacayo vs. Nicaragua la Corte IDH ex- puso que la valoración del plazo razonable debía hacerse en razón a los tres criterios an- teriormente analizados. Sin embargo, en el año 2008 con la sentencia del caso Valle Ja- ramillo y otros vs. Colombia, la Corte IDH añadió un cuarto criterio al cual denominó “la afectación generada por la duración del pro- ceso en la situación jurídica de la persona in- volucrada”. Este fue recogido por el pleno del tribunal luego de que el exjuez Sergio García

25

Tribunal Constitucional del Perú. Exp. N° 02915-2004-HC/TC. Sentencia del 23 de noviembre de 2004, f. j. 22.

26

Cfr. TEDH. Caso Probstmeier vs. Alemania. Reports of Judgments and Decisions 1997-IV. Sentencia del 1 de julio de 1997, párr. 64.

27

Cfr. TEDH. Caso Vocaturo vs. Italia. Series A, N° 206-C. Sentencia del 24 de mayo de 1991, párr. 17.

28

Voto Razonado del Juez Sergio García Ramírez, párr. 36. Corte IDH. Caso López Álvarez vs. Honduras. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 1 de febrero de 2006.

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ANÁLISIS Y CRÍTICA

(personas con discapacidad, niños y niñas, pueblos indígenas, personas adultas mayo- res, migrantes, etc.) se requerirá una mayor celeridad de la normal por parte del órgano encargado de la determinación del proceso, por tanto que, para ellos (las personas perte- necientes a dichos grupos) el paso del tiem- po puede ser crucial y puede afectar, en gran medida, su situación jurídica. Piénsese, por ejemplo, en el caso de un extranjero que ven- ga en busca de refugio. Requerirá, como es obvio, que el proceso para la determinación de su condición de refugiado sea resuelto con la mayor celeridad posible dado que la incer- tidumbre de no saber si será admitido como tal puede mellar su situación personal.

Otro ejemplo que muestra la utilidad práctica del cuarto criterio lo tenemos en el caso del examen de la infracción al plazo razonable en los procesos donde el imputado denuncian- te no se halla bajo prisión preventiva (antes bien, se encuentra en comparecencia simple o restringida). En definitiva, bajo este criterio podríamos colegir que no puede determinarse sin más su afectación a la persona que se halla bajo comparecencia (estado de restricción de la libertad) como a la persona que se encuen- tra detenida preventivamente (estado de limi- tación de la libertad) 29 .

En nuestro país, el Tribunal Constitucional recogió este cuarto criterio por primera vez en el año 2010 al resolver el caso de Julio Sa- lazar Monroe. Señaló, en dicha oportunidad, que “en este cuarto elemento importa deter- minar si el paso del tiempo del proceso penal incide o influye de manera relevante e intensa en la situación jurídica (derechos y deberes) del demandante. Ello con la finalidad de que el proceso penal discurra con más diligencia

a fin de que el caso se resuelva en un tiempo

breve, si es que este incide o influye de ma- nera relevante e intensa sobre la situación ju- rídica del demandante, es decir, si la demora injustificada le puede ocasionar al imputado daño psicológico y/o económico” 30 . Con to- das las críticas que ha tenido este cuarto crite- rio, es necesario recalcar que, en sentido prác- tico, es útil y coadyuva en la prevalencia de los derechos y las libertades.

III. ¿PLAZO RAZONABLE INVERSO?

Al inicio de este artículo se hizo mención a que el derecho al plazo razonable implica por un lado, que el proceso no sea aletargado en demasía y, por otro, que no se lleve a cabo de manera tan rápida impidiendo que la autori- dad estatal encargada evalúe de manera obje- tiva y responsable las circunstancias que son presentadas en el caso. Esto quiere decir que el plazo razonable de un proceso no termina siendo eficaz necesariamente con una justicia expedita, lo que se debe procurar es que solo se demore lo estrictamente necesario para re- solver la situación jurídica 31 .

Por ello, bajo las anteriores consideraciones, bien se puede afirmar que los cuatro crite- rios que comúnmente han sido utilizados para evaluar la razonabilidad de un plazo con base en procesos largos, pueden ser extrapolados a los procesos sumamente cortos en donde, por ejemplo, si el asunto reviste complejidad, no corresponde una resolución demasiado rápida

o si el interesado muestra una actitud obstruc-

cionista, tampoco valdría una respuesta inme- diata por parte de la autoridad estatal. Podría decirse, pues, que justicia que tarda no es jus- ticia, pero justicia que llega rápido (aunque parezca ser) tampoco es justicia a veces.

29 ESPINOZA RAMOS, Benji. Ob. cit., p. 328.

30 Tribunal Constitucional del Perú. Exp. N° 05350-2009-PHC/TC. Sentencia del 10 de agosto de 2010, f. j. 27.

31 Cfr. PISFIL FLORES, Daniel. “Precisiones conceptuales sobre el derecho a ser juzgado en un plazo razonable a propósito de la STC Exp. N° 00295-2012-PHC/TC. En: Gaceta Penal y Procesal Penal. Tomo 73, Gaceta Jurídica, Lima, julio de 2015, p. 32.

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Lima, julio de 2015, p. 32. GACETA CONSTITUCIONAL | TOMO 104 • AGOSTO 2016 • ISSN
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IV. CONSECUENCIAS JURÍDICAS DE LA VULNERACIÓN DEL PLAZO RAZONABLE

Como es evidente, la constatación de la vul- neración del derecho a ser procesado-juzgado en un plazo razonable trae aparejada conse- cuencias jurídicas que son ineludibles. Exis- ten posiciones en la doctrina y en la jurispru- dencia tanto de la Corte IDH como de nuestro Tribunal Constitucional sobre cuál debe ser el proceder ante una vulneración del derecho bajo comentario.

En primer lugar, tenemos que la jurisprudencia de la Corte IDH no ha sido tajante en determi- nar cuáles serían las consecuencias de la vul- neración. Pero, por ejemplo, en el caso Castillo Petruzzi y otros vs. Perú del año 1999, el máxi- mo tribunal regional constató que si bien no hubo una vulneración del plazo razonable en términos del artículo 8.1 convencional, sí exis- tía una violación del artículo 7.5 de la CADH por parte del Estado peruano al mantener a las víctimas del caso en prisión preventiva por un tiempo prolongado sin control judicial inme- diato. Sin embargo, esta situación no llevó a la Corte IDH a pronunciarse sobre la libertad de las víctimas, pues entendió que la adopción de una medida de tal naturaleza le correspondería al tribunal nacional competente.

De igual forma, en el reciente caso Quispia- laya Vilcapoma vs. Perú de 2015, el referido tribunal comprobó que el Estado peruano vul- neró el artículo 8.1 de la CADH debido a que la intervención del fuero militar para cono- cer de los hechos del caso violó la garantía del juez natural y, también, que el proceso tomado como un todo no fue desarrollado en un pla- zo razonable. Pese a esta constatación el tribu- nal interamericano señaló que el Estado perua- no debía continuar, con la debida diligencia, la investigación y/o proceso penal que se encon- traba en curso por los hechos relacionados con

la violación a la integridad sufrida por el se- ñor Quispialaya Vilcapoma, para, en un plazo razonable, identificar, procesar y, en su caso, sancionar a los responsables. Es decir, la Corte no ordenó que, ante la violación del plazo ra- zonable, se deje en libertad a quienes estuvie- ran siendo procesados, sino que obligó al Es- tado a concluir, en un plazo razonable y cuanto antes, el proceso penal en curso.

En el plano local, recientemente el TC dejó de lado el otrora nefasto pronunciamiento del caso Chacón Málaga –en el cual excluyó del proceso penal a Walter Chacón ante la cons- tatación de la vulneración de su derecho a ser juzgado en un plazo razonable– y, señaló en el caso Arce Páucar luego de establecer una vulneración del plazo razonable, que en el plazo de quince días naturales contados desde emitida la sentencia del propio TC, la Tercera Sala Penal de la Corte Superior de Justicia del Callao debería resolver la situación jurídica del señor Arce. En buena cuenta, lo que hace el tribunal es decirnos que cuando se verifi- que la existencia de la violación del derecho a ser juzgado en un plazo razonable, lo que co- rresponde es emitir una sentencia exhortativa al órgano jurisdiccional encargado para que, en un plazo perentorio, emita una sentencia que ponga fin al proceso, descartando así la posibilidad de que el propio TC pueda orde- nar la liberación del procesado.

Ciertamente este criterio resulta ser más ade- cuado por tanto el Tribunal Constitucional no es un tribunal penal que tenga faculta- des de disponer que una persona procesada sea puesta en libertad y liberada de cualquier imputación. En igual sentido, pero en el pla- no interamericano, a la Corte IDH tampoco le correspondería ello, por tanto ha reiterado en múltiples oportunidades que “no es un tri- bunal penal en el que pueda determinarse la responsabilidad penal de los individuos” 32 .

32 Corte IDH. Caso Cruz Sánchez y otros vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 17 de abril de 2015. Serie C, N° 292, párr. 280, Caso García Ibarra y otros vs. Ecuador. Excepciones

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ANÁLISIS Y CRÍTICA

Puestos en este escenario, cabe afirmar que la deter- minación de violaciones al debido proceso (plazo ra- zonable) y su reparación mediante un nuevo enjui- ciamiento que respete el plazo razonable o la exhor- tación a la autoridad esta- tal encargada a que resuel- va pronto, no significará la

sustracción definitiva del procesado al accionar de la justicia, garantizando así que los posibles ilícitos cometidos no queden impunes 33 .

V. LA VIOLACIÓN DEL PLAZO RAZO - NABLE COMO FORMA DE ACCESO AL SISTEMA INTERAMERICANO DE DERECHOS HUMANOS

En el acápite anterior se evidenció que la con- secuencia de la vulneración al derecho a ser juzgado en un plazo razonable, al menos en el estatus jurisprudencial actual, es la emi- sión de una sentencia exhortativa para que el tribunal o juez encargado de conocer el caso resuelva ateniéndose a los criterios del pla- zo razonable. Esta, podría afirmarse, es una “consecuencia interna” de la violación al pla- zo razonable. Sin embargo, en el plano del ac- ceso a la justicia supranacional (posibilidad que recoge el artículo 205 de nuestra Consti- tución) existe otra consecuencia, para el Es- tado, ante la vulneración en sede interna del derecho a ser juzgado en un plazo razonable a la cual llamaremos “consecuencia externa”.

razonable a la cual llamaremos “consecuencia externa”. En efecto, se sabe que es un principio de

En efecto, se sabe que es un principio de Derecho Internacional generalmen-

- te reconocido que para ac-

- ceder a las instancias su- pranacionales se requiere

primero agotar las vías

- internas disponibles en el Estado. De ahí que, en nuestro sistema regional

de protección de Derechos Humanos, el preámbulo de la CADH especifique que la protección otorgada por virtud de la misma es de naturaleza coadyuvante y complemen- taria de la que ofrece el derecho interno de los Estados americanos. Partiendo de ello, y como se hizo referencia antes, para activar el sistema interamericano, se debe agotar el re- quisito previo de los recursos disponibles in- ternamente. No obstante, el artículo 46.2 de la CADH, dedicado a las excepciones de los requisitos para acceder al sistema, señala en su literal c que no será necesario agotar los recursos domésticos cuando exista un retardo injustificado en las decisiones a nivel interno.

Por ello, una consecuencia concreta, y muy seria para el Estado ante la vulneración del derecho al plazo razonable, es que la víctima o presunta víctima (hablando ya en el plano internacional) podría acudir al sistema intera- mericano sin que se le exija agotar la jurisdic- ción interna 34 . Esto refuerza la obligación del Estado por atender los procesos que conoce en un plazo razonable.

Entender qué comprende

el derecho al plazo razona

ble es vital para quienes re

suelven controversias en el

plano judicial, administrati

vo o arbitral y para quienes son usuarios de dichos sis-

temas.

o arbitral y para quienes son usuarios de dichos sis- temas. Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas.

Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 17 de noviembre de 2015. Serie C, N° 306, párr. 107 y Caso Hermanos Landaeta Mejías y otros vs. Venezuela. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 27 de agosto de 2014. Serie C, N° 281, párr. 243.

33 Cfr. Román López, Marlene y Hugo Torres Armas. “El derecho al plazo razonable y las consecuencias de su inobservancia. Análisis del caso Chacón a la luz de la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Huma- nos”. En: Diálogo con la Jurisprudencia. Tomo 137, Gaceta Jurídica, Lima, febrero de 2010, p. 103.

34 La Corte Interamericana de Derechos Humanos resolvió en este sentido, por ejemplo, en: Corte IDH. Caso Osorio Rivera y familiares vs. Perú. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 26 de noviem- bre de 2013. Serie C, N° 274, párr. 23; Caso Heliodoro Portugal vs. Panamá. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia del 12 de agosto de 2008. Serie C, N° 186, párrs. 19 y 20, y Caso Las Palmeras vs. Colombia. Excepciones Preliminares. Sentencia del 4 de febrero de 2000. Serie C, N° 66, párrs. 38 y 39.

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CONCLUSIONES

El debido proceso es una garantía que, en los Estados modernos, debe ser tomado muy en cuenta dadas las implicancias que para los in- dividuos puede llegar a tener. El amplio aba- nico de derechos que componen al debido proceso (ser oído, defensa, recurrir la sen- tencia, plazo razonable, etc.) no hacen sino asegurar, a quienes buscan una respuesta es- tatal ante violaciones a sus derechos o quie- nes están siendo juzgados, que el decisor de la causa ajustará su veredicto a las garantías mínimas y salvaguardas claramente preesta- blecidas por la Constitución y los tratados.

Uno de esos derechos, el del plazo razonable, supone que los individuos no pueden ser man- tenidos en ascuas indeterminadamente pero tampoco, pueden ser víctimas de una justicia automática que por ser rápida obvie muchos aspectos de la controversia que son relevantes para las conclusiones. Por esta razón, entender lo que comprende el derecho a ser juzgado en un plazo razonable es vital tanto para quienes resuelven controversias ya sea en el plano judi- cial, administrativo o arbitral, como para quie- nes son usuarios de dichos sistemas. A fin de cuentas, corresponde a todos y todas la salva- guarda de los derechos fundamentales que la

Constitución y los tratados internacionales sus- critos por el Perú reconocen a los individuos.

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