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Universidad Nacional del Nordeste Facultad de Humanidades Departamento de Letras Lengua y Cultura Latinas 2015

Universidad Nacional del Nordeste Facultad de Humanidades Departamento de Letras Lengua y Cultura Latinas 2015 Facultad

Facultad: Humanidades

Cátedra: Lengua y Cultura Latinas

Profesora: Natalia Trevisán

Estudiante: Acosta. A. David

Trabajo Práctico Nro 3: Informe de Lectura

Fecha de entrega: 28/05/2015

Universidad Nacional del Nordeste Facultad de Humanidades Departamento de Letras Lengua y Cultura Latinas 2015

¿Existe la Literatura Latina?

En el siguiente escrito, trataremos de “informar” (algo que suele ser muy difícil cuando se trata de interpretar textos literarios o filosóficos). Sin embargo, pese a esta dificultad exegética, intentaremos explicitar en unas pocas líneas lo que la autora problematiza, es decir: ¿existe la literatura latina?

Gabriela Marrón, parte de una conferencia de Michel Foucault en 1964 “Lenguaje y Literatura”; cuyo disparador sería: “la literatura griega, como la latina, no existen”. Ahora bien, aquí solo haremos referencia a la denominación de “literatura latina”. Como lo señala la autora, cuando se trata de especificar o definir categorialmente una “cosa”; hay que apelar inexorablemente a las “palabras”. Y es allí precisamente donde radica la ambigüedad o mayor dificultad. ¿Existe realmente una correspondencia exacta entre “las palabras y las cosas”? ¿Quién dice que debe ser así?

Estos son algunos de los dilemas que traen aparejadas las dificultades a la hora de “nominar” o “clasificar”. Por ello la literatura no queda exenta de esta problemática. Según la autora, escritores como Bieler y von Albrecht, han defendido la noción de literatura “romana” más que la “latina”, un criterio que tendría que ver con una “Weltanschauung”, es decir, con una “cosmovisión del mundo” en una época y región, encerrando un conjunto de valores, conceptos y prácticas determinadas.

En ese sentido, la ciudad de Roma era el lugar que nucleaba y legitimaba, (o no) cualquier manifestación cultural o novedad emergida dentro de un territorio particular, ya sea res publica o Imperium. Como se sabe, Horacio, Virgilio y Terencio (pilares de la literatura latina) ninguno fue oriundo de Roma, sin embargo, toda la posteridad los ha conocido como romanos. Luego caemos en la cuenta que todo es una construcción conceptual arbitraria, y casi siempre, a posteriori. ¿Quién puede aseverar que entre las palabras y las cosas existe una esencia, una sustancia idéntica y universal? Las periodizaciones históricas también entran en esta taxonomía arbitraria. ¿Quién ha catalogado de: Historia Antigua, Medieval, Renacentista, Moderna y Contemporánea? ¿En la India, en China o en Indonesia, también creen lo mismo?

Con todo, la literatura también ha sido y es una materia arbitraria y convencional, como toda la simbología humana. Así pues, se verá que estas clasificaciones y conceptualizaciones comienzan (en occidente) con Aristóteles en Grecia, es decir, lo que conviene incluir a un canon y lo que no conviene (Poética) Luego lo veríamos con Horacio en Roma (Epístola). Como señala la autora “esa literatura, retrospectivamente, creada brindó a la clase alta romana otra herramienta más para definir y mantener posición social”.

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Allí surgirán las suspicacias a la hora de incluir o no los escritos en los diferentes “géneros” o “autores”.

En suma, siguiendo a la autora y al propio Foucault, la “inexistencia” de la literatura clásica, no radica en su “materialidad”; si no, en su “sustancialidad”. Esto, porque conocemos la noción de literatura en el sentido moderno, a partir del siglo XIX, con lo cual, toda conceptualización o teorización que se quiera hacer de los antiguos con la mirada o interpretación moderna, caerá en un absoluto anacronismo, ya que los escritos de los antiguos griegos o romanos, daban cuenta a una cosmovisión particular y específica de prácticas y cotidianeidades que residían en intereses, legitimación de derecho y poder; además del cultivo espiritual y artes en general (agricultura, guerra, gimnasia, etc), prácticas que para la actualidad son inconcebibles en el marco de lo específico y arbitrariamente literario.