Está en la página 1de 109

Un intruso en mi vida

Angela Devine

Argumento
Jane West debía enfrentar la verdad: Marc Le Rossignol la tenía
exactamente donde él quería. El arrogante francés casi se apropiaba de su
preciosa viña, y era sólo una cuestión de tiempo antes de que él se
adueñara también a ella. ¿Estaría él representando un letal juego de
seducción… o una venganza?

Un intruso en mi vida (1997)
Título Original: Unwelcome intruder
Editorial: Harlequin Ibérica
Sello / Colección: Julia 849
Género: Contemporáneo
Protagonistas: Marc Le Rossignol y Jane West

Angela Devine - Un intruso en mi vida

CAPITULO 1
—PARECE que tu padre te ha dado plantón —observó Brett. Mirando hacia
todos los lados en el aeropuerto, que se vaciaba rápidamente, Jane se sintió
inclinada a darle la razón. Eran más de las once y la mayoría de los pasajeros ya
se habían internado rápidamente en la gélida noche otoñal. Sólo se veían unos
cuantos empleados y una familia que había extraviado el equipaje en la
pequeña terminal de Hobart. De su padre, ni rastro.
—Creo que tienes razón —admitió con tristeza—. Pero no comprendo por
qué no ha aparecido. Hace dos semanas le escribí diciéndole cuándo llegaba.
¡Quién podía imaginar que habría este retraso en mi vuelo por problemas del
motor! Bueno, ya sabes cómo es papá, no se puede confiar en él. Me temo que,
después de todo, no podré llevarte a tu casa, Brett.
—Vaya, no se acaba el mundo por eso, compañera. Te diré lo que haremos,
iré a hablar con el tipo del mostrador de Hertz para ver si nos alquila un coche,
y luego seré yo el que te lleve a casa.
—Gracias, Brett, eres un verdadero encanto.
Suspirando aliviada, Jane se dejó caer en uno de los asientos azules, con el
equipaje esparcido sin orden a su alrededor. Estaba muerta de cansancio tras el
largo vuelo desde Tailandia a Melbourne, donde la avería les retuvo
interminables horas, y el vuelo final hasta Tasmania. Así las cosas, por una vez
se sintió muy feliz al permitir que Brett tomara las decisiones por ella.
Observando su figura rechoncha, sonrió con cariño. El querido Brett, con su
cara colorada, sus diestras manos, y su pelo blanco como la leche, que ya
comenzaba a desaparecer por el cogote. Aunque sólo tenía veintisiete años, uno
más que la propia Jane. ¡Lástima que nunca le hubiera inspirado nada más que
un sentimiento fraternal! Desde que se conocieran en el colegio más de veinte
años atrás, Brett siempre había sido su admirador y protector, pero Jane sabía
que, sin esa chispa indefinible y misteriosa del amor, nunca sería nada más. A
pesar de habérselo dejado bien claro cientos de veces, Brett no perdía las
esperanzas. Además de ser un hombre de buen carácter, era cabezota hasta lo
indecible.
—Compañera, todo arreglado. En marcha. Diez minutos después ya
avanzaban por la autopista serpenteante que conducía a Richmond. Brett
conducía sin prisas, igual que hacía todo lo demás, mientras Jane dormitaba a
su lado, admirando de vez en cuando las sombras de los eucaliptos muertos y
los densos matorrales bajo la luz de la luna, las manchas blancas de las ovejas,
inmóviles en los pastos, los perfiles fantasmales de las granjas, ya oscuras y
silenciosas hasta la aurora. Una ráfaga de viento levantó una polvareda
mientras cruzaban el pueblo entre las casas Georgianas de arenisca y sus
cuidados jardines. Acá y allá se veían unos pocos signos de vida
tranquilizadores, la música y las risas procedentes de un bar abierto de última
hora, el humo de las chimeneas encendidas, la luz de las farolas, y luego de
nuevo la quietud del campo abierto. Jane se echó hacia delante, acelerado el
Corregido por SCC

2

Angela Devine - Un intruso en mi vida

corazón, cuando vislumbró sus viñas y la vieja granja llamada El Rincón del
Talabartero, donde pasó su niñez.
—Tus viñas tienen muy buena pinta —comentó Brett—. Hará un mes estuve
hablando con tu capataz, Charlie. Al parecer podréis hacer la cosecha justo
después de Semana Santa.
—En realidad por eso he vuelto. En Francia, estaba aprendiendo tanto que de
muy buena gana me habría quedado otros seis meses.
—Vaya, me alegro de que no lo hayas hecho —afirmó Brett con mesura,
dejando caer la mano izquierda sobre una rodilla de Jane.
Ésta se sintió como si fuera una manzana que palpaban para comprobar su
grado de madurez. No era una sensación exactamente desagradable, pero sólo
despertó en ella incomodidad y deseos de escapar.
—Brett, no —murmuró, apartándole la mano.
—Algún día te rendirás —dijo él en tono jovial—. No soy un mal tipo, Jane.
Soy una persona estable y tengo mi propia granja.
Aliviada, Jane observó que llegaban a la carretera de gravilla que conducía a
la parte trasera de su casa.
—No te invito a pasar, Brett, porque es tarde y estoy muerta después del
viaje.
—Claro. No te preocupes. Al menos, permíteme que te acompañe a la puerta.
—Bueno, pero sólo hasta la trasera —replicó Jane, algo molesta—. Con eso
basta. Veo que papá ha dejado la luz de la entrada encendida. Tal vez no recibió
el mensaje sobre el retraso del vuelo.
—¿Seguro que estarás bien? ¿No puedo hacer nada más por ti? ¿Quizás un
beso de buenas noches?
—¡No! ¡Oh, Brett, déjalo ya! Te tengo muchísimo afecto, pero no de esa
manera.
—¡Algunas mujeres no tenéis buen gusto! —se lamentó Brett, rozándole la
mejilla antes del volverse hacia el coche alquilado—. Nos veremos en un par de
días, Jane.
A pesar del cansancio, Jane se detuvo unos momentos para aspirar el aire
fresco de la noche, con el inconfundible aroma del eucalipto. Croaban las ranas,
y vio el resplandor rojo de los ojos de una zarigüeya en las ramas de un árbol.
Sonrió de oreja a oreja. ¡Desde luego, tenía ganas de volver a casa! Y lo mejor
era que sus viñas estaban listas para su primera cosecha.
Decidió bajar a la bodega para celebrar su vuelta con un buen vino de su
colección. Al día siguiente invitaría a alguien a comer para acabar la botella.
Optó por un tinto de crianza y se le hizo la boca agua pensando en su
extraordinario bouquet.

Corregido por SCC

3

Entonces una mano poderosa cayó sobre su hombro y la obligó a volverse. le dio una patada en la espinilla. Mereces compasión. pero el desconocido no se inmutó y se limitó a estrujarle los dedos hasta que soltó su arma defensiva. Encolerizada. —¡Oh. se halló ante un completo desconocido. Creo que tú y yo debemos tener una pequeña conversación. —Te quiero a ti —replicó el extraño. parece que te tengo justo donde quería —murmuró una voz ronca. Díme. el tipo asió uno de sus brazos y se lo retorció por la espalda. masculina. Intentó abrir la puerta. comienzo a entenderlo. rubio y rizado. —¿Y de qué íbamos a hablar? —replicó Jane indignada—.Un intruso en mi vida Oyó una sonora pisada a sus espaldas y se volvió. Sin embargo. se lanzó contra ella. —¿Qué quiere? —preguntó en tono agudo y nervioso. Lanzando un sollozo de frustración. ¿Le daría tiempo a escapar? Algo que había al otro lado bloqueaba la puerta. mademoiselle. —Vaya. rasgos delicados. A Jane le dio un brinco el corazón. Fue inútil. esperando encontrar a su padre en la casa. sino que te has escapado de algún manicomio. Era como una pesadilla. Vestía pantalones grises y camisa con el cuello abierto. retrocediendo un paso. ella pestañeó. Con expresión resignada. Ella sintió una pequeña punzada de dolor que era una advertencia. abalanzándose sobre ella. no. dando un violento tirón. Tendría unos treinta y tantos años. —No quiero hacerte daño.Angela Devine . Nada sucedió. Jane observó los ojos castaños más hostiles que había visto en la vida. Jane gritó. y blandió la botella a modo de arma. Ojos grandes y verdes. buscando una de las dos salidas. no la suya. La botella estalló en mil pedazos al pegar contra la pared. arrojó la botella y echó a correr. —Muy bonita —murmuró con aire de experto—. Él dirigió la luz de la linterna hacia el rostro de Jane. Deslumbrada. —Ah. No esperaba encontrar aquí a un intruso tan atractivo. Esta es mi bodega. debo reconocerlo. ¿qué estás haciendo en mi bodega? —¿Su… su bodega? Está loco. pelo largo. No eres una delincuente juvenil. y un rostro muy grave. Corrió por los pasillos de la bodega entre barriles y estanterías. Es un lunático que me ataca sin ningún motivo. Corregido por SCC 4 . Bajo su pelo castaño oscuro. El hombre avanzó hacia ella como un cazador que se cierne sobre su presa. no te atrevas! Jane blandió la linterna que llevaba para alumbrarse y entonces le dio un golpe en la mejilla.

¿subimos al salón para aclarar el problema? —¿En casa? ¿Vive aquí? ¿Acaso es un invitado de mi padre? —No exactamente. piensas. ¿No estaré soñando una absurda pesadilla? —Parece que se trata de una confusión. que éste no es el lugar conveniente para intercambiar cortesías. Si piensas quedarte a pasar la noche. Permite que me presente. —¿Y tú? —Jane West. ¿Cómo se llama? —Colin West. —Lo siento. plantó las manos en las caderas y se enfrentó al extraño. Jane dio una palmada contra una de las estanterías para enfatizar sus palabras. —Mire. Dices que estas tierras pertenecen a tu padre. —Oh.Angela Devine . pero te lo explicaré todo en el salón. —Encantada —respondió Jane con aire sarcástico. Comenzamos a entendernos. Señorita West. ¿Por qué me tomó por una delincuente? El hombre encogió los hombros. El hombre abrió sin ningún problema la puerta y le cedió el paso como si fuera un anfitrión recibiendo a su invitado. somos socios. —Pasa. y con razón. Soy Marc Le Rossignol. Un baño. —¡No hagas eso! —exclamó su interlocutor horrorizado—. Entonces giró sobre sus talones.Un intruso en mi vida —¡Ni soy una delincuente ni me he escapado del manicomio! ¡Aquí el único chalado que hay es usted! Mi padre es el propietario de estas tierras. —¡Lo sé! Yo hago vino. tendré que arreglar ciertas cosas para ti. —¿Cómo dice? No le comprendo. —Bien. Es muy malo para el vino. Jane entró como si fuera una reina tomando la posesión de un continente y luego cerró la enorme puerta de cedro de una patada. y son mías todas y cada una de estas botellas y barriles. una cena y un dormitorio. Más bien. señor Le Rossignol o como se llame… Corregido por SCC 5 . Para expresar su ánimo. He tenido algunos problemas con gamberros desde que tomé posesión de estos viñedos.

Él la miró con expresión burlona. Desde Tailandia. ¿Pero antes te importaría explicarme qué está sucediendo aquí? —A su debido tiempo. Mediría algo más de metro ochenta. —Has hecho un largo viaje. por favor.Un intruso en mi vida —Marc. se dirigió al vestíbulo y sacó de un armario una toalla blanca enorme. la sonrisa burlona y las facciones viriles le otorgaban el aire de un hombre nacido para triunfar. Marc Le Rossignol observó las etiquetas de su equipaje. la astucia que reflejaban sus ojos castaños cuando los estrechaba. El tipo recorrió su cuerpo con mirada desaprobadora. entonces iré a calentar algo para cenar. tan confiada y resuelta. Pero antes querrás darte un baño. No se debía sólo a la situación que le resultara tan antipático. siempre y cuando salgas de mi casa! Y cuanto antes. como si pudiera dominar el mundo y a todos los que lo habitaban. Ahora te apetecerá sin duda asearte y comer algo. Había algo en su actitud. —Ah. lo correcto es respetar vuestras costumbres. y tenía anchos hombros. Bueno. La mandíbula que le daba un aspecto duro. Hablaremos de ello en la cena.Angela Devine . Corregido por SCC 6 . Jane le lanzó una mirada asesina. —¡Ya sé dónde está el baño! —rugió Jane. que serían casi imposibles de quitar. —¿Y… de dónde venías? —De Francia. Vosotros los australianos sois muy informales. nada menos. —Claro. ¿Podría llamarte Jane? —¡Puedes llamarme como te dé la gana. cintura estrecha y muslos robustos. y no de muy buen aspecto precisamente? Observando el aspecto inmaculado de su camisa a rayas azules y blancas y el pantalón gris plisado pensó que no le habría importado lo más mínimo haber atinado con el botellazo y ver las prendas ahora salpicadas de manchas de vino. La ropa que llevas está para ir a la basura. —El cuarto de baño es la segunda puerta a la izquierda. de mi propio país. pero su rostro era lo que más llamaba la atención. Ignorando la inspección. claro. ¿no? Cómo estoy en tu país. aparentemente. —En realidad algo más. mejor. ¡Pues le importaba un rábano recibir o no su aprobación! ¿Cómo se atrevía a mirarla de arriba abajo como si fuera un objeto a la venta. Su innegable atractivo probablemente tenía algo que ver con el aura de autoridad que irradiaba. Sólo pasé una noche en Bangkok antes de reanudar el viaje. Al parecer no le agradaban las mujeres que viajaban en vaqueros desgastados. Marc dejó las bolsas de Jane en el suelo. mademoiselle. una alfombrilla de baño y una esponja.

Jane salió de la bañera y comenzó a secarse a toda prisa. se cepilló el pelo y se perfumó. Le hizo esperar deliberadamente. Las velas ardían en un candelabro de plata. —Espérame en el comedor —gritó una voz masculina que comenzaba a resultar odiosamente familiar—. tan sólo deseaba relajarse en el agua espumosa y luego acostarse. Se vistió. o de punta en blanco? Desde la infancia. y una boca generosa. De la cocina venían aromas que hacían la boca agua. Alguna clase de Corregido por SCC 7 . ¿pensaría el desconocido que estaba aviniéndose a su juego? Se miró en el espejo. lanzó una exclamación de asombro. irguió los hombros y abrió la puerta del baño para entrar a la carga. que su padre y ella sólo se molestaban en utilizar para las ocasiones especiales. largo y rizado. ¿Debería ponerse unos vaqueros y un jersey más viejos aún para provocarle. Luego. Alarmada por la amenaza. debía utilizar su cerebro exhausto para intentar aclarar el embrollo con aquel extraño que aparentemente había tomado posesión de su casa. Me reuniré contigo en un minuto.Angela Devine . Jane. Casi se queda dormida en el agua. al ver el comedor. —¿Por qué me preocupo de lo que pueda pensar? —se dijo en voz alta—. pero los resultados no fueron los apetecidos. preparándose para la batalla. otorgándole un aspecto mil veces más elegante y sofisticado del habitual. ¿Cómo se atrevía aquel desconocido a tratarla como si fuera una invitada en su propia casa? ¿Qué estaría haciendo allí? Parecía un sueño surrealista e inquietante. Por desgracia. Luego limpió el vapor que cubría el espejo y se observó con mirada crítica. ¡Me pondré lo que me apetezca! Abrió la bolsa y sacó una muda limpia de ropa interior. un vestido verde claro que se moldeaba a las curvas de su cuerpo. Si hubiera estado sola. cara con forma de corazón. y su luz titilante se reflejaba en las copas de cristal. pero eran muy reales las nubes de humo que salían de la bañera y el fragante olor a castañas que emanaba del gel. y se espabiló cuando oyó que aporreaban la puerta. Lanzando un quejido cansino. Pelo rubio. siempre había procurado afrontar las situaciones difíciles asegurándose de presentar el mejor aspecto posible. se habría puesto un pijama viejo y unas zapatillas. —¿No te habrás ahogado. Titubeó. Un mantel de encajes exquisitos cubría la mesa grande de cedro. si se arreglaba. como la cena de nochebuena. verdad? ¿Debo entrar a rescatarte? Puedo romper el cerrojo si me necesitas. se pintó los labios de rojo escarlata y brillante. ojos verdes y grandes. Pero. barbilla pequeña y puntiaguda. Cuando echó el cerrojo. desafiante. Se adornó con un collar de oro y perlas. pantis. se encaminó con paso decidido hacia el vestíbulo para llevarse al baño la más pequeña de sus dos bolsas. los cubiertos de plata y la vajilla de la mejor porcelana.Un intruso en mi vida Jane estaba que mordía cuando abrió el grifo de agua caliente para llenar la antigua bañera con patas a modo de garras. zapatos y la única extravagancia loca que había traído de Francia.

o tu profesión? —Es mi profesión —respondió Jane orgullosamente. Sin decir más. —Un Reynella semiseco. el hombre se puso a revolver entre las botellas del mueble bar. Jane se sonrojó. observando a Marc con expresión perpleja cuando éste se encaminó hacia la cocina. Yo tomaré lo mismo. —¿Y has estudiado el tema? —Sí. si cocinaba tan extraordinariamente bien! Poco después apareció el loco francés en el comedor. Eso ocurrió hace cinco años. Acaso fuera pequeña y tuviera un aspecto bastante frágil. me matriculé en un curso en el sur de Australia. Cuando me gradué en el instituto. Está todo preparado. trabajé un año en Penfold's y luego regresé a Tasmania para intentar poner en marcha mi propia bodega familiar. Bueno. desde luego. vacilando entre agradecer el cumplido o mostrarse indignada por su comentario. no. Pero acabo de pasar seis meses en la región de Champagne. y desde entonces me he ocupado de todo el Corregido por SCC 8 . Planté los viñedos de uvas Riesling y Cabernet Shiraz hace varios años. ¡Quizás no fuera tan malo tener a un francés chalado en casa. Miró a Jane y una sonrisa aprobadora iluminó su rostro. Temía que pudieras vestirte como una vendimiadora después de la cosecha. Toma una copa de jerez mientras sirvo la sopa. Te felicito. —¿En serio? ¿Y qué hacías allí? —Ampliar mis conocimientos sobre la elaboración del champán. ¿tus propias manos son las que han plantado estas viñas y montado el equipo? ¿Eres la persona que ha organizado toda esta empresa? —Sí —afirmó Jane con satisfacción—. Regresó con dos panecillos calientes envueltos en una servilleta y a continuación con dos platos de sopa. pero tenía un apetito voraz. —¿Puedo ayudarte en la cocina? —No hace falta. Sólo he tenido que calentar la comida. —Bon appetit —dijo Jane de modo automático. por favor —le pidió Jane. no. dejando un plato frente a Jane. —Entonces.Un intruso en mi vida estofado de carne y otras delicias. ahora siéntate a la mesa y cenaremos.Angela Devine . —Muy chic —murmuró—. ¿Tal vez tarta de manzana? Los ánimos de Jane revivieron mágicamente. —Sopa juliana —anunció. Jane tomó un sorbo del líquido de color pajizo y sabor almendrado. Con fluidez. —¿Hablas francés? —En realidad. —Buena elección. —¿Es una simple afición.

De hecho. —Muy cierto. Aunque deberías haber puesto más redes sobre las viñas. también debe haberla de crítica. —Ah. Ha sido un trabajo muy duro. ¿Has acabado con la sopa? ¿Puedo llevarme el plato? Se fue a la cocina y Jane se quedó pensativa. eres un experto en la materia? —Lo llevo en la sangre. Ella se la llevó a la nariz para aspirar el aroma. muy incómoda e intranquila. el laurel y la pimienta. dio un meneito al vino y tomó un sorbo. ¿Quién era? ¿Qué hacía en Tasmania? Si se hubieran conocido en circunstancias diferentes. —¡Es magnífico! De sabor intenso y bien equilibrado. posiblemente le habría parecido fascinante. Mi familia ha elaborado caldos cerca de Burdeos desde hace más de quinientos años. ¿Qué aspectos negativos observaste en mi país? —Bueno… Corregido por SCC 9 . bebiendo sorbos de jerez. y tanta dedicación y tradiciones. percibiendo los aromas de la carne asada. claro que aprendí mucho. donde se puede encontrar una técnica insuperable. Pero donde hay facultad de admiración. —Oh. una operación a pequeña escala muy digna.Pero la verdadera prueba está en el vino. Has aprendido mucho en Francia. con guarnición de cremosas patatas nuevas y zanahorias en salsa de mantequilla y especias. de una finura con cualidades de encaje y de excelente aroma afrutado y maduro. —¿Entonces. y Charlie Kendall. el vino tinto. sí. se sentía muy. Jane aspiró profundamente. Entonces sacó una jarra de un armarito y sirvió una pequeña cantidad de líquido de tono purpúreo en la copa de Jane. Es un lugar asombroso. —¿Y qué estás haciendo aquí? —Cada cosa en su momento —replicó Marc. Al poco rato regresó Marc con una cacerola que dejó sobre un salvamanteles.Un intruso en mi vida proceso de cultivo. Jane se sirvió un buen plato de estofado. —Has hecho bien. levantándose de la mesa—.Angela Devine . aunque mi padre me ha echado una mano. Tal y como eran las cosas. —Ah. tu olfato no te engaña —observó Marc—. Dime qué te parece éste. Por unos momentos casi se olvidó del desagrado y desconfianza que le causaba Marc Le Rossignol. que trabaja para nosotros. Los viticultores franceses son maravillosos. Le intrigaba aquel hombre. se ocupa de todo con tal eficacia que he podido marcharme seis meses a Francia sin ninguna complicación para aprender más sobre el tema de la comercialización. Las protege de los pájaros y previene la botritis. —Boeufá la bourguignonne —murmuró.

Angela Devine - Un intruso en mi vida

—Por favor, no te cortes. Sé sincera conmigo.
—Acaso demasiado énfasis en la tradición. A veces tenía la impresión de que
había demasiado miedo a probar nuevas cosas.
—No podría estar más de acuerdo contigo. Los viticultores australianos son
más aventureros, dudan menos a la hora de experimentar con nuevas
tecnologías. Creo que ahora mismo Australia es un lugar muy interesante para
cualquier persona que se dedique a este negocio. Por eso estoy aquí.
Jane dejó el tenedor sobre el plato y le dirigió una mirada preocupada.
—¿Por qué estás aquí?
Con una de sus sonrisas burlonas, Marc cambió de tema.
—¿Te gusta cocinar?
Jane se irritó, pero decidió no insistir, al menos de momento, pero renació
todo el desagrado que sentía hacia Marc Le Rossignol. Durante el resto de la
cena se limitó a dar respuestas secas a sus preguntas. Sólo pasó por un
momento de debilidad cuando Marc llevó a la mesa una tarta de pera y azúcar
moreno que estaba tan deliciosa, que no le quedó otro remedio que felicitarle.
—Exquisita —reconoció de mala gana—. ¿Siempre puedes hacer que
aparezca una cena de tres platos en cuestión de minutos?
Marc esbozó una sonrisa.
—Por lo general, sí. Me gusta la buena comida y, afortunadamente,
quedaban las sobras de anoche. Y, afortunadamente también, esta tarde he
estado demasiado ocupado con otras cosas como para acordarme de comer.
—Ocupado, ¿con qué cosas?
Sus miradas se encontraron.
—Te has bañado y has comido. Creo que ahora tal vez ya estés preparada
para afrontar la verdad. Vamos al salón y hablaremos.
Disimulando su nerviosismo, Jane le siguió al salón. El fuego ardía en el
hogar de la chimenea y la habitación se veía invitadora, con el agradable olor
del limpiador con esencia de limón para maderas, la piel de los viejos sofás y el
olor del fuego. No había cortinas, pero las contraventanas de cedro no dejaban
pasar el frío, y la descolorida alfombra persa con sus ya ajados motivos de tonos
escarlatas y azules, otorgaba a la habitación un aire familiar y tranquilizador
para Jane. En el vestíbulo, el reloj del abuelo dio la una, en el mismo momento
que Jane se acomodaba sobre un confortable sillón de cretona junto al fuego. De
alguna forma, percibió en la campanada cierto timbre siniestro, como si
anunciara el fin de todo lo que había conocido y amado, como si se hallara ante
un peligroso hechicero que estaba allí para cambiar su vida para siempre. Su
alarma aumentaba a cada instante.
—¿Qué estás haciendo aquí? —estalló por fin—. ¿Por qué te has adueñado de
mi casa?
Corregido por SCC

10

Angela Devine - Un intruso en mi vida

—Es muy simple. Eres la hija de Colin West, ¿verdad? —Sí.
—Bueno, no puedo imaginar la razón por la que no te lo ha dicho tu padre,
pero supongo que me toca explicártelo a mí. Se han producido grandes cambios
aquí. En primer lugar, tu padre ha vendido todo su ganado. En segundo
lugar… Marc titubeó.
—¿En segundo lugar? —le animó Jane.
—He firmado un arrendamiento sobre la propiedad, con derecho a
comprarla en cualquier momento durante los tres próximos meses.
Jane lanzó un gemido cuando asimiló por fin las implicaciones de sus
palabras.
—¿Quieres decir… que podrías convertirte en el dueño de estas tierras ahora
mismo?
—Exactamente.
Ella se quedó sin habla por un momento, consternada.
—¿La casa? ¿Los viñedos? ¿Las dependencias accesorias… todo?
—Todo —respondió él gravemente. De repente, la incredulidad de Jane dio
paso a la rabia, intensa y peligrosa.
—¡Eso es ridículo! —exclamó, poniéndose en pie bruscamente—. Este ha sido
mi hogar desde que nací. Y los viñedos, la planta para elaborar el vino… ¿Qué
pasa con todo eso?
El rostro de Marc permaneció inescrutable. La luz del fuego bañaba sus
rasgos, dándole un aspecto algo diabólico.
—Todas las propiedades van incluidas en la venta —afirmó con mesura—.
Podrías llevarte las propiedades muebles, pero eso no constituye demasiado.
Sólo la colección de vinos, los barriles vacíos, y escaleras, capachos y demás
aperos de labranza. El resto será todo mío si decido seguir adelante con la
compra.
Jane anduvo con pasos tambaleantes por la habitación, las lágrimas
escociendo en sus ojos. Luego se volvió hacia Marc como un animal
arrinconado.
—¡Eso es imposible! Yo puse la mayor parte del dinero para levantar este
negocio. Tenía una herencia de mi abuela, y me gasté hasta el último centavo en
la inversión. ¡Mi padre no puede vender a mis espaldas sin mi aprobación!
Marc se encogió de hombros. Su voz era fría y serena, muy distante.
—He estudiado los aspectos legales detalladamente antes de firmar este
contrato. Siempre lo hago. No hay la menor duda de que tu padre es el
propietario legal de todas estas tierras. En cuanto a los pagos que afirmas haber
realizado, ¿tienes alguna prueba de ello?
A Jane le puso furiosa el tonillo escéptico de la pregunta.
Corregido por SCC

11

Angela Devine - Un intruso en mi vida

—¡Yo no afirmo que he realizado esos pagos! ¡Los he realizado de verdad!
—¿Posees documentos que lo demuestren?
La mente de Jane vagaba entre la incredulidad y la fatiga.
—Sí. No. No exactamente. Cuando recibí la herencia de mi abuela, mi padre
me convenció para que formara una empresa. Todo fue increíblemente
complicado.
—¿Por casualidad, no se tratará de la empresa Saddler's Vineyards Limited,
verdad?
—Sí.
—¡Por todos los cielos! —exclamó Marc, acercándose hacia Jane—. Lo siento
verdaderamente por ti, Jane. Parece que tu padre te ha… ¿cómo expresarlo con
suavidad? He visto los documentos referentes a la formación de la empresa. Tu
padre figura como director en jefe y controla el capital de la misma. Has sido
una chica muy tonta al dejar en manos de otra persona el control de tus
intereses. ¿Por qué obraste de esa forma?
Jane alzó la cabeza bruscamente, los ojos encendidos. La melena rubia
parecía crepitar con vida propia alrededor de sus hombros.
—¡Porque confiaba en él! ¿Vale? ¡Confiaba en él! Es mi padre, por el amor de
Dios. No me haría una cosa así.
—¿Estás segura?
Jane lanzó un bronco gemido y se acercó al fuego, mirando sin ver la danza
de las llamas. Ciertos recuerdos amargos concernientes a su madre cruzaron
por su cabeza.
—Del todo, no —afirmó por fin con voz derrotada—. Oh, supongo que no lo
haría deliberadamente. Se sentiría convencido de que estaba haciendo lo
correcto, y sin duda tendrá una u otra excusa. Pensaría que iba a conseguir
grandes beneficios para mí con alguna de sus típicas ocurrencias descabelladas.
Mi madre siempre se quejaba de que se gastaba todo su dinero, antes de la
separación. Yo solía atribuirlo a su amargura, pero ahora no estoy tan segura…
¿Estás diciéndome que estoy arruinada?
—Sólo si llevo a cabo el proyecto de compra. En caso contrario, existe la
posibilidad de que recuperes tus derechos de propiedad.
Jane se volvió hacia él bruscamente.
—¡Entonces no lo hagas, por favor, no lo hagas! —gritó apasionadamente—.
Tú mismo has reconocido que se nota en los viñedos un trabajo impresionante.
¡No me hagas renunciar a mis sueños!
Marc sacudió la cabeza, expresando su fastidio.
—¿Y por qué habría de importarme?

Corregido por SCC

12

le sucedía todo lo contrario. señorita. —¿Y qué harías con la propiedad si la compraras? Aquí los métodos de elaboración son muy diferentes. No estás arruinada todavía. ¿verdad? ¡La situación legal! ¿No tienes sentimientos? El rostro de Marc permaneció impasible. me parece que eres un poco tonta. Es una suerte que las estaciones se sucedan al revés en los dos hemisferios. Jane apretó los puños. De hecho. ¿Por qué iba a hacer una cosa así? Al fin y al cabo. Corregido por SCC 13 . —Para mí tan sólo se trata de una transacción comercial. Quiero renovar este negocio. ¿Por qué iba a arrojar por la borda todos mis esfuerzos? Jane dejó escapar un suspiro. derrotada. —Ahí reside la causa por la que me he embarcado en este proyecto. debemos telefonear a tu padre a Nueva Zelanda para saber cuál es la situación legal exactamente. Pero su rostro parecía de granito. Es evidente que. y utilizando lo mejor de la tradición francesa y las innovaciones australianas. ¿Qué será lo próximo? ¿Un cuchillo de trinchar pavos? ¿Ataque con uñas y dientes? Esta última posibilidad podría resultar interesante.Un intruso en mi vida CAPITULO 2 —¡PORQUE es una cuestión de simple decencia! —exclamó Jane. —Tú. Y. humillada. Además he tenido que hacer complicados arreglos en Francia para poder ausentarme durante estos tres meses. Puedo hacer dos vendimias si paso la mitad del año en Europa y la otra aquí. —¡La situación legal! Eso es lo único que te importa. Marc la miró como si no hubiera oído jamás la palabra decencia. Sabes. aunque lo estuvieras. No daba el menor asomo de esperanza a Jane. traicionada. —Sigo sin comprender qué tengo que ver yo en todo esto. querida. A tu padre le he entregado una cantidad de dinero extremadamente generosa a cambio de la opción a comprar estas propiedades. engreído… ¡Te odio! ¡Ojalá nunca hubieras aparecido por aquí! —Pues yo comienzo a alegrarme de ello. Marc tenía razón. sólo a ti podrías achacar la culpa. ingenua e impetuosa. se hallaba en esta situación sólo por su propia culpa.Angela Devine . Doble posibilidad de conseguir vinos excelentes. antes de nada. Marc sonrió con inesperado atractivo. Se sentía desolada. Me parece ideal. Sólo parecían vivos sus ojos. —¿Y estás dispuesto a arruinarme con tal de llevar a cabo tus proyectos? —No seas melodramática. No tienes modales. limitándose a observarla como un juez. Esto no es Francia. sombríos y pensativos. Me atacas con botellas y linternas. aunque este conocimiento tampoco le hacía más soportable el problema. Y aquel extraño sin sentimientos nada hacía por confortarla.

Horrorizada. Marc la miró con expresión divertida. y tenía un aspecto amenazador. ¡Yo vivo aquí! Arriba tengo mi habitación. Recordó entonces el comentario de Marc acerca de sus modales y abrió de nuevo la puerta. y tenía intención de permanecer en vela. quiero acostarme. ni en las cortinas de encaje. Permanecía inmóvil. Ella se detuvo sin saber qué hacer. Se dirigió hacia la puerta. que sólo sirvió para indignarla aún más. efectivamente. El aroma de su colonia. un hormigueo eléctrico en brazos y piernas. y puedes irte haciendo a la idea de que no pienso quedarme sólo esta noche. —Ah. —No te creo capaz de hacerme ningún daño. Hablando de otra cosa. Con ominoso estruendo arrojó al suelo las cajas de cartón que había sobre la cama. —¡Gracias por la cena! —dijo con voz siseante. Se metió bajo el edredón de plumas. se lanzó hacia la puerta. El cuarto cerrado donde el señor West ha dejado sus cosas. No volveré a atacarte. de pronto sintió por segunda vez la chispa de la atracción. ¿El que hay frente a las escaleras? —Sí. —Esa opción también podría resultar interesante. La sonrisa de Marc se hizo más ancha. buscando Corregido por SCC 14 . Observando sus ojos castaños y burlones. —¡No te preocupes! —exclamó—. tal y como están las cosas. Si quieres que me vaya. El corazón le palpitaba desbocado. y me importa un comino los contratos que tengas.Un intruso en mi vida Algo en su tono grave y ronco produjo un surgimiento de excitación dentro de Jane. se irritó más aún al ver que. pero Marc bloqueaba la salida y no hizo el menor ademán de moverse.Angela Devine . especiado y erótico. claro. —¡Eres imposible! Hirviendo de rabia. embriagó sus sentidos. apagó la luz de la mesilla y cerró los ojos. ¿adonde irás ahora? Si estás pensando en ir a ahogar tus penas en algún rincón. Por el contrario. rodeando el obstáculo. tan familiar. cuando entró a su habitación no halló el menor consuelo en el papel estampado de las paredes. —¿Y a ti qué más te da? En cualquier caso. Luego se retiró de nuevo y esta vez el portazo retumbó en toda la casa. La pausa fue un error. con sus espigas verdes de trigo. tendrás que sacarme a rastras de aquí. asomando la cabeza. su padre había guardado allí buena parte de sus pertenencias. Jane salió del salón acompañándose con un sonoro portazo. pues no quería salir de manera poco digna. Se veía grande y muy viril. Arriba. No me marcharé permitiendo que te salgas con la tuya. —Prepararé una de las habitaciones para invitados. te lo prohibo. sino todo el tiempo que quiera. —¡No harás una cosa así! No soy una invitada.

Era casi mediodía cuando por fin despertó. —¿Qué estás haciendo? —preguntó Jane indignada—. El arce japonés que le había hablado en sueños con su particular código mecía sus hojas escarlatas sobre un brillante cielo azul. —¿Quieres pelear conmigo por ese cacharro? —le propuso Marc. Jane apretó los dientes. Parecía una verdadera mala pasada del destino que una calamidad se cerniera sobre ella en un día tan hermoso. Tras una buena ducha refrescante. Corregido por SCC 15 . Al tomar una de las humeantes tostadas lanzó un improperio en francés y la dejó caer en el cubo de la basura. —¡No quiero otro tostador! ¡Quiero ése! Incluso a sus propios oídos sonaba como un crío petulante. Después desenchufó el tostador y también lo arrojó a la basura. Por un instante sintió bienestar. Y todavía fue peor cuando corrió hasta el cubo de la basura e intentó recobrar su tostador. Tenemos ese tostador desde hace quince años. Y dormirse no resultó en absoluto una experiencia agradable. Estaba en la cocina quemando por segunda vez unas tostadas. se recogió la rebelde melena en una cola de caballo. acechando entre las llamas de la chimenea como un príncipe de los infiernos.Angela Devine . —No. y bajó. cuando apareció Marc de repente.Un intruso en mi vida algún modo de proteger sus viñedos y su hogar. y puede ser un peligro si hace la tostada una mujer que no se preocupa de vigilar el fuego y cuyo sentido del olfato evidentemente no funciona. ¿Quieres quemar la casa? No te preocupes por ese cacharro. la hermosa escena le levantó el ánimo. Marc se interpuso en su camino. Es difícil de controlar cuando lo utiliza una persona eficiente como yo. de botellas hechas añicos. Hacia el amanecer las pesadillas dieron paso a un sueño más profundo. pero enseguida recordó la noche anterior y dejó escapar un lamento. y le persiguieron visiones de Marc Le Rossignol. en el que de alguna manera percibía el aire fresco que acariciaba las cortinas y las ramas que llamaban suavemente a su ventana. —Ya se nota. Mañana te compraré un tostador nuevo. no se rendiría sin luchar! Por fortuna su habitación contaba con un cuarto de baño donde podría arreglarse sin tener que enfrentarse a Marc despeinada y soñolienta. Abajo. ¡Bien. En la lejanía las colinas adquirían un tono azulado más azul que el del cielo. —¡Oh. A pesar de sus malos recuerdos. el intenso verde del jardín se veía rodeado por el seto de tejos. no! ¡No puede quitarme mi hogar! ¡No puede! ¡No puede! Saltó de la cama y abrió las cortinas. Y más allá las hileras de las viñas. Oyó en sueños el estruendo de motores de avión. agitándose sin ninguna prisa bajo el sol otoñal. de un verde más oscuro. pero pronto la venció la fatiga y se durmió. una camisa y alpargatas. se puso unos vaqueros limpios.

al saber que estaba en Australia y que se había enterado del asunto del contrato con Marc. su humor cambió. —De acuerdo —respondió de mala gana. tienes un poco de sentido común. muy acalorada—. Después de todo. Cuando acabaron de recoger el desayuno. resultaban difíciles de rechazar. tranquila y burlona a la vez. Escuchando la mitad de la conversación. Se puso a la defensiva y comenzó a soltar bravatas. como ya no puedes quemar más tostadas. Fortalecida por dos tazas de fragante café recién hecho. y que ambos se forrarían gracias a un negocio relacionado con unos apartamentos que planeaba construir. Después de todo. croissants de almendras. Probar uno no le haría ningún daño. porque la oferta de Marc era demasiado espléndida como para rechazarla. En Tasmania hay algunas panaderías sorprendentemente buenas. creo que lo mejor será telefonear a tu padre antes que nada. Donde Jane se había mostrado frenética e incoherente. y por fin perdió los estribos y comenzó a gritar. tal vez aceptarás mi invitación a desayunar como es debido. Aunque en el fondo quizás fuera un nombre muy agradable. pero a ella le dio la impresión de que estaba comenzando a rendir a su padre. —Bueno.Un intruso en mi vida —Muy bien. en Nueva Zelanda. En ese punto Marc tomó el teléfono de sus manos y se hizo cargo de la situación. Primero. Luego. pues veía que Marc hacía razonar a su padre. Dijo a Jane que había firmado el contrato por su propio bien. Pero le seguía poniendo nerviosa aquella forma en que la observaba. sería absurdo morir de hambre. a pesar de que su vida estuviera en ruinas. metiendo en el lavaplatos la vajilla sucia. Corregido por SCC 16 . Y. un croissant. en silencio. que resultó ser de Queenstown. Marcó el número que le dio Marc. —¿Qué quiere decir eso de desayunar como es debido? —Café. quizás. pero aquellos croissants que Marc estaba poniendo en una cesta sobre la mesa de la cocina. café de verdad. Jane frunció el ceño. Quería rechazar la oferta.Angela Devine . Jane comenzó a albergar esperanzas. No sabía que su opinión iba a cambiar en el transcurso de aquella misma mañana. —Muy bien —convino Jane. y le dio un brinco el corazón. —¿Qué ha pasado? —gritó Jane. un pain au chocolat y un buen pedazo de crujiente pan francés. Jane comenzó a pensar que. y una baguette. ¡Le tenías atrapado! Podrías haber conseguido que se echara atrás en el negocio. Marc no fuera el monstruo que había visto en sus pesadillas. rellenos de crema de almendra. ¿verdad? Marc se encogió de hombros. Y así su frustración resultó más grande cuando oyó que Marc se despedía amablemente sin haber obtenido una resolución clara del problema. él se mostró frío y racional. luego le suplicó. su padre afirmó que estaba encantado de hablar con ella. Marc se volvió hacia ella. Jane procuró razonar con él. Era tan grave como se había temido. espolvoreados con almendras y azúcar glassé.

Angela Devine - Un intruso en mi vida

—Probablemente.
—Entonces, ¿por qué no lo hiciste? La situación es completamente injusta
para mí, ¡tú mismo acabas de decírselo! Entonces, ¿por qué no le has hecho
renunciar a seguir adelante?
—Porque no me convenía.
A Jane le entraron ganas de romper algo. A ser posible, sobre la cabeza de
Marc.
—Supongo que es razonable tu posición —le echó en cara—. Es evidente que
sólo te preocupan tus propios intereses. ¿Por qué iba a esperar otra cosa?
Las pupilas de Marc se dilataron, se encendieron con un brillo peligroso por
un instante. Luego dedicó a Jane una larga mirada.
—Mis motivos no importan. Lo fundamental es que me quedaré aquí tres
meses. Ahora la cuestión es qué harás tú.
—Yo también me quedo. No pienso moverme.
Marc esbozó una extraña sonrisa.
—¿Y, cuando lo irresistible tropieza con lo inamovible, qué sucede?
—Yo no diría que seas irresistible —afirmó Jane.
—Ni yo que tú seas inamovible.
La voz de Marc era ronca, y el brillo de sus ojos daban la impresión de
ocultar algo misterioso, meditabundo y arrebatado a la vez. A Jane le recordaba
a un tigre atrapado en una trampa.
—Estoy seguro de que podría moverte si me lo propusiera.
—¡Basta de juegos! Me quedo y no hay más que hablar.
—¿De verdad? ¿Y de dónde sacarás dinero para vivir? Supongo que tu padre
habrá reservado algún capital para tus gastos…
Jane lo miró en silencio, abatida. ¿Y si su padre la había dejado en la ruina?
Tenían una cuenta conjunta que utilizaban para pagar los gastos de las
propiedades. Cualquiera de los dos podía sacar dinero en todo momento, y Jane
nunca se había preocupado por el tema, a pesar de que su madre le había
advertido que no era prudente. Ahora le asaltaban oscuros presentimientos. ¿Y
si su padre había limpiado la cuenta?
—¡Estoy segura de que me habrá dejado algún dinero!
—¿Por qué no telefoneas al director del banco y lo compruebas?
Con cara escéptica, Marc le ofreció el teléfono. Jane marcó el número con
dedos temblorosos. Ojalá Marc no estuviera mirándola con aquella expresión,
mitad compasiva, mitad suficiente. Incluso antes de que el director respondiera
a su pregunta, el silencio inicial y prolongado que guardó hizo temer a Jane que
iba a llevarse una decepción muy amarga. Cuando colgó, sentía una profunda
humillación, una rabia no menos profunda.
Corregido por SCC

17

Angela Devine - Un intruso en mi vida

—¿Y bien? ¿Te ha dejado suficiente dinero?
—No. Tú lo sabías, ¿verdad? Ha transferido todo a Nueva Zelanda, excepto
unos cuantos dólares. ¿Qué haré? Debo pagar el salario de Charlie, y pronto
vendrán los vendimiadores para la cosecha.
—No te preocupes por ese tema. En el contrato que firmé, se establece que
los gastos que se produzcan en los viñedos durante los próximos tres meses,
correrán a mi cuenta. El verdadero problema eres tú. Parece que dependes de
mi caridad, Jane, si me decido a ser caritativo…
Ella lo miró horrorizada. ¡Si se quedaba, Marc pagaría cada bocado de
comida que se llevara a la boca, cada barra de jabón con que se lavara las
manos! Y la sonrisa de Marc le decía que él estaba pensando exactamente lo
mismo.
—Sí, chérie, me temo que así están las cosas. Si te quedas, cada mañana
tendrás que suplicarme que comparta mis croissants contigo. Tendrás que
pedirme dinero para ir de compras o para la gasolina del coche. ¿Es lo que
quieres?
—¡Oh, vete al infierno!
Marc lanzó una carcajada, nada conmovido por su estallido de cólera.
—Siempre he pensado que la mujer de mi vida sería alta, pelirroja y
comedida en cualquier situación. Pero tú, tú me recuerdas a… ¿cómo se llama
ese bicho tan feroz que tenéis aquí, ése que gruñe y enseña los dientes? Un
diablo, eso es. Eres un pequeño diablo de Tasmania, ¿verdad?
Jane le lanzó una mirada fulminante.
—Esas criaturas tienen muy mal café. Aunque tengo entendido que son
buenas mascotas si puedes domarlas, pero sólo un hombre de cada mil es capaz
de conseguirlo.
—¡Inténtalo!
Marck sonrió provocativamente.
—Podría intentarlo. Sería un reto comprobar si puedo lograr que comas de
mi mano. Bueno, ya basta de bromas. ¿Qué va a ser de ti?
—Me quedo aquí.
—¿Y qué sucederá cuando quieras salir, a comprar ropa o gasolina, a la
peluquería?
—¡Nunca voy a la peluquería!
—¿Nunca? Entonces, ¿esa maravillosa cabellera tan larga y rubia es natural?
—Sí.
—Pues es muy hermosa. Bueno, no perdamos el hilo de la conversación.
Aunque no vayas a la peluquería, necesitarás algún dinero para cubrir tus
gastos.
Corregido por SCC

18

Angela Devine - Un intruso en mi vida

—No pienso salir. Me quedaré aquí hasta que te marches.
—¿Y si no te doy de comer?
—Comeré uvas.
—¡Vaya fiera de mujer, no es poco fanfarrona! No, no, Jane, esto no
funcionaría. Además, necesito todas las uvas para conseguir el mejor vino
posible. Tengo una idea mucho más razonable. Te daré empleo.
—¿Cómo dices?
—Sí, puedes ser mi ayudante personal durante los tres próximos meses, con
un salario de…
Marc pronunció una cantidad cuya largueza hizo pestañear a Jane.
—¿Por qué querrías hacer una cosa así? —le preguntó con recelo.
—Me parece una buena idea. Podría enseñarte muchas cosas, Jane. Tengo
treinta y cuatro años, llevo doce dedicándome a fabricar vino, y he trabajado
más tiempo aún en los viñedos de mi familia. Sería una oportunidad excelente
para ti.
—Quizá —admitió de mala gana Jane—. ¿Pero qué provecho sacas tú?
—Bueno, no me gustaría encontrarte mendigando por las calles, o planeando
un sabotaje a mis espaldas. De esta manera, puedo vigilarte. Además, me
gustaría poner a prueba mis habilidades domando a un genuino diablo de
Tasmania.
Jane odiaba que le tomaran el pelo. Desde la niñez era la forma más segura
de conseguir que tuviera una rabieta. Ahora abrió la boca para dar réplica a la
estúpida e insultante proposición de Marc, pero luego se contuvo. Si no la
aceptaba, ¿qué podía hacer? Debería abandonar por completo su hogar, o
permanecer en una situación más humillante todavía. ¿Estaba preparada para
suplicar un croissant cada mañana? ¡En absoluto! ¿No le convendría más
trabajar para Marc? Además, si se quedaba, tal vez lo convencería para que no
comprara la propiedad…
En el rostro de Jane se dibujó una sonrisa radiante.
—Muy bien —declaró con cara de buena persona—. Trato hecho.
De súbito, algo incomodó a Marc.
—Existen condiciones. Nada de bombas en el coche, ni incendios en el
cobertizo, ni veneno en el café.
—Moi! —preguntó Jane con aire inocente.
Marc suspiró y sacudió la cabeza.
—A lo largo de los siglos los hombres de mi familia han poseído el don de la
profecía —se lamentó—. Un cosquilleo misterioso en la columna nos previene
de la inminencia de un desastre. Y yo ahora siento un cosquilleo misterioso en
la columna.
Corregido por SCC

19

su tutor de Química en Adelaide. Jane se sentía presionada por una tensión insoportable. tan sólo interesado en conseguir mujeres como si fueran goles en un partido de fútbol. En cualquier caso. A pesar de que intentaba sofocarla.Un intruso en mi vida A pesar de los malos augurios de Marc. alarmante y no deseada en absoluto. probablemente con un rollo de alambre para el viñedo. ¡Qué tonta era! ¿Por qué no se conformaría con un hombre aburrido. cuando él la besó violentamente y… Bueno. afable y devoto como Brett? Pero aparentemente era una ley de la naturaleza que los únicos hombres que hacían palpitar su corazón eran completamente inútiles como Michael. la mata de vello oscuro y rizado que cubría su pecho atraía su mirada. O peligrosos y poco dignos de confianza como Marc. deseaba formar una familia y apreciaba a Brett. De hecho. No. ¡Y Jane no tenía la menor intención de verse añadida a su lista! Sin embargo. lo peor de todo. y durante el desayuno permaneció en silencio. cada vez le resultaba más duro enfrentarse con Marc en la mesa a la hora del desayuno. éste aparecería en cualquier momento del día. Inevitablemente. suspirando. que luego ascendía por el robusto cuello hasta la línea agresiva del mentón. como si estuvieran casados. no sucedió ningún desastre. meditabunda. Nunca había confiado en hombres con mirada de dormitorio y voz ronca y acariciante. Su debilidad la enfurecía. para finalizar el recorrido en la media sonrisa que se curvaba en sus labios cuando leía el periódico. Si conocía bien a Brett. Todavía le ardían las mejillas al recordar una tarde particularmente tórrida en el piso de Michael. nunca rejuvenecería y no quería sentir que el amor había pasado de largo a su lado. no se había detenido a considerar la íntima relación que había emprendido con aquel francés tan fino y burlón. Cada mañana bajaba las escaleras y debía verlo en el lado opuesto de la mesa en la cocina. Además. A veces pensaba Corregido por SCC 20 . cuando aparecía con el albornoz azul marino que dejaba entrever su pecho bronceado y musculoso. por mucho que admirara los conocimientos de Marc. sentía la amarga certidumbre de que Marc era igual que Michael. era la atracción que sentía hacia él. seria mucho más sensato dejar de anhelar la luna y conformarse con las estrellas. Cuando cumplió veintisiete años dos semanas después de su regreso. En su determinación por mantenerse en su territorio a cualquier coste. ¡Vaya. no era más inmune al magnetismo animal de Marc que cualquier otra mujer en su situación.Angela Devine . pues en esta ocasión verdaderamente debería aceptar su proposición! Al fin y al cabo. nunca desde la experiencia que tuvo a los diecinueve años. le entró la depresión. y luego se llevó el chasco cuando oyó a otros estudiantes bromeando cruelmente sobre los métodos con los que siempre intentaba seducir a las alumnas más atractivas de cada nuevo curso. aunque su orgullo salió malparado. Jane y Marc pronto desarrollaron un grande y mutuo respeto profesional. Por fortuna la cosa no había llegado tan lejos entre ellos. Sin embargo. cuando se enamoró locamente de Michael Barrett. Michael la persiguió con tal empeño que le llegó al corazón. ¿A quién le tocaba hacer la colada? ¿Qué cenarían? Discutían por mil cosas y. y definitivamente con otra de sus propuestas prosaicas.

Sintió que despertaba en ella un hormigueo de excitación no deseado cuando recorrió con la mirada cada detalle de su cuerpo. —Gracias. Si Brett le proponía el matrimonio. excepto Brett. —No es para tanto. a quién deseaba y odiaba con igual fervor! Iba por la tercera vuelta al jardín. Jane se detuvo con la mano en el picaporte y se volvió. O del mundo. Pensé que preferirías algo práctico. con el ceño fruncido. Nadie la amaba. estaba atrapada en aquella situación ridícula y humillante con Marc Le Rossignol. ¡Su vida era un desastre! Iba a perder su hogar y el único sustento de su vida. lo peor de todo. Corregido por SCC 21 . todo el mundo me odia. desde el cabello peinado hacia atrás sin esmero. no había nubes en el cielo y el día sería soleado. y luego prosiguió como si hablara consigo misma—. y me marcho a comer lombrices al jardín! La mirada perpleja de Marc casi le hizo estallar en carcajadas cuando salió a respirar el aire fresco del jardín. Es un detalle muy amable por tu parte. Se estremeció y desvió la mirada. —No. haría feliz a Brett y se libraría para siempre de Marc. Se levantó bruscamente. y en realidad deseaba que no lo hiciera. Y supuse que te vendría bien una lechuga de mi huerta. pronto tendría una excelente cosecha. —¿Adonde vas? —le preguntó Marc. ¡Nadie me quiere. Por fortuna estaba aguantando el buen tiempo. Aunque hacía frío a primera hora. hasta el cuerpo musculoso que tensaba el tejido del albornoz. probablemente. y se dirigió hacia las puertas acristaladas que conducían al jardín.Un intruso en mi vida que. los ojos entornados y la sonrisa torcida. ¡Y. —Feliz cumpleaños. Sin embargo su optimismo duró poco y pronto dio paso a la desolación. ¿Qué te ocurre? ¿Tienes asma? Jane hizo una mueca. cuando oyó el sonido de una furgoneta en la parte trasera de la casa. —Mon Dieu! —exclamó Marc—. Se animó de inmediato. Poco después apareció Brett con una lechuga bajo el brazo. —Te he traído una manga de riego. se sentó en la mesa de pino próxima a la barbacoa. De ese modo. sería la única mujer virgen a los veintisiete años de Australia. se prometió a sí misma. ¡Debía ser Brett! Sintiéndose como si estuviera a punto de pasar al quirófano del dentista. apartando a un lado su taza de café. Si continuaba el buen tiempo. aceptaría.Angela Devine . —Al jardín —respondió. —Gracias. Volvió a suspirar.

Jane vio que Marc le cerraba el paso con igual afabilidad. casi tumbó a Marc al topar con él. Y percibiendo también el olor intenso y viril del cuerpo tan cercano al suyo. A pesar de lo mucho que deseaba encerrarse en su habitación para no volver a salir jamás. cuando Brett se inclinó para besarla. entrelazó los brazos alrededor de la cintura de Brett y le besó en los labios. Jane. Corregido por SCC 22 . ¿Cómo podía ser tan estúpida? En lugar de eso. no pudo. vamos. y desapareció. la expresión afable. Dame un beso como es debido. por favor. —¡Apártese de mi camino. Tenía la cara tan colorada como siempre. Brett. apartándose del perplejo granjero—. amigo! —lo oyó decir en tono bastante afable. ¡vete! En su acelerada huida. No he venido aquí para perder el tiempo ni para molestar a Jane. pero no te amo y nunca te amaré. por alguna razón. Quiero pedirle que se case conmigo.Un intruso en mi vida Brett dejó la lechuga sobre la mesa y luego tomó entre sus brazos a Jane cuando ésta se levantó. Era la proposición que esperaba. no pudo sino detenerse arriba de las escaleras para ver qué ocurría.Angela Devine . Le dio un violento empujón y corrió hacia las escaleras. y luego encantado. Le devolvió el beso con un fervor cálido y húmedo. Abrió la boca para decir que sí y se vio asaltada por un pánico ciego que la dejó sin habla. Se le ocurrió que no tendría ninguna duda a la hora de besar a Marc o aceptar una propuesta matrimonial suya. y Jane deseó responder al fervor emocionado que veía brillar en sus ojos. Brett se quedó asombrado primero. Puedes hacerlo mejor. a ver si me entiende. Pero. ¿qué me dices si nos dejamos de tonterías y nos casamos ahora mismo? Jane lo miró horrorizada. sabe. —¡Aparta! —exclamó. —¡No! —gritó al fin. Estirando el cuello. pero se quedó inmóvil cuando miró hacia la cocina y vio a Marc asomado tras las puertas acristaladas. eso es —exclamó él en tono aprobador—. ¡Sabía que te rendirías si tenía suficiente paciencia! Mira. Y entonces pensó locamente en decir a Brett que amaba a Marc y volar a sus brazos. del brillo interrogante de aquellos ojos castaños. —Bueno. percibiendo confusamente las fuertes manos que aferraban sus brazos para que no perdiera el equilibrio. —Ah. muy agradable. Jane. Jane sintió el impulso de echar a correr. Ahora. Lo siento. —¡No permitas que me siga! —le dijo sin parar de correr. apartó la cabeza y el beso aterrizó en la mejilla en lugar de los labios. la que tenía intención de aceptar. —Ah. eres un hombre muy. desagradable. Poco después oyó los pesados pasos de Brett en la cocina. En el último momento. —Ella no quiere verlo —explicó Marc con voz tranquila teñida de frialdad.

Viene aquí. Pero. amigo. Jane bajó las escaleras y entró en la cocina. le diré una cosa. Sin embargo. —¡Pero si sólo lleva aquí dos semanas! ¿Cómo diablos puede haber llegado tan lejos en tan poco tiempo? —Olvida que Jane pasó seis meses en Francia. —¡Vaya. porque no le perderé ojo. —Oh. Jane y yo nos entendemos bastante bien. Sentía consternación. titubeando. Naturalmente. ¿me entiende? Cuando oyó el motor de la furgoneta que partía.Un intruso en mi vida —Lo siento por usted. —Lo que haya entre Jane y yo no es asunto suyo —afirmó Marc con altivez aristocrática—. en estas circunstancias. Ni yo lo consentiría. mejor que así sea. ¡Y su inquietud creció al ver a Marc tan tranquilo como si nada hubiera ocurrido! —¿Qué significa todo este lío? —preguntó Marc con una extraña mirada. —Es por culpa suya —replicó Brett en tono acusador—. ¿entonces el amor es la cuestión? Bien. ya que parece un buen hombre. no quiere complicarse la vida con ningún otro hombre. Jane le ha pedido que se marche. Apuesto a que está intentando que se vuelva contra mí para disfrutar de una aventurilla asquerosa con ella y luego marcharse dejándola con el corazón roto. y avergonzada por las mentiras y medias verdades que le había oído decir para conseguirlo. Brett. —¿Quiere decir que ya la conocía antes de venir aquí? Marc se limitó a enarcar las cejas levemente. Al mismo tiempo. Por favor. si se aprovecha de ella y sus intenciones no son serias. abochornada. sugiriendo una respuesta afirmativa. remordimientos por haber provocado la escena besando a Brett. y ésta es no. se sentía agradecida a Marc por haberse librado de Brett. ella nunca me dijo nada! —¿Por qué iba a decírselo? Jane le considera un amigo muy querido. váyase sin armar un escándalo y seguro que pronto nos reuniremos todos a tomar una copa como buenos amigos. —¡No me preguntes! ¡Podría morirme de vergüenza! —Parece que eres una mujer bastante frívola y poco digna de confianza. Pero parece que ya le ha dado una respuesta. —De acuerdo —refunfuñó Brett—. le mete en la cabeza sus estrafalarias ideas extranjeras. amigo. tenga cuidado. ciertamente. y en el siguiente le Corregido por SCC 23 . Brett frunció el ceño. vamos. Besas al pobre hombre apasionadamente en un momento.Angela Devine . si ella en verdad le prefiere. le haré tragarse sus resplandecientes dientes! —¿Estaría considerando la compra de esta casa si mis intenciones no fueran serias? Ahora. porque le diré una cosa: No voy a pelear con ningún tipo que se gane con juego limpio a Jane. De hecho. Jane pestañeó. ¡Pero. pero sin duda no querrá hablar con usted de su vida amorosa.

—Oh. Jane se vio envuelta entre sus brazos y lanzó un gemido. no fue impresionante. de las caricias de sus manos por la espalda. En aquel momento de locura. un torbellino de sensaciones que atraían su atención. —¿Oh. eso aclara las cosas —observó Marc con cierto brillo burlón en la mirada. Sólo que esta vez iba a aceptar su proposición. Corregido por SCC 24 . Nunca había sentido nada igual. se apartó lanzando un gemido. tan sólo deseaba liberarse de la ropa que la oprimía y ofrecerse a él sin ningún pudor. del aroma embriagador y masculino que emanaba en oleadas. Apenas capaz de respirar. sus pezones se endurecieron. y luego dije que no y me siguió. —¡Oh. como una loba en celo? —¡Estabas espiándome! —No pude evitarlo. y sabía que Brett se declararía. rítmicas y absorbentes.Un intruso en mi vida ordenas que se vaya y me pides que le eche. pero entonces me regaló la lechuga y yo lo besé. Dabais una imagen patética. Antes de que pudiera reaccionar. debo decir. Siempre lo hace en esta fecha. Y pensé que podría aceptarle a pesar de ello. Se derretió entre los brazos de Marc. alzando los labios temblorosos en busca de los suyos cuando el abrazo se hizo más fuerte. Pero cuando Marc llevó las manos sobre sus senos. Cerró los ojos y se dejó llevar por una ráfaga de excitación cuya intensidad la impresionó. no! Él hizo que alzara la barbilla y la miró con ojos encendidos como brasas. —¡Marc. ¿por qué una lechuga?. al menos quiero saber la razón. Sintió una corriente eléctrica de alto voltaje que cosquilleaba por todo su cuerpo. Era profundamente consciente de la presión insistente del cuerpo viril de Marc. Si voy a tener que actuar como un matón de discoteca. Cuando este excelente joven vino a declararse con una lechuga.Angela Devine . de verdad? ¿Debo suponer que tú puedes hacerlo mejor? —No lo dudes. pero no pude. Un calor palpitante se extendía por cada poro de su cuerpo. es mi cumpleaños. Fue el último sonido que hizo durante un buen rato. Pero no me has explicado la cuestión esencial. ¿Por qué no un ramo de rosas? ¿Por qué le rechazaste? —Porque no lo amo. Su resistencia se desvaneció. no lo comprenderías! Mira. —¡No te rías de mí! ¡Esto es serio! —¡Por supuesto que es serio! Una proposición matrimonial siempre es una cosa seria. —¡Claro! ¿Y por eso le besaste con los ojos cerrados. se vio besada con un ardor que le dio vértigo. me pregunté. Estaba cerca de las puertas del jardín y todo ocurrió antes de que pudiera apartarme. Como beso.

pensó Jane. —Te odio —murmuró sin aliento—. Oh. Pero sus sentimientos no estaban implicados en el asunto. turbada. Jane estaba demasiado turbada como para no ser completamente sincera. vengativo. ¿Eso era todo lo que había sido para él ese beso que había encendido toda clase de pasiones desconocidas en su interior? —Así es —respondió con frialdad. Pero… Retrocedió dos pasos. Marc la asió por un brazo. las mejillas ardiendo.Un intruso en mi vida —Pensé que me deseabas —murmuró con voz ronca. Ella lo había notado en su mirada entornada. —Pero eres una buena chica que no anda jugueteando con hombres que apenas conoce. —¿Sabes que tienes los ojos verdes más encantadores que he visto en la vida? —¿Oh. Ojalá no hubieras aparecido nunca por aquí. La arrogancia indiferente con la que Marc Le Rossignol contemplaba el mundo permaneció inmutable. Jane se vio asaltada por un sentimiento rabioso. —Te deseaba… te deseo. por mis encantadores ojos verdes? —Exactamente —replicó Marc con expresión divertida. Jane supo que no le había afectado el encuentro tanto como a ella. —Entonces. en la presión dura y caliente que se lo hacía saber. ¿qué piensas hacer para solucionar tu problema? —replicó Marc para provocarla. de conseguir que se sintiera vulnerable como el resto de los mortales. Tenía ganas de pegarle. Lanzándole una breve y furiosa mirada. dándole la espalda. en la tensión de sus músculos. de herirle.Angela Devine . «¿Jugueteando?». de verdad? ¿Por eso me besaste. Marc sin duda se había excitado. Corregido por SCC 25 .

—Podríamos ir al Moorilla Winery. a orillas del río Derwent. Forma parte de tu trabajo mantenerme informado sobre la marcha de las cosas en el viñedo. Corregido por SCC 26 . El sol otoñal resplandecía sereno. —¿Trucos sucios incluidos? —¡He dicho cualquier cosa! Lanzó a Marc otra mirada encendida antes de cruzar la habitación.Un intruso en mi vida CAPITULO 3 —HARÉ cualquier cosa para que te marches de aquí —prometió Jane. Marc frunció los labios. —De acuerdo —respondió ella por fin. y calentando el suelo de terracota en la entrada del restaurante. Jane tuvo la tentación de llevarle a un antro especialmente repulsivo. Podrás hacerlo mientras comemos. Observando las mesas invitadoras que había en la terraza. gracias. naturalmente. Desde entonces apodó al lugar «La Esponja Grasienta». —¿Por qué no comemos fuera? —sugirió—. Tienen un viñedo familiar como el que yo quiero establecer aquí. Jane hizo una mueca de desagrado. Cuando iba a abrir las puertas acristaladas del jardín. y tiene un restaurante muy agradable. Poco después de la una se adentraron en la serpenteante carretera que conducía a las bodegas Moorilla. donde había probado con Brett una vez las hamburguesas más repugnantes de toda su vida. dedicándole una sonrisa triunfante. Ya es hora de que nos conozcamos mejor. Tengo una idea mejor. —Buena idea —convino Marc en tono aprobador. —Considéralo una orden. sobre las aguas azules del río. ¿Por qué no comes conmigo? —Acabo de desayunar. El día lo merece. Marc dirigió a Jane una mirada interrogante. Por un momento.Angela Devine . —No. pero estrategias infantiles de esa clase sólo servirían para irritar a Marc sin conseguir nada. Está en las afueras de Hobart. pero Marc permaneció impasible. —¿Te gustaría comer en algún sitio en especial? —le preguntó Marc. observándola con una leve expresión sarcástica. Quizá te interese probar algunos de sus vinos. —¿Vas a comer lombrices otra vez? —le preguntó en son de burla—. —Quiero decir más tarde. reluciendo sobre las perfectas hileras de viñas verdes. Marc la alcanzó e hizo que se volviera.

¿Lo conoces? Corregido por SCC 27 . Marc esbozó una sonrisa. Tasmania el resto. Siempre se había sentido orgullosa de la isla donde vivía. —Sí. el camarero les llevó sobre una bandeja un surtido de vinos para que los probaran. ¿verdad? Aquí los cambios son muy bruscos. —Creo que deberías probar el plato combinado de especialidades típicas. Burdeos la mitad del año. ¿por qué no dejas de contarme historias atroces y te unes a mí? El tono de Marc era amable. A pesar de su irritación. Esto es el fin del mundo. hojeando una carta. Hay muchas cosas que podrían arruinar tu cosecha. —Tengo la ligera sensación de que pretendes echarme de aquí. ¿Qué podría ser mejor? —¿Vives en Burdeos? —preguntó Jane. Una vez informado de los intereses de Marc. renunciando por un momento a la hostilidad. pero no quería que Marc comenzara a mostrar apego al lugar. ostras crudas y otros entremeses tentadores. pero no te lo tendré en cuenta. Jane se vio forzada a obedecer. y también sé que aquí en Moorilla hacen un vino bastante bueno y quiero probarlo ahora mismo. incendios. codornices. Pero no creo que te agradara vivir aquí. Sin duda echarías en falta las tradiciones de Francia. temporales de frío y lluvia.Un intruso en mi vida —Como quieras. Tras probar tres vinos blancos y dos tintos. para la gran escapada. Europa. lo sé. Poco después tuvieron ante ellos unos platos de ternera ahumada. En parte es verdad lo que cuentas. Pero no esperarás que el buen tiempo se prolongue. cayó en la cuenta de que estaba muerta de hambre. Hirviendo por dentro. pero su proposición constituía una orden más que una invitación. Ni tenía intención de bajar la guardia y dejarse seducir por él. Los veranos de Tasmania son más fríos que los franceses. la comida de Tasmania es bastante buena —afirmó con tono despreocupado—. comparándolos y discutiendo con Marc sobre su calidad. Por tanto.Angela Devine . para la tradición y la vida cosmopolita y sofisticada. —¿Qué me recomiendas? —preguntó él. Jane sintió un placer momentáneo que rechazó de inmediato. esta isla. sus monumentos… Marc esbozó una leve sonrisa. —¿No quieres comer? —apremió a Marc. saboreando los vinos. Tenemos tempestades. —Olvidas que pretendo disfrutar de lo mejor de ambos mundos. —Bueno. y de segundo tal vez carne o pescado. su cultura. y disfrutaba introduciendo a los extraños a su gastronomía elaborada. obviamente sorprendido. Jane pronto se concentró en la cata. —La comida es excelente —afirmó Marc.

A veces es bueno. y un buen día tomé una decisión y levanté las cepas. Marc encogió los hombros.Angela Devine . echándome en cara mi naturaleza destructiva y violenta. y bastante achacoso en parte. ¿No le había mencionado en otra ocasión que poseía un viñedo en aquella región? —¿No me dijiste que tú familia llevaba quinientos años produciendo vino en Burdeos? ——Ouí. se sentía intrigada por sus palabras respecto a Burdeos. —¿Qué quieres decir? —Te pondré un ejemplo. Jane se imaginó la escena y sonrió. cuando celebramos grandes fiestas después de la cosecha. cuando los bosques se llenan de flores. Todo el mundo se alzó en contra mía. Aun así. un pueblecito bellísimo. ¡Quinientos años! La mera idea puso a Jane la carne de gallina. y existen pequeños rituales para todo. Y te diré una cosa: si te gustan las tradiciones. desde la elaboración del vino hasta la forma de tomar café en una terraza. De alguna forma. O en primavera. Siempre me irritó el asunto. usando gas mostaza para fumigar la tierra. la que se armó! Cualquiera hubiera pensado que había gaseado a la gente del pueblo. a pesar de sus modales aristocráticos. cuando las tierras son frías y las cepas oscuras parecen dormitar en la nieve. —El equipo es antiguo. Mon Dieu!. pero es maravilloso a pesar de ello. Y a la casa le ocurre lo mismo. en Burdeos te sentirías en la gloria. Todavía recuerdo a mi padre con su vieja boina enfundada y lágrimas en los ojos. Luego planté otra clase de viñas. sintiéndose conmovida a su pesar ante la calidez con que hablaba de su tierra natal. mis amigos y mi familia incluidos. Jane lo miró preocupada. Es una tierra hermosa. pero otras tengo la sensación de que me aplasta el pasado.Un intruso en mi vida —Hum. Un tipo de uva de nuestros viñedos pertenecía a una antigua variedad cuya cosecha es muy complicada. Todo el mundo se conoce en el pueblo. ¿Marc Le Rossignol. —Muy hermosa —convino Marc rotundamente—. Jane se Corregido por SCC 28 . A veces tengo la impresión de que la mano de la tradición pesa sobre todas las cosas. Evidentemente. con las viñas exuberantes y verdes. O incluso en invierno. y sólo se utilizaba para elaborar un vino bastante ordinario. Marc pertenecía a una familia humilde. lamentándose de que hubiera llevado la vergüenza a la familia Le Rossignol. sensible? ¡Nunca! Tenía la sensibilidad de una manguera. y el sol que ilumina hasta las más oscuras emociones. O en otoño. Parecía un hombre muy sensible. En verano. —¡Qué maravilla pertenecer a una familia con una tradición de ese calibre! ¿Cómo es el viñedo? ¿Y tu familia? Cuéntamelo. Nunca he sabido decidir cuál es la estación más espléndida. Está en las afueras de St Sulpice. pero Jane reaccionó enseguida.

y se divorciaron cuando tenía diez años. —Muy bien. tras la Corregido por SCC 29 . jubilado ya. el jardín y sus nietos. Paul y Robert. cuyos intereses principales son la cocina. que es licenciada en Química y se dedica a la investigación. «¡Buena cosa que se haya marchado a Australia». Jane pestañeó. pero que sigue ocupándose de algunas tareas en la bodega. —¿Cuántos sois? —Bueno. el rebelde. Conseguimos una producción tres veces mayor que antes. el destructor de los antiguos vinos sagrados. ¿Qué tal salieron las viñas que plantaste? Ahora sonrió Marc. Pero noto algo raro en tus palabras. y tornó a replegarse como una tortuga asustada en su caparazón. Mi madre había trabajado de arquitecto en Melbourne y. Ha vivido en Estados Unidos y tiene una mente abierta. Te agradaría Laurette. Laurette. —Por supuesto que sí. ¿Qué me dices de tu madre? ¿Aún vive? Jane tragó saliva y bajó la mirada. se dicen mis queridos parientes unos a otros. Mis padres nunca llegaron a entenderse bien. —Sí. hasta el último. está mi padre. Tengo dos hermanos pequeños. —Aprecias mucho a tu familia. —Un padre que intenta vender la finca de la familia a tus espaldas — murmuró Marc pensativamente—. ¿Acaso temes no contar con el cariño de los tuyos? A Jane le alarmó su capacidad de percepción.Un intruso en mi vida ablandó un poco.Angela Devine . por último. pero no podría decirse que sea una madre convencional. mi hermana pequeña. Desde el primero. Mi madre. estremeciéndose de alivio. —No tengo una familia numerosa precisamente. Pero es una familia como otra cualquiera. y ambos viticultores aferrados a la tradición. el alborotador. sobre todo debido a la nota de cariño que percibía en su tono aparentemente indignado. Les quiero a todos y todos me vuelven loco. ¿no? —dijo Jane con voz teñida de melancolía. Se encogió de hombros. —Una curiosidad. sólo a mis padres. Y sólo quedo yo. Y. —Por supuesto. y la vendimia resultó mucho más sencilla. pero hasta ella se ha comprometido con una viticultura tradicional. Esta es en realidad la verdadera razón por la que mi familia jamás me ha perdonado. deslizando un dedo sobre el borde de su copa de vino. «¡Así tal vez nuestras viñas se librarán de la destrucción!» Jane esbozó una sonrisa sin poderlo evitar. —Supongo que aún así te seguirán queriendo. —¿No tienes hermanos ni hermanas? —No. ambos casados. ¿verdad? —le preguntó con cierto deje de envidia.

abandonada en una cesta frente a una puerta cualquiera. ni más ni menos. volubles y de sangre caliente? ¡Pues vaya. Recordó el brillo de sus ojos cuando la besó. —No. interrumpiendo la discusión. Por carácter siempre había sido confiada e impetuosa. y sólo la explosión ocasional de ira o deseo daba indicios de las profundidades ardientes que podían latir bajo la apacible fachada. ésta era la verdadera razón. —Pauvre petite —murmuró. Durante el resto de la comida. con veintisiete años. y no blanda como un merengue. Y doblaba su irritación que fuera un hombre tan impenetrable y seguro de sí mismo. éste no lo era! Este tenía la fuerza reposada de un volcán dormido. por tanto. No me deseaba. Oh. abierta a los sentimientos y con un genio muy vivo. No me deseaba. se marchó lanzando un gran suspiro de alivio para reanudar su carrera. Jane no dejó de percibir el perezoso escrutinio de Marc. el temor a que ninguno de sus padres la quisiera de verdad había sido siempre un tema tabú que nunca confesó a nadie. Por otra parte. «¿Por qué le cuento todo esto?». más te vale no olvidarlo.Un intruso en mi vida separación. Deseo no haberle contado todo ese rollo sentimental acerca de su madre. En aquel momento les llevaron el plato fuerte. Mientras hablaban de la lluvia y los tipos de uva. Hasta entonces. pero en realidad yo quería seguir a su lado a toda costa. Temía que Marc conociera la naturaleza de sus inseguridades más profundas y se aprovechara de ello.Angela Devine . de rabia. claro. Jane prefería que la gente la considerase una mujer decidida y dura de pelar. y también hacia lo que habían hablado sobre sus respectivas familias. como si hubiera sido una pobre huerfanita digna de compasión. Incluso ahora. Nunca se lo había dicho a nadie. de celos? ¿Pero cómo podría despertar dichas emociones en él? ¿Y por qué iba a desearlo? Cayó en la cuenta de que Marc había dejado de hablar de viñedos y ahora estaba concentrado en la seria tarea de probar su vino y saborear el bistec. de hacerle perder los estribos y hervir de… ¿de qué? ¿De pasión. —Y tú te irías con ella. y comenzó a albergar la convicción secreta de que. y le costó seguir el hilo de la conversación. Marc Le Rossignol podía estallar y perder por completo el control. En realidad era un cúmulo de contradicciones. ¿Por qué se lo habría dicho a Marc??? Acaso porque él tenía la habilidad de sacarle cosas que no quería decir. Horrorizada. De súbito sintió ganas de provocarlo. no podía soportar la idea de separarme de ella. pensó acalorada. vio que Marc posaba una mano en la que tenía libre. en las circunstancias apropiadas. no soy una pobrecilla! Soy dura y no tengo escrúpulos. no podía disimular el dolor. sus pensamientos volaban una y otra vez hacia el beso que Marc le había dado. ¿No se suponía que los franceses eran hombres apasionados. dijo que me dejaba porque a mí me encantaba la granja y. Su Corregido por SCC 30 . —¡No.

Era ridículo. y le cubriría de fruta. se preguntó Jane. los dedos largos. descendiendo más y más. y luego de repente él me envolvería entre sus brazos y me besaría igual que esta mañana y…» —¿Qué te apetece más? —preguntó Marc con voz acariciante. capaz de encender a cualquier mujer que tuviera sangre en las venas. en el viaje de regreso. fuertes y sensibles a la vez. ¿Qué le estaba ocurriendo? En toda su vida. pues apenas sabía nada de él. llena de consternación y excitación ante las imágenes sensuales que de inmediato pasaron por su mente. sonrojándose. Nos quitaríamos la ropa y nadaríamos. eso era. Jane se sobresaltó y lo miró horrorizada. ¿Le habría leído los pensamientos? Entonces advirtió que la camarera había regresado para llevarse los platos y estaba ahora ofreciéndoles dos cartas de postres. Fresas con nata desde el ombligo hacia abajo. Desequilibrio hormonal. «Y luego descender hasta posar las manos en su cinturón… Lo desabrocharía y luego le acariciaría la piel. «Me gustaría desabrocharle la camisa lentamente. Pero debía dominarse. Pero el hecho de que sintiera una atracción física y primitiva hacia él no significaba que estuviera enamorada. cuando sus emociones turbulentas amainaron. Jane agradeció la oportunidad de recobrar la calma y. dejando escapar un leve suspiro. pasteles de coñac. Poco a poco se apagó el intenso color rosa de sus mejillas y. decidió que probablemente padecía una crisis de mediana edad bastante temprana. no —murmuró—. no le hizo ninguna pregunta. y le mordisquearía y lamería lentamente. musitando algo inaudible. pensó. de una arrogancia indiferente. Acabaron de comer en silencio y. Incluso cabía la Corregido por SCC 31 .Un intruso en mi vida ensimismamiento concedió a Jane la oportunidad de observarlo a placer. o fresas con nata? Jane se atragantó.Angela Devine . O… ¡ya lo sé! Me gustaría estar en la cama con él. Comenzó por las facciones que parecían labradas en piedra. Sin duda Marc Le Rossignol era un hombre atractivo. —¿Qué te apetece más? —repitió Marc—. los dos desnudos. Cualquier cosa menos eso. Le produjo una extraña sensación de intimidad observar el vello oscuro que rodeaba la cadena de su Rolex. bien parecido. Descendió sobre la camisa Pierre Cardin hasta las manos bronceadas que tenía apoyadas en la mesa. y deslizar las manos sobre la mata de vello que cubre su pecho». «¿Cómo será en la cama?». jamás había estado sentada mirando a un hombre e imaginando cosas tan escandalosas y deliciosas. sintiendo aumentar su dureza y calor. Y sólo el amor podía disculpar la forma irracional en que estaba comportándose. «O tal vez en un lago de agua cristalina. Marc le dirigió una mirada extraña pero. ¿Tarta de queso. —Las fresas. la mandíbula robusta y la sonrisa torcida. hasta…» Tragó saliva y cerró los ojos por un momento. Jane tomó la carta. Marc parecía preocupado por algo. por fortuna.

arruinando sus sueños. le dedicó una sonrisa forzada. Normalmente. ¡De todas maneras. Corregido por SCC 32 .Un intruso en mi vida posibilidad de que estuviera casado o comprometido. Me preguntaste si estaba casado. eres una mujer muy bonita pero. pero que. sí. ni tengo intención de estarlo. ¿Es la terrorífica palabra «matrimonio» la que te afecta de esa manera? —¡No! —¿Acaso has pasado por la amargura de un matrimonio fracasado? —¡No! Ni he estado casada. —No. «¡Serás mema!». sentía una increíble atracción sexual hacia él. y parecía bastante incómodo. La idea le causó tal sobresalto que soltó la pregunta sin poder contenerse. por hablar de algo — balbuceó Jane. ¿no representan hostilidad? —Yo… no —tartamudeó Jane. nadie me ha amargado el carácter! —Oh. —No. «¡Imbécil! ¿Qué pretendes? ¿Qué crea que eres la tonta del pueblo? Y puestos en ello. No podía decirle que sentía un profundo resentimiento hacia él por haberse adueñado de su casa.Angela Devine . cuando sacas la mandíbula de esa manera. —Bueno. Por nada en especial. olvídalo. ¿de acuerdo? Ha sido una pregunta estúpida por mi parte. —¿Por qué no? ¿Odias a los hombres? No puedo evitar la sensación de que alguna experiencia negativa te ha amargado el carácter. simplemente me preguntaba si ya te habrían pescado. Sólo… ya sabes. ¿por qué no le cuentas la verdad y le dejas helado? Díle algo así como: Oh. por otra parte. —¿No podemos hablar de otra cosa? —Empezaste tú. se reconvino alterada. Marc la observaba. perfectamente amigable. no lo eres. —¿Por qué haces esas muecas tan raras? —No hago ninguna mueca —se apresuró a responder Jane—. ¿Por qué? —Oh. Vaya. sintiéndose atrapada. pareces una fiera asediada en un rincón. —No estás casado. —Oh. —¿Y eres perfectamente amigable conmigo? Jane volvió la mirada hacia la ventanilla. porque me gustaría acostarme contigo. ya lo veo. ¿verdad? Marc la miró sorprendido. soy así. Así las cosas. Y esas extrañas miradas que me lanzas. Sencillamente.» A Jane se le pusieron los ojos como platos cuando se mordió el labio superior con los dientes por miedo a que se le escaparan las palabras de la boca.

—Ven aquí —ordenó a Jane. pero entonces sacudió la cabeza y apretó los dientes. ¿Estás de acuerdo? Jane asintió. Probó una y asintió pensativamente. —Podrían surgir muchos problemas —observó para desanimarle—. Jane procuró concentrarse en saborear el zumo dulce y cálido de la uva. —Sube. deseando perder de vista cuanto antes a su odioso acompañante. La casa no se hallaba demasiado lejos pero. Ya te lo advierto: ganaré yo. cuando llegó Jane. Marc lanzó un suspiro de irritación y asió a Jane por el brazo. Le apartó la mano. Aparentemente iba a decir algo. Podemos elaborar juntos el vino. Estaba a punto de extender la mano hacia un racimo. Aquí tenemos un choque de voluntades que supone un verdadero desafío. —No mientas. cuando Marc le metió una uva en la boca. el coche ya estaba aparcado y la puerta trasera abierta. Corregido por SCC 33 . Jane. Marc bajaba las escaleras corriendo y tropezaron en el vestíbulo. Cuando habló por fin. Prefiero caminar. —Y ahí empezará la verdadera fiesta —añadió él con los ojos chispeando—. sino que se detuvo en la entrada del viñedo para examinar las uvas. y yo quiero quedarme. Jane torció los labios. —No.Un intruso en mi vida Marc asió una de sus manos con fuerza. Te llevaré a casa. Marc se había desvanecido aparentemente. pero si todo sale bien me sentiré muy satisfecho. Marc no regresó directamente a la casa.Angela Devine . Tú quieres librarte de mí. Estaba llegando a la puerta cuando oyó el zumbido del fax en el estudio y aceleró el paso. A Jane no le hizo ninguna gracia su brusquedad. Jane procuró con todas sus fuerzas no dejarse arrastrar por la ilusión de su oponente. pero a ella también le interesaba conocer el estado de las uvas. Sé que me odias. —Entonces supongo que no esperarás que te desee buena suerte. El breve roce de sus dedos bastó para provocar un estremecimiento que fue muy mal acogido. Jane sintió una pequeña satisfacción al haber conseguido enfadarle. Probablemente me quedaré. Tal vez llueva… —Cierto. —Creo que podremos recogerlas la semana que viene —proclamó Marc—. Seamos sinceros. lo hizo con sequedad. gracias. Jane rabió en silencio durante el resto del viaje.

Simone llegó tres días después. y en su rostro se dibujó una expresión complacida. Por lo general. Para su sorpresa. Corregido por SCC 34 . y le preguntó si le gustaría acompañarle al aeropuerto para recibir a su invitada. Sin embargo. —Ya lo oigo —respondió Marc—. Por aquel entonces. Obviamente.Angela Devine . ¡Así se lo llevara el infierno! —Qué bien —dijo fríamente—. —¿De qué se trata? ¿Es de mi padre? ¿Ha ocurrido algo? —No. Vendrá a la granja para conocer de cerca los métodos de los vinicultores australianos. Marc no consideraba que la casa siguiera siendo suya. Esto te afecta a ti también. Marc seguía leyendo. le agradaba tener invitados. Sábanas limpias en la cama de la mejor habitación para visitas. no tenía demasiadas ganas de conocer a la misteriosa Simone en persona. —Simone Cabanou. crisantemos dorados y bermejos en un jarrón de cristal sobre la repisa de la chimenea. Jane había dejado de lado sus resentimientos. pero pensó que lo más probable es que el fax fuera para Marc y no para ella. Marc apareció a media tarde. y una caja de bombones y un par de revistas de cotilleos en la mesilla de noche. Un amargo recordatorio más de que él era el propietario de la casa y ella estaba allí debido a su tolerancia.Un intruso en mi vida —Hay un fax —dijo Jane. dirigiéndole una mirada escrutadora—. Voy a ver qué dice. —¿De verdad? —preguntó Marc. En sus ojos se veía cierto asomo de burla cuando por fin alzó la cara. cuando estaba inspeccionando las tinajas. es de Simone —respondió Marc en tono neutro. el ánimo yéndosele a los pies. Jane abrió la boca para protestar. una vecina mía de Burdeos. ¿Pero no preferirías estar solo con ella? Marc encogió los hombros despreocupadamente. —Será mejor que vengas —gritó Marc desde el estudio—. pero le enfurecía sentir que ni siquiera le habían consultado. Jane se vio asaltada por una oleada de amargura más intensa. limpiándose las manos en los vaqueros—. Jane corrió a reunirse con él. —¿Quién es Simone? —preguntó Jane. sino tan sólo informado. Lo dudo. leyendo la hoja de papel que tenía en la mano. Estoy encantada. —Muy bien —respondió Jane. e hizo los preparativos que habría hecho para recibir a cualquier otro invitado. respecto a aquella invitada en particular.

—¿Se quedará mucho tiempo? —preguntó. Aquí es una práctica común. A ella misma le asombró la antipatía que sintió. procurando disimular sus sentimientos. Marc le lanzó una mirada sorprendida. Su respuesta no satisfizo por completo a Jane. algo aliviada. Se dijo que su desagrado instintivo sólo se debía a la invasión de su hogar. —Se quedará todo el tiempo que quiera. pero tenía la molesta sensación de que la culpa podía ser de los celos. Durante el viaje hacia el aeropuerto. ¿por qué se indignaba al descubrir que Marc y Simone eran viejos amigos? Mejor sería mirar el lado bueno de la cosa. Nos hemos mantenido en contacto desde que vine. Marc estaba contemplando los prados dorados y las colinas azules que recoman y se tomó su tiempo para responder. Tienen un viñedo grande cerca del nuestro. —¿Por qué viene Simone en realidad? —preguntó a quemarropa. pensó con recelo. Ni siquiera conocía a Simone. —En parte por curiosidad. y tal vez quiera convencer a su familia para introducir unas cuantas innovaciones australianas en sus viñedos. Si la visita de Simone sólo se debía a motivos profesionales. Su forma de pronunciar la palabra «amigos» hizo sonar campanadas de alarma en la mente de Jane. de alguna manera. Simone está muy interesada en conocer el sistema a fondo y los beneficios que podría reportar. «¿Amigos. Con un poco de suerte. por supuesto. como si el paisaje le interesara más que Simone. Nos conocemos desde hace muchos años y demostró mucho interés cuando le hablé de mi nuevo proyecto. Somos… viejos amigos. pero en Francia constituiría un cambio revolucionario. Entonces. incluso consiguió sobreponerse al desagrado innato que le producía hacer preguntas personales. Simone es economista y se ocupa de todos los aspectos financieros del negocio. viniendo del otro lado del mundo.Un intruso en mi vida —Tendré todo el tiempo del mundo para estar solo con ella más tarde — replicó. o algo más?». Corregido por SCC 35 . sería extraño que hiciera el viaje para pasar sólo unos días.Angela Devine . un incidente que era mejor olvidar. —¿También se dedica su familia a la vinicultura? —Sí. la idea de la marcha de Marc no la animó tanto como esperaba. ¡Qué estupidez! Marc no significaba nada para ella. Sólo la había besado una vez. y cabía la posibilidad de que la pobre mujer fuese una buena persona. Precisamente la semana pasada le hablé del sistema de espaldares movibles que usáis en Australia. Por otra parte. creo —dijo al fin—. tal vez no se quedaría mucho tiempo. Sin embargo. Simone hallaría el panorama en el viñedo tan descorazonador que los dos harían el equipaje para marcharse de inmediato. —Oh —murmuró Jane.

No. —Qui estcel C'est ta domestique! —preguntó Simone. La francesa parecía venir directamente de una pasarela de modelos. sintiéndose como una enana vestida con ropas procedentes de la caridad. Estrechando la Corregido por SCC 36 . chérie —le urgió Marc en tono reprobador—. sus ojos castaños se iluminaron y esbozó una sonrisa radiante. Prácticamente todas las palabras de Marc le habían dolido de una forma o de otra. Jane. Y peor aún eran sus sospechas crecientes respecto a la naturaleza de la relación entre Marc y Simone. Su apretón de manos careció de calidez. el poder y el buen gusto. un murmullo melodioso que hizo volver la cabeza y dedicarle miradas de admiración a varios hombres que pasaron. —¡Marc! —¡Simone! Como arrastrados por un mismo impulso. dos pasos atrás. Cuando vio a Marc.Angela Devine . No es que Jane pudiera culparla por su falta de simpatía. Acaso su francés fuera limitado. y a Jane se le encogió el corazón cuando la vio. lucía un traje de chaqueta y pantalón beige con bordes escarlatas de encaje. pero sabía que chérie significaba querida. El maquillaje parecía sacado de un salón de belleza. se produjo un parloteo en francés que Jane no pudo seguir. y su mirada fue escrutadora más que amigable. y sigue viviendo en la casa por el momento. Simone era casi tan alta como Marc. Una vez finalizado el saludo. Ella misma no estaba dando precisamente saltos de alegría. —Habla en inglés. y ambos poseían el aura que otorga el dinero. a las cuatro y cuarto clavadas. intercambiaron un caluroso abrazo y se besaron las mejillas. no es la criada. revelando unos dientes blancos perfectos. Marc se volvió. Extendió la mano de largas uñas pintadas de rojo escarlata hacia Jane. Permanecía petrificada. por supuesto. y no de un vuelo horrible desde Europa. posó la mano sobre un hombro de Jane y la llevó hacia delante. Alta y delgada. —Te presento a Jane —dijo en inglés—. no pudo sino admitir de mala gana que formaban una pareja de película. y remataba su imagen con varios accesorios elegantes: pendientes de oro y perlas. Jane no domina el francés. No le gustó que Simone la tomara por una criada. Simone además tenía una voz encantadora. —Ya veo —dijo Simone pensativamente. Se ha pasado toda la mañana arreglando tu habitación. Es un arreglo temporal.Un intruso en mi vida El avión aterrizó a la hora prevista. El pelo negro recogido en un moño permitía admirar su cuello de cisne y sus rasgos perfectos. Simone fue de los primeros viajeros en aparecer en la sala de llegadas. corrieron a encontrarse. Simone. Por fin llegó a un alto el fuego cruzado de francés. sonriendo todavía. Es la hija del propietario del viñedo. y menos aún que Marc definiera su estancia en la casa como un «arreglo temporal». reloj lujoso de oro y bolso de piel.

Espero que disfrutes de una estancia muy feliz. —Bienvenida a Tasmania.Un intruso en mi vida mano a Simone con la mayor brevedad posible. muy diferente de lo usual en ella.Angela Devine . Corregido por SCC 37 . «Y breve». Simone. añadió para sus adentros. habló en un tono frío y tenso.

Oh. y Jane reaccionó pasando el mayor tiempo posible en los viñedos y la bodega para evitarla. Marc podía vencerla sin despeinarse. Cuando crujió la pesada puerta de cedro ambos dejaron de hablar y volvieron la cara hacia Jane. podría tener algo que ver conmigo. Simone ciertamente tendía a tratar a Jane como si fuera la «domestique» de la casa. —¿He interrumpido algo? —preguntó Jane con aire inocente. —Es asombroso las cosas por las que se enfada la gente.Angela Devine . Era evidente que él no quería hablar del tema. Después de todo. de eso estaba segura. Marc. Marc respiró profundamente y miró a Jane con expresión inescrutable. pensó desolada. cruzó la habitación con los senos palpitantes. ¿verdad? —Asombroso —convino Marc secamente. Un día. «Le deseo. pues le atormentaba pensar en lo que estarían haciendo en la casa Simone y Marc. cuando Marc anunció que podían comenzar la vendimia. —Sólo estábamos discutiendo sobre el coste por litro de los tanques de acero inoxidable para almacenamiento —respondió Marc en tono inexpresivo. tal vez no sea asunto mío. Jane entró en el salón y se vio ante otro parloteo endiablado en francés. Jane se colgó al teléfono para llamar a la gente que se había ofrecido Corregido por SCC 38 . De inmediato. No sólo hablarían de espaldares movibles. A pesar de la explicación de Marc. Simone apartó bruscamente las manos de la camisa de Marc. Jane dejó escapar un suspiro de irritación. se detuvo para lanzar a Jane una mirada venenosa y luego desapareció. Cuando se trataba de esta clase de esgrima verbal. pero no confío en él». —¡No hay necesidad de ser tan rudo! Simone es mi invitada en cierto modo y. «No tengo la menor idea de lo que hay entre él y Simone. pero sin duda hay algo. Aún podía sentir la calidez hormigueante de su beso. no puedo dejar de preocuparme por ello. —Mira. No es asunto tuyo —la interrumpió Marc. pero sólo le había dejado una sensación misteriosa de infelicidad. de alguna forma. Jane se tocó la boca y se estremeció. distorsionada en su cara bonita. Marc rozó por un momento los labios de Jane con los suyos y luego salió de la habitación sin mirar atrás. y lo miraba con una expresión fría y. Su brusquedad indignó a Jane. Pero sigue sin ser asunto tuyo. Marc le devolvía la mirada con el ceño fruncido y cara de aburrimiento. ¿por qué habrá tenido que venir aquí?» Por fortuna sus pensamientos tomaron un rumbo muy distinto a la mañana siguiente. pero algún demonio curioso incitó a Jane. —Tiene todo que ver contigo —murmuró—. No era una solución perfecta.Un intruso en mi vida CAPITULO 4 LA tensión fue en aumento durante los días que siguieron. Simone tenía las manos en las solapas de la camisa de Marc. pero… —Tienes razón. si está enfadada por algo.

¿Soy la única que no sabía lo de la fiesta? Marc. y he contratado a unos músicos. y el aroma hacía la boca agua. Esta mañana. en varias ocasiones. Procedentes del granero se oían risas. voces e instrumentos musicales que estaban afinando. llenando las espuertas y vaciándolas luego en recipientes de mayor tamaño. Estaban asando a la barbacoa un enorme buey frente al granero. Jane se sintió inesperadamente conmovida por aquellas pocas palabras. Vendimiadores no faltaban. tenía las muñecas doloridas. Quería darte una sorpresa. Ahora. Corregido por SCC 39 . Peor aún. y la ropa polvorienta y pringada de zumo. entornó los ojos. lo eres.Un intruso en mi vida a trabajar. llegaron los vendimiadores y Jane se pasó más de una hora repartiendo espuertas. —¿Qué te parece si invitamos a todos a cenar en Richmond? —preguntó a Marc con voz fatigada mientras observaban la última carga de uvas en el tractor. tenía arranques de hambre tan severos que. con el sol resplandeciente y las verdes hojas de las viñas meciéndose al compás de una suave brisa. vamos. pero después de la comida el ritmo de Jane comenzó a decrecer. se lo dije a todos y les hice jurar que guardarían el secreto. —¿Una cena con baile? —repitió Jane alarmada—. —Yo no puedo permitirme… Marc puso dos dedos sobre los labios de Jane. Resultaba una tarea agradable. la cara y los brazos quemados. ¿cuándo? ¿Cómo? ¿Quién hará la comida? ¿Y los músicos? —He encargado la cena a un servicio de catering. —De hecho. Había muchos quinceañeros deseosos y felices de conseguir un dinero extra. podría haber jurado que olía a asado jugoso de carne. Estaban acercándose al granero cuando Jane advirtió que el olor a carne asada no había sido una alucinación. horas y horas cortando racimos de uvas. sin duda lo hacía con clase. mientras buscabas guantes en el cobertizo.Angela Devine . poco después de amanecer. —Corre a mi cuenta. y algunos de sus viejos amigos se habían ofrecido a echarle una mano sólo por divertirse con la faena. divertido por su asombro. —¿Qué hacen todos aquí? —preguntó Jane—. Al día siguiente. quiero que todo el mundo se reúna en el granero cuanto antes. Pero. guantes de jardinería y tijeras de podar. Entonces comenzó el trabajo de verdad. He decidido seguir la antigua tradición de Burdeos y he organizado una cena con baile para los vendimiadores. Al final de la jornada. —Tengo una idea mucho mejor —afirmó Marc—. Cuando Marc ofrecía una fiesta.

—Por nuestra sociedad —dijo antes de beber. sólo se había lavado la cara y las manos y peinado. Frunciendo el ceño pensativamente. «No tenía la menor intención de agradarme. Jane abrió la boca para discutir y luego se lo pensó mejor. anotando el peso de cada carga de uvas. —Es excelente. —¿Veuve Clicquot? ¿El mejor champán que existe? ¿Y has traído suficiente para más de cuarenta personas? Corregido por SCC 40 . «Oh. Pensé que pondrías pegas si lo sabías. sino tan sólo de demostrar su arrogancia comportándose como si fuera el dueño del lugar». Sin embargo. Saludó a Jane con abierta sonrisa. Mejor será que te laves y arregles cuanto antes para que puedas disfrutar de la fiesta. luego percibió el excelente sabor y lanzó un gemido de sorpresa. revelando los brazos bronceados y musculosos. Bajo el aroma de su loción de afeitar. que estaba lleno de polvo y trozos de hojas. parecía un verdadero trabajador. No era el momento adecuado para pelearse por el uso de expresiones como «nuestra sociedad». Marc. —Toma una copa antes de que te ponga a trabajar —le advirtió—. y el frente de la camisa lucía manchas de zumo. —Oh. pues se había pasado el día ataviada con un vestido de color crema y un sombrero de paja. Brindo por nuestra sociedad y nuestro viñedo. Pero se limitó a lavarse la cara y las manos y cepillarse el cabello. Antes de que pudiera abrir la boca para protestar. Marc. Parecía poco adecuado ponerse buenas ropas cuando la mayor parte de los vendimiadores todavía llevaban las prendas sudadas y manchadas con las que habían trabajado. por tanto decidí que resultaría más fácil de organizar sin consultarte. sentada a la sombra de un árbol. que estaba a su lado. pero llevaba las mangas de la camisa remangadas. Dejó a un lado los recelos. se percibía olor a tierra y sol. Al igual que Jane. muévete —la ordenó—. Las burbujas le hicieron cosquillas en la lengua. Jane se retiró a la casa. y no para hacer el papel de espectadores de una buena pelea. —Venga. y se acercó a ella con dos copas de champán. se sintió en desventaja cuando entró en el granero y vio a Simone. a fruta madura.Un intruso en mi vida —¿Quieres decir que lo has hecho sólo para complacerme? —le preguntó con un asomo de emoción en la voz.Angela Devine . chocó su copa contra la de Marc y esbozó una sonrisa titubeante. A pesar de todo. Y Simone no se había ensuciado como todos los demás precisamente. tampoco diría eso —replicó Marc encogiendo los hombros—. Marc le dio un empujoncito en el hombro. ¿Qué es? —Veuve Clicquot. luciendo una elegante blusa de seda a juego con una falda escarlata que colgaba en pronunciados pliegues alrededor de sus largas piernas. no cuando tantos amigos se habían reunido para disfrutar de la fiesta. pensó Jane. fantástico».

pero también sabía que la rústica escena costaba mucho dinero. A la derecha del escenario habían improvisado una barra. Además. inclinándose para decírselo al oído—. me encanta —murmuró llena de satisfacción después del primer sorbo. Al parecer. contemplando sus ojos castaños y centelleantes. Y la diversión no faltó. y podrías ayudarme a responder a las preguntas que sin duda nos hará la gente. Jane se puso una copa de moscatel tan espeso y concentrado que se pegaba a los laterales de la copa. Después quiero que nos olvidemos de toda formalidad y nos divirtamos. —Voy a decir unas palabras para dar la bienvenida a todo el mundo — murmuró Marc. El discurso de Marc fue breve y ocurrente. mientras explicaban los puntos fuertes de cada vino. Aun así. si no te importa. La cena fue excelente y. —Hum. indígenas conocidos como hombres de los matorrales. Pinot Noir. Jane se retiró para ocuparse de que sirvieran más platos de merengue de limón. Pero es formidable pensar que el próximo año podríamos saborear nuestro propio Chardonnay.Angela Devine . —De acuerdo —respondió Jane. Tenía la impresión de que iba a formarse una buena juerga. pero enseguida la requirió Marc para que le ayudara en la barra a poner copas de Oporto australiano. Me gustaría que me ayudaras a servir las copas en la barra. y la tercera rebosante de entremeses variados y un surtido de aperitivos digno del más lujoso restaurante. intrigada ante la perspectiva. la banda de los matorrales tocó unas alegres melodías hechas para bailar. Luego los dos se pusieron a trabajar detrás de la barra. Tokay y moscatel para acompañar el café. Cuando todo el mundo estuvo servido. Lamparillas de papel iluminaban el granero. Jane no sintió la punzada de consternación que esperaba. cuando sirvieron los postres y el café. el resto de la fiesta es bien sencillo. creo que no podremos hacer moscatel aquí —observó Marc—. llenándolo de una luz sutil de tono amelocotonado. ¿no te parece? «El próximo año podríamos saborear nuestro propio Chardonnay». cubiertas por manteles de cuadrados rojos y blancos dos de ellas.Un intruso en mi vida —¿Por qué no? Vale la pena celebrar esta ocasión. sino una oleada embriagadora de excitación ante la perspectiva de que Marc siguiera a su lado un año después. Cabernet Sauvignon y Rhine Riesling. En la pared opuesta del granero habían montado un pequeño escenario para los cuatro músicos que formaban un grupo folclórico de la tierra. He traído una buena selección de vinos para que los prueben nuestros invitados. Jane comprendió lo que quería decir. y todo el mundo rió a placer. Marc ya había tomado una decisión respecto a la compra de la finca. Mirando alrededor. —¿De verdad piensas comprar la finca y quedarte aquí? Corregido por SCC 41 . Las palabras reverberaban en la cabeza de Jane. y pronto se vieron sirviendo sin parar copas de Tasmanian Chardonnay. Tres mesas alargadas habían sido colocadas en U sobre caballetes. —Bueno.

Por fin. el aire de la noche era muy fresco. no es realmente necesario que te quedes aquí. Marc le llenó la copa y se la dio. Marc —dijo con dulzura—. —Soy economista. Pronto regresaré a Francia y hay un par de detalles financieros que me gustaría discutir con ella. Simone aparentemente se dedicó a poner en orden sus pensamientos antes de responder. pero a ellas les rodeaba el cielo estrellado y oscuro. Aunque había hecho un buen día. —Te he oído sin poderlo evitar. el dulce aroma de los narcisos tempranos. Podrías contratar a alguien que se ocupe de todo en tu lugar. pero creo que puedo convencer a Marc de que renuncie a la adquisición del viñedo. aunque ésta obviamente se esforzaba en aparentar calma. Jane percibió que la irritación seguía trasluciéndose en las facciones de Simone. Naturalmente. —Quiero hacerte un favor —anunció por fin en tono persuasivo. Tu tiempo es demasiado valioso como para que lo pierdas en este lugar alejado de la mano de Dios. Creo que me gustaría vivir aquí seis meses al año. Pero los ojos oscuros y encendidos de Simone. Podían oír el tumulto de la fiesta en la distancia. Jane sintió renovados ánimos ante la inminente partida de Simone. Marc confía en mis consejos financieros. Me atrae Tasmania. En ese momento. y me ha contado la forma en que cediste el control de tu capital a tu padre y ocupaste una propiedad que ya no te pertenece. cuando siguió a la otra mujer al jardín. —¿Qué clase de favor? —preguntó Jane con recelo. por supuesto. Simone hizo un ademán hacia una mesa con bancos de madera.Un intruso en mi vida —¿Por qué no? —replicó Marc—. pero… Corregido por SCC 42 . y de común acuerdo se dirigieron hacia el fuego donde habían asado el buey. Es una locura. pero su júbilo se quebró muy pronto. Simone dijo algo intraducible en francés y. —No sé. —¿No sería mejor mañana? —replicó Marc. Simone. Tiene muchas posibilidades. Simone —dijo con aire pensativo—. con su copa vacía de oporto en la mano y una sonrisa en la cara que no llegaba a sus ojos.Angela Devine . —Ahora —insistió Simone. una vez más. —Me pregunto si me podrías prestar a Jane un momento —dijo en inglés a Marc—. Jane observó que había alguien esperando al otro lado de la barra. necesitarías un buen abogado para recuperar el control de tu dinero. Pero. A la luz de las llamas anaranjadas. aunque compres la finca. —¿De qué quieres hablarme? —le preguntó con curiosidad. sus sonrisas forzadas y breves y el aliento entrecortado. con evidente esfuerzo. la conversación adquirió un ritmo que Jane no pudo seguir. indicaban que estaba enfadándose. la francesa respiró profundamente y dejó sobre la barra la copa sin tocar. dispuesta bajo un árbol.

Angela Devine . —¡Espera! Supongo que es cierto que tengo intereses personales en este tema. No me sorprendería. Sólo podía imaginar a Simone con lágrimas en los ojos ante una pérdida de un millón de francos en una operación financiera. Muy bien. —Supuse que te agradaría la idea —protestó—. Sentía náuseas. ¿él me persigue a mí? —observó Simone con malicia—.Un intruso en mi vida Jane no estaba escuchando. habría dado saltos de alegría ante la perspectiva de perder de vista a Marc para siempre. Jane. pero Simone la asió por el brazo. Ahora no estaba tan segura… —Tal vez —respondió. Ahora se sentía traicionada al saber que había comentado sus asuntos privados con una extraña. Marc me habló con gran elocuencia sobre lo mucho que amas esta tierra y lo que has trabajado en ella. —¿Y tú que ganas si Marc no compra la finca? —le preguntó. A pesar de su antipatía inicial hacia Marc. ¿que pintaba Simone en este negocio? —¿Por qué no quieres que compre la finca? —preguntó. como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. poniéndose en pie—. encorajinada. interrumpiendo a Simone. ¿Era lo que quería? Tres semanas antes. aprecio tu generosidad —replicó Jane con cierto deje sarcástico. —Nada —replicó Simone. No quería hablar de mis asuntos privados. Aunque Simone fuera una amiga íntima dedicada a las finanzas. Es lo que quieres. —Vaya. Tan sólo deseo hacerte un favor e impedir que Marc asuma un riesgo financiero considerable. de nadie más. pero no me dejas otra opción. abriendo desmesuradamente los ojos—. seré perfectamente sincera contigo. Pero no considero necesario que utilices tus influencias. pensó Jane. Corregido por SCC 43 . pensativa. Marc y yo tenemos intención de casarnos. ¿no? Jane guardó silencio. Casi se me saltaron las lágrimas al escucharle. «Seguro». y no me gusta que le persigas. él… Jane enmudeció. —¡Yo no le persigo! Más bien lo contrario. Para mí sería un gran placer ayudaros a ambos. en cualquier caso. O quizás si se le rompiera el tacón de uno de sus zapatos de cocodrilo. Aquel beso era sólo una cuestión entre ella y Marc. había comenzado a confiar en él. —No pareces muy contenta —se quejó Simone—. poco dispuesta a revelar su propio secreto. Pensé que te encantaría la idea. La francesa se sorprendió ante la brusquedad de la pregunta. ¿acaso bastaba este hecho para humillar a Jane revelando lo ingenua y estúpida que había sido? Y. Se volvió hacia el granero. Preferiría arreglar el asunto con Marc directamente. —Más bien lo contrario.

y puso mala cara. dejando escapar una bocanada de humo—. posición y buen gusto? La apariencia de riqueza deslumbra a los ignorantes. —¿De verdad? —preguntó Jane con aire escéptico—. —No. si pretendes casarte con él. —Eres una chica muy dulce y soñadora —afirmó—. ¡Aquella mujer debía cortarse las uñas de los pies con tijeras de oro! —De acuerdo —dijo Simone. —¿Y qué te hace pensar que me liaré con Marc? —Sobre todo. me importa un bledo si ocurre. Lástima que sólo sea un juego para él. Y. como descubrirás algún día. como la rotura del cristal. esa expresión de devoción perruna con que lo miras — respondió Simone con ironía—. —¡Amor! En la vida hay muchas cosas aparte del amor. y luego siempre vuelve a mis brazos. sinceramente. evidentemente te tomas la vida muy en serio. Existen otras Corregido por SCC 44 . Oh. Marc es un hombre. Y. con incrustaciones de ópalo. Jane observó el encendedor de Simone. Montones de jovencitas de ojos ensoñadores se han vuelto locas por Marc en el pasado. como si hubieran llegado a una nueva etapa de sus negociaciones. ¿Un cigarrillo? —No fumo. —¡No te creo! Estoy convencida de que Marc no es así. Entonces hizo un ademán hacia la mesa. Te quedas en vela por la noche. ¿no esperas que no se dedique a perseguir a otras mujeres? Simone lanzó una carcajada. no te culpo. —Sentémonos otra vez a discutir el asunto con calma. Es un hombre muy atractivo. Lo que me preocupa de verdad es que Marc esté perdiendo tiempo y dinero en el fin del mundo. Seamos francas. «¿cómo puedo salvar a la pobrecita Jane del malvado Marc Le Rossignol?» ¡Es un verdadero detalle por tu parte! —No eres tan ingenua como pareces. Simone dio un respingo. Simone asintió pensativamente. —¡Pues yo no lo haría! —gritó Jane acaloradamente. saldrás malparada. y a él le agrada la admiración que despierta. un ruido agudo. Entonces. ¿Por qué tenían que proclamar todas las posesiones de Simone su riqueza. Si tienes un lío con Marc. cuando debería estar en Europa conmigo. Cualquier mujer sensata cierra los ojos ante esas aventurillas. querida. como si acabara de demostrar su teoría. al fin y al cabo.Un intruso en mi vida —¿No? —preguntó Jane horrorizada—.Angela Devine . Mi relación con Marc no es estrictamente amorosa. sin lugar a dudas. Disfruta de tres semanas de loca pasión. Simone encogió los hombros. ¿verdad? —Tú verás. tú no puedes amarlo cuando hablas de él con esa lengua viperina. en cualquier caso. pensando. y ésta es la razón por la que no deseo que sufras por culpa de Marc.

Al menos era un hombre abierto. Tal vez debiera invitar a Brett a cenar algún día. ¿O sería cruel animarle cuando sus propios sentimientos eran un caos? —Brett… Corregido por SCC 45 . Marc jamás consideraría la posibilidad de mantener contigo algo más que un romance fugaz. Por un momento. cuando alguien la asió por un brazo. se casaría con él en lugar de anhelar a un despiadado rompe—corazones como Marc. Jane se sentía como si se hubiera clavado una espina venenosa cuando regresó al granero. —¡Oh. Estaba en una esquina de la barra. Se abrió paso entre las mesas para acercarse a Marc y la chica. Por fin lo localizó y entonces sintió un molesto hormigueo.Angela Devine . si me disculpas. A pesar de sus palabras desafiantes. Marc tenía un brazo sobre los hombros de la chica. el matrimonio funcionaría. Simone la miró sorprendida. buscando a Marc entre la multitud.Un intruso en mi vida cosas que nos unen. poniéndose en pie una vez más—. nos comprendemos. Además. sonriente y bronceada por el sol. Marc no es ningún trofeo por el que debamos pelear. La escena sugería intimidad y llenó de aprensión a Jane. charlando con una atractiva pelirroja de unos veinte años. Simone. Se volvió bruscamente. ¿Eran imaginaciones suyas. o preguntarle si le gustaría acompañarla al cine. no creo ninguna de las atrocidades que cuentas sobre él. procedemos del mismo ambiente. y sus caras se veían muy juntas. No haré ningún trato contigo. y opino que tienes mucha cara. —No —afirmó Jane rotundamente. Miró a uno y otro lado. Serías más sensata si preservaras tu amor propio y renunciaras a él. Te prometo que lo convenceré de que renuncie a comprar tu finca si lo haces. honesto y sencillo. ¿y cómo sabes que tiene intención de casarse contigo? Sólo sé lo que tú dices. sobresaltándola. Ahora. —Hazlo si quieres. y sólo conseguirás hacer el ridículo si le atosigas a preguntas. o sus comentarios tenían la única intención de que viera motivos de reproche donde sólo había una conversación perfectamente inocente? No lo sabía. ¿Habría sido sincera Simone al advertirle que sufriría. Brett! Me has dado un buen susto. pero luego encogió los hombros con indiferencia. sin ningún futuro. No es hombre al que le agraden las mujeres posesivas. y las dudas la atormentaban. Por otra parte. Hablamos la misma lengua. interfiriendo en mi vida privada. —Bien. o Marc dedicaba a la chica miradas seductoras cuando llevó dos copas de vino para ambos? Estaba intentando acercarse más. Si nos casáramos. Es un hombre maduro que puede elegir su propio camino en los negocios o en el amor sin nuestra ayuda. Si tuviera dos dedos de frente. por favor. Aunque probablemente lo negará. Resultó un alivio ver la cara de Brett. debo atender a los invitados. Puedo preguntarle si es verdad o no.

pensó amargamente. Jane hizo todo lo que pudo para participar de la diversión. Brett extendió una de sus manazas rojas y sacó entre la multitud a una morena alta y de senos exuberantes.Angela Devine . Es enfermera. ésta es mi vieja amiga Jane. Resultó un alivio vagar por la casa a sus anchas. sola con sus emociones turbulentas. permaneciendo junto a Marc con la mirada alerta. —Te he buscado por todas partes. anduvo de grupo en grupo. Quiero presentarte a Karen. ¿Sería capaz de disimular sus verdaderos sentimientos? ¿O Marc la miraría un segundo y adivinaría sus inquietudes? Tal y como fueron las cosas. mientras cumplía con su papel de anfitriona. se preocupó de que no faltaran bebidas para nadie. Viéndolos juntos. ¡Qué estúpida soy! Estoy enamorada…» Cuando despertó a la mañana siguiente. no era difícil adivinar que un romance prometedor estaba naciendo entre ellos. Marc y Simone ya iban camino del aeropuerto. y no hubo besos ni escenas de alta carga emocional. e improvisó camas para tres o cuatro crios que habían acompañado a sus padres y ahora estaban muertos de sueño. y sentía en el pecho un extraño dolor. —¡Sí! ¡Me muero de ganas! Corregido por SCC 46 . luego sonrió de oreja a oreja mirando a las dos mujeres. Sin embargo. Encantada de conocerte. Simone se quedó levantada hasta altas horas. no podía dejar de pensar en lo que sucedería cuando regresara Marc. Karen. Cuando Marc regresó. La chica tenía una sonrisa muy agradable y.Un intruso en mi vida No pudo decir más. «Sé lo que es malo para mí». —Hola. como un fiero perro guardián. Me dijo que quizás viniera a Tassie y le dejé mi dirección. Aunque debía volar al día siguiente. Durante el resto de la fiesta. La conocí cuando fui a Surfers Paradise de vacaciones. pero no podía evitar una sensación de melancolía. Jane se sintió desolada. ¡Nunca imaginé que pudiera venir. así que puede encontrar empleo en cualquier parte. —¿Preparada para comenzar a elaborar el vino? —le había preguntado en el momento que cruzó la puerta. por la expresión cariñosa con la que miraba a Brett. Karen. asegurándose de charlar con todo el mundo. Saltó al son de los banjos y las flautas de latón. Cuando estrechó la mano a Karen. Trepábamos a los árboles y jugábamos juntos de pequeños. cayó en la cuenta de lo que le sucedía. Jane sintió una ridícula compasión de sí misma. pero le ha gustado tanto el lugar que está considerando la posibilidad de buscar trabajo y quedarse. hace pocas semanas. Parecía que su único y fiel admirador por fin la abandonaba. Jane se alegraba por ambos. la prueba no resultó tan penosa como había temido. su mirada no cesaba de dirigirse hacia Marc. No hubo espacio para nada más que interminables horas de trabajo en el lagar. Jane —dijo alegremente—. se concentró en el trabajo. pero aquí está! Va a pasar unos días en mi casa. Cuando partió el último invitado. «Estoy enamorada de él. Aun así.

Bueno. luego los vinos tintos fermentaron «en su pellejo» mientras las uvas blancas se metieron en la prensa antes de la fermentación. durmieron y soñaron pensando sólo en el vino. y espero que hagas lo mismo. comieron. Para celebrar el fin de la primera etapa de su empresa. todo el vino estaba guardado en toneles y listo para madurar. ¿Qué te parece si dejamos a Charlie Kendall al cuidado de la bodega y visitamos los viñedos de Tasmania? Corregido por SCC 47 . Por fin.Angela Devine . —Creo que nos merecemos unas vacaciones —dijo Marc—. Marc invitó a cenar a Jane en un restaurante de los alrededores. Marc no bromeaba. y brindaron con una botella del mejor champán francés. ¿Serás capaz de soportar el ritmo? —¡Compruébalo! —lo desafió Jane. Durante las cuatro semanas siguientes ambos respiraron. ácido ascórbico y ácido tartárico. y no disfrutaron de un minuto de respiro.Un intruso en mi vida —Soy duro conmigo mismo cuando se trata de trabajar. tras un mes de trabajo incesante. Debían añadir dióxido de sulfuro. Primero habían de pisar la uva. digamos unas vacaciones de trabajo.

Si te preocupa guardar el debido recato. tienes algo. —Pues a veces yo te veo soñando despierto y no me molesta. De pronto Marc bajó las pestañas y. cuando alzó la vista de nuevo. —Te has metido dentro de mi piel por culpa de tantas cosas —prosiguió en un susurro—. nunca friegas después de usar la cocina. encerrados en un coche y durmiendo en moteles. obligados a una intimidad de alto voltaje incluso peor de la que ya habían experimentado. pones una música pop atroz a altas horas. Jane comenzó a hervir de cólera. Te dejas las toallas mojadas en el suelo del baño. la cual se inclinó hacia delante.Un intruso en mi vida CAPITULO 5 LOS ojos de Jane se dilataron debido a la sorpresa. Corregido por SCC 48 . adoptando un aire pensativo—. burlona y perezosa. ¡Sin efectos nocivos! «Habla por ti. —Sin duda nos llevaría varios días —repitió Marc. sólo consciente de que él estaba mirándola con una avidez primitiva y desnuda. Marc Le Rossignol. su expresión había cambiado. respirando a un ritmo irregular. Marc bebió un sorbo de champán con aire reflexivo. ¡Yo jamás me he sentido tan atormentada como en estas siete semanas!» Ignoró la vocecilla interior que le decía que tampoco se había sentido tan feliz en la vida… —¡Deja de burlarte de mí! No es tan sencillo viajar en compañía de otras personas. A Jane le dio un brinco el corazón cuando vio los ojos felinos que la admiraban bajo la tenue luz de la lámpara. la ansiedad palpitaba en cada poro de su cuerpo. naturalmente podríamos dormir en habitaciones separadas. «¡Me desea! ¡Me desea tan malamente como yo le deseo a él!» Y no cabía duda de que Jane le deseaba.Angela Devine . ¿Por qué no me habré dado cuenta? ¿Tal vez porque estamos a finales del siglo veinte? ¿O porque somos dos personas adultas que hemos compartido una casa durante siete semanas sin sufrir efectos nocivos para la salud? Jane se sonrojó hasta las raíces del cabello ante su tono burlón. mientras poco a poco asimilaba las implicaciones de la sugerencia de Marc. el aire que les envolvía parecía arder y crepitar. Puedes llegar a no querer ver a tu acompañante ni en pintura. y en sus ojos castaños brilló la malicia cuando deslizó la mirada lentamente sobre el generoso escote de su mejor vestido de fiesta. sobre todo si no las conoces bien. Marc parecía disfrutar con su incomodidad. Pero tienes algo… Sí. —Pero… nos llevaría varios días —protestó. ¿Querría decir…? ¿Sería posible que él…? El cuerpo de Marc ejercía una insistente atracción sobre Jane. Lucía la sonrisa habitual. los labios entornados. Estar juntos día y noche. incendiado por sus intensos anhelos. Creo que podría soportar tu compañía alrededor de una semana mientras visitamos los lagares.

Un intruso en mi vida —¡Mejor será que dejes de hablar de mi recato! —exclamó indignada—. Jane contuvo el aliento. —¿Te… te marchas? —tartamudeó—. —¿Y por qué no vas solo? —disparó a quemarropa. pero no porque vaya a morirme de vergüenza si me ves el tobillo. Después de todo. Y tu forma de poner la mesa. Sin duda. —Simone y yo nos quedamos hablando un buen rato la noche anterior a su marcha —dijo—. Sus ojos verdes se ensombrecieron cuando sacó el champán de la cubeta de hielo y se sirvió una segunda copa. ¡No! Debía mantenerse firme y permanecer fuera de su alcance.Angela Devine . Le prometí que regresaría para resolver los problemas tan pronto como acabara de elaborar el vino. insistiré en utilizar habitaciones separadas si nos vamos. te diré que tú también tienes unas cuantas costumbres bastante insoportables! Como la manía de ordenar el estudio de manera que nunca pueda encontrar nada. reflexionando antes de responder. Marc también se sirvió otra copa de champán y tomó un sorbo. ¡Me pone enferma! Demasiado tarde advirtió Jane la leve sonrisa burlona de Marc. Me convenció de que fuera a Francia para ocuparme de ciertos asuntos financieros urgentes. pensaría que soy una heroína virgen sacada de un melodrama puritano. la simetría impecable. resultaría más prudente no emprender ese viaje. ¡Y ya que hablamos de toallas mojadas. bajando la mirada para disimular su desolación. ¿Por qué sería el condenado atractivo hasta la locura? ¡Con esas líneas alargadas que surgían en sus mejillas cuando sonreía. ¿verdad? ¡Echas el cebo y esperas que pique! Marc le dedicó un guiño malicioso a modo de réplica. con la incertidumbre respecto al futuro del viñedo. aunque no podía dejar de sentir una mezcla de ilusión y aprensión ante la perspectiva de explorar la isla con él. Suponía que me enseñarías la isla. todo en perfecto orden. ¿Por qué tan pronto? Falta más de un mes para que caduque tu opción de compra. ¡Había mordido el anzuelo! —¡Eres un canalla! Lo haces aposta. y los labios torcidos y burlones. —Oh —murmuró Jane. No necesitaba exponerse a los riesgos que aquel viaje implicaría inevitablemente. Corregido por SCC 49 . A Jane le dio la sensación de que habían abierto una trampa de repente bajo sus pies. ¡Y debes saber que eso dista mucho de ser verdad! Naturalmente. —Qué poco hospitalaria. Cualquiera que te oyera. pronto me marcharé de aquí y tal vez no nos veremos con demasiada frecuencia. era prácticamente irresistible! Comenzaba a temer que el único modo de conservar la sensatez sería poner una enorme distancia entre ellos. Marc arqueó las cejas. Ya tenía la vida bastante complicada.

Entonces. Trabaja dieciocho horas diarias sin protestar. Además. detalle que no sorprendió a Jane. Por supuesto. Ciertamente. Marc —susurró con dulzura. —Nunca me fío de ti cuando te pones en plan cariñoso —se lamentó—. sólo tenía intención de divertirse unos días antes de regresar a Francia junto a la mujer que realmente deseaba como esposa. y opina que se merece unas breves vacaciones. Creo que es una isla fascinante. ¿qué me dices del viaje? Jane se bebió de un trago el champán que quedaba en la copa. lo hacía con brillantez. ¿Se creería el hombre que se había caído ayer de la higuera? Obviamente. y a Jane le producía una increíble frustración este hecho. demostraba el poder que ejercía sobre él. ¿no vienes conmigo. Este conocimiento facilitó la decisión a Jane. Todo lo que hacía Marc Le Rossignol. Entonces lanzó a Marc una mirada prolongada. sabiendo que iba a partir en cuestión de días. no existía ningún motivo por el que debiera privarse de unas buenas vacaciones. —Eres muy amable.Un intruso en mi vida ¡Así que Simone había ganado! Obviamente. Marc frunció el ceño. No era tan estúpida como para acostarse con Marc. La consternación y la desilusión eran tan grandes. que por un instante no pudo ocultarlas. se le ocurrió una idea. Jane observaba pensativamente a Marc. De súbito. ¿cuál es el objeto en visitar los lagares de Tasmania si vas a dejar el viñedo al cuidado de otra persona? ¡Hasta cabe la posibilidad de que no compres la finca! Me pareció oírte decir que te gustaba este lugar. pausada. Y su habitante más encantadora es una fierecilla rubia con unos increíbles ojos verdes y un carácter de espanto. chérie? Mientras pronunciaba estas palabras. Cinco días después. Bueno. —Y me gusta. —Tal vez. la francesa estaba decidida a apartar a Marc de la influencia de Jane. y la facilidad con la que lo había logrado. Al parecer. —Entonces. En sus labios se dibujó una peligrosa sonrisa. haciendo que la melena ondulara alrededor de los hombros. Era un excelente conductor. —¿Volverás? —preguntó a Marc de sopetón. Si verdaderamente iba a marcharse tan pronto. desafiante. Sintió una oleada embriagadora de burbujas que llevó fuego a través de sus venas. Marc enredó un dedo entre el cabello rizado de Jane. Durante el viaje alrededor de la Corregido por SCC 50 . Ella apartó la cabeza enfadada. no daba la impresión de que fuera a producirse ninguna escena dramática entre ellos. mientras éste hacía volar su coche sin esfuerzo sobre las curvas de la autopista que descendía por la costa oriental de Tasmania. ahora que ha tocado a su fin el trabajo más duro. —Que sí —respondió. llena de gente encantadora. también tiene sus cualidades. así tendría oportunidad de demostrarle que no se moría de ganas de meterse en su cama. que sólo le consideraba un colega de su gremio. era bueno en muchas cosas.Angela Devine . sin aparente esfuerzo.

así como un experto en vinos y un lingüista brillante. —Pero no hace mucho frío —replicó Marc—. y las playas de un blanco cegador. el clima es suave y soleado.Angela Devine . exteriormente. llevando a una niña que se había cortado el pie doscientos metros a lo largo de la playa de Coles Bay. a pesar de todas sus buenas intenciones. era algo más que eso. sintiendo un extraño hormigueo en el vientre. un diestro jinete y un nadador poderoso. había descubierto que era un bailarín excelente. demasiado calor. antes de asistir a una cena con baile en el Launceston Country Club. que se preocupaba por ellos de verdad. Habían hecho una ruta a caballo a través de los bosques aromáticos y soleados del valle de Huon. Bajó el cristal de la ventanilla y le asaltaron el estruendo de las enormes olas y el aroma fresco de los eucaliptos. Serías todo mío». para dejarla en los brazos de su madre. —No cuentes con que se prolongue el buen tiempo —le advirtió—. y no lo era. pensó Jane. Sería lógico pensar que habría multitud de gente. me moriré de pena». El mar era de color verde jade. Aunque fuera un cruel rompecorazones y un negociante terco como una muía. —Este lugar es asombroso —dijo—. se quejó para sus adentros. Le perturbaba saber que. «¡Para!». Me siento como si fuéramos los únicos seres humanos sobre la tierra. «Entonces no tendría que preocuparme de que otra mujer estuviera apartándote de mí. pero sin embargo el lugar está prácticamente desierto. Sería peligroso idealizarle. ¿Cómo podría soportarlo? Sin embargo. Marc dejó escapar una profunda carcajada. Jane comenzaba a sospechar que. el recuerdo más nítido que guardaba Jane en la memoria era la imagen de Marc. se sentía más atraída que nunca hacia Marc. bajo la superficie. mientras contemplaban el amanecer sobre el puerto de Hobart. Cientos de playas de arena fina y apenas una persona a la vista. Corregido por SCC 51 . Cinco días seguidos es casi un récord. se dijo Jane. desayunado en el giratorio restaurante del casino de Wrest Point. Aunque la temperatura del agua es demasiado baja para nadar. «Ojalá lo fuéramos». «Le echaré en falta cuando se vaya. hizo que Jane se preguntara si no le habría juzgado equivocadamente. La expresión adorable de la llorosa niña. Hacía calor en el coche. Cualquiera que la oyera pensaría que era un santo.Un intruso en mi vida isla. Sin embargo. capaz de protegerles y ofrecerles ternura cuando las circunstancias lo exigían. Marc la miró de reojo y sonrió. —Pronto llegará el invierno —observó Jane. y disfrutado de una tarde memorable catando vinos en el viñedo de Pipers Brook con un grupo de turistas japoneses. Dejó de mirar a Marc deliberadamente y volvió la cabeza hacia la ventanilla. no dio el menor indicio de sus emociones. agarrándose al cuello de Marc. Un hombre al que le gustaban los niños.

Marc frunció el ceño ante su reacción carente de entusiasmo. —¿Qué pasa? ¿No te gusta? —preguntó Marc. las camas de bronce. Pero.Un intruso en mi vida —Vaya. sólo le faltaba un lugar cálido y acogedor. Tenía un jardín donde el jazmín fragante colgaba sobre una valla blanca de madera. ¡A Marc sin duda le encantaría! Era el típico nidito de amor donde podía aumentar con facilidad el calor del ambiente y seducirla antes de marcharse para siempre. preocupada. Las palabras aguijonearon a Jane con su veneno. —¿Dónde dormiremos esta noche? —He alquilado una casa. las cosas han cambiado. ¿te parece bien? —Supongo que sí —musitó Jane. la cesta de bombones artesanales en la cocina y la colección de música de Gershwin. —Obviamente era un hombre que se adelantó a su tiempo —observó Marc— . debía quitarse de encima las preocupaciones. De hecho. —Yo también lo espero. los edredones estampados. Por desgracia. pero no dijo nada. pero me apetecía algo más hogareño. e intentó cultivar viñas. Por fortuna. Jane comprobó que se trataba de la clase de ambiente que temía. se casaría con Simone Cabanou. la barandilla de la veranda era de hierro labrado. Cuando llegaron a la casita. —Creo que primero nos alojaremos en Orford —prosiguió Marc—. A pesar de todo. ubicada en las afueras de Oarford. no con Jane West. Espero que nosotros unidos podamos triunfar donde él falló. por qué no. ¿No me contaste que un italiano intentó plantar allí un viñedo hace casi cien años? —Así es. a los australianos no les interesaba el vino en aquella época. Haciendo un esfuerzo. del matrimonio. Diego Bernacchi se estableció en la isla a principios de siglo. La clase de expresión que habría utilizado Marc si estuvieran contemplando la posibilidad de un futuro compartido o. En el interior. viendo su expresión recelosa mientras recorría la casa de habitación en habitación. Aunque ahora sólo quedan ruinas. Pero Jane sólo veía una trampa de aroma atrayente que le ponía la carne de gallina. Sé que los hoteles grandes son divertidos. para Jane la casa constituía un lugar lleno de peligros. Luego podemos regresar en coche a Triabunna y tomar el ferry de la isla. creaban un ambiente perfecto para el encuentro de dos amantes. le dio una breve respuesta. «Nosotros unidos». al menos no corría el riesgo de perder la cabeza y confesarle sus verdaderos sentimientos. el jarrón de flores sobre la mesa del comedor. tal vez hubiera elegido el lugar con ese propósito. rodeados de gente. Corregido por SCC 52 . esperemos que aguante hasta que hayamos visto la Isla de María. de casarse con alguien. Tal y como estaban las cosas. con fuego en la chimenea y sofás mullidos. Por desgracia. En los hoteles grandes.Angela Devine .

Pero. Según hablaba. olía a aire salado. Marc pestañeó. pues en realidad sus gustos iban más bien encaminados hacia las fundas de almohada bordadas de encaje blanco. con sus hileras de celdas y los edificios accesorios vacíos. —Vaya.Angela Devine . prefiero las camas de agua. desde un alto. Nada de carreteras. si lo hay. Personalmente. Será por el hueco generacional. ¿verdad? —Sólo el guarda forestal y su familia —replicó Jane. el timbre de su voz se hizo más grave y profundo. La belleza de la isla soñolienta y serena les fascinó a los dos. Jane sintió una emoción agridulce. dentro de quinientos años. Ni el arte moderno. también hay formas de cerrarlo. aunque también se veían recordatorios del pasado más tenebroso. Si fueran amantes. acarició a Jane la mejilla. —¡El hueco generacional! ¡Si sólo te llevo siete años! Y. Ella sintió un escalofrío y cerró los ojos. por cierto. ¿Por qué no? Jane mentía. ¿eh? —afirmó Jane dulcemente—. las cenas íntimas a la luz de las velas. —¿En serio prefieres esa clase de rollos? —preguntó. Las gaviotas planeaban en el cielo. —Perderemos el barco —le recordó. En una ocasión. se agarraría a su cintura. Me gustaría pensar que. nuestra bodega seguirá en funcionamiento. pero entonces recordó su resolución de mantener las distancias entre ellos. Un silencio profundo cayó sobre ellos cuando llegaron a la orilla. como la que tiene mi familia en Francia. Poco después se hallaron rodeados de agua. para los dos viticultores. nada de tiendas. —Espero que al nuestro le vaya mejor —afirmó Marc. su mirada más turbia y sensual. mientras la estela del ferry se desvanecía a sus espaldas. el rock y las esculturas modernas. vislumbraron una granja abandonada que la vegetación engullía poco a poco. perplejo. lo mejor de todo fueron las huellas del viñedo de Diego Bernacchi. apoyaría la cabeza en su hombro y le aseguraría con fervor que Corregido por SCC 53 . —Yo no comprendo el heavy metal —gruñó Marc—. Extendiendo la mano. —Es como retroceder en el tiempo —se maravilló Marc. contemplando los densos helechos que llegaban hasta las orillas del mar—. mirando alrededor—. —En serio. Ni siquiera hay una población residente.Un intruso en mi vida —Está bien —replicó con indiferencia—. Las ruinas de la vieja prisión de Darlington ofrecían un aspecto misterioso y desierto. y los tangos. no lo comprendes.

Y luego entraría dentro. muy satisfecho. que se acababa de acercar para llevarse los platos vacíos. Marc la miró con sonrisa triunfal. Marc adoptó una expresión sombría. Marc se inclinó hacia delante y habló en un susurro ronco. Una vez en tierra. se quedó perpleja al oírle. Las olas eran grises como el acero. cenaremos en el restaurante que hay en el promontorio. Marc encendió la chimenea y corrió las cortinas. se metieron en el coche para volver a la casa de campo y agradecieron el calor reinante en el interior. rígida. Jane estalló en carcajadas sin poderlo evitar. Acababan de tomar los entremeses de salmón ahumado. —Yo no soy perfecto. —¿Está seguro. y casi se atragantó cuando un Marc de aspecto miserable intentó explicarse. desnudarte sin prisas junto al fuego y besar cada poro de tu cuerpo hasta que ardas de deseo. pecando de imprudente. Marc la miró con irritación fingida. no tendría los pensamientos que tengo ahora mismo. con lo que cada oleada provocaba un tremendo impacto. Y fregarás los platos. pero supongo que podemos anular la orden. —Estoy pensando que me gustaría llevarte a la casa de campo. anhelando con todo su corazón hallarse entre sus brazos. Una hora después. muy dentro Corregido por SCC 54 . La leña comenzó a crepitar y lenguas naranjas de fuego se elevaron por el cañón de la chimenea. La camarera. si llueve. verdad? —No lo dudes. huevos con bacon. y tenían el viento de cara. «Don Perfecto». para que sientas lo mismo que yo. Pero. con sus penachos blancos de espuma. y estaban asomados a las ventanas del restaurante. el tiempo tampoco es tan malo —observó Jane. —¿Te gusta que haga el ridículo. Es un cambio digno de agradecer. se mantuvo a un metro de Marc. ni mucho menos —gruñó—. La temperatura estaba descendiendo apreciablemente durante el viaje de regreso a Triabunna. —¿Cuáles? —preguntó Jane.Angela Devine . zumo de naranja y café sólo —le informó. Todavía estaba riéndose cuando la camarera asombrada optó por retirarse. —¿Qué te parece? ¿Nos quedamos aquí esta noche y preparamos algo de cenar? —Oh. —De acuerdo. alarmada por la sugerencia de Marc. tan bajo que sólo ella podía oírle. señor? —preguntó a Marc—. —Tomaré yogur de frutas. cuando retumbó un trueno en la distancia. te lo advierto. Tal y como eran las cosas. Luego se volvió hacia Jane con expresión interrogante.Un intruso en mi vida confiaba en el futuro. Si fuera perfecto. cereales. mañana harás tú el desayuno. Ya había encargado los beef tournedos con guarnición de verdura para usted.

tan cerca del suyo. Era la clase de gesto confortante que se le hacía más alarmante que tranquilizador. La lluvia seguía cayendo con insistencia cuando llegaron a la casa de campo. Jane hincó el diente a la jugosa carne. La fragancia de la tierra mojada y las flores flotaba en el aire. palpitando en las profundidades de su interior. tenía atascado un brazo en la manga del abrigo y lanzó un grito de sorpresa. Es lo que deseo. hasta que gimieras. Jane apenas había tenido tiempo de vislumbrar el aparador de caoba y el espejo de marco dorado que había colgado sobre aquél. percibía intensamente el calor. Luego él abrió la puerta y le cedió el paso. Jane encendió la luz del vestíbulo y Marc la siguió. —No lo es. En la inesperada oscuridad. No te burles de mí de esa manera. agarrándote a mi cuerpo. Entablaron una conversación sobre la gastronomía australiana. Cuando salieron del restaurante. Las palabras de Marc habían despertado una emoción nueva para ella. una grave equivocación por su parte. cuando la luz vaciló un instante para luego extinguirse por completo. A Jane se le atragantó una bocanada de aire en la garganta. —No estoy burlándome. bajando la mirada. pero te traiciona tu propio cuerpo. acariciándola.Un intruso en mi vida de ti. Y finalmente se estremecería todo tu cuerpo y gritarías mi nombre. que ahora tenía la sensación de que todo su cuerpo vibraba al compás de una electricidad hormigueante de puro deseo. las variedades de uvas. Miénteme si quieres. a la vez estaba inclinándose hacia él con los labios entornados y los senos echados hacia delante. —¡Marc. Jane se imaginó que Marc quizá volviera a las andadas. Por fortuna. las mejillas sonrojadas. mientras Marc insertaba la llave en la cerradura. —¿Lo ves? —murmuró—. en ese instante apareció la camarera con los tournedos de Marc y el solomillo a la pimienta de Jane. y sus películas favoritas. Jane esperaba en la veranda. Y es lo que tú deseas también. y lo sabes. no! —suplicó con voz ronca—. Aprovechó esta pausa para apagar el fuego de pasión que había sentido. No lo es. hablo en serio. el tamaño y la virilidad del cuerpo de Marc. Marc posó una mano sobre sus hombros para tranquilizarla. esperando con actitud paciente a que se quitara el abrigo empapado. Aunque le urgía a dejar de pronunciar aquellas palabras fascinantes y prohibidas. Ella se puso nerviosa y contuvo el aliento. Jane se sentía confiada y relajada.Angela Devine . Su temor resultó infundado. Jane. Llena de consternación. Un calor secreto y oscuro estaba desperezándose. Mientras él procedía a probar el vino de borgoña que había elegido para acompañar la comida. se puso rígida y luego se encogió en el asiento. Corregido por SCC 55 . Sus ojos se dilataron. Marc tomó una de sus manos. Su corazón comenzó a palpitar a un ritmo sofocante. encogida y tiritando. Cuando se retiró la camarera. y yo sabría que eras verdaderamente mía. Pero lo era.

Repararé la avería enseguida. Viejas pesadillas de brujas. Jane procuró concentrar la atención en otras cosas.Un intruso en mi vida —No te preocupes —dijo él en tono reposado—. como el repiqueteo de la lluvia sobre el tejado metálico. Jane sintió el endurecimiento y dilatación de los músculos de Marc cuando éste se movió para investigar. —Oh —murmuró Jane. Marc se apartó de Jane para buscar las velas y las cerillas. Yo iré a ver si puedo arreglar la avería y luego me reuniré contigo. Marc la miró y arqueó las cejas. monstruos y enormes arañas peludas atravesaron sus pensamientos. de súbito. Perturbada por el calor de Marc. —¿Cómo has podido pensar que te había «tocado algo»? Aquí sólo estamos nosotros. Hallarse en medio de la oscuridad tenía algo de primitivo. Jane dejó escapar una risa apagada. Entonces la luz titilante y amistosa de una vela iluminó con su luz dorada la habitación y. a veces la oscuridad me produce un miedo irracional. Corregido por SCC 56 . —¿Preparada para la gran aventura? Sin esperar respuesta.Angela Devine . a menos que la tormenta haya dañado el tendido eléctrico en alguna parte. Cuando rozó algo frío y mojado que colgaba al pie de las escaleras. —Me ha tocado algo. ~—¡Si te burlas de mí. —¿Qué te pasa? —preguntó Marc. te pegaré! Sencillamente. el mundo volvió a ser un lugar seguro y acogedor. Luego oyó sus carcajadas. se libró por fin de las garras de su abrigo y luego avanzó palpando el aire hacia el perchero de bronce para colgar la prenda empapada. algo que despertaba deseos de pegarse a Marc para protegerse de ocultos horrores que acechaban a su alrededor. sobre todo cuando me pilla de improviso. Unos segundos más tarde sintió el roce del abrigo de cachemir de Marc cuando éste hizo otro tanto. —No te preocupes. Yo te protegeré —le prometió Marc en un tono ligerísimamente burlón—. ¡Cómo no iba Marc a saber una cosa así! Sintiéndose como el famoso contorsionista Houdini. —Es la toalla mojada que dejaste colgada en la barandilla —le explicó Marc. Cuando llegaron a la cocina sin haber sido mordidos. devorados ni convertidos en criaturas reptantes por mágicas manos. Marc tomó su mano izquierda y juntos atravesaron el vestíbulo. los lamentos del viento o la suavidad de la moqueta. algo irritado. Probablemente se habrá quemado un fusible. con cara de asombro. en el tercer cajón. ¿Por qué no vas al salón? El fuego debe dar algo de luz todavía. lanzó un grito de espanto. chérie. —¿Cómo verás? —Hay velas y cerillas en el armario que hay junto a la nevera.

con todos sus sentidos despiertos a las sensaciones. Marc. —Me temo que no. vigorosa y dolorosamente viva. Marc se levantó y se acercó al equipo musical. Consciente de que era una estúpida. Marc estaba sentado tan cerca que podía percibir el aroma almizcleño de su loción de afeitar. casi se había dejado llevar por un agradable sopor con cualidades de ensueño. El calor del fuego bañaba su piel. Saboreó con parsimonia el oporto. pensó Jane con un sentimiento agridulce de pesar. dejó caer la cabeza por un momento. antes de apartar la copa de oporto de sus dedos en un gesto deliberadamente perezoso. El fuego teñía de luz rojiza la estancia. los músculos de sus muslos endureciéndose cuando se movía. aspirando su fragancia. por favor. «Te amo. Jamás se había sentido tan viva. —Mueve las piernas —ordenó afablemente. Las voces de los cantantes flotaban en la habitación. Las notas melancólicas acariciaron el aire y Jane se hundió en el sofá. Jane abrió los ojos bruscamente. y la luz anaranjada resplandecía a través de sus párpados cerrados. El ambiente era tan acogedor que casi le entraron ganas de echarse a dormir. Jane salió de la cocina y se encaminó hacia el salón. con una copa de vino y tal vez una música suave y romántica de fondo. el sonido profundo y tranquilo de su respiración. recogió las piernas sobre el sofá y se quedó contemplando el fuego.Angela Devine . «Ojalá pudiera ser siempre así». Cuando Marc apareció unos minutos después. Marc echó dos troncos al fuego y luego sirvió la bebida. de manera que rozó un hombro a Marc. sí. Observando su mirada hambrienta de deseo. Jane supo sin lugar a dudas cuáles eran sus intenciones cuando se inclinó hacia ella. y luego se acomodó junto a ella. pensó en silencio. y sentarse juntos por la noche frente al fuego. Quitándose los zapatos.Un intruso en mi vida Tomando una vela. y deslizó alrededor de sus hombros un brazo. mas sin poderlo evitar. Nunca podré olvidar este momento». situado en la parte trasera de la casa. poniendo uno de sus conciertos preferidos. ¿Te apetece tomar una copa de oporto antes de acostarnos? —Hum. entremezclándose gloriosamente los timbres masculino y femenino. éste llevó la cara sobre su pelo. deseando que aquel instante pudiera ser eterno. De inmediato. Debe haber un corte en el tendido eléctrico. «Te amo». También sería maravilloso estar casada con Marc. Como si hubiera leído sus pensamientos. —¿Arreglaste la avería? Marc sacudió la cabeza. y que estaba mirándola con una expresión que provocó las palpitaciones desbocadas de su corazón. y ella dejó escapar un suspiro de alivio cuando se sentó en el sofá. Vio que Marc había dejado las copas sobre la mesa. cerró los ojos y sintió una punzada de ansiedad. Corregido por SCC 57 .

—Sí. Y voy a hacerte mía. Con un diestro y ágil movimiento. eres una especie de locura que se apodera de mí y no me suelta. apartando la cara para no recibir el beso en los labios. apremiante—. No lo es… Yo… De súbito. mujer! Jane abrió la boca para protestar. —Dime que no me deseas y ahora mismo me iré arriba y no volveré a tocarte jamás —dijo con voz ronca. sino profundo. «sólo que me desea. la actitud de Marc se transformó. dime la verdad. Jane contuvo el aliento y se estremeció. ¿no es verdad? ¿No es verdad? ¡Contéstame. Desapareció su aire burlón. te deseo —dijo en un gemido. contemplando su rostro como si estuviera aprendiéndose de memoria todos y cada uno de sus rasgos. —¿Por qué no? Marc alzó la mano hacia la barbilla de Jane y la obligó a volverse. Enciendes fuego en mis venas. y oír el sonido irregular de su respiración agitada. y en una de sus mejillas se podía apreciar la contracción nerviosa de un músculo. Una llama triunfal se encendió en los ojos de Marc cuando éste la estrechó en un abrazo tan fiero que Jane temió que fuera a romperle los huesos. el gesto torcido de sus labios. ¡Pero. —Es lo que queremos los dos. Y a ti te ocurre lo mismo. para mentir. Y su mirada llameante exigía la verdad y nada más que la verdad. para ofrecer alguna excusa que la protegiera de la peligrosa marea de ansiedad que estaba arrastrándola. Jane! Te he deseado desde el instante que te vi por primera vez.Un intruso en mi vida —¡No! —suplicó con voz atormentada. dando paso a una pasión tormentosa y desconocida. que Jane pudo observar con nitidez el brillo centelleante de sus ojos. «No ha dicho que me amara». Tenía fuego en los ojos. Hermosa y apasionada como una fiera. o no? Marc puso la cara tan cerca de la suya. Y el beso no fue de los fugaces. Y cabe la posibilidad de que aún tenga intención de casarse con Simone… de que… Acaso esto sólo sea… un juego… una trampa… un… —¿Y bien? ¡Dímelo! ¿Me deseas. Jane recordó que una vez se había preguntado lo que sería ver a Marc Le Rossignol perdiendo el dominio de sí mismo. —No —replicó ella sin aliento—. —Eres hermosa —dijo con voz ronca—. cayó de rodillas ante ella y envolvió su rostro entre las manos. ansioso y salvaje. insatisfecha. Corregido por SCC 58 . se dijo. por todos los cielos. Ahora lo sabía.Angela Devine . Esta vez los labios de Marc rozaron los suyos en una caricia provocativa y fugaz que la dejó temblorosa. Jane estaba sin aliento cuando Marc se apartó al fin y la aferró por los hombros.

aferrándose a su pelo convulsivamente. Pero las caricias de sus labios provocaron una excitación tan eléctrica que no pudo contenerse más y comenzó a gemir. Palidecía y se acaloraba alternativamente. cuando albergaba tantas dudas respecto a sus sentimientos? «¡Tal vez sea una locura. que clamara que sólo sena suya y de nadie más. ofreciéndose como si fuera una experta en el tema. Jane sentía fuego en el cuerpo. Jane se arqueó. Sí. Marc le dedicó una sonrisa exultante y ella le devolvió la sonrisa. Su sostén era sólo una brizna de encaje color café que pronto corrió la misma suerte. dolorida de palpitante deseo. Ah. Así… Jane no podía creer lo que Marc hizo a continuación. ¿no sería una locura permitirle seguir adelante. y comenzó a gemir Corregido por SCC 59 . pero no con la suficiente frecuencia como para conservar la calma. En el momento en que sus senos de puntas rosadas quedaron a la vista. Cuando agachó la cabeza y se llevó a los labios uno de sus pezones. Pero. «Es el único hombre al que he amado en la vida y voy a arriesgarme». y dedicó al otro seno el mismo tormento delicioso. A pesar de ello. Hasta ese punto había llegado en otras ocasiones. Marc bajó la cremallera de su falda. Por primera vez en su vida.Un intruso en mi vida Con arrogancia sensual. había leído sobre el tema en revistas de mujeres. como si estuviera tomando posesión de Jane. Con dedos diestros. furtivamente en la sala de espera del médico. No dejó de mirarla a los ojos ni por un momento mientras lo hizo. ¿Sería consciente Marc de su inexperiencia? Y. eso esta mejor. se vio asaltada por una violenta excitación. deberías estar orgullosa de él. Tan sólo deja que te separe las piernas. Y puedo ofrecerte muchísimo más placer. Por supuesto. era territorio desconocido. de ahí a experimentarlo en su propio cuerpo… Las revistas no decían lo que era tener al hombre amado excitándote de una manera tan íntima. descendiendo por su vientre hasta tocarle el lugar más íntimo de todos—. entornaba los labios. Relájate. y tuvo que reprimir el impulso de cubrirse con las manos el triángulo sedoso y rubio donde culminaban sus piernas. Y. Marc comenzó a desabrochar lentamente el corpiño sedoso de su traje. deslizando una mano sobre sus senos. —No seas tímida —ordenó Marc. más allá. Tienes un cuerpo hermoso. pero le amo!». en lugar de sentirse indignada. una riada de color inundó sus mejillas. procurando mostrar una despreocupación comparable a la suya. que la poseyera por completo. retornando a las páginas de decoración cuando se sentía observada. decidió con renovados ánimos. Marc no tenía ninguna prisa. La excitación crecía hasta niveles inimaginables en su interior. La verdad era que deseaba que Marc la tomara. Jane tenía la impresión de ser una esclava examinada por su nuevo amo. si no lo era. Una oleada de calor húmedo y palpitante atravesó su cuerpo cuando Marc le quitó la chaqueta de seda y la arrojó a un lado con indiferencia. chérie. que cayó al suelo. que la dominara. Jane experimentó la sensación inquietante de hallarse completamente desnuda ante un hombre. Marc se apoyó sobre los talones y la miró con avidez. sí.Angela Devine .

Cuando Marc extendió una mano hacia ella en un ademán imperioso. Sin atreverse a mirarlo a la cara después de lo que acababan de hacer. si no lo intento ahora mismo. llena de incertidumbre. Cuando Marc hundió la cara en su cuello. Marc se puso en pie y comenzó a desnudarse. —¿Por qué no te desnudas? Así haces que me sienta sola. embriagadoramente femenina entre sus brazos. a suave ritmo. se preguntó Jane. Hasta entonces. A la luz anaranjada del fuego.Un intruso en mi vida y jadear. Era tan grande. El contoneo instintivo de sus caderas hizo Corregido por SCC 60 . «En ese caso. ¡Si tan sólo pudiera excitarle tanto como él a mí! Defraudarle me mataría. pero maravillosa. y luego se echó hacia delante. Una chispa fugaz de ternura que transfiguró su pasión en algo glorioso. Y ciertamente no quiero que te sientas sola en un momento como éste. pasando por las estrechas caderas. —Sabía que serías una mujer apasionada y sensual —le susurró al oído—. lo que más la conmovió fue su manera de mirarla. que se sentía gloriosa. Marc dejó escapar una suave carcajada. —¡O—o—o—h! —jadeó. parece extraño que él esté completamente vestido. El contacto con su cuerpo cálido y musculoso resultó una fortísima impresión para ella. Desde los anchos hombros hasta las piernas robustas. «Le importo». Jane no había advertido verdaderamente el cuerpo tan impresionante que tenía. se estremeció de placer. tan poderoso. Tenía entornados los ojos.Angela Devine . Con agilidad felina. Había lascivia en esa mirada. tan exigente. En cualquier caso. me echaré atrás. Dejó de respirar por un momento. Hay una fiereza secreta que flota en tus ojos como el humo. volvió la cabeza para hablarle al oído. pero. qué centelleaban en la penumbra mientras contemplaba su cuerpo con una avidez cuya intensidad la intimidó. arqueando el cuerpo hacia atrás cuando de súbito alcanzó el clímax asombroso que colmó sus deseos. verse estrechada contra su desnudez. era todo músculo duro y viril. «¿La hay?». Sin embargo. mordisqueándole una oreja. Era una sensación desconocida. mordisqueándole el pelo y los hombros. Jane pensó que nunca había visto nada tan fabuloso como aquel macho desnudo y excitado a más no poder. esa dureza caliente y viril que palpitaba contra su propio cuerpo. ojalá supiera qué hacer con ella. Jane se puso en pie y se encaminó hacia sus brazos. mi pequeña sirena —murmuró—. sentir el vello rizado y áspero de su pecho. estremeciéndose. y acariciándola por todo el cuerpo con delicadeza. —Muy bien. apenas capaz de respirar. paralizada por una oleada de euforia. pensó maravillada. un hambre animal carente de ningún pudor que no ofrecía excusas. cuando yo estoy como vine al mundo». Jane vislumbró algo más. «Al menos eso creo». Marc tiró de ella y la envolvió entre sus brazos. No puedo negarte nada cuando me lo pides con esa voz ronca tan seductora. pero bajo aquella capa de anhelos urgentes. flotando como una sonámbula.

Cerrando los ojos. y luego se derrumbó sobre Jane. jubilosa y melancólica a la vez. «Ojalá lo supiera Marc. y Jane podía sentir los latidos frenéticos de su corazón. La habitación parecía girar a su alrededor. dando la bienvenida a Marc como si éste fuera su amante de toda la vida. Cómo sucedió. De pronto perdió por completo el control de todos sus sentidos. Entonces el instinto tomó las riendas y su cuerpo se hizo suave y resbaladizo. La fuerza rítmica de sus embestidas ya no la alarmaban. Marc! ¡Te amo! Marc la estrechó con más fuerza. Corregido por SCC 61 . —Marc. algo que se desgarraba la hizo gritar. pensó. pronunciar su nombre entre gemidos. tan trascendental que se le inundaron los ojos de lágrimas.Un intruso en mi vida que Marc lanzara un ronco gemido. con el peso de Marc aplastándola satisfactoriamente contra la alfombra de piel de carnero. Marc la miró con expresión interrogante. Y voy a tomarte hasta que me pidas compasión. se halló tendida sobre la espalda en el suelo. Lanzando un profundo rugido triunfal. alcanzando el clímax también. arrastrándola a un remanso de placer que la hizo estremecerse y abrazar a Marc. apenas consciente del calor del fuego. deleitándose en la forma con que la fuerza dura y masculina de Marc se adentraba en las profundidades de su interior. de pronto. Jane sintió un agudo dolor por un momento. y se sintió emocionada. como la ola de un maremoto. Marc! ¡Oh. Pensó que iba a morirse de puro gozo cuando Marc se apoyó sobre los codos y comenzó a explorar su cuerpo con la lengua. Jane cerró los ojos. Nunca he deseado a una mujer como te deseo a ti. yo… Jane enmudeció cuando la ola rompió repentinamente.Angela Devine . Entonces. Marc no necesitó una segunda invitación. él asió sus suaves nalgas y la embistió con fuerza. Era tan especial. —Me vuelves loco —dijo entre jadeos—. cuando una sensación desconocida comenzó a crecer y crecer en su interior. él lanzó un ronco gemido. le separó las piernas y la penetró. pero. y se abandonó a las sensaciones embriagadoras que la asaltaron. Ojalá fuera tan especial para él como para mí». sin ningún recato. Entrelazó los brazos alrededor del cuello de Marc y se aferró a él. por fin. del repiqueteo de la lluvia en el tejado. Aquellos mordisqueos. Jane no lo sabía. Jane enredó los dedos con su cabellera y le hizo subir la cabeza. Ojalá pudiera decírselo. algo burlona. aquellas lamidas y besos húmedos eran demasiado exquisitos y atormentadores como para soportarlo y. sintiendo placer y angustia a la vez ante la conciencia de que el hombre amado estaba tomándola por primera vez. dejando escapar un gemido de protesta. del picor de la alfombra. su respiración se aceleró. Todos sus sentidos se concentraban en la experiencia increíble que estaba viviendo. —¡Oh. y Jane le besó en los labios apasionadamente. con una embestida final.

Marc apartó el brazo de su cara sin miramientos. apoyándose sobre un codo. ¿verdad? —preguntó con suavidad. —¿Estás llorando? —No. poniéndose a la defensiva ante el temor de verse atrapado por un compromiso que no deseaba. De hecho. la áspera mejilla pegada a la de aquélla. Sus ojos castaños la estudiaron con una expresión inescrutable. debes… Con el movimiento. Una vana esperanza. se preguntaba Jane. ¿por qué no me lo dijiste? —murmuró—.Un intruso en mi vida Durante un buen rato sólo se oyeron sus respiraciones. Pestañeó un par de veces y tragó saliva. Marc agolpó su cabellera a cada lado de su rostro y la miró con expresión inquisitiva. Jane asintió.Angela Devine . —¡Desearía que no tuvieras que volver a Francia! —explotó. los dedos enredados entre su cabello. los lamentos del viento y la lluvia en la distancia. Pero Jane no protestó. el torrente de lágrimas creció. tan insensible a las emociones que la asolaban. Llena de consternación. el crepitar del fuego. Si te ocurre algo malo. pues éste le habría devuelto su personalidad batalladora y agresiva. —Es tu primera vez. —Chérie. mordiéndose el labio. Corregido por SCC 62 . Era capaz de enfrentarse a su desdén. nublándole los ojos y resbalando por las mejillas. Luego se tapó la cara con el brazo para ocultar su estúpida y sensiblera compasión de sí misma. —¡Jane! ¿Qué pasa? ¿Te hice daño? —¡No! —explotó—. incapaz de hablar. Es un honor que me hayas elegido. Jane le sostuvo la mirada. —Mira —comenzó Marc. Para su sorpresa. se sentía en la gloria bajo la masa cálida y dura que la estrujaba contra el suelo. ¡Deja de interrogarme! Estoy bien. ¿Volvería a abrazarle de esa manera. Marc hizo un descubrimiento y luego alzó lentamente los ojos. Jane se esperaba que Marc se mostrara hostil. suave y delicada. con cara de preocupación. y sus ojos se llenaron de absurdas lágrimas. —¿Qué te pasa? —le preguntó Marc. Así las cosas. a experimentar una unión tan íntima una vez más?. Pero su amabilidad era más de lo que podía soportar. Jane le lanzó una mirada encendida. las siguientes palabras de Marc la dejaron petrificada. moviéndose a su lado—. Marc seguía tendido sobre Jane. Para su horror. En el rostro de Marc observó una mezcla de orgullo e irritación. La primera vez es muy especial. odiándolo por ser tan reservado y frío. esperando que Marc no lo advirtiera. Entonces se incorporó. y tocó una de las lágrimas que resbalaba por sus mejillas.

¿por qué no me acompañas a Francia? Corregido por SCC 63 . si no quieres separarte de mí.Un intruso en mi vida —Entonces.Angela Devine .

sentía deseos de pegarle por humillarla de ese modo. En su rostro apareció una expresión peligrosa. —Yo no he dicho eso. —¡Cerdo engreído! La violencia de sus emociones sorprendió a la propia Jane. ¿Cómo había sido tan estúpida como para exponerse a un ridículo tan espantoso? La ansiedad cálida y trémula de súbito dio paso al antagonismo más enfebrecido. Te llevaría a París. Francia es hermosa en esta época del año. sino de darle un puñetazo en la nariz. Sus palabras fueron como puñaladas crueles. envolviéndose en una pelota protectora. creo que estuviste fabulosa. opino que sería una lástima que nuestra pequeña aventura concluyera cuando apenas ha comenzado. visitaríamos Notre Dame y la Torre Eiffel.Angela Devine . ¿Por qué? ¿Por qué se había vuelto tan odioso? ¿Todos los hombres eran así después de conseguir lo que querían? —No es necesario que te pongas nerviosa —afirmó Marc con retintín. Marc encogió los hombros. encanto. Ahora con su actitud convertía una experiencia de belleza casi mística en un asunto feo y sórdido. tornando burlona. se endureció su expresión. Sencillamente. se incorporó. tierno. Odiaba a Marc. el sexo mejora después de la primera vez. bailaríamos en unas salas nocturnas fantásticas. —¿Insinúas que fui un desastre? —Todo lo contrario. cenaríamos en un restaurante a orillas del Sena. los ojos chispeando como brasas. ¿Y luego? Corregido por SCC 64 . ¿Aquello significaba que Marc compartía sus sentimientos? ¿Se había enamorado también? —¿Quieres decir… que me amas también? —preguntó. Para ser una principiante. Tras la indulgencia y el escrutinio. —¿Por qué sería una lástima?—preguntó agresivamente. Los rasgos de Marc sufrieron otra transformación. Enjugándose las lágrimas. —Bueno.Un intruso en mi vida CAPITULO 6 UNA dolorosa esperanza comenzó a revolotear en el pecho de Jane. cariñoso. Luego bajaríamos a Burdeos y así podrías conocer el paisaje campestre. cargada de sarcasmo—. Podríamos pasarlo de miedo. Pocos minutos antes le consideraba un hombre sensible. —¿Oh. entrelazando los brazos alrededor de las rodillas. —¡Vete al infierno! Ir a Francia contigo… ¡ni siquiera cruzaría la carretera! —Una pena. pero al menos Jane ya no tenía ganas de llorar. y podríamos hacer paradas en el viaje para visitar los mejores viñedos y bodegas. sí? —dijo Jane.

—No se trata de falta de coraje —exclamó Jane—. —Igual que tú tampoco tendrías agallas para vivir una aventura conmigo. triste.Angela Devine . Sencillamente. sus propias hormonas la traicionaron y se rindió. Jane. lo que comenzó tan violentamente. la mirada opaca e impenetrable—. Marc se incorporó. Creía que tenías coraje. como una boda y un compromiso para toda la vida. pero tras unos segundos. mordiéndose el labio mientras procuraba ponerse a buenas con su propia angustia. siseando improperios. Resultaba difícil de creer que ambos pudieran estallar en llamas tan pronto.Un intruso en mi vida —¿Quién sabe? —murmuró Marc. desafiantes. Marc no tenía ningún problema para hablar de «amor». pero estaba tendida a su lado. tengo la medida saludable de respeto por mí misma. La miró esbozando una sonrisa extraña. Dispuesto a vivir una pasión «sin condiciones». Esta vez Jane sólo sintió una pequeña molestia cuando Marc se deslizó en su interior y estableció un ritmo que la elevó más y más. pero tras su breve muestra de ternura. Jane se revolvió como una fiera. pronto se convirtió en una unión tierna y exquisita. pero en cuestión de segundos la pasión de ambos quedó fuera de control. —¡No te preocupes. y algunas son extremadamente Corregido por SCC 65 . Por fin. como si la mismísima rabia la alimentara. —¿Y no lo eres? —replicó Marc con ganas de picarla—. pero era evidente que quería decir sexo. —Perdóname por lo que te he dicho antes —dijo con sequedad—. hasta una cima invisible donde se vio arrebatada por el éxtasis una vez más. Es inútil levantar murallas alrededor del amor. sólo pudo sollozar levemente antes de sucumbir por completo. le daba pánico que ella pudiera esperar algo más serio de su parte. pocos minutos después de haber hecho el amor. pero según parece me equivoqué. o atarlo con normas y contratos. Su presencia imponente y viril era tan excitante que. sintiendo los brazos de acero que la estrechaban. Despiertas en mí las emociones más extrañas. pero incómodo ante la perspectiva de verse atrapado. Sin embargo. Jane había pensado que lo odiaba. Obviamente. Marc se comportaba como un hombre perseguido a la carrera. El acto amoroso la había llenado de un júbilo exultante. Eso destruye la magia. la lengua que penetró entre sus labios con urgencia. apoyándose sobre un codo. de cuerpo y alma. y no quiero que me utilices como si fuera una hembra caliente siempre dispuesta para su dueño y señor. y recorrió con un dedo el valle formado por sus senos. Marc la asió por la cabellera y la aprisionó entre sus brazos. Jane se quedó callada. abrazándose a él como si no pudiera soportar la idea de perderle. no voy a pedirte que te cases conmigo! ¡Sé que no tendrías agallas! Marc frunció los labios y sus ojos se encendieron. Me dio la impresión de que era lo que querías.

casi de mala manera. Marc ni siquiera parecía especialmente arrepentido. Una semana después. Pero sigo queriendo con toda mi alma que vengas a Francia conmigo. Entre nosotros parece que la cosa va en serio también.Un intruso en mi vida destructivas. Sería una estupidez aceptar una invitación ofrecida con tanta brusquedad. ¿verdad? Marc y tú. —¿Cuándo piensas volver? Por la cara de Jane cruzaron dispares emociones. ella había tomado una decisión y debería afrontar las consecuencias. resultaba insatisfactoria por completo. Al fin y al cabo. Y. Jane estaba frente a la puerta principal de la casa. —Charlie se ocupará de la bodega y el viñedo —decía—. —No te preocupes. no lo soportaría». resentida. —Sí. aunque implicara renegar de sus deseos de formar una familia con el hombre adecuado. Karen y yo. —Entonces debe ser algo serio —afirmó Brett—. había decidido que quería a Marc Le Rossignol a cualquier precio.Angela Devine . sin embargo… «No puedo permitir que se marche. ¿no? —Está todo anotado en la lista. confusión. Jane apretó los dientes tan fuerte que se hizo daño para no revelar sus verdaderos sentimientos sobre el tema del matrimonio. A pesar del dolor que la producía. ¿Lo harás? Jane lo miró fijamente. —¡Qué bien! —exclamó Jane sinceramente. Te lo agradecería. dando a Brett una llave y una lista final de instrucciones. por si los gamberros. Espero verte casado cualquier día de éstos. O semanas. Aunque Marc la Corregido por SCC 66 . O días. no sería extraño —replicó Brett con una sonrisa radiante. Esperanza. pensó. cualesquiera que fuesen. pero al menos será mío unos cuantos meses más. lo que era más. y no quería provocar un enfrentamiento directo entre los dos hombres. no podían salir mejor las cosas. Nunca lo habría imaginado de ese franchute. —No lo sé —reconoció. pero conocía bien a Brett. llena de perplejidad. compañera. poniéndose de puntillas para dar un beso en la mejilla a Brett—. su sentido de la lealtad y la decencia. preocupación. En realidad. Y. «Sé que es una locura. sino molesto y resentido con los sentimientos que despertaba Jane en él. Como disculpa. Hasta que se canse de mí». pretendía disfrutar de la relación mientras durase. Marc había dejado bien claro que el matrimonio no entraba en sus planes. Es una chica encantadora. pero te deseo buena suerte. pues no explicaba nada. Pero me gustaría que echaras un vistazo a la casa de vez en cuando. —Sí —respondió Jane. —¿Vendrás? —insistió Marc. Me has dejado teléfonos donde puedo contactar contigo.

Extrañamente. con cada kilómetro que recorrían se apoderaba de ella más y más la horrible sensación de ser una intrusa que no pintaba nada allí. aunque también guardó en la memoria cada detalle. con profusión de árboles e hileras de viñas. el campo tan limpio y ordenado. Y luego París. convertirse en parte de sus vidas. el estruendo lejano de las motocicletas en la carretera. que representaba la cabeza de un león. una ciudad hecha para amantes. hasta que amenazó con atragantarla. Jane adoró cada día. Mientras recorrían en coche la hermosa campiña del estuario de Gironde. ¡Era inútil! Volando en avión de continente en continente. había resultado sencillo pretender que era una mujer amante del placer y sofisticada. y allí comieron paté de hígado de oca. Corregido por SCC 67 . sus ánimos se derrumbaron súbitamente. Viajaron vía América. Jane permaneció en silencio. Luego vivieron un fin de semana mágico en Nueva York. el canto de los pájaros. pero su desolación no dejaba de crecer y crecer. antes de anunciar su boda venidera. Entonces se dio cuenta de que deseaba desesperadamente ser aceptada por ellos. estaba resuelta a sacar el máximo provecho de cada precioso momento del viaje. para que conociera a sus familiares y amigos. ¿Te pasa algo? —¿Estás seguro de que a tus padres no les molestara que me presente de esta manera? —soltó a quemarropa. devorando cantidades enormes de cerdo a la barbacoa y frutas tropicales antes de aprender a bailar el huía—huía en una playa de palmeras bajo la luz de la luna. y guardó los recuerdos en su memoria como si fueran joyas. ¿Cómo había podido convencerse de que podría mostrarse sonriente y despreocupada cuando les llegara la hora de separarse? ¡No quería separarse de Marc! Quería ser suya. qué emocionada se sentiría. Por el contrario. lleno de orgullo. La alegría de vivir la sostuvo hasta que llegaron a Burdeos. el eco de los pasos del propietario cuando les guió por la escalera de caracol que llevaba a la bodega. Marc le dedicaba una sonrisa de vez en cuando a través de la mesa. ensalada y pan crujiente. sin parar de reír. ¡Aquello era real! Marc había pasado allí la mayor parte de su vida. y pasaron una noche inolvidable en las islas Hawai. para siempre. En el patio del restaurante había un jardín con una vieja fuente de piedra en el centro. Pero contemplar aquel lugar hizo que descendiera a la tierra con un sobresalto. —Estás muy callada —observó Marc cuando regresaron al coche para proseguir la jornada—. al menos durante un tiempo. Cuando hicieron una parada para comer en un pequeño restaurante anexo a una bodega. con los tejados rojos y las contraventanas verdes. y allí tenía a su familia y sus amigos. Si tan sólo Marc estuviera llevándola a su casa. triunfó. Una débil sonrisa rozó sus labios mientras contemplaba las casas de color miel. alojados en una suite desde donde podían contemplar todas las luces de Manhattan a sus pies. ¡Aquel viaje era una farsa patética! Y qué diferente habría sido si hubiera sido genuino. quiche.Un intruso en mi vida abandonara a su suerte una vez finalizado el viaje. preocupada.Angela Devine . donde probaron sus mejores vinos.

—¿Qué? —Encoge los hombros. —¿Qué les has dicho de mí? —dijo con voz atormentada. —Estás enfadada conmigo por algo. amargas y silenciosas.Un intruso en mi vida Marc se encogió de hombros. «¡No me acuesto contigo sólo porque sea uno de los grandes placeres de la vida. revelándole sus sentimientos. No es la clase de viaje que hagas sólo para tomar una taza de café. agitó la cabeza. se vio obligada a hacerle una pregunta directa. —Nada —respondió fríamente. ¿Qué tiene eso de malo? «Todo». como si así pudiera librarse de sus pensamientos. ¿verdad? —Qué observador eres. me gustaría poner a trabajar mi talento para aprenderla. No pensarán… Jane enmudeció. compartiendo habitación. divirtiéndose. como si Jane estuviera armando un escándalo por minucias. —Ya les dije que venías. no habrás sido capaz! ¡No! No me atreveré a mirarles a la cara. —Hazlo otra vez —ordenó Marc. Por fin. —Y que queremos dormir juntos. pensó Jane con amargura. ¿Qué pensarán de mí? Marc elevó la vista hacia el cielo. sino porque te amo!» Pero Jane ya había hecho el ridículo una vez. Y ella misma. ¿Por qué iba a importarles? —Porque hay una gran distancia entre Australia y Francia. —Que eres una mujer adulta que disfruta de los placeres de la vida. ¿Hay alguna manera típicamente francesa de romper a alguien la nariz? De haberla. «¿No pensarán que hay algo serio entre nosotros?» Sin duda los padres de Marc podían imaginarse algo así.Angela Devine . cuando Marc la llevaba a su casa desde el lado opuesto del planeta. y estaba decidida a no repetir. Estuviste asombrosa. Jane casi se tragó la lengua. sin ofrecerle ninguna ayuda para sacarla de sus agobiantes dudas. Parecías una verdadera francesa. Debes poseer un talento natural para la mímica. Corregido por SCC 68 . Encogió los hombros. —¡Oh. —Sólo que eras una amiga que viene a pasar unos días. Marc se limitaba a mirarla con expresión burlona. aunque lo sea. haciendo que su melena se arremolinara. pero las palabras flotaban en su cabeza. —Cuéntame —dijo Jane con dulzura—. apretando el labio inferior entre los dientes a la vez que volvía la cara hacia la ventanilla. —Oh —musitó Jane. algo decepcionada. Marc. ¿podía pensarlo? Inquieta.

Le lanzó una mirada afilada. ¿No vivió en siglo diecisiete? Corregido por SCC 69 . Más allá del edificio principal. Jane no sabía qué pensar.Un intruso en mi vida —¿Qué te pasa? —¿Por qué no pones toda esa intuición francesa a trabajar y lo adivinas. A su alrededor. sin demasiadas esperanzas. Marc dobló por una carretera secundaria. pero no lo era. con sus propias leyes. imaginando que la madre de Marc decía mil elogios de ella por cocinar tan extraordinariamente. Esto resultaba difícil de creer en realidad. otra bodega? —preguntó—. formando tres lados de un cuadrado. nada más. Todo aquel cinismo no surgía de ella con naturalidad. Era la entrada de un gigantesco palacio. se cae a trozos. pues Jane más bien era de las que se le quemaban los huevos revueltos. La clase de torres que Jane recordaba haber visto en su cuento de La Cenicienta cuando era niña. y tenía el presentimiento de que acumular emociones pronto iba a provocar una violenta explosión. que se dará cuenta de que estamos hechos el uno para el otro». —¿Luís XIV? —repitió Jane en un susurro—. se erigía un elegante palacio del siglo dieciocho. Amor y matrimonio. Jane estaba ocupada intentando controlar el fermento de sus emociones. rodeada por un muro dorado de estuco adornado con enredaderas. Sobre todo los armarios Luis XIV. incluso en la parte más moderna. Aquel edificio tenía espacio para alojar a un ejército. Tal vez él cambiará drásticamente. —¿Qué es esto. hasta que casi habían llegado a Cadillac. Esta es mi casa. podía ver un amplio patio de grava. chérie? El resto del viaje permanecieron en silencio. y parte del mobiliario. pensó. en la parte opuesta del patio. Êl le hizo una mueca y apartó la mirada. —Y lo es —afirmó Marc con aire despreocupado—. profundo. La sección más antigua se construyó en el siglo catorce.Angela Devine . Se dio cuenta ahora de que le dolía la forma en que se había visto embarcada en aquella relación. a menos que Marc cambiara drásticamente. De pronto. se alzaban torres de una época más antigua todavía. Y lo más probable era que no lo consiguiera. A través de la puerta abierta. aunque Marc lanzaba de vez en cuando a Jane largas miradas escrutadoras. apasionado y tempestuoso. Jane dejó escapar un gemido. pasmada. Ella deseaba un compromiso para toda la vida. «Tal vez congeniaré tan bien con sus padres y sus amigos. Estaba muy bien pretender que quería ser tan sofisticada y superficial como él. Comenzó a soñar despierta. —Hemos llegado —anunció. hecha a medida de Marc. torciendo los labios—. Ante sus ojos había una puerta de hierro labrado. y mis padres deberían estar en alguna parte. ¿Vas a comprar una botella de vino a tus padres? —No exactamente —respondió Marc. —Me dijiste que tu casa era vieja y destartalada —murmuró. Jane se sobresaltó y alzó la vista.

El señor no se quedaba atrás. o la gente que salió a recibirlos. camisa de rallas. por favor. si os parece bien. si no habría metido la pata. la madre de Marc no puso muy buena cara que se diga. bon —afirmó monsieur Le Rossignol—. Mademoiselle West suena demasiado formal. Jane no podía imaginar nada menos informal que el vestíbulo de entrada del palacio. —Jane. de rasgos aristocráticos y pelo gris. de expresión cálida y encantadora. puedes llamarnos Yvonne y Armand. un hombre de pestañantes ojos azules. incómoda. Es señal de intenciones amistosas. —Mi marido tiene razón… Jane —dijo heroicamente—. pendientes y collar de oro. Ahora. Jane. —Los australianos son muy informales —se apresuró a explicar Marc—. La acompañaba su marido. y corbata azul y gris. os mostraré vuestras habitaciones. Pero. Y de las que mejorará con la edad. Es un palacio grande. Debo asegurarme de que tenga todo lo que necesite. Corregido por SCC 70 . Pero no te preocupes por eso. —Hace que me sienta como un vino añejo —protestó. lleno de cosas antiguas y bellas. maman —protestó Marc—. mademoiselle West —le dijo el padre de Marc. Al oír la invitación. Yo puedo enseñar el camino a Jane. Luego podemos reunimos todos a tomar una copa de vino en el jardín. Cuando avanzaron hacia ella. —Es una joven muy hermosa. La risa nítida y abierta de Jane vibró en el aire. Marc.Un intruso en mi vida —Así es. asintiendo en gesto aprobador—. pero dedicó a Jane una sonrisa breve y forzada que no llegó a sus ojos. un par de centímetros más bajo que ella. La madre de Marc lucía blusa blanca de seda. un traje rojo de sastre. y el pelo gris arreglado con una permanente de mucho estilo.Angela Devine . y Jane se preguntó. llámanos por nuestro nombre de pila si esa es la costumbre de tu país. llámeme Jane. —Es mi invitada. cuyos ojos oscuros y penetrantes y sonrisa de esfinge le recordaba a Marc de alguna manera extraña. Monsieur y madame Le Rossignol. me gustaría presentarte a mis padres. Ambos iban exquisitamente vestidos. pero llevamos una vida bastante informal en muchos aspectos. Los padres de Marc parecían sorprendidos por su invitación. Por favor. los ojos risueños—. Jane reprimió el impulso de hacer una reverencia o volver corriendo al coche para cepillarse el pelo. ataviado con traje gris carbón. Está claro que mi hijo tiene el gusto de un connaisseur. En ese caso. monsieur. gracias. En Australia es normal entre los adultos tutearse desde el momento de la presentación. de una manera nada informal. —No es necesario. —Ah. Había una mujer alta. zapatos de tacón alto. —Enchantée —murmuró Jane. Y.

Un intruso en mi vida Sintiéndose desgraciada.Angela Devine . y entonces se retiró. La timidez no suele ser uno de tus problemas. Dale tiempo. mademoiselle —replicó Yvonne suavemente. —Puede —musitó Jane con aire escéptico—. pero Jane sólo tenía ojos para otra cosa. Pertenece a la vieja escuela y sus modales son más formales que los tuyos. —Gracias —murmuró—. Jane se sintió como si fuera una intrusa sin corazón que sólo había ido a Francia con el propósito de torturar a viejecitas con juanetes. eso es todo. —No seas ridícula —dijo Marc—. —¿A qué viene todo esto? —preguntó Marc. —¡No le gusto! —explotó Jane en el momento en que se apagó el eco de sus pasos en las escaleras de piedra. Pero quizás sólo esté fingiendo. Me temo que el cuarto de baño está en el piso de abajo. pero Marc pensó que te gustaría el ambiente romántico del viejo castillo. le has gustado a mi padre. como si lo hubiera hecho todo mal desde el mismísimo principio. suena una campana en la cocina. pero ten paciencia. incómoda. Esa es la forma poco amistosa de «tú». ¿no? —¡No necesariamente! Estaba siendo educada. bajo su propio tejado? ¿Desearía perderla de vista? ¿Estaría consternada y lo disimulaba? ¿Le echaría una bronca de órdago a Marc cuando Jane no pudiera oírles? Cualesquiera que fueran las respuestas verdaderas para estas preguntas. ¿Qué pensaría Yvonne Le Rossignol de Jane. Se sentía falta de confianza. hay que reconocerlo. pañuelos de papel. con kilómetros y kilómetros de viñedos. Yvonne no ofreció el menor indicio de sus sentimientos cuando abrió la cama e hizo un ademán hacia la mesilla de noche. lo cual es un inconveniente. Y su incomodidad creció todavía más cuando Yvonne les guió hasta una suite en lo alto de un torreón. Dirigió a la madre de Marc una sonrisa preocupada. —Vous étes tres gentille. Nuestra ama de llaves tiene muchos años y sube las escaleras a su ritmo. En cualquier caso. Eres muy amable. —Me dijo vous. La gigantesca cama del siglo dieciséis que dominaba la alcoba. si tiras de esa cuerda de la pared. Corregido por SCC 71 . úsala. Jane siguió a Yvonne hacia la parte más antigua del palacio. libros y un jarrón de agua. La vista desde la ventanita cortaba el aliento. —Espero que encuentres todo a tu gusto. Entonces decidió probar su francés como gesto de buena voluntad. viviendo una aventura con su hijo tan descaradamente. Si necesitas cualquier cosa. Jane —dijo enérgicamente—. madame. envolviéndola entre sus brazos y besándola apasionadamente—. Gastón subirá enseguida con tu equipaje y. bosques y granjas rústicas. donde había flores. para su imaginación sobrecalentada un símbolo desafiante de su relación ilícita con Marc. —Je vous en prie.

Soy extranjera y no sé cómo debo comportarme. ¿no es así? Lanzando un suspiro. Yo te serviré de guía. Jane sacó los regalos que había traído de Australia. Marc intentó una vez más quitarle el malhumor. Jane. Entonces hundió la cara entre su cabello. encogiendo los hombros bruscamente. —Pronto te adaptarás —le aseguró Marc con aire despreocupado—. tal vez lo habría hecho. Hallaron una mesa puestas a la sombra de un árbol. Lo que la consternaba y la hacía sentirse vulnerable era la indignidad e incertidumbre de su posición. profundamente enamorada. —¡Yo no soy de las que se agarra! A la vez que lo decía. O si hubieran llegado como una pareja comprometida. pero ahora. —Gracias. —¡Yo no suelo sentirme como una intrusa! Y aquí me siento así. Si las cosas hubieran sido de otro modo. Agazapándose frente a ella. —Tinto. blanco o tinto? —preguntó. Corregido por SCC 72 . haciendo a Jane y Marc un gesto para que se sentaran. —¿Te gusta? —preguntó Marc de pronto. Me siento confusa y fuera de lugar. y un broche de ópalo para su madre. Tus padres estarán esperándonos. Armand insistió en estrenar la corbata de inmediato. una corbata para el padre de Marc. —No sé —musitó Jane. En otro tiempo se había enorgullecido de su independencia. dio un salto y la envolvió entre sus brazos. y la madre de Marc adoptó una actitud más afable cuando pidió a Jane que le pusiera el broche en la solapa de su chaqueta. Si tan sólo no hubiera insistido en compartir la habitación. en el jardín amurallado que había al pie de la torre.Angela Devine . no se habría sentido tan incómoda bajo el escrutinio de su madre. podría haber afrontado la prueba con más aplomo. por favor. pero esta vez apartó bruscamente la cabeza y le dirigió una mirada asesina. Jane perdió la confianza en la verdad de su afirmación. Armand se puso a abrir las botellas de vino y agua mineral. —¿No deberíamos bajar? —preguntó secamente—. Lo más irritante era que verdaderamente sentía un impulso instintivo y poderoso a agarrarse a Marc y dejarse guiar por él. Marc se volvió hacia la puerta y abrió el camino. Marc no parecía demasiado interesado en oír la respuesta de Jane. y se dieron exclamaciones de sorpresa y placer. Comenzó a mordisquearle una oreja de la forma en que normalmente le producía escalofríos de excitación. Es magnífico. Lo miró de golpe y entonces descubrió que era el culpable de la mayor parte de su inseguridad.Un intruso en mi vida A pesar de sus palabras. querida. tenía la sensación de estar hundiéndose en arenas movedizas. —¿Qué tomarás. Jane se sentó sobre la cama y lanzó un suspiro de irritación. Además. pero Jane le apartó de un empujón. puedes agarrarte a mí.

la que armaron los tradicionalistas. ¿no os parece? ¿Qué me dice. con una nota de orgullo en la voz. con aire aprobador. Nos veremos a la hora de cenar. Si puedes hablar con conocimiento de vinos. —Mon Dieu! ¡Te pido mil perdones. esta pequeña tiene paladar! —exclamó Armand encantado—. —¡Ah. orientaciones hacia el norte y el uso de las claras de los huevos para aclarar el vino nuevo. ella tomó la copa de Cabernet Sauvignon. —Sí. Tiene color vivo. pronto comprobarás que los hombres de esta familia tienen tinto en las venas. mientras Armand iniciaba a su invitada en los misterios del terroir. ¡Ah. y un toque ligero de esencia a bayas rojas. comparaban y discutían. te ganarás sus corazones. en Corregido por SCC 73 . Ya lo tenía cuando la conocí. Jane! Me divierto tanto que me olvido del tiempo. Marc y Jane disfrutaron de dos horas placenteras en la bodega y el viñedo. sí. El sabor. —¡Formidable!. Jane también es una profesional del vino. —Debes estar muy satisfecho de tu decisión —afirmó con diplomacia. esa indescriptible combinación de tierra. —No. —¡Bajad. No pretendía entretenerte tanto rato. Jane —apremió Marc. muy denso. la removió y sorbió con aire pensativo. vigoroso. Poco después de las cinco. Armand miró su reloj y luego a Jane con aire contrito. que estaba detrás de su padre. Te enseñaré el viñedo donde arrancamos las cepas viejas que no producían. Marc observaba la escena divirtiéndose.Un intruso en mi vida —Dile qué te parece. —Bon —afirmó Armand. clima y otros factores que otorgaban a cada vino su propia personalidad. bajad! Jane. Entonces mañana podemos continuar. —Yo también me he divertido —replicó Jane sinceramente. la tradición es una buena cosa.Angela Devine . pero deberías ver la mejora de producción que hemos logrado! Jane pestañeó. mademoiselle Jane? Jane miró con expresión interrogante a la madre de Marc. aroma suave a tabaco. aunque omitió mencionar que sabía quién era el responsable de la innovación. la cual alzó las manos con aire decepcionado. Algo más confiada. y fumigamos la tierra con gas mostaza antes de reponerlas. Y adoptó un tono lírico hablando de colinas de arenisca. mientras Jane y su padre cataban. desviando la mirada hacia Marc. Por lo que me ha contado mi hijo. pero no permitas que te aburran. —Excelente. Entonces deberíamos dejar esta mesa y hacer una cata como es debido en la bodega. Marc. ¿Y sabes lo que les digo ahora a mis críticos? ¡Les digo. Has estado entrenándola. aspiró el aroma. pero también debemos innovarnos! Y en ese aspecto los australianos podéis mostrarnos el camino. lleno de satisfacción—.

mes enfants. Es interesante saber que acabo de llegar y ya me quieres echar. Lleva a Jane arriba para que repose. y en sus ojos apareció un súbito brillo. echando chispas por los ojos. apartándose de Marc. riéndose suavemente para sus adentros—. la indirecta tan directa de Armand sólo la llenó de confusión. y es incapaz de aceptar que no todo el mundo considera el matrimonio como un pasaporte a la eterna felicidad. y la aprisionó entre sus brazos en un arrebato que la alarmó y embelesó. Tal y como eran las cosas. Marc la aferró del brazo cuando pasaba junto a él. —Bueno. caminando de un lado a otro. —Tal vez. gimiendo y besándose con intensa y mutua necesidad. no vuelvas a aparecer por aquí. Jane estaba devolviéndole el beso con toda la fuerza impetuosa de su cóctel de rabia. odio y amor. Armand lanzó un leve suspiro y sacudió la cabeza. medio esperando que confirmara las sospechas de su padre. desde luego. Creo que tu padre es un encanto. Siempre ha querido que me casara. Corregido por SCC 74 . Marc se limitó a ladear los labios. Armand los miró con cariño. pues es lo que necesitamos… un matrimonio del viejo mundo y el nuevo. bruscos. eso podría ser exactamente lo que necesitamos. Ante la explosiva mezcla. Jane se habría sentido conmovida por el evidente apoyo de Armand a su causa. Pronto rodaron juntos sobre la gigantesca cama. Sí. como si esperara que ella pudiera darle quizás una noticia excitante. —¿Y eso qué importa? Lo más probable es que. Una vez cerrada la puerta de la alcoba en la torre. después de estos días. y nos veremos después en la cena. —Gracias. esbozando una expresión de exasperación.Un intruso en mi vida el campo de la elaboración del vino. sois grandes innovadores. Vaya. como si acabara de caer en el doble sentido de sus propias palabras. —¿Yo he dicho eso? —preguntó Marc. Si en realidad estuviera allí como una nuera en perspectiva. —Vaya. Marc. jadeando. odiándole por su cinismo—. Marc tomó a Jane entre sus brazos y le dedicó una sonrisa irónica. Antes de que supiera lo que estaba ocurriendo. aburrida y sarcástica. Sin embargo. pero no creo que tu madre llegue a aceptarme jamás —afirmó. —No te disculpes —replicó Jane. Miró a Jane con expresión maliciosa de complicidad. —Un matrimonio del viejo mundo y el nuevo —repitió.Angela Devine . —Siento los intentos poco sutiles de mi padre para emparejarnos. y volvió la vista hacia Marc sin poderlo evitar. Marc contuvo el aliento y comenzó a desabrocharle el vestido con movimientos nerviosos. se hace tarde y no debo demorarme más —dijo con tristeza—. pues tú sin duda le has conquistado.

acariciándole la cara con las yemas de los dedos—. Aunque sentía puro dolor de amor. junto a ella por el Corregido por SCC 75 . que cualquier sugerencia de matrimonio entre ellos era completamente ridícula. apretando los labios. la pasión y la rabia vibrando en su propia voz. y la miró detenidamente. —¡Significa todo para mí! Jane podía sentir el amor. pero volvemos a la pregunta difícil. No soy un ogro. a pesar de que él acabara de llevarla a las cumbres del éxtasis. tranquilo e indiferente—. ¿Qué me pertenece por derecho? La luz disminuía rápidamente. cayó en la cuenta de que apenas se había acordado del viñedo durante el viaje. el intruso inoportuno que le había considerado una vez. Guardar el patético secreto dibujó en sus ojos una expresión embrujada. deseaba exclamar Jane. Marc adoptó una expresión meditabunda y pareció que estaba a punto de decir algo. pero entonces frunció el ceño y permaneció callado. en sus labios una sonrisa melancólica. no podía reconocerlo cuando él se mostraba tan distante y frío. Un buen rato después de que sus respiraciones se hubieran calmado. Marc Le Rossignol como marido. estoy seguro de que encontraremos alguna solución. «No. y tan sólo le quedaba esperar que él creyera que el viñedo constituía la causa de sus emociones. estaba pensando en ti». Enmarcado por el rectángulo de cielo plateado. y Jane ya no podía ver las facciones de Marc con claridad. Cuando habló por fin. estoy pensando en mi viñedo —mintió. Sin embargo. —¿No? Eres muy amable. Nunca puedo saber lo que estás pensando.Angela Devine . —Tus ojos están llenos de secretos —se lamentó. Bien. pero sus emociones no acababan de ser plenas. —Sí. —Supongo que estarás pensando en tu viñedo de Tasmania —afirmó sin volverse. Marc se incorporó. amante y padre de sus hijos. Le palpitaba el corazón a un ritmo inconstante. apoyándose sobre un codo. y la carga de odio y amor que soportaba estaba sofocándola.Un intruso en mi vida Jane se rindió a Marc con absoluto abandono. Llenándose de asombro. no podía revelárselo a Marc. Sólo tenía pensamientos para Marc. y por un breve momento volvió a ser el de siempre. se acercó a la ventana y se puso a contemplar el paisaje campestre. —Comprendo —murmuró Marc. —Estoy pensando que es terrible desear algo con todo el corazón y temer que nunca podrás conseguirlo —admitió Jane en un susurro. Sabía bien lo que consideraba suyo por derecho. No quiero privarte de lo que te pertenece por derecho. sorprendió a Jane con sus palabras. cuando todavía yacían exhaustos. fascinación y desolación. tan empeñado en recordarle que no había lugar para ella en su hogar. parecía una sombra amenazante. Se levantó. pero las palabras se le atragantaron. —Debe significar mucho para ti —afirmó Marc con cierto deje de amargura.

—Estás muy rara —observó—. ¿Tan pronto habían caído tan bajo? ¡Bueno. —Así que ya te has cansado. Marc sólo se había divertido con ella. —¿Es posible que te hayas cansado de mí tan pronto? —preguntó Marc en tono insultante—. ¿verdad? Una oleada de lágrimas calientes y punzantes anegó sus ojos. se esforzó en adoptar una actitud tranquila. Jane deseó poseer su capacidad para permanecer impasible ante todo. A diferencia de Jane. Apretó el labio superior entre los dientes. Su presencia constituía un tormento para ella.Un intruso en mi vida resto de su vida. En la penumbra creciente. Pero ése era el derecho que él nunca le concedería.viaje por tu propia voluntad. levantándose para recoger su ropa—. —Adivínalo. ¿Se había dado a un hombre que nunca le permitiría cruzar el umbral de su corazón? La idea le hizo tanto daño que sus ojos se encendieron de hostilidad. ¡Mafoi!. y aparentemente te has divertido de lo lindo en América y París. no se molestó en vestirse con prisas. No queremos caer en el tedio. Aunque casi estaba temblando por culpa de sus intensas emociones. —¿De verdad estoy rara? —preguntó con suavidad. Podemos separarnos cuando quieras. Jane se prometió tratarle con la misma frialdad que era tratada. si ya no te divierte. un recordatorio de una increíble intimidad física que carecía de correspondencia en el terreno emocional. indiferente a su propia desnudez. creyó ver sus labios curvándose en una sonrisa sardónica. tu conducta es muy extraña. ¿verdad? —preguntó Marc sin alzar la voz—. Disparando una mirada disimulada hacia su cuerpo viril y salvaje. procurando no perder los estribos. sabes. no podía decir que Simone no le hubiera advertido! Obviamente. ¿cómo lo expresáis vosotros? ¡Cómo un gato sobre ladrillos calientes! ¿Por qué? ¿Qué te pasa? Jane esbozó una amarga sonrisa. y ahora buscaba un modo de darle la patada.Angela Devine . Bueno. Marc musitó entre dientes un improperio. o enemigos declarados incluso. No has tardado mucho. Corregido por SCC 76 . Desde que llegamos aquí. ajustándose el vestido con movimientos bruscos y enfadados. —¡Como te parezca! —exclamó Jane—. Te embarcaste en este. No hace falta seguir con este pequeño romance. Y ahora. tuyo lo es —refunfuñó Marc—. En ese momento había tanta distancia entre ellos que podrían haber pasado por absolutos desconocidos. ¿y por qué no iba a estarlo? ¿Acaso no es la inconstancia un privilegio de la mujer? —Desde luego. desde que llegamos aquí das la impresión de andar sobre ascuas… No.

—¿No pensará tu madre…? —comenzó Jane con voz atormentada. —¡No pensará nada! —la interrumpió Marc—. —Como quieras. no volvería a verlo jamás cuando concluyera el viaje. Jane pestañeó cuando Marc acabó de vestirse con cara de muy pocos amigos. los ojos encendidos—. ¿Cómo podría soportarlo? —Comprendo —dijo con voz temblorosa—. Cuando tu padre me habla. Hace que me sienta… Oh. pero yo no voy por el mundo de aventura en aventura en busca de nuevas diversiones. incapaz de expresar sus sentimientos ante la mirada silenciosa e inquietante de Marc. Esta aventura que estamos viviendo se me ha ido de las manos. «Quiero casarme contigo».Angela Devine .Un intruso en mi vida —¡No me he cansado! —explotó Jane. Marc. demasiado turbada como para más subterfugios—. no puedo… Es… Nosotros… Jane enmudeció. Te lo diré. hace que me sienta arrinconada. Ni siquiera tiene por qué enterarse. No cuando Marc estaba mirándola con las cejas arqueadas en expresión burlona. Francamente. Tal vez para ti sólo sea una broma. me preguntaste qué quería hacer. ¿no quería decir que al menos le quedaba alguna esperanza de desarrollar una verdadera relación con él? —¿Qué piensas hacer con las propiedades de mi padre? —preguntó de súbito—. Si pretendía regresar a Australia. pensó Jane. me siento confusa. también tenía sentimientos implicados en la relación. Por tanto. Corregido por SCC 77 . pero el orgullo no le permitía pronunciar las palabras. ya no supone una cuestión de importancia para mí. Hay una habitación de invitados al pie de la torre. Con desconcertante brusquedad. como si esperase que nos casáramos. Estoy preocupada. Quiero dejar de dormir contigo. ¿Todavía estás interesado en comprarlas y ocuparte de ellas directamente? —¡No lo sé! —respondió Marc en tono cortante. En cualquier caso. —¿Qué quieres hacer para solucionarlo? —preguntó a Jane en tono reposado. Jane sintió un escalofrío y cerró los ojos. Desesperada. además de apetito sexual. Él se limitó a encoger los hombros y comenzó a vestirse. Por cuestión de la cortesía debida a mis padres. exigiera explicaciones. Esta noche bajaré tus cosas. llenando la habitación de luz amelocotonada. algún indicio de que. él cerró las cortinas y encendió una lámpara. buscó algún modo de conseguir alguna pista de sus intenciones. con su sonrisa cruel dibujada en los labios. se llevó un chasco. Si se esperaba que Marc discutiera. o la arrastrara a una pelea tempestuosa. Mira. espero que te quedes una semana más o dos para que conozcas la región antes de regresar a Australia. lo más probable es que no compre.

cuando él viera lo bien que encajaba en su familia. Quizás fuera aceptada en aquel lugar. Corregido por SCC 78 . Marc —dijo su madre. con un jarrón lleno de lirios naranjas en el centro. quizás los padres de Marc se encariñaran con ella.Angela Devine . como me dijo que tenía que discutir algunos asuntos de gran importancia contigo. finalizando con mousse de limón en los postres. las copas de cristal y la cubertería de plata. Ante aquel panorama. acaso reconsideraría su oposición al matrimonio. en la forma de un interés común por coleccionar encajes antiguos. Le dirigió una sonrisa titubeante en gesto de paz. Le expliqué que ya habías llegado y. Estaban inmersas en una discusión sobre técnicas de punto cuando Marie llevó el café y los volubles ánimos de Jane emprendían el vuelo otra vez. un silencio hostil y cargado de tensión. cuando Jane descubrió una inesperada afinidad con la madre de Marc. La cena fue excelente. Quiero que mañana no aceptes ningún compromiso. Verdaderamente era una lástima.Un intruso en mi vida Bajaron a cenar en silencio. Jane hizo todo lo que pudo para comportarse como una invitada agradecida. —Estupendo —respondió él sin demasiado interés. pues la madre de Marc se había tomado muchas molestias con los preparativos de la cena. Lo que había comenzado como simples buenas maneras pronto dio paso a un genuino placer. Un mantel blanco almidonado y adamascado cubría la pesada mesa de caoba. Y. y pronto se embarcó en una conversación con el padre de Marc sobre su reciente estancia de seis meses en la región de Champagne. todo iluminado por la luz titilante de los candelabros. chéri. rompiendo el breve silencio—. pero Marc tan sólo frunció el ceño a modo de réplica. la invité a pasar unos días. He invitado a comer a toda la familia para que conozcan a Jane. —Y hay algo más. Escalopines en salsa de crema seguidos por una cacerola de carne con aceitunas y pasta con tomate. —Oh. La vajilla era de delicada porcelana china. Simone ha llamado esta tarde para saber cuándo vendrías.

tomaría alguna acción defensiva para mantenerlas separadas? Después de todo lo que había sucedido entre Marc y Jane durante las semanas recientes. alegó una jaqueca que rápidamente estaba haciéndose genuina y escapó a la parte más antigua del castillo. Corregido por SCC 79 . Lanzándole otra mirada cargada de odio. —Muy bien —dijo—. cállate! —exclamó Jane. metiendo su ropa en la maleta. Marc se limitó a arquear levemente las cejas al oír el anuncio de su madre. Marc la alcanzó cuando ya estaba en la habitación del torreón. ¿Protestaría de algún modo. Así me ahorraré el problema de perseguirla. Jane le lanzó una mirada abrasadora. —Entonces. un impulso primitivo de aferrarse a su hombre y pelear contra toda posible rival. ¿Que estoy desolado por tu abandono? ¿Que me has destrozado el corazón más allá de lo imaginable? —¡Oh.Un intruso en mi vida CAPITULO 7 JANE dejó la taza de café sobre el plato con cierto estruendo. ahora tendría que soportar a Simone. Cuando se enteró de la inminente llegada de Simone. sería mejor preservar su orgullo y poner fin a la aventura amorosa por su propia iniciativa. entonces compartir la cama con él no iba a cambiar las cosas. Jane apenas pudo contener la rabia ante el comentario de Marc. —¿Eso es todo lo que vas a decir? —¿Qué más podría añadir? —dijo él en tono burlón—. Sin embargo. Si Marc ni siquiera se preocupaba de intentar convencerla de que se quedara o llegar a un compromiso auténtico con ella. que sin duda disfrutaría de ver su incomodidad! Seguramente. De todas maneras quería localizar a Simone. incapaz de soportarlo más. ¡Como si ya no estuvieran bastante mal las cosas entre Marc y ella. los labios fruncidos en una fina línea y los ojos verdes oscurecidos por nubarrones tormentosos. —¿Ya tienes todo preparado? —preguntó Marc. Jane cerró la maleta con dedos temblorosos. pronto convencería a Marc fácilmente de que se librara de Jane. —Sí —respondió sin más. Cuando Armand propuso que jugaran a las cartas. En realidad. Jane podría haberle abofeteado. esbozó una tenue sonrisa pensativa y asintió. una breve reflexión le demostró que sería ridículo. si Simone visitaba el palacio con el propósito expreso de seducir a Marc. Sin duda. Marc no lo consentiría. sintió un loco impulso de alterar su decisión respecto a dejar de dormir con Marc. ¿todavía quieres abandonarme? —preguntó Marc en tono suave. No. él sin duda no desearía reunir a las dos mujeres… ¿o sí? Para su consternación.Angela Devine . no estaba tan segura de su decisión como parecía.

y sintió una punzada de dolor. cuando era algo que no deseaba en absoluto? Todavía tenía la posibilidad de subir de puntillas las escaleras a la habitación de Marc y acabar tendida en la cama. desanimándose.Angela Devine . Una alcoba como aquélla sería perfecta para amantes. Sería más prudente conservar el resto de su orgullo y negarse a volver a dormir con él. Jane echó el pestillo a la puerta como si corriera peligro de ser atacada y luego se desnudo impetuosamente. En realidad anhelaba su compañía con tanta desesperación que se sentía incapaz de abandonarle. Entonces cayó en la cuenta de que a Marc ya no le preocupaba lo desordenada que pudiera ser. ¿por qué había insistido en separarse de él. con la amenaza constante de la recaída. se dijo con amargura. «¡Oh. Casi se llevó una decepción cuando Marc le deseó buenas noches con un frío ademán. «Seguiría sin saber si le intereso de verdad o si para él sólo se trata de un simple juego». Seguía enamorada de Marc. pero a Jane le pareció ver algo peligroso resplandeciendo en sus ojos cuando dejó las maletas en el suelo de la habitación para invitados. ¿Cómo podría soportarlo.Un intruso en mi vida Mientras Marc bajaba sin dificultad las dos pesadas maletas por la escalera de caracol. «¡Oh. En el pasado solía ponerse un viejo pijama de algodón para dormir. La simple tarea de ponerse el camisón le recordó lo mucho que había cambiado su vida desde que lo conoció. si verdaderamente tenía un poco de orgullo. no. Ofendería a los padres de Marc. Entonces. en el fondo sabía que aquello era una mera excusa. ése era el problema. Una vocecilla molesta sonó en su mente. cuando lo viera con otra mujer? Corregido por SCC 80 . si estarían al borde de una confrontación que les despojara de toda pretensión de civilización y desnudara sus verdaderos sentimientos. Jane percibía llena de incomodidad la atmósfera opresiva que flotaba entre ellos. Una vez sola. Resultaba una patética ironía lucirla para dormir en medio de aquella enorme y antigua cama francesa. no seas tan endeble!». de la que sólo se podía librar poco a poco. pero para una sola persona se volvía bastante lúgubre. no podría!». y había comprado aquella prenda verde pálido de raso con encajes de color crema con el único propósito de impresionar a Marc. allí iba a sentirse terriblemente sola. Sí. Sin él. en un derroche de pasión que arrancaría sollozos de su corazón. Marc demostraba una tranquilidad casi insultante ante la situación. Y la cosa sería aún peor cuando apareciera Simone. expectante. esparciendo las ropas por todo el suelo de una forma que habría puesto los pelos de punta a Marc. pensó. insistiendo en que. El hombre amado… Las palabras resonaron en su mente y Jane pestañeó. acurrucada en soledad. Era una especie de adicción a una droga fuerte. Pero a la mañana siguiente nada habría cambiado. abandonaría el palacio de inmediato y no vería a Marc nunca más. Muchas mujeres rompían con el hombre amado y no por eso se derrumbaban al quedarse solas. Ella se peguntó. se dijo. Sin embargo.

asintió brevemente. visitar los lugares más interesantes y luego regresar a la una para esa lamentable comida familiar. así que pensé que podríamos dar un paseo hasta el pueblo de St Sulpice. donde se sentia vulnerable.Un intruso en mi vida Sorprendentemente. si piensas quedarte… Había un leve indicio de duda en su última frase. Media hora después. la estructura añadida en el siglo dieciocho apenas era Corregido por SCC 81 . apartando el cabello que cubría sus ojos.Angela Devine . llamaron a la puerta de la alcoba. tomando el primer sorbo de café solo y humeante. De alguna manera. —Hum. por miedo a meterse en un terreno peligroso. Disfrutar del paisaje. Ya es hora de que te familiarices con los alrededores. Pensé que podríamos tomar café con bollos y luego dar un paseo. de compras… Jane dejó escapar un débil suspiro. Más allá de los torreones. esforzándose en adoptar una actitud despreocupada comparable a la suya—. Marc. ¿tienes algún plan? Marc pegó un mordisco a un bizcocho cubierto de pasas y azúcar glaseada antes de asentir. El sol resplandeciente iluminaba los tejados y proyectaba largas sombras sobre los setos recortados que bordeaban la terraza. Poco después de las siete. Pero no pienso compartir la habitación contigo. Marc y Jane se detuvieron en el camino que conducía al pueblo y se dieron la vuelta. ya vestido y con pose de camarero. supongo —convino. ¿No significaba nada más para él? Jane no se atrevía a preguntar. —Qué significa… —Una oferta de paz —explicó Marc. —Tienes razón. bajando la bandeja a la altura de la cintura con un florido ademán para dejarla a continuación sobre el regazo de Jane—. Incapaz de mirarlo a los ojos. salir a cenar. interrumpiendo sus excusas embarulladas antes de que comenzaran realmente. sólido y altivo sobre la alfombra de hierba. Entonces. Sencillamente. contemplando la impresionante vista del palacio. rodeado por hileras simétricas de vides en todas direcciones. llena de turbación. A mis padres nunca se les ve el pelo los domingos por la mañana. —Sí. con una bandeja ovalada alzada sobre la palma de su mano derecha. creo… Él posó un dedo sobre los labios de Jane. Entonces se incorporó. y Jane sintió que se acaloraban sus mejillas bajo la mirada escrutadora de Marc. —Sobran las explicaciones —afirmó Marc en tono despreocupado—. La puerta de roble se abrió con un crujido y allá estaba Marc. voy a quedarme —respondió de un tirón—. Marc se las arreglaba para situar su relación amorosa a la misma altura que cualquier otro pasatiempo entretenido. Hay muchos otros placeres que podemos compartir. —¡Entre! —murmuró Jane bostezando. la prueba de enfrentarse con él a la mañana siguiente resultó menos dura de lo que esperaba.

Pero un hombre sería estúpido si se dejara dominar por ellas. amargándole y poniéndole en contra de todas las demás. protegiéndose los ojos del sol—. ¿dónde encajaba en aquella situación? ¿Sería cierto que le daba igual que Marc tuviera aventuras con otras mujeres. Cuando le pedí que entrara conmigo a investigar. O si modificara su vida con el único fin de complacerlas. Albergaba la fuerte sospecha de que alguna mujer le había hecho sufrir en otro tiempo. después de pescar. el orgullo y la vergüenza prolongaron su silencio. llevé allí a mi hermana pequeña —recordó—. Marc esbozó esa sonrisa perezosa y sarcástica que a Jane siempre le daba ganas de abofetearle. fresnos. pero a ella no le gustaba el viejo castillo. —Eso es exactamente —convino Marc—. uno de mis antepasados del siglo dieciocho deseaba casarse con cierta chica. Marc cambió el hilo de sus pensamientos. —Las mujeres están muy bien en su lugar —replicó con cierto hastío—. Creo que las mujeres ya son bastante irracionales de por sí sin necesidad de que los hombres las animen. Según la tradición familiar. pero siempre se veía frenada por su exasperante empeño en ahogar toda implicación emocional. —No te gustan demasiado las mujeres. Sin embargo. A veces tenía la impresión de estar a punto de comprender lo que detonaba el interés de Marc Le Rossignol. Se lamentaba de que fuera oscuro e incómodo. ¿conseguiría de alguna manera traspasar su indiferencia y despertar sus sentimientos? Y Simone. qué historia más hermosa! Debía ser un hombre encantador. indicándole árboles que había trepado en la infancia. ¿verdad? —observó Jane. le dije que la ermita estaba embrujada y luego simulé oír lamentos procedentes de su interior. oculta por una amplia variedad de árboles. una vieja ermita en ruinas que le hizo detenerse y estallar en carcajadas nostálgicas… —Una vez. el remanso del río donde había pescado con sus hermanos. ¿Tú serías capaz de hacer algo parecido si amaras a una mujer y desearas casarte con ella? —No —respondió Marc secamente—. Por fortuna. ¿verdad? —dijo en tono acusador. Casi como dos hogares completamente diferentes unidos tan sólo por el vestíbulo. —Es un lugar asombroso. abedules plateados. Jane observó de vez en cuando a su acompañante con irritación. le dio un Corregido por SCC 82 . Jane hizo una mueca. Yo nunca lo haría.Un intruso en mi vida visible. De ser así. Acaso debía echarle coraje y preguntarle a Marc directamente. a pesar de que fuera a casarse con ella? ¿O se trataba tan sólo de una mentira descarada para librarse de Jane? Ésta sufría de sólo pensarlo.Angela Devine . Durante el resto del paseo de tres kilómetros hasta St Sulpice. Entonces él se gastó más de la mitad de su fortuna en construir la parte más moderna para complacerla. olmos y un par de pinos. —¡Oh.

qué bonito —exclamó Jane. ¿no te parece? Jane dejó escapar un leve suspiro cuando dejaron el camino para tomar una carretera de grava blanca. donde podía gozarse de una agradable panorámica de la iglesia. Marc la llevó a una mesa que había en la calle. varias personas les saludaron desde el umbral de sus casas. ¿Café. Cuando ya alcanzaron la plaza en la cima de la colina. Quería mucho a Laurette pero. bizcocho? —Todo eso. Y zumo de naranja si es posible. —Oh. flanqueada por álamos. interrumpiendo sus pensamientos. y ahora aparentemente también disfrutaba atormentando a Jane. en lo alto de la colina —dijo Marc. se había divertido tomando el pelo a su hermana. no podía decírselo. ahí está el pueblo. Jane distinguió los detalles de las casas. el hombre que la conducía saltó al suelo con un grito de alegría para abrazar a Marc y estrechar la mano a Jane. Era un hermano de lo más normal. —Adoras esta tierra. Una mujer muy risueña se acercó a servirles y se produjo la inevitable ronda de presentaciones. ¿no crees? Jane sonrió ante la inconfundible calidez de su voz.Un intruso en mi vida ataque de histeria y se puso a dar alaridos de terror. Marc asintió. Jane tenía la sensación de conocer a medio pueblo. —No fui despreciable —protestó Marc. como comprenderás. —Así es. ¿Había cambiado en algo la conducta de Marc. ¿verdad? —le preguntó. por la noche. Cuando se cruzó con ellos una carreta tirada por un caballo.Angela Devine . parecía la ilustración de un cuento de hadas pero. Sé que tienden a ser conservadores y a veces Corregido por SCC 83 . con su campanario. A veces tenía la sensación de que los hombres eran seres de otro planeta. y las casas que colgaban precariamente en la ladera de la colina. Mientras remontaban las cuestas de guijarros de la villa. por favor. saludos e intercambio de noticias familiares antes de que les ofreciera un menú escrito a mano. —¿Qué tomarás? —preguntó Marc—. Desde la distancia. pan. es un lugar bastante lúgubre. —¿Cómo pudiste ser tan despreciable? —preguntó Jane. según se acercaban. contraventanas verde pálido y tejados de color naranja. indignada. sonriendo—. en los cuales a veces se veía el perfil incongruente de las antenas parabólicas. ahora que era un hombre adulto? Siendo niño. aunque ambos sean hermosos. No se trata solamente del paisaje o la arquitectura. que descendía la cuesta con las ruedas de madera chirriando y crujiendo. ¡Menuda cuestecita! —Pero valía la pena subir por la vista. Claro que. y en cada ocasión Jane hubo de estrechar manos para ser presentada formalmente. frente a la pastelería. incapaces de comprender los sentimientos de una mujer. ¿Pero qué sentía realmente por ella? ¿Lo descubriría Jane algún día? —Mira. sino de la gente. con sus muros amarillos de estuco.

pero nada sugería que ella fuera algo más que una colega del gremio del vino. aunque casi no se atrevía a poner las manos sobre la hermosa porcelana antigua. Había un fuerte parecido familiar entre los Le Rossignol. o quizás debido a ella. Todo lo que había dicho Marc era cierto. no podía creer que fuera tan cínico y despiadado como pretendía. Jane se dedica a la elaboración del vino. Monique. Mi hermano Paul. donde las lealtades se sentían profundamente y las emociones seguían encendidas al rojo vivo a pesar del paso de los años. Sentada en aquella placita tranquila del pueblo.Angela Devine . Y el deseo creció en el transcurso del día. pero que no tenía esperanzas de experimentar. me gustaría que conocieras al resto de mi familia. ofreciendo a Jane una imagen inolvidable de una comunidad muy unida donde el trabajo y la diversión se compartían al ritmo de las estaciones. sintiendo un asomo de envidia. Amaba a ese hombre. observando todas las caras sonrientes que tenía a su alrededor. su pequeño. La madre de Marc había dispuesto una larga mesa. pero me gusta la sensación de pertenecer a esta comunidad. y es posible que compre el viñedo de su familia en Australia. Y. Era algo que anhelaba. y Jane se empeñó en ganar puntos ayudando a colocar en la mesa cestas de pan y botellas de vino. Christine. Sus anécdotas resultaron muy gráficas. a la sombra de los árboles. y otro tanto le sucedió con las copas de cristal tallado. Marc habló en inglés. procuró concentrarse para recordar los nombres de todo el mundo. Jane asintió. donde la gente se amaba. En cierto modo. Me gustaría presentaros a todos a Jane West. poco después de la una. con la llegada el resto de la familia para la comida festiva. Cuando Marc la llevó al centro del círculo. —Jane. pero nunca había poseído los estrechos lazos familiares que aparentemente ataban a Marc a ese lugar. Aun así. su mujer y Pierre. gritos y parloteos en francés. Y ésta es mi hermana Laurette y su prometido. ella podría decir lo mismo de su hogar en Tasmania. Jane sintió el tirón de la atracción con más fuerza que nunca. lo amaba con un fervor e intensidad que le daban miedo. Jane sintió una punzada de decepción. comenzó a bombardear a Marc con preguntas sobre su familia y su época de juventud. mi hermano Robert. Cuando el clan se reunió por fin. que deseaba compartir dicho sentimiento con él.Un intruso en mi vida me sacan de mis casillas. odiaba y peleaba acaloradamente. Observándolo mientras describía con ojos brillantes y gestos cambiantes acontecimientos pasados. y Jane sabía sin lugar a dudas. creyó apreciar cierta curiosidad en los ojos de las mujeres en particular cuando éstas se acercaron para estrecharle la mano y besarla en ambas mejillas. su mujer. Jacques Dussert. Marc pertenecía a ese lugar. pero a la larga todos los Le Rossignol dejaron de palmearse la espalda y se volvieron para incluirla en la tumultuosa reunión. aunque no albergara demasiadas esperanzas. por el otro lado. Sophie y Colette. Marc era un producto de aquella tierra. Doce contra uno parecía una desventaja insuperable. y sus dos hijas. A pesar de la envidia. junto al viejo palacio. Por fortuna. Paul y Robert eran tan altos Corregido por SCC 84 . a Jane al principio le intimidó el exuberante caos de abrazos.

Y todavía se sintió mejor cuando Laurette se compadeció de las dos niñas nerviosas y sugirió que jugaran al escondite en el jardín. estaba tan relajada que pudo disfrutar a gusto del exquisito pato en salsa de cerezas y de la tarta de manzana que tomaron de postre. Al principio. Marc se volvía hacia ella para hacerle algún comentario o pregunta. vamos a tomar el aperitivo y luego nos sentaremos a comer — sugirió la madre de Marc. Pretende ser un monstruo que caza niñas pequeñas para comérselas. abalanzándose sobre ellas y provocando huidas raudas y alaridos de miedo y regocijo. Corregido por SCC 85 . le ofreció comida y le hizo preguntas sobre Australia. y se hallaba demasiado ocupada tranquilizando a su hijo Pierre. parecía poseer esa cualidad desafiante y sardónica. Tío Marc juega a un escondite especial. Marc también se levantó lentamente y ofreció sus servicios a Sophie y Colette. y así. también de piel bronceada. Resultó una compañía muy entretenida y. Sin embargo. Por el momento.Angela Devine . Para sorpresa de Jane. hurra —gritó Colette—. una sonrisa contagiosa y la mirada siempre clavada en Laurette. fue Laurette la que tradujo a Jane retazos de la conversación. que tenía una rabieta.Un intruso en mi vida como Marc. pero Jacques se puso en pie de un salto para unirse al juego. enseguida Jane se sintió integrada en el grupo. pensó Jane cuando una niña salió disparada entre los matorrales y se lanzó a sus brazos. Comprobar lo bien que se llevaba Marc con sus sobrinas llenó a Jane de una extraña melancolía. Jane registró sólo pequeños detalles respecto a los demás invitados. como para ofrecer a Jane unas breves palabras a modo de saludo. pues la mayor parte de la conversación transcurría en francés. Jane. morena y elegante. —Vamos. tenía el pelo rizado y de tono cobrizo. «¡Sería un padre maravilloso!». Abrazando a la niña. se halló sentada junto a Laurette. La fuerza del impacto casi dio con Jane en el suelo. la cual hablaba muy bien en inglés. con los ojos azules y llenos de vida de su padre. No se puede uno fiar de estas niñas tan traviesas. gracias a su tacto. Como Marc pronto se vio envuelto en un acalorado debate con su padre y sus hermanos sobre técnicas de destilación. decantándose por disfrutar de las copas de licor. comenzaba a sentirse como un miembro más de la familia. y sus dos hijas se parecían mucho a ella. una vez comenzó la comida. Jane estalló en carcajadas. No había ni rastro de su arrogancia y sofisticación habituales mientras perseguía a las niñas entre los setos. perseguida por el monstruo que aullaba y le pisaba los talones. La tal Christine era rubia y rolliza. Sólo Laurette. morena y menuda. —Armand. cuando sirvieron los licores. En cuanto a Jacques Dussert. aunque ninguno de los dos poseía su indefinible magnetismo animal. atreviéndose incluso a hacer algún comentario titubeante en francés. Poco rato después. De vez en cuando. Tendremos que jugar también. de sonrisa afable. hasta en los sofisticados vestidos que lucían. Jane —ordenó—. Jane se sintió bastante agobiada. Y Monique era alta. —Hurra. La mayoría de los adultos rechazaron la proposición estremeciéndose de horror.

qué sorpresa! —dijo—. Corregido por SCC 86 . ¿Cómo es que has venido? —Marc me invitó —respondió Jane en tono beligerante. Simone le lanzó una mirada encendida de hostilidad por un momento. —¡Jane. pero Marc aparentemente no percibió ningún matiz insultante hacia ella en las palabras de Simone. Creo que has demostrado mucha viveza al traerte compañía para combatir el tedio del viaje. Marc frunció el ceño pensativamente. casi sin aliento.Angela Devine . —Claro que pueden —musitó Jane entre dientes—. Simone arqueó las cejas depiladas y luego se volvió hacia Marc con expresión indulgente. con garantía de ofrecer entretenimiento. Su incomodidad aumentó cuando Marc se acercó a Simone y la besó en las mejillas. siguiendo la dirección de su mirada. pero avanzó hacia ella con la mano extendida y una sonrisa encantadora en los labios. Y Laurette y Jacques también pueden jugar al escondite conmigo. Jane se sintió como un vídeo clasificado X. El largo vuelo desde Australia es aburrido y agotador hasta lo inenarrable. la expresión de Marc se transformó súbitamente. riéndose uno de otro sobre la cabeza de Colette. —¡Simone! —dijo. De inmediato volvió a ser el hombre de costumbre. Si podéis ocuparos de Jane mientras tanto. como si fuera una invitada habitual. y tal vez nos lleve un buen rato. y Jane sintió frío en la piel. Entonces. Por un momento se quedaron mirándose. —Qué buena idea. ofreciendo la mejilla de mala gana a Simone y saludándola de una manera reservada. Entre ellos flotó una corriente cálida. Jane giró sobre sus talones. pero el resto de la familia también le ofreció una calurosa bienvenida. Cuando vio a Jane. chéri —dijo—. Cuando se volvió hacia sus padres. y Jane sintió nacer la esperanza de que tal vez pronto pudieran llenar el vacío que les separaba. a Jane le sentará bien conocer un poco de mundo antes de regresar a su hogar. —Vaya. como si hubiera visto algo detrás de Jane. Creo que lo más conveniente es que vayamos adentro para aclararlos de inmediato. —¡Tonterías! Le encanta —replicó él con mirada risueña. suave.Un intruso en mi vida —¡Para ya. mira quién ha venido —murmuró. os lo agradecería. La niña tendrá pesadillas por tu culpa. frío y algo burlón. y dejó escapar un débil gemido de consternación. Tenemos que discutir ciertos asuntos de gran importancia. Además. Se dijo que era la costumbre en Francia y no significaba nada en especial. —Debéis excusarnos a Simone y a mí —afirmó bruscamente—. Marc! —protestó—. Sólo Laurette mostró una sorprendente frialdad. Oyéndola. chocante en su personalidad extrovertida. Era como si el sol acabara de ocultarse tras un negro nubarrón.

la chica salió en su defensa. Observando el ritual de despedida. Era un detalle de amabilidad por parte de la hermana de Marc ofrecerle su apoyo. Simone y yo debemos aclarar ciertas cosas ahora mismo. Gracias por venir. Marc sólo dirigió a su hermana una mirada de reojo reprobadora. Aun así. Los artesanados de escayola. Me gustaría conocerte un poco más. con vistas a la terraza y los viñedos. Pronto todos se hallaron en pie. —Mon Dieu —exclamó la madre de Marc—. Sus palabras pusieron a todo el mundo en movimiento. y las cabezas y los pies de las dos grandes camas con dosel lucían exquisitas filigranas de madera labrada. él se puso a repiquetear con los dedos sobre la mesa y. Jane ha hecho un largo viaje para visitarnos. mientras contemplaba los besos y abrazos con cara de infelicidad. como si estuviera ante una niña maleducada que se entrometía en asuntos de adultos. Una chica del pueblo vendrá esta tarde para ayudar a Marie. y además demostraba mucho tacto al insinuar que la discusión se limitaría a temas económicos. Sin embargo. Mientras la francesa sorbía el licor con parsimonia. La joven francesa guió a Jane a través del palacio hasta una habitación inmensa y de armoniosas proporciones. Laurette le dio una palmadita en el hombro y le dirigió una sonrisa. —No queda otro remedio —afirmó Marc—.Un intruso en mi vida Jane observó la mirada entre divertida y asombrada de Laurette. de color blanco y verde almendra eran bellísimos. Jane dirigió a Laurette una breve sonrisa agradecida. Por tanto. Ellas se ocuparán de todo. en el instante en que su amiga tragó la última gota. se puso en pie. Para su sorpresa. Tendréis que disculparnos. Jane sintió que la desolación se apoderaba de ella. y sería una lástima estropear su estancia con asuntos financieros. su intervención no obtuvo el resultado apetecido. Al menos sirve una copa de vino a la pobre Simone antes de llevártela. Corregido por SCC 87 . ¿Pero no deberíamos ayudar a tu madre a recoger los platos? Madame Le Rossignol chasqueó la lengua. será mejor que me despida ahora de todos vosotros. pues Christine y Monique también comenzaron a murmurar que debían marcharse. Simone esbozó una sonrisa triunfante cuando se sentó a tomar una copa de Sauternes. Marc? —preguntó con suavidad—. Veros de nuevo ha sido muy grato. —Tal vez estemos ocupados unas horas —anunció—. —¿No pueden esperar tus negocios con Simone. Vete a charlar con Laurette.Angela Devine . ¿Por que no vienes a tomar una taza de café a mi habitación? —Gracias —respondió Jane sinceramente—. —Jacques y yo pasaremos aquí la noche —dijo—. —No te preocupes por eso. y supuso que la hermana de Marc debía haber oído sus palabras. reuniendo a los pequeños y recogiendo sus pertenencias. Laurette se comportaba con la mayor naturalidad en el suntuoso entorno. Sorprendentemente. Marc. La impaciencia de Marc era evidente.

Aunque compartimos un apartamento en Nantes. Pobrecilla. —Por supuesto que no —respondió Laurette con una sonrisa—. pensando de súbito que tal vez fuera más prudente no decir nada. así que probablemente habrá hecho oídos sordos a sus lamentos. Marc es más despiadado que yo. creo que podría contarte la verdad. a mí madre casi le dio un ataque cuando sugerí que sería razonable que durmiéramos juntos aquí. Nunca lo había hecho con ninguna otra mujer. él nunca ha dicho nada que sugiriera algo serio. Jane pestañeó. —Eso no quiere decir que él me ame. Marc y yo discutimos y me he trasladado de habitación. ¡Qué vergüenza! Mira. Pero. Bueno. —¡Oh. Mamá me contó el horrible secreto. Poco después. fregadero. Una sombra cruzó por el rostro de Jane. Tenía la sensación de que podíamos ofenderla. Mi madre tiene una mentalidad de la edad media respecto a esa clase de cosas. Laurette abrió uno de los armarios empotrados en una pared. descubriendo una cocina en miniatura que incluía un fuego de gas. —¿Insinúas que no tienes intención de casarte? —preguntó Laurette. podría haber jurado que estabas enamorada. Creo que nunca le ha perdonado que se casara con Gilíes. Corregido por SCC 88 . —¿Estás segura de que no estoy robándote tiempo con tu prometido? — preguntó Jane. Yo haré lo mismo en cuanto prepare el café. Pues yo estaba convencida de lo contrario. no! —exclamó Jane con cara de preocupación—. el aroma del café recién hecho flotó en el aire. perpleja—. debo advertirte que espera oír un anuncio de boda cualquier día de estos para poner las cosas en su sitio. aunque durmiéramos juntos. Marc y yo… Jane enmudeció. Dice que le ayuda a olvidarse de otras cosas cuando venimos aquí. Jacques tenía intención de salir de pesca esta noche.Angela Devine . ¿no es así? —afirmó con amargura. aparte de Simone. Cuando te vi mirando a Marc después de la comida. —¡Lo sé todo! —afirmó en un susurro teatral—. nevera y un armarito para la cubertería y la vajilla. Y apostaría a que hace siglos que no le interesa esa mujer. —¿De verdad? —dijo horrorizada—. Laurette. —¿Simone está casada? —preguntó Jane con cara de asombro. Habéis dormido en una de las habitaciones del torreón. no te obliga a comportarte como si estuvieras en la iglesia. quitándose los zapatos obedientemente y acomodándose sobre una de las camas. Además. Túmbate en una cama y ponte cómoda. —Debe considerarlo algo serio cuando te ha traído aquí.Un intruso en mi vida —Quítate los zapatos y relájate —invitó a Jane—. Que este lugar parezca un museo. pero Laurette estaba mirándola con ojos risueños.

Mira. Si Marc la hubiera amado de verdad. y su mandíbula apretada denotaba resolución. se miró en el espejo. ¡El cielo lo sabe. y obviamente había concluido su conferencia con Simone. Ahora le tocó a Laurette suspirar y sacudir la cabeza. Unas horas después en su habitación. Le dio un brinco el corazón al pensar en lo que estaba a punto de hacer. —¡Pues es la primera noticia que tengo! Y no me creo ni una palabra. No podía soportar más la incertidumbre. a Simone ganas no le faltan! —¡Cuando vino a Tasmania me dijo que iban a casarse! —exclamó Jane. por tanto estaba resuelta a llevar a la práctica el consejo de Laurette. Jane? Explícale lo mucho que está desconcertándote. —De acuerdo. el sonido que estaba esperando. y luego la puerta se abrió con un crujido. Jane subió de puntillas los fríos escalones de piedra y llamó a la puerta de roble con firmeza. Su marido era un piloto de carreras y murió en un accidente hace varios años. Pero bajo el camisón de raso latía un inconfundible cuerpo de mujer. A Laurette se le pusieron los ojos como platos. Casi parecía una huerfanita. llenos de preocupación. Era una mujer. y lucía un camisón aún más liviano que el de Jane. Era casi medianoche. —No estoy segura —reconoció. Jane se despertó de un sueño agitado y oyó. Es tan reservado. Pero no se encontró con Marc en el umbral de la puerta. Pregúntale qué espera de ti. Descubre tu posición. Si Marc no estaba interesado en mantener una relación seria y comprometida con ella. ya se habría casado con ella hace tiempo. lo haré —prometió. estaba decidida a escuchar la verdad de sus labios. pero eso no implica que no tenga ninguno. pero ya había tomado la decisión. procedente de la escalera de piedra. Corregido por SCC 89 .Un intruso en mi vida —Lo estaba. hablaría con franqueza a Marc. Marc no estaría viviendo una aventura contigo si tuviera intención de casarse con Simone. Marc tiende a ocultar sus sentimientos. ¿no te parece? Jane suspiró y sacudió la cabeza. Respirando profundamente. ¡No me ha dicho nada! —dijo Jane apasionadamente—. No sé cuál es mi posición respecto a él. Aunque le costara un gran esfuerzo. —¡Pero algo te habrá dicho sobre lo que siente! —Ahí está el problema. Se produjo un largo silencio. La melena rubia caía en oleadas alrededor de sus hombros. El sonido de pasos sigilosos que subían a la habitación de Marc. Alzando el borde del camisón para que no rozara en el suelo. y sus ojos se veían enormes. ¿por qué no hablas con él.Angela Devine . —Supongo que tienes razón. Jane aceptó una taza de café solo bien fuerte de Laurette y asintió con gravedad. le diría que lo amaba y le pediría que se sincerara con ella de igual modo.

y yo estaba a punto de reunirme con él. ¿Tu visita se debe a alguna cuestión urgente? Corregido por SCC 90 . Me temo que Marc ya está acostado.Un intruso en mi vida —¡Simone! —exclamó Jane sin aliento. —Hola —dijo la otra mujer con sonrisa burlona—.Angela Devine .

Por fin. pero a mí me repugna. La situación es complicada para ambas. El corazón se le fue a los pies. A las cuatro de la madrugada. Jane se puso rígida. —No puedo echarte en cara que me tengas antipatía —dijo—. Sencillamente. Pobrecita. A pesar de eso. incapaz de decidir qué haría a continuación. —Te he traído algo de desayuno —dijo con parsimonia—. Siento haberte avergonzado anoche. —¡Marc! —murmuró fascinada. no hay motivo para que sufras. Entonces se echó hacia delante para observar a Simone con igual proximidad y fijeza. sintiéndose miserable. mirando a la otra mujer ojo avizor. pero su incredulidad pronto dio paso a una mezcla de rabia y desolación que no la dejó dormir durante horas. Simone la miró pensativamente por un momento. Esta vez no fue Marc quien apareció con una bandeja de café y croissants. ¿has llorado. llevara la intención de ofrecerle una explicación… —Adelante —ordenó. —Ya veo que tienes el mismo problema. —¿Qué quieres? —preguntó con recelo. Corregido por SCC 91 . Se acomodó en una silla junto a Jane. A ti puede que todo ese rollo del eterno triángulo te parezca sofisticado y atractivo. no lo hará! —exclamó Jane indignada—. pero poco después le despertaron unos golpes en la puerta. mirando muy de cerca a Jane—.Angela Devine . pero respiró profundamente y forzó una sonrisa. Estoy segura de que Marc se acostará contigo esta noche. verdad? —No —contestó Jane con aire desafiante—. luego cruzó la habitación y dejó la bandeja sobre la mesilla de noche. sino Simone. Aunque.Un intruso en mi vida CAPITULO 8 JANE pasó una noche de espanto. —¡No. y nuestros encuentros siempre son bastante tórridos. se me notan las ojeras antes de maquillarme por la mañana. pero debes comprender que no había visto a Marc desde hace varias semanas. ¿Por qué no te lo tomas mientras tenemos una pequeña charla? —¿Sobre qué? —Sobre tu situación aquí —respondió Simone. todavía estaba tendida en la oscuridad. Incapaz de pensar en nada excepto en la traición cruel de Marc. tal vez. Tras la primera I conmoción que sufrió cuando vio a Simone en el dormitorio de Marc. Simone le lanzó una mirada chispeante y amenazadora. pero entonces la memoria la golpeó como una apisonadora. se rindió a un sueño turbulento. La puerta crujió al abrirse. hacia el amanecer. con los ojos enrojecidos y un dolor de cabeza martilleante. alerta los sentidos. con el aire de un agente a punto de interrogar a un testigo de pocas luces. musitó algo incoherente y se retiró a su propia habitación. Sintió un breve y engañoso asomo de júbilo ante la perspectiva de verlo.

Simone se encogió de hombros. así que casi tenía ganas de pelea. ¿pero deseas verdaderamente prolongar esta situación? —¡Claro que no! —Entonces. supo que la francesa tenía razón. y estoy segura de que pronto podrías volar a Australia sin ningún problema.Angela Devine . Simone la asió por un brazo. deteniéndola. se decidió. preparándose para levantarse. Aquella afirmación era irrebatible. encendida de rabia. pero rechazó la idea. me marcho —dijo con tono lúgubre. ¿Pero le haría algún bien? Cuando vio la leve sonrisa burlona de Simone. Sólo conseguiría caer más bajo. —¡Tú lo que quieres es librarte de mí! —afirmó Jane. No. Por supuesto. por ejemplo diciéndote que tu padre o tu madre han enfermado. ¿no te parece? Desde luego. —Puedes hacerlo si te apetece. Marc se limitaría a dedicarle una de sus miradas frías de desagrado si le montaba una escena de celos. ¿qué piensas hacer? —Para empezar. Se le ocurrió la posibilidad de acudir a Laurette en busca de consejo. Sabes que él te mirara con esa expresión suya fría y hastiada. De allí a París. Sencillamente. hay un viaje de cuatro horas en tren. Además. voy a decirle a Marc lo que pienso de su conducta detestable —anunció. Y estaría encantada de acercarte en mi coche a Brive. Y siempre podría escribir a sus anfitriones para agradecerles su hospitalidad. no impresionarás a Marc. De pronto. —¡Desearía estar a un millón de kilómetros de aquí! —exclamó apasionadamente. se disolvería en lágrimas si lo intentaba. —Muy bien. Pero no puedes culparme por ello. ¿pero seguro que eso es lo que quieres? Si subes a verlo ahora. no podía enfrentarse a Laurette y confesarle lo mucho que Marc la había hecho sufrir. pero no le gustan las escenas. Puedo decirles que recibiste una llamada urgente. —No lo niego. Jane tenía cada músculo de su cuerpo temblando. —No es mala idea. era la mejor alternativa. ¿por qué no regresas a Australia? Yo me encargaré de explicar las circunstancias a los señores Le Rossignol. y probablemente mucho menos dolorosa para ti. sabes bien que perderás los nervios. la situación sería más cómoda para mí si te marcharas. de decir a Marc lo que pensaba y descargar toda su rabia y aflicción.Un intruso en mi vida —Entonces. Jane se mordió los nudillos y se quedó mirando el vacío. cargado de adrenalina. puedes quedarte aquí si quieres. Simone asintió. empezarás a llorar y harás el ridículo. Por mucho que le desagradara Simone y odiara la solución que le proponía. ¿verdad? No sé si te habrás percatado. Corregido por SCC 92 .

moreno y aparentemente hirviendo de cólera. Le dolía el corazón y tenía un nudo amargo en la garganta. Cuando llegaron a la estación de Brive. Adiós. se sintió desolada por completo. sino tan desgraciados como ella. Espero que Marc y tú seáis muy felices. celos e incredulidad surgió en su interior. se sentía desgraciada. De súbito. Jane no dejaba de esperar que alguien abriera una ventana y les preguntara a gritos dónde iban. Simone. Tú quieres librarte de mí y yo me marcho. Mira. ¡Era él! Esbelto. despidámonos y dejemos las cosas como están. pero Jane no abrió la boca en todo el viaje. Su corazón dejó de latir por un momento. No deseaba que fueran felices. Jane se rebeló cuando su acompañante se empeñó en esperar hasta que se marchara en el tren. ¿digamos diez minutos? Nadie las vio partir del palacio. una agitación repentina se produjo en la entrada de la estación. Y buena suerte con tu viñedo. emociones que se mezclaron con otras más profundas de ternura y pesar. Jane giró sobre sus talones para huir a toda prisa. —No es necesario que te quedes para asegurarte de que me voy —musitó entre dientes. —Sólo pretendía ser amable —protestó. como si fuera un águila que acabara de divisar a su presa. adiós. La mentira más grande que había dicho en toda su vida. Por fortuna. A pesar de todo. Un torbellino de rabia. encogiendo los hombros—. —De acuerdo —convino Simone. Simone arqueó las cejas. —No —susurró Jane en un suspiro—. subiré a vestirme y volveré con las llaves del coche en….Un intruso en mi vida —Muy sensato por tu parte —murmuró Simone—.Angela Devine . Bueno. Asomada a la ventanilla. pero nada ocurrió. Observando el mar de caras desconocidas que la rodeaba. anhelaba verlo. Eso es todo. Creo que Marc no lo comprará. pero no hace falta que seamos hipócritas. la francesa se ocupó eficientemente de aparcar. Sin embargo. Entonces. concentrándose en la carretera. pero una larga vagoneta para transportar equipajes le bloqueó el paso. se abría paso bruscamente entre la multitud que se interponía en su camino. su mirada localizó a Jane y se le iluminó el rostro. pensó Jane mientras observaba la elegante figura de Simone saliendo de la sala de espera. atrayendo su atención. No somos amigas. después del trato que había recibido por parte de Marc. El palacio parecía dormir en paz bajo el cielo pálido de primera hora cuando el deportivo rojo de Simone tomó la carretera de grava blanca que llevaba a través de la alameda. por tanto. Tardaron casi dos horas en llegar a Brive. Todavía le costaba creer que Marc la había traicionado. Corregido por SCC 93 . —Te doy las gracias por haberme traído. Jane dio un respingo. Simone no intentó iniciar la conversación. Simone. transportar el equipaje de Jane y comprarle un billete de tren.

—Oí el motor del coche y vi por un instante a “la parejita”. eso no significa nada. Se encogió de hombros con indiferencia. me costó un esfuerzo de mil diablos adivinar lo que os traíais entre manos.Un intruso en mi vida Embargada por el pánico miró a su alrededor en busca de otra ruta de escape. sintió el deseo de Corregido por SCC 94 . lleno de incredulidad. ¿Cómo se atrevía a restar importancia al incidente con Simone? Encolerizada. Si renuncias a comprar la propiedad. ¡Quiero saber qué estás haciendo aquí! —¿Cómo adivinaste dónde estábamos? —balbuceó Jane.Angela Devine . respondiendo a la más sencilla de las preguntas. por tanto se acabaron mis problemas económicos. Pero eso no importa. Marc frunció el ceño. —Bueno. ¡Fue algo trivial. entonces probablemente yo misma podré comprársela a mi padre. Jane. sin importancia! No hay ninguna razón para que arruine el cariño mutuo que nos tenemos. tal y como están las cosas entre nosotros. y yo quería enseñarte más cosas de mi tierra. Quiero regresar a casa y tener en mi poder todos los documentos firmados antes de que haga alguna locura de las suyas. sin más? ¿Y no se te ha ocurrido que podías solucionar por fax todos los papeleos con tu padre? Mis padres esperaban que te quedaras unos días más. Marc la miró horrorizado. —¿Y te marchabas así. ¿se puede saber adonde crees que vas? ¿Por qué te ha traído Simone a la estación? ¿Dónde está? —Se ha marchado —murmuró Jane con sequedad. pero Marc la aferró con fuerza de la muñeca en ese instante. —En nombre de Dios. Una vez vestido. El orgullo de Jane fue tocado en su punto más sensible. pero el recuerdo de Simone ataviada en ropa íntima en el umbral de su dormitorio endureció su corazón. —Recibí una llamada de mi padre —mintió—. obviamente irritado—. Por un momento a Jane le conmovió su obvia desolación. —¿Te refieres a lo que sucedió anoche? —preguntó Marc. ahora todo eso resultaría absurdo. ¿no crees? —afirmó con frialdad. —¡Todavía no me has dicho qué demonios estás haciendo aquí! No suele ser habitual en los círculos donde se practica la mínima cortesía que un invitado desaparezca a las seis de la madrugada con todo su equipaje sin ofrecer la menor explicación a sus anfitriones. Los ojos de Marc chispeaban de ira. ¿Qué estás haciendo en la estación? Jane contuvo el impulso de replicar que no solía ser habitual en los círculos donde se practica la mínima cortesía acostarse con dos mujeres en noches alternas. Me dijo que le había salido bien una operación de bolsa y que podía transferirme el capital de la antigua cuenta que me correspondía. Mira.

deprimida y agotada. cayó en la cuenta de que prácticamente no había probado bocado en las últimas cuarenta y ocho horas. Se veía fuego en sus ojos. Una perra intrigante y despreciable. habría de conformarse con lavarse con agua fria y luego improvisar una comida. se apoderó de ella la desolación. Sin embargo. Marc. pero enseguida recobró el dominio de sí misma. Por tanto. ¿O debería decir adieu? Dos días después. —Todo vale en el amor y en la guerra —replicó Jane—. Sacó una bolsa de plástico que contenía estofado de carne y metió un plato en el Corregido por SCC 95 . de hacerle sufrir tanto como ella sufría por su culpa. y el cielo poseía el color del plomo. Soplaba un viento que parecía augurar malos presagios y embestía en violentas ráfagas procedentes del oeste. Jane llegó a Tasmania. Sólo me he acostado contigo porque esperaba que me ayudarías a recobrar mi propiedad. Pero peor que el clima helado era el frío de su corazón. Marc. Bueno. A pesar de ello. Resultó una doble impresión pasar tan rápidamente de la época estival en Europa al crudo invierno de Tasmania. —¡Pido a Dios no volver a ver nunca ese lugar! Ni a ti. La primera para lavarse la cara y las manos. Pensó que un baño caliente la confortaría pero. Creo que tampoco estaña de más que supieras la verdad. Las colinas estaban nubladas.Angela Devine . casi había oscurecido ya. que siempre consideró tan cálido y acogedor ahora se le hacía tan lúgubre como el paisaje gris. Aunque todavía no eran las cinco. Marc lanzó una breve carcajada teñida de amargura. Apretando los dientes. Bueno. —Eres una perra —murmuró—. abrió la puerta trasera y entró en la casa con sus maletas. —¿Cariño. Jane se volvió para que Marc no viera el brillo de las lágrimas en sus ojos. ¿quieres que te envíe las pertenencias que dejaste en Tasmania? Supongo que no te apetecerá regresar allí. que se hallaban en paquetes etiquetados esmeradamente por la caligrafía de Marc. Mientras observaba los faros rojos que se alejaban por la carretera. —Adiós.Un intruso en mi vida devolver el golpe bajo a Marc. ¿verdad? Marc palideció. Mientras sorbía el líquido caliente y fragante. Hizo hervir por dos veces una olla de agua en el hornillo eléctrico. Abrió la puerta de la nevera y pasó revista a las existencias. le dio náuseas la mera idea de comer. y entonces tuvo un arranque de inspiración y de sus labios surgieron palabras fluidas y letales—. ya no hay nada que me retenga aquí. pero aquel tiempo ingrato armonizaba con su estado de ánimo. su sentido común se rebeló ante la perspectiva de enfermar por culpa de Marc. qué cariño? —musitó entre dientes. la segunda para prepararse una taza de té. El interior de la granja. recordó que Marc y ella habían cortado el servicio de agua caliente antes de marcharse. cuando estaba abriendo los grifos. Tomó un taxi para ir a la granja y se empapó hasta los huesos en el breve recorrido desde el coche hasta el porche trasero.

Corregido por SCC 96 . Se despertó poco después de las ocho para descubrir que seguía lloviendo. Cuando acabó de comer.Un intruso en mi vida microondas. Fue una equivocación. Sin embargo. En aquel tiempo pensaba que lo odiaba. y las tijeras de podar. Aunque la lluvia imposibilitaba muchas de estas tareas. incorporándose sobre la cama—. Sin duda habrá algo que hacer en la bodega o el viñedo. Repitiéndose que no debía ser endeble. ¡Así no puedo seguir! Por mucho que me haya herido Marc. con el mal tiempo. pero volviendo la vista atrás la experiencia adquirió una cualidad agridulce. recordándole dramáticamente su anterior regreso a casa. La tela metálica y las mangueras de irrigación. Después de darse una ducha y ponerse ropa limpia. Todos las cosas estaban en sus respectivos estantes. Una vez más se vio forzada a recordar la obsesión de Marc por el orden. con los sacos de Rovral y Bayleton alineados en los más altos. ¡Debería haberse dado cuenta de que su desconfianza inicial hacia Marc estaba bien fundada! Y debería dar gracias de que el velo hubiera caído de sus ojos a tiempo de saber quién era Marc exactamente antes de hacer una locura irremediable. nostálgica. no sentía el menor agradecimiento cuando se sentó en la cocina para comerse el estofado más sola que nunca. tengo trabajo que hacer y no debo rendirme. Jane puso en una bandeja bizcochos y café. seguida por la cena a la luz de las velas en mitad de la noche. —Veamos —dijo en voz alta—. le asaltaron confusas pesadillas donde veía a Marc y Simone. Jane no tenía ganas de ver a nadie. dejó los platos sucios en el fregadero. la reposición de rodrigones. lo cual resultaba un alivio. Y cuando por fin cayó en un sueño profundo. pues el congelador contenía bolsas etiquetadas de croissants de almendras. Y allí tampoco halló el alivio deseado. también se hallaban en el lugar adecuado. y luego encendió la chimenea en el cuarto de jugar. —Debo recobrar el ánimo como sea —dijo en voz alta. El aroma que hacía la boca agua del estofado pronto flotó por la cocina. subió arrastrando los pies a su habitación y se derrumbó sobre la cama. pan francés e incluso granos de café congelados.Angela Devine . En aquella época del año siempre había zanjas que cavar y averías que reparar en los edificios. podrían iniciar juntos la poda. donde se sentó para intentar aclarar sus pensamientos. El viento aporreaba los cristales de las ventanas. A través de penosas horas de oscuridad. las espuertas para la recolección y los guantes de jardinero en los más bajos. Una vez más recordó a Marc inevitablemente. se dedicaría a ordenar el cobertizo de los aperos. perturbando su sueño. Entretanto. y el cuidado de los plantones. era muy poco probable que Charlie Kendall apareciera por allí. en sus oídos vibró el estruendo de motores de avión. cómo no. revolvió la cocina en busca de algo para el desayuno. por no mencionar la desinfección y fertilización de la tierra. Pensó en Marc y la turbulenta escena acaecida en la bodega. Quizás cuando el tiempo mejorase después de unos días. Al menos.

recogiendo ropa de las perchas y los cajones. Marc lucía esmoquin y Jane su vestido de fiesta verde. contestó. con los sentimientos revueltos en un torbellino de locura. Corregido por SCC 97 . Ni fotos de amigos… ¡Un momento! Jane estaba revolviendo los mapas y folletos turísticos ordenados con esmero en el cajón superior del escritorio. Sin demasiado interés. sus nervios comenzaron a sosegarse. se dijo apasionadamente. siempre. Jane había hecho la mayoría de ellas. pero era la expresión que se veía en las caras de ambos lo que llamaba la atención. La mayoría llevaban escritas en el reverso alguna leyenda y la fecha en que habían sido tomadas. ¡Tengo que olvidarle. ni menús de restaurantes ni entradas de teatro. Jane». Ningún desorden de la clase que solía provocar Jane en el momento en que se establecía en un lugar. —¿Cómo puedo ser tan estúpida? —se preguntó en voz alta—. sensitivas. Aún peor fue el indefinible aroma de su loción de afeitar. que parecía flotar todavía en el aire. Entonces. no puedo seguir revolcándome en la miseria! Quizás. Guiada por un repentino impulso dio la vuelta a la foto y escribió con una pluma su propia leyenda: «Amado Marc. Jane se puso a correr de un lado a otro de la habitación. Ni revistas viejas en el suelo. No se trataba tanto del júbilo radiante que se translucía en sus propios ojos. Pero. o feliz y exuberante con el restaurante giratorio de fondo. Se la veía sonriendo maliciosamente sobre la grupa de un caballo. la que más temía afrontar: envolver las pertenencias de Marc para enviárselas. Las fotos donde se veía a Marc no eran tan buenas ni de lejos. salió de la habitación en busca de cajas de cartón y cinta adhesiva. La abrió y vio que se trataba de las fotos sacadas durante el viaje por los viñedos de la isla. reveladoras y muy. «¡Me amaba de verdad!». Se sintió incómoda cuando entró en la amplia habitación para invitados y vio la cama donde habían dormido después de hacerse amantes. cuando de pronto encontró una carpeta amarilla de fotos. y casi todas estaban mal enfocadas o le sacaban sin media cabeza. Sin embargo.Un intruso en mi vida Así las cosas sólo podía dedicarse a una cosa. Siempre. Aun así. Jane frunció los labios al ver algunas fotos suyas excelentes. Llena de melancolía. si me deshago de todas sus cosas.Angela Devine . hizo una bola con la foto. Me amaba. muy bien hechas. los jerséis de cachemir y los zapatos italianos de artesanía que solía ponerse Marc. siempre. Acababa de encontrar las tijeras de la cocina en el baño del piso superior. la arrojó al suelo y lanzó un gemido de irritación. arrojando todo sobre la cama. aunque me hayas partido el corazón. apreciados por puro sentimentalismo. mientras se movía por el cuarto abriendo armarios y cajones. o pensativa y profesional en la bodega de Pipers Brook. Por supuesto le entristeció ver la chaqueta de cuero. me sentiré mejor. Cuando tuvo una pila desordenada de cosas amontonada. cuando sonó el teléfono. especiada y sutilmente inquietante. siempre te amaré. al menos durante cierto tiempo. había un par de ellas donde salían juntos. no encontró en el dormitorio nada especialmente alarmante. que les había hecho un japonés en la pista de baile del Launceston Country Club. como de la ternura con que la miraba Marc.

Oyó ruidos de cosas revueltas. vi el humo de la chimenea y se me ocurrió pasar con un poco de pan y leche. Brett. sonrojándose—. Probablemente sería Charlie. como si alguien estuviera reordenando sus pertenencias.Un intruso en mi vida —¿Diga? —Jane. Haciendo un esfuerzo. Era la voz de Marc. ¡No quiero volverte a ver en la vida! A Jane se le quebró la voz y colgó el teléfono con violencia. Por todos los cielos. —Qué maravilla —exclamó Jane sinceramente. Se quedó helada. muy tranquila. De hecho. y una barra de pan y un cartón de leche bajo el brazo. El agua que había puesto en el fuego acababa de comenzar a hervir cuando oyó que llamaban a la puerta. ¿cómo está Karen? Brett pisó con fuerza la alfombrilla de la puerta. Tal y como fueron las cosas. —Adelante —dijo con languidez. —Necesito hablar contigo. olvidando sus propios problemas por un momento y abrazándole. El rostro de Jane se arrugó. déjame en paz. —¡Oh. Dime. Jane —dijo alegremente—. como si esperase la aparición de Marc. tan próxima que daba la impresión de que estaba en la habitación junto a ella. Durante un segundo de absurda locura. sino Brett. con el aire del que esperaba oír buenas noticias. Pasa a secarte. —Oh. Tenemos que aclarar muchas cosas. qué detalle por tu parte. nítidamente—. con un periódico sobre la cabeza para protegerse de la lluvia. por favor. —¿Cómo está Marc? —preguntó Brett. Corregido por SCC 98 . —Voy a estar tranquila —pronunció lenta. —Karen está fenomenal —respondió. ¿Por qué no nos dijiste que volverías tan pronto? Te habría traído algo de comer como es debido. —Hola. Fue a la puerta y la abrió de golpe. tenemos intención de casarnos. su corazón pegó un brinco. —¡No! ¡No tenemos nada de lo que hablar! —gritó con fiereza—. Brett! —sollozó. arrojó el periódico mojado en el porche y ofreció el pan y la leche a Jane con la delicadeza de un jugador de rugby. Aferró el pan y la leche como si estuviera sosteniendo un bebé abandonado. Entonces recordó que Marc estaba en Europa. Sintió un escalofrío. Jane procuró aparentar normalidad. No era Charlie.Angela Devine . Voy a ponerme una taza de café y a estar muy.

En cualquier caso me queda el viñedo y la bodega. Jane estaba tan emocionada que no pudo articular palabra por unos momentos. —No aparecerá —le aseguró Jane. Brett parecía muy preocupado. Jane lo miró con cara de perplejidad. Jane pero desde luego puedo ayudarte. Además. entonces tendrás que comprarlo tú. Tengo ahorrado un capital considerable y puedo avalarte si pides un crédito. Estoy harta de los hombres. pero yo sí —replicó Brett—. —… si ese franchute no compra El Rincón del Talabartero. Cuando lo hizo las lágrimas amenazaron con brotar una vez más. desolada—. aparte de lo que ya está invertido en su empresa. —¿Comprar El Rincón del Talabartero a mi padre? —repitió—. a Brett se le atragantó el apellido de Marc. Me dijo que no quiere volver a ver Tasmania jamás. dándose un palmetazo en uno de sus rollizos muslos—.Angela Devine . Jane le miró como si fuera un marciano con dos cabezas. no empieces otra vez cariño —susurró su amigo para consolarla—. Sentado en el sofá del cuarto de jugar Brett le enjugaba las lágrimas con un pañuelo de papel y la observaba con cara de preocupación. Oh. ¿Cómo podría? No tengo dinero. —Vamos. —No quiero conocer a nadie. —¡No! —exclamó Brett. —Debes hacer algo con tu vida. no lo dudes. Además opino que sería una buena inversión pues algún día necesitarás un buen contable que se ocupe de tus papeles.Un intruso en mi vida Diez minutos después comenzaron a remitir los lamentos de Jane. aunque ya no me importe demasiado. De este modo al menos poseerás una casa y un trabajo aunque no te cases. Corregido por SCC 99 . ¡Por mi vida que no lo hará! No puedo ofrecerte ninguna ayuda respecto a tus problemas con ese francés. Te diré lo que deberías hacer. ¡Lo odio! Pero jamás me casaría con otro. ¡Le quiero a él! Al menos… ¿qué estoy diciendo? Por supuesto que no lo quiero. —Quiero estar sola. y pienso hacerlo a conservar el viñedo. me moriré de pena. Tarde o temprano conocerás a otro hombre. Te quedarás sola si no reaccionas. —Mataré a ese franchute si se atreve a aparecer por aquí —prometió. —¿De verdad lo harías por mí? —Por supuesto que sí. Brett. No es justo que tu padre pueda manejar el dinero que heredaste de tu abuela. Si Marc Lee Russett… Lee Rossy… Como de costumbre. —Tú no tienes dinero. mi padre corrupto probablemente venderá la propiedad a cualquiera si se le presenta la ocasión. Ni a mí tampoco.

Angela Devine . Brett. Jane respiró profundamente procurando dominar los nervios ante la discusión a la que se enfrentaría inevitablemente a continuación. expectante. Marc ha comprado la finca. llama a mi padre y acabemos de una vez por todas! Jane buscó el número. —Demasiado tarde —susurró Jane—. y Brett. En todo caso estoy segura de que Marc ya no desea comprar la finca. tenía los ojos como platos y las mejillas cenicientas. ¿Ha caducado ya la opción de compra? Jane frunció el ceño. ¡Oh. Lo que haremos será algo práctico. haciendo memoria.Un intruso en mi vida —Claro que sí no lo dudes —dijo con voz ronca—. —Creo que sí pero no estoy segura. Corregido por SCC 100 . Brett. —¿Qué ha pasado? —preguntó Brett. Para su sorpresa. Cuando colgó y se volvió hacia Brett. vamos. Brett lo marcó y luego le ofreció el aparato. eres un verdadero amigo! Le abrazó con todo el corazón. bastante nervioso. Telefonearemos a tu padre para decirle que quieres comprarle la finca. ¡Oh. le dio palmaditas en la espalda. —Vamos no empieces a llorar otra vez —le pidió—. la conversación fue muy breve.

la camisa verde claro y la corbata de tono otoñal. Te agradezco mucho todo lo que has hecho pero no quiero pelear. por favor. en realidad Corregido por SCC 101 . ¿Podía ser tan vengativo como para castigarla por abandonarle. de no ser por las viñas desnudas que formaban oscuras hileras en las colinas. por lo que se levantó a abrir la puerta trasera. casi podía pensarse que era un día primaveral. la suave textura y el corte perfecto de la chaqueta de cuero de Marc. Y estoy segura de que encontraré trabajo en alguna parte. Una extraña calma descendió sobre Jane. Jane se irritó cuando pasó a su lado para entrar. Retrocedió un paso. No tendré ningún problema. comprando su finca y dejándola en la calle? Seguía sentada. Dejémoslo de una vez. aunque Jane apenas podía creer lo que estaba viendo. Era Marc. Los frentes fríos se habían desvanecido y hacía un tiempo engañosamente tranquilo. conteniendo el aliento. Dejó de sonar y Jane escuchó pasos sobre la grava. Su resolución la llevó hasta el fin de semana cuando se acercó a Richmond y regresó con el diario nacional que publicaba las ofertas de empleo. ¡Es una injusticia! Jane encogió los hombros. Contemplando el cielo azul y el sol resplandeciente. protestas y planes de venganza. La luz del sol reflejada en las hojas cubiertas de rocío. Ya no me importa. hablando de amenazas.Angela Devine . Brett —afirmó con una frialdad que la asombró a ella misma—. —¿Pero adonde irás? ¿Qué harás? —preguntó Brett lleno de indignación—. como si fuera el dueño y señor de la casa. Tenía los ojos brillantes y un rictus amargo en los labios. la cual alzó una mano para interrumpir el encendido discurso. el aroma de las flores. mirándola de arriba abajo con descaro insultante. —Ya no me importa el dinero ni la finca —dijo con expresión de cansancio—. —¿Eres tú. Brett. luego paró el motor y entró en la casa. rompiéndose en fragmentos de extraordinario colorido. Acababa de sentarse en la mesa del comedor para leer las ofertas de empleo. mientras Brett parloteaba acaloradamente. —Mira. compañera… —No. Pronto deberían podarlas pero ése ya no era su problema. no cabía ninguna duda. aparcó el coche en el círculo de grava. Sencillamente haré el equipaje y me marcharé sin hacer ruido cuando Marc tome posesión de la finca aunque no es probable que aparezca en persona para reclamarla. —No pasa nada. la elegancia de sus pantalones beige. cuando oyó el motor de otro coche que llegaba.Un intruso en mi vida CAPITULO 9 JANE sintió una puñalada de dolor ante la crueldad de Marc. —¿Qué haces aquí? ¿Acaso has venido a echarme? Marc se tomó su tiempo antes de responder. Bre…? ¡Oh! El universo comenzó a girar a su alrededor. Bueno. Lanzando un suspiro. enmudecida y consternada.

—No. pero éste continuó mirándola fijamente. ¡Tómalo! —Yo… yo no comprendo —balbuceó Jane. —No tienes que retribuirme las relaciones sexuales que tuvimos. hay que tener mucha caradura para decir eso. no voy a «retribuirte» por una cuestión sexual. ¿verdad? —Tal vez te parezca extraño. Por mucho que nos odiemos. —Y mi «inocencia». —Pues la cosa es muy sencilla. obligándola a mirarlo a los ojos. pero así es —replicó Marc con frialdad—.Un intruso en mi vida lo era. Cuando habló lo hizo con voz empapada de sarcasmo. ¿no? ¡O lo sería pronto! Permaneció en pie. después de la forma en que me trataste! Marc frunció el ceño. —No sé qué demonios quieres decir —musitó entre dientes—. Aquí tienes el título de la propiedad. arrojando un papel sobre la mesa—. Me diste algo mucho más grande que el sexo y quiero ofrecerte algo a cambio. Inocencia. Jane contuvo el aliento ante la mezcla explosiva de odio y ternura que veía en sus ojos. y sus palabras brotaron como una lluvia de balas. ¿Amor? Siento que te debo algo. Jane te debo algo. No vale la pena seguir aquí. —Por asombroso que te parezca. Tengo la conciencia tranquila. todo lo contrario —replicó con sequedad. Ella lo miró fijamente la perplejidad patente en sus facciones. Jane tenía un amargo nudo en la garganta que apenas le permitía articular palabra.Angela Devine . intercambiando insultos Corregido por SCC 102 . Marc se aproximó a ella y le alzó la barbilla. mi «amor» significaban mucho para ti. apoyándose sobre el respaldo de una silla. —¿Que yo te traicione? ¡Desde luego. mi «confianza». —¿Por qué? —Porque me desagradaba la posibilidad de que tu padre pudiera hacerte otra faena si dejaba la finca en sus manos. Compré la propiedad y la puse a tu nombre. —¿Qué te di? —preguntó. Hasta que me traicionaste y abandonaste. —¿A mi nombre? —Sí. Una sombra cruzó por el rostro de Marc. Confianza. —Tu virginidad con todo lo que eso implica. si es así como lo quieres decir.

Tú te crees que puedes llegar aquí y tranquilizar tu conciencia por lo que hiciste con Simone cediéndome la propiedad. —Porque me quería para ella —musitó entre dientes—. —¿Entonces por qué me dijo Simone que estabas allí? Sus miradas se encontraron y se produjo un prolongado silencio. qué tonto he sido! Pensar que la creí cuando me aseguró que le gustabas y nos deseaba lo mejor… Jane. Por fin Marc respiró profundamente. sintiendo las frenéticas palpitaciones de su corazón. Me dijo que tú ya te habías acostado. ninguna cantidad de dinero podrá compensarme jamás todo lo que sufrí por tu culpa. Sin embargo. Deseaba creerle más que nada en la vida. pero enseguida recordó nítidas imágenes que había visto con sus propios ojos. ¡Mon Dieu. mientras ambos llegaban a la misma conclusión. ¿verdad? ¡Pues te diré que vas por muy mal camino! Ninguna propiedad. —Aquella noche no estaba en mi habitación. ¡Me fui a pescar con Jacques! Jane lo miró con expresión atormentada. Marc se quedó boquiabierto. —¡No me engañes! Aquella noche subí a tu habitación y Simone me abrió la puerta en camisón. Marc se volvió bruscamente y dio un puñetazo sobre la mesa que retumbó en el comedor. no podía librarse de la terrible sospecha de que pretendía burlarse de ella otra vez. ¡Déjame en paz! Ya me has arruinado la vida. Ahora. según tu opinión? —¿Tengo que deletreártelo? ¡Sabes condenadamente bien lo que hiciste! Te acostaste con ella la noche anterior a mi partida. Mira el título de propiedad. Jane agarró bruscamente los papeles y los arrojó entre las manos de Marc. ¿acaso no te basta con eso? Marc la miró con expresión desconcertada. y me marcharé. —¡No lo quiero! Ya no me importa el viñedo. y no aceptaré nada que provenga de ti. estremeciéndose.Un intruso en mi vida contigo. —Lo que hice con Simone —repitió suavemente—. ¿y para que subiste a mi cuarto aquella noche? Corregido por SCC 103 . Jane? ¡Yo no hice nada parecido! Ahora le tocó desconcertarse a ella. —¡No es eso lo que me decías en Francia! —Me importa un rábano lo que te dijera en Francia. firma el documento para mi abogado.Angela Devine . ¿Puede saberse qué hice exactamente con Simone. —¿Te has vuelto loca. por favor. fuera de aquí.

Un intruso en mi vida Jane pensó en mentir para proteger su orgullo. Una lágrima tembló sobre sus pestañas antes de resbalar por la mejilla en silencio. no te burles de mí! No podría soportar otro engaño. atormentada por las dudas. y le alzó la barbilla para poder mirar sus brillantes ojos verdes. Corregido por SCC 104 . Y a preguntarte si tú sentías algo por mí. ¿De verdad quieres saberlo? Jane titubeó. ¡Hemos sido un par de verdaderos estúpidos! ¿Es demasiado tarde para decirte que te amo con todo mi corazón? Jane se vio arrastrada por un vértigo de emociones. —Sí. Júbilo. —Creo que ya lo sabes. De pronto se halló estrujada entre los brazos de Marc. amor mío! —susurró Marc con voz profunda—. esperanza. incredulidad… —¡Marc. como no volveré a amar jamás. y esto era mucho más profundo y real. ¿no? —¿Simone? —preguntó Jane. No me había enamorado desde que tenía diecinueve años. —Te amo como nunca he amado a una mujer. anhelando poder creerle. —Te amo de verdad. pasándose una mano por la cabeza. —¿Entonces por qué no me lo dijiste antes? Marc suspiró. No quería sentirme tan vulnerable. quiero saberlo —insistió. y percibió una calidez acariciante en su voz que no había antes.Angela Devine . —Porque luchaba contra mis sentimientos. O nada. pero la mirada preocupada y oscura de Marc parecía desnudarla. ¿Quería saberlo? Le producía un dolor increíble imaginar a Marc enamorado de otra mujer. —Subí a decirte que te amaba —confesó con voz ronca—. Marc se apartó de Jane y se puso a caminar alrededor de la habitación. encogiendo los hombros—. Depende de cómo lo mires. —¿De quién te enamoraste cuando tenías diecinueve años? Marc le dirigió una sonrisa algo torcida. —¡Oh. mayor aún tratándose de Simone. tanto que me asustó. Ella tragó saliva y se la enjugó. sintiendo una punzada de dolor. —¿Qué pasó? —Todo —respondió Marc. amor mío. Marc asintió con tristeza. pero consideraba importante saber lo que había ocurrido si verdaderamente deseaba comprenderle. Jane le observaba. Jane —insistió él.

¡Opté por seguir soltero antes que implicarme en una relación tan vacía como ésa! —¿Nunca consideraste la posibilidad de casarte con ninguna otra mujer? —No. cuando me dijo con absoluta claridad que aún deseaba casarse conmigo. Poco a poco descubrí que no me dolía tanto perder a Simone como el golpe que supuso para mi orgullo. Era mucho más mayor que Simone. Después de la muerte de Gilíes. Simone me dijo que acababan de comprometerse.Angela Devine . Porque nunca he topado con ninguna que iluminara una habitación con su presencia. Jane puso los ojos como platos. —Tuve que regresar a la universidad de París y aquellas mismas navidades. confundido por mil emociones. la historia tampoco le sorprendió demasiado. aunque gracias a las revelaciones de Laurette. pero casi siempre estaba acompañada y no encontraba la ocasión oportuna para declararme. Corregido por SCC 105 . —Porque no dejé de ser un romántico incorregible. besándonos bajo las estrellas. perdido en los recuerdos. yo supe sobre seguro que sólo se debía a que me había convertido en un hombre adinerado. por lo que no le concedí demasiada importancia. Marc enmudeció. creo que nunca sentí verdadero amor por ella. Mirando atrás. suponiendo que sería un amigo de sus padres. Y Simone no me quería de esa manera. intrigada. y ella me aseguró que sentía lo mismo que yo. —¿Cómo te sentiste? —le preguntó en un susurro. —¿Por qué? —preguntó Jane. un anillo mucho mejor que el mío. ninguna que me hiciera sentirme extasiado y miserable a la vez. volví a casa decidido a establecer con Simone un compromiso formal. Hasta que te conocí. la noche de la fiesta. sino que sólo se trató de la chifladura de un veinteañero. —Me quedé hundido. Y entonces vi que Simone ya llevaba un anillo en la mano izquierda. Y con el tiempo llegué a agradecer su rechazo. Tenía un anillo de compromiso que pretendía regalarle. Regresé a casa para la vendimia y. me casaría con una mujer que me amara en cuerpo y alma. Si algún día me llegaba la hora de casarme. y entonces… Fue mi primera experiencia sexual y me dejó temblando. Simone y yo bebimos demasiado. Dije a Simone que la amaba. Sintió una oleada de tierna simpatía ante las desventuras del joven Marc. que quería casarme con ella. Jane dejó escapar un suspiro prolongado y tembloroso. —¿Y entonces? —le apremió Jane.Un intruso en mi vida —Era un estudiante universitario de diecinueve años cuando sucedió. pero la depresión sólo duró unos días. Un piloto de carreras llamado Gilíes Boutin visitaba su casa con especial frecuencia. Era una noche cálida y… Al principio sólo nos tumbamos en la hierba de una colina. pues tendría alrededor de treinta y ocho años. que me enloqueciera y me hiciera sentir que no podría vivir sin ella.

me sentí consternado y aliviado a la vez. Hace mucho tiempo. Quería hacerte daño para que sufrieras tanto como me habías hecho sufrir a mí. Queria verte en mi propio ambiente para comprobar si podías encajar en él. Marc contuvo el aliento bruscamente. No podía soportar la idea de que te acostaras con Simone. Y no es que me gustara precisamente cuando ocurrió. Al mismo tiempo no podía soportar la idea de separarme de ti. ser tu mujer. ¿Cómo pudiste pensar tal cosa de mí? Ciertamente. o si cambiabas de opinión como hizo Simone? ¿Y si la novedad de la experiencia te había engañado respecto a tus propios sentimientos? Debido a mi propia experiencia. Lo que no me gustaba era la sensación de que allí nunca podría sentirme en mi sitio. parte de tu familia. convencida de que para ti sólo representaba una aventurilla sin importancia. Deseaba que me amaras y anunciaras un compromiso serio. —Esa mentirosa… Bueno. olvidémonos de ella. ¿Qué dices a eso. mis padres pensaron que el mantenimiento del palacio constituía una Corregido por SCC 106 . —¡Ojalá lo hubiera sabido! —gritó Jane—. —Debería darte una zurra. con el propósito de descubrir si me amabas verdaderamente con la misma desesperación que yo sentía. Simone me dijo que tenías la costumbre de acostarte con jovencitas. Cuando observé que no te gustaba lo más mínimo. sabía bien que la primera vez puede resultar muy engañosa. ¿Y si te perdía. A la vez. Por eso te pedí que fueras a Francia conmigo. —¡Pero sí me gustó! —protestó Jane—. Ya estaba muy acostumbrado a mi vida de soltero y no me hacía ninguna gracia sentirme tan vulnerable ante otra persona así que procuré librarme por todos los medios de la atracción que sentía hacia ti.Angela Devine . —¿Por qué la llevaste? —Existían muchos asuntos financieros que debíamos aclarar. no llevé a Simone al palacio para acostarme con ella. La primera vez que dormimos juntos cuando me dijiste que me amabas pensé que era el rey del universo. Me sentía tan desolada. sólo unas cuantas semanas con cada una de ellas por pura diversión. Y deseaba integrarme con tanta intensidad. asintiendo. Deseaba protegerte. Marc la atrapó por el cabello y la estrechó entre sus brazos. Me dijiste que te habías acostado conmigo sólo para recobrar el viñedo. Temía que pudieras estar diciendo cosas de las que te arrepentirías después y tuve que morderme la lengua para no declararme a ti en ese momento con el riesgo de agobiarte. tus palabras me llenaron de pavor.Un intruso en mi vida —¿Sientes lo que dices? —le preguntó con voz entrecortada. —Eso no es lo que me dijiste en la estación de Brive. complacerte y hacerte mía para siempre. Marc suspiró a su vez. —Sí. mademoiselle! —Mentí. Marc le hizo una mueca burlona. claro que lo siento.

Marc ya no se mostraba reservado Corregido por SCC 107 . pero también le ofrecía algo nuevo para ella. El palacio me pareció un lugar adecuado. ¿Qué digo. Con un movimiento tan repentino que sorprendió a Jane. Entonces debemos ponernos a trabajar cuanto antes. De pronto. Jane frunció los labios. Jane? ¿Serás mi mujer y la madre de mis hijos? Ella se puso de puntillas y le dio un beso prolongado. Y tú… tú eres mi reina. la alzó entre sus brazos y la miró con ojos encendidos de emoción. exigente. Paso por una época de grandes cambios en mi vida. con la respiración entrecortada. De hecho. ya he dejado muy claro a Simone que no deseo tener nada que ver con ella de ahora en adelante. Y espero tener muchos hijos. Intuía que Marc estaba a punto de hacerle la pregunta que anhelaba escuchar. Marc le dio el abrazo del oso. —Hum —murmuró Jane. y quería asegurarme de que todos los detalles financieros estuvieran en orden. —¡Sí! ¡Sí! Mon Dieu… me has hecho el hombre más feliz de Australia. ¿A qué grandes cambios te referías. invitador. Aferró a Jane por los hombros con tanta fuerza que le hizo daño. recordando sus afirmaciones previas—.Marc? Los ojos de Marc chispearon. —¿Te casarás conmigo. Y así sucedió. —Estoy considerando la posibilidad de casarme —afirmó en tono mesurado—. —Estoy de acuerdo. —Por supuesto que sí —respondió. por lo que necesitaré mucho espacio para acomodarlos.Un intruso en mi vida carga demasiado costosa para ellos. Pero me temo que tendrás que buscarte otro contable para el futuro. tan sólo le importaba la expresión de júbilo que veía en su rostro. ansiedades incontenibles. Jane. En el pasado habían compartido una intensa pasión. Entonces le dio un beso en los labios que le dijo a Jane todo lo que necesitaba saber. anhelante. El beso de Marc era ávido. simulando preocupación—. —Marc. risueños y maliciosos. —Hum —murmuró. Marc. de Australia? ¡Del mundo entero! En este momento soy el rey del universo. Marc se echó hacia atrás para mirarla. se me ocurrió la idea de comprárselo directamente a mis padres.Angela Devine . —¡Cómo no ibas a querer tú las cosas en orden! —dijo en tono acusador—. el palacio tiene sesenta y siete habitaciones —susurró Jane débilmente. pero a ella no le importó. Marc se puso serio y a Jane comenzó a palpitarle el corazón. si queremos llenar todas las habitaciones. pero nunca aquella ternura profunda y dolorosa. la increíble emoción que le hizo lanzar un súbito grito triunfal. Como da la casualidad de que ninguno de mis hermanos está interesado en el palacio.

Y es a mi futura esposa a la que deseo llevar a mi cama en este mismo momento para hacerla mía. me duele. ¿Te parece bien? Jane estaba tan emocionada que apenas podía articular palabra. —Sí. ¿O debería decir madame? Porque tengo la intención de convertirte muy pronto en madame Le Rossignol. Jane cerró los ojos y gimió de placer cuando comenzó a chuparlo. mi mujer y la madre de mis hijos. tan hermosísima. cerró la puerta de una patada y dejó a Jane en el medio de la gigantesca cama. Lo miró. Marc lanzó un ronco gemido triunfal. Marc la miró como si quisiera devorarla. me estremece de pura necesidad de ti. Jane alzó una mano y deslizó un dedo por su mejilla. —Eres tan hermosa —dijo en un suspiro—. Lleno de impaciencia. Corregido por SCC 108 . aspirando el aroma de su piel. malentendidos ni dudas que lo estropeen. estrechándola con brazos de acero. —¡Entonces. tímidamente.Angela Devine . Con amor eterno entre nosotros. sino que la besaba con toda la intensidad de una naturaleza apasionada y exuberante que había pasado demasiado tiempo reprimida. Y quiero que tú sientas lo mismo por mí. mademoiselle. Tendiéndose junto a ella.Un intruso en mi vida y distante. Jane pronunció las palabras con suavidad. con la misma intensidad deliberada y provocativa. Los senos quedaron libres de su confinamiento y Marc agachó la cabeza para mordisquear la carne suave y tersa. dìmelo! —Te amo. tomó su cabello a manos llenas. te amo. comenzó a desabrocharle la camisa e hizo otro tanto con el cierre frontal del sostén. una débil y temblorosa sonrisa jugueteando en las comisuras de sus labios. Marc no tenía ninguna prisa. Tan. Sólo cuando Jane comenzó a sollozar y temblar. —Lo siento —susurró ella. las emociones resplandeciendo en sus ojos. tomó entre los dedos uno de los pezones y se lo llevó a la boca. empujándole y abrazándose a él alternativamente. Sin mentiras. Y ese amor me abrasa. Entonces. Marc hizo una breve pausa que dobló la ansiedad de Jane antes de otorgar el mismo trato a su otro seno. se compadeció de ella. —Entonces nada podrá salvarte. y Jane arqueaba el cuerpo y se estremecía de lado a lado de la cama. Marc plantó otro beso apasionado en sus labios y luego la llevó en volandas a través del vestíbulo hasta su viejo dormitorio. Te amo. Sino con confianza. —¡Te amo! —insistió—. Con sensualidad parsimoniosa y deliberada. me parece muy bien —replicó con voz ronca. reuniéndolo a los lados de su rostro. Por fin Marc alzó la cabeza para recobrar el aliento. Con dignidad. Te amo más de lo que podría explicarte con palabras. te amo. Jane. Marc. jadeando y ofreciéndose a él. pero con el tono distintivo de la verdad.

sí. Marc estaba allí realmente. Se desvanecieron todos sus problemas y preocupaciones. Marc —murmuró. arrojando la ropa a un lado. Amor mío. resbaladizo y tembloroso. Con movimientos nerviosos se desnudó. Ya tendrían tiempo para juegos de amor prolongados en otras ocasiones. Con dedos temblorosos le acarició íntimamente. Oh. Y ya no era un intruso amenazador. cerniéndose sobre ella con una mirada ávida que provocó las palpitaciones desenfrenadas de su corazón. Cuando sus cuerpos comenzaron a moverse al mismo ritmo. en aquel mismo momento. guiándole hacia el centro cálido y húmedo de su feminidad. compartiendo. Su hombre adorado.Angela Devine . exigiendo y ofreciendo. que podía hacer gritar a una chica de pura felicidad. Entonces se deslizó sobre Jane. Marc lanzó un gruñido profundo y se puso en pie de un salto.Un intruso en mi vida —¿Estás preparada? —murmuró. —Yo también te amo. sino su hombre. Jane —afirmó con voz profunda. Marc jadeó de pura satisfacción cuando penetró en su interior y ella movió el cuerpo. como si formaran un solo ser. duro y viril. para acomodarle. —Sí. Marc. Él enredó los dedos con su cabello y posó los labios sobre los suyos. A veces la vida era tan perfecta. deseaba sentirle en los rincones más profundos de su ser con la mayor urgencia. —Te amo. Jane extendió las manos hacia Marc y dejó escapar un profundo suspiro de satisfacción cuando se sintió estrujada bajo aquel cuerpo caliente. Esta vez deseaba a Marc violentamente. Jane entrelazó los brazos alrededor de su cuello y se abandonó a un placer demasiado profundo como para describirlo con palabras. Fin Corregido por SCC 109 .

Intereses relacionados