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FACULTAD DE HUMANIDADES ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA . Título: Trastornos paralíticos. Autora: Marisol Poquioma Serna Isabo

FACULTAD DE HUMANIDADES ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA.

Título:

Trastornos paralíticos. Autora:

Marisol Poquioma Serna Isabo Lucero Portocarrero Tafur Miguel Ángel Soto Chaparro Christian Vargas Rivasplata

Asesor:

Psi. Andy García Orbe.

Moyobamba – Perú

2016

TRASTORNOS PARAFILICOS

LOS TRASTONOS PARAFILICOS incluidos en este manual son: trastornos de voyeurismo (espiar las actividades privadas de terceras personas), trastorno de exhibicionismo (enseñar los genitales), trastorno de froteurismo (tocamientos de fricción contra una persona sin su consentimiento), trastorno de masoquismo sexual (someterse a humillación, ataduras o sufrimiento), trastorno de sadismo sexual (infligir humillación, ataduras o sufrimiento), trastorno de pedofilia (fijación sexual en los niños), trastorno de fetichismo (el uso de objetos inanimados o un gran interés centrado en partes cuerpo distintas de los genitales) y trastornos de travestismo (travestirse para excitarse sexualmente).

Estos trastornos han sido seleccionados tradicionalmente en las listas específicas y se asignación de criterios diagnósticos explícitos en el DSM por dos razones fundamentales: son relativamente frecuentes en relación a otros trastornos parafílicos y algunos de ellos dan lugar a acciones para su satisfacción que, debido a su nocividad o posibles daños a terceros, son tipificados como delitos criminales. Los ochos trastornos incluidos no agotan la lista de posibles trastornos parafílicos. Se han identificado y nominado varias decenas de diferentes parafilias y casi todas ellas podrían, en virtud de sus consecuencias negativas para el mismo afectado o los demás, elevarse a la categoría de trastorno parafílico. El diagnóstico de otro trastorno parafílico especificado y no especificado es por lo tanto indispensable y será necesario en muchos casos.

En este capítulo, el orden de presentación de los trastornos parafílicos incluidos corresponde generalmente a los esquemas de clasificación

habituales de estas afecciones. En primer grupo de trastornos está basado en las preferencias de actividad anómalas. Estos trastornos se subdividen en trastornos de cortejo, que presentan componentes distorsionados del comportamiento humano en el cortejo (trastorno de voyeurismo, trastorno de exhibicionismo y trastorno de frotteurismo) y los trastornos algolágnicos, que implican dolor y sufrimiento (trastorno de masoquismo sexual y trastorno de sadismo sexual). El segundo grupo de trastornos está basado en preferencias de objetivo anómalas. Esos trastornos incluyen uno orientado a otras personas (trastorno pedofílico) y dos orientados a otros campos (trastorno de fetichismo y trastorno de travestismo).

El termino Parafilia, denota cualquier interés sexual intenso y persistente distinto del interés sexual por la estimulación genital o las caricias preliminares dentro de las relaciones humanas consentidas y con parejas físicamente maduras y fenotípicamente normales. En algunas circunstancias, los criterios “intenso y persistente” pueden ser difíciles de aplicar, como en la valoración de personas de edad muy avanzadas o enfermas y que no pueden tener intereses sexuales “intensos” de ningún tipo. En esas circunstancias, el termino parafilia puede ser definido como cualquier interés sexual mayor o igual a los intereses sexuales normofílicos. También hay parafilias específicas que se definen mejor generalmente como intereses sexuales preferentes en lugar de intereses sexuales intensos. Algunas parafilias tienen como preocupación primaria, ante todo, las actividades eróticas de la persona y otras se centran en los objetivos eróticos de la persona. Entre las primeras cabe destacar el interés intenso y persistente en los azotes, latigazos, cortes, ataduras y la asfixia de otras personas o un interés en esas actividades que iguala o excede el interés por copular o mantener una interacción equivalente con otra persona. Como ejemplo de las últimas cabe mencionar el

interés sexual preferente o intenso hacia los niños, los cadáveres o los amputados (como grupo), así como el interés preferente intenso por animales no humanos, como caballos o perros, o hacia objetos inanimados, como zapatos o artículos de goma.

Un trastorno parafílico es una parafilia que causa malestar o deterioro en el individuo o una parafilia cuya satisfacción conlleva un perjuicio personal o riesgo de daños a terceros. La parafilia es una condición necesaria pero no suficiente para tener un trastorno parafílico, y la parafilia por sí misma no justifica o requiere necesariamente la intervención clínica. En los criterios diagnósticos de cada uno de los trastornos parafílicos descritos, el Criterio A especifica la naturaleza cualitativa de la parafilia (p. ej., la atención erótica centrada en los niños o en mostrar los genitales a desconocidos) y el Criterio B especifica las consecuencias negativas de la parafilia (el malestar, deterioro o daños a terceros). De acuerdo con la distinción entre parafilias y trastornos parafílicos, el termino diagnostico debería reservarse para las personas que cumplen ambos criterios, A y B (personas que presentan un trastorno parafílico). Si para una determinada parafilia un individuo cumple el criterio A pero no cumple el criterio B -circunstancia que podría salir a relucir cuando se descubre una parafilia benigna durante la intervención clínica de alguna otra afección, entonces puede decirse que ese individuo tiene una parafilia, pero no un trastorno parafílico. No es raro que una misma persona presente dos o más parafilias. En algunos casos, los objetivos parafílicos están íntimamente relacionados y la conexión entre parafilias es intuitivamente comprensible (p. ej., el fetichismo de los pies y el fetichismo de los zapatos). En otros casos, la conexión entre parafilias no es obvia y la presencia de varias parafilias puede ser casual o debida a otras circunstancias relacionadas con una vulnerabilidad generalizada a las anomalías del desarrollo psicosexual.

En cualquier caso, los diagnósticos comórbidos de trastornos parafílicos separados pueden justificarse si más de una parafilia causa sufrimiento en la persona o daño a terceros. Debido a la doble naturaleza del diagnóstico de los trastornos paralíticos se puede evaluar la intensidad de la parafilia en si misma o la gravedad de sus consecuencias mediante medidas y valoraciones de gravedad calificadas por el paciente o por un clínico. Aunque el malestar y el deterioro estipulados en el Criterio B son la clave del resultado inmediato o final de la parafilia y no cualquier otro factor en especial, los fenómenos de depresión reactiva, ansiedad, culpa, escasa experiencia laboral, deterioro en las relaciones sociales y demás no son únicos en sí mismos y pueden ser cuantificados con medidas polivalentes del funcionamiento psicosocial o de la calidad de vida. El marco de aplicación más extendido para evaluar la intensidad de una parafilia por sí misma es aquel en el que los deseos irrefrenables, los comportamientos o las fantasías sexuales parafílicas del examinado se evalúan en relación a sus intereses y comportamientos sexuales normofílicos mediante entrevistas clínicas o cuestionarios autoadministrados, preguntando a los examinados si sus fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos sexuales parafílicos son más débiles, iguales o más fuertes que sus comportamientos e intereses sexuales normofílicos. Esta misma clase de comparación puede utilizarse, y de hecho se utiliza, en las medidas psicofisiológicas de interés sexual, como la pletismografía peneana en los hombres y el tiempo de observación en hombres y mujeres.

Trastorno de voyeurismo

Criterios diagnósticos

(F65.3)

302.82

  • A. Durante un periodo de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente derivada de la observación de una persona desprevenida que esta desnuda, desnudándose o dedicada a una actividad sexual, y que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos.

    • B. El individuo ha cumplido estos deseos sexuales irrefrenables con una persona que no ha dado su consentimiento, o los deseos irrefrenables o fantasías sexuales causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

    • C. El individuo que experimenta la excitación y/o que actúa con un deseo irrefrenable tiene como mínimo 18 años de edad.

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de un comportamiento voyeurista es limitada.

En remisión total: El individuo no ha cumplido sus deseos irrefrenables con una persona sin su consentimiento, y no ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento durante al menos cinco años en los que ha estado en un entorno no controlado.

Especificadores

El especificador "en remisión total" no implica la presencia o ausencia continuada de voyeurismo per se, que puede estar presente después de que los comportamientos o el malestar hayan remitido.

Características diagnósticas.

Los criterios diagnósticos del trastorno de voyeurismo pueden aplicarse tanto a los individuos que en mayor o menor medida admiten libremente este tipo de parafilia como a aquellos que niegan categóricamente cualquier tendencia sexual a observar a personas desprevenidas que estén desnudas, desnudándose o dedicadas a realizar actividades sexuales a pesar de haber pruebas de lo contrario. Si los individuos que lo admiten explican también malestar o problemas psicosociales debido a sus preferencias sexuales voyeuristicas, entonces se pueden diagnosticar de trastorno de voyeurismo. Por otro lado, si refieren que no sufren malestar, demostrado por ausencia de ansiedad, obsesiones, culpa o vergüenza por estos impulsos parafílicos, no hay un deterioro en otras áreas importantes del funcionamiento debido a sus intereses sexuales y sus antecedentes psiquiátricos o legales indican que no actúan de esa manera, entonces puede afirmarse que tienen un interés sexual de voyeurismo, pero no deben ser diagnosticados de trastorno de voyeurismo.

Entre los individuos que no lo admiten se incluyen, por ejemplo, los que han espiado repetidamente en distintas ocasiones a personas desprevenidas que están desnudas o dedicadas a una actividad sexual pero que niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasía relacionada con dicho comportamiento sexual, y que pueden explicar que los episodios conocidos de observación de personas desprevenidas que están desnudas o en actividad sexual fueron esporádicos y no sexuales. Otros individuos pueden reconocer episodios anteriores de observación de personas desprevenidas que estaban desnudas o sexualmente activas,

pero rebatir cualquier interés sexual significativo o continuado en ese comportamiento. Desde el momento en que los individuos niegan tener fantasías con la observación de terceras personas desnudas o en actividad sexual, dichos individuos también negaran sentirse subjetivamente mal o presentar deterioro en lo social debido a sus impulsos. A pesar de su actitud no reconocedora, dichos individuos pueden ser diagnosticados de trastorno de voyeurismo. El comportamiento voyeurístico recurrente constituye un argumento suficiente a favor del voyeurismo (al cumplir el Criterio A) y simultáneamente demuestra que ese comportamiento de motivación parafílica causa daño a terceras personas (al cumplir el Criterio B).

Espiar '"recurrentemente" a personas desprevenidas que están desnudas o manteniendo relaciones sexuales (varias víctimas, diferentes en cada ocasión) puede ser interpretado, como norma general, como la presencia de tres o más víctimas en diferentes ocasiones. Un menor número de víctimas puede también satisfacer el criterio siempre que se espié a la misma victima en varias ocasiones o si hay pruebas que confirman un interés distinto o preferente en observar a escondidas a personas desprevenidas que están desnudas o en actividad sexual. Nótese que la existencia de varias víctimas, como se ha sugerido anteriormente, es condición suficiente pero no necesaria para el diagnóstico; los criterios también pueden cumplirse si el sujeto reconoce un interés sexual voyeuristico intenso. Ei marco temporal del Criterio A, en el que los signos o síntomas del voyeurismo deben haber persistido durante al menos 6 meses, debe entenderse como una pauta general, no como un umbral estricto, con el fin de asegurar que el interés sexual en observar a escondidas a personas desprevenidas desnudas o en actividad sexual no es meramente transitorio.

La adolescencia y la pubertad generalmente incrementan la curiosidad y la actividad sexual. Con el fin de atenuar el riesgo de patologizar el interés y el comportamiento sexual que son normales durante la adolescencia puberal, la edad mínima para el diagnóstico del trastorno de voyeurismo se establece en 18 años (Criterio C).

Prevalencia.

Los actos de voyeurismo son los más frecuentes para un potencial comportamiento sexual delictivo. La prevalencia entre la población del trastorno de voyeurismo se desconoce. Sin embargo, basándose en muestras no clínicas de actos sexuales voyeurísticos, la máxima prevalencia posible del trastorno de voyeurismo a lo largo de la vida es de aproximadamente el 12% en los hombres y el 4% en las mujeres.

Curso y desarrollo.

Los hombres adultos con trastorno de voyeurismo a menudo se dan cuenta per primera vez en la adolescencia de su interés por espiar a escondidas a personas desprevenidas. Sin embargo, la edad mínima para el diagnóstico del trastorno de voyeurismo es de 18 años por la dificultad que entraña diferenciarlo de la curiosidad y la actividad sexual propias de la pubertad esas edades. La persistencia del voyeurismo a lo largo del tiempo no está clara. El trastorno de voyeurismo, sin embargo, requiere por definición uno o más factores contribuyentes que pueden variar con el tiempo con o sin tratamiento: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual, intensa, soledad), morbilidad psiquiátrica, hipersexualidad e impulsividad sexual, deterioro psicosocial y propensión a comportarse sexualmente espiando a personas desprevenidas desnudas o en actividad sexual. Por lo tanto, el curso del trastorno de voyeurismo es probable que cambie con la edad.

Factores de riesgo y pronóstico.

Temperamentales. El voyeurismo es una condición previa necesaria del trastorno de voyeurismo, por consiguiente, los factores de riesgo del voyeurismo deberían a su vez incrementar las tasas trastorno de voyeurismo.

Ambientales. El abuso sexual en la infancia, el abuso de sustancias y la preocupación sexual/hipersexualidad se han sugerido como factores de riesgo, aunque la relación causal con el voyeurismo es incierta y la especificidad no está clara.

Aspectos diagnósticos relacionados con el género.

El trastorno de voyeurismo es muy raro en las mujeres en los contextos

clínicos, mientras que proporción entre hombres y mujeres que realizan actos aislados de voyeurismo para alcanzar la excitación sexual podría ser de 3:1.

Diagnóstico diferencial. Trastorno de conducta y trastorno de la personalidad antisocial. El trastorno de conducta de los adolescentes y el trastorno de la personalidad antisocial se caracterizarían por comportamientos añadidos antisociales y de transgresión de las normas establecidas, mientras que estaría ausente el interés sexual especifico por observar a escondidas a personas desprevenidas desnudas o en actitud sexual.

Trastornos por consumo de sustancias. Los trastornos por consumo de sustancias pueden entrañar episodios voyeurísticos aislados en los individuos intoxicados, pero no deberían incluir el típico interés sexual por espiar a a escondidas a personas desnudas o en plena actividad sexual. De ahí que los comportamientos, deseos irrefrenables y/o fantasías vouyoerísticas recurrentes que ocurren también cuando el

individuo no está intoxicado sugieran la posible presencia de un trastorno de voyeurismo.

Comorbilidad.

La comorbilidad conocida del trastorno de voyeurismo se basa en gran medida en estudios con hombres que o bien han sido sospechosos, o bien han sido condenados por observar a escondidas a personas desprevenidas desnudas o que realizaban actividades sexuales. Por tanto, esta comorbilidad no debería aplicarse a todos los individuos con trastorno de voyeurismo. Entre las afecciones comórbidas con el trastorno de voyeurismo están la hipersexualidad y otros trastornos parafílicos especialmente el trastorno de exhibicionismo. También son afecciones comórbidas frecuentes los trastornos depresivos, bipolar, de ansiedad y de consumo de sustancias. El trastorno por déficit de atención, hiperactividad, el trastorno de conducta y el trastorno ele la personalidad antisocial también son afecciones comórbidas frecuentes.

Trastorno de Exhibicionismo

Criterios diagnósticos

(F65.2)

302.4

A. Durante un periodo de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente derivada de la observación de una persona desprevenida, y que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos.

B. individuo ha cumplido estos deseos sexuales irrefrenables con una

persona

que

no

ha

dado

su

consentimiento, o los deseos

irrefrenables o fantasías sexuales causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

C. El

individuo que

experimenta la

excitación y/o que actúa

con

un

deseo irrefrenable tiene como mínimo 18 años de edad.

Especificar si:

Sexualmente excitado por exposición de los genitales a niños prepúberes. Sexualmente excitado por exposición de los genitales a individuos físicamente maduros. Sexualmente excitado por exposición de los genitales a niños prepúberes y a individuos físicamente maduros.

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de exposición de los genitales es limitada.

En remisión total: El individuo no ha cumplido sus deseos irrefrenables con una persona sin su consentimiento y no ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento

durante al menos cinco años en los que ha estado en un entorno no controlado.

Subtipos.

Los subtipos del trastorno del exhibicionismo se basan en la edad o

madurez físicas de las personas que, sin su consentimiento, son objetos preferentes de la exposición genital. Estas personas que no dan su consentimiento pueden ser niños prepúberes, adultos o ambos. Este

especificador debería contribuir a prestar la debida atención a las características de las víctimas de los individuos con trastorno exhibicionista para prevenir posibles trastornos de pedofilia concurrentes que pudieran pasarse por alto. Sin embargo, los indicios de que el individuo con trastorno exhibicionista siente atracción sexual por mostrar sus genitales a niños no deberían excluir un diagnóstico de trastorno de pedofilia.

Especificadores.

El especificador “en remisión total” no implica la presencia o ausencia de exhibicionismo per se, que puede estar presente después de que los comportamientos o el malestar hayan remitido.

Características diagnósticas.

Los criterios diagnósticos del trastorno de exhibicionismo pueden aplicarse tanto a los individuos en mayor o menor medida admiten libremente ese tipo de parafilia como a aquellos otros que niegan categóricamente cualquier tendencia sexual a exponer sus genitales a personas desprevenidas, a pesar de haber datos objetivos de lo contrario. Si los individuos que lo admiten refieren también problemas psicosociales causados por sus preferencias o el deseo sexual de exponer sus genitales, pueden ser diagnosticados de trastorno de exhibicionismo. Por el contrario, si refieren no sufrir malestar (ejemplificado por la ausencia de ansiedad, obsesiones y culpa o vergüenza por los impulsos parafílicos), no hay deterioro en áreas importantes del funcionamiento debido a sus intereses sexuales y los antecedentes psiquiátricos, legales o referidos por el propio individuo indican, que no actúan de esa manera, entonces puede afirmarse que

tienen un interés de exhibicionismo, pero no deben ser diagnosticados del trastorno de exhibicionismo.

Ejemplos de individuos que no lo admiten son los que se han expuesto repetidamente a personas desprevenidas en diferentes ocasiones, pero niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasía relacionada con dicho comportamiento sexual y que pueden explicar que los episodios de exposición fueron de naturaleza esporádica y no sexual. Otros individuos pueden reconocer episodio genital, pero rechazan cualquier interés sexual significativo o continuado en ese comportamiento. Desde el momento que niegan tener deseos irrefrenables o fantasías de exposición genital, estos individuos también negaran sentirse mal o presentar deterioro social debido a sus impulsos. A pesar de su negativa a aceptarlo, estos individuos pueden ser diagnosticados de trastorno de exhibicionismo. El comportamiento exhibicionista recurrente constituye un argumento suficiente para el exhibicionismo (Criterio A) y simultáneamente demuestra que ese comportamiento de motivación parafílica causa daño a terceras personas (Criterio B).

La exposición genital "recurrente" a personas desprevenidas (varias víctimas, diferentes en cada ocasión) puede interpretarse, como norma general, como la existencia de tres o más víctimas en diferentes ocasiones. Un menor número de víctimas puede también satisfacer el criterio siempre que la víctima de la exposición sea la misma en varias ocasiones o si hay pruebas que confirmen un interés claro o preferente en exponer los genitales a personas desprevenidas. Nótese que la presencia de varias víctimas, como se ha sugerido anteriormente, es condición suficiente pero no necesaria para el diagnóstico, ya que los criterios pueden cumplirse si el sujeto reconoce su interés sexual exhibicionista intenso con malestar o deterioro.

El marco temporal del Criterio A, por el que los signos o síntomas de exhibicionismo deben haber persistido durante al menos 6 meses, debe entenderse como una pauta general, no como un umbral estricto, con el fin de asegurar que el interés sexual por la exposición genital a personas desprevenidas no sea meramente transitorio. Esto podría expresarse mediante pruebas claras de comportamientos repetidos o malestar durante un período no transitorio menor de 6 meses.

Prevalencia

La prevalencia del trastorno de exhibicionismo se desconoce. Sin

embargo, basándose en los casos de exhibicionismo observados en

muestras no clínicas

o

la

población general, la máxima

prevalencia

posible del trastorno de exhibicionismo es del 2-4 % en los varones. La prevalencia del trastorno exhibicionista en las mujeres es más desconocida si cabe, pero se cree que, en general, es muy inferior a la de hombres.

Desarrollo y curso

Los hombres adultos con trastorno exhibicionista a menudo refieren que la primera vez que se dieron cuenta de su interés sexual en exponer sus genitales a personas desprevenidas fue durante la adolescencia, un poco más tarde del desarrollo típico del interés sexual normativo en hombres o mujeres. Aunque no hay una edad mínima establecida para diagnosticar el trastorno de exhibicionismo, puede ser difícil diferenciar los comportamientos exhibicionistas de la curiosidad sexual propia de la edad en la adolescencia. Mientras que los impulsos exhibicionistas parecen surgir en la adolescencia o en las primeras etapas de la edad adulta, se conoce poco sobre su persistencia en el tiempo. El trastorno exhibicionista requiere, por definición, uno o más factores

contribuyentes, que pueden variar con el tiempo, con o sin tratamiento:

malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, soledad), comorbilidad con un trastorno mental, hipersexualidad e impulsividad sexual, deterioro psicosocial y propensión a comportarse sexualmente exponiendo los genitales a personas desprevenidas. Por lo tanto, el curso del trastorno de exhibicionismo es probable que cambie con la edad. Tal y como ocurre con otras preferencias sexuales, el aumento de la edad puede asociarse a una disminución del comportamiento y las preferencias sexuales de carácter exhibicionista.

Factores de riesgo y pronóstico

Temperamentales. Puesto que el exhibicionismo es condición previa necesaria del trastorno de exhibicionismo, los factores de riesgo del exhibicionismo deberían a su vez incrementar las tasas del trastorno de exhibicionismo. Los antecedentes antisociales, el trastorno de la personalidad antisocial, el abuso de alcohol y las preferencias sexuales pedófilas pueden incrementar el riesgo de recidiva en los agresores sexuales exhibicionistas. De ahí que el trastorno de personalidad antisocial, el trastorno de consumo de alcohol y el interés pedófilo puedan considerarse factores de riesgo del trastorno de exhibicionismo en los hombres con preferencias sexuales exhibicionistas.

Ambientales.

El

abuso

emocional

y

sexual

en

la

infancia

y

la

hipersexualidad/preocupación sexual se han sugerido como factores de riesgo para el exhibicionismo, aunque la relación causal con el exhibicionismo es incierta y la especificidad no está clara.

Aspectos diagnósticos relacionados con el género

El trastorno de exhibicionismo es muy inusual en mujeres, si bien

pueden producirse episodios aislados de excitación sexual exhibicionista

con una frecuencia

que, como mucho, llega

comparación con los hombres.

a

ser

de

la

mitad en

Consecuencias funcionales del trastorno de exhibicionismo

Las consecuencias funcionales del trastorno de exhibicionismo no se han abordado en los estudios de individuos que no han actuado sexualmente exponiendo sus genitales a personas desprevenidas pero que cumplen el Criterio B de experimentar un malestar emocional intenso con esas preferencias.

Diagnóstico diferencial

Los posibles diagnósticos diferenciales del trastorno de exhibicionismo también son a veces trastornos comórbidos con él. Por tanto, normalmente es necesario evaluar los signos del trastorno exhibicionista y de las otras posibles afecciones por separado.

Trastorno de conducta y trastorno de la personalidad antisocial. El trastorno de conducta en adolescentes y el trastorno de la personalidad antisocial se caracterizarían por comportamientos añadidos antisociales y de transgresión de las normas establecidas, mientras que estaría ausente el interés sexual específico por exponer los genitales.

Trastorno por consumo de sustancias. Los trastornos por consumo de alcohol y sustancias pueden entrañar episodios exhibicionistas aislados en los individuos intoxicados, pero no deberían incluir el típico interés sexual por exponer los genitales a personas desprevenidas. De ahí que los comportamientos, deseos irrefrenables o fantasías exhibicionistas recurrentes que ocurran también cuando el individuo no está intoxicado sugieran la posible presencia de un trastorno de exhibicionismo.

Comorbilidad

La comorbilidad conocida del trastorno de exhibicionismo se basa en gran medida en estudios de individuos (casi siempre hombres) condenados por actos delictivos en los que interviene la exposición genital a personas sin su consentimiento. Por tanto, esta comorbilidad podría no aplicarse a todos los individuos que cumplen los requisitos diagnósticos del trastorno de exhibicionismo. Las afecciones que presentan comorbilidad con el trastorno de exhibicionismo en porcentajes elevados son los trastornos depresivos, bipolar, de ansiedad y por consumo de sustancias, la hipersexualidad, el trastorno por déficit de atención/hiperactividad, otros trastornos parafílicos y el trastorno de la personalidad antisocial.

Trastorno de frotteurismo

Criterios diagnósticos.

(F65.81)

302.89

A. Durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente derivada de los tocamientos o fricción contra una persona sin su consentimiento y que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos.

B. El individuo ha cumplido estos deseos sexuales irrefrenables con una persona que no ha dado su consentimiento, o los deseos irrefrenables o fantasías sexuales causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de tocamientos o fricción es limitada. En remisión total:

El individuo no ha cumplido sus deseos irrefrenables con una persona sin su consentimiento, y no ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento, durante al menos cinco años en los que ha estado en un entorno no controlado.

Especificadores

El especificador "en remisión total" no implica la presencia o ausencia de

frotteurismo per se, que puede estar presente después de que los comportamientos o el malestar hayan remitido.

Características diagnósticas

Los criterios diagnósticos del trastorno de frotteurismo pueden aplicarse tanto a los individuos que en mayor o menor medida admiten libremente este tipo de parafilia como a aquellos otros que niegan categóricamente cualquier tendencia sexual a realizar tocamientos o fricciones contra una persona sin su consentimiento a pesar de haber pruebas objetivas de lo contrario. Si los individuos que lo admiten refieren también deterioro psicosocial a causa de sus preferencias o deseos sexuales de realizar tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento, pueden ser diagnosticados de trastorno de frotteurismo. Por el contrario, si refieren no sufrir malestar (demostrado por la ausencia de ansiedad, obsesiones, culpa o vergüenza) por los impulsos parafílicos, no hay un deterioro en otras áreas importantes del funcionamiento debido a sus intereses sexuales y sus antecedentes psiquiátricos o legales indican que no actúan de esa manera, entonces puede afirmarse que les

interesa sexualmente el frotteurismo, pero no deben ser diagnosticados de trastorno de frotteurismo.

Entre los individuos que no lo admiten se incluyen quienes han realizado en distintas ocasiones tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento pero que niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasía relacionada con dicho comportamiento sexual. Estos individuos pueden referir que los episodios identificados en los que ha habido tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento fueron no intencionadas y de naturaleza no sexual. Otros individuos pueden reconocer episodios anteriores de tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento, pero recha-zar cualquier interés sexual importante o persistente por este comportamiento. Desde el momento en que niegan tener deseos irrefrenables o fantasías de realizar tocamientos o fricciones, estos individuos también negarán sentir malestar o deterioro psicosocial a causa de sus impulsos. A pesar de su actitud no reconocedora, estos individuos pueden ser diagnosticados de trastorno de frotteurismo. El comportamiento frotteurístico recurrente constituye un argumento positivo para el frotteurismo (al cumplir el Criterio A) y simultáneamente demuestra que ese comportamiento de motivación parafílica causa daño a terceras personas (al cumplir el Criterio B).

Los tocamientos o fricciones "recurrentes" contra personas sin su consentimiento (varias víctimas, diferentes en cada ocasión) pueden ser interpretados, como norma general, como la existencia de tres o más víctimas en diferentes ocasiones. Un menor número de víctimas puede también satisfacer el criterio siempre que la víctima de los tocamientos o fricciones contra su voluntad sea la misma en varias ocasiones, o si hay pruebas que confirmen un interés claro o preferente por realizar tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento. Nótese

que la multiplicidad de víctimas es condición suficiente pero no necesaria para el diagnóstico; los criterios también pueden cumplirse si el sujeto reconoce un interés sexual frotteurístico intenso con malestar o deterioro clínicamente significativo.

El marco temporal del Criterio A, por el que los indicios o síntomas de frotteurismo deben haber persistido durante al menos 6 meses, debe entenderse como una pauta general, no como un umbral estricto, con el fin de asegurar que el interés sexual por los tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento no es transitorio. De este modo, la parte temporal del Criterio A también puede cumplirse si hay evidencias claras de comportamiento recurrente o malestar durante un período de tiempo más corto y no transitorio.

Prevalencia

Los actos de frotteurismo, incluidos los tocamientos y fricciones no deseados de carácter sexual contra otros individuos, pueden suceder hasta en un 30 `Yo de los hombres adultos en la población general. Aproximadamente, un 10-14 % de los varones adultos visitados en ambulatorios por trastornos parafílicos e hipersexualidad tienen una presentación que cumple los criterios diagnósticos del trastorno de frotteurismo. Así, aunque la prevalencia del trastorno de frotteurismo en la población es desconocida, no es probable que exceda la tasa hallada en determinados contextos clínicos.

Desarrollo y curso

Los hombres adultos con trastorno de frotteurismo a menudo refieren que la primera vez que se die-ron cuenta de su interés sexual por realizar tocamientos a escondidas a personas desprevenidas fue durante la adolescencia tardía o el inicio de la etapa adulta. Sin embargo, los niños y adolescentes pueden también tocar o frotarse contra personas

sin su consentimiento en ausencia de un diagnóstico de trastorno de frotteurismo. Aunque no hay una edad mínima establecida para diagnosticar el tras-torno de frotteurismo, éste puede ser difícil de diferenciar de los comportamientos del trastorno de conducta que no conllevan motivación sexual en los individuos de menor edad. La persistencia del frotteurismo en el tiempo no está clara. Sin embargo, el trastorno de frotteurismo requiere, por definición, uno o más factores contribuyentes que pueden variar con el tiempo con o sin tratamiento:

malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, soledad), morbilidad psiquiátrica, hipersexualidad e impulsividad sexual, deterioro psicosocial y propensión a comportarse sexualmente realizando tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento. Por lo tanto, el curso del trastorno de frotteurismo es probable que cambie con la edad. Tal y como ocurre con otras preferencias sexuales, el aumento de la edad puede asociarse a una disminución del comportamiento y las preferencias sexuales de carácter frotteurista.

Factores de riesgo y pronóstico

Temperamental. Aunque la relación causal con el frotteurismo es incierta y la especificidad no está clara, el comportamiento antisocial no sexual y la hipersexualidad /preocupación sexual pueden ser factores de riesgo inespecíficos. Sin embargo, el frotteurismo es condición previa necesaria del tras-torno de frotteurismo, de modo que los factores de riesgo del frotteurismo deberían incrementar a su vez las tasas del trastorno de frotteurismo.

Aspectos diagnósticos relacionados con el género

Parece haber sustancialmente menos mujeres con preferencias sexuales frotteurísticas que hombres.

Diagnóstico diferencial Trastorno de conducta y trastorno de la personalidad antisocial.

El trastorno de conducta en adolescentes y el trastorno de la personalidad antisocial se caracterizarían por comportamientos añadidos antisociales y de transgresión de las normas establecidas, mientras que estaría ausente el interés sexual específico de realizar tocamientos o frotarse contra personas sin su consentimiento. Trastorno por consumo de sustancias. Los trastornos por consumo de sustancias, particularmente aquellos en que intervienen estimulantes como la cocaína y las anfetaminas, pueden entrañar episodios frotteurísticos aislados, pero no deberían suponer el típico interés sexual por tocar o frotarse contra personas desprevenidas. De ahí que los comportamientos, deseos irrefrenables o fantasías frotteurísticas recurrentes que suceden también cuando el individuo no está intoxicado sugiera la posible presencia de un trastorno de exhibicionismo.

Comorbilidad

La comorbilidad conocida del trastorno de frotteurismo se basa en gran medida en estudios de hombres sospechosos o condenados por delitos en los que se realizaron tocamientos o fricciones contra personas sin su consentimiento y con motivaciones sexuales. Por tanto, esta comorbilidad podría no aplicarse a otros individuos con trastorno de frotteurismo cuyo diagnóstico estuviera basado en el malestar subjetivo respecto a sus inclinaciones sexuales. Las afecciones que se dan comórbidamente con el trastorno de frotteurismo son la hipersexualidad y otros trastornos parafílicos, y en especial el trastorno de exhibicionismo y el trastorno de voyeurismo. También son comórbidos el trastorno de conducta, el trastorno de la personalidad antisocial y los trastornos depresivo, bipolar, de ansiedad y por consumo de sustancias. Por tanto, los posibles diagnósticos diferenciales del trastorno de frotteurismo también son a veces trastornos comórbidos. Normalmente

es necesario evaluar los signos del trastorno de frotteurismo y de las posibles afecciones comórbidas por separado.

Trastorno de masoquismo sexual

Criterios diagnósticos.

(F65.51)

302.83

A. Durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa

y recurrente derivada del hecho de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento de cualquier otra forma, y que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos.

B. Las

fantasías,

deseos

sexuales

irrefrenables o comportamientos

causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social,

laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Especificar si:

Con asfixiofilia: Si el individuo busca conseguir la excitación sexual por medio de la restricción de la respiración.

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de dedicarse a comportamientos sexuales masoquistas es limitada.

En remisión total: No ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento durante al menos cinco

años en los que el individuo ha estado en un entorno no controlado.

Características diagnósticas

Los criterios diagnósticos del trastorno de masoquismo sexual han sido concebidos para aplicarse a los individuos que admiten libremente tener

ese tipo de interés parafílico. Estas personas reconocen abiertamente su excitación sexual intensa al ser humillados, golpeados, atados o sometidos a sufrimiento de cualquier otra forma, y el trastorno se manifiesta por sus fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos. Si esos individuos refieren también problemas psicosociales debido a sus preferencias sexuales o su inclinación a ser humillados, golpeados, atados o sometidos a sufrimiento de cualquier otra forma, entonces pueden ser diagnosticados de trastorno de masoquismo sexual. Por el contrario, si refieren no sufrir malestar, traducido por ausencia de ansiedad, obsesiones, culpa o vergüenza en relación con esos impulsos parafílicos y éstos no suponen un obstáculo para alcanzar otras metas personales, podría afirmarse que tienen inclinaciones sexuales masoquistas, pero no debe-rían ser diagnosticados de trastorno de masoquismo sexual. El marco temporal del Criterio A, por el que los signos o síntomas de masoquismo sexual deben haber persistido durante al menos 6 meses, debe entenderse como una pauta general, no como un umbral estricto, con el fin de asegurar que el interés sexual por ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento de cualquier otra forma no es meramente transitorio. Sin embargo, el trastorno puede ser diagnosticado en el contexto de un período de tiempo más corto, pero claramente continuado.

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

Un uso intensivo de pornografía que ilustre el acto de ser humillado, golpeado, atado o sometido a sufrimiento de cualquier otra forma es, en ocasiones, una característica asociada al trastorno de masoquismo sexual.

Prevalencia

La prevalencia del trastorno de masoquismo sexual en la población se desconoce. En Australia se ha estimado que el 2,2 % de los hombres y el 1,3 % de las mujeres han practicado actos de servidumbre y castigo, sadomasoquismo o dominancia y sumisión durante los últimos 12 meses.

Desarrollo y curso

Los individuos de la comunidad con parafilias han referido una edad media para el inicio del masoquismo de 19,3 años, aunque también se han comunicado edades más tempranas, como la infancia y la pubertad, para el inicio de las fantasías masoquistas. Se conoce muy poco sobre su persistencia en el tiempo. El masoquismo sexual requiere, por definición, uno o más factores contribuyentes que pueden variar con el tiempo, con o sin tratamiento. Éstos son: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, soledad), morbilidad psiquiátrica, hipersexualidad e impulsividad sexual y deterioro psicosocial. Por lo tanto, el curso del trastorno de masoquismo sexual es pro-bable que cambie con la edad. El aumento de la edad es probable que tenga el mismo efecto reductor sobre las preferencias sexuales que incluyen el masoquismo sexual, como sucede en otros comportamientos sexuales normofílicos o parafílicos.

Consecuencias funcionales del trastorno de masoquismo sexual

Se desconocen las consecuencias funcionales del trastorno de masoquismo sexual. Sin embargo, los masoquistas presentan riesgo de muerte accidental mientras practican la asfixiofilia u otras prácticas autoeróticas.

Diagnóstico diferencial

Muchas de las afecciones que podrían ser un diagnóstico diferencial para el trastorno de masoquismo sexual (p. ej., fetichismo travéstico, trastorno de sadismo sexual, hipersexualidad, trastorno por con-sumo de alcohol y de sustancias) se presentan a veces también como diagnósticos comórbidos. Por lo tanto, es necesario evaluar cuidadosamente las pruebas del trastorno de masoquismo sexual teniendo en cuenta la posibilidad de la existencia de otras parafilias u otros trastornos mentales como parte del diagnóstico diferencial. El masoquismo sexual en ausencia de malestar (sin trastorno) también se incluye como diagnóstico diferencial, ya que los individuos que eligen este modo de comportarse pueden estar satisfechos con su orientación masoquista.

Comorbilidad

La comorbilidad conocida del trastorno de masoquismo sexual se basa en gran parte en individuos en tratamiento. Los trastornos que se dan comórbidamente con el trastorno de masoquismo sexual suelen incluir típicamente otros trastornos parafílicos, como el fetichismo travéstico.

Trastorno de sadismo sexual.

Criterios diagnósticos.

(F65.52)

302.84

A. Durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente derivada del sufrimiento físico o psicológico de otra persona, y que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos.

B. El individuo ha cumplido estos deseos sexuales irrefrenables con una persona que no ha dado su consentimiento, o los deseos irrefrenables o fantasías sexuales causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de dedicarse a comportamientos sexuales sádicos es limitada.

En remisión total: El individuo no ha cumplido sus deseos irrefrenables con una persona sin su consentimiento, y no ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento

durante al menos cinco años en los que ha estado en un entorno no controlado.

Características diagnósticas

Los criterios diagnósticos del trastorno de sadismo sexual pueden aplicarse tanto a los individuos que admiten libremente este interés parafílico como a aquellos otros que niegan categóricamente cualquier tendencia sexual a someter a sufrimiento físico o psicológico a otras personas a pesar de haber pruebas objetivas de lo contrario. Los individuos que abiertamente reconocen su marcado interés sexual por someter a sufrimiento físico o psíquico a terceras personas son denominados "individuos que lo admiten". Si estos individuos refieren

también problemas psicosociales debidos a sus preferencias o deseos sexuales de someter a sufrimiento físico o psicológico a otras personas, pueden ser diagnosticados de trastorno de sadismo sexual. Por el contrario, si los individuos que lo admiten refieren no sufrir malestar, ejemplificado por la ausencia de ansiedad, obsesiones, culpa o vergüenza a causa de sus impulsos parafílicos, estos impulsos no suponen un obstáculo para alcanzar otras metas personales y los antecedentes psiquiátricos, legales o confesados indican que no actúan de esa manera, entonces puede confirmarse que tienen interés sexual en el sadismo, pero no cumplen los criterios para ser diagnosticados de trastorno de sadismo sexual.

Entre los ejemplos de individuos que niegan cualquier interés por el sufrimiento físico o psicológico de otras personas están aquellos que se sabe que han infligido dolor o sufrimiento a varias personas en diferentes ocasiones pero que niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasía relacionada con dicho comportamiento sexual y que pueden asegurar que dichos episodios de agresión sexual fueron no intencionados o de naturaleza no sexual. Otros individuos pueden admitir episodios precedentes de comportamiento sexual en los que se ha infligido dolor o sufrimiento a personas sin su consentimiento, pero no refieren ningún interés sexual significativo o continuado en el sufrimiento físico o psicológico de terceras personas. Desde el momento en el que niegan tener deseos irrefrenables o fantasías de excitación sexual en relación con el dolor o sufrimiento, estos individuos también negarán sentir malestar subjetivo o deterioro psicosocial por causa de sus impulsos. Estos individuos pueden ser diagnosticados de trastorno de sadismo sexual a pesar de su negativa a aceptarlo. El comportamiento recurrente constituye un argumento clínico para la presencia de la parafilia de sadismo sexual (al cumplir el Criterio A) y simultáneamente demuestra que ese comportamiento de motivación

parafílica causa malestar, daño

o

riesgo

de

daño

clínicamente

significativo en terceras personas (al cumplir el Criterio B).

El sadismo sexual "recurrente" contra personas sin su consentimiento (varias víctimas, diferentes en cada ocasión) puede ser interpretado, como norma general, como la existencia de tres o más víctimas en diferentes ocasiones. Un menor número de víctimas puede también satisfacer el criterio si se dan varios casos de infligir dolor y sufrimiento a la misma persona o si hay pruebas que confirman un interés claro o preferente por el dolor y el sufrimiento de varias personas. Nótese que la multiplicidad de víctimas, como se ha sugerido anteriormente, es una condición suficiente pero no necesaria para el diagnóstico; los criterios también pueden cumplirse si el individuo reconoce un intenso interés sexual por el sadismo.

El marco temporal del Criterio A, que indica que los signos o síntomas de sadismo sexual deben haber persistido durante al menos 6 meses, debe entenderse como una pauta general, no como un umbral estricto, con el fin de asegurar que el interés sexual por infligir dolor y sufrimiento a personas sin su consentimiento no es meramente transitorio. Sin embargo, el diagnóstico debe realizarse si hay un período más corto, pero claramente continuado, de comportamiento sádico.

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

El uso frecuente de pornografía que ilustre el acto de infligir dolor o

sufrimiento es, en ocasiones, una característica asociada al trastorno de masoquismo sexual.

Prevalencia

 

La

prevalencia

del trastorno de

sadismo sexual en la población

se

desconoce y se basa, en gran medida, en individuos evaluados en el

contexto forense. Dependiendo de los criterios del sadismo sexual, la prevalencia varía ampliamente, del 2 al 30 %. Entre los agresores sexuales condenados civilmente en Estados Unidos, menos del 10 % presenta sadismo sexual. Entre los individuos que han cometido homicidios con motivación sexual, la tasa de sadismo sexual varía del 37 al 75 %.

Desarrollo y curso

Los individuos con sadismo sexual son, en las muestras forenses, casi exclusivamente hombres. Sin embargo, una muestra representativa de la población de Australia indicó que el 2,2 % de los hombres y el 1,3 % de las mujeres afirmaban haber participado en actos de servidumbre y castigo, "sadomasoquismo" o dominancia y sumisión en el año anterior. La información sobre el curso y desarrollo del trastorno de sadismo sexual es extremadamente limitada. Un estudio comunicó que las mujeres se dan cuenta de su orientación sadomasoquista a una edad adulta temprana y otro que la edad media del inicio del sadismo en un grupo de hombres había sido de 19,4 arios. Aunque el sadismo sexual per se es probablemente una característica de por vida, el trastorno de sadismo sexual puede fluctuar dependiendo del malestar subjetivo del individuo y de su propensión a dañar a personas sin su con-sentimiento. El aumento de la edad es probable que tenga el mismo efecto reductor sobre este tras-torno que sobre el resto de comportamientos sexuales normofílicos o parafílicos.

Diagnóstico diferencial

Muchas de las afecciones que podrían incluirse en el diagnóstico

diferencial del

trastorno

de

sadismo

sexual

(p.

ej.,

trastorno

de

personalidad antisocial, trastorno de masoquismo sexual, hipersexualidad, trastorno por consumo de sustancias) se presentan a veces también como diagnósticos comórbidos. Por tanto, es necesario

evaluar cuidadosamente los signos del trastorno de sadismo sexual teniendo presente la posibilidad de otras parafilias u otros trastornos mentales como parte del diagnóstico diferencial. La mayoría de los individuos que son activos en las redes comunitarias que practican comportamientos sádicos y masoquistas no expresa ninguna insatisfacción con sus intereses sexuales, de manera que su comportamiento no cumpliría los criterios del trastorno de sadismo sexual del DSM-5. El interés por el sadismo, pero no el trastorno, puede tenerse en cuenta en el diagnóstico diferencial.

Comorbilidad

La comorbilidad conocida del trastorno de sadismo sexual se basa en gran medida en individuos (casi todos varones) condenados por delitos en los que se realizaron actos sádicos contra personas sin su consentimiento. Por tanto, esta comorbilidad podría no aplicarse a todos los individuos que nunca entablaron actividades de sadismo con personas sin su consentimiento pero que cumplieron los criterios diagnósticos del trastorno de sadismo sexual en base al malestar subjetivo causado por sus intereses sexuales. Entre los trastornos que suelen ser comórbidos con el trastorno de sadismo sexual se incluyen otros trastornos parafílicos.

Trastorno de pedofilia.

Criterios diagnósticos.

(F65.4)

302.2

A. Durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa

y recurrente derivada de fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos que implican la actividad sexual con uno o más niños prepúberes (generalmente menores de 13 años).

B. El individuo ha cumplido estos deseos sexuales irrefrenables, o los deseos irrefrenables o fantasías sexuales causan malestar importante o problemas interpersonales.

C. El individuo tiene como mínimo 16 años y es al menos cinco años mayor que el niño/niños del Criterio A.

Nota: No incluir a un individuo al final de la adolescencia que mantiene una relación sexual continúa con otro individuo de 12 o 13 años.

Especificar si:

Tipo exclusivo (atracción exclusiva por los niños) Tipo no exclusivo

Especificar si:

Atracción sexual por el sexo masculino. Atracción sexual por el sexo femenino. Atracción sexual por ambos sexos.

Especificar si:

Limitado al incesto

Características diagnósticas

Los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia pueden aplicarse tanto a los individuos que admiten libremente este tipo de parafilia como a aquellos otros que niegan categóricamente cualquier atracción sexual hacia los niños prepúberes (generalmente menores de 13 años) a pesar de haber considerables pruebas objetivas de lo contrario. Entre los

ejemplos de admisión de esta parafilia se incluyen el reconocimiento franco de un marcado interés sexual por los niños y la confesión de que ese interés sexual por los niños es mayor o igual que el interés sexual por las personas físicamente maduras. Si los individuos también se quejan de que sus deseos o preferencias sexuales por los niños les están causando problemas psicosociales, pueden ser diagnosticados de trastorno de pedofilia. Sin embargo, si estos individuos refieren ausencia de sentimientos de culpa, vergüenza o ansiedad a causa de estos impulsos parafílicos, no están limitados funcionalmente por sus impulsos parafílicos (según sus propias referencias, por valoraciones objetivas o por ambas) y sus antecedentes legales, así como lo que ellos mismos refieren, indican que nunca han actuado bajo esos impulsos, entonces esos individuos tienen una orientación sexual de pedofilia, pero no un trastorno de pedofilia.

Entre los ejemplos de individuos que niegan la atracción por los niños están los que se sabe que se han acercado a varios niños con intenciones sexuales en diferentes ocasiones pero niegan cualquier deseo irrefrenable o fantasía sobre comportamientos sexuales con niños y refieren además que dichos episodios descritos de contacto físico fueron todos no intencionados y no sexuales. Otros individuos pueden reconocer episodios anteriores de comportamiento sexual que incluyan a niños, pero rechazan a su vez cualquier interés sexual importante o persistente en ese comportamiento. Desde el momento en el que los individuos niegan tener impulsos o fantasías que implican niños, pueden también negar sentir malestar subjetivo. Estos individuos todavía pueden ser diagnosticados de trastorno de pedofilia a pesar de la ausencia de malestar que puedan referir siempre que haya pruebas de comportamientos persistentes recurrentes durante 6 meses (Criterio A) y de que dichos individuos han actuado con deseos sexuales

irrefrenables o tenido problemas interpersonales como consecuencia del trastorno (Criterio B).

La presencia de varias víctimas, como se apunta más arriba, es una condición suficiente, pero no necesaria, para el diagnóstico; esto es, el individuo puede todavía cumplir el Criterio A simplemente reconociendo su interés sexual preferente o marcado por los niños.

La cláusula del Criterio A en la que se indica que los signos o síntomas de pedofilia han persistido durante 6 o más meses se ha establecido con el objeto de asegurar que la atracción sexual por los niños no sea meramente transitoria. Sin embargo, el diagnóstico puede realizarse si hay signos clínicos de persistencia continuada de la atracción sexual hacia los niños, incluso si la duración de 6 meses no puede determinarse de forma precisa.

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

El uso frecuente de pornografía en la que aparezcan niños prepúberes es

un indicador útil para el diagnóstico del trastorno de pedofilia. Es un ejemplo concreto del caso general según el cual las personas probablemente consumen la clase de pornografía que se corresponde con sus intereses sexuales.

Prevalencia

La prevalencia del trastorno de pedofilia en la población se desconoce. La máxima prevalencia posible del trastorno de pedofilia en la población masculina es de aproximadamente un 3-5 %. La prevalencia poblacional del trastorno de pedofilia en las mujeres es todavía más incierta, aunque probablemente es una pequeña fracción de la prevalencia observada en el hombre.

Desarrollo y curso

Los hombres adultos con trastorno de pedofilia pueden referir que se dieron cuenta de su interés sexual intenso o preferente por los niños en la época de la pubertad —la misma etapa en la que los hombres que más tarde preferirán a parejas físicamente maduras son conscientes de su interés sexual hacia los hombres o las mujeres—. Tratar de diagnosticar el trastorno de pedofilia a la edad en que se manifiesta por primera vez es problemático por la dificultad que entraña diferenciarlo durante la adolescencia del interés sexual por los iguales propio de la edad o de la curiosidad sexual. De este modo, el Criterio C requiere el diagnóstico de un mínimo de 16 años de edad y de al menos una edad de 5 años más que la del niño o los niños del Criterio A.

La pedofilia per se parece ser un trastorno de por vida. Sin embargo, el trastorno de pedofilia incluye necesariamente otros elementos que pueden cambiar durante el tiempo con o sin tratamiento: malestar subjetivo (p. ej., culpa, vergüenza, frustración sexual intensa, sentimientos de aislamiento) o deterioro psicosocial, o la tendencia a motivarse sexualmente con niños, o ambas. Por tanto, el curso del trastorno de pedofilia puede fluctuar, aumentar o disminuir con la edad.

Los adultos con trastorno de pedofilia pueden referir que ya eran conscientes de su interés sexual por los niños antes de que se iniciaran sus comportamientos sexuales en relación con ellos o de auto- identificarse como pedófilos. El aumento de la edad es probable que disminuya la frecuencia de los comportamientos sexuales con implicación de niños, como sucede en otros comportamientos sexuales normofílicos y parafílicos.

Factores de riesgo y pronóstico

Temperamentales. Parece que existe una interacción entre la pedofilia y el comportamiento antisocial, por lo que los hombres con ambos rasgos es más probable que mantengan relaciones sexuales con niños. Por consiguiente, el trastorno de la personalidad antisocial puede considerarse un factor de riesgo para el trastorno de pedofilia en los hombres con pedofilia. Ambientales. Los hombres adultos con pedofilia a menudo afirman haber sido objeto de abusos sexuales en la infancia. No está claro, sin embargo, si esta correlación refleja una influencia causal entre el abuso sexual en la infancia y la pedofilia en la edad adulta.

Genéticos y fisiológicos. Dado que la pedofilia es condición necesaria para el trastorno de pedofilia, cualquier factor que incremente la probabilidad de la pedofilia incrementa a su vez el riesgo de presentar el trastorno de pedofilia. Existen algunos indicios de que una alteración del neurodesarrollo en el útero incrementa la probabilidad de desarrollar una orientación pedófila.

Aspectos diagnósticos relacionados con el género

Las pruebas psicofisiológicas de laboratorio que miden el interés sexual y que a veces son útiles para el diagnóstico del trastorno de pedofilia en los hombres no son necesariamente útiles para diagnosticar este trastorno en las mujeres, ni siquiera si los métodos empleados son idénticos (p. ej., el tiempo de observación) o análogos (p. ej., pletismografía de pene y fotopletismografía vaginal).

Marcadores diagnósticos

Las medidas psicofisiológicas del interés sexual pueden a veces ser

útiles cuando los antecedentes de la persona sugieren la posible

presencia del trastorno de pedofilia pero el individuo niega cualquier

atracción intensa

o

preferente

hacia

los

niños.

La

pletismografía

peneana es la prueba más ampliamente investigada y que hace más tiempo que se usa para realizar dichas medidas, pese a que la sensibilidad y la especificidad del diagnóstico pueden variar de un sitio a otro. El tiempo de observación, que emplea fotografías de personas desnudas o con poca ropa como estímulo visual, se utiliza también para diagnosticar el trastorno de pedofilia, especialmente en combinación con los datos aportados por el paciente. Sin embargo, los especialistas en salud mental de Estados Unidos deberían ser conscientes de que la posesión de esa clase de estímulos visuales, incluso a efectos diagnósticos, puede violar la ley americana sobre posesión de pornografía infantil y llevar al profesional de salud mental a ser objeto de un juicio penal.

Diagnóstico diferencial

Muchas de las afecciones que podrían ser diagnósticos diferenciales del trastorno de pedofilia también se presentan en ocasiones como trastornos comórbidos. Así pues, por lo general es necesario evaluar los signos del trastorno de pedofilia y de otras posibles afecciones por separado.

Trastorno de la personalidad antisocial. Este trastorno incrementa la probabilidad de que una persona en principio atraída por el físico maduro se acerque a los niños en una o varias ocasiones aprovechando una relativa disponibilidad. El individuo a menudo muestra otros signos de este tras-torno de personalidad, como transgresiones recurrentes de la legalidad.

Trastornos por consumo de alcohol y de sustancias.

Los efectos

desinhibidores de la intoxicación pueden también incrementar la probabilidad de que una persona a la que atraiga el físico maduro se acerque sexualmente a un niño.

Trastorno obsesivo-compulsivo. En ocasiones hay individuos que se quejan de pensamientos egodistónicos y preocupación por una posible atracción hacia los niños. Las entrevistas clínicas general-mente revelan una ausencia de pensamientos sexuales relacionados con niños durante los estados más elevados de la excitación sexual (p. ej., cuando se acercan al orgasmo durante la masturbación) y a veces se añaden ideas sexuales egodistónicas intrusivas (p. ej., preocupaciones sobre la homosexualidad).

Comorbilidad

La comorbilidad psiquiátrica del trastorno de pedofilia incluye los trastornos por consumo de sustancias, los trastornos depresivos, bipolar y de ansiedad, los trastornos de personalidad antisocial y otros trastornos parafílicos. Sin embargo, los hallazgos relativos a los trastornos comórbidos se basan en gran medida en individuos condenados por agresiones sexuales a niños (casi todos hombres) y no deben ser generalizables a otros individuos con trastorno de pedofilia (p. ej., los individuos que nunca se han acercado sexualmente a niños pero que cumplen los criterios diagnósticos del trastorno de pedofilia sobre la base del malestar subjetivo).

Trastorno de fetichismo

Criterios diagnósticos. 302.81 (F65.0)

A. Durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente derivada del empleo de objetos inanimados o un gran

interés específico por parte(s) del cuerpo no genitales, que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos. B. Las fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento. C. Los objetos fetiche no se limitan a prendas de vestir utilizadas para travestirse (como en el tras-torno de travestismo) o a artilugios diseñados específicamente para la estimulación táctil de los genitales (p. ej., vibrador).

Especificar:

Parte(s) del cuerpo Objeto(s) inanimado(s) Otro

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de dedicarse a comportamientos fetichistas es limitada.

En remisión total: No ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento durante al menos cinco

años en los que el individuo ha estado en un entorno no controlado.

Especificadores

Aunque los individuos con trastorno de fetichismo pueden referir una excitación sexual intensa y recurrente por objetos inanimados o partes específicas del cuerpo, no es raro que haya combinaciones de fetiches que no son mutuamente excluyentes. De este modo, un individuo puede tener un trastorno de fetichismo asociado a un objeto inanimado (p. ej., ropa interior femenina), o un interés exclusivo en una parte del cuerpo intensamente erotizada (p. ej., los pies, el cabello), o sus intereses fetichistas pueden cumplir los criterios de varias combinaciones de esos especificadores (p. ej., calcetines, zapatos y pies).

Características diagnósticas

El interés parafílico del trastorno de fetichismo implica un uso repetitivo y persistente o la dependencia de objetos inanimados, o un gran interés específico por ciertas partes del cuerpo (típicamente no genitales) como elementos primarios asociados a la excitación sexual (Criterio A). El diagnóstico del trastorno de fetichismo debe incluir malestar personal clínicamente significativo o deterioro de los roles psicosociales (Criterio B). Objetos fetiches frecuentes son: ropa interior femenina, zapatos de hombre o de mujer, artículos de goma, ropa de cuero y otros tipos de prendas de vestir. Entre las partes del cuerpo más erotizadas que se asocian al trastorno de fetichismo se incluyen los pies, los dedos del pie y el cabello. No es inusual que en los fetiches sexualizados se incluyan ambas clases, objetos inanimados y partes del cuerpo (p. ej., calcetines sucios y pies). La definición del trastorno de fetichismo ahora reincorpora el término parcialismo (el interés específico en una parte concreta del cuerpo) en su definición. El parcialismo, previamente considerado un trastorno parafílico no especificado, se había subsumido históricamente en el fetichismo antes del DSM-III.

Muchas personas que se identifican a sí mismas como practicantes de fetichismo no necesaria-mente refieren un deterioro clínico asociado a su comportamiento fetichista. Se podría considerar que esos individuos tienen un fetiche, pero no un trastorno de fetichismo. El diagnóstico del trastorno de fetichismo requiere cumplir de forma concurrente tanto los comportamientos del Criterio A, como el malestar clínicamente significativo o el deterioro del funcionamiento del Criterio B.

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

El trastorno de fetichismo puede ser una experiencia multisensorial que incluya agarrar, degustar, frotar, introducir u oler el objeto fetiche mientras se lleva a cabo una masturbación, o preferir que el compañero sexual vista o utilice un objeto fetiche durante los encuentros sexuales. Algunos individuos pueden llegar a reunir una gran colección de objetos fetiches muy deseados.

Desarrollo y curso

Las parafilias normalmente se inician durante la pubertad, pero los fetiches pueden desarrollarse antes de la adolescencia. Una vez establecido, el trastorno de fetichismo tiende a tener un curso continuado que fluctúa en cuanto a la frecuencia e intensidad de los comportamientos o deseos irrefrenables.

Aspectos diagnósticos relacionados con la cultura

El conocer las características apropiadas de los aspectos normativos del comportamiento sexual es un factor importante a explorar para establecer un diagnóstico clínico de trastorno de fetichismo y para distinguir un diagnóstico clínico de un comportamiento sexual aceptable socialmente.

Aspectos diagnósticos relacionados con el género

No se ha comunicado de forma sistemática que el trastorno de fetichismo se presente en mujeres. En las muestras clínicas, el trastorno de fetichismo se ha descrito casi exclusivamente en hombres.

Consecuencias funcionales del trastorno de fetichismo

El deterioro típico asociado al trastorno de fetichismo incluye la disfunción sexual en una relación de pareja romántica, cuando el objeto fetiche preferido o las partes del cuerpo más deseadas son inaccesibles durante la estimulación previa al coito o durante éste. Algunos

individuos con trastorno de fetichismo pueden preferir la actividad sexual en solitario asociada a sus preferencias fetichistas, incluso aunque mantengan una relación de pareja significativa y afectuosa.

A pesar de que el trastorno de fetichismo es relativamente poco común entre los agresores sexuales detenidos con parafilias, los hombres con trastorno de fetichismo pueden robar y coleccionar sus propios objetos particulares de deseo. Estos individuos han sido arrestados y acusados de comportamientos antisociales no sexuales (p. ej., allanamiento de morada, robo, asalto) que son motivados primariamente por su trastorno de fetichismo.

Diagnóstico diferencial

Trastorno de travestismo. El diagnóstico más próximo al trastorno de fetichismo es el trastorno de travestismo. Tal y como establecen los criterios diagnósticos, el trastorno de fetichismo no se diagnostica cuando los objetos fetiche se limitan a artículos de ropa que se llevan exclusivamente durante el acto de travestirse (como en el trastorno de travestismo) o cuando el objeto estimula genitalmente porque ha sido diseñado con ese propósito (p. ej., un vibrador).

Trastorno de masoquismo sexual u otros trastornos parafílicos.

Los fetiches pueden concurrir con otros trastornos parafílicos, especialmente el sadomasoquismo y el trastorno de travestismo. Cuando un individuo fantasea con el hecho de "travestirse de forma forzada" o lo lleva a cabo, y se excita sexualmente sobre todo por la dominación o humillación asociada a dicha fantasía o actividad repetitiva, se debería realizar el diagnóstico de trastorno de masoquismo sexual.

Comportamiento fetichista sin trastorno de fetichismo. El uso de un objeto fetiche para excitarse sexualmente sin malestar, deterioro psicosocial o cualquier otra consecuencia adversa no cumpliría los criterios del trastorno de fetichismo, al no llegar al umbral requerido por el Criterio B. Por ejemplo, un individuo cuya pareja sexual comparte o puede incorporar satisfactoriamente su interés en acariciar, oler o lamer pies o dedos de los pies como elemento importante de los preliminares sexuales no se diagnosticaría de trastorno de fetichismo; tampoco el individuo que prefiera, y no sufra molestias ni deterioro alguno por ello, prácticas sexuales solitarias asociadas a llevar prendas de goma o botas de cuero.

Comorbilidad

El trastorno de fetichismo puede concurrir con otros trastornos parafílicos, así como con la hipersexualidad. Rara vez, el trastorno de fetichismo puede asociarse a afecciones neurológicas.

Trastorno de travestismo

Criterios diagnósticos.

(F65.1)

302.3

A. Durante un período de al menos seis meses, excitación sexual intensa y recurrente derivada del hecho de travestirse, que se manifiesta por fantasías, deseos irrefrenables o comportamientos. B. Las fantasías, deseos sexuales irrefrenables o comportamientos causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento. Especificar si:

Con fetichismo: Si la excitación sexual se produce con tejidos, materiales o prendas de vestir. Con autoginofilia: Si la excitación

sexual se produce con pensamientos o imágenes de uno mismo como mujer.

Especificar si:

En un entorno controlado: Este especificador se aplica sobre todo a individuos que viven en una institución o en otros ámbitos en los que la oportunidad de travestirse es limitada.

En remisión total: No ha existido malestar ni problemas sociales, laborales o en otros campos del funcionamiento durante al menos cinco años en los que el individuo ha estado en un entorno no controlado.

Especificadores

La presencia de fetichismo disminuye la probabilidad de la disforia de género en los hombres con trastorno de travestismo. La presencia de autoginofilia incrementa la probabilidad de la disforia de género en los hombres con trastorno de travestismo.

Características diagnósticas

El diagnóstico del trastorno de travestismo no se aplica a todos los individuos que se visten del sexo opuesto, ni siquiera a aquellos que lo hacen habitualmente. Se aplica a los individuos cuyo travestismo o pensamiento de travestirse se acompaña a menudo o siempre de excitación sexual (Criterio A) y que sufren malestar emocional o deterioro social o interpersonal a causa de dicho patrón (Criterio B). En el acto de travestirse se pueden utilizar tan sólo una o dos prendas de vestir (p. ej., en los hombres, puede atañer tan sólo a la ropa interior femenina), o puede implicar vestirse completa-mente con los atuendos externos y la ropa interior del sexo opuesto; también (en los hombres) puede incluir el uso de pelucas de mujer y maquillaje. El trastorno de

travestismo es un fenómeno comunicado casi exclusivamente en hombres. La excitación sexual, en su forma más obvia de erección del pene, puede concurrir con el travestismo de varias maneras. En los hombres jóvenes, el travestismo a menudo lleva a la masturbación, después de la cual se retiran todos los atuendos de mujer. Los hombres más mayores, en cambio, a menudo aprenden a evitar la masturbación o hacer alguna cosa para estimular el pene de manera que se evite la eyaculación y ello les permita prolongar su sesión de travestismo. Los hombres con parejas de sexo femenino a menudo completan la sesión de travestismo manteniendo relaciones sexuales con su pareja. Algunos de ellos presentan dificultades para mantener una erección suficiente en el coito sin travestirse (o de fantasear privadamente con travestirse).

La valoración clínica del malestar o el deterioro, como la evaluación clínica de la excitación del travestismo sexual, suele depender de lo que el mismo individuo refiere. El patrón de conducta "adquirir y descartar" a menudo implica la presencia de malestar en los individuos con trastorno de travestismo. En ese patrón de conducta, un individuo (generalmente un hombre) que ha gastado una gran suma de dinero en ropa de mujer y en otros tipos de vestimenta (p. ej., zapatos, pelucas) desecha esos artículos (se deshace de ellos) para intentar superar el deseo irrefrenable de travestirse, pero acto seguido empieza a adquirir nuevamente vestimenta de mujer.

Características asociadas que apoyan el diagnóstico

El trastorno de travestismo en hombres se acompaña a menudo de autoginofilia (la tendencia parafílica en los hombres a sentirse sexualmente excitados por pensamientos o imágenes de uno mismo como mujer). Las fantasías y comportamientos autoginofílicos pueden centrarse en la idea de tener funciones fisiológicas femeninas (p. ej.,

lactancia, menstruación), de realizar acciones de mujer estereotipa-das (p. ej., hacer punto) o de poseer anatomía femenina (p. ej., pechos).

Prevalencia

La prevalencia del trastorno de travestismo es desconocida. El trastorno de travestismo es raro en los hombres y extremadamente raro en las mujeres. Menos del 3 % de los hombres refiere haberse excitado

sexualmente al haber vestido atuendos de mujer. El porcentaje de individuos que se han travestido con excitación sexual más de una vez o unas pocas veces en su vida sería incluso menor. La mayoría de los hombres con trastorno de travestismo se identifica como heterosexuales, aunque algunos de ellos mantienen relaciones sexuales esporádicas con otros hombres, especialmente cuando están travestidos.

Desarrollo y curso

En los hombres, los primeros síntomas del trastorno de travestismo pueden empezar en la infancia en forma de fuerte fascinación por algún atuendo femenino en particular. Antes de la pubertad, travestirse produce un sentimiento generalizado de excitación placentera. Con la llegada de la pubertad, el vestirse de mujer empieza a provocar erecciones del pene y, en algunos casos, lleva directamente a la primera eyaculación. En muchos casos, el acto de travestirse conlleva menos excitación sexual con la edad; finalmente, puede que no produzca erección alguna discernible. El deseo de travestirse, al mismo tiempo, permanece o incluso se hace más intenso. Los individuos que describen dicha disminución en la respuesta sexual explican típicamente que su excitación sexual al travestirse se ha visto sustituida por una sensación de confort o bienestar.

En algunos casos, el curso del trastorno de travestismo es continuo y en otros es episódico. No es extraño que los hombres con trastorno de

travestismo pierdan el interés por travestirse cuando se enamoran por primera vez de una mujer y empiezan una relación, aunque esa disminución normal-mente es temporal. Cuando el deseo de travestirse regresa, también lo hace el malestar asociado.

Algunos casos de trastorno de travestismo progresan hacia la disforia de género. Los hombres, en estos casos, que pueden ser indistinguibles de otros con trastorno de travestismo en la adolescencia o en la infancia temprana, gradualmente desarrollan deseos de mantener el rol femenino durante períodos más largos y de feminizar su anatomía. El desarrollo de la disforia de género se acompaña habitualmente de lo que el individuo refiere como una reducción o eliminación de la excitación sexual asociada al travestirse.

La manifestación del travestismo en la erección y estimulación del pene, como la manifestación de otros intereses sexuales normofílicos y parafílicos, es más intensa en la adolescencia y en las pri-meras etapas de la edad adulta. La gravedad del trastorno de travestismo es mayor en la edad adulta, cuando los impulsos travésticos pueden causar con más probabilidad conflictos de rendimiento en las relaciones sexuales heterosexuales y en los deseos de casarse y fundar una familia. Los hombres mayores y de mediana edad con antecedentes de travestismo presentan con menor probabilidad el trastorno de travestismo que la disforia de género.

Consecuencias funcionales del trastorno de travestismo

Los comportamientos de travestismo pueden interferir o desvirtuar las relaciones heterosexuales. Esto puede ser fuente de malestar en los hombres que desean mantener matrimonios convencionales o relaciones de pareja con mujeres.

Diagnóstico diferencial

Trastorno de fetichismo. Este trastorno puede parecerse al trastorno de travestismo, en particular en los hombres con fetichismo que se ponen ropa interior femenina mientras se masturban con ella. La distinción del trastorno de travestismo depende de los pensamientos específicos del individuo durante dicha actividad (p. ej., ¿hay ideas de ser mujer, parecerse a una mujer o vestirse de mujer?) y de la presencia de otros fetiches (p. ej., prendas suaves de seda, si se utilizan como vestimenta o se les da cualquier otro uso).

Disforia de género. Los individuos con trastorno de travestismo no refieren contradicciones entre el género que experimentan y el género asignado, ni deseos de pertenecer al otro género, y no suelen tener antecedentes de comportamientos de travestismo en la infancia, que sí estarían presentes en los individuos con disforia de género. Las personas que cumplen todos los criterios tanto del trastorno de travestismo como de la disforia de género deberían recibir ambos diagnósticos.

Comorbilidad

El travestismo (y, por tanto, el trastorno de travestismo) a menudo se

asocia a otras parafilias. Las parafilias más frecuentemente concurrentes son el fetichismo y el masoquismo. Una práctica particularmente peligrosa del masoquismo, la asfixia autoerótica, se asocia al travestismo en una proporción sustancial de casos mortales.

Otro trastorno parafílico especificado

302.89

(F65.89)

Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan los síntomas característicos de un trastorno parafílico que causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento, pero que no cumplen todos los criterios de ninguno de los trastornos de la categoría diagnóstica de los trastornos parafílicos. La categoría de otro trastorno parafílico especificado se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por comunicar el motivo específico por el que la presentación no cumple los criterios de ningún trastorno parafílico específico. Esto se hace registrando "otro trastorno parafílico especificado" seguido del motivo específico (p. ej., "zoofilia"). Algunos ejemplos de presentaciones que se pueden especificar utilizando la designación "otro especificado" son, entre otros, la excitación sexual intensa y recurrente que implica la escatología telefónica (llamadas telefónicas obscenas), la necrofilia (cadáveres), la zoofilia (animales), la coprofilia (heces), la clismafilia (enemas) o la urofilia (orina), que han estado presentes al menos durante seis meses y que causan malestar importante o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento. Otros especificadores que se pueden aplicar a otro trastorno parafílico especificado son en remisión y/o en un entorno controlado.

Trastorno parafílico no especificado

302.9

(F65.9)

Esta categoría se aplica a presentaciones en las que predominan los síntomas característicos de un trastorno parafílico que causan malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento, pero que no cumplen todos los criterios de ninguno de los trastornos de la categoría diagnóstica de los trastornos parafílicos. La categoría del trastorno parafílico no especificado se utiliza en situaciones en las que el clínico opta por no especificar el motivo del incumplimiento de los criterios para un trastorno parafílico específico, e incluye presentaciones en las que no existe información suficiente para hacer