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AUTORES, TEXTOS Y TEMAS u : Maurice Halt h: CIENCIAS SOCIALES . a NINN Coleccitn dingida por Joseeeo Beriain » LOS MARCOS SOCIALES DE LA MEMORIA Postfacio de Gérard Namer Traduction de Manuel Antonio Baez y Michel Mujica Esta obra se beneficia del apovo del Servicio Ceaesrat ce lo Burbujada ia Froncia on Bspana lel Minsteto forces cb Asunios Fsserions. an el co del programa de Pantcipacten en la Publicacion (PAP. Gageta Lowa) Oreurage pubis avec te concours des Minisionefranceis change de fa Culnare- Centre Notional dis Lime Universidad de Coneepciin Facuead eo Gionsas Sociaes Al ANTHROPOS Los marons sociales de la esrora J Mausioe Hallwacks; poetiaelo de Gerave Nomen teclecisn dle Muriel A, Bross y Michel Mujes —Rs (srcclona): Anubiayes Editorial -Connaptun Ustvarklgl dn Concepcion 1 Caracas : Ualvrsidal Centra de Yaneucl, 200 “4 p20 0m. (Autres, Teziosy Tentes, Cismeise Sooke: 19) “Ta onigual “es caves cious de dma HSN Esk aon 1 Mone -aspodios seca 2 Peooigin tial 9. Use yenatamboes = Aupectessohlegizan + Hintrin soci { Linverrladdes Concepcion, ee de GSS (Caneqran) 1 Unerstin Corral da steal. Fie deCCLo ae (Cass), Rainer, Gérard yet. W. Bocca, Myst, end V. Mujica Mich, het MI-Ttig Vir Caccein 301151 Thulo original es cadres sociany de lt nance Primera aficioa en Anthropos Editorials 2006 O Bdltions Alla Michal, 5.4, Pacis, 1994 DSnthropos Elinoria}, 2008 Editar Anthvopos Editorial, Rebs (Barcelona) “wveweditnrizbenttnapos.com En oedicifin con la Facultad de Ciencias Sociales ee Ta Universidac ‘le Coacepeidn, Chile, la Facultad de Ciencias Econdunicas y Socials sie 1a Universidad Central de Vencatiela ISBN; 84.7653692-2 Deposit egal: Ba 29,263-2008 Diseno, walizacién y coorlinzetin; Pal, Servicios Bditovinles (Wario, S.L,!, Rubi Tel y fre 93 $97 22.98 Tnipresion: Novagratik. Vivall, 5, Miantcada i Reixac Impreso en Espana - Printed it Spain “Totus fos deyecce wesayeces. Lis puiosn no ple xe opr tl we wanes negra co anspor va de ees outn eter, troteticn, pax flora. a cinigusr en, indenter erie aed coal . FROLOGO Recientemente, cuando hojedba:nos un viejo volumen del Magasin Pittoresque, lofmos una singular historia de una nitia d29 0 {6 afios que fre encontrada en los bosques, on Jas inrne- diaciones de ChAlons, en 1737. Nunca se supo ni de donde venta ni en qué lugar habia nacido y, acemds, ella ao gusecl6 ningtin reczerdo de su infancia. Relacionando tos deialles dados por clta de diversas etapas de su vida, pudimos inferir qne nacié en el noxte de Ruropa y, cabe sospzchar, donde ios esquimales y que fue evacia para las Antillas y Finalmente para Francia. Ella ascguraba haber atravesado des veces con. siderables extensiones demi, y parecia turbarse cuandose le mostraban im4genes que represen.aban chovas y embarea- ciones cel vats de los esquimales, 0 focas, 0 cafia de azsicar u oiros productos de isles de América. Ademis, crefa recordar con muchisima nitidez que habia so esclaye de una sefiora oc la estimaba considerablemente, pero que el amo, vo pu- diendo soportatla, la habfa hecho embare * Si reproduciinas este velato, del gute desconocemos su au: gnticidad y que solo conocemos de semunda mano, es porque thos permite comprender en qué sentido poderaos decir que fa inemoria d=pende det entorno social. A los $0 19 afios, on nido posee numerpsos recuerdos, recientes ¥ también lejancs. “. alagasin Pittoreeque, 1849, p18. Como relerercios elautor exyrest: “Beerlbt sobre exte tenia bn articalo en el Mercure de Prame, septiembre 173. (la ules _sifia ess en Blasco), y ap breve epuseulo en 1755 (del que no Indica el titulo) det Tunl omamos este laws, {Qué pasarfa si le separaran bruscamente de los suyos, trans- porténdclo a un pais donde no se habls su lengua, en donde ni el aspecto de sus habitantes, ni de los lugares, ni de sus habitos y costumbres, no tienen nada que le resulte familiar para esc entonces? El nifio ha abandonado wna sociedad para pasar a otra. Parece que en un primer momento haya perdido Ja facultad de recordar en esta tiltima todo Jo que ha hecho, todo lo que le impresionaba y que recordaba, sin ningtin es- fuerzo, en Ia sociedad de origen. Para que ciertos recuerdos, inciertos ¢ ineompletos reaparezcar, es necesario que ea [a sociedad donde se encuentra en el momento presente, sc le muestre ul menos imagenes que reconstruyan el grupo y el medio de donde él ha sido arrancado. El ejempla anterior no es mas que un caso extremo. Pero siexaminamos mas de cerea el modo como recordamos, reco- neceremps —-indudablemente— que In mayoria de nuesiros recuerdos se munifiesian en Resulta de este texto que Freud lo en- tendié bastante mal, o conserv6 un recuerdo inexactor por Caan. tael profesor en cuestién rehace sin duda en suena el miseno trayecto (no nos dice por Jo demas si va en cocke, si se trata del saismo coche, etc.), pero no la misma excursidn em donde es- caparia de nuevo al mismo acciderte, Se extrema, en suefio, en recordar el accidente, una ver Hegado al lugar en donde se produjo. Ahora bien, es uma cosa distinta que sofiar que se re- cuerda de un acontecimiento de la vispera, y de encontrarse, en stefo, en la misma situacién de asistir o de participar en los mismos acontecimientos que cuando se estaba despierto. Esta confusién es, por decir lo menos, extrafic. Podemios sustituir este ejemplo por aquel que es menciona- do por Foucault, igualmente de segunda mano, y que Freud no podfa por supuesto conccer:* Se trata de un mécico que, ha- biendo estado muy afectade por una operacién en la cual ha dcbido mantener las piernas del paciente al cual no se podia administrar el cloroformo, vuelve = ver durarte una veintena de noches ef mismo acontecimiento: . Toilos esos sucfios lienen un caricter comin; se trata de recuerdos de infancia, completamente olvidedos a través de um tiempo indeterminadoy quene se pueden precisardacante al Kempo de vinitia, inchiso después que el suesie los ha evocn~ do; vaciven, mezclados a nuestras fantasias, y se requiere sor ayudados por la iieioria de otros, o Hevar a abo una pesqui- say uno verificaciéa objetiva, para constatar que co;respon- “den cm cfects a realidades anteriormente percibidas. Ahora biev, sin duca no se Lrata de escones completas que reapare cen, sino ua nombre, un resiro, la indicacién de una calle, de una casa. Todo esto no forma parte, sin embargo, de nuestra experiencia familiar, de los recuerdlas que no-nos extraniamos al reencontrar, en estado fragmentarto, en nuestros sueiios, porque son recientes, 6 porque sabemos que despierios po- seemes sobre ellos un cierto contrel, porque en definitiva hay muchas razenes para que entren co a categoria de los pro- ductor de rucstra actividad imaginaliva. Al contyaria, se requerirta adinitic que los recuerdos de nuestra infancia se han estereotipado, que son, desde el comienzo, y permane- cen, como dice Hervey de Sainé-Denis, imagenes clichés, delas cuales nuestia conciencia no hia tenido conoeimiento de nada mas a partir del momento ea.que se han grabacio (ap, cit g. ld nota). Tero entomees, el recticido esta todavia mis desnataralizado, puesto que tarepresuntae fee hechos tal come otto hnbria pose veros. 24 mos, 0 bien que reflexionamos, 0 que proyectamos sobre lo que vernos el matiz particular de nuestra disposicién del momento, terror, inquietud, asombro, molestia, curiosidad, interés, cte. ‘May instructives al respecto son des ejemplos, consigna- dos por Maury, a propésito de sueiios en donde aparecen per- sonas que sz sabe estén muertas: «Hace quince arios, uma se- mana habia transcurrido desde la muerte de ML. cuando lo vi muy claramente en svefio... Su presencia me sorprendis mucho, y yo le pregunté con uma viva curiosidad como, ha- biendo sido sepultado, habia podido regresar a este mundo. ML... me dio una explicacién que, podemos adivinar, no te- nia sentido come, yen la cual se mezclaban teorias vitalistas que yo habia recientemente estndiado». Esta vez, él tiene el sentimiento de que suefia, Pero, ea otra oportunidad, esté convencido de queno suefia y, no obstante, le vuelve avery le pregunta cémo es que se encuentra alli” Sefiala, en otra par- te, que en suefio no nos asombramos con las mas ineretbles contradicciones, que nos eausamos con personas que sabe- ios estan muerias, etc." En todo caso, aun cuando nosotros na buscamos resolver la contradiccion, la destacamos, tene- mos al menos el sentimiento. Miss Calkins seftala que xen los, 375 casos observados por ella y otf sujeto, 20 hay ningin ejemplo de un suciio en donde sean vistos en otr momento que en el tiempo presente. Cuando el sueito evocaba la casa en donde habjan pasado su infancia, 0 una persona que no habian visto desde hace muchos avios, la edad aparente del sofiador no habia disminuido en neda con miras @ evitar un anacronismo; cuslesquiera fuesen of Ingar o el cardcter del suefio, el sujeto teafa siempre su edad actual, y sus condicio- nes generales de vida no estaban alteradas».!" Serguciev, ciega desde hace muchos aiios, seve en suefio en San Petersbargo, en el Palacio de Invierno." El emperador Ale- 12, Mauryop. eit, p £86. 13. Ibid. p46, 54. Calkins.op. of, p31 15, 8, Setgeney Le summeil oe gutdme renews, Physiologie dela veil et de stommeal, Pari, 1892.2. ol, pp. S07 ys Se pods agrcgst aesteefemalo eLease tame turtewo, deserite porH. Bergson (sea slenulacien tncomeciente em el estoclo de hip rotismos, Revue Plilosonhizue [eoviembre de 18862, de van mar en esta de Iipeisis oe, con mirae a ejecutar wis otdon quasapone en ela facuTtades mori Jesnusa um sublerfugio, porque ella peste anuy bier ue ro posre dha faked. 25 JandroT se entrevista con dl yle iavita a regresara su regimien. to, Este obedece y luego se dirigea su coronel. quien le dice que podré retornar su scrvicio al dfa siguiente. «—Pero vo no he tenido tiempo de conseguirne un caballo... -Yole prestaré uno demi caballeriza, —Pero mi salud esta muy fragil. ~El médica leeximira de servicio.» Entonces solamente, es decir en dtima lugar; daa conocer al coronel un obstiiculo radical, y lereener da quesiendo ciego es absolutamente incapaz de divigir un es cnadrin, Nunea tuvo, ni desde ei eomienzo, el sentimiente de una imposibilidad, es decir que, desde el comienzoy en todes Jos momentos cel sucio, su personalidad actual interventa. De este modo, jamas en sucho nos despojamos entcramente de nuestro yo actual, y esto bastaria para que las imagenes del suuc- ito, si éstas reprodujeran casi idénticamente un cuadrode nues- iro pasado, serian a pesar de todo diferentes de los recuerdos. Pera, haste aqui, no hemos hablado sino de sueios de los cuales nos acordamos al desperiar. ¢No existen otros? ¥ ade. mis de todos aquellos de los cvales no nos acordamos, por razones quizis en parteaccidentales, g10 extsten acnéllos cuya naitraleza es tal que no podemos acordaracs? Pues bien, si tales fueren precisamente aquéllos en doride ci sentimier.t dela personalidad actual desaparece absoh tamente, y que se harevisto el pasedo exactarsente tal como fue, habria que decir que hay en efecto sueiios en donde hay recuerdos que sereali- zan, pero que se Kes olvida regularmente cuando se acaba de sofiatr Bs lo que entiende jrstamente H. Bergson, cuando airi- Dbuye al sueno liviano los sueiios que recordaimos, y promueve acreeraute, en ei suefio prefndo, fos recucrdas legana ser el ebjeta inicoo, al menos, wn objeia posible ce nuestros suetios. Sin embargo, cuando Hervey de Saint-Denis, juzgando mas 9 menos en profundidad su sueia segin el srado de mayor o menor dificullad que tiene en despegarse de él, destaca que, enel suetio profando, ¢] sueno es mas «vives, mAs «hicidos y, al mismo tiempo, «mds Seguido>; por un lado contariamos asi comla prucha de que nos acordamos de ins suefias profun- dos, par otro nada indica que hava mas recuerdos, yrecuccdos ings exactoscn éstos que en los suefios del sonar liviano.!* Bs 46, Friods Hoerozen, an Statstecto Unersuchungen der Tutus une Seas, Phi. Suadien de Wend, #989, le wna snecsta Gon Casca de WM su; oon 26 verdad que se puede responder: entre el momenta en ef cual alguien comienza a despertar, y aquél enclonde esta despierio efectivamente, se ha escurrido un intervalo de tiempo. Pues bien, por pequedic que sea, éste vitimo basta, dada la rapidex can la cual se desarrollan tos suefios, para que se hayan pro- ducido en este intervalo, que corresponde awn estada inier- medio entre el sueno profundo y el estar despierto, trasladas, errdncos de suerios al sueio profundo que ha precedido.$i se hace contener ast en una duracion infinitesimal suefios de una duraci6n aparentemente muy larga, nada prueba, en efecto, que no hayamos nunca alcanzado los sucitos del suefio pro- fendo proptamente tal, Pero se requiere quizés desconfiar de las observaciones dlasicas en donde el sujeto cree haber parti cipado, en sneiio, en acontecimientos que demandarian, para producirse en realidad, mucho tiempo, varios dfas ¢ inchiso varias semanas, y que no obstante han desfilaco ante su mira- da en pocos insiantes. ¢Hasia qué punto ha asistido a los econ tecimientos? ¢Hasta qué puntone ha tenide més quo nna vis~ ta esquematica? Kaploun dice que ‘e ha sucedido «constatar vorias veces no solamente qite no #8 suevia mas rapido de lo 22 52 piensa estado despierto, sino que el suefie es relativa- monic Ionier. Su velocidad le parece ser «cexcana a Ja de Ja accion reals.” Hervey de Saint-Denis dice que, habiendo ten do la ocasién de despertara menudo a una persona que soha ba manifiestamente, tan bien que ese persona le daba asf, dhee- miendo, puntos de referencia, y habfa «constantemente observado, interregdndole de inmediaio-acerca deo queaca- babs de sonar, que sus recuerdos no iban jamés pads alld de un Japso de cinco a seis minutos». En todo caso no estamos lejos de algemos segundos que dura el despertar «Un gran ntimero de veces, agrega el mismo autor, he encontrado el hilo conductor que habia seguido Ja asaciacién de mis ideas hays en goe tenemos suedins muy vives y qe ls recordanwes mejor eusnda donnie resi ondizariaryente con un suese dviano, Pors las mujeres serian la exeupcioa, Para otros osnas la preguntas estaba planteadas tn tésmings iy vagos. 17. Keplowa, Psychologie generale ede de [ante de réve, 1819, p, 126, Véase tombicn I eitica del esuero de Maus, en Yer Delage, Le réie, Naites, 1920, Pp. 260 y 8. Delage no erce, al menos en general, 2% I «velocidad fulrminantes de as 18. Hervey de Saint Denis, op cit. p. 266. aI durante un perfado de cinco a seis minutes, transcurrides entre el momento en que habia comenzado a quedarme dormido y aquélen que yo habia sido sacado de un sueto ya formado, es decir desde él estado de vigilia absolute hasta el del suefio completo.» Be este modo, a las observaciones acerca de la ra- pidez de los sueitos, de donde se concluye que no se recuer- dan los suefios del sueno profundo, es ficil oponer otras que tendecian a probar lo contrario. Podrfamos, zhora, razenar acerca de los datos menes dis- cutibles. Enire nuestros suefios, hay algunos que son combi- naciores de imagenes fragmenterias, de los cuales no podria mos sino mediante un esfuerzo de interpretacion a menudo incierto reencontrar el origen, al desperta, en una o varias regiones de miestra memor'a. Otros son simplemente recuerdos desvinculades. Entre usios y otros hay bascantes intermediaries. GPor qué no se supondiria que la serie no se termina alli, que mis alld de esos recuerdos desvinculados hay otros que no to son, gue enseguida viene una categoria de sweitos que conten drfan recuerdos puros y simples (realizados)? Se inverpretaria esto diciendo que lo-que impide al recuerdo reaparecer integralmeme son sensaciones organicas que, por muy vagas. ‘que fueren, penetran sin embargo cn el suelo, y nos mantie- nen ea contacto con el mundo exterior: ef hecho de que este contaito se reduzca cada vez més, af fin-y al cabo,,nada del exterior intecvendrfa para componer el orden en el cual se su coden, permanecera solamente el orden cronelégico antiguo segtin el cual la serie de recnenios se desaryollard de nucvo. Pero, aun cuando podriamos clasificar asi las imagenes de los, ‘suenos, nads nos autorizar‘a para admitir que se pasa por tran- siciones insensibles dela categoria de los suefios a aquélla de los recnerdos puros. Se puede decir del recuerdo, tal como se Jedefine en esta concepcidn, que no contiere grads: un estar do es un recuerdo, u ofra cosa: noes en parre un recuerdo, en parte otra. Sin duda, hay recuerdos incompletos, pero ne hay, en un stiefio, mezcla de recuerdos incompletes con owes ele- memtos, pues un recuerdo aun incompleto, cuando se le evoca, se opone a todo el resto como el pasado al presente, mientras qué e: suche, en todas sus partes, se confunde para nosoires con el presente. Bl suefio no escapa mas a esta condlicién que, una hailarina, metuso cuando no toca el suzle con fas puntas 2 de los pies, y da Ja impresién que emprendera wuelo, na se sustrae de ninguna manera a las leyes de Ja gravedad. No po- demos pues concluir, de cuanto hay suefios que se parecen mas que otrosa nuestros recuerdos, que babria suefios que son re- cuerdos puros. Pasar de unos 4 otros seria saltar de un orden de cosas a oto cuya naturaleza es totalmente diferente. Si, en el sueiio profundo, ta actividad por excelencia del espiritu consistfa en la evocaci6n de los suefios, seria bastante extrafio que antes de quedarse dormido se requiriese destiar su atencion no solamente del presente y de los recuerdos in- mediatos que nos lo represenian, sino también de toda espe- cie de recuerdos, y suspender, al mismo tiempo que sus per cepeiones, la actividad de la memoria. Ahora bien, ¢s lo que se realiza, Ksplouncrce haber observado que al comienzo del adarmecimiento se atraviesa por un estado de ensofacién en donde «la evocacién de los recuerdos es facil, continua y fer tils. Pero, en seguida, se necesita «dablegar la enengia del es- tar despiertc», a lo cual se Hega eocupindole mediante un trabajo que produce un vacio, un empobrecimiento: una me- Jodia, o cualquier otra imagen ritmica». Enseguida el mismo autor sefiala um estado singular, que no ha Jogrado captar, dice, sino después de un largo recorrido, y que precederfa inmedia- tameate al verladero suehio. “Todo motivo ritmico desapare- ce, y HOS encontramos como el espectador pasivo de una germinacién incesante y répida de imagenes simoles y cor tas... claramente objetivas, independ-entes y exteriorizadas.. Porece que se asistea la dislocacién del sistema latente parti- cular (conciencia de lo real en el estedo de vigilia), en donde Jas partes actian vigorosamente antes de desaparecer, Los ele- mentos de este sistema (nocién de la orientacion, de las per sonas que nos rodean, © quc hemos visio) lanzan de alguna manera su tiltimo destello.»™ De este modo, «los casilleros» en los cuales repartimos las imageres del estado de vigilia deben desaparecer, para que se haga posible un nuevo modo desistematizacion, aquél del suefio Pero esos casilleros son 19. Kaploun.op. eit. p. 180. 20. Mi. Delaciods ha delinide exttosamente el nade de onganizae 6 de las ima gon de susie suciow +Uise nlite) deaagre gene de sistnrn paguicoce, Ta smuctarelogine dic re, Revue de Miuaphsstaue e\ tie Morale (999). p. 236. 29 también aquellos en ios cuaics se clabora, en estado de vigitia, Ja evacacién de los recuerdos. Parece pues que el sistema ge neral de las percepciones y de los recuerdes de la vispera sea tun obstéculo para la entrada en el suefio. De manera inversa, si vacilamos a veces al entrar ala vispe- a, sinos quedamos a veces en el despertar, algunos instantes, en ur estado intermedio que no es exactan-ente ni el suefio ni Ja vigilia, es porque no Hezamos a scparar los casilleros cn lox cnales se han distribuido las tiltimas imsyenes vistas en suefio, y que los marcos del persamiento despietto no concuerdan con Jos del suef.a, Transeribimos aqui un suefio en donde nos parece que ese desacuerdo aparece claramente: «Suefia nrisic. Estoy con un joven que se asemeja a uno de mis estudiantes, en una sala que es como Ie antecémara de una prisién. Soy su abogado, y debo redactar con él (2). Se me ha dicho: registre !a mayor cantidad de detalies que pueda, Ha d2 ser ahorcado por hho sé qué crimen cometido. Yo lo consuelo, pienso cn sus pa- res, quisiera que pudiese escapar, Al despertar, estoy aun tan tristey preocupado que busca cémo poder ayudarle a salvarse (si se encontzara en tal situacién). Me imagine que estoy cn una gran cluded, y me orzslado en el ponssmiento a barrios exteniidos en donde hay grandes conjuntes de casas con in- crustacion de galerias, de restaurantes, etc. (éal como me suce- di6 ver a menudo en suetio, siempre los mnismos, a los cuaies no corvesponde ningrin recuerdo de la vispera). No abstante, yo sé al mismo tiempo que en Ja ciudad ea fa cual estoy cn realidad no he visitado jamas tales lugares, y que no estan in- dicados en el plano». Ese estado se explicaba, sin dada, gor la iniensidad emotiva del stiefio, tanto que, una vex despierio, yo estaba todavia bajo el imperio del sentimienio vivido en el sue- flo. Me creia pues, ala vez, en dos cindades diferentes, de las cuafes tna era equélla de mi sueie, y me esforzaba en vano Por encontrar en tna to «jue habia visto en i otra, Entre «l pensamiento del sueio y el de Ik vigilia hay, en efecto, esa diferencia fundamental de que uno y otra no se desarrollan en les mismos marcos. Es lo que parecen haber viste des autores, cuyas coneepciones son por lo demas muy 30 distantes, Maury y Freud. Cuando Maury acerea ¢! suefio a Gertas formas de slienacién mental, tiene cl sentimiento de que, enambes casos, el sujeto vive en un medio ue le es pro- pio, en donde relaciénes se establecen entre Jas personas, 1os objetos, las palabvas, que no ticnen sentido sino para él, Sali- do del mundo seal, olvidando las leyes fisicas al igual que las convenciones sociales, el sofiador, come ef alicnado, prosigue sia duda un mondlogo interior: pero all mismo tienxpo crea un raundo fisico y social en donde nuevas leyes, nuevas conven- ciones aparecen, que cambian por o demas sin cesan Empe- ra, cusndo Freud asigna a las visiones de tos sueitos el valor Ge signes de les cuales busca el sentido en las preocupaciones escondidas del sujeto, no dice cn el fondo otra cosa. Si nos mantenetinos, en efecto, en los datosliterales del suciio, resulta sorprendente su insignificancia y su incoherencia. Pero lo que carece de interés para nosotros no Jo es por cierto para aquel que suefia, y hay una i6gica del sueno que explica todas esas contradicciones. Sin duda, Freud no se queda iB; él se es- fuerza por dar evenia del contenido aparente dei suenw por Jas preocupaciones escondidas del que duerme; imagina in- cluso que ef sujeic, para regreseniarse en stetio el carapli- miento de sus deseos, debe no obstunte disirmular la naturale. 2a, por respeto a un segundo yo, que ejerce en exe teatro interior una especie de censura, y de le cual es menester bur lar ls vigilancia y alejar las sospechas; de alff vandria el carso- ter simbélics de tos suefios. Ahora hien, las interpretaciones ‘que propone son ala vez muy complicadas y muy incierins: se requiere, pars conectar tal acontecimiento dc fa vfspera y tal incidente dal snefio, hacer intervenir asociaciones de ideas a menude bastante inesperadas y, pore dems, Freud no se que da en general en una traduccion: cobrepene unos a los otros dos, tres o cumtro sistemas de interpretacton y, en el momento enque se detione, deja entender que él entrevé variasolrasrela- clones poribles, y que no las deja en silencio sizo porque hay que extremarse. Esdecir que, mientras queen el estado de vigi- Jia los imégencs que pereibimos son lo que son, mientras que cada una ne representa mas que una persona, que un objeto no estd mas que en un lugar, que uns accién no Uene mds que en resultado, que tuna palabra no tiene mas que un sentido, sin Jo cual los hombres no se reencontrarian en medio de las cosas, y 31 durante unperlado decinco a seis minwios, transcurridos entre el momento en que habsa comenzado a quedarme dormido y quel en que yo habfasido sacado de un suafio ya formado. es decir desde él estado de vigilia absoluta hasta el del sueno completo.» De este modo, a las observacioaes acerca de la ra- pidez de los sueftos, de donde se concluye que no se recuer dan ‘os suehos del suefo profundo, es Facil oponer otras que tenderian a probar lo corteario, Podriamos, ahora, razonar acerca de los datos menos dis- catibles. Entre nuestros sueftos, hay algunas que son combi- naciones de imagenes fragmentarias, de los cuales no podrfa- mos sino mediante un esfuerzo de interpretacién a menudo incierto veencontrar el origen, al desperter, en una 0 varias regiones de nuestra memoria. Otros son simplemente recuerdos desvinculados. Entre unosy otros hay bastantes intermediarios, nuestra memoria: nuestros recuerdos no ha- bian sido suprinides; pero si se conservaban en Ja memoria de otcos, y en el aspecto intacto de las cosas. No es sorpren- dente que podamos cvocar de la misma manera imagenes que sélo nosotros pademos pereibir, por lo menos en el arden en que el sueno nos las presenta. As{ se explicaria aquel hecho que retuvo nuestra atenciSn, saber que en nuestros suefios no se inteoduzea jams un re cuerce real y completo, tal como nos los recordamosen esta- do de vigilia, peto que nuestros suefios sean Fabricados con fragmentos de recuerdos mutilados 0 conf andides con otros para que podamws reconocerlos, No hay de qué sorprenderse, ‘ne mas que del hecho de que no descubramos tampoco en nuestros suefios sensaciones verdaderas tales como aquelias que santimcs cuando no darmimos, que reclaman un cierto gindodeatencién reflexionada, y que concuerdar con el orden delasrelaciones naturalesde que, nosotrosy los demas, tene- mos la experiencia. Dela misma manera, sila serie de image- nes dz nuesiros stefos no contiene recuerdos propiamente dichos, es que, para acordarse, hay que ser capaz de razonar y de comparar, y sentirse en relacion con una sociedad de hom bres che puede garantizar la fidelidad de nuestra memoria, y todas éstas son un conjunto de condiciones que evidentemente no son cumplidas cuando dormimos. Esta manera de comprender Ja memoria plantea al menos dos objeciones, En cfecto, evocamos a veces nuestro pasado, no para recnconirar acontecimientos que aos puede ser ttil conocer, sine con miras a sentir el placer desinteresado de re- vivir en ef pansamiento un period transcurrido de nuestra existencia, «A menudo, dice Rousseau, me distraigo de mis aflicciones presentes ahorando diversos acontecimientos de mi vica, y los orrepentimientos, los recuerdis agradables, las Jamentaciones, el entomecimicnt, se reparten la atenicidu por 36 hacerme olvidar por algunos instantes mis sufrimizntos.» Aho- za bien, vemos a inenudo en el conjunto de imagenes pasadas con Jas cuales entrarfames asi en contacto la parte mas intima de nuestro yo, aqnella que mas huye a Ta accién del mundo exterior, y ext particular de Ia sociedad. ¥ vemos también, en las recuerdos asi entendidos, estadas que son si no inmoviles, al mens inmutables, depositados 2 Io largo de nuestra dura- cin segtin un orden que ne podemos ya modificar, y que re- aparecen tel como estaban cuando les hemos atravesado por primera vez, sin que hayan sido sometidos, ea el intervalo, a una claborscién cualquiera. Es, porlo demds, porque creemos gue los recuerdos estan dados asf de wna vez per todas que rehusamos toda actividad intelectual ala mente que recuerda, Entre sofiar despierto y recordar no se ve sino un matiz. Los recuerdos serfan muy ajenos a Ja conciencia or‘eniada hacia el presente, y, cuando esta tiltima vuelea su atencién hacia aqué- los entonces desfilarfan baja nuestra mirada o Ia invadirian salicitando tan poco esfuerzode su parte como para los obje- tos reales, cuando la mente se distiende y:no los capta bajo un Angulo préctico. Admitiriamgs facilmente que se trata de una facultad especial, inutilizada en tanto estamos sobre todo pre- ‘ocupados por actuar, y que interviene en el ensueiie como en el recuerdo: seria simplemente la facultad de dejarse impre- sionar sin reaccfonar, o reaccionande apenas lo suficiente para que esta immpresi6a se haga conscieate, Entonces no se ve en gué los recuerdos se distinguirfan de las imagenes de nuestros sueos, y no se comprende por qué no se intreducirian. Pero el acto que evoca el recuerdo, ces aquél que nos hace entrar de modo tds completo en nosotros mismos? Nuestra memoria, {es nuestro ambito propio? Y, cuando nos refugia- mos en nucstro pasado, gpodemos decir que nos evadimes de Ta sociedad para encerrarnos en nuestro «yo»? ¢Cémo resul- tarfa posible esto, cuando todo recuerdo esta vinculado aimd- genes (en circunstancias que no constituyen el contenido) que representan otras personas distinias de nosotros mismos? Sin duda, podemes acordarnos de los acontecimientos de los cua- les hemos sido los dnices testigos, del aspecto del paisaje que hemos recorrido soles y, sobre tod, de los sentimientos y de os pensamientos que no hemos comunicado jamés a nadie, y de ios cuales conscrvamios el sccreto. Pero no conservameas tin 37 recverdo preciso de los objetos vistos en ol transcurso de un pasce Solitarie sine en la medida en que los hetnos localizado, ‘en que hemos determinario su forma, en que Jos hemes nom: brado, cn que han dado la ocasion pare Tevar 2 caba alguna reflexion. Pues bien, todoesto, lngar, farme, nombre, reflexiéa, son los ins:rumentos gracias 2 los cuales nuestra inteligencia tienz pode de capinra sobre los datos de} pasado del cual no nos quedaria sin ellos sino una vaga reminiscencia indi- ferenciada, Un explorador esti obligado a tomar notas acerca de las diversas etapas de su viaje; fechas, marces hechas en Jos snapas geograficos, palabras necesariamenie generales, ‘craquis esquemAticos; he shi los clavos cen Jos cuales se Bijan sus recuertios que, de otra manera, sé escaparian como Ja mayor pare de las aparisiones de la vida nocturna, ‘Que nose nos reproche cl hecho de mantenernosen lo que hay de externo en ios recuerdos, y de detenernos en la superti- cle de la memoria. Ciertamente, todas esas indicaciones de forma impersonal no extraen su valor sino de todo cuanto ayndan 9 reencontrar y a reproducir in estado interao desva~ necido. En sf mismas no posers ima virtud evocadora. Cuan- do se recorre un dtbum de fotografias, o bien las personas que éstas representan son pacientes, amigos, que ban jugado wn rol en nuestra vida, y entonees cada una de esas invigenes se anima y llega « ser al punto de perspectiva desde donde nos apereibimos bruscaments de une 6 varios periodos de muesice pasado; o bier. se trata de desconocidos, y entonces nuestras infradas sedeslizan con indiferencia sobre esos rostros bora. dos y esos vestuarios pasadas de mods, que ne nos recuersdan nada, No es menos cierto que el recuerdo de los senthinientos no pnede despegarse de aquél de as cireunstancias en las cua- Tes los hemos tenido, No hay via interna directa que nos per mitairal cncventro de un dolor o de una alegria ya abolidos. En la Tisieza de Olimpio el poeta busea primero, de algin modo, los trozos de sus recuerdos, que se han quedado col- gando de los drboles, de “as barreras, de Ios vallas del camino, anies dle azerediseles, y de hacer surgir la pasién de antailo por su realidad. Si quisiéramos hacer abstraccién de Jas per sonas y delos objetos, cuyas imagenes permanentes ¢ inm Jes se encuentran ian féeilmente que son como marcos ge rales de? pensamiento y de la actividad, irfamos en vano en 38 Diisgueda de los estados de snimo vivides en el pasado, fan- tasmas inalcanzables de igual mode que aquellos de nuestros suefios desde el momento en que no se encuentran ya més bajo nucetra mirada. No hay que imaginarse que el aspecto puramente personel de nuestros anteriores estados de con- ciencia se conserva en el fondo de la memoria, y que basta, con egivar Ja cabeza de este lado» para recapturarlos. Bn In medida en que dichos estados han tenido vineulo con image- nes de significacién social, y que nos los representamos fre- cuentements por et hecho exclusiva de que somos miembros dela sociedad, por ejemplo, esos «grandes y muidesos carrua~ Jes que regresan al final de Ja jornade», o «la barra secristén he vaciado muestros bolsillos», es que guardamos algun contacto con nuestsas disposiciones internas, y que po- demos reconstituirlas al menos en parte. ‘Hay una concepcién de la memoria segtin Ja cual Jos esta- dos de conciencia, a partirdel momento ent que sehen proda- cido, adquicren en cierto modo un derecho indefinide a sub- sistir: permanectan como tales, agregados a aquellos que les habian precedido ea el pasado, Entre ellos y «c! plan ola a dei prescitcs habria que decirse que la mente se desplaza, En todes fos casos, no baslaria con imagenes, ideas y reflex nes acitaies para reconstifuir el cuadro de los dias tranecurch dos, Nlo habria mas que ua medio para evocar «los recuerdos ypurose: consistitfe ea abandonar el presente, en distender fos resortes det pensaméento racional y en dejarnos reronducival pasado, hasia que entrésemos ea contacto con esas realidades de antaite, dejadas intactas desde cuando se fijoron en una for- ma de existencia que debie encerrarlas para siempre. Entre cl plan de esos recuerdos y el presente habria una tegisn interme- dia, en donde ni las percepeiones, nil los recuerrlos no se pre- senterfan ox. estado puro, como si fa mente no pudiera voleas su atencion hacia el pasado sin deformarlo, come siel recucr dose transformase, cambiose de aspecto, come si Regara 2 com rromper bajo la accion de la Twz intslectual, en Is medida en. gue sube y se aproxima a la superficie Ep realidad, todo cuanto se constata es quela mente, en ta snemorla, se orienta hacia wn iniervale de pasado coo el cus! no entra jainas en contacto, Jo que hace converger hacia intervalo todos esos elementos que ceben permitinle set dibujar el contorno y el irazado, pero que el pasado mismo no aleanza nada, Entonces, cud es el sentida de suponer que los recuerdos subsisten, puesto que nada nos otorga una prucha dle aquelle, y que se puede explicar que se les reproduzca, sin ‘que sea necesario admitir que ellos han permanccido intactos? Bl acto (pugs se trata de un acto) mediante el cual ja men- te se esfuerza por reencontrar un recuerdo en el interior de uns memoria, nos parece precisamente lo contrario de aquél mediante cl cual tiende a exteriorizar sus estados internos ac- tuales. La difcultad en uno y otro caso es en efecta inversa igualmente y, en todo caso, distinta. Cuando expresamos lo que pensamos o Io que sentimos, nos contentamos a menudo con términos generales del lenguaje corriente; a veces wtiiza- mos comparaciones; nos esforzamos, asoziando palabras que designan ideas generales, en ir cada vez mais cerca de los con- tornos de sui estado de canciencia. Emp2ro, entye la impre- sién y la expresién hay siempre una distancia, Bajo la infhuen- cia de las ideas y de las maneras de pensar generales, la conciencia individual adopta el habite de desviar su atencién de'lo exceacional que hay en ella y que no puede traducirse sin dificul:ad en el lenguaje corriente, Sc ha explicado asi el caracter inexecto de las descripciones que ciertos enfermos hacen de lo que sienten: a medida en que se intensifican on ellos ciertas sensaciones orgsnicas gue apenas existen, 0 que no existen en hombres normales, a medida tambien en quese impone la obligacin de usar ciertos términos impropios para traducivlos, por cuanto no existen aquellos que sean adapta- dos Pero lo mismo sucede con un gran numero de otros cases. Hay vn vacfo en la expresién, que mide el defecto de adaptacién de las conciencias individuales a las condiciones de la vida normal En sentido inverso, cuando recordames, partimos del pre- sente, del sistema de ideas generales que est siempre a mucs- troalcance, del Lenguaje y de los puntos de referencia adopta- dos por la sociedad, es decir de todos los medias de expresién que pone a nuestra disposicién, y nosotros los combinamos de manera que podamos reencontrar ya sea tal detalle, ya sea 22. Ch, Blondel La couceievs wurbide, U4, 40 tal matiz de las figuras ode los acontecimnientos pasados, y, en general, de nuestros estados de conciencia deantafio, Aunque esta reconstiucciéa no es nunca algo mas que wna aproxima- cién. Sentimos que existen elementos personales de nuestras impresiones antiguas que no podemos evocar mediante este método, Hay un vacfo en la impresion, que mide el defecto de adaptaciGr: de la comprensién social a las condiciones demnes- tra vida consciente personal del ayor. Pero, geémo explicar, entonces, que a veces seamos sor prendidos por el hecho de que este Vacto se lene bruscamen- te, de que un recuerdo, que crefamos extraviado, se deseubra en un momento en el cual no lo esperabamos? En el curso de una ensofiacion, lriste o feliz, tal pariodo de nuestra existen- sia, tales figuras, tales pensamientos del ayer, que correspon- den con nuestra disposicién actual, parecen revivir bajo nues- tra mirada interior: no son esquemas abstractos, esbozos de dibujos, seres transparentes, incoloros; tenemos, al contzario, la ilusién de reencontrar ese pasado inalterado, porque nos reencontramos nosotros mismos en el estade en el cual loatra- vesébamos, ¢Cémo dudar desu realidad, puesto que entramos en contacto inmediato con él del mismo modo que lo hace- mios con los objetos exterfores, que podemos recorrerlo y que, Jsjos de no encontrar sino lo que buscabamos, nos descubre en él muchos detalles acerca de los cuales no teniamos la me- nor idea? Esta vez no es ya mas de ruestra mente que partiria el llamado al recuerdo: es el recuerdo que nos lamaria, que nos urgiria en reconoceria, y nos reprocharia el haberlo olvi- éado. Es, pues, desde el fondo de nosotros mismos, como desde el final de un coredor en el cual, solos, podriamos aventu- rarnos, que los recuerdos retornarfan a nosot-os 0 que noso- tros avanzariamos hacia ellos. No cbstante, gde dénde viene esta especie de savia que da volumen a algunos de nuestros recuerdos, hasta otorgarles Ia apariencia de la vida real? ¢Es la vida de antato que han.con- servado, 0 es una vida nueva que les hemos comunieado,aun- que una vica artificial, sacada del presente, y quz no durara ands de lo que dure nuestra sobrexcitacién pasajeca o nuestra disposici6n afectiva del momento? Cuando nos dejamos lle- vara reprocucir en imaginaci6n una secuela de acontecimien- tos para los cuales el pensamiento nos enternece respecto de ay nosotros mismes o respecto de otros, sebre toda cuando se ha regiesadoa les lugares en donde se desarroliaron, o bien que se crea captar vestigios de las fachadas de las casas que he- mos visto af pasar en el ayer, de los troncos de drbotes, de ias minadas de ies ancianos cargados de afios at misma tiempo. gne nosotvos, pero que conservan los sasgos y autizis ef ro- cuerdo del mismo pasaco, o bien que se destague sobre toda has‘2 qué punto todo ha cambiado, cudn peca cosa ha perma- necido del antiguo aspecto que nos era familiar, y que onton- ces, se es sensible en especial a a inestabilidad de las cosas, y se teuga menos dificuitad en aboliv por el pensamienio aqu llas que ociapan hoy dfa et lngar de la deco-acion desaparecit de rmestras pequefias o grandes pasiones, sucede que el estre- mecimiento comunicado a nuestro organismo psicofisico, por e505 parecidlos, esos contrastes, nuestras refiextiones, nuestros deseos, nuestros pesares, nos da la ilusién de volver a pasar realmente porlas antigues emociones. En-onces. mediante ut intercamb‘o reciproco, las imagenes que reconstraimas adep- ran de las cmociones actaics ese sentimniento dereatidad que Jas transforma ante muesiros ojos en. objelos arin existentes, mieaicas que los sentimienios actuaies, aferréndose aecas ima. genes, se identifican con jas emociones que les hari acompa- jada antiguamente, y se encuentran al nisino tiempo des- provistas de su aspecto de estados actales. Asi creemus simaltdneamente que el pasado revive en el presente. y que abandonamosel presente pararegresar al pasado. No obstaa- te, ni lo uno ni Io otro es verdader tode cuanie podemos decit es que fos recuerdos, tanto como ‘as otras imyenes, imitan a veces nuestros estados presentes, cuando nuestros sentimientos zctwales vienen a su cnctien:x0 y se incorporan. ¢Hasta qué punto el pasado puede serrealmente ilusién? eSucede que los recuerdos impenen a la sonciencis el senti- miento de su realidad como ciertas imagenes alucinatorias que solemes confundir cen sensaciones? Hemes abordado este problema a propésite de det suet, pero se necesitx abora plantearlo en toda su extensién. Hay enfermedades o exalia- Giomes de la memoria, que se denorinan paramnesios, que 42 consisten ca esto: se Nega por primera vez a una ciudad, se ve par primera vez tuna persona y, sin embargo se les reconace como sise les hubiera ya visto, La fhusién que queremos exa- Ininur es lo contrario de ésta: se trata de saber si, regresando oimagindndose estar en una ciudad en la cual hemos estado, spodemos creer eslar en cl moments en que legilamos por jmera vez, y volver a pasar por los mismos sentimientos de curiosidad, de asombro que entonces, sin darsz cuenta que se les ba tenido anies. De mode mas general, mientras los sue- fos son Husiones auncas quizds (sino se sucka s:empre) por intervatos en donde fa conciencia esté vacia, eno hay, inte~ srumpiends el curso de los estacos de concieacia durante | vigilia, ikusiones determinadas por la memoria y que nos ha- cen confundir el pasado revivido can la realidad? ‘Ahora bien, ba habida seguramente hombres que desea- ban procurarse Husiones de este tipo, y que han creido alcan- zarlas, Los misticos que se rememoraa sus visiones pare: revivir su pasado, Queda por scber si lo que se reproducees ot recuerdo mismo, 9 una imagen deformada que lo ha susiitul- do poco a poco, $i descariamos esos cases, en donde la imagi. naci6n juega sin duda cl rol peincipal, si consideramos aque- los en donde, voluntaria o involuntariamente, evocamos ws recuerdo que ha bien conservado ax integridad primnitiva, es decir en dende heros extvaido ya tras pruebas, nes parece incencebible gue se tome ef recuerdo de un percepcin o de unsentimiento por esa percepeida c por ese seatimiento como tales. No'es que esos recuezdos, surgidos durante la vigilia, se enfronten « nucstras petcepsioncs actuales que jngarfan, con respecto a ellos, o) rol dereduciores. Pues se podria concebir que nucsiras sensaciones se atendan y se desilizan bastante como para que les imagenes del pasado, mas intensas, se im pongan en la mente y parezean mas reales que el presente. Fero esto no sucede. Nada, inchiso, prucba que él debilita- niente de nuestias sensaciones sca une condicisa faverable para la reactivacién de los recuerdos, Se pretende que, en los aacianos, ‘a memoria se despieris ep Ia medida cn que sus sensaciones flaquean. Pero basta, para explicar cus ellos evo- can mis a menudo que otros una cantidad guivis mayor de recuerdos, con destacar que su interés se desplaza, que sus reflexiones sigues otro curso, sin que se debilite 20r lo demés 43 en ellos el sentimiento de la realidad. Muy por el contrario, os recuerdos son tanto 9 mds netos, precisos y completos, con imagenes y colores, que nuestros sentidos Son mas acti- ‘vos, que estames mas comprometidos en elanundo real, y que nuestra mente, estimulada por todas las excitaciones que le vienen desde fuera, tiene mas vigor y dispone plenamente de todas sus cnergias. La facultad de acordarse esta en relacién estrecha con el conjunto de las facultades de la mente despier- ta: aquélla disminuye al mismo tiempo que éstas flaquean. No cs entonces sorprendente que no confundiésemos nuestros recuerdos con sensaciones reales, puesto que nosotros no los evocamos sino cuando somos capaces de reconocerles, y de ponerles en oposicion con estas Gitimas. ‘Todo no se reduce, en ef caso de la memoria, a una simple lucha entre sensaciones ¢ imagenes; pero toda la inteligencia esti alll y, sino interviniese, no se recordarfa. Voltaire hubie- se podido, en uao de sus Contes, imaginar un rey caico, a Te merced de sus enemigos, enccrrado en un calabozo, al cual, por una cruz] fantasia, aquel que le ha reducido 2 Ia esclavi- tud quisiera darle por algiim tiempo la ilusién de que todavia esrey.y que todo cuanto ha sucedido desde que ya nolo es no es més que un sucho, Sera colocado, por ejemplo, durante su suefio, en lahatitacion desu palacio en donde tenia el habito de descansar, y en donde reencontrard al despertarlos objetos y los restros accsturnbrados. Se prevendria asi todo conflicto posib’e entre las representaciones de Ja vispera y del recnerdo, puesta que se confundirfan, Sin embargo, cen qué condi se lograré que r.a descubra de inmediato esta maquinacién? Se requeriré que 0 se le permit el poder reconocerse, que miisicas, aromas, luces encandilen y confundan sus sentidos, es decir que se necesitaré mantenerlo en um estado tal que sea incapaz tanto de percibir exactamente Jo que le rodea como. de evocar exactamente el tiempo al cual se ha querido que él crea scr (rarsportado. Desde el momento en que la atenciéa podrd fijarse, en que reflexionard, estara cada vez mas aleja- do de confundir esta ficcién que se le pretende hacer tomar pox su estado presente cor. la realidad de su pasado tal como sela representari su tnemoria. No es en efec:0 en el espoctacur Jo que ve hoy en dia, que ha visto, casi exactamente idéntico, ayer, qute encontraria tm principio de distineién, En tanto que aa este cuadro permanezca de algtin modo suspendido en el aire, noes a decir verdad ni una percepcién, ni un recuerdo, os una de esas imagenes del sucho que sin transportarnos al pasada nos alejant, sin embargo, del mundo actual y de Ia realidad. No se sake lo que es sino cuando s¢ le ha reubicado en su entorto, és decir cuando se ha salido del campo estrecho que delimitaba, que nos ha representado el conjunte del cual for- ma parte, y que se ha determinaco su lugar y su rol en este conjunto. Pero para pensar una serie, un Conjunto, traiando- se del pasado o del presente, una cperacién puramente sensi ‘ble, que no implicaria ni comparaciéa, ni ideas generales, ni representaciGn de un tiempo con periados definidos, jalonado con puntes de referencia, ni representacién de una sociedad endonde :iene lugar nuestra vida, esto no bastarfa. Bl recuer do no es completo, no es real (en Te medida en que puede serlo) sino cuando la mente integralmente se vuclea hacia él. Que esta representacion implicita de una specie de plano esquema general en donde las imsgenes que se suceden en nuestra mente tomavian lugar, sea una condicién mas necesa- ria todavia de la memoria que de la percepcién, es to que re- sulia dei hecho de que las sensaciones se precducen de sf mis- mas antes de haberlas adosado a nuestras percepciones anteriores, antes de haberlas iluminado conla Luz de nuestra reflexion, mientras que muy a menudola refexion precede la evocaci6n de los recuerdos. En cireanstancias que un recuer- do surge de pronto, se presenta primero en esta:lo brute, ais- lado, incompleta y es, sin duda, la ocasién para nosotros de reflexionar, de manera de conocertes mejor y, coma se dice, a slocalizariesa; pero en tanto que esta reflexién no ha tenido lugar, nos podemos preguntar si, ms que un recuerdo, no es una de esas imigenes fugitivas que eruzan por In mente sin dejar huellas. Enel serio, al contrario, hay a veces un esbozode sistema- tizacién; pero les marcos légicos temporales, espaciales, en 23, Sein M. Kaploun (Psycholage pind tinda de Vénede du rive. 1919, p. 83, |§86) nun recuerdo noretorna de partida vesp-yado del pasado, nara ser reonock doy loctlizaco com pesterioricac el reconociniertoy Is loealizacion preeeden s imagen, Ce vemos vente», Ba efecto, para reconses y localiza, se reaqsete que $2 poses, ea estado latente, se sista general desu fasadoe, Ua reac 10 recone Cite noes iiss que un'copoeamientg iacumnplete, 45 dondlzse desarrollan fas visiones det suesio sam muy inestable: Podemos apenas hablar de marcas: es mis bien una atmésfera especial, de donde pueden brotarlos pensamientos mas quim& icos, pero a los cutales los recuerdos ne logran acomodarse. ‘Val vex deberiamos estudiar aqui més espectticamente et recuerdo de los sentimicntos. El recuerdo de un pensamiento ode una sensacién, sisc les separa de Tas emociones que han podido adjuntarse, no se distingue casi de un pensamiento 0 deune sensaciéz nueva: €. presente se parece de tal manera a pasago que todo acontece como si ef recuerdo no fuera mAs que cna repeticién y no una renparicin del estado anterior No es igttal para los sentimientos, sobre todo aquelles en los cuales nos parece que nuestra personalidad, y un momenta, un estado de és:a se ha expresado de una manera tinica e fal amitable, Para que seles recuerds, se necesita que senszean ¢a persona, ¥ r6 bajo tos rasgos de algdin sustituto. St ia memo- Tia de Jos sentimlentos existe es porque ne mmucren enteros, 7 que algo subsis:e de nuestro pasado. Pero les soniimientos, asi como nuestros otros estados de conclencia, no escapan a esta ley: pars ccundarse hay que roubicaclos en un conjuato de hechos, de seres y de idens que forman paris de nuestra xepresentacion de 1a sosiedad, Rousseau, en un fragmenta de Eile, an donde imagina qu el macsiro y el ntto se cnedenivas en lacompitia a fa hora en Ja cual el sol se levania, declara que el nifio no es capaz de siluarse frente a ke natureleze de los seniimientos, y no te at buye sine sensaciones para que el sentiaicato de la naturale: za se despierte, seré menesier que pueda asociar el cuadro que Lene ahora frente a sus ojos con et reevertio de acontec mienios en los cuales ha estado presente y que ésies se re dina, pero estos acontecimientos lo ponen en relacion con horabres: Ia natiwalezs no habla pues a nuestio corazdn sino porque ella este, para muestra imaginact6n, integramente pe- netrada de Fumanidad, Fer ima curiexa paradoja, el autor que so ha presentado-cn el siglo Xvtit come ol amigo de la natura. lezay of enemigo de lasociedad es también aquél que ha ense- fede a fos hombres a evar Ia vida social hacia un campo de naturateza mis extendido, y si ha vibrado en 4 contacto con 5, os quz en ellas ¥ en torno a ellas éf descubria seres capaves de serie y que se podie amar Se Fa mosirado qe et 46 estremecimiento sentimental que, con motivo de la Nouvelle Héloise, brid la sociedad de} siglo 211 a una compression amplia de ls naturaleza, estuve determinado en realidad yantes que nada par el elemenio propiamenie nevelesco de esa novela misma, y que si les lectores de Rousseau pucicroa contemplar sin animaiversién, tristezs © tedio, con simpatia, enterneci- siento y entusiasmo, cuadyos de montafins, de bosques, de lagos salvajes y solitarios, es porque su imaginacién les col- maba de personajes que cl autor dei libre habia ereado, y que. aquellos se habituaban 3 encontrar, como él mismo, relacio- nes enix los aspectos de 1s naturaleza material y Jos senti- mientes o las situaciones huraaaas.* Si, por otra parte, las Confesiones son-a tal punto evoca- doras, gnc ¢3 porque el autor nos cuenta, siguiendo el orden de su sucesion, las grandes y pequefios heches de su vida, nos nombra y nos describe ios lugares, las personas, ¥ que, caan- do precisaast todo lo que podia sex, basta con que nos indique minos generales los sentimientos que tavicron impor tancia pasa f, para que separaos que todo cuanto permnenecta de ese pasada, todo cuenta se padia encontras, nos resulta ahora accesible? Pero to que nos cnirega es um 6 daios sacsdos de la vida social da su bempo, oiros pensaban de ¢l, 0 lo que 6 sensaba de les ofvos, es el juicio emitide por algune de aquellos que le frecuenteban, <= en esto que surge como parecide con los olvos, que surge tam bién como diferente de elles, Esns diferencias mismas sv ex presan con respecto a Ia sociedad: Rousseau cients que ba Hevado mas lejes que los otros algunos victor y algunas virtt Ges, ciertas ideasy clertas Hlusiones, que nos basia, para conc cerles, mirar cn torno nuestro y ca nosotros mismos, Cieria~ mente, nos impene cada vez ms su panto de vista cobse ests sociedad ya portir de ella, es sobre él mismo que somos relanzados: pero como, ficra de ese pumto de vista, no ak zamosnada de é! mismo, es por ia idea solamenic que di se hechode ios hombres en medio o lejos de Jos cuales ha vivido, que pederses hacernos una idea de fo que ha sido él misrao. En cuanto a sus sentimiontes, cllos no existian ya més on ef _ Morne, Le semi! de le tataireen Fraoedde Ji cteussann a Bemondie de momento en que los describia: