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Iglesia Evangélica Metodista Argentina en Córdoba

Mensaje
4° Domingo de Cuaresma–06 de Marzo de 2016

P. Maximiliano A. Heusser

Leer: Salmo 32 – Josué 5:9-12 – 2 Corintios 5:16-21 – Lucas 15:1-3, 11b-32

Cuaresma es tiempo de oración, confesión y conversión.
El pasaje del Evangelio de Lucas nos invita a reflexionar sobre una de las
parábolas más hermosas y –por cierto, conocidas- del Nuevo Testamento. Esta
suele ser llamada “parábola del hijo pródigo”. Sabemos que los títulos no son
parte del texto bíblico original y, en este caso, el título condiciona nuestra mirada
sobre uno sólo de los hijos. En la actualidad hay bastante consenso en hablar de
esta parábola como la del “padre amoroso” o “padre amante”. Poniendo así el
acento en la actitud amorosa del Padre.
En esta oportunidad quiero poner la mirada sobre los dos hijos, a la luz de la
actitud amorosa del Padre. Estos son muy diferentes uno del otro. No sólo toman
decisiones distintas, sino que parece que viven la vida de manera diferente.
Comencemos por el hijo menor. Este pide la parte de la herencia que le
correspondería al morir su padre. Una vez que puede convertir su parte en
dinero (esto significa “juntándolo todo”) se va a una provincia apartada y allí
dilapida todo. Allí comienza a sufrir necesidad y se arrima a un ciudadano de
aquella tierra, quien lo envía a apacentar cerdos. Los cerdos para los judíos eran
animales impuros, por lo tanto, para cualquier judío promedio, esta era una
actividad sumamente detestable y prohibida. Como si esto fuera poco, tenía
tanta hambre que deseaba poder comer la comida de los cerdos (algarrobas). En
este sentido, el hijo menor “tocó fondo”. Llegó a la más baja condición del ser
humano. Y es en ese momento que se da cuenta de lo que ha hecho. Es
queriendo comer las algarrobas que se produce un “clik” en su vida. Entiende lo
que ha hecho y lo que tenía en la casa de su padre. Por eso decide volver a la
casa paterna a pedir clemencia, pidiendo ser tratado como a un jornalero más.
En esta actitud del hijo menor vemos la conversión. Vemos cómo elige un
determinado camino y manera de vivir hasta darse cuenta de que no era esa la
manera ni el camino. Se da cuenta de su error y se dirige al camino contrario. El
se había ido a una provincia apartada a “hacer la suya”. Ahora, de esa provincia
apartada se dirige arrepentido a la casa de su padre.
Si hay alguien hoy aquí que siente que se ha ido a un lugar apartado de Dios,
poner su mirada en este hijo menor, le puede ayudar a ver que siempre se puede
volver a la casa del Padre. Es sabido que muchas veces necesitamos tocar el
fondo, para recién poder salir y buscar cambiar nuestra vida. Si nos identificamos
con el hijo menor, este tiempo de Cuaresma nos invita a volvernos a Dios,
confesándonos y convirtiéndonos a Él.
Ahora si ponemos nuestra mirada en el hijo mayor, veremos otra parte de la
historia. Este hijo nunca se ha ido lejos del padre. Es muy probable –usando
nuestra imaginación- que sea un hijo verdaderamente obediente y cumplidor.
Seguramente ha asumido responsabilidades en los negocios de su padre.
También podemos imaginar que trabaja de sol a sol al lado de su padre. Es, casi,
el hijo perfecto. El regreso de su hermano menor –al que podríamos llamar: “el
dilapidador”- nos ayuda a ver otra faceta del hermano mayor. Éste no se alegra
en absoluto por el regreso de su hermano, sino que se indigna y está en total
desacuerdo con hacer fiesta por su venida. Es el padre quien sale a buscarlo, casi
de la misma manera que salió a buscar a su hijo menor al verlo por el camino. En

podemos cumplir nuestras responsabilidades en la Iglesia. Tráenos tu salvación. Donde tenemos que poder poner la mirada en nosotros mismos y en nuestra manera de ser iglesia. Mueve toda inclinación. a cada vida. puede vivir un proceso de conversión. impiedad y falta de amor. Si el hijo mayor nunca entra a la fiesta. El hijo menor. Jesús bendito. El tiempo de Cuaresma es el tiempo de reflexión. quizás obedientes y cumplidores. Baja al corazón que sufre. habrá vivido su proceso de conversión. La parábola de Jesús no cuenta el final. un amor desinteresado y de gracia. Como hicimos con el hijo menor. porque éste se rodea de publicanos y pecadores. justamente porque hay personas que lo tienen que escribir con su propia vida. ¡Oh. que no deja a nadie afuera. Nosotros podemos ser todo lo buen cristiano que queramos. como si estuviéramos en una provincia apartada. Pon corona a tus mercedes Y entre nos ven a morar! Eres tú. Podemos ser obedientes a Dios. pero que se parecen bastante poco. Todo amor y compasión. Son hijos del Padre. confesión y conversión. el Padre. El gran desafío que tenemos es ser como el padre de la parábola. podemos estar tan lejos del Padre. Ellos están afuera de la fiesta masticando rencor. . pero nunca llegará a ser ni siquiera la sombra de su padre. me animaría a decirles que siendo creyentes que venimos a la Iglesia con cierta regularidad. aunque hagamos todo esto. porque el Padre. Don del Padre Celestial. que puede aceptar pasar de ser “un niño rico” a ser un simple jornalero sin herencia. podemos entender que estos grupos de fariseos y escribas murmuradores. será trabajador y obediente. Jesús cuenta esta parábola cuando los escribas y fariseos murmuran contra Él. como hemos prometido: la sostenemos con nuestras oraciones. Es más. Ha cambiado tanto. Para que las personas que se acerquen a nosotros puedan ver y sentir en nosotros el amor de Dios. amorosos en el pleno sentido de la palabra. Amor. pero también se escucha resentimiento. ¡Ven. y estar totalmente alejados de Dios. también tenemos que hacer el ejercicio de identificarnos con el hijo mayor. pero está tan lejos de Él como si estuviera en una provincia apartada. que se brinda sin esperar ser retribuido.Iglesia Evangélica Metodista Argentina en Córdoba las palabras del hijo mayor se puede escuchar algo de sentido común. pero sin embargo. son representados por el hermano mayor. Amor que excede a todos. Si el hijo mayor entra a la fiesta y se alegra de que esté bien su hermano. con nuestros dones y nuestras ofrendas. en Jesús. ¿Qué es lo que le falta al hijo mayor? ¿Qué necesita para parecerse al padre? Necesita tener su mismo amor. bronca. El hijo mayor vive con el Padre. recibe a los hijos menores que se han perdido. arrastrado por malas decisiones y por graves errores. Un amor que recibe a todos y todas. El hijo mayor también debe vivir un proceso de conversión. el único lugar en el que nos podemos poner es en el lugar del hijo mayor. En un repaso rápido de los personajes de la parábola. Quiero terminar compartiendo la letra de este hermoso himno que nos habla del amor de Dios que excede a todos.

no te separes De la iglesia terrenal. Únela estrechamente Con el lazo fraternal! Perfecciona a cada miembro. ¡Oh. Y que el alma se complazca En tu nombre proclamar. Ilumina nuestro andar.Iglesia Evangélica Metodista Argentina en Córdoba Guárdanos del mal deseo Y de andar en tentación! Tú el Alfa y Omega Sé de todo nuestro ser: Que tu gracia nos proteja Y sostenga nuestra fe. . Amor.