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Perturbación en Pernepsi[1

]

Jean Allouch

Leed todos los exvotos que en ciertos templos
cubren las paredes hasta la bóveda; nadie jamás ha pedido la curación de la locura o la
adquisición de siquiera un grano de cordura.
Erasmo[2]

¿Localizar la locura?
Primero una anécdota verdadera o, más exactamente, llevada a su verdad por la
gracia de su transcripción literaria. Un habitante de Augsburgo pretendía que el
llamado Goethe, en su lecho de muerte, no habría dicho: “Mehr Licht!”, como
todo el mundo cree, sino más bien: “Mehr nicht!”, por tanto no: “¡más luz!”, (lo
que, en semejante momento, nos resulta un tanto extraño), sino: “¡basta ya!”
(afirmación harto común en esas circunstancias). Thomas Bernhard, quien nos
informa del caso[3], intitula su relato Mordicus[4] por la razón de que el
augsburgués se empecinaba en su versión… hasta el punto de irritar seriamente
a sus conciudadanos goethófilos; después de seis tentativas infructuosas, estos
últimos terminaron por encontrar un médico que firmó la internación de oficio
en el asilo.
No hay allí nada más que un suceso de gacetilla de una banalidad cotidiana; y
tampoco fue ese suceso, como tal, lo que incitó a Bernhard a relatarlo. Fue
forzado a ello, en cambio, cuando leyó en el Frankfurter Allgemeine
Zeitung que al citado médico, precisamente por esa decisión suya, se le acababa
de otorgar… uno vacila antes de escribirlo, uno casi se echa atrás antes de
comunicarlo por lo increíble del asunto… el premio Goethe de la ciudad de
Francfort[5]. ¡Exactamente como a Freud unos cuantos años antes!
En semejante caso, ¿dónde se dejaría localizar la locura? La pregunta, por
supuesto, no vale sino para aquellos que (comenzando por Thomas Bernhard)
no se satisfacen con la respuesta que la medida administrativa proporciona.
Pero, he aquí, del mismo Bernhard, otro relato, éste llanamente titulado Locura.
En total, son diecisiete cortos renglones[6]

Se trata de un cartero, pero de cierto
temple, quiero decir en cuanto cartero. No se trata de un cartero de la
verdad[7] sino, más trivialmente, de un transportador de misivas. ¿Puede un
cartero ignorar que resulta portador y por tanto difusor de malas noticias
mucho más a menudo de lo que convendría? ¿Puede creer, por tanto, que el
haber aceptado ser por un tiempo depositario de una mala noticia y el haberla
efectivamente entregado al “interesado” (!) sea un acto que lo deje a él mismo
indemne?

Ciertos carteros de la Antigüedad, a todo lo largo de su
periplo, sostenían el mensaje que les era confiado en la punta de un largo
bastón, lo más lejos posible de sí, de manera que no fueran tocados por un texto
cuyo contenido, siendo iletrados, ignoraban. ¿Quién sabe, en efecto, si el
remitente, en su misiva, no encargaría al destinatario suprimir al mensajero,
testigo molesto, en lo sucesivo, al menos de la existencia de su correspondencia?
Esas cosas se practicaban y se las encuentra mencionadas hasta en Shakespeare.
Se han visto casos como éste, y la memoria del cartero no los olvida…; e incluso
se ha llegado a desconfiar hasta de la factorial[8]. Hoy en día, cuando han
accedido a la condición eminente de empleados, los carteros, por cierto,
continúan trayéndonos noticias en su mayoría desagradables (citaciones,
participaciones de duelo, cobros, impuestos, aplazamientos de citas esperadas,
etc.). ¿Cómo podrían sentirse resarcidos de ello por el mero hecho de que
vengan, con motivo de las fiestas de fin de año, a reclamar junto con nuestro
óbolo una manifestación de nuestra simpatía por ellos?
Esta “solución”, ciertamente, no le resultaba suficiente al cartero del que nos
habla T. Bernhard. Por eso él, simple y llanamente, quemaba todas las cartas
que consideraba (gracias a ciertos indicios, algunos de los cuales eran
indiscutibles― una participación de duelo se reconoce por el sobre) portadoras
de malas noticias. Se puede apreciar la elegancia de su solución: ¡tampoco iba a
llegar a guardarlas en su casa sin entregar[9], y padecer por su retención como
aquel vulgar ministro de una célebre carta robada¡

Parece que las cosas, si hubieran
dependido sólo de él, habrían podido continuar tranquilamente así. Se puede
imaginar, sin embargo, que la administración de correos no lo pensaba así y
que, por tanto, no tardó en hacerlo encerrar en el asilo de Scherrnberg,
excluyendo, de este modo, de su regimiento de carteros al único para quien la
actividad profesional tenía un notorio alcance subjetivo.
¿Es ésta la locura? ¿Dónde está precisamente? Aquí de nuevo interviene el
escritor, por cuanto el asunto no se detiene allí. Una vez en el asilo, el cartero
continúa vistiéndose de cartero —porque el asilo, filantropía obliga, sigue siendo
un lugar liberal. Es tan liberal que va a aceptar jugar el juego, exactamente como
en ciertas tentativas pinelianas de tratamiento moral. En el caso presente, la
administración decide, pues, colocar en un buzón especial cartas igualmente
especiales, puesto que han sido escritas por la misma administración y enviadas
por ella a ciertos compañeros de encierro del querido cartero, con el único fin de
que él —había formulado en esta demanda— pudiera continuar su actividad.
La gran farsa de marionetas parece poca cosa en comparación con la situación
puesta aquí en escena. Imagínense a alguien (pero, de hecho, ¿quién? ¿El

¿por qué este cartero se empecinaba en conservar su uniforme y su actividad en el asilo? Él mismo nos lo dice. Se dirá. por eso. Si el loco teme terriblemente volverse loco es porque juzga que no lo está (ejemplaridad de la paranoia). ¿semejante falta de indicación no es equivalente a la indicación de que ahora las distribuye a todas? Pero entonces… ¡está curado! Uno piensa en Erasmo: todo. ¿No se habla de la locura como de una 1 . tan cortante como una navaja. Bernhard destaca como lo irónico de su transcripción: el hecho es claro y rotundo. de todas sus consecuencias en cuanto acto. Pero. ¿no podría ayudarnos a reconocer que la locura no es quizá … lo que se cree? Porque debe haber en esto un mal reparto de las cartas. forma parte de la locura. allí mismo donde uno menos lo creería. entre los hombres. en la llamada “psicosis”. aquel que lo declara loco (teniendo detrás el pleno acuerdo del cuerpo social de los augsburgueses o de la administración de correos austríaca)[12] revela que pone en juego otro concepto de la locura diferente al que habita a su “enfermo”. Esto fue explícitamente observado. de caer en la locura. ¿con que contenido? ¡Pagaríamos caro por obtener esas cartas!) a una decena de enfermos (pero. por locos. estos relatos le dan toda la razón. Mal reparto de las cartas respecto a la locura[10] Pero. de hecho. ¿no se hace de acuerdo con la locura. ¿cuál es el efecto sobre ellos de estas misivas que no son escritas para ellos y que sin embargo les son dirigidas?) con el único fin de permitirle al cartero psicótico ejercer su actividad. ¿no es ésta la Ciencia. de una hipoteca que grava esta palabra y que la despoja. ¿cómo son seleccionados? Y. en cuanto diferenciada del sentido común? Pero. La historia no cuenta si las distribuye a todas o si decidieron reservarle el uso de una pequeña estufa donde pudiera quemar algunas.director del asilo? ¿La enfermera jefe del pabellón? ¿Una secretaria cualquiera? ¿El médico encargado del caso?) que escribe diariamente una decena de cartas! (pero. en efecto. entre locos? Ciertamente. pero sin que supieran conferirle el alcance que adquiere en este relato de T. hay un pero: este otro concepto de la locura no puede continuar siendo lo que es (incluso en sus incidencias prácticas) sino al precio de una devaluación de la palabra del loco. Bernhard. es “para no volverse loco” El temor de volverse loco. por los maestros de la psiquiatría[11]. Una adecuada apreciación de la insistencia de este temor. o al menos es lo que se nos cuenta y lo que T. incluso.

y tanto mejor oída cuanto que fue proferida bajo una forma denegada. so pretexto de una “incoherencia” o de una “falta de lógica” que no es sino la opinión que se tiene respecto a sus palabras[16]. de todo proyecto teórico. en un mismo gesto. que cabe que examinen su sexo para comprobar que él no es como esos homosexuales de sexo torcido de los que hablan los médicos. en los años 30-40. se persiste y se insiste en ello. lo mismo que respecto al temor de volverse loco. que teme llegar a estarlo. No obstante. ¿Acaso el psicoanálisis no instaura otro modo de acoger la palabra del sujeto? Se trataba de una psiquiatría nueva.M. encontrando magnífico que el enfermo acceda a la “crítica del delirio”. Henri Ey)? “Alienado”. El mismo Kraepelin. esta empresa no suprime el malestar.“enfermedad de la libertad” (cf. observaban hasta qué punto los enfermos montan en cólera cuando se pretende despojar de todo alcance a lo que dicen. hoy en Francia. de “Sociedades de Historia de la Psiquiatría y del Psicoanálisis”: se repliega sobre la historia cuando la ambición teórica se reduce a nada. cuya ambición se derritió como nieve al sol. se considera la prueba irrefutable de su locura[14]. mediante lo cual se termina haciendo exactamente lo necesario para ayudarlo a afirmar su no-locura en lo que se llama un pasaje al acto suicida que. III. renovada.S. y acogerla luego como si no tuviera alcance alguno. . su ensañamiento en distinguir el loco del… bellaco[15]. ¿cómo podría el loco sostener un discurso que no fuera alienado?[13] Ahora bien. evidentemente. una época hoy caduca. pero que puedo decir aquí verificada por haberla oído de boca de un presidente de una de estas Sociedades. no se puede. encarnada por la empresa yanqui (“internacional” por tanto) del D. tampoco se extrae la menor consecuencia de esta pertinente observación. que sus perseguidores se equivocan al atribuirle cierta actividad homosexual. de ahora en adelante voluntaria. ¿A qué obedece este mal reparto de las cartas? Hubo una época en Francia. verdad canónica. en la que se vislumbraba que el psicoanálisis podía contribuir a rectificarlo. y éstas. Por instituida que esté. se encuentran descalificadas. de contragolpe. enseguida se lo declara loco por sus mismas palabras. a una lectura que es la del médico[17]. en otros términos. Si el paranoico declara que no está loco. eliminar completamente lo que esta palabra conlleva como testimonio. No invento nada: véase la observación LXXXV de Legrand du Saulle en su obra Le délire des persécutions donde el caso es descrito con una amplitud suficiente como para que se comprenda que allí actúa esencial y salvajemente la transferencia del autor respecto de la locura. como se ve por el florecimiento. y muchos otros. tal como se comprueba por la ausencia. y anteriormente en Europa central.

hubiera podido no tirar la piedra. tan caro al clínico. Esta relación. sin que de allí en adelante pueda hacer absolutamente nada. ¿No es esto lo que sostiene un Clérambault. El “echarse el bulto al hombro”. aun cuando sus referencias sean analíticas. no tiene nada que ver en la aparición de su locura si el proceso del automatismo mental “traduce”. da desde el principio una versión estoica de algo que no tiene nada de procesual. la estoica. la enfermedad del alma. no queda por ello exenta de toda falta moral. . Efectivamente. (aunque él no constituye una excepción en cuanto a esta referencia al proceso) cuando identifica su “automatismo mental” como un “proceso”? La metáfora estoica de la piedra arrojada tenía la ventaja al menos. Entre los estoicos. respecto a su versión moderna. no ha dejado de contaminar un tanto a la doctrina psicoanalítica. en cambio. de no escamotear lo que la locura implica como acto de un sujeto: en un momento preciso de su historia. no sólo estoiciana sino también estoica. Es verdad que hay cierto estoicismo en Freud.Sin embargo. por ejemplo. esto ha permitido destacar hasta qué punto el tratamiento de la locura. Cuando Freud teoriza como “proceso psíquico” lo que en su experiencia se le apareció como formación del inconsciente (pero parece que debemos esta apelación a Lacan). ¿No proviene de esta perspectiva estoica la noción de proceso. entre los estoicos. para llamarla por su nombre. y no sólo en la idea. como pasión incontrolable. Un cierto número de trabajos actuales”[18] nos permiten palpar este duradero estoicismo del discurso psiquiátrico. un proceso orgánico. con la enfermedad mental. semejante “desvío” (¡optimista hipótesis!) no carece de interés. desde su origen pineliano. como Clérambault pretende. al menos. dicha noción se deja aprehender como un avatar de esa metáfora que. pero la responsabilidad de esta identificación intempestiva le incumbe al “domar”). circunscribía la relación del sujeto con aquella pasión suya que no es más que el primer momento de la enfermedad del alma: la pasión (el pathos griego) sería como una piedra que el sujeto-amo sostiene en su mano un instante. tan decisiva en este discurso (se llegó a hacer de ella el paradigma de la psiquiatría moderna)? En efecto. familiar a más no poder en los estoicos. según la cual el yo debería “domar” las pulsiones (casi escribo “pasiones”. basta con que la arroje para que ella siga su trayecto. sigue siendo una actitud típicamente estoica. fue colocado bajo la bandera de una escuela filosófica de la Antigüedad.

Erasmo le da la palabra a Moria de una manera en la que leemos sin dificultad. todo lo que . igualmente el escritor moriasta “lanza inmediatamente por escrito todo lo que se le viene a las mientes. sólo puede aislarse una imposibilidad con respecto a la cual la idea misma de algún dominio es propiamente descabellada. respecto al cual el primero lo habrá representado. una condena de la Sorbona. el significante nunca llega a representar al sujeto sino al precio del desvanecimiento del sujeto frente a ese otro significante. En este texto. la impugnación de la Vulgata como no necesariamente conforme a la letra de la Palabra de Dios. y que. la edición crítica de San Jerónimo. en el simbólico. Si eso no es dejarse engañar por el significante. Erasmo: crítica de la versión estoica de la enfermedad del alma Debemos a Erasmo la primera crítica de importancia del modo estoico de formular el problema de la relación del sujeto con la locura. He aquí a Erasmo. Para Moria se trata de “decir de repente cuanto se me viniera a la boca”[21]. cuando salta a la vista hasta qué punto las posiciones más decisivas de Erasmo respecto a la locura anticipan a las de Freud. que. en su determinación. el Encomium moriae. en el real (distinguido de la realidad). mientras medita a caballo. le viene a la mente su amigo Thomas More. desde su encuentro con Marguerite Anzieu (la mujer que llamó “Aimée”) Lacan rompió radicalmente con todo abordaje de la enfermedad mental que se fundara en la idea de proceso[19] Además. De ahí que nos asombremos de que la erudición de Pinel haya dejado de lado esta crítica y que retomara el problema en los términos que habían sido los de Séneca o de Cicerón[20]. su “regla fundamental”.Hagamos constar aquí —como un dato de la mayor importancia— que no hay en Lacan la más mínima huella de semejante estoicismo. y muchas otras cosas más. ya se había podido comprobar que. luego sus ideas se deslizan de “More” a “Moria” y ya el asunto está concluido: en lugar de pasar ese largo viaje soñando despierto va a emprender la redacción de un elogio de Moria. y especialmente el Elogio de la locura. Este carácter “freudiano” de la determinación de escribir el Elogio se vuelve a encontrar de nuevo en lo que provoca. en Lacan. no puede ser más freudiana. ¿Erasmo? Es todo esto: Thomas More. cuatro siglos antes de Freud. viaje obligatorio para todo letrado en el Renacimiento. La escritura misma del Elogio. en el imaginario. regresando de Italia. el carácter absoluto de esta erradicación del estoicismo de la clínica se confirmó muchos años después cuando identificó el discurso del amo como el revés del psicoanálisis. Rabelais. En efecto. Antes. en el mejor de los casos. Pero nuestro asombro no es menor. al volver a leer hoy el Elogio de la locura. el dominio nunca se instaura sino como desconocimiento de la alteridad constitutiva de la imagen de sí. agreguemos: y por buenas razones. pregunto entonces qué puede ser. un interés muy particular respecto al Sileno… (¡ojo los topólogos!) y a su inversión.

su muerte misma. hasta que una muerte prematura ponga fin a sus tormentos. los rasgos de lo que él presenta para nosotros como una relación con la locura claramente distinta a la que fue puesta en práctica por la escuela estoica y luego por el discurso psiquiátrico. por supuesto. entre los cuales no se contaba. a no decir sino lo que es oportuno (aunque por ello tenga algunas dificultades especificas con la verdad). Algunos psiquiatras fueron sensibles a ello en grado sumo. hacen. los consultará por anticipado. este acuciante afán por lo oportuno. a una vida sin placer consagrada a correr en vano tras la aprobación que le regateará míseramente alguno que otro legañoso. ya que fue maestro de Kraepelin. sabio-loco. maestro de maestros. Su muerte fue la de un psiquiatra advertido de la inconveniencia de la posición de morósofo. Tal como von Gudden. pero en el estado que sabemos[26]. ese ser teratológico. dejaba eso. es verdad que su enfermo. dicho en otros términos. este era el proyecto explícito de Erasmo. que implicaba la destitución. reescribirá cien veces. antes que nada. Esta levedad se opone a la pesadez del escritor estoico. Diremos. 1 ) La exclusión del morósofo.afluye a su pluma” y sin descuidar “todo cuanto sueña”[22]. ¿De qué se trata este método. envejecerá precozmente. decía. Atento. y luego el pasaje al acto que lo mataría. en el pequeño número de eruditos a quienes dirige su texto. pero de hecho afirma. vacilará. en unas frases. el normal). en efecto. el libre. ante todo. sin embargo. el sensato. entonces. con todo lo que implica de esfuerzo. el razonable. Un día. se nos precisa. acabado. ¿En qué consiste esta sordera respecto al acontecimiento. en una lista que pretende ser la de los “mártires de la psiquiatría”? ¿Cuándo se decidirá (es la misma pregunta) leer a Clérambault sin dejar ya de lado su pasaje al acto suicida? Primero. von Gudden dice a su mujer: “Volveré… muerto o vivo”. están presentes en la clínica estoica. ¿hay alguien que lo sea?). hacen las croantes ranas estoicas[25] Esta manera laboriosa. de destacar la seriedad de lo frívolo —lo que confiere exactamente su alcance a la regla fundamental. Llevaba esto hasta el extremo de rehusar hacer el menor diagnóstico. salvo el de parálisis general. Así hacen. suprimirá. mensaje que devolvemos a su emisor diciendo que se trata. pronto tendrá oftalmías. así como se dice que Aristóteles lo fue de los filósofos. Erasmo retoma aquí un término de Luciano y que Rabelais. tratará en vano de introducir en nuestra lengua afrancesándolo[24]. Sin embargo. habría que haber acabado con la pseudo-comodidad que supuestamente ofrece la posición del morósofo. no era en absoluto un cualquiera (pero. el escritor estoico pensará. Luis II de Baviera. Moria interroga. en cuanto retomó esa antorcha. no tiene la finalidad de instalar alguna otra figura en el puesto que pertenecería al no-loco. En una fórmula muy pascalia. propuesto como explícitamente no estoico? Se trata. perderá el sueño. que ha hecho que se ose inscribir la consecuencia del acting-out de von Gudden (porque de eso se trata).na. esta búsqueda de una mesura. El acto de esta exclusión opera metonímicamente. vale como la exclusión de cualquier término que sirva de referencia para encarnar una figura de no-loco (en cualquier orden: el sabio. decidió hacer una excepción a la regla que se había fijado. Yéndose a informar a la persona real el diagnóstico de paranoia. Volvió. y tanto más . que Erasmo llama morósofo. siguiendo a Erasmo. es verdad. a los “espíritus sublimes”. corregirá. de esquivar la tontería que consistiría en “tratar con seriedad cosas frívolas”[23]. empobrecido.

no lo puede hacer. Pero lo hace para destacarla como “un silogismo especioso”[34]. de efectuar una distinción clínica. interna a su discurso. Pero se trata también. En efecto. que ante todo es una transferencia al psicótico. cuanto que es el punto más problemático en su deslinde respecto a los estoicos. para el tratamiento de las histéricas. el conjunto incluye LXVIII) cuando Erasmo se topa con la necesidad. por mínima que sea. se puede deducir la ejemplaridad de la folie à deux. una demostración que encontramos en las Cuestiones tusculanas[33]. dice el vulgo. que pase por su reconocimiento como ser hablante – paso que Freud daría. por locos. un mal que ha de ser combatido como tal. una diferenciación en el campo de la locura. lo que en este caso no carece de humor ya que los estoicos no dejaban de reivindicar a Sócrates como uno de los suyos. Se trata nada menos que de la condición de posibilidad de un cuestionamiento del loco. que obedece a la acción de las Furias. ¿valen para todos los casos de locura. sería de otra índole. por tanto.llanamente cuanto que parece interrogar: “Todo. Esto nos interesa tanto más. entre locos?”[27]. separándose así de Charcot. si no fuera por esta afirmación. tal cual. Para aniquilarla. De ahí nuestra primera afirmación heurística: no hay no-loco. “A fuerza de frecuentarlos. ¿En qué consiste. . ¿no se hace de acuerdo con la Locura. Ahora bien. puesto que aquí el saber de la locura está radicado en el lugar mismo de la locura. se sigue que quien la interroga no lo puede hacer sino al no instaurarse. Erasmo retoma aquí. Por sí sola forcluye la problemática estoica de la locura. entonces. vía regia para el abordaje de las psicosis. es sólo muy tardíamente en su recorrido (exactamente en el punto XXXVIII. 2) No menos no-estoica será la segunda afirmación: Es honorable ser atacado por la locura”[28]. empleará el método socrático. en efecto. no hay locura sino sobre el fondo de una falta moral. Las fórmulas que acabamos de mencionar. Los estoicos cometerían el error de condenar a la primera en nombre de lo enojoso de la segunda. como no-loco. “No conozco a nadie. 3) El tercer enunciado constituye la posibilidad de un abordaje clínico de la locura. No obstante. Erasmo distinguirá dos especies de demencia. que me conozca mejor que yo”[30]. ¿Habría otros? En su debate con los estoicos Erasmo es llevado a admitir que sí. al definir la locura como “ausencia de razón”. De la co-presencia de los puntos 1) y 3). y no de los menores. la otra. nos dice Moria. sabemos que el acto más loco puede ser perfectamente el acto de una moralidad de “las más acendradas” (Lacan). “todos” aquí tomado en el sentido de: cada uno entre ellos cualquiera que sea? Moria los reivindica en todos los casos en que sean “harina de su costal”[32]. sino al prestarse a esa posibilidad que algunos califican de folie à deux. uno se vuelve como ellos”. hacen de toda locura. Para los estoicos. a priori. una pertenece al campo de Moria. entre los hombres. el dominio[29] mismo no podría persistir en su pretensión de seguir siendo lo que pretende ser. si no hay noloco y si la locura se conoce ella misma mejor de lo que nadie la conoce. ese debate? Los estoicos. a la cual persiste en elogiar con firmeza. de la instauración de una aserción que confiera su condición de posibilidad a lo que hemos designado como la transferencia psicótica[31].

no importa lo criminal que esta madre haya sido. en las ciudades griegas. al darle a Orestes el consejo inaudito de no sostener a Clitemnestra. las persecuciones que infligen están moralmente justificadas. es preciso destacar que la distinción clínica: locura moriana/locura furiosa. sin embargo. no concuerda con su helenofilia de hombre del Renacimiento. es también una distinción ética. pero de un modo que todo el mundo en Grecia encontraba legítimo. en cada uno de los casos. de condenar la locura del insanus. una distinción doctrinal. en los que intervienen las Furias. Por tanto. que hagan el mal. cuya guardia las Furias ejercían de un modo —hasta la locura de Orestes— admitido por todos. las admite como “merecidas”. de la primacía de lo paternal sobre lo sagrado materno.Observemos seguidamente que. que sí hacen mal. aun cuando esa orden de vengar a su padre iba en contra de la ley que exigía que el hijo defendiera a su madre por culpable que fuera. nadie está loco sino porque viene al caso[35]. como toda psicosis digna de ese nombre) y que lo llevaría a querer realizar el consejo de Apolo. De la misma manera. que sólo es la supuesta cordura de los morosophoi. pero generalizado. la acción de las Furias es maléfica. poco numerosos pero bien detallados algunos. nos es preciso reconocer que sí. Cicerón distingue al insanus del furiosus. Observemos que en Erasmo esta distinción clínica es también. Gracias a ella ya no se trata. Pero la manera en que Orestes “se acomoda” a su locura furiosa atestigua que esta fundamental proposición erasmiana (la agregamos a las tres anteriores) vale igualmente para aquellos casos en los que Moria declina sus derechos en favor de las Furias. El “furioso” latino es el “melancólico” griego. incluso allí donde el Elogio de la locura deja el campo libre al modo estoico de plantear la locura. pero para darle una función diferente de la que tenía entre los estoicos. como parricida e incestuoso. Así. El estoicismo condena al insanus porque solo difiere en grado del furiosus. ese planteamiento podría perfectamente resultar inconveniente. y más aún. la “triple diosa” vuelve a Orestes loco furioso dos veces. y de la manera más eminente. Si hace falta un responsable de la locura de Orestes. ni mucho menos. En las Cuestiones tusculanas. Además. . en nombre de una cordura. eso no quiere decir. tenido en cuenta el asunto en el cual estaba involucrado (asunto que se extiende sobre tres generaciones. existe efectivamente una razón para esa locura de Orestes. respecto a la cuestión de la locura furiosa. En ese punto. Edipo en Colona sufre sus torturas. éste tendría más bien la figura de Apolo quien. sabe muy bien. El resbalón de Erasmo. la mitología griega. puesto que lo que estaba en juego resultará ser nada menos que la instauración. razón social. En el dominio de Moria. porque no está necesariamente afectado solo por la bilis negra. y al mismo tiempo. en efecto. En efecto. siendo este último el único privado de sus derechos cívicos por la ley romana llamada “de las doce tablas”. es decir. De ahí que sospechemos que. Erasmo hará el elogio de la locura retomando esta distinción estoica. En su crítica del “silogismo especioso”. de hecho es una distinción que Erasmo retoma de los estoicos. al adoptar la referencia que emplea Erasmo. Por tanto. es evidente cuando lo vemos presentar a las Furias como el origen de la falta moral. su cristianismo le hace una mala jugada a Erasmo. mientras que toda la tradición en Grecia hace de ellas tan sólo un instrumento legítimo para la punición de los que han infringido la ley de lo materno. Erasmo sacrifica al furiosus para sustraer al insanus del dominio de los estoicos.

Hay una locura. Al no admitir. la sed insaciable del oro. una versión cristiana de las Furias. para aquel que un día se hizo partidario del Pórtico. a la Escuela y a la Doctrina que ésta supo transmitir. esta transferencia. y permite a Erasmo. Lacan. insidioso e insistente de Lucilio exigía una respuesta distinta a todas las que le proporcionaba la Doctrina y que él conocía tan bien como cualquiera. de allí en adelante. introduce cierto desconcierto en lo que llamo la clínica de pernepsi. con Lacan. Este “pernepsi” se . como lo prueba esa espera de Lacan. escamotear una dificultad real en su discusión con los estoicos. ¿seremos llevados a radicalizar la crítica erasmiana del modo estoico de plantear la locura? Podríamos esperarlo si simplemente recordamos aquí hasta qué punto los estoicos se consagraban a lo que alguien como E. con Erasmo. avanzará un peón que. localizarla con precisión. Leamos a Erasmo sobre este punto y lo veremos presentar a las Furias como figura de Satán. la entidad clínica) con la transferencia. Al desdichado de Séneca. F. incluso a los ojos de quienes no pretenden estar psicoanalíticamente advertidos. sobre la cual la “crema” de Roma se precipita como sobre pan bendito) en su afán por mantener a Lucilio como miembro de la Escuela. P. tan cuidadoso de una feliz convivencia de las tradiciones griegas y cristianas. convive mal con la versión griega de las Furias como brazo de la justicia. quisiera. el amor deshonesto y culpable. “que las Furias desencadenan de los Infiernos. ipso facto. que el deseo de todos se inscriba en “la locura de la cruz”. el sacrilegio y todo lo demás. En cambio. fórmula que. de tener que vérselas con el odio de las Furias. más allá del síntoma. ya es algo. El maestro sale bastante mal librado (a pesar del éxito de librería de su Carta a Lucilio[39]. “No desees sino lo que de tí depende”… ¡aconsejaba Epicteto![37] Perturbación en pernepsi Ciertos textos estoicos. que dicho cuestionamiento no deja de llevar cierta perturbación dentro de lo que se presenta como las diferenciaciones clínicas casi definitivamente establecidas. que sólo puede machacarle los sempiternos consejos. el incesto. mostrar. en abril de 1978 en Deauville. Ese fue el caso del malestar de Lucilio.. Lacan esperaba entonces que ese “pase” aclarara lo que su fórmula: “el psicoanalista no se autoriza más que por él mismo”. Mi intención aquí no es la de estudiar en toda su amplitud la relación de Lacan con los estoicos. indica mucho más una dificultad que una solución. estudiando de cerca cierta intervención de Lacan durante las Jornadas sobre el pase de la E. La clínica psicoanalítica interroga esta articulación del síntoma (y. e incluso poner en tela de juicio. de “el pase”. Jones llamaría la aphanisis del deseo (un caso más de la incidencia del estoicismo incluso sobre el movimiento psicoanalítico). indica respecto a lo que está en juego. Se trataba.lo mismo que Orestes o que cualquiera en Grecia. está hecho para interrogar. coloca a Orestes en la posición. En esta frase. una “o” separa las dos versiones. en su conclusión para esas jornadas. o cuando persiguen con sus teas terroríficas a las conciencias criminales”[36]. El malestar menor pero permanente. más allá de su persona. el parricidio. hasta qué punto el síntoma. al ceñirlo. leídos después de la invención del psicoanálisis. de manera más circunscrita. lo veremos. que. como deseo del Otro (el deseo de Orestes es el deseo de Apolo). cada vez que lanzan sus serpientes y arrojan al corazón de los mortales el ardor de la guerra. motivo de una demanda de curación dirigida por él a Séneca[38]. dejan claramente transparentar. Es verdad que señalar una dificultad. identificadas con Satán. escribe. el malestar de Lucilio lo pone en jaque y. Confrontado por la escuela con una cierta no-respuesta a su demanda.

ser mordido por Freud se da como equivalente a creer en esa cosa absolutamente loca que se llama el inconsciente. a ese lugar en el cual. que Freud había sido mordido por el Unbewusst hartmanniano. Señor. Miller le encantaba hacerlo: “Pero no. sustituía con esta “une bévue” la traducción tradicional de Unbewusst como “inconsciente”. A. Ser mordido por el Unbewusst o transliterarlo son dos posiciones subjetivas muy diferentes. continúa importándoles un bledo en sus alardes de independencia. o con el dispositivo intrauterino de mamá en la mano. a algunos. ¿Qué decía Lacan en 1976? Que Freud había recogido ese Unbewusst en Hartmann. hasta tal punto diferentes que Lacan podrá llegar a formular (después de haberlo dicho de Hartmann) que Freud no sabía en absoluto lo que decía con su Unbewusst[42]. ¡Mordido! No es divertido ser mordido. De 1976 a 1978 el problema se desplaza: en el ‘76 Lacan translitera el Unbewusst.obtiene transliterando. acto decisivo que a la mayoría de los psicoanalistas. que yo sepa. Hay allí una disparidad entre Freud y Lacan. e incluso a los “lacanianos”. en octubre de 1976. Sin embargo. “que creen en los psicoanalistas”. que opera de una manera decisiva en este texto. Pero ser mordido por Freud dura mucho más… generalmente toda una vida. que comienza aquí a esbozarse: algo muerde a alguien que muerde a alguien o. pero ¿a qué precio? Constituirse como analista. como a J. las llamadas tres entidades mayores de nuestra clínica: perversión. Hay personas. Todos saben que Freud consideraba esta creencia como necesaria. Este pernepsi parece funcionar a las mil maravillas. Freud nunca designó al inconsciente como una cosa absolutamente loca. Quizás algunos sean sensibles al efecto erótico del cuadro. mejor aún desde el punto de vista del goce. Al volver a nombrar al Unbewusst de este modo. todos inmediatamente piensan. ahora puede decir que lo ha traducido como “sujeto-supuesto-saber”. eso sería desconocer lo que este desplazamiento sugiere. así como otros nacen con buena estrella. . para poder sostener la posición del psicoanalista. de acuerdo con una regla acrosilábica. nos damos cuenta de que todo ello va a colocarse mansamente bajo la bandera de un “padre psi nato”[40]. en ello ve. Con esta transliteración. observa Lacan. El alumno escrupuloso tiene la tentación de recordarle su propia orden (pero. confunde usted inconsciente y transferencia”. once more. Dos años antes. neurosis. Lacan se había autorizado a transliterar el Unbewusstescribiendo “l’une bévue“[41]. no no. al estilo de Pierre Klossowski. ¿Dónde muerde Freud a los hombres? Él tenía su pequeña idea al respecto y que corresponde. ¿orden de quién?). comienza por decir Lacan. desdichadamente. a saber que todo el asunto no depende tanto del estatuto del inconsciente como del de la transferencia. Coincide con lo que ya habíamos destacado como una relación distinta con el estoicismo. psicosis. ¿Sería la misma locura que hace que el psicoanalista crea en el inconsciente? En vez de responder precipitadamente. lo que le permite proponer en el ‘78 una traducción que difiere sensiblemente de la que solía hacerse. Sin embargo. desdichadamente. una “historia absolutamente loca”. aunque no dure más que el instante de un relámpago. ¿Y a las mujeres? Aquí la ausencia de una respuesta evidente nos dejaría más bien desconcertados… En esa intervención de Lacan. es ser mordido por Freud. cuando no suficiente. y rechazaba esta traducción.

El analizante. Freud. y ligados por ese mismo desfasaje. a tal sangrador. mientras que el psicoanalista sería a la vez creyente y mordido. pues. tal honor[43]. que es la del psicoanalista sin analizante. resulta mordido no por algo sino por alguien. ese es efectivamente el caso en el texto de Lacan cuando define al analizante como creyente. como ciertos teólogos. Resulta. Observemos también que lo que muerde a uno es objeto de creencia para el otro que. las dos funciones (ser mordido y creer en) están ordenadas igualmente en las dos cadenas: cadena de los creyentes: cree / cree / mordido cadena de los mordidos: mordido / mordido /… Las exigencias de simetría formal requieren que el lugar vacío de la línea inferior sea ocupado por una función “creencia”. Tres posiciones subjetivas se dejan entonces diferenciar. Habrá que decir si nos resulta aceptable la idea de que pueda haber dos esencias diferentes del psicoanalista. La cadena de las mordeduras. puesto que los lugares en las dos cadenas resultan estar en el mismo orden: alguien / alguien / algo / alguien De la misma manera. únicos verdaderos ateos según Lacan. es un descreído mordido.pongamos uno detrás de otro los enunciados que acaban de mencionarse: el analizante cree en alguien (el psicoanalista) que cree en algo (el inconsciente) que ha mordido a alguien. tendrá un eslabón de menos: alguien MORDIDO por alguien MORDIDO por algo el analista Freud el inconsciente Una cierta formalización aparece. Esto se deja transcribir en lo que aquí llamaré una cadena de la creencia: alguien CREE en alguien que CREE el analizante el analista en algo que ha MORDIDO a alguien el inconsciente Freud Debe observarse que la posición del psicoanalista lambda difiere en esto nítidamente de la del primero de ellos: Freud fue mordido por el Unbewusst. que los dos conceptos clínicos de los mordidos y de los creyentes están ligados e incluso encastrados pero desfasados. en cambio. es un creyente no mordido. por este hecho y a diferencia del primero. cada uno de los demás psicoanalistas resulta mordido por Freud y como consecuencia se vuelve creyente en el inconsciente freudiano. Escribamos esto en un cuadro porque así se despejará una cuarta e imprevista posición subjetiva: creyent e – + + – .

llegan a demandar un análisis a un psicoanalista. P[46]. Sin esta cuarta posibilidad. Este decir de Lacan parte de una verdad burda y de la que se ha abusado mucho: todo el mundo tiene síntomas neuróticos pero sólo algunos. Lo especioso de la transferencia. Así. estaría desechada. es decir. en cuanto saber. y. Existe entonces ese ser extraño. y que por otra parte es impensable en psiquiatría: abordar cada caso como si nada hubiera sido depositado. Lacan dio ese día un criterio que los diferencia del común de los neuróticos. y no sin que su toma de posición —lo vamos a ver— suscite cierto desconcierto en la clínica establecida. sin que por otra parte ellos mismos lo supieran. como lo estuvo. Al llamarlos psicóticos. como un avatar de esa única locura. ¿Cuál es el estatuto clínico de esa locura absoluta. ¿haría en la clínica del pernepsi un escándalo tan grande como para hacer que todos minimicen el alcance de lo que Lacan propone aquí? En todo caso. . tan central en el “pase” efectivo.mordid o + Freud – analizante + – analista Si no fuese por esta cuarta posibilidad. se podría imaginar que en el análisis todo anda a las mil maravillas. Está “absolutamente loco” —en el sentido de la psicosis en la medida en que cree en los psicoanalistas. pero no obstante de manera perfectamente legible para nosotros. después del análisis de los casos anteriores. Lacan en Deauville va a pronunciarse. de allí en adelante. las dos cosas llamadas por Lacan “absolutamente locas”. Este psicótico de síntoma neurótico. el psicótico de síntoma neurótico. un mordido por Freud —o sea en alguien idéntico a él mismo[44]. una definición perfectamente clara y distinta incluso si sigue siendo parcial. podrían ser identificadas sin mayores dificultades como una sola y misma locura. nunca ha sido propuesto nada decisivo capaz de diferenciar entre los dos casos. es llamado “psicótico” por nosotros aquel cuyos síntomas neuróticos lo conducen a venir a demandarnos un psicoanálisis. Mediante lo cual la interrogación de ese “él mismo”. quien rechace la identificación propuesta debería decir cómo diferencia estas dos categorías de neuróticos. Esta cuarta posibilidad señala el lugar de la clínica analítica tal como Freud formulara una de sus exigencias de principio. una definición psicoanalítica del psicótico. entonces. Que yo sepa. para algunos de los más eminentes miembros del jurado de consentimiento[45] de la difunta E. a juzgarlo desde el punto de vista de la clínica de pernepsi. la creencia en los psicoanalistas? Sobre este punto. los que hacen la demanda de un análisis y los que no la hacen. el didáctico consistiría en la operación mediante la cual el psicoanalista transformaría a quien cree en él en un creyente en el inconsciente. empujados por dichos síntomas. F. ese día emitió la afirmación de que a quien da el paso de ir a demandar un análisis a un psicoanalista “efectivamente hay que llamarlo psicótico”. la entrada en análisis y el pasaje del psicoanalizante a psicoanalista. Tenemos. En efecto.

muy al comienzo de su recorrido) para hacer destacar su disparidad respecto a Freud. Ante todo. esta diferencia es social. tiene todo lo que le hace falta. Dicho en otros términos. de allí en adelante un mordido por Freud. que haya situado el análisis como “un delirio científico” (11-01-1977).Para concluir. la que planteaba que no hay no-loco. resulta que es exactamente lo que Lacan indica en junio de 1979 cuando observa que el inconsciente explica demasiado. decisivo. en particular con los psicóticos de síntoma psicótico? De nuevo en la misma intervención en Deauville. a nuestro parecer. entonces. Lacan observa que tienen “la cordura (sagesse) de no ir a demandarle a un analista que se ocupe de ellos”. Esta incisiva calificación del análisis como un delirio presenta al menos la ventaja de satisfacer una condición de la clínica que Erasmo nos ayudó a formular. ése también era el caso. respecto al inconsciente. ese algo a propósito del cual no se mofa menos que Erasmo en su Elogio de la locura. proveniente de un hombre que no dejaba de asombrarse después de cuarenta años de experiencia analítica y que tiene ahora los medios (por lo demás. La “cordura” de la que se trata señalaría. una observación que retoma. “un delirio del que se espera que esté cargado de una ciencia”. no menos que la que acabamos de estudiar. no es un hápax. son otras tantas indicaciones que. Si el análisis es. una cierta incompatibilidad entre el discurso del psicótico y el discurso analítico. Para entender esta frase correctamente. y coincide con lo que ya hemos indicado respecto a la locura furiosa de Orestes. Cuestión mordaz. que haya declarado: “ustedes no tienen idea de hasta dónde va el delirio sobre mí” (19-03-1980). ¿qué ocurre con los “otros”. y esto lo estorba tanto como al psicoanalista la mordedura de Freud. a mi juicio. pero aquel cuya esposa tiene numerosos amantes y que. lo que ya se ha dicho del delirio sistematizado. mostraremos que esta perturbación en la clínica del pernepsi. sino que es coherente con un cierto número de tomas de posición contemporáneas que le proporcionan un apuntalamiento. que haya llegado a plantear la pregunta de si el análisis no sería “un autismo a dos” (19-04-1977). está claro que este psicótico no se muestra interesado. . conviene saber qué quiere decir “cordura” en boca de Lacan. más allá de lo que está en juego a nivel familiar. Esto debería alentarnos un poco: si estos dos discursos son comúnmente considerados como incompatibles… ¡es porque son reconocidos como harina del mismo costal! Ahora bien. a éste nadie lo llamará loco porque esta disposición de ánimo es común a muchas personas”[47]. que haya situado la relación sexual como consistente en el hecho de “tomar los rábanos por las hojas” (16-03-1976). lleno de orgullo. como Lacan de nuevo lo dice en la misma época. En esta última etapa de su trayecto. cree y declara que ella sobrepasa la fidelidad de Penélope. que Lacan haya reconocido a toda palabra el estatuto de “palabra impuesta” que se da en el psicótico (17-02-1976). a saber que la incidencia de cada psicosis. es propiamente social (coincide también con los primerísimos caminos abiertos por Lacan). pero de manera muy diferente. De nuevo es Erasmo quien puede ayudarnos a formular lo que diferencia al psicótico del partidario del discurso analítico cuando escribe que “el hombre que toma un calabacín por una mujer es tratado como loco porque semejante error es cometido por pocos. Si la ganancia de un análisis se paga con la transformación del analizante en un creyente en el inconsciente. se comprende que el psicótico de síntoma psicótico pueda no tener nada que ver con eso.

La transferencia fue establecida por Lacan como la relación de un sujeto con lo que llamó el sujeto-supuesto-saber. Pero. podemos considerar como psicótica esta . al decir que sólo el psicótico de síntoma neurótico llega a hacer la demanda de un análisis. de ello se desprende que esta relación del sujeto con el sujetosupuesto-saber no puede en ningún caso pensarse como una relación intersubjetiva.… Sn. de lo que es representado por un significante para otro significante. de aquello a partir de lo cual se instaura una transferencia. la escritura misma del matema de la transferencia ya lo decía. en esa relación que debe al hecho mismo de la transferencia que no cese de no establecerse como relación. un sujeto psicótico de síntoma neurótico o —a veces— psicótico se dirige a un psicoanalista para liberarse de él. S2. ¿qué ocurre con esta subjetivación sufriente[48] retenida en el significante de la transferencia? Es de otro tenor. desde el momento en que la transferencia pudo ser referida al sujeto-supuesto-saber. que. En efecto. significante de la transferencia y el conjunto de los S1. basta con observar que fue sólo después de haber renunciado a la intersubjetividad cuando Lacan pudo situar la transferencia de este modo. El conjunto de los significantes inconscientes vale como ese material a partir del cual se fomenta el síntoma neurótico. Algunos años después y precisamente en ocasión de las sesiones sobre “el pase“. ahora podemos decirlo. Entonces. Esta última se presenta así: El matema de la transferencia se escribirá: Se puede ver que hay una clara disparidad entre ese S.y confirmando la presentación que aquí hacemos de ella. Esto le permite escribir un matema de la transferencia que no es nada menos que uno de los avatares de escritura canónica de la relación del sujeto con el significante. mucho más radical de lo que se quiere aceptar No es que pretendamos remontarnos hasta el principio de los principios en su insondable abismo. ¿cómo puede concebirse? Si se trata del sujeto. de aquello a partir de lo cual. Darse cuenta de que allí hay algo bastante especioso no es muy difícil. significantes en el inconsciente: ocupa otro lugar. gracias a esta indicación de Deauville. tiene otra función. el sujeto se dirige al sujeto-supuesto-saber con un significante. Digamos para concluir en dónde se origina. Más trivialmente se tratará. ese momento en el que resulta inoperante esta escritura de un matema de la transferencia. Freud fue llevado a formular la hipótesis del inconsciente para dar cuenta de estos síntomas. en la Proposición de octubre de 1967. Lacan aporta un suplemento fundamental susceptible de ayudarnos a identificar de qué se trata la relación del significante de la transferencia con el significante cualquiera. dicho en otros términos. Lacan llama “significante de la transferencia”. a nuestro juicio. no puede haber relación con nada sino mediante un significante. Entonces. no pueden ser dejadas de lado. esta última posición lacaniana. dicho en otros términos.

del T. Tesis. juego de palabras entre “factor” y “cartero”. . es la cuestión clínica por excelencia. del T. en español Letra por letra. 51. el “psicótico”. El imitador de voces. Buenos Aires. [1] De littoral N° 26. En otras palabras. traducción de A. 1984 (ed. ésta es la incidencia de la transferencia. [7] “Facteur de la vérité”. En una comunicación personal. ed. p. Gallimard. Trad.). 133. se dejaría localizar en ese mismo punto de instauración de la transferencia. no es pensable sino en la medida en que el psicoanalista habrá sido desalojado de una posición de creyente en el inconsciente o de mordido por Freud en la que encuentra un refugio. y. para nosotros. y “factorielle” = factorial. también se muestra pródigo en juegos de palabras sobre el factor-carteromailman (N. París. [4] Mordicus = Obstinación (N. 1981. de Miguel Sáenz. 1960. justamente. Rodríguez Bachiller). [6] Ed. A. y alusión igualmente al texto de Jacques Derrida “Le facteur de la vérité” de La Carte Postale (París. Erès. 1988. memoria colectiva en la factorial que sería del tipo demostrado por Lacan con sus alpha beta gamma delta en el Seminario sobre… La carta robada. donde Derrida polemiza con Lacan respecto a la lectura lacaniana de “La carta robada” de E. por ejemplo. del T. de no representar al sujeto ante el significante cualquiera. 1980).). de las sociedades analíticas. Toulouse. fuera de la efectuación del análisis. en español. en Español. en español. del T. pero además. De paso señalamos que Derrida en su crítica del Seminario de Lacan. Esto equivale a admitir que transferencia y folie à deux se presentan como dos formulaciones diferentes de una misma cuestión. ¿Cómo opera el psicoanalista con esta locura? Observemos que el tratamiento de esta cuestión que. Sin embargo. [8] De nuevo un juego de palabras: “facteur” = cartero-factor. p. 1985.instauración de la transferencia con ese S que. 1977). trad. el autor advierte que “factorial” debe entenderse en varios sentidos: primero como “relativo al factor”. el imitador de voces). en la fórmula “psicótico de síntoma neurótico”. [3] Thomas Bernhard. por extensión. Edelp. traducido como El concepto de verdad en Lacan (Homo Sapiens. citada en la nota anterior. por otra parte. Poe (N. Erès. cit. L’imitateur (en alemán: Der Stimmenimítator. porque el autor precisa que él agrega el sentido de “comunidad de factores”.). [5] Aquí se asoma lo que puede constituir el interés muy particular de las “Sociedades de amigos de…”. [2] En esta traducción hemos empleado la edición de Aguilar del Elogio de la locura (Madrid. no cesa. también está presente el sentido matemático: factorial de 3 = 3! = 1x2x3= 6. pues ambos se dicen “facteur” en francés. Ed.. 1993).). Nov. Traducción: Anthony Sampson y Hélida Peretti.). Madrid. Sobre este punto remitimos al lector al capítulo “Le monter en épingle du transfert” del libro de Jean Allouch Lettre pour lettre. (N. del T. pero a veces modificada para homologarla con la edición francesa empleada por el autor (N. ya que en el texto es sustantivo y no adjetivo. Flammarion. de remisión del futuro analizante al sujeto-supuesto-saber[49]. Buenos Aires. aún hay más. Revisión: Silvio Mattoni. Alfaguara. Toulouse. no muy cómodo. esas sanguijuelas del mundo literario.

hemos querido conservar en este giro más largo. Es preferible acoger el decir tal cual se formula. o en todo caso no está loca en el sentido del automatismo mental (cf. 122: “No se le podía hacer ninguna observación con respecto al poco fundamento de sus acusaciones sin temer provocar inmediatamente su cólera”. F.). 1871. cit. la magistratura vacila.” [15] “distinguer le fou du…fou… rbe”t juego de palabras entre “fou”. sólo fue la confirmación final de su delirio. reimpresión Editions Frénésie. 122. Las tres cuartas partes se habrían vuelto locos ya y estarían en Sainte Gemmes. a mi juicio. cit. loco. París. literalmente “en sufrimiento”. [14] Cf. de Terre-Neuve du Thym. en su primera acepción.). 334: “…la opinión pública se conmueve. Legrand du Saulle. esta es una lectura reductora. y “fourbe”. Oeuvres psychiatriques. 1987). [10] Traducimos “maldonne” como “mal reparto de las cartas”. París. U. op. es el termino. 1987.. Emil Kraepelin. cit. el ciudadano ha desaparecido. hay un problema e incluso riesgo para la empresa asistencial. 1942. de Clérambault. 172 y también p. solo sobrevive el alienado”. tramposo. del T. op. el padre ya no existe. París. ” [13] “El hombre. Al-Vine Ch. el alienado se beneficia del malestar de las conciencias. Citemos de Legrand du Saulle ( Le délire des persécutions. Les farfadets. En lugar de traducir “error” o “equivocación”. carta y letra. en efecto. cit. 200: “El suicidio de L…. 192. ou Tous les . p. y que Lacan aprovecha en conjunción con la “leerte”. Legrand du Saulle. el subrayado de Clérambault parece indicar que lee esta declaración como una denegación. segunda acepción. Legrand du Saulle. p. en efecto. Berbiguier. pérfido. expresión empleada para referirse al correo que no ha podido distribuirse por algún motivo.[9] “En souffrance”. E. C. París. son falsas sensaciones. op. y el medico comete el error de tener la razón. no dejan sin (ese “no… sin” que escamotea la lectura que presupone la denegación) demostrar que ella no está loca. p.). op.p. La psychose irreversible (título que no es del autor). P.delT. 50. p.. Cf. 1989) este dialogo típico: “—Usted se equivoca.. puede terminar por ponerlo en un estado de irritabilidad y cólera”. a lo sumo (yo subrayo). op. 372.. Legrand du Saulle. para referirse a una distribución errónea de los naipes. este extracto de la obra del “más célebre de los perseguidos”. pícaro. trapacista (N. —¡Oh!. p. p. igualmente: Legrand du Saulle. [17] Cf... Navarin. “Maldonne“. la referencia al juego y sobre todo a la distribución de las cartas (N. G. Ahora bien. reimpresión Editions du G. bellaco. R. para los propósitos de su análisis del cuento de Poe (N. [12] Cuando —excepcionalmente— éste no es el caso. cit. [11] Lo encontramos en todos los buenos autores. Cf. incluso debo ser muy fuerte como para haber resistido a todo esto. [16] “Toda alusión a la completa incoherencia y falta de lógica de las ideas que expresa afecta considerablemente al enfermo y.p. yo no estoy enfermo.” Citemos también esta frase de una enferma de Clérambault: “…hago razonamientos conmigo misma ADREDE PARA DEMOSTRARME QUE NO ESTOY LOCA”.. literalmente: los razonamientos que ella hace consigo misma. la prensa se inflama. es transformado por el delirio. Plon. del T. 498.

Se apreciará su audacia simplemente evocando la doxa kraepeliana de la época: “El diagnóstico. a lo cual Lacan responde en su tesis que dicho “automatismo [es] tanto más seductor aquí cuanto que cada cual pueda confundir en él. Toulouse Privat.. Quétel. en Obras completas. y los trabajos de la revista Frénésie. oct. París. De la psychose paranoiaque dans ses rapports avec la personnalité. 882. A esto agrego el prefacio ensayo de P. así como: G. 566). Swain. En efecto. 268). lo definitivo de esta ruptura . París. México. de la intención de demostrar que la psicosis correspondía a un proceso. Lacan desemboca en una conclusión “absolutamente contraria” (cf. las dos obras fundamentales de Jackie Pigeaud (La maladie de l’âme. No es porque muchos años después Lacan hablará de Clérambault como su “único maestro en psiquiatría” por lo que hoy tengamos que descuidar lo decisivo —es decir. de Lorenzo Riber. texto en que la noción de proceso es reivindicada como habiendo adquirido el estatuto de un paradigma fundador de la nueva psiquiatría). 1987. p. en neurología por una parte. de S. con de Clérambault. Bleuler” que acompañaba su traducción de Dementia praecox oder Gruppe der Schizophrenien. [19] Esta ruptura fue del género “camino de Damasco”: habiendo partido. había escrito Kraepelin. Privat. 261). p. Belles Lettres. París. Follin y C. tomada por H. J. los sentidos completamente diferentes que presentan sus empleos precisos. F. pp. en español de Séneca. París. 1957. Aguilar. Le sujet de la folie. 1983. Masi: “Note sur l’evolution de l’epistémologie psychiatrique”. el texto de M. 207. Ey glorifica allí a Bleuler por haber vuelto a fundar la psiquiatría precisamente al haber distinguido el cuadro clínico del proceso mórbido propiamente dicho. 1986. nos es preciso agregar que esta ruptura teórica pasó por una ruptura. Belles Lettres. 1988. Seuil.. Privat. p. op. en español. 1981 y Folie et cures de la folie.. para este último “Elautomatismo mental es un proceso primitivo” (cf. pp.). a la vez teórica y personal. significa naturalmente para nosotros el reconocimiento del proceso mórbido. en el proyecto de su tesis. Rivages. Madrid. una especie definitiva en base al cuadro dado” (citado en L’evolution psychiatrique. Collée y C. [18] Cf. 190-209. La ruptura producida por Lacan debe compararse con la posición de. cit. 295. Nouvelle histoire de la psychiatrie. Ey en el texto policopiado intitulado: “La conception d’E. trad. y en psiquiatría por otra” (op. 1977. p. Veyne al libro de Séneca De la tranquillité de l‘áme. igualmente. cit. a su gusto. ‘De la tranquilidad del alma’. 1975. p. París. prácticamente contemporánea. Debido a confusiones que todavía subsisten. . 1987). Toulouse. Toulouse.démons ne sont pas de l´autre monde: “Cuento suficientemente con la indulgencia de las gentes honradas como para creer que no verán en este escrito más que la pura verdad de lo que he experimentado. de Clérambault. Postel y C. U. en español: De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad. Siglo XXI. dic. 877-887. G. P. Quétel Histoire des maladies mentales en la colección “Que sais-je?”. p. y que no les darán a ustedes el placer de criticar la obra de un hombre que no escribe para parecer sabio…”. En ese mismo número se podrá leer. Esta “confusión” era precisamente el núcleo de la doctrina de Clérambault. (Ed.

Allouch. L’utopie de Thomas More. p. Fasc. Privat. funesto que se halla conforme con su naturaleza”. “Vous etes au courant. (ed.. [31] J. el segundo “Jesum” termina en . en español. op.XXXVI. 25. [27] Erasmo. 20-22. a partir de ciertas desafortunadas y parciales indicaciones de Freud. p. Erès. en español. 1989). p. Mame. 364). 49. en Littoral No. hay transferencia psicótica”. cit. Toulouse. Toulouse. 1986. abril de 1988. porque el primer caso “Jesús” termina en la S del comienzo de summum. De ahí la presencia de las ranas en la carátula de la recopilación 132 bons mots avec Jacques Lacan (J. p. [28] Erasmo. p. 89-110(en español. [20] Cf. Lacan”. 46. pp. T.. (ed. así la locura no constituye la desgracia riel hombre. op. p. “Pinel. il y a un transfert psychotique”. op. 1964. “Bernhard von Gudden (1824-1886). N. en español. [23] Erasmo. 3. [21] Erasmo. 21. en español. París. 211). op. 322) afirma que la declinación latina del nombre de Jesús demuestra que Jesús es el principio.. cit. Philippe Julien. 30). de esa grey forma parte explícitamente la locura de la cruz que. 80) . 15. p. p. 71. Erès. (ed. 61. Toulouse. p. Así como la locura de uno de sus miembros provoca frecuentemente una reacción estoica por parte de la familia (cf. (ed. 643-654. en español. op. 14. (ed. [26] Cf. [32] Erasmo. Flammarion. Freud. abril de 1989: “Sur la toute premiere bascule doctrinale de Jacques Lacan qui est aussi celle ou il rompt avec le discours psychiatrique le plus en pointe”. París. A. Esquirol. se obstina en agrupar con la neurosis obsesiva.. La torre abolida. Cf. p. Rauchs y C.). año 1987.. op. (ed. Paris. [29] En francés Maîtrise (N. 207). cit. Cuando un teólogo. e igualmente en su libro Marguerite ou l’Aimée de Lacan.) [30] Erasmo. [25] “Pero ya oigo croar otra vez a las ranas del Pórtico… ” Erasmo.. oct. 18. de la misma manera una enseñanza puede generar un efecto semejante en la población de los que la siguen.. traducción de Pierre de Nolhac. op. cit. Prévost. 19. garde-fou du roi et maitre de Kraepelin”. Littoral 7/ 8. p. 1978. (Véase sobre ste punto el estudio de J. si no está iniciado en mis ritos y honrado por mis favores ” (p. 32). Agregamos que. 45). p. Erès. Littoral No. Allouch. Toulouse. del T. 275). Las psicosis. p. 41: “Del mismo modo como su ignorancia de la gramática no podría volver desdichado a un caballo. en español. p. en español. cit. puede vivir feliz. [24] Indicación que debo a la erudición de André Prévost. Igualmente. 37-48. P. Toulouse. como nos lo relata Erasmo (p. Córdoba. p. cit.única verdadera piedra de toque de una disciplina renovada de ese modo hasta en sus fundamentos. L.. cit.. P. en español. Legrand du Saulle. 1988). Erès. E. 49). p. Guionet. el medio y el fin.. 170 y p. 34. para Erasmo. Eloge de la folie. p. ed. del T. [22] Erasmo. op. p. 52. E. p. cit. de la propia boca de Moría: “…ningún hombre. p. p. L’évolution psychiatrique. p. (ed. Igualmente. Allouch publicado en el número 27/28 de Littoral. “Ustedes están al corriente.

Aubanel.] no es considerada como menos loca por San Pablo cuando escribe (Primera epístola los Corintios. lo que hemos traducido como “un padre psi nato” (N. I. “Cartas a Lucilio“. mientras todavía puedes. cit. La forma original se podría traducir tentativamente como: “Lo no sabido que sabe de la metida de pata toma alas en la morra”. del R. [33] Cicerón. L’insu que sait de l’une-bévue s’aile à mourre (lo cual por homonimia también da: L’insuccès de l’Unbewusst c’est l’amour. 46. “Cuestiones tusculanas”. tú conoces mi insensatez. M. cuyo sentido no resulta inmediatamente evidente. en los Salmos. N. en español. (ed. 254-413. op. op. del R.) [41] L’une bévue. en español. Salmo LXIX. Tusculanas. p. Buenos Aires. expresión que figura en el título del Seminario de Lacan 1976-1977. en español. del T. 199). Dacier. p. lo cual da por homonimia la expresión un père né psy. (Ed. 46. una metida de pata catastrófica. De la tranquillité de l’âme. Le manuel d’Epictète.” Para dar una referencia más reciente simplemente mencionaré el libro de Jean Bottero.. “. del mismo modo que es una ligereza dejar de lado que si. en francés pernépsy.). la redención de esa locura [“insensatez” en la trad. es en alusión al ensayo de Paul Veyne. trad. ofender a Dios es pensado como una locura (“Dios. pp. cit. el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría. que . p. en Obras completas. [39] Séneca. trampas y que es su más peligroso enemigo” (p. La morra (mourre) es un juego de azar entre dos personas.la M del comienzo de médium y el tercero “Jesu” en la U de ultimum. (ed. p. Avignon. CXXIV cartas (N. de M. en español. cit. como contra alguien que le tendiera constantemente. [35] Erasmo. pp. 5). trad. que en español sería “un padre psi… por nacimiento”. cit. Naissance de Dieu. 81. mezcla un poco de locura a tus proyectos: es dulce desvariar cuando viene al caso”. (ed. cit. es difícil no ver en esto una interpretación delirante propiamente dicha. Gallimard. cit. El estoico está “siempre en guardia contra sí mismo. Menéndez y Pelayo. ed.) [40] “Pernepsi”. 374). p. en español. que es un poco más fácil de traducir al español que la escritura original y daría: “El fracaso del Unbewusst (el inconsciente) es el amor”. op. Esta fórmula ha sido tomada de Horacio: “Piensa en la pira fúnebre y. op. castellana. 1986. [37] Epicteto. [34] Erasmo. op. Que Freud haya llevado la búsqueda de la dulzura a un principio válido para todos (el “principio de placer”) nos abre el camino hacia la universalización que efectuamos en el caso de este “venir al caso”: no concierne solamente. p. 1946.. 197). la continuación de nuestro análisis). 435-767. esto lo decimos nosotros.. 23. Obras completas. Una bévue es un error mayúsculo. 21): “Pues ya que en la sabiduría de Dios.. 72 del Manuel). agradó a Dios salvar a las creyentes por la locura de la predicación. París. 1986. y mis pecados no teson ocultos. Si hablamos en el texto de una clarividencia en alguien que no se pretende psicoanalíticamente advertido. p. Florida. a la “locura dulce” sino también a la locura furiosa (cf. [36] Erasmo. [38] Séneca.

[47] Erasmo. Erès. en Littoral No 11/12.. junio de 1991). Littoral N° 9. 47. del T. . del T. aparentemente. en Etudes freudiennes. (N. Colombia. tout honneur. [46] Lacan. tal honor. bajo su sugestión. El refrán con el cual el autor juega es à tout seigneur. 81100 (en español. “Una femme a dû le taire”. de 1987.). 203-204). Córdoba. del T. [43] En francés. p. en efecto resultaron mordidos por Freud al creer en su inconsciente? ¿No sería ésta la explicación del hecho de que los más brillantes entre ellos (como Laplanche. por ejemplo) se alejaran de él para. después de 1978. lo que avalara su “sean lacanianos si ustedes quieren” en Caracas. en español. [48] En souffrance en el original. Saigneur= sangrador (N. no podría designar a Freud como lo había hecho frente a las anteriores. oct. tout honneur.consiste en decir a un mismo tiempo un número que no pase de diez. Al designar a Freud. [49] Se podrá leer un estudio más detallado sobre este punto en mi artículo “Paranoisation?”. J. ¿no es verdad que esta operación no funcionó muy bien que digamos con un cierto número de sus alumnos quienes. op. Toulouse. 77-102). que tiene su equivalente en español: “a tal señor. Cali. (ed. Si la suma de los dedos que ambos alzaron es igual a la cantidad cantada por uno de ellos. [44] Esto arroja una luz nada despreciable sobre la tan difícil cuestión del “retorno a Freud”. La torre abolida. señalando a la vez otro número arbitrario con los dedos. Allouch. ¿no intentaba Lacan desplazar esta creencia de la que es objeto? Precisamente. 65-80 (en español. p. juego de palabras por la homonimia entre seigneur y saigneur. febrero de 1984. 1990. sólo interesarse en Freud? En 1978 Lacan hace acto de este impedimento. p. Frente a una nueva generación de analizantes. del T.).). p. p. el 19-04-1977: “¿Por qué Freud no introduce algo que se llamaría el él?” Cf. No 30. Seigneur = señor. cit. éste gana el juego (Diccionario Enciclopédico Salvat). “Una mujer debió callarlo”. Véase una nota anterior donde explicamos esta expresión (N. [45] En francés jury d’agrément (N. à tout saigner. “¿Paranoización?” Stylus No 3. la imposibilidad de la transferencia de la transferencia (reconoció que no hay transferencia de la transferencia en el momento del seminario sobre L’acte psychanalytique).) [42] Un año después lo calificaría de “delirio de Freud”.