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INFORME DE LECTURA

EL PUÑO INVISIBLE

CESAR GUTIÉRREZ BOLAÑOS

PROFESOR

EFRÉN GIRALDO

MAESTRIA EN HISTORIA DEL ARTE

SEGUNDA COHORTE

CARTAGENA DE INDIAS 2016

El puño invisible Carlos Granés Maya

El siglo xx marco sobre la piel de la humanidad una manera de vivir propia de su contexto

socio-político. El hombre vivía bajo la esperanza de cambiar el mundo y era la preocupación constante de aquellas personas capaces de ver dentro de las entrañas de la sociedad aquellas

situaciones mórbidas que los afectaban directamente.

Toma fuerza un virus capaz de invadir cabezas y remover conciencias llamado revolución, que algunas veces infectaba grupos que estaban emancipados de todo compromiso. Eran individuos que habían probado lo que era la guerra, sentido la adrenalina y conocido una razón de ser. Para esos individuos ir en contra del sistema causaba la sensación de libertad tan anhelada de esa época y les permitía probar otras maneras de vivir sin dogmas que la sociedad les implantaba y apoyando sus propios tabúes.

La

revolución mutaba a medida que la sociedad pedía cambio y desde el punto de vista que

se

quiera analizar, como medicina o como enfermedad social, este fenómeno fue y seguirá

siendo aquella arma que se carga en los momentos en donde alterar el sistema es prerrequisito para avanzar. La revolución se vuelve el apoyo de las generaciones con problemas en búsqueda de soluciones y la piedra en el zapato de las instituciones que han intentado

globalizar pensamientos económicos y políticos a su favor.

A lo largo del siglo xx la revolución tomo muchas formas. Desde las más violentas y

contundentes, pasando por las aburridas y monótonas, hasta las más banales. En el libro el puño invisible de Carlos Granés, vemos como esta revolución encierra dos visiones de mundo que de manera transversal conectan el pensamiento vanguardista del siglo xx (arte y la política) y como estos elementos se apoyan en los discursos de los artistas, literatos y teóricos

del momento que buscaban mostrar el camino a seguir en los periodos de crisis sociales.

Una pieza fundamental de estos cambios a lo largo del siglo xx ha sido el artista. El desde siempre ha tenido la labor de salvaguardar lo humano, tener un pensamiento crítico en torno

a su vida y dar cuenta de ello expresándolo de manera que el resto de la sociedad entienda el paradigma al que se enfrenta.

Alguien como Filippo Tommaso Marinetti, un ideólogo, poeta y editor italiano, el fundador del futurismo, era aquel artista con ínfulas de grandeza dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de cambiar Italia. Era el artista que se necesitaba para replantear el paradigma del momento.

Él soñaba que la sociedad italiana volviera a su pasado y retomara los valores que había perdido, pero para eso era necesario quemar todo el patrimonio artístico, mejor aún, venderlo gradualmente y aumentar así el poder militar, Industrial, comercial y agrícola para aplastar Austria. Por eso antes de entender a Marinetti y su pensamiento futurista, tenemos que ver al ser político, al fascista que intentaba promover la participación de Italia en la primera guerra mundial para recuperar así el lugar de su país entre las potencias del primer mundo.

En el manifiesto futurista de 1909, Marinetti muestra su revolución frente al mundo. Una verdadera alabanza a la tecnología moderna, a la velocidad, a la máquina y a la guerra. Básicamente era un terrorismo cultural, algo que más tarde se vería en las pinturas de Carra

y la música de Luigi Russolo.

Esta era la visión de mundo de un personaje nacido en las cenizas de la guerra y fundado con una ideología destructiva. La revolución corría por sus venas, el poder de sus palabras recorrió caminos imaginados por él. Su mentalidad ha sido lateralizada por personajes tan extremistas como Valerie Solanas, quien fue capaz de dispararle tres veces a Andy Warhol cinco décadas después los manifiestos futuristas, con tan de demostrar que la mejor manera de acabar con el arte era acabando con el artista más importante del momento.

Continuidades como esas han permitido que se relacionen actos radicales con ideologías previas, pero luego ¿la labor del arte no es entonces subvertir mentes y trascender en el tiempo? ¿hasta qué punto estas actitudes se reinterpretan en la historia para dejarnos en claro la validación que les hemos dado?

Esa delgada línea entre lo aprobado por el sistema y lo ilegal, concede a muchos artistas la libertad de jugar con las reglas, mostrar al mundo que es posible vivir bajo las normas creadas por uno mismo hasta el punto de crear nuestras propias unidades de medida.

Con la terminación del futurismo un libro llamado el único y su propiedad por Max Stirner en 1844 es revalorado. Esto sirvió de apoyo para nuevos escritores como Nietzche y fue el empujón necesario para que muchos artistas posteriores rompieran de manera abrupta su línea artística. Pero que tenía el libro que era capaz de cambiar la manera de pensar de la gente y por qué fue censurado para el público. Simplemente porque era eso lo que andaban buscando desde antes los artistas, la validación para que nada ni nadie les dijera que hacer. Era un escrito capaz de dar rienda suelta a la creatividad y el egoísmo, un manual para emular ser Dios.

La influencia de este libro juega un papel fundamental en el arte del siglo xx, ahora la revolución era cultural y el rey de esta revolución, ajedrecista de profesión, supo cómo jugar sus fichas para cambiar al mundo del arte. Su nombre era Marcel Duchamp.

A la par de los movimientos dadaístas gestados en New York con este personaje a la cabeza, acontecerían hechos trascendentales poco conocidos del movimiento dadaísta. Es inconcebible pensar que alguien tan reconocible hoy día en el mundo del arte como lo es el, no tuviera la perspicacia para obtener patrocinios en sus proyectos más descabellados.

Como hecho discontinuo, era amigo de la familia Arensberg, la cual fue de mucha relevancia para apoyar el salón des independants donde mostro su famosa obra la fuente. Otro hecho importante fue su relación directa con John Cage y los 20 años que paso literalmente fuera del medio artístico, dejando que el gran vidrio se llenara de polvo con el pasar de los años. Será que como gran ajedrecista dejar de hacer arte fue una jugada pensada o simplemente mantuvo quieta su revolución, eso aun no lo sabemos, sin embargo, si algo es claro, es que los dadaístas Newyorkinos, con él a la cabeza, buscaban una revolución antiarte. La cultura era lo que atacaban y a la final la que les dio el renombre actual que tienen en la historia del arte.

En 1919 se declara la guerra a Alemania y un personaje como Tzara, un dadaísta de zurich había caído rendido ante los simbolistas. El a diferencia de Duchamp, no buscaba un acto revolucionario contra el arte, él iba contra todo el sistema. En sus entrañas buscaba un ataque a la estructura de la sociedad, a la cultura hipócrita que había permitido la masacre y la miseria del hombre y el decaimiento de los principios morales.

La idea era destruirlo todo y por destruirlo todo, no era para decir que era una utopía progresiva y racional, él lo hacía para vengarse de una cultura, de un arte que había conducido

a la destrucción.

Ahora iba a pasar a rechazarlo todo, Incluso el mismo movimiento Dadá. Es por eso que su manifiesto dadaísta del año 1918 fue un largo canto a el individualismo y la libertad absoluta del artista, que no debía pintar, debía protestar.

La gran diferencia de los dadaístas neoyorkinos con los europeos, es que por aquellas fechas causaban desmanes en el Caberet de Voltaire. Para los dadaístas de ese momento de la historia, autoproclamar el dada como la verdadera religión en una iglesia y crear su propio idioma para hablar eran cosas normales que pasaban a diario en este epicentro revolucionario de la ciudad de Zurich. Dada para ellos era volver a la niñez, acariciar lo infantil y bromear con ello, y quien lo diría, un Cabaret era el mejor sitio para hacer eso.

En ciertos momentos de la historia del siglo xx se comienzan a dar conexiones entre artistas con pensamientos similares. Un artista como Jonh Cage conoce a Duchamp en 1943 y de manera casi que inmediata se conecta con el pensamiento Dadaísta norteamericano. El, cómo los dadaístas, creía que el arte tenía un fin terapéutico. Pretendía que aceptáramos el mundo tal y como era y nos desprendiéramos de la necesidad de mejorarlo mediante nuestra intervención. Solo un hombre como el, conectado con el pensamiento oriental zen, sería capaz mostrar piezas como imaginary landscape nº1 luego de visitar la acústica aenoica de la universidad de Harvard. En este cuarto sin sonido se dio cuenta de que a medida que pasaba el tiempo, comenzaba a escuchar los sonidos de su cuerpo, el corazón, la respiración

y otra serie de cosas las cuales no había escuchado con detenimiento previamente.

Sus estudios realizados en la Black Mountain College, la influencia que le dio Duchamp y la visita a Harvard a conocer este sitio, permitieron que creara obras como 4:33 en las que el público es quien hace la música, el silencio se vuelve oíble, el orden se vuelve aleatorio y la música un acto de toma de conciencia. No es gratis por tanto que Rauschemberg tomase a este artista como referente para luego hacer sus famosas pinturas blancas.

Ya se había atacado la sociedad, el arte, la música e inclusive la representación. Hacía falta ir en contra de lo que no conocemos, la opresión del pueblo.

Para los surrealistas, la idea marxista-leninista había demostrado ser el instrumento indicado para abatir las murallas del viejo edificio. Breton, padre del movimiento, se deja influenciar por esta posición política puesto que, para él, marxismo representaba la mayor ilusión y esperanza para las clases oprimidas. El grupo surrealista adopta esas ideas en la publicación revolution surréaliste, la cual tenía como fin expresar que la única opción moral era romper de raíz las ideas en las que se fundaba la civilización occidental.

Esta posición constituye una discontinuidad histórica, ya que la historiografía del arte ha intentado darle más importancia a relación del surrealismo con el estudio del inconsciente freudiano que a la posición política del movimiento. Es común que una historiografía del arte condense los elementos que apoyen el estudio de la vanguardia y desechen algunas veces el contexto político y los cambios que se buscaba entre lo social y lo económico, por lo que este aporte se vuelve un avance a la contextualización del entorno donde los artistas creaban sus manifiestos.

Movimientos como el letrista, fundado por Isou, y el situacionismo a la mano de Dabord, famoso por su libro la sociedad del espectáculo, condensaron aquellos movimientos teóricos de activistas radicales interesados por lo urbano, por mejorar la vida de la ciudad para convertirla en un gran campo de arte. Ellos iban en contra de la racionalización de la ciudad porque creían que ese fenómeno acabaría por cuadricular la mente de sus habitantes.

Estos dos grupos de personas que vivieron en la posguerra, se encontraban en un ambiente de abundancia y de paz donde la sociedad les daba todo. En ese momento el trabajo se vuelve una esclavitud, son personas que no quieren integrarse al sistema, no quieren trabajar. Debord consignaría en un muro de la rue de seine una frase que se convertiría en todo un planteamiento vital y filosófico: ne travaillez jamais, no trabajen nunca. La vida se convirtió en el metro, el trabajo y dormir. Desde una visión romántica eso les robaba el alma y la vida, por lo que decidieron resolver ese problema viviendo fuera del sistema.

Uno de los grandes aportes de este grupo situacionista, por ejemplo, dejando de lado el arte, fue la creación de las vacaciones laborales, hecho que permitió mayor esparcimiento a la clase trabajadora.

Los letristas por su lado intentaron empezar desde cero y al igual que las anteriores vanguarias, compartian un odio directo por la civilización de occidental hasta el punto de aborrecer su existencia. Postulaban que despojándose de las vestimentas de la cultura occidental era la única manera de empezar una nueva era. Sus poemas no eran ruidos ni balbuceos, eran letras que atoraban la traquea y resonaban como gargarismos con consonantes y vocales. Si Tzara anulando el significado de todo había liberado la palabra, el paso siguiente, el paso definitivo era liberar la letra de la palabra y hacer poemas con simples sonidos guturales.

Le Corbusier, a quien los letristas odiaban, propuso su plan de voisin, un proyecto para arrasar buena parte del centro histórico de parís para levantar inmensos edificios de vidrio y acero. A lo que los letristas se opusieron proponiendo que, si una ciudad creaba personas racionales, ellos iban a crear una ciudad completamente irracional y anárquica para crear ciudadanos apasionados.

Con esos movimientos ocurrió algo muy importante que antes no era visto en la humanidad, surgió la juventud. La juventud como un cambio de mentalidad, como una posición frente al mundo, como un estilo de vida, no como un margen de edades que especifiquen madurez mental. Este grupo se hacía sentir como una clase humana, con poder de tomar decisiones frente al mundo.

Los jóvenes del mundo por primera vez fueron escuchados, dijeron, cambiaron e hicieron. Fue esa juventud la que surco el terreno para que ocurrieran los hechos de mayo de 68. Este suceso y el comportamiento de la juventud, cambio el mundo más que las revoluciones políticas.

Un personaje como Timothy Leary dio una solución poco ortodoxa para los pillos juveniles de esos momentos “el lsd”. Fue curiosa época la de los sesenta en la que la revolución tercermundista y las drogas psicodélicas sirvieron para fines espirituales similares. Las grandes fantasías se habían tejido en torno a estados alterados de conciencia, fantasías que luego el grupo SPUR a la cabeza de kunzelmann transformaría en blasfemia anticlerical e incitación al sexo grupal.

Aunque el sexo y los alucinógenos contextualizaban el soplo de libertad que se vivía por esos días, nunca dejaron de lado la preocupación que más los atormentaba, el capitalismo, su enemigo directo, su némesis.

El movimiento hippie constituiría en esos momentos un acto de vanguardia que surcaba los terrenos del arte y la política. Es difícil trazar un alinea divisoria entre las cadenas de

pensamiento de estas personas ya que, su posición política era clara, iba en contra del trabajo

y la guerra. Con su happening en el pentágono en donde todos se agarran de las manos

demostraron que el amor y la paz podía movilizar las masas más que cualquier revolución

anarquista.

Tal vez el hipismo fue el movimiento que más gusto en general, aquel que fue adoptado masivamente por esa juventud del 68 y tal vez fue mostrado a través de los medios por la cantidad de cantantes, grupos de rock, las películas, la moda, las flores, el pelo largo y demás elementos que los identificaban. Todo eso fue un éxito que poco a poco fue convirtiendo las ideas de revolución en ideas comercializables para el mundo.

El mundo artístico y la bohemia en sus inicios se relacionaba en círculos pequeños, sin embargo, es ilógico pensar que un movimiento de tal fuerza como el dadaísmo haya influenciado a tanta gente de primer golpe como lo hizo el hipismo. Los anteriores no salían de círculos intelectuales, de cafés, de soirées y la vida bohemia, los segundos tenían millones de personas que los seguían sin importar el lugar al que fueran.

Su ilegalidad con el uso de alucinógenos, lsd, alcohol y drogas, pero también su estilo de vida, se volvieron moda. Y el capitalismo, su rival más ferviente terminaría ganando la batalla

al apropiarse de su revolución y convertirla en dinero.

Ese puño invisible, el arte, el cual que iba surcando terrenos y parecía perder al comienzo, era a la final quien cambiaría el mundo. Quien pensaría que la revolución, el puño visible de esta historia, el que tenía la fuerza para mejorar las cosas aun estando subyugada por el poder de la política, la que reunía suficiente gente para hacer un cambio verdadero. Perdiera la batalla y recibiera aquel golpe contundente que estremecería al mundo, hasta el punto de transformar esas ideas revolucionarias en suvenires asequibles al mejor postor.

En las artes visuales Andy Warhol banalizan lo popular y pasa lo impensable, las imágenes publicitarias, los rostros de famosos y los productos de venta para la casa se vuelven arte para las elites. La apropiación de aquellos artistas de la época por estos productos, solo se mide por el hilo conductor que Marcel Duchamp ya había previsto con sus famosos Ready Mades, sin embargo, en este momento se legitiman estas propuestas a través de un discurso capitalista.

No resulta extraño que incluso los herederos de las ideas vanguardistas del primer tiempo, de la revolución cultural, se inclinaran por este canal capitalista que conectaba su obra instantáneamente con millones de personas alrededor del mundo.

La ultima revelación revolucionaria que existe de aquella época gloriosa de rebelión contra el sistema fue realizada por la mujer que le disparo a Warhol en el pecho. Luego los medios se dan cuenta de que la actitud radical, el anarquismo, hedonismo, nihilismo y la rebeldía del pasado, era el néctar dulce del cual la sociedad podría alimentarse.

Estos pensamientos rebeldes los absorbe la sociedad de consumo y se reflejan en una industria de la ropa, de los discos y del espectáculo. Un grupo como los sex Pistols, por ejemplo, se vuelve la propaganda publicitaria de la revolución del hedonismo y el sexo, y una artista como Demian Hirst se vuelve el rostro del mercado del arte.

En manos de Duchamp, las ideas de Stirner que inspiraron una ruptura total de cualquier criterio estético, moral, filosófico o artístico, daban la libertad al arte de ser un asunto de definición individual. Discurso que legitimo hasta ese punto la transformación que se daba entre representación y presentación. Pero este triunfo dadaísta supondría un fracaso futuro de la contracultura. Sin la vitalidad que proporcionaba luchar contra la sociedad occidental que había sido absorbida por el mercado y sin un horizonte de transformación social ya decantado por las vanguardias pasadas, ya no había nada que derrotar. En este instante ser rebelde era pasarla bien, divertirse, ponerse por encima del compromiso y la responsabilidad

En este momento de transformación, podía a ser más importante la cara y la firma del artista que la obra que crea, porque ahora lo relevante es la marca que representa. Un artista actual como Jeff koons acudió a la memoria infantil del consumidor activo, para recordarle su

pasado con juguetes aumentados de tamaño de manera colosal solo para recordarnos el poder del mercado sobre el pensamiento del pueblo.

Distintas minorías comienzan a pedir voz y voto en las galerías, reprobando el hecho de que no hayan sido tenidas en cuenta en las exposiciones. En busca de una identidad propia de lo afro, la mujer, lo mexicano… las curadurías permeaban exposiciones cada vez más específicas menoscabando al hombre blanco como el opresor. Aquellos discriminados se pusieron los pantalones de los discriminadores.

Consientes de eso, como respuesta, la comunidad artística se pone a la tarea de buscar nuevas maneras de hacer arte después de la década de los sesenta. Arte corporal, accionismo vienes y earth art, por ejemplo, son respuestas a estas necesidades nuevas que afrontaba el mundo. Un artista como Damian Hirst es prueba de ese cambio. Aunque sus primeras obras fueron una labor de marketing expositivo, en donde literalmente pagaba taxis a las personalidades del arte para que fueran a ver sus exposiciones, su acto radical de meter a un tiburón muerto en un cubículo de formol constituyo por mucho lo que el público estaba buscando, y lo que el mercado finalmente acepto como arte.

El artista se ofreció a sí mismo, con todas sus debilidades, incapacidades y desviaciones, como objeto de contemplación. La revolución de la vida humana que se veía en las soirées dadaístas, y los viajes hippies se pusieron en escena dentro de las galerías como un espectáculo autobiográfico.

Todas estas maneras de ver el mundo parten en primera medida de la influencia directa que dio el Dadá. Ese fue el gran punto de quiebre revolucionario para el arte que hoy todavía entre continuidades y discontinuidades sigue siendo influyente. La bola de nieve empezó a rodar cuando se negó cualquier posibilidad de aplicar criterios neutrales en el terreno del arte, de diferenciar, discernir y jerarquizar obras.

Desde que Manzoni organizó una exhibición y empezó a poner su firma en el brazo de la primera persona que encontró a su camino para darle características de objeto artístico, el concepto marcó una ruptura definitiva entre el arte y la literatura. Este camino convirtió a buena parte de la producción artística contemporánea en un fenómeno autorreferencial, en un afiligranado juego mental qué transformaba cualquier visita al museo en un reto filosófico.

Hoy en día, muchos artistas dedican más tiempo a desarrollar la teoría o el discurso que enmarcará sus obras que las obras mismas.

La vigencia que existe aún de las vanguardias hace que veamos en nuestro día a día, como nuestros hijos quieren retomar esas antiguas ideas de revolución. La vanguardia se volvió un estilo de vida, una forma de comportarse, de vestirse, de ponerse cosas, de probar experiencias, es hoy día más que todo, una actitud”.

Ya, aquellos jóvenes que en mayo del 68 causaron revuelta por sus ideas en contra del trabajo, son sólo el vestigio de los pensamientos de la juventud actual europea. Actualmente lo que buscan grupos como el 15-M no es ir en contra del trabajo, ellos van en contra de todas las ideas de vanguardia previas. Probaron una vida libertina y la crisis de autoridad de los colegios y universidades, ahora son desempleados frustrados que no pudieron lograr aquello que más anhelan, tener una casa y un trabajo estable.

Antes había que hacer un gran esfuerzo para rechazar las costumbres y estilos de vida de la burguesía, hoy por lo visto lo difícil es ser burgués, así se tenga las credenciales para serlo. Estas personas, la juventud nueva europea quiere entrar al sistema alienante, quieren un estado de bienestar tan burocrático cómo deba serlo siempre y cuando garantice educación, salud y prestaciones de desempleo. La actualidad respira bajo una quietud efímera, sollozando volver nuevamente respirar los aires de cambio. Aquel virus que mutaba y transformaba mentes llamado revolución, solo se encuentra en el mercado como aquella paleta que le da el doctor a un niño luego de haberlo inyectado para hacerle olvidar el dolor.

Todos aquellos pensamientos que recorrían la mente de los líderes del siglo xx como la anarquía, el hedonismo, el nihilismo, la ilegalidad, ahora son solo la vaga respuesta de un arte sin identidad propia, despojado de sus ropajes y sin significado aparente. Solo podemos verlo desde un lente especializado sin apresurarnos a dar juicios de valor por el miedo absoluto que nos causa entrar en disputa con alguna rama de la filosofía.