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BLA hbab did Leal idesleldaah alquirida por ef autoral explicar esta asrgnatura durante 7 eM LLL Coe LM CMC IN MA a CU CAN ROCCO oD algunos principios fundamentales meet eon eee ee enn) Monsen ecm Mom een RAPE Me ccs taco cae ono nom s dedica todo un capitulo a la iconografia, intentando fijar una cronologfa plausible. Ese principio Poneto ictnce Car mann errata c cy muchos fenémenos originariamente tinicos han sido Pete R OTN ORC OM Ome nT Oe FEIT RO Cnr Seti RR TON aS Con ecco M em ra iecen corns el monumento en su realidad primera, no como ruina, PUR CACn once Un stot ene w cca ho CUM Ne icon ccc n a ote ctrcy SSP MSS orc Ree ONC TA rte toe a literatura que les acompana, lo que representa un Tiere tren Un een OSM IE Coie atte) enero mT ELMS Si el alumno o lector dedican el mismo tiempo Para MICO stoner itera we cot Tela Cos Come CersLe UE TA PON ere OR en Cece TELE LI PNM ECON Y Tern NCO occ 84-313-175 LN 360" 4318317. BN We 9 Fes. MANUALES. DE\ TEOLOGIA C18 ty. PACULTAD DE TEOLOGIA UNIVERSIDAD DE NAVARRA Manwales de ‘eologia, n.’ 37 Quedan rigurosamente probibidas, sin la aucorizaciGn eserta de tos titulares del \Copyright», bajo las sancionesestalecidas en las Leyes, la reproduces toto pa ial de esa obra por cualquier medio o procedimiento, comprendids la reprogratiay cl tratamiento informatie, y la distibucién de ejemplares de ella mediante alquiler 0 prestamo pablicos L deo Wus3-2 © Copyright 2000: José Antonio ifiguez. Herrero Eales Univesdalde Nears Sa (FUNSA) ISBN: 84313-1756-6 DDepésita legal: NA 601-2000 iki obetats Ildefonso Adeva ZImprimaur: José Luis Zagasi, Vicario general Pamplona, 1-1-2000 ‘Tratamiento: Pretexto.Bstafeta, 60. Pamplona Inprime: Line Grae. 8.A. Hos. Nogin, 1. Ansodin Printed in Spi -Impreso Espana Ediciones Universidad de Navarra, SA, (BUNSA) Plaza de ls Sauces, 1 y 2.31010 Baran (Navarra) - Espa Teléfono: 948 25 68 50 — Fax: 948 25 68 54 mal eunsiedi@ ae. ibernet.com JOSE ANTONIO INIGUBZ HERRERO ARQUEOLOGIA CRISTIANA EuNnsA EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A PAMPLONA, o ° INDICE Cariruto I CONCEPTOS PRELIMINARE! NOCION DE ARQUEOLOGIA CRISTIANA: OBJETO Y METODO a) La arqueologia general. Objeto b) Método ©) La arqueologia cristiana Historia DE LA ARQUEOLOGIA CRISTIANA a) Hasta el siglo xix b) El siglo xix LLIMITACION ESPACIAL Y TEMPORAL DE LA ARQUEOLOGIA CRISTIANA a) Enel espacio b) Enel tiempo [FUENTES LITERARIAS AUXILIARES DE LA ARQUEOLOGIA CRISTIANA a) Naturaleza b) Elenco Carfruto IL LAS CATACUMBAS BNTERRAMIENTOS a) Los entecramientos. b) Los términos «ccmenterio» y «catacumbas» ) Las catacumbas cristianas ) La libertad de Ia Iglesia ) El titulo de propiedad de las catacumbas £) Difusién geogrifica de las catacumbas 15 15 16 16 16 16 18 19 19 19 19 19 2 25 26 27 27 ARQUEOLOGIA CRISTIANA + inpice B. ELEMENTOS QUE COMPONEN LA CATACUMBA Seed Caviruto IV a) El cementerio de superficie mn. b) Lacatacumba 3 : ©) Descripcisn de cada uno de los elementos catacumbarios LAS CATACUMBAS DE ROMA pa A. DESCRIPCION DEL ELENCO DELAS CATACUMBAS sicssinnninnonene 75 a ay yArealncais Baiada es ee 15 3. Sarcofagos aed a cae 4. Ciborios ©) Area este 9 iS) aitolane: d) Area oeste 0 cae cat a 1. El cementerio vaticano 31 7. Galertas B._PRINCIPALES CAACUMBAS DE ROMA Ee 8S & Nichos x es a) Catacumba de Priscila naam 85 9. Arcosolios 5 sacle cee ) Catacumba de Domitla ..nssesnnsenimnnaninanmnnenn 91 10. Cubiculos e . €) Catacumba de San CAlIX© snsrn sneer 103 11. Otros elementos de las catacumbas +. ) Tripolitani ©) Cirenaica ) Angelia y Niner... Espasa a) Area africana by Area latina 187 188 188 188 G. |. PRELIMINARES EGER STI Creat ee Gaui a) Influencia latina ) Influencia oriental Los LIMITBS SEPTENTRIONALES DEL. IMPERIO. a) Laribera del Danubio b) ELNérico. DALMACIA .. |. RAVENA a) Fl mausoleo de Gala Placidia, b) Bl baptisterio de los Orrodoxos Captru.o IX ELSIGLO VI EDIFICIOS DE PLANTA CENTRADA. a) Elarco, la béveda de cafién y la de arista b) Lacdpula ©) La edpula sobre planta poligonal LOS GRANDES TEMPLOS CUBIERTOS CON COPULAS. a) Santa Sofia y Santa Irene de Constantinopla b) Santos Sergio y Baco de Constantinopla.. EL FENOMENO DE RAVENA a) San Apolinar in Classe b) San Apolinar Nuevo ©) San Vital LA REFORMA DE SAN PEDRO DEL VATICANO CaPtrutoX PINTURA, MOSAICO Y ESCULTURA LA PINTURA EN LOS PRIMEROS SIGLOS a) Temftica general b) Procedimientos ©) Colorido d) Criptogramas 241 241 242 242 242 c INDICE PINTURAY MOSAICO DE-KOS StaLOS VY VE a) Pintara b) Mostico 3 1, Mosaicos de fos pavimentos i 2, Mosaicos de las bévedas, dbsides y muros Escuvrura ) SArCORIGOS seo 1. Sarcéfagos preconstantinianos 2. Sarcofagos constantinianas 3, Sarcéfagos postconstantinianos 4 5. El siglo v. Los sarcéfagos de Ravena Elsiglo vi 6, Los sigias viry vur b) Marfiles Capfruto XI ARQUEOLOGIA CRISTIANA E HISTORIA DE LA IGLESIA. ‘VIDA DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS SEGUN LOS DATOS ARQUEOLO- ‘G100s. NOTAS GENERALES Los poamas: a) La Santisima Trinidad b) La primera Persona de la Trinidad . ©) El Espiritu Santo ) Dios Omnipotente ©) Jesueristo f) ElCrucitijo 8) Nuestra Sefiora, Madre de Dios Los SACRAMENTOS, Tia, LAS CELEDR: PECIALMENTE BI. BAUTISMO Y LA EUCARIS- TONES LITORGICAS 243. 243, 244 244 244 245 247 247 250 250 253 253 254 254 256 256 257 257 258 258 258, 259 260 + Capiruro t CONCEPTOS PRELIMINARES A. NOCION DE ARQUEOLOGIA CRISTIANA: OBJETO Y METODO: fa) La ARQUEOLOGIA GENERAL. OBJETO Segiin la definicién nominal de arqueologta, ésta es «la ciencia gue estudia todo lo que se refiere a las artes y a los monumentos de la fantigiledad>'. Abarca todo tipo de restos, pintura, escultura, arquitec- tura, arte funerario, mosaico, vidrio, ceramica, objetos de madera y metal. etc. Su estudio determina el conocimiento de la cultura de un frupo humano concreto en un rea y un tiempo limitados. ee ee ea fuente de informacién que no sean los restos dejados por la actividad del hombre; pero, ciertamente, hay en la historia de cada pueblo o de cada grupo humano un perfodo en el cual conviven como datos para el conocimiento de su historia los testimonios escritos y los restos. ar- {queol6gicos, por no ser suficientes los primeros para poder determinar Ja cultura de ese pueblo. Finalmente, cuando los datos literarios comu- hican con suficiente precisi6n la historia y 1a cultura del grupo huma- ho estudiado, ya no se Hama arqueologia el estudio de sus restos, sino arte, artesanta, et 1. Reat AcaDenia Esmt0.4, vor: saqucvlogion, Diccionario deta lena expat, Maid, b) Mérono. Haremos solamente una observacién importante; nunea se puede pretender-que el hallazgo arqueolégico proporcione ui conocimiento que supere su émbito; por decirlo mas claramente, no se le puede ha- €er hablar un idioma que no es el suyo. Por ejemplo, el hallazgo de una escalera de piedra podré precisar el momento de su construccién, cuiudo dejé de usarse, y si fue mucho o poco transitada, pero nunca el nombre de los que por ella pasaron. Si contiene una laipida con este dato, es un resto literario el que nos llega, pero la arqueologia sigue muda sobre este suceso. c) La ARQUEOLOGIA CRISTIANA La arqueologfa cristiana es una parte de la arqueologia general emplea en su ejercicio los mismos métodos que ésta, Pero ha de hacer- se una salvedad importante. Los restos cristianos que poseemos co- rresponden a una época plenamente histérica del cristianismo, con una gran abundancia de textos literarios y, por ello, el nombre de arqueolo- fa es equivoco. Ya el profesor Grabar propuso, y muchos le han segui- do, sustituir el nombre de «arqueologia cristiana» por el de «arte cris tiano primitive» *. Como tal arte aporta muchos datos interesantes sobre la actividad de los primeros cristianos} ilustrando textos — ejemplo, el ser siempre tres los reyes que aparecen adorando al Sefiot en la Epifanfa, y estar siempre nuestra Sefiora sentada en una silla con brazos— o modos littrgicos —postura en la oraci6n 0 égapes eucaris- ticos—: y el arte que nos ha llegado es, casi sin excepcién, el funera- rio, ritos y costumbres otorgados al cuerpo muerto, muy especialmen- te, al cuerpo de los mértires. :OLOGIA CRISTIANA, A ARQ Pueden Ilamarse propiamente investigaciones arqueolégicas las Hevadas a cabo por el papa San Démaso en el siglo 1v para encontrar los sepulcros de los martires y honrar sus reliquias como se mere 2 Apdké Grasns, El prime art cristiano, Mai, 1967. hahah lta lh liadedildinedienil Siguen estas bisquedas, con mas 0 0 ntensidad, durante ka Edad Media, y terminan por convertirse en una investigacién més sistemat ‘eu t partir del siglo xvi, en este caso impulsada por el interés que des- pierlan entre Tos filelogos y lingtiistas las inscripciones, tanto paganas como cristianas. A este interés vino a sumarse un hecho importante. Con el deseo de defender la doctrina protestante, sobre todo en el rechazo al papa Woy la Titurgia catdlica, Matias Flacius Mliricus, Juan Wigand, Mateo Judex y Basilio Faber concibieron el proyecto de abordar el estudio exhaustivo de la historia de 1a Iglesia en los cinco primeros siglos de sul existencia. El trabajo comenzé en Magdeburgo, y la investigacion qued6 dividida en cinco secciones, una por cada siglo o centuria. AL poco tiempo surgié una publicacién, entre los afos 1559 a 1576, lla Inada Las centurias de Magdeburgo. Cada uno de éstos estudios co- mienza por una historia genérica de la Iglesia en su periodo, para pa- sar a las especfficas de teologfa, incluidos los sacramentos, la moral y la liturgia, Interesa para nuestro tema que los autores de Las centurias intentan aducir en favor de sus tesis datos arquealdgicos, sobre todo pinturas de Jas catacumbas, que conocen sélo a través de copias, casi siempre graVados, muy deformadas por los dibujantes seguin el gusto del Renacimiento. No es de extrafiar que el apriorismo del que parten y el precario dato recibido les Hleve a afirmaciones muchas veces pe- regrinas, Esta defensa arqueol6gica de la doctrina de la Reforma hizo que los autores cat6licos se interesaran por los restos cristianos del pa do, Contra Las centurias escribié San Pedro Canisio (1521-1579), & inauguraron la investigacién arqueoldgica cientifica San Felipe Neri (1515-1595), San Carlos Borromeo (1538-1584) y César Boronio (1538-1607), quien estudid el cementerio de Via Salaria, deseubierto el 31 de mayo de 1578. Opuso a Las centurias su obra, en doce to- mos, Annales ecclesiastici y un Martirologio romano, que recogen los numerosos hallazgos de la época en Tas catacumbas romanas. Siguid Ja investigaci6n arqueol6gica durante los siglos xVil_y XVII con Ja formacién de diferentes escuelas alrededor de un maestro, cuya duracién fue més 0 menos larga, pero que tuvieron la virtud de difundi sus hallazgos mediante libros y revistas con reproducciones y planos no siempie fieley al original, pero que permitieron que Ta arqueologta cristiana fuera cada vez mis conocida y que poco a poco ocupara un lu- gar mas preeminente en los ambientes universitarios, amplindose la geografia de los lugares de excavaci6n. Uno de los més importantes fue Ja misma Jerusalén, con los estudios de Gretzer sobre el Golgota. 7 tae Una de las figuras més importantes de este periodo fue Antonio Bosio (1575-1629), dedicado plenamente al estudio de las catacumbas romanas conocidas y a Ja biisqueda de.otras nuevas. Recogid.sus-ha~ Ilazgos en una obra ingente, Roma soiterraxea, publicada en 1632. tres affos después de su muerte. Puede ser calificado.como.el-primer-i vestigador catacumbario de riguroso método cientifico. b) EL SiGLo xix ELsiglo xix supone 1a consolidacién del quehacer arqueol6gico descrito hasta Citaremos solamente como Tos investigador ‘més importantes al abad Setiele, al jesuita Giuseppe Marchi (1795- 1860), y al llamado Coldn de la Roma Subterrdnea, Giovani Battista De Rossi (1822-1894), Es el momento en que comienza Ia aparicién de manuales de arqueologia cristiana, El interés, primitivo de De. Rossi.se concentr6 en 1a paleografia griega y latina, pero la biisqueda de nuevas inscripciones le Ilev6 a vi- sitar eon frecuencia las catacumb: bi P. Marchi. El interés por el primitivo arte funerario cristiano se apode- 16 de él de tal forma que se decidié a preparar un estudio, lo mas deta- lado posible, de las galerfas catacumbarias de la Ciudad Eterna. En el {fio 1849, mientras exploraba el rea superior de Ta catacumba situada entre la Via Appia y la Arleatina, encontré un fragmento de Iipida de- dicada con seguridad al papa Clemente, lo que le condujo hasta una de Jas entradas de la catacumba de San Calixto, el cementerio de la Igle- sia romana del siglo 1, la capilla donde fueron enterrados varios de sus papas, y al cementerio de Santa Cecilia. R a proteccién del papa Pio IX. Ante el éxito alcanzado, emprendié la bi tacumbas romanas conocidas"por datos Titerarios fiables, y su trabajo de excaivacidn acién aparecié en tres tomos, Romma sotie- rranea cristiana, 364 y 1877. Adenids funds en 1894 el Bulleti- no d’Archeologia Cristiana que ha seguido, con diversos nombre hasta nuestros dias. Bl papa Pio IX cre6 en 1852 la Comisi6n Pont cia de Arqueologéa Sagrada, A partir de este momento se sucedieron Jas investigaciones y [a publicacién de hallazgos en casi todas las na- ciones que conocieron el cristianismo primitivo, junto con las italia- nas. Una idea de su extensién puede examinarse en la Lamina I-1. fe Roma y a trabar amistad con el CONCRPTOS PRELIMINAREN LIMITACION BSPACIAL Y TEMPORAL DE LA ARQUEOLOGIA CRISTIANA 48) EN i ESPACIO Los yacimientos de 1a arqueologéa cristiana se encuentran en un rea limitada que comprende Ia islas briténicas, el territorio europeo al sur y al este de Jos rios Rin y Danubio, el mar Negro, los Balcanes Asia Anterior, el ‘rea comprendida desde el Eufrates hasta Palestina €l norte de Africa: Egipto, Libia, Tiinez, Argelia y Marruecos. Quizé hallazgos futuros puedan ampliar el panorama arqueolégico a la India donde, segtin Eusebio, predicé San Mateo’, bE EL TIEMPO, Las investigaciones en el siglo xx llevan a la conclusién de que el le cristiano no puede remontarse més alld del afio 150 de nuestra era ¥, con mayor precisién, podemos decir que no tenemos ningiin ejem- plo anterior a un perfodo que oscila entre los afios 220 a 260. Esto no es nada extraiio; ipareciera un arte propio fue hecesario espe- rar a que el ntimero de cristianos fuese tal que les permitieta constituir- Se Como Toco cultural, no 610 Feligioso, En cuanto al final de la arqueologfa cristiana cada uno de los pai del siglo vi , es diferente para ‘PeFo puede darse una fecha general alrededor D. FUENTES LITERARIAS AUXILIARES DE LA ARQUEOLOGIA CRISTIANA a) NATURALEZA Llamamos fuentes literarias auxiliares de la arqueologfa cristiana 4 todos aquellos datos escritos conservados en cualquier material, que aporten algtin conocimiento sobre los monumentos que se estudian, sus Vicisitudes 0 los hechos hist6ricos que les acompaiien, o aun la si- tuacién de los desconocidos 3. Eustmo ne Césatsa, Historia ecessico, x3 19 LUGARES ARQUEOLOGICOS SA COLONIA Tea KANTEN, agora any AvensroDyiM Hager ugounun. 7 BUDArEST. £quncum Muay pesseu =e ARQ UREUON Ciwelinwws b) ELENco Son fuentes auxiliares de la arqueologia cristiana: La Sagrada Es- eritura, sobre todo para la interpretaciGn del arte figuritivo, pero tam ign de otros extremos de la arqueologfa palestinense: los escritos de los Padres y de los eseritores eclesidsticos, siendo de capital importan- cia Eusebio de Cesarea con su Historia eclesidstica y su Apologia de Constantino. En el siglo VI aparecera la literatura apécrifa, inspirado- ra de alguna de las escenas representadas. Las actas y pasiones de los mdrtires: los calendarios; \os martirologios, sinaxarios y menologios, con las celebraciones liturgicas de cada dia, y los sacramentarios so- bre el modo de celebrar sacramentos y sacramientales: los catdlogos de papas, obispos y abades; y, por tiltimo, los itinerarios para las peregri- naciones y los catdlogos monumentales de las ciudades. Junto a todos éstos hay que hacer notar, como fuente de especial importancia, las co- Tecciones de inscripciones Hamadas también sillogios. + Captruto I LAS CATACUMBAS El cristianismo, répidamente propagado en sus primeros tiempos, io cambi6 las costumbres de los pueblos por donde se difundio si fiquéllas no contradecfan su fe 0 sti moral. Tampoco las funerarias de inhumacién, A, ENTERRAMIENTOS ft) LOS ENTERRAMIENTOS EN GENERAL El cementerio de superficie es en todo semejante a los actuales, con tumbas en éIstielo, mausoleos, sare6fagos, etc. Estos cemente- rios pertenecieron, en general, a familias concretas, lo que no obsta para que, en algtin caso y al correr del tiempo, pasasen a ser propios de alguna sociedad 0 colectividad, como ocurre con el cementetio de los libertos de la familia imperial en Roma. También existieron ce- menterios colectivos cuya propiedad detentaron desde su origen aso- Giaciones teligiosas o funerarias, como en el caso descrito anterior- ‘mente. Desarrollaremos con algtin detalle esta cuestiGn, Los cementerios bajo tierra, los hipogeos, aparecen por dos moti- vos, Desde el comienzo del cementerio como exeavacion, por ejemplo, efi Ta falda de una ladera, o como extensién del cementerio de superfi- cie, cuando Hlegé éste a su.saturaci6n, procurandose galerfas bajo tie~ tra, Siempre sin que éstas excedieran los mites de la posesién que co- rresponde a la superficie, 23 ————— ARQUEOLOGIA CRISTIANA La forma de los hipogeos no cristianos aludidos antes es casi siem significar ebajo ticrra», apageciendo la expresién «cementerio de cata- pre la misma, Comienzan por una entrada, muchas veces. monumental ‘Sumbas», y mds tarde qued6 «catacumbas» como nombre comtin que on salas y criptopérticos para libaciones y 4gapes, a las que frecuente ‘Mosigna concretamente el cementerio cristiano bajo tierra, ‘mente se afiade un patio.con pozo. Desde esta entrada se desciende por ‘Al conjunto, cementerio de superficie y bajo tierra, o independien- una escalera a la primera galerfa, tinica hasta que sea cruzada por otras inte i cada unio de ellos, se le llama necrdpolis. ‘cuando se amplie el hipogeo. En estas galerias, en su suelo y en sus pa- redes, se excavan los nichos para Tos enterramientox Desde muy antiguo casi todos los pueblos han prohibido enterrar 1) LAS caracumpas cristiANas cadveres deniro de las ciudades, por razones religiosas y, muy pro- bablemente, tambien sanitarias. Lo mismo ocurrié con Roma y todas Hoy parece suficientemente demostrado que las catacumbas ci las ciudades del Imperio. Ya en las Doce Tablas se lee: «Al hombre Vigna no son otra cosa que una transformaci6n, y muy pequeita, de los muerto ni se le sepultard ni se le quemard en la Urbe> '. A esta priictica Hipogeos paganos cuya tradicién quiza se remonta a Etruria. se debe que la situacién de los cementerios se extienda alrededor de Hasta mediados del siglo 11 —aproximadamente el afio 150— no las poblaciones, sobre todo a lo largo de las principales arterias de cir- jarece ningun signo cristiano en las catacumbas conocidas, de mane- culacién que de ellas parten o las atraviesan. {jue debemos pensar que hasta esa fecha los cristianos no debieron, de fener cementerios propios y no se distinguieron sus lugares de ente- iniento por ningtin simbolo ni inscripcién cristianos, b) Los ‘TERMINOS «CEMENTERIO» Y «CATACUMBAS» Desde la mitad del siglo 1 y hasta el comienzo del im, aparecen en- snumientos cristianos con distintivos simbdlicos 0 epigrificos de la El vocablo corriente en la lengua latina para designar el lugar des- jeva fe tanto en hipogeos familiares como puiblicos. Al final de este tinado a enterrar los cuerpos de los difuntos fue siempre necrdpolis, la Modo, algunos de-estos hipogeos fueron cedidos a la Iglesia, lo que ciudad de los muertos, heredera de fuentes griegas. Pronto, cuando el adujo un crecimiento notable en el nimero y longitud de las galerfas niimero de cristianos crecié hasta formar un auténtico grupo entre sus ivaitas conciudadanos, inyentaron los primeros una nueva palabra para dife- En el siglo m crecié en muy alta proporcién el nimero de cristia- renciar las necrépolis paganas de las solamente cristianas, seguramen- : ene zs : en todo el Imperio, y algunos de los cementerios, ya plenamente te después del afio 150, El ncologismo procede de un término también Be ee mopeintde Riga aemetan griego, como el anterior: koimdo*, que significa dormir, De ahf obtu- ice porelle Paso 2 Sr 8 a vieron la palabra coimererium, de donde procede «cementerion. Bos Pe Un origen absolutamente distinto al de cementerio tiene el voca- ibe Srandes catacumbas suclen posest wna. 20ne. pagan eae 2 = Pop Re (a, de enterramientos paganos y cristianos, y otra s6lo cristiana, aaa ae ees Be Deis: SRN a Pee ea aerba ds ademas normal que tengan su origen en varios hipogeos iniciales bell te ee ee ee rados que acabaron uniendo sus galerias al encontrarse unas con Roma. Los itincrarios medievales mas viejos Ilaman al lugar de ente- P " Framiento cristiano junto a la basflica de San Sebastién el «Cementerio sgpresto sucle ser de dimensiones mis reducidas, atacumbas junto a San Sebastién en la Appia». Poco a poco, con el En este periodo debieron de aparecer como trabajadores fijos de transcurso del tiempo, el toponimico kccatacumbasp dej6 de serlo para ‘eementerios los fosores 0 fossarii, cuya funciGn consistia en exca- Jas tumbas, las galerias y los cubfculos, enterrar los caddveres y ir, en general, del mantenimiento de todo ello. A comienzos del Jo 1V aparecerdn integrados entre los miembros pertenecientes al cle- de las iglesias, con el nombre griego de kopiontes, kopiatai —xo- pwyces, xomvarcat—, que se latiniz6 en coptatai. 1, eHlominem mortuin in Ute e sepelifo neve wits, KIT. 10 1. Cf. José Gunn, Uy Romae, 9.2L 2 eo, 5, &Cymiterium Catacanbus ad Sanctum S stianur va Appi, ARQUROLGGIA CRRTANA @) La LIBERTAD DE LA TGLUSIA Caracteriz6 fundamentalmente al siglo 1v el reconocimiento ofi- cial del cristianismo como una de las religiones del Imperio por el de- creto de Licinio y Constantino del afto 313, Este hecho supuso para Jas catacumbas una nueva etapa con tres fenémenos fundamentales: la modificacién de algunas zonas para dar paso al lugar donde reposa el cuerpo de un mértir; el gran crecimiento en extensién por el aumento de nuevas galerias excavadas; y la aparicién de otras eatacumbas nue- vas. Las modificaciones de la viejas catacumbas para facilitar el culto a los martires se reducen fundamentalmente en la apertura de grandes, escaleras de acceso hasta la tumba venerada y la excavaci6n, a su alre- dedor, de varias dependencias que consisten, por lo general, en un aula frente al sepulero y, en un espacio tras él, el llamado anctos, El aula puede ser sustituida por una basflica pequel Paladin de esta actividad fue el papa San Damaso (366-386), que promovié la btisqueda de los sepuleros martiriales, dedicando a los en- contrados bellos epitafios, tanto por su redaccién poética como por la letra con que fueron grabados en losas de mérmol por su cantero Filo- calo, de quien reciben estos caracteres el nombre de filocaliano: ‘Termina el auge de las catacumbas en el siglo v con las invasiones barbaras. Durante la Edad Media, son veneradas pocas catacumbas, casi siempre por contener, las que se veneran, reliquias conocidas a las que se rinde un culto tradicional. Aste perfodo corresponden muchos grafitos y casi todos los iti- neratios a que nos referimos en el Capitulo I ‘Ante los repetidos asedios de Roma por las tropas sarracenas a partir del sigio vit, varios papas emprendieron el traslado de las reli- quias mas veneradas a un lugar seguro dentro de la ciudad, a la par que muchas autoridades cristianas, tanto religiosas como civiles, consi- guieron adquirir restos martiriales, incluso cuerpos completes, para sus caiedrales, palacios 0 monasterios. Esta devocién fue aminorando con el paso del tiempo, hasta casi desaparecer al final de los tiempos g6licos, alrededoF del siglo xv. En el siglo Xvi, en Roma, s6lo se visi- taban las catacumbas de San Sebastian, la de San Lorenzo o de Ciria- cay la de San Pancracio. A partir de este momento, las catacumbas pa- san a ser una realidad arqueol6gica. EAT CATACUROAS TA. HrULO DH PROPIEDAD DH LAS CATACUMBAS: Mista 1 siglo 1, los cementerios cristianos ostentaban un titulo fade propiedad, esto es, pertenecfan a una persona oa una fi | Ei problema surge desde el aio 250 en adelante, fecha aproxi- arlir de la cual Busebio de Cesarea da noticia de c bios de cult cristiano que'son expropiados ala Iglesia y devuel- ella. {Con qué titulo se presentaba la Iglesia ante la autoridad imperial? podemos contestar hoy categ6ricamente a esa pregunta. En el De- ho Romano aparecen ciertos entes _corporativos. —corpora, Wyla, decuriae, sodalitates— de caracter religioso, de funcionari Jemial, que {uvieron capacidad para poseer bienes comunes. Quiz iglesia se acogié en diversas regiones y circunstancias a uno de es Iilulos para poseer bienes propios, hasta que Licinio y Constantino ilieron status de una de las religiones del Impero* al cristianismo. DirusiGn GeOGRAFICA DE LAS CATACUMBAS Puede decirse que el fendémeno catacumbario queda reducido al aide la penfnsula italiana y a sus islas mAs cereanas, Sicilia, Cérce- y Cerdena, y Malta. En el resto de la cristiandad la cantidad de e: ios es muy exigua. En niimeros absolutos, la distribuciGn de js catacumbas en el orbe cristiano es aproximadamente la siguiente: el norte de Africa, 5; en Asia Menor, 4; en Cirenaica, 2: en Egipto, j cn Palestina, 1; en Francia, 1; en Austria, 1; en Grecia, 1; en Rusia, jy en Italia, excepiuada Roma, en 42 ciudades, algunas con més de ja catacumba. En Roma, 51 —20 de ellas de la mayor importan- eon a nara conjun- le Siracusa, |, ELEMENTOS QUE COMPONEN LA CATACUMBA Estudiaremos en este apartado los elementos que constituyen un ‘Yementerio te6rico completo, tanto en su zona de superficie como ex- vada. 4. Che Giuseppe Remon, Relacon tna Chiesa Catolcae pore police, Taio, 1994p 10 CATACUMBA\ JAITiguEZ. A He Oirere ih cuamnarento ne surge Fin li Lamina 1-1 se ha representado uno de los éngulos de este ile cementerios, con todos los elementos que puede contener. Hin primer higar pueden observarse cuatro filas de tumbas excava- ii el suclo cubiertas por simples losas de piedra. En la cabecera de [kuna de estas fumhas se levanta nna lipida que contiene el nombre difunto u otra leyenda fiinebre: recibe el nombre de estela. A continuacién, precisamente entre dos Arboles que hace més fi- Mrreconocimiento, se ha situado un templete que cobija una caja de ia’ cl primero constituye el llamado fegurium, baldaquino o cibo- iy cl segundo, el sarcdfago. Al fondo, atrimado a la pared, puede |e Un tejadillo soportado por el muro y dos columnas, que también ibve un sarefago: se trata del protectum o tegieta. Junto a la tegleta, a su izquierda, aparece una serie de arcos apoya- cn la tierra que forman ottos tantos huecos en el muro, eerrados su parte externa, El primero aloja un saredfago, y Tos siguientes al- {gan unas simples tumbas exeavadas en el sueld. Nos encontramos ie el llamado arcosolio. ‘\ Ia derecha del ciborio se levanta un pequefio edificio destinado eonilener los restos mortuorios en tumbas en el suelo y en nichos en i paredes, algunas veces en vasos de piedra o de barro para las ceni- Is; se trata del mausoleo. Los mausoleos podfan hallarse aislados 0 josados unos a otros, formando hileras qué, a veces, constitufan au- inticas calles, En la lémina se ha dispuesto junto al mausoleo descrito otto see~ Jonacto para poder mostrar cémo de su suelo parte una escalera que se jentra bajo tierra, Por ella se puede penetrar en el cementerio subte~ ineo o, mas propiamente, en la catacumba, ) La caracuMBA En la zona excavada de las catacumbas se encuentran los mismos #lementos del cementerio externo con algunas modificaciones exigi= as por su nuevo emplazamiento. Sigamos con la descripci6n de nuestra lémina, Del mausoleo que parece cortado parte una escalera que se transforma en rampa hasta dlesembocar, en el interior, en una galeria que la cruza perpendicular- inente. En la pared N de esta galeria E-O pueden observarse los lécu- os 0 nichos, excavaciones de aproximadamente dos metros de largo 29 CATACUMBAS, ELEMENTOS: FOSOL,TEABAJANDO COW UN PICO, T AAUMBEANDOSE, CON UN JUCERIA CATHEUMBA DIOS 95. WCESWOY » CUBICULOS EM $4 ChiTRo, EL BUEN ASTOR. BI LoS. CORPIELES | Apes Y BUD, 1A PESURP ECON DELAZAED, JORAG Le Lh FAO, ob CRANE. COFMENTERLM HAGBOS TEcko 3 WW CIBICOLO Sao — # eincuenta centimetros ge fondo y de altura, donde se coloca el c vor en direceidn paralela a la pared. Hi huedo se tapa con una o tr we piedra ode eerimica, Hamadas ldpidas ‘También existen tumbas cavadas en el suelo de las galerfas 0 de jcubiculos, sobre todo en Sicilia y Malta. Siguiendo por esta galerfa, en direccién O, encontramos un arco- io, ahora clevado aproximadamente un metro sobre el suelo de la jerla, Normalmente este arcosolio de ta catacumba cobija dos tum- its, una bajo el plano horizontal donde arranca el arco cubierto tam- Dien con lépidas y otra en Ia pared del fondo, bajo el arco. Unos estu- ‘Yleron decorados y otros no, En la misma galeria, pero ahora en la seccién E a partir de la des- fembocadura de la rampa, en su pared S, se encuentra la puerta de en- {ada a un espacio semejante a una pequefia habitacién. En el caso pa {icular representado pueden apreciarse dos filas de-nichos flanqueando Ji puerta y un arcosolio en una de sus paredes. Se trata de un cubiculo, Jieredero del mausoleo de la superficie, con los mismos elementos que gue. El techo de los cubjculos suele haber sido excavado siguiendo el squema de una boveda de arista muy plana, como queda representado ‘on las Iineas de puntos que delimitan el cubjculo gemelo del anterior. Fista forma puede apreciarse mas claramente, con el tipo de decoracién {que suele acompafarla, en la Lamina 11-2, figuras 1 y 3. ‘A continuaci6n aparece el cruce de dos galerfas, cuyos techos en forma de béveda de cafién muy plano producen en su intersecci6n una boveda de arista, como puede apreciarse, también en linea de trazos, gel extremo § de la galeria N-S. Se ha representado una chimenea de ventilacién —rara vez. son de iluminacién—; estos conductos suelen instalarse en el cruce de dos ga- Jerfas, como puede observarse casi en el centro de la lamina, con un brocal de pozo de ladrillo en la superficie para impedir la caida de obje- tos, animales o personas en él. Si estos pozos se destinan a proporcio- par luz.al interior de la catacumba se Haman fucemnarios. También pue- den tener lucernarios los cubfculos, en general mucho mayores que los de las galerfas y frecuentemente mas modernos. Abundan pequefias hornacinas excavadas en los muros para depo- sitar linternas de aceite que proporcionan alguna iluminacién a los cu- biculos o a Tas galerfas de las catacumbas. En Ia lamina se encuentra un ejemplar representativo en la esquina de la galeria de bajada con la primera transversa. 31 ARQUEGEOGIA CRISTIANA El sareéfago pasa a instalarse en el interior, sin ninguna translor macién EL baldaquino y la tegleta, al perder toda funcién al pasar bajo tic~ 17a, aparecen en muy pocos casos, casi todos encerrados en el firea de Sicilia, Los estudiaremos en su lugar. ‘Aunque no sean elementos propiamente catacumbarios, citaremos las cdtedras, tanbign excavadas on cl mismo terreno, c) DESCRIPCION DE CADA UNO DE 10S ELEMENTOS CATACUMBARIOS 1, Tumba (Lam. 1-3) Es la tumba el lugar donde reposa el cadaver. El enterramiento més sencillo consiste en una excavacién en la tierra, de unos dos metros por sesenta centimetros en su plano horizon- ial, y de un metro a metro y medio de profundidad. Una vez. colocado el cadaver, suele rellenarse el hueco restante con parte, de la tierra re sultante de la excavaci6n. Aparece al exterior como un mont6n de tie- ra moldeado en forma de semicilindro achatado. El deseo de que la tierra vertida no alcance al cadaver ha producido varias modos de enterramiento. La tumba puede ser excavada de forma que un ligero escalon en sus lados mas largox,permite colocar una doble hilera de tejas romanas, sobre la que se Vertera la tierra de relleno. Las tejas romanas, tégulas, comunes en toda el area mediterrinea stn formadas por una placa de barro cocido trapezoidal, con un pe- {quefio realce en los Judos ms largos (Lam. 11-3, Fig. 2). ‘También pueden revestirse los laterales de Ia fosa, y opcionalmen- te el fondo, con una o dos capas de tégulas. Se forma asf una especie de caja o sareofago primitivo, que se cubre finalmente con tejas y, $0- bre ellas, se arrojard la tierra. Un modo algo mas complejo de cubrir el cadaver consiste en confeccionar con las mismas tejas una especie de tejado a dos aguas, apoyado en los laterales de Ja fosa o en su fondo, Sobre la arista horizontal que forman los dos planos inclinados, para {que por ella no pueds caer tierra sobre cl cadaver, se colocan unas pie- zas de barro cocido lamadas imbrex. Una variante de este tipo consis te-en situar este tejadillo sobre los revestimientos interiores de la fosa descritos antes, En todos estos casos, las tégulas pueden ser sustituidas por losas finas de mérmol o lajas de piedra, frecuentemente de pizarra. ‘Terminamos este apartado citando las tumbas de pozo, que consis~ ten en apilar unas tumbas sobre otras, separadas solamente por una lo slrra; extns tumibas no son visitables, Para conseguir que cada ii sou accesible, se priicede a excavar las funbay de pozo visitable, ‘orisisten ef un poz0 Soficientemente ancho como para que que~ #61 una o mAs personas, y en cuyas paredes se disponen las tum- ‘uhora en forma de nichos, Timuclo (Lam. 11-4) ¢ llama témulo al elemento que se coloca encima de la tumba il protegerla y sefialar su existencia. No existe el ttimulo si se cubre con arena la superficie rellenada ju que la vegetacién no invada esta superficie. Una estela 0 cipo co- ado verticalmente en Ja cabecera de la tumba contribuye a identifi- el lugar del enterramiento. e dice que hay tmulo si se amontona la tierra sobrante de la ex- después de haber procedido al relleno de la tumba, sobre la ie plana que asf queda, moldesindola con ta pala en forma de lio-cilindro achatado por los extremos. El timulo asi construido iede bafiarse con una o més lechadas de cal, formando un recubri- nto blanco y duro que protege la tumba. En Africa y Espafia abun- 4) los timulos recubiertos con esta lechada de cal sobre la que se han [xpuesto complicados y bellisimos dibujos de mosaico, figurativos o }, conteniendo muchas veces el nombre del difunto, la fecha de de~ inciGn e, incluso, su retrato. El timulo simple de tierra puede ser sustituido por una pequefia sonstruccién de piedras, trabadas por argamasa de cal o de barro, en yma de pirdmide truncada sobre un basamento. Todos estos ejemplos sin enlucidos exteriormente. Con el mismo tipo de construccién se realizaron también otras mas del timulo: en sigma o de mesa, en forma de herradura, que ibe estos nombres por su semejanza a la sigma maytiscula griega con el iriclinium, y de cupa 0 tumbo, en forma de béveda de me- iio cain cerrada en sus Caras anterior y posterior con dos planos Inclinados La cubierta de acréteras que cubre una tumba consiste fundamen- talmente en una pieza de piedra tallada de una forma especial: una si- mulacién de tejado a dos aguas central, situado sobre un plinio, cayas: ‘esquinas se adornan con un cuarto de esfera, El nombre de acréteras ee = os adomos que decoraban las cuatro esquinas del tejado de los templos, 33 GULAS. FOREAUA CON PLACAS Ds 0 TECULES, ort, ie Vamos THOS BE consTeNcOo ECS WOE ITO 3] [FEMLO NE CURR oy uno gEvan i RceBEEAL ESE O ENS rowed! Panic! ‘spares EN rozp Wo MITA Bax ecto SEOOW AK Oo seccudw Aca, SEREA-MLARS, LA WicRaROUS Be S FeucTVoIoT WREACOIR TAT TaIGGE_ | ARQUEOLOGIA CRISTIANA 2 JAS CATACUMMAS 3, Sareéfagos (Lam. I-A, Figs. 5 y 6) Baap EUV eerily nign\icado del baldaquin y, porn cos Haver sobreel star, comenz6 a cargarse de wn’ significadc alico, pero su origen no tiene esta refer eae 31 sarc6fago esté constituido por una caja de piedra, tallada en una sola pieza o fabricada con piedras o ladrillos unidos con mortero de cal, cubierta por una tapa de piedra. TLitapa de fos sarcéfagos puede ser una simple losa paralepipéi- iss (itn! 16) cca, 6 tallada en forma de tejado a dos aguas, 0 semejante ala de acr6- ferix que cubre la tumba. Las superficies de los lados del sarcofago ausoleos cristianos consisten en pequefias construcciones de pueden ser lisas 0 talladas con elementos decorativos 0 figurativos, de- PaUtary dean sola altura, cestnadas & alolar Catete- ‘ paetsibn que se exticnde también a la tapa. De hecho, esta decoracion PPR eto en las pancriex baician arcossliory vem Tine de los sarcéfagos constituye el Ginico ejemplo que ha Hegado hasta Sieernacls ag: Estos rcusolooe estvicroh GUBI@HOr porn je. dos aguas que protegia una b6veda de gafién o de arista, de yeso 0 ‘nosotros de la escultura cristiana primitiva. irilo. Estas bovedas estuvieron frecuentemente adornadas con 4.Ciborios (Lam. I-5) ie enlazaban y bordeaban las hornacinas, todo ello acompi leles y fondos de diversos colores. El conjunto méi 9 los ciborios como las tegletas cosa que un tem= Ico d ere ‘Tanto los ciborios como las tegletas no son otra cosa que un ten eset fee en cietcaeet ence = plete formado por un tejadillo sostenido por cuatro columns, en el - eee Jel eiborio, o por dos columnas y una pared, en el caso-de la te- eg S508 cae eae cs ea gleta, Finalidad de ambos es proteger de Ia luvia 0 de los rayos del sol tiles sides que se abrfan a tres arcos, uno en cada una de las eee ai suet ; Hes qe no contenfan la puerta de entrada, Reciben la denomina- Los tejados estin formados por armadnras de madera que sopor eg oes. Rigen = cs mae eae tan tina tablaz6n, sobre la cual se colocan Jas tejas. Las columnas put = tien ser de piedra de una sola pieza, o partidas en rodajas, construi, das de ladrillos especiales aplantillados, cubiertos con una capa de cal umbarios (Ldm. 1-6, Fig. 3) para imitar el mirmol, Siexcluimos algunas representaciones de estos el Prementos en pinturas o relieves murales paganos y cristianos, apenas jon edificaciones compuestas por muros gruesos a fin de propor- tenemos otra noticia de ellos. Bircies superficies donde oz puedan abris gran cantidad de ni Pueden ser las tegletas de tres tipos, segtin posean un tejado de ira contener las urnas con las cenizas mortuorias. Naturalmente, una sola pendiente, de dos o de tres. En cambio, los ciborios siempre Meron cristianos. Se aman columbarios por su semejanza con poseyeron cuatro pendientes Jomares “Tanto los ciborios como las tegletas pueden estar dotados de unas vallas de madera o de metal, Ios eanceles, que protegen la tumba o el ae 1-7) sSareéfago que cubren. Ya dijimos que la tegleta recibe también el nom- eZ) bie de protectum, y el ciborio los de baldaquino y tegurium. st le protectum, y daquino y tex ynetrando en el subsuelo de las catacumbas, el primer elemento El ciborio es un elemento propio de los cementerios y, por tanto, mos de abordar es el de las galerfas. Son éstas. por lo general tiene un caricter funerario, pero, a partir de los siglos v a Vi, con la re i Tisetcocredores, con ul : or eon nichos y arc forma de San Pedro de Vaticano por Pelagio II, comenzaron a colocar- Bidar Tos testes Tanevarios y arcosolios en sus paredes Se altares en los presbiterios de las iglesias situindolos sobre las tum- a iglesia b Sulvo en contadas excepciones, no f a has de los mértires que permanecian bajo tierra. Para seftalar que el De yorree da aso, gut eas poe ser eaicerats altar tenfa esta referencia, se conserv6 el baldaquino funerario sobre la Serie acl adam tain sllas peniticrs el. acceio pone aetna como consecuencia, cl altar ued6 bajo él. Con elas del Gm Se MMMM cagosii pena ela gal CATACUMBAS, ELEMENTOS SOBRE TIERRA CIS) Peotecrun. TEOLATA, Ly SSS ZAIN ZS Tecvewe, BALDAQUINO. cipotio, Z PS Mop LENS Ly LEIS AV ACUMBAS, MAUSOLI COLUMBARIOS TOMA, cATACUMBA DE 5 Ct Ot). COLNBBEIO LR CASA APE Tae mee emu ve rias y la falta total de ventilacién en cuanto se penetra unos metros por ellas, pues los lucermarios 0 chimeneas son muy escasos, hace imposi ble la permanencia en ellas de un grupo considerable de personas du- rante un tiempo prolongado. Se excavan las galerfas, a medida que es necesario realizar nuevos sepelios, de forma alternada, primero en la direccién de Ta galerfa pri- mera y principal, después comenzando una transversal, mis adelante prolongando la primera y la segunda, hasta que sea preciso comenzar luna nueva transversa, y asf sucesivamente, Esta excavaci6n produce un gran volumen de tierra y escombros que es necesario retirar, casi siem- pre por un largo camino hasta la entrada de la catacumba, o hasta uno de los pocos pozos que puedan encontrarse, Para simplificar este pro- blema los excavadores rellenaron con el material de desecho viejas ga- lerfas ya completas con tumbas olvidadas, En algtin caso se aproveché el relleno para depositar ntievos restos en capas horizontales bajo los sucesivos suelos. Para ampliar una galerfa ya existente, se elevs el techo 0 se rebajé el suelo, produciéndose asf Ia anomalia de que en una pared pueda ser més antigua la banda central que la superior y la inferior 's evidente que lo mismo ocurre, por lo general, con cada cata- cumba tomada en todo su conjunto, puesto que las galerias mas pro fundas suelen corresponder a fechas més recientes que las superiores, 8. Nichos (Lam. II-8) Normalmente, los nichos o Jéculos son excavaciones realizadas en las paredes de las galerfas 6 de los cubfculos para contener un diver, extendido y paralclo a la superficie de Ta pared. Sus medidas corresponden a st funcién: 1,70 a 2 metros de largo por 45 a 60 cen- timetros de profundidad y de alto, En niimero mucho menor que los anteriores, existen también nichos en que el cadaver se dispone per- pendicular a la pared, apareciendo en esta tiltima una boca cuadrada de unos 50°centimetros de lado. Por ser caracterfsticos de la tumbas he- breas, y recordar la parte externa de un horno, se llamas comiinmente ebreos 0 de boca de horno. Los cadveres se enterraban envueltos en uno o més pafios lama- dos sudarios, desprovistos de todo adorno, aunque alguna vez haya aparecido un objeto de orden menor junto «ellos, como monedas o al- ‘g4in utensilio que us6 en vida aquel cuyos restos reposan allf, De este liltimo tipo es digno de recuerdo cierta abundancia de mufiecas en tum- bas infantiles. 40 ATACUMBAS. GALURIAS BACLVES De DONITIA, GALE LOHA.-CATACUMA DE DOMTULA Ph Gesve LA cert FLAVA. 5.1, CoMFIUBUCLTE GALERIAS, NICO: fhovve-s De > rseruo.13— os, con EL [Ere bE COMA. CATACUMBA DE PUISCILA. NIVEL IL BA DALLINT, FL ARTE DEAS CATAQUMBAS. BARCEIONA, 1945. LA.SIUED, ee ores tee “a TAS CATACUMBAS El nicho ha de quedar herméticamente cerrado, después de sido dejado en él el cadaver, para impedir Ia salida de los gases de la putrefaccién. Esto se consigue tapando el hueco con una o mas placas 4) Baldaquinos (Lam. 1-12 de piedra o de cerdmica, unidas entre si, en el caso de ser mas de una, y con los bordes de la excavaci6n del nicho por medio de un mortero El baldaquino y la tegleta dejan de tener utilidad si son trasladados de cal. subsuielo, pues su funcidn protectora desaparece. Son muy raros, si 11, Otros elemento de las catacionbas Se llama /dpida a la placa de piedra tinica que tapa todo el nicho, eptuiamos a los descubiertos en los hipogeos de Sicilia, donde pero, por extensién, se denominan también asi las placas de piedra o jundan, Toman allf una forma extrafia al transformar el dintel entre de cerémica, casi siempre en ntimero de tres, que sustituyen la unica Jumnas en arcos labrados en el terreno, cuyo arranque parte de la su- de piedra. ficie horizontal del borde del sarc6fago. La masa de mortero que une las lépidas con la pared suele ser muy ‘gruesa, apareciendo al exterior de forma muy patente. Las ldpidas pueden ser lisas en su cara externa, con el nombre del difunto escrito encima con una tintura roja, © decoradas con inscrip- . Puede admitirse como teorfa general que las escaleras primitivas ciones o representaciones figurativas, gravadas 0 esculpidas, estas tilt: Aangostas, de techos altos, y sus paredes fueron aprovechadas para ‘mas mas raras, sivar en ellas nichos y hasta arcosolios. Sin embargo, muchas de @scaleras realizadas en las catacumbas a partir del siglo 1v Tenian objeto facilitar el acceso de un grupo numeroso de fieles hasta la b) Escaleras (Lim. I-11, Figs. 2-y 3) 9. Arcosolios (Lam, 11-9) wi de algin mértir 0 conjunto de mértires, que gozaron de una ma- Yeneracién, Por ello, son més anchas y, en general, mas largas, Ya dijimos que los arcosolios del interior de las catacumbas son suclen llegar directamente desde la superficie al eubjculo o lugar semejantes a los exteriores, pero excavados en las paredes de las gale- Ji galeria deseados, atravesando frecuentemente mis de un piso de rias 0 de los cubiculos, y que se elevan aproximadamente un metro s0- iwlacumba, El desarrollo de sus peldafios es més cémodo, de menor bre el suelo de los mismios, lente, También estas escaleras alojan nichos en sus paredes, pucs El arcosolio tipico puede complicarse con decoracién arquitects~ #0 funerario de las catacumbas dur6, como sabemos, hasta entrado 4 que disimula su forma primitiva, hasta perder su caracieristica de lo VI ) Chimeneas y lucernarios (Lém. H-11. Fig. 4) 10. Cubieulos (Lam. 11-10) : ‘ % s chimeneas tuvieron la funcién de ventitacidn y de extraccién Heredero de los mausoleos, el cubiculo es el elemento més impor- feriales. En cambio, los lucernarios fueron destinados a la jJumi- tante de las catacumbas. Los cubiculos estén constituidos por un espa- de algtin cubjculo, escalera o galeria. En general, son todos cio rectangular excavado en el subsuelo del cementerio, compuesto ores a la paz de la Iglesia, mucho més amplios que las chimene- Por cuatro paredes y un techo tallado en forma de béveda de caiion de seen algunos nichos € incluso decoracién pictérica. medio punto o vaida, o de arista, La decoracién puede extenderse por las paredes y el techo. Los enterramientos se reparten en nichos y ar- cosolios, )) Cétedras (Lam, I-11, Fig. 1) Generalmente el niimero de arcosolios es de tres, situados en las jon asientos con brazos y respaldo tallados en el mismo material ‘tres paredes que no contienen la puerta de entrada al cubjculo, ya sea pparedes de la catacumba, que aparecen tardiamente en cubiculos sta entrada desde la galeria o desde otro cubseulo, Pins 42 CATACUMBAS. NicHOS: 2 Ke (GACERLOCVS] SACKILEGE® \CAVEMALY, wa} Ocvs FIVINI coe Oe TASB are) = YosoRe ROMA, CATACUHDA DE DoHmLA-cumicuio |, CATACUMBAS. cuBICULOS | EATAC' » CATEDRAS: Con BOVEDA DE SIN CALATO, CURCULO TE CASI VRB, ru | Los sawtos ene . ToeeNBRAO, cou abvEDA DE CON SAVERY TE ARISTA TE MEDIO YHNTO ON US COPT PAPAL CANENTEDO'AD CATACUMBSS” PAPUrA.O6-1 ROCK SALINT O.6 HROGEO Z DEJA NECRAARODIS: YE, SANTOUO-TALAZIOLD de CORBE- StciLIA NODCA.CATACUMBA TEEFPLEDT. FR, OTTAVIO GABANA. "LE CATA COMBE SILANE 1 LAETIEL. PALER, 1464, 184.24, PROLO, COTACUNEA Ur NANlOWOZZA 8. OTTAVIO GARANA. Fa, 242 “SICA: CATACUUBA DE Los 98. RETEO E MARCELIKO “OHA, SA. ARIQUEZ + Captruto IIT ICONOGRAFIA Entendemos por iconografia cristiana, en la limitaci6n arqueol6gica corresponde a nuéstro estudio, al andlisis y descripcidn de los tipos yrrilicos que ofrecen las diferentes realizaciones plésticas con sig- sudo cristiano Tlevadas a cabo en los primeros siglos de la Iglesia. Ess necesario tener presente que escapa a nuestro conocimiento \0 fue el arte cristiano primitivo en su totalidad, pues conservamos i) solamente restos correspondientes al ambiente funerario y a su te- ica, si exceptuamos las pinturas del baptisterio de Dura Europ, CRONOLOGIA Nos referimos en este apartado al tiempo en que aparece y, en su }, desaparece, cada uno de los tipos de representacidn del tema lano. no a las caracteristicas de las técnicas en que fueron realiza~ festucio que pertenece al andlisis general de la Historia del Arte, | problema de fechar cada uno de los ejemplares del arte que co- onde a Ta primitiva Iglesia es arduo, hasta el punto de no poderse jr con seguridad cuando fue realizada cada una de sus obras liendo s6lo al tema representado o a la forma en que lo ha sido. uuda de inscripciones que puedan acompafiar al ejemplar que se © el lugar en que s¢ halla, u otras particularidades podrén fijar datacién; en caso contrario, han de tomarse las fechas solo como ibles y con gran cautela por tres razones: la primera, Ia escasez de i, que hace imposible establecer comparaciones de caracteristicas ‘ntemporaneidad fiables. La segunda, el deseo arcaizante de mu- 49 ARQUEOLOGIA CRISTIANA — has de las obras. Y la tercera, el breve perfodo en que nos movemos, apenas tres siglos, B. TIPOLOGIA Recibe la denominacién de serie o tipo la reunién de formas and- logas de representar una misma idea empleadas en la pintura y la es- cultura durante un perfodo determinado de tiempo. En lo que corresponde a la iconogratia cristiana de los siglos il y 1V, ala que nos estamos refiriendo, sorprenden dos fenémenos: la semejan- zza, que casi se puede llamar igualdad, de los modos de representacién, y el ntimero reducido de temas representados y, por lo tanto, de tipos. Establecemos como criterio metodol6gico el que bastaran cinco 0 seis repeticiones de gran semejanza para determinar un tipo, sin em- bargo, en algunos casos, cl ntimero de ejemplares puede alcanzar el centenar, Procuraremos ordenar la exposicidn segiin la abundancia de ejemplares, de mayor a menor, aunque sea tin orden meramente conven- cional. a) EL BUEN Pasror (Lams. III-1 y I1-2) La imagen del Buen Pastor es la interpretaci6n de la parébola del pastor que busca la oveja perdida y la devuelve al redil transporténdola Sobre sus hombros (Le XY, 1-7): representa a Jesucristo segin las mis= mas palabras del Seftor, por dos veces repetidas en el Evangelio de San Juan: «Yo soy el buen pastor» (JX, 11-14). La tipologia de esta representaci6n consiste en un pastor que por- ta sobre sus hombros un cordero o una oveja, la mayorfa de las veces con cuernos, como los ejemplares de la raza merina. Casi siempre lle- ‘va un zurron colgado en bandolera de una cinta de cuero. Puede estar acompatiado de dos o més ovejas, 0 encontrarse solo, y también puede tener las dos manos ocupadas en sujetar la res, 0 tener una de las dos manos libres, que permanece sin ninguna funcién, o Hevar una horza para transportar liquidos, la forma mas repetida junto con la primera mencionada, un bast6n e incluso una flauta de pan. La representacién del Buen Pastor con cayado es poco frecuente, y podria pensarse que no representa a Jesucristo, sino al obispo, te- ndo en cuenta las caracterfsticas de retrato que poseen algunos de estos ejemplares. 30 TOMA. CATACUMBA TE §, CALISTO, CEIPTA TE. | LUCINA, TECHO. 5. tH ROMA, GATACURPA BE POHITILA, CUBICULO ‘BEL BUEN PASTOR. KECOSOLIO. SN. ARCOFACO, WSEO RE LETEAN. 5 A-H, La Rican, ARQUEOLOGIN CRISTIANA ess a Calzan las figuras del Buen Pastor botines bajos de euero, botas altas 0 también alpargatas sujetas con cintas que se arrollan a las pier= nas hasta por debajo de la rodilla, y viste siempre tinica corta, Los lugares donde aparece representado el Buen Pastor son miilti- ples, desde el centro de las b6vedas, los Iunetos 0 las arquivoltas de los arcosolios hasta las superficies de los sarc6fagos, y desde los puestos Centrales de hott hasta repetirse como elemento decorativo en la mis- ma béveda dos o cuatro veces, 0 rematar los dos extremos del frente de Jos sareéfagos. En el recuento que hace Leclereq de las representaciones del Buen Pastor, incluyendo las del siglo V, alcanzan e] nlimero de 127 pict6- ricas y de mosaico, 23 esculturas exentas y 100 relieves de sarcofagos y losas sepulcrales, Aunque alguna de las atribuciones sean dudosas, la estadistica da una idea muy aproximada de la abundancia de esta re- presentacién cristiana en ese tiempo’ b) Los o Las oraNres (Léms. 11-3 y I1-4) Se llaman orantes las representaciones de hombres mujeres en pie, con los brazos extendidos lateralmente, flexionados por el codo, on las manos a una altura que no suele sobrepasar Ia horizontal de Tos hombros, pues ésta fue la posici6n littrgi¢a que adoptaron los cristi nos de la primera época para orar, segtin atestigua San Pablo en carta a moteo: «... quiero, asi pues, que los varones oren en todo lugar, levan= Jando tas manos puras, sin ira. y Ho mismo las mujeres» (I Tim TI, 8) En Ja documentacién grifica se han recogido algunos ejemplos que hacen posible una mayor comprensiGn de todo lo expuesto. Ténga- seen cuenta que han sido elegidas en raz6n de su expresividad tipol6- zica, no de su importancia estética o hist6rica Una precisién importante es que el ntimero de orantes femeni es muy stiperior al de masculinas, hasta el punto de escasear estas tilti- mas, y que es caracteristica estética de casi todas ellas el poseer gran- des manos, desproporcionadas respecto al resto de la figura, En este momento de la exposicién parece conveniente hacer una breve relacién del modo de vestir de hombres y mujeres de los tiempos. del Imperio, al que ha de aludirse obligatoriamente. Dejando de lado precisiones que serian propias de una historia del traje, puede decirse 1. Cannot-Lactenc, Dictionaire dAnqueologie et Lurie chritenne, Pars, 1922 s8. 13 aaio.asse DNOGRAPIA, HUEN PASTOR WCOFACO DE LIVIA POIMITINA. TAB! LOWE, 5 CASA CRISTIANA, LADAN T EVA, BAgiLICA DEL OBER TEDHOLO, GUABAE, ELPPINEE ATE CRISTIANO. MADRID. 4961, oma CANCE TE HACELIND 7 FEDED. CUBICAO ML Saucuez TOVNUGRAPTA, ORANTES ROMA. CATACUMBA TE 103 Cioentn, PINTURA. ROHA. MUSEO VATICANO. VASONE CRISTAL Roms. SANTA HACIA IA MANOR SARcsTARO, 3 TEONOGRATTA, ORANTES ARQUEOLOGIA CRISTIANA ee que, tanto los hombres como las mujeres, posefan tres plezas fundamentales en’ su ajuar (Lam. I1I-6) La tinica, vestidura muy sencilla consistente en una especie de camisa recta, con aberturas para el cuello y los brazos, sin mangas, con mangas cortas por encima del codo o largas hasta las mufiecas. B Tos hombres terminaba encima de las rodillas, como hemos visto para 1 Buen Pastor, y en las mujeres Hegaba hasta los tobillos. En ambos se ceiifa al cuerpo con un cinturén, a veces, en el caso de las mujeres muy alto, dejando caer pliegues hasta la cintura, En general eran blan- eas, algunas con un galén rojo 0 azul que cafa desde los hombros has- tael borde inferior, y podia rodear el cuetlo por detras, Hamado clavus. Variante de la inica fue la dalmdtica, tinica ancha y de manga corta, que el papa Silvestre (314-335) ordend que fucra vestida por los didéconos*, pero eta comiin a todos, hombres y mujeres, cristianos y paganos. La toga, manto muy grande, rectangular semicircular, que se co- locaban, tanto hombres como mujeres, sujetando uno de sus extremos en el hombro izquierdo con una fibula —semejante a un imperdible moderno—, y recogiendo el resto por debajo del brazo derecho, de di- versas formas. Asi, el brazo derecho suele quedar libre. En algunos ca- 50s, la toga puede cubrir también la cabeza, La toga era de incémodo manejo y fue sustituida frecuentemente por las mujeres con la sfola, una especie de toga con orificios para los brazos y el cuello, a modo de poncho, en casos con mangas cortas 0 largas. Puede ceifirse al cuerpo con un cfngulo, como la tnica, y es di- ficil distinguirla de ella en las representaciones. La paila, un mantén cuadrado, exactamente como una toga peque- fia, exclusivo de las mujeres. Tanto los orantes como las orantes se refieren, casi en su totalidad, a los propietarios o donantes de tn lugar, al ocupante de un sarcéfa- x0. Muesira lo gerierafizada que estuvo esta atribucién que muchos sate6fagos cristianos conservan sin tallar el rostro de algtin orante, guiendo Ia costumbre general pagana que slo bosqueja el rostro en la figura que debe representar al difunto, para terminarlo como retrato cuando sea vendida la pieza (Lam. I11-3, Fig. 3). Una nueva forma de orantes son aquellas figuras en esta actitud que representan diversos personajes, normalmente santos o figuras del Antiguo Testamento: Daniel, Moisés, Susana, 0 del Nuevo o de la his- toria de la Iglesia —mértires, santos, etc. 2. aber Postal, Ea Duchese, 111. HJOVENES SNL HOMO. ROHA. CATACUM- DANIBL EN 11 1050 BE 105 160. WA. CuBicyo TELA VEMT. NES, CATACUMEK WE 198 C1OB- NOE EN EL BCA -BoMA cork leone UE. PRISCILA, ZAPi- Bon VE HARHOL TINTADO. FOMA. CEMENTEEIO MAYOR. Ja vine FEL NING, sigue FEONOGRATIA ©) Fit AGAPH (Lams, THe yalll-8) Tin el siglo 1 convivian dos formas de realizar los banquetes: sen- Jos comensales en sillas ante una mesa, o bien tumbados en diva- bel rictinlum, dlrededor también de mesas, éstas més pequefias que @1 caso anterior (Lam, III-7. Fig. 1). Generalmente, los divanes ii de madera o de fibrica de ladrillo piedra, y se disponian for. ilo tres lados de un cuadrado de tres dibanes cada uno, dejando el lito lado abierto para facilitar el servicio de la mesa o las mesas. Es- ‘eslructuras presentan un plano inclinado, més elevado por la cabe~ {jue por los pies, y, para mayor comodidad de los eomensales, se cu- Non almohadones y telas. Algunos de los primeros, precisamente {jue bordean el espacio interior, son mas altos para que los comen- les reposen el brazo sobre ellos. Esta descripci6n, quizé algo prolija, iueda clarificada si se estudia detenidamente el dibujo mencionado, ‘I banquete de la vitima cena se celebré en un triclinium, pues no #Xplica en una'mesa c6mo San Juan pudo reclinarse sobre el pecho Seftor, segtin narra el mismo apéstol (Jn XII, 25), Siguiendo este ejemplo, asf debieron de ser las primeras celebra- nes de la Eucaristfa, a pesar de la representacién del sacerdote en pie lun tripode, de una de las capillas de los sacramentos de San Calix- | due estudiaremos mas adelante; y asf se representan en multiples INluras catacumbarias, asociado el triclinium con panes y peces en Klejas sobre la mesa, y cestos de panes y tinajas de vino (alusiGn a la la Eucaristfa, a los dos milagros de la multiplicacién de los panes fi] milagro de las bodas en Cand). Se disponen casi siempre a derecha lvjuierda de la representacién principal, en dos grupos, siete cestos y e Linajas. También los comensales, por lo general, son siete, JonAs (Lams. 111-9, 111-10 y I-11), Abundan en tas catacumbas y en los sarcéfagos las represen- tiones de los pasajes del Antiguo Testamento que narran la historia Ba ICONOGRAPTA, fil AGAPE -7B ICONOGRAPTIA, ti. Acar a i 01k HE NONISACENOS, Vibe, Nisko aegcecne ees ee, PANUCCIO BUNCH! BAWDNELLL POHL, CEMTeD TE PODEE. HEDHI.1FTe. TOMA, CATACUMESA DE PRISCLA. CAPILLA GRIEGA, ©. ee aR del proteta Jon : el profeta es arrojado al mar, tragado por un mons- rla penitencia en Ninive. A continuacién, Jonds se aisla fuera de la ciudad, apesadumbrado porque Dios ha perdonado a Ninive, se construye una cabaiia para protegerse del sol, Yahvé hace crecer sobre ella una planta de ricino en un dia y secarse al siguiente, de forma que Jonés cae desvanecido por el calor del sol. Las escenas siguen la narracién casi palabra por palabra. El monstruo marino que hace surgir Yahvé es muy interesante en sus representaciones: tiene la forma de una gran serpiente con cabeza de dragén, sin antecedentes en el arte clasico ni contempordneo, pues no podemos definir como antecedente a las figuras marinas de caba- los, sirenas o tritones de colas ofidias (Lm. III-H1). En todas las representaciones aparece el profeta sin ropa, quizé para indicar el calor que le hizo perder el sentido, pues nada indica el lexto en este desfallecimiento, truo y devuelto a tierra, donde cumple el mandato divino de predic e) Danie. (Lm. 111-12) Daniel es otro de los personajes repetidamente representados en las catacumbas y en los sarcétagos, en dos versiones: la liberacién de Ja acusacién calumniosa de Susana y entre las fieras del foso de los leones, siendo esta tiltima la mas numerosa, en la que rara vez aparece vestido, seguramente para poner de relieve que los leones no le hicie- ron ningiin rasguiio, como dice el texto. ) ADAN y Eva (Lém, 11-13) ‘También es l6gico que aparezca muy repetida en Ia iconogratia catacumbaria la escena del primer pecado, origen de la muerte. La dis- Posicién de las escenas es siempre la misma, el arbol de Ia vida en el que se enrosca la serpiente, flanqueado por Adan y Eva. Es frecuente uie la actitud de los primeros padres sea la de acusarse mutuamente, 0 uno a otro, Aparecen siempre sin vestidos, menos en la pintura de la catacumba de Via Latina en que estan cubiertos de pieles, después de la expulsidn del Paraiso. La primera representacisn que.ha Hegado hasta nosotros, de prin- cipios del siglo m1, es ta del baptisterio de Dura Europos, y carece del bol de la vida. 0 TOGNOURATIA WnWANiA (Lato, HHT 1) ipifinfa es también frecuente en el arte funeratio, y desde muy ‘i mediados del siglo 11, Los magos, si exceptuamos los de la iegit de Priscila, van cubierios por gorros frigios y vestidos rientales de pantalones amplios y una especie de casaca, & son tres, sal¥o raras excepciones, como en la catacumba de a, de Ia segunda mitad del siglo Iv, en que son cuatro. Consti- Jas primeras representaciones de nuestra Sefiora que conocemos luridad, siempre sentada en un sill6n 0 cétedra, JINAS MAS REPETIDAS DE LA VIDA DEL SENOR (Lim, 111-15 y 111-16) mis frecuentes son: el bautismo del Seffor, el pozo de Sicar, la Win de la hemorroisa, el Seiior rodeado de los Apdstoles, la resur- Ii de Lazaro, la curaci6n del paralitico de la piscina y Jestis ca- jo sobre las aguas. todas estas representaciones, el Sefior aparece todavia como wn. y sin barba. TA AUREOLA (Lams. 111-17 y I-18) Fstamos acostumbrados a ver las representaciones de los santos y én cel Senor y de nuestra Seftora, e incluso de los angeles, con Imbo dorado o un aro del mismo color, que rodea y destaca sus ca- \y podria pensarse que constituye un simbolismo cristiano. No {Las divinidades paganas fueron representadas con nimbos, por 10s hasta el siglo rv d. C.., y lo mismo ocurrié con algunos empe- 3S, atin en vida, sobre todo en algunas monedas. aureola cristiana es de muy al final del siglo 1v, y comienza a rriente en el siglo v, hecho que coincide con al aparicién de ros- Mel Sefior barbados. 1. RETRATO Finalizamos este capitulo con una alusién breve al retrato funera- muy abundante y de gran fuerza expresiva. Muchas de estas repre- iciones son verdaderos retratos, sobre todo en el caso de la pintu- joiras son plenamente funerarias. SHEONOGRAT TAUNTD, SEQUENCIA COMPLETA VE JONAS. ICONOGRAFTA, JONAS: E 11-10 UZELOS 2 TOMA. CATACUNBS oF 10885. (AIAConeA DE Sis i JONAS, JAfigurz ONOGRATTA, DANIEL OMA CATACUN®A DE DOFITILA. CUP DEL BUEN PASTOR, cre, cMAVIA. Bae Iss Si ROMA CATACOMIRA DE PEISCUA. ©.VAS0 DE ROETLAND. JOURNAL OF HELLENC Swit S 150790), 4 TOMA, SAPEOFACO, SANTA TKEIA LA AnTiCua, COPEMHACUE. GLIFTOTEGA Wr CLRLSBEEG, —TEMTONY PPL AR WE YOHUCIO FORAE yoru Saecoraco, MOMACS, AOTIESNSAT Che. A CeAbAR. HYONES bere amp nen Saag ues [apa owasnnnnnn WA GRECA, ANTES DF LA GESTAURACICN DE fu. 3 TOA, CATACUMBA DE 10S SATTOS HARCELINO Y PEDRO. CUBICDLO In. ICONOGRAFTA, ADAN Y EVA “USB TEONOGRAFIA, 1A EPIANIA 4. rota. caTacun BATE VIALATINA. H i COMA CATACUMIBA DE SAN CALXTO, INTRADOS VEU ACOSOLO, SIV DUEA ROROPOS, HATTISTERIO TACELNO “Y FEDRO, a thie nc oN OMA. CSTACOMDA DE MA LATA, CURIEULD DUEA EDEOTOD, DAPTISTERO. ©. Jdliyue. TCUNQGBKA, AUREOLA Ataca, CONSTANTIA. TEAMED DE SFLONY, 7 NEPTUNG, raels HISEO REL LOUVER NOSAIGD, She Le. BA. ZARAGOZA, BODES NOSAICO. IN SITY, Po DONOGRAFIA, AUREOLA HANCWELL. CATACUT BAS UE Com BA om Cusieulo BEL Leos Fass EL S.1V OHA, FREE. 1981 6 SLaiguED. TCONQGRAFIA, RETRATO tor FMEO VE LEAN, SALCOMAGD UE CbEGE | Eon OsTCOnbA IE 105 JOEDANOS,-CRAirE, $V. LPI TE HARHOL POTIA. CATACUNISA UE COM. MODILA. LA TOKANTE itt Ns MOOT Soa DIONYSAS Meyers INIACE OAS . TOMA OSTACUTIBA DF SAW CALITO” CUBIOULO DELOS “Caloue: Sas! ond, CAACOMBA DE § CALIXTO. Sal STG CaviruLo IV LAS CATACUMBAS DE ROMA Ya tuvimos ocasi6n de establecer cémo, en la antigiiedad, las so a las ciudades de alguna importancia fueron flanqueadas por mausoleos, sarc6fagos ¢ hipogcos funerarios. De todas ellas con toda seguridad, Roma la mas rica en este tipo de restos arqueo- ygicos: mds de setenta, si incluimos las catacumbas hebreas junto a cristianas. . DESCRIPCION DEL ELENCO DE LAS CATACUMBAS No pretende ser esta descripeién exhaustiva, pero sf dar una idea ificiente, dentro de las caracteristicas de un manual, del nimero de jacumbas que rodearon la ciudad en los cinco primeros siglos de stra cra, Destacaremos cuatro: San Calixto, Priscila, Domitila y Va- wna, ademas de la de San Sebastian. Dividimos la exposici6n en cuatro apartados correspondientes con jairo Zonas que se ajustan a las cuatro direcciones de la rosa de los ntos (Lams. IV-1 y IV-2). Area Norte rea norte, formada por el espacio comprendido entre las vias laminia y Nomentana, cuenta con 18 cementerios. A lo largo de la Vi Salaria Nova se alinean los cementerios de Priscila y los Giordani, Jos que siguen los de Trasone y Pamfilio, Massimo y dos andnimos. 6 ARQUEOLOGIA CRISTIANA SS En la via Salaria Antica, la catacumba andnima, que se designa hoy con el nombre de la calle en que se encuentra su entrada, via Anapo. A estas catacumbas hay que afiadir el Coementerium Maius, cerca de la via Nomentana, el cementerio de San Valentin, junto a la Flaminia, el denominado ad clivum cucwmenis, uno anénimo, y el de Bassilla, am= bos en la Salaria Antica, el de Massimo y dos andnimos en la Nova, el de Nicomedes, los dos hebreos de Villa Torlonia, el Minus, y el de Alo= Jandro sobre la Nomentana, b) Area sur El 4rea sur, comprendida entre la via Portuense y la via Latina, cuenta con 37 cementerios. La catacumba de Generosa, en la via Por tuense, las de Ciriaca, de Tecla, de Timoteo y de San Pablo Extramu- ras en la Ostiense, En el espacio comprendido entre las vias Ostiense y Appia se encuentra el cementerio de via Campana, dentro de los mu= ros de la ciudad. Los comprendidos en el complejo calixtiano —San Sotero, Balbina, Basileo, Lucina y el propio de San Calixto—. Se completa Ta enumeracién con los grandes cementerios de Comodilla, Domitilla, San Sebastidn y cl menor de Nunziatelta, Estudiaremos la catacumba de San Sebustidin, por ser importante para el conocimiento de los traslados posibles de los restos de San Pe- dro y San Pablo (Lamina IV-3). La basilica constantiniana de San Sebastian se levanta junto a la ‘fa Appia, a unos dos kilémetros de la puerta del mismo nombre. An- tiguamente habfa en este lugar una hondonada llamada ad catacum= bas, probablemente originada por el derrumbamiento de una mina anterior, natural o artificial. En las paredes de este terreno se abrian las entradas a diversas galerfas-de una vasta cantera de puzolana, que dieron lugar a una serie de hipogeos, quiz desde comienzos del siglo 14.C., que fueron desarrolléndose, en direccidn norte y este, hasta el siglo i ‘Ya en el siglo 1 existia una casa de campo, de planta casi cuadrada, de dos pisos distribuidos alrededor de un patio central. La entrada si tuada al oeste daba a una calle estrecha paralela a la via Appia. Se le denomina generalmente la Casa grande. En el terreno que ocupa hoy Ia basflica se encontraba otra, Hamada la Casa pequeita, levantada o, al menos, pintada, entre los afios 230 a 240 a tenor de la decoracién de sus paredes, muchas conservadas bajo la actual iglesia. Siguiendo la cara exterior del muro norte, y avanzando en esta di- recci6n, se alinea una serie de mausoleos del siglo 1, Al final del siglo i, 76 » hn ON aad, gfe a Trae Jum “Sy one i web, force % V2 oid UH a smigoes, MAT ACUMBAS, ROMA at Aitsatioeo, a Proceso Y HAPTINANCD, | SAN BEI, HonTEVEE SP vighin_ eannenaryy Mick zisces 4, MOTeAr RAE 2AM EWOORKIND 8 sum tues uate 4. LIHEED PRL rou, 6. pars Maga cua ‘$5 ARM DE con, OME ENB Ueda 2 rua i ont, 48.178, Sagina, sureeryg oe ABN,” 4b, CERHO ROTONO. 4, [RAED AL AT, 1 TERNAG DECAUALALLA. 1 Leo & rakceuna A. tats, 40 QoWHAL m ATBCAN CPR RTESTW."ALCHEOLOCIA CeISKUN ROAK 4 2 km, x TAN CATACUMMAS DI ROMA {ue cubjerto ef fondo de ta handonada, quiz por un nuevo derrumba- miento, formindose una explanada, situada aproximadamente a unos 9° metros por debajo det pavimento de ta basilica actual. Allfse edificaron les mausoleos, semiexcavados en las paredes del terreno, con fachadas dle ladrillo. A uno dé ellos de ellos se le llama de? hacha por llevar una Fepresentacién de este instrumento en sir frontis. Poco antes del afio 260, quiz en 258, fue elevado el nivel de la explanada unos 6 metros, Cubriendo los mausoleos. Sobre el nuevo plano fue construido un com- plejo cristiano muy simple que se denomina memoria apostolorum, de- limitado al norte por la fila de mausoleos del siglo 1, y al oeste por la casa, que debié de contener por algtin tiempo los cuerpos de San Pedro Y de San Pablo, Més adelante trataremos de todo ello. 0) Area Este Abarca esta érea el terreno comprendido entre las vias Latina y Tiburtina, que, entre las dos, encierran la Labicana, Es mucho menos densa en ntimero de catacumbas que las dos anteriores y no alcanza ‘hinguna de ellas la importancia de los grandes cementerios de las areas primera y segund: Comenzando la relacién por el norte, Io hipogeos de Hipélito, No» \aciano y Ciriaca constituyen un grupo alfededor de la basilica de San grenzo Extramuros. A \o largo de la via Labicana se encuentran: el lipogeo de los Aurelios, dentro de los muros de la vieja Roma, el ce- nterio denominado ad duos lauros 0 de los santos Marcelino y Pe~ io, abundante en pinturas, y 1a humilde catacumba de Zotico. Entre la wit Labicana y la Latina se encuentra solamente una seric de cemente~ Os menores: de Castulo, de Goridano y Epimaco, del Vecchio, de thio Giusto, y de Aproniano. Area orste Comprende el terreno que se encuentra entre las vfas Comelia y lense, dividido en dos por Ia via Aurelia. Ciertamente, es la menos ‘en némero de yacimientos cementeriales y, también, en la impor- ficia de éstos, si exeeptuamos uno, el cementerio vaticano. Ademés del cementerio vaticano, sobre la vfa Comelia, los de Ca- dopio, Due Felici, Proceso y Martiniano, y Ottavila 0 San Pancra- p, en la via Aurelia, y San Félix, Ponciano y Monteverde en la Por- 9 CATACUMBAS, ROMA, SAN SEBASTIAN © ALATASILICA A 2th COPA INELUNDAS tL TADSOLEDS, Le JAPIAIOLETA, 5 SMAPS BEL ‘tomes evan # 1 wbstnica noncena, CRIPTA bb Sin seBAsTiA | “EL T= | : PB conitoio ve ENTRADA - See Jatheaves, GFE ETOMOTTI, CAC. 4M. 2) Bhs 93 FLTESTIM “ARcEOLOGiG CELT, *0.€.%9.241, CTA, 0. WACUMHAS DE ROMA 1, Kl-cementerio vatleano (Lams. IV-4 y 1V-5) Fis propiamente un cementerio de superficie, sin zona catacumba- ‘tla, que clebid de comenzar en los primeros aftos del siglo 1 d.C., 0 i” en el anterior. De é1 conocemos dos filas de mausoleos que for- jin una calle, un columbario, el lugar, de hisioria muy complicada, en Hue estuvo enterrado cl cuerpo de San Pedro, y algunos pormenores mis, in direcci6n practicamente de norte a sur, al occidente de la ciu- ilad de Roma, se suceden las colinas del sistema montaiioso del Jani- ulin. Una de ellas, la mds préxima a la Urbe, se denomina Mons Vticanum'. Entre el monte Vaticano y el rfo Tiber se extiende una Tla- “filira insalubre y de muy poco cultivo llamada Ager Vaticanus. De este fi oeste cra recorrida la Ilanura por la via Cornelia, paralela al rfo Tiber, Hasta el punto en que éste dobla su curso hacia el sur, mientras que la Via permanecfa recta (Lam. IV-5, Fig. 1), A partir de los tiempos de Agripina (14 a, C, a 33 d. C.), la lanura isi deshabitada cobré importancia al decidir la emperatriz construir Ili una villa de descanso, el Hortus Agrippinae. Su hijo Gaio —0 hi, conocido como Giulio Cesare Germénico o Calfgula (12 a 41 i C.), hizo levantar en el extremo occidental de la villa un cifco priva- lo que se extendia a lo largo de la via Comelia y aleanzaba la colina Vaticana. emperador Nerén Lucio Domicio (37 a 86 d. C.) amplis y enri- Iueci6 el circo, de forma que pas6 a ser el segundo de la capital del perio, inmediatamente después del Circo Maximo. Uni6 el Hortus Vippinae con la ciudad por una via y un puente monumental, el jente de Nerdn, de donde partia hacia al norte la via'Triunfalis, atra- undo perpendicularmente la via Cornelia. Al norte de a via Cornelia, casi desde el lugar en que se separa | Tiber hasta legar a las montafias, fueron apareciendo, a partir del lo 1d. C., pequeftas edificaciones funerarias —mausoleos, pirémi js, etc. — e incluso reas cementeriales formadas por tumbas pobres cl suclo y alguna que otra edificacidn. Una de estas areas, precisa- jente la situada més al oeste, recibfa el nombre de cementerio vatica- ip, cle modo que se extendfa a lo largo de la vfa Comelia, casi en toda jlongitud del circo de Nerén. A finales del siglo T fueron enterrados 1. Ch. para to este apna, Alberta Carlo CaRrctcu, La fbrica dS. Peta ame 2v8aLy, ost 278s OWLOoay EERE ‘ONuIMas SnARZ = ‘ONaaaL Waa NOON al | Greer tarctos sm pasaiio. | X. Ph gate ¥,No axciKbe. Ce ae een nee EF. ALBERTO c cansicect Zh Fubte pL ee eer oa et MA VATICANO 20m. 1 ANANIHO, ra om of e! moe. ersten, .couneanoy 3 Acototies S.akbuine, 1 204 Like on tet arcs, Sa. Trtuer ent Tout veers, 1. bE REEL Fle , ge, u.Austune E35 NB 10s aseunos, ADE Le Soot AME Sot caeTEKON HeNoem, raeesrretm beets, Hebe Loswhteties, Ps atest, = ete ios otere- ee yavess Es tecawo ew |? ieee cnrriaie EDELor Atos Pagar bt ‘pavetane, comme to oe ro, rasnue, CBE Sot Hse Ypagette 8, OE Fain Sum, beter fet ei Are ctoruot |o Jesea BAREATACUMIHAS DE ROMA Jog restos mortales le San,Pedro en una humilde tumba de este cemen- terio, Mas adelante entraremos en su estudio. Conservamos unos veinte mausoleos alineados en dos filas, de los ue formaban una de las calles del cementerio, quiz a principal, to- J0s de los siglos 110 u, con posibles enterramientos en su interior del siglo IV. Todos estén edificados sein programas muy semejantes: ali- fheados en la misma acera, adosdndose unos a otros, tienen en el exte fior una fachada de ladrillo visto, con molduras del mismo material, uh puerta y, sobre ella, una lépida con el nombre de su propietario, flanqueada generalmente por dos ventanas muy estrechas. En el inte- fior, decoraciones de pintura, yeso y mosaico, Estudiaremos solamente los mausoleos que pudieron intervenir en Ja confesin de San Pedro (Lm., TV-4) El mausoleo O 0 de Jos Matuccios queda situado bajo la confesién ‘ctial, de forma que la estatua de Pfo VI descansa sobre el abside del muro norte de! mausoleo. Su planta es més compleja que la de los an- teriores: la cella central, con nichos para umnas cinerarias, esti flan- queada por tres corredores que la envuelven por sus lados sur, este y ‘este. El corredor del lado oeste tiene una escalera que asciende hasia uuna entrada lateral mds‘elevada en la falda de la colina. Este muro de enyoltura esta construido, en parte, de opus reticulatum, lo que hace posible el ser fechado a los comienzos del siglo il, lo mas tarde hasta Adriano, muerto en 138. El titulo de la puerta est bastante deteriora- do, pero nos permite saber que el mausoleo Io hicieron para T, Matue- cio Pallanti dos de sus libertos, EI interior se encuentra lleno de tum- bas cristianas mas recientes, quizé debido a la proximidad a la tumba de San Pedro. Muy pronto, o casi al mismo tiempo en que se levant6 el mauso- Jeo O, le fueron adosadios a ta fachada sur dos mausoleos, el T y el U, hoy en muy mal estado de conservacién. Mausoleo T 0 de Trebellena Flacilla, segin la inscripcién de una urna funieraria de piedra colocada en uno de los nichos superiores, imandada realizar por su madre Valeria Taecina. En su interior se en- ccontf6 tuna moneda de tiempos de Constantino. Mausoleo U, anénimo, conserva una bella decoracién de tipo pompeyano. La béveda fue invadida por enterramientos bajo Ia bas{li- ca constantiniana. Mausoleo S, anénimo, muy dafiado pot los cimientos de una de las columnas del baldaquino de Bernini, posterior a O y anterior aT, U y R, se fecha en la mitad del siglo 1, PAN CATACUNIAS DE KOMA Mausoleo R, andinimoy esti: muy deteriorado: su fachada sur ha _dosiparecido por la eonstruceién del abside constantiniano, y el inte- Hor por la cimentacién de otra de las columnas del baldaquino de Ber- fini, Se han podido retirar algunas sepulturas cristianas posteonstanti- Hianas, la tapa de un sarc6fago dedicado a un tal Flavio Agricola de ‘Tibur, del siglo i, y tres sarc6fagos de la época severiana (193 a 235). BI mansoleo dehié de ser consiruido poco después de S, a mediados del siglo 1, y los sarc6fagos fueron llegando més tarde. Mausoleo R’, adosado al precedente, est casi destruido por la imentacién de la Capilla Clementina. Enlosado con opus signinum, fiene una cisterna en el éngulo noreste. Abre una puerta a uno de los {amos de Ia escalera de acceso a Q. Es la Gnica construccién de la ne- ‘erpolis que no tiene la puerta de ingreso orientada al sur. Columbario Q. Bastante destruido por los cimientos de otra de las columnas del baldaquino de Bernini, es una construccién funeraria a Cielo abierto, de dos pisos, con el suelo del inferior cubierto con un mosaico de basalto, con arcosolios y léculos cerrados por losas en las paredes. Su fecha ha de situarse en el titimo cuarto del siglo 1. Espacio libre P, donde se encuentra el enterramiento del cuerpo de San Pedro. Toda la zona comprendida entse.R, R”,S.y O,serd estudiada con detenimiento mas adelante. El origen de todos es pagano, aunque algunos fueron utilizados para conservar cuerpos de cristianos, y también, algunos, recibieron una decoracién cris ‘seguramente posterior a su construccién. ‘Al ocuparnos de la historia de la tumba de San Pedro volveremos sobre este tema con mayor detalle en lo que interesa a la arqueologia cristiana. ‘SECOIGH TRANSVERSAL NORTE -SUE, > 18 908 CALES PeNCIFALES DE BUSOLEOS BFRELACION ConEL CIECD TL RASiLice COUTTANTINLANE, us ce FTAnO 1 Vida Be scarring, ea B. PRINCIPALES CATACUMBAS DE ROMA ‘Tres son las catacumbas mas importantes de la Ciudad Eterna, tanto por su extensién como por el interés y-antigiledad de sus restos ar- ueoldgicos e historicos: las de Priscila, de Domitila y de San Calixto. a) CaTACUMBA DE PRisciLa (Lém. IV-6) Es una de las catacumbas mayores de Roma, distribuida en dos ni- veles, el superior de los siglos ily tt, y el inferior del siglo tv 0, a lo ANCE NBA, ROMA, PRISCILA BUEN pAsToR. cvrroraerico + APU GHEGA ' IV. Tt tMerN To NIVEL 1. ALtieann Aer04L { | — B.SALIDA scTUAL., | SN an ates: 4 ‘rechtcone wo tae ae oeaio nn f 4 we Ra lel + Ao LRG HARTGE UNBAN 1K ROMA finales det ni, Hoy tleue su entrada en ta via Salaria n.° 430, pero iiiente &t cementerio de Priscila estuyo constituido por diversos js Cementeriales y citacumbarios independientes, con entradas y Was propias cada uno de ellos. De los enterramientos y mausole- dite libre que cubrian una gran extensién apenas queda rastro Jas realizaciones bajo ticrra, dos zonas se remontan al siglo U Jmera (Lam. 1V-7), constituida por el primitive hipogeo eo le Ja matrona Priscila, esta formado por dos grandes galerias en tind de ellas abovedada, ef llamado criptopértico, algunos cu- Yun aula cultual denominada capilla griega, por dos inscrip- este idioma que se encuentran en ella; la segunda, por el hi- de.Jos Acilios, Pronto debieron de comunicarse las dos. Probablemente, la propietaria, Priscila, cedié a la Iglesia un terre- iiuado al sur y al este de su hipogeo, que incluia un gran arenario, Ii se forms una gran catacumba casi exclusivamente cristiana, con ia propia, que lena el siglo IIL. A finales es este siglo debieron de lar ya incluidos en un solo hipogeo los niicleos anteriores, con la liacién del hipogeo de los Acilios, y, ya en el 1v, comenzé la exca- in del segundo nivel. El criptopértico y sus ambientes anejos (Lam. IV-7) constituyen Wi Organizaci6n semejante a la que tuvieron los edificios de superfi- ip destinados a los refrigerios y cultos funcrarios. Esta en parte exca- lo en el tufo y en parte construido de mamposterfa y ladrillo, espe- limente las bévedas de cruceria que lo cubren, No tiene decoracién elorica La capilla griega (Lams. IV-7 y IV-8) esté formada por un peque- espacio rectangular cubierto por béveda de cai6n, partida por un 0 itansverso, y rematado en la cabecera por tres absides, quizé no favados todos en el mismo tiempo. Un banco corre a lo largo de la J sure invade el abside de la cabecera norte. Originariamente debié de ser pagana, quiz4 destinada solamente a banquetes funerarios, pero, en la primera mitad del siglo 11 fue ce- ido el dbside del fondo con una pared, precisamente la que contiene is dos frases griegas, y cubiertas las superficies de sus paredes y de su veda por piniuras cristianas. Todos los paramentos de la capilla, asf omo la béveda, estan pintados, las zonas bajas imitando un z6calo de Marmol, las altas y la boveda con escenas de la Sagrada Escritura y {ina liturgica, todas contempordneas, muy probablemente pintadas por iv misma mano. Ademds, el elenco de estas pinturas cubre, en una bue- fa parte, la temética que sera propia de toda Ia pintura catacumbaria ‘hasta el siglo v, dando testimonio de un hecho verdaderamente impor- ies 87 [A cemrorcencco, |B. caruis ceicck, CLNINFEO| WitogEo $F Las ACHIO® B.ENTEEDG PRAMLTI WEL HIPOGKO, E.guToApe pemrens O8 PRrson6, F Gauebla Paice G @ONCLID PINRO DE feo AMPACIOW EPNA FLAVA, | ‘cusieulo DEL ANoe.Y PSYCHE. SSCMLERA QUE LENA AL WHEL TS ABO, A UH ALLIBS. VEL | ——HIVEL tL copa i ieee eee Aihiouse ~ATACUMBAS, DOMITILA LAS EATACUMHAS DE ROMA Mestinadas a albergar sare6fagos. Todo el conjunto estuvo pintado con \| ‘coracidn de famas de vides y adornos geométricos de listeles rojos Apbre fondo blanco, Aunque fue en origen pagano, aparecen algunas yccnas del Antiguo Testamento, como las de Daniel y de Nog. Hoy se Feeonoce bien la pintura, pero esta muy deteriorada. Muy poco tiempo después fue afiadida a la entrada una construc- ‘eién de ladrillo rectangular, a modo de. vestfbulo con dos bancos late- fales, y algo mds tarde, una sala destinada a banquetes funerarios de planta’ angular, adosada a la falda de Ja colina, a la derecha del vestfbu- J, cubierta'con béveda de arista, con un pequeio habiticulo de. uso desconocido. En cambio, sf sabemos para qué fue edificado el habita- culo del lado derecho: para alojar el brocal de un pozo de once metros dle profundidad y un depésito, que se lenaba de agua, elevindola a fuerza de brazos; y corria a través de un cafio de plomo, todavia hoy in situ, de af se recogfa en las dnforas que habfan de transportarla hasta Jos comensales. | ‘Todo el ambiente estuvo pintado con un z6calo rojo hasta un me= tro y medio de altura, y listeles, también rojos, Tormando paneles que cen l centro Tlevaban pequeiias decoraciones florals, : El conjunto completo es de la mayor importaneia, pues eonstituye uno de los restos mejor conservados de Ia organizacion funerari eX Sv BA ee tema de los hipogeos, tanto paganos como cristianos, EFITAFIO DEL AcRIEEO, Bre 7 ‘Al construir la sala en dngulo (B) qued6 unida a un cubfeulo antes existente, que debfa de tener entrada propia desde la falda de la colina, decorada con figuras pequefias del Amor y Psyche, con la clasica divi- sidn de paneles del siglo 11 ya aludida. Pasaremos ahora a describir otros elementos interesantes de la ca- tacumba de Domitila. Sin alejarnos mucho de la zona de los Flavios, encontramos una escalera (Lam. IV-10, Fig. 2. E. 1-h, Lams. IV-L1 y IV-16), que atravie- i} sa cuatro niveles de la catacumba y lleva, atin mas profundo, hasta un | depésito de agu: Todo lo que sigue puede localizarse con facilidad en las léminas 1V-10 y IV-11. También en una zona cercana, en direccién este, se hallan los cu- biculos llamados, el primero, de lox Apdstoles pequerioy debido a un ‘OSOlio que les representabs en el intradds de su arco, en torno a la irae Salvador; ElTuneto debia de contener el retrato orante del di- funto inelvido en un recuadro, hoy perdido, mientras que se conservan muy bien Jas figuray.e San Pedro y de San Pablo que Planquean dicho eves ts ellie | BOVEDA DE Un CUBICLLO RAGA, Ho. Guzx con Escena CeneaL, DE INCIACISN BX LOS MISTEEIOS, ea : > CALCRIAS RITTRERAMNIHTOS 3x LOS S. 0-H, TERSOMAUE, Pur FOSIBLENENTE FE PLACLTA- LA TRIHITIVA CAPLA DE 108 SanTOS MERLOT AQuiLtO, HINO, QUE SERAWA La cou, IA IGLESIA SEMMIROGEA DE MIMALES DB. 9.1V 034 68, 00. aaifucurz, _—'' Muy cereano a dste se encuentra el eubfeul del foxor Didgenes. ‘Tuvo Ia figura del tosor realizada en mosaic, hoy pend, asf como la dedicatoria de su tumba, conservada, pero 'no en su lugar original «DIOGENES FOSSOR IN PACE DEPOSITUS OCTABV KAL DAS OCTOBRIS». Ambos son del siglo w. Al sur de Ia resi6n de los Flavios-Aurelios, siempre en el nivel I, Se encuentra’ el cubfculo de Eulalio, ricamente decorado con dibujos geométricos y vegctales en Cita roja, y, avin mas al sur, junto al lucer hatio, el cubiculo del Buen Pastor, del siglo tn, con esta imagen en e] {echo yet Testo décorado al estilo pompeyano de listeles verdes y roj08 formando paneles sobre fondo blanco, y pequefas figuras, aludido ya varias veces, N- Recorriendo ahora un tramo de galeria hacia el oeste, también en el nivel, muy cerea de la escalera de la Tor Mavancia, se encuentra el cubiculo de David, con esta figura del Antiguo Testamento pintada en el béveda, como un joven que porta la honda, tnico caso en que apa ce ast en toda la pintura catacumbaria, Ademés, contiene representa- iones de los tres j6venes en el horno, de dos santos con el rollo de la {Ley en la mano cada uno de ellos. La decoracién es la misma pompe= yana eonocida, pero con un z6calo bajo algunos arcosolios que imita tmarmol amarillo. Bajando ahora al nivel Il, y comenzando por el ex. {remo sur, se encuentra el cubiculo de Orfeo, En el luneto del arcose. del fondo se halla la imagen de Cristo como Orfeo que amansa las fleras con la miisica de su flauta, Sobre el frente del arcosolio apare= cen, ademés, las representaciones de Moisés anie la roca que mand agua y el profeta Micheas, En una de las jambas de la entrada, por la arte de adentro, se encuentra una de las raras figuras de David senta. do (Lam. IV-11). Algo més al norte, junto a la gran galeria que forma el eje prin- Cipal de todo el segundo nivel, aparece el arcosolio del Colegio Apos- {élico (Lém. I-15, Fig. 3), de comienzos del siglo iv: Jesucristo, Joven, sc sienta en un sillén de amplio respaldo, entre los Doce Apés. ‘oles. El respaldo del sill6n es verde con estrellas o flores rojas. Tanto cl Sefior como los Apéstoles visten tiinicas blancas con clivus negro. ELarco que limita cl campo de fondo es azul, rojo y rojo burdeos,