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N o 25/2007 6,50€ Pensamiento mágico • Luis Simarro • ¿Cuándo podemos hablar de muerte?
N o 25/2007
6,50€
Pensamiento mágico
• Luis Simarro
• ¿Cuándo podemos
hablar de muerte?
• Integración sensorial
• Neuroprótesis
interactivas
• Desarrollo
de la mente moderna
Julio/Agosto 2007
0 0 0 2 5
9 771695 088703

SUMARIO

Julio / Agosto de 2007 Nº 25

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36

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Desarrollo de la mente moderna

Cameron McPherson Smith La convergencia de psicología y arqueolo- gía permite ir descifrando los pasos segui- dos por la evolución del pensamiento.

Integración sensorial

Christoph Kayser El ser humano dispone de cinco sentidos. Para percibir el entorno de forma integral, deben cooperar e incluso, a veces, fundirse entre sí.

Los niños olvidados

Mila Hanke La proporción de pacientes psiquiátricos con hijos es muy alta en Occidente. Pese a ello, se ha venido subestimando la reper- cusión de la enfermedad psíquica de uno u otro de los progenitores en la descenden- cia. Ofrecemos un retazo de una vida entre la normalidad y la locura.

Neuroprótesis interactivas

Frank W. Ohl y Henning Scheich Desde hace tiempo se vienen aplicando im- plantes oculares y auriculares. Pero, ¿qué hay de las prótesis cerebrales? Se trata de una idea a la que es difícil acostumbrarse, aunque viable.

Pensamiento mágico

Peter Brugger Las personas con inclinación por lo extra- sensorial producen frecuente desconcierto en los ensayos experimentales. No sólo descuellan en algunos tests de creatividad, sino que perciben su entorno de una forma peculiar.

¿Cuándo podemos hablar de muerte?

Yvonne Raley Cuando una persona ha dejado de poder realizar sus funciones cerebrales decimos que está muerta desde el punto de vista clínico y jurídico. No importa que su tórax responda a la acción del aparato de respi- ración asistida o siga latiendo su corazón. ¿Qué relación guarda el reconocimiento de la muerte con la donación de órganos?

asistida o siga latiendo su corazón. ¿Qué relación guarda el reconocimiento de la muerte con la
asistida o siga latiendo su corazón. ¿Qué relación guarda el reconocimiento de la muerte con la
asistida o siga latiendo su corazón. ¿Qué relación guarda el reconocimiento de la muerte con la
2 6 Riesgos quirúrgicos y denuncias judiciales Katrina Firlik Para un neurocirujano valorar los riesgos

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Riesgos quirúrgicos y denuncias judiciales

Katrina Firlik Para un neurocirujano valorar los riesgos de una intervención y comunicárselo al paciente puede ser tan complicado como la cirugía misma.

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Dormir para recordar

Matthew P. Walker Nuestro cerebro necesita dormir antes y después de aprender nuevas cosas, indepen- dientemente del tipo de memoria de que se trate. Las siestas nos pueden ayudar, mien- tras que la cafeína no es un buen sustituto.

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Bases biológicas de la aritmética elemental

Stanislas Dehaene Primates y humanos disponen de neuronas especializadas en números. Tales células habrían dotado a la especie humana de la intuición de número, concepto sobre el que se sustentaría el constructo cultural que son las matemáticas.

El sexo del cerebro

Antonio Guillamón y Santiago Segovia El cerebro se diferencia sexualmente durante períodos críticos.

SECCIONES

ENCEFALOSCOPIO

5 Con la otra mano. Mente pródiga. Frenos mentales. Anes- tésicos de mayor tamaño molecular. Daños cerebrales y

inesperado. Apueste a lo

opciones morales. Algo, hum que está pensando

,

RETROSPECTIVA

8 Luis Simarro Lacabra (1851-1921) Las técnicas de tinción de la Escuela Histológica Española

técnicas de tinción de la Escuela Histológica Española E NTREVISTA 43 Owen Holland Cuando la técnica

ENTREVISTA

43 Owen Holland Cuando la técnica se adelanta a la ciencia

MENTE, CEREBRO Y SOCIEDAD

45 Ludopatía cibernética. Cooperación activa del paciente psiquiátrico. ¿Hacia una “neurohermenéutica”?

psiquiátrico. ¿Hacia una “neurohermenéutica”? P UNTO DE MIRA 84 Morir forma parte de la vida ¿Existe
psiquiátrico. ¿Hacia una “neurohermenéutica”? P UNTO DE MIRA 84 Morir forma parte de la vida ¿Existe

PUNTO DE MIRA

84 Morir forma parte de la vida ¿Existe una definición unívoca de muerte, basada en el fa- llo cerebral? Dialogan sobre la cuestión Dieter Birnbacher y Wilfried Härle.

ILUSIONES

88 Camuflajes y percepciones El camuflaje en los peces y otros animales proporciona cla- ves para comprender la percepción visual.

proporciona cla- ves para comprender la percepción visual. S YLLABUS 91 Circuitos en el sistema límbico
proporciona cla- ves para comprender la percepción visual. S YLLABUS 91 Circuitos en el sistema límbico

SYLLABUS

91 Circuitos en el sistema límbico Horno de emociones, diario de actividades y puerta al mun- do de los olores, todo eso es el sistema límbico.

LIBROS

94 Del experimento en psicología

DIRECTOR GENERAL José M.ª Valderas Gallardo DIRECTORA FINANCIERA Pilar Bronchal Garfella EDICIONES Juan Pedro Campos

DIRECTOR GENERAL

José M.ª Valderas Gallardo

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Pilar Bronchal Garfella

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REDAKTION: Dr. Katja Gaschler, Dr. Hartwig Hanser, Steve Ayan, Sabine Kersebaum, Annette Leßmöllmann (freie Mitarbeit), Dr. Andreas Jahn

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REDAKTIONSASSISTENZ:

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GESCHÄFTSLEITUNG:

Markus Bossle, Thomas Bleck

COLABORADORES DE ESTE NUMERO

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MARIÁN BELTRÁN: Desarrollo de la mente moderna, Riesgos quirúrgicos y denuncias judiciales; DAVID BARBERO: Integración sensorial, Neuroprótesis interactivas; F. ASENSI: Los niños olvidados; ANGEL GONZÁLEZ DE PABLO: Pensamiento mágico; JUAN AYUSO: Cooperación activa del paciente psiquiátrico; DAVID COSTA: Dormir para recordar; LUIS BOU: Bases biológicas de la aritmética elemental, Encefaloscopio; I. NADAL: ¿Cuándo podemos hablar de muerte?, Punto de mira, ¿Hacia una “neurohermenéutica”?; J. VILARDELL: Encefaloscopio; ALEX SANTATALA:

Entrevista, Ludopatía cibernética; JOANDOMÈNEC ROS: Ilusiones;

IGNACIO NAVASCUÉS: Syllabus

R OS : Ilusiones ; I GNACIO N AVASCUÉS : Syllabus Portada: Christian Barthold / Gehirn

Portada: Christian Barthold / Gehirn & Geist

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ENCEFALOSCOPIO

Con la otra mano

C onsiderado el fenómeno desde un enfoque positivo: al envejecer, nos

volvemos más ambidextros. Desde otro negativo: el desarrollo de la nueva des- treza se debe a la rapidez con la que la mano dominante pierde su habilidad. Investigadores de la Universidad del Ruhr en Bochum y del Instituto de Tecno- logía de California hicieron pruebas con 60 voluntarios que se declararon diestros.

A mayor edad de los probandos, menor éxito tenían en las pruebas de eficiencia motora de su mano derecha, la dominante. El rendimiento de la mano izquierda no disminuía de una manera tan drástica con la edad. Cabría pensar que la mano dominante resistiría a la degeneración mejor que la otra, dice el director de la investigación, Hubert R. Dinse, de la Universidad del

de la investigación, Hubert R. Dinse, de la Universidad del Ruhr en Bochum. Dado que sucede

Ruhr en Bochum. Dado que sucede lo contrario, algo ha de ser responsable del declive. Dinse lo atribuye al desgaste y deterioro de la mano con el tiempo. En un segundo experimento, que se ve- rificaba el uso de la mano, 36 voluntarios realizaron en su casa tareas domésticas portando sensores que detectaban cuál de las dos manos estaba en movimiento en un instante dado. Los sensores indi- caban que, mientras los individuos más jóvenes preferían utilizar su mano domi- nante, los de más edad utilizaban ambas manos por igual, incluso sin saberlo. “Todos los sujetos declararon que eran estrictamente diestros”, explica Dinse, por la razón probable de su costumbre de autodeclararse así y porque seguían escribiendo con la mano derecha. Para esclarecer las causas de tales cambios, Dinse recurrirá a las técnicas de formación de imágenes para comparar los cambios que experimenta la activación cortical en el cerebro con el transcurso de los años. Investigaciones anteriores han hecho ver que el hemisferio izquierdo, responsable de la mano derecha, es más activo en adultos jóvenes diestros, por lo que el envejecimiento podría inducir una reducción en la activación del he- misferio izquierdo o una intensificación en el derecho.

—Melinda Werner

Mente pródiga

N uestra mente está construida para vagabundear. A esa conclusión acaba de llegar un trabajo en el que se sos-

tiene que tenemos una red de regiones cerebrales dedicadas al pensamiento errabundo, red que se conecta o desconecta dependiendo de lo atentos que hayamos de estar en la reali- zación de las tareas. Por investigaciones anteriores se sabía que esa red “por defecto”, integrada por siete regiones cerebrales, entra en servicio en cuanto estamos en reposo: mientras miramos la televisión o contemplamos una puesta de sol. Se desconocía la función que pueda cumplir esta libertad para que la materia gris se entregue a sus antojos. Ahora, Malia F. Mason y su equipo, de la facultad de medicina de Harvard, han encontrado que las tareas monótonas, poco interesantes o carentes de dificultad ponen en marcha la red “por defecto”. Su labor consistió en escanear el cerebro de va- rios sujetos mientras se evaluaba su capacidad para recordar secuencias breves de letras. Cuando hicieron la prueba con un conjunto de letras ya conocido, en el que los voluntarios habían sido entrenados durante días —¡qué aburrimiento!— sus redes de fantaseo en vigilia se pusieron en quinta velocidad. En cambio, cuando tenían que concentrarse en clasificar nuevas combinaciones de letras, las redes quedaron en reposo. Esta pauta coincidía con las manifestaciones subjetivas que cada

sujeto iba expresando sobre cuándo su mente se distraía de las tareas. “Hacemos sin cesar cosas poco interesantes”, dice Mason. Y señala que el fantaseo diurno no siempre es frívolo. “Casi todo el mundo manifiesta que se dedica a pensar o a proyectar su futuro, y eso es extremadamente adaptativo”. —Mason Inman

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Frenos mentales

¿ Q ué le impide pulsar la tecla que enviaría esa carta elec- trónica en que le echa una bronca a su jefe? Tres áreas

del cerebro conectadas por caminos directos. Un grupo de científicos de la Universidad de California en San Diego pidie- ron a los participantes que planearan una acción, esperaran a

oír una señal de parada y decidieran si obedecerla o seguir su propio plan. Las imágenes cerebrales revelaron que, durante breves milisegundos, se activa un circuito de frenado neural,

el tiempo justo para que los participantes decidan. La corteza

parietal inferior envía la señal de frenado al núcleo subtalámico del mesencéfalo, que detiene la actividad motriz. Una tercera

área, la zona motriz presuplementaria, inicia el plan que detiene

o continúa la acción. Entre las zonas no existen sinapsis, lo que

facilita la comunicación directa. El conocimiento de ese circuito podría socorrer a los pacientes de trastornos motores, como el de la enfermedad de Parkinson, cuyos cerebros a veces parecen haberse agarrotado en la función de parada.

—Thania Benios

Anestésicos de mayor tamaño molecular

L os anestésicos pueden instigar en el cerebro los mismos cam-

bios moleculares que se han obser- vado en la enfermedad de Alzheimer. Personas mayores mentalmente muy lúcidas han sufrido graves deterioros

cognitivos tras pasar por el quirófano

o por otras actuaciones que exigen

anestesia, afirma Pravat K. Mandal, de la Universidad de Pittsburgh. “No se sabe cómo sucede”. Mandal ha acometido el estudio de la interac-

ción entre ciertos anestésicos y pép- tidos cerebrales, posible causante de los problemas cognitivos. Aunque nos hallamos lejos de ha- ber desentrañado la enfermedad de Alzheimer, se sabe que comporta la formación cerebral de placas ami- loides. Estas estructuras proteíni- cas fibrosas aparecen cuando los péptidos beta-amiloides empiezan

a agregarse en grumos. En traba-

jos anteriores se ha revelado que la mezcla en un tubo de ensayo de anestésicos y de beta péptidos amiloides hace que los péptidos se adhieran entre sí con mayor facilidad de la normal. Mandal, valiéndose de la espec- troscopía por resonancia magnética nuclear (RMN), ha sondeado las in- teracciones entre diferentes anesté- sicos y péptidos beta-amiloides. Ha

diferentes anesté- sicos y péptidos beta-amiloides. Ha Los anestésicos entrañan riesgos para los pacientes de

Los anestésicos entrañan riesgos para los pacientes de edad.

descubierto que cada molécula de halotano, anestésico que se admi- nistra por inhalación, se liga en el seno de una cavidad del péptido; al provocar así su cambio de for- ma, facilita la agregación con otras moléculas peptídicas. El halotano era el anestésico que presentaba mayor efecto de agrupamiento; pero no suele aplicarse ni en Europa ni en Norteamérica. Otros dos anes- tésicos, el isoflurano y el propofol, provocan también agrupamiento, si bien su efecto no es tan intenso. Un tercero, el tiopental, no provo- ca agrupamientos de ningún tipo, porque su molécula es demasiado grande para alojarse en la concavi- dad del péptido. Mandal advierte que estos anes- tésicos y estos péptidos pueden tener un comportamiento muy di- ferente en el cerebro, por lo que ahora proyecta buscar los mismos efectos en un modelo del mal de Alzheimer en ratones. Si la causa del declive cognitivo fuesen los enlaces de péptidos, cabría pensar en el di- seño de un anestésico que se ligue al péptido beta-amiloide de un modo que impida su agrupamiento, para así proteger a los pacientes durante la intervención quirúrgica. —Kurt Kleiner

Daños cerebrales y opciones morales

¿ C uánto dudaría usted en empujar a alguien ante un tren a toda marcha para impedir que éste mate a otras cinco

personas? La respuesta sería que nada en absoluto si pade- ce usted de una lesión en la corteza prefrontal ventromedial (CPVM), una zona del prosencéfalo asociada a las reacciones emocionales. En cierto ensayo reciente dirigido por Antonio Damasio, los voluntarios quedaban expuestos ante situaciones de esa índole. Se comprobó lo siguiente: los sujetos que pade-

cían alguna lesión en la CPVM mostraban una propensión tres veces mayor que los sanos a lanzar a una persona a una muerte

cierta para el bien de la mayoría. En otra situación parecida, los pacientes de CPVM se mostraron cinco veces más propensos

a justificar el ahogamiento de un bebé. Para Damasio, los pa-

cientes no son amorales sino que parecen carecer del natural conflicto entre emociones y razón.

—Nikhil Swaminathan

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CORBIS

Algo, hum

,

inesperado

suelen merecer desdén. Injustamente. Le hacen un favor

a sus oyentes. Investigadores de las universidades de Edimburgo y de Stir- ling han medido la actividad cerebral para evaluar el grado de comprensión de los oyentes. Inmediatamente después de la audición de palabras, la actividad cerebral del oyente decae en picado. Según ese trabajo, cuanto mayores las espigas de dicha actividad, más difícil le resulta al oyente situar las pala- bras en contexto. Se midieron tales espigas en 12 voluntarios, después de que éstos oyeran cuatro combinaciones de frases, que contenían tanto palabras finales predictibles como impredictibles, y en las que era emitida en unos casos, y en otros o no, un sonido “euh” justamente antes de la palabra diana. Se observó que un “euh”—sobre todo si era oído antes de una palabra impredic- tible— producía un acortamiento en las espigas de actividad cerebral en los oyentes, lo que sugería que la sílaba de marras les servía de ayuda a los probandos para situar más fácilmente las palabras en contexto. A continuación, los científicos verificaron cuáles eran las palabras diana que se recordaban mejor. “Las palabras que iban precedidas por este balbuceo tenían mayor probabilidad de ser más tarde reconocidas con precisión”, dice Martin Cor- ley, profesor en Edimburgo y uno de los autores del estudio. Aunque se ignora la razón de que los “euh” ayuden al oyente a comprender y recordar, tal vez se deba a que le previenen de que a continuación viene algo inesperado.

—Melinda Werner

L os hablantes que abusan de rellenos como “hum

y “euh

os hablantes que abusan de rellenos como “hum ” y “euh Apueste a lo que está

Apueste a lo que está pensando

D e muchas de las tareas que nuestro cerebro realiza ni nos percatamos. En cambio, guardamos conciencia clara de

otras. A veces, les resulta difícil a los neurocientíficos determinar cuándo somos conscientes de nuestros actos. ¿Podrían servir las apuestas para el estudio de la consciencia? Navindra Persaud, Peter McLeod y Alan Cowey, de la Univer- sidad de Oxford, se habían aprestado a investigar las situacio- nes en la que los individuos pueden mostrar un alto grado de habilidad cognitiva sin que se aperciban de ello. En uno de los ensayos se centraron en GY, quien, por haber sufrido lesiones en su corteza visual, asegura que carece de visión en el ojo dere- cho. Pero GY posee una inusita- da facultad, denominada visión a ciegas: conjetura con razonable acierto si a ese ojo se le está o no mostrando un determinado símbo- lo, a pesar de que declara no tener conciencia de verlo. La cuestión que seguía pendiente era la de si

el sujeto tenía en algún momento

conciencia de su habilidad. Los investigadores le solicita- ron que, tras cada corazonada, hiciera una de estas dos apues- tas: una libra o media libra. Si la corazonada resultaba correcta, la

cantidad apostada le era suma- da a sus ganancias; en cambio,

si era errónea, le era detraída. GY tendría así un incentivo dinerario para ser consciente de cuando conjeturaba correc- tamente y apostar fuerte en tales ocasiones. Pero aunque GY acertaba en un 70 por ciento de las veces, sólo hacía apuestas fuertes en alrededor de la mitad de las veces, es decir, casi al puro azar. Esta disociación entre los logros cognitivo y apostador resulta sorprendente, porque en cierto modo, la decisión sobre la cuantía de las apuestas es muy parecida a la de afirmar “sí” o “no” sobre la visión de un objeto. Tamaña desconexión entre las facultades de GY en la visión a ciegas y su éxito al apostar inducen a pensar que las decisiones sobre apues- tas son de un tipo especial, pues el éxito en las apuestas parece exigir conciencia de la realiza- ción propia. Persaud y sus colegas han utilizado ya este vínculo para medir el grado de alerta en voluntarios sanos. “Tenemos la esperanza de combinar (el test de la apuesta) con técnicas de formación de imágenes y de grabación”, expresa. Ello pudie- ra hacer factible la identificación del esquivo circuito neuronal que codifica la consciencia. —Kaspar Mossman

del esquivo circuito neuronal que codifica la consciencia. —Kaspar Mossman Mente y cerebro 25/2007 7

RETROSPECTIVA

Luis Simarro Lacabra (1851-1921)

Las técnicas de tinción de la Escuela Histológica Española

José María López Piñero

N acido en Roma, Simarro era

hijo del pintor valenciano

Ramón Simarro Oltra, quien

entonces estaba pensionado en la ca- pital italiana. Quedó huérfano a los tres años en trágicas circunstancias:

su padre murió muy joven, víctima de la tuberculosis pulmonar, y su madre, trastornada por el fallecimiento, se suicidó. Acogido por un tío mater-

no, tuvo una educación muy cuidada. Estudió, lo mismo que Peregrín Ca- sanova y otros médicos darwinistas valencianos, en el Instituto Provincial de Segunda Enseñanza de Valencia, y desde su adolescencia fue influi- do, además, por el círculo en torno a Vicente Boix Ricarte, catedrático de dicho centro y personalidad destacada del liberalismo progresista. Tras obte- ner el título de bachiller, en diciembre de 1867, por recomendación de Boix

comenzó a dar clases de historia na- tural en el Colegio de San Rafael, pero fue expulsado por los religiosos que lo regentaban cuando descubrie- ron que estaba leyendo a Darwin y quizá difundiendo sus ideas. En el otoño de 1868, coincidiendo práctica- mente con la revolución democrática, ingresó en la facultad de medicina, en la misma Valencia, donde tuvo entre sus maestros al naturalista Rafael Cis- ternas Fontseré y al clínico Joaquín

Serrano Cañete, ambos darwinistas, quienes contribuyeron a profundizar

su adhesión al evolucionismo. Por otra

parte, se integró plenamente en el am- biente revolucionario, significándose muy pronto como un radical desde el punto de vista político e intelectual.

Fue uno de los dirigentes de la juven- tud republicana local, estuvo en las barricadas durante el levantamiento de 1869, dio cursos sobre higiene laboral en el Centro Republicano de la Cla- se Obrera (1870-71) y publicó en el Boletín-Revista del Ateneo Científico y Literario una vibrante defensa del positivismo (1872). Resultó inevitable su enfrentamiento con los profesores de ideología política conservadora o meramente reformista, uno de los cua-

les, el cirujano Enrique Ferrer Viñerta,

le suspendió, a pesar de ser el alumno

más brillante del curso. Para terminar la carrera, Simarro se trasladó en el otoño de 1873 a Madrid, donde entró en relación con Pedro González de Velasco. Trabajó en el laboratorio micrográfico de su

Museo Antropológico, enseñó en la Escuela Libre de Medicina y Ciru- gía que allí funcionaba y fue redactor de su revista El Anfiteatro Anatómico Español. Por otra parte, completó su formación asistiendo a las sesiones de la Sociedad Histológica Española que había fundado Aureliano Maestre de San Juan. En 1876, al comenzar

a funcionar la Institución Libre de Enseñanza, se encargó de dar en

ella cursos de divulgación científica

y de fisiología del sistema nervioso. El mismo año, ganó una plaza en

el Hospital de la Princesa y duran-

te el siguiente fue nombrado director

del Manicomio de Santa Isabel en Leganés. En esta última institución chocó bien pronto con las autorida- des eclesiásticas, que le obligaron finalmente a dimitir en 1879. En sus publicaciones, cursos y conferencias de estos años anteriores a su estancia

1. LUIS SIMARRO trabajando en su laboratorio con un grupo de discípulos. En primer término, un frasco de bicromato potásico, empleado en el método de Golgi. Oleo de Joaquín Sorolla (1897).

en París, Simarro se presentó como un seguidor del darwinismo, influido principalmente por la obra de Haeckel. Aparte de cuestiones generales y teó-

ricas, se ocupó, desde una perspectiva evolucionista, de temas concretos de anatomía comparada, embriología e histología, sobre todo del sistema ner- vioso, basándose especialmente en los trabajos de Haeckel y Gegenbaur. Desde 1880 a 1885, trabajó en París junto a Mathias Duval, Louis Antoine Ranvier, Jean Martin Charcot y Valen- tin Magnan. El primero confirmó su adhesión al darwinismo, tema sobre el que siguió publicando trabajos y pronunciando conferencias. Ranvier, además de perfeccionar su ya notable preparación de micrógrafo, le orientó de modo definitivo hacia la neurohis- tología. Charcot y Magnan fueron los principales responsables de su poste- rior orientación como neuropsiquiatra. Durante este período parisino, Simarro ingresó también en la masonería, poco después de que Cajal lo hiciera en Zaragoza. De regreso a Madrid, Simarro ejer- ció privadamente la neuropsiquiatría, siendo como clínico un fiel seguidor de las doctrinas de Emil Kraepelin, que combinó con los puntos de vis- ta de sus maestros en París. Prestó especial atención a la relación entre

la psiquiatría y el derecho penal, par-

ticipando en numerosos casos, como

el célebre del psicópata Cayetano Ga-

leote, asesino del obispo de Madrid (1886). Encabezó la oposición de los médicos españoles a las teorías de Enrico Ferri y Cesare Lombroso, a pesar de lo cual, colaboró con los juristas partidarios de las mismas para promover la fundación de la Escuela de Criminología (1903), en la que fue profesor de psicopatología. De acuerdo con los supuestos de su mentalidad como neuropsiquiatra, mantuvo un interés primordial por dos

disciplinas básicas: la neurohistología

y la psicología experimental. Nicolás

Achúcarro y Gonzalo Rodríguez La- fora, sus principales discípulos, cul- tivaron igual que él la psiquiatría y

la investigación histológica, mientras que otros, como José Sanchis Banús

y José María Sacristán, se dedicaron

casi exclusivamente a la clínica. En 1902 ganó por oposición la cátedra de

psicología experimental de la Univer- sidad de Madrid, primera de su clase en España, y después creó una funda- ción que ha tenido un triste destino. Fue el principal impulsor de que en 1907 se organizara la Asociación Española para el Progreso de las Cien- cias y de que un año después celebrara su primer congreso, en el que Cajal pronunció el discurso inaugural y se encargó de resumir las comunicacio-

nes de la Sección de Ciencias Na- turales. También ambos participaron juntos en la organización inicial de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Simarro llegó a Gran Maestre de la masonería española (1913) y a ser un miembro muy destacado de la Fé- dération Internationale de la Libre Pensée, desde la que apoyó el movi- miento europeo que criticó la conde- na a muerte de Francisco Ferrer, tras los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona. En sus Recuerdos, Cajal se refirió a su primera estancia en el laboratorio de Simarro en los siguientes térmi- nos: “Debo a L. Simarro, el afamado psiquiatra y neurólogo de Valencia, el inolvidable favor de haberme mostra- do las primeras buenas preparaciones con el proceder del cromato de plata,

y de haber llamado la atención sobre

la excepcional importancia del libro del sabio italiano, consagrado a la inquisición de la fina estructura de la sustancia gris. Merece contarse el hecho porque sobre haber tenido importancia decisiva en mi carrera, demuestra una vez más la potencia vivificante y dinamógena de las cosas vistas”. Se refería, por supuesto, a Camillo Golgi, a su tratado sobre la

histología del sistema nervioso central (1886) y a su método de impregna- ción cromoargéntica, primera técnica que permitió teñir de modo preciso y selectivo las células nerviosas y sus prolongaciones. No suele tenerse en cuenta que Simarro le enseñó también entonces la técnica ideada por Carl Weigert y modificada por Jakob Pal, que tiñe con hematoxilina la mielina de las fibras nerviosas, utilizada asi- mismo durante largo tiempo por Cajal

y sus discípulos, a pesar de que lo

dice en sus Recuerdos a continuación:

“D. Luis Simarro, recién llegado de

2. CORTE DE UNA LAMINA CEREBELOSA HUMANA. Figura 176 del Manual de histología (1884-1888) de

2. CORTE DE UNA LAMINA CEREBELOSA HUMANA. Figura 176 del Manual de histología (1884-1888) de Cajal. Tinción con el método de Golgi, que le acababa de enseñar Simarro.

París y entregado al noble empeño de

promover entre nosotros el gusto hacia

la investigación

en casa del Dr. Simarro, donde por primera vez tuve ocasión de admirar excelentes preparaciones del método de Weigert-Pal”. A partir de 1887, Cajal y Simarro se mantuvieron en relación, directa- mente y a través de la corresponden- cia. Atravesó un período de tensión con motivo de las oposiciones a la cátedra de histología y anatomía pa- tológica de la facultad de medicina, de Madrid, que quedó vacante tras el fallecimiento de Maestre de San Juan en 1890, pero su amistad no llegó a romperse. En los años de transición del siglo XIX al XX continuó, lo que explica que Simarro publicara en la revista de Cajal y demostrara públi- camente en su laboratorio un método de tinción que había ideado y con el que volvió a influir de modo decisivo en la trayectoria científica de éste. Cuando terminó la publicación de su gran obra La textura del sistema nervioso (1904) Cajal había alcanzado brillantemente la meta que se había

Fue precisamente

propuesto con el examen sistemático

de todos los territorios nerviosos con

el método de Golgi: demostrar la indi-

vidualidad de las neuronas, aclarar su génesis y ofrecer un modelo estruc- tural del funcionamiento del sistema. Sin embargo, poco antes se le había

planteado la necesidad de conocer la estructura interna de la célula nervio- sa, problema para el que le resultaba indispensable una nueva técnica. En 1896 había dedicado a la cuestión el trabajo Estructura del protoplas- ma nervioso, en el que resumió con cierta amplitud el resultado de unas investigaciones de Simarro que éste, según su costumbre, no había dado

a conocer directamente, sino a tra-

vés de una tesis doctoral: “Los husos cromáticos faltan por completo en el arranque y trayecto del cilindro-eje, hallándose constantemente en el cuer- po celular y porción inicial de las prolongaciones protoplásmicas. Estas investigaciones de Simarro son tanto más interesantes, cuanto que han sido hechas en estado fresco a favor de un modo especial de aplicación del azul

de metileno

método que, dicho sea

de paso, excluye la idea de que los husos cromáticos se deban a la acción coagulante del alcohol o bicloruro de mercurio”. En la avalancha de publi- caciones oportunistas y de pintorescos actos conmemorativos que Cajal sufre en cada aniversario de su biografía se continúa diciendo que Simarro era “un aficionado a la histología”. Un año después, Simarro realizó un trabajo, asimismo relativo a la estructura interna de la célula ner- viosa, sobre el que informó en una

carta a Cajal, escrita a finales de abril, que refleja de modo muy expresivo la manera en la que le comunicaba el resultado de sus investigaciones:

“Amigo Cajal: no sabe cuánto siento no haber podido terminar el trabajo sobre la lombriz de tierra. Pero si Vd. no publica enseguida su revisión, es posible que llegue a tiempo para que Vd. lo utilice. Tengo hecha una

espero tener más

tiempo para ocuparme de este asunto que me parece de interés, pues resul- ta que las fibras de la lombriz son en verdad tubos que contienen una sustancia granulosa central y también una fibra espiral. Las impregnaciones argénticas de Retzius son (sin duda en algunos casos) de neuroglia. No le envío a Vd. el dibujo por temor de no poder terminar ahora el escrito; pero si Vd. lo quiere se lo remitiré para que vayan preparando el cliché”. Como tantos otros trabajos suyos de los que daba noticia a sus discípulos y colegas, Simarro no llegó a publi- car el relativo a la lombriz de tierra, pero sí envió sus materiales a Cajal. En una carta al neurohistólogo sueco Gustaf Retzius, éste le dijo el 2 de enero de 1898: “La fibra espinal del axón hace más de 1 año que pude observarla ya en preparaciones de la lombriz de tierra ejecutadas por mi amigo el Dr. Simarro, con ayuda de un método especial (coloración por el ácido ósmico y el ácido pirogálico). Estas preparaciones no se muestran, sin embargo, muy demostrativas en lo relativo a las fibras intraprotoplas- máticas”. La necesidad de conocer la estruc- tura interna de las células nerviosas pasó a primer plano porque se hicieron críticas frontales a la teoría de la neu- rona, reformulando la teoría reticular

lámina principal, y

sobre la base de que las neurofibrillas existentes en su interior formaban una red continua interneuronal que sería responsable del impulso nervioso. Convencido de que la solución del problema residía en “contemplar las susodichas neurofibrillas en prepa- raciones irreprochables”, lo que en modo alguno habían conseguido los seguidores del reticularismo, Cajal trabajó intensamente en busca de la técnica de tinción apropiada. Tras nu- merosos ensayos infructuosos la en- contró, por fin, en octubre de 1903, partiendo del “proceder fotográfico” original de Luis Simarro, quien lo había dado a conocer tres años antes en un artículo publicado en la Revis- ta Trimestral Micrográfica del propio Cajal. La importancia de la técnica residía en que se conseguía con ella impregnar las neurofibrillas, permi- tiendo así investigar su disposición en el interior de las células nerviosas y sus prolongaciones, mientras que el método de Golgi solamente ofrecía imágenes del perfil de las mismas. En sus Recuerdos, Cajal dijo: “Consagré en 1903 particular atención al método del doctor Simarro, primer autor que logró teñir las neurofibrillas mediante las sales de plata”, y resumió “la téc- nica del ilustre neurólogo español” en “seis operaciones esenciales”. Cajal presentó al XIX Congreso Internacional de Medicina celebrado en Madrid en abril de 1903 unas Con- sideraciones críticas sobre la teoría de A. Bethe acerca de la estructura y conexiones de las células nerviosas, que fueron seguidas por comentarios de Luis Simarro y el belga Arthur van Gehuchten favorables a la teoría neuronal y del italiano Arturo Do- naggio, que mantuvo una posición ambigua. Entre los congresistas espa- ñoles destacó en sus memorias “muy señaladamente al Dr. Simarro, quien en presencia de numerosos sabios ex- tranjeros mostró, en el Laboratorio de Investigaciones Biológicas, excelentes preparaciones de la red neurofibrilar con un método original”. Tras analizarlo meticulosamente, Cajal introdujo una modificación del “proceder fotográfico” de Simarro: el célebre método del nitrato de plata reducido. Utilizado sistemáticamen- te durante una década por el gran

sistemáticamen- te durante una década por el gran 3. CELULA MOTRIZ DE LA MEDULA ESPINAL. Ilustración

3. CELULA MOTRIZ DE LA MEDULA ESPINAL. Ilustración del trabajo de Cajal Estructura del protoplasma nervioso (1896), que publicó cuando estaba probando distintas técnicas de Simarro que permitieran teñir dicha estructura, antes de que éste ideara su “método fotográfico”.

histólogo aragonés y sus discípulos, este método permitió el conocimien- to de la disposición neurofibrilar en el protoplasma nervioso y en las ar- borizaciones pericelulares, así como desmentir las críticas que, basándose en ella, se habían hecho a la teoría de la neurona. La muerte de Simarro en 1921 le impidió conocer el generoso re- conocimiento que Cajal hizo de su magisterio en la edición de 1923 de los Recuerdos. A ello se refiere en

una carta que escribió el 8 agosto de 1922 a Carlos María Cortezo, uno de los mejores amigos de ambos: “Opor- tuno y justo está usted al hablar de Simarro, que no ha sido apreciado

en toda su valía

Yo procuraré siem-

pre hacer justicia al que, discípulo de Ranvier, trajo de París la buena nueva de la histología, esparciéndola a los cuatro vientos y beneficiándo- nos a todos. De su generoso magisterio guardo los mejores recuerdos y así, en mi autobiografía procedí como con

todos aquellos sabios a quienes debí

el inestimable favor de una enseñanza

práctica

Recuerdos y sin saber lo mucho que yo le veneraba y quería”. Los lectores de Mente y cerebro ya saben que la línea de trabajo de Simarro la continuó Nicolás Achú- carro hasta su prematura muerte en 1918 y, a partir de entonces, Pío Del Río Hortega, su principal discípulo. Me limitaré a recordar que Achúcarro se esforzó en obtener una técnica de tinción apropiada para colorear la

murió sin haber leído mis

neuroglia y la sustancia fundamental del tejido conectivo, especialmente la reticulina. Ello le condujo en 1911 a la invención del método del tanino

y la plata amoniacal, con el que pudo

realizar varias contribuciones de re- lieve, entre ellas, varias relativas a las lesiones vasculares en la parálisis general progresiva. Sin embargo, la nueva técnica no permitía estudios sistemáticos de la neuroglia, como los que realizó Río Hortega, con su primera gran aportación: el método

del carbonato argéntico.

Desarrollo de la mente moderna

La convergencia de psicología y arqueología permite ir descifrando los pasos seguidos por la evolución del pensamiento

Cameron McPherson Smith

E n los años de carrera, cur-

sada en el Instituto de

Arqueología de la Univer-

sidad de Londres, se nos

enseñaba que propio de nuestra espe- cialidad era, en definitiva, descubrir “la mente que había tras el artefacto”; es decir, conocer la persona que había fabricado el objeto en cuestión y nos hallábamos analizando. Una recomen- dación fácil de seguir si observábamos las rudimentarias piedras con muescas que representaban la mayor parte de la prehistoria humana. En mi ingenuidad estudiantil, suponía yo por entonces que las mentes que crearon tales ar- tefactos debieron de haber sido muy simples. Al pasar al estudio del arte rupes- tre, los restos funerarios y las com- plejas herramientas que marcaron la aparición de los humanos modernos hace más de 30.000 años, cambió mi perspectiva. ¿Cómo había surgido esa nueva mente y a qué podía atribuirse un desarrollo cognitivo tan espectacu- lar? Incapaz de comprenderlo por mí mismo, se lo planteé abiertamente a uno de mis profesores. Su respuesta, con retranca profesoral, constituía la

quintaesencia del carácter británico:

“¿Se volvieron muy listos?” Se volvieron muy listos. Y sabe- mos cuándo y dónde, con bastante aproximación. La transición desde las herramientas utilitarias de los huma- nos primitivos hasta el refinamiento de los humanos modernos consta en

los registros arqueológicos. Pero du- rante mucho tiempo la cuestión de cómo evolucionó la mente moderna —lo que significaba volverse “muy lista”— resultaba demasiado compli- cada para abordarla. Sin embargo, las cosas han cambia- do. Aunque Charles Darwin demostró hace siglo y medio que el cerebro fí- sico había evolucionado, sólo reciente- mente hemos sido capaces de afirmar con certeza que la mente —lo que hace el cerebro— evolucionó también. Compete a la arqueología cognitiva analizar dicha evolución. Conjugando las herramientas de la psicología y la arqueología, los ar- queólogos cognitivos interpretan los artefactos según lo que éstos nos di- cen sobre las mentes que los crearon. Así, estiman la “edad” mental que se requiere para fabricar una herra- mienta lítica o determinan el nivel de conciencia del individuo según la complejidad simbólica del artefacto. Al aplicar la teoría de la evolución a la mente, los arqueólogos cognitivos acotan el vago concepto de “volverse muy listo” y sacan a la luz cuanto ocurrió en la cabeza de nuestros an- tepasados en el transcurso de la pre- historia. Su conocimiento nos lleva a plantearnos el desarrollo actual de nuestra mente.

Representación de la realidad

Puesto que la evolución se caracteri- za por el cambio, una investigación evolutiva de la mente moderna co- menzará con la cuestión sobre qué

se fue transformando en la mente con el transcurso del tiempo. Merlin Do- nald se aprestó a dar una respuesta exhaustiva en su trabajo Origins of the Modern Mind, publicado en 1991. Sus teorías forjaron el reconocimien- to de la arqueología cognitiva. A raíz de ello, sobre la materia se celebran congresos anuales; y el Cambridge Archaeological Journal del año 2000 se dedicó por entero a la arqueología cognitiva y simbólica. La obra inci- tó investigaciones multidisciplinares. De hecho, la influencia de las teorías de Donald se aprecia en los estudios sobre la evolución de la innovación cultural y la creatividad de Liane Gabora, de la Universidad de la Co- lumbia Británica. Donald defendía que la evolución de la mente tuvo que ver con los modos en que ésta representa sus experien- cias. Su modelo —apoyado por datos arqueológicos y psicológicos— esta- blece un esquema de sucesivas revo- luciones en el modo en que la mente maneja la información almacenada, apareciendo en cada uno de estos cambios un nuevo nivel cognitivo, un nuevo estado de conciencia. Donald, docente ahora de ciencia cognitiva en la Universidad de Case Western Reserve, comenzó analizan- do las mentes de nuestros ancestros africanos protohumanos de hace más de cuatro millones de años, quienes utilizaban como herramientas objetos asimétricos, a menudo encontrados al azar. Basándose en este uso limita- do de los objetos y en otras prue-

AKG BERLIN

bas, equipara su mente con la de los chimpancés actuales. Estos primates perciben el significado inmediato de los acontecimientos, pero no retienen en la memoria la mayoría de ellos, ni piensan de forma abstracta sobre la significación de tales eventos en un futuro distante. Cuando se les en- seña el lenguaje de los signos, los chimpancés lo aplican a propósitos inmediatos, verbigracia, pedir algo que desean. Donald llama a esta ca- pacidad “conciencia episódica”, una burbuja de conocimiento limitada en tiempo y espacio. La primera revolución cognitiva ad- vino con la aparición de los primeros humanos (los primeros Homo), hace unos dos millones de años. Utiliza- ban herramientas líticas simétricas, lo que significa una mente radicalmente nueva, dotada de capacidad para la re- presentación intencionada. La simetría no obedecía a un fin utilitario; creaban esa simetría porque su mente rememo- raba el concepto de “así se fabrican las herramientas”; y los individuos, por medio de la herramienta, mostraban ese concepto a los compañeros. En

1. CONCIENCIA MITICA. El lenguaje generó un barullo de ideas que precisaba organización. La solución llegó con los mitos, contados en pinturas rupestres, como éstas de hace 15.000 años, en Lascaux.

vez de memorizar experiencias de una forma automática, reactiva, su mente podía seleccionar por anticipado una experiencia pasada y transmitírsela a los demás fabricando una herramienta con la forma “apropiada” y usándo- la en presencia de otros. Es más, un grupo de individuos que guardaban la simetría y utilizaban públicamente herramientas simétricas promulgaban el concepto de unidad grupal. Elaborar la herramienta con un “estilo” simé- trico era indicativo de unidad. Comunicar intencionadamente un recuerdo habría requerido algún tipo de acto de representación y eso nos su- giere de inmediato la intervención del lenguaje. Pero Donald alude a un pre- cursor, la mímesis, comunicación que se apoya en la gesticulación simbólica y la articulación elemental. Según Do- nald, la cultura y los utensilios eran demasiado complejos; enseñárselos a los jóvenes homínidos requería una comunicación de ideas muy precisa.

Sin embargo, como no hay en ese período artefactos que demuestren un simbolismo avanzado (dibujos), Donald extrae la conclusión de que un individuo transmitía información con gestos corporales y articulaciones prelingüísticas. Mímica y sonidos que podrían incluso haber estado coordi- nados en secuencias, teatralizados y rítmicamente organizados. Aunque todavía no sabemos cómo surgió, la mímesis hizo estallar la burbuja de la conciencia episódica. Permitió la contemplación del pasado y del futuro, junto con la abstracción, la capacidad para desarrollar un con- cepto que identificara a un objeto o acontecimiento concretos. A medida que los actos representados miméti- camente se hacían más complejos, es- tandarizados y abstractos (gestos que ya no se parecen a lo que representan, como el miedo o el enfado) surgió la necesidad de organizar semejante caos de símbolos. El primer esquema

GOURAM TSIBAKHASHVILI

GOURAM TSIBAKHASHVILI

GOURAM TSIBAKHASHVILI GOURAM TSIBAKHASHVILI 2. CONCIENCIA EPISODICA. La mente humana primitiva, opera tiva hace entre 4

2. CONCIENCIA EPISODICA. La mente humana primitiva, operativa hace entre 4 y 2 millones de años, utilizaba herramientas simples sólo de una forma momentánea, para ir redescubriéndolas constantemente. La asimetría de este canto unifacial de estilo olduwayense hallado en Dmanisi, muestra un diseño harto tosco.

vendría a ser una suerte de diccionario mental que les indicaba a aquellos ho- mínidos incipientes que la mímica A significaba B, y así sucesivamente. Apareció por entonces una segun- da solución, más importante: la in- vención del lenguaje, que tuvo lugar hace alrededor de 300.000 años, pero no adquirió su pleno desarrollo en los humanos modernos hasta hace 150.000 años. Lo fundamental de la invención del lenguaje fue la innova- ción de una simbología mucho más rica que las metáforas directas de la mímesis, evidentes en los primeros indicios de artefactos simbólicos. Las conchas perforadas (ensartadas en collares) y las piedras grabadas de la cueva de Blombos en Sudáfrica, realizadas hace 75.000 años, son un ejemplo de ello. ¿Cómo tuvo lugar la invención del lenguaje ¿Cómo enriquecieron

nuestros ancestros su repertorio de símbolos? La respuesta de Donald es fascinante y contraintuitiva, a partes iguales. No fue el resultado de defi- nir con nitidez el significado de los

símbolos, sino de hacerlos “borrosos”,

al permitir que un símbolo tuviera un

significado diferente según el contex- to. El símbolo de “serpiente” podría ahora ampliarse y designar el meandro de un río o el carácter de una per-

sona. Con ello, el lenguaje facilitaba la comunicación de conceptos cada vez más complejos. El habla surgió como un subsistema de la mímesis, un modo más eficiente de representar un conjunto cada vez más complejo de recuerdos que se hacían presentes

a voluntad. Así como la mímesis terminó con la conciencia episódica, la invención del lenguaje abrió la mente y la sacó del mundo inmediato de la conciencia mimética. La mímesis proporcionó un diccionario conceptual; la invención del lenguaje proporcionó un thesaurus conceptual. La asociación de ideas por medio de la invención del léxico tuvo un increíble efecto multiplicador y, como sugiere Donald, la complejidad re- sultante instaba una organización. La necesidad generó el desarrollo de los

mitos: relatos que integraban y organi- zaban la profusión de ideas. Los mitos comenzarían siendo relatos simplistas

y moralizantes, llenos de dioses, vi-

llanos y héroes, y crecieron hasta las elaboradas historias que todavía se siguen contando. La conciencia mítica integró recuer- dos en narraciones específicas que se contaban y transmitían constituidas en modelos culturales sobre el origen y composición del universo y nuestra relación con lo relatado. Arqueológi- camente, la conciencia mítica se mani- festó con la aparición del arte rupestre hace más de 30.000 años, que evolu- cionó en pinturas que representaban mitos antiguos, con criaturas fantásti- cas, diseños abstractos, híbridos entre humanos y animales, etc. Jean Clottes ha aplicado la arqueología cognitiva al espectacular arte rupestre europeo, interpretando algunas de las repre- sentaciones como escenas míticas y otras como recolecciones de viajes chamánicos, en los que los curanderos

del momento “eran transportados” al mundo de los espíritus para resolver problemas del mundo material, como las enfermedades. Los mitos son enciclopedias. El diccionario mimético indicaba que

A significaba específicamente B. El

thesaurus léxico amplió el significado haciendo que A pudiera significar B,

C o D, dependiendo de las circunstan- cias. La enciclopedia mítica organizó

A, B, C y D en narraciones que ex-

presaban y relacionaban entre sí los contenidos de la mente. Mientras esta mente se iba llenando

de ricas historias míticas que repre-

sentaban un extenso acervo de cono- cimientos, surgió otro nuevo sistema

para organizar y almacenar ese saber. Se trataba de una solución técnica, no biológica. La idea era descargar parte de las demandas de gestión de

la información del cerebro hacia el

exterior. Pintar narraciones en las pa-

redes de las cuevas o hacer muescas

3. CONCIENCIA MIMETICA. Hace dos millones de años, los primeros Homo comenzaron a fabricar herramientas con una forma específica, simétrica. Los miembros de la tribu compartían un estilo “apropiado”, ejemplificado por este bifaz achelense hallado en Dmanisi.

un estilo “apropiado”, ejemplificado por este bifaz achelense hallado en Dmanisi. 14 Mente y cerebro 25/2007
AKG BERLIN THE FOTOMAX, LONDRES
AKG BERLIN
THE FOTOMAX, LONDRES
AKG BERLIN THE FOTOMAX, LONDRES 4. CONCIENCIA TEORICA. La escritura, que apareció hace alrededor de 6000

4. CONCIENCIA TEORICA. La escritura, que apareció hace alrededor de 6000 años, permitió que la información se contemplara de forma abstracta. Uno de los primeros ejemplos es una tablilla sumeria de arcilla en caracteres cuneiformes, que lleva la cuenta de ovejas y cabras, encontrada en Tello, en la antigua Mesopotamia del sur. La escritura se fue refinando andando el tiempo, como se ve en la carta del sistema solar de Brahe (derecha).

en placas de hueso —cada una regis- trando un acontecimiento— ejerció un efecto poderoso: sacar los recuerdos fuera del cuerpo, guardándolos en un almacén de memoria externo. La información dejó de limitarse a lo que la gente podía recordar, pues el almacenamiento externo de memoria permitía ahora recordar una cantidad infinita de información. El refinamiento humano que su- pusieron la pintura rupestre, los je- roglíficos, los alfabetos, etcétera, dio lugar a la conciencia teórica. Estos registros, especialmente la escritura (que apareció hace 6000 años), libe- raron del contexto a la información. A diferencia de los mitos orales o las pinturas rupestres —que se podían comprender solamente en su propio contexto cultural—, los sistemas abs- tractos de escritura permitieron que se comprendiera la información sin vincularla a un contexto cultural. Desde entonces, la información pudo contemplarse en términos completa- mente abstractos. La conciencia teórica concede ma- yor importancia a las capacidades que manejan la información e integran

el pensamiento, que a la memoriza- ción. La inteligencia —propiedad de la mente— es innovación, resultado de asociaciones originales de ideas almacenadas en bases inmensas de información. Parece increíble la can- tidad de información que guardamos

hoy fuera del cerebro, en bibliotecas

o en Internet, por ejemplo.

Ecos de la conciencia

La clasificación jerárquica que esta-

blece Donald de conciencia episódica, mimética, mítica y teórica explica de forma sencilla la transformación ex- perimentada por la mente humana en

el curso de la evolución. No se trató

de que cada nuevo paso suplantara al precedente, sino de que cada nueva conciencia se superponía a la ante- rior. Nos valemos casi por entero de la conciencia episódica cuando nos concentramos en una sola tarea (saltar desde un trampolín o conducir por una carretera con hielo). Invocamos la comunicación no vocal de la mí- mesis cuando cruzamos los brazos regañando a un niño maleducado o bailamos moviéndonos de un lado a otro expresando alegría.

La conciencia mítica continúa de- terminando nuestra manera de pensar. Sea en nuestro epistolario privado, en novelas o en conferencias internacio- nales sobre moratoria nuclear, usa- mos el lenguaje para hilvanar nuestro relato, hacer más convincente el con- tenido y alcanzar nuestro objetivo. En otras ocasiones, la conciencia teórica nos permite reflexionar sobre gran- des problemas, como la teoría de la relatividad. La mente moderna pasa de un tipo de conciencia a otro con la facili- dad con que se cambia de canal de televisión. Lo hace constantemente, cribando experiencias, combinando las nuevas con representaciones de las an- tiguas, recuperadas desde todo tipo de memorias biológicas y externas, hasta crear nuevos mundos de significado y capas de metáforas superpuestas unas sobre otras. Para Donald, el distintivo de la mente moderna es esta constante integración y reelaboración de expe- riencias a través de múltiples formas de representar la información.

Fluidez cognitiva

Pero, ¿cómo ha evolucionado la men- te humana para crear relaciones tan productivas entre las ideas? Steven Mithen, director de ciencia humana y medioambiental de la Universidad de Reading, propone, en su respuesta, un modelo alternativo de evolución de la conciencia. Para Mithen, la variable

ULMER MUSEUM, THOMAS STEPHAN

que ha resultado clave para estructurar la evolución de la mente moderna es la fluidez cognitiva, el grado en el que se intercomunican los distintos tipos de inteligencia. A diferencia del modelo de Donald, que se centra en la evolución de los modos de representación, la tesis de Mithen parte de la extendida teoría de que la mente humana consta de dominios “modulares” de inteligen- cia. Explica la evolución de la mente como un nivel de interacción cada vez mayor entre estos dominios. Mithen identifica cuatro tipos princi- pales de inteligencia: lingüística (pro- ducción y comprensión del lenguaje), social (manejo de las relaciones inter- personales), técnica (manipulación de objetos) e histórico-natural (compren- sión de las relaciones causa-efecto en el mundo). Mithen sostiene que sólo en la mente del hombre moderno se da esa comunicación libre entre los diferentes dominios. Según Mithen, hace cuatro millones de años nuestros antepasados africa- nos protohumanos poseían una inteli- gencia social bien desarrollada, como era de esperar en grupos extensos de primates gregarios. Pero hace dos mi- llones de años —por razones que los paleoantropólogos todavía no han des- cifrado— ocurrió un cambio significa- tivo en la vida de los homínidos. Los primeros humanos, entre ellos Homo habilis, comenzaron a usar herramien- tas líticas para descuartizar la carroña que recogían tras ser abandonada por los grandes felinos. Esta actividad to- davía no significaba fluidez cognitiva, aunque afinó la inteligencia técnica (fabricar herramientas) y la inteligen- cia histórico-natural (buscar carroña)

5. FLUIDEZ COGNITIVA. Una teoría dice que la mente moderna surgió hace 50.000 años, cuando el lenguaje abrió las puertas que separaban los dominios de la inteligencia, hasta entonces estancos. Esta figura de “hombre-león” de la cueva de Hohlenstein Stadel en Alemania, de hace 32.000 años, muestra una relación fluida entre los dominios social (humano), histórico- natural (animal) y técnico (fabricar objetos).

de los primeros homínidos. También fue el primer síntoma de que el uso

de la creatividad y la inteligencia eran la mejor apuesta para la continuación del linaje Homo, relativamente frágil

y de constitución ligera. En adelante,

el Homo confiaría en su inteligencia

y no en su musculatura. La mente humana primitiva, sostie- ne Mithen, sólo comprendía tres de los cuatro dominios de la inteligencia que forman la mente humana moderna (falta el del lenguaje). Pero se mantu- vieron aislados entre sí. Mithen com- para metafóricamente la mente de los primeros humanos con una catedral, integrada por capillas aisladas, cada una con una finalidad específica. En la mente humana primitiva no había puertas que conectaran las capillas, ni comunicación entre los diferentes dominios de la inteligencia. El aislamiento cognitivo en cuestión duró el intervalo amplísimo corres- pondiente a los humanos medios, donde hemos de incluir a Homo erec- tus, especie tan extraña que en mis conferencias me refiero a ella como “extravagante”. Lo extraño es que, a pesar de que la mente de H. erectus

llevó al cuerpo a fabricar herramientas líticas depuradas y simétricas que po- día elaborar en 15 minutos, H. erectus utilizó esas herramientas durante más de un millón de años sin innovar su diseño. Los humanos medios eran lis- tos, pero no hay signos de que con- tinuaran innovando la técnica, que es una característica propia de la mente humana moderna. Muchos artefactos bien identifica- dos y datados muestran que, en el período comprendido entre hace 2 mi- llones y 300.000 años, los humanos medios concibieron la fabricación de herramientas líticas (inteligencia téc- nica), aunque sin pensar todavía en el destino concreto, o tipo de animal que iban a descuartizar (inteligencia histórico-natural). Las dos inteligen- cias se mantenían compartimentadas. El arqueólogo Clive Gamble, de la Universidad de Londres, ha descrito la sociedad creada por estas mentes como la cultura de los 15 minutos, caracterizada por una actividad ru- tinaria. El aparente estancamiento mental de los humanos medios fue interrum-

pido por dos innovaciones creadas por uno de sus últimos vástagos, los neandertales. Empezaron éstos a desarrollarse en Europa y en Orien- te Próximo hace 200.000 años. La inteligencia del neandertal, aunque fundamentalmente técnica, se servía de un tipo de simbolismo mimético, así como de cierto lenguaje rudimen- tario. Podrían incluso haber admitido

la existencia de vida después de la muerte, según se infiere de algunos yacimientos funerarios. Mas, igual que ocurre con H. erec- tus, lo interesante de los neandertales reside en lo que no hicieron. Los po- cos yacimientos funerarios descubier- tos no contienen “provisiones” para el viaje de ultratumba, lo que sugiere que no existieron las narraciones mi- tológicas de Donald (necesarias para mantener tales creencias). Parece que la vida y la muerte eran bastante li- terales. Citando a Daniel Dennet, de la Uni- versidad de Tufts, Mithen describe la mente del neandertal como una “con- ciencia en continuo funcionamiento con rápidas pérdidas de memoria”. Hace alrededor de 30.000 años, esa variedad de conciencia se extinguió con los neandertales, que habían sido reemplazados por los humanos modernos, quienes, procedentes de Africa, ocuparon el ámbito geográ- fico del neandertal. Para Mithen, la característica más importante de esta nueva oleada de humanos fue una mente que tenía fluidez cognitiva, es decir, capacidad para abrir las puer- tas que separaban las capillas de la catedral. La comunicación rica y fluida entre los diferentes módulos de la inteli- gencia se inició hace 200.000 años,

y la llave que abrió las puertas fue el lenguaje. Según Mithen, el lenguaje primitivo surgió cuando el grupo so- cial empezó a hacerse más numeroso

y complejo. En lo que había arranca-

do como una comunicación hablada con fines utilitarios (quizá debido a la invención del léxico, como sugiere Donald) empezaron a introducirse bits de información sobre distintos aspec-

tos de la vida. Por botón de muestra,

la información del dominio encargado

de las actividades histórico-naturales

comenzó a introducirse en el dominio

de las actividades sociales. El cruce de referencias resultante generó otros ámbitos de pensamiento. Pensemos en los dominios social,

técnico e histórico-natural, pero no por separado, sino en todos ellos al mismo tiempo; verbigracia: personas, objetos fabricados a mano y leones. Sólo este tipo de fluidez cognitiva, ase- gura Mithen, podría ser responsable de la explosión del rico simbolismo asociado al hombre moderno, como

la figura del hombre-león encontrada

en la cueva de Hohlenstein-Stadel, de hace 32.000 años. Para Mithen,

el hombre-león constituye una mani-

festación física de fluidez cognitiva. Numerosas excavaciones demuestran que ese rico simbolismo no aparece hasta que el hombre moderno sale de Africa hace 50.000 años. Puesto que los humanos modernos utilizan las invenciones (más que las adaptaciones biológicas) para sobrevi- vir, la innovación es su mejor baza,

facilitada por la fluidez cognitiva que tiene sus orígenes en el lenguaje. En última instancia, el pensamiento in- tegrado reemplazó (o por lo menos complementó) al pensamiento compar- timentado, inventando los conceptos y las herramientas que nos han llevado

al punto donde nos encontramos.

¿Una mente, dos modelos?

De la misma forma que los ecos de la conciencia de los humanos primeros

y medios resuenan en la mímesis y

narraciones mitológicas que todavía usamos hoy, Mithen sugiere que la mente del hombre moderno presenta

también rasgos del antiguo aislamien-

to

en capillas de catedral. Sugiere que

el

humor surge de un cruce “inapro-

piado” de los distintos dominios de

la inteligencia.

Ciertos desórdenes cognitivos pa- recen originarse en una falta de flui- dez. Las personas autistas pueden ser brillantes en cierto dominio, qui- zá podrían repetir al pie de la letra una novela, pero tienen una forma de pensar y comportarse muy rutinaria, invariable, que no permite un entre- cruzamiento de ideas fecundo. Tenemos una sola mente, pero los arqueólogos cognitivos presentan dos modelos distintos para explicar su evolución. Para Merlin Donald, la

mente moderna evolucionó vía nuevos modos de recordar y representar la información. Para Steven Mithen, la mente moderna evolucionó como consecuencia de la comunicación en- tre los distintos módulos de la inteli- gencia, que se hallaban hasta entonces aislados. ¿Podemos reconciliar las dos teorías? Donald y Mithen coinciden en que la respuesta es a la vez afirmativa y negativa. Cada uno ha evaluado favo- rablemente el trabajo del otro, aunque con matizaciones. Mithen acepta el enfoque evolutivo de Donald sobre la mente, pero escribe en 1996 su pro- pio libro, The Prehistory of the Mind, en parte para tratar lo que considera el uso incompleto del potencial de los registros arqueológicos de Do- nald. Y éste ha considerado valioso el planteamiento de Mithen, aunque sugiere que subestima el significado de la representación. Muchos expertos están ahora afinando los modelos que describen la evolución de la mente, siguiendo, pese a todo, los principios de Donald y Mithen. Lo más apasionante es que no hay vuelta atrás. Sabemos que igual que el cerebro, la mente también evolucionó. Para acercarnos a nuestros ancestros —a las mentes que crearon los arte- factos— es necesario aplicar cuanto sabemos sobre la evolución al estudio de la conciencia misma. En última instancia, la arqueología cognitiva será de gran ayuda para comprender quiénes somos y por qué pensamos como pensamos.

CAMERON McPHERSON SMITH es arqueólogo de la Universidad estatal de Portland. Estudió en Inglaterra, Canadá, Africa y EE.UU. y ha participado en cam- pañas de arqueología de campo de todos los períodos, desde los primeros humanos hasta la civilización moderna.

Bibliografía complementaria

ORIGINS OF THE MODERN MIND: THREE STAGES IN THE EVOLUTION OF CULTURE

AND COGNITION. Merlin Donald. Har- vard University Press, 1991.

THE PREHISTORY OF THE MIND: THE COGNITI- VE ORIGINS OF ART, RELIGION AND SCIENCE.

Steven Mithen. Thames y Hudson, 1996.

Integración sensorial

El ser humano dispone de cinco sentidos. Para percibir el entorno de forma integral, deben cooperar e incluso, a veces, fundirse entre sí

Christoph Kayser

F 1 ONLINE

A nuestra izquierda truena

una canción de moda.

“¡Entren, entren!”, resue-

na a la derecha. A nuestra

espalda, un grupo de adolescentes ríe

con estrépito. Y, en algún sitio, llora un niño. Simultáneamente, luces de colores brillan y centellean por do- quier, mientras intentamos seguir con los ojos los sinuosos movimientos de

la montaña rusa. El desorden de las

atracciones de feria inunda nuestros

sentidos con un sinfín de estímulos.

Y la diversión sería menor sin los

empujones de la gente que nos ro- dea, sin el helado que sujetamos en

la mano o sin el olor de las nubes de

así se forma a partir de la interacción

y

otros similares capten la atención de

percibido ni lo uno ni lo otro, sino

azúcar y las manzanas de caramelo en nuestra nariz. Este retazo de tarde de feria pone de manifiesto la ingente cantidad de señales que recibimos simultáneamen- te del entorno. La compleja impresión general característica de situaciones

entre los diversos estímulos recibidos. En estas circunstancias, nuestro cere-

sílaba “da”. Las dos informaciones

procedentes de los diferentes sentidos se transformaron en un tercer sonido. La combinación de los sentidos del oído y del tacto crea confusiones en alguna ocasión. Podemos, por ejemplo, saber cuán húmedas tenemos las pal- mas de las manos frotándolas entre sí. Pero si al hacerlo oímos un murmullo apreciable, notaremos la piel más seca

la

bro se somete a una tensión máxima.

de

repente; si el sonido se torna pro-

Es lógico, pues, que dicho fenómeno

gresivamente imperceptible o su tono más agudo, volveremos a sentir las

información de los órganos sensoriales

la investigación neurocientífica. Coincidiremos, sin embargo, en que una feria no es el escenario idóneo para analizar en profundidad la com- pleja fusión de las diversas percep-

palmas crecientemente húmedas. Estas ilusiones demuestran que el cerebro combina constantemente la

para elaborar una representación más

ciones de los sentidos, es decir, la

o

menos correcta de nuestro entorno.

integración sensorial. Los investiga-

A

los investigadores especializados en

dores prefieren condiciones medibles

la

percepción humana se les plantea

y

controlables. En especial, interesan

entonces la siguiente cuestión: ¿dónde

las situaciones, en las que el cerebro

y

cómo se fusionan los sentidos en

se autoengaña y genera una imagen

el

cerebro?

falsa de lo que acontece en nuestro entorno. Un conocido ejemplo de tal

Caben, en principio, modelos de procesamiento muy diversos. Uno pri-

confusión es la impresión causada por

mero podría consistir en que cada uno

1. EN EL CARRUSEL DE LOS SENTIDOS. En las atracciones de feria nos asaltan multitud de estímulos de forma simultánea, lo que constituye una enorme exigencia para nuestro cerebro.

un ventrílocuo. A pesar de que la voz que escuchamos no procede de la boca del muñeco que estamos viendo, ex- perimentamos esa sensación. En la sala de proyecciones de un cine su- cumbimos igualmente a la ilusión de que los protagonistas hablan desde la pantalla, cuando sus voces provienen de los altavoces repartidos por toda la sala. Nuestro cerebro parte de la firme convicción de que el origen de lo dicho se encuentra allí donde vemos que los labios se mueven en sincronía con lo oído. Se produce, por lo tanto, una combinación práctica de las per- cepciones visuales y auditivas. No sólo nos podemos confundir sobre el verdadero origen de los es- tímulos sensoriales. Podemos enga- ñarnos también sobre su contenido. Harry McGurk y John McDonald, de

la Universidad de Surrey, descubrieron

a mediados de los años setenta del

pasado siglo un interesante fenómeno:

procedieron a proyectar para un gru- po de voluntarios una secuencia de vídeo de una persona pronunciando la sílaba “ga”, pero sincronizaron la escena con la emisión del sonido “ba”. Para su sorpresa, los individuos some- tidos al ensayo declararon no haber

de los diferentes sistemas sensoriales

del cerebro comenzara a analizar por separado sus propios estímulos y ge- nerase en consecuencia una represen- tación acabada del entorno. Así, el

sentido de la vista nos proporcionaría

la visión de un perro pastor, que la-

dra tras una valla de jardín blanca, mientras que el sistema auditivo nos anunciaría un ladrido y el sonido de un coche que pasa a nuestro lado. Sólo a posteriori se integrarían las distintas impresiones sensoriales y

se conformaría la impresión general

final: un perro pastor ladrando en el

jardín delantero de una casa.

¿Qué ladra ahí?

Segunda posibilidad: el sistema visual descubre una superficie de mediano tamaño con manchas, alojada en el interior de una extensa área verde. Simultáneamente, el sistema auditivo percibe un ruido repetitivo y de alto volumen proveniente de la mancha.

A continuación, el sistema visual re-

gistra que la superficie con manchas cambia siempre que el sistema auditivo notifica el ruido. De esta manera, los diferentes sentidos complementan su información en fracciones de segundo,

SIGANIM / GEHIRN & GEIST

Resumen/ Fusión con sentido • El cerebro recibe información proveniente de los órganos sensoriales a

Resumen/Fusión con sentido

El cerebro recibe información proveniente de los órganos sensoriales a través de canales muy diversos. Sólo tras su combinación —la integra- ción sensorial— se forma una impresión completa y unitaria de nuestro entorno.

Esta integración tiene lugar en fases tempranas del procesamiento neu- ronal de los estímulos. Los centros cerebrales que están especializados en el procesamiento de un solo sentido utilizan también informaciones de otros canales sensoriales y contribuyen a la combinación razonable de las diferentes percepciones.

Un ejemplo para este “cruce de los sentidos”: ciertas zonas de áreas superiores de la corteza auditiva —la corteza auditiva secundaria— procesan estímulos vi- suales y táctiles. Se podría decir, así, que los ojos y los dedos también oyen.

hasta que se forma la impresión final del perro ladrando en el jardín. En esta posibilidad, la integración sensorial tendría lugar en una fase embrionaria del procesamiento de los estímulos. El primer modelo considera los distintos sistemas sensoriales como compartimentos separados, que se unen entre sí sólo hacia el final. El segundo sostiene, en cambio, que cada sentido interpreta desde un principio los objetos percibidos, de acuerdo con las informaciones provenientes de los otros sentidos. Por supuesto, entre esas dos variantes extremas, son imaginables numerosas posibilidades intermedias. El camino que sigue el cerebro se en-

cuentra probablemente entre todas ellas. El quid estriba en averiguar dónde. Los investigadores de las funcio- nes cerebrales buscan la respuesta con ayuda de técnicas de formación de imágenes; así, la resonancia magnética

o la tomografía de espín nuclear. Las moléculas de hemoglobina cargadas de oxígeno se comportan en un campo

magnético potente de manera diferen-

te de las que no contienen oxígeno. Si

un área del cerebro trabaja de forma intensiva, consume más oxígeno que las regiones anejas y recibirá, por ello,

2. ENGAÑADOS. Si oímos el fonema “ba”, pero observamos cómo los labios de nuestro interlocutor articulan la sílaba “ga”, nuestro cerebro transformará la información en el sonido intermedio “da”.

mayor riego. La resonancia magnética registra estas diferencias en la cir- culación sanguínea y nos suministra una imagen instantánea de la actividad cerebral. Si las informaciones de los sentidos se procesasen por separado y sólo se combinasen hacia el final, deberían existir numerosas áreas especializadas del cerebro que se ocupasen en exclusi- va del procesamiento de la información de un sentido. En el caso contrario, en el que la combinación de los sentidos se produciría al principio del proceso, bastaría con la actividad de algunas de estas áreas tan especializadas. Ambas situaciones se percibirían en la tomo- grafía de espín nuclear. En los últimos años, una serie de pruebas de neuroimagen ha puesto de manifiesto una compleja red de

regiones cerebrales que se activan siempre que coinciden informaciones de diferentes sentidos. Desde hacía tiempo se conocía la existencia de áreas asociativas en los lóbulos parie- tal y frontal de la corteza cerebral, en- cargadas de procesar informaciones de diferentes canales sensoriales. Pero, en los ensayos, ciertas áreas que hasta ese momento se consideraban respon- sables de un solo sentido evidenciaron también múltiples funciones. En el año 2005 Jon Driver, del Colegio Universitario de Londres, descubrió que la actividad en la cor- teza visual de personas que observa- ban un destello de luz cercano a su mano derecha o izquierda aumentaba cuando sus dedos captaban adicional- mente estímulos táctiles. Sin embargo, la actividad cerebral aumentaba sólo cuando los estímulos táctil y visual aparecían al mismo tiempo y, además, en el mismo lado del cuerpo. Los psicólogos ya conocían esta “amplificación multimodal”: cuando decae la intensidad de un destello de luz lo vamos también percibiendo peor. Pero si escuchamos un tono cor- to durante el destello, reconoceremos hasta el más débil hilo de luz. Eso sí, siempre y cuando la luz y el tono coincidan en el tiempo.

Sinergia en el cerebro

Un interesante caso particular es la percepción del lenguaje. La palabra hablada no sólo se transmite acústi- camente, sino que, además, los mo- vimientos de los labios proporcionan

ba

ga

+ = da da
+
=
da da

SIGANIM / GEHIRN & GEIST

Corteza auditiva secundaria Corteza auditiva primaria Lugar de la integración sensorial Cerebro Tálamo Sonido Sonido
Corteza auditiva secundaria Corteza auditiva primaria Lugar de la integración sensorial Cerebro Tálamo Sonido Sonido

Corteza auditiva secundaria

Corteza auditiva primaria Lugar de la integración sensorial

Cerebro Tálamo Sonido Sonido
Cerebro
Tálamo
Sonido
Sonido

valiosa información. Gemma Calvert, de la Universidad de Oxford, observó en el año 2001 que en la percepción del habla aumentaban la actividad del sistema visual y la del auditivo si los estímulos visuales y auditivos se pre- sentaban en simultaneidad. La imagen de los labios moviéndose influye, por tanto, en el procesamiento de las seña- les acústicas. A la inversa, las palabras oídas influyen en el análisis visual de los labios. El efecto sinérgico del oído y la vista aparece en zonas del cerebro que eran consideradas hasta ese mo- mento áreas sensoriales separadas. La imagen silenciosa de un orador basta para excitar de forma mensu- rable la corteza auditiva, aun cuando el orador sólo articule palabras sin sentido. Las muecas, sin embargo, no ejercen ningún tipo de efecto sobre la corteza auditiva. Con ello se pone de manifiesto que esta parte de la corte- za actúa de manera muy específica:

la integración sensorial de estímulos visuales y acústicos contribuye a pro- cesar el lenguaje. Por consiguiente, el segundo mo- delo, que parte del supuesto de una fusión muy temprana de los sentidos, parece más próximo a la realidad. En la misma dirección apuntan diversas mediciones que realizamos en el año 2005 en el Instituto Max Planck de Biología Cibernética, mediante reso-

nancia magnética de alta definición en diferentes zonas de la corteza auditiva de monos rhesus (Macaca mulatta). Esta parte de la corteza se compone a su vez de diferentes unidades. Los impulsos eléctricos provocados en el oído interno por las ondas acústicas entrantes, arriban —a través de una estación intermedia en el tálamo— a la corteza auditiva primaria. Desde aquí parten hacia las áreas auditivas superiores, que rodean a modo de un cinturón de pocos milímetros de espe- sor la corteza auditiva primaria. Durante los ensayos pudimos medir una mayor actividad en la corteza au- ditiva de los animales cuando, al mis- mo tiempo que escuchaban sonidos susurrantes a través de unos auricu- lares, les estimulábamos la palma de las manos o la planta de los pies con un cepillo. Ello era observable sobre todo en el extremo posterior de la corteza auditiva secundaria, lo que nos lleva a conjeturar que sea ése precisamente el lugar donde se da la integración sensorial. No conocemos la razón por la que son tales áreas cerebrales las responsa- bles de la combinación sensorial. Sin embargo, se apunta la posibilidad de que la parte posterior de la corteza auditiva se halle especializada en la captación de informaciones espacia- les; o sea, en reconocer de dónde pro-

3. EL LUGAR DE LA FUSION. Los impulsos sensoriales generados en el oído interno llegan a través del tálamo en primer lugar a la corteza auditiva primaria y, a continuación, de ésta a la secundaria. Aquí se combinan las señales auditivas con las informaciones proporcionadas por otros sentidos.

viene el sonido. Es de suponer, por lo tanto, que la fusión sensorial que aquí transcurre podría contribuir a asignar a diferentes percepciones sensoriales un mismo origen espacial. En todo caso, parece aceptable con- cluir que la integración sensorial se desarrolla en las áreas superiores de la corteza auditiva. De lo que se infiere que la integración acontece de forma muy temprana, pero no tanto como sería posible. Así, se evidencia que el primer modelo, que parte de un procesamiento separado de las per- cepciones sensoriales, es simplemente falso. El segundo, con la suposición de una fusión de los sentidos lo más temprana posible, parece algo exage- rado, aunque se corresponde más con la realidad. En cualquier caso, parece meridia- namente claro que la mayor parte del cerebro se ocupa de combinar las infor- maciones provenientes de los diferen- tes sentidos. En comparación, sólo una pequeña fracción de nuestro cerebro se dedica a un solo sentido.

CHRISTOPH KAYSER es matemático y doctor en ciencias. Investiga la integración de la información sensorial en el Institu- to Max Planck de Biología Cibernética en Tübingen.

Bibliografía complementaria

THE HANDBOOK OF MULTISENSORY PRO-

CESSES. Dirigido por G. A. Calvert et al. MIT Press; Cambridge, 2004.

INTEGRATION OF TOUCH AND SOUND IN

AUDITORY CORTEX. C. Kayser et al. en Neu- ron, vol. 48, n. o 2, págs. 373-84; 2005.

MULTISENSORY SPATIAL INTERACTIONS: A WINDOW ONTO FUNCTIONAL INTEGRA- TION IN THE HUMAN BRAIN. E. Macaluso

y J. Driver en Trends in Neurosciences, vol. 28, n. o 5, págs. 264-71; 2005.

Los niños olvidados

La proporción de pacientes psiquiátricos con hijos es muy alta en Occidente. Pese a ello, se ha venido subestimando la repercusión de la enfermedad psíquica de uno u otro de los progenitores en la descendencia. Ofrecemos un retazo de una vida entre la normalidad y la locura

Mila Hanke

de unos vecinos. Aquel mismo día

la madre de Lisa realizó su primer

E l primer día de clase en

las escuelas alemanas, los

niños llevan su bolsita de

golosinas. Todos cumplie-

ingreso en una clínica psiquiátrica. Se

le

diagnosticó un trastorno afectivo en

el

marco de una esquizofrenia.

Se calcula que, en Alemania, unos

ron menos Lisa. Lo recuerda muy

500.000 niños tienen al menos uno de

bien. Ahí empezó su historia. Cuando

los

progenitores con problemas psicó-

se reunieron para hacerse la foto, la

ticos. En lugar de ser reprendidos por

niña se encontraba desplazada. Sus

el

papá o la mamá en el parque, esos

manitas no agarraban la acostumbra-

menores, desde su más temprana edad,

da provisión de dulces. La mamá se había olvidado que era el primer día de escuela de su hija. De hecho, en su cabeza no había ningún lugar re- servado para la niña.

han de convivir con la depresión, la manía o la esquizofrenia. Sobre todo cuando la afectada y única educa- dora es la madre, los hijos quedan abandonados a su propio albur. Así

La madre se movía inquieta por la casa, de un sitio para otro. Tenía la

le

ocurrió a Lisa. Durante mucho tiempo, afirma Kat-

sensación de ser observada por los

ja

Beeck, se ha subestimado la sobre-

vecinos a través de la ventana, por las

carga que la enfermedad de sus padres

antenas de los tejados y por el mismo locutor de la televisión. “Cuando mi

supone para la psique del niño. Esa funcionaria ministerial de Berlín, que

madre empezó a comportarse de ma-

en

1999 puso en marcha la iniciativa

nera tan extraña debía yo de andar por

social “Red y Suelo”, dirige además

los seis años. No sabía qué era una

un

plan de acogida a niños en tales

enfermedad mental, ni entendía qué le ocurría a mi madre”, recapacita Lisa a

condiciones y organiza cursos de for- mación para colaboradores en la asis-

sus 27 años. Ahora puede hablar del

tencia psiquiátrica y apoyo a jóvenes.

mundo en que le tocó crecer, muy

A

tenor de las estadísticas, se trata de

diferente del conocido por la mayoría

niños que sufren trastornos psíquicos

con

una frecuencia doble que la de los

de los niños. En el pequeño apartamento alqui-

lado se amontonaba la suciedad y los platos sin fregar. Su madre no descansaba un minuto tranquila; en ocasiones, se pasaba varios días sin dormir. Por la noche oía música es- tridente y tenía largas conversaciones consigo misma. Cierta vez que Lisa se quejó de que así no podía dormir, su madre, en plena noche, la sacó a la

niños de su misma edad con familias “normales”. Las consecuencias de la continuada sobrecarga que para ellos supone la enfermedad de sus padres van desde problemas del sueño hasta situaciones de angustia y violencia, pasando por trastornos psicosomáticos

depresiones. Las causas estriban en la inseguridad emocional resultante de los brotes pa-

y

puerta de casa. La niña se acurrucó

tológicos del progenitor, la mayoría de

en la escalera hasta que a la mañana

las

veces imprevisibles. “En ocasiones

siguiente el cartero la llevó a casa

mi

madre me cogía en brazos y, de

repente, montaba en cólera y me arro- jaba los vasos encima”, dice Lisa. “Ya no sabía cómo tenía que comportarme con ella. Acabé teniendo miedo a mi propia madre.” Se registra también un cambio drástico en las relaciones paternofiliales. La exigencia infantil de entrega y protección se ve anulada por la enfermedad, llegándose a un

trueque de papeles: el hijo se convierte en madre y la madre en hijo. Lisa, niña, iba a la compra, cocina- ba, limpiaba y sorteaba las quejas de los vecinos como podía. Mientras que sus compañeros de clase, después de

la escuela, jugaban en el parque, a ella

no le quedaba tiempo. Se esforzaba por atender a las absurdas narraciones

de su madre. En la mayoría de los casos, las psicosis se presentaban por brotes. Entre uno y otro su comporta- miento era bastante normal. “Pero en ocasiones las aberrantes ideas de mi madre duraban meses. Con frecuencia yo misma ya no sabía lo que era real

y lo que no. Llegué a pensar: tal vez

la loca soy yo y no ella. A lo me- jor los servicios secretos sí están en nuestra casa.”

Nadie pregunta si Lisa necesita ayuda

Después del primer ingreso la madre de Lisa pasó tres meses en una institu- ción psiquiátrica cerrada. Durante ese tiempo, Lisa fue cuidada por dos tías, que se la alternaban periódicamente. El padre vivía muy lejos y los abuelos no podían hacerse cargo. Cuando la madre fue dada de alta ningún médi- co se interesó por las circunstancias familiares, ni nadie preguntó si Lisa necesitaba ayuda. La pequeña espera- ba una vuelta a la normalidad.

TODAS LAS FOTOGRAFIAS DE ESTE ARTICULO: STEFANIE SCHMITT / GEHIRN & GEIST

1. BLOQUEADA. Los hijos de padres con trastornos psíquicos padecen con frecuencia el abandono de su padre o de su madre.

Y tal pareció en un comienzo. La madre le prestaba todos los cuidados; se mostraba atenta y cariñosa. Sin embargo, transcurridas unas semanas los medicamentos empezaron a dejar de hacer efecto y apuntó un nuevo brote de psicosis. Cuando se sobrepa- sa un cierto punto, muchos pacientes dejan de darse cuenta de que están enfermos y necesitan ayuda. El caso es que, sin su colaboración, apenas se puede avanzar. En Alemania, el ingreso en un hospital en contra de la voluntad del paciente debe indicarlo un juez, quien considera que existe un peli- gro para el enfermo o para los de- más. No es infrecuente que los niños atraviesen graves experiencias antes de que sus padres sean sometidos a un tratamiento, sin excluir brotes de violencia o conductas autolesivas del progenitor enfermo. Aun cuando en la escuela no se muestren agresivos ni temerosos, los niños necesitan que se les preste una urgente atención psicológica.

Desde pequeña Lisa aprendió a cui- darse a sí misma. Hubo de solucio- narse sus problemas para no significar una carga sobreañadida. Soportaba que su madre le riñera sin motivo alguno. En ocasiones, sufrió la vergüenza de ver a su madre encaramada a la reja de la jaula de los tigres en el zoo, insultando a los vecinos o arrojando alimentos congelados a los peatones desde la ventana de la cocina. “Durante mucho tiempo he defendido a mi madre contra unos y otros. Era para mí un ángel, pero luego se fue convir- tiendo en un demonio. De repente le parecía mal todo lo que yo hacía. En algunos momentos llegué a odiarla.” A los 17 años Lisa estaba corporal y psíquicamente agotada. A través de una compañera de colegio se enteró de que la Oficina de Ayuda a la Juventud le financiaba una vivienda para terminar el bachillerato y presentarse al examen de reválida. Pero, ¿podía ser tan egoísta como para dejar a su madre sola? La adolescente no vio otra alternativa y abandonó la casa materna.

“Muchos me decían: ‘¡es tu madre! Actúa así porque está enferma’. Natu- ralmente que lo sabía. En los buenos tiempos era una persona amable y generosa, pero ahora ¿he de soportar todo lo que hace? El reproche moral era doloroso. En las fases agudas de la enfermedad todos los amigos rompían el contacto con mi madre. ¿Unicamen- te yo, su hija, había de ser quien no tuviera otra opción?” La manera en que los niños superan este tipo de situaciones vitales de- pende de muchos factores. Uno muy importante, disponer de una persona sana de referencia, sobre todo el otro progenitor. Pueden también ofrecer soporte emocional y ayuda práctica otros familiares. Cuanto más inmedia- ta para el niño sea la vivencia de los brotes psicopáticos, tanto mayor será la sobrecarga que padece. Sobrecarga que aumenta si el trastorno psíquico se convierte en crónico y dejan de presentarse fases “normales” prolon- gadas, con lo cual se hace imposible una vida familiar armónica.

Los hijos de padres psíquicamente enfermos necesitan ayuda, a ser posible antes de que los

Los hijos de padres psíquicamente enfermos necesitan ayuda, a ser posible antes de que los trastornos adquieran un carácter irremediable. Pionero en este campo fue William R. Beardslee, del Hospital Infantil de Boston, quien, a mediados de los noventa, ensayó un programa preventivo para niños que tenían un progenitor con problemas depresivos. Según demostró, a menudo la simple información sobre la enfer- medad opera ya de forma positiva. Los niños atendidos por Beardslee no sólo entendieron mejor su propia situación, sino que presentaron también menos trastornos psíquicos que los de un grupo control.

Hablar de la psique

Todavía fue mayor el éxito conseguido con otra medida preventiva, la con- sulta reiterada con el psicólogo. Las

conversaciones se desarrollaban bien de forma individual o de forma con- junta (padres e hijos), para expresar su experiencia personal. Los expertos completaron su “análisis sobre su si- tuación anímica” con explicaciones sobre la enfermedad y la sobrecarga que supone para los concernidos. Al final se debatía sobre la ayuda ne- cesaria. En Alemania se han ensayado tam- bién ciertos métodos para subvenir a las exigencias de los hijos de padres con trastornos psíquicos. De ámbito federal son los “Grupos Auryn”, nom- bre tomado del mágico amuleto que aparece en el La historia intermina- ble, de Michael Ende, o proyectos de apadrinamiento en los que se ofrece a los niños una persona en la que confiar. Se trabaja en colaboración con psiquiatras de hospitales.

2. CAMBIO DE PAPELES. Mientras la madre se ocupa de sí misma y de sus problemas, la hija ha de asumir las tareas domésticas.

Merece destacarse el trabajo de in- vestigación dirigido por Albert Lenz, de la Escuela Superior Católica de Paderborn. Entre 2001 y 2003 man-

tuvo entrevistas sobre situación vital, problemas y anhelos con varios cien- tos de colaboradores de dos clínicas psiquiátricas, así como con pacientes

y sus hijos. Se plantea si a la larga

sería deseable y aconsejable que los niños acompañaran a sus padres cuan-

do éstos ingresaran para tratamiento psiquiátrico.

¿Tratamiento conjunto de padres e hijos?

El apoyo consistiría en intentar crear un ambiente “sano” entre la madre y la

hija. En la lactancia y temprana infan- cia una relación estable con la madre es imprescindible para un normal de- sarrollo psicológico. Por el contrario, como demostró un estudio realizado en 2004 por Christiane Deneke, una interacción inestable, ocasionalmente agresiva, con mucha frecuencia crea graves problemas en los niños. Para Lenz, el internamiento conjunto de padres e hijos sólo adquiere sentido si

se cumplen determinadas condiciones;

entre ellas, que el personal de la clí- nica esté preparado para ocuparse de los requerimientos de los niños. La mayoría de los médicos y cui- dadores consultados valoran positi- vamente el modelo, como también lo hacen los pacientes. Las madres estuvieron motivadas con el tratamien- to y recobraron la confianza en sus propias capacidades, con la positiva repercusión consiguiente en su pro- ceso de curación. Con todo, no hay que perder de vista que durante su estancia en la clínica el niño puede resultar perjudicado, sobre todo si hay ingresados pacientes psicóticos. Los

niños viven de cerca brotes incontro- lados, ataques de pánico o síntomas de locura no sólo en su propia madre sino también en otras personas. Por otra parte, los beneficios pa- recen limitarse en la mayoría de las

3. DEDICACION MUTUA. Ante todas las dificultades se ha de mantener el vínculo entre padres e hijos. El apoyo profesional puede ser de gran ayuda.

ocasiones a los lactantes y preescola- res. En los niños mayores no tardan en aparecer el aburrimiento y el desaso- siego ante la ausencia de compañeros de su misma edad. (Lenz recomienda ingresar junto con la madre sólo a niños menores de cinco años.) En caso de graves trastornos psí- quicos de curso crónico, la separación podría ser, no obstante, la mejor so- lución, pues los niños no deben ser utilizados nunca como medio terapéu- tico para los padres. Sin olvidar que, cuantos más años estén sometidos los niños a una alternancia de protección

y frialdad, de atención y violencia,

más probable es que tengan problemas que puedan durar toda su vida.

Las preocupaciones persisten

Después de haberse ido de casa, Lisa seguía siendo la única persona que se preocupaba de su madre. Varias veces por semana acudía a visitarla. Por el camino se preguntaba qué novedades habría ese día. ¿Habría vuelto a de-

jar abierto el grifo de la bañera con

la inundación consiguiente? ¿Habría

olvidado una vela encendida en el

ascensor? ¿Se le habrá ocurrido coger

el coche e irse hacia el sur a 200 ki-

lómetros por hora? En las fases psicóticas, podría ocurrírsele comprar compulsivamen- te. Se gasta muy pronto la asigna- ción mensual. Para ahorrar se daba de baja en su seguro de enfermedad, dejando sin cobertura también a su hija. Al final Lisa acudió al Servi- cio Social de Asistencia Psiquiátrica para pedir un tutor que se ocupara también de vigilar las finanzas de su madre. Pero el problema no terminó ahí. Poco después, la madre recibió la visita de una inspectora médica. Pese a sufrir un episodio de psico- sis aguda, se percató de la posible “amenaza” que suponía esta visita y, mostrándole su mejor faceta, la invitó a tomar café. La inspectora

le entregó a Lisa un certificado en

café. La inspectora le entregó a Lisa un certificado en el que constaba que no había

el que constaba que no había motivo alguno para nombrar un tutor. “Me entraban deseos de que mi ma- dre cayera en una fase violenta para así disponer de una prueba visible de su comportamiento. Una vez perdí los nervios y la provoqué: ‘¡Ven, péga- me, así lo podré demostrar delante de todos!’. Pero no me pegó. Ella estaba convencida de que yo quería tenderle una trampa y que los ser- vicios secretos estaban sobre aviso”. Con el tiempo la madre de Lisa pudo superar la enfermedad: “Mi primer error fue no darme cuenta de que yo misma necesitaba ayuda, el segundo fue no reconocer que mi hija también la necesitaba”. Hoy Lisa desempeña su propia pro- fesión y vive con plena autonomía. Visita a su madre una vez por sema- na, quien, gracias a la medicación, ha alcanzado cierta estabilidad psíquica. Los hechos de su infancia han deja- do una profunda huella en la vida de Lisa. Nunca le ha abandonado la sensación de estar desamparada frente al mundo. También tiene dificultades

en sus relaciones. Una y otra vez va

a dar con compañeros que no acaban

de entender su vida. Con frecuencia

la satisfacción de sus deseos se queda

por el camino. “No estoy en condi-

ciones de reconocer mis sentimientos

y necesidades, ni mucho menos de

superarlos. Debo añadir una cosa que creo importante: quiero a mi madre. Pero reconozco que muchas experien- cias no me las merecía. Hay muchas Lisas por el mundo y tienen derecho

a ser niñas.”

MILA HANKE es psicóloga.

Bibliografía complementaria

OUT OF THE DARKNED ROOM. WHEN A PARENT IS DEPRESSED. PROTECTING THE CHILDREN AND STRENGTHENING THE FA-

MILY. W. R. Beardslee. Little, Brown & Co; Boston, 2002.

KINDER PSYCHISCH KRANKER ELTERN.

A. Lenz. Hogrefe; Göttingen, 2005.

SONNIGE TRAURIGTAGE. S. Homeier. Ma- buse; Frankfurt/M., 2006.

CORBIS

RIESGOS QUIRÚRGICOS Y DENUNCIAS JUDICIALES
RIESGOS
QUIRÚRGICOS
Y DENUNCIAS
JUDICIALES

Para un neurocirujano valorar los riesgos de una intervención y comunicárselo al paciente puede ser tan complicado como la cirugía misma

Katrina Firlik

N unca llegué a conocer a una

de las pacientes que más

huella han dejado en mí.

Yo era alumna de cuar-

to curso de medicina y rotaba en el servicio de neurocirugía; me encon- traba muy entusiasmada por asistir a una operación interesante y compleja. Como estudiante, lo único que po- día hacer era mantenerme distante y observar. Sin embargo, el jefe de servicio hizo que me sintiera parte del equipo analizando el caso conmigo y concediéndome el dudoso privilegio de colocarle a la paciente un caté- ter en la vejiga, una tarea modesta aunque necesaria. Tomé también la iniciativa de escribir en la historia clínica algunas pautas basadas en lo que sabía que la mujer necesitaría después de la operación; resultaron innecesarias. Supe por el jefe de servicio que la paciente intubada que dormía delante de mí era joven —en realidad, una adolescente— y que había decidido operarse sólo después de una dolorosa deliberación. Años antes se le había diagnosticado una malformación arte- riovenosa o MAV, un amasijo cerebral de vasos sanguíneos deformados. Por desgracia era gravísima, grande y alo- jada en un lugar peligroso. Un caso así crea una situación conocida extra- oficialmente entre los neurocirujanos como una “MAV de apretón de manos” porque, cuando el paciente sale de la consulta tras conocer el diagnóstico, lo único que el médico puede ofrecerle es un apretón de manos. La paciente y sus padres habían vivido con miedo, sin saber nunca si esta malformación decidiría sangrar,

ni cuándo. Sabían que, si sangraba,

sería letal, pero operarse también po- dría ser mortal. Respetaban la experta opinión de su cirujano desaconsejando la intervención y comprendían su re- ticencia a arriesgarse a responsabili- zarse de su muerte o incluso de algo peor, de una degeneración neurológi-

ca, si se intentaba la operación. Todo

el proceso psicológico que acompaña a una intervención cerebral puede ser a veces tan difícil como la propia ope- ración, y así debo recordármelo a mí misma, día tras día, en el ejercicio de

mi profesión.

Ahora o después

Un claro ejemplo de ese proceso psicológico es que lo que para un

cirujano debe acabar en un apretón

de manos, para otro supone un reto.

Cuando el neurocirujano de esta

paciente dejó el hospital, ella y sus padres solicitaron la opinión de otro médico conocido por sus excepciona-

les

dotes para la microcirugía y por

su

disposición para tratar los casos

más difíciles. Era raro que recha- zara un caso; en cierta ocasión, al aconsejarle a una paciente que no se operara, se rumoreaba que le había dicho: “Usted no me necesita a mí, sino a Jesucristo”. Sospecho que a esta joven y a sus padres les impresionó la confianza y la reputación del cirujano. Esta im- presión, junto con el desasosiego cró- nico que padecían por no hacer nada, debió inclinar la balanza a favor de la intervención. Una decisión como ésta se reduce fundamentalmente a responder a una pregunta: ¿Quiere afrontar el riesgo de una sola vez (operarse) o lentamente, con el paso del tiempo (esperar y observar)? La

KIT KITTLE

KIT KITTLE personalidad del paciente, más que la ciencia, puede ser el factor decisivo al tomar

personalidad del paciente, más que la ciencia, puede ser el factor decisivo al tomar semejante decisión. La operación suponía una hazaña técnica. La MAV, probablemente con- génita, no se daba por vencida. Había pasado toda su existencia dentro de los oscuros confines del cráneo de la mujer, compartiendo espacio con el cerebro, y éste, de forma natural, se había acostumbrado a su presencia. Aunque entrañaba un riesgo poten- cial para su vida, la malformación constituía ya parte de su naturaleza, no era una invasora reciente. El cirujano trabajó meticulosamente durante horas, bajo la intensa luz de los focos del microscopio quirúrgico. Fue sellando uno tras otro los vasos sanguíneos anómalos, asegurándose de cerrar primero la compleja entrada de flujo a la malformación y sabiendo que si cortaba la salida de este flujo antes de tiempo podría provocar una hemorragia extensa. Selló los últimos vasos y extrajo el amasijo informe. Me sorprendió el tamaño de la depre- sión que quedó en el cerebro. Cerró

1. LOS RIESGOS DEBEN EXPLICARSE de forma franca y clara. Si el paciente no está llorando para cuando termina de firmar el consentimiento de la operación, es que el cirujano no ha hecho bien su trabajo.

la cabeza de la mujer y anunció su recuperación. Tras contemplar con mis propios ojos sus extraordinarias dotes quirúr- gicas, tuve que admitir que su repu- tación, e incluso su petulancia, eran merecidas. Si alguna vez necesitara cirugía cerebral, él me operaría. Pensé

en la satisfacción que sentiría al salir a hablar con la familia, anunciar su éxi- to y confirmarles que habían acertado en su difícil decisión. Habían puesto la vida de su hija en sus manos y él les había librado de vivir con la amenaza de la malformación. Otros médicos se habían opuesto con firmeza a la ope- ración alegando un riesgo inasumible. Pese a todo, la familia había seguido adelante, y ahora podía celebrar haber tomado la decisión correcta. La paciente fue despertando gra- dualmente durante la siguiente me- dia hora, recuperándose despacio tras horas de anestesia. Pero cuando no llevaba mucho tiempo despierta, la enfermera notó los primeros síntomas de disfunción en el examen neuro- lógico. Unos minutos más tarde, la paciente dejó de responder. El escáner reveló la catástrofe: hemorragia cere- bral, que afectaba también al delicado tronco cerebral. El cirujano hizo todo lo humanamente posible, de nuevo en

la mesa de operaciones, pero la lesión

no remitía y lo sabía. La hemorragia era irreversible. A pesar de las buenas intenciones

y de una operación técnicamente exi-

tosa, el cerebro de la mujer no pudo soportar las alteraciones circulatorias que se produjeron con la extracción del amasijo de vasos deformados. Qui- zás una de las arterias que en otras circunstancias habría desarrollado su misión con normalidad, no soportó la nueva dinámica de presión y estalló. Tal vez, pudo haberse coagulado una vena crítica cerca de la malformación, impidiendo el riego sanguíneo del ce- rebro. Cualquiera que fuera la causa,

me imaginé que éste había sido el último aviso de la MAV, una adverten- cia de “no tocar” enviada a través del escáner y dirigida a cirujanos tentados a ofrecer a pacientes como ella algo más que un apretón de manos. Fue también una trágica introducción al mantra que oiría una y otra vez du- rante mis prácticas: “El paciente es quien arriesga, no el cirujano”. Años más tarde, siendo médico adjunto, conocí a otra paciente con una MAV de apretón de manos. Hacía tiempo que se había resignado a no hacer nada. El MAV de esta mujer era tan grande, que se extendía a lo largo del cuerpo calloso, una estruc- tura que conecta los dos hemisferios del cerebro. Por lo demás era una mujer saludable y activa de treinta y tantos años que había vivido siempre sabiendo que la MAV la acompañaría toda la vida. Esta paciente nunca había sufrido una hemorragia devastadora. Sí había atravesado episodios circunscritos en los que la malformación causó pe- queñas hemorragias en el cerebro. (Algo que suele ocurrir en las MAV mayores. Las pequeñas suelen cau- sar sangrados extensos por diversas razones.) Afortunadamente, esas pequeñas hemorragias estaban circunscritas en los lóbulos frontales, bastante elás- ticos. La paciente sufría de fuertes dolores de cabeza, pero no tenía importantes trastornos neurológicos. Cuando la conocí llevaba ingresada varios días en el hospital debido a las hemorragias mencionadas. Mi traba- jo consistía en controlarle la presión sanguínea y los dolores de cabeza. Era lo único que podíamos hacer por ella y, afortunadamente, era todo lo que necesitaba. Si a estas dos pacientes, víctimas de una incidencia azarosa en su desarro- llo, les hubieran dado la oportunidad de conocerse, ¿qué consejo le habría dado la mayor a la joven? Está claro que el cerebro puede adaptarse bas- tante bien a la presencia dominante de una malformación; pero, ¿se pue- de entrenar a la mente para que se adapte de la misma manera? Cuando la no intervención es la mejor op- ción, ¿cómo impedir que el miedo se convierta en enfermedad? ¿Acaba

el miedo por desaparecer o tenemos que expulsarlo nosotros? Mejor ser francos Saber es poder,

el miedo por desaparecer o tenemos que expulsarlo nosotros?

Mejor ser francos

Saber es poder, pero el conocimiento puede también alimentar el miedo. Los cirujanos están obligados a infor- mar a sus pacientes sobre el diagnós- tico y posibles tratamientos y deben saber manejar la ansiedad que va aparejada a dicho conocimiento. He descubierto que tratar la ansiedad de un paciente puede resultar más com- plicado y más lento que la operación misma. Algunos cirujanos detestan esta parte del trabajo; les recuerda las razones por las que no se dedicaron a la psiquiatría u otras ramas de la medicina. Prefieren a los pacientes ya anestesiados, no a los que se retuercen las manos, lloran o incluso leen, una por una, una lista de preguntas de cada miembro de su familia. Otros encuentran estas interacciones grati- fi cantes. Yo me decanto más por el

2. EN LA SALA DE OPERACIONES (Firlik, a la izquierda). La infección siempre es un riesgo. Si el paciente no tiene suerte, ¿debe culpar al cirujano? ¿Debe llamar a su abogado?

último grupo, aunque comprendo el sentir de los primeros. Manejar la ansiedad no es siempre agradable, por eso algunos cirujanos no le dedican mucho tiempo. Re- cuerdo que, como médico, tuve que reconducir los temores de una pa- ciente convencida de que se moría de un tumor cerebral. Tenía un pequeño tumor benigno, un neuroma acústi- co, en uno de los nervios de la base del cerebro. No presentaba síntomas. El tumor había sido descubierto por casualidad al someterse a un escáner cerebral por distinto motivo. Era una mujer de mediana edad a quien un cirujano de otra institución le ha- bía recomendado no hacer nada al respecto. Salió de su consulta con la idea de sufrir un tumor cerebral irremediable.

Cuando un pariente le instó a que pidiera una segunda opinión en nues- tra clínica, acudió a mi despacho en compañía de su familia. Miró alrede-

dor de la habitación a todos sus seres queridos y les dijo con tristeza que ésas serían probablemente las últimas navidades que pasaría con ellos, pues estaba sentenciada. Analicé su resonancia magnética

y la comentamos. Le expliqué que en realidad tenía un pequeño tumor benigno en la base del cerebro (no en

el cerebro) y que era posible que allí

estuviera desde hacía mucho tiempo. Le dije que era más probable que mu- riera años más tarde por un motivo totalmente diferente, antes de que ese pequeño tumor causara un mínimo problema. Repasamos una por una las opciones y nos quedamos con la

CORTESIA DEL HOSPITAL DE GREENWICH, GREENWICH, CONN
CORTESIA DEL HOSPITAL DE GREENWICH, GREENWICH, CONN

3. ALGUNOS CIRUJANOS PREFIEREN a los pacientes ya anestesiados que a los que se retuercen las manos mientras toman una decisión. Otros encuentran estas interacciones gratificantes.

que satisfacía a todos: dejarlo en ob- servación. Me alegró haber sido útil. Siempre es gratificante aumentar la esperanza de vida de alguien sin ni siquiera haber cogido un bisturí. Durante mis prácticas, observaba con atención las formas tan diferentes que tenían los neurocirujanos de co- mentar con sus pacientes los riesgos de una operación. Sabía que debía seguir mi propio método, pero me imaginé que siempre aprendería de las que parecían eficaces. En un extremo de la gama se situaba el cirujano afec- tuoso que cogía las manos al paciente mientras le explicaba lo que podía salir mal, salpicando el dictamen de referencias religiosas (“Le sacaremos de esto, con la gracia de Dios”). Ese estilo funcionaba de maravilla, sobre todo con mujeres mayores, pero nunca pude adoptarlo. Este mismo cirujano también tenía éxito con argumentos más chispeantes. Lo observé ponde- rando una situación difícil con una pa-

ciente y su extensísima familia italia- na. Intentaba hacerse entender sobre el riesgo de extraer un tumor en la base del cerebro, operación complicada en razón de los nervios envolventes. Des- pués de pensarlo durante segundos, les explicó: “Es como intentar llegar a una gran albóndiga que está dentro de un plato de espaguetis”. En el extremo opuesto del abanico se hallaba el tipo que, me provoca pudor admitirlo, se entretenía mirando de una forma algo sádica. Hay sólo una manera de describir su estilo:

franco. Informaba de los riesgos de la operación de aneurisma cerebral, justo antes de que la paciente firma- ra su consentimiento, de esta suerte:

“Podría tener un derrame cerebral. (Pausa.) Podría sufrir un daño cerebral permanente. (Pausa.) Podría quedarse como un vegetal. (Pausa.) Podría mo- rir”. Aunque estas declaraciones eran técnicamente correctas, la voz monó- tona con que las pronunciaba junto

con las maneras de gran experto con que las acompañaba, ejemplificaban

una extraña habilidad para hacer que el paciente y su familia se pusieran

a llorar. No es necesario decir que yo tam-

poco adopté este estilo, pero sí aprecié la advertencia: si el paciente no está llorando para cuando acaba de firmar el consentimiento de la operación, es que no has hecho bien tu trabajo. Aunque yo no dejo a todos y cada uno de mis pacientes con lágrimas en los ojos, sí estoy de acuerdo con el espíritu del consejo: los riesgos de

la cirugía hay que dejarlos claros con

toda franqueza; no pueden tomarse a la ligera. Aunque algunos pacientes prefieren no escuchar todos los ries- gos y sí firmar la autorización (te- men cambiar de opinión si escuchan demasiado), creo que por su propio interés deben saberlo todo. Más aún, lo último que desea un cirujano es que el paciente vuelva des- pués de la operación diciendo que no tenía ni idea de que podía acabar así:

con una infección, dolores de cabeza, lesiones nerviosas, pérdida de sensi-

bilidad en un pie, una fea cicatriz o un desenlace no exactamente perfecto (usted elige). La siguiente persona de la que el cirujano va a oír hablar es un abogado.

No me denuncie

La actitud del paciente, por supues- to, complica la discusión sobre los riesgos. He visto recientemente a una paciente operada de columna años atrás. Como ocurre a menudo, la ra-

zón principal de la operación —artri- tis avanzada, que puede darse con la edad— continuaba empeorando. Aho-

ra se enfrentaba a una posible segunda

operación, de una parte próxima a la columna. Yo conocía al cirujano que la había operado la primera vez, un colega de muy buena reputación, y quise saber por qué no había ido a verle a él. “¡Bueno, él me provocó una in- fección, así que le aseguro que no va a volver a tratarme!” Este tipo de declaración, y la fuerte emotividad con la que se pronunció, me hicie- ron despertar sospechas. Habría sido fácil para mí caer en la trampa de la adulación (la paciente me había ele- gido por encima de mi colega), pero la realidad es que éste es el tipo de paciente que cree que los conceptos de riesgo y complicación están uni- dos clara e inextricablemente a otro concepto: culpa. Si algo sale mal, alguien tiene la culpa. No existe la

mala suerte. Me imaginé por su tono de voz que creía que su cirujano había embadur- nado deliberadamente de bacterias la sala de operaciones, y eso le había provocado fiebre, pus y una cicatriz

rojiza e hinchada. Lo cierto es que la infección es (y siempre será) un riesgo en cualquier intervención. Aunque se tomen todas las medidas para que esa probabilidad se reduzca al máximo, casi a cero, aun así ronda el 1 por ciento (un porcentaje ligeramente su- perior o inferior, dependiendo de la sala de operaciones, las circunstancias

y la salud del paciente). Los ciruja-

nos se lamentan cuando un paciente desarrolla una infección, pero no sue- len considerarse culpables. Aunque es cierto que en raras excepciones se puede responsabilizar a personas por descuidarse en el cumplimiento

de las técnicas de esterilización, tal negligencia se da en muy contadas ocasiones. Así que si usted es el desafortu- nado que entra en ese 1 por ciento debido a que las bacterias que viven naturalmente en su piel (la fuente más común) le infectan la herida, ¿debe culpar a su cirujano? ¿Debe acudir

a su abogado? ¿Debe urgir que al-

guien pague? Una de las razones del descontento de los médicos se debe a que ha cambiado el concepto de mala praxis. Ahora no se define como una verdadera negligencia o un comportamiento indebido, sino que

cualquier resultado desfavorable, por

sí mismo, provoca una reclamación

de “mala praxis”. La calidad de los cuidados administrados puede consi- derarse irrelevante. Nunca me han denunciado, pero algún día lo harán. Toda la nueva generación de cirujanos esperan ser denunciados. No importa lo buenos que seamos o con cuánto cuidado ejerzamos. Por esa razón yo siem- pre estoy intentando imaginar cuál de mis pacientes será el más propenso a denunciarme. Si los veo venir (porque se regodean del juicio que ganaron al doctor Fulano de Tal, cuando la cirugía no fue lo que habían soñado que sería), entonces prefiero no tener nada que ver con ellos y recomen- darles un mejor tratamiento en otro lugar. La mayoría de las veces, sin embargo, no es tan obvio, y uno tiene que echarle valor. ¿Injusto? Puede ser. ¿Paranoico? En absoluto.

KATRINA FIRLIK, neurocirujana, ejerce en una clínica privada, tarea que com- parte con la docencia en la facultad de medicina de la Universidad de Yale. Este artículo, extractado de su libro Another Day in the Frontal Lobe: A Brain Surgeon Exposes Life on the Inside, se publica con la autorización de Random House, Inc. © 2006 Katrina S. Firlik.

Bibliografía complementaria

SIMPLE RISK PREDICTIONS FOR ARTERIO- VENOUS MALFORMATION HEMORRHAGE.

D. Kondziolka, M. R. McLaughlin y J. R. Kestle en Neurosurgery, vol. 37, n. o 5, págs. 851-855; noviembre de 1995.

y J. R. Kestle en Neurosurgery, vol. 37, n. o 5, págs. 851-855; noviembre de 1995.

SIGANIM / GEHIRN & GEIST

Neuroprótesis

interactivas

Desde hace tiempo se vienen aplicando implantes oculares y auriculares. Pero, ¿qué hay de las prótesis cerebrales? Se trata de una idea a la que es difícil acostumbrarse, aunque viable

Frank W. Ohl y Henning Scheich

1. UN CHIP EN LA CABEZA. ¿Cambiaría la personalidad de un ser humano después de implantarle una prótesis en el cerebro?

C uerpo y espíritu han sido

considerados tradicional-

mente las dos caras de una

misma moneda. Sin embar-

go, por diferentes que nos puedan pa-

recer las dos características de nuestro Yo, nos debemos plantear si son tan claramente separables. ¿Son cuerpo y alma dos conceptos inextricablemente unidos como las moléculas fundidas de una moneda o son como su cara y su cruz? El estado actual de desarrollo de las novedosas prótesis neuronales

y de la investigación básica asociada

a ellas nos muestra cuán discutible

resulta la separación radical entre lo material y lo espiritual. Comencemos por el aspecto corporal. Quien pierde un dedo, una mano

o hasta un brazo entero por causa de una enfermedad o de un accidente reflexionará sobre la conveniencia de

la utilización de miembros artificiales.

Para tomar una decisión, sopesará has-

ta qué punto le limita en su actividad

cotidiana la pérdida en cuestión y en

qué medida puede la prótesis subsanar

la discapacidad. Debería considerar en

ese proceso que una prótesis es un elemento de repuesto sin más, cons- truido a imitación del original, que cumplirá ciertas funciones importan-

tes, pero que no le convertirá en una persona diferente. El Yo permanecerá inalterado. Esta invariabilidad continúa sien- do comúnmente aceptada si aplica- mos la misma disquisición a otros órganos: ojos, oídos, hígado, corazón

o riñones. Sólo en el caso de que

el órgano afectado fuera el cerebro —o sea, la “base material” de nues- tra “mente”— experimentaríamos la sensación de que las consecuencias podrían ser diferentes. ¿Cuál es, sin embargo, la principal diferencia entre las prótesis neurona-

les y otros “miembros de repuesto”? En principio, las prótesis aludidas no son más que artilugios técnicos que deben restablecer funciones perdidas

o dañadas, en su caso del sistema

nervioso. Debe prestarse en nuestra argumentación singular atención a la palabra restablecer: en el pasado se

lograba sólo compensar la pérdida de ciertas capacidades con el empleo de otras, lo que se sigue haciendo hoy en día, por ejemplo, cuando las

personas con deficiencias visuales

aprenden a leer la escritura Braille,

o cuando los sordos se comunican

mediante el lenguaje de los signos

o captan información a través de la lectura de labios.

Conexiones nerviosas

Midieron con ellos la actividad ce- rebral del animal en el momento en que accionaba una palanca. Las señales captadas fueron convertidas, mediante un software desarrollado a tal efecto por los investigadores, en comandos informáticos, que transmi- tieron vía Internet a un laboratorio

Las

neuroprótesis aspiran, en cambio,

situado a mil kilómetros de distancia.

Niels Birbaumer; MENTE Y CERE-

y

BRO, n. o 10].

a

su “fuerza mental”, una prótesis de

a una verdadera reconstrucción de la función, en interacción directa con áreas del sistema nervioso a través de un punto de conexión adecuado o interfaz neuronal. La conexión pue-

Un segundo ordenador procesaba allí los pensamientos de Belle y movía, como por arte de magia, un brazo robótico. Se ha logrado una transmisión de

de

hallarse en la periferia del sis-

pensamiento similar en seres huma-

tema nervioso, por ejemplo en los

nos. Niels Bierbaumer, de la Univer-

nervios sensoriales que transmiten

sidad de Tübingen, desarrolló en 1999

el

estímulo neuronal desde el ojo o

un “aparato traductor de pensamien-

el

oído hasta el cerebro, o en áreas

tos”. Este aparato mide, mediante

centrales del sistema nervioso, como

electroencefalografía, las corrientes

el

propio cerebro. La aplicación se

cerebrales de una persona sometida al

tornará más compleja a medida que vayamos profundizando en el refugio

experimento mientras ésta se imagina el movimiento de un cursor en una

neuronal de la conciencia. ¿En qué momento se cruza el umbral más allá

pantalla de ordenador. Tras prolon- gados ensayos, pueden transformarse

del

cual, un recambio artificial de

las señales captadas en acciones con-

mi

“hardware” biológico cambiará

trolables, una esperanza para pacien-

mi

Yo? Es precisamente esa distin-

tes parapléjicos [véase “Lectura del

ción entre periferia y centro lo que caracteriza la actual evolución de las prótesis neuronales. Aparte del lugar de aplicación de

pensamiento”, por Nicola Neumann

John Donoghue y su grupo, de la

las

prótesis, periférico o central, im-

Universidad Brown en Providence,

porta la dirección en la que fluye la información: un implante neuronal “lector” registra la actividad moto- ra del sistema nervioso para mover

se propusieron una intervención más aventurada en seres humanos: en verano del año 2004 implantaron a Matthew Nagle, paralítico de cuello

un

brazo paralizado. Otros implan-

para abajo debido a un ataque con

tes

pueden, en cambio, actuar como

arma blanca, un chip “BrainGate”.

“informadores”, enviando al cerebro

Esta “puerta del cerebro” registraba

las

señales captadas del exterior para

las señales cerebrales de Nagle, hasta

generar una sensación. Las prótesis neuronales lectoras

ponemos de sistemas que miden la

lograr que el paciente moviera, gracias

se emplean desde hace tiempo. Dis-

actividad de los nervios que inervan

mano. Posteriormente, el sujeto ha logrado dibujar incluso una figura geométrica con bastante aproxima-

de la vejiga en pacientes parapléjicos

los

músculos, para así dirigir artifi-

ción.

cialmente movimientos de manos, bra-

La utilización de prótesis neurona-

zos

o piernas. Se ha demostrado que

les informadoras, por el contrario, se

cabe un control semejante mediante

limita de momento al sector periféri-

la

medición de la actividad neuronal

co del sistema nervioso. Sin embargo,

en áreas centrales del cerebro. Un inquietante experimento fue llevado a cabo en el año 2000 por el equipo de Miguel Nicolelis, de

ha encontrado ya aplicación clínica; así, en la regulación, por un estimu- lador vesicular, de la función propia

la Universidad de Duke en Dur-

o

en los implantes cocleares, con los

ham. Los neurobiólogos implantaron electrodos en la corteza cerebral de Belle, una hembra de mono rhesus.

que personas sordas pueden llegar a percibir acústicamente el lenguaje. Un chip informático convierte los

En el sistema nervioso periférico: En el sistema nervioso central: prótesis de mano BrainGate —
En el sistema nervioso periférico:
En el sistema nervioso central:
prótesis de mano
BrainGate — Chip de silicio
CUATRO TIPOS
DE NEUROPROTESIS
Externo
Interno
En el dominio de los futuribles:
Implante coclear
prótesis cortical
ABAJO A LA IZQUIERDA, CORTESIA DE MED-EL DEUTSCHLAND GMBH; LAS DEMAS ILUSTRACIONES: SIGANIM / GEHIRN & GEIST
Lectura de informaciónSuministro
de información

2. REPUESTOS PARA TODOS LOS CASOS. Las neuroprótesis se pueden colocar en el sistema nervioso periférico (izquierda) o en el central (derecha). Los implantes lectores (fila superior) dirigen la actividad muscular, mientras que los informadores (abajo) generan percepciones sensoriales.

sonidos grabados por un micrófono

en señales eléctricas y estimula el

nervio auditivo mediante un sistema

de electrodos implantado en la cóclea.

Y se está sometiendo a ensayo

implantes de retina para personas ciegas; constan de un sistema con cámara, microchip y electrodos im- plantados en el ojo.

Avance hacia el centro

Los implantes cocleares y de retina

no funcionan si las regiones cerebrales responsables de esas percepciones sen- soriales están dañadas. Por eso, desde

los años sesenta se viene intentando

provocar ciertas sensaciones en áreas centrales del sistema nervioso —como la corteza auditiva— mediante esti- mulación eléctrica con la ayuda de

prótesis informadoras. Proyectos de investigación similares tienen como

objetivo la estimulación eléctrica de

la corteza visual para generar percep-

ciones visuales. Hasta el momento, los experimen-

tos han fracasado. Los pacientes cuya corteza visual fue sometida a esti- mulación eléctrica, apenas llegaron

a percibir puntos de luz cromáticos,

fosfenos. Permanecían ocultas a su percepción figuras más complejas, con bordes y contornos. La estimulación eléctrica de la corteza auditiva per-

mitía a los pacientes oír, en el mejor de los casos, una suerte de murmullo

o crujido. La causa de estos fracasos ha de buscarse más allá del desarrollo in- suficiente de técnica de los elementos

de conexión. Se trata de un proble- ma de otra índole: a diferencia de un nervio periférico, la corteza sensorial no trabaja como receptor pasivo, que se limite a reflejar el entorno. El procesamiento sensorial en el cerebro responde a un sistema al- tamente flexible y activo, que rein- terpreta sin cesar las informaciones aferentes, de acuerdo con el estado neuronal de otras áreas cerebrales. Unos estímulos eléctricos simples, como los empleados con éxito en los nervios óptico y auditivo, no pue- den alcanzar idéntico rendimiento en la corteza cerebral. Una prótesis sensorial implantada en ella debe- ría funcionar de forma autónoma y flexible, midiendo e interpretando simultáneamente la actividad proce-

dente de zonas cerebrales muy di- versas. Tal neuroprótesis debería ser capaz, por consiguiente, de mantener un fructífero diálogo con el sistema nervioso

Escuchar el silencio

En colaboración con un equipo de fisiólogos, médicos y técnicos es- tamos investigando actualmente los principios básicos de dicho diálogo. Nos servimos para ello de ratones del desierto mongoles (Meriones un- guiculatus) que perciben el sonido en el espectro acústico de baja fre- cuencia, de una forma muy similar al ser humano; poseen, además, una elevada capacidad de aprendizaje. La aplican, por ejemplo, para saltar por encima de una valla en cuanto oyen dos tonos en escala ascendente. En caso de percibir tonos descen- dentes, se mantienen quietos. Se les puede enseñar a saltar únicamente cuando escuchan una serie de tonos iguales en intervalos temporales de- crecientes. Procedimos a implantar prototipos de una neuroprótesis de dos canales en la corteza auditiva de nuestros ratones del desierto, lo que nos habría de permitir estimular artifi- cialmente de forma simultánea dos puntos de esa área del cerebro: la zona donde se procesan los tonos de alta frecuencia y la zona de la baja frecuencia. Nuestra prótesis funcionó. Los ra- tones pasaron el ensayo con nota sin escuchar un simple sonido. No sólo distinguían entre tonos de alta frecuen- cia y tonos de baja frecuencia, sino que percibían además las variacio- nes de los intervalos temporales entre estímulos. Los animales implantados no eran superados ni siquiera por es- tímulos más complejos, en los que combinábamos diferentes patrones de excitación espaciales y temporales. En definitiva, aprendieron al mismo ritmo que sus congéneres no operados, que escuchaban los tonos a través del sistema auricular. Una prótesis en la corteza auditiva permite, pues, generar percepciones similares a las naturales. Sin em- bargo, nuestros experimentos demos- traron que la estimulación eléctrica debía provocarse en el cerebro en

momentos muy precisos, ya que la

capacidad de aprendizaje de los rato- nes aumentaba drásticamente cuando producíamos los impulsos en la cor- teza auditiva en determinadas fases de la actividad cerebral. Por consi- guiente, la prótesis se verá abocada

a intercambiar información con las

áreas cerebrales estimulables. En la práctica, eso significa que las pró- tesis corticales informadoras deben

aprender en primer lugar a adaptarse

a su interlocutor, por ejemplo, a la

corteza auditiva. Los primeros y prometedores resultados nos remiten a la cues- tión formulada al principio del artículo: ¿se transforma, con una prótesis cerebral, una persona en otra diferente? En principio, sí. Al fin y al cabo, puede cambiar pro- fundamente su percepción. Cierto es que pueden esgrimirse idénticos argumentos para muchos procesos cotidianos: constantemente vivimos nuevas experiencias y aprendemos de ellas, con lo que transformamos nuestro Yo. El desarrollo de neuroprótesis inte- ractivas se halla en fase embrionaria.

Pero podemos ya afirmar que la inves- tigación básica, la aplicación clínica

y el cuestionamiento ético y social

deben avanzar en paralelo. Sólo así se desvanecerá en parte el miedo que supuestamente nos inspira pensar en una prótesis en el cerebro.

FRANK W. OHL es profesor de neuro- biología en la Universidad de Magdebur- go y dirige un grupo de trabajo para el desarrollo de neuroprótesis interactivas en el Instituto Leibniz de Neurobiología, cuyo director es HENNING SCHEICH.

Bibliografía complementaria

 

AN ANIMAL MODEL OF AUDITORY COR-

TEX PROSTHESES. H. Scheich y A. Breindl en Audiology & Neurotologie, vol. 7, n. o 3, págs. 191–194; 2002.

LEARNING-INDUCED PLASTICITY IN THE

AUDITORY CORTEX. F. W. Ohl y H. Scheich en Current Opinion in Neurobiology, vol. 15, n. o 4, págs. 470–477; 2005.

NEUROPROSTHETICS:

IN

SEARCH

OF

THE SIXTH SENSE. A. Abbott en Nature, vol. 442, n. o 7099, págs. 125–127; 2006.

S IXTH S ENSE . A. Abbott en Nature , vol. 442, n. o 7099, págs.

Pensamiento

mágico

Las personas con inclinación por lo extrasensorial producen frecuente desconcierto en los ensayos experimentales. No sólo descuellan en algunos tests de creatividad, sino que perciben su entorno de una forma peculiar

Peter Brugger

E l procedimiento seguido en

el ensayo es sencillo. A lo

largo de un corredor de

dos metros de ancho, se

traza una raya negra recta, equidis- tante de ambos flancos. La directora del experimento conduce a una joven a uno de los extremos del pasillo y le venda los ojos. Colocando cuida- dosamente un pie delante del otro, la voluntaria debe seguir la línea del suelo con la máxima fidelidad que le sea posible. Todo desvío hacia la izquierda o hacia la derecha se pro- tocoliza meticulosamente. Antes de que la persona vendada choque con una u otra pared, se la vuelve a co- locar sobre la línea central y desde allí retoma su camino. Christine Mohr, ahora docente en psicología experimental y neuropsi- quiatría en la Universidad de Bris- tol, diseñó ese experimento hace unos años para su tesis doctoral en la Uni- versidad de Zúrich. En el tema de grado abordaba las bases neurofisioló- gicas de la creencia en los fenómenos paranormales. ¿Y qué tiene todo esto de paranor- mal? A primera vista parece difícil

establecer una relación entre ambas cuestiones. Para descubrirla, hemos de saber que el experimento de recorrer los veinte metros de pasillo con los ojos vendados consta de una segunda parte. En ella, el voluntario aporta información sobre sus opiniones en

torno a la pregunta clave: ¿Qué opi- nión le merece a usted la parapsico- logía? En ese punto, las experiencias con los fenómenos “psi” (abreviación de psíquicos o suprasensoriales), como la telepatía y la clarividencia (conocimiento presente de objetos o acontecimientos ocultos y previsión de sucesos futuros), se encuentran en el punto central, así como la fe en la psicoquinesis: la supuesta facultad de mover objetos con la única fuerza de la imaginación.

Los esotéricos se desvían

Christine Mohr hizo que tres docenas de voluntarios realizaran su ensayo de la raya en el ático de la Clínica Uni- versitaria de Zúrich y le confesaran, además, su “profesión de fe paranor- mal”. Tras las pruebas, el resultado fue claro: cuanto más convencido es- taba alguien de la existencia de los fenómenos supranormales, tanto más tendía a irse hacia la izquierda en su recorrido. El “izquierdismo” era a veces tan leve, que los voluntarios ni siquiera se percataban de ese des- lizamiento. Pero, considerándolo arit- méticamente, no había lugar a dudas:

lo mismo en las primeras desviacio- nes de la línea que en la media del conjunto de ellas, las personas que creían en lo paranormal se desviaban en su recorrido por la cinta de veinte metros. ¿Qué lección extraer? Los parti- darios convencidos de los fenóme- nos esotéricos nos dejan perplejos

una y otra vez en los experimentos que llevamos a cabo en la Universi- dad de Zúrich. Así, en los tests de asociación de palabras se muestran a menudo más rápidos y establecen más relaciones que los escépticos re- conocidos. Y se les ocurren también más ideas sobre lo que se puede ver en una imagen imprecisa. Reconocen antes patrones en modelos aleatorios generados por ordenador. Da la im- presión, cuando se trabaja con ellos, de que basta cualquier pretexto para que distingan algún sentido profundo. La investigación de la creencia en lo suprasensorial, amén de posibilitarnos obtener importantes conocimientos so- bre las fuentes neuronales de la crea- tividad, nos permite reproducir en el terreno neuropsicológico esa frontera tan difusa entre la creación genial y la locura. ¿De dónde surge esa extraña ten- dencia hacia la izquierda de los volun- tarios? Antes de responder, conviene recordar ciertas nociones básicas. De la misma manera que cada una de las dos mitades cerebrales gobierna de manera casi exclusiva los movi- mientos de la mitad corporal contraria,

1. NO EN LINEA RECTA. Quienes se sienten atraídos por el pensamiento mágico muestran una tendencia inequívoca a desviarse hacia la izquierda al intentar andar recto con los ojos vendados.

GINA GORNY / GEHIRN & GEIST
GINA GORNY / GEHIRN & GEIST

GEHIRN & GEIST

GEHIRN & GEIST 2. QUIEN RIE EL ULTIMO rostro le parece a usted más alegre: éste

2. QUIEN RIE EL ULTIMO

rostro le parece a usted más alegre:

éste de aquí o el de la figura 4?

¿Qué

la percepción sensorial completa del espacio exterior —a través de los ojos, los oídos o los órganos gustativos— se organiza predominantemente de forma cruzada. Por esa razón, una lesión importante en el área visual del ló- bulo occipital del hemisferio derecho produce déficits en el campo visual izquierdo. Si las lesiones se producen

un poco más adelante, en el lóbulo temporal derecho, los pacientes afec- tados dejan de percibir, “pasan por alto”, las cosas que se encuentran a la izquierda de su campo visual. En este caso no se trata de un trastorno visual en sentido estricto, sino de un “nodarsecuenta”. A esa área cerebral le compete el control de la atención

visual: si se resiente, lo visto no pasa

a la conciencia.

Para esclarecer tales asimetrías de la atención, los neuropsicólogos recurren

a las imágenes de “rostros quiméri-

cos” (véase la figura 2), cuya mímica es considerada como ambigua por la mayoría de las personas. En estos ros- tros quiméricos se curva, por ejemplo, la comisura derecha de la boca hacia arriba y la comisura izquierda hacia abajo; o, al revés: la comisura derecha hacia abajo y la izquierda hacia arriba. El que a uno le parezca uno de estos rostros “alegre” o “triste” dependerá del lado de la imagen al que preste más atención. Los pacientes con tras- tornos de la atención hemilaterales no tienen ninguna dificultad para diferen- ciarlos: juzgan el rostro sin vacilación alguna según la mitad que perciben. Pero también con los sanos se produ-

¿Qué número está en el medio?

Lea usted en voz alta a su compañero las cifras situadas debajo y pídale que identifique, calculando a ojo, qué número se encuentra en el medio. Por ejemplo: la solución correcta para el par de cifras 3 y 5 sería 4. Las siguientes tareas son algo más difíciles. Aquí se pueden cometer errores con total tranquilidad, mas para cada respuesta se tiene solamente un máximo de dos segundos de tiempo.

2

8

15

3

17

7

3

11

5

17

14

2

izquierdo.hemisferioelsobrepredomina

derechohemisferioelabstractocuantitativoterrenoelenparece,quelo

Porreconocidos.escépticoslosqueizquierdalahaciamásderivanmágicas,

relacionesotrasyclarividencialatelepatía,laencreenqueestudiantesLos

pequeñas.cifrasdeprincipalmentecomponenseerróneasrespuestassus

quecasignifiquelonúmeros,delafilaenizquierda”la“haciamayoría

suendivergensanosdiestroslosmiedo:tengaNobaja?laa¿Valora

cen preferencias. Puede comprobarlo el lector consigo mismo. La mayoría de los diestros señalan el rostro de la figura 4 como “alegre”, pues atienden más a la información proveniente de su campo visual iz- quierdo. Pero resulta sorprendente que los voluntarios con una marcada inclinación hacia lo esotérico se fíen para su juicio en el contenido de la izquierda de la imagen y lo hagan con mayor intensidad que los escépticos. También entre ellos son mayoría los que consideran “más triste” el rostro de la figura 2 que los que consideran “más triste” el de la figura 4. Pero los esotéricos perciben la diferencia de una forma más vívida. La preferencia por lo izquierdo tras- ciende la mera elaboración visual del entorno. Esta circunstancia se muestra en una prueba en la cual los volun- tarios tienen que establecer, a través del tacto y con los ojos vendados, dónde se encuentra la mitad exacta de un palo. Los diestros sanos tien- den a irse ligeramente a la izquier- da; y, entre ellos, los esotéricos más intensamente que los escépticos. Los pacientes con una lesión en el lóbulo temporal derecho, en cambio, tienden hacia la derecha, pues cuanto cae a su izquierda recibe menos atención. En los cálculos mentales se ponen también de manifiesto asimetrías iz- quierda-derecha. Responda usted rá- pidamente y sin pensar: ¿qué cifra se encuentra exactamente entre 15 y 3? Este tipo de tareas valorativas las solucionamos mediante la visualiza- ción interna de una fila de números. Semejante ordenación lineal interna

3. LA MITAD MEJOR. Cuando las personas sanas tienen que localizar, con los ojos vendados y utilizando sólo el tacto, el punto medio de un palo, lo habitual es que se equivoquen hacia la izquierda. La desviación puede cuantificarse modificando el protocolo del experimento. En los pacientes con esquizofrenia e ideas delirantes el desvío es mucho más drástico. Siguen los dictados de la mitad cerebral derecha de forma más intensa, lo que explica el desplazamiento hacia la izquierda.

GINA GORNY / GEHIRN & GEIST
GINA GORNY / GEHIRN & GEIST

GEHIRN & GEIST

GEHIRN & GEIST RIE MEJOR. Los diestros tienden a valorar la expresión de sentimiento de un

RIE

MEJOR. Los diestros

tienden a valorar la expresión de sentimiento de un rostro a partir de la información procedente del campo visual izquierdo. Esa es la razón por la cual suelen concluir que el gesto de este dibujo es más alegre que el de la figura 2. Los voluntarios sanos con tendencias esotéricas llegan por lo regular a idéntica conclusión, aunque con una diferencia: encuentran el contraste entre las dos imágenes todavía más acusado.

de números se extiende, en nuestro

círculo cultural, de izquierda (en don- de se sitúan los números más bajos)

a derecha (en donde se colocan los

números más altos). Las cosas no son tan sencillas como para pensar que el hemisferio dere- cho se ocupa del 1, el 2 y el 3 y el izquierdo del 14, el 15 y el 16. Sin

embargo, sí sabemos, tal y como lleva- mos observando hace ya algunos años, que los pacientes con un accidente cerebrovascular localizado en la par-

te derecha mencionan con frecuencia

cifras demasiado altas al realizar ese ejercicio. Los diestros sanos cerebral- mente, en cambio, tienden a inclinar- se hacia la izquierda, lo mismo que cuando con los ojos vendados inten- tan seguir una línea recta o establecer el punto medio de un palo, esto es, nombran por regla general números bajos. Los creyentes en la parapsi- cología se equivocan hacia las cifras izquierdas —las bajas— todavía con mayor intensidad. Y, según resultados

recientes, la desviación a la izquierda se acusa más en los sujetos afectos

izquierdo es la mitad dominante de nuestro cerebro en relación con el

de esquizofrenia.

lenguaje, sobre todo en los diestros.

De esa gavilla de experimentos se

A

lo largo de la segunda mitad del

extrae la conclusión de que, en las tareas espaciales, predomina el he- misferio derecho. Además, su función

siglo pasado, las investigaciones sobre pacientes con cerebro escindido apor- taron una información harto valiosa.

rectora en las cuestiones de percep- ción espacial se evidencia con mayor nitidez en las personas que creen en lo

Para tratar los ataques epilépticos que no eran susceptibles de un abordaje medicamentoso, se puso en práctica

extrasensorial. Hasta ahora no pode-

en

esos pacientes la sección quirúrgica

mos responder a la pregunta de si es-

de

las vías de unión entre el hemis-

tas observaciones tienen una relación

ferio izquierdo y el derecho, es decir,

causal y, si es así, de qué tipo. Pero

la

escisión del cuerpo calloso. Esta

resulta indiscutible la existencia de distintos indicios que muestran que, en los psicoadeptos convencidos, el hemisferio derecho se encuentra com- prometido por encima de la media

operación evitaba la extensión de la excitación epiléptica por el cerebro, pero comportaba consecuencias muy desagradables. Así, a los afectados les resultaba imposible decir el nom-

también en otras tareas, por ejemplo en los tests de vocabulario de asocia- ción creativa.

bre de un objeto que palparan con su mano izquierda. Tras la destrucción del cuerpo calloso, las impresiones

Comunicación entre hemisferios

táctiles de la mano izquierda alcanzan solamente la mitad cerebral derecha,

Desde hace tiempo venimos leyendo

la

“muda”, pero desde allí no pasan

en los manuales que el hemisferio

a la izquierda, que aloja el área de

¿Qué palabra relaciona

Arena y tiempo?

Correcto: ¡hora! Escriba usted en el espacio en blanco la palabra que re- laciona las distintas parejas de términos. En caso de que no se le ocurra nada, pase al siguiente par de palabras. Pida usted a una segunda persona que le controle el tiempo, porque sólo dispone de 90 segundos para realizar esta tarea.

gusano, sofá

bote, foto

relámpago, ruido

perro, ratón

patria, lector

efecto, hermano

hambre, calor

cebolla, tristeza

jarra, huida

papilla, piel

pescado, fuego

grano, té

espina, novia

establo, bandera

yunque, clavo

juventud, jubilación

tests.detipoesteensuperarle

difícilbastanteembargo,sinsería,psíquicosfenómenoslosacionadoafi

unAcreatividad.notableunaposeeasí,esSiplausible?medianamente

parezcalesdemáslosaqueysofá”,y“gusanocomorelación,sinpalabras

deparejaslasparaalgoustedaocurridohale¿Selógicas.respuestasmás

bastantessupuesto,porhay,Pero“edad”.y“caf锓lágrimas”,“gato”,

“martillo”,“agua”,“sed”,respectivamente:espredominantesoluciónla

parejasotraslasPara“trueno”.esruido”y“relámpagoparejalapara

frecuentemássoluciónlaAsí,común.soluciónunaconcuentanyrecta

indi-formadeinterrelacionadosconceptosporcompuestasestáncolumna

cadaenparesposicionesensituadaspalabrasdeparejaslassóloSolución:

© iSTOCKPHOTO.COM / CREATIVEFIRE

© iSTOCKPHOTO.COM / CREATIVEFIRE Broca, la zona cerebral que determina la producción del lenguaje. Ahora bien,

Broca, la zona cerebral que determina la producción del lenguaje. Ahora bien, sería precipitado afir- mar que sólo el cerebro izquierdo posee competencias en el lenguaje. El denominar algo es sólo uno de los muchos aspectos de la elaboración del lenguaje. Algunos autores piensan que en el cerebro derecho tienen lugar acciones asociativas “calladas”, sin la ayuda del cerebro izquierdo. En este sentido, los pacientes con ce- rebro escindido pudieron asignar al objeto que estaban palpando en su mano izquierda otro objeto corres- pondiente desde el punto de vista “semántico”, es decir, de contenido. Así, la mano izquierda encontró im- pecablemente, tras haber palpado una hoja de follaje, la correcta imagen semánticamente correspondiente entre seis cartas en donde estaban dibujadas seis imágenes: una silla, un marti- llo, un microscopio, un teléfono, un rastrillo y una pantalla. Y también ligó la hoja de follaje con la profe- sión correspondiente, eligiendo entre otras seis cartas con las figuras de un médico, un actor, un jardinero, un piloto, un funcionario y una camarera. Lo realizó con presteza, eficacia y, por supuesto, sin la intervención del hemisferio cerebral izquierdo, que se creía dominante.

Los experimentos de cerebro es- cindido aducidos no alcanzaron una popularidad ni tan siquiera aproxima- da a la conseguida por los primeros experimentos en la relación con la imposibilidad de denominar los ob- jetos. Por rompedor que parezca, yo

sostengo que, para ciertos aspectos de

la producción del lenguaje, existe un

dominio inequívoco del hemisferio de-

recho sobre el izquierdo. La valoración

de la melodía del discurso (la prosodia)

parece ser dominio del hemisferio dere- cho. Y también a la hora de encontrar asociaciones indirectas, no inmediata- mente evidentes, entre las palabras, se muestra una superioridad de la parte derecha sobre la izquierda. Así, llama la atención que los pa- cientes con daños en el hemisferio de- recho sólo puedan producir asociacio- nes que se encuentran dentro de unos límites muy estrechos y que están bajo el control del hemisferio izquierdo. Cualquier tipo de entendimiento para las ironías y las metáforas les queda vedado: si el cerebro derecho dañado oye que “alguien ha echado una mano

a otro”, la persona afectada piensa inmediatamente en una amputación;

si alguien dice que en una discusión

“una persona se comió a la otra”, piensa directamente en canibalismo;

y si alguien menciona la existencia de

un “ángulo muerto”, la persona con el

cerebro derecho dañado lo relacionará

con el sentimiento de tristeza.

Manantial de ideas involuntario

A diferencia de estos pacientes, las

personas con inclinaciones hacia lo extrasensorial ven en seguida rela- ciones metafóricas; como muestran nuestros tests de asociación, elaboran relaciones más originales entre dos conceptos no emparentados que el común de las personas. Los afectados de esquizofrenia, por

su parte, pergeñan relaciones que van mucho más allá de los límites acos- tumbrados. A un paciente de Manfred

Spitzer, psiquiatra en Ulm, declaró, en

el curso del desarrollo de un test de

asociación, ante la palabra “ordena- dor”, la expresión “ninguna-ciudad”. La respuesta le pareció al psiquiatra

extralimitada al psiquiatra y se infor- mó sobre el camino que el paciente había seguido en su asociación. Des- cubrió así que la etiqueta con la marca

de uno de los ordenadores que estaban

cerca había sido el desencadenante: la marca era Nixdorf (Nixdorf suena en alemán muy próximo a “nicht-Dorf” que significa literalmente “no-pueblo” o “no-ciudad”). Semejante tendencia a crear aso- ciaciones enrevesadas en su vida co-

tidiana le lleva al sujeto esquizofré- nico no tratado a ideas delirantes. Es legendaria la

tidiana le lleva al sujeto esquizofré- nico no tratado a ideas delirantes. Es legendaria la historia del paciente que abandonó precipitadamente un restau- rante después de leer en la carta la palabra espagueti. Partió para Italia y se encaminó directamente a la mafia. No hay que extrañarse: durante un ataque agudo de psicosis se hunde el predominio lingüístico del hemisferio izquierdo. A partir de ese momento las asociaciones pierden todo freno y el afectado llega a unas conclusiones que resultan incompresibles para cualquier sujeto sano. No hemos de confundir la percep- ción de relaciones paranormales en coincidencias de la vida cotidiana con las asociaciones imprevisibles de los esquizofrénicos. Tampoco puede equipararse la creencia en la telepatía con las ideas delirantes sobre sujetos extraños que se inmiscuyen en los pensamientos propios o acerca de extraterrestres que imponen su vo- luntad. Conviene andar con cautela para no considerar las creencias en lo extrasensorial vinculadas a procesos psicopatológicos. Hay que tener en cuenta que la tendencia a establecer asociaciones desacostumbradas no es algo exclusivo de sujetos con fuertes preferencias por lo esotérico. ¿No es acaso esa capacidad de relacionar de una forma inédita cosas cotidianas lo que nos causa admiración en los ge- nios del arte? Existen, sin embargo, transiciones fluidas desde un rechazo carente de fan- tasía de cualquier experimento de tipo parapsicológico hasta un realce de lo esotérico próximo a la locura, pasando por el establecimiento de genuinas relaciones creativas. A la neuropsi- cología le importa el reconocimiento de este continuum. Por desgracia, la psiquiatría actual se centra en una explicación excesivamente unilateral de lo patológico. La mayoría de los investigadores son bastante escépticos sobre la po- sibilidad de conseguir conocimientos acerca de los trastornos mentales a partir de investigaciones sistemáticas llevadas a cabo sobre personas sa- nas. Una oportunidad desaprovechada, pues el trabajo con sanos ofrecería la inapreciable ventaja de poder des- cartar las variables distorsionadoras,

como la influencia de los medicamen- tos, el efecto de la hospitalización o la estigmatización social. Pero disponemos ya de un haz de trabajos donde queda demostrado que determinados aspectos de la creativi- dad, la creencia en lo paranormal y la formación de ideas delirantes van unidos a un desplazamiento del ba- lance de la actividad cerebral hacia el hemisferio derecho. Bradley Folley y Sohee Park, de la Universidad Vanderbilt en Nashville, compararon en 2005 el potencial crea- tivo de voluntarios normales, sujetos con rasgos esquizoides —que creían uniformemente en las relaciones má- gicas— y pacientes esquizofrénicos. Una tarea de los voluntarios consistía en imaginar el mayor número de posi- bles utilidades para determinados ob- jetos; por ejemplo, para una goma de borrar. El resultado del experimento fue que el mayor grado de creativi- dad lo mostraron los voluntarios con rasgos esquizoides. Las mediciones de la actividad cerebral simultáneas demostraron que los estímulos crea- dores activaban campos del cerebro frontal de ambos hemisferios, en la corteza prefrontal. Ahora bien, cuanto más firmemente creía en la existen- cia de las relaciones mágicas, tanto más intensamente participaban las áreas del lado derecho en ese pro- ceso creativo.

PETER BRUGGER dirige el departamento de neuropsicología del Hospital Universi- tario de Zúrich. Investiga desde hace más de diez años sobre la creencia en los fe- nómenos paranormales.

Bibliografía complementaria

DAS PARANORMALE GEHIRN. WAS DER UMGANG MIT ZUFÄLLEN ÜBER DEN GLAU-

BEN VERRÄT. P. Brugger en Neue Zürcher Zeitung, vol. 29, pág. 71; diciembre, 2001.

FROM HAUNTED BRAIN TO HAUNTED

SCIENCE. P. Brugger en Haunting and Polter- geists: Multidisciplinary Perspectives, dirigido por J. Houran y R. Lange. Mc Farland; Jefferson, Carolina del Norte, 2001.

STIMMT ES, DASS ABERGLÄUBISCHE MEN- SCHEN BESONRDERS CREATIVE SIND?

P. Brugger en Magazin Unizürich, vol. 35, pág. 16; 2005.

VAN COLS LTD., COLCHESTER, UK

ENTREVISTA

Cuando la técnica se adelanta a la ciencia

Los expertos en informática y ciencias de computación se proponen crear robots dotados de conciencia. Pese a los años empeñados, no lo han logrado todavía. Owen Holland describe los avances técnicos registrados y su repercusión ética

Sabine Kersebaum

Mente y cerebro: Profesor Holland, usted defiende que de aquí a pocos años habrá robots dotados de concien- cia. ¿No es una hipótesis arriesgada? Ni siquiera disponemos de una defi- nición admitida por todos de “con- ciencia” Owen Holland: Carecemos de datos suficientes para declarar qué sentido dar a la expresión “tener conciencia de uno mismo”. Ello no impide que podamos crear sistemas artificiales capacitados para manifestar algunos aspectos de la conciencia. El progreso técnico puede ir por delante de la cien- cia. La humanidad no necesitó tampoco una definición exacta de “volar” para desarrollar el primer planeador. Lo mis- mo podría ocurrir en la investigación sobre la conciencia. El desarrollo de una conciencia artificial podría aportar información sobre qué entender por es- píritu y por conciencia de uno mismo.

Myc: ¿En qué consiste el trabajo de simulación de la conciencia en el la- boratorio? Holland: “Simular” no es el término más idóneo para nuestra labor. Da a entender que buscamos crear algo que “parezca” conciencia. A mí me gusta más la expresión “conciencia de máquina”.

Myc: ¿Se puede inducir tal en los robots?

Holland: Construyo robots con dos módulos principales, realizados cada uno mediante un software específico. Ambos interactúan entre sí. Uno de ellos es una simulación del propio robot, un “modelo de agente interno” (MAI). El otro es un modelo de su entorno (“sistema de modelado del mundo”). Se trata de investigar las formas de mutua relación entre am- bos modelos; descubrir si, a partir de dicha interacción, derivan fenómenos de autoconciencia.

Myc: Paso a paso Holland: La conciencia es una suerte de ilusión. Nuestra visión del mundo supone cierta distorsión y simplificación de la realidad. El ser humano piensa que posee una idea clara de su entorno, pese a las limitadas posibilidades físicas del sentido de la vista y su resolución. En el laboratorio comprobamos si un robot dotado de una inteligencia arti- ficial de máquina y de un sistema de modelado del mundo desarrolla una visión del entorno simplificada. De acontecer tal, cabría admitir que pro- cesos similares son los responsables de nuestra propia conciencia.

Myc: ¿Cuál es la principal barrera téc- nica que se opone a la obtención de una mente artificial igual que la nuestra? Holland: Importa percatarse de nues- tras limitaciones. Nuestro trabajo es experimental y de investigación. Nadie sabe cómo se origina la conciencia. En

Nadie sabe cómo se origina la conciencia. En OWEN HOLLAND, nacido en 1947, estudió psicología y

OWEN HOLLAND, nacido en 1947, estudió psicología y se especializó en comportamiento. Desde 1988 se viene dedicando al desarrollo de robots. Ha impartido clases en la Universidad de Bielefeld, Instituto de Tecnología de California y Starlab de Bruselas. Desde 2001 enseña ciencias de la computación en la Universidad de Essex.

el laboratorio no podemos trasladar, en pura mímesis mecánica, determina- dos mecanismos conscientes. Por más que en mi opinión no existe nada que imposibilite de entrada la creación de máquinas conscientes.

Myc: El conocimiento de nosotros mismos hunde también sus raíces en el sistema sensorial. ¿Puede una má- quina sentirse a sí misma? Holland: Los investigadores de los procesos cognitivos han traído a pri- mer plano la importancia del cuerpo para el desarrollo de la conciencia. Disponer de un cuerpo podría encerrar la clave que le permita a la ciencia crear conciencia artificial. Resulta imprescindible analizar y simular la interacción entre cuerpo y entorno.

Myc: En esa dirección se mueven los robots humanoides de la serie Cronos. Holland: En efecto. Construimos robots que operan de un modo semejante al del cuerpo humano. Poseen un esque- leto de sostén y huesos trabados en

VAN COLS LTD., COLCHESTER, UK

VAN COLS LTD., COLCHESTER, UK articulaciones. La máquina se mueve gracias a la tracción de unas

articulaciones. La máquina se mueve gracias a la tracción de unas cintas elás- ticas que remedan tendones y músculos. Sus ojos y el resto del sistema óptico funcionan emulando nuestro sistema de visión. Bastan determinados movimien- tos oculares para captar informaciones del mundo alrededor. Esperamos que la máquina vaya poco a poco desarrollan- do una sensación de presencia física, igual que nos ocurre a nosotros.

Myc: ¿Qué diferencia existe entre la percepción humana del color rojo y el reconocimiento del rojo, en el es- pectro, por parte del robot? Holland: Es difícil contestar con segu- ridad. Los propios humanos describen los colores de forma desigual. Queda tanto por conocer sobre nuestra manera de percibir el mundo, que no podemos responder a la pregunta de cómo vería un robot consciente. Ciñéndome a su pregunta, si existe o no una diferencia fundamental en la interpretación del co- lor rojo por parte de robot y máquina, respondería que llegará el día en que la diferencia se borre. Para entonces los robots tendrán un aspecto muy diferen- te y no sólo podrán, de una manera funcional, discriminar entre colores y clasificarlos, sino también percibirlos.

Myc: ¿Habla de un futuro muy lejano? Holland: Los investigadores que labo- ran en este campo se dividen en dos grupos principales: unos parten de una teoría de la conciencia ya establecida,

la “teoría de espacio de trabajo glo-

bal”, formulada por Bernard Baars, del Instituto de Neurociencia de San Diego. En su contexto, la conciencia emerge cuando las informaciones de distintos módulos cognitivos se ponen a nuestra disposición simultáneamen- te; se trata de un enfoque de fácil modelización con un software. Stan Franklin, de la Universidad de Mem- phis, trabaja sobre esta base. Otros científicos optan por el cuerpo huma- no. El equipo dirigido por Igor Alek- sander simula informáticamente las áreas del cerebro involucradas en pro-

cesos característicos de la conciencia.

Y en los proyectos para “dispositivos

de base cerebral” el grupo de Gerald Edelman, del Instituto de Neurocien- cias de San Diego, combina principios biológicos de sistemas sensoriales con robótica moderna. Nuestro propio gru- po trabaja con ambos supuestos.

Myc: ¿Se asemejará a la conciencia humana la de las máquinas? Holland: No. Comparada con la capa- cidad de la mente humana, se obtendrá una suerte de copia simplificada. Los robots no desarrollarán una conciencia y

experiencia social propias, ni un lengua-

je con todos sus matices y conceptos,

Myc: ¿En que basa su rotundidad? Holland: El uso y la comprensión del lenguaje requieren facultades específi-

cas que nadie desarrolla en los robots.

El lenguaje es una faceta capital de la

mente humana. Confío, no obstante, en que podremos alcanzar una inte- ligencia artificial con una suerte de conciencia básica, del tipo de nues- tro estado mental en el momento de despertarnos poco a poco de nuestro reposo nocturno.

Myc: La conciencia de las máquinas no se podrá, pues equiparar a la mente humana Holland: Queda fuera de nuestras po-

sibilidades crear algo de la complejidad de la conciencia humana. En el mejor de los casos, podríamos acercarnos a

la de algunos animales. Una rata tiene

conciencia a su modo, distinta radical- mente de la nuestra. Tal podría aconte- cer en los primeros robots conscientes. Sin embargo, para descubrir dónde es- tán los límites debemos disponer de prototipos que funcionen.

Myc: ¿Qué características habrá de te- ner un robot provisto de conciencia? Holland: Existen numerosos e intere- santes planteamientos, pero carecemos de una teoría articulada. Pese a todo, no tardarán en llegar los primeros prototi- pos. Necesitamos una valoración objeti- va; ninguna máquina se torna consciente porque así lo suponga su creador.

Myc: ¿Tendrán las máquinas del fu- turo sus propios derechos? ¿Podremos desconectarlas sin más cuando este- mos cansados de ellas? Holland: Es un aspecto importante que debería dilucidarse antes de pre- sentar los primeros robots conscientes. Los filósofos han empezado ya a de- batir el tema, lo que me parece muy bien. Alguien habla de otorgar a los ordenadores los mismos derechos que

a los animales.

Myc: El filósofo Thomas Metzinger se opone a crear robots provistos de conciencia artificial: se trataría de seres capaces de sentir. Holland: Metzinger formula su tesis con suma claridad. Puede o no seguír- sele. En mi caso, acabo siempre mis disertaciones con un pasaje de su libro Being No One, donde expone que la capacidad de sentir ya comienza con el modelo propio de los fenómenos (PSM). Aunque yo me inclino por partir de la conciencia animal.

CHRISTIAN BARTHOLD / GEHIRN & GEIST

MENTE, CEREBRO Y SOCIEDAD

Ludopatía cibernética

Los juegos de azar y las apuestas crean dependencia. Ahora las ofertas a través de y por televisión multiplican la tentación. ¿Nos hallamos ante una amenaza social?

B etandwin, mybet, starbet o

cualquier otro nombre. Para

apostar no hace falta salir

de casa. Con la ayuda de las agen- cias de apuestas virtuales, podemos convertir en un casino la salita de estar; bastan un ordenador o la caja tonta. Podemos jugar al póquer o a la ruleta, apostar, si nos place, por un último gol del Bayern de Múnich o del Real Madrid diez minutos antes de la terminación del partido. Pero lo que en apariencia es un emocio- nante entretenimiento al final de la jornada laboral representa, para los expertos en adicciones, un motivo de preocupación: el acceso al juego desde casa podría multiplicar el fe- nómeno de la ludopatía. Gerhard Meyer, psicólogo de Bre- men y especialista en ludopatía, es- tima que la cifra de afectados en Alemania se hallaría entre 120.000

y 180.000. La asociación de ludó-

patas afirma que el número llega a los 400.000. Y se teme que la cifra aumente, puesto que paralelamente al crecimiento y variación de la oferta debería crecer también el volumen total de ludodependientes.

¿Quién no ha tentado nunca la suer-

te en una apuesta sobre un resultado

de la liga de fútbol o enviando un

SMS con la respuesta a una pregunta

en uno de los infinitos programas de

televisión que ofrecen esa opción? No obstante, la tentación permanente no

es el único factor de riesgo. Tobias

Hayer, de la Universidad de Bremen, aclara que “en cuanto se apuesta desde casa, desaparece el factor de control social, ya que aparte del que ofre- ce la apuesta, nadie ve si juega y cómo lo hace. Además existen me- nos trabas cuando podemos apostar en pijama”.

Las páginas de las casas virtua- les de juego en Internet se han con- vertido en paraíso de ludópatas. Lo demostraron Robert Wood y Robert Williams, sociólogos de la Universi- dad de Lethbridge. En 2004 llevaron a cabo un estudio piloto sobre los hábitos de 1920 jugadores en línea. El resultado fue alarmante: 42,7 por ciento de los participantes en el es- tudio eran jugadores con problemas de dependencia y había un 23,9 por ciento en situación de riesgo. A diferencia de quienes consideran una patología del comportamiento la conducta del jugador enfermizo, otros expertos hablan de adicción, del mis- mo orden que la heroinodependencia. En efecto, la atracción patológica a apostar suele ir acompañada de un endeudamiento económico enorme y de consecuencias sociales negativas. Más de uno ha perdido en un abrir y

Así se genera en el cerebro la dependencia El sistema mesolímbico reacciona ante una amplia
Así se genera en el cerebro la dependencia
El sistema mesolímbico reacciona ante una amplia variedad
de estímulos. Una función clave en el sistema de recom-
pensa la desempeña el nucleus accumbens. Dicha estructura
reacciona ante la comida, el sexo o una especial emoción
de la apuesta en un juego de azar. Se dan diferencias de
intensidad para los distintos agentes; la reacción ante la co-
caína u otras drogas diverge de la que se produce ante una
inocua salchicha. En función de la intensidad se segrega el
transmisor dopamina por el área tegmental ventral (VTA),
lo que produce una estimulación del nucleus accumbens.
La consecuencia directa es el estado de euforia.
Pero no sólo tamaña embriaguez de bienestar y alegría
marca la necesidad posterior de repetir la acción. Diversas
áreas cerebrales analizan la situación y proporcionan al
nucleus accumbens informaciones adicionales: la amígdala
valora cuán placentera resultó una situación. La evaluación
de los riesgos asociados al evento se realiza en el centro
del córtex prefrontal, en el lóbulo frontal. Las coordi-
nadas necesarias de “dónde” y “cómo” en relación a la
experiencia del evento de recompensa son aportadas por
el hipocampo, la puerta de entrada a la memoria.
Para evitar una sobreexcitación dañina del sistema, en
caso de estimulaciones crónicas se atenúa la respuesta.
Queda mucho por averiguar sobre dicho proceso de
amortiguamiento, aunque parece ser que es precisamente
en esta fase de habituación cuando se establece la adic-
ción cerebral: la sensación ansiada sólo se produce si las
apuestas son más frecuentes o de mayor importe cada
vez. Por último, el adicto reacciona con ansiedad ante la
mera visión de su objeto de deseo.
CORTE SEMITRANSPARANTE DEL CEREBRO
CORTEX
PREFRONTAL
MEDIAL
AREA
TEGMENTAL
VENTRAL
NUCLEUS
ACCUMBENS
EVALUACION DEL RIESGO
AMIGDALA
RECUERDO
VALORACION EMOCIONAL
HIPOCAMPO
EUFORIA
(POR SEGREGACION DE DOPAMINA)
CEREBELO
SIGANIM / GEHIRN & GEIST

cerrar de ojos todas sus posesiones, además de su trabajo y familia.

“Rien va plus”

Cuando ya no existe ninguna posibili- dad de participar en esta persecución frenética en pos de la suerte, los afec- tados reaccionan de forma descon-

trolada con temblores o estallidos de agresividad. Sabine Grüsser-Sinopoli, directora del grupo interdisciplinar de investigación de las dependencias, adscrito a la Universidad Charité de Berlín, demostró que los adictos reac- cionan ante la simple visión de una mesa de ruleta o de una tragaperras

con un estado de sobreexcitación y un sentimiento intenso de deseo. Lo mismo que los drogadictos ante las sustancias euforizantes. No fue en 2005 ninguna sorpresa descubrir que el apostar deja huellas en el cerebro; en particular, en el sis- tema de recompensa, lo mismo que

las dependencias “clásicas”. Debemos ese hallazgo a Jan Reuter y Christian Büchel, de la Clínica Universitaria de Hamburg-Eppendorf. Con la técnica de tomografía de resonancia magné- tica funcional analizaron la actividad cerebral de doce jugadores habituales

a los que se les permitió participar en la especialidad que mayor emoción les provocaba: los naipes con apuesta económica. A los voluntarios se les presentaban dos cartas boca abajo. Mediante el teclado debían descu- brir la carta que ocultaba un trébol rojo. Si acertaban, su cuenta inicial de 15 euros se incrementaba en uno más. Pero si salían bastos, la suma se reducía en ese importe. Durante el transcurso del ensayo, los investigadores registraron el pa- trón de excitación de los ludópatas. Para mejor control y referencia hi- cieron participar en el experimento

a otros doce voluntarios sanos. El

análisis comparado evidenció que la actividad del sistema de dopamina mesolímbico era mucho menor en un jugador habitual que en otro sano; una consecuencia conocida en la dro- gadicción. Aún más: cuanto mayor era el comportamiento adictivo de un individuo en particular, tanto menos se activaba dicha estructura cerebral durante el juego. Con el sistema mesolímbico, la naturaleza ha generado un elemento

que nos empuja a llevar a cabo acti- vidades destinadas a la supervivencia. La comida o el sexo son estímulos de recompensa naturales y producen la segregación del transmisor cere- bral dopamina. Las sensaciones de felicidad unidas a ello nos animan a repetir este comportamiento. Pero el sistema no sólo se limita a medidas relacionadas con la preservación de

la vida y de la especie: los estímu-

los que encontramos en el seno de nuestra civilización (el dinero) pueden también activarlo, hecho que se ha comprobado en numerosos ensayos con probandos sanos.

Estímulos atenuados

Pero, ¿qué sucede cuando se esti- mula el sistema de recompensa de una persona de forma crónica, en un jugador empedernido? La respuesta es que se produce una autorregulación

a través de cierta atenuación, como medida de protección ante una hipe- restimulación dañina. Hablamos de la fase de habituación y gestación de la dependencia. A fin de poder sentir la emoción ansiada pese a una creciente atenua- ción, el evento que desencadena la recompensa debe ocurrir con mayor frecuencia, con una intensidad supe- rior o, mejor, con la suma de ambas. Para un jugador, eso significa que debe apostar cada vez más a menudo sumas de dinero crecientes si quiere sentirse bien. Se ha estudiado ya ese proceso de “neuroadaptación”, así se denomina, responsable de la depen- dencia de ciertas sustancias [véase “Alcoholismo”, por Andreas Heinz; MENTE Y CEREBRO, número 14]. Los hallazgos del equipo de Büchel sobre la reducción de la actividad del sistema de recompensa en los jugado- res permite concluir que la dependen- cia en cuestión se graba también en el cerebro. Y posiblemente funcione según patrones descubiertos en otras adicciones patológicas basadas en una alteración del comportamiento (adic- ción al trabajo, al deporte, etcétera). Pero, ¿qué es lo que activa el sis- tema de recompensa mientras se par- ticipa en un juego de azar? ¿Quién es, en consecuencia, el responsable de la dependencia? Gracias a la to- mografía de resonancia magnética funcional, según los investigadores, se acota el instante del transcurso del juego en que se produce la máxima actividad del sistema de recompensa. Para Büchel, la hiperexcitación del apostante se produce cuando llega el resultado; en el póquer, el momento de enseñar las cartas. Ahí podría residir el desencadenante de la adicción.

De apuesta en apuesta

Hay pruebas de que la frecuencia y celeridad del suceso influye en el riesgo de adicción. En 1989 Gerhard Meyer realizó una encuesta entre 400 voluntarios de asociaciones de “Ju- gadores anónimos” preguntándoles, entre otras cuestiones, la forma de jugar que más les atraía. Sólo el cinco por ciento declaraba su inca- pacidad de dominar el impulso de jugar a la Lotto, mientras que en los primeros lugares, con más del

90 por ciento, aparecían las máqui- nas de los bares y salas de juegos. Números para sorteos se compran sólo para los escasos sorteos de la

semana. Por el contrario las máquinas están disponibles y preparadas para

el

juego todos los días durante horas

y

horas. ¿Sucederá acaso que todos

los usuarios de televisión e Internet serán ludópatas? No parece. Al fin

y al cabo, el acceso a las bebidas

alcohólicas es inmediato y no todos adquieren la adicción. Un círculo social adecuado o la satisfacción con la propia vida per- sonal y laboral actúan como protec- tores del individuo ante los com- portamientos adictivos. Lo que no

obsta para que denunciemos riesgos significativos para personas con pre- disposición genética, una personali- dad más frágil o carencia de estra- tegias antiestrés. Del mismo modo, los jóvenes son un grupo de riesgo

a considerar. Por este motivo los expertos exi- gen una prevención activa así como medidas que protejan a los jugadores. “Precisamente en Internet sería espe- cialmente sencillo detectar comporta- mientos adictivos y en caso necesario bloquear las cuentas”, apunta Meyer. “Desde luego, un inicio sería que el estado le echase un vistazo al volu- men de negocio de las apuestas.” La financiación de las medidas de pro- tección podría salir de los ingentes ingresos que anualmente generan los juegos de azar.

DANIELA SIMON es psicóloga e inves- tigadora en la Universidad de Humboldt de Berlín.

Bibliografía complementaria

PATHOLOGICAL GAMBLING A COMPRE-

HENSIVE REVIEW. N. Raylu y T. P. S. Oei en Clinical Psychology Review, vol. 22, págs. 1009-1061; 2002.

PATHOLOGISCHES GLÜCKSSPIEL – EINE EM- PIRISCHE UNTERSUCHUNG DES VERLAN- GENS NACH EINEM STOFFUNGEBUNDENEN

SUCHTMITTEL. S. M. Grüsser et al. en Der Nervenarzt, vol. 5, págs. 592-596; 2005.

SPIELSUCHT. URSACHEN UND THERAPIE.

G. Meyer, M. Bachmann. Springer; Ber- lín, 2005.

Cooperación activa del paciente psiquiátrico

¿Acordar con el enfermo los objetivos y las medidas de un tratamiento psiquiátrico? El proyecto de investigación Sympa acaba de demostrar su eficacia en el desenvolvimiento diario de la labor clínica

A gnes Sperling cuenta que una

buena mañana su marido la

golpeó de pronto. Sin más.