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Dos errores de la muerte 1.

La muerte anda en secreto, repartiendo su don (¿Cruel? ¿Misericorde?) sin que
comprendamos sus designios. Nuestra vanidad nos quiere hacer creer que podríamos
comprenderlos, pero todo intento es vano. Ya lo dijo Tolkien: Muchos de los que viven
merecen morir y algunos de los que mueren merecen la vida. No pretendo, yo tampoco,
decidir si la muerte se equivocó en las dos historias que contaré esta noche.
Sé que las hay más absurdas, más dolorosas, más infames; pero estas son las que me han
tocado. Estas son las que me han dejado roto un pedazo de alma, no solo porque sentí la
pérdida de las personas sobre las que hablaré, sino porque estas historias me pusieron
frente a ese absurdo monumental que a veces es la vida.
Sé que las hay más extrañas, pero estas son las mías; y tengo el pequeño y patético
privilegio de contarlas, de compartirlas esta noche contigo. No sé si para que duelan un
poco menos, no sé si con la esperanza de que cuando las leas puedas explicármelas, no
sé si con la rencorosa intención de hacer que también a ti te duelan, para no sentir tan
solo mi dolor. En todo caso aquí están. Si sigues adelante ahora serán tuyas.
1.
No contaré cómo nos hicimos amigos. Basta decir con que lo fuimos. Mi amigo, a quien
llamaré Don Julio. Era un señor canoso, chiquito, excesivamente cortés. Atendía un
pequeño negocio en el barrio en el que yo vivía y trabajaba. Fui primero cliente suyo y
luego, gracias al ajedrez, fuimos amigos.

A don Julio le diagnosticaron cáncer. a veces solo urgidos. sé que solo usaron el apoyo cuando no tenían más opción. Si tienes con que pagar tu seguro médico probablemente te matarán si les resulta más rentable que curarte. Don Julio no se rindió. si no tienes con qué pagar simplemente estás condenado. Acudió a todo lo que pudo. Eran queridos en el barrio y tenían un montón de clientes asiduos a su trato franco y dulce. Jamás lo vi quejarse. La vida. Sé que muchos. Primero solo llevaba y traía amigos que lo llamaban. Siempre terminaba las partidas con una sonrisa cálida y un comentario inteligente. Yo lo veía consumirse y luchar sin dejar de sonreír. no quiso dejarlos en paz. el dinero para pagarlo todo. Siguió la quimioterapia. Llegó la cirugía. sobra decir que en nuestro amado país el sistema de salud funciona como un mercado de la muerte. Sé que mucha gente los apoyó. a la que le gusta desafiar a los fuertes.El negocio de Don Julio era atendido por él y por su esposa. Don Julio tuvo que cerrar su negocio y buscar otro lugar en dónde montarlo. Lo logró. Funcionó. Yo lo veía consumirse cada día. No fue nada fácil. Don Julio nunca se vanagloriaba de sus vitorias ni se molestaba por sus derrotas. la radioterapia. seguíamos jugando ajedrez de vez en cuando y me contaba sus cuitas para conseguir dinero y sus viajes a la capital para pelear por su tratamiento. Alguien decidió comprar toda la manzana en la que quedaba el local de su negocio para hacer uno de esos modernos edificios llenos de tecnología y vacíos de calor. después de más de un año de luchar. Don Julio se salvó. Todos lo celebramos como un triunfo propio. Cada día lo veía sonreír como siempre. Don Julio y su esposa fueron asesinados. Los asaltaron. El negocio apenas empezaba a dar lo necesario para no quebrarse. lo sentimos como si nos hubiéramos salvado nosotros mismos. pero él y su esposa eran tan duros como la vida y siguieron luchando. a veces borrachos. les robaron el poco dinero que tenían y los asesinaron. Nos enfrentábamos durante horas y horas. . Lo lograron. Yo iba sobre todo por el ajedrez. para que los llevara alguien de confianza a alguna parte. para todos. al enterarnos del triunfo final. Él y su esposa lo lograron. Me contaba sus intentos de establecerse en otros barrios pero volver a conseguir clientes fieles no era un proceso sencillo. sobra decir que estaba lejos de proporcionar el dinero necesario para pagar el tratamiento. como simples aventuras divertidas. Incluso empezó a trabajar en como chofer informal. De un cáncer que parecía una sentencia inapelable. alguien de confianza. Dejaron los cuerpos abandonados en las afueras del pueblo. Empezaron a recuperarse ligeramente. Don Julio era. El revés económico lo afectó duramente.

Habían pasado solo dos semanas desde la noticia de que habían vencido el cáncer. Nunca atraparon a los culpables. . Para esta noche ha sido suficiente. recuerdo la sonrisa con que Don Julio terminaba cada partida. mañana narraré el otro error de la muerte. Quienes los conocimos todavía estábamos celebrando ese triunfo sobre la muerte. cuando juego ajedrez. Todavía.

una vendedora empedernida que andaba con su respectivo carro destartalado. De todas las majaderías que he hecho en mi vida. Mi intención era referir los dos historias de una sola y buena vez y dejar las en paz. Yo me encargaba de la producción por lo que mantenía un trato frecuente con ella y los demás empleados. muy bonita. era un buen hombre que respondía por su familia. trabajadores con vidas curiosas. El segundo error de la muerte ocurrió en un pequeño pueblo de la frontera. Lucesita me trataba con una humildad que me hacía sentir incómodo. No faltaba nada. La empresa era pequeña pero tenía todo lo que suelen tener las empresas: máquinas caprichosas. Contra toda probabilidad. . No lo repetiré aquí. No fue fácil lograr que me dejaran de decir “Doctor”. la menor no fue montar una empresa. para hacer un pobre paralelo con el juego de palabras que la nombraba. Él trabajaba como celador. Me creí inmune a la memoria y la memoria me infectó. ¿Qué nombre le ponemos? Tenía un nombre sencillo que había dado origen a un apodo que encajaba perfectamente con ella. Esta noche creo que por fin puedo retomar esta historia. hasta un socio ladrón que terminó esfumándose con unos cuantos millones. No diré cuál. En otra noche solo mencioné la primera muerte. Diré que se llamaba Lucía y que le decíamos Lucesita. Ella trabajaba duro para cumplir el sueño de la familia: llevar a sus hijos a la universidad. Entre los empleados estaba una mujer joven. me enfermó y me venció. alta. Vivía con su esposo y dos hijos en una pequeña casa en las afueras. Ella nunca dejó de decirme “Don Carlos” aunque teníamos la misma edad. y temperamento dulce.Dos errores de la muerte 2. de complexión fuerte.

Cuando su misma novia me contó lo que pasaba ya era demasiado tarde. también cayó.Mientras yo me encargaba de la operación mi socio se encargaba de las finanzas. Lucesita viajaba con frecuencia los tratamientos. claro. Abandonaron toda esperanza de recurrir al sistema de salud nacional. La enfermedad fue tan inesperada como agresiva. De nuevo llegó la victoria. . responsable. agotada. Siempre pensamos que nosotros somos los protagonistas de nuestra vida y en realidad a nuestro alrededor están ocurriendo asombros que ignoramos porque no sabemos escuchar. Viajar a la capital del otro país toma 4 horas por una fracción del precio. confiable. Siempre la acompañaba su hija mayor. Lucesita regresó. Cuando se vio con mucho dinero y poco control empezó robando pequeñas cantidades para darse un gustico aquí y allá. pero llena de esperanza. flaca. Eran pobres. El esposo de Luceita fue atropellado en una madrugada poco después de terminar su turno. Eso no fue una tragedia. A Lucesita le diagnosticaron leucemia. Supongo que consiguieron la nacionalidad de ella en el mercado negro (ella no me lo contó y yo no lo pregunté). La familia ayudaba como podía. No deja de ser sorprendente la forma en que se entretejen las historias. Sé que era feliz entonces. Alguna vez contaré esa historia. Fue triste observar el proceso. Es una mujer acostumbrada a luchar. Él era una persona honesta. y ella no tenía trabajo: era una sentencia de muerte. se quedó sin trabajo. La dura prueba que habían soportado fortaleció la relación con su esposo. Había otra alternativa: recurrir al país vecino. como es evidente. por lo que cada vez sustraía más dinero de la empresa. Viajar desde ese pueblo a la capital requiere un viaje de dos días por tierra o un vuelo de varias horas por un precio que solo puede ser tachado de ridículo. Quedó embarazada de nuevo. A medida que crecía su ego requería cada vez más lujos. Fue triste ver su caída. Pero yo escuché la historia de Lucesita. luego fueron las finanzas las que se encargaron de él. Una prima que viví en la capital del otro país le ofrecía posada cada vez que viajaba. Ella. Vendieron todo lo que tenían. La empresa. De nuevo la lucha fue desesperada. al menos en un principio. Ella empezó a estudiar peluquería aprovechando que él seguía en el turno nocturno así que estaba en la casa en el día. Su esposo tomó el turno de la noche para encargarse de los otros niños en el día. En un par de meses se recuperó por completo.

lo único que pasará. Lucesita me pregunta por qué. peor aún. Cada vez que le pasa algo así suele ofrecer dinero para que nadie diga nada. Lo compañeros de su esposo lo vieron. Me decía que estaba asustada. Lucesita no tiene rabia. sólo para ver morir a sus esposo quien nunca estuvo a la sombra de la muerte. Él se cambió. alternativamente. sin embargo. No es la primera vez que atropella a alguien porque le gusta manejar ebrio a toda velocidad en la madrugada. Me dijo que al tercer día él despertó y por fin la reconoció. se despidió de su compañeros. La versión oficial es que no fue posible identificar la camioneta o a sus ocupantes. En el mejor de los casos. Lucesita sabe quién manejaba esa camioneta. lo embistió una camioneta a toda velocidad. En esta ocasión.A las dos de la mañana llegó el relevo. nunca prosperaría. La denuncia. o sobre la violencia. de lo absurda que es esto que llamamos vida. tal vez mañana vivas sin razón alguna: así es la vida. es que ellos pierdan su empleo. y mientras cruzaba la calle. o sobre la impunidad. puso su mano sobre el vientre de ella le dedicó su última sonrisa. En realidad son una sola y la misma historia. Lucesita me pregunta y yo aún no he encontrado una respuesta que pueda consolarla. que la vida tiene un sentido. regresó corriendo a la camioneta y huyó. Quiere darle forma al absurdo. agarró su morral. de realizarse. ofertas de dinero y amenazas después de la muerte de su esposo. Es el hijo de un político importante de la región. ¿Por qué he contado estas historias? No quiero sacar una moraleja de ellas. Lucesita pasó varios días junto a su esposo en el hospital. La súbita comprensión de nuestra fragilidad. . No son historias sobre el cáncer. Es la primera vez. En esa madrugada parece que estaba especialmente borracho. el asombro ante el descubrimiento simple de lo fortuito que es el destino. Simplemente se pregunta por qué logró vivir después de que parecía condenada. Sé que crees que si luchas sin descanso cada día tendrás una recompensa. Todo el mundo lo sabe. que mata a alguien. Los compañeros de su esposo no dirán nada. Fue la vida la que lo mató. Tal vez esta noche mueras sin razón alguna. Sé que tú también crees que tienes un propósito. cuando vio la gravedad de lo que había ocurrido. Ella no cree que el muchacho o la camioneta hayan matado a su esposo. Quiere creer que la muerte de su esposo tuvo un significado. Lucesita recibió. La historia de la perplejidad ante la vida. después de embestir al esposo de Lucesita frenó y se bajó de la camioneta.

Pero no pienses mucho en eso. Buenas noches. descansa. o tal vez no. Mañana será otro día. . ve a dormir.

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