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Introduccién. Conceptos y contradicciones 1. “Soy un miembro de la clase burguesa” El burgués... No hace mucho tiempo, todo indicaba que esta nocion era indispensable para el analisis social; hoy pueden pa- sar afios sin que nadie la mencione. Aunque el capitalismo esta mas poderoso que nunca, su encarnacién humana parece haberse desvanecido. “Soy un miembro de la clase burguesa; me siento parte de ella y me he educado segun sus opiniones e ideales”, escribio Max Weber en 1895.‘ sQuién podria repetir hoy esas palabras? “Opiniones e ideales” burgueses... {Qué son? Y el cambio de clima se refleja en el trabajo académico. Simmel y Weber, Sombart y Schumpeter: para todos ellos, el capitalismo y la burguesia —la economia y la antropologia— eran dos caras de la misma moneda. “No conozco ninguna interpretacion his- torica seria de este mundo moderno nuestro —escribié Imma- nuel Wallerstein hace un cuarto de siglo— en la que el concepto de la burguesia [...] esté ausente. Y por una buena razon. Es dificil contar un cuento sin incluir a su protagonista principal.”? ! Max Weber, “Der Nationalstaat und die Volkswirtschaftspolitik”, en Ge- sammelte politische Schriften, Tubinga, 1971, p. 20 [trad. esp.: “El Estado na- cional y la politica econémica alemana (leccién inaugural)”, en Escritos politicos, ed, de José Aric6, Mexico, Folio, 1982]. ? Immanuel Wallerstein, “The Bourgeois(ie) as Concept and Reality”, en New Left Review, vol. 1, nim. 167, enero-febrero de 1988, p. 98 [trad. esp.: INTRODUCCION P 13 Y sin embargo, hoy hasta los historiadores que ponen mas de relieve el papel de las “opiniones e ideales” en el despegue del capitalismo —Meiksins Wood, De Vries, Appleby, Mokyr— de- muestran poco o ningun interés en la figura del burgués. “En Inglaterra surgi6 el capitalismo —escribe Meiksins Wood en The Pristine Culture of Capitalism—, pero no de la burguesia. En Fran- cia surgio una burguesia (mas o menos) triunfante, pero su pro- yecto revolucionario tuvo poco que ver con el capitalismo.” O bien, por ultimo, “no hay una identificacion necesaria del burgués [...] con el capitalista”.> Es cierto que no hay una identificacion necesaria, pero dificil- mente sea este el quid de la cuestion. “El origen de la burguesia occidental con sus propias caracteristicas”, escribis Weber en La ética protestante, es un proceso “que sin duda guarda estrecha conexi6n con el origen de la organizacion capitalista del trabajo, aun cuando, naturalmente, no es idéntica”.* Guarda estrecha co- nexi6n, pero no es idéntica; he ahi la idea que subyace a este libro: observar al burgués —durante la mayor parte de su historia, el burgués ha sido sin duda un “él”— y a su cultura como partes de una estructura de poder con la que ni el uno ni la otra coin- ciden exactamente. Pero hablar de “el” burgués, en singular, es en si mismo cuestionable. “La gran burguesia no podia separarse formalmente de las clases inferiores —escribe Eric Hobsbawm en Laera del imperio—, porque su estructura debia mantenerse “El burgués / la burguesia como concepto y realidad”, en Raza, nacién y clase, Madrid, septa, 1991]. > Ellen Meiksins Wood, The Pristine Culture of Capitalism. A Historical Essay on Old Regimes and Modern States, Londres, 1992, p. 3; el segundo pasaje es de The Origin of Capitalism. A Longer View [1999], Londres, 2002, p. 63. * Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism [1905], Nueva York, 1958, p. 24 (el énfasis me pertenece) [trad. esp.: La ética protestante y el espiritu del capitalismo, trad. de Luis Legaz Lacambra, intr. y ed. critica de Francisco Gil Villegas, México, Fondo de Cultura Economica, 2003, p. 63]. 14 4 EL BURGUES abierta a nuevos contingentes: esa era su naturaleza.”* Tal per- meabilidad, agrega Perry Anderson, separa a la burguesia de la nobleza antes y de la clase obrera después. Aun cuando se tegistren diferencias significativas en el interior de cada una de estas clases contrastantes, su homogeneidad es mayor desde el punto de vista estructural: la aristocracia se definia tfpicamente por un estatuto legal que combinaba titulos civiles y privilegios juridicos, en tanto que la clase obrera se demarca a gran escala por la condicion del trabajo manual. La burguesfa carece de una uni- dad interna comparable como grupo social.® Fronteras porosas y débil cohesion interna: jacaso estos rasgos invalidan la propia idea de la burguesia como clase? Para su historiador vivo més destacado, Jtirgen Kocka, ello no es nece- sariamente asi en la medida en que establezcamos una distincion entre lo que podriamos considerar el nucleo del concepto y su periferia externa. Esta ultima ha sido extremadamente variable, en efecto, tanto en términos histdricos como sociales; hasta fines del siglo xvm, consistia principalmente en “los pequetios empre- sarios auténomos (artesanos, comerciantes minoristas, posade- ros y pequefios propietarios)” de los primeros centros urbanos europeos; cien afios después era una poblacién completamente distinta, compuesta de “funcionarios y empleados administrati- vos de los rangos medios y bajos”.’ Pero en el interin, a lo largo del siglo xix, habia emergido en toda Europa Occidental la figura sincrética de la “burguesia propietaria e instruida”, que confirié * Eric Hobsbawm, The Age of Empire 1875-1914 [1987], Nueva York, 1989, p. 177 [trad. esp.: La era del imperio (1875-1914), trad. de Juan Faci Lacasta, Buenos Aires, Critica, 2003, p. 187]. 6 Perry Anderson, “The Notion of Burgeois Revolution” [1976], en English Questions, Londres, 1992, p. 122. 7 Jurgen Kocka, “Middle Class and Authoritarian State. Toward a History of the German Burgertum in the Nineteenth Century”, en Industrial Culture and Bourgeois Society. Business, Labor, and Bureaucracy in Modern Germany, Nueva York y Oxford, 1999, p. 193. INTRODUCCION PB 15 un centro gravitatorio a la clase como totalidad y consolidé sus caracteristicas de posible nueva clase dirigente: y esta conver- gencia encontro su expresion en el par de conceptos alemanes Besitz- y Bildungsbiirgertum —burguesia de la propiedad y bur- guesia de la cultura—, o bien, desde una perspectiva mas pro- saica, en un sistema impositivo britanico que colocaba impar- cialmente “en el mismo capitulo” las ganancias (del capital) y los honorarios (de los servicios profesionales).® El encuentro de la propiedad y la cultura: el tipo ideal de Kocka sera también el mio, aunque con una diferencia significativa. Como historiador literario, me enfocaré menos en los vinculos reales entre grupos sociales especificos —banqueros y altos fun- cionarios publicos, industriales y médicos, y asi sucesivamente— que en la “adecuacion” entre las formas culturales y las nuevas realidades de clase: de qué modo una palabra como “confort” delinea los contornos del consumo burgués legitimo, por ejem- plo; o como se adeciia el tempo del relato a la nueva regularidad de la existencia. Los burgueses, refractados por el-prisma de la literatura: he ahi el tema de El burgués. 2. Disonancias La cultura burguesa. ¢Una sola cultura? La palabra “‘multicolor’ —bunt— [...] puede servir para describir la clase que tengo en el microscopio”, escribe Peter Gay al cierre de sus cinco volii- menes sobre La experiencia burguesa.° “El interés econémico pro- pio, las prioridades religiosas, las convicciones intelectuales, la competencia social, el lugar apropiado para la mujer: todas estas cuestiones adquirieron relevancia politica en una batalla de bur- ® Eric Hobsbawm, The Age of Empire, op. cit., p. 172 [180 y 182]. ° Peter Gay, The Bourgeois Experience. Victoria to Freud, t. v: Pleasure Wars [1998], Nueva York, 1999, pp. 237 y 238 [trad. esp.: La experiencia burguesa, 2 vols., México, Fondo de Cultura Economica, 1992}. 16 <4 EL BURGUES gueses contra burgueses”, agrega Gay en una mirada retrospec- tiva posterior; las divisiones son tan profundas “que uno se siente inclinado a dudar de que la burguesia sea en absoluto una enti- dad definible”.*° Para Gay, todas esas “conspicuas variaciones”! son el resultado de la aceleracion decimononica del cambio so- cial, y por lo tanto caracterizan a la fase victoriana de la historia burguesa.’? Pero también es posible contemplar las antinomias de la cultura burguesa desde una perspectiva mucho mas extensa. En un ensayo sobre la capilla Sassetti de la Santa Trinidad, que se inspira en el retrato de Lorenzo trazado por Maquiavelo en la Istorie Fiorentine —“si se comparara su traza ligera con su traza solemne [la vita leggera e la grave], seria posible identificar en él dos personalidades distintas, aparentemente imposibles de re- conciliar [quasi con impossibile congiunzione congiunte]”—, Aby Warburg observ6é que el ciudadano de la Florencia de los Medici unia los personajes totalmente disimiles del idealista —ya fuera el cristiano medieval, el caballero roméntico o el neoplaténico clasico— y el mercader etrusco mundano, pagano, practico. Elemental pero armoniosa en su vitalidad, esta enigmatica criatura aceptaba gozosa cualquier impulso psiquico como una extensién de su registro mental, a desarrollar y explotar cuando le viniera en gana. 10 Peter Gay, Schnitzler’s Century. The Making of Middle-Class Culture 1815- 1914, Nueva York, 2002, p. 5 [trad. esp.: Schnitzler y su tiempo. Retrato cultural de la Viena del siglo xx, Barcelona, Paidés, 2002). " Peter Gay, The Bourgeois Experience. Victoria to Freud, t. 1: Education of the Senses, Oxford, 1984, p. 26. 1 Ibid., pp. 45 y ss. ® Aby Warburg, “The Art of Portraiture and the Florentine Bourgeoisie” [1902], en The Renewal of Pagan Antiquity, Los Angeles, 1999, pp. 190, 191 y 218 [trad. esp.: El renacimiento del paganismo, Madrid, Alianza, 2005]. En las paginas de Warburg emerge una conjuncién similar de elementos opuestos en. relacién con el retrato del donante en “Flemish Art and the Florentine Early Renaissance” [1902]: “Las manos mantienen el gesto humilde de quien suplica proteccién divina, pero la mirada se pierde, ya sea ensimismada o vigilante, en la distancia terrenal” (p. 297). INTRODUCCION & 17 Una criatura enigmatica, idealista y mundana. Al escribir sobre otra edad dorada de la burguesia, a medio camino entre los Medici y los victorianos, Simon Schama reflexiona sobre la “pe- culiar coexistencia” que permitio a gobernantes laicos y clericales vivir de acuerdo con un sistema de valores que en otras circunstancias habria resultado intolera- blemente contradictorio, un combate perenne entre la codicia y el ascetismo. [...] Los habitos incorregibles de la autocomplacen- cia material y el aguijon de la aventura riesgosa, ya enraizados en la economia comercial holandesa, suscitaban todos aquellos ca- careos admonitorios y juicios solemnes en los guardianes desig- nados de la vieja ortodoxia. [...] La peculiar coexistencia de sis- temas de valores aparentemente opuestos [...] les daba margen de maniobra entre lo sagrado y lo profano, segun dictara la nece- sidad o la conciencia, sin necesidad de arriesgar una eleccién brutal entre la pobreza y la perdicién.* La autocomplacencia material y la vieja ortodoxia: “El alcalde de Delft” retratado por Jan Steen, que nos mira desde la cubierta del libro de Schama (véase la figura 1): un hombre robusto, sentado, de negro, con las galas filigranadas de su hija a un lado y las des- coloridas ropas de una mendiga al otro. Al pasar de Florencia a Amsterdam, la franca vitalidad que irradiaban aquellos semblan- tes de la Santa Trinidad se ha atenuado un poco; el alcalde esta enclavado en su silla con actitud ensombrecida, como si lo desa- nimara el “tironeo moral” (Schama una vez mas) de su dilema: espacialmente proximo a su hija, pero sin mirarla; vuelto hacia el lado donde esta la mujer, aunque en realidad sin dirigirse a ella; la mirada hacia abajo, desenfocada. ;Qué corresponde hacer? La “conjuncion imposible” de Maquiavelo, la “enigmatica cria- tura” de Warburg, el “combate perenne” de Schama: en compa- racién con estas tempranas contradicciones de la cultura bur- 4 Simon Schama, The Embarrasment of Riches, California, 1988, pp. 338 y 371. guesa, la era victoriana aparece como lo que realmente fue: un tiempo de solucién de compromiso, mucho més que de contraste. La solucion de compromiso no es uniformidad, claro esta, y ain es licito ver a los victorianos en cierto modo como “multicolores”; pero los colores son reliquias del pasado y estan perdiendo su fulgor. No es bunt, sino gris el estandarte que flamea sobre el siglo burgués. 10N & 19 18 < eLBuRGuEs INTRODUCC! 3. Burguesia, clase media “Me resulta dificil entender por qué al burgués le disgusta que lo amen por su nombre”, escribe Groethuysen en su magnifico estudio, Origines de l’esprit bourgeois en France: “A los reyes se los ha llamado reyes; a los caballeros, caballeros;* sin embargo, el burgués prefiere mantenerse de incognito”.!> Garder l’incognito; y uno piensa, inevitablemente, en aquella etiqueta elusiva y ubi- cua: “clase media”. Todo concepto “establece un horizonte par- ticular para la experiencia potencial y la teoria concebible”, es- cribe Reinhart Koselleck,!® y en su eleccion de “clase media” antes que “burguesia”, la lengua inglesa ha creado indudable- mente un horizonte muy distintivo para la percepcién social. Pero cabe preguntarse por qué. Es cierto que el burgués cobré existencia en algun punto “del medio” —“no era campesino ni Slervo, pero tampoco era un noble”, como lo expresa Waller- stein—,’’ pero esa medianidad era precisamente lo que deseaba * Se refiere a los caballeros medievales (knights). A lo largo del libro, Moretti menciona tanto la figura del knight (caballero medieval) como la del gentleman (caballero en el sentido de hombre refinado o distinguido), ambas traducidas como “caballero” en espariol. En cada caso se haran las aclaraciones necesarias. IN. dela T] * Bernard Groethuysen, Origines de esprit bourgeois en France, t. 1: LEglise et la Bourgeoisie, Paris, 1927, p. vii [trad. esp.: La formacion de la conciencia burguesa en Francia durante el siglo xvut (1943), México, Fondo de Cultura Economica, 1985]. *© Reinhart Koselleck, “Begriffsgeschichte and Social History”, en Futures Past. On the Semantics of Historical Time [1979], Nueva York, 2004, p. 86 [trad. €sp.: Futuro pasado. Para una semdntica de los tiempos histéricos, Barcelona, Paidés, 1993]. ™ Immanuel Wallerstein, “The Burgeois(ie) as Concept and Reality”, op. cit., Pp. 91 y 92. Tras la doble negacion de Wallerstein se oculta un pasado mas Temoto, iluminado por Emile Benveniste en el capitulo “Un oficio sin nombre: el comercio”, del Vocabulario de las instituciones indoeuropeas. Segun la tesis de Benveniste, en pocas palabras, el comercio —una de las formas mas tempranas de la actividad “burguesa”— era “un oficio que, al menos en sus comienzos, nO se correspondia con ninguna de las actividades venerables, tradicionales”, Y¥ Que, en consecuencia, solo podia definirse mediante términos negativos como 20 <4 EL BURGUES superar: nacido en el “estamento medio” de la temprana Ingla- terra moderna, Robinson Crusoe rechaza la idea de su padre seguin la cual ese es “el mejor estamento del mundo” y dedica su vida entera a trascenderlo. jPor qué, entonces, optar por una designacion que retrotrae esta clase a sus indiferentes comienzos en lugar de reconocer sus’éxitos? {Qué se jugaba en la eleccion de “clase media” [middle class] en lugar de “burgués” [bourgeois]? La palabra bourgeois aparecio por primera vez en el francés del siglo x1, bajo la forma de burgeis, para referirse a los habitantes de las ciudades medievales (bourgs), que gozaban del derecho legal a ser “libres y exentas de jurisdiccion feudal” (Robert). Al sentido juridico del término —del cual surgié la idea tipicamente burguesa de la libertad como “libre o exento de”— se le sumo mas tarde, hacia fines del siglo xvu, un sentido econémico que, con la ya usual cadena de negaciones, se referia a “alguien que no pertenecia al clero ni a la nobleza, no trabajaba con sus ma- nos y poseia medios independientes” (Robert una vez mas). Desde aquel momento, aunque la cronologia y la semantica varian de un pais a otro,}* la palabra emerge en todas las lenguas de Europa Occidental, desde el término italiano borghese hasta el espafiol burgués, el portugués burgués, el aleman Burger y el holandés burger. En este grupo, el término inglés bourgeois sobresale como el unico caso que ha permanecido como inconfundible impor- tacion del francés en lugar de ser asimilado por la morfologia de el griego askholia y el latino negotium (nec-otium, “la negacién del ocio”), o genéricos como el griego pragma, el francés affaires (“nada ms que una sus- tantivacion de la expresion a faire”) o el adjetivo inglés busy (que “produjo el sustantivo abstracto business”). Véase Emile Benveniste, Indo-European Language and Society [1969], Miami, 1973, p. 118 [trad. esp.: Vocabulario de las instituciones indoeuropeas, Madrid, Taurus, 1983]. 18 La trayectoria del Birger aleman —desde (Stadt-)Burger (habitante de la ciudad) alrededor de 1700, pasando por (Staats-)Burger (ciudadano) alrededor de 1800 hasta Birger (burgués) en el sentido de no proletario alrededor de 1900— es particularmente notable: véase Reinhart Koselleck, “Begriffsgeschichte and Social History”, op. cit., p. 82. INTRODUCCION P 21 la lengua nacional. Y en efecto, la primera definicion del Oxford English Dictionary (oxp) para el término bourgeois en calidad de sustantivo es “hombre libre o ciudadano (francés)”; y “de o per- teneciente a la clase media francesa” es la definicién del adjetivo, prestamente apuntalada por una serie de citas referidas a Fran- cia, Italia y Alemania. El sustantivo femenino bourgeoise es “una mujer francesa de la clase media”, en tanto que el término bour~ geoisie [burguesia] —en cuyas primeras tres acepciones se men- ciona a Francia, Europa continental y Alemania— se define, en coherencia con el resto, como “el grupo de hombres libres de una ciudad francesa; la clase media francesa; también extendido ala de otros paises”. Bourgeois, palabra marcada como no inglesa. En El caballero John Halifax (1856), el exitoso libro de Dinah Craik que cuenta la biografia ficcional de un industrial textil, la palabra aparece solo tres veces, siempre en cursivas que indican su cardcter extranjero, y solo se usa para deslucir el concepto (“Me refiero a los érdenes inferiores, la bourgeoisie”) o expresar desprecio (“;Qué? {Un bour- geois? {Un comerciante?”). En lo que concierne a los otros no- velistas de la época de Craik, silencio absoluto; en la base de datos Chadwyck-Healey —cuyas 250 novelas constituyen una version en cierto modo expandida del canon decimonénico—, el término bourgeois aparece exactamente una vez entre 1850 y 1860, mientras que rich [rico] aparece 4.600 veces; wealthy [acau- dalado] , 613 veces, y prosperous [présperol, 449. Y si ampliamos la investigacién hasta abarcar el siglo entero —abordandola desde el Angulo levemente distinto de la amplitud de aplicacién en lugar de la frecuencia—, las 3.500 novelas del Stanford Literary Lab ofrecen los siguientes resultados: el adjetivo rich se aplica a 1.060 sustantivos diferentes; wealthy, a 215; prosperous, a 156; y bourgeois, a ocho: familia, doctor, virtudes, aire, virtud, afec- tacion, teatro [playhouse] y, extrafiamente, blason [escutcheon]. A qué se debe esta renuencia? En general, escribe Kocka, los grupos burgueses 22 4 & BURGUEs se sittian a si mismos aparte de las antiguas autoridades, la nobleza hereditaria con sus privilegios y la monarquia absoluta. [...] De esta linea de pensamiento deriva lo inverso: en la medida en que estos frentes se desdibujan o desaparecen, la referencia a una Biir- gertum que sea a la vez abarcadora y delimitada pierde sustancia en la realidad. Ello explica las diferencias internacionales: alli donde la tradicion de la nobleza era débil o estaba ausente (como en Suiza o Estados Unidos), alli donde la temprana desfeudaliza- cién y comercializacion de la agricultura de un pais fue esfumando gradualmente la distincion entre nobles y burgueses, ¢ incluso las diferencias entre lo urbano y lo rural (como en Inglaterra y Suecia), encontramos factores potentes que contrarrestan la formacion distintiva de una Burgertum y de un discurso sobre la Bargertum.'® Ausencia de un “frente” claro para el discurso sobre la Burgertum: he ahi el origen de la indiferencia que la lengua inglesa siempre exhibié en relacién con la palabra bourgeois. A la inversa, fue creciendo el apremio tras la expresion “clase media”, por la sim- ple razon de que muchos observadores de la temprana Gran Bretafia industrial echaban en falta una clase intermedia. En los distritos manufactureros reinaba una “peculiar infelicidad por la enorme deficiencia del estrato medio —escribié James Mill en An Essay on Government (1824)—, ya que alli la poblacion consiste casi por entero en fabricantes ricos y trabajadores po- bres”.?° Ricos y pobres: “No hay ciudad en el mundo —observé el canonigo Parkinson en su célebre descripcion de Manchester, de la que se hicieron eco muchos de sus contemporaneos— donde la distancia entre los ricos y los pobres sea tan grande, o la barrera entre ellos, tan dificil de cruzar”.?! A medida que el 19 Jurgen Kocka, “Middle Class and Authoritarian State...”, op. cit., pp. 194 y 195. 20 James Mill, An Essay on Government [1824], ed. de Ernest Baker, Cam- bridge, 1937, p. 73. 2) Richard Parkinson, On the Present Condition of the Labouring Poor in Man- chester; with Hints for Improving It, Londres y Manchester, 1841, p. 12. INTRODUCCION & 23 crecimiento industrial iba polarizando a la sociedad inglesa —"Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez mas, [...] en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesia y el proletariado”, como lo enuncié con crudeza el Manifiesto Comu- nista—,* la necesidad de mediacion se agudizo hasta el punto de que solo una clase situada en el medio parecia capaz de “compadecerse” con las “aflicciones de los trabajadores pobres” (Mill otra vez), a la vez sirviéndoles de “guia con su consejo” y brindando “un buen ejemplo a admirar”.” Las clases medias eran “el eslabon que conecta a los 6rdenes altos y bajos”, agregé lord Brougham, quien también las describio —en un discurso sobre el Proyecto de Ley de Reforma, titulado “Intelligence of the Middle Classes” [Inteligencia de las clases medias]— como “las genuinas depositarias del sentimiento sobrio, racional, in- teligente y honesto de los ingleses”.” Sila economia creo la necesidad histérica general de que existiera una clase intermedia, la politica agregé el giro tactico decisivo. El corpus de Google Books indica que las expresiones middle class [clase media], middle classes [clases medias] y bourgeois [bur- gués, burguesa, burgueses, burguesas] parecen haber mantenido una frecuencia mas o menos igual durante el periodo compren- dido entre 1800 y 1825; sin embargo, en los arios inmediatamente anteriores al Proyecto de Ley de Reforma de 1832 —cuando la relacion entre la estructura social y la representacion politica se desplaza hacia el centro de la vida publica—, middle class y middle classes se vuelven de manera repentina dos o tres veces mas frecuentes que bourgeois: posiblemente, porque la denominacion “clase media” era una manera de desestimar a la burguesia como * Enla version del Manifiesto Comunista en inglés citada por Moretti, “Bour- geoisie und Proletariat” se tradujo como “property owners and propertyless wor- ers”, es decir, “propietarios de bienes y trabajadores sin bienes”. [N. de la T.] ® James Mill, An Essay on Government, op. cit., p. 73. % Henry Brougham, Opinions of Lord Brougham on Politics, Theology, Law, Science, Education, Literature. As Exhibited in His Parliamentary and Legal Speeches, and Miscellaneous Writings, Londres, 1837, pp. 314 y 315. 24 4 ELBURGLES grupo independiente para mirarla en cambio desde arriba y con- fiarle una tarea de contencién politica.* Después, una vez consu- mado el bautismo y solidificado el nuevo término, se suscitaron toda suerte de consecuencias (e inversiones del rumbo): aunque “clase media” y “burgués” indicaban exactamente la misma rea- lidad social, por ejemplo, cada una de las denominaciones creo asociaciones muy diferentes en torno a esta: una vez situada “en. el medio”, la burguesia podia aparecer como un grupo parcial- mente subalterno, por lo que en verdad no cabia responsabilizarla por los modos del mundo. Y después, “baja”, “media” y “alta” formaron un continuo en el que la movilidad era mucho mas facil de imaginar que entre categorfas —“clases”— inconmensu- rables, como campesinado, proletariado, burguesia o nobleza. A largo plazo, entonces, el horizonte simbolico creado por la “cla- se media” funcion6 extremadamente bien para la burguesia in- glesa (y estadounidense): la derrota inicial de 1832, que habia imposibilitado una “representacion burguesa independiente” ,”* la protegié més tarde de la critica directa en tanto promovid una version eufemistica de la jerarquia social. Groethuysen tenia ra- zon: el incdgnito funciond. 24 “Ta accion fundamental en la coyuntura de 1830-1832 —asf lo creian los ministros whigs— era quebrar la alianza radical abriendo una brecha entre la clase media y la clase trabajadora”, escribe F M. L. Thompson (The Rise of Respectable Society. A Social History of Victorian Britain 1830-1900, Harvard, 1988, p. 16). Esta brecha situada por debajo de la clase media encerraba la promesa de forjar una alianza por encima: “Es de absoluta importancia asociar jos érdenes medios de la sociedad con los mas altos”, declaré lord Grey; por otra parte, Dror Wahrman —quien ha reconstruido con excepcional lucidez el prolongado debate sobre la clase media— sefala que el célebre encomio de Brougham también pontia de relieve “la responsabilidad politica [...] antes que la intransigencia; la lealtad a la corona antes que los derechos del pueblo; la yalfa como baluarte contra la revolucion antes que contra las usurpaciones de la libertad” (Imagining the Middle Class. The Political Representation of Class in Britain, c. 1780-1840, Cambridge, 1995, pp. 308 y 309). 2 Perry Anderson, “The Figures of Descent” [1987], en English Questions, Londres, 1992, p. 145. INTRODUCCION P 25 4. Entre la historia y la literatura El burgués entre la historia y la literatura. Pero en este libro pre- sento apenas un puriado de los ejemplos posibles. Comienzo con el burgués antes de su prise de pouvoir (“Un amo trabajador”): un. didlogo entre Defoe y Weber en tomo a un hombre que esta solo en una isla, des-insertado del resto de la humanidad; pero se trata de un hombre que est4 comenzando a ver un patron en su exis- tencia ya encontrar las palabras correctas para expresarlo. En “Un siglo serio”, la isla se ha convertido en medio continente: el bur- gués se ha multiplicado por toda Europa Occidental, ha extendido su influencia en numerosas direcciones; es el momento mas “es- tético” de esta historia: invenciones narrativas, consistencia esti- listica, obras de arte; una gran literatura burguesa, si es que alguna vez hubo alguna. “Niebla”, sobre la Gran Bretatia victoriana, cuenta una historia diferente: luego de décadas de éxitos extraordinarios, el burgués no puede ser simplemente “é] mismo”; ahora tiene como prioridad asentar su poder sobre el resto de la sociedad: establecer su “hegemonia”; y es en este preciso momento cuando el burgués se siente repentinamente avergonzado de si mismo; ha adquirido poder, pero ha perdido su claridad de vision: su estilo. Este es el punto de inflexion del libro y su momento de la verdad: el burgués se revela mucho mejor en el ejercicio del poder dentro de la esfera econémica que en el establecimiento de una presen- cia politica y la formulacion de una cultura general. Después comienza a ponerse el sol en el horizonte del siglo burgués: en las regiones de las “Malformaciones nacionales”, al sur y al este, una gran figura tras otra cae aplastada y ridiculizada por la per- sistencia del Antiguo Régimen, mientras que en los mismos afios, desde la wragica tierra de nadie del ciclo de Ibsen (que sin duda va més allé de “Noruega”) llega la autocritica final, radical, de la existencia burguesa (“Ibsen y el espiritu del capitalismo”). Por ahora conformémonos con esta sinopsis; apenas me permi- tiré agregar algunas palabras sobre la relacion entre el estudio de la literatura y el de la historia tout court. Qué clase de histo- 26 4 EL BURGUES ria —qué clase de evidencia— es la que ofrecen las obras litera- rias? Sin duda, nunca es directa: ni el empresario textil Thornton, de Norte y Sur (1855), ni el emprendedor Wokulski, de La munieca (1890), ofrecen alguna evidencia exacta en relacion con la bur- guesia de Manchester o de Varsovia. Pertenecen a una serie his- torica paralela: una suerte de doble hélice cultural en la que la otorgacion de forma literaria se ajusta a los espasmos de la mo- dernizacion capitalista y a la vez los reconfigura. “Toda forma es la resolucion de una disonancia fundamental de la existencia”, escribié el joven Lukacs en Teoria de la novela;”° y si esto es asi, entonces la literatura es ese universo extrafio donde las resolu- ciones se preservan a la perfeccion —son nada mas y nada me- nos que los textos que atin leemos— en tanto que las disonancias se han esfumado de la vista en silencio: tanto mas completamente cuanto mas exitosa resulto ser su resolucién. Hay algo de espectral en esta historia donde desaparecen las pre- guntas y sobreviven las respuestas. Pero si aceptamos la idea de la forma literaria como resto fosil de lo que alguna vez fue un presente vivo y problematico, y si nos abrimos paso hacia atras aplicandole un proceso de “ingenierta inversa” a fin de comprender el problema para cuya solucion fue concebida, entonces el andlisis formal po- dria echar luz —en principio, sino siempre en la practica— sobre una dimensién del pasado que de lo contrario permaneceria oculta. Aqui radica su posible contribucion al conocimiento hist6rico: al comprender la opacidad de las alusiones de Ibsen al pasado, o bien la seméntica oblicua de los adjetivos victorianos, o incluso (una tarea no muy alentadora a primera vista) la funcién del gerun- dio pretérito en Robinson Crusoe, ingresamos en un reino de som- bras donde el pasado recupera su voz y atin nos habla.*” 26 Georg Lukacs, The Theory of the Novel [1914-1915], Cambridge (ma), 1974, p. 62 [trad. esp.: Teoria de la novela, trad. de Micaela Ortelli, Buenos Aires, Godot, 2010, p. 56). 27 Las formas estéticas como respuestas estructuradas a las contradicciones sociales; dada esta relacion entre la historia literaria y la historia social, di por INTRODUCCION P 27 5. Un héroe abstracto pero nos habla solamente a través del médium de la forma. Relatos y estilos: he ahi donde encontré lo burgués. Estilos, especialmente, Jo cual me sorprendio bastante dada la frecuencia con que las narraciones se consideran los cimientos de la identidad social’* y dado el emperio con que la burguesfa suele ser asociada a la tur- bulencia y el cambio: desde algunas escenas célebres de la Feno- menologia hasta el “todo lo estatico y permanente se evapora” del Manifiesto y la destruccion creativa de Schumpeter. De ahi que yo esperara encontrar una literatura burguesa definida por tramas nuevas € impredecibles: “saltos hacia la oscuridad”, como carac- teriza Elster las innovaciones capitalistas.”° Y en cambio, tal como a sentado que el ensayo “Un siglo serio”, escrito originalmente para una coleccion literaria, S€ amoldaria muy bien a este libro (a fin de cuentas, su titulo provi- sional habfa sido “On Bourgeois Seriousness”). Pero cuando relet el ensayo, de inmediato sent (y quiero decir senti: de manera irracional e irresistible) que era preciso quitar mucho del original y reformular lo que quedaba. Me di cuenta de que la edicién concernia principalmente a tres secciones —todas tituladas “Parting of the Ways” en la version original—, en las que se delineaba el morfoespacio mas abarcador en cuyo seno se habian configurado las formas de la seriedad burguesa. En otras palabras, senti la necesidad de eliminar el espectro de las variaciones formales que habian estado disponibles historica- mente; lo que sobrevive es el resultado del proceso de seleccion decimonénico, Enunlibro sobre lacultura burguesa parece una eleccién plausible, pero pone de relieve la diferencia entre la historia literaria como historia de la literatura —donde la pluralidad, e inchiso la aleatoriedad, de las opciones formales constituye un aspecto clave del panorama— y la historia literaria como (parte de la) historia de la sociedad: donde lo que importa, en cambio, es la vinculacién entre una forma especifica y su funcion social. 28 Un. ejemplo reciente, de un libro sobre la burguesia francesa: “Postulo aqui que la existencia de grupos sociales, si bien esta enraizada en el mundo material, se configura mediante e] lenguaje, y mas especificamente mediante Ja narvativa: para reclamar su Papel de actor en la sociedad y en la organizacién politica, un grupo necesita disponer de un relato o de relatos acerca de si mismo”. Satah Maza, The Myth of the French Bourgeoisie. An Essay on the Social Imaginary, 1750-1850, Cambridge (ma), 2003, p. 6. 2 Schumpeter “elogiaba el capitalismo, no por su eficiencia y su raciona- lidad, sino por su cardcter dinamico. [...] Lejos de restar importancia a los 28 4 EL BURGUES sostengo en “Un siglo serio”, todo indica que ha ocurrido lo con- trario: la gran invenci6n narrativa.de la Europa burguesa no ha sido el desequilibrio sino la regularidad.*° Todo lo que era estatico y permanente se volvié mas estatico y permanente. jPor qué? Es probable que la razon principal estribe en el propio burgués. En el transcurso del siglo xix, una vez superado el es- tigma contra el “nuevo rico”, varios rasgos recurrentes se aglo- meraron en torno a esta figura: la energia, en primer lugar; el autodominio; la claridad intelectual; la honestidad comercial; un fuerte sentido de las metas. Todos ellos “buenos” rasgos, pero no tan buenos como para ajustarse al tipo de héroe narrativo —gue- rrero, caballero andante, conquistador, aventurero— sobre el que se habia sustentado la narrativa occidental a lo largo de milenios, literalmente. “La bolsa de valores es un pobre sustituto para el Santo Grial”, escribio burlonamente Schumpeter; y la vida empresarial —‘“en la oficina, entre columnas de cifras”— esta condenada a “carecer de toda esencia heroica”.* Aqui nos en- aspectos creativos e impredecibles de la creacion, los convirtié en la piedra angular de su teoria. La innovaci6n es en esencia un fenémeno del desequili- brio: un salto hacia la oscuridad”. Jon Elster, Explaining Technical Change. A Case Study in the Philosophy of Science, Cambridge, 1983, pp. 11 y 112 [trad. esp.: El cambio tecnologico. Investigaciones sobre la racionalidad y la transformacién social, tad. de Margarita Mizraji, Barcelona, Gedisa, 1990). 30 La misma resistencia burguesa a la narrativa emerge del estudio de Richard Helgerson sobre el realismo de la edad dorada holandesa: una cultura visual donde las mujeres, los nifios, los sirvientes, los campesinos, los artesanos y los pretendientes intrusos actuian, mientras que los hombres cabeza de familia de la clase alta [...] son, y suelen encontrar su forma predilecta en el género no narrativo del retrato. Véase “Soldiers and Enigmatic Girls. The Politics of Dutch Domestic Realism, 1650-1672”, en Representations, nim. 58, 1997, p. 55. 31 Joseph A. Schumpeter, Capitalism, Socialism and Democracy [1942], Nueva York, 1975, pp. 137 y 128 [trad. esp.: Capitalismo, socialismo y democracia, Buenos Aires, Claridad, 1946]. En una vena similar, Weber evoca la definicion de Carlyle de la era de Cromwell como “the last of our heroism” [“nuestro ultimo heroismo”; la frase esta en inglés en el original aleman y en la traduccion al espanol (N. de la T.)] (Max Weber, The Protestant Ethic..., op. cit., p. 37 [80]). INTRODUCCION PB 29 contramos con una discontinuidad mayiscula entre la vieja y la nueva clase dirigente: mientras que la aristocracia se habia idea- }z4do sin la menor impudicia en toda una galeria de intrépidos caballeros medievales, la burguesia no produjo un mito semejante dest misma. La civilizacion burguesa estaba erosionando el gran- djoso mecanismo de la aventura: y sin aventura, los personajes erdieron la impronta de singularidad que deriva del encuentro con lo desconocido.** Comparado con un caballero medieval [enight], un burgués aparece in-marcado y elusivo, similar a cual- quier otro burgués. He aqui una escena de Norte y Sur donde la jpetina le describe a su madre un industrial de Manchester: —La verdad, apenas sé cémo es —repuso Margaret [. unos treinta afios, con un rostro que no es ni en verdad feo ni tampoco agraciado, nada que destacar: no exactamente un caba- llero [gentleman], aunque eso no era de esperarse. —Pero ni vulgar ni ordinario —terci6 el padre.>* Apehas, unos, nien verdad, ni tampoco, nada, no exactamente. Elctiterio de Margaret, que suele ser bastante preciso, se pierde enna espiral de evasivas. Es la abstraccién del tipo burgués: en gu forma extrema, mero “capital personificado”, o incluso no més Que “una maquina destinada a la transformacion de ese lusvalor en pluscapital”, por citar un par de pasajes de El capi- ial.” En Marx, como ms tarde en Weber, la supresion metédica de todos los rasgos sensoriales dificulta imaginar como este per- sonajé podria alguna vez ocupar el centro de un relato intere- » Sobre la relacion entre la mentalidad aventurera y el espiritu capitalista, yeatse Michael Nerlich, Ideology of Adventure. Studies in Modern Consciousness, 1 on 750 [1977], Minnesota, 1987, y las primeras dos secciones del préximo capitulo. » Elizabeth Gaskell, North and South [1855], Nueva York y Londres, 2005, po (trad. esp.: Norte y Sur, Barcelona, Alba, 2005). *Karl Marx, Capital [1867], vol. 1, Harmondsworth, 1990, pp. 739 y 742 {ued esp.: Elcapital, t.1, vol. 2, trad. de Pedro Scaron, Buenos Aires, Siglo xx, 201), pp. 731 y 735]. 30 4 FLauRcuEs sante; a menos, por supuesto, que la represion de si mismo sea el relato, como en el retrato del cénsul Thomas Buddenbrook en la novela de Mann (que impacté profundamente al propio Weber).*° La situacin es diferente en un periodo mas temprano o bien en los margenes de la Europa capitalista, contextos en los que la debilidad del capitalismo como sistema deja un margen de libertad mucho mayor para imaginar potentes figuras indivi- duales, como Robinson Crusoe, Gesualdo Motta o Stanislaw Wokulski. Pero alli donde se solidifican las estructuras capita- listas, los mecanismos narrativos y estilisticos remplazan a los individuos como centro del texto. Es otra manera de mirar la estructura de este libro: dos capitulos sobre personajes burgue- ses y dos sobre el lenguaje burgués. 6. Prosa y palabras clave: comentarios preliminares Encontré lo burgués en los estilos mas que en los relatos, dije un par de paginas atras, y por “estilos” me referia principalmente a dos cosas: la prosa y las palabras clave. La retorica de la prosa ira divisandose de manera gradual, de a un aspecto por vez (continuidad, precision, productividad, neutralidad...), en los primeros dos capitulos del libro, en los que trazaré su arco as- cendente a lo largo de los siglos xvi y xix. Ha sido un gran logro, y muy laborioso, la prosa burguesa. La ausencia en su universo de cualquier concepto de “inspiracion” —ese don de los dioses donde la idea y los resultados se fusionan magicamente en un instante unico de creacién— sugiere hasta qué punto resulta imposible imaginar el medio de la prosa sin pensar inmediata- 35 Sobre Mann y la burguesia, ademas de numerosos ensayos de Lukacs, véase Alberto Asor Rosa, “Thomas Mann 0 dell’ambiguita borghese”, en Con- tropiano, 2, 68 y 3, 68. Si hay un momento especifico en el que se me cruzé por la cabeza por primera vez la idea de hacer un libro sobre los burgueses, fue hace més de cuarenta afios, mientras leia los ensayos de Astor; el libro tuvo Tuego su comienzo serio entre 1999 y 2000, durante una estadia de un afio en el Wissenschaftskolleg de Berlin. INTRODUCCION P 31 mente en el trabajo. Trabajo linguistico, desde luego, pero de un tipo que encarna algunos de los rasgos més caracteristicos de la actividad burguesa. Si hay un protagonista de El burgués, no cabe duda de que es esta prosa que mana de la laboriosidad. La prosa que acabo de bosquejar es un tipo ideal, nunca realizado en plenitud en un texto especifico. Pero no ocurre lo mismo con las palabras clave; estas son palabras reales, usadas por escrito- res reales y perfectamente rastreables en tal o cual libro. Aqui el marco conceptual fue establecido hace décadas por Raymond Williams, en Cultura y sociedad y Palabras clave, y por la obra de Reinhart Koselleck sobre Begriffgeschichte [historia de los con- ceptos]. Para Koselleck, quien se enfoca en el lenguaje politico de la Europa moderna, “un concepto no es simplemente indi- cativo de las relaciones que abarca; también es un factor dentro de ellas”;>* mas precisamente, es un factor que instituye una “tension” entre el lenguaje y la realidad, y a menudo “se utiliza conscientemente como un arma”.*” Aunque este enfoque fun- ciona muy bien para la historia intelectual, no parece ser el mas indicado para abordar a un ser social que, tal como lo expresa Groethuysen, “acttta, pero no habla mucho”;38 y cuando habla, prefiere los terminos casuales y cotidianos antes que la claridad intelectual de los conceptos. “Arma” no es entonces el término apropiado para englobar palabras clave constructivas y pragma- ticas, tales como “util”, “eficiencia”, “serio”, por no mencionar los grandes mediadores, como “confort” o “influencia”, mucho més cercanos a la idea de Benveniste seguin la cual el lenguaje es “el instrumento para ordenar el mundo y la sociedad”? que a * Reinhart Koselleck, “Begriffsgeschichte and Social History”, op. cit., p. 86. % Ihid., p. 78. * Bernard Groethuysen, Origines..., op. cit., p. xi. * Emile Benveniste, “Remarks on the Function of Language in Freudian Theory”, en Problems in General Linguistics [1966], Oxford (ox), 1971, p. 71 (el énfasis me pertenece) [trad. esp.: “Observaciones sobre la funcion del len- guaje en el descubrimiento freudiano”, en Problemas de lingiistica general, t. 1, México, Siglo xa, 1973, p. 82]. 32 << EL BURGUES la “tensién” de Koselleck. Creo que no es casual el hecho de que tantas de mis palabras clave hayan resultado ser adjetivos: menos centrales que los sustantivos (por no mencionar los conceptos) para el sistema semantico de una cultura, los adjetivos son asis- tematicos y por cierto “adaptables”;* o bien, como diria desde- nosamente Humpty Dumpty, “con los adjetivos se puede hacer cualquier cosa”.*° Prosa y palabras clave: dos hebras paralelas que reapareceran una y otra vez a lo largo de todo el argumento, en las diferentes es- calas de los parrafos, las oraciones y las palabras individuales. A través de ellas emergeran las peculiaridades de la cultura burgue- sa desde la dimensién implicita e incluso sepulta del lenguaje: una “mentalidad” hecha de patrones gramaticales y asociaciones seménticas inconscientes mds que de ideas claras y distintivas. Este no era el plan original del libro, y por momentos sigo que- dando perplejo al advertir que las paginas sobre adjetivos victo- rianos podrian ser a fin de cuentas el centro conceptual de El burgués. Pero si las ideas del burgués recibieron muchisima aten- cion, su mentalidad —excepto por unos pocos intentos aislados, como el estudio de Groethuysen hace casi un siglo— contintia siendo un territorio en gran medida inexplorado; y es entonces cuando las minuciosidades del lenguaje revelan secretos que las grandes ideas suelen enmascarar: la friccién entre las nuevas as- piraciones y los viejos habitos, los comienzos fallidos, las vacila- ciones, las soluciones de compromiso; en una palabra, la lentitud de la historia cultural. Tratandose de un libro en el que la cultura burguesa se manifiesta como un proyecto incompleto, parece correcto entonces haber optado por esta linea metodoldgica. * En la traduccion al inglés de la obra de Benveniste citada anteriormente, el término que se utiliza no es “ordenar” sino adjust, que significa “adaptar, ajustar”. [N. de la T] * Lewis Carroll, Through the Looking-Glass, and What Alice Found There {1872], Harmondsworth, 1998, p. 186 [trad. esp.: A través del espejo y lo que Alicia encontré alli, Madrid, Alianza, 2010]. INTRODUCCION P 33 7. “El burgués esta perdido...” El 14 de abril de 1912, Benjamin Guggenheim, el hermano me- nor de Solomon, estaba a bordo del Titanic; y cuando el barco comenzo a naufragar, él fue uno de los que ayudaron a las mu- jeres y los nifios a subir a los botes salvavidas, resistiendo el frenesi por momentos brutal de otros pasajeros hombres. Después, cuando su camarero recibié la orden de tripular uno de los botes, Guggenheim se despidio de él y le pidio que le dijera a su esposa que “ninguna mujer qued6 a bordo porque Ben Guggenheim fuera un cobarde”. Y eso fue todo.*! Quiza sus palabras hayan sido un poco menos resonanites, pero eso en verdad no importa; él hizo lo correcto, algo muy dificil en esas circunstancias. Déca- das mas tarde, cuando comenzaron los preparativos para el filme Titanic (1997), de James Cameron, el investigador que desenterr6 la anécdota la presenté de inmediato ante los guionistas: qué escena... Sin embargo, la sugerencia fue rechazada de plano: era demasiado poco realista. Los ricos no mueren por principios abstractos como la cobardia y cosas similares. Yde hecho, el personaje que vagamente evoca a Guggenheim en el filme trata de abrirse paso hacia el bote salvavidas con un revélver. “El burgués esta perdido”, escribié Thomas Mann en 1932, en su ensayo “Goethe como representante de la €poca burguesa”; y estos dos momentos vinculados al Titanic —situados en los ex- tremos opuestos del siglo xx— coinciden con él. Perdido, no porque lo esté el capitalismo: por el contrario, el capitalismo esta més fuerte que nunca (aunque mayormente en la destruccién, a la manera del Golem). Lo que se ha evaporado es el sentido de la legitimidad burguesa: la idea de una clase dirigente que no solo dirige, sino que también merece hacerlo. He ahi la conviccién que animé las palabras de Guggenheim en el Titanic; lo que estaba en juego era el “prestigio (y por lo tanto [...] la confianza)” *1 John H. Davis, The Guggenheims, 1848-1988. An American Epic, Nueva York, 1988, p. 221. 34 <4 EL BURGUES