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Un trozo de lino hilado por la bisabuela venida de Galicia en 1923, por Magdalena Wolf

Esto es un trozo de lino hilado por


mi bisabuela materna. Es una tela
que se confeccionaba en las casas
para realizar vestimenta (camisas,
ropa interior, vendajes, enaguas,
etc.). El lino se cultivaba en los
campos propios, se hacia un proceso
de humedecimiento en bateas, se
abrían las fibras, se las secaba, luego
hilaba y para terminar se armaba el
paño con la ayuda de un telar.
En esa época, principios del 1900, se
confeccionaba en las casas casi todo
lo que se consumía. No solo se
hilaba el lino para ropa liviana, sino
que se tejían las ropas de abrigo y se
hacían en telar los paños gruesos
para ropa y abrigo. Se hacían los
zapatos, las zocas (similares a los
suecos holandeses). Todo esto se hacía sobre todo en las casas de campo, los pequeños pueblos y las aldeas.
De uno de ellos viene esta tela.
Mi bisabuela se llamaba Fulgencia Villar Fernández y trajo esta tela con ella, desde la pequeña aldea de ‘’O
Cereizal’’ perteneciente a la parroquia de Becerrea, en la provincia de Lugo, en la región de Galicia, al
noroeste de España. Es un pequeño caserío en la montaña, una región de mucha belleza por sus paisajes de
clima frío con mucha nieve en invierno, de una economía básicamente agrícola y muy pobre a comienzos del
siglo XX.
Mi bisabuela trajo esta tela hilada con ella más otras pocas pertenencias cuando vino a Buenos Aires
alrededor de 1923. Fue llamada por uno de sus hermanos, así era el sistema habitual entre los inmigrantes
Gallegos de la época, que empujados por la pobreza, buscaban un mejor lugar para vivir. El destino de una
mujer, en la Galicia agropecuaria de principios de siglo era trabajar la tierra con las manos a la par de su
marido, realizar todas las tareas de la casa y criar a sus hijos. Por ser hija de un herrero, provenía de una
familia que no tenía tierras propias, lo cual en esa época, en ese región, significaba ser muy pobre. Frente a
esa realidad de vida muy dura con poco futuro, ella aceptó el llamado de su hermano y partió para América.
“¿Con éstas manitos trabajar la tierra?” contestaba mi bisabuela, cuando mi madre le preguntaba por qué
había dejado a sus padres, sus otros hermanos y a su tierra natal.
Llegó a Buenos Aires proveniente del puerto de Vigo (España) luego de un largo viaje en un barco de
inmigrantes.
Los gallegos se organizaron, como otras tantas comunidades que habían inmigrado, consiguiendo vivienda,
trabajo y marido o mujer para los recién llegados. Mi bisabuela no escapó a la costumbre de esta época y en
menos de un año ya estaba casada con mi bisabuelo Ricardo Núñez Fernández. Tuvieron un solo hijo:
Ricardo José Núñez, mi abuelo, y una vida social muy activa, que fueron el eje de su vida. Fueron unas de
las familias fundadoras del Centro Gallego y del Centro Lucense (hoy Centro Galicia). En ellos desplegó mi
bisabuela su belleza, su capacidad para los juegos de canasta y bochas (llegó a ser federada) y su especial y
fuerte carácter, que aún hoy es recordado por los que la conocieron.
Este recorte de lino fue un regalo que le hizo mi bisabuela a mi madre cuando todavía era soltera, como
recuerdo de su vida antes de venir a la Argentina.
En mi familia ha perdurado con el tiempo la costumbre de ser muy unidos, y como descendientes de
gallegos somos bulliciosos y de carácter fuerte.

Mapa de la ruta de inmigración desde Lugo-España hasta Buenos Aires-Argentina

Ruta estimada: Puerto de Vigo, Islas Canarias, Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires.
Fotografías de los tatarabuelos de su mujer en Milán (Italia) y del trabajo agrícola en Carlos Casares
(Buenos Aires), por Manuel Ladogana

Es una fotografía de Lorenzo y Filomena Calizzano, en su casamiento en Milán.

El inmigrante es el Tatarabuelo de mi mujer, Victoria Otaño Calizzano.

Lorenzo Calizzano, nació en 1822, en Torino, Italia. Cuando terminó el colegio a los 17 años quiso estudiar
Medicina, para lo cual tuvo que viajar a Milán, porque en Torino no había universidad. En Milán lo hospedó
su tío, un notario muy reconocido. Viviendo con ellos, se enamora de su prima Filomena. Al enterarse los
padres, echan ambos de la casa razón por la cual Lorenzo solo pudo cursar hasta tercer año de Medicina.
Se casaron en 1843. Sus madres, desoladas por el vacío que les hicieron sus maridos, les dieron plata a
escondidas de éstos. Lorenzo y Filomena compraron toneles de vino y unos pasajes para la Argentina.
Consideraron que lo mejor era irse de Italia. Nuestro país era un lugar donde se vendía rápidamente
cualquier cosa traída de Europa. Durante la travesía, a la altura de Brasil sufrieron una fuerte tormenta y los
vinos que no se perdieron en el mar, se echaron a perder.
En el barco conocieron un matrimonio de apellido Cuzzani, los abuelos del escritor argentino Agustín
Cuzzani. Este matrimonio iba a trabajar a una estancia, “La Nueva Escocia”, en Buenos Aires a 15 Km. de
Carlos Casares, y vieron a Filomena y a Lorenzo tan desamparados, habiendo perdido todo, que los invitaron
a ir con ellos a la estancia y pedir trabajo allí. Lorenzo se dedico a curar animales y Filomena fue la
institutriz de los niños, porque sabía francés, español, e italiano. Vivieron un año en la estancia, y con la
plata que ahorraron se compraron cuarenta hectáreas en Carlos Casares. Al poco tiempo el padre de
Filomena muere y tienen que viajar a Milán, a cobrar una herencia. De vuelta en Carlos Casares compran
mil hectáreas y se dedican a la agricultura. Tienen 5 hijos, uno de ellos, el más pequeño, es Valerio
Calizzano, el bisabuelo de mi mujer. Este tenía cuarenta años en 1900, y fue invitado por el Papa a abrir la
puerta del nuevo siglo en el Vaticano.
La familia volvió a Italia muchas veces de visita, pero nunca más a vivir, eligieron la Argentina como
identidad.
Se dedicaron a la agricultura, y hasta mi suegra, que es la tercera generación de Lorenzo y Filomena, nació
en Carlos Casares, fue criada en el campo y vivió allí hasta los 20 años, mientras que su padre siguió
trabajando el campo hasta su muerte en 1996, ese mismo campo que compraron en su momento Filomena y
Lorenzo.
Elegí contar la historia de mi mujer porque además de pintoresca y de ser más cercana en el tiempo la
inmigración, prácticamente no hay datos de mi propia familia (también de Italia),
Esta historia me hizo reflexionar sobre la difícil situación que atraviesan las personas que por distintos
motivos se ven obligadas a abandonar su tierra por destinos totalmente lejanos y desconocidos comenzando
allí una nueva vida, y adoptando ese país como propio. Esas generaciones de abuelos que les trasmitían a sus
hijos el valor del esfuerzo y el trabajo se están perdiendo. Nuestra generación enfrenta una realidad muy
distinta, nos hemos vuelto escépticos, porque vemos que nuestro esfuerzo muchas veces no alcanza para
conseguir nuestros objetivos: familia, casa propia, etc.; mucho menos un campo.
El sentimiento de construir sobre el esfuerzo debería ser renovable y no agotarse en un par de generaciones.

Carlos Casares, trabajando la tierra.

Fotos de maletas similares a las traidas por su bisabuelo desde Sicilia (Italia), por Rubén Aguirre

Estas maletas, de un material sólido poco ligero de forma rectangular casi cuadrada son en su mayoría
metálicas y podrían ser como las que utilizó mi bisabuelo en su inmigración a la Argentina
Mi bisabuelo es oriundo de Sicilia (Italia) y emigró hacia la Argentina entre los años 1912 y 1914. Con él
vino quien era entonces su esposa, de la cual se divorció al poco tiempo de llegar a la Argentina.
Posteriormente realizó viajes a su tierra natal (Italia), buscando una nueva esposa. Así llegó a conocer a mi
bisabuela y a tener un hijo que es mi abuelo, quien con el tiempo se radicó en la Argentina.
Mi bisabuelo enfrentó la decisión de dejar su ciudad natal por motivos bélicos de la época (Primera Guerra
Mundial) y con sueños de mayor prosperidad en la Argentina junto con su familia alejada de esos conflictos
- ya que en su país estaba sujeto a ser parte del cuerpo de la milicia italiana. Es así que negándose a su
suerte, decidió emigrar de su país.
Buscaba refugio en otro lugar donde le dieran libre circulación sin límite de tiempo de estadía y con
posibilidades de empezar una nueva vida, sin el temor de afrontar una deportación ya que el país recibía de
manera indiscriminada a los extranjeros y se convertía en una tierra ideal para sus propósitos.

Su arribo fue al puerto de Buenos Aires y su destino ya pensado con anterioridad era la zona del norte de
nuestro país. Anduvo por varias provincias recorriendo y buscando su ideal para los planes que tenía en
mente, realizando todo tipo de trabajos como albañil, peón de campo, maestro panadero y cuidador de
campo, hasta llegar a Santa Fe a un pueblo llamado Serodino, donde se instaló de manera definitiva
formando una familia.

En su vida familiar fue alguien que siempre trató de mantener sus lazos de sangre: buscaba una novia en la
misma Italia y así como fue que trajo a la Argentina para contraer matrimonio a quien fue mi bisabuela, con
quien tuvo un hijo llamado Juan Herminio Paiola.

El vinculo que siento con esta historia es de un bisnieto con sentimientos muy arraigados hacia mi bisabuelo
en mis entrañas ya que siempre fui criado en un entorno familiar valorando y respetando cada miembro de
toda mi familia.
Fotografía de la Familia Di Federico (Italia), pasaje y pasaporte, por Matías Blayer

Relato de Vittoria Di Federico:

“El motivo por el cual emigramos a Argentina fue la situación económica desfavorable en toda Europa
luego de la Segunda Guerra Mundial.

La principal razón porqué eligieron mis padres Argentina se debió a la gran oferta laboral que existía en
ese momento. Primero, en el año 1949, viajó mi padre para afincarse y poder recibirnos a mi hermano y a
mi, luego, en 1952, llegamos mi madre, mi hermano mayor y yo en barco.
Desde que en abril de 1952 salimos de Italia, mi madre, mi hermano y yo. No recuerdo mucho dada la corta
edad que tenía en ese momento ( 4 años), no puedo decir que para mí ese viaje que emprendimos haya sido
traumático, más bien fue una aventura donde todo estaba para explorar, como por ejemplo, los distintos
niveles del barco, que junto con mi hermano recorríamos todos los días (con gran desesperación de mi
madre cuando no nos veía) y nos extasiábamos contemplando esa gran vastedad que es el Océano
Atlántico; las escalas en lugares nuevos y todo lo que la curiosidad infantil puede absorber.

De esos años lo que más recuerdo fue la llegada al puerto de Buenos Aires. (Paradójicamente, no recuerdo
las despedidas en Italia ni la salida del barco en el puerto de Nápoles). Mi padre nos estaba esperando con
una buena barra de chocolate para los dos, ya hacía muchos años que no lo veíamos pero él era tal cual
recordaba.

Bien, de ahí en más ya más afianzados entre una cosa y otra, con las mudanzas, los cambios de escuela,
hasta que en 1958 tuvimos nuestra propia casa (debo decir que construida con nuestras propias manos),
donde crecí, empecé a trabajar, me casé, tuve mis tres hijos, los cuales crecieron allí mismo donde mi
hermano y yo crecimos, y ahora mis nietos.

No pienso que el hecho de la decisión de mis padres de emprender un camino nuevo y desconocido,
alejándonos de toda la familia, haya dejado en mí una impronta desfavorable (por lo menos, no
conscientemente). Toda mi vida transcurrió en Argentina, y estoy muy feliz de estar aquí con mi familia.
De todos modos nunca he perdido el contacto con los que quedaron del otro lado del mar, tíos y primos y he
viajado ya dos veces y espero volver a hacerlo, si Dios quiere y la economía me ayuda.

Hoy en día mis hijos heredaron mi cultura, todos ellos hablan mi idioma natal y han viajado a Italia a
conocer a mis sus tíos y primos además de ellos el mayor de los tres en estos momentos se encuentra
viviendo allí, y eso es algo que me genera mucha alegría ya que al final parte de mí sigue en mi tierra
natal.”
Familia Di Federico
Pasaje Nápoli-Buenos Aires
Pasaporte de Maria Giovanna Di Federico, 1ª página

“Regreso de la memoria armenia” por Alejandro Beredjiklian

La definición de “objeto” del diccionario diferencia a los objetos en dos clases: Materiales y Abstractos. En
el caso del presente trabajo me referiré a lo segundo. Es una pequeña reflexión de tenor religioso que relata
parte de la llegada del inmigrante en cuestión a nuestro país.
La falta de objetos materiales y la ausencia de detalles exactos del viaje se deben en parte a la distancia
temporal de los hechos, pero lo más importante al contexto histórico y geográfico del relato.

En la meseta de Armenia, situada en la región este de Anatolia, limitada al norte por las cadenas
montañosas del Pontus y del Cáucaso, y al sur por las montañas del Taurus, se asentó el pueblo armenio,
que hablaba un idioma indoeuropeo en el primer milenio antes de Cristo.
Armenia, situada entre los mares Negro, Caspio y Mediterraneo, constituye uno de los puntos de unión
entre Asia y Europa. Históricamente, las rutas comerciales que unían Oriente y Occidente, pasaban por
Armenia, y esto determinó su importancia en la política internacional. Su estratégica ubicación geográfica
fue determinante para ser conquistada sucesivamente por los pueblos que la rodeaban. Armenia adoptó el
cristianismo como religión oficial de Estado en el año 301 y creó su propio alfabeto en el año 406.
En el siglo VII dos acontecimientos transformaron la vida de Oriente: el nacimiento del Islam y la creación
del Imperio Árabe. Al mismo tiempo, Bizancio y Persia, que dominaban esa parte del mundo, estaban
debilitados por desórdenes interiores y una larga guerra que habían sostenido entre sí. Ante el embate de
las fuerzas árabes, estos imperios se derrumbaron: Persia fue conquistada por el imperio de los sasánidas,
Bizancio perdió Siria y Egipto, mientras que Armenia fue invadida por las fuerzas árabes.
Desde ese momento, la historia de Armenia quedó marcada durante siglos por los horrores de la ocupación
de ejércitos árabes, bizantinos, romanos, persas, turanios, turcos seljúcidas, mongoles de Gengis Khan y de
Tarmelán, tártaros, turcos otomanos y rusos, pero a pesar de ello, el pueblo armenio sobrevivió,
conservando y desarrollando su alto nivel cultural.
Los turcos seljúcidas atacaron Armenia desde principios del siglo XI, se instalaron firmemente en Asia
Menor. Armenia había dejado de existir como Estado, y las puertas de Constantinopla estaban abiertas a
los turcos otomanos, hasta finalizar con la destrucción milenaria de Buizancio. Con la dominación
seljúcida, en tan sólo veinticinco años, fueron destruidos siete reinos armenios y diversos principados
constituidos a lo largo de dos centurias. Las razas turcas descendientes de los seljúcidas, saquearon y
masacraron al pueblo armenio durante ocho siglos hasta desembocar en el Genocidio Armenio de 1915.
Esta breve reseña de los acontecimientos, transmite la situación dentro del Imperio Turco Otomano
habitado por pueblos vencidos y minorías principalmente europeas. Así, a partir de la de la invasión turca
en Asia Menor, la mayor parte de la población armenia vivía sometida al régimen otomano dentro de sus
territorios ancestrales usurpados. (“El primer genocidio del siglo XX. Regreso de la memoria armenia”,
Lic Rita C. Kuyumciyan)

Así llegamos a los días de Jacobo Beredjiklian de origen armenio, nacido el 26 de Junio de 1909 en el
pueblo de Aintab, Turquía.
Allí viviría hasta la edad de 14 años para luego huir a Grecia con su familia con la ayuda del Gobierno
Francés.
Permaneció hasta 1925 en la ciudad de Salónica y luego emigró a Estambul. De allí pasaría por Italia hasta
llegar a la Argentina en 1928 radicandose en Florida, Partido de Vicente López, donde se encontraba ya un
grupo de la colectividad armenia.
Se desempeñó como encuadernador de libros en la Casa Editora Sudamericana durante 40 años. En 1939
contrajo nupcias con Ella Schmidt de origen alemán y nacida en Brasil en 1916, que trabajó como enfermera
en la maternidad Santa Rosa.
Tuvieron 3 hijos: Norma, Juan y Arturo, de los cuales Juan es mi padre.
Por lo que más recordarán a Jacobo sus allegados y personas de la comunidad religiosa de su época, es por
su avidez en el Estudio de la Biblia que le valió en el concurso bíblico que organizó el Estado de Israel a
partir de 1958 con motivo del décimo aniversario de su conformación. En 1964, en la tercera edición del
certamen, salió campeón en Argentina -con lo que obtuvo el viaje a Israel con los gastos pagos para la
instancia internacional, en la cual terminó quinto y primero de sudámerica.
Con el reconocimiento obtenido fue invitado a dar charlas en toda sudamérica y Estados Unidos. Se
dedicaría luego a escribir artículos en revistas religiosas de curiosidades bíblicas, e historias personales de
las cuales desprendo el presente artículo.
Fallecería en 1983, en Mendoza a raíz de una complicación en una cirugía coronaria.

Si bien no lo conocí personalemente, mi Abuelo me dejó “objetos” de inestimable valor, Ya sea por sus
escritos, el legado de mi papá o personas que lo conocieron. Pero lo que mas destaco es lo que todos
recuerdan de él: una incansable sed de conocimiento y de la necesidad de compartir su fe a través de la
Biblia.
Retrato de los bisabuelos inmigrados de Portugal, por Damian Barberi

Mis bisabuelos maternos llegaron al país en 1910, Provenientes de Portugal, Lisboa, no vinieron juntos, ni
se conocían, se conocieron acá, en Argentina.
Mi bisabuelo Domingo emigró de Portugal hacia América por motivos económicos, en busca de empleo.
Ella, mi bisabuela Antonia, en cambio, era de clase alta, sus padres tenían grandes campos con montes de
castaños, nogales y olivares. También criaban, ovejas, cerdos y vacas.
Cuando ella tenia 20 años, su hermana, casada y con dos niñas, le pidió que la acompañara a América ya que
su marido quería juntar fortuna. Ella acepto acompañarla pero con la idea de volver. Tomaron un barco
donde se llevaba ganado, tardaron muchos días en llegar. Cuando llegaron a Retiro no sabían hacia dónde ir.
Como dato anecdótico, contaba que se sentaron en las piedras de un monumento que estaban construyendo.
Era la Torre de los Ingleses.
El marido de su hermana conocía a mi bisabuelo, lo que hizo que ellos se conocieran acá. El poco tiempo de
llegar, una de las hijas de la hermana de mi bisabuela falleció a causa de una meningitis, lo que hizo que ella
y su marido se volvieran a Portugal junto a su otra hija. Mi bisabuelo en ese momento le propuso
matrimonio para que no se vaya.
Domingo y Antonia aproximadamente 1940

Se instalaron en Tucumán. Mi bisabuelo trabajaba en ferrocarriles, luego en Rosario empezó a trabajar en el


campo, más tarde se mudaron a Aldo Bonzi, hasta que finalmente terminaron en Capital, en Palermo, donde
compraron un puesto en el Mercado Spinetto. Un tiempo después ampliaron y compraron otro puesto en el
mercado de las pulgas. En esos tiempos ganaron en la lotería $25.000 y compraron una casa muy grande en
Honduras 5945, en la cual alquilaban habitaciones; era como un pequeño hotel.
Tuvieron 6 hijos, entre los cuales estaba mi abuela, que se criaron en Palermo. Los varones trabajaban en el
mercado y las mujeres estudiaban piano y corte y confección.
Luego mi abuela nos enseño a hablar portugués y a tocar el piano a mis hermanos y primos.
Creo que el idioma portugués es lo que me quedó de esa rama de la familia. No puedo decir lo mismo del
piano. También quiero mencionar que mi abuelo, su marido, era criollo, nieto del general Villegas.
Por parte de mi padre quiero destacar que mi abuelo es hijo de italianos, nacido en Argentina y su esposa, mi
abuela, es uruguaya, ella llegó a trabajar a Buenos Aires cuando solo tenía 14 años en 1940.

Listado de pasajeros franceses en 1880 e indagación de la historia inmigratoria de la Familia Rivollier,


por Constanza Rivollier

En cuanto a su volumen frente a la inmigración española o italiana, la inmigración francesa fue el país
europeo que menos emigrantes tuvo, siendo uno de los factores causantes de este fenómeno el déficit
poblacional generado por las guerras revolucionarias que, causaron la desaparición de 13 millones de
franceses.
Este país constituyó, sin embargo, un aporte fundamental por el papel económico desempeñado. Los
franceses que arribaron al país se distinguían en relación a otras corrientes migratorias por disponer de
alguna situación profesional, cierto grado de instrucción y a veces capital. No sorprende entonces hallarlos
entre los propulsores de iniciativas que contribuyeron enormemente con el proceso de modernización de la
Argentina.
En el período de mayor inmigración —entre 1857 y 1920— llegaron 220.000 franceses a la Argentina. La
mayor cantidad de arribos se verificaron en el segundo quinquenio de la década de 1880. En 1901 había 94
mil franceses en el país.
Las razones que explican este fenómeno son las mismas que se aplican a otros contingentes migratorios
europeos que también afrontaron el duro desafío de mejorar sus destinos lejos de su tierra natal. La
deliberada política migratoria del país, los comparativamente mejores salarios ofrecidos en un país poco
poblado como la Argentina y ciertas posibilidades de acceso a la tierra hacían del Río de la Plata un destino
particularmente atractivo para muchos franceses.
Los inmigrantes franceses tendieron a instalarse en barrios de la ciudad de Buenos Aires y otra zona que ha
recibido una relativamente importante inmigración francesa y suizo francesa ha sido en la provincia de Entre
Ríos.

La familia Rivollier proviene de la ciudad de Lyon en Francia. Quienes inmigran nuestro país, son Jean
Marie Rivollier casado con Rose. Ambos pertenecientes a familias de clase media. Tenían tres hijas mujeres
con la cuales también arribaron a nuestro puerto.

Ellos venían escapándose de las guerras del momento sin ningún tipo de práctica profesionalizante, pero
Jean Marie si tenía un oficio, el cual continuó en nuestro país, la carpintería.

Este oficio ayudo mucho en la economía de la familia, ya que él se desenvolvía de manera extraordinaria y
no tardo en conseguir trabajo.

Sabemos poco en la familia de nuestros antepasados ya que pasaron varias generaciones y cuando quisimos
nutrirnos de más información acerca de nuestra historia familiar, nos encontramos con una familia Rivollier
en Francia muy cerrada y fue así como nos dieron la espalda. Algunos tíos decidieron viajar al país de donde
provenimos y tratar de investigar. Una vez instalados en Lyon sacaron todo tipo de anuncio en distintos
medios, como el cable y el diario local y ninguna respuesta obtuvieron. La ciudad estaba colmada de
personas que llevaban nuestro mismo apellido, nadie tuvo la gentileza de aparecer. Pasado un tiempo nos
enteramos que nuestro apellido en ese lugar es muy poderoso y conocido ya que son propietarios de una
importante y enorme industria de armas, por eso suponemos que tuvieron cierto miedo y decidieron
ocultarse. Es este el motivo por el cual desconocemos cómo es que llegaron a instalarse en la zona de Entre
Ríos, más exactamente en la ciudad de Gualeguaychú.

Sí sabemos que llegaron a esta ciudad Jean Marie Rivollier con su esposa Rose y sus tres hijas mujeres,
quienes fueron una de las primeras familias en pisar ese territorio. Allí se agrando la familia y nacieron tres
hijos varones, uno de los cuales sería mi bisabuelo Bernardo Rivollier quien también continuó con el oficio
del padre, junto con sus dos hermanos.

Nadie en la familia que se origina en Gualeguaychú tiene algún tipo de contacto con los originarios de
Francia. Tratamos de todas formas tenerlo, pero por cuestiones ya mencionadas no logramos el objetivo.
De más esta decir que tampoco tenemos en nuestro poder algún objeto.
Listado de pasajeros franceses en 1880 del puerto de Amberes, Bélgica.

Boleto de la compañía de navegación Génova -Buenos Aires y fotografías de su abuela, por María Sol
Rossi

Concepción D´Amore nació el 3 de Diciembre de 1909 en el pueblo de Borgo, Provincia de Avellino, cerca
de Nápoles, Italia.
Fue criada por su madre Magdalena Ricciardelli y era la menor de 5 hermanos. Fue muy poco el tiempo que
vivió con su padre Sabino D´Amore en Italia, ya que a la semana de vida él debió emigrar hacia a la
Argentina.
La emigración de su padre fue un viaje sin retorno, porque si bien siempre quiso volver a su pueblo natal,
nunca logró hacerlo. Emigró en busca de mejores condiciones de vida tanto para él como para su familia en
Italia. Venía al país a “hacer la América”, como se denominaba en esa época. Esta expresión se refiere a la
larga tradición de emigración hacia América donde se tenía la esperanza de hacer mejor fortuna, ya que en
ese entonces las condiciones de vida en ciertos pueblos de Italia eran muy duras.
Su padre emigró con uno de su hijos, y allá en Italia quedaron Concepción, su madre y tres hermanas más.
En Italia la familia tenía un campo en el que trabajaba su madre, cultivando la tierra, sembrando y criando
animales.
Concepción fue a la escuela primaria y luego estudió corte y confección, recibiendo su diploma de modista
sastre.
Su madre muere a los 56 años, quedando los 4 hermanos solos en Italia, razón por la cual su padre decide
que Concepción y una de sus hermanas viajen hacia la Argentina.
Fue así como en 1932 Concepción vivió la odisea de emigrar, dejando a dos de sus hermanos a los cuales no
vería nunca más. Viajó en barco, que en aquel entonces eran enormes transportes a vapor.
Una vez arribada a la Argentina, su padre la esperaba en el puerto donde se reencontraban luego de 22 años
de separación.
Fue a vivir al barrio de Villa Ortúzar junto a su padre y su hermano quienes trabajaban en la Fábrica de
Mosaicos Cattaneo en el mismo barrio.
Al poco tiempo de instalarse en la Argentina trabajó como costurera en la tienda “Las Filipinas” y años
después conoce a su futuro marido, Antonio Rossi, quien tuvo una historia similar a la de ella y a la de varios
inmigrantes.
Se casaron y fueron a vivir a la casa de la familia de su esposo, donde Concepción se dedicaba a ser ama de
casa y ayudaba a su marido haciendo puños y cuellos de camisa.
Su historia sigue hasta el presente, ya que el pasado 3 de diciembre de 2009, Concepción, mi abuela, festejó
sus 100 años junto a sus tres hijos, nueras, 9 nietos, 14 bisnietos, y aun está entre nosotros.
El legado que nos deja es la unión de la familia, compartir el almuerzo de los domingos y actualmente la
familia está tramitando la ciudadanía italiana.

Junto Antonio Rossi, Concepción festejando sus 100 años.


su marido.

Aún hoy la familia conserva el boleto de la compañía de navegación italiana con el cual viajaron desde
Génova hacia Buenos Aires.
Silbato encontrado en el barco por su tatarabuelo proveniente de Calabria, por Federico Chirinos

Esta historia narra la inmigración de mi tatarabuelo, Vicente Ferraro, que es el bisabuelo de mi madre, Maria
Eugenia Laboureau.
Vicente vino en barco desde Calabria, sur de Italia, a principios del Siglo XX con su esposa y 7 hijos, que
murieron en el barco con destino a Argentina a monos de una epidemia.
El motivo por el cual emigró de Italia fue laboral, y como sabía que Argentina era un país con futuro decidió
“hacer la América”.
En el barco fue donde encontró este silbato y decidió guardarlo como recuerdo de ese importante viaje.
Al arribar en Argentina, su apellido, Ferraro, fue cambiado por Ferrari.
Se radicó en el barrio de Congreso donde decidió trabajar de zapatero. Luego se casó con su segunda mujer,
Virginia Sproviere. Y tuvieron 4 hijos (Vicente, Elisa, Esther, Lina)
Pasaporte italiano de su abuela, por Sergio Forciniti

El objeto es el pasaporte de Antonia Perri, mi abuela materna, nacida al sur de Italia, en Nicastro. Muestra
documentalmente su salida en el año 1948 de Napoli (a donde llegó en tren), con destino a Buenos Aires,
Argentina. El itinerario ocurrió entre el 4/6/1948 y el 29/6/1948, 23 días de barco, llamado “Ucolino
Vivaldi”. Ella salíó de su país con 16 años, y el día 14/6 cumplió a bordo sus 17 jovenes años. Se encuentra
en el pais desde hace 62 años, y aun conserva y trasmite imágenes de su pais natal. Aunque ha incorporado
alguno de nuestros términos, conserva su dialecto, que su descendencia ha aprendido a interpretar.
Llegó al país con su madre, y aquí se encontró con su padre (mi bisabuelo) a quien vio por primera vez. El
mismo se vino hacia Argentina cuando su madre estaba embarazada de 4 meses, en el año 1930, buscando
una oportunidad de trabajo y un futuro mejor.
Entonces, la causa principal de su llegada se debía al deseo de su padre de volver a reunir a la familia. Su
primera residencia fue en en La Plata, en el campo, donde su padre alquilaba, y trabajaba la tierra. Ella se
dedicó durante los primeros tiempos a la adaptación al idioma, a un ámbito muy diferente de la ciudad que
había dejado, y a tomar un curso de modista. Luego de 2 años aquí contrajo matrimonio con un italiano y se
mudó a la Capital Federal. Es madre de dos hijos. Varón el mayor, y luego mi madre. Siempre se ha
dedicado a los quehaceres familiares, y a mantener los lazos y amistades que han sido forjadas aquí, tanto
con argentinos, como con sus “paisanos”.
Al pedir que describa el vínculo que siento con el relato, es muy fácil decir que esta historia también habla
de mí, pertenece a mi circulo más querido y siempre es importante recordar el sacrificio, las ganas, el amor
al suelo donde naciste y el agradecimiento al que elegiste.
Mis hábitos alimenticios, el carácter amistoso, el disfrute de la familia definen mi identidad, y mucho de ella
corresponde a mi ascendencia italiana.

ITINERARIO DEL VIAJE: DESDE: PUERTO DE NAPOLES – ITALIA PARTIDA 04/06/1948


LLEGADA: PUERTO DE BUENOS AIRES – ARGENTINA LLEGADA 29/06/1948
BARCO: UCOLINO VIVALDI

REGION: CALABRIA
PROVINCIA: CATANZARO
CIUDAD: NICASTRO
Medalla de reconocimiento a su tatarabuelo inmigrante de Lituania por su labor agrícola en Entre
Rios, por Ariel Pinsky
El objeto presentado no fue traído por mi tatarabuelo de su lugar de origen, sino que es un reconocimiento
otorgado a el y a su hijo Boris por su labor y desarrollo en la agricultura de principios del siglo XX.
Mi tatarabuelo Moisés Caplan, proveniente de Lituania, y mi tatarabuela Rebeca Saranga proveniente de
Toledo (España) con sus tres hijos mayores, llegaron a Buenos Aires en diciembre de 1891, embarcados en
el buque “Pampa” proveniente de Constantinopla.
Vinieron a la Argentina por temas políticos y económicos.

El primer destino fue el Hotel de Inmigrantes del puerto de Buenos Aires.


De ahí fueron trasladados al hotel Boulevard Atlántico de Mar del Sur. En 1892 fueron hacia Mar del Plata
en carreta para llegar en tren otra vez a Buenos Aires.
El viaje siguió hasta Concepción del Uruguay, Entre Ríos, para terminar en la colonia San Antonio (Pueblo
Cazes).

Moisés Caplan era de los denominados “gauchos judíos”, un hombre que aprendió a trabajar las tierras,
domar caballos, usaba un facón en la cintura y adoptó las características de los criollos hasta mimetizarse.
En el campo se dedicaban a la agricultura, en las tierras otorgadas por la Jewish Colonization Association
(J.C.A.)
En 1896 nace mi bisabuelo Boris Caplan, uno de los 8 hijos de Moisés y Rebeca.
En el año 1916, Moisés y Boris Caplan ganan una medalla del concurso agrícola regional: el primer puesto
otorgado por la provincia de Entre Ríos.

La actividad social se desarrollaba en un galpón que hacía de templo para celebrar el shabat, también ahí se
realizaban festivales y había una biblioteca con libros en idish y español. Todo esto constituía el centro
“Baron Hirsh”.

En 1924 nace mi abuelo Julio Caplan que era de la generación de la juventud del pueblo en esos tiempos.
Esta generación de jóvenes veía que la vida de campo no tenía suficiente rendimiento, emigraron a las
grandes ciudades.

Mi segundo nombre es Boris porque era el de mi bisabuelo.

Documentación familiar de una inmigrante polaca, por Griselda Orona


La inmigrante elegida es la mamá de un compañero de trabajo, Irena Obuchowicz . Nació el 18 de marzo de
1927 en un pueblo del oeste de Polonia llamado Swieciany, vivió allí con sus dos hermanos, una hermana y
su mamá. Su padre, Pawel casi no vivía con ellos por su condición de militar.

Irena tenía 13 años cuando a las 4 de la mañana del 12 de abril de 1940 los sorprendieron en su casa un
grupo de militares rusos, quienes a la fuerza se la llevaron junto con su familia en un camión. El padre,
quien en ese momento era el comisario del pueblo, adelantándose al hecho, se escapó hacia Lituania pasando
con falsa documentación por la frontera del mencionado país. Tras un breve periodo fue entregado a los
rusos y llevado a Siberia.

Irena y su familia fueron trasladados a un pueblo de Kazajistán donde se encontraban concentrados los
ciudadanos polacos, allí vivieron 2 años y medio.
A Pawel, el padre de Irena, lo liberan de Siberia y es enviado por el ejército inglés a las fuerzas polacas
concentradas en Irán.
Por orden del ejercito inglés se dirige hacia Kazajistán a buscar a 5 familias, allí se reencuentra con su
familia y además libera a otras 20. Todos fueron trasladados a Irán en un vagón de ganado.
Luego de estar concentrados en Irán, Irena sus dos hermanos y su mamá son trasladados por el ejército
inglés a un país de África. Allí estuvieron concentrados hasta el año 1947 aproximadamente. Ella recuerda
que una vez por semana pasaba un avión tirando en paracaídas, medicamentos y comida.
De África fueron trasladados en avión por el ejército inglés hacia Inglaterra, donde se encontraron con su
padre Pawel en un pueblo llamado Reading, donde trabajaron.

Ya finalizada la Segunda Guerra Mundial vivieron tranquilamente en Inglaterra.


Pawel era muy amigo de un compañero del ejército quien desde hacía ya unos años estaba viviendo en
Argentina, en Lanús. Este le escribía semanalmente y literalmente le decía “…vénganse a Argentina que es
la panacea…” Pawel, seducido por el convencimiento de su amigo partió desde Inglaterra para Argentina
con Irena, su hermana y su mama.
En marzo de 1949 llegaron en el vapor “Entre Rios” al puerto de Buenos Aires. Una vez arribados a la
ciudad vivieron en el “Hotel de Inmigrantes” durante una semana, para poder tramitar la documentación
correspondiente al nuevo país. Luego se establecieron en Lanús.

Irena cuenta que su familia jamás intento regresar a Polonia ya que el pueblo donde vivían fue tomado por
los rusos y su padre no quería saber nada con el comunismo. A Inglaterra tampoco volvieron porque la
condición que tenía este país con los emigrantes era que no podían regresar nunca más.

Irena se casó en febrero de 1950 con Adolfo Fiedorowicz, un polaco originario de su mismo pueblo, que
había conocido en Inglaterra. Este trabajó de albañil, en una fábrica de paraguas y finalmente en Ford
Motors Argentina.
En el año 1953 tuvieron a su único hijo, Ricardo Fiedorowicz.
Acta de casamiento de los padres de Irena

Fotos de abuelos inmigrantes de Italia con una inscripción, y fotografìa en la casa famiiar, por Flavio
De Pasquale

Las fotos muestran la imagen de mis abuelos paternos en el momento de su casamiento en una foto
tomada en Italia tiempo antes de emigrar. Se trata de mi abuelos paternos, Alfonso De Pasquale proveniente
de Calabria, al sur de Italia, y Bruna Poloni proveniente de Treviso, al norte de Italia.
Ellos se conocen y se casan allí, donde tienen la primer hija.
Los tres vienen para Buenos Aires, Argentina, en el año 1949, con mi abuela embarazada de su segundo
hijo, cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra Mundial. Fue ésta una de las causas de la
inmigración. Ellos fueron llamados por el hermano de mi abuelo que ya vivía en Buenos Aires hace cinco
años, buscando un mejor futuro para la familia.
Al llegar a Buenos Aires se instalaron en el barrio de Flores, en la casa del hermano de mi abuelo. Este
mismo fue el que le consiguió trabajo a mi abuelo en el ferrocarril, para trabajar de peón, haciendo tareas de
mantenimiento de las vías.
Después de ocho años, con varios trabajos y con cuatro hijos, se pudieron comprar un terreno en el barrio de
Billinghurst, San Martin, donde empezaron la construcción de la casa, que puede en la segunda foto,
aprendiendo el oficio de albañil enseñado por otro hermano de mi abuelo que trabajaba en la construcción.
Mi abuelo trabajaría de ahí en delante también en trabajos relacionados con la construcción.
Mi abuela fue la que escribió ese texto que puede leerse detrás de la foto de casados, ella se dedicó toda su
vida a la crianza y educación de sus hijos y a las tareas de la casa.
Esta historia tiene un vínculo muy directo conmigo ya que con ambos compartí parte de mi vida y me
dejaron muchas enseñanzas y anécdotas, lo cual tiene importancia en mi formación como persona.
Otro de los vínculos que me une mucho a esta historia es mi papá Horacio Gustavo De Pasquale, hijo menor
de los cuatro hermanos el que aparece en la foto de bebé en brazos de mi abuelo y la casa que hoy día se
conserva y cada tanto es motivo para reuniones familiares de fines de semana, como se muestra en la foto,
nada más que cuarenta y seis años después.

“Para estar siempre unidos así toda la vida”