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Programa de Magíster en Historia de Chile Contemporáneo Facultad de Filosofía y Humanidades Departamento de Historia

Programa de Magíster en Historia de Chile Contemporáneo

Facultad de Filosofía y Humanidades Departamento de Historia

TRABAJO DE INVESTIGACIÓN

Semestre II

Seminario 2

:

La clase media como problema Historiográfico

Académico

:

Dr. Ezequiel Adamovsky

Estudiante

:

Juan Eduardo Piña M.

Fecha entrega :

23 de Diciembre de 2015

El sector medio rentista en Chile, o cómo se lucra con los pobres de la urbe. Arriendo de habitaciones en casas cités y/o conventillos en Santiago de Chile, 1918.

INTRODUCCIÓN: CONCEPTO DE CLASE MEDIA EN LA CIENCIA HISTÓRICA EN CHILE

¿Por qué se produce el surgimiento de las clases medias en Chile? ¿A partir de qué proceso histórico se incoa (o es posible de vincular) tal surgimiento? ¿Qué sostiene a este respecto la disciplina histórica en Chile? ¿Cuáles han sido, en este sentido, sus principales derroteros conceptuales?

La historiografía chilena del siglo XX, por regla general, asocia el surgimiento de las clases medias al proceso de burocratización del Estado, y concomitantemente, a la expansión del sistema escolar público hacia otros segmentos sociales antes excluidos del mismo. Efectivamente, para la historiografía chilena tanto en su corriente liberal como en la conservadora, el aparato estatal ya en las últimas décadas decimonónicas, y en estrecha relación contextual con la apropiación (vía "Guerra del Salitre") y explotación de recursos como el nitrato y el guano, inicia un proceso de creciente expansión y complejización de sus funciones administrativas, asociadas a la creación de nuevas reparticiones, departamentos y carteras ministeriales, lo cual requirió de forma simultánea la incorporación de mayor cantidad de funcionarios que desempeñaran aquellos roles administrativos 1 . Sin embargo, para la adecuada ejecución de tales funciones era indispensable una masa laboral de funcionarios mucho mejor capacitada y con mayores niveles de escolaridad, motivo que induciría a las autoridades de la época a propiciar las condiciones para ese propósito, dando lugar a la institucionalización (ahora sí) de un concreto sistema escolar, el que coadyuvaría a esos objetivos macro operacionales de formar un cuerpo de funcionarios, al menos adiestrados en los conocimientos elementales, - y sea dicho de paso servir de dispositivo de contención de la protesta popular y el conflicto social derivado de las

1 Julio Pinto Vallejos y María Luna Argudín, Cien años de propuestas y combates. La historiografía chilena del siglo XX, Universidad Autónoma Metropolitana, México, 2006. Para el historiador Alfredo Jocelyn-Holt el Estado chileno alcanza el estatus de tal sólo con la recaudación y gestión de los impuestos a la explotación y comercialización del salitre nortino, lo cual le permite organizar un verdadero aparato administrativo estatal. En Alfredo Jocelyn-Holt, El peso de la noche: nuestra frágil fortaleza histórica, Editorial Planeta/Ariel, Santiago, Chile, 1997.

expresiones más repugnantes de la `cuestión social`-. 2 De ese doloroso parto institucional de un aparato administrativo de mayor complejidad, y de la materialización de un connivente sistema educacional habría emergido una novel clase media chilena. 3 Esta clase social - heterogénea en su estratificación y composición social habría sido la cohorte societal que acompañó e impulsó la modernización y democratización del Estado chileno a lo largo y ancho del siglo XX. 4

Sin embargo, algunas interrogantes adicionales surgen espontáneamente al enfocar el lente sobre los rentistas de habitaciones en casas cités y/o conventillos, las que se asocian con cuestiones tales como: ¿Cómo se percibían a sí mismos los rentistas de habitaciones a principios del siglo XX en Santiago? ¿Se asumían a sí mismos como pertenecientes a un determinado sector social, como por ejemplo pertenecer a una clase media? ¿Qué tipo de prácticas de arriendo de habitaciones para las familias populares fueron las más recurridas? ¿Cómo se vincula esta práctica estrictamente económica rentista con su eventual identidad como sector medio? ¿Se dieron a la labor de estrechar vínculos societales mediante prácticas de asociatividad, como la creación de alguna organización que los representara y sirviera de válvula de escape a sus intereses y opiniones? Y de ser efectivo ¿Qué tipo de alianzas políticas o económicas si las hubo establecieron con otros actores sociales, políticos y económicos de la época para legitimar su identidad?

En virtud de tales interrogantes, el objetivo medular de esta exploración se asocia a Identificar aquellos elementos constitutivos de la identidad de sector medio de los rentitas de casas cités y/o conventillos, a la luz de su práctica de arrendamiento de habitaciones a las familias populares de la ciudad de Santiago.

  • 2 Como lo argumenta la historiadora María Angélica Illanes, la implementación formal de un sistema escolar en los primeros decenios del siglo XX, obedeció, en primer lugar, a una cesión estratégica del Estado ante las crecientes y cada vez más virulentas reivindicaciones por una vida digna de los sectores obreros y populares organizados, así como por una “instrucción gratuita, obligatoria y laica”, a la par que, desde el imaginario de la élite criolla, con tal acción se haría frente a las lacras sociales que le impedían conciliar el sueño, por el temor creciente a un desborde social de los harapientos y criminales de las barriadas urbanas: criminalidad infantil, alcoholismo y prostitución, vagancia y mendicidad infantil. En María Angélica Illanes, Ausente Señorita. El niño chileno, la escuela para pobres y el auxilio. 1890-1990, (hacia una historia social del siglo XX en Chile), Santiago, Chile, Editado por la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, JUNAEB, 1991.

  • 3 Esta es una de las tesis de Marianne González Le Saux, De empresarios a empleados: clase media y Estado docente en Chile, 1810-1920, Lom Ediciones, Santiago, Chile, 2011.

  • 4 Azun Candina, La frágil clase media. Estudios sobre grupos medios en Chile contemporáneo, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, 2013. Siguiendo el análisis de Azun Candina, en consideración a la heterogeneidad social y a la diversidad del campo ocupacional de las clases medias en Chile en el siglo XX, en este trabajo se utilizará a manera de punto de apoyo teórico la noción de "sectores medios".

Como es factible deducir, la sospecha que se desliza en el presente ejercicio investigativo (a modo de hipótesis) se refiere a que la identidad de sector medio de los rentitas de habitaciones en casas cités y/o conventillos en la ciudad de Santiago, se estructuró en parte por su práctica de arrendamiento hacia las familias populares. Bajo tal premisa interpretativa, es factible relevar que el arrendamiento de habitaciones para familias pobres que se asentaban al interior del circuito urbano de la ciudad de Santiago, (ya que otras optaron por otras vías de asentamiento tipificadas de "ilegales", como el "arranchamiento" en los extramuros de la urbe capitalina), implicó para el sector rentista no sólo un excelente negocio que les permitió una formidable recaudación y acumulación de capital, - considerando el exangüe o nulo costo de manutención o reinversión en la reparación o mejoramiento de las condiciones materiales de tales viviendas -, sino que el ejercicio de tales prácticas usurarias y abusivas en el establecimiento del canon de arriendo implicó para éstos ser visualizados o representados como una sector social con lindes identitarios distintivos, usados por otros sectores sociales para identificarlos y literalmente pintarlos con determinados matices sociológicos del sentido común.

ESTRATEGIA METODOLÓGICA

En este trabajo, siempre a modo de hipótesis, serán considerados como sector medio al segmento rentista en consideración a los siguientes factores: a) al ser distinguidos de las clases populares por la posesión de propiedades (bienes raíces e inmuebles), parte de las cuales disponían para su arriendo a las clases pobres urbanas, las que vieron engrosadas sus filas producto del verdadero asedio a los antiguos márgenes de la ciudad con su masiva inmigración popular campo- ciudad 5 , b) que su actividad comercial como rentistas de habitaciones en casas cités y/o conventillos los distinguían tanto material como simbólicamente de la élite mercantil-financiera, por cuanto ésta última orientó preferentemente sus recursos de capital monetario en una articulación comercial ecléctica, primero, a través de la adquisición de grandes latifundios, destinados para la actividad

5 Según el historiador Armando de Ramón, este proceso se habría acentuado en la segunda mitad del siglo XIX. En Armando de Ramón, Estudio de una Periferia Urbana: Santiago de Chile. 1850 1900, Revista Historia N° 20, Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile, Santiago, Chile, 1985.

agrícola exportadora a gran escala (cebada y trigo, principalmente) 6 , segundo, por medio de la `habilitación o aviación` rentista usuraria a pequeños pirquineros para la explotación de minas de cobre y plata principalmente, operando a la vez como mediadores comerciales para la compra y exportación de estos minerales (echando mano de prácticas de calibración de la calidad o ley del mineral patentemente arbitrarias, y fijación unilateral de precios irrisoriamente devaluatorios del trabajo de esos pequeños mineros), para luego pasar a la compra estratégica de aquellas mismas minas más ricas o vetas más productivas, pero artificialmente devaluadas, (haciendo un uso abusivo de la ley por deudas aplicadas a los pirquineros, contando para ello con un emergente sistema carcelario y una fuerza pública coadyuvantes) 7 , y tercero, por la vía de la configuración de un sistema bancario- financiero de carácter monopólico que operaba a tasas usurarias. Estas vías de acumulación de capital de la élite en los tres primeros decenios del siglo XX, en un ethos de vocación librecambista, la distinguieron simbólicamente del resto de las clases sociales al construir su propio imaginario social del "gran empresario, motor del crecimiento económico de la nación" 8 ; y constituye un indicador social en esta exploración para recortar, residualmente al menos, al sector medio rentista.

Conforme a este último parámetro residual de diferenciación social, cabe precisar que aquí no se propone una definición taxativa de un concepto de clase media o sector medio aplicable para todo tiempo, lugar y actor social, sino que se esboza una caracterización que daría cuenta de un sector social considerado como "medio" en virtud de una situación histórica muy específica y concreta, insistiendo en la validez analítica de un criterio material basado en la propiedad y los usos empíricamente observables que se pueden rastrear de su reinversión económica y simbólica 9 ; esto es, teniendo en consideración elementos discursivos de autoidentificación social del sector rentista, del despliegue de un mecanismo de oclusión asociado al ejercicio coyuntural de un rubro económico (que lo separa tanto

  • 6 Gabriel Salazar, Labradores, peones y proletarios. Formación y crisis de la sociedad popular chilena del siglo XIX, Ediciones SUR, Santiago, Chile, 1985. Este perfil histórico económico de la élite chilena, representaría en la larga duración una verdadera "vocación exportadora"; en Rolando Mellafe, Latifundio y poder rural en Chile de los siglos XVII y XVIII, Cuadernos de Historia, Departamento de Ciencias Históricas, Universidad de Chile, 1981, 87-88.

  • 7 María Angélica Illanes, La Dominación Silenciosa. Productores y prestamistas en la Minería de Atacama. Chile 1830 1860, Instituto Profesional de estudios superiores Blas Cañas, Santiago, Chile, 1992.

  • 8 Gabriel Salazar, Mercaderes, empresarios y capitalistas (Chile, Siglo XIX), Editorial Sudamericana, Santiago, Chile, 2011.

  • 9 Aquí se tienen en consideración una serie de precauciones metodológicas en la "aplicabilidad historiográfica" de un concepto de clase media. En Ezequiel Adamovsky, "Clase media": problemas de aplicabilidad historiográfica de una categoría. Ezequiel Adamovsky, Sergio E. Visacovsky, y Patricia Beatriz Vargas (comps.), Clases medias. Nuevos enfoques desde la Sociología, la Historia y la Antropología, Editorial Paidós/Ariel, Buenos Aires, Argentina, 2014.

de la élite con "vocación librecambista a gran escala", como de las clases bajas desposeídas), así como de la diferenciación y conflicto de intereses, derivados de lo anterior, que los recortan de sus "arrendatarios" subalternos.

CUESTIÓN SOCIAL-URBANA

En términos generales, la ciudad de Santiago ya desde el siglo XVIII inició de manera más bien tímida una serie de pequeños cambios en su configuración espacial y en su composición social, cambios que adquirirían la potencia de un caudal a todo lo largo y ancho del siglo XIX, llegando a su más visible estructuración territorial y social durante las primeras décadas de la siguiente centuria. 10 Esta serie de transformaciones se visibilizaron principalmente en el incremento paulatino, primero, y desbordante, después, en la demografía de la ciudad-capital, en su segregación socio-espacial, lo cual se vio asociado contextualmente a los cambios económicos experimentados en el país, el que impulsó el surgimiento y multiplicación de variadas y nuevas labores características de una sociedad urbana en proceso de crecimiento y diversificación productiva. El diagnóstico pasmoso de los coetáneos a este proceso no se dejó esperar ante el fenómeno del explosivo aumento demográfico, llegando a sostener con sorpresa que “el crecimiento de la población de Santiago es aún más rápido de un tiempo a este parte, - se señalaba en el diario El Progreso ya a fines de 1842 dejándose percibir fácilmente en la aumentación espontánea de casas, calles y barrios enteros, que antes no existían. Por todos los ángulos de la ciudad se nota esta extraordinaria expansión de la población”. 11

Ya en los albores de la misma centuria tal transformación podía evidenciarse, al constatarse los factores embrionarios de las tendencias que marcarían el desarrollo expansionario de la ciudad a lo largo del período. La inmigración de población de origen rural hacia las principales urbes sería uno de estos factores desencadenantes de la expansión demográfica y territorial que experimentaba la ciudad de Santiago. Un cuantioso segmento de esta población flotante, tras la búsqueda de mejores condiciones vida, se asentaban de manera irregular en los suburbios de la urbe capitalina, ampliando

10 De acuerdo al estudio del historiador Armando De Ramón, estos cambios podrían aún identificarse ya a fines del siglo XVII. En Armando De Ramón, Armando, Santiago de Chile: Historia de una sociedad urbana. 1541 1991, Santiago, Chile, Editorial Catalonia, 2007. 11 Luis Alberto Romero, La Sociedad de La Igualdad: Los artesanos de Santiago de Chile y sus primeras experiencias políticas, 1820 1851, Buenos Aires, Argentina, Instituto Torcuato Di Tella, 1978, 1.

de este modo considerablemente el núcleo del viejo casco urbano de la ciudad, "arranchándose" asentamiento popular vía autoedificación ilegal de "ranchos" precarios e insalubres sin seguir ni el más rudimentario plan de edilidad según registrarían las fuentes de la época. En el siguiente cuadro, extraído de la obra del historiador Armando De Ramón, es factible dimensionar la dinámica de asentamiento irregular antes referida:

CUADRO N° 1: CASAS Y RANCHOS EN SANTIAGO SEGÚN CUARTELES (1802) 12

   

Casas

Ranchos

Total

%

%

1er cuartel (suroeste)

 
  • 644 79,0

 
  • 171 21,0

815

2° cuartel (noroeste)

  • 483 59,8

  • 324 40,2

807

3er cuartel (nordeste)

  • 406 80,4

99

19,6

505

4° cuartel (sureste)

  • 636 81,0

149

19,0

785

Como puede apreciarse en la tabla adjunta, ya en el año 1802 el tipo de habitación popular denominada “rancho” iba ocupando un porcentaje significativo respecto al total de cada cuartel en que se dividía la ciudad de Santiago, conformando según estos datos un promedio de 24,9% respecto a la totalidad de la ciudad, proporción que irá variando considerablemente en el transcurso del siglo a favor de formas de habitabilidad popular. Tal como lo señala el historiador Mario Garcés tras consultar datos censales de la época – “en efecto, ellos indican que en 1865 existían 252.522 habitaciones en todo el país. De este total, 151.262 eran “ranchos”, es decir, el 59,9% de las

construcciones, y 27.246 eran “cuartos”, o sea, el 9,6%. De este modo tenemos que cerca del 70% de las

habitaciones que existían en el país correspondían a los sectores populares. Lo cual era altamente expresivo de la capacidad que éstos tuvieron para transformar la geografía urbana del país”. 13

Comprendiendo en este análisis a la ciudad-capital del país, y esbozando un balance parcial del fenómeno, es factible sostener que la ciudad de Santiago en el devenir del siglo XIX expandió sus límites urbanos en base a la ampliación de la habitabilidad popular, quienes en su afán de buscar

12 Op. Cit. A. De Ramón, 96. 13 Mario Garcés, Crisis social y motines populares en el 1900, Santiago, Chile, Lom Ediciones, 2003, 37.

mejores condiciones de trabajo y de subsistencia sentaron las bases de las tendencias de crecimiento de la planta urbana de la capital, así como de la emergencia de los cuadros sociales más patéticos y desgarradores de la cuestión social en el escenario urbano. Conforme a las miradas de la época, cabe precisar que tal crecimiento irregular configuró el caldo de cultivo para la proliferación de la habitabilidad paupérrima y marginalizante, sin las condiciones de higiene y salubridad necesarias para una existencia mínimamente digna, carente de servicios urbanos básicos como la evacuación de las excrecencias y recolección de basura, sin acceso a agua limpia consumible, configurando un panorama lamentable e indigno ante la mirada horrorizada de la “gente decente”. Al decir del historiador Luis Alberto Romero, "cuando la elite miró cómo vivían los pobres, sumaron los problemas sanitarios con los morales: todo allí era un horrendo revoltijo de miseria y corrupción, al punto que no podía saberse así lo creían quién era hijo de quién. La prostitución y el alcoholismo nuevos o recién descubiertos completaban a sus ojos el cuadro de degradación" 14

Sin ahondar mayormente en el diagnóstico, cabe recordar una célebre frase que a modo de prólogo profiriera (hacia 1872) el entonces Intendente Benjamín Vicuña Mackenna, quien al referirse a aquellas habitaciones populares decía observar verdaderos “potreros de la muerte”.

En general, hacia fines del siglo XIX e inicios del XX las formas de habitabilidad popular eran los "ranchos", o el acceso a residir en cuartos u habitaciones arrendadas para los "mejor dotados", realidad que sin duda no representaba una escapatoria de la miseria y la marginalidad.

“La situación de los sectores populares de Santiago engloba Armando De Ramón no podía ser más asfixiante. Condenados a vivir en arrabales miserables, constantemente vigilados por las autoridades, obligados a la inacción forzosa por falta de trabajo, aunque empujados a trabajar gratuitamente si eran sorprendidos en la más leve falta. Este desolador panorama sólo presentaba algún alivio en una minoría de mejor dotados, es decir, en los que ejercían los oficios de maestros y oficiales artesanos, y también los que se desempeñaban en el comercio ambulante en mercados y calles” 15

14 Luis Alberto Romero, ¿Qué hacer con los pobres? Elite y sectores populares en Santiago de Chile, 1840-1895, Santiago, Editorial Sudamericana, 1997, 11. 15 Op. Cit. A. De Ramón, 112.

RENTISTAS DE HABITACIONES PARA POBRES: ¿UN "SECTOR MEDIO" U OTRO GATOPARDISMO COMERCIAL DE LA ÉLITE DE SIEMPRE?

En efecto, otra forma de habitabilidad popular consistió precisamente en el arriendo a tasas usurarias de habitaciones en casas cité y/o conventillos, "administradas" por sus mismos propietarios convertidos en rentistas, los que vieron en este mecanismo de utilidad de parte de sus propiedades un vehículo de fácil y rápido enriquecimiento a costa de la necesidad de contar con un techo para una ostensible porción de familias populares. Si bien las demandas y reivindicaciones de los más pobres por el acceso a una vivienda digna no se articulaban aún en el plano de la contienda política electoral, al menos ya se vislumbraban en los anhelos e incluso en los programas de un creciente pero aún minoritario movimiento obrero 16 , de manera que en los hechos se produjo una situación de evidente laxitud por parte de las autoridades estatales por la "cuestión de la vivienda obrera", las que bajo el espanto repulsivo de la miseria popular en los arrabales tendieron más bien a ocuparse de la higiene pública en una acción estatal meramente paliativa 17 , pero dejaron al entero arbitrio del sector rentista el arriendo de habitaciones en casas cités y/o conventillos para un importante segmento de familias populares.

Pero ¿quiénes fueron estos rentistas? ¿Cómo fueron percibidos por sus coetáneos, y cómo se vieron a sí mismos a la luz de su práctica como rentitas de habitaciones para pobres?

16 Mario Garcés, Tomando su sitio. El movimiento de pobladores de Santiago, 1957 1970, Lom Ediciones, Santiago, Chile, 2002. Desde 1913 aproximadamente existían dos organizaciones de representación y defensa de los obreros arrendatarios de habitaciones: la Liga de Arrendatarios y la Sociedad de Arrendatarios Defensa Mutua. Estas organizaciones desprendidas de un sector del obrerismo organizado efectuaron dos grandes acciones de protesta social contra el alza de los precios en los cánones de arriendo, en 1914 y otra en 1919, esta última en el contexto de las "Marchas del Hambre" propiciadas por la AOAN. En Fabiola Oliveros Berrios, Las implicancias de la vivienda popular en Chile, 1870-1925, Tesis para optar al grado de Licenciada en Historia, Escuela de Historia, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, 2012.

17 En 1906 se crea el Ministerio de Higiene por medio de la promulgación de la Ley Nº 1838, órgano institucional que impulsaría una serie de medidas de saneamiento en los conventillos de mayor precariedad higiénica. En Vicente Espinoza, La huelga de arriendos en 1925 en Santiago de Chile. En VV. AA., Sectores populares y vida urbana, CLACSO, 1984, Buenos Aires, Argentina, 181. En el mismo contexto, ese año se pone en marcha la Ley de Habitaciones para Obreros, la que establecía en caso de fuerza mayor la demolición de aquellas viviendas consideradas "insalubres e inhabitables" para las "familias de la clase proletaria". Incluso, en su Art. 19, dicho cuerpo legal promovía que las mismas Municipalidades construyeran "en sus respectivos territorios…habitaciones hijiénicas i baratas para arrendar a la clase proletaria, con o sin promesa de venta". Esta acción normativa no pasaría más allá de su declaración altisonante. En Lei Núm. 1.838 sobre "Habitaciones para Obreros", Santiago de Chile, Imprenta Cervantes, 1906, 7-10.

En términos asociativos al menos, este sector social se agrupó en la denominada "Cámara Predial", organización que fungía para el resguardo de sus intereses como rentistas de habitaciones y/o casas destinadas para la habitabilidad popular urbana, y fue la institución gremial que se opuso a su contraparte la Liga de Arrendatarios (órgano de mayor longevidad en la representación de los intereses de los inquilinos). 18 Aquí se considera aquella organización gremial de los rentistas como una entidad de sector medio, por cuanto, de un lado, se orientó a un rubro económico que los distinguía y separaba de la élite mercantil-financiera, y de otro, lo oponía a las clases populares. Pero, paradojalmente, o quizá en su intento de engrosar el número de filas opuestas a los intereses del gran capital, Luis Emilio Recabarren, en 1910, caracterizaba de otro modo a la "clase media", al señalar que "la clase media que se recluta entre los obreros más preparados y los empleados, ¿habrá hecho progresos? ¡Recorramos su condición y convenzámonos! Esta clase es mucho más numerosa que lo que era antes en proporción a cada época. Ha aumentado su número a expensas de los dos extremos sociales. A ella llegan los ricos que se empobrecen y que no pueden recuperar su condición y los que logran superarse en la última claseEsta clase ha ganado un poco en su aspecto social y es la que vive más esclavizada al qué dirán, a la vanidad y con fervientes aspiraciones a las grandezas superfluas y al brillo falsoEs esta clase, la clase media, donde se encuentra el mayor número de los descontentos del actual orden de cosas y de donde salen los que luchan por una sociedad mejor que la presente". 19

Conforme a estas referencias del precursor del pensamiento y la práctica del socialismo en Chile, el sector social que arrendaba habitaciones a los rentistas fueron aquellos "obreros mejor preparados o empleados". Pero ¿por qué entonces las fuentes de la época, casi al unísono, retratan la pobreza e insalubridad de las familias que habitaban los conventillos o cités? Al parecer, interpretativamente hablando, más bien la apelación a estas supuesta "clase media" tenía un trasfondo de interpelación ideológica que no guardaba coherencia empírica con el contexto societario de la estratificada sociedad chilena de entonces. Y es que, pese a la existencia de organizaciones de arrendatarios que representaron a un segmento de las familias inquilinas, las prácticas abusivas y arbitrarias de desalojos se sucederían penosamente durante los primeros decenios del siglo XX. No obstante, estas observaciones preliminares, cabría investigar respecto a la real composición social de las familias que recurrieron al arriendo de habitaciones como forma de habitabilidad en la ciudad.

18 Op. Cit. Vicente Espinoza, La huelga de arriendos, 187. 19 Luis Emilio Recabarren, “Ricos y Pobres”. Conferencia dictada en Rengo, la noche del 03 de septiembre de 1910, con ocasión del Primer Centenario de la Independencia”, 175.

Aún así, hacia 1925, producto de la huelga de arrendatarios o inquilinos en Valparaíso y Santiago, se crearon los "Tribunales de Viviendas", entre cuyos objetivos estuvo el normar y frenar los desalojos masivos y sistemáticos que se hacían de las familias populares. Esto puede considerarse como una marca de la extensión temporal y la frecuencia con que se produjo esta práctica abusiva de ejercer el derecho de propiedad por parte del sector rentista. 20 En la misma dirección, pueden señalarse la redacción en marzo de 1917 de una "memoria" presentada al gobierno por la referida "Cámara Predial" como estrategia para birlar aquellas disposiciones legales del Tribunal de Viviendas que evitaban el desalojo de las familias morosas. El gobierno acogió positivamente las disposiciones del sector rentista, oponiéndolas a las normativas proteccionistas de las "familias proletarias" contenidas en el Decreto Ley 261. 21 Este evento, se sostiene aquí, les conferiría cierta nucleación sociológica a los rentistas como sector medio, y no sería otra estrategia comercial que escamotearía a la élite mercantil de siempre. Cabe precisar, por cierto, que es preciso profundizar en las prácticas discursivas que enunciaron y construyeron como tal (es la hipótesis) al propio sector medio rentista, a su autoidentificación social.

20 Vicente Espinoza, Para una Historia de los pobres de la ciudad, Ediciones Sur, Colección Estudios Históricos, Santiago, Chile, 1988. 21 Ibid, Vicente Espinoza, La huelga de arriendos, 187.