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Agosto 20 de 2016

Cultura de paz y construcción social
Conferencia para el foro de ABRAPALABRA en Ibagué, el 23 de
setiembre del 2016.

Colombia se encuentra hoy comprometida en uno de los más
importantes procesos de su vida republicana. Los Diálogos para la
Terminación del Conflicto con las FARC pueden marcar un hito en el
futuro de nuestra nación y porque no decirlo, un antes y un después
en nuestra historia. Los colombianos no hemos conocido un estado
de seguridad durante nuestra vida republicana en 200 años de
independencia. Primero fueron las confrontaciones partidistas en
forma de guerras civiles y luego la violencia de guerrillas de distintas
denominaciones para seguir con los crímenes de los carteles de las
drogas y en general del crimen organizado. En resumen, conocemos
toda clase de enfrentamientos armados y políticos que han sumido
a nuestra nación en un estado de atraso, no solo material sino moral
y por qué no decirlo espiritual porque nos hemos vuelto inmunes a
los actos de violencia y vesania provenientes de diferentes facciones
que componen nuestra nación. Esa indiferencia nos lleva a relativizar
la magnitud de las violaciones que se cometen en Colombia a los
Derechos Humanos y al Derecho Internacional Humanitario. Aquí
todo tiene justificación y también perdón; a veces se alega la pobreza
y la injusticia social pero también las condiciones políticas de nuestro
desarrollo. Muchas son las amnistías y los indultos que hemos
concedido pero seguimos igual. Desmovilizado un agente generador

General Manuel José Bonett Locarno
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del conflicto, aparecen dos o tres con iguales o distintas
justificaciones.

Por esto creo que no debemos hablar ni de paz ni de posconflicto
sino más bien del posacuerdo para lograr un estado de seguridad
tolerable que permita la convivencia y la libre movilidad de la nación
en el territorio de Colombia. Eso sería suficiente para que nuestros
hijos reciban un país que les permita ser más o menos felices y
desarrollar sus proyectos de vida sin interferencias ni amenazas.

La paz no la ha logrado nadie, y si nos atenemos a los Meta Relatos
ni siquiera en el paraíso la consiguieron. Dios siempre estuvo
rodeado de amenazas y Lucifer logro golpearlo donde más le dolía
convenciendo a Eva para incumplir sus mandatos y rompiendo para
siempre la relación entre el Todopoderoso y su máxima creación que
fue el hombre. No hubo paz en el paraíso y tampoco la hemos
conocido en la tierra, por esta razón este trabajo versará sobre la
seguridad y la convivencia que por ahora las considero suficientes
para que podamos vivir más o menos bien en nuestro querido
territorio.

Lo primero que tenemos que pensar es como construir una cultura
de paz que nos lleve a repudiar todo acto de violencia y evitar
convivir con las violaciones tanto de la ley como de los derechos de
los demás en un ambiente de relativismo moral y de corrupción
como el que hemos tenido hasta ahora. Esta seguridad comienza con
la PROTECCIÓN DE LA DEMOCRACIA en sí misma, función que le
General Manuel José Bonett Locarno
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corresponde tanto a las fuerzas del orden como a los organismos e
instituciones existentes y también a la población como elemento
fundamental de la republica. No puede haber democracia si no hay
una protección física de los asociados. Puede existir un estado de
libertad total en un país, o de libertinaje, como en nuestro caso, pero
si se asesina a los gobernantes locales o regionales, a los jueces, a los
agentes del orden y al ciudadano común, ¿cómo explicar o
demostrar la existencia de la tal democracia?

Por lo anterior, me propongo detenerme un poco en este tema de la
democracia porque es el elemento esencial para nuestra convivencia
ya que limita el accionar de los organismos del poder y evita la
comisión de abusos y arbitrariedades.

Los conceptos de seguridad nacional y de democracia no son
necesariamente equivalentes ni sinónimos, tienen dos sentidos
diferentes y responden a preocupaciones de diversa naturaleza,
pero hoy en día están claramente relacionados. La seguridad
nacional, como concepto, se refiere a los elementos que conforman
lo esencial de una nación y cuya falta o menoscabo podría poner en
serio riesgo la existencia misma de la población. ¿Cuáles son los
elementos que componen lo esencial de una nación? Sobre esto no
hay pleno acuerdo pues corresponde a los sentimientos de cada país
y no se puede hacer generalizaciones. Pero podemos decir que una
nación difícilmente existiría si están en peligro o en riesgo; sus
habitantes, su cultura, su territorio, sus límites, sus valores, su
autonomía, su economía, sus recursos, su lengua y también su

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sistema de organización política, entre otros. El peso relativo de cada
uno de estos elementos es parte de los matices históricos y políticos
que se dan en las sociedades. A veces, y en extremos, lo que es
esencial para una nación puede no ser un tema de preocupación
para otra. O lo que fue importante en un momento dado puede
perder relevancia como amenaza para la seguridad en otro
momento histórico.

La democracia ha emergido como el sistema de organización política
predominante en el mundo y se ha abierto un amplio consenso,
tanto en sociedades que estuvieron sometidas a sistemas políticos
autoritarios en establecer gobiernos democráticos, como en
defender y mantener la democracia donde quiera que está ya existía.

Es entonces ahora, cuando se han desvanecido los enfrentamientos
ideológicos, cuando se han asociado de modo muy estrecho el
concepto de seguridad nacional y el requisito de preservación del
sistema democrático. Son distintos pero ambos están colocados
dentro de la misma prelación y merecen el mismo interés.
Universalmente ha venido creciendo la audiencia respecto a que
esta relación entre seguridad y democracia es indisoluble.

Pasando a Colombia también están aquí separados estos dos
campos, una cosa es seguridad nacional y otra la preservación de la
democracia, pero en ambos las Fuerzas Armadas tienen una
responsabilidad clara derivada de la constitución. Respecto a la
seguridad nacional, o sea para librar a la nación de amenazas que
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puedan atentar contra la existencia misma de la república, la
Constitución puntualiza que, dentro de las funciones de las Fuerzas
Armadas esta defender la integridad, la independencia y la
soberanía. Estos claramente son elementos centrales de la seguridad
de nuestra nación y sin ellos, o con ellos en riesgo, la existencia de
nuestra nación no estaría garantizada. Pero hay una cuarta función
constitucional de las Fuerzas Armadas, que está colocada al mismo
nivel que las anteriores; es la defensa de la democracia, de sus
instituciones y de sus procedimientos.

Son por lo tanto ambos conceptos, seguridad nacional por una parte
y democracia por la otra, componentes esenciales de la función
constitucional de las fuerzas, así lo hemos entendido y así hemos
actuado.

Continuando con el concepto de cultura de paz de seguridad,
tenemos que fijarnos en el respeto a los límites y procesos
democráticamente fijados que también podríamos llamar las reglas
del juego. Este es uno de los factores más sensibles de la democracia
porque cuando sus reglas son violadas y cada uno acude a su libre
albedrío, todo el concepto falla por su base, y terminamos en que
nadie confía en nadie y aparecen los vicios que acaban con la
democracia como son la corrupción y la impunidad. Aquí aparece
una pregunta que le propongo al distinguido auditorio: ¿SE
RESPETAN EN COLOMBIA LAS REGLAS DEL JUEGO PARA DEFENDER
LA DEMOCRACIA?

General Manuel José Bonett Locarno
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El tercer punto que deseo resaltar para lograr la convivencia se
refiere A USAR LOS MEDIOS DEMOCRÁTICOS PARA EL LOGRO DE
LOS FINES DE LA SEGURIDAD. La democracia debe ser protegida sin
abusar de los derechos individuales. Es bien sabido que la
democracia se vale de métodos más demorados y dispendiosos para
lograr los fines de la seguridad pero una vez alcanzados estos, sus
resultados son más duraderos y de amplia aceptación.

Hasta aquí pienso que es suficiente para entender el tema de la
cultura de paz y de la educación para la seguridad y a continuación
me propongo exponer algunos pensamientos relativos a la
construcción social, sin la cual no es posible pensar en defender la
democracia ni en un cultura de paz ni tampoco en lograr un estado
de seguridad que nos lleve a la convivencia. En resumen, los males
que han llevado a Colombia al estado en que se encuentra, no son
producto de factores externos ni tampoco castigo de Dios, son el
resultado de nuestro comportamiento, de los habitantes de este país
durante 200 años de independencia que hemos cometido todo tipo
de abusos contra la seguridad y la democracia. Desde la corrupción
de los partidos políticos hasta las organizaciones armadas fuera de
la ley, pasando por la corrupción, los tráficos, la delincuencia común
y demás vicios de nuestro libertinaje y de nuestras débiles
instituciones.

Por eso quiero referirme a la construcción social como elemento
fundamental para la seguridad haciendo énfasis en el papel de la
filosofía y del pensamiento humano para lograr este propósito.

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En el desarrollo de la construcción social, se espera de la filosofía
reflexión, apreciación crítica y relativizar la influencia de intereses y
emociones. El papel de la filosofía en éste y otros campos, es el de
ponernos a pensar y ayudarnos a tomar decisiones de manera
inteligente y ponderada.

En las relaciones humanas intervienen las razones, los intereses y las
emociones. La filosofía, pone a las razones en primer lugar y mitiga
las otras y también ayuda a aplazar los intereses cuando deben
primar las razones. Si los intereses y las emociones tienen primacía
como parece ser el caso colombiano, se minimizan las razones y
viene el uso privilegiado de la fuerza.
La construcción social requiere armonización de intereses y el
predominio de los intereses comunes y los intereses de largo plazo
como por ejemplo los contenidos en el artículo II de la Constitución
Nacional “Fines Esenciales del Estado”. La filosofía ayuda a aplazar
los intereses locales o particulares en beneficio de los de carácter
general. Muchos de estos intereses particulares o locales pueden
ser aplazados en beneficio de un interés general como sería el caso
de la ampliación de un estadio o la construcción de un velódromo
frente a la construcción de un hospital.

La construcción social no es viable si la sociedad no sabe controlar
sus emociones ya que no es muy grande la diferencia entre razones
y emociones. Entramos en razón vías emociones. Si aprendemos a
controlar las emociones que sentimos de cualquier tipo pues
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entonces entramos en razón, de lo contrario actuaríamos como
irracionales. Por ejemplo, la culpa, el arrepentimiento y el amor son
emociones que nos pueden llevar a razonar. Razón y emoción se
pueden complementar. La construcción social supone una igualdad
entre los seres humanos especialmente la igualdad filosófica. Aquí
entran a jugar los derechos humanos y el ordenamiento del país. Ley
y cultura son nuestros reguladores y deben estar armonizados.

Solo faltaría entonces un regulador para tener completa la trilogía.
Este regulador es la moral y de esta manera, ley, cultura y moral son
los grandes controladores de la construcción social. La filosofía debe
regular a la moral y al derecho y examinar críticamente las
justificaciones.

El modelo colombiano no pareciera ser apto para la construcción
social. Parece que vivimos en un estado de anomia aunque tenemos
una de las sociedades más auto reguladas del mundo. Aquí, casi no
necesitamos autoridades para convivir. En Colombia funcionamos
con base en favores, favor va, favor viene. El estado dificulta las cosas
y después tortura a la sociedad con sus disposiciones. Por eso en
Colombia es más importante la sanción social que la legal. Eso es
típico de las sociedades auto reguladas por que la ley se cumple más
que las amenazas y sanciones del Estado.

Como todos sabemos, los conflictos colombianos nunca han tenido
factores generadores de naturaleza étnica, religiosa o territorial,
como si sucede en la inmensa mayoría de los conflictos sociales. Los
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habitantes de Colombia somos todos iguales por que tenemos la
misma cultura y obedecemos a las mismas leyes, de aquí sale una
pregunta fundamental ¿Qué es lo que genera el permanente
conflicto colombiano?

Las principales fracturas se presentan entre similares sociales.
Liberales vs conservadores en el pasado, autodefensas vs narco
guerrilla y narco guerrilla y autodefensas contra la sociedad en
general. Creo que la construcción social va bien en Colombia desde
el punto de vista filosófico porque uno de los principales reguladores
como es la Constitución Nacional es reivindicado por todos aunque
la reformamos con extrema facilidad y en algunos casos poniendo
intereses contingentes por encima de los intereses generales del
estado. En 25 años la hemos reformado en 30 ocasiones.

Creo que estamos cerca de lograr acuerdos básicos que partan de la
agenda máxima que es la Constitución y alcanzar una agenda mínima
o mejor dicho una agenda unificada para lograr el progreso social
que será la base fundamental para el logro de la convivencia.
Debemos buscar aumentar la autorregulación social para que la
convivencia no esté basada en el temor a las sanciones. Si
alcanzamos la etapa del posacuerdo que incluye la entrega de las
armas y la reinserción de las FARC a la sociedad, tendremos por
delante el reto mayor, o sea resolver las causas que generan la
violencia en Colombia. No es suficiente desarmar a la guerrilla y
abandonarla a su suerte sin un respaldo social y educativo que le
permita resocializarse. Pero esto es un número muy pequeño porque

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debemos pensar en el resto de la población que no puede desarrollar
su proyecto de vida por la falta de oportunidades y garantías del
estado. ¿Podremos hacerlo en un mediano plazo? ¿Podremos
resolver los problemas de salud, educación, servicios públicos,
seguridad y bienestar por lo menos para la mayoría de la población?
A mi entender, este es el núcleo del permanente conflicto
colombiano.

Conclusiones en la importancia de la filosofía en la construcción
social:
 Reflexión, apreciación crítica y relativizar la influencia de
intereses y emociones.
 La filosofía pone de primero las razones y ayuda a aplazar los
intereses.
 La construcción social requiere armonización de intereses y
predominio de interese comunes.
 La construcción social no es viable si la sociedad no sabe
controlar sus emociones (Bandera, Patriotismo, Religión,
Partido Político, Honor, Equipo de Futbol).
 La construcción social supone igualdad entre los seres
humanos.
 Ley, cultura y moral son los grandes reguladores de la
construcción social.
 El Estado anomico no ayuda a la construcción social.
 El concepto multiétnico y multicultural en Colombia es una
entelequia.

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 La regulación cultural en Colombia es muy fuerte. La sanción
social pesa más que la legal pero esto se está perdiendo un
poco con la aparición de un relativismo moral cada día más
fuerte donde el poder político y económico se impone sobre el
concepto social. Tal es el caso de la parapolítica, el narcotráfico
y la corrupción en general. Aun así Colombia tiene una gran
autorregulación.
 Debemos buscar unificar nuestra agenda. Una agenda mínima
salida de la gran agenda que respete los contenidos políticos y
culturales.

El hilo conductor de todo esto es el tema de los derechos humanos.
Un país que no garantiza ni defiende ni preserva los derechos
humanos no es viable. Cultura y derechos humanos deben tener una
relación simbiótica. En griego, cultura se dice politismos
(o sea el arte de vivir en la ciudad de manera correcta
y de la misma manera, la obligación que tiene la ciudad de garantizar
los servicios y los derechos humanos a los ciudadanos. Hoy la
Constitución Nacional agota los derechos y los clasifica de tal manera
que incluye todo lo que un colombiano debe disfrutar para vivir en
paz y lograr la convivencia. La Revolución Francesa los definió,
Nariño los tradujo y ayudo al fundamento teórico de la
independencia. Entonces, la pregunta es ¿Por qué en Colombia no se
respetan los derechos humanos? y, ¿por qué la agenda internacional
ha cambiado tanto en este sentido?

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Hace una década la agenda Clinton decía “Preservar la democracia,
garantizar los derechos humanos y luchar contra el narcotráfico”. La
agenda Bush cambio éste concepto y se dedicó a la lucha contra el
terrorismo, contra el narcotráfico y a promover la globalización. Hoy
vemos como la republica de Francia, que originó el concepto de los
derechos del hombre en plena revolución francesa y ha sido pionera
en la preservación de ésos derechos durante la historia moderna,
deporta a cientos de ciudadanos gitanos a Rumania y Bulgaria
muchos de los cuales nacidos y criados en territorio francés, y se va
a bombardear al ISI en las lejanas tierras del medio oriente,
provocando así, la metástasis del terrorismo internacional. Todo
esto lo hacen Francia, Inglaterra, Alemania y Estados Unidos, entre
otros, por que pertenecen a la Unión Europea, a la OTAN, a Europa
Occidental y a los mundos capitalistas y cristianos y en este sentido,
el Derecho Internacional Humanitario y los Derechos Humanos no
existen. Todo es cuestión de intereses. Si los derechos humanos se
originan en el derecho a la vida, ¿Por qué aquí en Colombia la vida
vale tan poco? ¿Por qué los homicidas son puestos en libertad con
pruebas abrumadoras en su contra solo por detalles de
procedimiento? ¿Cuál es el papel de la sociedad colombiana en la
defensa y preservación de los derechos humanos de los ciudadanos
desde el nacimiento hasta la muerte? ¿Cómo puede una nación
acometer y sostener su propia construcción social si vive hoy en
pleno relativismo moral donde el fin justifica los medios y el
enriquecimiento fácil y rápido da estatus y poder? Que hacer en
nuestro país para preservar los derechos humanos y el derecho
internacional humanitario en medio de un conflicto degradado? Y
finalmente la pregunta que a mi juicio es la más importante: ¿Cómo

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lograr que la población colombiana participe de manera activa en su
propia construcción social?

Tratando de dar respuesta a éstas preguntas, en nuestro país se han
experimentado múltiples propuestas en las diferentes
constituciones y las leyes y decretos que las reglamentan.
Comenzamos con la legislación indígena, la reforma agraria, la ley de
minorías, el reconocimiento de los derechos humanos y muchas
otras medidas que pudieran ser consideradas como progresistas y de
un alto contenido humanístico; pero desafortunadamente éstas
grandes ideas han quedado en letra muerta y poco a poco el país va
dando marcha atrás hacia el estatus anterior o sea que los poderosos
que habían cedido algo en virtud de la ley, recuperan sus privilegios.

Una razón que a mi juicio ha contribuido a esto es la pobre gestión
gubernamental que se practica en todos los niveles de nuestra
organización pero especialmente en el nivel municipal que es donde
en últimas se resuelven los problemas y las expectativas del
ciudadano. Esta gestión gubernamental que es la función primaria
de la autoridad y que consiste en ejecutar eficientemente los planes
de desarrollo, invertir bien la riqueza pública y velar por el bienestar
general, no se cumple bien en Colombia. La corrupción, la
ineficiencia, la irresponsabilidad y demás lacras, no dejan que el
bienestar fluya libremente desde las altas esferas del poder hacia los
ciudadanos. Parte importante de éste asunto es la correcta inversión
del presupuesto.

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Como consecuencia de lo anterior, no podemos esperar que la
ciudadanía logre un estado de satisfacción que le permita darle todo
su apoyo y simpatía a la autoridad y por lo tanto no habrá
participación ciudadana y si la hay, será para buscar la satisfacción
de intereses particulares. Esta satisfacción es la que le da legitimidad
a la autoridad y sin ella la gente actuará con desgano y acatará las
normas solo por temor a la ley. La satisfacción es necesaria para la
preciada gobernabilidad de quien detenta el poder y solo con ella se
pueden desarrollar los planes colectivos que buscan el bienestar y la
convivencia. La participación ciudadana es la más importante de
todas las metas que se debe proponer una autoridad, sea municipal,
departamental o nacional, pero ésta no aparecerá sino hay
satisfacción colectiva.

Uno de los puntos que más afectan hoy a nuestra estabilidad y vida
política, es la seguridad ciudadana. Un número elevado de personas
está en riesgo permanente para su seguridad personal, su honra y
sus bienes. La delincuencia urbana, el crimen organizado, la
corrupción administrativa, la exclusión y la inequidad son entre otros
los factores generadores del conflicto que ponen en riesgo la
seguridad de nuestra población. No encontramos soluciones fáciles
y muchas veces los crímenes quedan impunes por falta de una
cumplida y oportuna justicia. El resultado es que la satisfacción no
aparece y por ésta razón no tenemos la participación ciudadana que
nos ayude a resolver estos problemas.

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Si tuviéramos una eficiente gestión gubernamental en todo el país
veríamos a una población satisfecha con gran simpatía y solidaridad
hacia las autoridades, lo cual le daría gran legitimidad al
ordenamiento legal y por lo tanto habría en toda la población un
deseo espontaneo por participar en el logro de los fines esenciales
del estado sin poner de primero los intereses particulares como
sucede entre nosotros sino buscando siempre los intereses
generales como sucede en las naciones más civilizadas de la tierra lo
cual les ha permitido lograr la convivencia y como decimos todos,
vivir en una situación de relativa seguridad y en un estado de
bienestar.
Como conclusión pienso que la filosofía debe cumplir un papel
orientador y moderador en el proceso de construcción social pero
la nación debe apropiarse de los métodos para encontrar y
consolidar sus realidades de tal manera que la participación sea el
vehículo privilegiado para el logro de la convivencia y bienestar.

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