Está en la página 1de 30
EL BARCO Eeiaggleg, DF VAPOR Norma Huidobro Josepérez, astronauta llustraciones de Poly Beflatene YA quién se le puede ocurrir ser astro- uluta por su propia cuenta? Viajar al es- eo, ademas de complicado, es caro, muy . Solamente los paises muy ricos pue- cnyiar hombres en misiones explora- s a otros planetas, y no muy seguido, poco, Una naveespacialescarisima. Un espacial es carisimo. El entrenamic un astronauta es... carisimo! A ver In se anima, por su cuenta, a hacer un ja la luna, por ejemplo! Quién se ha, ch? Nadie, quién se va aanimar. in embargo, alguien seanim6. Alguien quiera, un hombre como tantos, un no comin, de esos que con lo que ga- trabajando apenas si les aleanza para -y pagar sus cuentas y darse un gusto n cuando, y que tienen una esposa que también trabaja y gana mas o menos o mismo. Aunque hay q a pesar de todo, este hombre y esta mujer reconocer que, in muy in- geniosos, y cuando uno es ingenioso, se las egla mejor que el que no se da mafia para nada. Y en este caso los ingeniosos ‘cran dos, asi que mejor todavia. Josepérez, el astronauta, tenia una fa- cilidad asombrosa para las ciencias, la tecnologia, los nGime formulas quim habia quién k volver a armar computadoras, relojes de ; las cuer y todas esas cosas. No wwalara en desarmar y péndulo, televisores y lavarropas. Analé pez, su esposa, nada que ver, ella era pin: tora, Pintaba cuadros, paredes, puertas, ventanas, sillas, plats, t todo lo que se le ocurria y todo lo que le pedian, porque Analépez también pinta- ba por encargo, ya fuera un cuadro o una Mal patio y del jardincito. De este modo casa, un juego de platos 0 u PPodian trabajar eranquilamente, sin mo bafio, Eso si, cada tino tenfa su propio ta ler de rabajo, es decir, dos galpones, uno fondodelac Hestarse el uno al otro. para cada uno,al perez tekmind surtraje de armo urs-revuielo de aquellos. Buen =medio gris, digamos, porque le habia h ‘io con una lona muy gruese que usaban ‘en el verano paradar sombra al pati que Ya tenia usios ebantosaros, por lo que habia perdido, algo de su-blanicura orig nal, Peromo importa, el traje estaba snuy bien confeccionad6 yea Joseperer lege daba perfecto. > = pon el trai pueso™ Jue en ese momento la que Te leq jo de todos —jQooohhbh...! ;Qué bellezal —dijo, con los ojos redondos como dos uvas Jamas en mi vida habia visto un traje de astronauta tan hermoso. Aunqu — Aunque qué? —pregunt6 Josepé- rex, que yase veia venir algo que no le iba agustar. "Aunque le falta color —dijo Anal6- pez,con tina sonrisa y balanceando el pin- cel en claire—, Me gustaria pintarle unas sayitas verdes, unos redondelitos azules, algdin pajarito amarillo, un arbol. "Nise te ocurra —la interrumpié Jo- sepérez—. Los trajes de los astronautas’ son blancos, blancos y blancos. Y sin decir ni media palabra 16 a su galpon y dej6 a su mujer con el pincel en la mano y enumerando en vor baja la larga lista de todo lo que le hubie- ra gustado pintarle au traje s, vol- | ,..unas margaritas apenas rosadas, mos de uvas de un violcta furioso, 1s guardas incaicas de color terracota, potas de Huvia en celeste pastel, pintitas Tojas... Pero no hubo caso. El eraje quedé blan- comedio gris y no se habl6 mas del asun- to, Ahora venia la tara mas complicada: la nave espacial. Y acd si que Josepérez euvo que aguzar su ingenio al maximo, porque una nave espacial no es algo que se construya asi noms, con dos latas y clavando tres clavitos. No, nada que ver. Se necesitan materiales especiales, de alta tecnologia. Menos mal que Josepércz era muy previsor y tenia su galpon repleto de computadoras viejas, televisores de todos Jos tamafios, heladeras con frizer y sin frizer, lavarropas automiticos y semiau- tomiticos y montones de aparatos eléctri- cos, pedal oa manija que la gente sacaba ala calle cuando creia que ya no servian, para que se los Ilevaran los cartoneros o el cami6n de la basura. Josepérez.engancha- ba un carro a su bicicleta y salia por las 16 ‘a juntar lo que podia servirle para fruir la nave. Después desarmaba Inparacos, separaba las piezas segiin la ilidad que podia darles y luego las unia (a él le parecia, Soldaba una placa de al con otra, perforaba por aqui, perfo- ornillaba, clavaba, corta- de tres meses y medio ‘in pausa, Josepérex cer Tee dio dos manos de pin ‘special para metales y nada ‘Ahi qued6 la nave, reluciente como Hunsol y lista para viajar a la luna, que era ugar al que Josepérez. queria Hegar. Ni ni Venus, ni Plutén; simplemente, ynaaaa...! —grité, feliz, mientras ddl galp6n, dejando la puerta abierta jos redondos como dos gimi vida habia visto una nave es- galpon con ui cen la punta de la nariz. herr a. Aunque, Aunque qué? —pregunt6 Josepé- rex que, por supuesto, ya se veia venir algo que no le iba a gustar. "Es muuuuy, muuuuy blanca... — dijo Analépez, moviendo el pincel de tun lado a otro—. (Qué bien le vendrfa un poco de color...! Una guisalda de rosas} alrededor de la puerta.. — jRosas? —dijo Josepérez. con cara desusto. —Si no te gustan las rosas, puedo pin- ar campanillas o geranios, o claveles —De ningin modo —dijo Josepé- rer—. Las naves espaciales son blancas, blancas y blancas. ‘Nodijo ni una sola palabra mas y seme- tié en la nave para probar los controles, mientras Analépez. seguia contemplin- dola y enumerando los bellos disefios quel Je habria gustado pintarle. 20 Jun rio azul con peces saltarines de Jos colores, una franja de rombos una guarda griega, estrellas do- tuna luna de placa, Pero nada. La nave quedé blanca, blan- Tne tae cogs renee eee a ae eer eterna eer ena G Mery aca Bree ate Meer ko yc Finalmente Ileg6 el dia de la partida, —\\)soiieito, Corrié a su galpon y ense- Inejor dicho, la noche de la partca, una li reuparecié con algo entre las manos. Haan Re eee ee mM oC oe CITC} f rer esac Aner ct mr Menno sero Te cre ene ony ae eye een eco en seme econ oes ee ee oni Per ean kcnte sic Mtge oon, pe —Tenés que Hlevarlo a la luna y traer Ileno de polvo lunar. para qué...? —empez6 a protes: tar Josepérer. Pero no alcanz6 a decir mas porque enseguida le vino a la mente el costurer de caracoles de Mar del Plata, que Ana: lopez habia heredado de su abuela junt con el camis6n, y la gran cantidad de pie- dras, hojas de Arboles, cajitas de mader redondas, cuadradas y rectangulares co el nombre de pueblos y ciudades que al: guna vez habian visitado y montones d cachivaches mas que su mujer colocabs cen los estantes de la biblioteca como re- cucrdos de lugares, y comprendié que Je quedaria mas remedio que volver de s viaje con el frasco lleno de polvo lunar. —Bueno, bueno, esta bien —dijo, a fin—. Polvo lunar, sisefior. otro beso de despedida y Walt6 de Ia escalerilla, soste- una mano el ruedo de su » La nave parti con un con resplandores de lu- ide estrellas, con la luna ila y misteriosa colgada el puntito desaparecié y {6 mirando un rato mas, t16 Frio y entré a la casa y por la ventana. Ptpados cayeron, pesados, W) después cl otro, y se que Banos segundos, nada mis, Bieon el Gltimo pirpado cam- ieabera, que fueadar sobre los 7, se clespert6, Menos no, ne perdia el aluniza} estaba preparada [A Josepérez no le alcanzaban los ojo para mirar eantas estrellas y tanta lund porque a medida que se iba acercando I ‘veia mis y més grande, De tanto en tant fe echaba una miradita al cuentakilome 9s cAlcug tr0s y repasaba mentalmente lo Jos quetabia hecho con tanto cuidaday Si toda salia bien, en dos dias legaria fa luna, Los cAlculos lo preocupaban ui no tenth que hacer poco, tenia miedo de haberse equivocado frabajado tanto con de seguir de largo, de ira parar a Marea detiempo y distancia por ejemplo, que era el planeta mis eer ano a la Tierra. Pero no, s€ decia a sf mismo, Marte esta muy lejos, no podrié equivocarme tanto. HI Giltimo dia de viaje, cuando falta ba muy poco para el alunizaje, Josepérel = emperé a cabecear, se morin de suetios arpear de hacer un esfuerzo terrible po tratar de mantener los ojos abiertos, ng A Josepérez no le alcanziban los ojo para mirar tantas estrellas y tanta lun: porque a medida que se iba acercando I vveia mis y més grande, De tanto en tantd fe echaba una miradiea al cuentakiléme tr0s y repasaba mentalmente los calcu los que-habia hecho con tanto cuidadoy Si toda salia bien, en dos cas Hlegaria la tuna. Los cilculos lo preocupaban uf poco, tenia miedo de haberse equivocada de seguir de largo, de ir a parar a Marta por ejemplo, que era el planeta mas cer cano a la Tierra. Pero no, se decia a mismo, Marte esta muy lejos, no podri equivocarme tanto, EI Gltimo dia de viaje, cuando faltat ba muy poco para ef alunizaje, Josepére empe26 a cabecear, se moria de su irpados cayeron, pesados, Bho y despues ef otro, y se que- HPbffiddos unos segundos, nada mas, Hit con el slcimo parpado tam MMAVOla cabeza, que fueadar sobre los I, ¥ Josepérez se desperss. Menos PORE sino, se perdigeel alunizaje. Boe moos Ta have esttba preparada HAE Wl; no tela que hacer AUD Haba trabajitlo tanto con PreAleulos de tiempo y distancia Ty ue marivilla, cstaba realizando el porel que habia taba parrerenierteertcunees virile oust: amorosa suavidad se posaba su querida in ciara lenta, aenenel suelo lunar. Y lo vio, claro que MN asa Hepner Re traR geen MRNAS 111" jie antes de ponerse a explorar, iba a Reernm erent emt as (1) Herr el frasco de polvo Tana Malgibsotra ver en cl cajoncito de la nave viendo.Se Mile thi extgr ris seguro. Entonces se ‘c habia guardado en un cajoncito dese- |) fees ait scent erence eee bajar de la nave. Un escalén, otro, otro eee on ran to lento y corto, y Josepérez. pisé la luna. — {Qué raro! —dijo Josepérez, en vo" alta—. La luna no tiene polvo. No puedé ser. ‘Sus manos enguantadas recorrian ut superficie lunar tan lisa como un piso dg cerimica y sin una sola mota de polvo. —jQué raro! —repitio—. {Todo mundo sabe que la luna tiene polvo y ¥9 no encuentro nada! ‘Tan absorto estaba en su tarea, que se dio cuenta de que unos ojos —dos ojos ms exactamente— lo estaban observat do, De repente, alos ojos se les surmé wt , sefior, todo el mundo Lo sab dijo la vor. Josepérez se enderez6 como si se le biera soltado un resorte y sinti6 que d bajo det casco se le ponian los pelos d punta, (Mcestaré volviendo loco?, pet 32 tun lado y hacia el otro, pero asl —suspird, aliviado— x0 porque no encuentro el » 80 es todo —dijo en vor ‘mismo, nada mas que porque quilizador escuchar su 5 polvo lunar, aca dijo ahora la vo7, fos ojos, enormes y sal- tedonda y con todos los Volviéa miraraun lado gui, abajo —dijo entonces la tstaba duro como el cemen: ina lo habia vuelto loco? Ni jimaba a mirar hacia abajo vor chillona finita que no le gustaba nada. — Nin? Qué estis esperando? {Md vas a mirar 0 no? —dijo la voz, impa ciente {Qué otra cosa podia hacer? Obedien te y tembloroso, Josepérez bajé la cabeza y miro. Efectivamente, ahi estaba el due: fio de la vor, chiquito y gracioso como ut dibujo animado. — Qaqui... qui... quién sos? —dijg Josepérez, sin saber todavia si eve ser di ‘minuto que lo miraba con cara de en jado y las manos apoyadas en la cinturd con Jos brazos en jarra, como pidiend explicaciones, existia realmente 0 era un ‘mala jugada de su imaginacién. ~ Como que quién soy? —respondif el diminuro, alzando su voz chillona iSoy un habitante de este planeta! carcajada. — (Se puede saber qué es lo gracioso’ —dijo el pequefio, mis malhumorada que antes. —Perdén, no queria ofenderte, pera ‘me causa gracia que digas que la luna ed un planeta, —Yo no dije que la luna es un planeta {Claro que no es un planeta! ,Quién nd lo sabe? —Pero dijiste que eras un habitante dd este planeta, 7.7 ~Y, bueno... $i funa, sos un habitante de la luna, no dd un planeta... Antes de que Josepérez terminara dd hablar, cl pequeftto ya se estaba riendo 36 aigarraba la pancita redonda 08 y daba unos saltos de lo Mientras soltaba una risa \és apropiada para ite que para un enanito —ha, ja, ja... —reia el diminuto, cot lagrimas en los ojos—. zAsi que este plat neta es la luna? Ja, ja, ja... —{¥ qué va a ser, si no, eh? —dijq Josepérez, que ya estaba perdiendo la pa: ciencia, Entonces el chiquitin dej6 de reirse, sd puso serio de golpe, tosié un poquito| se paré bien derecho, cruz6 los brazo' deers del cuerpo y dijo: —Un planeta. Josepérez, con la paciencia perdida de todo y a punto de explotar, abri6 grand a boca para decirlea ese insolente que estaba harto de escuchar tantas pavadag perono pudo decir nada. El insolente hal blo primero. la meta de tu viaje era la luna, equivocaste, Seguro que venis de la Tie} rra, ;no? Desde alli, este planeta no se pdido detrés de la luna. de llegar hasta aqui es leulo. chleulo? —dijo Jose- No puede ser, ‘como mil quinientas Me oxigeno. Acé no palabra mas, el peque- hundié en el suelo, Jo- itenci6n y pas6 la mano ide habia desaparecido el iPlafff... Chap! ;Chap! Cayé Josep: rez en un charco de algo parecido al ba 110 0 al chocolate espeso, pero de colof verde loro. -|Mi traje! ;Mi hermoso traje bi todomanchado de verde! ;Ayyy--! gr taba, apenadisimo—. ZY ahora cémo I saco estas manchas? Mientras Josepérez gritaba, el diminul to, que lo habia visto caer sentado en d charco verde —que no era otra cosa qu 6 corriendo para volver a dos después con un frasco Jas manos y cientos de otros también cargando, cada fociador. A la cuenta de yante la mirada més que Wstronauta, los peque- fa rociarle el traje por Fiasta dejarlo libre de woloeso, sino mucho fu originalm clam Si, erael mejor quitamanchas que habia visto en su vida, pero no pudo terminar de decitlo porque en ese momento otra cosa Ie Ilam6 mas la atencién y lo dejé mudo de asombro: Josepérez observs que por una parte del récho, a su izquierda, sefiltraban, cayendo én diagonal y como através de un colador, Gientos, miles de rayos amarillos. Y por otraparte mas ale- jada, ajsu derecha y también cayendo en @iagonial, ana enotme cantidad de Fayos anules, Lucgo miro hacia abajo'y compto- 6 que el charco de pintura en el que ha- bia caido estaba situadl en el fagar exacto donde se juntaban amas clasesde rayos, demanera que al unirsélos amarillos con bs sc formaba el charco verde. Los diminutos, que se daban cuenta de que Josepérez era muy curioso, le conta- ron que también tenian charcos azules y amarillos, que se formaban con rayos de tun solo color, y que los rayos azules pro- venian de la luna y los amarillos, del sol “También le contaron que los charcos de pintura los usaban para zambullirse y salpicarse unos a otros porque era muy divertido. {Qué contenta se habria puesto Analé- pez si hubiera conocido a los diminutos!, pensé Josepérez, Entonces tuvo una idea: ya que no podia llevarle a stu mujer polvo lunar, le Hevaria un poco de pintura ver- de loro como testimonio de su aventura Sacé el frasco del bolsillo, lo desenrose6 y se agaché juntoal charco, En ese momen- to, todas las voces chillonas de los dimi- nutos se unicron en una sola exclamacién 46 que dej6 a Josepérez quieto, sordo, duro, helado y mudo de asombro. —{OOOOOOOOOOF JHHHHHH! — (Qu... que. qué pa... pas6...? lor gr6 articular Josepérez en un sustrFo. —;OOOOOOCOOOHHHHHHH! —volvieron a exclamar, temblorosos, los diminutos. ‘Ahora, Josepérez advirtié que los pe- quediines sefialaban con wn dedlito el fras- co de corazones. Entonces Josepérez.comprendi6. Enese extrafio planeta no existia el color rojo. — {Nos podés regalar ese color? —pre- gunt6 un diminuto. —Pero no tengo pintura roja —dijo Josepérez—. Lo inico rojo que tengo son. estos corazones que pint mi esposa en 47 el frasco y el frasco lo tengo que Levar con... “No queremos el frasco —lo inte- rrumpié otro diminuto—. Queremos un corazén, nada mas. '¥ mientras este hablaba, otro habia sa- ido corriendo y de metal, parecida a un cuchillo, mientsas otro, que también habia corrido hacia otra ahora con un recipiente Hle- ya volvia con una varita parte, volvia ho de un liquide espeso y transparente ~ Permiso —dijo el de la varita de metal, mientras s¢ acercaba al frasco. ~Perimiso —dijo ef otro, mientras cO- Jocaba el recipiente juntoal frasco. El primero empez6 a raspar con Ia va; rita el corazén més grande, mientras el segundo sostena cl rcipiente con mucho sraidado, de manera tal que los minGseu- Jos trocitos de pintura roja cayeran en ~~ l liquido transparente. Otro diminuto, que también habia corrido a buscar algo, apareci6 con una cuchara y s© puso a re- volver el liquido muy suavemente. Mara- villados, los diminutos y Josepérez. veian mo los trocitos de pintura se mezclaban con el liquido, que ya no era transparente sino rojo Furioso, rojo tomate, rojo cereza, rojo coraz6n. Después, se pusieron a cavar pozos por todas partes y a volear en ellos pequefias cantidades de pintura roja. Aparecieron més diminutos con cucharas y cucharo- nes y empezaron a revolver en los pozos. Josepérez no podia creerlo, pero observ6 que, a medida que los diminutos revol- vian, la pequefa cantidad de pintura que hhabia en cada pozo aumentaba hasta Ile- gara los bordes y casi rebalsar. Sin poder aguantar ya las ganas, los diminutos se zambulleron de cabeza en Jos nuevos charcos de pintura. Josepérez miraba, asombrado y divertido, y en ese momento se dio cuenta de que algo mas estaba sucediendo en ese extrafo planeta, algo que seguramentea los diminutos les iba a encantar. —jMiren! —les grit6, seftalando un ozo, hacia la izquierda. 50. Infinitos rayos amarillos se filtraban por esa parte del techo que era como un Golador y cafan, cilides y graciosos, sobre la pintura roja, que ya no era roja, sino anaranjada. —_,QOOOOOOOOHHHHAHH. —exclamaron los diminutos, todos jun- tos, en una sola exelamacién chillona. “Mien! —repitié Josepére, sefa- Jando, ahora, hacia su derecha [Los rayos azules de la kuna se filtraban por ese lado del techo, que también era como un colador, cayendo, frescos y deli- ‘cados, sobre la pintura roja, que ya no era roja, sino violeta. —|OOOOOOOOOHHE HHH... De un salto salieron los pequefitos de Jos charcos rojos y se zambulleron en los anaranjados y luego en los violetas y des- ppués otra vez en los rojos y en los verdes st Y todos corrian a buscar los rociadotes y volvian para rociarse unos a otros has- ta quedar impecables, para lucgo volver a zambullirse en los charcos y empezar el juego otra vez. Josepérez comprendié que ya no tenia nada que hacer en ese planeta, asi que decidi6 que era buen momento para des- pedirse y volver a casa, —[Estoy muy feliz de haberlos cono- cido! —grit6, mientras guardaba en el bolsllo el frasco de Analépez—.|Me voy, tengo que volver a casa! —siguié gritan- do, en medio del alboroto de los diminu- tos quesezambullian de cabeza ysaltaban de pozo en poro, felices de la vida, —iGracias por todo! Buen viaje! —le respondieron en un solo chillido. Josepérez se agaché, estiré los brazos hacia arriba y, de un solo envién, dio un s4 salto poderoso y atraves6 el techo. De nuevo en la superficie del planeta, subioa su nave y emprendié el regreso. Quéraro, pensé Josepérez, minutosantes de aterrizar en el patio de su casa: los via- jes de regreso siempre parecen mas cortos que los de ida. B inmediatamente record6 cel momento de la partida, apenas unos dias, tris, cuando Analoper se despedia de él y eentregaba cl frasco de corazones. EI frasco de corazones! —grit6, mientras la nave aterrizaba con ruido de truenos y luces de rayos y rekimpagos, en el patio anochecido de su casa. ‘Analépez lo esperaba en la puerta de su galpén, donde habia estado trabajan- do con su enorme cuadro de amapolas. Se abrazaron, fueron a la cocina y mientras, preparaban a cena, Josepérez. le conté a su mujer la gran aventura del planeta 35 escondido detris de la luna. Y al final del relato tuvo que contar, también, que el > de corazones volvia vacio. —Habia pensado Ilenarlo de pintura .. Ievantando el frasco con una mano, mientras lo miraba, apena- fs gordo antes habia estado el coraz6n m- por la varita de de todos y ahora solo en diagonal, ‘metal de los diminutos al raspar fa pin- cura. comprendié que su mujer te- ayitas en el vidrio el testimonio de que el corazén de menos estaba en poder de los diminutos, amado y multiplicado en montones de charcos de pineura roja Después de tomar dos platos de sopa cada uno, Josepérez y Analépez col ron el frasco de corazones en la bibliote- «a, entre el costurero de caracoles de Mar del Plata y un platito de madera con una tortuga dibujada y una frase que decia Recuerdo de Pele, — (Queda lindo, no? —dijo 4 pez. —Hermoo00s0000... bostezando con la boc en par. Ninguino de fos dos dijo nada mis y se fucron a dormir. En el camino aed eae ea are Cualquiera sabe que no hay nada mis See eC Tecan