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Indice

Introducción

Pag. 3

  • 1 Una catequesis creativa, kerigmática, mistagógica y bella al servicio de la miisón

Pag. 5

  • 2 El Papa Francisco habla a los Catequistas

Pag. 9

  • 3 La catequesis a la luz de Aparecida

Pag. 21

  • 4 Catequesis en clave misionera

Pag. 59

  • 5 Actitudes del catequista

Pag. 91

  • 6 La catequesis de la propuesta

Pag. 94

  • 7 La catequesis es siempre misionera

Pag. 102

  • 9 Predicación en la Misa de Apertura del III Congreso Nacional de Catequesis

Pag. 106

Catequesis en clave misionera - 2

Introducción

Es bueno siempre hacer memoria para no perder el sentido de las opciones

que vamos haciendo y para poder encarar con más veracidad el futuro. La llegada de Bergoglio se da en medio de un debilitamiento de los planes de pastoral iniciados en la década del noventa debido a que acción concreta en torno a los tres años de misión propuestos como preparación para la celebración del milenio habían absorbido lo proyectado. Sin embargo este tiempo fue un rico ejercicio de trabajo desde los COPAPAS y los consejos de pastoral de decanato y vicarías que dejaron un estilo misionero plasmado en gestos misioneros en calles y esquinas de los distintos barrios, los encargados de manzanas y círculos de la Virgen. Finalizada la celebración del Milenio y ante la pregunta: ¿Cómo ser Iglesia en Buenos Aires?, el cardenal Bergoglio, con el inicio del estado de asamblea, invita a un camino de discernimiento pastoral para pasar de una pastoral de planes y acciones a una pastoral de actitudes desde la cual ir llevando adelante las acciones. Los lemas propuestos para cada año fueron marcando el ritmo de este camino: reconocer heridas y fragilidades; renovar el fervor apostólico; fortalecer una identidad eclesial de mayor comunión; hacer de nuestras parroquias o ámbitos pastorales santuarios donde se experimente la presencia de Dios; acercarnos al Dios que es ternura y viene a nosotros; llegar a toda periferia; ser ungidos para ungir.

En medio de este andar Aparecida nos confirma en el camino y pasamos del Estado de Asamblea al Estado de misión. Se desarrolló entonces en Buenos Aires un camino que buscó llevar adelante la opción misionera desde la perspectiva paradigmática y programática. En el orden paradigmático, se puso el “bautismo en clave misionera como parte de una camino para repensar toda la vida sacramental de nuestra arquidiócesis, Se inició la “misión bautismal”. Este proyecto apuntó a poner la pastoral bautismal en clave misionera. Se apuntó a repensar la preparación pre- bautismal, a generar vínculos con los que se acercan, a facilitar horarios de bautismos, anunciar e invitar a recibir el bautismo a aquellos que no lo recibieron y, fundamentalmente, hacernos cargo de “los hijos que engendra la Iglesia”, con una pastoral post-bautismal. El proyecto de “Pastoral Digital” se pensó como una herramienta y aporte más a este desafío. En lo programático se concretaron gestos misioneros periódicos y permanentes para los tiempos fuertes con campañas misioneras y se establecieron lugares de misión permanente (carpas misioneras). Las comunidades se renovaron con la experiencia de “salir” y estar en la calle para hacer presente a un Dios que es ternura y a una Iglesia que quiere abrazar a todos. La dimensión misionera e instaló en el lenguaje y en las perspectiva de las acciones aunque todavía nos falta bastante camino para recorrer en torno a la conversión pastoral, para que la clave misionera se vea plasmado en toda la pastoral ordinaria. El Año de la Fe se vivió como tiempo preparatorio para una Misión Arquidiocesana en el 2014. El Consejo Presbiteral y el Consejo de Pastoral elaboraron propuestas generales en orden a que cada comunidad con su peculiaridad específica se aboque a la realización de un camino misionero orgánico. La invitación a realizar Asambleas Parroquiales y organizar los Consejos Pastorales Parroquiales busca que las comunidades tomen mayor conciencia de este llamado misionero y se desarrolle la participación y el compromiso de los laicos. Junto a este proceso, es bueno también iniciar un camino en el cual podamos poner la “Catequesis en clave misionera”. Esto no significa: “otra cosa nueva” u “otra cosa más”, sino ir haciendo el camino habitual pero incorporando otra mirada para el planteo que vamos haciendo habitualmente en nuestra catequesis y con

Catequesis en clave misionera - 3

nuestros catequistas. Lo programático de misión necesita de lo paradigmático para que en nuestras estructuras habituales de pastoral se releje el mismo espíritu que nos anima en la misión.

Catequesis en clave misionera - 4

Una catequesis creativa, kerigmática, mistagógica y bella al servicio de la misión

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1

Les he trasmitido en primer lugar, lo que yo mismo recibí:

Cristo murió por nuestros pecados, conforme a la Escritura. Fue sepultado y resucitó al tercer día, de acuerdo con la Escritura. 1 Cor 15,3-4

Estas palabras quieren ser el eco agradecido a las bellas y simples catequesis que nos entregara el Papa, tanto en el Congreso Internacional sobre Catequesis, como en las páginas que nos ha dedicado en su última Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium. En ambas enseñanzas, queda claro que en el contexto del estado de misión, promovido por la Iglesia hoy -con nuevos métodos y renovado ardor-, la centralidad de la catequesis en el proceso evangelizador obliga a azuzar el ingenio y actualizar todos sus recursos, para llegar a los múltiples niveles de la realidad del hombre contemporáneo. Cuando Francisco enseña que los catequistas deben caminar con Cristo hacia las periferias, nos recuerda que la realidad que se nos presenta es compleja y desafiante. No obstante, la catequesis tiene sus recursos y ha demostrado en la vida de la Iglesia que supo abordar los contextos sociales más adversos y las circunstancias por demás difíciles, para llegar al corazón mismo del hombre y la mujer. En ese sentido, nos alienta diciendo: «Y si ustedes van a las periferias, allí lo encontrarán. Dios es siempre fiel, es creativo. Por favor, no se entiende un catequista que no sea creativo. Y la creatividad es como la columna vertebral del catequista. Dios es creativo, no está encerrado, y por eso nunca es rígido. Dios no es rígido. Nos acoge, sale a nuestro encuentro, nos comprende. Para ser fieles, para ser creativos, hay que saber cambiar. Saber cambiar. ¿Y para qué tengo que cambiar? Para adecuarme a las circunstancias en las que tengo que anunciar el Evangelio» 1 . La creatividad le es propia al arte superior de la catequesis, donde revela su capacidad de adecuación, porque su oficio es el de proponer con fidelidad y pedagogía el bello mensaje del Evangelio a las generaciones de todos los tiempos. La imagen corporal de la columna vertebral nos recuerda la centralidad que debe ocupar su condición artesanal, para que la imaginación y la inteligencia de cada catequista no descansen, hasta encontrar el modo más creativo y efectivo, para proponer el mensaje de la salvación a todas las culturas y hasta llegar a los rincones de todas las realidades humanas. Otro aspecto iluminador de su mensaje, más reciente, lo encontramos en la Exhortación Apostólica ya mencionada. En el tercer capítulo, medular por cierto, el Papa retoma el mensaje central del anuncio evangélico y propone tres modalidades esenciales que debe tener en cuenta la catequesis hoy: kerigmática, mistagógica y bella.

El kerigma (anuncio, proclamación)

es

la

verdad de

verdades de nuestra

religión revelada. Lo primero que dice el Papa es que «el kerygma es trinitario. Es el fuego del Espíritu que se dona en forma de lenguas y nos hace creer en Jesucristo,

1 Discurso del Papa Francisco a los participantes al Congreso Internacional sobre Catequesis, Roma, 27 de septiembre de 2013.

Catequesis en clave misionera - 5

que con su muerte y resurrección nos revela y nos comunica la misericordia infinita del Padre» 2 . Por tal motivo, una catequesis kerygmática privilegia el mensaje central de la salvación: «Jesucristo te ama, dio su vida para salvarte, y ahora está vivo a tu lado cada día, para iluminarte, para fortalecerte, para liberarte» 3 . Así proclamado por un catequista testigo de lo que anuncia, nadie queda indiferente ante un mensaje que nos habla en forma tan directa. La centralidad del kerygma no significa que supla la formación permanente, ni que sea solo un enunciado inicial que no se vuelve a escuchar, pues «es ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis, en todas sus etapas y momentos» 4 . Este primer anuncio contiene el mensaje esencial del Evangelio y nada hay más sólido, profundo y sabio. La centralidad del kerygma implica: «que exprese el amor salvífico de Dios previo a la obligación moral y religiosa, que no imponga la verdad y que apele a la libertad, que posea unas notas de alegría, estímulo, vitalidad, y una integralidad armoniosa, que no reduzca la predicación a unas pocas doctrinas a veces más filosóficas que evangélicas» 5 . La catequesis encuentra en la liturgia el espacio (templo, altar, bautisterio) y los tiempos sagrados (el Domingo, Solemnidades, Fiestas, Memorias…), para celebrar la fe que proclama en el kerygma. Es en esa coordenada donde se reúne la comunidad de los fieles para orar y celebrar los misterios que nos dejó el Señor, entre los cuales se destaca la Eucaristía. Ahí es cuando la catequesis se torna mistagógica, y su misión es iniciar progresivamente a los catecúmenos en el lenguaje, los signos y los símbolos de la pedagogía de los ritos litúrgicos. El papa Francisco lo dice así: «La iniciación mistagógica, que significa básicamente dos cosas: la necesaria progresividad de la experiencia formativa donde interviene toda la comunidad y una renovada valoración de los signos litúrgicos de la iniciación cristiana» 6 . Devolver al proceso catequístico una saludable referencia a la liturgia es un desafío que no debemos dejar de lado. La catequesis escucha la Palabra y de su fuente inacabable toma las verdades e instala en el corazón, la inteligencia y la memoria de los catecúmenos, la bondad salvadora del Evangelio de Jesús. No obstante, la Iglesia cuidó que ese proceso manifieste la belleza de Dios, y es por eso que decimos que, además de ser verdadera y buena, la catequesis tiene que ser bella. La primera evangelización en América latina manifestó la belleza de nuestra fe en los templos, en la iconografía, las imágenes y retablos. Cuando uno contempla alguno de estos cuadros de nuestra historia descubre que hubo una intencionalidad: manifestar la misma belleza trinitaria que se espeja en la creación, esencialmente en su criatura, el hombre en gracia. El Papa nos invita a transitar el «camino de la belleza»: «Anunciar a Cristo significa mostrar que creer en Él y seguirlo no es sólo algo verdadero y justo, sino también bello, capaz de colmar la vida de un nuevo resplandor y de un gozo profundo, aun en medio de las pruebas» 7 . El estado de misión cuenta con que la catequesis despliegue en este tiempo, la fecundidad de su labor artesanal, persona a persona, para que en cada encuentro catequístico, cada bautizado, descubra su lugar en la Iglesia y en el mundo, y convencido del amor de Dios, contagie la luz y la alegría de su fe.

  • 2 EG 164.

  • 3 Ídem.

  • 4 Ídem.

  • 5 EG 165.

  • 6 EG 166.

  • 7 EG 167.

Card. Mario Aurelio Poli EAC 21014

Catequesis en clave misionera - 6

El Papa Francisco habla a los Catequistas

2
2

Mensajes del Papa Francisco para los catequistas de la arquidiócesis de Buenos Aires cuando era cuando era Mons. Jorge Bergoglio s.j.

LOS TIEMPOS NOS URGEN

N o tenemos derecho a quedarnos acariciándonos el alma. A quedarnos

encerrados en nuestra cosita

chiquitita. No tenemos derecho a estar

... tranquilos y a querernos a nosotros mismos. ¡Cómo me quiero!. No, no

tenemos derecho. Tenemos que salir a contar que, desde hace dos mil años, hubo un hombre que quiso reeditar el paraíso terrenal, y vino para eso. Para rearmonizar las cosas. Y se lo tenemos que decir a "Doña Rosa", a la que vimos en el balcón. Se lo tenemos que decir a los chicos, se lo tenemos que decir a

aquellos que pierden toda ilusión y a aquellos para los que todo es "pálida", todo es música de tango, todo es cambalache. Se lo tenemos que decir a la señora gorda finoli, que cree que estirándose la piel va a ganar la vida eterna. Se lo tenemos que decir a todos aquellos jóvenes que, como el que vimos en el balcón, nos denuncian que ahora todos nos quieren meter en el mismo molde. No dijo la letra del tango pero la podría haber dicho: "dale que va, que todo es igual". Tenemos que salir a hablarle a esta gente de la ciudad a quien vimos en los balcones. Tenemos que salir de nuestra cáscara y decirles que Jesús vive, y

que Jesús vive para él, para ella, y decírselo con alegría

aunque uno a

... veces parezca un poco loco. El mensaje del Evangelio es locura, dice San Pablo. El tiempo de la vida no nos va a alcanzar para entregarnos y anunciar esto que Jesús está restaurando la vida. Tenemos que ir a sembrar esperanza, tenemos que salir a la calle. Tenemos que salir a buscar. ¿Y nosotros nos vamos a quedar en casa?. ¿Nos vamos a quedar en la parroquia, encerrados?. ¿Nos vamos a quedar en el chimenterío parroquial, o del colegio, en las internas eclesiales?. ¡Cuando toda esta gente nos está esperando! ¡la gente de nuestra ciudad!. Una ciudad que tiene reservas religiosas, que tiene reservas culturales, una ciudad preciosa, hermosa, pero que está muy tentada por Satanás. No podemos quedarnos nosotros solos, no podemos quedarnos en la parroquia y en el colegio. ¡Catequista, a la calle!. A catequizar, a buscar, a golpear puertas. A golpear corazones.

EAC 2000, 11 de marzo de 2000

PERO SABES BIEN POR SER CATEQUISTA

P or la sabiduría que te da el trato semanal con la gente, que en el hombre sigue latiendo un deseo y necesidad de Dios. Ante la soberbia e invasiva prepotencia de los nuevos Goliat, que desde algunos medios de

comunicación y no menos despachos oficiales, reactualizan prejuicios e ideologismos autistas, se hace necesario hoy más que nunca la serena

Catequesis en clave misionera - 7

confianza de David para desde el llano defender la herencia. Por eso, quisiera insistirte en aquello que te escribía un año atrás:" Hoy más que nunca, se puede descubrir detrás de tantas demandas de nuestra gente, una búsqueda del Absoluto que, por momentos, adquiere la forma de grito doloroso de una humanidad ultrajada: "Queremos ver a Jesús" (Jn. 12,21). Son muchos los rostros que, con un silencio más decidor que mil palabras, nos formulan este pedido. Los conocemos bien: están en medio de nosotros, son parte de ese pueblo fiel que Dios nos confía. Rostros de niños, de jóvenes, de adultos ... Algunos de ellos, tienen la mirada pura del "discípulo amado", otros, la mirada baja del hijo pródigo. No faltan rostros marcados por el dolor y la desesperanza. Pero todos esperan, buscan, desean ver a Jesús. Y por eso necesitan de los creyentes, especialmente de los catequistas que no sólo

´hablen´ de Cristo sino, en cierto modo, que se lo hagan ´ver´

De ahí, que

.... nuestro testimonio sería enormemente deficiente, si nosotros no fuéramos los primeros contempladores de su rostro" (NMI 16). Quiero nuevamente agradecerte toda tu entrega al servicio del Pueblo fiel. Y pedirle a María Santísima que mantenga viva en tu corazón esa sed de Dios para que puedas como la samaritana del Evangelio "adorar en espíritu y verdad" y "hacer que muchos se acerquen a Jesús" (Jn 4, 39). No dejes de

rezar por mí para que sea un buen catequista

Carta a los Catequistas, Agosto 2002

N

UESTRA IGLESIA EN BUENOS AIRES está necesitada de esa AUDACIA y FERVOR,

que es obra del Espíritu Santo,

y

que

nos

lleva

a anunciar, a gritar a

Jesucristo con toda nuestra vida. Es necesario mucha audacia y valentía

para seguir caminando hoy en medio de tanta perplejidad. Sabemos que existe la tentación de quedarnos atrapados por el miedo paralizador que a veces se maquilla de repliegue y cálculo realista y, en otros casos, de rutinaria repetición. Pero siempre esconde la vocación cobarde y conformista de una cultura minimista acostumbrada sólo a la seguridad del andar orillando. ¡Audacia apostólica implicará búsqueda, creatividad, navegar mar adentro! Al darte gracias por todo tu camino de catequista, le pido al Señor Eucaristía que renueve tu ardor y fervor apostólico para que no te acostumbres jamás a los rostros de tantos niños que no conocen a Jesús, a los rostros de tantos jóvenes que deambulan por la vida sin sentido, a los rostros de multitudes de excluidos que, con sus familias y ancianos, luchan para ser comunidad, cuyo paso cotidiano por nuestra ciudad nos duele e interpela. Más que nunca necesitamos tu mirada cercana de catequista para contemplar, conmoverte y detenerte cuantas veces sea necesario para darle a nuestro caminar el ritmo sanante de projimidad. Y podrás así hacer la experiencia de la verdadera compasión, la de Jesús, que lejos de paralizar, moviliza, lo impulsa a salir con más fuerza, con más audacia, a anunciar, a curar, a liberar (Cf Lc. 4, 16-22). Más que nunca necesitamos de tu corazón delicado de catequista que te permite aportar, desde tu experiencia del acompañamiento, la sabiduría de la vida y de los procesos donde campea la prudencia, la capacidad de comprensión, el arte de esperar, el sentido de pertenencia,

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para cuidar así -entre todos- a las ovejas que se nos confía, de los lobos ilustrados que intentan disgregar el rebaño. ¡Más que nunca necesitamos de tu persona y ministerio catequístico para que con tus gestos creativos, pongas como David música y alegría al andar cansado de nuestro pueblo! (2 Sa. 6, 14-

15).

Buenos Aires, Agosto de 2002

T

ODA GRAN CIUDAD TIENE MUCHAS RIQUEZAS, muchas posibilidades, pero también son muchos los peligros. Uno de ellos es el de la exclusión. A veces me

pregunto si como Iglesia diocesana no somos cómplices de una cultura de

la exclusión en la que ya no hay lugar para el anciano, el niño molesta, no hay

tiempo para detenerse al borde del camino. La tentación es grande, sobre todo porque se apoya en los nuevos dogmas modernos como la eficiencia y el pragmatismo. Por ello, hace falta mucha audacia para ir contra la corriente, para no renunciar a la utopía posible de que sea precisamente la inclusión, la que marque el estilo y ritmo de nuestro paso.

Anímense a pensar la pastoral y la catequesis desde la periferia, desde aquellos que están más alejados, de los que habitualmente no concurren a la Parroquia. Ellos también están invitados a la Boda del Cordero. Hace unos años les decía en un EAC: ¡salgan de las cuevas!. Hoy se los repito: ¡salgan de la sacristía, de la secretaría parroquial, de los salones vip!, ¡salgan!. Hagan presente la pastoral del atrio, de las puertas, de las casas, de la calle. No esperen, ¡salgan!. Y sobre todo hagan presente una catequesis que no excluya, que sepa de ritmos distintos, abierta a los nuevos desafíos de este mundo complejo. No se transformen en funcionarios rígidos, fundamentalistas de la planificación que excluye .

"

y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí

"

(Ga 2, 20). Ese vivir con

... Cristo es realmente una vida nueva: la vida del cristiano, y determina todo lo que se es y se hace. De ahí que todo catequista debe procurar permanecer en el Señor (Jn 15, 4) y cuidar, con la oración, su corazón transformado con la gracia, porque es lo que tiene para ofrecer y en donde está su verdadero "tesoro" (Cf. Lc 12,34 ). Alguno quizás está pensando en su interior: "pero esto que nos está diciendo podría ser aplicado a todo cristiano". Sí, es así. Y es lo

...

que justamente quisiera compartir con ustedes esta mañana. Todo catequista es ante todo un cristiano.

Puede resultar casi obvio

...

Sin embargo, uno de los problemas más serios que

tiene la Iglesia y que hipoteca muchas veces su tarea evangelizadora radica en que los agentes pastorales, los que solemos estar más con las "cosas de Dios", los que estamos más insertos en el mundo eclesiástico, frecuentemente nos olvidamos de ser buenos cristianos. Comienza entonces la tentación de absolutizar las espiritualidades en genitivo: la espiritualidad del laico, del

catequista, del sacerdote

con el grave peligro de perder su originalidad y

, simpleza evangélica. Y una vez perdido el horizonte común cristiano, corremos la tentación de lo snob, de lo afectado, de aquello que entretiene y engorda pero no alimenta ni ayuda a crecer. Las partes se convierten en particularidades y, al privilegiar las particularidades fácilmente nos olvidamos

...

Catequesis en clave misionera - 9

del todo, de que formamos un mismo pueblo. Entonces comienzan los movimientos centrífugos que nada tienen de misionero sino todo lo contrario:

nos dispersan, nos distraen y paradójicamente nos enredan en nuestras internas y "quintismos" pastorales. No olvidemos: el todo es superior a la parte. Pero si algo peculiar debe caracterizar al catequista es su mirada. El catequista, nos dice el Directorio Catequístico General, es un hombre experto en el arte de comunicar. "La cima y el centro de la formación de catequistas es la aptitud y habilidad de comunicar el mensaje evangélico." (235). El catequista está llamado a ser un pedagogo de la comunicación. Quiere y busca que el mensaje se haga vida. Y esto también sin despreciar todos los aportes de las ciencias actuales sobre la comunicación. En Jesús tenemos siempre el modelo, el camino, la vida. Como el Maestro Bueno, cada catequista deberá hacer presente la "mirada amorosa" que es inicio y condición de todo encuentro verdaderamente humano. Los evangelios no han escatimado versículos para documentar la profunda huella que dejó, en los primeros discípulos, la mirada de Jesús. ¡No se cansen de mirar con los ojos de Dios! Pidámosle a quien nos ha metido en esta siembra, que nos haga partícipe de su mirada, la del sembrador bueno y "derrochón" de ternura. Para que sea, -una mirada confiada y de largo aliento, que no ceda a la tentación estéril de querer curiosear cada día el sembrado porque sabe bien que, sea que duerma o vele, la semilla crece por sí misma. -una mirada esperanzadora y amorosa que, cuando ve despuntar la cizaña en medio de trigo, no tiene reacciones quejosas ni alarmistas, porque sabe y tiene memoria de la fecundidad gratuita de la caridad[4]. Pero si algo es propio del catequista es reconocerse como el hombre y la mujer que "anuncia". Si bien es cierto que todo cristiano debe participar de la misión profética de la Iglesia, el catequista lo hace de una manera especial. Anímense a pensar la pastoral y la catequesis desde la periferia, desde aquellos que están más alejados, de los que habitualmente no concurren a la Parroquia. Ellos también están invitados a la Boda del Cordero. Hace unos años les decía en un EAC: ¡salgan de las cuevas!. Hoy se los repito: ¡salgan de la sacristía, de la secretaría parroquial, del los salones vip!, ¡salgan!. Hagan presente la pastoral del atrio, de las puertas, de las casas, de la calle. No esperen, ¡salgan!. Y sobre todo hagan presente una catequesis que no excluya, que sepa de ritmos distintos, abierta a los nuevos desafíos de este mundo complejo. No se transformen en funcionarios rígidos, fundamentalistas de la planificación que excluye.

Dios los ha llamado a ser sus catequistas. En esta Iglesia de Buenos Aires que está transitando tiempos del Espíritu, sean parte y protagonistas de la asamblea diocesana, no para manijear, ni imponer, sino para hacer juntos la apasionante experiencia del discernir con otros, de dejar que sea Dios quien escriba la historia.

Buenos Aires, agosto de 2004

Catequesis en clave misionera - 10

L

A

ACTITUD

DE

LA

ESCUCHA

NOS

AYUDARÁ

A

NO

TRAICIONAR,

La frescura y fuerza del anuncio kerygmático trastocándolo en una fraguada y aguachenta moralina, que más que la novedad del "Camino" se

transforma en fango que ciega y empantana. Necesitamos ejercitarnos en el

escuchar ...

Para que nuestra acción evangelizadora se enraíce en ese ámbito

de la interioridad donde se gesta el verdadero catequista que, más allá de sus

actividades, sabe hacer de su ministerio, diakonía del acompañamiento.

Escuchar es más que oír

Esto último está en la línea de la información. Lo

... primero, en la línea de la comunicación, en la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no es posible un verdadero encuentro. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la siempre más tranquila condición de espectador. ¿Querés como catequista animar verdaderos encuentros de catequesis? ¡Pedí al Señor la gracia de la escucha! Dios te ha llamado a ser catequista, no simple técnico de comunicación. Dios te ha elegido para que hagas presente el calor de la Iglesia Madre, matriz indispensable para que Jesús sea amado y conocido hoy. Escuchar es también capacidad de compartir preguntas y búsquedas, de hacer camino juntos, de alejarnos de todo complejo de omnipotencia, para unirnos en el trabajo común que se hace peregrinación, pertenencia, pueblo.

Buenos Aires, 12 de marzo de 2005

N O RESISTIRÍA A LOS EMBATES DEL TIEMPO UNA FE CATÓLICA reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a

una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados. Nuestra mayor amenaza "es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad"[1]. A todos nos toca "recomenzar desde Cristo"[2], reconociendo que "no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva"[3]. (Aparecida, 11-12)

Permítanme que insista sobre esto con ustedes quienes, por ser catequistas, por acompañar el proceso de crecimiento de la fe, por estar comprometidos en la enseñanza, puede el "tentador" hacerles creer que su ámbito de acción se reduce a lo intraeclesial, y los lleve a estar demasiado en torno al templo y al atrio. Eso suele

acontecer ...

Cuando nuestras palabras, nuestro horizonte, tienen la perspectiva del

encierro y del pequeño mundo, no ha de asombrarnos que nuestra catequesis pierda la fuerza del Kerigma y se trasforme en enseñanza insípida de doctrina, en transmisión frustrante de normas morales, en experiencia agotadora de estar sembrando inutilmente. Por eso, "recomenzar desde Cristo" es concretamente imitar al Maestro Bueno, al único que tiene Palabra de Vida Eterna y salir una y mil veces a los caminos, en busca de la persona en sus más diversas situaciones.

Buenos Aires, Agosto de 2006

A L AGRADECERTE TODO LO QUE HACÉS POR LA CATEQUESIS, le pido de corazón

al Señor que te rejuvenezca con su gracia, ya que la renovación de la pastoral y de la catequesis no dependerá "de grandes programas y estructuras, sino de

hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos

Catequesis en clave misionera - 11

de Jesucristo y misioneros de su Reino." (DA 11)

En nuestra tarea evangelizadora Dios nos pide que acompañemos a un pueblo que

camina en la fe. Por

eso el Señor nos regala rostros, historias y búsquedas

...

Y

siempre nos hace bien recordar que ese niño, joven o adulto que Dios pone en

nuestro camino, no son vasijas que demos llenar de contenidos o personas que

debemos conquistar. El Señor ya habita en sus corazones, ya que El siempre nos

precede, nos "primerea". Nuestra tarea será simplemente ¡y nada menos! ayudar a

develar, a explicitar la Presencia de Aquél que ya está y tiene el poder de hacer

plena toda vida. Misión hermosa, ministerio de la Palabra que los catequistas realizan

ininterrumpidamente desde hace casi dos mil años. Servicio eclesial que reconoce

muchas formas y diversos lugares. Por todo esto, ¡gracias y ánimo! Y no dejen de

estar al servicio del santo pueblo fiel de Dios…

Un pueblo que necesita de testigos antes que maestros. Hagan que la catequesis sea

transversalmente kerygmática, para que el proceso y maduración de la fe tengan la

frescura del encuentro con Aquél que, a través de la Iniciación Cristiana, te consolida

como discípulo misionero.

Buenos Aires, 21 de agosto de 2007

N OS QUEDAMOS ENCERRADOS EN LAS INTERNAS PARROQUIALES cuando prima la

psicología de la tumba, con los años nos convertimos en momias. Jesús no

quiere cristianos momias, quiere nuestra identidad en la calle. Es necesario, no

encerrarse en las parroquias, que, a veces, parecen una tumba o un sarcófago y sólo

falta que le coloquemos flores y un cartel que diga: ´aquí yace la comunidad

cristiana´. Necesitamos, entonces, que Jesús nos pegue un grito y nos diga:

Catequista salí afuera, Iglesia de Buenos Aires salí afuera. El problema de la Iglesia

de Buenos Aires es que no toca timbres y los catequistas deben salir a "timbrear" en

la ciudad; "timbrear" vidas y corazones, a jetear, sin vergüenza, aunque nos digan

que estamos de la chaveta". Que la Virgen ayude a los cristianos de Buenos Aires a

tocar timbres, a poner la cara y a que le diga a Jesús que nos pegue un grito, para

anunciar a Jesucristo.

Buenos Aires, marzo de 2008

A VECES NOS DEFENDEMOS PONIENDO DISTANCIAS DE EXQUISITEZ, como los

escribas y los fariseos: "hasta que no esté purificada la vida no la recibo" Y se

lavaban mil veces antes de comer las manos y abluciones… pero Jesús se los

echa en cara porque su corazón estaba lejos de lo que Dios quería. Ese Dios que

manda a su hijo que se mezcle con nosotros, con lo peorcito de nosotros.

Esos eran los amigos de Jesús: lo peorcito. Pero la vida la tomaba como venía.

Dejaba que cada hombre y cada mujer protagonizara su vida y Él la acompañaba con

cariño, con ternura, con doctrina, con consejos. No la imponía. La vida no se impone,

la vida se siembra y se riega, no se impone. Cada uno es protagonista de la suya. Y

eso Dios lo respeta. Acompañemos la vida como Dios lo hace.

El otro hijo (de la parábola del padre misericordioso) reedita la postura de estos

criticones, los escribas y fariseos, "yo soy puro, yo estuve siempre en la Iglesia, soy

de la Acción Católica, de Caritas o de catequesis…te doy gracias, Señor, porque no

soy como toda esta gente, no soy como esta gentuza" Y el hijo cierra su corazón y

prefiere protagonizar un purismo hipócrita a dejarse conmover por la ternura que le

enseñó su Padre. No sabe acompañar la vida. Probablemente este hombre lo más que

Catequesis en clave misionera - 12

pueda dar es una vida biológica pero nunca una vida desde el corazón.

Y se armó la fiesta. La vida y el encuentro es fiesta. Acompañar la vida es animarme

a encontrar al otro como está, como viene o como lo voy a buscar. Es encuentro y

ese encuentro es festivo. Ya lo dijo Jesús: "va a haber mucha fiesta por cada uno de

estos que ustedes dejan de lado y se acerca y vuelve a la casa"… encontrarse. Yo

pregunto, entre ustedes catequistas, ¿hay fiesta, hay encuentro; o está el gesto

adusto del dedito con un no adelante como la maestra en tiempos de Yrigoyen. ¿Hay

eso o hay fiesta, hay encuentro? ¿saben lo que es fiesta o son una momia?

Catequistas-momias, una momia anclada solo en verdades, en preceptos; sin ternura,

sin capacidad de encuentro. Yo quisiera que entre ustedes no haya lugar para momias

apostólicas, ¡por favor no!, vayan a un museo que van a lucir mejor. Sino que haya

corazones que se conmueven con la vida desde donde se la pateen, que saben

abrazar la vida y decirle a esa vida quién es Jesús.

Buenos Aires, 21 de agosto de 2010

Catequesis en clave misionera - 13

Presentación

3
3

La catequesis a la luz de Aparecida

Aparecida reconoce que ha habido un gran progreso en la catequesis. Esto se puede

observar en la preparación para los sacramentos, en la enseñanza familiar, en el

aumento del número de catequistas, en la conformación de comisiones diocesanas y

parroquiales de catequesis (DA 295). Sin embargo, el documento constata algunas

deficiencias en la formación teológica y pedagógica de los catequistas, en la

elaboración de adecuados materiales y subsidios, en los servicios catequísticos

parroquiales y en el empeño de los párrocos a quienes les corresponde ser los

primeros catequistas, junto con los padres de familia (DA 296).

El Padre Eduardo Mercado Guzmán, Director de la Comisión de Catequesis de la

Arquidiócesis Primada de México, nos acompaña a hacer un amplio recorrido, en

primer lugar, por la catequesis desde su origen; en segundo lugar, en el itinerario de

las Conferencias anteriores; y en tercer lugar, a través del Documento de Aparecida.

Aunque son pocos los números que, en Aparecida, tratan el tema de la Catequesis,

sin embargo, todo el documento tiene un sabor catequístico, comenzando por el

mismo título: “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él

tengan vida”. A esta conclusión llega el autor después de ver la realidad de la

catequesis desde el proyecto del Padre; de extraer las grandes luces que ofrecen los

capítulos 3 a 6; y de identificar las líneas de acción en el campo misionero que nos

presentan los capítulos 7 a 10.

La catequesis

Introducción

El presente trabajo tiene la finalidad de hacer una lectura del Documento de

Aparecida desde la Catequesis. Descubriendo sobre todo cuáles son las luces que

puede aportar a esta tarea tan importante en la Iglesia.

De entrada muchos podrían tener la sensación, especialmente quienes trabajamos en

la catequesis que el tema no fue suficientemente considerado, pero seguramente

esta sensación la tendrán quienes trabajan en otros campos; en cuanto a la

catequesis en sentido específico son pocos los números a lo largo del documento que

se refieren a ésta (cfr. nn. 268 al 300) y en otro número en el 99a, se señala desde

un punto de vista positivo la labor que la catequesis ha tenido en el esfuerzo por

llevar al encuentro con Jesucristo a los habitantes de este Continente. Sin embargo

después de hacer un recorrido serio sobre las grandes luces que presenta el

Documento se queda uno con la sensación de que todo él tiene un sabor catequístico,

de tal manera que desde el tema de la misma, la catequesis está presente

“Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

Es decir, tenemos la seguridad de que la Catequesis está pre sente a lo largo de todo

el documento y sus grandes intuiciones han de ser una luz que nos ayude a todos los

agentes de pastoral a revalorizar el papel tan importantísimo que la catequesis tiene

para la formación de Discípulos Misioneros en nuestro Continente, renovando esta

práctica pastoral devolviéndole su verdadera dimensión en el proceso de Iniciación

Catequesis en clave misionera - 14

Cristiana.

Antes de abordar de manera directa los contenidos de la catequesis en Aparecida se

hará un recorrido partiendo de su origen y deteniéndonos especialmente en los

diferentes aportes presentados en las otras Conferencias, así nos daremos cuenta que

la catequesis ha tenido un caminar que nos puede ayudar a comprender mejor el

aporte que hoy nos hace la V Conferencia.

I.- La catequesis en la Iglesia

1 - La catequesis en su origen

Es de suma importancia recordar que la catequesis no es una invención de este

tiempo o que es tema de una pastoral actual, como dice el título del Capítulo II de la

Catechesi Tradendae, es una “experiencia tan antigua como la Iglesia misma”, es por

eso necesario voltear al pasado, en un espíritu de renovación y resurgimiento como

ha de ser la Iglesia en América Latina es muy oportuno “volver a las fuentes”.

Este volver a las fuentes nos ayudará a clarificar mejor las acciones propiamente

catequísticas y los elementos que le dan su identidad, así estaremos en posibilidad

de ubicarla en la lectura que hagamos de Aparecida.

Como es de todos conocido, catequesis viene de la palabra griega katechein que en

su sentido más original significaría hablar desde arriba, podría entenderse así como

instruir desde el escenario. Pero más exactamente significa hacer eco, resonar,

recordando a las máscaras que se utilizaban en el teatro griego para hacer resonar la

voz para que todos pudieran escuchar la voz del actor. En su sentido bíblico. en el

Nuevo Testamento, el concepto llegó a significar: informar, contar, comunicar una

noticia y también, significa dar una instrucción cristiana (cfr. Hch 18, 25; 21, 21-24;

Lc 1, 4; Rm 2, 18; Ga 6, 6).

De esta acepción del concepto es como se generó y relacionó la instrucción o for-

mación de los cristianos en la Iglesia primitiva, con dos momentos como

evangelización para suscitar la fe y como instrucción o doctrina para profundiza en

ella, muchas veces utilizándose el concepto griego de didaskein. Así que ya desde su

origen a la catequesis se le ve relacionada con un primer anuncio y como un

momento que lleva a explicitar y profundizar en el mensaje.

Es en la época de los Padres cuando la catequesis va adquiriendo una mayor

identidad dentro de la tarea de Iniciar en la Fe a los simpatizantes del mensaje de

Jesús. Es a partir del s. II cuando ésta aparece ya con una mayor claridad y

especificación en los escritos de los Santos Padres, en donde se le da el siguiente

sentido: instrucción fundamental dada a los candidatos del bautismo. De ahí que

inmediatamente se le relacione con la estructura más sistemática de la Iniciación

Cristiana que es el Catecumenado, así se deriva la relación entre la Iniciación

Cristiana, catequesis y sacramentos de Iniciación Cristiana. Así que catequesis es

entendida como la enseñanza cristiana dentro de la institución catecumenal, con la

finalidad de preparar al bautismo.

Reflexión personal y comunitaria:

De este primer acercamiento sería interesante hacer una primera evaluación sobre

nuestra práctica catequística y el Documento de Aparecida:

Lo primero sería preguntarnos:

1 ¿Qué entendemos por evangelización?

Catequesis en clave misionera - 15

  • 2 ¿Qué entendemos por catequesis?

  • 3 ¿Qué entendemos por Iniciación Cristiana?

  • 4 ¿Cómo entiende hoy el Documento de Aparecida la Iniciación Cristiana? (Leer nn.

286-294) y confrontar con las respuestas anteriores.

Los elementos que se destacan en el catecumenado de la catequesis son: tomar en

cuenta que se trata de una tarea que implica la enseñanza, la oración, los elementos

litúrgicos, las consecuencias morales, todo ello vivido y recibido en la comunidad

catecumenal, haciendo de la catequesis una verdadera iniciación cristiana integral.

A partir del s. VI con la “conversión” de prácticamente todo el imperio Romano la

práctica del catecumenado se va perdiendo o reduciéndose a su mínima expresión,

acción que tendrá sus graves consecuencias en la formación de los cristianos. Lo

primero que hay que destacar es que con el bautismo de niños ya no se hace

necesario la Iniciación Cristiana con la estructura catecumenal. También desaparece

de alguna manera el término catequesis y queda el de catequizar, el cual en época

moderna, se relacionará con el concepto de catecismo. De ahí que todavía en la

práctica en muchos lugares de nuestro Continente no se realiza una autén tica

catequesis sino que sólo se catequiza a través del catecismo, incluso llegándose a

confundir la acción de la catequesis con el catecismo.

El catecismo con todas sus riquezas vino a significar “una enseñanza para instruir a

los paganos que quieren ser cristianos”, sin embargo no hay que olvidar que éstos

nacieron en la época de la Reforma protestante y católica, de hecho es famoso el

Catecismo de Trento, el cual llevó a una dogmatización de la fe, una

intelectualización de la misma, de tal forma que la catequesis será la instrucción que

reciben los niños bautizados en orden a la Comunión Eucarística.

Como bien recordamos la mayoría, de aquí se derivó el método memorístico de la

catequesis a través de preguntas y respuestas sobre lo elemental de la fe. Dentro de

toda esta perspectiva no podemos dejar de recordar que la instrucción religiosa del

pueblo cristiano tenía que abarcar también a los adultos, Trento determinó que así

fuera, pero con la óptica del catecismo y así fue hasta el s. XX. Finalmente hay que

destacar que también en muchos de los casos la catequesis paso a ser un espacio de

preparación presacramental para la Confirmación y la Comunión; como podemos

darnos cuenta, mucho de esta visión de la catequesis aún se ve reflejada en la

práctica ordinaria. Esta práctica por desgracia desdibuja mucho la identidad de la

catequesis con su carácter iniciatorio-sacramental tanto de la preparación como de

las celebraciones.

Durante el siglo pasado hubo movimientos y esfuerzos por renovar la práctica cate-

quística y hacer de ésta algo más vivencial y experiencial; entre los esfuerzos no

puede dejarse pasar de largo, el interés que tuvo hacia la catequesis San Pío X, pero

más adelante el movimiento de Munich y el llamado kerigmático, los cuales por otro

lado van configurando a la Catequesis en su dimensión permanente como la forma

ordinaria de alimentar la fe.

Reflexión personal y comunitaria:

Como ejercicio de reflexión, sería muy conveniente llegados a este momento,

preguntarnos qué tipo de catequesis se realiza preferentemente en nuestra

comunidad, parroquia, diócesis, país ...

  • 1 ¿Es una catequesis que sólo se preocupa por los niños que se preparan para los

sacramentos de la Confirmación y la Eucaristía?

Catequesis en clave misionera - 16

  • 2 ¿El contenido sólo se avoca a lo doctrinal?

  • 3 ¿El método sigue siendo el memorístico a través de preguntas y respuestas?

  • 4 ¿Qué objetivos tiene la catequesis, cuál es su finalidad?

2- La catequesis a partir del Concilio Vaticano II

Es innegable que el Concilio Vaticano II vino a ser el evento más importante para la

Iglesia del s. XX y el efecto que provocó hacia adelante, estamos a más de 40 años en

que este Concilio presentó sus grandes líneas que llevarían a la Iglesia a un proceso

de renovación interior y exterior. Algunos han definido este Concilio como el gran

reformador de la Iglesia por sus grandes novedades que hoy siguen siendo vigentes.

En el caso de la catequesis el impacto del Vaticano II sobre ella ha sido y sigue siendo

muy grande. Simplemente podríamos decir que el Concilio significó el fin oficial del

período llamado del “catecismo”. Y aunque el Concilio no afrontó de manera directa

y explícita el tema de la catequesis, sin embargo, si se ocupó de forma decisiva de

algunos puntos relacionados esencialmente con ella, como la Palabra de Dios, la fe,

la Iglesia, la relación iglesia-mundo, que influirán en su renovación.

Dei Verbum, nos presentó una visión teo lógica renovada de la revelación y de la fe;

Ad Gentes de la evangelización; Lumen Gentium, Sacrosanctum Concilium, Gaudium

et Spes, de la Iglesia; y en los nuevos horizontes antropológicos y culturales abiertos

con las relaciones renovadas con la cultura moderna, las confesiones no católicas, las

religiones no cristianas

...

,

tenemos a Gaudium et Spes, Dignitatis Humanae, Unitatis

Redintegratio, Nostra Aetate, Ad Gentes, etc.

Todos estos estímulos no podían no incidir profundamente en el ámbito de la

actividad catequética.

En el espíritu de búsqueda de la etapa postconciliar hay un esfuerzo por elabo rar

nuevos catecismos y programas, la creación de nuevos institutos y centros de

catequesis, la producción de textos y de subsidios de todo tipo para la renovación de

la catequesis.

En el campo de la praxis y de la reflexión catequética se han destacado dimensiones

nuevas del quehacer catequístico: la instancia antropológica, la centralidad bíblica,

la dimensión socio-política, la prioridad de los adultos, la incidencia de la

comunicación y de lo audiovisual, el redescubrimiento de la comunidad.

Pero tampoco, se puede negar que el período postconciliar para la catequesis, ha

tenido sus momentos problemáticos. Se han puesto en tela de juicio frecuentemente,

los elementos constitutivos de la obra de la catequesis: contenidos, métodos,

lugares, estructuras, destinatarios, agentes, lenguaje ...

Sin embargo, desde la década de los 80’ se ha comenzado a vislumbrar, siempre con

las conquistas del Concilio, un verdadero proceso de renovación de la catequesis.

En el logro de este proceso que comenzó en el Vaticano II, son de gran valor las

aportaciones de algunos documentos y manifestaciones que, a nivel de la Iglesia

universal, representan hoy en día u cierto “corpus” pastoral de gran importancia.

En esta línea, podemos citar: el Directorio Catequístico General de 1971; el II Con-

greso Catequístico Internacional de Roma, en el mismo año; la publicación en 1972

del Ordo initiationis christianae adultorum (RICA); pero sobre todo, los sínodos de los

obispos de 1974 y 1977, con sus debidas exhortaciones Evangelii Nuntiandi y Cate-

Catequesis en clave misionera - 17

chesi Tradendae.

Del magisterio de

Juan Pablo

II,

son de destacarse por

su

gran

valor

para

la

catequesis: Redemptoris Hominis (1979); Dives in Misericordia (1986); Christifideles

Laici (1988); Redemptoris Missio (1990); la entrega el 11 de octubre de 1992 con la

Constitución apostólica Fidei Depositum, del Catecismo de la Iglesia Católica, y muy

recientemente la entrega en octubre de 1997 del Directorio General para la

Catequesis.

Junto a estos documentos de valor universal tenemos otros de valor más local, pero

no menos significativos, como son los documentos de Medellín y Puebla en la Iglesia

Latinoamericana, que añaden otros elementos válidos para la catequesis de hoy.

3- La Catequesis en nuestro Continente

El proceso de evangelización en nuestro Continente se remonta al momento del des-

cubrimiento de éste y el proceso de colonización. Como bien han dicho nuestros

obispos en diferentes momentos, este proceso tiene sus luces y sombras, ya que la

conquista y colonización tienen dos protagonistas, la cruz y la espada.

Sin detenernos en lo que podrían ser las sombras encabezadas por la espada, la

evangelización tiene sus grandes luces y en ella la catequesis ocupó un puesto de

gran relieve. Sabemos también por otro lado que las situaciones de nuestros pueblos

en América fueron distintas de lugar a lugar, el trato hacia los indígenas no siempre

fue el mismo y en algunos lugares fue más fuerte el exterminio y la destrucción y en

otros prevaleció más el mestizaje. Las condiciones de nuestros pueblos hacen que la

actitud hacia las grandes culturas sea una y hacia los pueblos nómadas y

seminómadas sea otra.

En el origen del cristianismo en nuestro Continente aparecieron grandes figuras sobre

todo surgidas de entre los religiosos, que siguiendo el mandato misionero del Señor y

amparados por la Corona Española, asumieron la difícil tarea de cristianizar estas

tierras. Entre esas figuras destacan grandes evangelizadores y catequistas como

Pedro de Córdoba, Antonio de Montesinos, Bartolomé de las Casas, Vasco de Quiroga,

Pedro de Betanzos, Juan de Zumárraga, Pedro de Gante, Ramón Pané, Juan Mateo

Guatícaba, Antón de Marcorís, Francisco de Andrada, Jerónimo de Loayza ...

Entre las experiencias pastorales del inicio de la evangelización en América, hay

intentos por poner en práctica experiencias de tipo catecumenal, hay un interés por

tener un diálogo intercultural, como la obra de Bernardino de Sahagún; hay una

catequesis unida a la educación de los niños a través de los diferentes colegios para

niños indígenas, mestizos, españoles, mulatos.

En la tarea de la catequesis los evangelizadores se apoyaron de los mismos niños

como repetidores de la doctrina con la que ellos eran instruidos, en sus pueblos y

comunidades, como consecuencia de esto tenemos como ejemplo a los niños mártires

de Tlaxcala, México.

El interés por la catequesis se ve reflejada en la impresión de diferentes doctrinas y

catecismos para la instrucción religiosa, no sólo en lengua castellana sino varios de

ellos en lenguas indígenas y en pictogramas. Siguiendo la tradición de las grandes

culturas azteca, maya e inca, algunos religiosos adoctrinaron a través de coreografías

y representaciones con música, poesía, canto y drama, siendo muchos de estos

Catequesis en clave misionera - 18

medios un verdadero ejemplo de inculturación.

La preocupación por el adoctrinamiento a través de la catequesis se ve reflejada en

las diferentes juntas eclesiásticas y los primeros Concilios provinciales, tanto de

México como de Lima. No podemos negar que todos estos hechos y el trabajo

realizado en la conquista y colonización cimentaron con sus luces y sombras la fe

cristiana de nuestro Continente.

Durante la Colonia la catequesis fue transmitida a través de los catecismos

preparados en estas tierras y otros traducidos de catecismos hechos en Europa, así se

destacan las obras de Fleury, Ripalda, Astete, de José de Acosta, de Felipe Guaman

Poma de Ayala, de Luis Jerónimo de Oré, Luis de Valdivia, entre otros muchos más.

Entre las guerras de independencia y el Concilio Vaticano II, los catecismos pasaron

por periodos de lucha, de quienes estaban a favor de los movimientos de

Independencia contra los que querían la permanencia bajo el régimen de la Corona

Española, esto como consecuencia de un pluralismo ideológico y religioso. La invasión

de otros grupos religiosos, especialmente de corte protestante le dio a la catequesis

latinoamericana nuevamente un carácter apologético.

El Primer Concilio Plenario de América Latina, convocado por León XIII en 1899, tuvo

como preocupación principal el tema de la catequesis, animando una catequesis con

fórmulas tradicionales para evitar confusión.

Aunque lentamente, la doctrina social católica fue ocupando espacios en la

evangelización, desde los años sesenta del siglo pasado, en varias partes del

Continente se promueven las comunidades eclesiales de base en donde los laicos

comparten la reflexión de la Biblia, animan la celebración de la Palabra y se

comprometen por el cambio social.

En el caminar de la catequesis en América Latina, Brasil ocupa un lugar destacado

que se ve reflejado en los tiempos actuales, no sólo por la producción de diferentes

subsidios sino por las diferentes orientaciones que su magisterio han dado sobre el

tema, muchas veces con una proyección hacia toda Latinoamérica.

4- La catequesis en las Conferencias del Episcopado Latinoamericano

La Catequesis en América Latina ha tenido sus grandes momentos de reflexión en sus

ya célebres Conferencias Generales de todo el Episcopado Latinoamericano, muy

particularmente desde la Conferencia de Medellín, que asumiendo el Concilio

Vaticano II para el aquí y ahora de América Latina ha trazado las grandes líneas de lo

que ha de ser la catequesis en los tiempos actuales de nuestro Continente.

En sintonía con las grandes Conferencias y derivadas de ellas, el caminar de la

catequesis de América Latina y El Caribe, ha contado con el apoyo de instancias

como el Instituto Catequístico Latinoamericano como consecuencia de la Primera

Conferencia en Río de Janeiro Brasil, en 1955, con la cual también se constituye

oficialmente el CELAM (Conferencia del Episcopado Latinoamericano), ese primer

instituto el cual paso por diferentes etapas, dio origen al ITEPAL (Instituto Teológico

Pastoral), actualmente vigente.

También como consecuencia de la estructuración del CELAM, se contó con el

Departamento de Catequesis (DECAT), celebrando y organizando las Semanas

Latinoamericanas de Catequesis y la publicación de las Líneas y Orientaciones

comunes para la catequesis en América Latina.

Catequesis en clave misionera - 19

Estos elementos deben ser vistos en relación con las distintas Conferencias Generales

celebradas en diferentes momentos y luga res de América Latina, esto ayuda a tener

un mejor panorama y contexto del caminar de la catequesis en nuestros pueblos.

4.1- La Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Río de Janeiro, Brasil (1955)

En esta primera Conferencia, en general, todavía prevalece una actitud apologética

de defensa teórica de la fe. Se destaca su papel como medio para el florecimiento de

vocaciones, especialmente la catequesis de adultos (n. 2); habla de la necesaria

colaboración de los religiosos y religiosas en la tarea de la enseñanza religiosa y de

“catecismo” en las diócesis para lo cual es necesaria una preparación especializada

(n. 38 b).

El n. 57 destaca por su amplitud en cuanto que da orientaciones precisas sobre “la

instrucción catequística”: pidiendo que en este campo se cuide la legislación

canónica; pide la creación de la Oficina Catequística Diocesana; que en las

parroquias se cree la Cofradía de la Doctrina Cristiana; que se usen los medios

adecuados, la edición y distribución de catecismos; la institución del “Día Cate-

quístico” o fiesta de la Doctrina Cristiana; la constitución de Escuelas catequísticas y

cursos para preparar catequistas; que en los Seminarios Mayores exista la cátedra de

Pedagogía Catequística.

4.2- La Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en

Medellín, Colombia (1968)

Para comprender la trascendencia de esta II Conferencia del Episcopado Latinoameri-

cano, se ha llegado a afirmar que la Iglesia de nuestro Continente de los últimos

tiempos, ha tenido dos momentos, “antes y después de Medellín”. Ya que esta

Conferencia es la que comienza a darle una fisonomía propia a la Iglesia de este

Continente, dando origen a su propia teología y acciones pastorales específicas,

iniciando un camino de verdadera encarnación del Verbo de Dios.

Hoy con una actitud de verdadero optimismo se quiere ver en la Conferencia de

Aparecida, con sus propias aportaciones, un espíritu renovador para nuestras Iglesias

y no es que Medellín nos quede ya bastante lejano, sino porque en el momento actual

han cambiado muchas cosas, pero que necesitan de ese espíritu renovador que trajo

Medellín para que estemos en una nueva primavera, para la Iglesia de América Latina

impulsada por la V Conferencia.

No hay que olvidar que Medellín tampoco fue un “hongo en el bosque”, ya que desde

su presentación, ella misma quiso respirar del espíritu renovador que trajo el

Concilio Vaticano II, de ahí el mismo título programático de la II Conferencia “La

Iglesia en la actual transformación de América Latina a la Luz del Concilio”. El tema

de Medellín de por sí sugerente quiso ser a través de su propia reflexión una Luz para

las Iglesias del Continente Latinoamericano, las cuales necesitaban de una

renovación desde lo profundo de su Ser para estar en verdadera sintonía con todo el

Pueblo de Dios que peregrina en estas tierras.

La reflexión de la II Conferencia significó el compromiso de poner en práctica las

grandes orientaciones del Concilio, de manera muy particular no sólo por el método

Catequesis en clave misionera - 20

Gaudium et Spes, sino también por sus grandes luces Lumen Gentium y Dei Verbum.

Hay que resaltar el hecho de que quienes tuvieron la responsabilidad desde el Conti-

nente de la Conferencia de Medellín, fueron firmes al desechar desde el documento

de preparación el lenguaje intelectualista y escolástico de la mayoría de los

documentos del magisterio de la Iglesia de los últimos tiempos y sostuvieron, la

necesidad de un lenguaje más existencial, concreto, histórico; abierto a la

trascendencia, pero plenamente enraizado en la historia. En el campo de la

catequesis los teólogos y catequetas latinoamericanos, llevaron la reflexión en torno

a la evangelización y la promoción humana.

El documento se divide en tres grandes partes: Promoción Humana; Evangelización y

Crecimiento de la Fe; La Iglesia visible y sus estructuras. Es en este amplio marco en

donde encontramos el capítulo específico dedicado a la Catequesis, el octavo dentro

de la segunda parte; prácticamente la catequesis se encuentra al centro de todo el

documento.

El capítulo parte manifestando la necesidad de una renovación, pasa después a

señalar las características de esa renovación, las prioridades y medios para lograr

dicha renovación.

Frente a un mundo que cambia y frente al actual proceso de maduración de la Iglesia

en América Latina, el Movimiento Catequístico siente la necesidad de una profunda

renovación. Renovación que, manifieste la voluntad de la Iglesia y de sus

responsables, de llevar adelante su misión fundamental: educar eficazmente la fe de

los jóvenes y de los adultos, en todos los ambientes: Fallar en esto sería traicionar,

a un mismo tiempo, a Dios que le ha confiado su Mensaje y al hombre que lo

necesita para salvarse (Medellín 8, 1).

En síntesis, los grandes ejes de renovación de la catequesis propuestos por la

Conferencia de Medellín están: considerar a la catequesis como una actividad

especialmente profética; presenta como su fundamento la Revelación Divina, pero

dentro del dinamismo histórico en donde las situaciones históricas y aspiraciones

auténticamente humanas son parte de su contenido; por lo tanto hay plena unidad y

armonía entre los valores humanos y el proyecto de Dios manifestado en Jesucristo;

para lo cual la catequesis necesitar renovar su lenguaje para que pueda ser percibido

el mensaje salvífico para ayudar a comprender las situaciones humanas y

reinterpretarlas a la luz de la Pascua y provocar así, un respuesta personal de fe;

finalmente para esto se requiere la promoción de Institutos que se dediquen a la

reflexión y ofrezcan propuestas audaces, esto también con el apoyo de las ciencias

humanas y la elaboración de subsidios pedagógicos.

Reflexión personal y comunitaria:

Como trabajo grupal, se propone que se haga una reflexión, enlistando los

principales signos que descubren en su comunidad, parroquia, diócesis, país

...

que

manifiesten que la catequesis que se realiza corresponde a un sensible espíritu de

renovación:

El enlistado puede considerar los siguientes rubros o aspectos:

  • 1 Interlocutores (adultos, jóvenes, otros

...

)

  • 2 Subsidios (llamados incorrectamente catecismos, son pedagógicos, toman en

cuenta el aporte de las ciencias humanas ) ...

  • 3 Inculturación (qué tanto se respeta y se toma en cuenta el ambiente social y

cultural de los interlocutores).

  • 4 A través de qué signos se refleja que la catequesis está favoreciendo un encuentro

personal con la persona de Jesucristo, sobre todo en el ambiente social.

Catequesis en clave misionera - 21

Es importante hacer destacar que la lectura del cap. 8 del documento, no es

suficiente sin tener toda la visión y el contexto de toda la Conferencia, ya que

empobrecería todo el espíritu de Renovación de la Catequesis que propone Medellín.

Por eso en la visión de conjunto de todo el documento de Medellín son importantes

para la catequesis algunos conceptos innovadores: opción por los pobres, liberación,

promoción humana, comunidades de base, transformación social, pastoral profética

(en el sentido de la Teología de la Liberación), dimensión histórica de la fe,

dimensiones socio-político-económico de la realidad, cultura, interacción entre fe y

vida.

4.3- La Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Puebla, México (1979)

La catequesis "que consiste en la educación ordenada y progresiva de la fe", debe ser

acción prioritaria en América Latina, si queremos llegar a una renovación profunda

de la vida cristiana y por lo tanto a una nueva civilización que sea participación y

comunión de personas en la Iglesia y en la sociedad (Puebla n. 977).

Aunque en la visión de algunos teólogos y catequetas latinoamericanos la III Confe-

rencia y la IV representaron una especie de freno a las grandes orientaciones y luces

pastorales expuestas en la II Conferencia, la de Medellín, sin embargo, no podemos

dejar de descubrir la acción del Espíritu Santo, el cual como el gran protagonista de

la Iglesia nos deja en las dos siguientes Conferencias aportes de gran valor para irle

devolviendo su verdadera configuración a la Catequesis, subrayando aquellos

elementos que la han de caracterizar en las Iglesias de nuestro Continente.

Podríamos decir de manera muy general que las opciones de Puebla fueron más

reflexivas, analíticas y programáticas, enmarcadas en lo que fue su tema general “La

Evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”; el tema corresponde

muy bien al ambiente surgido a partir del Sínodo de 1974 y Evangelii Nuntiandi y en

el campo específico de la Catequesis al Sínodo de 1977 y las conclusiones que del

Sínodo ya se conocían.

Así que el tema central de Puebla es la Evangelización, que en continuidad con la

opción dada en Medellín, la evangelización será vista bajo la óptica de la liberación y

la opción por los pobres, además Puebla hará una mayor descripción de la identidad

latinoamericana, asumiendo los aspectos socio-económicos asumidos por Medellín,

pero además completándolos con los enfoques históricos, culturales y antropológicos

de América Latina. Finalmente para comprender las orientaciones de Puebla hay que

tener presentes los conceptos de comunión y participación.

Como una primera consecuencia del tema central de la III Conferencia para la

catequesis, es precisamente colocarla dentro del amplio proceso de evangelización,

como ya lo había hecho Evangelii Nuntiandi. Además la define como parte del

proceso de conversión y crecimiento permanente y progresivo de la fe, en donde se

incluyen, conocimiento, celebración y confesión de la fe en la vida, esto encuadrado

y comprendido en el amplio programa del Documento que son la verdad sobre Cristo,

la Iglesia y el Hombre, respaldando de hecho la necesidad de una catequesis más

antropológica.

Al igual que para los otros documentos, el tema de la catequesis no puede leerse

aisladamente y fuera del contexto de toda la Conferencia, en el caso de Puebla el

Catequesis en clave misionera - 22

tema no se reduce a los números que de manera específica lo asumen (cfr. nn. 977-

1011).

En cuanto al método se sigue por el camino marcado por Medellín y Gaudium et Spes,

que bien entendido se puede interpretar como: análisis de la situación (ver), criterios

teológicos (juzgar) y proyectos pastorales (actuar). La catequesis en muchas Iglesias

de nuestro Continente se ha utilizado este método para lograr los propósitos de la

transmisión de la fe, que es la conversión de los hombres y asumir el compromiso por

el Reino de Dios a partir de nuestras realidades para poderlas transformar a partir de

los criterios evangélicos.

Reflexión personal y comunitaria:

El tema del método en la práctica pastoral como: ver, juzgar y actuar; ha sido muy

utilizado en varias Iglesias de nuestro Continente:

  • 1 Consideras que los frutos por utilizarlo se ven reflejados en

especialmente de los adultos, ¿en qué?

la catequesis,

  • 2 ¿Crees que los catequistas en general están bien preparados, para utilizarlo y no

caer en reduccionismos?

  • 3 La experiencia en la utilización de este método aconseja su validez, ¿por qué?

El método hace resaltar la catequesis que propone Puebla: una catequesis

evangeliza- dora que incluya al mismo tiempo la evangelización de los bautizados,

insistiendo en los aspectos de conversión, de compromiso con Jesucristo, en la vida

de comunión y participación, en la vida sacramental, en la importancia de la Palabra

de Dios, en los procesos de educación de la fe, en el empeño apostólico, en la

dimensión liberadora y

situacional, de compromiso con la transformación de la realidad ...

4.4- Cuarta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Santo Domingo (1992)

En la IV Conferencia los conceptos iluminadores fueron, por un lado el de Nueva

Evangelización que ya se venía promoviendo desde épocas del Concilio Vaticano II,

pero que Juan Pablo II puso al centro de la Misión Evangelizadora de la Iglesia en la

década de los 80, llamado que viene desde Europa que venía sufriendo los embates

del secularismo y el proceso de descristianización tanto en el Este como en el

Occidente; este fenómeno fue alcanzando como onda expansiva a muchas Iglesias de

nuestro Continente; el otro concepto en sintonía con el primero fue el de

Evangelización inculturada, al igual que el primero no tan nuevo, el cual también en

la década de los 80 fue alcanzando su configuración.

Con estos dos conceptos al centro podemos entender la propuesta general de esta

Conferencia que fue “Nueva Evangelización, Promoción humana y Cultura cristiana”

poniendo al centro a Jesucristo, iluminado con el texto de Hebreos 13, 8 “Jesucristo

es el mismo ayer, hoy y siempre”.

Todos los evangelizadores han de prestar también una atención especial a la

catequesis. Al comienzo de mi Pontificado quise dar nuevo impulso a esta labor

pastoral mediante la Exhortación Apostólica Catechesi tradendae, y recientemente

he aprobado el Catecismo de la Iglesia Católica, que presento como el mejor don de

la Iglesia que puede hacer a sus Obispos y a todo el Pueblo de Dios. Se trata de un

valiosos instrumento para la nueva evangelización, donde se compendia toda la

doctrina que la Iglesia ha de enseñar (Santo Domingo, Discurso Inaugural, de S.S.

Catequesis en clave misionera - 23

Juan Pablo II, n. 9).

Santo Domingo destaca el papel de la catequesis como medio pastoral, en la Primera

Evangelización de América (cfr. n. 19); relaciona Kerigma y Catequesis como un

conjunto del ministerio profético para aquellos que no dieron su adhesión personal a

Jesucristo por la conversión primera (cfr. nn. 33 y 41); por lo tanto, enfatiza el papel

de una catequesis que debe ser kerigmática y misionera, esto requiere de catequistas

bien formados, que abarque todas las edades de la vida con catecismos inculturados

e inspirados en el CEC (cfr. n. 49); la catequesis de confirmación es presentada como

un medio para apoyar la pastoral vocacional (cfr. n. 80); la catequesis ha de

presentar la conducta cristiana como seguimiento de Cristo (cfr. n. 239).

Lo que más se puede destacar y concluir del aporte de esta Conferencia a la

Catequesis es la acentuación a la Inculturación de la fe. Además el rostro que se

puede descubrir de la catequesis a partir de este documento es su carácter

eminentemente evangelizador, con tendencias kerigmáticas, es decir, centrándola en

la educación de la fe la cual lleva implícito el anuncio fundamental de

Jesucristo como Salvador. Este anuncio se ha de hacer a partir de las distintas

culturas que viven en Latinoamérica, es decir, las culturas indígenas, mestizas,

sincréticas, populares, urbanas y postmoderna ...

II.- La catequesis a partir de Aparecida

Los puntos anteriores nos sirven de marco para llegar a este momento y descubrir

cuáles son los grandes aportes que la V Conferencia hace a la Catequesis,

nuevamente

es

importante advertir como ya se ha hecho, para tener una visión de la Catequesis en

Aparecida, no podemos quedarnos sólo con los números que en específico tratan el

tema, de ahí el título del presente artículo, “La Catequesis en Aparecida”, esto

plantea por lo tanto, la necesidad de tener una visión completa de todo el

documento para ubicar a la Catequesis dentro de todo el conjunto y no sólo de una

parte.

En continuidad

con

las

anteriores

Conferencias

Generales

del

Episcopado

Latinoamericano, este documento hace uso del método ver, juzgar y actuar. Este

método implica contemplar a Dios con los ojos de la fe a través de su Palabra

revelada y el contacto vivificante de los Sacramentos,

a

de que,

fin

en

la

vida

cotidiana, veamos la realidad que nos circunda a la luz de su providencia, la

juzguemos según Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, y actuemos desde la Iglesia,

Cuerpo Místico de Cristo y Sacramento universal de salvación, en la propagación del

reino de Dios, que se siembra en esta tierra y que fructifica plenamente en el

Cielo

...

(Aparecida n. 19).

1.- La catequesis desde el Ver (análisis de la realidad)

Desde Gaudium et Spes y la doctrina en general del Concilio Vaticano II, se hizo claro

que la Misión de la Iglesia desde su Naturaleza y su Ser, sólo encuentra su realización

plena en la Evangelización, de ahí el lema tan común que versa “La Iglesia existe

para evangelizar”. Como portadora de una buena noticia para los hombres y mujeres

de “hoy” ésta tiene que estar atenta a los “signos de los tiempos”, para dar con su

voz una respuesta de esperanza que lleve a todos a un encuentro con la única ve rdad

Catequesis en clave misionera - 24

que es Jesucristo.

Así que los “gozos y esperanzas” de los hombres y mujeres de nuestro Continente

tienen que ser parte del método pastoral; dicho de otra manera antes de emprender

nuestra Misión evangelizadora como Iglesia en América Latina y El Caribe teniendo

como uno de sus medios privilegiados a la Catequesis, tenemos que preguntarnos

quiénes son nuestros Interlocutores, sus gozos y esperanzas, para que se les pueda

llevar el alegre Mensaje del Evangelio y pueda llenar sus corazones de la esperanza

cristiana que implica la transformación de sus vidas y realidades.

El seguir este camino justifica el por qué de una Conferencia Regional o de un Sínodo

más particular, y aunque el Magisterio es Universal, para toda la Iglesia, la realidad

es que los cristianos en el mundo procedemos de diferentes razas, culturas,

ambientes y es desde esa realidad como se ha de llevar

el Mensaje de Salvación; el objetivo de la V Conferencia deja ver con toda claridad

que la intención es reflexionar sobre los Discípulos Misioneros de esta parte de la

Iglesia, “para que nuestros pueblos en Él tengan vida”, por supuesto que al referirse

a “nuestros pueblos” se refiere a cada uno de los habitantes de esta parte del

Mundo.

1.1. La realidad en general

Antes de pasar a reconocer algunas de las realidades por las que atraviesa la

catequesis en nuestras Iglesias; como se ha insistido, la visión de la realidad que

presenta el documento conclusivo de Aparecida de manera general, también son esas

realidades que la catequesis ha de contemplar, para que su acción responda a esas

realidades y así sea plenamente inculturada, haciendo que el encuentro con

Jesucristo responda a sus anhelos de esperanza y de vida.

Esta visión de la realidad de los discípulos misioneros de América Latina y El Caribe lo

hace Aparecida haciendo un reconocimiento de los aspectos positivos, ya que

analizar la realidad no consiste en presentar un panorama negativo como si todo

estuviera mal, sería una visión pesimista a la cual estamos expuestos, por eso se hace

necesario en un primer momento revalorar lo que de positivo se ha logrado, el punto

de partida positivo exige partir de lo que tenemos. Esto será prácticamente lo que

nos presenta el primer capítulo de la primera parte.

A partir del Capítulo II, sí se comienza haciendo un análisis de la realidad en donde

se van a destacar los grandes cambios de “época” que no sólo nos afectan a noso tros

sino que tienen una dimensión más universal, a través de lo que hoy es común

denominar como el fenómeno de la “globalización”, la cual hace percibir en los

hombres y mujeres de nuestro tiempo un sentimiento de dispersión, llevando a que

las personas no lleguen a descubrir el sentido más profundo de la vida (cfr. n. 37).

Después el documento se refiere a la realidad socio-cultural, valorando su gran

riqueza, sin embargo esta riqueza no ha sido suficientemente aprovechada y esto ha

llevado a una diversidad que nos ha hecho incapaces de presentar una síntesis y pro-

yecto común (cfr. n. 43), esto en detrimento del sentido comunitario, la lucha por

conservar nuestra identidad nos ha llevado a ser demasiado individualistas. Esto se

refleja también en la situación económica, reflejándose en el hecho tan común en

muchos de nuestros pueblos, en donde prevalecen grandes injusticias y acumulación

de la riqueza de unos cuantos y manteniendo por la explotación grandes círculos de

pobreza, la cual hoy también tiene diferentes grados (cfr. nn. 60-73).

Catequesis en clave misionera - 25

Se pasa después al análisis de la situación socio-política, reconociendo los grandes

avances en el campo democrático, pero no dejando de señalar los excesos que llevan

a violar las garantías individuales y derechos humanos, entre los excesos se

encuentran la corrupción, la violencia y el narconegocio (nn. 74-81).

Una preocupación de la realidad de nuestro Continente y que ya destacaba Santo

Domingo es el asunto de la ecología, aquí Aparecida le dedica un momento a la situa-

ción ecológica, valorando en primer lugar la gran riqueza que tenemos en

biodiversidad y

el compromiso que tenemos de conservarla para bien de nuestro planeta; sin

embargo la realidad nos demuestra el gran deterioro y depredación, lamentándose

de manera particular el gran riesgo que corre la zona de la Amazonia y el cambio

climático (cfr. nn. 84-87) que por supuesto nos cuestiona en nuestro actuar con la

obra creadora de Dios.

Esta mirada de la realidad de nuestro continente termina presentando algunas

consideraciones sobre los indígenas y afroamericanos, mencionando la inmigración

europea del s. XVI y XIX, lo cual conlleva al necesario diálogo intercultural, interreli-

gioso y ecuménico (cfr. n. 95).

Como conclusión del capítulo se destaca la situación de nuestra Iglesia en este

cambio de época, destacando también algunos signos positivos de cambio y

renovación en donde se menciona a la catequesis (cfr. n. 99a.). Pero también se

enlista una serie de sombras, particularmente subrayando que el crecimiento de

fieles y de ministros no es proporcional al aumento de la población (cfr. n. 100). Y a

manera de examen de conciencia la Iglesia de América latina reconoce sus errores

señalando aspectos muy concretos: como la falta de autocrítica, los moralismos, la

débil opción por los pobres, la discriminación de las mujeres, el escaso acompaña-

miento a los laicos en su compromiso social, una espiritualidad individualista, escasa

presencia en el mundo universitario, falta de espíritu misionero y de comunión de

bienes, falta de austeridad y poca valentía para proseguir la renovación propuesta

por el Concilio Vaticano II.

Esta descripción lleva a la reflexión de la particular preocupación que hay por los

diferentes cambios culturales que dificultan la transmisión de la fe por parte de la

familia y la sociedad, esta dificultad se ve reflejada en el gran número de fieles que

abandonan la Iglesia. Por supuesto que esta realidad ha de ser tomada en serio por

parte de los catequistas y animadores de la catequesis, ya que como misión, la

catequesis es un medio para transmitir la fe.

1.2. La realidad de la catequesis en específico

La realidad de muchos cristianos de nuestra sociedad en América Latina y El Caribe,

es que no han tenido la oportunidad de contar con una catequesis que los ayude a

adquirir una identidad más personal y fundamentada (cfr. n. 297),

La realidad de la catequesis en muchas de nuestras Iglesias en nuestro Continente

nos indica, la práctica ordinaria de una catequesis que podemos llamar “Ocasional”,

es decir una acción de un momento, de un tiempo, tan común la catequesis previa a

los sacramentos de iniciación cristiana, especialmente para la Primera Eucaristía

(cfr. n. 298).

Otra práctica ordinaria de la catequesis, es no sólo el hecho de ser presacramental

Catequesis en clave misionera - 26

sino que es común descubrir una catequesis puramente doctrinal, centrada en este

aspecto, sin mirar a los otros aspectos de la fe cristiana y por lo tanto, falta una ver-

dadera y dedicada formación integral de la fe de la mayoría de los cristianos, lo

único que tienen medio presente es lo que se les ofreció en el curso para la Primera

Comunión o Confirmación y en otros casos para el Matrimonio (cfr. n. 299).

La falta de una catequesis que entronice a la vida de la comunidad lleva a una

realidad que se repite constantemente, la falta de perseverancia reflejada en algo

que resalta como necesario el Papa Benedicto XVI, la participación en la Eucaristía

dominical, el número de fieles en la generalidad de nuestros templos es baja,

comparada con el número de bautizados. Por otro lado hay que tomar en cuenta que

la dimensión comunitaria de la Eucaristía no se reduce al “ir o no a Misa” sino que

también mira a una inserción activa en la vida de la comunidad eclesial (cfr. n. 286).

Así que la falta de participación en la celebración dominical es un signo de muchas

otras carencias de la vida cristiana y de la catequesis.

La fragmentación de los sacramentos de la Iniciación Cristiana ha llevado a una frag-

mentación del proceso de la “Iniciación Cristiana”, ligado a un itinerario que

comienza con el anuncio kerigmático, no como cosa aparte sino incluyente a la

misma Iniciación Cristiana, la cual no termina con la celebración de los Sacramentos

sino que continua su formación permanente a través de la llamada Catequesis

Permanente (cfr. n. 287).

 

En los procesos catequéticos no se ha sabido aprovechar el potencial que puede tener

 

para ésta, la religiosidad o piedad popular (cfr. n. 300), de hecho tan no se ha

evangelizado suficientemente ese aspecto de la vida de muchos de

los habitantes de

estas tierras, que

son comunes las prácticas sincretistas de la fe, acompañadas por el

aspecto de la superstición, de magia, animismo, fetichismo,

perdiéndose el

verdadero sentido de la fe.

Reflexión personal y comunitaria:

   
  • 1 Será oportuno hacer una reflexión personal y grupal, preguntándose qué tanto los

hechos hasta aquí expuestos, tanto los generales, como los específicos de la

catequesis están presentes en nuestra comunidad, parroquia, diócesis, país ...

  • 2 Seguramente en

tú experiencia podrás o podrán completar la lista con otros hechos

tanto positivos como negativos que aquí no han sido expuestos.

  • 3 Y preguntarnos qué retos implica para nuestro ser discípulos misioneros de

Jesucristo, sobre todo desde el ministerio de la catequesis.

     

2.- La Catequesis desde el Juzgar (desde Jesucristo)

La segunda parte del Documento conclusivo de Aparecida nos lleva a mirar a los

discípulos misioneros de Jesucristo a partir precisamente de esta concienciación; es

el momento de iluminar nuestra identidad desde la mirada del mismo Cristo que nos

invita a seguirlo y a estar con Él para ser sus portadores ante un Continente

necesitado de una Buena Noticia.

Esta parte es la más extensa del documento, abarca cuatro capítulos del 3 al 6, el

primero de estos nos presenta de manera positiva una iluminación sobre las

diferentes realidades contempladas en la primera parte, que le llama “buenas

noticias”, son una especie de iluminación teológica y espiritualidad, éstas son: la

dignidad humana, la vida, la familia, la de la actividad humana, la del destino

universal de los bienes y la de la riqueza de la Iglesia latinoamericana.

Catequesis en clave misionera - 27

A continuación se pasa a los siguientes tres capítulos que se dedican a hablar de los

discípulos misioneros como los instrumentos que el Señor llama para iluminar la

realidad de nuestro Continente.

El cap. IV subraya de manera particular nuestra vocación de discípulos que parte

desde nuestro bautismo y cómo esta vocación encuentra su momento iluminador en

el “Encuentro con Jesucristo vivo” y somos, precisamente estos discípulos los que

estamos llamados a responder a la realidad de nuestro Continente entrado en un

estado de misión permanente, el llamado exige la vivencia de una experiencia de

conversión pastoral que nos lleve a renovarnos como agentes pastorales.

A lo largo del capítulo se recuerda que los discípulos misioneros están llamados a la

santidad, lo cual implica dar nuestro sí para iniciar el camino de seguimiento dejando

que el Espíritu Santo nos vaya identificando con Jesús camino, verdad y vida (cfr. nn.

136-137).

Esta reflexión ya desde el Documento de Participación para la V Conferencia, en

muchas Iglesias los catequistas asumieron el binomio discípulo misionero como parte

de su propia identidad. El catequista como discípulo misionero de Jesucristo sabe que

estos dos momentos son inseparables en todo momento y etapa de la vida cristiana

de la que no ha de ser ajeno, tanto por su propia experiencia personal de vida en su

propia comunidad de fe, como en la acción de iniciar a otros en el camino de la fe.

Ya que parafraseando al documento, la catequesis no es un programa, sino la

comunicación de una experiencia (n. 145), ser discípulo y misionero dice el Papa son

como las dos caras de una misma medalla.

No hay que olvidar y lo recuerda este capítulo al final, que para vivir la doble

dimensión de nuestra identidad cristiana necesitamos dejarnos guiar y conducir por

el Espíritu Santo fuente de vida y de gracia, el cual se hace presente de manera

particular en los sacramentos de la iniciación cristiana.

El capítulo V enfatiza el papel de la comunidad y de la vida comunitaria, no se puede

ser discípulo misionero sin el sentido de pertenencia a una comunidad, ya que Jesús

al llamarnos no lo hace para hacerlo de manera individual y aislada sino en

comunión.

Al respecto el Directorio general para la Catequesis subraya como dos tareas también

principales de la Catequesis, la edu cación para la vida comunitaria y la acción

misionera (cfr. n. 86), que aquí quedan muy claras en su unidad. Es más el

documento indica que no hay discipulado sin comunión y la pertenencia a una

comunidad concreta es una “dimensión constitutiva” de la vida cristiana (cfr. n.

156), la cual implica un compromiso de discípulo misionero en la Iglesia y para la

misión de la Iglesia, esta experiencia se ha de vivir en la diócesis, la parroquia, en las

comunidades eclesiales de base, en la comunión entre las Iglesias particulares dentro

de las Conferencias Episcopales, incluyendo de esta manera la unión de todas las

diócesis del mundo con el Papa (cfr. nn. 164-183).

Después de hablar de los espacios comunitarios se destaca la “igual dignidad” de

todos los discípulos misioneros, destacando las distintas vocaciones y cómo cada una

tiene su forma propia y específica de vivir la santidad bautismal, tanto los obispos,

presbíteros en donde se destaca el papel de los párrocos; se mencionan las tareas de

los diáconos permanentes y por supuesto el de los laicos y laicas, los cuales indica el

documento, también están llamados a participar en la acción pastoral de la Iglesia

para lo cual necesitan de una sólida formación y un adecuado acompañamiento (cfr.

n. 211 y 212). También se mencionan las diferentes formas de vida consagrada, a los

Catequesis en clave misionera - 28

que han dejado la fe católica, la exigencia del diálogo ecuménico, finalmente se

valoran los lazos que nos unen al pueblo judío (cfr. nn. 216-239).

Así se pasa al capítulo VI que consideramos medular en este camino de los discípulos

misioneros, es aquí donde la catequesis y los catequistas han de encontrar una mayor

ubicación; el objetivo de este capítulo es el de ofrecer las líneas para la formación

de los discípulos misioneros, el punto de partida tiene que ser la espiritualidad para

dar paso al itinerario formativo.

Se pasa a explicar en qué consiste este proceso formativo, el cual requiere una

decidida y clara opción por la formación al estilo de Jesús (cfr. 276-277). El proceso

formativo presenta cinco ejes los cuales se implican mutuamente, de tal forma que

cada uno se presenta y manifiesta en cada uno a su vez, este “itinerario” aunque es

general para todos los discípulos misioneros, el sabor que tiene el proceso es

totalmente catequético, de inspiración catecumenal, por lo cual ha de ser asumido

por todo ministro de la catequesis. Las etapas son las siguientes: El encuentro con

Jesucristo; la Conversión; el Discipulado; la Comunión y la Misión. No se puede negar

que este proceso tiene que reflejarse a través de la acción catequística.

2.1- La Catequesis en el contexto de la Iniciación Cristiana (cfr. nn. 286-

300)

Después de dar los criterios generales del proceso formativo de los discípulos

misioneros, se pasa al punto central que toca de lleno a la catequesis y es lo que

titula como “Iniciación a la vida cristiana y catequesis permanente”. Sin temor a

exagerar este punto se convierte en el eje de todo el documento, en cuanto que

ubica a la Iniciación Cristiana en toda su amplitud como el camino que ha de recorrer

todo discípulo misionero, tanto si éste es visto como agente o como interlocutor del

acto catequético.

El tema no es del todo nuevo, la novedad está en la forma en que el Documento de

Aparecida lo expresa, lo cual es un indicativo de cómo se ha ido asimilando en cada

lugar y contexto, como ahora lo hace América Latina.

Podríamos decir que el tema de la Iniciación se recupera nuevamente en la Iglesia

como el camino común para todo discípulo misionero con la restauración del

catecumenado en el Concilio Vaticano II y luego, como éste se fue enriqueciendo con

diversas aportaciones, como son la definición del proceso pastoral evangelizador, la

aparición del ritual de Iniciación Cristiana de Adultos (RICA), los documentos

Evangelii Nuntiandi y Catechesi Tradendae, Redemptoris Missio y más reciente la

aparición del Directorio General para la Catequesis (1997) y recogido por el DECAT-

CELAM en La Catequesis en América Latina. Orientaciones comunes a la luz del

Directorio General para la Catequesis (1999).

El Directorio General de la Catequesis para explicar qué debemos entender por Cate-

quesis, lo hace encuadrando este ministerio en el marco de la Misión evangelizadora

de la Iglesia. Reconociendo que esta acción se origina en el mandato Misionero de

Cristo de “Vayan por todo el mundo

...

(Mt 28, 16-20). De ahí que ésta se define

como una acción al servicio de la Evangelización, portadora de la Palabra de Dios. Al

mismo tiempo la Catequesis tiene que guardar una estrecha y permanente relación

con las otras acciones evangelizadoras y con todo el Proceso Evangelizados en

concreto señalando su relación con el Primer anuncio, la Iniciación Cristiana su

campo propio y la Formación Permanente de la fe, añadiendo la relación que guarda

Catequesis en clave misionera - 29

con la Enseñanza Religiosa Escolar.

Esta relación que guarda con las diferentes etapas y momentos de la evangelización

queda expresada muy bien por Juan Pablo II, al decir en Catechesi Tradendae en el

n. 18,

La catequesis es uno de esos momentos -y cuán señalado- en el proceso total de la

evangelización. Esto quiere decir que hay acciones que preparan a la catequesis y

acciones que emanan de ella (cfr. DGC n. 63).

Con esto se va indicando que el momento propio de la catequesis como tal, es su

servicio que presta a la Iniciación Cristiana, en cuanto que le corresponde estructurar

la conversión en Jesucristo, dando una fundamentación a la adhesión inicial. Este es

un periodo de enseñanza y aprendizaje suficientemente prolongado de toda la vida

cristiana. De ahí, la catequesis es entendida como el eslabón entre la acción

misionera, que llama a la fe, y la acción pastoral, que alimenta constantemente a la

comunidad (Ib; nn. 63 y 64).

La catequesis propiamente dicha ha de ser entendida como: una formación orgánica

y sistemática de la fe; esta formación es más que una enseñanza: es un aprendizaje

de toda la vida cristiana, a través de una iniciación cristiana integral, que propicie un

auténtico seguimiento de Cristo, centrado en su persona;

La catequesis es una formación básica, esencial, centrada en lo nuclear de la

experiencia cristiana, en las certezas más básicas de la fe y en los valores evangé-

licos más fundamentales. La catequesis pone los cimientos del edificio espiritual del

cristiano, alimenta las raíces de su vida de fe, capacitándole para recibir el posterior

alimento sólido en la vida ordinaria de la comunidad cristiana (Ib. n. 67).

Esta visión nos sirve como marco para comprender la visión que nos ofrece Aparecida

sobre la catequesis, la cual aquí es entendida como Iniciación Cristina: en ella insiste

en el papel de la familia; pero es consciente de que ésta no se ha hecho

adecuadamente; de tal forma que se necesita buscar nuevas formas que ayude a

valorar la vida cristiana de los bautizados alejados de la fe, precisamente por la

carencia de una adecuada Iniciación Cristiana.

La centralidad de la Iniciación Cristiana como se ha indicado arriba está en el hecho

de poner realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento; la

búsqueda por encontrar fórmulas nuevas responde también al llamado ya señalado de

una Nueva Evangelización que implica distinguir entre el catecumenado bautismal

para los no bautizados, así como catecumenado postbautismal para los bautizados no

suficientemente catequizados.

El documento insiste en que esta iniciación cristiana debe incluir el kerigma o primer

anuncio de la fe, ya que es la manera práctica de poner en contacto con Jesucristo e

iniciar en el discipulado. Este énfasis que da el documento nos refleja claramente

cómo la Iniciación Cristiana tiene que estar en sintonía con todo el proceso

evangelizador que tiene su origen en la también llamada acción misionera, pero que

no termina nunca, ya que continúa en la catequesis permanente.

3. La Catequesis desde el Actuar (Iglesia movida por el Espíritu)

A partir del n. 296 del Documento, al tratar en específico el tema de la Catequesis

como Permanente, después de hacer una valorización de la situación actual de la

catequesis empieza a enumerar una especie que bien podríamos llamar carencias,

Catequesis en clave misionera - 30

éstas se convierten en el programa hacia adelante, son los desafío que tenemos que

afrontar si queremos entrar en el ambiente de Misión permanente que Aparecida nos

lanza.

La lista de tareas para ser consideradas en esta nueva perspectiva de la Iglesia en

América Latina son:

  • a) La formación teológica y pedagógica de los catequistas; el tema de la formación de los discípulos misioneros aparece con mucha claridad en el Documento de Aparecida al hablar de la formación de éstos, aprovechando sus potencialidades, ésta debe ser a ejemplo de Jesús, como ya se ha señalado. En los criterios generales de esta formación se señala que debe ser integral, kerygmática y permanente (cfr. n. 279ss.) la cual implica la dimensión humana comunitaria, espiritual, intelectual y pastoral-misionera. Cuando explicita la formación intelectual manifiesta que se da a través de un especial conocimiento bíblico teológico, juntamente con las ciencias humanas darán la competencia en vista a los servicios eclesiales y para la adecuada presencia en el mundo secular (cfr. n. 280c). Indica que los laicos para que cumplan su misión en la formación de comunidades y en la construcción del Reino de Dios, requieren una formación para que puedan acompañar espiritual y pastoralmente a otros (cfr. n. 282). En el campo específico Aparecida insiste en la necesidad de contar con cursos y escuelas de formación permanente para catequistas (cfr. n. 299). En el campo de la formación de catequistas el Directorio General para la Catequesis, señala tres dimensiones que han de estar presentes: el ser, el saber y saber hacer; en la segunda es donde se subraya el aspecto teológico y el tercero la capacitación pedagógica (nn. 240-241, 244). Igualmente las Orientaciones comunes dedica una parte para hablar de las carac - terísticas necesarias de la formación de catequistas, que sería muy conveniente tomar en cuenta en el actuar (cfr. nn. 195202).

  • b) Los materiales y subsidios integrados a una pastoral de conjunto; esta tarea demanda el esfuerzo de nuestras Iglesias por contar con los subsidios necesarios, los cuales para que respondan a las tareas propias de la catequesis, deben inspirarse en el Catecismo de la Iglesia Católica y en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (cfr. n. 299). Para la elaboración de estos subsidios es recomendable tomar en cuenta las orientaciones que al respecto da el DGC nn. 131-136; 284-285.

  • c) Materiales y subsidios que utilicen métodos pedagógicos actualizados; estos subsidios como bien señala Aparecida deben estar integrados a una pastoral de conjunto, además deben ser portadores de métodos pedagógicos actualizados (cfr. n. 296). En cuanto a subsidios para la acción catequética el DGC da algunas orientaciones de las características que han de tener (cfr. n. 283). Para el aspecto pedagógico tómense en cuenta sus indicaciones (cfr. nn.143-147) y en las Orientaciones comunes en los nn. 145-163.

Catequesis en clave misionera - 31

  • d) El papel de la familia en la catequesis; vista como uno de los lugares de forma- ción de los discípulos misioneros, destacando el papel que ésta tiene en la Inicia- ción Cristiana de los niños (cfr. n. 302). En cuanto a las acciones, Aparecida señala que una de las tareas, en donde por supuesto la catequesis tiene un papel de gran importancia, dice el Documento que se ha de trabajar para que la situación de la familia sea transformada y ésta asuma su ser y su misión en el ámbito de la sociedad y de la Iglesia (cfr. n. 432), para lo cual tiene que ayudarse a revalorar la vocación de ésta, que tiene su origen en el matrimonio y para esto se urge una pastoral familiar (cfr. nn. 433- 437). El DGC presenta a la familia como ámbito o medio de crecimiento en la fe (n. 255) y en Orientaciones comunes se presenta a la comunidad familiar como la primera e insustituible comunidad catequizadora (n. 190).

  • e) La falta de compromiso en la catequesis de los párrocos y demás responsables (cfr. n. 296); para que la catequesis cumpla con su vocación de ayudar a madurar la fe de los discípulos misioneros al interno de la comunidad se requiere de todo el apoyo, en primer lugar de quienes ejercen el ministerio de ser Cristo Cabeza, de manera muy concreta desde la comunidad parroquial. El Documento recuerda que el cuidado de la catequesis corresponde a los párrocos como primeros catequistas, así que no pueden dejar de manifestar un empeño firme y concreto. Al asumirse la catequesis desde la Iniciación Cristina, ésta tiene que dar la posibilidad de un aprendizaje gradual que lleve al conocimiento, amor y seguimiento de Jesús, esto ayudará a forjar la identidad cristiana; el asumir la dinámica de la Iniciación Cristiana se garantiza la renovación de una comunidad y despierta su carácter misionero, para esto se urge el cambio de actitudes pastorales de parte de los pastores (cfr. n. 291). Es por eso que la parroquia es el ámbito adecuado en donde se asegura la Ini- ciación Cristiana, teniendo como tareas irrenunciables, el atender a los adultos bautizados y no suficientemente evangelizados, a los niños que completan su Ini- ciación Cristiana, a los no bautizados que habiendo escuchado el anuncio kerygmático quieren abrazar la fe. Al referirse a estas acciones que se han de realizar desde el ámbito parroquial se urge la inspiración y el apoyo en RICA (n. 293). En cuanto a los lugares Aparecida dedica unos números en señalar su tarea en la formación de los discípulos misioneros, llamándolas, a las parroquias “células vivas de la Iglesia”, así que a través de varias iniciativas han de ser espacio en donde se viva la experiencia de pertenencia a Cristo (cfr. nn. 304-306). También como ya se había indicado el Documento habla de los párrocos, como principales animadores de una comunidad de discípulos misioneros (cfr. nn. 201-

204).

En

el

DGC,

la

parroquia aparece como uno

de

los

“Lugares

y

vías

de

la

catequesis”

como ámbito específico, nn. 257-258. También en Orientaciones

comunes se puede ver como lugar de la catequesis en el n. 188.

  • f) Es necesaria una catequesis que ayude a adquirir una identidad católica que pro- mueva una adhesión personal y comunitaria a Cristo (cfr. n. 297); en esto se encuentra la clave de la catequesis; hoy se insiste que su finalidad es precisamente poner a uno en contacto con una persona y esa es Jesucristo (cfr. DGC n. 80).

Catequesis en clave misionera - 32

Esta exigencia corresponde al mismo corazón de la Conferencia en Aparecida, en

donde el discípulo misionero se hace al experimentar este encuentro con Cristo

el cual se manifiesta en el seguimiento y en la participación de su misión (cfr.

nn. 129-153, cap. 4) de ahí que se haya insistido tanto en el presente trabajo en

que ubicar la catequesis en Aparecida se tiene que hacer mirando todo el

conjunto del documento. Pero como se ha reiterado es este el aspecto medular y

que la catequesis ha de tener muy presente.

  • g) Pasar de una catequesis ocasional a un itinerario catequético permanente (cfr. n. 298); esta ha sido una de las grandes carencias de la catequesis, la incapacidad de crear procesos, es por eso que a partir de Aparecida, la cual la identifica desde su relación con la Iniciación Cristiana, debe dar esa posibilidad de mirarla en todo el contexto del proceso evangelizador. En este contexto Aparecida insta a todas la Iglesias a pasar de esta catequesis ocasional, implementando “un itinerario catequético permanente”, es decir, procesos catequéticos orgánicos y progresivos que se extiendan por todo el arco de la vida, es decir, desde la infancia hasta la ancianidad, haciendo eco al Directorio General para la Catequesis, el cual considera a la catequesis de adultos como la forma fundamental de la educación de la fe (cfr. n. 298). En cuanto al proceso catequístico que debe ser adoptado para la Iniciación Cristiana, ha de ser la manera ordinaria e indispensable para introducir en la vida cristiana, y como catequesis básica y fundamental, pero que no se queda en ese momento ya que después tiene que continuar en la catequesis permanente que continua el proceso de maduración de la fe (cfr. n. 294) Por otro lado como ya se recordó párrafos arriba, esta Iniciación Cristiana tiene que incluir el kerygma (cfr. n. 288 y 279), el cual dicho por Aparecida ha de ser el hilo conductor de todo el proceso formativo de los discípulos misioneros “Solo desde el Kerygma se da la posibilidad de una iniciación cristiana verdadera. Por eso, la Iglesia ha de tenerlo presente en todas sus acciones” (n. 278a).

  • h) Pasar de una catequesis puramente doctrinal a una escuela de formación integral (cfr. n. 299); esta exigencia se deriva del hecho de que la catequesis por mucho tiempo se fijó solamente en este aspecto de las tareas que ha de realizar la catequesis, de acuerdo a Aparecida, ésta ha de cultivar la amistad con Cristo en la oración, el aprecio por la celebración litúrgica, la vivencia comunitaria, el compromiso apostólico mediante un permanente servicio a los demás. En este sentido ya se señalaron párrafos arriba cuáles son a partir del DGC, las distintas tareas que la catequesis ha de realizar (cfr. nn. 84-87).

  • i) Una catequesis que acompañe la fe ya presente en la religiosidad popular; esta exigencia viene como consecuencia de la gran riqueza cultural de nuestros pueblos, sin embargo expuesta a contaminarse con sincretismos que opacan su sentido cristiano. Para lograr una catequización desde esta realidad se recomienda ampliamente el aprovechar el potencial educativo que encierra la piedad popular mariana (cfr. 300). En cuanto a la catequesis y la Religiosidad popular, Orientaciones comunes ofrece un capítulo que da una iluminación que bien nos podría ayudar a dar respuesta a este desafío (nn. 111-130).

El documento con sus demás aportaciones, como catequistas nos hace valorar otros

Catequesis en clave misionera - 33

aspectos a considerar como son los lugares en donde se han de formar los discípulos

misioneros, aparte de la familia, la parroquia, de hecho la hemos de contemplar

como el lugar privilegiado de la catequesis en todas sus dimensiones; también se

destaca el papel de las pequeñas comunidades de base, los movimientos eclesiales y

nuevas comunidades; pero también los seminarios y casas de formación, esto nos

hace destacar la importancia de la formación tanto de los futuros sacerdotes como

de los religiosos y religiosas en el campo catequético; también ocupan un lugar la

escuela católica y las universidades y otros centros superiores católicos.

Como bien sabemos el Documento continúa hacia el actuar que consiste

fundamentalmente en el llamado a despertar a un nuevo impulso misionero a través

de la Misión permanente y sobre todo el llamado a la Misión Continental, estos temas

ya no los tomamos aquí, ya que por la temática propia consideramos que se está

cumpliendo con el objetivo que es animar hacia la acción desde la catequesis a la luz

de Aparecida.

Reflexión personal y comunitaria:

De las propuestas aquí presentadas y que llevan a la acción de una catequesis

renovada, a la luz de Aparecida:

  • 1 Cuáles consideras/an que faltan y están presentes en tu/su comunidad, parroquia,

diócesis, país.

  • 2 Cuáles sugerís/en como prioritarias que pueden ser aplicadas a tu/su realidad.

  • 3 Proponé/propongan algunos "cómos", señalando que acción, para que sea una

realidad en tu ambiente.

Conclusión

Como en cualquier estudio, cuando uno se pone a reflexionar surgen muchas ideas;

sin embargo el espacio siempre nos queda pequeño, pero siempre queda al lector y a

uno mismo continuar estudiando y reflexio nando para sacar y aprovechar desde el

campo de la catequesis, las grandes luces que podemos recibir del Documento

conclusivo de la V Conferencia, en vistas a seguir con el proceso de Renovación de la

Catequesis que responda a los nuevos desafíos y retos que nos presenta la realidad

latinoamericana.

Pbro. Eduardo Mercado Guzmán

Director de la Comisión de Catequesis

de la Arquidiócesis Primada de México.

Catequesis en clave misionera - 34

4
4

Catequesis en clave misionera

SENAC

Relación entre Primer Anuncio, Iniciación Cristiana y Catequesis Permanente

Introducción

En la reunión de los Obispos miembros de la Comisión de Catequesis y Pastoral Bíblica

del 9 de agosto de 2010, se creó el Iº Seminario Nacional de Catequesis (SENAC) con

la finalidad de generar aportes al pensamiento del III Congreso Catequístico Nacional,

para contribuir de este modo a la renovación y fortalecimiento de la Catequesis en la

Argentina.

Quedó bien claro en aquella reunión del 9 de agosto que el Seminario y el Congreso,

distintos por su naturaleza, finalidad y metodología, están profundamente unidos por

la autoridad episcopal de la cual emanan y por el ministerio eclesial al cual sirven: la

Catequesis en nuestro país.

El SENAC se realizó del 19 al 21 de septiembre de 2011 en la localidad cordobesa de

San Antonio de Arredondo con la participación de más de 150 catequistas laicos,

obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, laicos consagrados de todo el

país y más de 40 participantes a través de la modalidad de seminario virtual, todos

convocados por el tema de “La Catequesis en clave misionera. Relación entre Primer

Anuncio, Iniciación Cristiana y Catequesis Permanente”.

Presentamos, a continuación, el trabajo realizado colaborativamente con los

participantes del Seminario. Elaborar un aporte en común es una tarea ardua y nada

sencilla, pero a la vez, entusiasta y posible. Es un trabajo colaborativo donde el

pensamiento se gesta con el insustituible aporte de cada uno de los participantes.

Combina, por un lado, una sana valoración de las personas y del espacio, como

ocasión para enseñar aprendiendo y para aprender enseñando y, por otro lado, la

justa exigencia de dar lo mejor de cada uno.

Cuando los procesos se gestan y se desarrollan así, en la originalidad y en la

singularidad de cada uno, no se hallan fácilmente todas las respuestas, puesto que

hay que concebirlas, explicitarlas, confrontarlas, volver a reflexionarlas… Es como

buscar la luz del acierto en la oscuridad de las preguntas. Pero, después, esa luz es

tan fuerte, tan propia y tan contundente que confirma y garantiza la autenticidad y

la validez del hallazgo.

Para alcanzar esta finalidad nos propusimos:

Profundizar en las diversas concepciones de cada uno de los términos, cuya

relación se estudia en la temática elegida. (Primer Anuncio, Iniciación Cristiana y

Catequesis Permanente).

Catequesis en clave misionera - 35

Estudiar la naturaleza de esa relación, en función de un dinamismo vital y

creciente de la fe.

Investigar el proceso de la nueva evangelización propuesto para América

Latina, a través del Magisterio.

Relacionar ese proceso con las opciones realizadas en la historia de la

Catequesis en nuestro país.

Preguntarnos acerca de la conversión que ha de experimentar hoy la

Catequesis para favorecer auténticos itinerarios de fe.

Indagar en el concepto de itinerarios como lugares singulares de encuentro

teológico con Dios.

Buscar y explicitar los rasgos de una Catequesis en clave misionera.

Aproximarnos a una enunciación de las actitudes de un catequista llamado a

acompañar el dinamismo vital y creciente de la fe, en la relación entre Primer

Anuncio, Iniciación Cristiana y Catequesis Permanente.

El presente documento recoge el trabajo realizado durante el Seminario por sus

participantes y se esquematiza en 4 capítulos:

Capítulo 1: Contemplar la realidad de la catequesis en la actualidad de nuestro país.

Capítulo 2: Discernir según la voz de la realidad, de la historia de la catequesis, de

la experiencia creyente del pueblo de Dios, de la palabra y el magisterio.

Capítulo 3: Proponer nuevos horizontes, nuevos caminos de la catequesis desde lo

contemplado y discernido de la realidad actual.

Capítulo 4: Imaginar escenarios futuros deseados y posibles desde las personas que

aman la catequesis.

Sin pretender abarcar toda la realidad y dar respuestas a todos los interrogantes, los

siguientes capítulos pretenden ayudar a seguir desarrollando un pensamiento

contemplativo, discernido, propuesto e imaginativo de la Catequesis en nuestro país,

abriéndonos a nuevos horizontes.

Capítulo 1: Contemplar

“¿Él les dijo: ‘¿Qué comentaban por el camino?’ Ellos se detuvieron, con el semblante

triste” (Lc. 24, 17)

1. “Creemos que la Palabra de Dios es eficaz por sí misma. Por eso la anunciamos con

optimismo y alegría. Es una Palabra de comprensión, de esperanza y de misericordia.

Cuanto más manifestemos la alegría de la fe, más dispuestos estarán los hombres a

creer en el gran amor que Dios les tiene. Con esta mentalidad queremos salir al

encuentro de todos los hombres, los que están lejos y los que están cerca. Desde el

amor misericordioso de Dios Padre queremos asumir la cultura propia de nuestro

Pueblo Argentino.” 1

El actual cambio de época

  • 2. El actual cambio de época conlleva transformaciones en los modos de vivir, de

pensar y de relacionarse. La fe no es ajena a estos cambios. Antes de contemplar el

Catequesis en clave misionera - 36

panorama catequístico actual, nos detenemos en algunas cuestiones acerca de la

religiosidad, creencias y prácticas de nuestro pueblo. Resulta interesante observar la

diversidad como dato que, a veces, se refiere a la localización geográfica y, otras

veces, a cuestiones más complejas como la historia personal, las relaciones

familiares y el entorno cultural.

  • 3. “En las comunidades cristianas existen, como dimensión vital de la realidad

católica, expresiones particulares de búsqueda de Dios y de vida religiosa, cargadas

de fervor y de pureza de intenciones a veces conmovedoras, que bien cabe llamar

piedad popular. Esta piedad popular refleja una sed de Dios que, a veces, sólo los

pobres y sencillos pueden conocer. Hace de generosidad y sacrificio hasta el

heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe.

  • 4. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la paternidad, la

providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores que

raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa

religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación

de los demás, devoción. Es una realidad rica y, a la vez, muy expuesta a

deformaciones, en la que la fe, que es su fundamento, necesita purificación y

robustecimiento.

  • 5. Se requiere, pues, una Catequesis que, asumiendo tal riqueza religiosa, sea

capaz de percibir sus dimensiones interiores y sus valores innegables, ayudándola a

superar los riesgos de fanatismo, de superstición, de sincretismo y de ignorancia

religiosa. Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser, cada vez más, para

nuestro pueblo, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo.”2

  • 6. Para profundizar nuestra mirada sobre la religiosidad, prácticas y creencias,

recurrimos a una encuesta realizada, durante 2008 3 . Esta investigación revela, entre

otras cuestiones, la condición creyente de la sociedad argentina 4 . Los datos destacan

el pluralismo y la diversidad presente en el campo religioso, junto con la continuidad

de una cultura cristiana 5 . Todo esto nos lleva a afirmar que nos hallamos, al parecer,

frente a complejos procesos de desinstitucionalización religiosa, de individuación y

recomposición de las creencias.

  • 7. Informa la encuesta que el porcentaje de quienes dicen relacionarse con Dios

por su propia cuenta, en las todas las regiones, supera la mitad de la población y en

la región Centro alcanza aproximadamente los 70 puntos porcentuales. Según el

estudio que hemos consultado, “soy religioso a mi manera” y “me relaciono con Dios

sin intermediarios” parecen ser dos frases que resumen las formas de vivir la religión

en buena parte de la sociedad argentina contemporánea. A pesar del proceso de

desinstitucionalización religiosa y de individuación, en nuestro país, prevalece una

cultura cristiana de largo espesor histórico que se expresa en las principales

creencias de los argentinos 6 .

La Catequesis en foco

  • 8. Luego de estas primeras constataciones derivadas del “contemplar” en el

ámbito local, pasamos a observar algunas luces y sombras en un contexto

latinoamericano. “La Iglesia Católica en América Latina y El Caribe, a pesar de las

deficiencias y ambigüedades de algunos de sus miembros, ha dado testimonio de

Cristo, anunciado su Evangelio y brindado su servicio de caridad particularmente a

los más pobres…” 7

Catequesis en clave misionera - 37

9. “Debido a la animación bíblica de la pastoral, aumenta el conocimiento de la

Palabra de Dios y el amor por ella. Gracias a la asimilación del Magisterio de la Iglesia

y a una mejor formación de generosos catequistas, la renovación de la Catequesis ha

producido fecundos resultados en todo el Continente, llegando incluso a países de

Norteamérica, Europa y Asia, donde muchos latinoamericanos y caribeños han

emigrado.” 8

  • 10. También se han observado luces en la Catequesis argentina. Se marcó la

prioridad del adulto, otras convicciones resonaron con fuerza en la voz de los

catequistas y pasaron a formar parte del documento del II Congreso Catequístico

Nacional (Juntos para una Evangelización Permanente): la nueva evangelización, la

comunidad eclesial, la pastoral orgánica, el itinerario catequístico permanente y la

catequesis familiar que, “tiene un potencial evangelizador muy grande, frente a las

nuevas situaciones y cuestionamientos desafiantes; ayuda a tomar conciencia de que

Dios está presente y actúa en el seno de las familias; renueva la vida de nuestras

comunidades y de los núcleos familiares que participan, en un contexto de Iniciación

Cristiana y de estilo catecumenal.” 9

  • 11. Pese a los logros mencionados, nos preocupa observar que la adhesión al

mensaje de la fe es decreciente y nos hacemos eco de la descripción que hacen

nuestros Pastores en Aparecida: “En la evangelización, en la Catequesis y, en

general, en la pastoral, persisten lenguajes poco significativos para la cultura actual,

y en particular, para los jóvenes. Muchas veces, los lenguajes utilizados parecieran

no tener en cuenta la mutación de los códigos existencialmente relevantes en las

sociedades influenciadas por la postmodernidad y marcadas por un amplio pluralismo

social y cultural.” 10

  • 12. En nuestro país hay experiencias de Iniciación Cristiana con estilo

catecumenal, a través de distintas modalidades, como hemos podido observar en las

presentaciones realizadas en los últimos encuentros nacionales de Catequesis con

adultos (ENCA); vitales seminarios de formación y escuelas de Catequesis; todos ellos

verdaderos caminos abiertos que podemos comprender como Catequesis de

búsqueda.

  • 13. Contemplar las luces y sombras de la Catequesis nos ayuda a focalizar en las

propuestas catequísticas existentes en nuestro país. La más extendida tiene un

fuerte matiz escolarizante y pone por finalidad principal la preparación para los

sacramentos, atendiendo sobre todo a las dimensiones cognoscitiva y normativa de la

fe. Sigue el ritmo del año escolar, con tiempos de trabajo y de pausa, de inicio y de

finalización muy similares a los que se establecen en la escuela. Uno de sus rasgos

más visibles es la uniformidad: todos reciben los sacramentos en las fechas

establecidas y, salvo algunas excepciones, no se acompañan los procesos personales y

diversos.

  • 14. Frente a esto,

se

va tomando paulatina conciencia de la importancia del

proceso de Iniciación Cristiana. En la propuesta anterior lo importante era que la

persona tuviera unos determinados conocimientos y cumpliera unas determinadas

normas que lo hicieran apto para recibir los sacramentos… No se velaba,

prioritariamente, por su Iniciación Cristiana. Podríamos referirnos al resultado

mayoritariamente alcanzado en esta situación denominándolo “la paradoja de la

Iniciación Cristiana”. Efectivamente, la recepción de los sacramentos de Iniciación

marcan paradójicamente, en la gran mayoría de los casos, la conclusión o el cierre y

no la iniciación de una vida nueva en Cristo.

Catequesis en clave misionera - 38

15.

También se va asumiendo muy lentamente que, en este largo cambio de

época, tiempo de post - cristiandad, no podemos recibir a nuestros catecúmenos en

los procesos de Iniciación suponiendo una fe que, tal vez, no tienen. Si bien dejamos

en claro que no podemos identificar Iniciación Cristiana con Catequesis, tenemos que

afirmar que sería imposible desarrollar un itinerario de IC de espaldas al proceso

catequístico. El proceso de la Iniciación Cristiana es una realidad sumamente

compleja, puesto que comprende el testimonio de vida, los sacramentos, la práctica

de la vida cristiana, la inserción en la comunidad… La Catequesis es una pieza clave

en la Iniciación Cristiana y la Iniciación Cristiana, a su vez, es una de las tareas de la

Catequesis. Existen formas de Catequesis que no pertenecen a la Iniciación Cristiana

(como son diversas modalidades de Catequesis con adultos, actividades formativas,

Catequesis en celebraciones de la Palabra…)

  • 16. Desde hace más de veinte años, en nuestro país hablamos de itinerarios

catequísticos. A la hora de diseñarlos lo hacíamos al modo de los tradicionales

programas. La centralidad que hoy se pone no tanto en el contenido doctrinal, sino

en el encuentro con la Persona de Cristo, nos hace vislumbrar una paulatina

importancia dada a estos procesos y a su utilización en la Catequesis.

  • 17. Desde la Pastoral Juvenil Nacional se ha propuesto un camino de formación a

partir de un método cuyo núcleo esencial es la experiencia. Se va extendiendo en los

grupos o movimientos juveniles en todas las comunidades donde los hay. (Catequesis

experiencial) 11 Otros catecumenados de iniciación o reiniciación cristiana,

especialmente dedicados a jóvenes y a adultos, parten no sólo de la experiencia, sino

de la centralidad en de la Palabra de Dios que ilumina y orienta la vida. En algunos

movimientos y parroquias, en los que se lleva adelante estos procesos, se observan

frutos de conversión personal y de permanencia de los catecúmenos en la comunidad

cristiana.

  • 18. “Nos sentimos convocados a pensar una Catequesis capaz de ayudar a

construir la identidad cristiana en un mundo plural. Para ello, la concebimos no como

mera construcción de conocimientos, sino como…

• un modelo de diálogo y búsqueda;

• inspirado en la pedagogía de iniciación;

• capaz de educar, formar o iniciar en la experiencia religiosa;

• en una comunidad testimonial;

• facilitando un sistema coherente y significativo de mediaciones.

  • 19. Las fronteras entre la Iglesia y los no creyentes son cada vez más móviles y

este hecho exige claridad, pero también disponibilidad para el diálogo y los procesos

no lineales de búsqueda e integración. El proceso de la Catequesis es siempre un

proceso de acogida y de aceptación de las diversas identidades culturales y sociales,

y también del sentir y vivir diversamente la búsqueda del sentido de la fe.” 12

  • 20. Estas reflexiones nos hacen volver la mirada sobre el contenido del anuncio.

“Transmitiendo con claridad y vigor la relación entre la fe en Dios y el

reconocimiento de la dignidad del hombre, que nos propone el Concilio y nos

testimonia la obra de los primeros misioneros, se podrá impulsar una acción

evangelizadora coherente… Esta relación no debe ser simplemente proclamada como

una verdad más. Debe impregnar toda la Catequesis…” 13 ”El Reino de Dios está

presente de alguna manera también en los interrogantes y aspiraciones

profundamente humanas, en el esfuerzo por reconocer la dignidad de todo el hombre

y en el afán por construir un mundo más justo y más fraterno.” 14

Catequesis en clave misionera - 39

Capítulo 2: Discernir

“¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba

las Escrituras?”.(Lc. 24, 32)

21. El discernimiento comunitario y pastoral tiene que ver más con la búsqueda de

aquello que agrada a Dios que con una opinión mayoritaria. Por eso, lo que cada

hermano ve y propone no es una opinión más, sino una propuesta desde la

experiencia de Dios y desde las urgencias del Reino. El Espíritu Santo es capaz de unir

las mentes y los corazones en una respuesta común.

  • 22. Contemplando la realidad,

la historia

de

la

Catequesis, la experiencia

creyente del Pueblo de Dios, a la luz de la Palabra y del Magisterio, intentamos

aproximarnos a una experiencia de discernimiento que nos llevó a considerar las

siguientes implicancias pastorales pensando en una Catequesis Misionera, en la

Iniciación Cristiana y en la

Catequesis Permanente.

La Catequesis es misionera

  • 23. Ante una primera mirada podríamos rechazar la relación entre los términos de

este binomio “Primer Anuncio - Catequesis Permanente.” Desde una lógica

secuencial, el Primer Anuncio iría al comienzo… Sin embargo, “nos planteamos, la

redefinición de caminos posibles para los que llegan a un proceso catequístico sin fe

o con una fe pequeña, olvidada, casi ‘adormecida’. La pluralidad y la diversidad de

ofertas de todo tipo, ponen a la persona en situación de reconfirmar y de validar sus

opciones cristianas. Por eso, hoy es preciso hablar de un Primer Anuncio, siempre

necesario e impostergable en el inicio de un proceso catequístico y de una Catequesis

siempre misionera, que sale a buscarnos en las distintas etapas de nuestra vida, en

las diversas ‘edades de nuestra fe’ y en nuestros distintos lugares de encuentro

teológico con Dios.

24. Una ‘Catequesis misionera’ es una Catequesis de la propuesta que busca, atrae y

propone siempre. No se trata de un discurso doctrinario estampado desde afuera y

por la fuerza de la repetición, sino de un camino de experiencias siempre nuevas,

que marcan profundamente la vida de las personas. Una Catequesis que se

resignifica, muchas veces en Primer Anuncio, para que éste se diferencie y, a la vez,

se integre en todo el proceso catequístico, otorgándole una fuerza renovadora y

catecumenal. En la Catequesis Misionera todo anuncio transparenta el Primer

Anuncio. Él es como una luz siempre viva en el Ministerio de la Palabra: en la

conversión primera, en la Iniciación Cristiana y en la Catequesis Permanente.

25.

Porque,

más que

un proceso lineal

en

el

cual la Catequesis se pone a

continuación del Primer Anuncio, parece que el pluralismo; la diversidad de

propuestas; el descrédito de lo religioso, en algunos casos, una larga serie de

cambios que se van produciendo en los modos de vivir, de sentir y de creer y las

diversas situaciones existenciales que atraviesan, a veces dolorosamente la vida de

las personas, solicitan de la Catequesis un cambio que nos hace concebirla como un

proceso espiralado, siempre abierto y en desarrollo. El Kerigma se va ampliando y

profundizando, a lo largo de nuestra vida, reiterándose siempre, de un modo nuevo,

vigoroso y atrayente, acompañando el permanente dinamismo de la fe.” 15

  • 26. La complejidad y la novedad del tiempo actual nos llevan a pensar una

Catequesis en clave misionera - 40

Catequesis, que requiere otros ministerios y otras tareas. Nos preguntamos si se trata

de otras tareas que ha de realizar el catequista o de otros ministerios estrechamente

vinculados con el ministerio catequístico. Reconocemos la complementariedad entre

estas dos formulaciones:

• Toda la Evangelización no es Catequesis.

• Y, a la vez, toda Catequesis ha de ser evangelizadora.” 16

27. “El Espíritu Santo que nos anima es el mismo que impulsó a Jesús. Él nos hace

participar de la vida y de la misión del Salvador. Sin Él la evangelización es

imposible” 17 Como Iglesia sabemos que nada ocurre en ella sin que el Espíritu

intervenga y que todo en la experiencia cristiana sucede por su inspiración y su

presencia. Desde Él partimos, conscientes de que el Espíritu Santo está en el origen

de nuestra vocación y misión de catequistas. Él derrama muchos y abundantes dones

en la Iglesia. “En efecto es siempre Él quien actúa, ya sea cuando vivifica la Iglesia y

la impulsa a anunciar a Cristo, ya sea cuando siembra y desarrolla sus dones en todos

los hombres y pueblos, guiando a la Iglesia a descubrirlos, promoverlos y recibirlos

mediante el diálogo.” 18 Él es el protagonista de toda la misión eclesial.

28. Cuando decimos “discípulo misionero” en el Documento de Aparecida, optamos

por omitir la conjunción copulativa “y”, manifestando de este modo que se trata de

dos caras de una misma moneda. De la misma manera nos permitimos decir

Catequesis Misionera. No pretendemos subrayar una dimensión que se pone en acto

en alguna circunstancia particular, sino que estamos afirmando que la Catequesis ha

experimentado un desborde semántico. Aquí no tenemos en cuenta un carácter

temporal por el cual el Primer Anuncio se sitúa antes de la Catequesis, sino un

carácter permanente y cualitativo, por el cual el Primer Anuncio está presente

siempre en toda Catequesis, tanto en la Catequesis de Iniciación como en la

Catequesis Permanente.

  • 29. En el escenario habitualmente llamado “de cristiandad” la Catequesis

tradicional asume la misión de hacer crecer una fe inicial, con la cual las personas

llegan a los procesos catequísticos. Se supone que alguien ha realizado ya el Primer

Anuncio: la familia, la escuela, otras instituciones y la sociedad misma transmitían la

fe “por ósmosis”. Actualmente esos núcleos llamados a engendrar la fe están

debilitados en esa capacidad. Por lo tanto, las personas llegan a las comunidades

cristianas a solicitar un sacramento con significación social, pero muy probablemente

todavía no se ha suscitado la fe en ellos. Éste se transforma en espacio propicio para

un anuncio kerigmático y, una vez suscitada la fe, es el tiempo oportuno para dar

comienzo a un proceso iniciático.

30. En la Catequesis Misionera, Dios sale al encuentro del hombre en su situación y

busca acompañarlo en el camino de la vida, para que él pueda encontrarse con el

Dios de la Vida que da sentido a la existencia y que quiere llegar a todos,

privilegiando a los que están alejados. La Catequesis Misionera es una Catequesis

atrayente porque el catequista y la comunidad dan testimonio. Aquí no hay

imposición avalada por una tradición, sino un proponer que invita a realizar el

descubrimiento de la novedad convocante del Evangelio. Los valores de la propuesta

cristiana rompen la indiferencia y llegan al núcleo más íntimo de la persona: su

interioridad, allí donde ella realiza sus opciones. Si la propuesta del Evangelio llega

al corazón, la persona está en condiciones de dar su respuesta de fe. Es aquí donde

se produce la verdadera transformación, éste es el lugar de la conversión.

  • 31. La Catequesis Misionera trabaja en relación con la pastoral social. Allí donde

están los alejados, los pobres, los desamparados; allí es el lugar de la Catequesis

Catequesis en clave misionera - 41

Misionera. Y cuando decimos los pobres y desamparados no nos referimos solamente

a quienes les falta el pan material, sino también a los que padecen los diversos tipos

pobrezas que atacan a la humanidad. Sobre todo nos referimos a los más pobres:

aquellos a quienes les falta el anuncio que suscita la respuesta de la fe.

32.Antes de la comunión con Cristo; antes de la inserción de la persona en la

comunidad cristiana; antes de despertar al misterio; antes de iniciarla en la liturgia;

antes de la formación moral; antes de despertar a la oración y a la vida interior;

antes de la iniciación para la misión; en fin, antes de educar la fe, tenemos que

suscitarla. El Primer Anuncio hace arder el corazón de las personas, confiando en la

fuerza del Evangelio, que llama a cada hombre a la conversión y lo acompaña en

todas las etapas de la vida.

  • 33. Existe en nuestra cultura un quiebre en toda transmisión de la tradición

entendida como la entrega de un depósito de ideas, valores, normas y creencias

capaces de regular el presente y orientar el futuro de las personas y las sociedades,

con la pretensión de reproducirlo. Se observa que nuestra sociedad está en la

búsqueda de un nuevo paradigma cultural y de un nuevo paradigma de transmisión de

la cultura. Asumiendo esta doble constatación, podemos describir el nuevo giro en la

transmisión de la fe como un paso de la reproducción a la resignificación,

sustituyendo la transmisión de la fe a través de la mera repetición por la transmisión

a través de la propuesta, que deja lugar al descubrimiento y al asombro.

34. El Papa Juan Pablo II insistía en generar una “cultura de la vida”, que no significa

desechar la cultura presente, sino encontrar en ella las “semillas del Verbo”, es decir

el Misterio Pascual implícitamente presente en las variadas dinámicas culturales ya

existentes. Todas las expresiones culturales dicen algo del misterio cristiano y

debemos contribuir a que quienes participan de las mismas lo descubran. En esto

consiste hoy el trabajo de los discípulos misioneros. En la medida en que se va

explicitando la presencia teologal implícita (pasando del de la Iniciación Cristiana a

un Itinerario Catequístico Permanente), comienzan a disiparse las anticulturales

tinieblas del pecado en el propio sujeto y en el contexto. Encendiendo la luz, se ve

mejor. A la luz de la fe la cultura y las personas que participan en ella se

transfiguran.

La Iniciación Cristiana

  • 35. Comenzamos preguntándonos ¿qué entendemos por Iniciación Cristiana? “La

Iniciación Cristiana, de acuerdo con el Catecismo de la Iglesia Católica es ante todo,

don de Dios mediante la gracia de Jesucristo y por mediación de la Iglesia. Es

inserción de la persona en el misterio de Cristo, muerto y resucitado por medio de la

fe y de los sacramentos. Este nuevo nacimiento, esta nueva vida en la que el ser

humano es engendrado, esta participación en el Misterio Pascual de Cristo y en su la

naturaleza divina, es el núcleo y el corazón mismo de la Iniciación Cristiana.” 19

  • 36. Como se han debilitado los lugares sociales de iniciación en la fe (familia,

escuela y barrio) las comunidades eclesiales están llamadas a asumir esta misión con

mayor responsabilidad. La Palabra de Dios se hace eco en la experiencia de fe de la

comunidad. Una vez vivida esa experiencia, ella resuena en todo el espacio

catequístico y se propaga suscitando la fe naciente de los que se acercan y

fortaleciendo la fe más madura de todos sus integrantes. De este modo, se pone en

acto la pedagogía del ambiente en la comunidad cristiana. Si la comunidad ha

encarnado en su vida los valores del Evangelio, ellos se constituyen en fuerza

generadora de conversión y crecimiento. Una comunidad que vive el Evangelio lo

Catequesis en clave misionera - 42

irradia, lo muestra, lo propone y se hace más capaz de provocar la adhesión a

Jesucristo y a su Evangelio.

37.

“Entre

la

Iniciación

Cristiana

y

la

Iglesia

hay relaciones de estrecha

interdependencia: la Iglesia actúa en ella como sujeto integral porque a la vez que,

como agente evangelizador, procurando ser fiel al mandato del Señor, anuncia a

todos los hombres la Buena Noticia de la Salvación de Dios, es, también, el

interlocutor destinatario, que responde a Dios uniendo su voz y su vida a la de los

hermanos que participan y crecen en el itinerario de maduración de su fe y en la vida

Trinitaria.” 20

  • 38. La configuración de la Catequesis de acuerdo con el modelo de la Iniciación

Cristiana dentro de la perspectiva catecumenal es una de las conversiones que hoy ha

de experimentar la Catequesis. El catecumenado se caracteriza, ante todo, como un

camino cuyo sujeto protagonista es la comunidad cristiana, que realiza de este modo

su maternidad espiritual. Es un proceso formativo de educación y maduración en la

fe. Tiene un carácter gradual, con etapas definidas. Está jalonado por momentos de

Catequesis, de ritos litúrgicos y celebraciones; es un camino progresivo de

discipulado, asistido y acompañado; y todo impregnado por misterio de la Pascua de

Cristo. Encuentra su culmen en la celebración de los sacramentos. Con una definición

sintética podríamos decir que es “el proceso general a través del cual uno se

convierte en cristiano”. Se trata de un camino extendido en el tiempo y marcado por

la escucha de la Palabra, la celebración y el testimonio de los discípulos del Señor.

Implica una profunda conversión pastoral y una nueva formación para los catequistas.

  • 39. El proceso que describe el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos nos

habla de un camino a seguir, que puede ser aplicable a los jóvenes, adolescentes y

aun a los niños, adecuando los tiempos y los contenidos a la realidad de cada edad.

“La iniciación de los catecúmenos se hace en forma progresiva en una comunidad de

fieles que, juntamente con los catecúmenos, reflexiona sobre el valor del misterio

pascual renovando la propia conversión y con su ejemplo los mueve a obedecer con

más generosidad al Espíritu Santo. El Ritual de la Iniciación se adapta al itinerario

espiritual de los adultos que varía según la multiforme gracia de Dios, la libre

cooperación de cada uno, la acción de la Iglesia y las circunstancias de tiempo y

lugar.

  • 40. En este proceso, además del tiempo de estudio y reflexión, hay “etapas” o

paso por los que el catecúmeno avanza como si atravesara una puerta o ascendiera

por escalones. La primera etapa tiene lugar cuando, realizada la conversión inicial, el

candidato quiere ser cristiano y es aceptado por la Iglesia como catecúmeno. La

segunda etapa tiene lugar cuando, más madura la fe y concluido el catecumenado, el

candidato es admitido a una preparación sacramental más intensa. La tercera etapa

se da cuando, terminada la preparación espiritual, el candidato recibe los

sacramentos de la Iniciación Cristiana.

  • 41. Por lo tanto, son tres las etapas, pasos o puertas, que han de considerarse

como as más importantes o densas de la iniciación. Estas tres etapas están señaladas

por tres ritos litúrgicos: la primera, por el rito de admisión al catecumenado; la

segunda, por la elección, y la tercera, por la celebración de los sacramentos. Las

etapas conducen a “tiempos” de información y maduración o están preparados por

ellos.

  • 42. El primer tiempo, que exige estudio por parte del candidato y evangelización por

parte de la Iglesia,

se da en el “precatecumenado” y concluye con el ingreso al

Catequesis en clave misionera - 43

catecumenado. El segundo tiempo, que comienza con el ingreso al catecumenado y

puede durar varios años, está dedicado a la catequesis y a los ritos anexos a la

misma, y termina el día de la elección. El tercer tiempo, en realidad el más breve,

que de ordinario coincide con la preparación cuaresmal para las solemnidades

pascuales y para los sacramentos, está dedicado a la purificación y a la iluminación.

El último, que dura todo el tiempo pascual, está dedicado a la “mistagogia”, es

decir, a evaluar la experiencia que se ha vivido y a comprender sus frutos, como

también a estrechar los vínculos con la comunidad de los fieles.” 21

La Catequesis Permanente

  • 43. La Catequesis Permanente acompaña las distintas etapas de la vida de las

personas en su proceso de crecimiento y maduración en la fe. De hecho el DGC,

refiriéndose a la Evangelización, expresa hacia el final del N° 48 “…inicia en la fe

cristiana, mediante la Catequesis y los sacramentos de iniciación, a los que se

convierten a Jesucristo, o a los que reemprenden el camino de su seguimiento,

incorporando a unos y reconduciendo a otros a la comunidad cristiana. Alimenta

constantemente el don de la comunión en los fieles mediante la Educación

Permanente de la Fe (homilía, otras formas del Ministerio de la Palabra, los

sacramentos y el ejercicio de la caridad)

  • 44. Hay razones de diversa índole que legitiman las expresiones “Educación

Permanente de la Fe” o “Catequesis Permanente”, a condición de que no se

relativice el carácter prioritario, fundante, estructurante y específico de la

Catequesis en cuanto iniciación básica. La expresión “Educación Permanente de la

Fe” se generalizó en la actividad catequética, a partir del Concilio Vaticano II, para

indicar solamente un segundo grado de Catequesis, posterior a la Catequesis de

Iniciación, y no como la totalidad de la acción catequizadora. Los Obispos en

Aparecida optan por la expresión “Catequesis Permanente” y se refieren a itinerarios

catequísticos permanentes, en las comunidades cristianas, que se extiendan desde la

infancia hasta la ancianidad.

  • 45. Al respecto el Directorio General para la Catequesis expresa: “La fe es un don

des-tinado a crecer en el corazón de los creyentes. La adhesión a Jesucristo, en

efecto, da origen a un proceso de conversión permanente que dura toda la vida.

Quien accede a la fe es como un niño recién nacido que, poco a poco, crecerá y se

convertirá en un ser adulto, que tiende al ‘estado de hombre perfecto’, a la madurez

de la plenitud de Cristo.” 22

Capítulo 3: Proponer

“Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba. Él entró y se quedó

con ellos.” (Lc. 24, 30)

Los rasgos de la Catequesis Misionera

  • 46. Después del discernimiento, proponemos los siguientes rasgos de una Catequesis

Misionera, el perfil de la comunidad, las actitudes fundamentales del catequista y

algunas consideraciones para la formación de los catequistas. Esta Catequesis

privilegia el encuentro con la persona de Jesús en la comunidad. Es una Catequesis

samaritana, que sale al encuentro de cada persona, escucha y contempla su realidad,

la recibe y se detiene acercándola a Jesús para que Él la transforme.

Catequesis en clave misionera - 44

47.

El encuentro de Jesús con los discípulos de Emaús y todo encuentro del

Maestro con sus discípulos constituyen verdaderos paradigmas de la Catequesis

Misionera. Siempre es Él quien sale al encuentro. Jesús, la Palabra del Padre, se

anticipa a toda situación humana para darle respuesta y encauzarla a la voluntad del

Padre que lo envió. Tomemos las palabras de la Verbum Domini: “Un momento

importante de la animación pastoral de la Iglesia en el que se puede redescubrir

adecuadamente el puesto central de la Palabra de Dios es la catequesis, que, en sus

diversas formas y fases, ha de acompañar siempre al Pueblo de Dios. El encuentro de

los discípulos de Emaús con Jesús, descrito por el evangelista Lucas, representa en

cierto sentido el modelo de una catequesis en cuyo centro está la «explicación de las

Escrituras», que sólo Cristo es capaz de dar (cf. Lc 24,27-28), mostrando en sí mismo

su cumplimiento. De este modo, renace la esperanza más fuerte que cualquier

fracaso, y hace de aquellos discípulos testigos convencidos y creíbles del

Resucitado”. 23

  • 48. Proponemos una Catequesis de opción y no de imposición. Diversificada y no

homogénea, que responda y atienda a la diversidad de edades, culturas, y

situaciones. Es familiar y social, kerigmática, iniciadora y permanente. Tiene en

cuenta a todo el hombre y a todos los hombres, atendiendo a los itinerarios vitales

de cada uno en sus dinamismos personales. Por lo tanto, no se ata a una fecha o una

edad determinada para la recepción de los sacramentos. Esta Catequesis está abierta

al aporte de las ciencias auxiliares y al servicio de los laicos: catequistas, misioneros

de manzana y otros agentes de la evangelización. Se inserta en una pastoral orgánica

y se propone en diversos ámbitos, no sólo en las parroquias, sino también en

colegios, movimientos, universidades, cárceles, hogares de ancianos, las redes

sociales, los santuarios y otros ámbitos en los que se expresa la piedad popular,

siempre en estrecha comunión con la Iglesia Particular de referencia.

  • 49. En estos tiempos de transición proponemos estas conversiones para la

Catequesis:

• De una Catequesis escolarizada a una Catequesis experiencial.

• De una Catequesis de la herencia a una Catequesis de la propuesta.

• De una Catequesis que obliga a una Catequesis que invita, sugiere, convoca.

• De una Catequesis exclusivamente de la enseñanza a una Catequesis vital de

encuentro.

• De una Catequesis de la repetición a una Catequesis innovadora.

• De una Catequesis uniforme a una Catequesis personalizada.

  • 50. En esta Catequesis, proponemos una fe que no se asume por simple tradición,

sino una fe por la que se opta con fuerza, con entrega, con pasión, con ternura, con

creatividad…, según el estilo de cada persona, siempre única, irrepetible y singular.

La encarnación de los valores del Evangelio se produce en un ambiente en el que

circulan esos mismos valores. Los que compartimos el mismo Pan tenemos una sola

fe, un solo Señor y un solo Bautismo. En la comunidad cristiana la experiencia de fe

es personal, pero a través del testimonio y del compromiso fraterno se comparte y

enriquece a todos.

La comunidad para una Catequesis Misionera

  • 51. “La Catequesis viene de la mano de una mirada peculiar sobre lo que es ser

comunidad cristiana. No se trata de una mera comunidad social, sino de una

comunidad enraizada en Cristo Resucitado.

Ella es fuente,

lugar

y

meta

de

la

Catequesis. Nace de la experiencia de encuentro con Jesús. A partir de esa

experiencia y como respuesta a la invitación

del Señor,

la comunidad

se hace

misionera.

Es punto de partida.

Desde

allí

se

inicia

y hacia

allí

converge

todo

Catequesis en clave misionera - 45

itinerario de comunión - misión: la comunión es misionera y la misión es para la

comunión.” 24

52. Proponemos este perfil para la comunidad en la que se realiza esta Catequesis

renovada. Se trata de una comunidad testigo, comunidad de comunidades, que no se

limita a la jurisdicción geográfica, generosa en el don de la persona de Jesús,

poseedora de una red de vínculos institucionales útiles para la evangelización.

  • 53. “Esta comunidad es memoria y profecía, ámbito donde se celebra la vida y lo

vivido. Es Iglesia esponsal y samaritana. Descubre las nuevas fronteras, sale al

encuentro de toda experiencia humana y hacia ellas tiende su acción pastoral. Crea

espacios de encuentro con Cristo, que engendran vida. Es abierta y acogedora, con

una nueva manera de relacionarse: acepta la diversidad como experiencia

enriquecedora. Es participativa y propositiva. Da lugar para que la diversidad se

exprese a través de la participación. Es ámbito donde uno se conoce plenamente, en

la tensión natural entre comunidad y persona, oración y servicio, comunión y

misión.” 25

  • 54. “La Iglesia tiene la urgente tarea de priorizar el diálogo y el testimonio para

acercarse a la gran cantidad de bautizados no convertidos y a los no cristianos que

van en aumento en el actual contexto socio cultural. La Iglesia existe para

evangelizar, pero dado el nuevo contexto cultural marcado fuertemente por el

pluralismo religioso, donde existen muchos valores pero también disvalores como el

agnosticismo y la evasión de las grandes preguntas existenciales, la Iglesia debe

acentuar su ser dialogante, alegre y propositivo. De este modo, quienes se sienten

alejados de su mensaje, podrán descubrir que la Iglesia, (pastores, fieles e

instituciones) les despierta preguntas olvidadas acerca del sentido de la vida, los

abre a nuevos horizontes, y les da un testimonio convincente de fraternidad y

solidaridad. Y al ser auténticamente dialogante, no sólo propone y anuncia, sino que

además escucha, aprende, se enriquece.” 26

  • 55. Al mismo tiempo, surge inevitable la pregunta: ¿cuáles son y dónde están

aquellas comunidades cristianas en las cuales se viven hoy los valores y las opciones

que subyacen a un auténtico proceso catequístico? Para esto proponemos el

surgimiento de nuevas formas de comunidad, pequeñas, de talla humana. Para hacer

en la Iglesia la experiencia mistagógica de la presencia de Jesús en medio de todos y

para hacer que ella sea una auténtica fraternidad, donde la igualdad y la común

dignidad de todos los miembros (LG 32) superen la distinción de cargos y ministerios.

De este modo, prevalecerá el acontecimiento y la convocatoria por medio de la fe y

el aspecto institucional no sofocará ni dañará el despliegue auténtico de la comunión

y de la misión. Una espiritualidad de comunión, gestada y fecundada en la vida, la

Palabra, la fiesta, la oración y la misión. Fruto del Espíritu y expresión de la unidad y

del amor trinitarios.

  • 56. Proponemos una “Iglesia que demuestra que efectivamente todo lo humano le

in-teresa, que los católicos se preocupan de verdad de que sus hermanos sean

felices. En el fondo, es la exigencia por el testimonio coherente que dan los

discípulos ya maduros, con acento en la diaconía. De otro modo, no habrá posibilidad

de que las personas alejadas se interesen siquiera en escuchar sobre Jesús y su

Evangelio.” 27

Las actitudes del catequista y su formación

57. Para esta Catequesis Misionera proponemos un catequista que sabe dialogar, que

Catequesis en clave misionera - 46

respeta el trabajo realizado por el grupo y que favorece el discernimiento

comunitario. Aprende a escuchar lo que dicen los interlocutores, valorando así el

lenguaje de la comunidad eclesial que se expresa. También sabe provocar y suscitar

preguntas que favorezcan el descubrimiento y la sorpresa de la fe, puesto que en una

cultura descristianizada muchas personas se sienten a gusto como están y parecen no

necesitar la fe.

  • 58. Un catequista testigo, que acompaña los procesos de otros, que está dispuesto a

compartir su experiencia creyente, que se convierte en testimonio creíble para

aquellos a quienes acompaña en su despertar a la fe. Con el testimonio que sostiene

la pro-puesta ayuda a mostrar y a hacer ver lo que ya existe, lo que está contenido

en las personas, en los acontecimientos, en la vida, pero que aún no se conoce,

porque no se ha descubierto.

  • 59. La Catequesis está abierta al encuentro personal entre catequista y

catequizando, en un clima de fraternidad. Si nos amamos unos a otros reconocerán

que somos discípulos del Señor. La humildad se conjuga con el amor. Permite salir al

encuentro del otro que no es como nosotros, o que no es tal como la Iglesia quiere

que sea. Podemos preguntarnos: ¿de qué tenemos que desprendernos para crecer en

humildad? El Señor tuvo que dejar su gloria divina por nosotros, tomar nuestra

naturaleza y vivir nuestra condición de esclavos. ‘Pensar’ en el otro permite ‘pensar’

la Catequesis y ‘pensar’ la preparación espiritual del catequista.” 28

  • 60. En la formación de catequistas sugerimos una formación integradora, que se

ensambla en el proceso de fe del adulto creyente, llamado a la vocación

catequística. Un itinerario que acompaña los procesos de discernimiento de la propia

fe y de la propia vocación. Una formación que ayuda a profundizar, expresar y

compartir la experiencia del encuentro vital con Cristo y contribuye a descubrir la

presencia y la voz de Dios, que transforma, libera y plenifica al catequista.

  • 61. Con la opción por la Catequesis Misionera, optamos también por una

formación de catequistas que no dan por supuesta la fe de los que se acercan a los

procesos catequísticos. Proponemos una formación de catequistas que sean capaces

de dar a dichos procesos un estilo catecumenal, incluso después de la conversión

primera. Concebimos a estos catequistas como formadores que asumen la crisis de la

transmisión de la fe y aprenden a darle respuesta eficaz. Proponemos una formación

que los lleve a diseñar y a animar itinerarios iniciáticos, puesto que hoy los sujetos

llegan a los procesos catequísticos sin fe o con una fe débil, infantil y casi olvidada.

  • 62. El servicio a la Iglesia, como sujeto y agente de la evangelización, le da

sentido y valor a la formación de catequistas. Por eso el catequista en formación se

configurará como un nuevo creyente, atravesado por un renovado ardor misionero

que ame y contagie al mundo de hoy, transmitiendo el don de la fe. Proponemos que

el catequista en formación sea, al mismo tiempo, anfitrión y comensal invitado al

banquete del Señor Jesús que celebra la fiesta de la Salvación. De esta manera podrá

suscitar y desplegar, en cada varón y mujer de su tiempo, el deseo y la apropiación

de la Buena Noticia de Jesús. Será necesario que el catequista, en su proceso de

formación y en su posterior itinerario de servicio, cuente con un espacio comunitario

que le permita alimentar y compartir su fe.

El método catequístico en la formación de catequistas

  • 63. “En la formación de catequistas no seguimos el deductivismo metodológico

según el cual el método se deduce directamente de la teoría, como una aplicación

Catequesis en clave misionera - 47

obligada de principios o normas. Muy por el contrario, la metodología, como conjunto

de métodos, es el fruto de la capacidad de reflexión que tiene el hombre. De este

modo puede comprender, valorar, interpretar y confrontar su práctica catequística;

dejándose guiar por la pedagogía de la fe y dejándose interpelar por los aportes de la

catequética, en orden a una más fecunda implementación.

  • 64. Esta opción respecto del método catequístico, como fruto de la reflexión, ha

de estar presente no sólo durante la realización del ministerio catequístico, sino a lo

largo de toda la formación del catequista. Por eso, ella se sitúa bajo el signo de la

creatividad y no de una mera asimilación de pautas externas. Ha de tratarse de una

formación muy cercana a la práctica: hay que partir de ella para volver a ella. Al

catequista le sería muy difícil improvisar, en su acción catequística, un estilo y una

sensibilidad en los que no hubiera sido iniciado durante su formación.

  • 65. Por eso, proponemos que la pedagogía de Jesús y la metodología catequística

sea el planteo propuesto en los diversos espacios curriculares, que conforman un plan

de formación de catequistas, y en los equipos, que se reúnen para preparar sus

encuentros catequísticos. Este saber hacer, con los conocimientos, actitudes y

técnicas que lleva consigo, puede adquirirse mejor, si se imparte al mismo tiempo

que se realiza. Animamos la realización de proyectos de formación de catequistas

insertos en los procesos pastorales de la Iglesia Particular.

  • 66. Ante el desafío de los actuales escenarios cambiantes, descubrimos la

conveniencia de propuestas formativas que incluyan el intercambio y el diálogo entre

los catequistas. Con el trasfondo de una actitud de búsqueda que los ayude a

desinstalarse de algunas prácticas catequísticas reiteradas, desajustadas y poco

significativas, proponemos la implementación de itinerarios que provoquen estos

efectos:

La apertura que hace experimentar el carácter particular y por lo tanto no

absoluto de las prácticas del propio contexto de procedencia. Cada uno es llevado a

valorar la experiencia de los demás y a enriquecerse con ellas descubriendo que la

propia visión es reducida y por lo tanto no es universal o irreemplazable.

La complejidad del hecho catequístico. La apertura a diversas experiencias

también lleva a descubrir que el hecho catequístico es más complejo, rico y profundo

de lo que uno había percibido en la práctica habitual. Complejidad no es sinónimo de

complicación, sino de una realidad que integra diversas dimensiones, variables,

modalidades y exigencias…

El aprendizaje de un pensamiento estratégico que define opciones,

prioridades, etapas, medios y recursos. Un pensamiento catequético, que reconoce la

imprevisibilidad de este tiempo, como oportunidad más que como amenaza y que

plantea cauces variados ante la variedad de situaciones” 29

Capítulo 4: Imaginar

“En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén.”(Lc. 24,

33)

La Catequesis que viene

  • 67. En este último capítulo nos hemos permitido un espacio de mayor libertad,

que nos permite asumir la actitud del que “mueve el timón” con un cierto rumbo

inestable. Se trata de una actitud más perceptiva que proyectiva. Vemos el futuro,

Catequesis en clave misionera - 48

no como un espacio de conquista, sino como un tiempo que trae dones. El futuro

viene hacia nosotros cargado de oportunidades. Nos da la posibilidad de lanzarnos al

tiempo que viene y descubrir los valores que trae. Seguramente habrá allí una

multiplicidad de propuestas que no romperán la comunión, sino que la enriquecerán.

68.

Entre

los

dones que

trae

el

futuro eclesial

que viene

imaginamos:

la

experiencia visible de una santa fraternidad; la alegre existencia de distintos modos

de ser Iglesia y la confianza de los miembros de la Iglesia en el protagonismo de Dios.

Nos damos cuenta que es preciso superar la tensión eclesiológica del adentro y del

afuera, porque los catequistas no estamos afuera, sino en medio de este contexto

cultural. Con nuestras certezas y sin perder la identidad, experimentamos la

auténtica necesidad de dialogar con la cultura de hoy.

 

69.

En

cuanto a

la “Catequesis que

viene”,

imaginamos que, por la

misma

desestructuración institucional y cultural, la Catequesis va a ser más ocasional. Y,

cuando se encaren procesos, tendrán que atender

a

la

personalización

y

diversificación de los itinerarios. Ésta es una cuestión cuya resolución resulta un

verdadero desafío.

 

70.

Hasta hace unas décadas atrás podíamos referirnos, en nuestras miradas

pastorales, a la familia; a los adultos, a los jóvenes. Hoy, si bien estas expresiones

globales siguen siendo usadas, terminan resultando engañosas y ponen, en una

especie de trampa, al planteo pastoral que pretende homogeneizar las situaciones,

características, opciones, búsquedas y dilemas de los grupos a los cuales se dirige.

 

71.

La

atención a una realidad compleja,

multifacética y cambiante no se

resuelve en simples agrupaciones por franjas etáreas. Por ejemplo, los contextos

urbanos y rurales no conservan hoy algunas de las variables que los han

caracterizado, durante años, y que se consideraban decisivos en las opciones

pastorales. Hoy casi todos los pastoralistas coinciden en afirmar que los ambientes

urbanos son multiculturales. Ante esta constatación, la reflexión pastoral y

sociológica reconoce, también, el fenómeno de la multiculturalidad en los contextos

rurales. ¿Quiénes serán realmente los interlocutores a quienes acompañaremos en el

futuro para suscitar o profundizar su respuesta de fe?

 

72.

El planteo catequístico tradicional suele agruparlos por algunas de estas

razones:

 

- Porque son adultos que no han sido iniciados en la fe y piden, justamente, los

sacramentos de iniciación.

 

- Porque no han completado su iniciación cristiana y piden alguno de esos

sacramentos.

 

- Porque son hombres y mujeres que piden el sacramento del matrimonio.

 

- Porque son padres que piden algún sacramento para sus hijos.

 

73.

La experiencia catequística de todos nosotros podrá, en este punto de la

reflexión, poner otras razones para los agrupamientos. En el mejor de los casos, los

criterios se refieren a situaciones especiales, mentalidades y ambientes. Pero lo

cierto es que, en muchas de nuestras comunidades, no son ellos los criterios que

prevalecen y priman las agrupaciones según las edades y según el sacramento

solicitado.

 

74.

El prolongado cambio epocal viene planteando, desde hace ya muchos años,

una trama

tan

compleja

y

variada

de

situaciones

que

se

hace

difícil su

reconocimiento y categorización. Por eso, cada vez más, los agrupamientos, según

Catequesis en clave misionera - 49

algún determinado criterio, no garantizan una mayor eficacia de la acción

catequística. Porque, aun en ese agrupamiento, habrá otras variables que no habrán

sido consideradas. De modo que la diversidad, que siempre estuvo presente en

cualquier grupo humano, unida hoy a una exacerbada búsqueda de la autonomía y de

la realización personal, plantea una exigencia, a veces, desmedida de atención a

muchas singularidades y lo diverso se constituye así en un verdadero desafío difícil de

atender. Para saltar la aporía y vencer la trampa de una supuesta homogeneidad

imaginamos estas opciones para la Catequesis del futuro y para sus itinerarios:

  • 72. Distintos caminos de entrada y de salida

Repensar los inicios y las conclusiones generalmente supeditados al pedido de un

sacramento y a la recepción del mismo. Los adultos y también otras personas que

transitan otras edades de su vida llegan a nuestras comunidades, si sabemos verlos,

en situaciones diversas. Con búsquedas que, aun sin que esas mismas personas lo

adviertan, conllevan una búsqueda religiosa. Deberíamos poder constituir espacios

catequísticos con itinerarios significativos, que no desemboquen necesariamente en

un sacramento a recibir, sino que iluminen y den respuesta a las diversas situaciones

humanas, desde el Misterio de Cristo.

73. Una Catequesis intergeneracional y de inmersión.

La opción comunitaria de la Catequesis, por un lado, y el desafío permanente del

individualismo y del exagerado subjetivismo que caracterizan la cultura

contemporánea, nos hacen pensar en una “catequesis de inmersión en la comunidad

cristiana”. En esta propuesta los catequizandos comparten algunas de las

experiencias de su itinerario con los catequizan-dos de sus mismos grupos de

pertenencia y otras experiencias con otros miembros de la comunidad, quienes a su

vez pueden estar recorriendo otros itinerarios.

74. Una comunidad catequista

Los catequistas se han iniciado en la fe de la comunidad y allí han madurado sus

opciones, haciéndose testigos de esa misma fe. Ellos no constituyen un simple grupo,

como los que integran los movimientos o instituciones eclesiales. Ellos son la voz y el

gesto de la fe de la comunidad. En ellos se ha delegado la misión del anuncio. Pero la

verdadera “catequista” es la comunidad misma. La Iglesia toda posee la función

profética y la ha delegado en algunas personas que han sido, especialmente,

llamadas a anunciar la Buena Noticia de Jesús. Toda delegación supone una simple

entrega de la tarea en sí misma, pero nunca es una entrega de la responsabilidad

contenida en esa tarea. Si la comunidad eclesial se despreocupara de su función

profética, se desnaturalizaría. No sería quien está llamada a ser. La Catequesis no es,

por lo tanto, un ámbito cerrado y reservado a unos pocos “especialistas” del anuncio.

  • 75. Provocar la pregunta existencial por el Sentido.

¿Qué aporta a nuestra vida y a nuestra muerte el hecho de que participemos de la fe

cristiana? Hoy la sociedad se nos manifiesta como un conjunto de propuestas que

desorientan, puesto que todas parecen tener el mismo valor. La persona humana

queda expuesta a un amplísimo escenario de libertad en el que todas las opciones

parecen válidas. De este modo, el hombre y la mujer de hoy parecen “extranjeros” y

turbados en un mundo que se torna cada vez más confuso. Caminan en busca de la

mejor opción, pero no son peregrinos, sino simples caminantes porque no saben a

quién seguir. Conocer a Jesús, seguirlo y hacernos sus discípulos implica darle la

Catequesis en clave misionera - 50

respuesta de

fe

que

nos

plenifica

y

nos

asemeja

a

Él,

configurando nuestras

personalidades a su imagen y semejanza. Implica encarnar en nuestras vidas su

propuesta y los valores que ella conlleva. Ellos atraen e iluminan el camino de los

que peregrinan. Donde hay valor hay sentido. La fe es la respuesta de Sentido más

plena que el hombre puede darle a su vida, es el valor que lo mantiene religado

permanentemente a Dios, como su Sentido y fin último. La Catequesis siempre, y más

que nunca en la cultura del “sin - sentido”, ha de ser mediación, camino y