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eee ue InstrTUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA E Historia Sergio Rail Arroyo Garcia Dinicron General Di: ANTROPOLOGIA E HIsToRIA int Martin Directors Sergio Lépet Alonso ‘SrcRETARIO AcADEMICO Ma, Antonieta Cervantes Leandro DIMsiON DE Poscrao Ma. Edit Romero Herndndex ‘SUBDIRECCION DE EXTENSION AcADEMICA BeNEMERITA UNIVERSIDAD AUTONOMA DE PUEBLA Enrique Doger Guerrero RECTOR Guillermo Nares Rodriguez SECRETARIO GENERAL Roberto Herndndez Oramas DiRECTOR DEL LA FACULTAD De Fitosorta y Leas Ernesto Licona Valencia CooRDtNApor DEL CENTRO DF Esrupios DE LA CIUDAD. PRIMERA EDICION 2001 ‘Curpavo DE La Epicion Ma, Edit Romero Hernandez Katia Vanessa Lépez Gonzalez, DistXo ¥ FORMACION Hilda Jiménez, Reséndiz PoRTADA ‘Sucesiin de signos, Wassily Kandinsky. Tinta china y temple sobre papel, 41 x 50; 1931. COLABORACION FSPECIAL Kony Vergara Romant (traduccién articulo de Michel Maffesoli) D.R.@ Instituto Nacional de Antropologfa ¢ Historia Escuela Nacional de Antropolog(a ¢ Historia Periférico Sur y Zapote s/n, Col. Isidro Fabela, México, D.E, C.P. 14030. ISBN 970-18-8153-2 | Esta publieacién no podrd ser eproducida ni total ni parcialmente, incluyendo el disefio de la porcada, como tampon pedel see almacenada, ranimitid o urilizada de manera lgan pos ningin medio, ya sea clectsSnico, Gulnico, mecinico, 6ptico, de grabacién, electrogréfico o de oto tipo, sin Ia autorizacién por escrito de la ENAH y BUAP. Inpice IntRopuccION PRIMERA PARTE ENFOQUES TEORICO METODOLOGICOS Horizontes del imaginarlo. Hacia un reencuentro con sus tradiciones investigativas Abilio Vergara Figueroa Escuela Nacional de Antropologta ¢ Historia, México Delo imaginario alo « ficcional total » Mare Augé Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris Elimaginario social Michel Maffesoli La Sorbonne, Parfs-V, Parfs Seaunpa Parte INVESTIGACIONES Imaginarlos: estética cludadana Armando Silva Universidad Nacional de Colombia, Bogor4 La imaginabilidad de un territorio a partir de la oralidad yeldibujo Ernesto Licona Valencia Benemérita Universidad Auténoma de Puebla, Puebla Ciudad de presencias: dimensiones evaluativas y sensoriales enlas evocaciones dela cludad de México Miguel Angel Aguilar — Rail Nieto Ménica Cinco Universidad Auténoma Metropolitana-Iztapalapa, México Construyendo imaginarios y simbolos urbanos desde los «lugares» José H. Fuentes Gomez Universidad Auténoma de Yucatén, Mérida pag. 5 pag. 11 pag. 85 pag. 97 pag. 107 pag. 131 pag. 165 pag. 195, INTRODUCCION “Conserve mds recuerdos que si tuviera mil afios” Charles Baudelaire “Los sueftos siguen brotando a pesar de los poemas que los expresan” Gaston Bachelard En los tiltimos aos, antropélogosy practicantes de otras disciplinas sociales han aceptado incorporar en su reflexién y actividad investigativa a las poderosas fuerzas del imaginario—estructurantes de lo real y de las practicas sociales—. El imaginario, tema marginal que era visto tras una sonrisa comprensiva, ha legitimado progresivamente su pertinencia como objeto de estudio. El objetivismo consideraba como un ejercicio insulso 0 un desperdicio de tiempo a la estructuracién imaginaria del mundo —que puede investigarse en las pulquerias, en lossalones de billar o en el templo que alberga alos estigmatizados; en las configuraciones significativas de la miseria, del miedo y la desesperacién; desde la condicién estigmatica y desde el orgullo y el poder—, porque la imaginacién, més queun ejercicio cixcunscrito que puede abandonarsea voluntad, més que un estado de las almas sofiadoras, es Ia condicién del hombre; es la existencia humana. Hoy en dia, el imaginario no es considerado algo prescindible: los estudios del simbolismo ya no pueden eludir la exploracién de ese espacio donde se producen los sentidos, pues la estructuracién de los pliegues y rugosidades del mundo —aungue algunos lo imaginen liso, sin hendiduras, prominencias intersticios, ni profundidades diversas— no serfa posible sin intervencién del imaginario. Tampoco se podrfan comprender esos pliegues sin abordar los flujos mediante los cuales un significance remite a otra cosa que “naturalmente” no le corresponde, como lo hacen la metéfora, la metonimia, el stmbolo y toda estructuracién significativa humana que se realiza en y por el imaginatio. Este libro presenta esa problemética desde diversos angulos. El primer articulo es una revisién delas disciplinas sociales que han estudiado el imaginario, aun sin llamarlo asf; analiza algunas corrientes y autores que han trabajado esta dimensién de estructuracién de lo social y, ademas, funciona como una pequefia gula para buscar las fuentes, reconocer algunas de sus categorfas y establecer sus Introduccion debates fundamentales, Le siguen textos de cardcter teérico que articulan las caiegorfas referentes ala simbolizacién del mundo temporal y espacial —con sus Sifersntes estratos-—, tanto para uso cotidiano como excepeional, asf como para cepentar las inverrelaciones entre lo que se considera “ficcién gratuite” 0 “fantas{a” fen el articulo de Marc Augé), que embellece nuestras vides ¥ nos semite al cosmos. La imagen mental es In materia prima del imaginario con la que éste “con: figura” sintagmes versatiles —porque se mueven entre las cristalizaciones de las representacionessocialesy las mentalidades y entre las innovaciones centelleantes eee ntenibles-. El imaginario nos libera en y de es condiciones circunscritas y estructurales y eambién nos sojuega; con él desplegamos ess doble, antagénica w jnseparable posibilidad de distanciarnos de nuestra inmediate2, de distinguir fo que exed —aqut y ahora— y al mismo tiempo wnir, entender, com prender y legitimar lo distante, para nuestro gozo o sufrimiento. La imagen puede ser un peligro pata las estructuras conocidas —como et concepto—j [a sociedad y el individuo acutan para domarla o potenciarla segiin sa emos de repulacién que —lamentable o felizmente— no la pueden aoe wolat a orientar definitivamente. La persecucién de aimagen tiene una larga Hetoria en la iconoclasia [como se verden el artfcule de Michel Maffesoli], pero tbién en los suetos ¢ insomnios indomados que obligan a tocar aquellas puertas que trabajan mediante la repeticién y el martilleo —semejante al ivsical—- para hacer poesia o construir nuestros fantasmas, Otro campo inexplorado que el imaginario domina es el de les chismes y el rumor; Ja inet ilited o la certeza sblo pueden ser comprendidas desde Ia estructuracién imaginal, criterio de verdad que nos hace actuar desde una posicién semejante. Las fancasmagorias y la elaboracién estética de las ciudades [en el texto de “Armando Silva] se estructuran con mecanismos semejantes: confirman el deseo o el temor y se posesionan de nuestras orientaciones espaciales y temporales, de © cata memoria y olvidos, de nuestros afectos y Fobias, Su fuerza radica en esa gnorme capacidad para encadenatse con cualquier cosa, incluso con auestras actividades més (ix) racionales. La producci6n imaginal se hace social cuando es comunicada, el cual es un momanke decisive para mantener el impulso inicial porque si ste no se controla puede pasar a una existencia social cuya prolongacién la realiza el simbolo, en ss Introduccion quien el imaginario deposita su sentido, modelado f . or la cultura, Narraci a y valoraciones [en el articulo de Miguel Angel “Aguilar, Ratil Nieto y [Snica Cinco y en el de José Fuentes], as{ como dibujos [con Emesco Licona} se constituyen en la concrecién social de las emergencias individuales, pugnando porladuracién ya extensién social, pero én como luzy sombra de nuestros ; 1, también com: pasos y miradas. __ En Prancia, principalmente, existe ya una extensa tradicién de estudios del imaginario, En México hay un intento creciente por explicar sisuaciones-I(mi ave, colecia ° Undividualmenss, estén surgiendo. Asf, quienes investigan tos relacionados con el riesgo, la diferencia, las catdstrofes o la enfermedad terminal as{ como con la insegutidad y Ja pérdida de referentes, se acercan asus gorias, a sus autores y a sus probleméticas. En este sentido, este libro proporcions Insenimmentov'eedticas pans Ia formulacién de'nueros probleme El presente libro es una coedicién entr i Elpr. ‘ela Escuela Nacional de Antropol ¢ Historia (ENAH), la Benemerita Universidad Auténoma de Pils Canty cuca a el apoyo del conacyt. Expresa las actividades académicas y de ae s ones de ne Centro de Estudios de la Ciudad (perteneciente a Itnea de investigacidn “Metrdpolis, imaginarios, simb retéricas utbanas”, de | sual de iiiios de wias wa as”, de maestria en Antropologfa Social de la Divisidn de Abilio Vergara Figueroa Ernesto Licona Valencia Parte ENFOQUES TEORICO METODOLOGICOS Horizontes del imaginario. Hacia un reencuentro con sus tradiciones investigativas Abilio Vergara Figueroa* Introduccion Imaginemos que estamos participando en un evento académico, entre colegas, discutiendo “cosas” serias. Luego imaginemos que pasamos a un receso, al descanso de la comida o ya de plano terminamos las sesiones del seminario y estamos en pequefios grupos comentando entre risas lo que ha ocurrido, sin las amarras del discurso elaborado que impone el lugar y la institucién académica, ejerciendo un poco nuestro otro yo, de amigos. En este momento podremos reftnos de nuestros temas, apodar a algunos por sus obsesiones y reiteracione nos deslizamos hacia un campo en el que jugamos mas libremente con nuestro otro rol social, pero ademas le encontramos atistas chistosas a lo que hacemos con rigor, racionalidad y sistematicidad. Pero también imaginemos el camino inverso. Imaginemos que refmos en una reunién entre amigos —no necesariamente académicos —, yasea visitando una casa, un parque, el campo. De las pliticas chistosas y del humor diverso que escenifica nuestros posicionamientos y percepciones del entorno, surgen ideas que alimentan un tema en formacién y que aspiran a continuar nuestra biograffa académica. Qué tienen en comiin estas practicas, que de entrada parecieran dirigirse a rutas opuestas? ¢Cémo se articulan ambas acciones en un proyecto vital y/o académico? Gilbert Durand [1961, 1998] propone el concepto de nivel, tomado del filésofo rumano Stéphane Lupasco, que puede ayudarnos a observar ambos movimientos y ubicar la actividad imaginaria en su interrelacién con las otras actividades y funciones de la mente y la cultura, En realidad, las dos situaciones que relato son mucho mds cotidianas de lo que las hace aparentar la imagen formal del académico y sus rituales, Las barreras que se han construido para separarlas han tenido en el racionalismo “utensiliar” y en el objetivismo el sustento argumentative més importante. A ellas se han sumado otras que los roles ¢instituciones sociales adscriben como précticasapropiadasy queencuentran en su separacién y distanciamiento la garantia de calidad y de excelencia. *Escuela Nacional de Antropologia @ Historia, México 12 Abilio Vergara Figueroa ite entender no solamente su coexistencia sino El concepto de nivel perm a influencias. Segiin Lupasco, en un campo, objeto 0 también sus posibles j sujeto determinad in términos de , Sicién diurno-nocturno y esquizofténico-mistico daria cuenta de esta polaridad que ee ena ee sintético, para cuys formulacién también se apays en Mircea Blade, au través del estudio de los mitos de combate y reposo en grupos indigenas, “muestra bien que emergen dos taxonom{as posibles de estos ‘pensamientos salvajes’ que osclan de un dualismo radical.) a una colncidentia eppesitoriam donde los opuestos eoexisten gracias a una retcera opcién”, y su ven segin Lupasco, lo plural rechaza lo exclusivo. De esta forma, no solamente po sea nuestros paseos por los pasillos de los congresos o las escuelas y nuestros el He risas sobre temas serios como descansos, sino también como cxpicios donde fermenta lo opuesto. Ast también podemos comprender por qué un individuo el horéscopo. ‘ reesei ao lado, ex esuente observar lx duda 0 el cuestonamienso la necesidad de investigar sobre los imaginatios; muchos lo dicen explfcitamente: “som temas raros”, 22 qué conducen? Es una actitud que atin tiene vigencia en medios académicos vinculados a las ciencias sociales, en especial penclen antropologia “objerivista” que prefiere los “datos duros” y cree s6lo en lo que ve. En este libro se sostiene que Ta fuerza de las tepresentaciones imaginarias e constitutive, porlo que es insulso prepuntarse x estas imégencs son ono reales? 0 corresponden a una objetividad, pues su fuerza no viene de esa re scidn—con algiin supuesto referente—, sino de su capacidad de construir Basa “nental colectiva y poseer luego una cierta fuerza de coaccién u obligacién”,” y que, como dice Jérome Monnet [1993:10] La mayor part del tempo somos impregnados de tal manera delas representaciones dominantes, que el contacto con Ia realidad concreta s6lo nos proporciona lo elementos que confirman la imagen previa. ara sefalor que existe uno Moteso (1999278) ocude ol socislogo quebecquense Fomand Dumont para sefalr aus, existe une “eulture primera” (Yen la que nacamos sn preccupamos") junto 0 una eultura segunda” ("é30 cue me ogregaa ungrupe particular), a que se da @postrior. Dri que ene ilo entre ornbasprocesamos nde prudencis eresbolams en nuestros lapeus, simplemente aparesemes en nucsias Incoherencios” ‘Roger Collis {1998:169, obligacién que tombién puede adult la forma de deseo. De igual Forma, pore Max Weber fa comunicacién y la inteligibilidad son posibles porque les hor conductas y ese sentido condiciona, regula 0 determina sus intercambios. Horizontes del imaginario, Hacia un reencuentro con sus tradiciones investigativas No obstante, porla otra via, dichas representaciones hegeménicas conviven y pugnan con lo que Durand llama “emanaciones” o centelleos sin fin, que la horadan y cuestionan buscando instituir, En el proceso de construccién del concepto de imaginario, ha sido fundamental diferenciarlo de la memoria —pues lo imaginado y lo rememorado no son lo mismo—, porque como afirma Gilbert Durand [1982:18], sibien la memoria colorea le imaginacién de residuos a posteriori, no es menos cierto que existe una esencia propia de lo imaginario que diferencia el pensamiento del poeta, del pensamiento del cronista o del memoralista. Hay una facultad de lo posible quees necesario estudiar por medios distintos ala introspeccién bergsoniana, siempre sospechosa de regresidn. E insiste en esa Facultad creativa de la produccién imaginaria, frente a una cierta vocacién “teproduccionista” dela memoria, de cuya naturaleza Halbwachs habla tambign como produccién. El otro escollo, construido porel racionalismo, fue el de asociarlo a lo fantasioso y engafioso, un obstéculo para el conocimiento y la accién, En esta direccién, la definicién que elabora Starobinski [1974:137) para la imaginacién aporta sustantivamente a su conocimiento: Tnsinuada en la percepcién misma, mezclada con las operaciones de la memoria, abriendo alrededor de nosotros el horizonte de lo posible, escoltando el proyecto, el temor, las conjeturas, la imaginacién es mucho més que una facultad para evecar imagenes que multiplicarfan cl mundo de nuestras percepciones directas; es un poder de separacién gracias al cual nos representamos las cosas alejadas y nos distanciamos de las realidades presentes. A lo que habria que adjuntar el concepto de conjuncién —que es el mecanismo de la construccién simbélica y metaférica—, pues considerar slo el poder de separacién, Iz hace deudora o cautiva del objeto; porque la conjuncién permite unir “cosas” ausentes, dispares, lejanas, y hace presencia dela ausencia y ausencia del estar aqui, contiguo. Asumir la potencialidad de la conjuncién como una forma de pensamiento (Lakoff y Johnson, 1991] — frente a quienes la consideran solamente un tropo— tiene una implicacién fundamental para el enfoque de lo social, pues, por ejemplo, nos remite a una imaginacién dindmica del espacio y del tiempo, que marca la diferencia cultural. Por otro lado, el imaginario social se muestra como un factor efectivo de control de la vida colectiva ¢ individual, es decir, es un factor de ejercicio del poder; por consiguiente, como también lo reconoce Jacques Le Goff para las 14 Abillo Vergara Figueroa mentalidades, es el lugar de los conflicts sociales, y al mismo tiempo, cuestién que estd en juego en esos conflictos. Es por ello que uno de los objetivos centrales de quienes poseen el poder es ejercer su control, tanto de su reproduccién como de su difusidn, puesto que, como dice Bronislaw Baczko [1991:30]: su manejo asegura, en distintos niveles, un impacto sobre las conductas y actividades individuales y colectivas, permite canalizar las energias, influiren las clecciones colectivas en situaciones cuyas salidas son tan inciertas como imprevisibles. Una de las fanciones de los imaginarios sociales consiste en la organizacién y el dominio del tiempo colectivo sobre el plano simbélico. Intervienen activamente en la memoria colectiva, para lo cual [...] a menudo los acontecimientos cuentan menos que las representaciones imaginarias a las que ellos mismos dan origen y encuadran. Tal vez, los imaginarios sociales operan todavia mds vigorosamente en la produccién de visiones del futuro, en especial en la proyeccién sobre éste de obsesiones y fantasmas, de esperanzas y de suefios colectivos. Pata Baczko, las utopfas no son abstracciones intelectuales separadas de la practica social, al contrario, son producto de los eventos histéricos ylo que es més importante, son condiciones que intervienen activamente y tienen una eficacia real.) Los imaginarios se constituyen asf en una potencia para laaccién y también en un pesado fardo que puede ser utilizado por la maquinaria del poder. Este cap{tulo del libro presenta, de manera breve, las tradiciones tedricas y las investigaciones que se vinculan a lo imaginario desde la antropologfa, la historia, la sociologfa y la psicologfa social, tratando de mostrar las Ifneas fundamentales que se desarrollaron y los nexos que entre ellos pueden establecerse. En este sentido, el presente capitulo pretende funcionar como un croquis que oriente lecturas y motive nuevas preguntas, a partir de los aportes de: 1) la historia de las mentalidades, 1) de Ja teorla de las representaciones sociales y 111) de las teorfas del imaginario. Esta exploracién tiene por finalidad preparar el terreno para la comprensién de la produccién simbélica. De manera sucinta, el croquis de este trabajo puede ser presentado bajo el siguiente esquema: 3 Korl Monnheim, en su libro ideologie y utopla, distingue estos dos conceptes y adjudico a la utopia la "tendencia" o tronsformar lo realidad vigente en otra mejor, en concordancia con una concepcién ut6pico, que de alguna forma también es producto de la imaginacién, 4 Que dialoge con las concepciones que estudian la diferencia bajo el concepto de: Cultura Popular: Hegemonto, Resistencia-Confrontacién Coherencia y Creatividad- Autonomia. Horizontes del imaginarlo, Hacia un reencuentro con sus tradiclones Investigativas TIEMPO FRAGMENTARIDAD CONSENSO, DEPENDENCIA COTIDIANO. Historia de las > mentalidades* AUTOMATICO Representaciones COTIDIANO ESTEREOTIPADO sociales FRAGMENTARIDAD DEPENDENCIA Thuapitdrios ty DINAMISMO CREATIVIDAD INTERACCION PODER INSTITUTIVO Lahistoria de las mentalidades se desarrolla bajo las categorlas fundamentales del tiempo y del consenso y puede entenderse mejor a partir de una dislogo posterior con las teorfas del conflicto que han desplegado sus crfticos. La teoria de las representaciones sociales da prioridad a la praxis y a las interacciones cotidianas o rutinarias asociadas a formas de concebir lo real, que sirven asu vez como el sustento —explicacidn y/o justificacién— de la accién y la existencia. En ambas corrientes es fundamental el papel sobresaliente del sentido comin como esquema productor de la realidad y la relacién social. Las teorfas de lo imaginario enfatizan en la capacidad creativa de la imaginacién, la que no solamente se vincula a la ficcién o al arte sino a todas las actividades del quehacer humano, incluida la ciencia y la construecién de la realidad. Sus categortas fundamentales son las de imaginario radical, trayecto antropolégico, nivel, entre otras, Conceptian Ia actividad imaginaria mediada por los esquemas productivos, que al mismo tiempo de dinamizar las representaciones, sirven también para guardar coherencia, es decir, conservar la relacién social, que tiene que ver con lh construccién social del espacio y el tiempo. Los elementos tedricos y metodolégicos que aproximan a los imaginarios, entre otros, son; a)las fuentesa las queacuden son diversas, plurales, précticamente no hay nada que no pueda ser estudiado desde estas perspectivas; 5) postulan, con diferente nivel de explicitacién, la transdisciplinaridad, en la que la colaboracién entrela antropologia, lahistoria, la sociologiay la psicologia social es fundamental, eincorporando también la retdrica, la geografia, el psicoandlisis, la historia de las religiones, etcétera; c) la construccién del tiempo y del espacio, a través de una simbolizacién que condiciona la visién del mundo y de las prdcticas; y 4) una 15 16 Abillo Vergara Figueroa postura contrapuesta frente al objetivismo racionalista que pretendia seta actores sociales “desnudos” y consideraba lo simbélico como una a iit prescindible y a la ldgica y la oposicién binaria® como el sustento de todo iento y actividad mental. a pee extelsentidoy:podemos Veb-que:los autores que estas tradiciones reclaman como sus precursores, predecesores o fundadores, se caracterizan por haber puesto en relieve una condicién més flexible a Ja determinacién y en la mayorfa de los casos, a cuestionar el poder de las estructuras, para resaltar la funcién de la dimensién “inmaterial”, “dindmica” y “procesual 5 la condicidn humana, articulando procesos individuales y Be a creatividad y la determinacién 0 el condicionamiento hist6rico 0 biogrAfico, asi como dotando de fuerza a las construcciones imaginarias. Entre estos autores destacan: Georg Simmel, Max Weber, Emile Durkheim, Gaston Bachelard, Stéphane Lupasco, Lévy-Bruhl, Sigmund Freud, Jean Piaget, entre otros, quienes si bien adjudican poder diferenciade a las estructurt esquemas productivos, arquetipos y disposiciones, gooveresn en la fucpeade los imaginarios y representaciones, que se expresan a través del lengua} simbdlico, en la constitucién del mundo en que vivimos. Quizé un cement adicional nos pueda servir para entender mejor us propucstasy proximida i. sus criticos han esgrimido argumentos proveniences desde el sees coherencia, y en muchos casos, desde la légica han mostrado ie “impertinencia” con Ia condena a la “hibridacién”, la “impureza” y le “incoherencia” de dichas construcciones imaginarias. i las mentalidades: la duraci6n, la lentitud, la inercia : saan es «historia de la lentitud de la historia Jacques Le Goff 1, Una breve historia Lahistoria de lo automético ylo cotidiano (como lo define Le Goff), lt historia de lasmentalidades, aquella que utilizalos aportes dela sotropolgjac—plicipalmente la simbélica— y que se opone a la historia politica por privilegiar los gram is personajes y sus hazafias y a la historia econémica, por su tendencia estructurista, #Quizé uno de los ejem; mas brillantes de una construccién que supera este alle eselque pose muiea a Gorter ci jonde no solamente muestra un caso ejemplar de Jacques Le Goff en E/ nacimiento de! purgatorio 1981], donde i p semplonge Horizontes de! Imaginario. Hacia un reencuentro con sus tradiciones investigativas no estd tinicamente representada por la historiograffa francesa, pero tiene allf a los que la iniciaron, la desarrollaron y encumbraron. Las ottas historias surgidas en otros paises, como Inglaterra o Estados Unidos, se han desarrollado y desplegado siempre en didlogo fructificante y refiriéndose a ella, No repetiré la hiscoria de los debates espectficos que se han desarrollado en —y frente a— lo que se ha llamado la Escuela de los Annales, ni realizar un nuevo balance de una trayectoria que ha tenido ya sus varias historias ¢ historiadores.6 Se propone aqu{ establecer una ruta para introducir las teméticas y las formas en que fueron abordadas y que nos conduzca a escructurar las vecindades y Perspectivas con los estudios sobre lo imaginario y lo simbdlico: me interesan principalmente las formas de abordar su objeto y sus probleméticas, Peter Burke, autor de una breve historia critica de los Annales, establece un mapa de los posicionamicntos de los integrantes de este grupo: En el centro del grupo estén Lucien Febvre, Marc Bloch, Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques Le Goff y Emmanuel Le Roy Ladutie. Cerca del borde se encuentran Emnest Labrousse, Pieite Vilar, Maurice Agulhon y Michel Vovelle, cuatro distinguidos historiadores cuyo compromisocon un enfoque marxista de lahistoria—particularmente fuerte en el caso de Vilar— los coloca fuera del cfrculo interior. En el borde o més alld del borde, estén Roland Mousnier y Michel Foucault [...] [Burke, 1999:1 q. Pueden discutirse algunos olvidos y posicionamientos; no obstante, parece un buen mapa para observar su desarrollo, dada la complejidad de su historia. En 1929 se funda la revista Annales d’bistoire économique et coviale, la que define la historia como explicativa y problematica, y abandona los temas cldsicos para estudiar a vida cotidiana y las estructuras, de manera global, interdisciplinaria y comparativa. En lo que se ha conocido como el “giro antropoldgico”, la historia miré con intensidad hacia la antropologia cultural y simbélica bajo la influencia deMarcel Mauss, Frazer, Lévy-Bruhl, Malinovisky, entre otros,’y posteriormente deriva en una hibridacién mayor que deviene en una nominacién que refleja la situacién y el proceso: antropologia histérica o historia antropoldgicaeincorporan otros nombres como los de Erving Goffman, Victor Turner, Pierre Bourdieu y Michel De Certeau (Burke, 2000:81 y ss}. Entre la década de los treinta y el primer lustro de los cuarenta, la historia de la Historia sefiala dos nombres fundamentales: Mare Bloch (1886-1944) y Lucien Febvre (1897-1956). El primero escribid Los reyes taumaturgos en 1924, {Entre otros, Duby[1992}; Alberto y Grusinski [1979]; Le Goff (19791; Chartier [1992]; Burke [1999, 2000); Lloyd (1996). *Y antes conla influencia de Durkheim, principalmente en el libro de Mare Bloch, La sociedad Feudol, donde utiliza conceptos como cohesién soclal y conciencia colectiva, y realiza tipologias y comparaciones. 18 Abilio Vergara Figueroa y Febvre, El problema de la incredubidad en el siglo xvi la religidn de Rabelais en 1942, libros que se convirtieron en punto de referencia fundamental para la escritura de la nueva historia, Bloch buscaba las causas de por qué Ja gente continuaba creyendo enel “milagro de lacaricia real”, aun cuando sus curaciones no tenfan el efecto restauradors mientras que Febvre sostenia que el “utillaje mental”® de aquel periodo no posibilitaba a incredulidad, al no existir las categorlas mentales ni las palabras para crear un pensamiento opuesto al hegeménico, que permitiera una nueva cosmovisién. Ambos fueron discipulos delantropélogo Lucien Léry-Bruhl—quien investigaba la mentalidad primitiva— y serin los protagonistas de una verdadera revolucién en Ja escritura de la historia. Esta emergencia de un nuevo objeto de la historia tuvo antecedentes en los afios finales del siglo x1X, principalmente en los aportes de la antropologia, la exnologia y la sociologla.? Sin embargo, la historia de las mentalidades aparece con una identidad propia en la década de los sesenta, ptincipalmente en Francia. Solange Alberro [1979:18] sefiala que esta identidad esté definida por la crisis generadaporla introduccién de “infinidad de aparatos que aportan comodidades en la vida cotidiana, que conllevan un elemento innovador en la relacién entre sujeto-objeto: Ia idea de obsolescencia inmediata. Este fenémeno parece que introdujo un desfase en las modificaciones de Ia “cultura material” y la “mentalidad”, pues ésta se modifica més lentamente que aquélla. Asimismo, sefiala como antecedente (y condicién de surgimiento) la emergencia de movimientos que miran hacia el “pasado estabilizador”: “Ya que no se puede acelerar el ritmo de evolucién de la mentalidad, se mira hacia atrds, hacia las ra(ces, en sus formas mds nebulosas, més inocentes, més ingenuas”, siendo sus manifestaciones el naturalismo, el hipismo, el retorno de la magia, eteétera. ‘También sefiala como una de sus causas “una respuesta a la difusién popular de la antropologia”, ya que “si seadmiten las diferencias de los papties o de las tribus amazénicas, deben admitirse también las diferencias culturales en los pafses europeos” [ibid]. Para los fines de esta investigacién, me interesan més cercanamente los trabajos de lo que se ha llamado la “tercera generacién” de los Annales —que surge luego del 68— y también algunos otros, que no estando quiz4 en el centro del movimiento ni préximos en términos espaciales y de tradicién académica, Puede definirse aproximadamente como “aparato conceptual” Seguin Chartier (1992:20] rifleroal estada dela lengua, en au léico su setts, os hertemientas vel engucle centfico dsponbles, tembién “l ‘apoyo sensible del pensomiento” que es el sistema de las percepciones [..". Refiere a vocabulario,sintexs, lugares comunes, marcos légicos y concepciones del espacio y del tiempo. 9Gruzinski [1979]; Le Goff [1979]; Burke [1999]. Horizontes det imaginario. Hacla un reencuentro con sus tradiclones investigativas desarrollaron temas y probleméticas vinculadas a los aspectos subjetivos, imaginarios y simbélicos. Estas investigaciones han sido objeto de critica y debates, fundamentalmente en lo que se refiere a su pretensién abarcativa, Robert Mandrou [1965] y Genevitve Bolléme [1971] estudiaron la literatura de folleterfa de venta ambulante (colportage), que inclufa “unos cuantos grabados, como almanaques, vida de santos, narraciones de milagros u oraciones” y eran difundidos por vendedores en dreas rurales. Mandrou la caracterizé como literatura de evasidn y concluyé que alimenté en el pueblo una visién fatalista del mundo y para él, estos “libros anénimos” tuvieron un enorme éxito de “aculturacién victoriosa”; mientras que para Bolléme la cultura popular es auténoma y original, y su estudio insiste en el proceso de lectura. Bollame dice: “la historia sin autor ¢s finalmente una historia que se comenta con las palabras del lector, [...] al limite, la historia que escucha o que lee el lector, es nada més que la que él quiere que se le cuente(...]” [Gruzinski, 1979]. Michael Foucault (1961 y 1973} a través del andlisis de la locuray el proceso penal a Pierre Rivitre —asesino de su madre, het mana y hermano—, concluye que es imposible abordar las culturas subalternas. Dice que frente a la locura (folie), se separa a los locos, se construye una barrera ideolégica, social y fisica, y se les describe con cédigos que no les correspondens y el historiador es igual de ajeno por pertenecer al orden que los excluye e indica que nunca lograremos “conocer la locura en s{ misma”. Frente al asesino (Riviere), Foucault sefiala que el texto en el que explica cémo les dio muerte y por qué no pertenece a un “orden enunciable” y que mds bien se expresa a través de dicho matricidio como contestacién alla sociedad de la que es un excluido. Esta postura es calificada por Carlo Ginzburg [2000:22] como “irracionalismo estetizante”, que construye una alteridad incomprensible, haciendo que sélo “las victimas de la exclusién social se convierten en depositarias del tinico discurso radicalmente alternativo alas mentiras de la sociedad establecida”, acusindolo de un populismo “de signo contrario”, un “populismo negro”. Desde otra perspectiva, Mijail Bajtin [1990} sefiala que la cultura popular se opone a la cultura dominance y que ésta se caracteriza por la seriedad y el dogmatismo; no obstante, entre ambas existen interinfluencias reciproces, ‘Lo posicién de Bollme, no obstante, es mas compleja que esta esquematizacién, Cito en extenso para llustrarla: “cExiste escriture viva © ingenua en literatura excepto lo voluntad de encontrarla, voluntad que forzesamente se desvia dentro de las trampas del lenguaje —el peligro de todos los peligros, decia Heidegger—, de las que el sujeto no puede escaparse y donde él pasa su vida prisionero de esta lengua- espejo, preacuptindose indefinidamente de él, en exhibirse también dejando detrés suyo esta especie de tumba (donde estd enterrado); la obra de arte, es decir, lo que resta es el lugarde la batalla que ha librado?; eperdié? égané?” [Bollame, 1990:200], 19 Abilio Vergara Figueroa Estudia al carnaval como tema central de Ja cultura popular, que exalta la fertilidad y Ia abundancia, as{ como la inversién de los valores y las normas, de las jerarquias establecidas como su cje fundamental, el que se asocia a una concepcién cdsmica del tiempo, puesto que esa la vez destructor y regenerative. El cuerpo es también ubicado en esta dimensién y las jerarquias y valoraciones para sus componentes son estudiadas en su profundidad interpretativa, como simbolos y metéforas de una relacién propia dela cosmovisién, es decir, més alld de las circunstancias en las que se expresan. j R, Uno de los representantes més destacados de la lamada “tercera generacién de los Annales y que consolida la nominacidn de historia de las mentalidades, es Georges Duby,!? uno de cuyos aportes es haber remarcado —en su prictica investigativa yen sus recomendacionesmetodoligicas—la necesidad decolaboracién con las otras disciplinas sociales. Lo cierto es que el propio Duby reconoce en Mare Bloch la génesis de este enfoque, pues él subrayaba la importancia de considerar la “atmésfera mental” para comprender los procesos histéricos. Duby (1919-1996) precisa que el estudio de las mentalidades no puede divorciatse del estudio de las materialidades en las que se concretizan, pues las primeras “suceden en la cabeza”, la que est sujeta a un cuerpo!” y no es amputable. Esta propuestaes semejantealade Duranden el trayecto antropoldgico. La indisolubilidad de cuerpo y mente también se proyecta a individuo-sociedad. El autor de El tiempo de las catedrales ha contribuido significativamente a. este nuevo enfoque de la historia, as{ como a una manera de narrar y concebirla bajo la mirada poética, del imaginatio, del suetio, También lo ha hecho ampliando considerable mente las problematicas que van de la historia econdmica y social — en sus trabajos iniciales—, al de las mujeres —Damas delsiglo xu, el arte —Arte romntico gético—, el miedo, al que dedica dos libros —Elaito mil y Afto 1000, aio 2000, la huella de nuestros miedos—, o reintroduciendo el acontecimiento en Eldomingo de Bouvinesy la historia biografica con Guillermo el Mariscal. Uno de sus trabajos fundamentales también es Los tres drdenes 0 lo imaginario del feudalismo, en el que aborda los pilares de la estructura organizativa medieval significados por clérigos, caballeros y villanos. th Jacques Le Goff (1924) ha sido junto con Duby, uno de los més importantes innovadores de la historia, El se ha esforzado por despejar esa imagen de la Edad Media como Age de ténebres ytratar de proponer una imagen “ni negra ni dorada’, analizando su historia desde los més diversos 4ngulos, con métodos también " Bectriz Rojas [2000], autora de una importante antologia de sus trabajos, dice que es él quien “de alguna forma le dio nombre”. Espacio privilegiado de la simbolizacién. Horizontes del imaginario. Hacla unreencuentro con sus tradiciones investigativas Plurales y creativos, como lo atestiguan sus numerosas publicaciones que bien tratan de mercaderes y banqueros, intelectuales, el purgatorio, la identidad comparada, santos, ciudades, lo maravilloso, entre otros." Como un ejemplo de innovacién al interior de Ia Ecole tenemos las biograffas de San Luis y San Francisco de Asis —en las que conjuga “el relato con el andlisis, la historia colectiva con la vida de un hombre” y rescata un género que “no gustaba’, el biogréfico, donde también pone a prueba las fuentes y la informacién que ella “muestra”, ubicando, por ejemplo, que los materiales oficiales referidos a Louis 1%, més que mostrar su vida, presentaban la imagen que su entorno pedia {Le Goff, 1996]. Maurice Agulhon (1926) fue discfpulo de Ernest Labrousse, al principio trabaja la historia social de La Provence para luego pasar ala historia politica, por un lado y a la etnografica, por otro, cuyo derrotero puede ilustrarse a través de sus obras: La République au village, Le Cercle dans la France bourgeoise, 1810- 1848, tide d'une mutation de sociabilird —fue él quien masifics la palabra “sociabilidad” en Francia, a cravés del estudio de sociedades de amigos, confraternidades, logias, jaranas y carnavales, entre otros (Burke)—o Marianne au combat WVimaginaire et la symbolique républicaines de 1989 % 1880), contribuyendo también a la ampliacién de “temas” historiables, En esta direccién apuntan las investigaciones de Emmanuel Le Roy Ladutie, quien ha trabajado leyendas medievales, asi como “gestos simbélicos de la vida social, especialmente los ritos de vasallaje” y se ubica en la psicologia histérica como en el estudio de El carnaval de Romans, una suerte de “psicodrama que da acceso alas creaciones del inconsciente”. Otros temas tratados por este historiador son los de las brujas y herejes. Pertenece a estos tiltimos el estudio Montaillow, donde utiliza técnicas antropolégicas —toma las respuestas de 25 individuos como encuestas etnogréficas— en semejanza con los estudios monogréficos de Ja antropologfa [Burke, 2000]. EI historiador italiano Carlo Ginzburg (1939), desde la “microhistoria” cultural, reflexiona acerca de la pertinencia de fuentes novedosas” y encuentra, jaa noissonce du purgatcire (1981), La viele Europe et fa notre (1994), Marchands et hanquiers du Moyen Age (1956), Saint Louis (1996), Pour amour des villes (1997), Pensar ia historia (1977), El orden de la ‘memoria (19771, Lo maravilioso y lo cotidiano en el Occidente medievel, entre otros, [Burke sefiala que en este trabajo “hace uso de un marco ampliomente marsista” y que el crecimiento de to conciencio politica se debe 0 fe conjuncién de los “abusos contra el derecho comiin” ya la “ampliacion del horizonte cultural, debido o la difusién de la alfabetizacién” [1999.88] i7Alreferirse alos materiales con quetrabaja el uicio al molinere Menccclo, acusado por lo Inquisicién, dice: “incluso disponemos de péginas autégrafas y de una listo parcial de sus lecturas (soblo, en efecto, leer y escribie)*, sin embargo, realiza una critica acerca de otros fuentes, por ejemplo las eseritas por miembros de las élites 0 funcicnarios, o os que calfica de fuentes dablemente indirectos: escritas y escritas por “individuos vinculados més 0 menos abiertamente a Ia cultura deminante” [2000:17). 22 Abilio Vergara Figueroa en las respuestas de los benandanti —practicantes de un culto agrario a quienes los inquisidores consideraron brujos— [Ginzburg, 1972] discursos no “atravesados” por el discurso oficial y que “traslucian un profundo niicleo de creencias populares sustancialmente auténomas” (2000:23]. Asimismo, en el discurso de defensa que despliega el molinero Menoccio, interrogado por la Inquisicién, también encuentra “un caudal no explorado de creencias populares, de oscuras mitologias campesinas” [ibid.], y el autor de Ojazos de madera encuentra estos relatos asociados a un cierto “radicalismo religioso y un naturalismo de tendencia cientifica, hasta una serie de aspiraciones utépicas de renovacién social”, que si bien nos remiten a la existencia de un discurso similar en cfrculos intelectuales, no obstante conservan originalidad. Sin embargo, habria que sefialar que Ginzburg significa en la escritura de la historia, un caso relativamente distinto al de la historia de las mentalidades, pues como dice Roger Chartier, él no “disuelve la singularidad individual en las regularidades de lo colectivo no obstante que apunta a enunciar una verdad general” [ibid.:148], a pesar de ello con esta historia amplié los horizontes teméticos y quizd comparta con Le Goff y Duby aquella caracter(stica que le atribuye el autor de E! mundo como representacién, quien a su vez valora su trabajo en cuanto redefinicién de una historia que utiliza “indicios y conjeturas”. Finalmente, tenemos desde otra perspectiva el aporte a esta mirada cultural de la historia en los trabajos de Robert Darnton, cuya obra La gran matanza de los gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa (1984), ha sido un éxito editorial sin precedentes. La claboracién de este libro es de alguna forma significativa del didlogo entre las tendencias de la escritura de la historia, pues Darnton, en los setenta, bajo la influencia de Clifford Geert, convierte su seminario de historia de las mentalidades en un “Seminario de historia y antropolog(a” e incursiona en la meca de la renovacién de la historia del siglo xx (Francia) en una incursién que él mismo supone “debié ser arriesgada”. En este libro, ef historiador real fuentes y trata de estudiar no solamente qué pensaban los franceses del siglo xv, sino “cémo pensaban”, as{ como su construccién del mundo, sus emociones y la adjudicacién de significaciones; aunque la critica (Chartier, 1991 y Ferndndez, 1991] considere dificil una adaptacién de las técnicas de tratamiento de las fuentes y del andlisis antropolégico a los documentos histéricos y ademas dude de la “transparencia” de los textos a los que el historiador se enfrenta, as{ como lo “arriesgado” que es concluir galicidad a partir de ellos. a innovaciones en el tratamiento de las Horizontes del imaginario. Hacia un reencuentro con sus tradiciones investigativas 2. Mentalidades:un esquema Para ensayar una definicién de la situacién —vista ya la complejidad de posturas al interior de la Evole— y desarrollar el trasfondo de las problemdticas que la historia de las mentalidades trabaja, se utilizard la propuesta por Jacques Le Goff ensutexto “Les mentalités. Une histoire ambigie” (tomado de Alberro y Gruzinski, 1979:57-61]. Para Jacques Le Goff, le mentalidad es equiparable a lo cotidiano y lo automatico, Es lo que escapa a los sujetos individuales de la historia porque es revelador del contenido impersonal de su pensamiento; es lo que comparten César y el iltimo soldado de sus legiones; San Luis y el campesino de sus dominios; Cristobal Colén yel marinero de sus carabelas [Le Goff, 1979:57]. Déndole asf el sentido de nticleo generador comtin, mds que de contenidos y formas uniformes. Posteriormente revisard este caréctet y lo matizard al proponer diferencias al interior de una misma sociedad y época. Un elemento destacado —y hasta cierto punto paradéjico— de la propuesta de esta cortiente hist6rica es la ubicacién de sus probleméticas de estudio en un contexto de dualidad referencia: a) caracterizar —no en todos los casos esto es explicito— el tipo de relacién existente entre la cultura popular y la cultura de lites y, 6) el tipo de fuerza que los elementos simbélicos y rituales tienen en las relaciones intra ¢ intergrupales, asf como en la constitucién de la sociedad. Por ejemplo, el autor de Pensar la istoria sefiala que la reaccién popular frente a la peste es una [.«] interpretacién secular ¢ inconsciente de los pensadores cristianos, desde San Agustin hasta Santo Tomds de Aquino y se explica por la ecuacién “enfermedad=pecado”, elaborada por los clérigos de la Alta Edad Media, pero pasa por alto todas las articulaciones légicas, todas las sutilezas del razonamiento, para conservar slo el molde burdo de la idea {Le Goff, 1979:57]. “Interpretacién secular € inconsciente” que trae “abajo” (rebaja) cl pensamiento cristiano (sistemético) que ancla en una especial configuracién de equivalencia “pecado=enfermedad”. Esta estrategia popular es comin a las otras esferas de la cultura y puede encontrarse en la ropa, la comida, los bailes, la lengua, etcétera, y muestra un lazo compartido que es la referencia a esa version elevada, sistemética y ornamentada por “sutilezas” de razonamiento, decoracién, complejidad y otras distinciones a los que referirdn, en camino difusionista, al caracterizar un estilo de época que comparten todos. Hay, aparentemente, detrés de esas muestras diversas —muchas de ellas calificadas de grotescas y caricaturizadas— una “mente ordenante” que puede ser equiparada al esquema, 23 a4 Abilio Vergara Figueroa la estructura y quiz, en dimensiones més reducidas, a las disposiciones. Eso que, en lacritica de Lloyd [1996], equivaldrfa a adjudicar unicidad alos griegos frente alos chinos. En esta distincién demarcativa, Le Goff adjudica a subdisciplinas de la historia la tarea de estudiarlas: la historia de los eruditos a la historia de las ideas; lade historia de las mentalidades se ocupa de esas interpretaciones “inconscientes yseculares”, que depositadasen el “molde burdo” que sdloaprehendelaidealljana, que sin embargo no la “extrafia” a la total alteridad: por algo comparten el estilo de época y la mentalidad, cuando en esa doble vfa penetra en el inconsciente 0 emerge en su significacién social y publica. En segundo lugar, si bien la mentalidad supone un esquema generador comtin, ella esté conformada por fragmentos reconocibles, por lo que la historia de las mentalidades debe realizar en primer lugar. una bisqueda arqueolégica de los estratos y pedazos dearqueopsicologia [...] y luego —ya que estos restos estén arreglados en coherencias mentales— el desciframiento de sistemas psiquicos semejantes al bricolage intelectual en el que Lévi-Strauss reconoce el pensamiento salvaje [Le Goff, 1979:58]. MENTALIDADES SISTEMAS DE PENSAMIENTO, 8 " 2 PRESTIGIOSO 2 # ‘ASE DoMINANTE! a a gt é a oy LUGARES, 3 Cts ACTORESY = a §5 MEDIC z Z 36 DEPRODUCCION g os 28 Ba a 8E 3 & Fo 8 g 88 LUGARES COMUNES 3 Q §o PEDAZOS-FRAGMENTARIO 5 A 8 ‘Arvegladosen Coherencias Mentles E BZ Lenn z B © ———_+ HISTORIA DE LALENTITUD DE LA HISTORIA + Econ 197. | Pareciera que en la propuesta de Le Goff emergieran restos en su doble acepeldn: pedazosy residuos, fragmentacién y resonancia. Luego de esta operacién de desciframiento que articula, sefiala que “lo que parece privado de rafces, nacido de la improvisacién y del reflejo, gestos maquinales, palabras irreflexivas, Horizontes del imaginarto. Hacia un reencuentro con sus tradiciones investigativas procede de lejos y atestigua la larga resonancia de sistemas de pensamiento” (i6id.:58], La palabra resonancia parece también buscar la literalidad del eco, como figura que pretende dotarel sentido del cardcter parcial de su representacién, pero también quizd aspira a expresar su proyeccién mds alld de la enunciacién: aquello que queda atin cuando Ja emisién ya acabé, que es también una caracter{stica fundamental del simbolo. La profundidad temporal, la persistencia, [a inercia, as{ como el sefialamiento de ritmos diferenciados de los distintos componentes de la historia, caracterizan su propuesta: La historia de las mentalidades obliga al historiador a interesarse més de cerca en algunos fenémenos esenciales de su campo: las herencias, cuyo estudio ensefia la continuidad, las pérdidas, las rupturas (de dénde, de quién, de cuando provienen este rasgo mental, esta expresién, este gesto?); la tradicién, es decir, los procesos de produccién mental de las sociedades, los desfasamientos, productos del retraso de las mentes para adaptarse al cambio y del desigual ritmo de evolucién de los diferentes sectores de la historia; campo de andlisis privilegiado para la critica de las concepciones lineales de la historia. La inercia, fuerza histérica primordial, que depende mds de las mentes que de la materia, ya que es més 4gil que aquellas [...] Historia de las mentalidades, historia de la lentitud de la historia [s6id.] La propuesta de Le Goff encierra una estremecedora concepcién del tiempo que poetiza la lencitud y la inercia, “fuerza histérica primordial”, En esta estructura jerarquizada, descendiente,'* su génesis y difusidn se aprehenden a partir de centros de elaboracién, de medios creadores y vulgarizadores, de grupos y de oficios intermediarios. El palacio, el monasterio, el castillo, las escuclas y las cortes, alo largo de la Edad Media son los centros en donde se crean las mentalidades. El mundo popular elabora o recibe sus modelos en sus propios centros de produccidn de las mentalidades: el molino, la herrerfa y la taberna. Los medios de comunicacidn de masa son los vehiculos y las mattices privilegiadas de las mentalidades: el sermén, Ia imagen pintada o tallada son, antes de la Galaxia Gutemberg, las nebulosas en donde se cristelizan las mentalidades (i6id.:59] Obsérvese que se introduce la posibilidad de “propios centros” de las clases populares, sin embargo, la distincibn entre “creadores y vulgarizadores” pareciera debilitar su capacidad actorial, aunque plantea también que el “mundo popular "Tendrla que hacer mia lo “irritacién” de Agulhon en esta perspectiva que cbservo implicita en mi manera de narrary exsminar las formas en que se enfocan los relaciones entre cultura populory deminante. Aguihon 11994:103} dice, ol sugerir la conveniencia de estudiar los gallos de campanatio, que "contribuirla @ Introducir un poco de precisién en el inevitable e irritonte debate acerca de 1a influencia (énula?, éuperficiol?, éprofunda?) de los superestructuras juridicos e ideolégicas nacionales sobre las realidades culturoles de base en las diversas regiones de Francia”. 25 26 Abillo Vergara Figueroa elabora y recibe sus modelos”. Sin embargo, esta lectira de la propuesta de Le Goff quizé también reproduce las limitaciones de una mirada exclusivamente vertical bajo la metéfora de la espacialidad arquitecténica: las bases del edificio podemos transformarlas y de lo popular podemos pasar al inconsciente, no necesatiamente de este sector sino del conjunto social, matizando asf una lectura lineal, que nos remite al esquema de Freud adaptado por Durand. Esta propuesta integra elementos que han estado ausentes en los andlisis de la cultura, es decir, el enfoque simulténeo hacia los espacios de produccién, circulacién y consumo quesuponecietrael cfrculoy define también la permanencia y las modificaciones, como por ejemplo ha demostrado Roger Chartier [1992] con la lectura, Le Goff también asume conciencia de las implicaciones de la duracién como caracterfstica de la mentalidad: ello lo enfrenta a cémo enfocar la cuestién del cambio, pues como ¢l bien lo dice, Es muy espinoso también el estudio de las transformaciones de las mentalidades. 4Cudndo se deshace una mentalidad, cudndo surge otra? No es ficil aprehender lo nuevo en este campo de permanenciasy de resistencia. Aqu{ el estudio de los eopoi” debe aportar una contribucién decisiva (ob. cft.:59 y sl. Habla de la eficacia de los “lugares comunes” 0, por el contrario, de investigar cudndo “se vuelve inoperante”. Lugar comin que espacializa lo conocido, pero més atin, metaforiza el compartimiento y la obviedad, pero que en su propia explicitacién viene atravesado por la devaluacién, la cual inicia la prescindencia que antecede a su ineficacia significativa. Las propuestas anteriores plantean consideraciones metodoldgicas que implican todo el proceso de investigacién, pues, por ejemplo para el medievalista no son las ideas de Santo 'Tomds de Aquino o de San Buenaventura las que rigieron las mentes a partir del siglo xi1, sino nebulosas mentales en que desempefiazon un papel de ecos deformados de sus doctrinas, fragmentos empobrecidos y palabras fuera de contexto, Sin embargo, el historiador tiene que ir mis alld de la localizacién de ideas adulteradas dentro de las mentalidades. La historia de las mentalidades no puede desarrollarse sin que esté extrechamente relacionada con la historia de los sistemas culturales, de los sistemas de creencias y de valores y del utillaje intelectual dentro de los cualesseelaboraron y evolucionaron. En este aspecto, la historia podré beneficiarse mucho con Ia aportacién de la etnologfa [ibid.:60]. Nebulosas mentales, ecos deformados a ideas adulteradas que desde el fondo de la degtadacién se reencuentran yarticulan en “coherencias” que nos conducen '/Del griego "topos", lugar comiin (nota del traductor) Horizontes del imaginario, Hacia un reencuentro con sus tradiciones Investigativas a la “mente” estructurante que se halla en los sistemas culturales, sistemas de cteencias y el utillaje de la época, que bajo el desciframiento del historiador cultural, recupera su eficacia y funciona automética y mecdnicamente en la vida cotidiana. Finalmente, Le Goff reconoce las mentalidades como un espacio de lucha, de contradiccién: Eminentemente colectiva, Ia mentalidad parece independiente de las vicisitudes de las luchas sociales. Sin embargo, serfa un grave error separarla de las estructuras y de Ia dinémica social. Al contrario, representa un elemento capital de las tensiones y luchas sociales, La historia social estd jalonada con mitos donde se manifiesta el papel de las mentalidades en una historia que no es undnime ni inmévil. Existen mentalidades de clase junto a mentalidades comunes (fbid.:60 y s], que matizando la uniformidad abre un conjunto de interrogantes hacia los estudios de la diversidad y la creacién. 3. Las definiciones problemdaticas Una de las impresiones extendidas es que las problematicas que aborda la historia de las mentalidades refieren a supervivencias, arcafsmos y alo itracional. Las cosmovisiones de grupos no integrados.a la légica racional aparecerfan en la mira de estos cazadores de “extrafiezas” que de alguna forma estarfan especializados en sacar a luz. lo oscuro, lo subterraneo y que a la vez “viene de lejos”. Esta imagen no necesariamente busca invalidarla, aunque en la practica académica reproduzca los mismos prejuicios cotidianos, y condiciona la actitud hacia ella: muchos se asoman por estas tematicas con afan participativo en el sentido de involucrarse més literariamente, otros para marcar distancias de la contaminacién de este mundo que se conceptiia “extrafio” para la propia prdctica cientifica. El punto de partida fundamental dela construccién del objeto histérico para la historia de las mentalidades deriva de una postura hacia dos elementos fundamentales de la construccién social de la realidad: el tiempo —que remite a la permanencia, la duracién— y el simbolismo —que refiere a la relacién social—, ambos definidos por el compartimiento, criterio basico dela condicién social. Para Duby [1993:99], por cjemplo, tras las diferencias y los matices individuales subsiste una especie de residuo psicoldgico estable, hecho de juicios, de conceptos y creencias a los quese adhieren en el fondo todes los individuos de la misma sociedad. 27