Está en la página 1de 7

Arquitectura del periodo virreinal

El Virreinato del Perú fue una entidad territorial situada en América del Sur, integrante del Imperio español y que fue creada por la Corona durante su dominio en el Nuevo Mundo, entre los siglos XVI y XIX.

El inmenso virreinato abarcó gran parte del territorio de Sudamérica, incluida Panamá. Quedó fuera de él, también como bien realengo, Venezuela y Brasil, que sobre el océano Atlántico, pertenecía a Portugal. Al general rioplatense libertador José de San Martín a abandonar su empresa emancipadora tras establecer la República Sin embargo, durante el transcurso del siglo XVIII su superficie sufrió tres en el último bastión y centro realista en América del Sur, obligando importantes mermas al crearse -con parte de su territorio- dos nuevos virreinatos de la corona española: el Virreinato de Nueva Granada y posteriormente el Virreinato del Río de la Plata. Al mismo tiempo el Brasil lusitano extendía sus fronteras hacia la Amazonia.

A pesar de las pérdidas territoriales, todavía a principios del siglo XIX el virreinato del Perú era la principal posesión de la Corona española5 al tratarse de una de sus más importantes fuentes de riqueza. El virreinato peruano durante el proceso de independencia hispanoamericana se convirtió del Perú, hasta que bajo la división partidista, y sin auxilios de España, el virreinato sucumbió finalmente en las campañas decisivas del general grancolombiano Simón Bolívar, con el apoyo de las guerrillas peruanas y todos los recursos de logística de la sierra peruana, requisando todo lo necesario para una guerra de posiciones.

Arquitectura del periodo virreinal El Virreinato del Perú fue una entidad territorial situada en América del

la Municipalidad de Lima en el siglo XIX

Arquitectura

Los claustros fueron uno de los tipos de edificios más difundidos en el Virreinato del Perú como el Claustro redondo de Santo Tomás en Lima

La arquitectura virreinal alcanzó su máxima expresión en la edificación de iglesias, claustros, casas y mansiones señoriales, y en menor medida fortalezas y cuarteles. Su desarrollo fue incentivado fundamentalmente por la actividad religiosa, la cual construyó catedrales, claustros y conventos urbanos y rurales, dispersos por toda su geografía. La mayoría de las iglesias de fines del siglo XVI poseían planta gótico-isabelina con nave alargada y separada por presbiterio o capilla mayor por un gran arco denominado toral. Sin embargo, son pocos los ejemplos de arquitectura del siglo XVI. Algunas casas-patio de Lima y Cuzco, y ciertas iglesias en provincia son la única muestra de las construcciones de aquella época. Del siglo XVI destacan la casa de Jerónimo de Aliaga en Lima, La Merced en Ayacucho, la Iglesia de San Jerónimo en Cuzco y la Asunción en Juli, Puno.

Arquitectura Los claustros fueron uno de los tipos de edificios más difundidos en el Virreinato del

Plaza Mayor de Lima Perú en 1877

Barroco Andino:

El siglo XVII estuvo marcado por la llegada del barroco. Este estilo arribó al Perú en un momento de gran madurez artística de los alarifes afincados en el Perú. La interpretación del estilo y su adaptación al medio local hicieron de la arquitectura

virreinal peruana una expresión nueva y original del barroco americano. Mientras el barroco se afianzaba, en el Perú hubo un cambio en la construcción y diseño de las naves. Las iglesias dejarían las plantas isabelinas y se adaptaron a la cruz latina con bóveda de cañón y cúpulas en el crucero. Son ejemplo del barroco San Francisco el viejo, iglesia de las Trinitarias, iglesia de La Merced, la Portada del Perdón de la Catedral de Lima, Santo Domingo, San Francisco, Santa Catalina en Cuzco, etc. A este estilo también pertenece el Palacio de Torre Tagle. Otro estilo que tuvo mucha aceptación en el Perú virreinal fue el churrigueresco, ejemplos de esto lo constituyen los templos de San Agustín y San Marcelo en Lima así como los retablos en pan de oro de muchas de las iglesias virreinales del Perú.

Patio del Palacio de Torre Tagle, una casona virreinal en la ciudad de Lima. En la segunda mitad del siglo XVIII aparece el rococó por influencia francesa, en el virreinato; dejando ejemplos de su estilo, la iglesia de las nazarenas y la Quinta Presa en Lima; la Casa del Almirante en Cuzco, etc. Al final del siglo XVIII surge el estilo arquitectónico neoclásico que tuvo su inspiración en los moldes de la Grecia antigua y la roma imperial. Corresponde a este estilo los retablos de la Catedral de Lima, la fachada de la iglesia de San Pedro, el altar mayor de la iglesia de San Francisco, etc.

En las ciudades, la vivienda tuvo una fuerte influencia peninsular, especialmente andaluza. Fueron casas de uno o dos pisos, con un zaguán en el ingreso. Usualmente, este zaguán permanecía abierto todo el día pues a él llegaban los vendedores ambulantes o las visitas. Un patio dominaba el ingreso rodeado de los dormitorios y habitaciones principales. En el primer piso se encontraba la sala que usualmente conectaba a un segundo patio y finalmente a la cocina. Muchas casas en Lima tuvieron huertas en las que cultivaban productos de pan llevar. Las casas de dos pisos tuvieron usualmente un balcón cerrado por donde se podía observar la calle. En el siglo XVI y XVII estos balcones poseían celosías, a fines del XVIII y principios del XIX se construyeron bajo los cánones del neoclasicismo y del estilo imperio, imponiéndose el uso de ventanas de guillotina, como se puede apreciar en la Casa de Osambela en Lima. Los balcones de Lima le confirieron a esa ciudad una personalidad propia, ya que en ninguna ciudad americana existieron tantos balcones como en la capital del Virreinato del Perú

DIVERSIDAD ARQUITECTÓNICA Y PERUANIDAD

En el proceso de formación del Perú como nación cuentan, además de las ideas que por ser producto de la inteligencia influyen a través de las élites, otras realidades sociales más vinculadas a la gente común, y por ende de influjo multitudinario. Entre ellas, la arquitectura contribuyó a su modo a la formación de la peruanidad, porque ella fuera en todos los casos quehacer de las mayorías, sino porque de ella usaron los pueblos, en una comunicación diaria, cara a cara, los edificios, ostentando su rostro permanente; y las gentes, adecuando su comportamiento al marco arquitectónico en que actuaban. Esta peculiar vivencia educativa espera todavía ser desvelada para comprender mejor la formación de la nacionalidad.

La arquitectura colonial peruana atestigua un aspecto significativo del Perú como nación: su diversidad, la que bajo ningún aspecto es contradictoria de la unidad nacional. Durante el siglo xvi, al edificarse las primeras construcciones renacentistas, algunas de ellas con techumbres mudéjares, la más indiferenciada arquitectónica cubrió las nuevas ciudades del Perú. Posteriormente, durante la segunda mitad del siglo xvii, comienza la diversificación de los núcleos arquitectónicos regionales, que se consolida a plenitud durante el siglo xviii. Cuzco, -Puno, Lima, Cajamarca y Ayacucho desarrollan sus propias formas de arquitectura con muy pocas coincidencias e influencias mutuas, antes bien como arquitectónicas en el Perú. Los collas del lago Titicaca reasumen, en el siglo xviii, su identidad cultural con el restablecimiento de la lengua aymara y con una arquitectura decorativa que reactualiza prácticas ancestrales de tallar la piedra al modo planiforme. Esta brillante arquitectura plana contrarresta agresivamente el neo expansionismo cuzqueño, de tal modo que el espléndido barroco del Cuzco, en la época del obispo Mollinedo, no logró pasar más allá de la frontera Lampa- Ayaviri-Asillo. Por su parte, los insuperables canteros cuzqueños confieren al barroco del Cuzco esa calidad que no ninguna otra arquitectura colonial hispanoamericana.

LA PLANTA DE LAS IGLESIAS LIMEÑAS

Hay un componente de la arquitectura virreinal sobre el que, aun las personas versadas en el arte peruano, no acostumbran reparar: la planta de las iglesias. Reconocemos en descargo de ello que la planta no es visible en sí misma como lo son los arcos, las bóvedas, las portadas o los retablos; que tampoco puede contemplarse en una simple mirada abarcadora, pues se dispersa esquivamente por cruceros, capillas, sotacoros, naves laterales y otros escondrijos; y que pertenece más al mundo racional de la geometría que al de las realidades observables en la experiencia inmediata. Pero nada de ello disminuye su primordial significación para comprender la arquitectura virreinal.

A pesar de lo furtivo de su presencia, la planta influye más decisivamente en el despliegue del edificio que cualquiera de los elementos arquitectónicos. Ella es la

que impone el orden interior y de la distribución para todos y cada uno de los componentes de la iglesia; ella decide la modulación estilística con que se ha de ornamentar el ámbito interno. Cuando en ocasiones, por necesidad de la reconstrucción, han sido modificadas posteriormente algunos elementos arquitectónicos hasta el punto de alterar la ambientación estilística originaria, la planta, más estable que ningún otro elemento, denuncia el cambio sin que pueda ser silenciada y recuerda incesantemente cuál debería ser el estilo que a ella corresponde. Por diversas razones, resulta muy poco frecuente en Lima que la planta de las iglesias guarde correspondencia estilística con la elevación de los paramentos y sobre con el diseño de las cubiertas. La unidad tan armoniosa entre la planta y el edificio sobre ella levantado, en algunas pequeñas iglesias como Las Trinitarias, Jesús , El Patrocinio o Santa Rosa de la Monjas, constituye casos excepcionales frente a las numerosas iglesias que, conservando su planta inicial, han sido reconvertidas en épocas posteriores, siguiendo cánones estilísticos diferentes de los originarios. No nos detendremos a analizar las iglesias que fueron totalmente derribadas para reconstruirlas según otra planta distinta de la primera: san marcos

que impone el orden interior y de la distribución para todos y cada uno de los

La "Real y Pontificia Universidad Mayor de San "

Arquitectura virreinal religiosa de Lima se publicó hace más de veinte años por la editorial Studium. Texto e ilustraciones se reproducen íntegramente en esta nueva edición. Los cambios introducidos en el texto original se reducen a la eliminación

de erratas como el que se coló en la carátula (en la cual se yerra con la utilización del vocablo virreinal), la supresión de notas yuxtapuestas como la de la página 77 de la edición de Studium o la reubicación del capítulo «El rostro humano de Lima» en el, que hemos integrado en el capítulo ix, dedicado a Ricardo Palma. Se mantienen también todas las fotografías tomadas por el propio autor, aunque notablemente mejoradas en la calidad de la impresión y a colores. Una a una pasamos revista a las ilustraciones y prácticamente todas conservan su vigencia. Hay que observar, sin embargo, que la Iglesia de la Trinidad, por quemarse el altar mayor y la parte superior del retablo, ha sido restaurada y dos de sus más bellas estatuas, las de San Benito y San Bernardo, se encuentran actualmente en el Monasterio Cisterciense de Lurín. La portada de San Marcelo también fue completamente rehecha. De este modo, la arquitectura religiosa limeña cobra un rostro vivo, humano. Es mucho más que una guía, aunque nos sirve como tal y lo es magnífica; es un compendio de minúsculos tratados que tienen autonomía en sí mismos. Esto que podría en principio desazonarnos, puede servir al lector libre y creativo «que sabrá referir en cada caso el componente que se estudia al monumento que lo acoge; y para ello puede contar con la ayuda de los índices». Es la trayectoria arquitectónica de la Ciudad de los Reyes con estilos y generaciones marcados; es contemplar, en términos del autor, cómo se tejió «la urdimbre de la tradición arquitectónica limeña, fluida y variable, pero enmarcada dentro de cauces privilegiados». Campea, por toda la obra, entrañable afecto por la Lima que se fue, por la Lima de las tradiciones de Ricardo Palma, y no ahorra epítetos («fanático destructor», en feroz ofensiva) para los detractores, como el notable artista y humanitario presbítero Matías Maestro. De igual manera, tiene muy presente que la arquitectura virreinal peruana aporta algo fundamental a su identidad nacional: la variedad y diversidad que «ha quedado indeleblemente grabada en el rostro arquitectónico sus ciudades». Más todavía. En su discurso de incorporación a la Academia Nacional llega a sugerir que:

la arquitectura virreinal ha preludiado, en el terreno cultural, la independencia del Perú. Se llegó a esta madurez en el despliegue de la arquitectura por el continuado esfuerzo creador de sucesivas generaciones de alarifes, ensambladores y artesanos de la construcción, fi eles al esfuerzo de ornamentar con rostro propio el ambiente comunitario en que discurría la vida de los habitantes del Perú.

Es la ciudad para sus habitantes la casa grande y común en que discurren las vidas de cada cual. Cuando la Ciudad de los Reyes tenía dimensiones a la medida humana, como aconteció hasta épocas no muy lejanas, la gran casa urbana resultaba familiar conocida, porque quien más, quien menos, todos los vecinos transitaban por las calles y plazuelas sin autoexiliarse de algunos barrios o zonas aledañas. La ciudad era el rostro comunitario en que los limeños se reconocían presentes. que Lima se desborda incontrolada por las chacras, huertas, pueblos y haciendas circundantes del antiguo casco urbano, la ciudad se nos ha tornado

extraña, ancha y ajena. Para desenvolver nuestras vidas, hemos tenido que acotar de la gran ciudad o metrópoli algunos lugares dispersos: el barrio donde habitamos, el centro de trabajo, los lugares de diversión, de compras y algún que otro rincón siempre minúsculo y perdido en la gran urbe; lo restante de la ciudad resulta para nosotros selva de cemento inexplorada. Frente a la visión fragmentada y disgregada de la gran Lima, el retorno a la virreinal Ciudad de los Reyes del Perú nos reintegra al núcleo primigenio de nuestro ser ciudadano. En las calles rectas y estrechas, surcadas de acequias, en las umbrosas plazuelas recoletas, en las pequeñas iglesias conventuales, en los claustros de arquerías silenciosas se reencuentran el ambiente urbano que fue antaño la gran casa de los limeños. El rostro arquitectónico de Lima muestra los rasgos distintivos de las generaciones pasadas que hoy son historia de nuestra personalidad cultural. La terminología filosófica de Zubiri cobra aquí plena actualización: la arquitectura limeña virreinal, en sus múltiples y variadas expresiones, nos está ofrecida como generosa posibilidad con cuyo uso constituimos nuestro acontecer de ciudadanos limeños.

Bibliografía:

Chávez Ruíz, Alejandro. Historia del Perú - Descubrimiento, Conquista y Virreinato. Lima. Pons Muzzo, Gustavo. Historia del Perú - Descubrimiento, Conquista y Virreinato. Lima. Pons Muzzo, Gustavo. Historia de la Cultura peruana. Lima.

Salinas García, Telmo. Historia del Perú - Descubrimiento, Conquista y

Virreinato. Lima.

Intereses relacionados