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ESLABONAZOS

ESLABONAZOS

RELATOS Y ESCENAS DE LA VIDA CAMPIRANA

(1896-1936)

GOBIERNO DEL ESTADO DE CHIHUAHUA

C.P. Patricio Martínez García

Gobernador Constitucional del Estado de Chihuahua

© 2003.

Derechos Reservados

Primera edición, 2001. Segunda edición, 2003.

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Portada: Fotografía publicada originalmente en el libro conmemorativo de los cincuenta años de la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar, editada. Aquí aparecen los primeros maestros de esta institución, de los cuales podemos identificar, de pie, en la 3a. y 4a. posición de izquierda a derecha, a Numa P. Escobar y a Rómulo Escobar, respectivamente; sentados, de izquierda a derecha, en el 2o. y 3er. lugar, Elmer Stearm y su esposa, la señora Alicia de Stearm; y por último, en el 4o. lugar, al doctor Rómulo Escobosa (veterinario). Esta información fue proporcionada por el señor Abelardo Escobar.

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~ d~ la historiograíía chohu•hum<e. se

~ :omyes que por su positiva parucipa, desarrollo económico, político y social de nuc

han quedado grabados para la posteridad como un cien

de fidelidad, compromiso y entrega a los más altos nuestra comunidad. Los nombres de algunos de ello plazas, jardines, monumentos y calles de poblados como un sencillo homenaje a su labor constructiva, h permanencia en la memoria de la colectividad.

Los hay de batallas famosas, políticos de renomb transformadores y hasta de gente sencilla Personas que cotidiana supieron captar anhelos, inquietudes y neo esta sociedad norteña, siempre luchando por mejorar, por dejar a las nuevas generaciones de progreso y oportunidad.

Entre este cúmulo de personajes, encontramos a Rómulo y Numa, los herman Reconocidos nacional e internacionalmente por la afamada Escuela de Agricultura que ciudad Juárez desde 1906, su compromiso con el mundo campirano, con la sociedad manifestó desde fines del siglo anterior.

Fue en el año de 1896 cuando iniciaron su labor editorial, publicando el primer n revista mensual: "El Agricultor Mexicano", con temas para orientar a los interesados en la agrícola, el mejoramiento de las tierras y el uso de tecnología moderna Desde aquel] números, el Ingeniero Rómulo Escobar incluyó la sección de ''Eslabonazos", que firm seudónimo de ''Proteo", recurría con frecuencia a la sátira y la moraleja, para presentar lr variados y diversos sobre las costumbres y tradiciones del pueblo.

Es en esta sección donde mejor se explayó el ingenio de don Rómulo, ofrcci resumen de la sabiduria, la experiencia y el sentido del humor de un hombre que viajó por aprovechando cualquier ocasión para aprender algo nuevo de la gente del campo, para po comunicarlo a los demás.

Para 1936, se habían ya acumulado 200 Eslabonazos, que fueron recopilados e ampliamente demandados por el público lector. El tiraje se agotó rápidamente y hoy es pi imposible conseguirlos, por lo que el Gobierno del Estado de Chihuahua, a través de 1 Chihuahuense, reproduce algunos de ellos, poniéndolos nuevamente al alcance de los intc

Se trata de una selección de 47 Eslabonazos, realizada por el profesor Jesús Varg se escogieron los más representativos y aquellos en cuyo contenido se reflejan t costumbres que aun se conservan entre los campesinos y rancheros de Chihuahua.

Patricio

\

Gobernador Constitucio~l del Estado de Chihuahua.

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INTRODUCCIÓN

A finales del siglo XIX apareció en ciudad Juárez el primer número de El Agricultor Mexicano, revista mensual con información científica, consejos para mejorar culti- vos y recomendaciones para obtener mejores resultados en la crianza de animales domésticos. Con esta publicación se inició lo que después se convirtió en una expe- riencia educativa que marcó continuidad en México durante tres cuartos de siglo, a través de la Escuela de Agricultura de los Hermanos Escobar de ciudad Juárez. Respecto a la revista, el ingeniero Rórnulo Escobar consignó en sus Memorias que a finales de 1895, cuando su hermano Nurna se encontraba estudiando en México, había iniciado la preparación del primer número de El Agricultor Mexi- cano. Escribió que primero había convocado a un grupo de amigos con el fin de reunir el capital inicial, y aunque todos le auguraron un completo fracaso, había juntado $300.00. En aquellos días contrató el servicio de la imprenta de La Revista Internacional, de ciudad Juárez, donde mandó hacer las circulares para vender publicidad; no se había terminado de imprimir el primer número cuando una noche, en el trayecto de la ciudad a La Playa, perdió la cartera en la que había guardado los $300.00. Sólo por la generosidad de una casa comercial que pagó publicidad por adelantado se logró salvar la naciente empresa. Así fue corno a principios de 1896 apareció el primer número de la revista. En seis meses se consolidó El Agricultor Mexicano; se vendieron los números atrasados, así corno también los que se habían dejado de reserva. Fue tanta la demanda que, finalmente, el ingeniero Escobar decidió hacer una reimpresión de los seis primeros números. Tres años después, el ingeniero Rórnulo Escobar tuvo los recursos para adquirir una imprenta, y así, a partir de 1899, El Agricultor Mexicano se imprimió en su propio taller; y al poco tiempo, contando con nuevos recursos económicos, tornó la decisión de iniciar otra publicación a la cual se le dio el nombre de El Hogar, dirígida especialmente a las arnas de casa y en general a las familias campesinas.

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La nueva revista también resultó muy exitosa; en poco tiempo se duplicó el tiraje con el tiempo se convirtió en una fuente riquísima de enseñanzas y consejos prác- cos que llegaron a miles de hogares mexicanos. Considerando la disparidad en la temática de estas dos revistas, buscamos una xplicación para comprender las motivaciones que impulsaron a los autores a em- render una publicación tan diferente, y llegamos a la conclusión de que en este uevo proyecto debió haber influido de manera determinante la señora Adelina erman de Escobar, mujer de gran inteligencia y capacidad creativa. Revisando los datos biográficos de los hermanos Rómulo y Numa Escobar, ncontramos la presencia constante de la señora Zerman participando al lado de is hijos, pero no como la presencia "inspiradora" o "simbólica" a la que frecuente- tente se hace referencia en las biografías de la gente célebre, en el caso de la eñora Zerman se trataba de una participación directa en toda empresa que em- rendían sus hijos. Después de diez años de éxito editorial y luego de que habían adquirido una gran

cperiencia, fruto del trato directo con miles de productores del país, los hermanos

scobar se prepararon para el gran proyecto de la Escuela

tente se percataron de que una sola institución no podía hacerse cargo de la for- ración de los profesionistas que reclamaba el campo en aquellos años y, contando m el apoyo del gobernador del estado y de mucha gente relacionada con la edu- ición agrícola en México, se decidieron por fundar la nueva institución.

Las clases se iniciaron el 22 de febrero de 1906, con 45 alumnos; sin embargo,

de Agricultura. Segura-

inauguración se pospuso hasta el 23 de marzo, porque

el gobernador Enrique

reel había programado una visita a ciudad Juárez para estar presente, el 21 de iarzo, en el Centenario del natalicio de Benito Juárez.

La ceremonia de inauguración fue un acontecimiento que se comentó amplia- ente en varios periódicos de la época, especialmente en El Norte, en cuyas pági- is se transcribieron los principales discursos pronunciados -el del ingeniero Ró- ulo Escobar y el del gobernador Enrique Creel- así como los detalles de la

.remonia.

isé María de la Vega, el licenciado Jesús Urueta, Juan Terrazas, Manuel Luján,

tan Creel, José María Sánchez, Eduardo Delhumeau y otras personalidades.

De diferentes maneras, esta ceremonia refleja la situación que se vivía en el tado de Chihuahua; en las palabras del gobernador Creel y de los demás orado-

s predomina el optimismo, la confianza y, en cierta medida, el triunfalismo

ase social que se siente dueña de su futuro y del destino de la nación. En este

Allí estuvieron, acompañando al gobernador Enrique Creel, el general

de una

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contexto, la intervención y las ideas expresadas por el ingeniero Rómulo Escobar fueron las que registraron para la historia con mayor fidelidad la trascendencia y la emotividad del momento. En el discurso del ingeniero Rómulo Escobar se delinearon los principios de la doctrina educativa que caracterizó a la nueva institución, pero además, se expresa- ron las ideas generales de los hermanos Escobar respecto a la relación del ciudada- no con el trabajo, de los hijos con los padres, de los maestros con los alumnos, y en general la actitud de todos los mexicanos con su Patria.

debe ser la mágica palabra que debe repetir el eco en

los muros de esta humilde casa, desde que alumbre la aurora hasta que caiga el

sol en el ocaso.

[

]

[Trabajo! -Esa

[ ]

Todo en nuestro país habla de porvenir.

Por esas ventanas se divisan las llanuras extensas de Chihuahua, las mismas que tuvo que atravesar el Benemérito en aquella peregrinación gloriosa para no pasar de la antigua Paso del Norte [ Hoy esas llanuras piden trabajo. Allí está la Patria, con la imagen de un indio que subió más alto que a donde puedan encumbrarse todas las aristocracias, de un indio que simboliza una histo- ria llena de heroísmo al lado de una bandera gloriosa. Aquí, el terruño querido, Chihuahua, jirón de la frontera, con un sacerdote

del trabajo que rige sus destinos. Allí nuestro emblema, que también es promesa y dice a los oídos las pala- bras: Porvenir, esperanza.

]

[ ]

Que la tierra produzca más; que el trabajo sea la religión de hombres

honrados y pueda traducirse en felicidad en los hogares, para que no haya pue- blos tristes; que el hombre, si no capaz de vencer a la naturaleza, sepa, al menos, encauzar sus fuerzas en provecho propio y merezca el título de rey de la crea- ción, cuando viril y satisfecho siga la mancera del arado, ejercitando músculos

potentes y pensando

en sus hijos dichosos.

Que sea capaz de obtener fruto hasta de una tierra estéril como los vientres

malditos.

[

]

Después de estos conceptos patrióticos y de convocar

a estudiantes y maestros

a seguir el ejemplo de los grandes héroes,

se llegó a la parte más emocionante

o

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cuando el ingeniero solicitó del gobernador Creel el permiso para llamar a doña Adelina Escobar, su madre, y lo hizo de la siguiente manera:

[ ]

Señores visitantes: Gracias por vuestra presencia, que nos hace com-

prender que en la vida social se refleja la solidaridad de la vida en la naturaleza. -¡Todas las hojas para nutrir a un árbol, todas las arenas para contener al océano, todos los hombres para hacer el progreso!

Ahora permitidme, señor gobernador, que por el carácter particular de esta empresa pretenda una prerrogativa, la única que solicito en nombre de mi her- mano y en el mío propio: hablar a mi madre como si se tratara de una fiesta de familia, porque esta escuela para nosotros es una obra de cariño en que lo poco que hemos hecho lo ha podido el amor y sacrificio de ella. ¡Madre! -Tú que nos has alentado, tú que también te desvelaste, únete a tus hijos para dedicar en este momento un recuerdo a un muerto querido. Y vosotros, señores alumnos, al comenzar la tarea que debe prepararos, si no para ser hombres sabios, sí para ser hombres felices; dedicad, como noso- tros, un pensamiento a vuestras madres, dejad que vuelen vuestros recuerdos, dejad que vayan por ese cielo nuestro, como palomas blancas a llamar a las puertas de vuestros hogares. Comenzad la obra en nombre de ellas que son en vuestra patria de jóvenes la parte más querida. Que vayan allá vuestros espíritus y regresen luego a este pedazo de tierra, donde el trabajo os llama, donde todos tenemos que agrupamos al derredor de esa insignia. Señores: Es ésta la parte más hermosa del año. El sol calienta y revientan las yemas de los árboles; gérmenes ocultos brotan en el seno de esta tierra; las cortezas crepitan y se hienden al impulso de la savia. Hay aquí primavera y juventud: Dos primaveras. Pensemos en lo futuro y hagamos votos porque se prepare, no sólo nuestra Patria, sino la humanidad toda, para el advenimiento de mejores épocas, en que el amor al prójimo impulse al mundo y el trabajo fecundice la tierra en todas partes. Levantemos muy alto nuestros corazones. [ ]

Durante algunos años el número de alumnos de la Escuela de Agricultura de los Hermanos Escobar fue reducido, pero la escuela se fue consolidando como una institución de gran reconocimiento a nivel nacional.

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En el año 1908 se le pidió al ingeniero Rómulo Escobar que se hiciera cargo de reorganizar la Escuela de Agricultura de San Jacinto; el ingeniero aceptó dedicando

dos años a esta tarea, después de los cuales se resolvieron todas las deficiencias, no obstante que algunas de las más altas autoridades del Gobierno Federal apostaban por el cierre de dicha institución. El ingeniero Rómulo Escobar enriqueció la revista El Agricultor Mexicano incluyendo varias secciones dedicadas a orientar a sus lectores; de éstas la más popular fue la que apareció con el nombre de Eslabonazos, firmada por Proteo. En cada uno de sus artículos, de forma muy amena y recurriendo de manera constante

a la moraleja, el autor presentó sus propios razonamientos y reflexiones

temas más diversos, como el trabajo, la producción, la formación de los hijos, los hábitos domésticos, y todo tipo de consideraciones sobre la formación cultural y el rescate de costumbres y tradiciones. Respecto al nombre de esta columna, nuestra hipótesis es de que el ingeniero Escobar escogió el título de Eslabonazos remitiéndose al uso de un objeto de fierro denominado eslabón, que antiguamente utilizaba la gente para encender el fuego al tallarlo contra un trozo de pedernal, produciendo chispas que se dirigían hacia un montoncito de yesca. Buscando la relación entre el eslabón y los artículos del inge- niero, pensamos que con cada eslabonazo el autor, como un nuevo Proteo, talla el cerebro de sus lectores con el fin de producir la chispa, el fuego del razonamiento y lainteligencia. Los Eslabonazos aparecieron en el año 1896; el primero de ellos bajo el título Lo que dicen las mazorcas, donde el ingeniero demuestra que una tierra pobre, deficien- te, se manifiesta en los granos mal desarrollados de una mazorca de maíz, pero esto lo hace recurriendo a ideas muy sencillas y a sus propias experiencias de cultivo. Sin hacer menoscabo de las demás secciones de la revista, podemos afirmar que es en Eslabonazos donde se expresó a plenitud el genio del ingeniero Rómulo Escobar, pues en cada uno de estos artículos se resumió la sabiduría, la experien- cia y el sentido del humor de un hombre que viajó por todo el país, aprovechando cada ocasión para aprender algo nuevo de la gente del campo. La sección de Eslabonaras apareció en la revista El Agricultor Mexicano

durante un período que comprendió cuarenta años, de 1896 a 1936. Posterior- mente se hizo una edición de dos tomos, en la que se incluyeron todos los artículos que se habían publicado en dicha revista. Esta edición se presentó con una portada muy sencilla en la que sólo aparecía, con letras grandes, "Eslabonaras"; en la parte inferior, con letra más pequeña, "por

sobre los

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Proteo" y, como casa editorial, la "Imprenta de El Agricultor Mexicano". El pri- mer tomo concluye con el último Eslabonaza del año 191O, y al final, en una nota especial, se anuncia que se encuentra en preparación la edición de los Eslobonazos que se publicaron después de 191O. Lo más interesante de esta nota es que tam- bién se anuncia la publicación de los artículos titulados Cuadros Rancheros, Lo Pequeño y Donde los Rancheros Pecan, del mismo autor. La edición original de 1936 contiene en total doscientos Bslabonazos. corres- pondiendo cien al primer tomo y cien al segundo. Para la presente edición se hizo

una selección de 47, de los cuales se incluyeron 24 del primer tomo y 23 del segun- do. El criterio que se utilizó para hacer esta selección fue el de escoger los más

casos, aquellos en cuyo contenido se reflejan tradicio-

nes y costumbres que aún se conservan entre los campesinos y rancheros del esta-

representativos y, en algunos

do de Chihuahua. Otra de las secciones de la revista fue la que se tituló Consultas de Agriculto- res, de la cual, en el año 1911, la famosa librería de la viuda de Ch. Bouret publicó una colección en un libro titulado bajo el mismo nombre. En éste se incluyeron algunas de las consultas que cotidianamente hacían los lectores de El Agricultor Mexicano. A casi cien años de distancia, cada una de las respuestas que enviaban los hermanos Escobar sigue teniendo mucho que aportar para el mejoramiento de los suelos, de la crianza de animales domésticos y, en general, para el mejoramiento

de la agricultura en México. En el prólogo del libro Consultas de Agricultores el autor escribió que al fun- darse El Agricultor Mexicano, en 1896, ninguno de los periódicos agrícolas de México contaba con el servicio de consultas para los suscriptores; que después de introducir esta innovación se comenzaron a recibir en la redacción muchas pregun- tas de lectores, algunas de las cuales se podían responder sin estudio previo, mien- tras que otras requerían la consulta de obras especializadas. Recordaba también que por lo oportuno y lo atinado de los consejos y reco- mendaciones la sección había sido muy solicitada; y en respuesta a ello, cuando se cumplieron los primeros diez años, es decir en 1906, se revisaron todas las consul- tas y respuestas acumuladas en diez años, y con esos materiales se redactó el citado

libro. La lista de libros y folletos publicados por el ingeniero Rómulo Escobar es muy extensa, pero la obra más importante y útil fue, sin duda, la Enciclopedia de Agri- cultura y de Conocimientos Afines, que inició en 1935.

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En la primera página del tomo inicial de esta enciclopedia, el ingeniero Escobar escribió con la sencillez y la modestia que lo caracterizaba:

A mis discípulos:

Doy principio a esta obra cumplidos mis sesenta años de vida, como si mi vista y mi salud fueran a durarme mucho tiempo. Lo más difícil, en la mayoría de las empresas, es darles principio. Si no la puedo terminar la continuarán algunos de ustedes. Creo que mi trabajo en ningún caso resultará perdido. Y pienso, al comenzarlo, que es cierto lo que decía aquel loco de la poesía de Blanco Belmonte: "¡Hay que vivir sembrando! ¡Siempre sembrando!"

La preparación de la Enciclopedia de Agricultura y de Conocimientos Afi- nes se llevó más de seis años, y al fin se publicó, en 1943, en una presentación de tres tomos, con más de mil páginas cada uno de ellos. La aparición de esta obra fue todo un acontecimiento porque no existían antece- dentes de algo parecido en México. Inmediatamente se volcaron las felicitaciones provenientes de diversos rincones del país, y el presidente de la república, Manuel Ávila Camacho, mandó encuadernar en piel una buena cantidad de ejemplares, de los cuales hizo llegar un juego a cada uno de los presidentes de los países de Amé- rica Latina, como un regalo de México. El doctor Brondo Whitt escribió en las páginas de El Heraldo "que era el libro más preciado en su género de todos los que había visto el estado de Chihuahua, para su honra, para su gloria y para su provecho". Por su parte, el señor Carlos González Peña escribió en las páginas de El Uni- versal de la ciudad de México, a finales de septiembre de 1943, lo siguiente:

Es un trabajo en verdad monumental, por sus vastas proporciones, por su vigor de doctrina, por su variedad, por el prodigioso caudal de conocimientos técnicos que encierra, por la maravillosa disposición en que éstos han sido pre- sentados, y por la llaneza y claridad con que están expuestos, prenda, sin duda, inapreciable en un libro de carácter didáctico Mi primera impresión al hojear la Enciclopedia fue de asombro. No creo que en ningún país haya obras que igualen, ya no que superen, a esta admirable obra. Pero mi asombro se ilumina de alegría al enterarme de que dicha Encielo-

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pedia Agrícola se debe a la sabiduría, al tesón, y digámoslo con orgullo, al patriotismo de un mexicano. Espléndida obra es ésta de don Rómulo Escobar; honra a México y deben consultarla y leerla los agricultores, seguros de que encontrarán en ella un conse- jero y un guía.

La primera edición de la Enciclopedia Agrícola se agotó en la década de los años sesentas, ante lo cual, el Colegio de Ingenieros Agrónomos de México solicitó el apoyo de la Secretaría de Agricultura y Ganadería para realizar una nueva edi- ción. Le correspondió al ingeniero Julián Rodríguez Adame, ex-alumno de los her- manos Escobar, realizar las gestiones para obtener la autorización de la familia, y así fue como, en 1981, apareció la segunda edición de esta obra. Para reconocer y recuperar la obra de los hermanos Escobar y de su madre, la señora Adelina Zerman, no será suficiente el espacio de unas cuantas cuartillas como las presentes. Revisando lo que la historiografía regional ha consignado sobre la trayectoria de los hermanos Escobar, hemos llegado a la conclusión de que urge una obra biográ- fica a través de la cual se recuperen los datos más importantes de esta familia, empezando por recuperar las biografías de Jesús Escobar, de su esposa, la señora Adelina Zerman, sus hijos y sus nietos, quienes durante más de siete décadas sos- tuvieron la Escuela de Agricultura de ciudad Juárez. Esperamos que con la publica- ción de estos Eslabonaras logremos aproximarnos a este objetivo. Para concluir esta introducción es conveniente mencionar que hace aproxima- damente doce años tuvimos la oportunidad de conocer por primera vez los Eslabonaras. Desde entonces tomamos la decisión de buscar una reedición de esta obra. Ahora se cumple ese anhelo y esperamos que los lectores de la presente edición de la Secretaría de Educación y Cultura, disfruten de cada uno de estos artículos como los disfrutamos nosotros cada vez que los leemos. Esperamos que en un futuro próximo se haga una nueva edición de la colección completa de los Eslabonazos y de otras obras inéditas del ingeniero Rómulo Esco-

bar, entre ellas, la que denominó Mis M ernorias y de la cual

edición conmemorativa de los cincuenta años de la Escuela de Agricultura Herma- nos Escobar.

se hace referencia en la

1896-1910*

"' Tomado del primer tomo de "Eslabonaras", Imprenta de "El Agricultor Mexicano", CiudadJuárez,Chih. 1910.

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¡VIVA EL ATOLE!

A mí me encantan los norteamericanos cuando se ocupan de discutir ciertas cues- tiones que, a primera vista, son dignas de chiquillos y no de hombres tan grandotes como ellos. Tienen sociedades formadas por millares de individuos que no se ocu- pan más que de hacerle la guerra al pobrecito tabaco. Tienen periódicos destina- dos única y exclusivamente a probar que el hombre no debe comer carne y que debe substituirla en su alimentación por nueces y cebollas. Otras sociedades hay, cuyos miembros han podido formar parte de ellas, solamente después de haber jurado que no probarán el whiskey mientras vivan. ¡Lástima que nosotros los mexicanos no seamos hombres de empresa, que si lo contrario fuera, propondría yo la formación de una sociedad monstruo que no tu- viera más objeto que hacer la propaganda del atole! De cualquier modo que sea, cuando venga un primo a fundar esa sociedad no se dirá que nos falta iniciativa, porque la primera idea fue mía y hubiera yo escrito este artículo con tres colores si hubiera encontrado tinta verde, blanca y colorada. Pero, si sigo como voy, nunca entraré en materia y esto es malo; porque un artículo sobre el atole debe ser nutritivo, y para lograr esto comenzaré por contar cuál era el régimen alimenticio y costumbres de nuestra gente pobre hace cuarenta años y cuál es ahora. ¡Ave María en esta casa! era el saludo del viajero cuando llegaba a un rancho, y adentro de la casa contestaba una voz afable - "Sin pecado concebida. Mánde- se apear amigo. " Estas dos frases eran las únicas necesarias para establecer relaciones entre el recién llegado y los habitantes de la casa y después de pronunciadas ya eran ami- gos, y amigos de veras. Salía el dueño y llevaba el caballo al corral obsequiándole desde luego con un poco de maíz para que al cabo de poco tiempo estuviera listo para seguir el camino. El recién llegado entraba a la casa, donde se le daba el mejor asiento, se le ofrecían tabaco y hojas de maíz para hacer cigarro, que encendía con eslabón, y después comenzaba una plática más o menos animada entre aquella

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buena gente acerca del estado de los caminos, acerca de las noticias que hubiera, acerca del origen y destino del viajero y, en fin, acerca de mil asuntos que ahora no se acostumbran. Las mujeres, por lo general, platicaban poco, porque estaban moliendo el nixtarnal o cociendo el atole. Terminados los preparativos del almuerzo o comida, se acercaban todos al fo- gón o chimenea, siendo el recién llegado el consentido, y tomaban con tranquilidad

santa: las humildes tortillas de maíz, cecina o salón de aquél por el cual suspiran los que han estado en la frontera, los nacionales frijoles y buenos jarros de atole, pero [ay, qué atole!

gentes que

daban la hospitalidad la ofrecían con todo el gusto y sencillez de su corazón, por pobres que fueran, [qué digol, con mayor gusto que los ricos. Ofrecían lo que tenían y no daban excusas por su pobreza, no se avergonzaban de beber atole. El viajero, a su vez, aceptaba aquello con franqueza, porque estaba acostumbrado a obsequiar de igual modo a los que tocaban a la puerta de su casa. Esto pasaba hace cuarenta años. Ahora verán ustedes la diferencia, ahora verán ustedes cómo anda el mundo después de habemos civilizado con la llegada de los ferrocarriles y con la mezcla con la gente de tierra afuera. "Buenos días amigo", es ahora el saludo acostumbrado y no faltan ocasiones en que al decir amigo se piense en la manera de amolar al prójimo. Las mujeres de la casa no contestan por miedo; pero sale el dueño medio rece- loso y después de contestar el saludofiscaliza con la mirada desde los pies hasta la cabeza al recién llegado tratando de averiguar con qué clase de alhaja tiene que habérselas "¿Qué se le ofrece?" es la frase que ahora sustituye al francote mándese apear que se usaba antes. Entonces el recién llegado dice lo que se le ofrece. Si quiere un poco de maíz para su caballo no lo consigue a ningún precio, dizque porque ya no llueve como antes. ¡Qué mentiras! Ahora se le indica dónde está el aguaje, para que lleve allá su caballo y después de esto sigue una conversación medio diplomática para averiguar cada quien a qué clase de gente pertenece la persona con quien habla y el pobre caballo, entretanto, descansafilosof ando. Si el recién llegado tiene aspecto de tierra afuereño, ya puede asegurar que se va sin conocer la casa por dentro; si tiene buen aspecto se le ofrece el pase y entra para seguir siendo objeto de estudio para aquellas gentes.

Ya entonces el recién llegado era amigo viejo de la casa y las pobres

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Para comenzar las relaciones salen a relucir los cigarros del Buen Tono y el viajero pregunta si tienen mechas para encenderlos, con lo que bastaría para darle un dolor de cabeza a un académico de la lengua de los que saben que cerillos son cerillos aunque en inglés sean matches. Se entabla la conversación acerca de lo caro que está la harina, acerca de los jornales que se ganan en tal o cual parte pasando mil trabajos, acerca del mal trato que reciben los peones que trabajan en los ferrocarriles, acerca de que ya no llueve, en fin, acerca de puras desgracias y se queja la gente de todo, no obstante que ya no hay apaches ni jornadas largas. Todavía es hospitalaria nuestra gente con la gente buena, así es que se le brinda el almuerzo o la comida al recién llegado; pero no con tan buena voluntad como antes. Ahora se comen galletas de harina de trigo o pan mal hecho, porque las mujeres de ahora no son tan tontas como las de antes que se pasaban la vida moliendo maíz en el metate. Ahora no se come carne porque los revolucionarios han acabado con todo el ganado que podía comerse, lo han matado todo, se lo han llevado y ya no quedan novillitos gordos para hacer cecina y la carne flaca que queda está carísima: ahora se comen frijoles guisados en oleo-porquería (es decir manteca americana) porque no hay de aquella manteca buena que comían los antiguos (como no hay maíz, los marranos están flacos,) y por fin en vez del nutritivo atole se cornete ahora el pecado venial, carnal y corporal de tomar café aguado. ¡Oh, témpora! [Oh, mores! Haber dejado el atole por el café es el mayor disparate que puede cometerse y más cuando entre nosotros no ha habido ninguna sociedad anti-atolista. Que se abandone en otros países el uso del alcohol (no obstante que sus propie- dades medicinales queden en pie y se despache en grandes dosis en .lasboticas) me lo explico, porque un ejército de temperantes con sus meetings y conferencias y periódicos es capaz de hacer más ruido que un batallón de borrachos; pero que se abandone el atole tan inocente, tan bueno, tan nutritivo, tan barato, es una atroci- dad, una desgracia. ¡Lástima que yo no sea químico para poder decir a ustedes toda la fécula y fosfatos y sustancias azoadas que contiene el atole y toda la terrible cafeína que contiene el café! [El agua con que se lava una taza de atole es más nutritiva que una taza de café y sin embargo, ahora el café es el que ha vencido! ¿Será posible?

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El atole alimenta, el café excita los nervios; el atole restituye las fuerzas perdidas en el trabajo, el café pide prestado al organismo las energías que se gastan, pero no las devuelve; el atole era de nuestro gusto porque desde niños lo tomamos, para beber el café tuvimos necesidad de acostumbrarnos; el atole no necesita azúcar, el café introdujo un nuevo gasto para nuestra gente pobre: el atole es barato, el café es caro. Con todas estas razones y ventajas parece imposible que el uso del atole se haya abandonado, pero no debe extrañarnos porque el café tiene sobre él una ventaja inmensa, pesadísima, la razón de laflojera. El café se hace sólo en la lumbre; mientras que el atole cuesta trabajo. ¿Será éste el misterio? Mañana o pasado que venga un inventor extranjero a vendernos alguna infusión de nicotina que no necesite ni lumbre para prepararse y que excite el sistema ner- vioso más que el café, que nos haga más ligeritos y más temblorosos, entonces abandonaremos a éste, y entonces quién sabe cuál será el modo de saludarse de las gentes, ni si habrá ranchos, ni hospitalidad, ni mujeres, ni hombres. Si algunos quedan, entonces suspirarán por la manteca que se usa ahora y por las mechas, como suspiro yo por el eslabón, la cecina y el atole.

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EL QUELITE Y LA VERDOLAGA

Uno de estos días van a enojarse conmigo los señores editores de "El Agricultor Mexicano" porque escojo asuntos tan vulgares para mis artículos. ¿Qué es eso de que en un periódico tan progresista como éste, aparecen estudios sobre el atole y sobre el que lite pudiéndose ocupar de la remolacha azucarera y de la colza que son asuntos que han empapado las brisas de los mares y que nos traen el perfume de las costumbres exóticas? Según la moda, debería yo de revestir mis artículos con las ricas telas que se usan en París o Viena, debería hablar de asuntos de que se han ocupado los autores franceses y alemanes, debería confundir a mis lectores con citas de sabios extranje- ros; pero no señores, hago todo lo contrario, visto a mis humildes producciones con gamuza o manta, me ocupo del atole y la cecina y nunca hablo de esos señores extranjeros porque no puedo pronunciar sus nombres, se me atoran en la garganta. Por ejemplo: ese Schloesing que citan todos los propagandistas agrícolas finos me trastorna; y esa estación agronómica de Grignon que se encuentra en todos los 1ibros de agricultura me indigesta. Cada mes que se llega el día de depositar en el correo mi original para que se publique en el próximo número de "El Agricultor" me siento a mi mesa y me pongo a pensar en el asunto de que debo tratar. Se me vienen a la imaginación los asuntos que he leído en la prensa agrícola de los últimos días y a todos los desecho porque hablan de Europa, de los Estados Unidos y de la Argentina, pero no de México, y todos vienen revueltitos con fosfatos y potasas y ácidos, cosas que me chocan por instinto, porque [quieren ustedes! Soy de los que les gusta el atole y la cecina y de los que usan chaparreras y sombrero ancho. Eso me ha sucedido ahora y después de muchas indecisiones me he resuelto por el que lite y la verdolaga. No dudo que no conozcan estas plantas algunos de mis lectores, porque nunca han visto estos nombres con letra de imprenta, pero acuérdense ustedes de esas yerbas tan vulgares que abundan en todos los terrenos y que no sirven más que para

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dar guerra, pues es tarea de los agricultores extirparlas y quisieran que se acabara hasta la semilla. ¿Saben ustedes cuál es la desgracia del quelite y de la verdolaga? Pura y simplemente, haber nacido en México y ser tan vulgares. Si fueran plantas extranjeras (¡palabra mágica!) cuya semilla viniera a México en elegantes paquetes de allende los mares y si fueran plantas delicadas, que nece- sitaran abonos, y si se codearan en los catálogos de horticultura con el apio y la espinaca, con la lechuga y el colinabo, otra sería su suerte y [cuántas cualidades tendrían entonces esas plantas! Pero no señores, apenas las comen los indios y un rico se avergonzaría de que se sirviera en su mesa un platillo de verdolagas, no porque no les gusten, sino porque es mala yerba, crece en todas partes y su semilla no viene de Europa. Éste es su mal, ésta su desgracia. No obstante vamos a ocuparnos de ellas. Tanto el quelite como la verdolaga se usan en la alimentación del hombre y guisadas forman un excelente platillo, que, en lo que se refiere a sabor, puede com- petir con cualquiera otra verdura. En lo que se refiera a poder nutritivo no podré dar a ustedes su análisis químico (que entre paréntesis, creo que de poco serviría) pero puedo decirles que los rancheros fronterizos que perseguían a los apaches hace 60 ó 70 años, se pasaban en las campañas meses enteros careciendo de otras provisiones y manteniéndose principalmente con esas yerbas que abundan en todas partes; y los indios de diversas regiones del país las toman como factor principal de su alimentación. Creo que estos hechos prueban más que los datos de un análisis ¿no es verdad? Pues bien, nuestros horticultores se cansan de cultivar plantas extranjeras que requieren abonos y cultivos esmerados, pero a ninguno se le ha ocurrido cultivar verdolagas para la mesa. La verdolaga, de por sí, es una planta tierna y suculenta, cuyas cualidades au- mentarían muchísimo con el cultivo, pero desgraciadamente es muy vulgar para que merezca esos honores. Es una planta que se arranca con raíz de los terrenos cultivados y se coloca la mata con la raíz para arriba para que se seque y ni así se logra el objeto, parece que la naturaleza se empeña en probarnos que es una planta que conviene a nuestras tierras y a nuestros climas. En las épocas de sequía se ven todas las plantas chamuscadas y sólo la perniciosa verdolaga se mantiene fresca y rozagante.

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Con el quelite pasa otro tanto. Excelente alimento para el hombre, se adapta a todos los terrenos, a todos los climas y constituye una riqueza en los terrenos de agostadero porque las reses lo comen con mucho gusto. La verdolaga y el quelite son inmejorables para la cría de cerdos. Las comen con el mismo gusto con que comen la alfalfa. El quelite tiene una ventaja y es que con poca agua se desarrolla mucho, produ- ciendo forraje todo el verano, cosa que no pasa con el maíz ni con otras plantas. Tiene otra particularidad y es que dura mucho tiempo asemillando y las aves de

corral, principalmente las gallinas, prefieren su semilla a cualquier otro alimento. Se mantienen bajo la sombra que producen las matas (circunstancia muy útil para evi- tar epidemias en estos animales, donde el verano es riguroso) picoteando las ramas parra comer las semillas y las hojas tiernas. Si fuéramos más observadores y tratásemos de comprender el significado de los actos naturales de los animales domésticos, no dudaríamos en concederle gran im- portancia al quelite y lo propagaríamos como el objeto de un cultivo especial, con- vencidos de su importancia. El quelite y la verdolaga son excelentes plantas forrajeras (principalmente el pri- mero) que no sufren mucho de la sequía, que no necesitan ni abonos ni labores, y

que se adaptan a nuestras tierras y a nuestro clima y sin embargo las destruimos

y

nos preocupamos porque no se produce ni la sacalina ni la colza ni otras plantas exóticas. Yohe visto a un agricultor muy amante de los cultivos de hortaliza quejarse de que ninguna planta se le había logrado en su pequeña huerta y de que en aquella tierra era imposible servir verduras en la mesa; la huerta estaba como el Bolsón de Mapimí, sin una yerba verde de las que había sembrado y en las cercanías abunda- han las suculentas verdolagas y los quelites. Él se había empeñado en comer acelgas y espinaca porque las otras no son verduras elegantes.

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Ésta es una de las cosas que no me entran.

Y de los charros que andan seguidos de un mozo de estribo ¿qué me cuer ustedes? ¿Qué opinan ustedes de un charro que necesita que lo cuiden?, quev:

diciendo

que me tengan el estribo para poder montar; soy charro, pero soy incapaz cuidar a mi caballo, necesito que me lo cuiden. " ¿Qué opinan ustedes de esta clase de charros? ¿Verdad que si no son parece charros de agua dulce, por más ricos que sean?

con toda elocuencia: "miradme ¡oh! público; soy charro, pero necesit1

AO

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PROVINCIALISTAS

1\n México resultamos provincialistas todos los que no tenemos el fierro D.F. y si uno se ha peleado con un poblano puede hacerles el asco a todos los poblanos diciendo que son provincialistas; si un chiapaneco le ha hecho a uno un gesto bien puede uno decir que son provincialistas para decir que no sirven para nada. Provincialista, entre nosotros, es una palabra mal sonante; con ella se indica un defecto que se desea atribuir a los demás y que no quiere tener uno. ¿Quién ha de creer que esto perjudica en cierto modo a los agricultores? Hay peones de ciertos pueblos que no quieren ir a trabajar a los pueblos vecinos

y esto suele ser causa de que se mojen los

trigos en las eras; hay mozos que por rivalidades de pueblo tumban una presa y esto suele ser causa de que se pierdan las milpas. Yoconozco rancheros que tenían en concepto de ladrones (casi provincialistas) 11 ciertos rancheros vecinos y en virtud del adagio que dice: "ladrón que roba ladrón tiene cien años de perdón'', muchos becerros eran sacrificados como ofren- da a la diosa de las rivalidades de pueblo, que debe ser diosa y no dios, porque dizque las mujeres son más peleoneras que los hombres. Y no hay razón para que en la mayoría de los casos existan semejantes rivalida- dl's ni es razonable considerar como defecto el ser provincialistas. Vamos a ver; ser patriota ¿es defecto? ¿No, verdad? Yel patriotismo es el amor al país en que nacimos, lo mismo que el provincialis- 11111 es el amor al terruño, el cariño al lugar donde hemos crecido, cariño que nos hace gustar de las costumbres de sus gentes, ver mejor que lo extraño todo lo que 1k·allí proviene. Ser provincialista es ser patriota chiquito y todos debemos aprobar que un l111111bre tenga esa calidad, al mismo tiempo que debemos trabajar porque las riva- lulades tontas desaparezcan. ¡,Qué diferencia hay entre unos mexicanos y otros, para que esas rivalidades

existan?

porque allí son muy provincialistas

A rv

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Que unos somos liberales y otros católicos; que unos somosrancherosy lo otros ciudadanos de ciudad (porque en los ciudadanos deverasno creo); que( unos somos de Yucatán y otros sonorenses, y diferencias porelestiloquesignificani muy poco. Yo conozco liberales que son muy buenos católicos y católicosque son máS"i liberales, en el verdadero sentido de la palabra, que muchos campeonesdelpartidd,l rojo. Los payos y los habitantes de las ciudades, se distinguenenquelos primeros parecen tontos ante los ojos de los segundos, y éstos parecentontosvistospor los' primeros, así es que, en realidad, pasa con esta tontera lo queconelnúmero69 dei la casa de aquel general, menos tonto que lo que decían, númeroquevistodesdela calle era 69 y desde el balcón era 96. Entre los mexicanos originarios de los diversos estados suelehaberdiferencias¡

notables a la vista desnuda, como dicen los que han estudiadofrancésy españolen\ la capital de la república, pero esas diferencias no justifican odionimalquerencia. 11 Supongan ustedes un gigante que tuviera el dedo meñiquedeltamaño de un1 metro y sigan suponiendo que ese gigante coge a un cristianoporla cintura y lo aprieta. Ese cristiano, cogido de ese modo y hablando, resultaráyucateco,porque' todos los de la tierra del henequén parientes de Chan SantaCruz,hablancomo si les estuvieran apretando la barriga. Hagan ustedes a cualquier hombre dar una carrera de tresleguas,pero leguas kilométricas, como las que sirven para medir los llanos de lafronteray después de la carrera hagan ustedes hablar a aquel desgraciado y con seguridadqueresultará chihuahuense. Y quien dice chihuahuense dice sonorenseotamaulipeco,o de Coahuila, porque todos estos fronterizos tienen para hablarelmismofuego con j que hablaría un buey viejo. A un mexicano de cualquier parte, métanle ustedes en lacabezatodoel orgullo

que tienen

puro en la boca y un sombrero jarocho en la cabeza y si noresultaveracruzano, me lo como con todo y puro y sombrero. Esos veracruzanos sontan alzados que hacen lo que los gallos: bajan la cabeza cuando entran por elportóndeun zaguán. Uno que por decir chucho dice chuchón y por decir hijitodicehijitillo,sólocon que coma pozole resulta chiapaneco, aunque esté en la BajaCalifornia. Cualquiera a quien se le dé una sangría para debilitarlo, sele aplique tantita música a su modo de hablar y se le mire con lente de disminución,puedeparecer de tierra adentro, es decir, de los estados del centro.

los que padecen delirio de grandezas en el hospitaldelocos,póngale un

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Y en fin, diferencias por el estilo son las únicas que se notan, por lo demás todos N11111osmuy hombres, todos comemos frijoles y bebemos mezcal. Los disgustos que existen por diferencias de partido entre pueblo y pueblo; las rencillas porque en las pasadas luchas unos derrotaron a los otros; los resabios que dejó nuestra pasada historia, deben desaparecer, sobre todo entre la gente del

cumpo.

Nuestro antagonismo, ahora, no debe ser el de las verduleras sino el antagonis- 1111l noble del que quiere vencer en buena lid. El empeño de crear, no el empeño de destruir. Esa lucha tiene que existir porque la vida de los seres, lo mismo que la de las NIiciedades no es sino una lucha constante; pero podemos hacer que esa lucha sea fructífera. Que el pueblo fulano construye mejores presas; que la hacienda sutana usa me- j1ires máquinas agrícolas; que tal estado tiene industrias más importantes; que aquel rancho tiene mejores ganados; que el hijo del pobre se está educando mejor que el hijo del rico y es más virtuoso: ésa es la lucha noble que, como la nevada o borras- ca del invierno, mata las plagas y fecundiza la tierra.

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NO HAYJORNALEROS

Allá marras se usaban los encomenderos y cuando el señor amo salía delac palaciega lo rodeaban los peones (léase esclavos) en tan gran número, que ad penas cabía el séquito por el gran portón del zaguán, cuyas hojas, con pesd remaches de hierro y cobre, estaban abiertas de par en par. Unos hacían somb:

con un gran parasol, otros iban espantando los mosquitos con hojas de palma ramas verdes, otros conducían lo que el antojo del patrón pudiera exigir alláen campo, una bota de vino, caramañola con agua, tabaquera, hojas de maíz yesl

bón, en fin, la mar de gente, sólo para cuidar al dueño de la hacienda. Y estos' perjuicio de que en el campo estuvieran las cuadrillas inmensas de peones dedi· das a las labores del campo y de que en cada rancho estuvieran, durante meses años, centenares de indios acarreando piedra y arena para construir una suntuo:

iglesia. Por eso vernos ahora pueblos y haciendas que no valen lo que costarí1 hacer en los tiempos actuales una sola capilla de aquéllas.

Un poco

más tarde el señor amo tuvo que

salir de la casa grande, por la pue

carcomida y con los remaches mohosos, con una sola de las hojas abierta, aco pañado solamente de dos mozos de estribo y si quería cigarro en el campoten que llevar la tabaquera en los vaquerillos de la montura. Después, ni eso siquiera. Allá va y viene el señor amo sólo con sus penas suspirando por los tiempos idos. Más tarde cabrá por el postigo y después por la rendija de la puerta, cuyos¡ grandes remaches y chapetones se han quitado para venderlos en las tiendasde curiosidades mexicanas. ¡Se ha reducido a su más simple expresión el pobre señor amo! Esto por lo que se refiere al tiempo; ahora veremos un cuadro semejantejorle] ' que se refiere al espacio. Allá en el sur la población toda de la gran finca depende del amo corno lashojas, del tronco, y todos los troncos, con todo y hojas, dependen del cacique, también como las hojas, del tronco. [Una disciplina admirable! ¡Una organización sopen-

C"l

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Utllll'. establecida gracias a los poderes unidos del cacique, del padre,delatienda dt ruyu y del cepo de campaña!

A.las puertas de México (da vergüenza decirlo, pero es lo cierto), lospatrones 'I~'1s1umbran todavía cintarear a los mozos y hasta a las mozas querobanleña o e1trs. Los indios mexicanos y otorníes abundan todavía y son un materialexcelen- lt pura el ejercicio del despotismo. Cuando el amo sale de la casa suelenirle a h1N11rla mano y en la casa de la hacienda hay recarnareras, chichigiias, cocineras, 1n1tipinas y molenderas por docenas, y en los campos de la hacienda hay¡unpeón ptcrn eada coa!, que es cuanto puede decirse. 1•:11San Luis y Guanajuato, la cosa se pone un poco más grave. Ahílosranche- fUli 1icnen que hacerse la guerra mutuamente para completarse de peonesyal fin Y •I cubo resulta que les sobran yuntas. ¿Cómo hacer para que un solopeónmaneje do"< mas, dos palas o dos azadones o las manceras de dos arados? l'ero vamos más al norte, a Chihuahua o Sonora, y allí el pulso no estáagitado •11111que hace rnachincuepas, y la calentura es capaz de fundir al mismoamianto. 'I\ Kh 1séstos son síntomas terribles. ¡Con decir a ustedes que yo conozcopatrones ~U<'1ienen que amasar sus tortillas y que es raro el que no tenga que ensillar su

vnhullo personalmente,

Aquí sí que los pobres amos llevan cada susto que tiembla el credo. ¡<)uéllegaron al pueblo los agentes de un reenganche para un ferrocarrilde los l!NlrnlosUnidos! [Qué en el mineral próximo encontraron buenos metales! [Qué 11e• rebujó el pasaje en el ferrocarril mengano, en el que hay una excursiónhasta el

cll11lantos! [Qué han subido

n111111a!

mejor estar donde no hubiera más metal queeltepetate,

por no quitar a los mozos de sus labores urgentes!

a veinte reales los jornales de barreteros en la mina

[Malditacivilización!-Era

y r11una hacienda rodeada por una cordillera, a donde no pudieran llegar ni las noticiasde los malditos ferrocarriles. Aquí son tan humildes los patrones que el mejor medio para conseguiruno que 111ro sirviente que le hable a uno de tú, es hacerlos compadres de pila. ¡Yojalá que 111·111ro de los límites de la moral pudiera uno hacerlos cuñados o suegros,o adquirir 1·1111ellos algún parentesco de grado más cercano que el compadrazgo! l·'.stopor lo que se refiere a espacio o lugar y en cuanto se refiere a quejas en hidas partes dicen que se los lleva la trampa. Sin embargo, en el sur, los mozos apenas ganan para mantenerse conpozole, en rl centro siempre viven endrogados en la tienda de raya y en el norte apenas les ulcunzaeljornal para mal vivir y emborracharse.

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¡Y por cada vía férrea que nos comunica con los Estados Unidos vemos s una corriente constante de gente pobre que va a los Estados Unidos en busca trabajo y de mejores jornales e, inconscientemente hasta de malos tratamientos! Sólo en la frontera se tiene idea de la magnitud de esta expatriación y por cons cuencia de los perjuicios que debe causar a la producción nacional y, sin embarg nada se hace para evitarlo ni por el gobierno federal ni por los de los estad centrales, de donde viene toda esa gente, ni por los de los estados fronterizos qui1 pudieran tratar de detenerla. Mientras Tehuantepec llama la inmigración japonesa y Sinaloa defiende la i gración china, Zacatecas y Guanajuato se despueblan. Mientras Oaxaca y Mil. choacán mantienen improductivas sus riquezas por falta de brazos, la frontera me cana los da para todos los ferrocarriles y minerales de los estados limítrofes de t unión americana. Y nuestros gobiernos prefieren gastar en teatros y otras obras materiales, e estatuas y en pensiones de artistas, mucho dinero, cuando podían dedicar algo establecimiento de colonias, a poner en práctica medios heroicos para detener e corriente de gente que debilita nuestras fuerzas y que podría encontrar su bienes antes de cruzar el Bravo, a arrancar sus baluartes de la sierra, por medios práctio y razonables, esas razas de indios adormecidas por la incuria y la falta de instruc ción, ya se llamen chamulas, tarahumaras o yaquis. Utilizar el amor al terruño, que es tan poderoso, para arraigar a toda esa gen que se va a país extranjero, hacer que su vida sea fácil en su propio país, estable ciendo colonias donde puedan hacerse propietarios, pero colonias donde hay medios de vida para seres humanos y no donde no puedan mantenerse ni las lie•1 bres, eso podrían hacer nuestros gobiernos y nuestros particulares, olvidarse del, señor encomendero y del señor amo de otros tiempos y hacer algo, aunque fuere poco, de eso que al principio parece en pugna con el interés propio, pero que mát' tarde resulta en provecho de todos.

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LA ESCUELA DE AGRICULTURA

Srtfores Escobar Hermanos

(Noviembre de 1905)

l\n la época actual, aunque quisiera, no podría ocuparme de otra cosa. Me han quitado el sueño con su escuela.

de

rnncheradas y que los tres pesos que han sacado de allá y de más allá (porque de 1u¡11íno han sacado nada) los hayan invertido en otro negocio tan infame como el primero: un periódico para familias que no leen, y que los tres y los dos pesitos que cobran por correo, con recibos en toda forma, con miles de trabajos, siempre de 11116y de acuyá y nunca de aquí, vayan ahora a invertirlos en otro negocio de la mismacalaña.

No es poco que ustedes hayan gastado su tiempo en propagar un periódico

Yo tengo mis abriles y conozco dos clases de periódicos: los que progresan con '-llhsidios de cincuenta mil pesos, y los que no progresan, pero que ni necesitan pn igresar, porque se publican por amor al arte.

para morirse de hambre.

Y ustedes que publican periódicos de chahuixtle y de cuentecitos morales, que 1111llaman la atención porque no hablan de escándalos y de pornografía, es decir q11l'han escogido lo que puede llamarse la quinta esencia, lo peor de los malos negocios periodísticos, no contentos con eso, como muy satisfechos con su suerte, 1•11vez de dedicarse a su teódolos y despachar en mala hora al periodismo, o de

buscar otro negocio que sea negocio la emprenden como

1.sto es el colmo. Nec plus ultra; como dice el letrero de un puesto de aguas ln•scas que hay en mi pueblo. ¡,Pues qué creen ustedes que los maestros de escuela están en Jauja y gozan de tclicidad plena en esta vida? ¿Por qué diablos se les ha ocurrido eso? Saquen ustedes un maestro de escuela de cualquier parte, al azar; pepénenlo del 1111111t6n,sin escogerlo; cualquiera es igual a los otros y pónganseloen la palma de la 11111110y mírenlo. Fíjense bien en él.

Sin subsidio no hay mejor negocio que elperiodismo

maestros de escuela.

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Está flaco el pobre, triste y meditabundo, con el brillo de la vista apagado y la dispepsia en el estómago, tiene que gastar él solo toda la bilis que debiéramos gastar los padres de los chamacos. Es preferible ser general ruso que maestro de escuela. Yo no sé que clase de maestros habrán conocido ustedes para que se les haya] antojado el oficio y si no estuviéramos en las siembras de trigo emprendería el viaje hasta ciudad Juárez a ver cómo son los maestros de esos rumbos. Ayer estaba yo en el portal de la presidencia cuando llegó el maestro de escuela, compadre mío por más señas, con un mamarracho de datos que le pide el gobierno, y le enseñé un periódico que trae la noticia de su Escuela de Agricultura. Y dispen-j sen ustedes que no les pinte la cara que puso mi compadre porque odio todas las bellas artes, inclusive la pintura, pero que sí les diga lo que dijo mi compadre, por- que adoro las claridades. -¡Pero esos señores son unos brutos! -dijo, con tres admiraciones, después de ti leer el periódico, y se metió a la Presidencia.

Y yo me quedé pensativo.

Una noche soñé que me había dado la locura de pretender lo peor de todo lo, que veía. Esta enfermedad se llama peoritis, según me dijo el doctor, en oposición a la otra locura que se llama delirio de grandeza o mejoritis.

Veía a un caballo flaco atascado en los atascaderos que tiene el Ayuntamiento en ,

las calles y no se me antojaba ser munícipe sino caballo atascado; encontraba una:

vaca roñosa muriéndose de inanición y, de ribete, parida, y quería ser vaca de ésas; entre periodistas quería ser de "Regeneración", entre potencias Rusia, y entre ne- gociantes agricultor, agricultor puro.

Es una enfermedad de toditos los demonios esta de la peoritis, como ustedes comprenderán y en un descuido yo he sido el inventor de ella. Conociendo las tempestades que han sacudido la nave de la escuela de San Jacinto, conociendo los escollos de que tiene que defender su blanda quilla, (como diría una persona decente) sabiendo la vida arrastrada que lleva y ha llevado la Escuela Nacional de Agricultura, (como diría yo con menos palabras) el pensar en fundar una escuela de agricultura habría sido un tema excelente cuando me soñé atacado de peoritis. Pero ni entonces se me ocurrió semejante locura; ustedes han colmado la medida.

Y como temo que ustedes estén atacados de peoritis, me anticipo a mandarles

mi más sentido pésame, porque ha de ser mal sin remedio.

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Post scriptum. He visto el contrato que firmaron ustedes con el Gobierno del Estado, publicado en el Diario Oficial que ustedes me mandaron.

Allí, en aquel fondo negro, lleno de edictos de minas y de denuncios y de leyes; a través de los veinte alumnos pobres chihuahuenses, a quienes se obligan a ustedes a dar colegiatura y de los tres mil árboles que se obligan a entregar al Gobierno del 1istado, y de las demás obligaciones que ustedes contraen, he visto algo claro, algo que no parece de esta tierra. Su gobernador se las pesca al vuelo y ustedes no parecen estar tan enfermos de peoritis como yo creía. Sepan ustedes que yo tengo que ser profesor de esa escuela, aunque mi compa- dre se llame bruto y lástima que no se trate de circo. Tengo que mandarles mis hijos a su escuela, y si no tengo hijos les mandaré a mis hijas; si soy soltero me casaré, si no tengo prole de ningún género la procuraré por medios legales o ilegales, pero el caso es que he de mandarles alumnos. Si en vez

pues aun así me procuraría hijos para mandárselos, al

cabo que me he soñado vaca flaca y caballo atascado. Cuenten ustedes desde ahora con mis hijos para que los eduquen en su escuela. Ya verán si soy buen amigo. Termino la presente deseándoles muchos clientes tan decididoscomo este servi- dor, que espera seguirlos eslaboneando.

de Proteo fuera Protea

NOTA: Hace referencia a la Escuela Particular de Agricultura que se fundó en ciudad .Juárezel 22 de febrero de 1906.

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CÓMO SE LEVANTAN LAS CIUDADES

No crean mis lectores, mal humorados o risueños, que voy a querer que se vuelvan lombrices de tierra para meterse en el subsuelo y enseñarles cómo se levantan los pueblos. No señores. Podemos ver los toros desde el tendido. Supongamos que no nos cuesta nada el pasaje y que todos juntos emprendemos un viaje de recreo por la república. Pita la locomotora y el tren se pone en movimiento. Dejamos atrás al pueblo, al

rancho, o a la hacienda donde vivimos, para ver cosas nuevas. Se suplica dejar a la familia y no llevar equipaje. Por las ventanillas veremos postes y más postes, matorrales que corren, lomas que se estiran, llanos que se atirantan y se encogen como si fueran cueros de res. En el largo paseo daremos pronto con lo que buscamos: un pueblecito tan pequeño y tan chico-como el pobre rincón donde vivía; -que con todo y su hermanita

y sus cabañas,- como un copo de nieve se veía -sobre del fondo azul de las

montañas. Mayor poesía no se le puede pedir a un antipoeta que, por milagro ha recordado esto del "Olvido", de Rodulfo Figueroa. En aquel pueblecito todo se miraba bajo: la gente, los árboles, las milpas, las

casas y losjacales. Sólo la Iglesia eleva su orgullosa torre sobre el nivel general. Es que los frailes del período de la dominación española no eran tan legos y compren- dieron que lo que les faltara de ancho debían de dárselo de altura. También hay que ver que en aquellos tiempos no les costaba ni la cal ni la piedra ni tenían problemas tan indecentes como el de los jornales. Si no fuera por esto último ya yo habría hecho en mi rancho un Teatro Nacional. Entonces un obispo mandaba a un señor cura a establecer una parroquia y, si no

le paraban el vuelo, establecía dos. Llamaba a la indiada y en tanto que se los

cuento se levantaba la iglesia. Ahora sudan los pobres para hacer el remiendo de

una torre.

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Gracias a ellos tenemos las iglesias que tenemos. Es decir; a ellos se debe lo único bueno, lo más alto que hay en estos pueblos.

Y siguen pasando por las ventanillas pueblecicos y hasta ciudades, donde lo único que sobresale son las iglesias y donde todo lo demás se ve bajito, casas, hombres y milpas. Pero no sólo esto hemos de ver, que para eso tenemos pase libre.

Hay ciudades y pueblos de otra categoría,

donde a vista de pájaro, se descubren

lasiglesias altas y dos o tres mogotes más, que sobresalenigualmente sobre el nivel

general. Pueden ser éstos: el edificio del honorable ayuntamiento, construido allá marras, en la época de bonanza; el Palacio de Gobierno que se hizo a empujones cuando hubo un gobernador que no supo hacer otra cosa y el teatro monumental, enorme, desproporcionado para un pueblo que no asiste a él por falta de comida,

elefante blanco que dejó asustados a los contribuyentesy que sirvióparainmortalizar

el nombre de un gobernante

En estas poblaciones, eso es lo único que resalta,loúnicoque ha podidolevantarse; pero todo lo demás se ve bajito, muy bajito. En estas dos categorías de poblaciones no todos jalan parejo. En las primeras, I<>súnicos que estiraron con ganas fueron los frailes y en las segundas el gobernador y losmunícipes. En cambio, podremos ver la categoría tercera, al cabo que no nos cuesta el pasaje. Donde hay hombres de empuje, donde el pueblo ayuda y los interesescomunes cuentan para su desarrollo con la voluntad de todos, ahílos edificiossehanlevantado de una manera uniforme, sin presentar únicamente dos o tres edificios altos. Ahí todos han hecho lo que el cura de otros tiempos: lo que les faltóde ancho se I<idieron de largo. Hay casas de dos y hasta de más pisos, que parecen palomares y como si la gente no les tuviera miedo a los temblores; hay palacios que no le piden favor a la ciipula de la iglesia; hay escuelas que parece que tienen sorbete y fábricas que amenguan la altanería de las torres. Aquí se ha levantado el pueblo por parejo y se ven muchas cosas altas:

csrablecimientos industriales, casas, milpas, caballos y hombres. Sí, aunque uno no quiera, tiene que notar las diferenciasde estos malditosgringos. 1~nlas ciudades de los Estados Unidos, en vez de verse las iglesias y los edificios públicos, altos, lo que sobresale son los establecimientos particulares, losedificios de las grandes compañías.

amigo de la civilización.

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Hay tiendas de un tamaño que es una barbaridá. Ahora ya podemos arrendar a nuestro monstruoso tren de ferrocarril, volviendo grupa para nuestras casas. ¿Qué hemos visto? ¿Qué lección hemos aprendido? Que para levantar a un pueblo se necesitan hombres de empuje, como para alcanzar un toro se necesitan caballos de ley. Esto lo sabemos todos. Luego debemos hacer algo más que hablar, censurar y quejarnos, si queremos que nuestra ciudad o pueblo se levante parejo. Y para levantar a nuestros pueblos no necesitamos ser lombrices ni arquitectos ri albañiles; basta con dedicarnos a nuestro terruño; basta con que sigamos trabajando latierra. Nosotros los agricultores somos los que hacemos aquellas altitudes; nosotros los que abrimos el surco, somos quienes levantamos las milpas; nosotros, los que iamos el maíz, somos los que levantamos edificios y fábricas. Por eso los invité a ustedes a hacer el viajecito.

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HACIENDAS Y HACENDADOS

"[Qué agua, amigo, qué agua! Venga usted a probarla" -me decía entusiasmado, un buenamigo mío, estando yo de visita en su hacienda, para hacerme notar los méritos de ella. -"¡Qué aire, amigo, qué aire!" -exclamaba, satisfecho, haciendo una inspiración profunda, con el mismo objeto de hacerme notar los méritos de su finca. Y yo bebía agua y respiraba aire puro a pulmonadas llenas. Cuando ya comenzábamos a cansarnos de tanto andar por los interminables 1inderos que limitaban al terreno inculto y notando que yo no elogiaba nada de lo que veía, que era bien poco, y no porque fuera miope, me cogió del brazo y me dijo:

-"Aquí sí se vive, amigo; aquí sí se siente el cuerpo satisfecho. Esta agua y este

aire puro y estos ejercicios, dan la salud. Los de la ciudad no saben lo que es esto."

Y yo gozaba.

Cuando volvimos a la casa grande y nos sentamos a la mesa, dimos dos o tres pasos más en el menú y llegamos a una cecina tan buena como cualquiera otra. -"¡Qué carne, amigo, qué carne! Si vendieran esta carne en las ciudades se enfermarían los marchantes, porque están acostumbrados a comer puros pellejos."

Y yo me comí la cecina, pensando en que he conocido a muchos hombres de

esa clase entre mis amigos los rancheros. Cuando un hacendado no puede enseñar a sus visitas buenas labores, un jardín bien atendido, tierras productivas, maquinaria moderna, buenos ganados y establos,

11 cualquiera de esas cosas que revelan el resultado del verdadero mérito de una propiedad o de un trabajo inteligente, no se queda callado, sino que recurre a hacer notar los méritos de su agua potable y de su aire puro.

Y como no todos los visitantes conocen estas tretas y como es bien difícil hacer

la calificación de una agua o de un aire, salen éstos de la hacienda verdaderamente entusiasmados con las riquezas que en ella abundan.

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EL NUEVO PROVINCIALISMO

Habíamos en el exilio tres clases de expatriados: los políticos, que vivían en los mejores hoteles y fumaban puro; los trabajadores humildes que fumaban tabaco del Príncipe Alberto, una yerba apestosa que es allá la cosa más barata que sirve como tabaco y los de la clase media, que fumaban en hoja. Como la necesidad es madre de la industria y en los Estados Unidos no había cigarros de hoja, inventaron vender los costalitos de tabaco con su respectivo paquete de hojas de maíz. A esto nos suscribimos todos los expatriados que, sin ser políticos ni peones, pasábamos allá la pena negra por culpa de otros. Los de mi clase nos reuníamos diariamente en una plaza a comentar las mentiras de la prensa y a discutir sobre las actividades revolucionarias de los políticos de puro: dos tonteras más grandes que Texas. Estábamos en eso cierto día, cuando un organito se puso a tocar en la esquina la danza "Ojos tapatíos", y esto llevó la conversación al provincialismo de los jalisciences, que con esta revolución ha desaparecido, como todos los demás provincialismos, exceptuando el de Coahuila, que ahora nace. Sin embargo, alguien citó el caso de un general de Coahuila que antes de atacar a una plaza arengaba a sus soldados de la siguiente manera: "¡Vamos, muchachos! ¡A morir por la causa, si es necesario! Ya saben: si hay soldados en la plaza, media vuelta, aunque sean poquitos; si no hay seguridad de que los haya, nos acercamos poco a poco y si no hay gente armada, entonces sí, [adentro, hijos de Coahuila!" Pero, exceptuando este provincialismo, los demás están bien muertos. En efecto, Jalisco se había quedado hasta sin obispo y ya no es peligroso uno que otro tapatío que anda errante, orgulloso nada más que de los "ojos tapatíos", [bien poca cosa! Los sonorenses, que antes decían que "mezcal, cecina y mujer, de Sonora debe ser", ahora están amolados, porque fusilan sin formación de causa al que vende mezcal, las reses de que hacían cecina son cosas de la historia y por consecuencia el provincialismo quedó limitado a sus mujeres. Ahora quieren cifrarlo en los indios

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yaquis; pero no hallan el modo de hacer con ellos un motivo de orgullo, porque elogiar a los bárbaros del tamborcito que ganaron en tantas batallas por la creencia que tienen de que al morir se duermen y van a despertar en su tierra, es elogiar también a los que andan cazando yoris en las sierras de Sonora. El provincialismo del Distrito Federal, que hacía creer que fuera de México todo era Cuautitlán, acabó también cuando el general Obregón dejó la pistola por un fuete para tomar la capital de la república y cuando Zapata y Villa se sentaron en la famosa silla presidencial. Este provincialismo está por los suelos. El de los chihuahuenses está dentro de una noria, por una barbaridad de razo- nes. Pero esto no lo aceptó un señor de ciudad Juárez que estaba con nosotros la vez que nos tocaron los "Ojos tapatíos" y, exaltado su provincialismo por la conversa- ción, nos disparó el siguiente discurso:

"Ustedes dirán lo que quieran; pero lo cierto es que la importancia de ciudad Juárez no puede negarse y que allí está la clave de la política mexicana. La prueba es que cada vez que cae ciudad Juárez cae el Gobierno de México." "Miren ustedes: si el cura Hidalgo, tan bueno como era, pero sin experiencia en estas cosas, en vez de irse a perder el tiempo en Valladolid y en el monte de las Cruces y en Acatita de Baján se hubiera venido directamente a tomar ciudad Juá- rez, para cuando hubiera regresado a México ya no habría encontrado ni la sombra de los virreyes. Pero no lo hizo así y lo fusilaron." "Cuando la guerra con los americanos, tomaron ciudad Juárez, entonces Paso del Norte, y no hubo remedio, cayó México." "Cuando los franceses, Juárez sí supo barajar, y abandonó Guadalajara, San Luis, Monterrey, Saltillo, Chihuahua mismo, pero se afianzó en Paso del Norte. De allí no salió y se salvó la república." "Cuando Madero, cayó ciudad Juárez en 1911 y lueguito cayó toda la repúbli- ca." "Después de la Ciudadela ¿qué se ganó con México y con todos los estados y ciudades principales de la república? Nada absolutamente-Villa tomó a ciudad .luárez y todito lo demás no sirvió para nada, así es que los constitucionalistas pu- dieron llegar hasta la misma capital de la república." "Después, como nadie ha podido tomar a ciudad Juárez, Carranza, ha seguido firme en la silla. Ya verán ustedes si ciudad Juárez es importante o no lo es. Por eso hablarle de ciudad Juárez a un presidente de la república es tanto como mentarle la madre."

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Los demás nos quedamos pensativos con este fogoso discurso, mientras el organito se retiró dejando en el aire las últimas notas de "Ojos tapatíos" y todos nos disponíamos a torcer nuestro cigarro cuando un oaxaqueño que estaba con noso- tros se paró de la banca y le dijo al ''paseño":

"Usted es un bruto. Es cierto que ahora, los de Oaxaca estamos mansos, por- que desde que cayó don Porfirio nadie se acuerda de todos los otros grandes hombres que mi estado ha producido; pero a pesar de eso, la historia de Chihuahua es un borrón y su ciudad Juárez no vale nada. Lo único que puede decirse de ella es que: 'es el pueblo infeliz que está más cerca del río que tiene nombre más grande

y menos agua, o que es el lugar de la tierra donde, estando uno parado, ve más lejos sin ver nada'."

Y se fue el oaxaqueño, dejándonos a todos más pensantivos que antes, inclusive

a nuestro amigo el "paseño".

Se disolvió la reunión muy a tiempo, porque [quién sabe a dónde habríamos ido

a parar con nuestro provincialismo!

Y yo, al platicar a ustedes esto, no quiero ofender a nadie: enorgullézcase Jalis-

co de los ojos negros de sus mujeres: Sonora del valor espartano de sus indios, que buscan la muerte como un medio seguro para ir a despertar al Bacatete: Oaxaca de su pasada historia y Chihuahua de las caídas de ciudad Juárez. Todo enhorabuena, porque estos resabios de provincialismo ya no son peligrosos; pero lo cierto es que esta última revolución ha enterrado a todos los provincialismos. Que nazca ahora un provincialismo más racional. A ver cuál estado es más próspero: fundemos nuestro amor al terruño en el número de escuelas: veamos qué. lugar se distingue por sus productos agrícolas y por su dedicación al trabajo. Que compitan la energía, la industria y el talento: que nuestros gobiernos locales se em- peñen en hacer los cimientos de un orgullo más racional que el que se funda en el color de los ojos o el salvajismo de unos indios. Entonces, de ese amor al terruño nacerá el verdadero patriotismo y podremos ver, sin llorar, la tumba que la actual revolución ha cavado para todos nuestros rancios provincialismos.

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LA HOSPITALIDAD, ANTES Y AHORA

El rancho que se llamaba "La Posta" estaba a medio camino entre el pueblo y la hacienda de "La Ciénega" y la mayoría de los viajeros tenían que hacer en él una parada, cuando menos para dar agua a sus bestias. Don Juanito y la señora Fran- cisca eran tan conocidos como la imagen de la Virgen Guadalupana por aquellos

rumbos y no era despreciable el tiempo ni el dinero que tenían que gastar anualmen-

te en viajes al pueblo para bautizar o confirmar chicuelos de las gentes a quienes

había hecho algún servicio. Una noche sin luna, hace muchos años, ladraron los perros y se oyó, con rumbo

a la casa de "La Posta" el tropel de unos caballos. La puerta estaba abierta y las

gentes de la casa rodeaban una ancha chimenea platicando de los trabajos del ferrocarril que iba a llegar al pueblo, de cómo se movían los trenes y del número de

mulas que trabajaban en las obras de terracería.

-¡Ave María Purí

Don Juanito salió inmediatamente. La señora Francisca, como cosa común y

sima!-dijo una voz, afuera de la casa.

corriente, acercó la cafetera a las brasas y vio cuántas tortillas habían quedado de la cena, como buscando la relación matemática entre ellas y el número de visitantes. Ya sabía que aquellos viajeros no habrían de pasar "La Posta" sin entrar a su casa

y que entrando a ella no habrían de salir sin ser obsequiados con una taza de café

caliente, cuando menos. [Bendita hospitalidad de nuestra gente pobre, que tanto contrasta con el egoís- mo de los ricos y que todos los que hemos andado por el campo hemos podido aprovechar cuando la hemos necesitado! Don Juanito y la señora Francisca están ahora más viejos. Sus hijos han toma- do estado, como ellos dicen y sólo vive con ellos en "La Posta" un nietecito que cuenta tantos años como la guerra más uno. Una de estas noches, en que brillaba una luna hermosísima y cuando todavía se notaba la luz del crepúsculo, ladraron los perros de "La Posta" y se oyeron a lo lejos las pisadas de un solo caballo.

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DON SANCHO Y QUIJOTE EN MÉXICO

:>orlasllanuras mexicanas andan los dos caminantes; pero aquí Sancho es don y :)uijote escudero. ¿Sabes tú, Quijote, cuántas leguas faltan para llegar al pueblo? -No, mi amo. Pero me atrevería a decir que aquél no es pueblo, sino una ortaleza. -¡Qué fortaleza ni que ojo de hacha! A ti no se te quita lo bruto. Mira, Quijote, estecamino polvoso se alarga mucho y justo es descansar. Comeremos bajo este nezquite y dejaremos que nuestras bestias prueben este pasto que tanto ha hecho engordar a mi asno y que a tu pobre Rocinante le hace el efecto de sal hepática. -Así sea, señor Sancho; pero temo que prohibido esté descansar en esta som- ora o consumir estos pastos. -Prohibido no puede estarlo porque aquí ya no hay latifundios ni feudos. Todos ;on ejidos y aunque allá en nuestra tierra era otra cosa, en este país de los ejidos no

iay ley

-Pon aquí tu montura. Trae el morral y comeremos unas gordas.

-Mira, tenemos dos tortillas. Justo es que tomes la mitad de una y que yo coma ma y media, porque mi necesidad fisiológica es más grande.

- Y vuestro rango, señor amo.

-No, eso no. Aquí todos somos iguales, parejos en todo.

- Yo no tengo hambre. Estoy entristecido por todo lo que pasa y vea usted mi

.eñor, Temo algo terrible, porque a lo largo del camino he notado dos marcas con Iibujos cabalísticos que deben ser las huellas de dos enormes serpientes que nos esperan más delante. Dos para dos; mas no importa, así fueran veinte. -No, Quijote. Tú siempre andas viendo moros con tranchetes. Esas marcas ¡ue miras son las huellas de un poderoso automóvil que ha pasado por este camino, ~nel que van los representantes del pueblo a unas convenciones que se verifican en a capital del estado. No tendremos que vivir mucho tiempo para ver que ese auto ios alcance con la carga de triunfos que traigan aquellos delegados. Tengo infor-

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mes de que ocupan dicho auto, el representante de los clubes políticos unidos, el agente de los gremios sindicalizados y la delegada de la unión feminista, todas ellas gentes de las que más ruido hacen en esta comarca. -Sea, como dice su merced; pero huellas de víbora parecen. -¿Oís ese zumbido? ¿Percibís ese traqueteo? Es el auto que viene. -Echaremos las monturas, señor Sancho y aprestémonos a la lucha. -No, Quijote. No es necesario. No debemos arriesgar el pellejo por tan poca cosa. Ese auto que viene seguirá su camino y sus tripulantes no se darán cuenta siquiera de que ha pasado cerca de mí, del señor don Sancho Panza y creerán que tu eres algún pobre diablo que va en busca de un hospicio.

) Llega el auto; de una ventanilla sale el ros-

tro mofletudo e irritado del representante de las asociaciones políticas, que con mirada inquisitiva y voz aguardentosa preguntó al señor don Sancho:

-Oye, muchacho. Tú que vienes despacio ¿sabes si ha llegado al pueblo la noticia de lo que pasó en las convenciones? -No, mi amo. No se nada. -Pues menos lo ha de saber ese pábilo. -Seguramente, él sabe menos. -¿Pues de qué club son ustedes? -No, señor, nosotros somos transeúntes-dijo don Sancho humildemente. -¿Cómo, transeúntes? ¿No pertenece a ninguno de los sindicatos? Entonces son gentes sospechosas. Vamos. (En esto se abrió la portezuela del lado opuesto y bajó el agente de los sindica- tos dejando caer en el suelo un gran pañuelo rojo y en menos que se los cuento a ustedes se vieron don Sancho y Quijote frente al agente y al político que, pistolas en manos, y en altanero tono, les preguntaron todo lo que se les dio la gana.) Quijote suspiraba, pensando que en otros tiempos y allá en la Mancha, aquellos mal nacidos hubieran recibido de su mano una muerte segura y que en aquel mueble ventrudo y negro, como gigante, hubiera atravesado su lanza. Don Sancho, más positivo, se mostraba humilde y resignado. -Pues nosotros tenemos que arreglar esto. Es necesario que nos acompañen al pueblo por sospechosos, dijo el representante de los clubes políticos. -Pero sospechosos de qué, señor amo, exclamó don Sancho más servil que un esclavo.

(Tan-tracatán-tracatán-tracatán

-De

-No señor, le juro a usted que no somos más que simples transeúntes.

ser caballeros de Colón, o científicos, o felixistas ¿cómo de qué?

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-Pues eso. Eso tenemos que averiguar. A ver qué significa eso de transeúntes. -¡Quién sabe si sea algo como fascistas! (Quijote, recargado con dignidad en el mezquite, dejaba hablar a don Sancho como sintiéndose muy alto para intervenir en semejante querella de gente tan baja.) -Nada de eso somos. Tenemos la costumbre de recorrer los caminos por pure] 1 sport. Este loco-señalando a Quijote- es un bruto que tiene la manía de desfacer' entuertos y agravios, siempre anda buscando cosas torcidas que enderezar y comoj en nuestra tierra no nos dio buen resultado el oficio, hemos venido a México a ' ensayarlo, nada más que aquí, yo soy el amo y él es el mozo de estribo, porque a la tierra que fueres haz lo que vieres. (En esto se oyó un quejido lastimero que salía del automóvil, como de una mujer que agonizaba y se asomó una mujer en efecto, con la cabeza vendada en algodón absorbente y con un brazo en cabestrillo.) [Estaba hecha una desgracia aquella mujer! Quijote se enderezó y cogió su machete, creyendo que aquellos follones lleva· ban a la dama sin su venia y que era llegada la hora de un combate singular que habría de tener resonancia hasta en el mismo Toboso. Don Sancho dio un salto hacia atrás, espantado. -¡Agua! -dijo la mujer. -Sí, camarada, contestó solícito el agente. Ya ha de estar usted fastidiada de tomar puro tequila. Estos hombres nos darán una poca de agua. A ver, mucha· chos, ¿tienen caramañola? -Sí, mi amo, con mucho gusto- dijo el señor don Sancho y solícito se aprestóa servirlos. Con esto se apaciguaron los ánimos y se aclaró en la conversación que aquella mujer, de la cabeza vendada y saturada de tequila toda ella, no sólo la cabeza, era la delegada al congreso feminista que en una de las sesiones había armado una bronca de la cual habían resultado varios muertos y doble número de heridos. Orgullosos volvían al pueblo con sus triunfos logrados en el campo de las nuevas ideas aquellos tres dignos representantes que, para mejor probar su energía y su actitud revolucionaria, traían casi difunta a la egregia representante del sexo femeni- no, pero ya no débil. Siguió el auto su camino dejando en paz a los dos caminantes. Quijote suspiraba todavía y aquella mirada lánguida que quería ver al Toboso entre la polvareda buscaba allá lejos a la señora de sus ensueños, a Dulcinea.

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Don Sancho vio alejarse al auto con satisfacción y se limitó a recoger el pañuelo y a decir socarronamente:

-Hemos hecho lo que aquí se hace: los hemos tanteado. En esta tierra lo único que se hace es tantearse unos a los otros. Quijote hizo un gesto.

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Introducción

ÍNDICE

1896-1910

[Viva el atole! El quelite y la verdolaga Tener remuda La precuran las señoras Buenos fustes Carne de caballo Las bodas de rancho Entre gorda y gorda Los perros en los ranchos No se consiguen criados Provincialistas No hay jornaleros La Escuela de Agricultura Las hojas de los tamales Tener orégano Cómo se levantan las ciudades Haciendas y hacendados La cortesía El que nace para buey hasta la coyunda lame Padre industrioso, hijo ocioso y nieto menesteroso La espuma del chocolate Los elementos naturales Nuestro progreso en el Centenario Hagan lo que digo y no lo que hago

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¡Ladereando ! El nuevoprovincialismo La hospitalidad, antes y ahora Uno como hay muchos Lo que está fuera de su lugar La edad del mecate La portación de armas Uno de tantos municipios Las penas de mi comadre Un gato enterito Algunas casualidades La señora mayor Don Sancho y Quijote en México Los especialistas El clavo y el agujero Tiburcioy el gobierno Dar crank Las señas del camino Los detalles Alzo patas La hierba de la víbora Lo que viene atravesado Otro repatriado

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1911-1936

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La presente edición consta de 4000 ejemplares y se ter- minó de imprimir en el mes de octubre de 2003 en los Talleres Gráficos del Gobierno del Estado ubicados en calles 4a. y Méndez No. 3013. Chihuahua, Chih.