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La moral de las tropas.

Por: Javier Cañón Núñez


Analista sociopolítico
Para hablar de la moral de las tropas, primero debemos hacer
una relectura de lo que significa la “moral”. Se denomina
moral o moralidad al conjunto de creencias y normas de
una persona o grupo social que determinará el obrar (que
orienta acerca del bien o del mal, lo correcto o lo
incorrecto de una acción o acciones).
En el lenguaje de cuartel, suele escucharse con frecuencia
que algo como ir a almorzar, salir con permiso, recibir la
bonificación o el salario; ser objeto de una condecoración o de
una felicitación, es “tener moral”. Estos hechos se asocian
con la “moral de la tropa”. Estas acepciones del lenguaje
militar indican que la moral se mantiene en alto cuando se ha
recibido un beneficio, un estímulo o, simplemente cuando se
es objeto de buen trato. Entonces, remitiéndonos a la
definición de moral, pero relacionándola con el lenguaje de
cuartel, se podría argumentar que si la tropa tiene moral, su
obrar es correcto, y si no lo está sus acciones pueden ser
incorrectas o equivocadas. Siendo así, la moral también se
asocia con la subordinación y esta, la subordinación, con el
cumplimiento de la misión, sin importar el tipo de sacrificio
que se deba hacer. Por esto, un ejército capaz, es aquel que
cumple su misión con base en una subordinación cimentada
en una alta moral. Así lo expresó Napoleón en sus frases
célebres: "No hay subordinación en el temor que prevalece en los estómagos
vacíos". "Los ejércitos caminan sobre los estómagos".

Pero el estómago referido por Napoleón es metafórico. El


significado de “estómago” se extiende a la “moral” misma, y
está depende no sólo de cómo se alimente a la tropa, sino
también de cómo se le trata; también de cómo se le paga (su
salario), de cómo se le dirige, de cómo se le preserva (fuero
militar), de cómo la ve y la acoge la sociedad; de cómo se le
entrena y se le equipa para el combate, y de cómo se
garantiza la vejes de sus integrantes en contraprestación a
sus sacrificios. El estómago del militar, es decir su moral,
también se reciente por los efectos de la guerra, por los
fracasos y por los errores. Y nada más ilustrativo que los
efectos negativos de la lucha política de los últimos cuatro
años (militares llamados a calificar servicio o
encarcelados, los mal llamados “falsos positivos” y el
también mal llamado “paramilitarismo”). Más que
sofisticado equipamiento bélico, fusiles, aviones, barcos,
tanques, etc., la moral es el principal recurso para ganar una
guerra.
¿Pero la tropa colombiana (Ejército Nacional, Armada
Nacional, Fuerza Aérea Colombiana), está desmoralizada?
Varios ex comandantes del Ejército, políticos y columnistas así
lo han indicado. Recientemente se pronunciaron, a través del
diario El Tiempo, dos columnistas de renombre, el General (r)
Álvaro Valencia Tovar1 y el escritor Plinio Apuleyo Mendoza2.
También lo hizo el General (r) Jorge Enrique Mora Rangel, en
la revista semana del 23 de mayo.3
1 En el inicio de su columna del día 21 de mayo de 2010, este militar
retirado manifestó: “Los generales ex comandantes del Ejército Nacional
presentaron en rueda de prensa convocada para el efecto un manifiesto
dirigido a gobernantes, candidatos presidenciales, prensa y opinión pública,
cuyo objeto era llamar la atención del país hacia hechos y situaciones que
afectan desfavorablemente la moral y la capacidad de combate de la
institución”.
2 En su columna del 2 de octubre de 2009, este columnista, entre otras
cosas, manifestó: “La Unidad de Derechos Humanos de la Fiscalía, en torno
a la cual revolotean el Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo y ONG
como Mingas, Codhes, Credos y Justicia y Paz, del mismo signo ideológico,
sólo se ocupa de atender inculpaciones de militares, sin tomar en cuenta el
perfil moral de los testigos que los acusan y las dádivas y promesas que les
son ofrecidas. De este modo, el militar enjuiciado se encuentra en el
apremio angustioso de pagar su defensa, sin más recurso que el de
hipotecar cualquier modesto bien inmobiliario que posea”. Y en el mismo
escrito prosigue este columnista: “El resultado inocultable de semejante
proeza: 8.342 militares investigados por la Fiscalía y un creciente y
explicable temor que invade a la oficialidad a la hora de enfrentar a la
guerrilla. Cualquier baja puede quedar convertida, por obra de un
enquistado aparato investigador, en falso positivo. Evitar el combate puede
ser el mejor recurso para evitar el riesgo de un enjuiciamiento. 'Cano' lo
sabe. Es lo que busca”.
3 “…los suboficiales y oficiales están preocupados por el manejo que se le
ha dado a la justicia penal militar, al fuero militar y al tema de los famosos
'falsos positivos' que los han explotado políticamente, afectando la moral

del Ejército. La moral de las tropas es algo bastante delicado”. Entonces,


surgen varios interrogantes: ¿La baja moral de las tropas se
refleja en la desaparición de resultados operacionales
trascendentales?, y ¿en prácticas ilegales como los “falsos
positivos?”, ¿en la manera cómo ha sido conducida por el
poder político?, seguramente que sí. Pero hay otros
interrogantes no menos inquietantes: ¿A qué se debe la
desmoralización de las tropas?, ¿cuáles son las causas raíz de
este problema? Más que a otra cosa, a los siguientes factores:

1. Equivocación en la administración y en la gestión del


recurso militar por parte del gobierno. Particularmente el
gobierno de Álvaro Uribe Vélez se ha excedido en exigir
resultados, sin aplicar incentivos institucionales que moralicen
la tropa. Las FARC y el ELN tienen bien identificada y medida
esta dicotomía. En un escrito del Comando Central del ELN
(jun/2004), se dice que entre el gobierno de Uribe Vélez y los
militares hay identidad ideológica, pero grandes desacuerdos
en la manera cómo se gestiona el recurso militar para la
guerra. En otro escrito (jun/2004), esta vez de la Dirección
Nacional del mismo grupo armado ilegal, se manifiesta que
“el uribismo es el gobierno que más ha afectado la
Cúpula Militar”, fenómeno al cual, según el escrito, “hay
que hacerle una adecuada lectura y analizarlo con
cuidado”.

2. Desacierto del gobierno en la conducción de la


guerra. Conociendo que tanto las FARC como el ELN han
cambiado el momento táctico de la confrontación, el gobierno
no ha replanteado las prioridades de su Política de Seguridad
Democrática (PDSD). Para estos dos grupos armados ilegales,
el carácter militar de la confrontación sigue siendo
fundamental, pero ahora el carácter político es
preponderante. Por esto, los resultados operacionales de las
tropas han disminuido casi al mínimo previsible, lo cual
produce un efecto desmoralizante.

3. En las dos últimas décadas la corrupción del poder


político se ha incrementado exponencialmente, pero se
mantiene el espíritu democrático y subordinado del
estamento militar. Ante esta situación, surge una gran
reflexión en los militares: ¿”Realmente el régimen político
(status quo) que hemos mantenido con nuestra lealtad
merece tanto sacrificio”? En la mayoría de veces la respuesta
puede ser no, porque el militar se siente mal tratado,
utilizado, manipulado y mal dirigido.
4. Hoy existen y se manifiestan nuevas visiones, otros
planos mentales en los militares. Aunque por mandato
constitucional el militar activo no puede votar y mucho menos
beligerar, su formación profesional y la influencia de la época
(siglo XXI o siglo del conocimiento), lo llevan a tener un
pensamiento político de avanzada. El militar de hoy entiende
la política, sus circunstancias y sus posibilidades como factor
culturizante, pero también como elemento moralizante o
desmoralizante, según sea el caso. El militar de hoy no se
puede abstraer de esta realidad, de ahí que el gobernante
deba hacer uso de toda su capacidad para ejercer una
jefatura con un alto contenido de buena administración y
buena gestión.

5. Antes, me refiero a quince o veinte años atrás, era


un honor y un privilegio ser militar. Hoy no es tan
atractivo serlo. No existen garantías suficientes para ingresar
a la carrera militar como Oficial o Suboficial. Se ha perdido la
vocación y la muestra está en que muchos militares activos
se sienten más atraídos por estudiar otra carrera (Derecho,
Psicología, Administración, etc.), que por estudiar temas
afines a las Ciencias Militares, que eleven su perfil
profesional.

6. Como el militar activo no cuenta hoy con las


garantías suficientes para asegurar económicamente
su futuro, una vez retirado se ve en la obligación de
buscar un nuevo empleo para sostener sus
obligaciones familiares. La mesada mensual de la gran
mayoría de militares retirados no alcanza para sufragar los
gastos de educación profesional de sus hijos, mantener el
nivel de vida o pagar programas de bienestar y recreación. Y
esta situación del militar retirado la toma como referencia el
militar activo, quien en no pocos casos opta por dedicarse a
otras actividades por fuera de sus obligaciones
institucionales.

Las tropas sí tienen baja su moral y este fenómeno sí incide


en su proceder y en los resultados operacionales. Antes que
mayor equipamiento bélico, el Estado debe hacer una
reingeniería en sus métodos de administración y gestión del
recurso humano en las Fuerzas Militares. Las guerras también
se pierden por baja moral de los combatientes, pero las
guerras no las pierden los militares ni los ejércitos, las guerras
las pierden los Estados. Ahora bien, tomando la “moral de
combate” como referente, ¿cuál es el balance de la Política
de Seguridad Democrática (PDSD), del actual gobierno, luego
de ocho años de aplicación?, Pero antes miremos en el
siguiente gráfico cómo se integra una política de Estado para
la conducción de la guerra:
Ese balance se puede resumir en dos proposiciones:

(1) Las seudoguerrillas, especialmente las FARC, asimilaron


la política del Estado para la conducción de la guerra (PDSD),
y mediante un cambio del momento táctico (lo
preponderante para la amenaza ahora es la lucha o
estrategia política), neutralizaron la estrategia militar4.
4 Ya es hora de que el Gobierno Nacional invierta el esfuerzo entre las estrategias particulares. La estrategia política, como
mecanismo de lucha, debe preponderar por encima de las demás estrategias, inclusive por encima de la estrategia militar.

(2) El agotamiento de la estrategia militar del Estado, frente a


un cambio de táctica de la amenaza y los efectos disruptivos
que este cambio ha producido en el estamento militar, ha
generado un alto nivel de incertidumbre y desmoralización en
la voluntad de combate. Como consecuencia, la amenaza
asume que no le fue tan mal frente a un gobierno que
amenazó seriamente con lograr una inflexión resolutiva en su
favor. Las FARC y el ELN dan por sentado que a través su
esquema de guerra de resistencia (algunos la llaman
repliegue estratégico o guerra asimétrica) y un acertado
cambio del momento táctico (conservación de la
estrategia global -ver gráfico 2- ), pero con una
preponderancia de la lucha política), han logrado detener
el ascenso negativo de la correlación de fuerzas. Esta
situación le permite a la amenaza mirar el futuro con
expectativa y cierto optimismo frente al próximo gobierno.
¿Qué hacer en este laberinto?: Tres esfuerzos significativos:

(1) Moralización de las tropas. Atacando y solucionando


tres factores: 1.- Nivelación salarial real (retomar el Plan
Quinquenal). 2.- Definir publica e internamente el
problema de los mal llamados “falsos positivos” (¿se
presentaron en el volumen sugerido por los medios de
comunicación nacional o el nivel fue mucho menor,
pero el efecto mayor se debe a la guerra o lucha
política de la amenaza?). El Ejército Nacional no ha definido
públicamente esta situación, es conveniente que lo haga a
través de una publicación, en la cual explique la situación
real, con casos precisos; las distintas incidencias que
confluyen, las medidas adoptadas y los resultados de las
investigaciones. Enfrentando este problema de cara al país,
mostrándolo tal como se presentó, y asumiendo las
responsabilidades institucionales a las que haya lugar, se le
haría un gran bien al Ejército Nacional. 3.- Exigir la restitución
del Fuero Militar y el fortalecimiento de la Justicia Penal
Militar.

(2) Revalorar y reenfocar la concepción de la Política


De Seguridad Democrática (PDSD): Esta política de
Estado aún tiene activos significativos para la conducción
futura de la confrontación. Pero se debe cambiar el orden de
prioridad en la aplicación de las estrategias particulares. Dado
el momento táctico actual de la amenaza (lucha política
preponderante), el Estado debe reenfocar la PDSD,
colocando la estrategia política a la cabeza del esfuerzo
principal.
(3) Un esfuerzo militar acorde a la situación actual de las
FARC y el ELN, y el redireccionamiento de la Inteligencia
Militar, ajustándola al momento táctico actual de la amenaza
(Inteligencia Estratégica para la Conducción y
Desarrollo de la Estrategia Política).

Es el momento para que el poder político cumpla su papel en la


conducción de la guerra. Una estrategia política apoyada en una
acción militar permanente y una adecuada inteligencia estratégica,
sería la herramienta acorde y legítima para enfrentar a la amenaza,
desde la óptica de la lucha política. Dicha estrategia política debe
articular los esfuerzos de defensa nacional con una acertada
diplomacia internacional, como mecanismo de contención de la
amenaza global representada en el plan supranacional del Foro de
Sao Paulo. Este cambio en el papel de las Fuerzas Militares sería el
mayor incentivo para elevar la moral combativa de las tropas.