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REVISTA DE

ANÁLISIS
INSTITUCIONAL
Marzo - Año 2009 No. 3

Thomas Kuhn: el paso de la racionalidad


Algorítmica a la racionalidad hermenéutica Gabriel J. Zanotti

A propósito de la propuesta de reforma


institucional de Friedrich A. von Hayek Constanza Mazzina

Richard Cantillon y el primer tratado


de economía política Adrián O. Ravier

Derechos originarios de propiedad en una


teoría del tipo Hume: algunas reflexiones
preliminares Eduardo Stordeur (h)

Mitre y la formación del estado federal


argentino, 1861-1862 Adrián Lucardi

La influencia de la tradición romanista


en el pensamiento jurídico de Bruno Leoni Pablo A. Iannello

Panorama actual de las teorías evolucionistas


en ciencias sociales (Primera Parte) Eliana M. Santanatoglia
RICHARD CANTILLON
Y EL PRIMER TRATADO
DE ECONOMÍA POLÍTICA
Adrián O. Ravier 1

El ensayo de Cantillon es, con más derecho que ninguna


otra obra, “la cuna de la economía política”.
William Stanley Jevons, Richard Cantillon
y la Nacionalidad de la Economía Política, 1881
La estimación de Jevons es excesiva. Nada tan desafortunado
como llamar al Essai “cuna de la economía”:
si algo no puede ser es precisamente “cuna”.
Joseph Schumpeter, Historia del Análisis Económico, 1954

INTRODUCCIÓN

El “Essai sur la nature du commerce en général”  2, es la única


obra que se le conoce a Richard Cantillon, manuscrito que circuló
a partir de 1734 por Francia, Inglaterra y otros países de Europa,
provocando una influencia central y directa en los pensadores más
importantes del siglo XVIII y XIX, e indirecta en algunas escuelas
del pensamiento económico moderno.


El autor es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan
Carlos de Madrid y miembro full time del Departamento de Investigaciones de la
Fundación Friedrich A. von Hayek. Correo Electrónico: a_ravier@hayek.org.ar

Véase Richard Cantillon, Ensayos sobre la naturaleza del comercio en general,
Fondo de Cultura Económica, México, 1950, primera reimpresión 1978. Título
original: Essai sur la nature du commerce en général, Fletcher Gyles, Londres, 1755.
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Poco se conoce sobre su vida y obra, siendo motivo de polémi-


ca o duda su nacionalidad, sus raíces, sus estudios, la fecha en que
escribió su Essai, el motivo por el que permaneció sin publicarse
durante más de dos décadas, si su riqueza personal fue obtenida de
modo fraudulento, e incluso la fecha y forma en que fallece, o si fue
asesinado.
En este trabajo intentaremos alcanzar tres objetivos, cada uno
desarrollado en su respectiva sección: Primero, reconstruir su vida,
a la luz de una extensa bibliografía secundaria, donde se destacan
las investigaciones de William Stanley Jevons (1881), Henry Higgs
(1891), Friedrich A. von Hayek (1931), Joseph Hone (1944), Joseph
Schumpeter (1954), Antoin Murphy (1985) y Murray Rothbard
(1995). Segundo, destacar las contribuciones de Richard Cantillon
en su Essai, no sólo concentrándonos en los aspectos subrayados por
numerosos historiadores del pensamiento económico, sino también
por aspectos que quien escribe considera ignorados dentro del tra-
bajo en estudio. Tercero, y a modo de reflexión final, analizar la in-
fluencia o el impacto que este Essai ha provocado tanto directa, como
indirectamente, en los pensadores de su tiempo y en el pensamiento
económico moderno, pudiendo entonces concluir si es justo o no
denominar a esta obra, para muchos desconocida, como la «cuna»
de la economía política.

I. RICHARD CANTILLON (1680?-1734?)

Para reconstruir la vida de Richard Cantillon habrá que em-


pezar por abordar el famoso ensayo de William Stanley Jevons de
1881, trabajo que la literatura considera como descubridor del Essai,
y sin el cual la oscuridad que rodea a la vida de Cantillon, sería aún
mayor. Jevons no sólo destaca allí la importancia del contenido del
Essai, sino que se preocupa por investigar algunos aspectos sobre
la vida del autor, abriendo numerosos interrogantes, algunos de los
cuales pudieron ser resueltos y otros que permanecen sin respuesta.
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1.1. Algunas incógnitas en la vida de Cantillon


La mayoría de los historiadores del pensamiento económico,
siguiendo la obra póstuma de Joseph Schumpeter (1954), adjudican
a 1680 la fecha de su nacimiento, pero reconociendo ciertas dudas.
El mismo Schumpeter, en un pie de página, lo expone de la siguiente
manera:
RICHARD CANTILLON (fecha de nacimiento insegura,
pero generalmente dada: 1680; murió, probablemente asesinado,
en 1734) era un banquero parisiense de origen irlandés 3.

Lo cierto es que, en sus casi treinta páginas de biografía, Jevons


no presenta una fecha posible de nacimiento. El primer dato con el
que contamos fue provisto en 1891 por Henry Higgs, quien citando
un árbol genealógico de Burke de 1845, señala que Cantillon, el
economista, pudo haber nacido antes de 1680 4.
En 1944 Joseph Hone publica una excelente nota biográfica
en The Economic Journal donde reconstruye el árbol genealógico de
la familia Cantillon (ver figura No. 1), y citando a John C. Nagle,
quien en los años treinta del siglo pasado estuvo en contacto con la
familia Cantillon en Francia, y apoyado también en algunas otras in-
vestigaciones propias, explica que Cantillon habría nacido en marzo
de 1697. De ser esta información verídica, y tomando como fecha
de su muerte a 1734, Cantillon habría fallecido a los 37 años 5.


Véase Joseph A. Schumpeter, Historia del análisis económico, Editorial
Ariel, S.A., Barcelona, 1995, p. 260. Publicada sobre la base del manuscrito por
Elizabeth Boody Schumpeter. Título original: History of economic analysis, Oxford
University Press, 1954.

Véase Henry Higgs, “A note on Cantillon”, The Economic Journal, Vol. 42,
No. 166, (Jun., 1932), p. 271.

Esta nota biográfica permite confirmar que Richard Cantillon, el econo-
mista y banquero, se casó con Mary Ann Mahony, y que tuvieron una hija, a
la que llamaron Henrietta. Véase Joseph Hone, “Richard Cantillon, economist:
biographical note”, The Economic Journal, vol. 54, No. 213 (Apr., 1944), pp. 96-
100.
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Quien a su vez pone en duda esta información es uno de los


últimos biógrafos de Cantillon. Antoin Murphy, en un trabajo pre-
sentado en un Simposio sobre Richard Cantillon, en Pacific Grove,
California, en agosto de 1980, si bien rescata la importancia del tra-
bajo de Joseph Hone, corrige parte del árbol genealógico y expli-
ca que sería inconsistente tomar como fecha de nacimiento el 16
de marzo de 1697 (ver figura No. 2). Al examinar la relación entre
Cantillon y John Law y la reputación que Cantillon había obtenido
como banquero, relacionado con la clase más poderosa de Francia,
señala que si nació efectivamente en 1697, entonces “Bolingbroke
[un importante miembro de la clase política] habría confiado una
suma de 20.000 libras, a un joven banquero de 18 años, que sólo
había arribado a París unos diez meses antes”. Y concluye que esto,
seguramente no ha de ser así 6.
Lo dicho, nos permite sostener que las dudas sobre la fecha
de nacimiento de Richard Cantillon persisten hasta el día de hoy,
y sumado a la poca certeza de cuándo fue escrito su trabajo, nos
impedirá saber si su Essai fue escrito como un joven prometedor de
sólo treinta años, o como un banquero experimentado de cincuenta.
Se espera igualmente, que la incógnita se pueda develar en investi-
gaciones futuras.


Véase Antoin Murphy, “Richard Cantillon: banker and economist”, The
Journal of Libertarian Studies, Vol. VII, No. 2 (Fall 1985), p. 200. En el mismo
ensayo, Murphy (pp. 198-199) explica que “Unfortunately, notwithstanding the
new information obtained on his family Cantillon’s date of birth still proves to be
elusive. As Betham confused Cantillon’s parents it may be argued that the date of
birth he gives of the 16th of March 1697 is incorrect. This date is apparently based
on a Terry Manuscript that Betham saw in the British Library. Unfortunately,
I have been unable to find this Terry Manuscript in the British Library and so
cannot comment on its authenticity”.
Adrián O. Ravier 101

Figura No. 1
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Existe cierto consenso, como surge de la primera investigación


de Jevons, de que Richard Cantillon nació en Irlanda 7, en el con-
dado de Kerry y en el seno de una familia católica, propietaria de
tierras 8.
La poca información biográfica que se posee nos confirma que
Cantillon, antes de convertirse en un banquero de París, trabajó en
España, durante la guerra de sucesión, como contable del Pagador
General de los Ejércitos Ingleses. Esta posición lo convirtió en un
personaje cosmopolita, conocedor de toda Europa, además de per-
mitirle tomar un primer contacto con la actividad bancaria y las
finanzas internacionales 9.

1.2. Cantillon, el banquero


Su carrera como banquero sólo fue posible gracias a sus buenas
relaciones familiares con Daniel Arthur, tío de su madre, relacionado


“There is little doubt in my mind that Cantillon’s parents were Irish and
the O’Connell manuscript helps confirm the impression that the economist was
born in Ireland. In a legal brief published on behalf of Richard Cantillon in Paris
it is contended that Cantillon was ‘Irlandois d’Origine’, while Freron states in the
L’Annk Littirake that Cantillon was Irish”. Véase A. Murphy, Op. Cit., p.198.

Véase W. Stanley Jevons, “Richard Cantillon y la nacionalidad de la eco-
nomía política”, en Richard Cantillon, Ensayos sobre la naturaleza del comercio en
general, Fondo de Cultura Económica, México, 1950, pp. 210-211.

“Cantillon, according to Mirabeau, ‘had houses in seven of the principal
towns of Europe, and the slightest point of information to acquire or calculation
to verify made him cross Europe from one end to the other.’ Such Cosmopolitan
experience must have greatly assisted an economist in the infancy of the science
to winnow the local, accidental, and particular from the general and ‘natural’
causes of wealth, even if it did not afford the advantage of access to the literature
of trade in other tongues than his own”. Véase Henry Higgs, “Cantillon´s place
in economics”, The Quarterly Journal of Economics, Vol. 6, No. 4 (Jul., 1982), pp.
436-456. A este respecto, es importante señalar los países a los cuales Cantillon se
refiere en su Essai, y siempre de modo apropiado: Inglaterra, Francia, Alemania,
Bélgica, Holanda, Suecia, España, Portugal, Italia, Hungría, Turquía, Grecia,
Polonia, Rusia, Chipre, Arabia, China, Japón, India, Brasil y América.
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con operaciones bancarias tanto en Londres como en París, y con su


primo, el Chevalier Richard Cantillon, bien establecido en París.
El 11 de agosto de 1714, Richard Cantillon Junior –como se
lo denominaba entonces– se traslada a París y comienza a trabajar
como asistente de su primo. Un mes más tarde, para septiembre de
1714, el Chevalier confía a nuestro hombre, el poder de gerenciar, en
su ausencia, los asuntos de su banco, ubicado en la calle St. Honore.
Para febrero de 1716, Richard Cantillon ya estaba en posición de
comprar el negocio bancario de su primo, y ofrecerle un pago anual
de 3.000 libras por año por su retiro.
Pero ya en 1715, el joven Cantillon tenía un rol dominante en
el negocio bancario de su primo. Un documento, de mayo de 1715,
nos muestra una transacción que involucraba a Lord Bolingbroke,
a Lord Carnarvon y a un banquero llamado Comparant, donde
el primero había confiado a Cantillon una suma de 20.000 libras,
circunstancia que confirma lo dicho previamente, en cuanto a que
Cantillon gozaba de tal reputación en París, que haría imposible que
tuviera sólo 18 años.
Tras la muerte del Chevalier en 1717, Richard Cantillon conti-
nuó el negocio bancario, involucrándose con los hombres más pode-
rosos de Francia, entre quienes podemos mencionar figuras literarias
como Alexander Pope, Matthew Prior y Voltaire; miembros de la
clase política como el mencionado Bolingbroke, el irlandés Wild
Geese o Montesquieu, así como soldados y comerciantes, clérigos
y miembros de la corte. Sin embargo, su conexión más importante
debió haber sido con John Law.

1.3. El sistema bancario de la Francia del Siglo XVIII


La figura más importante y más influyente en el sistema ban-
cario de la Francia del Siglo XVIII fue, sin lugar a dudas, la de John
Law, banquero francés, quien logró convencer al regente Felipe de
Orleans de aplicar su sistema de expansión monetaria y crediticia
para estimular la economía.
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Tal expansión produjo un auge artificial en la economía, con


especial incidencia en el mercado bursátil, y en particular en relación
con las acciones de la compañía comercial de occidente conocida
con el nombre de Compañía Mississippi. En 1720 la burbuja fi-
nanciera había alcanzado un nivel alarmante, siendo evidente, para
aquellos que tenían conocimiento en materia financiera y bancaria,
que la misma debía explotar.
Law, en un marco de desesperación, hizo todos los intentos po-
sibles para mantener el sistema, y en especial lo necesario para man-
tener el precio de las acciones de la sociedad del Mississippi y el valor
de los billetes de su banco. El banco y la compañía comercial fueron
fusionados, las acciones de la compañía comercial se declararon di-
nero de curso forzoso y las monedas metálicas perdieron parte de su
peso para intentar restaurar su equivalencia con los billetes.
Como suele ocurrir ante este estado de cosas, todas las medidas
que se tomaron fueron inútiles y la pirámide inflacionaria se de-
rrumbó como un castillo de naipes, produciendo la ruina no sólo del
banco, sino también de muchos franceses que habían confiado en él
y en las acciones de la compañía comercial.
Jesús Huerta de Soto, en su ya famoso capítulo II del libro
Dinero, crédito bancario y ciclos económicos (1998), dedicado a es-
tudiar la historia monetaria y bancaria desde Grecia hasta la actua-
lidad, explica sobre este período que las pérdidas fueron tan cuan-
tiosas y el sufrimiento que crearon tan grande que durante más de
cien años en Francia se consideró incluso de mal gusto pronunciar
la palabra «banco», la cual llegó a utilizarse como sinónimo del tér-
mino «fraude». Los daños de la inflación habrían de asolar Francia
de nuevo pocas décadas después, con el advenimiento del grave des-
orden monetario del periodo revolucionario y la emisión descontro-
lada de assignats que en el mismo se verificó. Todos estos fenómenos
han quedado fuertemente grabados en la memoria colectiva de los
franceses, que aún hoy son muy conscientes de los graves peligros
que tiene la inflación de papel moneda y mantienen la costumbre
familiar de atesorar una apreciable cantidad de oro amonedado o en
Adrián O. Ravier 105

lingotes (de hecho, puede estimarse que Francia, junto con la India,
es uno de los países donde los particulares mantienen el stock de oro
más importante) 10.

1.4. Cantillon y John Law


Lo dicho nos lleva a caracterizar a John Law, dentro de la histo-
ria del pensamiento económico, como un proto-keynesiano, quien
creía que un aumento en la oferta monetaria podría estimular la
producción de la economía francesa. Cantillon por su parte, como
señalaremos en la segunda sección, sabía que este efecto sólo podía
ser de corto plazo, y que la burbuja que se inflara mediante la políti-
ca monetaria y crediticia, tarde o temprano debía explotar 11.
Jevons resume, por otro lado, el prestigio que había alcanzado
Cantillon, la “envidia” generada en John Law y la disputa que nace
entre ambos:
“Asociado a un crédito inmenso –como dice la Biographie
Universelle– afables maneras y aguzado ingenio, era solicitado por
la mejor sociedad y tuvo intimidad con personas del más alto ran-
go”. Fue amigo de Lord Bolingbroke, y aún se afirma que estuvo
en buenos términos con la Princesa de Auvernia. En efecto fue tal
su éxito financiero y social que el gran John Law, entonces en la
gloria de sus combinaciones financieras, estaba envidioso de él.
Replicando a su compatriota, sobrevino una discusión que debió
ser cierta porque, como diría un autor francés, era naturalísima. “Si
estuviéramos en Inglaterra (dijo Law) no tendría más remedio que

10
Véase Jesús Huerta de Soto, Dinero, Crédito Bancario y Ciclos Económicos,
Unión Editorial, Madrid, 1998, segunda edición, 2002, pp. 90-91. Existe una
traducción al inglés.
11
Observaremos más adelante cómo Cantillon, haciendo referencias al pe-
ríodo 1718-1721, en Francia, critica explícitamente la política monetaria de John
Law y su intento por evitar que la burbuja se desinfle, mostrando un profundo
conocimiento de teoría económica, y en particular de teoría monetaria y de ciclos
económicos.
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transigir con usted y arreglarnos; pero como estamos en Francia,


puedo enviaros esta tarde a la Bastilla, si no me dais vuestra palabra
de salir del Reino en las próximas veinticuatro horas”. Cantillon se
puso a pensar un momento y contestó: “¡Bueno, no me iré, y haré
triunfar vuestro sistema!” 12.

La disputa terminó por asociar a Cantillon con Law, tomando


el primero unas veinte millones de libras de la sociedad comercial del
Mississippi fundada por el segundo, y por mediación de sus nume-
rosos amigos y agentes comerciales, y gracias a la reputación alcanza-
da, pudo colocarlos en el mercado con gran beneficio.
El negocio consistió en prestar este dinero a numerosos clientes
de gran prestigio con la condición de que compraran acciones de la
sociedad comercial del Mississippi. Durante el auge, originado en la
política inflacionista de John Law, estas acciones aumentaron fuerte-
mente de valor, generando importantes beneficios a sus propietarios,
pero viendo Cantillon que esta burbuja especulativa necesariamente
iba a explotar en poco tiempo, tomó las medidas necesarias, se des-
hizo de sus propias participaciones así como de aquellas que perte-
necían a sus prestatarios, y que le habían dejado en garantía, tomó el
dinero que surgió como fruto de las ventas de estas participaciones
y partió hacia Italia para esperar allí el fin de la burbuja, que se des-
encadenó al poco tiempo. Cuando en 1720, la sociedad comercial
del Mississippi fue a la quiebra sus clientes habían perdido el dine-
ro invertido, pero mantenían una importante deuda con Cantillon,
quien les había prestado el dinero con el que compraron las partici-
paciones, a una tasa de interés de hasta el 50 por ciento. Cantillon
exigió que devolvieran el dinero que se les había prestado, y entonces
comenzó una larga disputa legal, que duró hasta su muerte. Murray
Rothbard destaca que “Cantillon regresó a París multimillonario,

12
Véase W. Stanley Jevons, Op. Cit., p. 206.
Adrián O. Ravier 107

aunque impopular entre sus antiguos asociados y deudores” 13. Su


fortuna, al momento de su muerte, era enorme, estaba conformada
por propiedades y acciones, y se encontraba dispersa en un buen
número países.
Jesús Huerta de Soto, nos cuenta, a continuación, su particular
visión de cómo Cantillon, entre 1717 y 1721, amasó esta enorme
fortuna, especulando “fraudulentamente” con los valores de John
Law:
En efecto, está demostrado que Cantillon violó el contrato de
depósito irregular no de dinero, sino de títulos de la sociedad co-
mercial del Mississippi que había fundado John Law, organizando
la siguiente fraudulenta actividad: concedió importantes préstamos
para que sus clientes compraran acciones de dicha sociedad, con la
condición de que quedaran depositadas en el banco de Cantillon
como colateral en forma de depósito irregular, es decir, de títulos
fungibles e indistinguibles. Posteriormente Cantillon, sin conoci-
miento de sus clientes, se apropió indebidamente de las acciones
depositadas, vendiéndolas cuando pensó que tenían un precio ele-
vado en el mercado, apropiándose del producto de la venta. Una vez
que las acciones perdieron prácticamente todo su valor, Cantillon
las recompró por una fracción de su antiguo precio y repuso el de-
pósito, obteniendo una cuantiosa ganancia. Finalmente, ejecutó los

13
Véase Murray N. Rothbard, Historia del pensamiento económico, Volumen I:
El pensamiento económico hasta Adam Smith, Unión Editorial, Madrid, 1999, p. 387.
Luigi Einaudi, por su parte, explica que Cantillon no buscó o no pudo conseguir
protección por un possible atentado de sus clientes: “Cantillon, who was mostly
absent from Paris between 1720 and 1726, did not care, or was not able to search for
protection among the aristocracy, and his noble clients were, moreover, too angry
with him to allow his name to be dropped from the larger provisional list, as hap-
pened with several other big financiers. […] The estimate of the fortune acquired by
Cantillon was, as for other profiteers, largely a matter of guess, as it was based on the
examination of deeds or transactions registered in public notaries´ offices or in the
India Company´s books and other public sources, supplemented by a roused public
opinion. Véase Luigi Einaudi, “On a forgotten quotation about Cantillon´s life”,
The Economic Journal, Vol. 43, No. 171, (Sep., 1933), p. 536.
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préstamos que originariamente había dado a sus clientes, los cuales


no fueron capaces de devolverlos, dado que el colateral que tenían
en el banco prácticamente ya no valía nada. Estas fraudulentas ope-
raciones motivaron que se interpusieran múltiples querellas crimi-
nales y demandas civiles contra Cantillon que, tras ser detenido
y brevemente encarcelado, tuvo que abandonar precipitadamente
Francia y refugiarse en Inglaterra 14.

La defensa de Cantillon nos retrotrae al ya famoso debate entre


aquellos que defienden un sistema de banca libre con reserva frac-
cionaria (Lawrence White o George Selgin, entre otros), y aquellos
que promueven la banca libre pero con un encaje del 100 por cien
(Murray Rothbard o Jesús Huerta de Soto, entre otros). Cantillon
explicó, como lo haría hoy un defensor del free banking, es decir, el
primero de los sistemas mencionados, que el dinero que recibió en
concepto de depósito, era más bien un préstamo por tiempo indefini-
do, que pasaba a ser de su propiedad quedando obligado a devolver,
cuando los depositantes lo requirieran, la suma prestada. Mientras
tanto, Cantillon podía disponer del dinero y asumir su propio ries-
go. Cantillon pudo devolver a sus propietarios los títulos que habían
depositado, cuando estos lo requirieron, pero sobre la base de su
conocimiento en materia económica y monetaria, aprovechó el auge
de su cotización y la posterior baja, para vender y re-comprar en el
momento adecuado amasando una gran fortuna.
Friedrich A. von Hayek resume, con mayor precisión, esta de-
fensa del caso:
Su punto de vista era, como luego explicaría, que las acciones
que le fueron entregadas, puesto que sus números no habían sido
registrados, no constituían un depósito auténtico, sino más bien
–como se diría hoy en día– constituían un depósito irregular de
tal manera que ninguno de sus clientes tenía el derecho de recla-

14
Véase Jesús Huerta de Soto, Op. Cit., p.92.
Adrián O. Ravier 109

mar títulos específicos. De hecho, la firma obtuvo unos beneficios


extraordinarios de esta manera, puesto que podía recomprar a pre-
cios reducidos las acciones vendidas a precios elevados, y mientras
tanto el capital, sobre el cual se cobraba unos intereses elevados, no
se disminuyó en absoluto, siendo ahorrado e invertido en libras.
Cuando Cantillon, que había realizado parcialmente estos adelan-
tos en su propio nombre, pidió la devolución de los préstamos por
parte de los especuladores, que habían incurrido en fuertes pérdi-
das, y finalmente les llevó ante los tribunales, los deudores exigie-
ron que los beneficios obtenidos de sus acciones por Cantillon y
la firma se utilizaran para compensar sus deudas. A su vez llevaron
a Cantillon ante los tribunales en Londres y en París, acusándole
de fraude y usura. Presentando ante los tribunales correspondencia
entre Cantillon y la firma, afirmaron que toda la operación se había
llevado a cabo bajo la dirección directa de Cantillon y que, por
tanto, él era personalmente responsable 15.

Lo cierto es que Cantillon, como buen economista –ya lo vere-


mos más adelante–, comprendía perfectamente el descripto contex-
to económico que caracterizaba a la Francia del Siglo XVIII. Cuando
la burbuja se aproximó a su máximo nivel, y John Law comenzó a
practicar políticas desesperadas para intentar evitar el consecuente
colapso de su sistema, Cantillon se apresuró a vender sus acciones a
un precio muy alto, las que luego re-compró en el momento en que
habían alcanzado su piso. Este acto implicó apostar contra el sistema
de Law, lo que lo llevó a abandonar Francia en 1720, posiblemente
para evitar dificultades personales, tanto con John Law como con

15
Véase Friedrich A. von Hayek, “Richard Cantillon”, The Journal of
Libertarian Studies, Vol. VII, No. 2 (Fall 1985), pp. 236-237. No podemos
dedicarnos aquí a analizar si Cantillon debió haber sido considerado culpable o
inocente de los cargos, pero es importante señalar que este es un debate ejemplar
en el que las herramientas del análisis económico sirven para tomar una correcta
decisión en el ámbito del derecho. Esta área de investigación, conocida como Law
& Economics, hoy está en pleno auge.
110 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

el resto de los inversionistas, y asentarse, tras un paso por Italia y


Amsterdam, en Inglaterra.
Abandonar Francia sin embargo, no lo absolvió de las disputas
legales. Desde 1721, y hasta su muerte, tuvo que enfrentar numero-
sas causas relacionadas con su actividad bancaria. El Essai habría sido
escrito durante estos años, y existen buenas razones para creer que
Cantillon desarrolló la teoría económica como parte de su defensa
legal contra los cargos de usura. En este sentido argumenta Antoin
Murphy, señalando que habría similitudes entre algunas secciones
del Essai y el testimonio presentado como defensa por los abogados
de Cantillon 16. Otra prueba, en este mismo sentido, es la defensa
del sistema de reserva fraccionaria que el mismo Cantillon desarrolla
en su Essai, aspecto que como bien destaca Jesús Huerta de Soto,
llamativamente fue ignorado por Murray Rothbard 17.

16
Véase Antoin Murphy, Richard Cantillon: Entrepreneur and Economist,
New York: Oxford University Press, 1986.
17
“Ricardo Cantillón fue, además, el primer teórico de la economía que trató
de justificar la práctica del negocio bancario con reserva fraccionaria (en concreto
10 %) (véase la p. 400 de la edición original del Essai sur la nature du commerce
en général, publicada en 1755). No entiendo cómo Murray N. Rothbard, uno de
los críticos más agudos de la banca con reserva fraccionaria, haya podido pasar
por alto este extremo en el brillante estudio sobre Cantillón que incluye en su
obra”. Véase el prólogo a la edición española de Murray N. Rothbard, Op. Cit.
pp. 11-12. Esta referencia de Huerta de Soto que muestra a Cantillon a favor
del free banking nos dice lo siguiente: “En estas circunstancias el banquero podrá
prestar a menudo noventa mil onzas de plata (de las cien mil que debe) durante
todo el año, y no tendrá necesidad de guardar en caja más de diez mil onzas,
para hacer frente a los reintegros que puedan solicitarle. Sus negocios son con
personas opulentas y económicas; a medida que le piden mil onzas por un lado,
le llevan ordinariamente mil onzas, por otro. Basta pues, por lo común, mantener
en efectivo la décima parte de sus depósitos. Ejemplos y experiencias de esta forma
de operar se han podido reunir en Londres. Esto hace que en lugar de que los
particulares guarden en sus arcas durante todo el año la mayor parte de las cien
mil onzas, se acostumbren a depositarlas en manos de un banquero, y que noventa
mil de esas cien mil onzas se pongan en circulación. Tal es, primordialmente, la
idea que podemos formarnos de la utilidad de esta clase de Bancos; los banqueros
u orfebres contribuyen a acelerar la circulación del dinero. Lo prestan a interés, a
su propio riesgo y peligro, y sin embargo siempre están o deben estar dispuestos
Adrián O. Ravier 111

Entre 1729 y 1732 volvió a París, donde enfrentó con éxito, en


los Tribunales de Justicia, a aquellos banqueros que habrían sufrido
considerables pérdidas con el colapso del sistema de Law.

1.5. ¿Cantillon asesinado?


De vuelta en Londres, y tras doce años de pleitos, dos arrestos
y la constante amenaza de ir a la cárcel, Richard Cantillon es apa-
rentemente asesinado un martes 14 de mayo de 1734, en el incendio
de su casa.
Existen al menos cuatro versiones sobre su muerte: en primer
lugar, hay quienes afirman que llegó a su casa a las doce de la noche,
embriagado, y quemó sus cortinas, no pudiendo escapar del fuego;
otros sostienen que se quedó dormido leyendo a la luz de las velas,
las que luego quemaron su cama y su casa; otros mantienen que un
sirviente, más precisamente el cocinero, lo asesinó para robarle, y
luego quemó su casa para ocultar el crimen; los últimos, aseveran
que envuelto en pleitos, querellas, amenazas y acreedores, simuló el
incidente y abandonó su casa de Londres con destino incierto.
Como prueba de esta última hipótesis, Antoin Murhpy expo-
ne los siguientes hechos: 1) que Cantillon liquidó gran parte de su
fortuna justamente el día antes del atentado; 2) que el cadáver fue
quemado hasta hacerlo irreconocible; 3) la incomprensible y displi-
cente actitud de sus familiares después del atentado; y 4) el extraño
comportamiento del inculpado, que nunca encajó con la forma de
actuar del típico asesino 18.
De haber sido asesinado, como a menudo se expone, Cantillon
se habría convertido en el único economista destacado que perdió su

a pagar los billetes a voluntad del depositante, y contra su presentación”. Véase R.


Cantillon, Op. Cit., pp. 186-189. Capítulo VI: De los Bancos y su crédito.
18
Véase A. Murphy, Op. Cit. En este caso citado por J. Huerta de Soto, Op.
Cit., p. 94.
112 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

vida de esa forma 19, aunque dadas las pruebas de Murphy, la última


hipótesis tiene una importante probabilidad de ser cierta.

II. EL ESSAI

Previo a adentrarnos en el contenido del Essai, debemos, si-


guiendo la citada bibliografía secundaria, desenmarañar un poco las
posibles confusiones que surgen en torno a este trabajo, y la historia
de sus distintas versiones. Los misterios que existen alrededor de la
vida de Cantillon, ahora se transfieren al libro.

2.1. El misterioso Essai


Las investigaciones muestran que el Essai ya circulaba en el am-
biente académico en 1734 (junto con un Suplemento o anexo estadís-
tico perdido), que habría sido escrito en francés entre 1721 y 1734,
pero que el libro se publicó recién a comienzos de junio de 1755,
veintiún años después de la supuesta muerte de Cantillon (1734), y
otros veintiún años antes que la “Investigación sobre la Naturaleza y
Causa de las Riquezas de las Naciones” de Adam Smith (1776). La
incógnita es entonces, por qué el Essai se demoró tanto en publicar-
se, y por qué no figuraba en el ejemplar el nombre del autor 20.
En su ensayo «descubridor» 21, Jevons cuenta la interesante
anécdota de John Ramsay McCulloch (1789-1864), en relación con
el Essai. Tomamos textual partes de su relato, las que más adelante,

19
Otro caso lo representa Bruno Leoni, pero no era economista sino un
filósofo del derecho.
20
En el capítulo V de la tercera parte del Essai, Cantillon hace tres referencias
al año 1726, lo que al menos nos permite saber que su trabajo tuvo que haber sido
completado con posterioridad a esa fecha.
21
Manuel Sánchez Sarto, quien escribiera el prefacio a la versión española
del Essai, afirma que Jevons es el “verdadero descubridor de esta importante obra”.
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 7.
Adrián O. Ravier 113

en la tercera sección, nos permitirán reflexionar sobre la influencia


de Cantillon en David Hume:
Si, deseosos de conocer más detalles acerca de Cantillon, re-
currimos a una obra tan útil pero, con frecuencia, tan poco cuidada
como la de McCulloch, Literature of Political Economy, encontra-
remos en ella (p. 52) la descripción de un libro denominado The
Analysis of Trade, Commerce, Bullion, etc., por Philip Cantillon, re-
cientemente fallecido en la ciudad de Londres, “mercader”. (I vol.
8, Londres, 1759). McCulloch observa acerca de este libro que “el
autor adopta diversas opiniones de Hume, cuyos Political Essays
fueron publicados en 1752. Sus principios son liberales en su mayor
parte, y algunas de sus especulaciones revelan no poco ingenio”. En
este caso la filiación de ideas parece evidente. Cantillon adoptó los
puntos de vista de Hume, cuyos ensayos, según su biógrafo Burton,
forman la cuna de la Economía política. […] [P]osiblemente coincida
con el profesor Huxley cuando afirma que Hume fue en Economía
Política, como en Filosofía, “un innovador original, atrevido y fecun-
do”. Pero acaso no llegaría a afirmar que los Essays de Hume, de 1752,
son “los más tempranos, breves y sencillos desarrollos de su primera
época”; ni caería en el desatino de suponer, como McCulloch, que el
Cantillon citado por Smith debiese algo a Hume.
No anduvo McCulloch muy diligente a este respecto, porque
si hubiese examinado la portada del denominado Analysis of Trade
hubiese visto que el contenido del libro proclama ser “tomado en
lo esencial de un manuscrito de un caballero recién fallecido, muy
ingenioso, y adaptado a la presente situación de nuestros negocios
y comercio”. Como este libro fue publicado en 1759 y los Essays
de Hume en 1752, siete años apenas procuran un intervalo sufi-
ciente para permitir que Philip Cantillon recogiera las opiniones
de Hume, escribiese el manuscrito, falleciera y, por añadidura,
se adaptase a la “presente situación de nuestros negocios”, etc. Si
McCulloch hubiese hojeado alguna o algunas obras de referencias
bibliográficas o biográficas corrientes, hubiera podido evitar ese
114 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

lapso [copiado infortunadamente por Allibone, en su Dictionary


of English Literature]. […] El llamado Analysis of Trade es una tra-
ducción libre de fragmentos del verdadero Essai, donde usualmente
se han omitido las mejores partes de los capítulos para permitir la
inserción de extractos de los Essays de Hume, baladronadas sobre
Oliver Cromwell, y otras materias perfectamente inadecuadas. El
libro se dice que ha sido “impreso por el autor”, pero tal autor debe
haber sido un verdadero mamarracho literario, y cuando dice que
la obra fue “tomada en lo esencial de un manuscrito de un caballero
muy ingenioso recién fallecido”, se aparta considerablemente de la
línea de la estricta verdad 22.

Jevons continúa su relato explicando que el “Essai francés pa-


rece ser un libro de gran rareza en Inglaterra” y que su estudio se
facilitó por el hecho de encontrar una copia del Essai y del Analysis
en su propia biblioteca.
Más adelante, toma una nueva referencia, concretamen-
te “L’Année Litténaire-Année 1755. Por M. Frerón, Tom. VI
(Amsterdam)”, p. 357, donde se afirma que el libro no es una verda-
dera traducción, sino que fue escrito en francés. El escritor añade que
“no se sabe por quién ni cuándo fue impreso este manuscrito, ni por
qué causa se difirió la publicación del mismo por más de veinte años.
Ignoramos también las razones de que los editores hayan suprimido
en esta impresión los cálculos, ciertamente muy notables, que varias
gentes me aseguran haber visto en el manuscrito. Sea como fuere,
la obra, tal y como aparece, se considera como una de las mejores
escritas acerca del comercio”.
Jevons concluye finalmente,
El hecho importante que podemos desprender de los citados
informes es que realmente existían dos Cantillon, y que el rico

22
Véase W. Stanley Jevons, Op. Cit., pp. 203-205.
Adrián O. Ravier 115

mercader francés no era Philip Cantillon, en modo alguno, sino


Richard Cantillon 23.

Quien nos presenta una hipótesis de por qué se difirió la pu-


blicación es, nuevamente, Antoin Murphy. En el manuscrito 780
(Archives Nationales Paris) el Marqués de Mirabeau (1715-1789) al
escribir sobre el Essai dijo que “ya es tiempo de dar crédito a quien es
debido”, pero luego, continuó diciendo que no podría dar el nombre
de quien lo inspiró porque “estoy seguro que enojaré a la familia”.
Murphy se pregunta, “¿pero qué miembros de la familia?”, y
responde que la esposa de Cantillon, Mary Ann O’Mahony, había
fallecido en febrero de 1751. Su única hija, Henrietta, todavía esta-
ba viva cuando el Essai fue publicado, y su primer marido, William
Matthias Howard Stafford, también murió en 1751.
Una posibilidad sería Charlotte Bulkeley, quien debió sentir
que esta publicidad sobre Cantillon no era deseable debido a los
problemas legales que involucraban a la familia como resultado de
los negocios de la compañía Mississippi. Posiblemente persuadió a
la viuda de Cantillon de no permitir la publicación del Essai, y luego
de la muerte de Mary Anne, tomó acciones por sí misma. Charlotte
falleció el 29 de octubre de 1753 y no sería ilógico sugerir que el
Essai encontró rápidamente un editor, luego de su muerte.

2.2. Influencias recibidas por Cantillon


Si Richard Cantillon ha sido considerado por Murray Rothbard,
entre otros, como “el padre de la economía moderna” 24, fue por
haber logrado, en este Essai bajo estudio, independizar a la econo-
mía política de la filosofía y la ética 25. Incluso Schumpeter, quien

Véase W. Stanley Jevons, Op. Cit., p. 209.


23

Véase M. Rothbard, Op. Cit., p. 385.


24
25
En este sentido argumenta Hayek, cuando explica que si el Essai de
Cantillon tuvo influencia solo sobre un selecto grupo, se debe a su objetivo de
116 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

le niega al Essai la mención de “cuna de la economía”, afirma que


Cantillon “consumó lo que Petty no llegó a realizar”.
Y no con el estilo del discípulo que a cada paso echa un vista-
zo atrás, por encima de los hombros, buscando la guía del maestro,
sino con el estilo de un gran intelectual que procede adelante con
seguridad, de acuerdo con sus propias luces 26.

Cantillon, al igual que Adam Smith, no citó numerosas fuen-


tes. En toda su obra podemos encontrar referencias a sólo seis au-
tores: el “célebre doctor Halley”, Sir William Petty, Mr. Locke, Mr.
Davenant, Mr. Boizard y Sir Newton. La lista podría completarse
con algunos comentarios históricos donde menciona a Solón, Livio
Druso o Marco Antonio en Roma, además de una referencia a un
número del État de la France.
De los mencionados, Petty y Locke son los dos autores más
citados, y en ambos casos, con connotaciones negativas. Estoy de
acuerdo, sin embargo, con la conclusión de Schumpeter de que se
aprende incluso de aquel al que se critica:
“[U]n hombre puede aprender de otro por el procedimiento de
criticarlo igual que por el de aceptar su enseñanza” 27.

Así, podemos concluir que hay ciertas preocupaciones que


Cantillon sólo se ha planteado, para criticar algunas nociones pre-
sentes en los escritos de Petty o de Locke, lo que luego dará lugar a
algunas de sus teorías más originales. Es quizás el mejor ejemplo, la
crítica que observaremos más adelante, de la hoy teoría cuantitativa
del dinero, originalmente planteada por Locke.
El gran ausente en todo el Essai, siguiendo a Schumpeter, sería
Pierre Le Pesant, Sieur de Boisguillebert (1646-1714), a cuyos traba-

desarrollar relaciones causales científicas, sin proponer reformas, ni agregar consi-


deraciones éticas a su marco analítico. Véase Hayek, Op. Cit., p. 224.
26
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 261.
27
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 261.
Adrián O. Ravier 117

jos aún no hemos podido acceder, pero al que se ha calificado como


el “Colon del monde économique”. Explica Schumpeter que hay afi-
nidades importantes entre este autor y Cantillon, y que “la gran obra
de Cantillon tuvo mejor ventura [que la de Boisguillebert] a causa de
su forma sistemática o didáctica bien redondeada y porque tuvo la
suerte de que, mucho antes de su publicación, la apoyaban entusiás-
ticamente dos hombres muy influyentes, Gournay y Mirabeau 28.
A modo de síntesis, podemos concluir, siguiendo a Higgs, que
hay poco en Cantillon que podamos encontrar en sus predecesores,
y que desarrolló su Essai bajo sus propias luces, inspirado, en dos
grandes maestros: Travel and Trade (los viajes y el comercio) 29.

2.3. El contenido del Essai


Es tiempo ya de introducirnos en el contenido del Essai, una
obra cuya lectura me ha llevado a desarrollar esta investigación, por
considerar que allí se da comienzo a muchas de las áreas de investi-
gación que hasta la actualidad preocupa a los pensadores de todas las
escuelas modernas del pensamiento económico.
Normalmente se presenta esta obra como divida en tres partes,
resaltando en la primera algunos aspectos generales que describen, de
alguna manera, el mundo y el contexto en el que Cantillon vivió, y
donde se reflexiona acerca de las agrupaciones humanas, los salarios,
la teoría del valor, y el uso de los metales preciosos como moneda; en
la segunda se desarrolla una teoría monetaria; y en la tercera se tratan
los temas del comercio exterior y los intermediarios financieros.
Nosotros haremos una presentación sistemática algo diferen-
te, guiados por el conocimiento moderno del análisis económico,
aunque siguiendo, ordenadamente, los diversos puntos presentados
por Cantillon. Es de destacar que esto sólo es posible gracias a la sis-
tematización progresiva que nos presenta el mismo Cantillon en su

28
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., pp. 258-261.
29
Véase H. Higgs, Op. Cit., pp. 439-441.
118 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Essai, considerando un gran aporte que los manuales más modernos


de pensamiento económico, aún en la actualidad, continúen presen-
tando la ciencia económica bajo su misma sistematización.
Los cuatro aspectos a desarrollar son: 1) la epistemología de la eco-
nomía, que enmarca toda la obra; 2) contribuciones a la microeconomía,
donde se destacan su teoría del valor subjetiva y de la formación de los
precios, además de una original teoría de la empresarialidad; 3) aportes
a la macroeconomía, tomando fundamentalmente su teoría monetaria
y de los ciclos económicos y 4) su teoría del comercio internacional,
donde muestra las falacias más importantes del mercantilismo.
Quedarán ausentes de este trabajo la mención de algunas otras contri-
buciones de Cantillon como algunos aspectos institucionales de su Essai 30,

30
Esta es un área poco explorada en Cantillon, pero es importante señalar
que en su Essai observa que será necesaria la propiedad de las tierras para que
estas últimas sean explotadas, y para que, sobre ellas, se establezca una sociedad
de hombres. Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 15-16. Cantillon se ha preocupado
a lo largo del Essai por explicar que el origen de la propiedad, y los límites de los
reinos, han sido, a lo largo de la historia el fruto de cruentas batallas, y no de ori-
gen divino. Lo cierto es que una vez que se establecen los derechos de propiedad,
las tierras y las riquezas terminan siendo de unos pocos, como ha ejemplificado
Cantillon con el primer establecimiento de Roma, donde se dio a cada habitante
dos yugadas de tierra. Cantillon explica que “esto no impidió que muy pronto sur-
giera en los patrimonios una desigualdad tan grande como la que hoy advertimos
en todos los Estados de Europa. Y así las tierras pasaron a ser patrimonio de un
pequeño número de propietarios”.
Esta natural desigualdad de patrimonios, es lo que llevó a Cantillon a ahondar
luego en la necesaria desigualdad de salarios, que replicara más tarde Adam Smith
en su Riqueza de las Naciones (1776). Cantillon explica que algunos trabajos u ofi-
cios llevan consigo ciertos riesgos y peligros que deben ser pagados en proporción
a dichos riesgos. Si además se exige cierta habilidad, capacidad o confianza, desde
luego, la remuneración deberá compensar tales atributos del empleado, advirtien-
do “que la diferencia de precio que se paga por el trabajo cotidiano está fundado
por razones naturales y obvias”. Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 23-25.
Adrián O. Ravier 119

su teoría de la población 31 y la original economía espacial 32.

2.3.1. Epistemología de la economía


Uno de los principales aspectos del Essai, que seguramente im-
presionará a quien lo lea y esté familiarizado con el análisis eco-
nómico moderno, son sus contribuciones a la epistemología de la
economía.
En toda su obra, Cantillon teoriza a través de una lógica de-
ductiva, de causa y efecto, que el lector podrá observar en las refe-
rencias que se incluirán de aquí en más, y que también caracterizó
al pensamiento escocés y clásico, desde Adam Smith y David Hume
hasta John Stuart Mill y John Cairnes, a la revolución marginal y a la
moderna Escuela de Viena, más conocida como Escuela Austríaca de
Economía; método científico sólo abandonado a través del método
matemático que hoy caracteriza a la Escuela Neoclásica 33.

31
En su teoría de la población podemos incluir el mencionado aspecto de
la necesaria diferenciación de salarios. Rothbard agrega a lo dicho, que la teoría
del salario a largo plazo de Cantillon depende de la oferta de trabajo, que a su vez
depende de los niveles de crecimiento de la población. En contraste con el último
Malthus, no obstante, Cantillon desarrolló un sofisticado análisis de los deter-
minantes del crecimiento de la población. Detectó como relevantes los recursos
naturales, los factores culturales y el estado de la tecnología. Vio proféticamente
que la colonización de América del Norte no sería un simple desplazamiento de un
pueblo por otro, sino que la nueva tecnología agrícola sostendría a una población
mucho mayor por acre de tierra. Véase M. N. Rothbard, Op. Cit., pp. 394-395.
32
Rothbard afirma que Cantillon fue también el fundador de la economía
espacial, del análisis de la actividad económica en relación con el espacio geo-
gráfico. Véase M. N. Rothbard, Op. Cit., p. 395. El análisis espacial, como ha
señalado el Profesor Herbert, tiene que ver con la distancia (coste de transporte y
su relación con los precios, así como con la localización de las actividades econó-
micas), y con el área (el despliegue geográfico y los límites de los mercados). Véase
Robert f. Hébert, “Richard Cantillon´s early contributions to spatial economics”,
Economica, New Series, Vol. 48, No. 189 (Feb. 1981), pp. 71-77.
33
Friedrich A. von Hayek explica que Cantillon utiliza consistentemente el
término “natural” –unas treinta veces en todo el Essai– para expresar esta relación
de causa y efecto o, en otras palabras, como una explicación científica causal. De
allí uno puede comprender que este término esté presente incluso en el título
120 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Otra característica central de este Essai, que posiblemente lo


convierta, siguiendo a Jevons, en “el primer tratado sobre economía”,
es que se presentan los tópicos arriba mencionados, y que hacen a
distintos ámbitos de la ciencia económica, pero de modo integrado.
Cada uno de sus treinta y cinco capítulos, separados en tres partes,
tiene relación con el capítulo anterior. Cantillon, con una paciencia
asombrosa, presenta los contenidos secuencialmente, jamás adelanta
argumentos o hipótesis que no se desprendan de lo dicho previa-
mente. En tal sentido Jevons afirma que:
El Essai es mucho más que un simple ensayo o recopilación
de ensayos inconexos, como los de Hume. Se trata de un estudio
sistemático y bien articulado, que en forma concisa abarca la casi
totalidad del campo de la Economía, con excepción de los impues-
tos 34.

Es digno de mención, en su segunda parte, cómo comienza


analizando una economía de trueque, para luego introducir el dinero,
en lo que hoy sería una economía de cambio indirecto. Algo similar
podemos decir de la economía internacional, analizando primero,
en las partes primera y segunda del Essai, una economía cerrada, para
luego pasar a estudiar, en la parte tercera, una economía abierta. Al
respecto, en el capítulo VII de la primera parte, señala:
Evidentemente en las grandes ciudades existen a menudo em-
presarios y artesanos que viven del comercio exterior, y, por consi-
guiente, a expensas de los propietarios de tierras en país extranjero:
pero hasta ahora me limito a considerar un solo Estado, en relación
a su producto y a su industria, para no complicar mi argumento con
circunstancias accidentales 35.

del ensayo. Véase Friedrich A. von Hayek, “Richard Cantillon”, The Journal of
Libertarian Studies, Vol. VII, No. 2 (Fall 1985), p. 223.
34
Véase W. Stanley Jevons, Op. cit., p. 212.
35
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 38. La cursiva es nuestra.
Adrián O. Ravier 121

Otro aspecto metodológico, al que ya han hecho referencia


Hayek y Rothbard, es su utilización del método de abstracción o de
construcción imaginaria. Más específicamente, sorprende cómo en
la misma página de la última cita, utiliza prematuramente el Ceteris
Paribus. Sólo a modo de ejemplo:
La tierra pertenece a los propietarios, pero sería inútil para
ellos si no se cultivase. Cuanto más se la trabaje, en igualdad de
circunstancias, mayor será la cuantía de sus productos; y cuando
más se elaboran estos productos, siendo iguales todas las cosas, mayor
valor poseerán como mercancías 36.

Debemos hacer una referencia crítica a las palabras de


Schumpeter cuando, luego de relacionar el Suplemento perdido de
Cantillon con los trabajos de Petty como padre de la econometría,
concluye que “lo verdaderamente importante es el mensaje de inves-
tigación econométrica que se desprende del intento de Cantillon, la
tesis de que en la base de cualquier ciencia, por ‘teórica’ que sea, tiene
que haber cálculos numéricos” 37. Este intento de mostrar a Cantillon
como un «positivista» choca con el último párrafo que éste presenta
en el capítulo XI de la primera parte de su Essai.
Sir William Petty, en un breve manuscrito del año 1685, esti-
ma esta paridad o ecuación de la tierra y del trabajo como la consi-
deración más importante en materia de aritmética política, pero la
investigación practicada por él, un poco a la ligera, resulta arbitraria
y lejana de las reglas de la Naturaleza, porque no ha tenido en cuen-
ta las causas y principios, sino tan solo los efectos, lo mismo que ha
ocurrido con Mr. Locke, Mr. Davenant y todos los demás autores
ingleses que han escrito sobre la materia 38.

36
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 38. La cursiva es nuestra.
37
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 263.
38
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 36. La cursiva es nuestra.
122 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Cantillon está explicando, a nuestro entender, que estos traba-


jos empíricos no tienen sustancia sin un previo estudio lógico de-
ductivo, que permita darle cierta causalidad a lo que se observa en la
realidad. Este es el mismo error que hoy cometen los positivistas y
econometristas cuando pretenden obtener conclusiones teóricas, de
carácter universal, sobre la base de cierta evidencia empírica, y sin
una teoría apriorística previa, lo que en Cantillon serían “las causas
y principios” 39.
La siguiente cita, seguramente será más ilustrativa en este sen-
tido, viendo como Cantillon habla prematura y explícitamente de
“reglas válidas para todos los tiempos”:
Tanto si el dinero es raro como si es abundante en un Estado,
la proporción indicada no variará mucho, porque en los Estados
donde el dinero es abundante, las tierras se arriendan a más alto
precio, y a un canon más bajo allí donde el dinero es más escaso, re-
gla ésta que siempre se revelará como válida para todos los tiempos  40.

Una última referencia de Cantillon sobre este desafortunado


comentario de Schumpeter es el que nos muestra en el capítulo VII
de la segunda parte, donde la argumentación empírica o histórica,
que rodea todo el Essai, es siempre cualitativa y nunca cuantitativa.
Se comprende, así, que cuando en un Estado se introduce una
respetable cantidad de dinero excedente, este dinero nuevo dé un
nuevo giro al consumo, e incluso una nueva velocidad a la circula-
ción, si bien no es posible indicar en qué medida 41.

Consideramos que lo dicho es suficiente, en este ensayo tan


general, para ilustrar que el Essai de Cantillon presenta, quizás sin

39
El sentido que queremos darle al concepto “apriorista” es el que usual-
mente utiliza el filósofo Gabriel J. Zanotti. Véase G. J. Zanotti, El método de la
economía política, Ediciones Cooperativas, Facultad de Ciencias Económicas de la
Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Junio de 2004.
40
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 87. La cursiva es nuestra.
41
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 116. La cursiva es nuestra.
Adrián O. Ravier 123

saberlo y no siempre de forma explícita, algunas novedosas manifes-


taciones epistemológicas de la economía, en su tiempo, en relación
con el actual conocimiento de la filosofía de la ciencia.

2.3.3. Teoría microeconómica


La economía moderna divide a la mayoría de las áreas de es-
tudio en dos grandes sub-disciplinas, microeconomía y macroeco-
nomía, entendiendo la primera como aquella que estudia el tipo de
comportamiento económico de agentes individuales, como pueden
ser los consumidores, los empresarios, los trabajadores o incluso los
propietarios de tierras. Todos estos «agentes» son parte esencial del
Essai de Cantillon.
Cantillon nos ofrece en esta área de estudio una novedosa teoría
del valor subjetivo y de la formación de los precios, una teoría de
la oferta y la demanda que más tarde aplicará también al merca-
do de créditos, una concepción original del costo de oportunidad,
una novedosa teoría de la incertidumbre y la empresarialidad, y un
prematuro desarrollo de la soberanía del consumidor. El estudio mi-
croeconómico concluirá con algunas reflexiones a la desafortuna-
da relación que el historiador del pensamiento económico, Joseph
Schumpeter, encontró entre el tableau économique de Quesnay y el
Essai de Cantillon.

Teoría Subjetiva del Valor y Formación de los Precios


Una de las contribuciones más importantes de Cantillon a
la ciencia económica es aquella referente a la teoría del valor y los
precios. Debemos destacar, sin embargo, que es esta misma área la
que está sujeta a diversas y confusas interpretaciones, observando
algunos historiadores del pensamiento económico, que la “desafor-
tunada” definición de “valor intrínseco” que ofrece Cantillon, habría
dado lugar a lo que más tarde se denominará como la “teoría del
valor-trabajo”.
124 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Estas aseveraciones tienen sentido, por ejemplo, cuando obser-


vamos que para Cantillon:
[E]l precio o valor intrínseco de una cosa es la medida de la
cantidad de tierra y de trabajo que intervienen en su producción,
teniendo en cuenta la fertilidad o producto de la tierra, y la calidad
de trabajo  42.

La similitud entre esta definición, y la que podemos encontrar


en Adam Smith o Karl Marx es notoria. Sin embargo, la misma cita
continúa con una aclaración en sentido contrario:
Pero ocurre a menudo que muchas cosas, actualmente dota-
das de un cierto valor intrínseco, no se venden en el mercado con-
forme a ese valor: ello depende del humor y la fantasía de los hombres
y del consumo que de tales productos se hace.

Y Cantillon nos brinda un ejemplo:


Si un señor abre canales y erige terrazas en su jardín, el va-
lor intrínseco estará proporcionado a la tierra y al trabajo, pero el
precio en verdad no seguirá siempre esta proporción: si ofrece el
jardín en venta, puede ocurrir que nadie esté dispuesto a resarcirle
la mitad del gasto que ha hecho; y también puede suceder que si
varias personas lo desean, le ofrezcan el doble del valor intrínseco,
es decir, del valor de la finca y del gasto realizado 43.

Lo cierto es que Cantillon, si bien no expone una clara concep-


ción de la ley de utilidad marginal –como sí lo hará Menger más de
un siglo después–, nos presenta una teoría subjetiva del valor donde
el «humor» y «la fantasía de los hombres» determinan los precios.
Siguiendo con esta misma línea, al lector familiarizado con el
pensamiento de la Escuela Austríaca le resultará conocido el modo
en que Cantillon explica el proceso de formación de los precios,

42
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 28-29.
43
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 28-29. La cursiva es nuestra.
Adrián O. Ravier 125

Consideremos otra hipótesis. Varios proveedores de hoteles


han recibido el encargo de comprar diez cuartos de guisantes: a
uno de ellos se le fija como precio máximo para los diez cuartos
sesenta libras; al segundo cincuenta libras; al tercero cuarenta li-
bras, y al cuarto treinta libras por los diez cuartos de guisantes.
Para que todas estas órdenes puedan ser cumplimentadas, hace falta
que en el mercado existan cuarenta cuartos de guisantes frescos.
Supongamos que no existen más que veinte. Los vendedores, vien-
do que hay abundancia de compradores sostendrán sus precios, y
los compradores llegarán hasta los precios que les han sido prescri-
tos: en consecuencia los que ofrecen sesenta libras por diez cuar-
tos serán atendidos en primer lugar. Seguidamente los vendedores,
viendo que nadie quiere elevar el precio por encima de cincuenta
libras, dejarán los otros diez cuartos a ese precio. En cambio los
que tenían orden de no comprar a más de cuarenta y treinta libras
respectivamente, volverán de vacío.
Si en lugar de veinte cuartos se dispusiera en el mercado de
cuatrocientos, no sólo los proveedores de hoteles podrían adquirir
guisantes verdes muy por debajo de las sumas que les había sido
prescritas, sino que los vendedores, en su deseo de ser preferidos a
otros, dado el pequeño número de compradores, bajarán el precio de
su mercancía casi a su valor intrínseco, y en este caso muchos provee-
dores de hoteles, que no tenían orden de comprar, comprarán.
Ocurre a menudo que los vendedores, obstinándose en sos-
tener sus precios en el mercado, pierden la oportunidad de vender
ventajosamente sus artículos alimenticios y mercaderías, incurrien-
do en pérdida por ello. También puede ocurrir que, manteniendo
estos precios, pueden vender a menudo con mayor ventaja en el
siguiente día 44.

Cantillon anticipa, de alguna manera, el desarrollo moderno


de formación de precios del mencionado Rothbard en su tratado de

Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 81-82.


44
126 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

economía, Man, Economy and State, 45 o el desarrollado por Alberto


Benegas Lynch (h) en sus Fundamentos de Análisis Económico 46.
En definitiva, y a modo de resumen de este proceso de forma-
ción de precios, Cantillon ya nos presenta prematuramente las leyes
de oferta y demanda,
Los precios van fijándose en el mercado conforme a la propor-
ción de los artículos que se ofrecen en venta [Oferta] y del dinero
dispuesto a comprarlos [Demanda]; todo ello ocurre en el mismo
lugar, a la vista de todos los aldeanos de diversos poblados y de los
mercaderes o empresarios del burgo. Una vez determinado el precio
entre algunos, los otros lo siguen sin dificultad, estableciéndose así
el precio del mercado para aquel día 47.

Y para mayor claridad, podemos ver cómo Cantillon nos mues-


tra lo que ocurre ante cambios en el lado de la oferta:
Si los campesinos de un Estado siembran más trigo que de or-
dinario, es decir mucho más del que hace falta para el consumo del
año, el valor intrínseco y real del trigo corresponderá a la tierra y al
trabajo que intervinieron en su producción; pero a causa de esta ex-
cesiva abundancia, y existiendo más vendedores que compradores,
el precio del trigo en el mercado descenderá necesariamente por
debajo del precio o valor intrínseco. Si, a la inversa, los agricultores
siembran menos trigo del necesario para el consumo, habrá más
compradores que vendedores, y el precio del trigo en el mercado se
elevará por encima de su valor intrínseco  48.

45
Véase Murray N. Rothbard, Man, Economy and State. A Treatise on
Economic Principles. The Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama, 2001,
primera edición 1962.
46
Véase Alberto Benegas Lynch (h.), Fundamentos de Análisis Económico, 11º
Edición, Abeledo-Perrot, Buenos Aires, 1994.
47
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 19.
48
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 19.
Adrián O. Ravier 127

Podemos concluir, siguiendo las citas expuestas, que Cantillon


nos ofrece un moderno y sofisticado entendimiento del sistema de
precios. Los precios de un bien son determinados por la oferta o es-
casez relativa de ese bien y por la demanda del mismo. La demanda,
a su vez, es subjetiva, y está basada en el «humor» y las «fantasías de
los hombres».

Costo de Oportunidad
Cantillon presenta, a su vez, una importante distinción entre
precio y precio de mercado, y entre valor y valor de mercado, que
más tarde fueron objeto de confusión. El precio de mercado y el va-
lor de mercado son para Cantillon los precios reales que ocurren en
el mercado, bajo las fuerzas de la oferta y la demanda. Precio y valor
están separados de aquellos y son relacionados con el desafortunado
término empleado por Cantillon de «valor intrínseco».
Mark Thornton explica que «valor intrínseco» es en Cantillon
«costo de producción», pero entendido como «costo de oportuni-
dad». Los recursos que se utilizan para producir un bien pueden
emplearse de otras numerosas maneras. Sacrificarlos para producir
un bien, implica que no podrán ser utilizados para producir otro
bien 49.
Se ha dicho, a nuestro modo de ver equivocadamente, que
Cantillon anticipa la «teoría del precio natural» y el «precio de merca-
do» de Adam Smith, utilizada también por Karl Marx, en el sentido
de que los precios de mercado tienden, a largo plazo, a aproximarse
al «valor intrínseco» de un bien. En última instancia, esto habría
llevado al famoso círculo vicioso en el que los precios finalmente es-
tarían determinados por los costos de producción, los cuales, siendo

49
Véase Mark Thornton, “Richard Cantillon and the discovery of opportu-
nity cost”, History of Political Economy, Vol. 39, No. 1 (Spring 2007) pp. 97-120.
128 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

a su vez precios, implicarían que tal teoría no puede explicar correc-


tamente la determinación de los precios 50.
Sin embargo, si tenemos en claro que con «valor intrínseco»
Cantillon quiere decir «costo de oportunidad», entonces la lectura
puede ser diferente.
El mismo Cantillon reconoce que sus palabras pueden ser obje-
to de confusión, y se adelanta a aclarar la cuestión:
[E]n este ensayo me he servido siempre del término “valor
intrínseco” con referencia a la cantidad de trabajo que entra en la
producción de las cosas, porque no he encontrado término más
apropiado para expresar mi pensamiento 51.

Lo que es claro, explica Thornton, es que una profunda lectura


del Essai nos muestra que el «valor intrínseco» no se refiere nunca
a las propiedades objetivas del bien (como podría ser la pureza del
oro), o al valor de equilibrio de largo plazo, sino a los recursos sacri-
ficados para producir un bien particular.
Así, Cantillon estaba describiendo un concepto desconocido en
esos tiempos. La concepción de Cantillon de sacrificio de tierra y
trabajo es más avanzada incluso que la teoría del costo y del valor de
los fisiócratas, o de la teoría del costo y del valor de los economistas
clásicos. Cantillon tenía una comprensión del costo como una me-

50
“Decir que los costos determinan los precios llevó a Smith y a todos los
economistas clásicos al siguiente círculo vicioso, del cual no pudieron salir: El
precio de mercado tiende a igualarse con el natural, que está determinado por
los costos de producción. Pero los costos de producción también son precios y
mientras no se explique cómo se determinan éstos no se habrá dado una respuesta
definitiva a cómo se determinan los precios, sólo se habrá descendido un peldaño.
El círculo vicioso consiste en que Smith explica el precio natural de los costos
de producción en función de los precios naturales de los bienes finales, cuando
anteriormente había explicado éstos en función de los costos”. Véase Juan Carlos
Cachanosky, “Historias de las Teorías del Valor y del Precio”, Revista Académica
Libretas, No. 20, mayo de 1994, ESEADE, p. 64.
51
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 73.
Adrián O. Ravier 129

dida simple de la cantidad de tierra y de trabajo que forma parte del


proceso productivo.
Tenía claras dos nociones: primero, que los recursos son «he-
terogéneos». Cada porción de tierra es de diferente calidad, y cada
trabajador posee una habilidad distinta. De esta manera, el valor in-
trínseco era una medida de costo, y no era posible, como luego lo haría
el mismo Marx, contar de forma abstracta el número de horas y de
acres que formaban parte del bien final.
De hecho, luego de establecer preliminarmente su teoría del
valor de la tierra y el trabajo en la primera parte, observa, en la pri-
mera página de la segunda parte, que después de haber examinado
“los grados diversos de fertilidad de la tierra en distintos países”, y
“las diferentes clases de artículos alimenticios que pueden producir
con más abundancia”, que resulta “imposible fijar el respectivo valor
intrínseco de un bien específico” 52.
El segundo concepto que señala es el del «uso alternativo de
los recursos». A modo de ejemplo: la tierra puede ser empleada para
sembrar maíz o para proveer alimento a los caballos. Cantillon ob-
servó claramente que cuando un propietario de tierras o un colono
decide alimentar más caballos, estará dejando de producir más maíz.
Cantillon comprendía el concepto de «costo de oportunidad», y su
Essai fue un punto de partida para construir el concepto que explica
la «economía de la elección». Mark Thornton, un defensor de la
tradición de la Escuela de Viena, concluye que el descubrimiento
del “costo de oportunidad”, “marca el origen de la teoría económi-
ca” 53.

52
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 78.
53
Mark Thornton explica que este punto fue sugerido por primera vez por
el profesor Hebert; Véase Robert F. Hébert, “Was Richard Cantillon an Austrian
Economist?”, Journal of Libertarian Studies, Vol. 7, No. 2 (Fall 1985), p. 272.
Véase también Joseph J. Spengler, “Richard Cantillon: First of the Moderns. II”,
The Journal of Political Economy, Vol. 62, No. 5 (Oct., 1954), p. 407.
130 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Incertidumbre y Función Empresarial


En la segunda mitad de la parte I, y en particular en el capítulo
XIII, Cantillon introduce una de sus más importantes contribucio-
nes a la ciencia económica, y al pensamiento de la moderna Escuela
Austríaca, área cuyas principales contribuciones hoy se observan
en el citado Joseph Schumpeter, Frank Knight, Ludwig von Mises,
Friedrich A. von Hayek e Israel Kirzner, entre muchos otros.
El mismo Schumpeter, aquel que con originalidad planteara su
concepción del empresario innovador, que provocaba una «destruc-
ción creativa» en el mercado, abandonando un estado de equilibrio
para alcanzar otro nuevo, afirma que,
“Cantillon tiene una consciencia clara de la función del em-
presario. […] Y tal vez se deba a eso el que los economistas fran-
ceses, a diferencia de los ingleses, no hayan perdido nunca de vista
la función empresarial y su central importancia. Aunque se puede
suponer que Cantillon no había ni oído hablar de Molina y aunque
no hay prueba alguna de que haya influido en J. B. Say, no deja de
ser verdadero que “objetivamente” su trabajo en este punto es el
eslabón de enlace entre los otros dos autores 54.

Y es que, como destaca Rothbard, para este mercader, banquero


y especulador del mundo real hubiese sido inconcebible caer en la
“trampa ricardiana, walrasiana y neoclásica” de dar por supuesto que
el mercado se caracteriza por un perfecto conocimiento y un mundo
estático de certeza, 55 y dejar ausente así, a esta figura empresarial.
Cantillon, volviendo sobre la clara diferencia entre el valor in-
trínseco de un bien y su precio de mercado, desarrolla una original
concepción del «entrepreneur» (término francés aún hoy utilizado
tanto por economistas franceses como anglosajones, para denominar

54
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 265.
55
Véase M. N. Rothbard, Historia del pensamiento económico…, Op. Cit., p.
393.
Adrián O. Ravier 131

al empresario), caracterizándolo como aquel cuyos costos son ciertos


(la renta de la tierra o los salarios de sus empleados) y cuyos ingresos
son inciertos (beneficio empresarial).
El colono es un entrepreneur que promete pagar al propieta-
rio, por su granja o su tierra, una suma fija de dinero (ordinaria-
mente se la supone equivalente, en valor, al tercio del producto
de la tierra), sin tener la certeza del beneficio en criar ganados, en
producir cereales, vino, heno, etc., a su buen juicio, sin posibilidad
de prever cuál de estos artículos le permitirá obtener el mejor pre-
cio. El precio de estos productos dependerá, en parte, del tiempo,
y, en parte, del consumo; si hay abundancia de trigo en relación
con el consumo, el precio se envilecerá; si hay escasez el precio será
más caro  56.

Y dado que el precio de mercado del bien está sujeto a todos


aquellos factores que determinan la demanda, como por ejemplo la
cantidad y el «humor» de los consumidores, Cantillon nos muestra
cómo la conducción de la empresa está sujeta a la incertidumbre, lo
cual se traslada también a sus beneficios:
¿Quién sería capaz de prever el número de nacimientos
y muertes entre los habitantes del Estado, en el curso del año?
¿Quién podría prever el aumento o la disminución del gasto que
puede acaecer en las familias? Sin embargo, el precio de los ar-
tículos producidos por el colono depende naturalmente de estos
acontecimientos imprevistos para él, lo cual significa que conduce
la empresa de su granja con incertidumbre. […] Ahora bien, la va-
riación diaria de los precios de los productos en la ciudad, aun sin
ser considerable, hace incierto su beneficio 57.

56
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 39-40. En la cita se ha cambiado el
término “empresario” por “entrepreneur” para ser fiel al término empleado origi-
nalmente por Cantillon, y que hoy caracteriza a la función empresarial. Lo mismo
haremos en las citas subsiguientes.
57
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 40.
132 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

De esta manera, Cantillon procede a señalar a los comerciantes


como un claro ejemplo de empresarialidad, actividad que no sólo
está sujeta a incertidumbre por no conocer el precio de venta, sino
también por la existencia de competidores que querrán “arrebatarles
la clientela”:
[M]uchas gentes en la ciudad se convierten en comerciantes
y entrepreneurs, comprando los productos del campo a quienes los
traen a ella, o bien trayéndolos por su cuenta: pagan así, por ellos
un precio cierto, según el lugar donde los compran, revendiéndolos
al por mayor, o al menudeo, a un precio incierto.
Estos entrepreneurs son los comerciantes, al por mayor, de
lana y cereales, los panaderos, carniceros, artesanos y mercaderes de
toda especie que compran artículos alimenticios y materias primas
del campo, para elaborarlos y revenderlos gradualmente, a medida
que los habitantes los necesitan.
Estos entrepreneurs no pueden saber jamás cuál será el volu-
men del consumo en su ciudad, ni cuánto tiempo seguirán com-
prándolos sus clientes, ya que los competidores tratarán por todos
los medios, de arrebatarles la clientela: todo esto es causa de tan-
ta incertidumbre entre los entrepreneurs, que cada día, algunos de
ellos caen en bancarrota 58.

La soberanía del consumidor


El entrepreneur que fracase en sus proyectos de inversión será
pobre e irá a la quiebra, mientras que el exitoso, en cambio, será rico
y podrá mantener o extender sus negocios. ¿Qué o quiénes determi-
nan que una actividad sea exitosa o un fracaso? El que sus productos
sean vendidos, es decir, en definitiva, que los consumidores elijan y
demanden sus productos.

58
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 41.
Adrián O. Ravier 133

El lencero es un entrepreneur que compra telas al fabricante, a


un determinado precio, para revenderlas a un precio incierto, por-
que él no puede prever la cuantía del consumo; ciertamente es libre
de fijar un precio y obstinarse en él, negándose a vender a precio
más bajo; pero si sus clientes lo abandonan para comprar más ba-
rato a otro lencero, incurrirá en gastos cada vez mayores, mientras
espera vender al precio que se ha propuesto, y esto lo arruinará
tanto o más que si vendiera sin ganancia 59.

Corresponde a William Hutt el mérito de haber acuñado el


concepto de «soberanía del consumidor», sin embargo, la idea
que tal concepto expresa, lo podemos encontrar ya en el Essai de
Cantillon.
En la moderna Escuela Austríaca, y también en la tradición de
la Escuela de Chicago, son los capitalistas o empresarios los que lle-
van el timón del barco, pero sólo los consumidores dan órdenes y
capitanean el navío. Ellos son los verdaderos jefes. A través de su
poder de compra y de abstención de comprar, deciden hacia dónde
se dirige el capital. Determinan qué debería ser producido, y en qué
cantidad y calidad. Ellos convierten a hombres pobres en ricos y a
hombres ricos en pobres. No son jefes fáciles, son impredecibles y
caprichosos. No les importa los méritos pasados. En cuanto algo en
el mercado ya no es apetecible, o encuentran un competidor que fa-
brica lo mismo de modo más económico o de mayor calidad, aban-
donan a sus anteriores proveedores.
Y es que como nos explicara Cantillon tempranamente, el con-
sumidor no sólo determinará el beneficio del empresario, sino tam-
bién el número de labradores, artesanos y otros, que habrá en cada
burgo, pueblo o ciudad, y el nivel de ingresos que percibirán.
Es fácil darse cuenta, siguiendo este mismo razonamiento,
que el número de labradores, artesanos y otros, que ganan su vida

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 41.


59
134 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

trabajando, deben guardar relación con el empleo y la necesidad


que de ellos se tiene en los burgos y en las ciudades. […]

Sea como quiera, cuando carecen de trabajo abandonan los


pueblos, burgos o ciudades donde residen, en número tal que los
que permanezcan en el poblado guarden constantemente propor-
ción con el empleo suficiente para permitirles subsistir; y cuando
sobreviene un aumento constante de trabajo, hay algo que ganar, y
otros afluyen para compartir la tarea 60.
A modo de cierre de esta sección, observamos la síntesis que nos
ofrece Cantillon, afirmando que todos los habitantes de un Estado,
exceptuando al príncipe o a los terratenientes, se separan en dos cla-
ses: los entrepreneurs, con ingreso incierto, y los asalariados, que per-
ciben una suma fija como remuneración.
Cabe afirmar que si se exceptúan el príncipe y los terratenien-
tes, todos los habitantes de un Estado son dependientes; que pue-
den, éstos, dividirse en dos clases: entrepeneurs y gente asalariada;
que los entrepreneurs viven, por decirlo así, de ingresos inciertos, y
todos los demás cuentan con ingresos ciertos durante el tiempo que
de ellos gozan, aunque sus funciones y su rango sean muy desigua-
les. El general que tiene una paga, el cortesano que cuenta con una
pensión y el criado que dispone de un salario, todos ellos quedan
incluídos en este último grupo. Todos los demás son entrepreneurs,
y ya se establezcan con un capital para desenvolver su empresa, o
bien sean empresarios de su propio trabajo, sin fondos de ninguna
clase, pueden ser considerados como viviendo de un modo incier-
to; los mendigos mismos y los ladrones son “entrepreneurs” de esta
naturaleza 61.

Antes de pasar a estudiar la teoría monetaria en Cantillon, de-


bemos presentar algún comentario o reflexión sobre el tableau écono-

60
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 15.
61
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 43.
Adrián O. Ravier 135

mique al que numerosos historiadores del pensamiento le han dedi-


cado atención, siguiendo el trabajo de Joseph Schumpeter.

El tableau économique
Así como las reflexiones de Schumpeter en relación con la epis-
temología de la economía en Cantillon fueron desafortunadas, in-
tentando mostrar en él un positivismo metodológico que para noso-
tros está ausente, creemos que también su vínculo con el tableau es
inconveniente.
Schumpeter afirma que,
Cantillon ha sido el primero en concretar y explicar ese flujo
circular, el primero en darnos un cuadro de vista de pájaro de la
vida económica. Dicho de otro modo: Cantillon ha sido el primero
en dibujar un tableau économique. Y, prescindiendo de diferencias
que no afectan realmente a lo esencial, ese tableau es el de Quesnay,
aunque Cantillon no lo condensara en un gráfico 62.

Es cierto, por un lado, que François Quesnay (1694-1774), al


igual que el resto de los fisiócratas 63, recibieron una importante in-
fluencia de Cantillon. Sólo basta con ver el primer párrafo de la pri-
mera página del Essai, para notar la relación.
La tierra es la fuente o materia de donde se extrae la riqueza,
y el trabajo del hombre es la forma de producirla. En sí misma, la
riqueza no es otra cosa que los alimentos, las comodidades y las
cosas superfluas que hacen agradable la vida 64.

62
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 266.
63
Otros fisiócratas son el mencionado marqués de Mirabeau, Mercier
de La Rivière, Le Trosne, Baudeau y Dupont. Todos ellos fueron discípulos de
Quesnay.
64
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 13. Es importante destacar también la
importancia de este párrafo para el posterior desarrollo de una teoría del capital
subjetiva y austríaca, donde los bienes de capital son una combinación de tierra y
136 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Recordemos que en Quesnay la agricultura ocupaba una posi-


ción central en su programa de economía política, al igual que en su
esquema analítico.
También podemos reconocer que Quesnay desarrolla su marco
analítico, su flujo circular, sobre la base de las contribuciones de
Cantillon. Por citar dos ejemplos: 1) distingue entre cuatro clases
sociales (propietarios de la tierra, agricultores o clase productiva, in-
dividuos de ocupación no agrícola o clase estéril, trabajadores); y 2)
separa las tres rentas (renta de la tierra, salario, beneficio empresa-
rial) 65.
A partir de estos y otros elementos, Quesnay desarrolla el “cua-
dro” persiguiendo el objetivo de demostrar que toda suma que llega
a los agricultores aumenta (se duplica) en sus manos, cosa que no
ocurre con la que llega a poder de los industriales.
Schumpeter remarca correctamente que “todo analista puede
arreglar estos puntos de modo que se adapten a su propio plantea-
miento teórico”, pero rescata, al mismo tiempo, que el método del
tableau consigue una “simplificación tremenda”. Y luego expone los
tres motivos principales por los que esta “simplificación” le parece
asombrosa y útil  66:
En realidad, la vida económica de una sociedad no-socialista
consta de millones de relaciones o flujos entre firmas concretas y
familias. Podemos asentar ciertos teoremas acerca de esas relaciones
o flujos, pero no podemos observarlos todos. Más si los sustituimos
por relaciones entre clases o por flujos entre clases (o entre otros
agregados), el número indominable de variables de ese problema
económico se reduce repentinamente a unas pocas que podemos
manejar y seguir con facilidad. […] Un vistazo al tableau sugiere la

trabajo, y la riqueza no es otra cosa que el proceso de formación de capital que se


obtiene combinando estos elementos.
65
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 81-82.
66
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., p. 285.
Adrián O. Ravier 137

idea de un producto social o producto “output” total producido en


una serie de pasos y “distribuido” en otra serie de pasos […].
Segundo, la simplificación del esquema analítico consegui-
da por el método del tableau abre grandes posibilidades a la teo-
ría numérica. Quesnay era más sensible a esas posibilidades que
Cantillon, y en este respecto particular profundizó mucho el tra-
bajo de su predecesor. […] También este aspecto ha cobrado nueva
actualidad en nuestro tiempo gracias al trabajo de Leontief 67, el
cual, pese a ser del todo diferente en cuanto a fines y a técnica del
de Quesnay, resucita, sin embargo, el principio fundamental del
tableau. Marx, que es el eslabón de enlace entre uno y otro, no
intentó dar a su esquema operatividad estadística.
Tercero, y de la mayor importancia: el tableau de Cantillon-
Quesnay ha sido el primer método arbitrado para exponer una
concepción explícita de la naturaleza del equilibrio económico.
[…] Ahora bien; Cantillon y Quesnay han tenido esta concepción
de la interdependencia general de todos los sectores y de todos los
elementos del proceso económico, en el cual –como precisamente
escribió Dupont– nada está solo y todas las cosas están entretejidas.
El mérito característico de estos dos autores –compartido en cierta
medida por Boisguillebert– consiste en que, sin darse cuenta de las
posibilidades del método, mediante el método del tableau: mien-
tras que la idea de representar la lógica pura del proceso económico
por un sistema de ecuaciones estaba completamente fuera de su
alcance y de su visión, la representaron mediante un gráfico 68.

Resumiendo, lo que Schumpeter argumenta son los siguientes


tres puntos que debemos desmenuzar:
1) En primer lugar que la “simplificación tremenda” del tableau
permitiría reducir el “indominable” número de variables del problema

67
Wassily W. Leontieff, The Structure of the American Economy (1941, nueva
ed. revisada, 1951). Citado por A. Schumpeter.
68
Véase J. A. Schumpeter, Op. Cit., pp. 285-286.
138 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

económico con vistas a controlar el “producto social”, el cual, luego, po-


drá ser “distribuido” en otra serie de pasos, por un órgano de planifica-
ción central.
Recordemos que para cuando Schumpeter escribió este libro,
ya había abandonado las ideas de la Escuela Austríaca, sólo presentes
en su libro de 1911, La teoría del desenvolvimiento económico, y había
adoptado el socialismo como ideal 69.
Entendemos que aquí, Schumpeter está intentando resolver
el problema planteado por Ludwig von Mises y Friedrich A. von
Hayek en su teoría de la imposibilidad del cálculo económico en el
régimen socialista. Esto es, sintéticamente, que si adoptamos tal sis-
tema, en ausencia de propiedad privada, habrá ausencia de precios,
los cuales, en definitiva, les indican a los empresarios qué, cómo y
cuándo producir, concepto que como se ha visto, estaba bastante
claro en Cantillon 70.
Schumpeter considera, erróneamente, que si lograra reducir
el número «indominable» de variables, podría resolver el problema
económico, no comprendiendo que el problema que Mises y Hayek
están planteando, no es simplemente que no se puedan controlar tan-
tas variables, sino que no es teóricamente posible que el órgano cen-
tral disponga de la información o conocimiento práctico y disperso
suficiente como para dar un contenido coordinador a sus mandatos.
Huerta de Soto, siguiendo a Mises y Hayek, apoya esta idea median-
te los siguientes cuatro motivos: primero, por razones de volumen
(es imposible que el órgano de intervención asimile conscientemente
el enorme volumen de información práctica diseminada en las men-
tes de los seres humanos); segundo, dado el carácter esencialmente
intransferible al órgano central de la información que se necesita

69
Este punto lo hemos tratado en detalle en otro lugar. Véase Adrián O.
Ravier, Hacia un estudio comparativo de las teorías económicas defendidas por Joseph
Schumpeter y Ludwig von Mises, Revista Académica Libertas No. 44, ESEADE,
Buenos Aires, mayo de 2006.
70
Véase Friedrich A. von Hayek, “The use of knowledge in society”, Economic
Review, XXXV, Nº 4 (septiembre, 1945), pp. 519-530.
Adrián O. Ravier 139

(por su naturaleza tácita no articulable); tercero, porque, además, no


puede transmitirse la información que aún no se haya descubierto o
creado por los actores que sólo surge como resultado del libre proce-
so de ejercicio de la función empresarial; y cuarto, porque el ejercicio
de la coacción impide que el proceso empresarial descubra y cree la
información necesaria para coordinar la sociedad 71.
2) En segundo lugar, Schumpeter está relacionando el tableau de
Cantillon con el famoso cuadro de insumo-producto de Leontief, para el
cual utiliza como eslabón a Marx.
Esto, a nuestro juicio, es un salto al vacío en Schumpeter, quien
persiguiendo el objetivo recién mencionado plantea una relación
que se contradice con toda la teoría microeconómica de Cantillon
expuesta más arriba.
3) Y en tercer lugar, adjudicarle a Cantillon “una concepción ex-
plícita de la naturaleza del equilibrio económico”.
Es cierto que Cantillon ofrece en su Essai una concepción sobre
la interdependencia general de todos los sectores y de todos los ele-
mentos del proceso económico, fruto justamente del enfoque “inte-
grado” que caracterizamos en la sección sobre “epistemología de la
economía”, pero resulta desafortunada la observación de Schumpeter
de asociar a Cantillon al equilibrio económico, y mediante los grá-
ficos de Quesnay, ausente en Cantillon, asociarlo también a la for-
malización matemática y a las ecuaciones algebraicas como lenguaje
para desarrollar el análisis económico, e ignorando la lógica verbal,
de causa y efecto, que rodea todo su texto 72.
Schumpeter acierta al decir que, al igual que Cantillon, Quesnay
procede adelante con seguridad, de acuerdo con sus propias luces,

71
Véase Jesús Huerta de Soto, Socialismo, Cálculo Económico y Función
Empresarial, Unión Editorial, Madrid, 1992.
72
Los vicios resaltados en estos tres puntos se pueden observar en el trabajo de
Manuel Fernández López y Carlos A. Pascuzzo, “Cantillon´s Tableau”, Asociación
Argentina de Economía Política (AAEP), Rosario, 1999. Los autores se proponen
allí llevar adelante el objetivo de Schumpeter, de formalizar un tableau a la luz del
Essai de Cantillon, tarea enunciada por el historiador, pero no emprendida por él.
140 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

y no fue un discípulo de Cantillon, así como éste no lo ha sido


de Petty. Es importante, a nuestro juicio, disociar a Cantillon de
Tableau de Quesnay, porque en él comienzan los vicios más negati-
vos que hoy presenta la ciencia económica 73.

2.3.4. Macroeconomía
Hemos dicho al introducir el análisis microeconómico, que di-
cha disciplina junto con la macroeconomía, abarcan la mayor parte
de las áreas de estudio dentro de la economía moderna. Ha llegado el mo-
mento de introducirnos en esta segunda disciplina, aquella sobre la cual
Cantillon introduce numerosos aspectos originales a tener en cuenta.
El conocimiento moderno sobre esta materia nos dice que la
macroeconomía se asocia con una metodología agregada. Lo curioso
es que Cantillon, aún en las áreas que hacen a la macroeconomía
moderna, a saber, moneda, banca, mercado de créditos, tasas de in-
terés, ciclos económicos, entre otras, no utiliza, como se acostumbra
en la actualidad, a analizarlo mediante dicha metodología, sino con
una fundamentación microeconómica, aún hoy envidiable, y de la
que carecía justamente el Tableau de Quesnay.

Dos tradiciones en el tratamiento del dinero


En otro lugar, hemos intentado trazar dos tradiciones clara-
mente diferenciadas en lo que hace al tratamiento del dinero por

73
En el mismo sentido argumenta Rothbard: “[E]l Tableau es holístico, agre-
gativo y macroeconómico, sin ningún fundamento sólido en el individualismo
metodológico de la buena microeconomía. El Tableau no sólo introdujo en la
economía un pensamiento infundado y poco sólido; también acumuló males para
el futuro al anticipar el keynesianismo, ya que glorificaba los gastos, incluso el con-
sumo, y le preocupaban los ahorros, que tendía a considerar como perjudiciales
para la economía al hacer que la corriente circular constante del gasto fluyera hacia
el exterior. […]El Tableau no hizo sino disminuir y desviar la atención del análisis
y la auténtica visión económica”. Véase M. N. Rothbard, Historia del pensamiento
económico…, Op. Cit., p. 418.
Adrián O. Ravier 141

parte de los economistas. De un lado, a partir de John Locke, David


Hume y la mayoría de los economistas clásicos, comienza una tradi-
ción que ha desarrollado un análisis económico agregado y basado
en la teoría cuantitativa del dinero, tradición que más tarde sería
seguida por Irving Fisher y la Escuela de Chicago, y en particular
por Milton Friedman; del otro lado, a partir de Richard Cantillon y
John Cairnes, comienza otra tradición que desarrolla un tratamien-
to del dinero basado en un análisis desagregado, observando la se-
cuencia microeconómica de eventos que ocurre luego de un cambio
en la oferta monetaria, tradición que fuera continuada por Ludwig
von Mises y Friedrich A. von Hayek, y hoy, por la moderna Escuela
Austríaca de Economía 74.
A la luz de aquel trabajo y lo visto hasta aquí, podemos afirmar
que en el tópico monetario, como también en otras áreas que fuimos
mencionando, a saber, la teoría subjetiva del valor, la teoría de la for-
mación de los precios o la teoría de la empresarialidad, Cantillon ha
sido un proto-austríaco. En particular sobre el tópico bajo estudio en
este apartado, Hayek concluye que la teoría monetaria:
[…] constituye indudablemente el mayor logro de Cantillon.
Por lo menos en este campo, Cantillon fue sin duda la más grande
de las figuras pre-clásicas, y en muchos sentidos los autores clásicos
no sólo no pudieron superarle, sino que ni siquiera le igualaron 75.

Y es que, como veremos a continuación, Cantillon ha antici-


pado y ha constituido el núcleo de la teoría monetaria austríaca, y

74
Véase Adrián O. Ravier, “Dos tradiciones y un debate en torno a la
neutralidad del dinero en el largo plazo”, Revista de Análisis Institucional, No. 2,
Fundación Friedrich A. von Hayek, Buenos Aires, marzo de 2008, pp. 213-288.
75
Véase Friedrich A. von Hayek, La tendencia del pensamiento económico,
Unión Editorial, Madrid, 1996, p. 276. Título original: The Trend of Economic
Thinking: Essays on Political Economists and Economic History, W.W. Bartley III y
Stephen Kresge (eds.) vol. III de The Collected Works of F. A. Hayek, Routledge,
Londres y Nueva York, 1991.
142 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

ha desarrollado los rudimentos de la hoy famosa teoría austríaca del


ciclo económico.

El origen del dinero


Comúnmente se identifica a Carl Menger (1840-1921) como
el primero en desarrollar una teoría del origen del dinero, en la que
el mismo surge espontáneamente del mercado 76. Tal teoría puede
explicarse mediante los siguientes cuatro puntos: a) nadie ha deter-
minado deliberadamente que tal o cual mercancía se utilice como
dinero, b) el mismo surge espontáneamente de las interacciones hu-
manas, c) va incorporando progresivamente las experiencias de los
individuos, mediante prueba y error, por lo que está en continua
evolución y d) los intentos para planificar el dinero son absoluta-
mente vanos porque se requiere de un conocimiento, al que el hom-
bre nunca podrá acceder.
Sostenemos aquí que Cantillon esbozó esta teoría, quizás al
mismo tiempo que la desarrollara originariamente John Law 77. Es
importante destacar que si bien Menger, el fundador –si tal cosa
existe– de la Escuela Austríaca, no cita a Cantillon en sus Principios
de Economía Política, hay pruebas de que una copia del Essai forma-
ba parte de su biblioteca.

76
“[S]ólo podemos entender el origen del dinero si aprendemos a considerar
el establecimiento del procedimiento social del cual nos estamos ocupando como
un resultado espontáneo, como la consecuencia no prevista de los esfuerzos indivi-
duales y especiales de los miembros de una sociedad que poco a poco fue hallando
su camino hacia una discriminación de los diferentes grados de liquidez de los
productos”. Véase Carl Menger, Principios de Economía Política, Unión Editorial,
Madrid, 1997 [1871], p. 223.
77
“Es preciso reconocer, siguiendo a Carl Menger, que Law fue el primero en
enunciar una teoría correcta sobre el origen evolutivo y espontáneo del dinero”.
Véase J. Huerta de Soto, Dinero… Op. Cit., p. 91. Huerta de Soto aclara sin
embargo, lo erróneo de la tesis inflacionaria de este autor, y explica los problemas
que sus políticas generaron en la Francia del siglo XVIII, y que sintetizamos más
arriba.
Adrián O. Ravier 143

Veamos a continuación como Cantillon explica que la moneda


surge por la “necesidad de los hombres” y cómo se cuestiona cuál ha
de ser el artículo o mercadería que servirá a tal fin.
En la Segunda Parte de este Ensayo veremos cómo la necesi-
dad ha obligado a los hombres a servirse de una medida común,
para determinar, en sus tratos, la proporción y valor de los artículos
alimenticios y mercaderías cuyo intercambio desean efectuar. La
única cuestión es precisar cuál debe ser el artículo o mercadería
más adecuado para esta medida común, y si ha sido la necesidad, y
no el gusto lo que han inducido a dar preferencia al oro, a la plata
y al cobre, materias de las que generalmente nos servimos hoy para
este uso 78.

En efecto, seguido de esta cita, Cantillon plantea que varios


artículos alimenticios, como los cereales, vinos o carnes, tienen va-
lor real y satisfacen ciertas necesidades de la vida, pero destaca que
son bienes perecederos e incómodos para ser transportados, y poco
aptos, por consiguiente, para servir como medida común. Otras
mercaderías, tales como las telas, ropa blanca o cueros, son también
perecederas, y no pueden subdividirse sin alterar en cierto modo su
valor para los usos humanos. El hierro es útil y duradero, y de he-
cho “fue utilizado como medida común después de Licurgo, hasta
la guerra de Peloponeso”, pero el fuego lo consume, y se necesita un
gran volumen a causa de su abundancia. Cantillon destaca la curiosi-
dad de que, “tratándolo con vinagre se deterioraba su calidad, con lo
cual deja de servir a los usos humanos, y solamente se utilizaba para
el trueque”. Algo similar, explica Cantillon, ocurre con el plomo y el
estaño, en cuanto a que el volumen y el fuego los consumen. El co-
bre en cambio, sirvió de moneda a los romanos, en forma exclusiva,
hasta el año 484 de la fundación de Roma, y en Suecia, Cantillon
agrega, todavía se utiliza para los pagos de importancia. Sin embar-

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 73.


78
144 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

go, continúa, “su volumen es demasiado grande para efectuarlos, y


los mismos suecos prefieren ser pagados en oro y en plata, y no en
cobre”.
En las colonias de América se han utilizado como moneda el
tabaco, el azúcar y el cacao, pero estas mercancías son demasiado
voluminosas, perecederas y de calidad desigual; por consiguiente son
poco adecuadas para servir de moneda o de medida común de va-
lor 79.
En definitiva, Cantillon concluye que el oro y la plata han sido
las mercancías que el mercado espontáneamente ha utilizado como
medio de cambio, por contar con ciertas características como la ho-
mogeneidad, transportabilidad, divisibilidad y durabilidad.
Tan sólo el oro y la plata son de pequeño volumen, de calidad
homogénea, fáciles de transportar y de subdividir sin merma, ade-
cuados para su conservación, hermosos y brillantes en los objetos
que con ellos se confeccionan, y duraderos casi hasta la eternidad.
Cuantos han usado otros artículos como moneda, retornan necesa-
riamente a aquéllos, en cuanto pueden obtener cantidad bastante,
mediante el cambio. Sólo en las transacciones más pequeñas resul-
tan inadecuados el oro y la plata 80.

Y como cierre de este apartado –en el que Cantillon plantea


claramente una teoría sobre el origen del dinero– no podemos dejar
de citar un párrafo adicional, que refleja que la selección del oro y
plata como mercancías que servirán de medio de cambio, no fueron
elegidas deliberadamente por nadie, ni por el capricho o consenso
de un grupo, sino más bien espontáneamente, por la utilidad y la
necesidad.

79
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 73-75.
80
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 75.
Adrián O. Ravier 145

No es pues extraño que todas las naciones hayan llegado a


servirse como moneda del oro y de la plata, constituyéndolos en
medida común de los valores, y del cobre para los pagos pequeños.
La utilidad y la necesidad les han inducido a ello, y no el capricho
ni el mutuo consenso  81.

La acuñación de los metales, las Casas de Moneda y los sustitu-


tos monetarios
Una vez que la plata, y podríamos decir lo mismo del oro, em-
pezó a ser demandada como moneda, Cantillon explica que se pro-
cedió a “la costumbre de regular el valor de las cosas, en proporción
de su cantidad, es decir de su peso, con referencia a todos los demás
artículos y mercaderías”.
Pero como la plata se puede alear con el hierro, el plomo, el
estaño, el cobre, etc., que son metales menos raros y cuya extrac-
ción de las minas se efectúa con menor gasto, el trueque de la plata
estuvo sujeto a frecuentes fraudes, y esto hizo que diversos reinos
establecieran Casas de Moneda para certificar, mediante una acu-
ñación pública, la verdadera cantidad de plata que cada moneda
contenía, y entregar a los particulares que a dichas Casas llevaban
barras o lingotes de plata, la misma cantidad de piezas, provistas de
una impronta o certificado de la verdadera cantidad de plata que
contenían” 82.

Nacen así lo que en 1912 Ludwig von Mises denominó como


“sustitutos monetarios perfectos”, es decir aquellos certificados o bi-

81
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 75.
82
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 71. A pesar de afirmar Cantillon que
“no son de mi incumbencia” las diferentes maneras de refinar la plata, procede a
explicar, a modo de ejemplo, pero con suficiente detalle para quienes el proceso
nos es completamente ajeno, en qué consiste uno de estos experimentos.
146 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

lletes que estaban plenamente respaldados en una mercancía consi-


derada el medio de cambio, como por ejemplo, el oro o la plata 83.
Estos certificados primero fueron nominativos, transfiriéndose
por vía de endoso, pero más tarde se permitió la extensión al porta-
dor, constituyendo así el dinero bancario.

El valor del dinero y las consecuencias de su adulteración


La teoría del valor presentada más arriba, le permitió a Cantillon,
aplicándola al dinero, obtener algunas conclusiones adicionales a lo
ya expuesto. Este desarrollo, Cantillon lo presenta en el mismo ca-
pítulo XVII, el último de la primera parte, donde también trató el
origen del dinero, y sobre el que ya nos detuvimos más arriba.
Cantillon observa que el “valor de mercado” de los metales que
sirven como medio común y generalizado de cambio, al igual que el
resto de los bienes, estarán determinados por la oferta y la demanda
que de ellos exista en el mercado, lo que implicará que podrán estar
por encima o por debajo del costo incurrido para extraer los metales
de las minas, incluyendo su acuñación (en Cantillon este costo es el
“valor intrínseco”).
El valor de los metales en el mercado, lo mismo que el de
todas las mercaderías o artículos, unas veces está por encima y otras
por debajo del valor intrínseco, y varias en proporción a su abun-
dancia o escasez, según el consumo que de ellos se hace.
Si los propietarios de las tierras y las otras clases sociales sub-
alternas de un Estado, que imitan a los primeros, renunciaran al
uso del estaño y del cobre, en el supuesto, aunque falso, de que son
nocivos a la salud, y generalmente se sirvieran de vajilla y batería
de barro, dichos metales se cotizarían a un precio bajo en los mer-
cados, suspendiéndose el trabajo que antes se destinaba a extraerlos

83
Véase Ludwig von Mises, La teoría del dinero y del crédito, Unión Editorial,
Madrid, 1997. Traducción de Juan Marcos de la Fuente. Título original: The theory
of money and credit, Yale University Press, 1953.
Adrián O. Ravier 147

de la mina; pero como estos metales se consideran útiles y de ellos


nos servimos en los usos de la vida, tendrán siempre en el mercado
un valor correspondiente a su abundancia o a su rareza, y al con-
sumo que de ellos se hace; y así se continuará extrayéndolos de la
mina para reembolsar la cantidad de dichos metales que en el uso
diario se destruyen  84.

Cantillon nos explica prematuramente que aquellos metales que


se utilizan como dinero poseen valor tanto por su uso monetario,
como por su uso no monetario. Si el estaño y el cobre, cualquiera sea
la razón, dejaran de ser útiles para la vida de los hombres, carecerían
completamente de valor y no podrían cumplir la función de medio
de cambio.
Y ya en las últimas dos páginas de la primera parte, concluye
Cantillon sobre los perjuicios que un príncipe o un gobierno gene-
rarán cuando establezcan un valor a la moneda, distinto al que el
mercado le ha dado.
Si, por ejemplo, un príncipe o una república dieran circula-
ción legal, en sus dominios, a algo que no tuviese semejante valor
real e intrínseco, no solamente los demás Estados rehusarán acep-
tarla conforme a ese patrón, sino que los habitantes del propio país
la rechazarían, tan pronto como se persuadieran de su escaso valor
real. Cuando, a fines de la primera guerra púnica, los romanos qui-
sieron dar al as de cobre, con peso de dos onzas, el mismo valor que
antes tenía el as, con peso de una libra, o sea doce onzas, semejante
arbitrio no pudo mantenerse mucho tiempo en el cambio 85.

Advierte Cantillon que la manipulación del dinero tiene con-


secuencias naturales distintas a las buscadas, y seguido de aquello
nos ofrece una clara y moderna explicación sobre las causas de la

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 68.


84

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 76.


85
148 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

inflación, explicación sobre la que ahondará en la segunda parte del


Essai.
En la historia de todos los tiempos se advierte que cuando los
príncipes reducen el valor de sus monedas, manteniendo el mismo
valor nominal, todas las mercancías y artículos alimenticios se enca-
recen en la misma proporción en que las monedas se debilitan 86.

Cantillon explica tempranamente en su Essai que la expansión


monetaria y crediticia que hoy, en el siglo XXI, llevan adelante los
gobiernos, tienen efectos similares sobre los precios que en aquellos
dos casos donde: 1) los príncipes adulteran el valor de sus monedas,
reduciendo su contenido en oro o plata; 2) los metales preciosos lle-
gan masivamente a Europa provenientes desde las Américas.

“Efecto Cantillon”
El lector familiarizado con la historia del pensamiento econó-
mico en el campo monetario recordará que ya en 1556, en su libro
Comentario resolutorio de cambios, Martín de Azpilcueta, también
llamado Doctor Navarro, explicaba, observando los efectos que so-
bre los precios en España tuvo la llegada masiva de metales preciosos
provenientes de América, los efectos de la inflación, utilizando los
elementos básicos de la hoy famosa «teoría cuantitativa del dinero».
Tal concepción es similar a la que más tarde presentara John
Locke, en la que, por un lado, la cantidad de bienes, en proporción
a la cantidad de dinero en circulación, sirve para determinar el nivel
general de precios en el mercado; y por otro, donde el aumento de
la cantidad de dinero, eleva proporcionalmente este mismo nivel de
precios.
Pero Cantillon, si bien está de acuerdo con la conclusión «agre-
gada» de Locke, plantea que lo que se necesita hacer para obtener
conclusiones correctas sobre los efectos que produce un cambio en

86
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 76.
Adrián O. Ravier 149

la oferta monetaria, es realizar un estudio profundo, pero microeco-


nómico del proceso.
Si en un Estado se descubren minas de oro o de plata, y de
ellas se extraen cantidades considerables de mineral, el propietario
de estas minas, los empresarios y todos cuantos trabajan en ellas
no dejarán de aumentar sus gastos en proporción a las riquezas y a
los beneficios que obtengan; además, prestarán a interés las sumas
de dinero remanente después de disponer de lo necesario para sus
gastos.
Todo este dinero, ya sea prestado o gastado, penetrará en la
circulación, y no dejará de elevar el precio de los artículos y mer-
caderías en todos los canales de circulación por donde penetre. El
aumento de dinero provocará un aumento de los gastos, y esto
último, a su vez, traerá consigo un aumento considerable de los
precios del mercado en los años más favorables del cambio, y otro
relativamente menor en los de nivel más bajo. […]
Locke establece como máxima fundamental que la cantidad
de productos y mercaderías, proporcionada a la cantidad de dinero,
sirve de norma a los precios del mercado. Yo he tratado de escla-
recer su idea en los capítulos precedentes; dicho autor se ha dado
cuenta de que la abundancia de dinero lo encarece todo, pero no
ha investigado cómo ocurre semejante cosa. La gran dificultad de
esta investigación consiste en saber por qué vía y en qué proporción el
aumento de dinero eleva el precio de las cosas  87.

En la literatura se ha llamado «efecto Cantillon» a este enfoque


microeconómico y desagregado que él mismo presentara en el Essai
y que resulta un elemento central para comprender la naturaleza de
los ciclos económicos. El término lo empleó por vez primera Mark
Blaug en su conocido trabajo Economic Theory Retrospect, 1962 y
es un enfoque característico hoy de los economistas de la Escuela

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 105. La cursiva es nuestra.


87
150 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Austríaca 88. Explica Cantillon en el capítulo VI de la segunda parte,


titulado “Del aumento y de la disminución de la cantidad de dinero
efectivo en un Estado”:
Si el aumento de dinero efectivo proviene de las minas de
oro o plata que se encuentran en un Estado, el propietario de es-
tas minas, los empresarios, fundidores, refinadores y, en general,
todos cuantos trabajan en ello, no dejarán de aumentar sus gastos
en proporción de sus ganancias. En sus hogares consumirán más
carne y más vino o cerveza que antes, se acostumbrarán a llevar
mejores trajes, ropa blanca más fina, a poseer casas mejor decoradas
y a disfrutar otras comodidades deseables. Darán así, ejemplo a
muchos artesanos que antes carecían de trabajo, y que, por la mis-
ma razón, aumentarán también sus gastos; todo este aumento de
gasto en carne, vino, lana, etc., disminuye necesariamente la parte
de otros habitantes del Estado que no participan en un principio
en la riqueza de las minas en cuestión. El regateo en el mercado,
o la demanda de carne, vino, lana, etc., serán más intensos que de
ordinario, y no dejarán de elevar los precios. Estos precios elevados
inducirán a los colonos a emplear más extensión de tierra para pro-
ducirlos en años sucesivos: estos mismos colonos se beneficiarán
con el referido aumento de precios, y aumentarán, como los otros,
sus gastos familiares. Quienes sufrirán este encarecimiento y el au-
mento del consumo serán, primeramente, los propietarios de las
tierras, mientras duren sus contratos de arrendamiento; después,
sus criados y todos los obreros o gentes con salario fijo, que a ellos
están vinculados. Será preciso que todas estas personas disminu-
yan su gasto en proporción al nuevo consumo, circunstancia que
obligará a un gran número a salir del Estado, y a buscar fortuna en
otros países. Los propietarios despedirán a muchos auxiliares y los

88
Véase Friedrich A. von Hayek, Precios y producción. Una explicación de las
crisis de las economías capitalistas, Unión Editorial, Nueva Biblioteca de la Libertad
Vol. 16, Madrid, 1996, p. 31. Traducción de Carlos Rodríguez Braun. Título
original: Prices and Production, Routledge and Sons, Londres, 1931.
Adrián O. Ravier 151

restantes reclamarán un aumento de salario para poder subsistir


como antes. He aquí, poco más o menos, cómo un aumento con-
siderable de dinero, originado en las minas, aumenta el consumo,
y, disminuyendo el número de los habitantes, provoca un gasto
mayor entre los que se quedan  89.

Cantillon está introduciendo a la ciencia económica, como ve-


remos a continuación, el «principio de la no neutralidad del dinero»,
un principio que hoy está ausente en la mayor parte de la literatura
y que le ha impedido a la mayoría de los economistas elaborar una
correcta teoría monetaria sobre los ciclos económicos. Este principio
esencial, que daría luz a toda teoría monetaria, ha quedado oscureci-
do por la mecánica teoría cuantitativa del dinero.

La teoría cuantitativa del dinero, la velocidad de circulación y


la no neutralidad
Milton Friedman, quien hasta 2006 –año de su fallecimien-
to– fuera el principal representante de la Escuela de Chicago, ad-
vertía a la luz de su famoso trabajo sobre La historia monetaria de los
Estados Unidos, 1867-1960, que: 1) en el corto plazo, las variaciones
monetarias tienen efectos reales, aunque con retrasos muy variables
y no duraderos, sobre la producción y el empleo; 2) en el largo pla-
zo, las variaciones monetarias son neutralizadas, sólo tienen efectos
nominales, sobre los precios, y ningún efecto real en la producción
y el empleo.
La segunda de estas aseveraciones es la que a nuestro juicio, a la
luz de los aportes de Cantillon, está sujeta a debate. Friedman llega a
ella desde el punto de vista empírico a través del trabajo mencionado
sobre los Estados Unidos, y desde el punto de vista teórico a través
de la ecuación cuantitativa del dinero de Irving Fisher.

89
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 106-107.
152 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Friedman explicaba, que la idea básica de la teoría cuantitativa


–que hay una relación entre la cantidad de dinero por un lado y los
precios por el otro– seguramente es una de las ideas más viejas de la
economía.
Pero una cosa es expresar esta idea en términos generales y
otra cosa es sistematizar la relación entre el dinero por un lado y
los precios y otras magnitudes por el otro. Lo que Irving Fisher
hizo fue analizar la relación en mucho mayor detalle de lo que se
había hecho hasta allí. Elaboró y popularizó lo que ha llegado a ser
conocido como la ecuación cuantitativa: MV = PT, el dinero mul-
tiplicado por la velocidad es igual a los precios multiplicados por el
volumen de transacciones. […]
En la teoría monetaria, se interpretó que ese análisis signifi-
caba que en la ecuación cuantitativa MV = PT la velocidad podía
considerarse altamente estable, que podía tomarse como determi-
nada en forma independiente de los otros términos de la ecuación,
y que como resultado de esto los cambios en la cantidad de dinero
se reflejarían en los precios o en la producción 90.

El segundo de estos dos párrafos, el que hace referencia a la es-


tabilidad de la “velocidad de circulación del dinero” tiene un fuerte
antecedente en Cantillon.
[C]inco mil onzas, pagadas dos veces, producirán el mismo
efecto que diez mil onzas, pagadas una sola vez.[…]
A base de lo antedicho se comprenderá que debe existir la
proporción cuantitativa de dinero en efectivo necesaria para la cir-
culación de un Estado, y que esa cantidad puede ser mayor o me-
nor en los Estados, según el ritmo que se siga y la velocidad de los
pagos. […] Tanto si el dinero es raro como si es abundante en un
Estado, la proporción indicada no variará mucho, porque en los

90
Véase Milton Friedman, “La contrarrevolución en la teoría monetaria”, en
La economía monetarista, Gedisa Editorial, Barcelona, noviembre de 1992.
Adrián O. Ravier 153

Estados donde el dinero es abundante, las tierras se arriendan a


más alto precio, y a un canon más bajo allí donde el dinero es más
escaso, regla ésta que siempre se revelará como válida para todos los
tiempos. Pero en los Estados donde el dinero es más raro ocurre
con frecuencia que las transacciones por vía de evaluación son más
numerosas que en aquellos Estados donde el dinero es más abun-
dante, y por consiguiente la circulación resulta más rápida y menos
retardada que en los Estados donde el dinero no escasea tanto. Así,
para estimar la cantidad de dinero circulante, hay que considerar
siempre la velocidad de circulación 91.

El Essai de Richard Cantillon ha sido considerado por mu-


chos como un antecedente de la mencionada teoría. Sin embargo,
si bien allí la velocidad de circulación introducida originalmente
por Cantillon es esencial, creemos que las conclusiones agregadas
a las que se llega serían inconsistentes con el Essai. Las palabras de
Cantillon pueden ser más ilustrativas que lo que nosotros podamos
agregar.
De todo esto induzco que cuando se introduce doble canti-
dad de dinero en un Estado no siempre se duplica el precio de los
productos y mercaderías. Un río que se desliza y serpentea por su
cauce no corre con doble rapidez porque se duplique el caudal de
sus aguas.
La proporción de carestía que el aumento y la cantidad de
dinero introducen en un Estado dependerá del rumbo que este di-
nero imprima al consumo y a la circulación. Cualesquiera que sean
las manos por donde pase el dinero que se ha introducido en la
circulación aumentará naturalmente el consumo; pero este consu-
mo será más o menos grande según los casos, y afectará en mayor o
menor escala a ciertas especies de artículos o mercaderías, según el
capricho de los que adquieren el dinero. Los precios de mercado se

Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 86-88.


91
154 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

encarecerán más para ciertas especies que para otras, por abundante
que sea el dinero 92.

Esto nos muestra lo importante del enfoque o método del que


Cantillon nos ha provisto para analizar «microeconómicamente» y
en forma «desagregada», el proceso de introducir nuevo dinero en
la economía. Duplicar la cantidad de dinero, no duplica el nivel de
precios en el largo plazo. La atención deberá estar puesta más bien,
en los «precios relativos», pero no sólo en el corto y medio plazo,
sino incluso en el largo plazo. Algunos precios subirán más, otros
menos, otros no se verán afectados y otros incluso se pueden ver
reducidos.
Por otro lado, habrá que poner en duda la supuesta «neutrali-
dad del dinero» a la que se llega según dicha ecuación. Ya lo hemos
tratado en otro lugar, pero sintéticamente, no hay ninguna razón
para que los efectos que sí se reconocen en el corto plazo, se anu-
len, o para ser más precisos, se neutralicen, en el largo plazo 93. Es
claro que con posterioridad a tal expansión habrá un proceso de
ajuste, pero éste nunca podrá hacer que la economía retorne exac-
tamente al mismo estado original en el que se encontraba antes de
tal expansión. El proceso de creación de medios fiduciarios permite
reducir la tasa de interés en el corto plazo, lo que da lugar a que se
lleven adelante proyectos de inversión en los que se utilizan recursos
escasos. Una vez que el proceso se revierte, como nos muestra la
teoría austríaca del ciclo económico, estos recursos no se recuperan,
mostrando, nuevamente, que el efecto no es neutral en términos
reales. En Cantillon no encontramos una completa comprensión de
la teoría del ciclo económico mencionada, pero es claro en el Essai
la presencia del principio de la no neutralidad del dinero, el aporte
central del hoy denominado «efecto Cantillon» y los rudimentos bá-
sicos de aquella.

92
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 115.
93
Véase A. Ravier, Dos tradiciones…, Op. Cit.
Adrián O. Ravier 155

Mercado de fondos prestables y tasa de interés


Cantillon avanza aún más en el campo monetario y bancario,
y aprovechando su conocimiento y experiencia como banquero, nos
introduce algunos aportes sobre el mercado de fondos prestables y
la tasa de interés.
El nuevo dinero puede también afectar la tasa de interés si éste
llega a manos de los prestamistas. Sin embargo, Cantillon rechaza
la visión mercantilista de Locke de que la tasa de interés es un fe-
nómeno monetario. Adelantándose al conocimiento moderno en la
materia, señaló que la tasa de interés está basada sobre las fuerzas de
la oferta y la demanda en el mercado de fondos prestables, y que si
el nuevo dinero incrementa la oferta de créditos, entonces sí se redu-
ciría la tasa de interés.
Es idea común y admitida por cuantos han escrito sobre el
comercio que el aumento de la cantidad de dinero efectivo en un
Estado disminuye el precio del interés, porque cuando el dinero
abunda es más fácil encontrar alguien que lo preste. Esta idea no
siempre es verdadera ni justa.[…]
La abundancia o escasez de dinero en un Estado eleva o rebaja
los precios de todas las cosas en las transacciones, sin que exista nin-
gún nexo necesario con la tasa de interés, que puede ser muy bien
elevada en los Estados donde existe abundancia de dinero y baja en
aquellos otros donde el dinero es más raro; alto donde todo es caro,
bajo donde todo es barato; alto en Londres, bajo en Génova.
El tipo de interés se eleva y baja todos los días, a base de sim-
ples rumores que tienden a disminuir o aumentar la seguridad de
los prestamistas, sin que por esto se altere el precio de las cosas en
los tratos comerciales 94.

Cantillon procede luego a justificar el interés, contrariando ex-


plícitamente siglos y siglos en los que el préstamo de dinero, y la

Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 136-137.


94
156 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

consecuente tasa de interés que recibía el prestamista, era condenada


como usura. Para Cantillon es evidente que el «riesgo» del prestamis-
ta, sea que tome o no garantía, debía ser compensado.
Las necesidades de los hombres parecen haber introducido el
uso del interés. Si una persona presta su dinero a base de buenas
prendas o mediante hipoteca de sus tierras, corre por lo menos el
riesgo de la mala voluntad del prestatario, o el de los gastos, proce-
sos y pérdidas subsiguientes; pero cuando presta sin garantía corre
el riesgo de perderlo todo. En consideración a ello los necesitados
de dinero hubieran de tentar, en los comienzos, la avidez de los
prestamistas con el cebo de un beneficio proporcionado a las ne-
cesidades de los prestatarios y al temor y a la avaricia de los pres-
tamistas. Este es, a mi juicio, el primordial origen del interés. Pero
su uso permanente en los Estados parece fundarse en los beneficios
que pueden obtener los empresarios 95.

Lo dicho lleva a Cantillon a describir las fuerzas que causan un


cambio en la tasa de interés y muestra que la misma es un aspecto
normal e importante de la economía. Y a continuación, defiende los
beneficios económicos de las tasas de interés altas comparándolas
con los beneficios empresariales y las rentas de tasas aún más altas.
Los romanos de antaño, tras promulgar diversas leyes para
rebajar el tipo de interés, hicieron una para prohibir en absoluto el
préstamo de dinero. Esta ley no tuvo más éxito que las anteriores.
La ley promulgada por Justiniano para impedir que los patricios
cobraran más de un cuatro por ciento, los de clase más baja hasta
seis por ciento, y los mercaderes ocho por ciento, era a un tiempo,
chocante e injusta, ya que no estaba prohibido obtener beneficios
hasta del cincuenta por ciento y el cien por ciento en todas las de-
más clases de operaciones.

95
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 127-128.
Adrián O. Ravier 157

Si a un propietario de tierras le está permitido y aún se con-


sidera honorable que ceda su hacienda a un colono indigente por
una renta elevada, con peligro de perder la renta entera de un año,
parece también que debería permitirse al prestamista prestar su di-
nero a un prestatario necesitado, aún a riesgo de perder no sólo el
interés o beneficio sino incluso su capital, estipulando tal interés
como el otro consienta voluntariamente en aceptarlo 96.

Sobre la base de su descripción de las tasas de interés, y lo que


motiva que las mismas alcancen niveles elevados, Cantillon ridiculi-
za la noción de que el gobierno deba regularlas con leyes de usura.
Nada más divertido que la multitud de leyes y cánones pro-
mulgados siglo tras siglo respecto al interés del dinero, siempre por
gente sabihonda que apenas tenía noción del comercio, y siempre
inútilmente 97.

El acceso al crédito, se convierte así, en el único medio que le


permite al colono progresar, ahorrando paulatinamente un pequeño
capital y adueñándose, poco a poco, de la renta que primeramente
pagaba. Cantillon observa en el naciente sistema capitalista la posi-
bilidad de que, a través del crédito, las clases bajas y medias puedan
alcanzar niveles mayores de riqueza.
Si el colono tiene capital bastante para desarrollar su explota-
ción, si posee todos los útiles e instrumentos necesarios […] podría
guardar para sí mismo, después de pagar todos los gastos, un tercio
del producto de su hacienda. Pero si un labrador competente, que
vive de su trabajo, al día, y carece de capital, puede encontrar al-
guien que quiera prestarle capital o dinero suficiente para comprar-
la, estará dispuesto a dar a este prestamista toda la tercera renta, o
el tercio del producto de una hacienda cuando aspira a convertirse
en empresario de ella. Pensará, al proceder así, en que su condición

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 140.


96

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 134.


97
158 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

será mejor que antes, porque encontrará medios para su sustento


en la segunda renta, convirtiéndose en dueño, cuando antes era
criado: si a base de un gran ahorro, privándose de cosas necesarias,
puede recoger paulatinamente un pequeño capital, cada año tendrá
que pedir prestada una suma más corta, y con el tiempo llegará a
apropiarse de esta tercera renta  98.

Cantillon cierra el capítulo mostrando un profundo conoci-


miento histórico sobre el nivel que las tasas de interés habían alcan-
zado en distintos lugares, y en distintos tiempos y concluyendo que,
en el mercado libre, las tasas de interés nunca estuvieron tan bajas
sino a fines de la República y en la era de Augusto, después de la con-
quista de Egipto. Los emperadores Antonio y Alejandro Severo sólo
redujeron el interés al cuatro por ciento prestando fondos públicos
sobre hipotecas de las tierras.

La teoría del ciclo económico


Hemos dicho más arriba que Cantillon no presenta una com-
pleta teoría del ciclo económico, pero sí podemos encontrar en el
Essai algunos de los elementos centrales de la teoría austríaca del
auge y la depresión.
Mencionar estos elementos servirá de nexo para cerrar el campo
monetario y bancario, y adentrarnos en el campo del comercio in-
ternacional. Después de todo, la falacia más importante del mercan-
tilismo consistía en la creencia de que la riqueza de un reino estaría
dada por la acumulación de metales, aspecto que, como veremos,
Cantillon ha rechazado por ir un poco más lejos en el análisis sobre
las consecuencias que el ingreso de tales metales produce en la eco-
nomía.

98
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 128.
Adrián O. Ravier 159

La teoría austríaca del ciclo económico es una teoría eminen-


temente monetaria. Para esta Escuela, tanto la inflación, como los
procesos de auge y depresión, son originados en la manipulación de
parte del gobierno o la autoridad monetaria, tanto de la cantidad de
dinero como de la tasa de interés.
Cantillon nos ha provisto más arriba de una original teoría mi-
croeconómica y desagregada que estudia los cambios en la oferta
monetaria y los efectos que desencadena (recordar en particular el
«efecto Cantillon»). Un aumento en la cantidad de dinero en circu-
lación provoca, en definitiva, un aumento en el consumo de todos
aquellos que se ven beneficiados de tal expansión, los que al elevar
sus gastos particulares, generan un aumento de precios en aquellos
sectores que ven incrementada su demanda. Estos empresarios, al
elevar sus ventas y ver reducidos sus stocks, incrementan la produc-
ción tomando nuevos trabajadores y empleando mayores extensio-
nes de tierra. La economía experimenta así un boom económico, si-
tuación de auge o crecimiento económico que en general no puede
prolongarse en el tiempo.
Cantillon, anticipando a algunos de los economistas Clásicos, y
también a miembros de la Escuela de Chicago, advierte sin embargo,
que todos aquellos que tengan contratos rígidos, como aquellos que
perciben un salario fijo, o los propietarios de tierras, se ven imposibi-
litados de ajustar sus ingresos y rentas hacia arriba, para acompañar
la subida de precios, y en consecuencia deben ajustar sus gastos. La
fase de crisis y depresión, en Cantillon, comienza entonces cuando
los propietarios despiden a muchos de sus trabajadores, auxiliares
y criados, y éstos abandonan el Reino buscando mejores destinos,
donde reciban remuneraciones que les permitan vivir dignamente.
Mientras tanto los precios continúan su escalada, lo que lleva a los
consumidores a empezar a importar productos del exterior, donde
los precios son más bajos. Esto termina por arruinar a artesanos e
industriales, y con ello emerge la pobreza y la miseria.
160 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Cuando la excesiva abundancia de dinero de las minas haya


reducido el número de los habitantes de un Estado, habituándose
los restantes a un gasto mayor, elevando el producto de la tierra y
del trabajo de los obreros hasta alcanzar precios excesivos, y arrui-
nando las manufacturas del Estado por el uso que los terratenientes
y quienes trabajan en las minas hacen de los productos extranjeros,
el dinero producido en las minas fluirá necesariamente al exterior,
para pagar lo que de él se importa; ello empobrecerá insensible-
mente al propio Estado y lo hará en cierto modo dependiente del
extranjero, al cual se verá obligado a enviar dinero anualmente, a
medida que lo extrae de las minas. Cesará esa abundante circu-
lación de dinero, que era general al principio, y sobrevendrán la
pobreza y la miseria, con lo que el trabajo de las minas no resultará
sino en ventaja de quienes están ocupados en ellas, y de los extran-
jeros que con ello se benefician  99.

Lo dicho, agrega Cantillon, es aproximadamente lo que ocurrió


en España y Portugal, desde el descubrimiento de las Indias. “Todo
el oro y la plata que estos dos Estados extraen de las minas, no les
procura, en la circulación, más metales preciosos que a los otros.
Ordinariamente Inglaterra y Francia benefician una mayor canti-
dad”.
Sin embargo, Cantillon explica que tal proceso no surge sim-
plemente de aquella situación en la que un Estado importa metales
preciosos desde sus colonias.
Una abundancia de dinero ficticia e imaginaria causa las mis-
mas desventajas que un aumento de dinero real en circulación, ele-
vando el precio de la tierra y del trabajo, haciendo más costosas las
obras y manufacturas con el riesgo de una pérdida subsiguiente.
Pero esta abundancia fugaz se desvanece al primer soplo de descré-
dito, y precipita el desorden 100.

99
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 108.
100
Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 193.
Adrián O. Ravier 161

Hacia el final del Essai Cantillon generaliza aquella situación


de importación de metales como el oro y la plata, a una situación
cualquiera en que el Estado decida aumentar “ficticia e imaginaria-
mente” el circulante.
Si por un momento, recordamos la vida de Cantillon que estu-
diamos en la primera sección, donde se vio envuelto en una burbuja
especulativa de la cual supo tomar provecho, podremos entender
que ello sólo fue posible por la base teórica que tenía.
Y es que en estas últimas páginas Cantillon presenta una críti-
ca a John Law, ministro que supo convencer al regente de Orleans
para emprender tal proceso de expansión monetaria y crediticia, que
diera origen finalmente a la burbuja que, al desinflarse, dejó a tanta
gente en la ruina.
Es pues indudable que un Banco, en complicidad con el mi-
nistro, es capaz de elevar y sostener el precio de los fondos públicos
y de reducir la tasa de interés en el Estado, al arbitrio del ministro,
cuando las operaciones se llevan a cabo con discreción, y de este
modo se liberan las deudas del Estado. Pero estos refinamientos,
que abren la puerta para realizar grandes fortunas, sólo en conta-
dos casos se aplican para la utilidad exclusiva del Estado, y los que
participan en ellos se corrompen con frecuencia. Los billetes de
Banco redundantes, fabricados y emitidos en estas ocasiones, no
perjudican la circulación, porque aplicándose a la compra y venta
de fondos de capital no sirven para el gasto de las familias, y por
consiguiente no se cambian por plata. Pero si en virtud de algún
temor o accidente imprevisto los tenedores de billetes solicitaran la
plata del Banco, la bomba explotaría y se pondría de manifiesto que
estas operaciones son por demás peligrosas 101.

Cantillon sintetiza en este párrafo lo que efectivamente ocurrió


en Francia entre 1718 y 1721, etapa en la que la bomba explotó y se

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 200.


101
162 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

puso de manifiesto lo peligroso de emprender políticas que manipu-


len artificialmente la tasa de interés.
A modo de cierre del apartado, debemos señalar que su descrip-
ción de la primera fase del ciclo, la del auge, es lo que muchos ana-
listas han utilizado para catalogar a Cantillon como mercantilista,
dado que el nuevo dinero es visto como aquel que permite elevar el
nivel de actividad. Sin embargo, como se ha visto, los problemas tar-
de o temprano aparecen. El problema básico es la inflación de pre-
cios y el colapso de la industria doméstica. La lección austríaca que
nos brinda Cantillon es que el éxito de la política mercantilista es de
corto plazo, pero que en el largo plazo está destinada al fracaso.

2.3.5. La teoría del comercio internacional


Si tuviéramos que ubicar a Cantillon, cronológicamente, en la
historia del pensamiento económico, debiéramos decir que su Essai
penetra en el marco de un mercantilismo maduro, y bajo un floreci-
miento del movimiento fisiócrata, donde el laissez faire empezaba a
pronunciarse bajo los escritos de Quesnay y Mirabeau.

Cantillon y el mercantilismo
Al margen del tiempo en que escribió, debiéramos decir que
Cantillon no pertenece ni a uno, ni a otro movimiento, conside-
rando, como ya se ha visto, que su Essai no fue un panfleto, sino
un tratado de economía política muy bien sistematizado, en el que
profundiza, de modo muy refinado, prácticamente todas las áreas de
estudio que hoy hacen a la economía política moderna.
Si nos trasladamos ahora a considerar la consistencia de ideas
entre las contenidas en el Essai, y las que uno y otro movimiento
han propuesto, sí podríamos decir que Cantillon ha comenzado a
diagramar en su trabajo las inconsistencias centrales del mercantilis-
mo, esbozando los principios sobre los que se construiría más tarde
Adrián O. Ravier 163

la Fisiocracia, independientemente de que, a nuestro juicio, ninguno


de los fisiócratas lo superó, o incluso lo igualó en teoría económica.
Que Cantillon es un mercantilista es una falacia más dentro de este
movimiento. Y es que la máxima de esta corriente es que un Estado se
hará rico y poderoso en la medida que logre acumular metales pre-
ciosos –oro y plata– como moneda, como fruto de un superávit en la
balanza comercial, es decir, donde las exportaciones sean superiores a
las importaciones. En el mercantilismo, el oro y la plata son sinóni-
mos de riqueza, y la forma de enriquecer a un reino es acumulando
tales mercancías.
Ahora, Cantillon ha explicado, y lo hemos visto más arriba, que
un aumento de circulante puede generar serios problemas económi-
cos en un Estado, elevando primero los precios, generando empleo y
hasta un auge económico, para luego caer en la ruina de su industria
doméstica y expulsando mano de obra a otros Estados. Sin embargo,
Cantillon distingue el caso del oro y plata que proviene de las minas,
de aquella situación en la que el saldo de la balanza de comercio es
positiva.
Ahora bien, si el incremento de dinero en el propio Estado
procede de una balanza favorable de comercio con el extranjero (es
decir, si se envían a otros países artículos y manufacturas en valor
y cantidad mayores que los que de ellos se importan, y se recibe,
por consiguiente, un excedente en dinero) este aumento anual de
dinero enriquecerá un gran número de comerciantes y empresarios
en el propio Estado, y permitirá ocupar a los numerosos artesanos
y obreros que producen los artículos exportables al extranjero, de
donde el dinero se obtiene 102.

Sin embargo es aquí donde Cantillon presenta el mecanismo de


ajuste que la literatura, en general, le ha concedido a David Hume,

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 109.


102
164 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

pero que ya había sido presentada, prematuramente, en el Essai de


Cantillon.

El mecanismo de ajuste natural de Cantillon


La contradicción interna del mercantilismo es que si un deter-
minado Estado consigue una balanza comercial favorable y comien-
za a acumular moneda, este aumento de moneda elevará los precios
en dicho Estado y esto menoscabará la capacidad competitiva a sus
productos en los mercados mundiales, lo que acabará con la balanza
favorable.
Es cierto que si continúa el aumento de dinero, su abundan-
cia determinará, a la larga, un encarecimiento de la tierra y del
trabajo en el Estado. Los artículos y manufacturas costarán tanto,
andando el tiempo, que el extranjero cesará de comprarlos poco a
poco, habituándose a adquirirlos en otro lugar, a más bajo precio;
ello producirá insensiblemente la ruina del trabajo y de las ma-
nufacturas del Estado. La misma causa que aumenta las rentas de
los propietarios de las tierras del Estado (a saber: la abundancia de
dinero) les inducirá a importar abundantes productos de los países
extranjeros, donde podrán obtenerlos a bajo precio. Estas son con-
secuencias naturales. La riqueza que un Estado adquiere por el co-
mercio, el trabajo y el ahorro lo arrojará insensiblemente en el lujo.
Los Estados que se exaltan con el comercio, irremediablemente de-
caen más tarde; hay reglas que permitirían evitar ese decaimiento,
pero no se aplican para impedirlo. Siempre es cierto que mientras
el Estado se halla en posesión de un favorable saldo mercantil y con
abundancia de dinero, parece poderoso, y en efecto lo es mientras esa
abundancia persiste 103.

Y en efecto lo es mientras esa abundancia persiste, pero no


puede persistir, por las razones que expone brillantemente el mismo

103
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 148-149.
Adrián O. Ravier 165

Cantillon. La balanza comercial positiva “enriquece” al reino, pero


también eleva los precios dentro del mismo, lo que hace que, con el
tiempo, de forma natural, los precios de las mercancías exportadas
sean demasiado elevadas, y entonces el importador decide comprar
esas mercancías en otro reino.
Aclara Cantillon que existen políticas económicas que podrían
evitar tal estado de cosas, pero tales políticas son de corto plazo, y de
implementarlas los resultados ocasionados no serían los esperados.
Cantillon nos presenta el ejemplo de aquel príncipe que prohí-
be la exportación de oro:
Si el rey de Portugal, bajo la pena, no solamente de confisca-
ción, sino aun de perder la vida, prohíbe con todo rigor transportar
metal de oro o plata fuera de su territorio, el terror a estas prohibi-
ciones impedirá por lo pronto que los banqueros se entremezclen
en las remesas de esos saldos. El precio de las mercancías inglesas
quedará disponible en efectivo en Lisboa. Los mercaderes ingle-
ses, no pudiendo recibir sus fondos de Lisboa, no enviarán más
tejidos. Como consecuencia, las telas se encarecerán de un modo
extraordinario; sin embargo, los tejidos no han subido de precio en
Inglaterra, sino que los comerciantes se abstienen tan sólo de en-
viarlos a Lisboa puesto que no puede disponerse de su importe 104.

Y continúa Cantillon afirmando que tal política genera con-


secuencias terribles sobre los incentivos, que ahora, en lugar de in-
tentar aumentar la producción, y con ello mejorar la calidad y los
precios de sus productos, para intentar ser más competitivos y volver
a exportar, se traducen en economía informal y contrabando.
No seríamos objetivos si no dijéramos que Cantillon presenta
en la tercera parte del Essai algunos aspectos que pueden ser consi-
derados mercantilistas. Sin embargo, es plausible imaginar que la

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 166.


104
166 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

base de esta defensa descanse, no en un análisis teórico, sino en sus


observaciones empíricas de la economía mundial.

Deuda pública e inversión extranjera


Para terminar el apartado, debemos destacar un aspecto adicio-
nal de su teoría del comercio internacional, esto es, aquella situación
en donde el aumento de la cantidad de dinero proviene de parti-
culares extranjeros que compran bonos del gobierno para financiar
el gasto público incrementando la deuda pública. Las conclusiones,
desde luego, no son muy distintas a las ya señaladas.
Todavía tengo que referirme a [aquella situación en la que]
los particulares extranjeros envían su dinero al Estado para com-
prar en él acciones o fondos públicos. A veces estas colocaciones
ascienden a sumas muy considerables, y sobre ellas el Estado debe
pagar anualmente un interés a dichos extranjeros. Estos procedi-
mientos de aumentar el dinero en el Estado hacen que el dinero en
él sea más abundante, y disminuyen el tipo de interés. Mediante
este dinero los empresarios del Estado pueden más fácilmente to-
mar dinero a préstamo, dar trabajo y establecer manufacturas con
afán de lucro; los artesanos y todos aquellos por cuyas manos pasa
este dinero consumen más que si de él no hubieran dispuesto, cir-
cunstancia que eleva en consecuencia el precio de todas las cosas,
como si pertenecieran al Estado, y al incrementarse el gasto o el
consumo aumentan las rentas que los poderes públicos perciben
sobre esa base. Las sumas de este modo prestadas al Estado pro-
curan muchas ventajas presentes, pero a la larga siempre resultan
onerosas y perjudiciales. Es preciso que el Estado pague por ellas un
interés anual a los extranjeros, y, además de esta pérdida, el Estado
se encuentra a merced de los prestamistas del exterior que siempre
pueden sumirlo en la pobreza cuando les dé el capricho de retirar
sus fondos. Esa decisión se adoptará sin duda en el instante en que
el Estado se vea en mayores dificultades, como cuando se prepara
una guerra o existe el temor de algún acontecimiento desfavorable.
Adrián O. Ravier 167

El interés que se paga al extranjero es siempre más considerable que


el aumento del ingreso público debido a ese dinero 105.

El lector habrá podido observar la actualidad de las palabras de


Cantillon, replicando las actividades que hoy llevan adelante prác-
ticamente todos los gobiernos, y en particular los latinoamericanos,
donde el riesgo-país le dice al inversor el nivel de confianza que pre-
senta cada Estado o gobierno, el riesgo de default de dicha deuda y,
sintetizando, el respeto por las instituciones y la seguridad jurídica.
Con frecuencia se advierte cómo estos préstamos de dinero
pasan de un país a otro, según la confianza de los prestamistas en
los Estados donde los envían. Pero, a decir verdad, lo más frecuente
es que los Estados gravados por tales empréstitos, sobre los cuales
pagaron durante largos años elevados intereses, lleguen a verse en la
imposibilidad de pagar los capitales, y se declaren en quiebra. Por
poco que se mezcle la desconfianza, los fondos públicos o las accio-
nes se derrumban; los accionistas extranjeros se resisten a realizarlas
con pérdida y prefieren contentarse con sus intereses en espera de
que la confianza retorne. Pero en ocasiones esos valores nunca más
se recuperan. En los Estados en trance de decadencia, la principal
misión de los ministros es, por lo común, reanimar la confianza
y atraer hacia sí el dinero de los extranjeros mediante esa clase de
préstamos, porque a menos que el Gobierno falta a la buena fe y a
sus compromisos, el dinero de los súbditos circulará sin interrup-
ción 106.

En definitiva el prestamista o inversor extranjero se guiará por el


coeficiente de rentabilidad-riesgo que le provea cada gobierno, anali-
zando el interés que percibirá por la operación de préstamo y el ries-
go de, primero, cobrar los intereses, y luego, recuperar el capital.

Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 122-123.


105

Véase R. Cantillon, Op. Cit., p. 123.


106
168 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

III. EL IMPACTO DEL ESSAI Y ALGUNAS REFLEXIONES


FINALES

Mr. Léonce de Lavergne, incluso antes de que William Stanley


Jevons desarrollara aquel manuscrito «descubridor» de 1881, afirma
que “todas las teorías de (los) economistas están contenidas anticipa-
damente en este libro”  107. Esta es la sensación que, a quien escribe,
le ha quedado luego de la primera lectura del Essai, sensación que
se profundizó al ahondar en su estudio para desarrollar el presente
trabajo, y sensación que se ha intentado transmitir al lector a través
de estas líneas.
Cantillon ha logrado desarrollar importantes contribuciones en
prácticamente todos los campos del análisis económico moderno:
epistemología de la economía, microeconomía, macroeconomía y
teoría monetaria, y economía internacional. El Essai ha mostrado ser
el trabajo más sistemático del que se tenga memoria, al menos, hasta
que Adam Smith publicara La Riqueza de las Naciones en 1776.
Empero, Philip Charles Newman, un historiador poco cono-
cido pero cuyo trabajo, a pesar de ciertas lagunas, es digno de aten-
ción, afirma que, resumiendo, “debemos colocar a Cantillon en uno
de los primeros puestos de la historia del pensamiento económico
si basamos nuestro juicio en el mérito intrínseco de su obra; pero si
consideramos que no ejerció la menor influencia sobre los hombres
de su generación, ya que no fue rehabilitado hasta mucho después
de la exposición de sus teorías en forma más refinada y elaborada,
por otros escritos, tenemos que situarle, en nuestra estimación, en
un lugar muy inferior” 108.

Véase W. Stanley Jevons, Op. Cit., p. 224.


107

Véase Philip Charles Newman, Historia de las doctrinas económicas, Editorial


108

Juventud, S.A., Barcelona, 1963. Traducción de José Rico Godoy y Joaquín Muns.
Título original: The development of economic thought, Prentice Hall, Inc., New
York, N. Y. Copyright, 1952.
Adrián O. Ravier 169

Y es este último, el punto al que queremos hacer referencia en


esta tercera y última sección, donde intentaremos penetrar en la in-
fluencia, o el impacto, que el Essai ha sabido generar, tanto sobre los
pensadores más importantes de su tiempo, como en las escuelas de
pensamiento económico que surgieron a partir de allí.
Sólo a modo de síntesis, y a los efectos de refutar las palabras de
Newman, debemos recordar que el manuscrito de Cantillon, si bien
circuló desde 1734 por el mundo académico, recién se publicó por
primera vez, en Londres, en 1755, siguiéndole a aquella, otras tres
publicaciones en Francia (1756), Amsterdam (1756) e Italia (1767).
Estas ediciones tuvieron un inmediato impacto en economistas
ingleses (Postlethwayt, Smith, Young, Steuart, Rae y Malthus),
en Italia (Filangieri, Beccaria, Genovesi, Ferrara) y especialmen-
te en Francia (Mirabeau, Quesnay, Du Pont de Nemours, Mably,
Morellet, Gournay, Turgot, Condillac, Say, Germaine Garnier,
Ganilh, Roederer, Accarias de Serrionne, Daire) 109, algunos de los
cuales pasamos a estudiar.

3.1. Los fisiócratas y el laissez faire


En un intento de presentación cronológica, quizás debamos co-
menzar con el marqués de Mirabeau, personaje que retuvo celosa-
mente el manuscrito, desde que éste comenzara a circular en 1734,
por alrededor de veinte años. Mirabeau es el único autor sobre el
cual, sin ninguna duda, podemos afirmar que tomó contacto con

109
Joseph J. Spengler afirma que muchos de los que escribieron en el cam-
po económico en el siglo XVIII tomaron algún contacto, e incluso utilizaron el
Essai de Cantillon, procediendo a brindarnos el largo listado de nombres que lo
compone. Algunos nombres allí presentes podrían agregarse al listado que aquí
presentamos. Véase J. J. Spengler, “Richard Cantillon: First of the Moderns. I”,
The Journal of Political Economy, Vol. 62, No. 4 (Aug., 1954), pp. 281-295.
170 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

el Essai antes de su publicación en 1755 y quien aceptó siempre la


influencia recibida 110.
Mirabeau tuvo una importante relación de amistad con
Quesnay y existen documentos que muestran que en la primera con-
versación entre ambos, Mirabeau se presentó como un discípulo de
Cantillon 111.
Francòis Quesnay, reconocido fundador del movimiento fisio-
crático, atribuye expresamente al Essai, en sus primeros escritos, el
punto fundamental de su sistema. Jevons afirma que Quesnay tomó
al Essai como su principio guiador, y citando a Eugène Daire, el edi-
tor de las obras completas de los fisiócratas, acerca de los cuales no
puede haber una mejor autoridad, manifiesta expresamente que la
doctrina fundamental de Quesnay, según la cual “la tierra es la única
fuente de la riqueza”, parece haber sido tomada del capítulo inicial
del Essai de Cantillon 112.
Leonard Liggio nos recuerda además que Cantillon se introdu-
ce en escena justamente para provocar una revolución científica, al
abandonar la academia el mercantilismo, y dar lugar al florecimiento
del laissez faire francés. Los fisiócratas se preocupaban por tratar la
economía como un fenómeno natural, un orden natural, un proceso,
en comparación con el mercantilismo que enfatizaba la necesidad de
políticas gubernamentales artificiales, o contrarios a la mencionada
naturalidad, para alcanzar sus objetivos. Para Liggio, en este punto,
los fisiócratas son continuadores del espíritu de Cantillon 113.

110
Higgs agrega que es un testimonio, no sólo para el valor científico el Essai,
sino también para la historia del pensamiento económico entre 1734 y 1755, que
ninguna parte de su trabajo sería invalidada por este lapso de tiempo. Nosotros de-
bemos notar sin embargo que es importante en este campo advertir correctamente
si los escritos de David Hume, sobre moneda e interés, fueron inspirados o no en
las contribuciones del Essai. Véase H. Higgs, Op. Cit., p. 451.
111
Véase H. Higgs, Op. Cit., p. 453.
112
Véase W. Stanley Jevons, Op. Cit., pp. 224-225.
113
Véase Leonard P. Liggio, “Richad Cantillon and the french economists:
Distinctive french contributions to J. B. Say”, The Journal of Libertarian Studies,
Vol. VII, No. 2 (Fall 1985), pp. 295-304.
Adrián O. Ravier 171

3.2. Los economistas franceses


Indirectamente, Schumpeter observa que, a través de Quesnay,
tanto Jean Baptiste Say como Frédéric Bastiat habrían recibido in-
fluencias de Cantillon, lo mismo que Condillac.
Condillac, quien en su obra profunda y original Le Commerce
et le Gouvernement apenas cita otros escritos o reconoce cualquier
dependencia literaria, abandona su procedimiento de siempre por lo
que a Cantillon se refiere. En una nota de pie de página (cap. XVI,
Oeuvres Complètes, t. VI, París, 1803, p. 411) manifiesta que ha deri-
vado del Essai la base de su capítulo sobre la circulación de moneda,
además de otras observaciones de las que hace uso en diversos capí-
tulos: “Es sobre estas materias –dice Condillac– una de las mejores
obras que conozco, aunque naturalmente no las conozco todas” 114.
Otro economista francés que recibió una fuerte influencia de
parte de Cantillon es Turgot, a quien Rothbard califica como “gran
socio o compañero de viaje” 115, y a quien algunos austríacos colocan
junto con Cantillon, como padres de la economía política. Liggio
explica que las reflexiones sobre la formación y la distribución de la
riqueza en Turgot, tienen su origen en el Essai de Cantillon, donde
desarrolla una teoría del precio, del capital, del dinero, del interés,
del ahorro y de la inversión, lo que tiene un impacto central en
Böhm Bawerk, e indirectamente en von Wiser y Karl Knies 116.
Y para terminar con los economistas franceses, debemos hacer
una referencia a Say, quien toma del Essai de Cantillon su análisis
del mercado de trabajo, lo que le permite reconocer la famosa «Ley
de Say», en la que toda oferta crea su propia demanda. Say a su vez,
pareciera desarrollar, sobre la base del Essai de Cantillon, su teoría de
la empresarialidad 117.

114
Véase W. Stanley Jevons, Op. Cit., p. 220.
115
Véase M. N. Rothbard, Op. Cit., p. 403.
116
Véase L. P. Liggio, Op. Cit., pp. 300–301.
117
Véase L. P. Liggio, Op. Cit., p. 302.
172 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

3.3. La Escuela Escocesa y la tradición del orden espontáneo


Si bien Cantillon cuenta con el privilegio de ser uno de los po-
cos autores citados –por lo menos una decena de veces– por Adam
Smith en La Riqueza de las Naciones, no es del todo claro en la lite-
ratura cuál ha sido la influencia que Cantillon supo generar, a través
de su Essai, en los pensadores escoceses.
Por el lado de David Hume, hemos comentado más arriba la
anécdota de McCulloch, quien habiendo confundido el Analysis of
Trade de 1759, llegaba a la conclusión de que Philip Cantillon había
recibido su influencia. Jevons sin embargo, concluye que Richard
Cantillon, el verdadero autor del Essai, no le debe nada a Hume, y
que en todo caso, la influencia pudo haber sido al revés. La literatura
no logra mostrar pruebas contundentes y definitivas de si Hume
tomó o no contacto con el Essai, aunque Rothbard, presume que
tuvo que haberlo leído.
En aquella sociedad cosmopolita del siglo XVIII en la que
los intelectuales ingleses y franceses se entremezclaban, el Essai fue
ciertamente leído e imitado por el eminente filósofo escocés David
Hume 118.

Joseph Schumpeter por su parte, explica, tal como lo hiciéra-


mos más arriba, que “el mecanismo automático que distribuye in-
ternacionalmente los metales monetarios, descrito casi a la perfec-
ción y generalmente atribuído a Hume, es uno de los resultados de
Cantillon” 119. Tal es así que Hayek, hace una referencia a un famoso
pasaje de los Political Discourses de Hume, donde concluye que “se
parece tanto al texto de Cantillon que es difícil creer que no haya
visto algunos de los manuscritos del Essai que se sabe circularon pri-
vadamente en la época en que se escribieron los Discursos” 120.

118
Véase M. N. Rothbard, Op. Cit., pp. 403-404.
119
Véase J. Schumpeter, Op. Cit., p. 266.
120
Véase, F. A. von Hayek, Precios y producción… Op. Cit., p. 30.
Adrián O. Ravier 173

Por el lado de Adam Smith, se ha citado en extenso, en la lite-


ratura, el tópico de la desigualdad de salarios, sin embargo, las in-
fluencias no se terminan allí. Cantillon le ha proporcionado a Smith
la identificación de la inconsistencia más importante del mercantilis-
mo, al mismo tiempo que plantó la semilla del “principio de división
del trabajo” y de “la mano invisible” 121.
Todo esto hace que los propietarios tengan necesidad de otros
habitantes, como éstos la tienen de los propietarios […] Es la ne-
cesidad y la urgencia lo que permite subsistir en el Estado a los
granjeros y artesanos de toda especie, a los comerciantes, oficiales,
soldados, marinos, criados y todos los demás elementos que traba-
jan o son empleados en el Estado. Toda clase de trabajadores no
sólo sirve al príncipe y a los propietarios, sino que sus componentes
se sirven mutuamente, unos a otros” 122.

No podemos olvidar tampoco la incorporación del término


“naturaleza” en el título del libro de Smith de 1776, o incluso su teo-
ría del valor y los precios, donde si bien Smith falla en comprender
la plenitud del aporte de Cantillon, la similitud en algunas partes del
tratamiento de estos temas, entre ambos autores, es indiscutible.
Rothbard agrega por su parte, que después de la publicación de
La Riqueza de las Naciones “el conocimiento e influencia de Cantillon
cayó víctima de la generalizada costumbre post-smithiana de ignorar
a cualquiera y a todo aquel que precediera a Adam Smith”.

121
“We know that Smith was familiar with Cantillon because Smith names
him in the Wealth of Nations. Second, we know that Cantillon heavily influ-
enced Smith because many scholars have identified many telling similarities in
their economics, such as in the case of wage rate differentials and their curious
endorsements of the Navigation Acts. Here we extend the connection between
Smith and Cantillon to the concept of the invisible hand through the use of tex-
tual evidence”. Véase Mark Thornton, “Cantillon and the Invisible Hand,” under
review at Quarterly Journal of Austrian Economics.
122
Véase R. Cantillon, Op. Cit., pp. 38-39.
174 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

Pero lo más perverso de este culto a Smith es que los econo-


mistas olvidados fueron, en muchos sentidos, bastante más sólidos
que Adam Smith, así que, olvidándolos, se perdió, al menos duran-
te un siglo, mucha buena economía 123.

Tanto Adam Smith, como David Hume, conforman hoy parte


esencial de la tradición del orden espontáneo, tradición en la que han
incorporado importantes aportes algunos miembros de la Escuela
Austríaca como Carl Menger y Friedrich A. von Hayek. La historia
del pensamiento económico le ha negado injustamente a Cantillon
un lugar en tal tradición, aún cuando, como hemos visto más arriba,
Cantillon desarrolla un excelente estudio sobre el origen del dinero,
donde la tradición del orden espontáneo, a través de la necesidad y
la utilidad de encontrar ciertas mercancías que puedan cumplir la
función de medio de cambio, quedó perfectamente expuesta.

3.4. El Marginalismo y la Escuela Austríaca


Nadie puede negar la influencia, o más bien el impacto, que el
Essai provocó en W. Stanley Jevons. De hecho, Jevons se ha converti-
do, a través de su laudatorio escrito de 1881 y como ya hemos dicho
numerosas veces, en el descubridor de Cantillon para la historia del
pensamiento económico.
En este campo, quizás una de las obras más importantes sea la
del citado Murray Rothbard, quien rescata en el primero de sus dos
tomos la labor de este marginalista inglés.
No es casualidad que el mismo Cantillon fuese redescubierto
en 1881 por el cuasi-austríaco y revolucionario marginalista inglés
W. Stanley Jevons, quien de modo loable ansiaba redescubrir eco-
nomistas perdidos enterrados por la ortodoxia dominante Smith-
Ricardo 124.

123
Véase M. N. Rothbard, Op. Cit., p. 404.
124
Véase M. N .Rothbard, Op. Cit., p. 404.
Adrián O. Ravier 175

La relación entre Carl Menger y Cantillon es un poco más di-


fícil de mostrar, partiendo de la base de que el primero escribió sus
Principios en 1871, esto es, unos 137 años después de la muerte del
segundo. Sin embargo, existen ciertas pruebas de que Menger con-
servaba en su biblioteca una copia del Essai, al tiempo que la lectura
del mismo y los Principios tienen, en algunos aspectos, similitudes
asombrosas, como es el caso del origen del dinero y también en as-
pectos centrales de la epistemología de la economía.
Buscando más nexos entre la Escuela Austríaca y Cantillon, de-
bemos decir que el mencionado “Efecto Cantillon” se ha convertido
en esencial para su teoría de los ciclos económicos, teoría que han
desarrollado originariamente Ludwig von Mises y Friedrich A. von
Hayek, sobre la base de distintos aportes, entre los que se destaca el
de Eugen von Böhm Bawerk y su teoría del Capital e interés.
Hemos mencionado más arriba que Böhm Bawerk construye su
teoría sobre el interés basado en los estudios originales de Cantillon,
al mismo tiempo que Mises incluye en su tratado sobre el dinero y el
crédito de 1912 algunas otras referencias.
Hayek por su parte, además de destinarle una biografía com-
pleta, considera a Cantillon uno de los grandes especialistas de teoría
monetaria, tanto de la era pre-clásica como de la etapa misma de los
Clásicos, quienes no sólo no pudieron superarle, sino que tampoco
le igualaron.
En tiempos en que numerosos historiadores estudian raíces esco-
lásticas en la tradición austríaca, debemos recordar que Schumpeter
destacaba en Cantillon el nexo entre estos dos movimientos.
La Escuela Austríaca, fundada por el mencionado Menger, tie-
ne en su esencia gran parte de las «teorías cantillianas», a saber, en el
campo epistemológico, en su teoría del valor subjetivo y de la for-
mación de los precios, en la noción de costo de oportunidad, en la
teoría de la empresarialidad y la soberanía del consumidor, en el ori-
gen del dinero, en el enfoque microeconómico y desagregado para
estudiar todo el campo monetario, en las causas de la inflación y los
ciclos económicos e incluso en el ámbito del comercio internacional,
176 REVISTA DE ANÁLISIS INSTITUCIONAL

pudiendo afirmar –como ya lo han hecho otros pensadores– que


Cantillon es un proto-austríaco, en el mejor sentido del término.
En pocas palabras, hemos mostrado a lo largo del presente
ensayo, sumándonos al esfuerzo de Robert Hébert y Jörg Guido
Hülsmann, que Cantillon ha anticipado varios de los elementos cla-
ves de la tradición austríaca 125 y que sería injusto negarle al Essai la
mención de “cuna” de la economía política.

Véase Robert F. Hébert, “Was Richard Cantillon an Austrian Economist”,


125

Journal of Libertarian Studies, Vol. 7, No. 2 (Fall 1985), pp. 269-280 y Jörg Guido
Hülsmann, “More on Cantillon as a proto-austrian”, Journal des Economistes et des
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