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Tema 11: Estereotipos

INTRODUCCION

Las generalizaciones sobre grupos sociales se denominan estereotipos. El primer autor que utilizo el concepto de estereotipo fue Walter Lippman que pretendía hacer hincapié en el modo en que se reproducen las imágenes y creencias que la sociedad tiene sobre determinados grupos sociales, a base de repetirlas una y otra vez y de boca en boca, conformándose de ese modo, una opinión pública generalizada sobre cómo son las personas que pertenecen a esos grupos. Intenta denunciar el riesgo que comporta el etiquetar a las personas sobre la base de explicaciones estereotipadas, alertando del peligro de que se considere que son diferentes al resto debido a que se dan en ellas unas características que son esenciales en los grupos sociales a los que pertenecen. Actualmente, el estudio de los estereotipos es un tema central en Piscología Social.

NOCIONES BASICAS EN EL ESTUDIO DE LOS ESTEREOTIPOS

Es muy común que los términos prejuicio, estereotipos y discriminación se utilicen indistintamente. No obstante, en Psicología Social estos conceptos se han definido diferencialmente. El prejuicio puede conceptualizarse como una actitud hacia los miembros de determinados grupos y, como tal, implica una valoración cuya valencia puede ser positiva o negativa. El componente cognitivo del prejuicio lo constituyen los estereotipos que se mantienen sobre un grupo, el afectivo las emociones suscitadas por el grupo, y el conductual la discriminación dirigida a sus miembros.

Los estereotipos sociales son creencias sobre las características que poseen un conjunto de personas, derivadas, simplemente, de su pertenencia a un determinado grupo o categoría social. Es decir, generalizamos, y esas características se las aplicamos a cualquier persona del grupo, aunque no la conozcamos. Tajfel define los estereotipos como imágenes mentales muy simplificadas sobre personas o grupos que son compartidas, en sus características esenciales, por un gran número de personas. Es fundamental considerar el consenso social y cultural existente sobre las características y atributos que constituyen un estereotipo para poder comprender los procesos

psicosociales que subyacen a su funcionamiento. La organización de los estereotipos se basa en esquemas que contienen las creencias y expectativas sobre un grupo específico y sus miembros, las cuales se relacionan entre sí, constituyendo una especie de teorías ingenuas que guían nuestras actitudes y conductas hacia ellos.

Subrayar el carácter compartido y cultural de los estereotipos no qu iere decir que todas las personas lo suscriban en la misma medida. Por ellos, es necesario diferenciar entre los aspectos culturales y los individuales. Así, los estereotipos pueden expresarse como las creencias culturales sobre las características de los miembros de un grupo, o como las opiniones personales sobre esas características. No todas las personas asumen las creencias en igual medida. El concepto de estereotipia utiliza para referirse al grado o intensidad con que una persona asume esas creencias estereotipadas y compartidas.

Otro aspecto que hay que considerar es hasta qué punto los estereotipos reflejan la realidad o son generalizaciones sesgadas. En general, se consideran imágenes sesgadas y poco veraces porque sería imposible comprobar cuántos miembros del grupo coinciden con los atributos que se les asigna y porque tratar a cualquier individuo como si fuera una representación de su grupo nunca puede ser exacto.

PROCESOS IMPLICADOS EN LA FORMACION Y EL

MANTENIMIENTO DE LOS

ESTEREOTIPOS

Los estereotipos se aprenden, se mantienen y se modifican mediante el proceso de socialización, y su transmisión se produce a través de diferentes fuentes. Este proceso se derivaría de la categorización. El contenido de los estereotipos y el carácter evaluativo de ese contenido es cultural, y su aprendizaje no es asimilable al correspondiente a la categorización de objetos. Las creencias compartidas en una cultura se adquieren a través de los agentes socializadores: la familia, la escuela, el grupo de pares o los medios de comunicación. Aunque también influyen las vivencias y experiencias personales, ese contenido cultural afecta sustancialmente a los procesos psicológicos implicados en las relaciones con los miembros de otros grupos.

Las creencias estereotipadas son una consecuencia del proceso psicológico básico de categorización social. Este proceso cognitivo permite organizar la complejidad del entorno que nos rodea organizándolo en diferentes conjuntos cuyos elementos comparten características. Se aplica el término de categorización social para hacer referencia al proceso que permite clasificar a las personas en grupos, en función de las características que tienen en común. No obstante, hay que puntualizar que categorizar y estereotipar no son las mismas cosas. Si bien es necesario que se dé un proceso de categorización para que afloren los estereotipos, éstos no son una mera clasificación de personas, sino que van más allá al incorporar expectativas sobre cómo son o cómo se comportan los miembros de un grupo, y están mediados por el contexto social y por las relaciones intergrupales.

La categorización social es un proceso cognitivo bastante automático que permite procesar gran cantidad de información de forma rápida y eficaz y se manifiesta en muchas especies. Los psicólogos evolucionistas sostienen que nuestra capacidad para categorizar la realidad social he evolucionado porque resultó útil para nuestros ancestros en su lucha por la supervivencia y reproducción. Neuberg y Cottrell sugieren que las personas tenderemos a hacer categorizaciones sociales en relación con determinadas dimensiones más fácilmente que en otras. El hecho de clasificar a otros como miembros del endogrupo o del exogrupo activa dos circuitos cerebrales o programas de forma de decisiones muy diferentes. Los procesos cognitivos que se activan cuando categorizamos a alguien como miembros del exogrupo dan lugar a percepciones y caracterizaciones globales, abstractas y negativas, que tienden a provocar conductas defensivas, competitivas, explotadoras o agresivas, mientras que los procesos cognitivos que se activan cuando categorizamos a otros miembros del endogrupo son más complejos. La visión del endogrupo no es tan homogénea como la del exogrupo. Esta percepción más heterogénea provoca una mayor variedad de conductas.

Los programas cognitivos que utilizamos para categorizar a los demás son flexibles y sensibles al contexto. El principio que en última instancia lo regula se basa en un juicio implícito (no consciente) sobre si será más ventajoso para nosotros cooperar o competir con ellos.

El proceso de categorización acentúa tanto la similitud entre los elementos de una misma categoría (efecto de asimilación) como las diferencias entre categorías (efecto de contraste). Una explicación cognitiva de la homogeneidad exogrupal es que conocemos a muchos miembros de nuestro grupo por experiencia directa, mientras que el conocimiento de los miembros de exogrupos se debe, en buena medida, al aprendizaje cultural indirecto.

Otro sesgo vinculado a la categoriz ación social, denominado esencialismo, radica en que, una vez que se clasifica a las personas en grupos, existe una tendencia a percibir esas categorías sociales como naturales lo que implica que se les atribuya características esenciales a su pertenencia grupal. Según señalan Rothbart y Taylor, el esencialismo es más fácil que se aplique a grupos cuando las diferencias se pueden explicar sobre la base de causas biológicas subyacentes.

La correlación ilusoria (se relacionan dos sucesos o características) se ha explicado por la distintividad de determinados grupos, así como por la distintividad de determinados atributos, especialmente las características negativas. Cuando se ha establecido la correspondencia con un determinado grupo, se asignan esas características a todos sus miembros, pasando a formar parte del estereotipo del grupo.

Otro proceso que impide el cambio individual de los estereotipos es la tendencia a reinterpretar la información inconsistente o a considerar el caso como atípico. Al clasificar a las personas, lo habitual es que se utilicen conjuntamente diferentes categorías. La mayoría de los estereotipos tienen connotaciones afectivas y motivacionales que influyen en esa categorización, lo que origina que se distorsione la realidad y se tienda a exagerar las diferencias entre los grupos y a subestimar las variaciones entre los individuos que pertenecen a un mismo grupo. Los estereotipos no se mantienen igual a lo largo del tiempo ni en diferentes culturas, ya que están estrechamente relacionados con el contexto social en el que se manifiestan. El esquema previo que los conforma, no sólo sirve para describir a los miembros de otros grupos, sino que guía el comportamiento hacia ellos, lo que contribuye a configurar una realidad social dentro de una determinada cultura. Los estereotipos son la base de la discriminación y sirven para justificarla.

Una línea que ha cobrado fuerza en los últimos años sostiene que los estereotipos funcionan no sólo en el nivel explícito sino también en el implícito. En este último nivel actúan como creencias de las que no somos conscientes, pero, una vez activados, pueden determinar el comportamiento manifiesto hacia quienes se dirigen. Al funcionar de manera inconsciente, no los podemos identificar fácilmente, pero eso no evita que nos influyan.

LA MEDIDA DE LOS ESTEREOTIPOS

Ha tenido como fin, bien evaluar el contenido cultural de los estereotipos, bien valorar el grado de estereotipia de los individuos. En el primero de los casos, lo esencial es hallar los atributos que se aplican mucho a ese grupo y muy poco a otros con los que se le puede comparar. En el segundo de los casos, se analiza hasta qué punto cada persona suscribe el contenido de los estereotipos.

1. Lista de adjetivos. Se ha utilizado para averiguar el contenido de los estereotipos. Es habitual que se obtenga a partir de estudios previos que emplean una técnica de respuesta abierta, pidiendo a los componentes de una muestra que generen libremente características que describen a los miembros del grupo, seleccionándose, posteriormente, aquellos rasgos que se mencionan con mayor frecuencia. Esta técnica tiene la ventaja de que permite obtener características que no están sesgadas por las creencias previas de las investigaciones que elaboran una lista. (Trabajo de Sangrador sobre 2500 personas para conocer los rasgos fundamentales del estereotipo de cada grupo étnico, andaluces, aragoneses…Máxima saliencia transversal es cuando un rasgo se aplica más a un grupo que al resto, no sólo cuando ese rasgo se dé en un alt o porcentaje)

2. Estimación de porcentajes. Consiste en pedir a los participantes del estudio que indiquen el porcentaje de individuos de ese grupo que posee cada atributo. Por un lado, se puede emplear para comprobar hasta qué punto un rasgo o característica se considera estereotípico y por otro, puede servir para medir el grado de estereotipia, una vez que se sabe cuál es el contenido de los estereotipos.

3. La razón diagnóstica. Medida que permite predecir la probabilidad de asignar una característica más a un grupo que a otro. Se divide el porcentaje asignado a los miembros de un grupo al que se supone que se estereotipa en una determinada característica ( numerador de la razón) por el porcentaje que se asigna a la población en general o a los miembros de otro grupo con el que se les compara (denominador). Esta técnica permite obtener una medida individual de estereotipia a partir de la suma de las razones diagnosticas de los diferentes rasgos estereotipados y mediante cuestionarios.

OTRAS MEDIDAS DE ESTEREOTIPIA

Las mismas técnicas que se emplean para medir actitudes pueden utilizarse para medir estereotipia. El diferencial semántico se puede utilizar para valorar el contenido de los estereotipos como para medir diferencias individuales. Como medidas implícitas podemos utilizar tanto el priming como el IAT. Ambas se han utilizado con frecuencia junto a otras explicitas, tanto para comprobar la relación que mantienen entre sí, como por su utilidad para predecir conductas relacionadas con estereotipos y prejuicio s hacia los grupos. Por otra parte, los continuos avances en Neurociencia han posibilitado que se incorporen métodos de investigación basados en respuestas neuronales al estudio de los estereotipos.

FUNCIONES DE LOS ESTEREOTIPOS

Los estereotipos no sólo tienen un papel en la categorización sino que también sirven para justificar las actitudes hacia los miembros de determinados grupos, muchas veces reaccionarias, favoreciendo las desigualdades, la segregación, el enfrentamiento mutuo e incluso, la agresión y las guerras. Se puede afirmar que los estereotipos no sólo reflejan las situaciones sociales, sino que sirven para explicarlas, contribuyendo, a veces, a configurar la realidad social.

Tajfel diferencia entre 2 tipos de funciones:

1. Individuales o psicológicas. Este autor diferencia entre una función cognitiva asociada al proceso de categorización y otra de carácter

motivacional, orientada a la defensa y protección del sistema de valores de cada persona.

2. De índole social. Señala su importancia para generar diferencias entre la valoración de unos grupos respecto a otros. Esta diferenciación se aplica al clasificar a las personas como miemb ros del endogrupo o del exogrupo y al destacar que los estereotipos contribuyen a la creación y mantenimiento de una ideología que permite explicar y justificar las acciones hacia determinados grupos.

3. Control social. Los estereotipos controlan el comportamiento de las personas de dos maneras. Por una parte, describen cómo son y se comportan los individuos que pertenecen a un determinado grupo. Por otra, prescriben cómo deben ser y comportarse esas personas.

A pesar de que los sesgos que originan pueden llevar a percepciones

erróneas, los estereotipos nos aportan información sobre la conducta esperada de una persona en contextos diferentes, en función de su pertenencia grupal, con el consiguiente ahorro de esfuerzo cognitivo. Aunque no son ni mucho menos exactos, no hay que descartar la existencia de un cierto fondo de verdad en los estereotipos que advierte de la existencia de una base real por lo que nos pueden ser útiles.

Se puede decir que los estereotipos cumplen una función motivacional para la

persona al corresponder a un división del mundo social de acuerdo con sus valores en categorías diferentes y, en general, mejoresy peores: mujeres versus hombres, negros versus blancosel contenido de los estereotipos puede contribuir a mantener los valores de la persona relacionados con

diferencias sociales.

Una de las funciones sociales de los estereotipos es valorar diferencialmente a

los miembros del endogrupo y el exogrupo, fomentando la visión positiva de

nuestro grupo en comparación con los otros, es decir, produciendo favoritismo endogrupalque se fundamenta en las diferencias en valoración de unos grupos respecto a otros, y la justificación de la discriminación hacia ellos está relacionada con la búsqueda de una identidad social positiva. Una de las consecuencias de los estereotipos es que afectan a nuestra propia

identidad social y, por esa razón, también tienen consecuencias motivacionales que influyen en nuestra autoestima. El carácter compartido de los estereotipos es lo que hace que sirvan para explicar acontecimientos sociales: cómo actúan los grupos, por qué lo hacen y cómo se conforma y mantiene la estructura social. El concepto de la amenaza del estereotipo se refiere al hecho de que el rendimiento de una persona que pertenece a un grupo negativamente estereotipado se ve afectado cuando es consciente de los prejuicios asociados a su grupo respecto a una determinada tarea, de modo que llega a sentirse amenazada porque su rendimiento puede confirmar ese estereotipo negativo sobre las capacidades de su grupo. Este proceso se produce cuando en la situación concreta en la que se realiza la actividad se dan las siguientes condiciones:

a) Se hace saliente la pertenencia grupal dejando muy claro en qué categoría se clasifica a la persona.

b) Ésta se identifica con ese grupo o categoría y,

c) Ese grupo se describe, explícita o implícitamente, como poco competente en ese ámbito, es decir, está estereotipado como incompetente para ese tipo de tareas.

El lado justo de este fenómeno es que nadie está libre de semejante amenaza. Todo es cuestión de dar con las circunstancias apropiadas para provocarla.

En los últimos años se ha llegado a determinar que no se trata de una reducción del esfuerzo para afrontar la tarea, ni de que existan presiones externas para que las personas se aju sten al estereotipo negativo de su grupo. Más bien parece tratarse de una combinación de factores cognitivos y motivacionales. Por una parte, se da un descenso en las expectativas de eficacia unida a un aumento de ansiedad o de estrés ante la posibilidad de confirmar el estereotipo negativo existente de su grupo. Esa preocupación hace que las personas dediquen su atención a su propio rendimiento para no fallar, más que a la tarea en sí y, al mismo tiempo, intenten reprimir o negar esas emociones negativas para no ponerse en evidencia ante los demás. Todos estos procesos suponen un consumo de los recursos cognitivos que serian necesarios para realizar correctamente la tare a. Estos efectos se han

encontrado no sólo en estudios de laboratorio, sino en situaciones reales y desde edades muy tempranas.

Algunas de las soluc iones que se han propuesto son:

1. Inculcar en los individuos la idea de que la inteligencia no es una identidad fija, sino maleable.

2. Presentar las pruebas académicas de forma que no hagan salientes las diferencias grupales.

3. Poner énfasis en la capacidad de todos los alumnos para logar notas más altas.

4. Activar en los miembros del grupo estigmatizado su pertenencia a una categoría que no esté negativamente relacionada con la tarea.

5. Fomentar las oportunidades de contacto y amistad entre etnias.

De acuerdo con Fiske, existe una interacción entre el status de poder y la forma de estereotipar, mediatizada por la atención. Las personas que carecen de poder prestan más atención a las características individuales de los que sí lo tienen mientras que las personas que ejercen el poder no necesitan tener una imagen detallada de los grupos inferiores para dominar en las interacciones con ellos, por lo que no prestan atención a sus características idiosincrásicas, sino que se basan en el esquema general de los estereotipos.

Otro enfoque sumamente interesante sobre la función social de los estereotipos es el aportado por la teoría de la justificación del sistema, en el que se aborda la importancia que tienen los estereotipos en relación con las ideologías que sostienen un sistema social en el que existen desigualdades. La idea central es que los estereotipos hacia los grupos que están en de sventaja contribuyen a que se mantenga el orden social establecido, a justificarlo y a reproducirlo. Los grupos en desventaja también sostienen esos estereotipos, influyendo de manera inconsciente en la conducta. También esta teoría aborda el tema del fondo de la verdad de los estereotipos, es decir, hasta qué punto reflejan la realidad aunque la exagere, negando que esas creencias sean verdaderas en su origen. Lo que sucede es que, aunque los estereotipos

sean falsos originariamente, acaban siendo cie rtos porque las personas se conforman a aquellos que los demás esperan de ellas y, por ese motivo, actúan de modo que confirman los estereotipos ( profecía autocumplida).

Esta teoría es aplicable a algunos estereotipos. Se refiere a procesos psicológicos que tienen que ver con situaciones de orden social que contribuyen a que se mantengan diferencias en relaciones de poder, a pesar, incluso, de que tengan consecuencias negativas para determinadas personas o grupos, que llegan a admitirlas como razonables.

EL MODELO DEL CONTENIDO DE LOS ESTEREOTIPOS

Fiske y su equipo han iniciado una línea de investigación en torno al contenido de los estereotipos, basada en el postulado de que las creencias estereotipadas sobre un grupo se fundamentan en las relaciones estructurales que mantienen los grupos. Según el modelo del contenido de los estereotipos, propuesto por estos autores, las creencias estereotipadas, pueden agruparse en torno a dos dimensiones:

a) Competencia o capacidad instrumental, que incluiría características asociadas a inteligencia, habilidad para alcanzar metas prestigiosas o racionalidad, y

b) Cordialidad, en la que se agruparía aquel contenido que se refiere a las características relacionadas con aspectos como amabilidad, honestidad, simpatía o sinceridad.

Según el modelo, cuando evaluamos a los miembros de grupos sociales podemos considerarlos altos o bajos, tanto en competencia como en cordialidad. De este modo, estas dos dimensiones se pueden combinar dando lugar a cuatro posibles categorías: competentes y cordiales, competentes y fríos (no cordiales), cordiales e incompetentes, fríos e incompetentes.

Fiske y sus colegas comprueban empíricamente que:

1) los grupos se perciben como más competentes si tienen alto status y poder, y como más incompetentes si su status y poder es bajo; y

2)

los grupos se perciben como cordiales si cooperan con nuestro grupo y como fríos si compiten con él.

3) el status y la competitividad, así como las percepciones de cordialidad y competencia derivadas de estas variables, determinarían el tipo de emoción que los grupos suscitan. Por lo tanto, se puede predecir qué tipo de emociones incitará cada grupo y el tipo de prejuicio que inducen.

LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO

DEFINICION Y COMPONENTES

Todos mantenemos creencias sobre las características que poseen hombres y mujeres por el simple hecho de pertenecer a uno de estos dos grupos. Este conjunto de creencias compartidas socialmente sobre hombres y mujeres es lo que conocemos como estereotipos de género.

Lo relacionado con la dimensión femenina recibe el nombre de expresivo o comunal y lo relacionado con la dimensión masculina se denomina instrumental o agente. Esta distinción surge, a su vez, de la realizada por Parsons y Bales entre las orientaciones de rol instrumental y expresiva. La

orientación de rol instrumental hace referencia a los comportamientos dirigidos

a

la productividad, eficacia, autonomía, independencia y competición para

el

logro de ciertas tareas. La orientación expresiva, por su parte, se refiere a

todo lo relacionado con los factores afectivo/emocional y relacional, así como

al mantenimiento de la cohesión grupal.

Cuddy y sus colaboradores señalan que, mientras la comunión está estrechamente relacionada con la dimensión de cordialidad, la agencia no lo está tanto con la competencia.

El estudio de los estereotipos de género se inicio en la década de los 70 del

siglo pasado y, en la actualidad, constituye un área que ha experimentado una notable expansión. Las primeras investigaciones que confirmaron empíricamente la existencia de los estereotipos de género se llevaron a cabo hace más de tres décadas. Posteriormente, Deaux y Lewis investigaron los componentes que las personas utilizaban para diferenciar a los hombres de las

mujeres, comprobando que éstos no están referidos únicamente a rasgos, sino también a roles, ocupaciones y características físicas. Los estereotipos de rasgo hacen referencia a las características de la personalidad que se considera que definen de manera diferent e a hombres y mujeres. Los estereotipos de rol incluyen las funciones que se consideran más apropiadas para hombres y mujeres. Las ocupaciones también están estereotipadas. Finalmente, existen ciertas características físicas que se consideran más propias de mujeres y otras de hombres.

Estos componentes son relativamente independientes, pero basándose en uno de ellos la gente extiende sus juicios a los otros tres. En no pocas ocasiones, cuando uno de los componentes del estereotipo, no encaja con el resto, tendemos a pensar yo no me la/lo imaginaba así.

Es importante precisar, que los estereotipos de género no existen únicamente a nivel general, sino que las investigaciones han demostrado la existencia de subtipos de hombres y de mujeres sobre los que existen estereotipos concretos. Las características de la situación pueden primar que se usen determinados rasgos asociados a diferentes subtipos al percib ir a una persona.

LA DIMENSION DESCRIPTIVA Y PRESCRIPTIVA DE LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO Y SUS FUNCIONES

Los

diferenciadas:

estereotipos

de

género

tienen

otras

dos

dimensiones

con

funciones

a. Dimensión descriptiva. Cuando nos referimos a las características que se asocian a hombres y mujeres.

b. Dimensión prescriptiva. Indica cómo deberían ser y comportarse hombres y mujeres. Tiene un carácter normativo y preceptivo. La trasgresión de esta prescripción puede dar lugar a fuertes sanciones sociales.

Burgess y Borgida destacan funciones diferenciadas para el componente descriptivo y el prescriptivo de los estereotipos de género. El primero, tiene una función cognitiva de categorización: actúa organizando y estructurando el

flujo de información sobre hombres y mujeres al que hacemos frente diariamente. El segundo, está relacionado con intereses motivacionales.

Por tanto, es la dimensión prescriptiva de los estereotipos de género la que cumple la función de justificación y mantenimiento del statu quo que los convierte en un elemento de resistencia al cambio a través del cual discriminar intencionadamente. Los estereotipos de género cumplen de este modo una función de mecanismo de control que determina lo que es normal, lo qu e es aceptable y lo que se desvía de la norma.

Las dos dimensiones de los estereotipos de género dan lugar a discriminación. Los estereotipos descriptivos, al ser automáticos y sobre-aprendidos, suelen ocasionar un tipo de discriminación cognitiva (fría), como resultado de procesos de categorización y estereotipia que se aplican de forma automática. Los aspectos prescriptivos son conscientes y provocan una discriminación intencionada, basada en reacciones emocionales negativas hacia quienes trasgreden las prescripciones de su rol de género. Se trata de un tipo de discriminación caliente que, según Fiske, está relacionada con la amenaza percibida por los hombres y posee una fuerte carga emocional, tomando la forma de evaluaciones interpersonales negativas y llegando incluso al acoso sexual. La discriminación de este último componente es más fácil de detectar ya que la del com ponente descriptivo es más explícita.

Los estudios que han tratado de sintetizar los resultados de las numerosas investigaciones realizadas, revelan que, con el paso del tiempo, al evaluar a las mujeres han ido aumentando los rasgos masculinos o instrumentales que se les asignan, manteniendo a su vez los rasgos femeninos o expresivos con los que se les asocia. Los hombres, sin embargo, se siguen definiendo con características instrumentales, y no han variado respecto a las expresivas.